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sábado, 9 de octubre de 2021

Premio Nobel de la Paz para la Prensa en tiempos de desinformación

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Mientras el Premio Nobel de la Paz acaba de ser concedido a dos periodistas —a Maria Ressa (por hacer frente al régimen dictatorial de Rodrigo Duterte en Filipinas) y a Dmitry Muratov, por su crítica al poder en Rusia frente a los blanqueos informativo de Putin—, el mundo se debate frente a la idea destructiva de "desinformación". Lo que hasta hace poco parecía una verruga se ha ido convirtiendo en un auténtico cáncer en nuestra vida personal y social.

Ayer lo incluíamos en la crisis de la democracia. La distinción entre información y propaganda se ha ido decantando, más allá de la semántica, por la vía de los números hacía la segunda con su efecto manipulador sobre la opinión pública. La solución de la dictaduras ya no es el "silencio", sino la desinformación, el flujo constante que nos hace ver el mundo de una determinada manera ante la incapacidad de poder determinar por nosotros mismos la veracidad de lo que se nos cuenta.

Por eso han proliferado los "fact check", los grupos que desde los medios u otras instituciones tratan de indagar en todo aquellos que busca cambiar nuestra forma de pensar desde las mentiras. Si filósofos, teólogos y hasta artistas habían hablando de las aspiraciones del ser humano hacia la "verdad", la comprobación de los hechos de cada día nos muestran justo la aspiración contraria: la verdad es lo que queremos creer y, una vez descubierto, hay quienes nos lo ofrecen con enormes dosis de intensidad y realismo,

Hoy hay repartidas por todo el globo grupos y empresas dedicadas a estudiar nuestras debilidades y deseos para poder alimentarnos de forma eficaz con la desinformación. Es lo que se enseña en la mitad de las clases de la mitad de las facultades de comunicación en todo mundo. Lo llaman "comunicación eficiente", parte del neuromárketing o de otras maneras técnicas, pero la realidad tras el nombre es la misma.

Los mayores beneficiarios son empresas (que manipulan a sus posibles consumidores o usuarios) y los sistemas políticos que controlan así a sus seguidores mientras que atacan a sus detractores o rivales mediante bulos o difamaciones. No sé si causó mucha sorpresa, por ejemplo, que la anterior directiva del Barcelona dedicara, como aireó la prensa, un dinero para contratar a una empresa destinada a desprestigiar a una serie de jugadores de su plantilla, conocido periodísticamente como el "Barçagate". Ahora pensemos en qué forma de pensar se ha implantado en el mundo para que llegue a un escenario de este tipo; pensemos en las rivalidades entre grandes compañía o en la política tanto nacional (partidos enfrentados) como internacional (guerras como las comerciales contra Huawei, por ejemplo, por el control mundial de la telefonía, lo ocurrido con el coronavirus, etc.).


La desinformación es hoy una auténtica lacra. Dicen los medios que es el primer Nobel de la Paz que se concede a periodistas desde que en 1935 "(...) el alemán Carl von Ossietzky lo lograra por revelar el programa secreto de rearme de su país previo a la Segunda Guerra Mundial."* Parece que tienen que darse circunstancias muy graves para que se reconozca al verdadero Periodismo el papel que juega en el mundo al lado de la libertad de expresión y frente a la manipulación autoritaria de la información.


La desinformación es un fenómeno mundial porque la comunicación se ha hecho un fenómeno global. Con su expansión se han creado las condiciones perfectas para que la desinformación sea rentable. Es difícil de controlar porque en una sociedad de velocidad casi instantánea, solo te queda la opción de "desmentir" y pocas posibilidades de "prevenir". Es decir, cuando quieres actuar, el mal ya está hecho, la desinformación se ha expandido por todo el mundo. Los es porque tiene sus reductos y su financiación; muchas veces es una negocio, una empresa, que se ampara en sus privilegios.

En la CNN, Sheldon Himelfarb (CEO del PeaceTech Lab en US Institute of Peace y Philip N. Howard (director del Oxford University's Programme on Democracy and Technology) analizan el peso creciente de la desinformación y la mala información. El artículo va acompañado de una explicación de la cadena:

 

This is the first in an occasional series of CNN Opinion pieces illuminating the damage caused by misinformation and disinformation and exploring potential solutions.

Misinformation, which refers generally to spreadable falsehoods, and its more craven counterpart, disinformation --misinformation circulated to serve a political goal -- have poisoned America's politics and its communities. They have empowered denial of the results of the 2020 elections along with the Covid-19 vaccine resistance -- a factor in the pandemic that has sickened millions and killed nearly 700,000 Americans -- and have been weaponized to obscure the pathways forward to address crucial problems, like the climate crisis.

America's social fabric is built on freedom, individualism and autonomy -- and each has been twisted to fuel the spread of falsehoods.**

 

Estas líneas introductorias al problema son muy "americanas", por un lado, y también "conceptuales", como en la distinción entre el objeto de las falsedades circulantes según sus objetivos. Pero en la realidad, toda mentira, falsedad, bulo, etc. forma parte de un aprendizaje sobre la credibilidad. Aprendemos a aceptar sin crítica o condiciones; clasificamos las "fuentes" de información desde el lado sentimental, por lo que aceptamos aquellas que se ajustan a nuestros gustos y preferencias, ya sean político, deportivos, alimenticos o de cualquier otro tipo. En lo profundo de nuestra mente está aquello que nos resulta gratificante y por ello lo aceptamos.

Las líneas finales son una demostración de cierta "ingenuidad", ya que se parte de la creencia inocente en la verdad como motor de los Estados Unidos, solo perturbada por ese desvío de la pureza presupuesta. Es el "regreso de la verdad" prometido por Biden y ya desmentido con los hechos. "Mentir" sería, en este sentido propuesto, "antiamericano" más que "antidemocrático"; la identidad que se establece entre "democracia" y "Estados Unidos" hace el resto. Pero el hecho cierto, como se ve en el propio artículo, es que las llamadas inicialmente por Al Gore, "Superautopistas de la Información" y que hoy llamamos "Internet", "Cyberespeacio" o "redes sociales" son esencialmente estadounidenses, controladas por sus empresas y sometidas a sus normas; gran parte de los problemas se producen por sus propias políticas y, especialmente, por los intereses comerciales de sus propias compañías. La facilidad para el espionaje por todo el mundo por parte de quien controla la base de las redes es un hecho y las compañías como Google, Facebook o Twitter se han plegado en diversas ocasiones ante las exigencias de dictaduras sobre la entrega de los datos de sus usuarios nacionales para no ver reducidos sus beneficios. Sería fácil nombrar casos en los que ha sido la política norteamericana la que ha creado su propia desinformación a través de su aparato propagandístico, más allá de Donald Trump, que se ha convertido en el referente de la desinformación y la manipulación informativa. El tuit era su arma favorita y las propias redes tuvieron que "censurar" al propio presidente de los Estados Unidos por faltar a la verdad y expandir el odio. Todo depende de cómo consideremos a Trump, si un producto típicamente norteamericano o lo contrario. Todo depende, dirán algunos, de quién gane las elecciones. Lo cierto es que tuvo más de ochenta millones de votantes "desinformados" y contentos de serlo.

El escándalo de las filtraciones por parte de una ejecutiva de la empresa sobre Facebook en estos días —ha confirmado los peores temores, dice la CNN en su titular— ha afectado a la visión de las propias redes y sus efectos sociales. También a la hipocresía mostrada cuando lo que está detrás es el beneficio económico de mirar para otro lado. 


Controlar lo que discurre por las redes no es sencillo, pero la raíz no solo es tecnológica, sino empresarial. Hemos convertido en nuestra segunda vida algo que está en manos de unas empresas creadas en un país determinado. En realidad, la vida digital se ha hecho tan intensa y extensa, que no pensamos que estamos usando unos servicios privados, sujetos a términos cada vez más restrictivos y abusivos precisamente por su omnipresencia. Utilizamos los foros de internet como si fueran ágoras reales, plazas de pueblo donde podemos ser manifestándonos de distintas formas y procuramos no pensar mucho en dónde estamos realmente y en lo que esto supone. han entrado por nuestro punto flojo: la sociabilidad, el temor a quedar aislados.

Las instituciones públicas y privadas, por otro lado, asumen cada vez más que la "vida virtual" es "vida oficial", que todo el mundo debe tener correos electrónicos o que tras los correos oficiales estén en realidad los de una empresa, como ocurre con mi propia universidad, una universidad pública. Hemos regalado a unas pocas empresas nuestras vidas, nuestras relaciones, nuestras manifestaciones. Como se suele decir, lo que no está en Internet no existe. Deberíamos reflexionar un poco sobre lo que implica.


Los estados han renunciado a la creación de espacio públicos realmente públicos, a la creación de un espacio general no manejado por las empresas. Pero la tendencia a la centralización (y al ahorro) ha hecho que estos permitan redes que cubran el planeta y que ellos, los estados, no controlan, con la excepción de uno: los Estados Unidos de América, donde todo se ha gestado, donde todo se ha creado y los que tienen la llave del apagado total.

Los autores del artículo en la CNN señalan:

 

Some experts, including the US surgeon general, look at misinformation as a problem that can be mitigated by making citizens more media literate. This approach requires betting that we on our own can overcome deliberate information operations on critical issues such as public health, climate change and complex humanitarian disasters.

Closer examination, however, reveals that to be a risky bet. Another popular policy option is to let big social media companies police their own platforms more extensively. Recently, we learned that Facebook has known about its negative effects on users, but has repeatedly failed to address them. Letting social media companies try to fix a problem they enable but cannot control seems imprudent at best.

Civic education and new technology initiatives may make a difference on single issues and in particular countries. But overall, misinformation is the global problem that prevents other global problems from being solved. It is an existential threat to our societies, causing immeasurable deaths and suffering, and addressing it requires a solution that acknowledges the sheer scope and interconnectedness of the fight.

We have considered the full range of solutions to this crisis that have been proposed, from antitrust action against the social media companies to redesigning the architecture of the internet itself -- and dozens of other ideas. But none of the solutions currently under discussion are as comprehensive as the proven model of the IPCC [Intergovernmental Panel for Climate Change] is -- a model that an IPIE [Intergovernmental Panel for the Information Environment] can follow.**

 

Los autores se centran en el "problema interno norteamericano". La democracia es un problema suyo y la desinformación en aquello que les afecta: las injerencias en sus elecciones. Es un poco la "ley del embudo", ya que estamos viendo cómo se expande también hacia el exterior (y no es una novedad) su propia desinformación para las guerras comerciales, cómo se practica el espionaje a través de las redes (el reciente escándalo danés es un episodio más) o cómo varía según quien esté en la Casa Blanca sobre temas como el cambio climático, por poner un ejemplo.


Es una satisfacción ver cómo en este mundo de luchas informacionales, el Premio Nobel de la Paz va a quienes se juegan su vida por intentar corregir la desinformación. Los periodistas muertos en Rusia o en Filipinas son también los destinatarios, como lo son los que se encuentran encerrados o desaparecidos en cualquier rincón del mundo. El Premio es también para ellos. No alegramos también de que nos prosperara la candidatura de Trump, el presidente más mentiroso de la historia de los Estados Unidos (controlado día a día), para el mismo Premio, que algunos de buen corazón impulsaron. No sé si la institución Nobel habría sobrevivido a ello. Probablemente no. 



Por nuestra parte, la de todos, está que esas muertes y encierros no sean en balde. Lo más descorazonador es cómo la genta abraza las mentiras, cómo cree lo que desea creer. Hay mucha mal informada, capaz de corregir su opinión cuando se desvela la verdad. Hay que distinguirlos de los que voluntariamente se dejan arrastrar porque son sus deseos e intereses lo que quieren preservar. Los que siguen portando banderas y pancartas diciendo que Trump ganó las elecciones no dejarán de hacerlo. En cada país existe una versión de este problema, pues nos enfrentamos a un problema real e inagotable: no todo el mundo quiere vivir con los hechos y las verdades, por muy relativas y provisionales que puedan ser. La verdad puede ser relativa, pero la mentira es absoluta y absolutista.

Las redes sociales, las comunicaciones planetarias, pueden ser usadas para muchas cosas, buenas y malas. Pero en el fondo no es más que el traslado a otro campo de batalla de la misma guerra, potenciada por el enorme poder amplificado que suponen estas tecnologías de la comunicación. Lo que queda claro es la necesidad de contrarrestar el peso de la desinformación.

Felicidades a los premiados y a todos los periodistas que luchan en el mundo contra la desinformación y por la libertad de expresión para combatirla. Ellos también han sido premiados.

 

 

* "Los periodistas Maria Ressa y Dmitry Muratov, Nobel de la Paz 2021 por su defensa de la libertad de expresión" RTVE.es 8/10/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211008/premio-nobel-paz-maria-ressa-dmitry-muratov/2184620.shtml

** Sheldon Himelfarb and Philip Howard "CNN  What's stunning about the misinformation trend -- and how to fix it" CNN 7/10/2021 https://edition.cnn.com/2021/10/07/opinions/facebook-misinformation-and-how-to-fix-it-himelfarb-howard/index.html

miércoles, 9 de octubre de 2019

Límites humildes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La Vanguardia recupera la entrevista que le realizó en Madrid en 2015 al cosmólogo James Peebles, galardonado hoy con el premio Nobel. Lo que Peebles dijo entonces es de perfecta actualidad hoy, pues trata de lo que es y ha sido el motor de la verdadera Ciencia, la humildad y la constatación de nuestra ignorancia. Son esos nuestros mayores impulsos en el camino del conocimiento. «La ciencia es una búsqueda sin final. Lo es para la cosmología como para otras disciplinas. Tenemos que ser lo bastante humildes para reconocer nuestras limitaciones pero lo bastante ambiciosos para afrontar nuestros retos»*, explicaba a La Vanguardia. Y es cierto.
El mayor enemigo del conocimiento es creer saberlo todo. Por eso, el gran valor es la humildad. ¡Cómo contrastan sus palabras con las de ese señor que ocupa la Casa Blanca, que hablaba ayer en un tuit de "in my great and unmatched wisdom", tal como recogimos! ¿Es posible mayor distancia?
Frente a tanto dogmático en el campo de la política, tanto poseedor de las verdades absolutas, tenidas por conocimiento innato o visitas en sueños, ¿cómo no maravillarse ante gente que dice moverse con la mejor teoría disponible, expresión frecuente?



Los campos más rigurosos de la Ciencia suelen ser los más humildes, los que saben que viven en la imperfección que nos queda por nuestro propio progreso. Mientras otros tratan de llegar a "lo definitivo", el verdadero sabio sabe de la provisionalidad de todo, de la perfectibilidad modesta, milimétrica a veces.
Estos días, la prensa mundial se ha hecho eco de una noticia insólita que no sé si muchos han entendido: la aparición de un planeta "allí donde no debía estar". "¡Qué impertinente!", habrán pensado algunos. El énfasis en el "no debía" contrasta fuertemente con las noticias de los planetas que encontramos de vez en cuando, que están donde deben. Este —¡qué fastidio!— estaba donde "no debía".
Este hallazgo impertinente nos hace un enorme favor al mostrarnos lo equivocado que estábamos al pensar que nuestro conocimiento era una verdad. Ha demostrado nuestras limitaciones, nuestro error y así nos dará la oportunidad de mejorar, que es a lo que debemos aspirar. De ahí, como dice Peebles, que debamos ser humildes para reconocer nuestros errores y corajudos para no tirar la toalla. Y es que en la Ciencia hay que ser un poco Sísifos, subir y bajar la piedra por la resbaladiza ladera del error.
Cuando James Peebles hace cuentas sobre lo que sabemos, dice que apenas comprendemos un 5% de lo que tenemos delante o de lo que pensamos que tenemos delante, ya que ese planeta impertinente nos pone en su sitio. Pero lejos de estar frustrado, señala: "Pero tengo la esperanza de que llegarán sorpresas. En la historia de la ciencia, las preguntas más difíciles a menudo se contestan de maneras inesperadas." ¡Tanto trabajo para que después las respuestas nos lleguen en forma de hallazgos por sorpresa, por pequeñas casualidades o de rebote! Todo eso, bien visto, sigue domando nuestra soberbia y poniéndonos en nuestro sitio.



No nos queda ni la posibilidad de convertir en héroes a nuestros grandes científicos. El número recién salido de la revista Investigación y Ciencia (el número de octubre) nos trae el artículo titulado "Einstein, Newton o Pasteur no eran unos santos" (pp. 68-74), firmado por Yannick Fonteneau, en el que se hace eco de cómo el éxito de la Ciencia necesitó convertir al científico en un nuevo héroe social:

En los siglos XVIII y XIX los científicos no accederán a posiciones de poder más que de una forma parcial, puesto que no reemplazarán completamente al religioso ni al consejero de Estado. No obstante, el científico y la razón (o sus imágenes) se proyectarán más allá de la historia, asumiendo un papel de guía para la sociedad. Una muestra evidente es el panegírico del ingeniero y arquitecto Vauban escrito por el científico Bernard Le Bouyer de Fontenelle en 1707: «Nadie mejor que él ha traído del cielo las matemáticas para que sirvan a las necesidades humanas. En sus manos han adquirido una utilidad tan gloriosa como sublime». (71)**


Parece querer decirnos que los seres humanos necesitamos jugar con la imagen de una autoridad. Toda "autoridad" se fundamenta en otra hasta llegar a una autoridad "última". Ya sea convirtiendo al científico en héroe o en portador de las luces, nos resulta difícil aceptar la humildad o el azar que guía sus trabajos, la imperfección para convertirlos en herramientas del destino o la divinidad o de cualquier otra fuente que nos hagan reconocer esa autoridad.
El final del artículo nos habla de los científicos como "héroes necesarios" en el marco de las transformaciones históricas que van situando a la Ciencia en un papel central:

El científico se erigió en portavoz de la verdad y luego en guía de la sociedad, junto a los sacerdotes cuando no en competencia con ellos. Su legitimación fue acentuada por el Estado, decidido a utilizar la ciencia para consolidar su poder en los siglos XVII y XVIII. En el siglo XIX, el estado nación sintió la necesidad de consolidar el genio nacional. Todo ello contribuyó a dejar de lado la faceta humana de los científicos para convertirlos en héroes ficticios de la epopeya del progreso, capaces de conducir a la sociedad hacia su perfección. (74)**

De lo que se trata pues no es tanto de la Ciencia en sí, sino de la representación del papel del científico en el interior de la propia sociedad, del reconocimiento de una "autoridad" que le ha sido conferida por una fuente exterior y que le lleva a convertirse en paladín social como antes lo fueron otras figuras.

La actitud de John Peebles trata de sacudirse esos juegos manipuladores y de mostrarse más bien como un anti héroe (a diferencia del político) que intenta alejarse ofreciendo la modesta verdad del conocimiento limitado.
La verdadera dimensión de la Ciencia es más la del trabajo constante que nos lleva a no cejar en el empeño para alcanzar resultados que se verán limitados en el futuro por los nuevos logros.
A Peebles se le ha concedido el premio Nobel. La mayor parte de la gente lo verá como una especie de ganador del campeonato del mundo de algo. Sin embargo, Peebles sabe que lo que se premia en él es la ignorancia consciente, saber que solo creemos conocer el funcionamiento del 5%. Y eso si no siguen apareciendo planetas allí donde no deberían estar. Se premia en él el haberse hecho preguntas interesantes desde sus propias y constantes dudas. Se premia en él, sí, no haber abandonado su trabajo a sabiendas que será siempre insatisfactorio a pesar de los logros porque su sed es insaciable. Quizá sea eso lo que define al científico, no el heroísmo sino una fuerza que equilibra las grandes preguntas con las humildes y provisionales respuestas. Solo se puede ser así cuando el reto es el universo y uno se siente maravillado, pero pequeño.
El titular de la entrevista a James Peebles es anti heroico: “Nunca llegaremos a comprender el Universo”. No es el que uno esperaría encontrar en un premiado con el Nobel cuatro años después. Sin embargo es profundamente honesto y reconduce al científico hacia su verdadero y humilde papel, mostrarnos la grandeza de aquello a lo que nos enfrentamos. 


* “Nunca llegaremos a comprender el Universo” (2015) La Vanguardia 8/10/2019 https://www.lavanguardia.com/ciencia/20191008/47872198730/entrevista-nobel-fisica-2019-james-peebles.html
* Yannick Fonteneau, "Einstein, Newton o Pasteur no eran unos santos",, Investigación y Ciencia nº 547- Octubre 2019, pp. 68-74.

viernes, 14 de octubre de 2016

Dylan, forever young

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es muy difícil para esta generación actual imaginarse lo que fue Dylan para otra, la de los años 60, que es cuando se forjó como figura. La industria del entretenimiento ha creado un concepto de "ídolo" que se encuentra en las antípodas de lo que Bob Dylan era y representaba para millones de personas en todo el mundo.
Para mí fue una enorme alegría llegar a casa y enterarme de que a Dylan se le reconocía con el premio Nobel. En 2007 se le concedió el Príncipe de Asturias de las Artes, igualmente merecido pero que no abría la polémica sobre la "literatura" que algunos parecen interesados en mantener aunque solo sea por llevar la contraria.
Por dejar claro el asunto por mi parte, señalaré lo siguiente: en 1991 realicé la oposición a profesor Titular de Literatura Universal Contemporánea, para lo que tuve que realizar un programa de la asignatura, como es preceptivo. Incluí, sin dudar, a Bob Dylan en mi programa de Literatura como muestra de la poesía popular norteamericana. Me pareció absolutamente normal, pues Dylan es un poeta, un juglar callejero ascendido —no sé si a su pesar— a icono de la sociedad de masas, de un mundo mediático que necesita completar con imágenes, historias o misterio las figuras de las que se alimenta. Frente a los que ya cuestionan su poesía o el Nobel, mi más ferviente defensa del mismo. Habrá otros buenos poetas marginados, como siempre. Pero no hay duda de que Bob Dylan es una gran poeta y además un poeta influyente, en la gente y en otros poetas, algo que no todos lo son.


Miro lo muchos artículos que se publican entre ayer y hoy. Cada uno se fija en las muchas caras de Dylan porque todos tenemos el nuestro, el momento en que fijamos a una personalidad única en nuestra vida, el día en que Bob Dylan nos habló. Otros se limitan a recoger los tópicos necesarios para intentar describir lo que Dylan pudo representar.
Dylan es un poeta, sí, pero sobre todo es lo que los norteamericanos llaman "singer songwriter", algo importante, pues si se quiere entender a Dylan no hay que "analizarlo" separando sus partes, sino manteniendo la unidad compleja que representa su arte único. No se debe separar la palabra de la música de la voz, tres elementos propios cuya específica unión nos dan a Dylan.
Dylan insertaba imágenes poderosas en canciones que iban del himno a la intimidad con una voz única, cuyo efecto inicial era como el sabor del primer trago de cerveza, pero que acababa seduciendo por su capacidad de transmitir.
Basta con ver las fotografías de juventud de Dylan para comprender lo que es el carisma, una energía seductora. Dylan es carismático y lo fue desde sus inicios, algo que se conjuntaba perfectamente con su versión de profeta de los nuevos tiempos que habían de cambiar.


Su repertorio de mensajes iba de la intimidad susurrada en una noche de amor a la advertencia sobre el apocalipsis, de la denuncia de los mecanismos que controlan el mundo a la épica de las vidas pequeñas.
Hasta el momento el carisma lo habían tenido en el mundo de la cultura popular personas como Sinatra, Elvis o Chevalier, entre otros. Pero no tuvieron un pensamiento propio, en el sentido de ser creadores de sus propios mensajes. Dylan sí. Es sobre todo un "creador", alguien que tiene que decir, no solo un "intérprete". Y lo que dijo enganchó a una generación.
Y lo más importante: lo que tenía que decir es lo que una generación ávida de cambios deseaba escuchar. Dylan fue la conciencia de la generación en la que la cultura joven se emancipó finalmente, liberándose de la visión paternalista y ñoña en la que se trataba de encuadrar. El liderazgo social cambió de manos. Los jóvenes dejaron de ser los consumidores natos de una cultura diseñada para ellos y muchos empezaron a tener su propia visión del mundo. Los sesenta avanzaban.

Woody Guthrie

Dylan es el representante de una conexión única en un momento de la historia norteamericana entre el mundo de lo popular y el de las élites universitarias. Dylan unía a los cantantes sociales que recorrían, como habían hecho sus maestros Woody Guthrie (al que rinde homenaje con sus poses y canciones) o Pete Seeger, fábricas y huelgas, movimientos de protestas, con la sofisticada poesía de los degustadores universitarios del arte. Dylan hablaba a unos y otros, era una síntesis especial y única capaz de emocionar a ambos.

Con Dylan culmina la voz de los desheredados, que la izquierda norteamericana había cantando, dándole una dimensión universal —el this land is your land, como cantó Woody Guthrie, se hacía universal con Dylan— y se funde con la vanguardia del Village, se pasa del mitin y la huelga, a los gigantescos conciertos de los 60.
No lo he visto recogido en los artículos y me parece un dato relevante para comprender su influencia y alcance: muchos grupos de música de los más diversos estilos, muchos cantantes incluían en cada disco un tema compuesto por Dylan. Durante años lo hicieron, Dylan era la palabra, la música esperadas; eran el mensaje que había que transmitir.


Dylan ha creado las más bellas canciones de amor, las más bellas canciones de soledad, los más bellos himnos... Todo es poesía, no porque rime sino porque habla al corazón o a la cabeza, según toque. Unos días celebraba la alegría del quedarse; otro, los dolores del partir. Unos días cantaba la verdad y otros celebra la duda, el desconcierto de lo humano. Real y surrealista, épico y lírico.
El premio Nobel es un reconocimiento importante para alguien que lo ha sido de una forma que muy pocos escritores lo han logrado, penetrando hasta el tuétano, tocando el alma, virtud de la canción que nos posee de una forma diferente a como lo hace la prosa. Dylan cantaba su poesía y los demás cantaban a Dylan.


Los que amamos a Bob Dylan lo hacemos porque sus palabras han significado algo en nuestras vidas, porque cuando nos han faltado las palabras las hemos encontrado en él con más frecuencia que en otros. 

I'm a-thinking and a-wonderin' walking down the road
I once loved a woman, a child I am told
I gave her my heart but she wanted my soul
But don't think twice, it's all right.
So long honey, baby
Where I'm bound, I can't tell
Goodbye's too good a word, babe
So I'll just say fare thee well...
                            (Don't think twice, it's all right)




El Nobel de Literatura es merecido, sin duda. Se amplía, como se han ampliado los límites de la Literatura y del arte en la sociedad de masas. Hoy la sociedad es diferente y sus formas de popularidad se basan más en la extravagancia que llama la atención y consigue seguidores y la estandarización del gusto global. Entonces eran otros tiempos, que habían cambiado, pero que lo harían todavía más.
Dylan no era simplemente un cantante. Era un poeta que recitaba sus poemas acompañado de una guitarra. Era el signo del momento, la forma de llegar más allá del papel para una generación que se reunía, se manifestaba o simplemente compartía sus sentimientos e ideas. Recogió una tradición y amplió los públicos. Tenía algo que decir y el mundo le escuchó, aunque era joven.
¡Enhorabuena!


lunes, 28 de octubre de 2013

Sí y lo contrario o los fabricantes de teorías

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La idea que tenemos del funcionamiento de las Ciencias suele ser bastante ingenua. En un mundo muy desarrollado, tecnológicamente hablando, deberíamos saber más cosas de las que sabemos. Y sabemos muchas, desde luego; muchas más que antes, que es donde reside el verdadero progreso. Pero que podamos construir cosas resistentes no significa que estemos en condiciones de explicarlas con claridad, que sería nuestro modesto equivalente a "comprenderlas".
Durante siglos lo seres humanos hemos hecho muchas cosas de forma intuitiva sin tener la más mínima idea de cuáles eran los principios en los que se basaban. Mejora nuestra comprensión en algunos campos, indudablemente, pero como contrapartida en nuestra existencia hemos constituido campos que pretendemos comprender y explicar sin que esté del todo claro lo que sabemos realmente. Esto ocurre en todos los campos —una mala teoría es mejor que no tener teoría— pero la cuestión está en la relación entre la teoría —que describe, explica, predice— y el mundo. Una mala teoría económica aplicada de mala manera, por ejemplo, nos puede llevar a todos al desastre. para algunos esto no es una hipótesis descabellada y se discrepa sobre la interpretación de las situaciones y las mejores recetas para solucionar los problemas.


Quizá en previsión de esto, se han dado este año unos premios Nobel de Economía un tanto peculiares, no solo porque se hayan concedido a tres personas —lo mismo ha ocurrido en Medicina y a dos en Física—, sino que además dos de ellas sostienen lo contrario la una de la otra. La BBC lo explica de este modo:

El próximo 10 de diciembre, tres economistas recibirán el premio Nobel 2013 por "sentar las bases para el entendimiento de los mercados de activos". El problema es que dos de ellos tienen interpretaciones diametralmente opuestas sobre cómo se comportan los mercados.
[...]
Pero no seríamos humanos si no nos pareciera curiosa la aparente contradicción en la adjudicación de parte del premio Nobel a Eugene Fama por demostrar que el mercado es eficiente y otra parte a Robert Shiller, por demostrar que no lo es. ¿Está curándose en salud el Comité?
Ambos recibirán una mención en los libros de historia por haber contribuido con el desarrollo futuro del pensamiento económico, en opinión de Shiller.
"Es un poco como la religión", dice. "Es decir: hay todas estas sectas diferentes y si se miran en conjunto no parece tener ningún sentido: se contradicen mutuamente en cosas tan fundamentales. Pero tal vez hay una sabiduría sobre la vida que sale de todos ellos. Y creo que la profesión económica no es tan fragmentada como puede parecer”.*


No sé realmente si a Robert Shiller le sirve de consuelo la explicación que da equiparando la Ciencia Económica con la Religión, de la que aparentemente debería huir la Ciencia en general como modelo de pensamiento. Gran parte de la historia de la Humanidad se ha basado en el avance del pensamiento científico, que trataba de ser "antidogmático" y para ello se centraba en lo racional de las teorías y en lo experimental de los métodos; razonar y demostrar ha sido el fundamento de nuestros avances científicos. El problema que unas y otras teoría se deben construir al amparo de sus propios hallazgos y esto no es sencillo: desde la delimitación de los elementos que se toman de la realidad —no puede tomarse todo— hasta las interpretaciones de lo recogido, las Ciencias están llenas de decisiones humanas que, en cada caso y mediante consenso, establecen el grado de acuerdo de una Ciencia respecto a sus propios avances. Hay, por tanto, ciencias que buscan el acuerdo y otras, como ocurre con la Economía —y demás ciencias sociales—, que tienen la semilla de la discordia ya en sus principios porque exigen desde allí mismo tomas de decisiones. El resultado son sistemas, muchas veces, "pluridogmáticos", de ahí la comparación con religiones y sectas que apuntaba Shiller.


De esta forma se explica que se pueda dar el mismo Premio —y con el mismo Jurado— a dos personas que piensan de forma diametralmente opuesta y, lo que es más, son capaces de demostrarlo razonando cada una a su manera.

Hay campos en los que el debate científico es necesario porque no se puede llegar a verdades en lo social puesto que "verdad", en estos casos, es un juicio que establecemos sobre algo que ocurre; más bien que nos ocurre por nuestras propias acciones. Como nos han desengañado los epistemólogos, hasta algo que llamamos "hecho" constituye un "recorte" de la realidad, que también es construcción a nuestra medida. Así podemos decir que hay cosas en las que coincidimos como "especie" (otro recorte), que nuestra "realidad" es distinta a la de otras especies, y que conforme las cosas se adentran más en el mundo de la Cultura —nuestra segunda Naturaleza— se van haciendo, no más opinables, sino más complejas porque estamos involucrados en nuestras observaciones de un mundo que es nuestro. Indudablemente, la Economía es una forma de entender nuestra propia actividad transformadora del mundo y, dentro de él, de nosotros mismos y nuestros puntos de vista.
¿Qué nos quiere decir esto? Que podemos a llegar a conocer mejor aquello que es de alguna forma exterior a nosotros y estable en el tiempo, pero que eso es la definición contraria de lo humano: somos cambiantes porque nuestro propio pensamiento sobre nosotros mismos nos hace cambiar. Es en la interpretación de nuestros cambios, de sus causas y efectos, también donde discrepamos. Somos capaces de construir coherentes discursos sobre nuestra propia evolución, explicando lo que tenemos delante, pero nos falta la unanimidad suficiente como para reducir los discursos sobre nosotros mismos. El reduccionismo positivo que tiende a explicar de forma comprensible lo complejo es peligroso, en cambio, cuando se pretende aplicar a nuestro desarrollo personal o social y, especialmente, si afecta a nuestro futuro.


La Economía no escapa, como otras muchas ciencias, de lo humano, que es su centro. La ilusión de los métodos con los que distanciarnos de nosotros mismos no es más que eso, una ilusión. La pregunta que el periodista de la BBC se hace sobre el Nobel en el titular de la noticia "¿Al fin qué? ¿Son racionales los mercados o no?", implica una idea de "racionalidad" construida sobre nuestra propia "racionalidad", algo que también es mucho suponer, porque somos nosotros los que la definimos. La teoría de que los mercados puedan ser más racionales —usan la información disponible de forma eficiente y esto se traduce en los precios— que nosotros mismos implica una visión de nuestra racionalidad a través de nuestras acciones y decisiones, que podemos calificar como más o menos racionales, más o menos emocionales. Basta con modificar nuestra idea de la "racionalidad" —algo que ya ha ocurrido— para que todo lo que hemos definido así se tambalee; basta que comprendamos de forma diferente el papel de nuestras emociones en las decisiones —algo que también ha ocurrido— para que se modifique aquello  que calificamos como "emocional". Cualquier modelo del comportamiento es necesariamente limitado e imperfecto, aunque de distinta manera y grado. Se trata de administrar juiciosamente nuestra miopía. Los avances en Física y Química, las vidas que se salvan con los avances en la Medicina, por ceñirnos al Nobel, son en gran medida verificables 8aunque sea décadas después, como en el caso de Higgs). No son los mismos motivos o procedimientos en los otros casos, los de Literatura —se refieren al gusto—, la Paz —siempre controvertido y opinable, centrado en valores— y la Economía, que también depende de muchos factores de interpretación. Son las Humanidades, la Política y las Ciencias Sociales, importantes pero diferentes.
El jurado del Nobel no ha cometido ninguna atropello con la lógica al premiar a autores de planteamientos opuestos; simplemente ha reconocido los avances en cada una de las líneas. La verdadera pregunta, sin embargo, es: si somos capaces de avanzar en todo tipo de explicaciones en diferentes direcciones, ¿por qué seguimos metiéndonos en una crisis tan otra? Pero esa pregunta ya no se refiere a las teorías sino a lo que hacemos después con ellas.



* "¿Al fin qué? ¿Son racionales los mercados o no?" BBC 27/10/2013 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/10/131021_mercados_eficientes_irracionales_finde.shtml




sábado, 13 de octubre de 2012

Europa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Algunos se han sorprendido porque el premio Nobel de la Paz haya ido a parar a la Unión Europea en estos momentos críticos y confusos. Lo cierto es que era una de las apuestas firmes junto a los damnificados por los excesos de estados y gobiernos de varios continentes. Lo que parecía seguro es que esta vez no iba a ir a tres personas, como en la edición anterior, sino a una sola, ya fuera persona o institución. Y se ha cumplido; se lo han dado a la Unión Europea como una unidad.
Igual que el año pasado hice mis votos porque fuera mujer y árabe y así fue, por lo que me di por más que satisfecho, este año quedo también complacido por los motivos que paso a explicar.

Se está ponderando mucho la cuestión de la crisis económica y del euro identificándola como "crisis europea". Y no salimos de ahí. Desde estas páginas hemos insistido constantemente en la necesidad de encontrar otras dimensiones compensatorias que permitan convencernos a nosotros mismos de que solo somos compartidores de la moneda y de las fronteras unos con otros, una especie de dasein mercantilista. El premio no se le ha dado a "Europa" sino a la "Unión Europea", es decir, a la voluntad de permanecer unidos y a lo que eso ha supuesto para un territorio con demasiada frecuencia convertido en campo de batalla. No se le ha dado a los políticos o jefes de estado: se ha concedido a 500 millones de personas.
Tenemos en contra la diversidad de las lenguas, siglos de guerras entre nosotros, conflictos territoriales, y diferencias religiosas entre unos y otros. Y eso es precisamente lo que hace de la idea de Europa un milagro, laico, pero milagro. Europa es un milagro cultural. Y hay que decirlo.
Creo que hay tres alternativas en la forma de entender Europa. La Europa religiosa, tal como la pensó el germano Novalis en su "Europa o la Cristiandad", que buscaba la unidad anterior a la Reforma —una unidad medieval— como manera de resolver los conflictos; la Europa de la Razón, la de las Luces, como alternativa a los dogmatismos y enfrentamientos sectarios; y finalmente la Europa económica, la del mercado, la Europa del vendernos y comprarnos unos a otros o de competir con terceros.


Son tres dimensiones que existen y no se puede prescindir de ellas, pero no son dimensiones separadas. Son construcciones abstractas que elaboramos para analizar una realidad compleja. No hay que hablar tanto de la "religión" sino de la evolución de la religión entre nosotros; ni de la "economía" como una dimensión única, sino de la realidad económica, como parte de un sistema vivo; ni convertir la "razón" en un elemento totalizador capaz de generar monstruos según el extremo al que se dirija.
Si entendemos que los tres factores tienen una dimensión positiva que también forma parte de nuestra historia, es más fácil comprender por qué la Unión de los europeos es un hito de convivencia merecedora de ese premio. "Religión" implica también "libertad religiosa", es decir, respeto a las creencias, reconocimiento de su valor en la configuración del conjunto de la cultura. "Razón" supone la capacidad de superar los dogmatismos y una firme voluntad de diálogo, pues la razón es un ente dialogante y no silencioso o excluyente; solo mediante el diálogo, la voluntad de entendimiento, la razón se humaniza frente a su aberración, la "razón maquinal", que solo busca dominar y controlar. "Economía" implica, sobre todo, un deseo de bienestar común, de solidaridad, por encima de la mera producción, del lucro individual y egoísta. No hay que renunciar a nada sino transformar todo, impregnarlo de ese impulso de progreso positivo, de avanzar conjunto.

Voltaire, Ortega y Novalis

Las tres dimensiones —la religiosa, la racional, la económica— contienen los peligros en su aislamiento y desequilibrio. Llevadas al extremo y sin equilibrarse, producen los monstruos que los europeos hemos experimentado en la mayor parte de los rincones de nuestra geografía e historia, de las inquisiciones a los campos de exterminio, de las dictaduras a los guetos. Son los monstruos del dogmatismo, la intolerancia y la cosificación utilitaria de los demás. Nos los hemos aplicado entre nosotros y al resto del mundo mediante el colonialismo.
No podemos prescindir de ellas porque forman parte de la vida misma, por eso es esencial que sean parte de nuestro pensamiento como voluntad de mejora constante, como única forma de construir un espacio de convivencia fecundo y no un nuevo campo de batalla.
El Premio Nobel de la Paz reconoce los esfuerzos de la Unión Europea en pacificarse y en pacificar, dos aspectos importantes que adquieren sentido solo si Europa, además de ser una realidad, es un modelo para sí y para otros. Como cualquier creación humana no es ni puede ser perfecta, pero sí debe tener la voluntad de mejora constante  en la preocupación por su espacio propio, que es geográfico y cultural, físico y humano.

Camus, Mozart, Chesterton

Estamos demasiado preocupados por aspectos muy concretos; nos falta apartarnos del cuadro lo suficiente para percibir los colores y las formas en su justa dimensión. Estando demasiado encima, solo percibimos lo próximo y nos falta visión del conjunto. Eso en lo que supone el Premio, la percepción de la Unión en la distancia que permite ver sus logros, el milagro de la convivencia europea sobre unas desoladoras ruinas y millones de muertos.
"Paz" puede ser simplemente un estado no beligerante. Pero puede ser también un insólito deseo de prosperidad conjunta, de resolución de desequilibrios históricos, de enterramiento de conflictos. Todo lo que ha ocurrido en Europa nos ha hecho, pero no todo lo que ha ocurrido deseamos que se mantenga o repita. Eso es parte del espíritu de progreso que es también un impulso europeo. No nos hemos hecho "europeos" para explotarnos mejor; nos hemos  para poder crecer —en todos los ámbitos y dimensiones— conjuntamente. Es hacer bueno el espíritu de las palabras de Schiller, cuyo Himno a la Alegría hemos aceptado como espíritu: "Seid umschlungen, Millionen! / Diesen Kuß der ganzen Welt!" (Recibid un abrazo, millones./ Este beso para todo el Mundo!).
Europa no es un mito ni una marca; no es necesario inventar raíces emocionales ni incentivos comerciales. Hay que hacer de ella una realidad, palparla en lo cotidiano, siendo conscientes de que lo que hagamos requiere nuestro esfuerzo, inteligencia y voluntad. No me emocionan los himnos, banderas o logotipos; me emociona la felicidad de las personas, ver que lo que se hace sirve para que sean mejores, más cultos, más respetuosos, más libres, más justos. Entre nosotros y con los demás.
A todo eso lo llamo "paz". Y el premio es un anticipo.


lunes, 12 de diciembre de 2011

La petición


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tawakoll Karman, la joven periodista yemení que ha recibido el Premio Nobel de la Paz junto a otras dos mujeres —las liberianas Ellen Johnson Sirleaf y Leymah Gobwee—, ha sido muy clara en su discurso de recepción y ha realizado una petición:

“The democratic world, which has told us a lot about the virtues of democracy and good governance, should not be indifferent to what is happening in Yemen and Syria, and happened before that in Tunisia, Egypt and Libya, and happens in every Arab and non-Arab country aspiring for freedom,” Ms. Karman said. “All of that is just hard labor during the birth of democracy, which requires support and assistance, not fear and caution.”*

A nadie con un mínimo sentido común se le escapan las dificultades que el asentamiento de una democracia tiene.Muchos países mantienen unos niveles precarios de salud democrática y tenemos varios ejemplos en Europa de situaciones más que complicadas. Los manejos del poder en Rusia, sin ir más lejos, y otros muchos países, hacen dudoso considerar que la democracia sea un estado perfecto y acabado. Es más bien como un organismo vivo, sujeto a los vaivenes del entorno y a los descuidos de los que lo dan por hecho. Una democracia sana es la que, previsora, se coge la bufanda cuando hace frío. Estamos viendo que el virus de la corrupción también ataca a las sanas democracias y las manda al servicio de enfermería en cuanto que se descuidan. No es solo Rusia o Lituania. El caso de Brasil es también ilustrativo, con seis ministros cesados por corrupción en apenas unos meses. España misma —estamos en el puesto 31 de transparencia en la lista internacional— tiene sus casos, mayores o menores, permanentemente. Separamos democracia y corrupción, pero eso no es más que un juego mental. En África ha habido y hay varias guerras por fraudes electorales. Pero no son solo los fraudes. Si los que elegimos nos roban o se lucran indebidamente, la democracia se resiente; no ha funcionado como debía. Nada más delicado y complejo que una democracia. Nada más difícil que ponerla en marcha; tampoco es fácil mantenerla sana.


Por eso la petición de confianza, de apoyo y asistencia, que la premio Nobel yemení hace a Occidente debe ser escuchada atentamente ahora que los ánimos se han enfriado para algunos. Los que pensaban que en países con los niveles altísimos niveles de corrupción y poca o nula tradición democrática, con partidos circunstanciales o desconocidos, todo se iba a purificar con la presencia cristalina de una urna, se equivocaban. Hemos ayudado a indecentes dictaduras con miles de millones de dólares y euros, hemos abrazado a sus infames presidentes. Demos un margen de confianza esta vez a los procesos en los que están inmersos a sabiendas de dos cosas: que la democracia consiste en que ellos elijan sus representantes y no los nuestros, y que es un proceso que debe darse en el tiempo, que requiere muchas cosas. La ignorancia y la pobreza en la que estas dictaduras han mantenido a sus pueblos —entrar en Yemen, nos dicen, es trasladarse a la Edad Media— tardará muchos años en arreglarse.

Es la tarea de las generaciones más jóvenes, a las que hay que respaldar, las que se han levantado y ahora sienten que les sustraen sus revoluciones porque los votos van a otros lugares. Hace falta apoyar a sus jóvenes, convencerles de que en su formación e integridad está el futuro de unos países a los que aman, por el que se han levantado y dejado sangre y vida. Desecharon el camino fácil de la migración; eligieron el del compromiso. Es ahí, en ese terreno donde debe ir el apoyo. Es ahí, con toda la sinceridad y naturalidad, donde hay que trabajar con ellos.

El mensaje que Occidente debe transmitir es precisamente el que reclama Tawakoll Karman: sacudirse la indiferencia y apostar por un futuro en el que la comunidad internacional manifieste su apoyo democrático exigiendo los mínimos de partida y la evolución social permanente, apoyando progreso y no solo la vergonzosa seguridad de los dictadores. El mejor favor que Occidente puede hacer a las democracias que están por llegar es negarse a aceptar ningún tipo de componendas con nuevos dictadores y alentar, mostrar su apoyo a los que defienden y buscan la mejora de sus pueblos. Es algo que debemos exigir desde nuestros propios países.
Para esto tiene que pensarse también más allá del dinero. Hay acciones más allá de lo puramente económico, de las inversiones. El desarrollo es importante pero, por lo que hemos visto, el dinero no trae directamente la democracia, pero si suele atraer a la corrupción. Es lo que han visto y vivido durante décadas. Las empresas que inviertan tienen que apoyar la causa de la democracia no sumándose al camino fácil de la corrupción, como ha estado sucediendo con demasiada frecuencia.
Además del desarrollo hay que establecer otros vínculos, que son los que Tawakoll Karman reclama: apoyo y asistencia y no miedo y precaución. Hacen falta muchos foros, no solo políticos; también sociales y culturales, muchos intercambios, mucho conocimiento mutuo para poder sacudirnos los miedos. Muchos de ellos son fruto de la ignorancia y de la pobreza. Quizá exigimos demasiado y demasiado pronto. No basta con querer ser libres, hay que tantear los caminos, resolver los obstáculos que han estado impidiendo el progreso en casi todos los sentidos.


La división está entre los que saben que no es fácil y los que no quieren hacerlo. No existen varitas mágicas. A los que saben que no es fácil, hay que tratar de animarles para que sigan en su empeño y no se dejen vencer por el desánimo. A los que no quieren hacerlo, señalarles que la responsabilidad histórica del porvenir de sus pueblos exige salir de las catacumbas y afrontar un futuro realista, que una vez que los pueblos se levantan, aprenden el camino, que regresarán una y otra vez a calles y plazas.

Las dictaduras no se destruyen en un mes ni las democracias se construyen en un año. Tras los dictadores no solo están sus hijos o los amigos y los amigos de los amigos. También están las inercias, las costumbres y los vicios que han resultado gratificantes para muchos y que tienen que sacudirse para avanzar. No se han levantado para cambiar de dictadores.
La petición de Tawakoll Karman encierra mucho de esa constatación. Los que han reclamado libertad son muchos; aquellos cuyo sueño de libertad tenía alguna forma específica son menos. Ahora tienen que ponerse de acuerdo en dar forma a sus sueños una vez que lograron despertar. Espera un largo camino. Para ese camino es para el que piden apoyo y asistencia. Debemos recorrerlo con ellos honesta, sinceramente.

* “3 Women’s Rights Leaders Accept Nobel Peace Prize”. The New York Times 11/12/2011 http://www.nytimes.com/2011/12/11/world/sirleaf-gbowee-and-karman-accept-nobel-peace-prizes.html?src=ISMR_AP_LO_MST_FB