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viernes, 7 de febrero de 2025

¡Están entre nosotros!

 Joaquín  Mª Aguirre (UCM)

Todavía estoy en shock, no me he recuperado de los breves segundos en que el zapping me hizo pasar por el canal del que la ultraderecha española dispone para expresar lo que se le pasa por la cabeza. Esta vez era una persona que, muy indignada y creo que provista de auriculares (apenas recuerdo su cara y desconozco su nombre), señalaba que había muchos gazatíes amantes de la libertad que preferían abandonar sus tierras para no estar bajo el yugo de Hamás. A estos selectos espíritus les encantaba la propuesta de Trump. Es decir, que te prohíban volver para que aquello se convierta en La Riviera de Oriente Medio, una Riviera israelí, evidentemente, ocupada por los Estados Unidos primero y por los millonarios israelíes que, una vez pacificada y reconstruida, podrán disfrutar del sol y el saludable aire del mar. 

Los gazatíes "libres" podrán disfrutar de su deseada libertad en el desierto egipcio, cuna de civilizaciones. Todos contentos... menos esos peligrosos rebeldes —comparables a los temibles narcos mexicanos que perturban la paz del paraíso estadounidense mientras recortan el césped de sus jardines— que, por extraño que parezca, prefieren vivir entre ruinas a aprovechar la libertad del desierto.

Después de escuchar esas palabras, unos pocos segundos expuesto a ellas, se abrió en mi mente, tal como Moisés dividió las aguas, una brecha entre lo que consideraba "real" y la "ficción" que ahora se me ofrecía como un faro orientador.

Saliendo poco a poco del estupor comienzas a hacerte preguntas. ¿En serio se puede decir —incluso con furor indignado— que el que destruyan tu casa, maten a tu familia, que te tengan meses de un lado para otro bajo bombardeos, que te expulsen de tu país y que te manden al desierto de un país vecino (que además no te quiere allí) es "libertad" o algo que se le parezca remotamente?

Escuchar esto en una cadena española, una especie de filial de la FOX News, convertida ya en la cadena gubernamental del trumpismo, hace ver muchas cosas de esa expansión de los relatos populistas del trumpismo por el mundo. Uno pensaba ingenuamente que el extremismo del relato trumpista solo era posible en la polarizada sociedad norteamericana, con esos más de ochenta millones que decidieron convertirle en el líder planetario en un gesto responsable y generoso. Pero creía que de las muchas cosas posibles había algunas imposibles en el clima europeo, en países como el nuestro.

Sin embargo, si eso de dice desde una pantalla de televisión y se repite por el mundo de otras pantallas, significa que existe gente que lo escucha y que lo sigue, que no sale huyendo, como yo a través del zapping, a la cadena más cercana.

La duda está en los datos sobre los que están al otro lado: cuántos son, dónde están sus límites en lo que están dispuestos a creer, si son una simple secta o si buscan expandirse, crecer...

Los estudios sociológicos son cada vez más preocupantes pues nos advierten de dos cosas: que cada vez somos más incapaces de distinguir lo que es verdadero de lo que no lo es, por un lado, y que cada vez nos aferramos con más intensidad y ganas a las mentiras gratificantes. Nos dicen, además, que todo esto crece en la polarización y que basta con normalizar cualquier mentira, es decir, que basta con repetirla una y otra vez para que empiece a ser aceptada. La ausencia de espíritu crítico garantiza que esas ideas no sean cuestionadas, sino usadas como dogmas contra otras, a las que se señala como enemigas, como el verdadero peligro.

Los ataques racistas y xenófobos, los ataques a la diversidad sexual, a la igualdad de derechos, etc. son parte de ese movimiento de retorcimiento de todo lo que se pueda retorcer. Basta con "indignarse" públicamente, como el señor con auriculares de la televisión, para arrastrar con su pasión a miles de personas incapaces de pensar un poco sobre la falsedad de lo que se les dice. Así nos movemos entre la indignación y la trivialidad. Cada vez entendemos menos la complejidad de lo que nos rodea y cada vez nos dan más explicaciones simplificadas y parciales, es decir, es más fácil manipularnos. Aquello que entendemos es la verdad, se convierte en idea que solo es posible sostener con la fuerza y el grito, que son lo contrario del diálogo y la convivencia armoniosa. No es de extrañar, pues, que sea el conflicto lo que se busque como base. El enfrentamiento produce un doble movimiento: uno negativo hacia el otro y otro de refuerzo de la adhesión a la mentira que ocupa el centro de nuestra nada. Solo así es posible entender el creciente éxito de la radicalidad y de la estupidez controlada.

Da pena ver que en nuestras pantallas se repiten las barbaridades ajenas, como las escuchadas sobre la "libertad" de los gazatíes que aceptan con gusto que se destruyan hogares y familias, que se les expulse y se construyan conjuntos residenciales para los israelíes que se lo puedan pagar, mientras aplauden satisfechos desde sus campamentos en el desierto egipcio. ¡Ya son libres!

No quiero ni imaginar los gloriosos programas que nos quedan por delante. Ya sabemos que ¡están entre nosotros!, como en las viejas películas de ciencia-ficción. Solo que aquí no hay nada de "ciencia" y todo es "ficción", Son los tiempos en  los desaparecen los límites entre unas cosas y otras; son los tiempos de la post verdad. Frente al fundamento, la repetición; frente al razonamiento, la indignación. 

Incluso el mayor extremismo necesita un poco de vergüenza, un cierto límite de pudor. El acaloramiento con el que se decían esas barbaridades indica que se han trascendido esos límites. Aquello era realmente extraterrestre, pero lo cierto es que ¡están entre nosotros!

jueves, 30 de enero de 2025

Errores gratificantes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me encuentro en las páginas de la obra de Steven Pinker "El mundo de las palabras" (2007) las siguientes palabras de Mark Twain: «El problema del mundo no es que la gente sepa demasiado poco, sino que sepa muchas cosas que no son ciertas». ¡Una gran verdad! De la ignorancia se suele salir; del error no es tan fácil.

La persistencia con la que se defienden ciertos errores nos lo hace, desgraciadamente, frecuente. En los casos más extremos, la gente se aferra al error a sabiendas de que lo es. Su sostenimiento se convierte en una especie de misión sagrada, de tarea titánica. El que vive esa situación percibe su propia situación como una cuestión de "principios". El error se le ha pegado y él se ha pegado al error formando una unidad inseparable, una identidad común.

Solemos pensar que las personas deberían estar agradecidas al que te saca de un error, pero no suele ser así. Suele ocurrir más bien al contrario. Ya sea por soberbia o porque se le haya cogido cariño, porque le echemos de menos, porque nos despierte inseguridad desprendernos de él, etc., se puede despertar un odio radical al que nos hunde en la miseria crítica.

La "verdad" es algo que es inestable; el error, por el contrario, tiende a ser constante, lapidario, da seguridad. Los que tratan de vivir críticamente la verdad de la vida saben que es cambiante, inestable, que nos hace cuestionarnos constantemente. ¡Aquello de las "verdades eternas" era un camelo! Nada menos "eterno" que lo que tiene que ser revisado, cuestionado cada día veinte veces. Los errores son duraderos, a prueba de balas. Se confunden los errores duraderos con los principios, algo muy diferente.

Si esto vale para todos los tiempos, con errores que han durado siglos o milenios, que han sido transmitidos como los genes familiares, que se han leído en los libros de texto, merecedores de sobresalientes, matrículas y diplomas, hoy en día han experimentado un enorme crecimiento. ¡Qué habría pensado Mark Twain de este crecimiento explosivo, tormentoso, de las "fake news", de bulos y trolas! ¡Qué habría pensado de tanto orgulloso negacionista de cosas elementales!

"Saber muchas cosas que no son ciertas", como señalaba Twain, es uno de los grandes problemas porque no se trata del que se sabe ignorante y quiere corregirlo, sino del que se piensa "sabio" y, además, lo transmite como tarea mesiánica (sí, estaba pensando en Donald Trump). Sus errores son su "sabiduría" y están deseosos de hacerla ver, de transmitirla buscando la admiración, el aplauso, la palmadita en el hombro. ¡Muy bien, chaval!

Los hay terraplanistas o de la tierra hueca; los hay también de los que niegan la Ciencia en cualquiera de sus facetas, ¡puro camelo! Basta con que metamos cualquier barbaridad que se nos ocurra en Google (sí, ese del Golfo de América) para que nos aparezcan todo tipo de errores y de fanáticos que los siguen y propagan de forma orgullosa. ¡Es el resto del mundo el que está equivocado! ¡Solo ellos saben la verdad!

Por esta grieta en la mente humana se nos cuelan todo tipo de errores organizados, que es la forma con la que se construye hoy el mundo, un mundo sujeto a todo tipo de interpretaciones, de las más pintorescas a las más críticas.

La llamada Sociedad de la Información ya no posee marchamo de verdad. La "información" va desde el extenso bulo aberrante a la micro creencia de una secta que aspira a la conquista del mundo por su "error" venerado. ¿Quién va ganando en la carrera de la estupidez y del error? Si lo enfocamos en términos numéricos, puede que los errores vayan ganando. La explicación creo que es sencilla: tú te tienes que adaptar las "verdades"; por el contrario, los errores son bajo demanda. Puedes elegir entre una amplia gama de errores hasta encontrar tu talla, el que te sienta bien. La verdad decimos que es incómoda; el error, en cambio, es comodísimo, un plácido sofá que te lleva a la siesta eterna.

Los que saben este principio lo explotan al límite. Por eso nos estudian con detalle para evitar que nos escapemos de él, que nos sintamos fuera de lugar. Errores a medida es la gran solución. El resto lo pone ya la naturaleza humana.

miércoles, 9 de octubre de 2024

La verdad, el hecho y la fecha

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Tras asistir durante cuatro horas a una exposición y debate sobre biografía, autobiografía y "autoficción", salí con serías dudas sobre lo que era "real" y "no lo era", sobre quién sabe más de  uno mismo y una serie de cuestiones pendientes que, pese, a la duración de acto, apenas se desarrollaron, como el hecho de que ya haya gente que vive para contarlo, es decir, que hace de su vida espectáculo programado para un público deseoso de mirar por el ojo de la cerradura.

No se trató, por ejemplo, esa idea de "verdad" que se nos ofrece cada día a través de los medios de comunicación y que teóricamente (quizá, por contra, solo en la práctica) difiere de la ficción. El llamado "Nuevo Periodismo" habló en su momento de estas cosas y sembró debates.

Pero mi mañana comienza temprano con la inacabable cuestión de "qué" es "verdad" o si se prefiere "cuándo" es verdad. Lo provoca la interesante sección en RTVE.es sobre bulos, falsedades, descontextualizaciones, etc. en las noticias circulantes por medios y redes.

Ya es significativo para nuestra inquisición permanente sobre los hechos y los textos que los representan que los propios medios no solo deban defender "realidades" y "verdades" frente a "lo inexistente" y las "mentiras" —estas últimas son la textualización de lo que no ha existido— sino que deban vigilar y avisar de las falsedades que nos rodean e intentan convencernos de su existencia.

Lo verdadero y lo falso luchan, sí, pero lo hacen desde un mundo resbaladizo, el de la percepción de alguien que cuenta, de alguien que vive, de alguien que cuenta lo que le ocurre a otro/s y, otra pata de la mesa inestable, del propio deseo del público lector que lo recibe con una "voluntad" de verdad específica.

Vamos por eso que llamamos (por no deprimirnos) "realidad" como el esquiador desciende por la ladera, pasando puertas y saltándonos algunas, algo que no nos hace detenernos. Solo el final es el final.

La noticia de RTVE.es que he mencionado se refiere al uso fraudulento de lo que fue pero ya no es, pero que muchos desean y creen hoy. Es la siguiente: 

En redes sociales difunden una imagen de un titular de RTVE que dice: "Israel admite haber usado órganos de muertos palestinos sin autorización". Algunos de los mensajes que comparten la instantánea la presentan como si mostrase una publicación actual. Es falso, la noticia es antigua. Se trata de un artículo de RTVE.es de 2009 que informa de una práctica real que acabó en los años 90. A la fotografía que circula en redes sociales le han recortado la fecha de publicación de la noticia. 

La imagen que circula en redes sociales muestra el titular de una noticia de RTVE en el que leemos: "Israel admite haber usado órganos de muertos palestinos sin autorización". En la red social X un perfil publica la instantánea el 6 de octubre de 2024 junto al siguiente texto: "Sí, está pasando, frente a vuestros ojos. Sí, está apoyado, financiado y sostenido por vuestros gobiernos". Otro mensaje compartido más de 5.000 veces en la misma red social desde el 6 de octubre difunde la fotografía y dice: "Adelantando a Hitler por la derecha". Otra publicación compartida más de 5.000 veces desde el 5 de octubre adjunta la imagen y afirma que "algún día se estudiará todo lo que hicieron los sionazis, superando con creces a los nazis alemanes. Básicamente porque los apoyaban nuestros gobiernos".*  


Lo que fue dicho en una fecha y era verdad aceptable por reunir los requisitos, hoy deja de serlo porque se nos dice que dejó de ocurrir hace casi treinta años. La modificación de la fecha lleva a la manipulación de quien desea creerlo.

En estas décadas pasadas, se teorizó mucho sobre cómo los nuevos medios masivos de las redes iban a romper el monopolio de la verdad de los medios controlados por capitalistas y políticos. La verdad iba a resplandecer porque el pueblo siempre quiere la verdad.

Si de algo han servido estos años ha sido para comprender que un sistema barato trae a manipuladores baratos. Antes la manipulación era por parte de quien se la podía permitir comprando medios e informadores, quien era capaz de pagarla. Hoy tenemos manipulación al alcance de todos los bolsillos. Se nos ha caído el tópico de que el pueblo quiere la verdad y ha sido sustituido por el de que el pueblo quiere tener razón. El "pueblo" ha quedado como un concepto generado en 1789, hoy obsoleto, sustituido por un concepto amplio de mercado en el que se vende de todo, de ideas a coches, pasando por imágenes de países que tiene poco que ver con lo mostrado, etc.

La "verdad" es un producto muy variado y siempre deseable, una "etiqueta" que vende.

Cualquier verdad se basa en un sistema de certificaciones. El otro día una alumna peregrinaba de despacho en despacho rogando porque alguien le pusiera un sello sobre la carta firmada por un profesor aceptando un cambio de grupo. No bastaba con su firma; alguien tenía que estampar un sello, lo que lo convertía ya en "auténtico". Hay falsificadores de firmas y falsificadores de sellos, algunos de ambas cosas. Algunas verdades requieren solo un sello; otras, en cambio, muchos.

Los medios son el sello de los hechos. Pasado el tiempo, vendrán los historiadores con el escalpelo y la escoba, cortando y barriendo. Pasado el tiempo de nuevo, los historiadores nuevos vendrán y harán el mismo proceso. Daremos premios, títulos y honores para certificar su capacidad de dilucidar la verdad y el engaño. Así avanza la historia, rectificando, borrando y añadiendo. Lo demás es dogma.

Los biógrafos corrigen a los memorialistas y autobiógrafos. Las personas realizan sus autobiografías para evitar que los biógrafos les empantanen la vida con sus "interpretaciones", "selecciones", "omisiones", etc. Otros autobiógrafos lo harán por narcisismo o por deseo de ganar dinero contando su propia vida.

El hecho está ligado a la fecha. Lo que era verdad entonces, no ha dejado de serlo. Pero eliminando la fecha del documento se hace "presente" y muchos lo pueden creer. En cualquier caso, ¿qué garantías tenemos de que no se esté produciendo de nuevo? Del certificado de "pasa" nos vamos a la exigencia del certificado de que "no pasa". Todo es posible mientras no se demuestre lo contrario. Las realidades alternativas, como nos recuerda Trump de vez en cuando, son reales mientras no se demuestre lo contrario.

El debate parece estar en si debemos leer las biografías y autobiografías como novelas y las novelas como autobiografías, como en la "autoficción". Me temo que va a ser difícil tomar una decisión. 

Nos dicen los historiadores literarios que la gente del momento tomaba los poemas de Lord Byron como "autobiográficos", que él estaba camuflado tras sus Caín y demás. Un escritor francés contaba cómo la gente, al enterarse de que viajaba a Inglaterra, le pedían que saludara a Pamela, la heroína novelesca, a la que creían viva. Mientras debatían yo releía en mi pantalla las siempre instructivas primeras páginas de las Confesiones, de Jean-Jacques Rousseau.

Curiosamente, nadie mencionó el cine o la TV, que presentan una dimensión distinta de la realidad representada. Con "documentales", "autoficciones" o como queramos nombrarlas, como en el llamado "caso Sancho", tenemos tema de discusión más allá de las cuatro horas.

RTVE.es ha resuelto el caso citado con un "falta contexto", co lo que trata de establecer un interesante resquicio entre verdad y mentira, con el tiempo mediando. En el texto se señala la noticia directamente como "falsa". Algo es algo.

* "Esta noticia de RTVE sobre el uso de órganos de palestinos muertos por parte de Israel es de 2009" Verifica RTVE 7/10/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241007/noticia-rtve-organos-palestinos-muertos-israel-2009/16277082.shtml

sábado, 14 de septiembre de 2024

IA, negocios y estupidez humana

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Vivimos tiempos raros, sí. Acaban de crear una aplicación que sirve para saber si las noticias son meros bulos, falsas. Lo hacen para contrarrestar las aplicaciones capaces de fabricar bulos, Así asistimos, como en una pista de tenis, a un partido en el que la pelota va de un lugar a otro para riesgo de nuestro cuello. No sabemos cuándo se parará finalmente la pelota informativa. ¡Un lío! en el que la consecuencia que sacarán algunos es no perder el tiempo y echarle un par de chupitos o cañas en el espacio dedicado a estos menesteres.

La duda sobre todo lo que nos rodea crece y nos convierte a todos en hamlets postmodernos, que en lugar de la calavera tenemos un teléfono móvil en nuestras manos. "¿Es o no es?" le preguntamos y el teléfono nos da una respuesta provisional, por supuesto.

Ya hemos comentado aquí (y seguro que se dan más ocasiones de hacerlo), las dudas de la campaña electoral norteamericana, con la rotundidad sobre lo inexistente o la duda sobre lo real. Ahora le toca a las afirmaciones republicanas sobre si Kamala Harris llevaba pendientes de esos de espía con los que le irían soplando las respuestas adecuadas para intentar (solo intentar) batir al rey de los debates, Donald Trump. Por supuesto, dicen los anónimos republicanos, que ella no lo logró. Pese a contar con esa tecnología propia de espías y de estudiantes españoles, Kamala, mujer horrenda y de incierto pasado, no logró vencer a su oponente. Trump ha usado esta verdad conocida e incontestable para rechazar cualquier otro debate en el que lucir sus peligrosos pendientes. ¡No va a abandonar su cruzada humanitaria en favor de perros y gatos por una tontería así!

¿Es posible establecer algún tipo de correlación entre la marcha de la campaña y el tamaño de bulos y demás fantasías? No lo sé. Dejemos trabajar a los historiadores del futuro, si es que no han sido definitivamente sustituidos por diversos tipos de máquinas que tendrán que procesar y analizar los datos del pasado.

De esta manera, el futuro se muestra como algo "oracular", un sistema en el que mediante una estructura de preguntas y respuestas recibimos "verdades" provisionales, algo en lo que debemos creer hasta que haya una nueva versión cuasi definitiva diga lo contrario. "Oh, dime divino oráculo gpt; ¿es cierto lo que dice Trump sobre la ingesta de mascotas por parte de haitianos en Pennsylvania?" Y el oráculo nos dará una respuesta indicando qué noticias y en qué medios, en qué chats, etc. se dice la verdad y en cuáles  lo dicho es falso y en que tanto por ciento.

Gracias a la potencia de cálculo, a poder acceder en microsegundos a cualquier información almacenada en cualquier rincón del mundo, tendremos unas respuestas fiables, incluso creíbles, adaptadas a nuestra pobre comprensión, no de la naturaleza, sino de nosotros mismos.

En efecto, si hubo un tiempo que todo nos parecía exteriormente extraño, ahora somos nosotros los raros, por decirlo así. Puede que el abandono de la lectura de los grandes maestros de la literatura rusa, inglesa, francesa... que nos daban acceso a lo contradictorio el alma humana tenga algo que ver. Sea por lo que sea, lo cierto que este duelo entre máquinas engañosas y máquinas aclaradoras nos deja, como hemos dicho antes, sentados en la grada de un partido de tenis sin tie-break, condenados a dislocarnos el cuello de tanto giro.

No sabemos si este sistema de falsedades acabará con juramentos y "palabrita del Niño Jesús" para asegurarnos que todo es cierto. Habrá algún momento en el que haya que parar, ¿o las mentiras no tienen fin por su propia naturaleza? ¿Qué máquinas triunfarán haciendo saltar los fusibles de la otra por recalentamiento?

Si no te puedes fiar de lo que ves, de lo que escuchas, de lo que lees,,, ¿qué vida social te queda por delante? Si la novelista que lees resulta ser tres señores con barba; si un discurso televisivo, por ejemplo, ves a Obama en tu pantalla y habla como Obama, se mueve como Obama, etc., pero no es Obama sino un deep fake... ¿qué te queda? Si no te crees que se ha llegado a la Luna; si crees que la Tierra es plana o hueca; si crees que te meten un chip con las vacunas y que los virus no existen; si te convencen de que las terapias contra el cáncer no funcionan y que son mejores la hierbas... y así sigues y sigues, ¿qué te queda?

Pasados los siglos, la "verdad" pasará a ser un buen negocio, ¿Cuánta gente vive ya de analizar, revisar, confirmar.... verdades? ¿Cuánta de desmentir, filtrar, aclarar, descubrir...? ¿Es el negocio del futuro fabricar mentiras creíbles y que una segunda empresa las destruya? Fabrica y desmonta. Los medios ya no solo dan noticias, también tienen que desmontar mentiras. ¿Para cuándo una nueva asignatura en la carreras?

La noticia en RTVE.es que nos informa de que el MIT ha encontrado la IA que deja todo en su sitio lleva esta sinopsis: 

Desde que la Tierra es plana a que la vacuna del COVID-19 nos inserta microchips: los bulos y las teorías de la conspiración tienen ahora que enfrentarse a la inteligencia artificial. El chat Debunk Bot está entrenado por un equipo científico del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) para rebatirlos.*  

¿Lo lograrán? ¿Tendremos que estar todo el día confirmando? ¿Quedarán saturados por tanta necesidad de confirmar? ¿Acabarán siendo de pago y la verdad será cosa de ricos y suscritos? Un futuro sobre el que no nos atrevemos a preguntar... a la IA. Nos dicen que, en realidad, la gran virtud del chat IA capaz de desmontar bulos es la paciencia, el tiempo dedicado a convencernos que nos engañamos. No se sale de sus casillas, puede simplificar la explicación, etc. Dicen en el vídeo que la mitad de los norteamericanos cree en alguna especie de cosa rara y que es difícil convencerles. El nuevo chat lo va a intentar ante la pérdida de paciencia, tiempo y energía humanos.

Un pequeño paso para la Inteligencia Artificial, un gran salto para la estupidez humana. 

* "Un chat inteligente contra los bulos y la conspiranoia" RTVE.es 13/09/2024 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-1/chat-inteligencia-artificial-bulos-conspiracion/16247713/

jueves, 19 de octubre de 2023

El martillo y la herida

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La pregunta es sencilla: ¿cómo saber la verdad en un mundo fake? Las preguntas que antes eran filosóficas hoy son de supervivencia. Hemos creado un mundo en el que la duda se siembra cada día, en el que es imposible conocer realmente algo, un mundo diseñado para actuar sobre nosotros. Lo llamamos "sociedad de la información". Todo aquello que nos rodea se vuelve nebuloso; la sociedad mediática no busca la verdad, la crea. Y la crea en función de lo que esperamos escuchar, por un lado, o de aquello que nos provoca, por otro.

Si en la Historia se habla de "épocas de oscuridad", hoy vivimos deslumbrados, rodeados de tantas "luces" que no sabemos qué es verdad, qué nos falta o que nos sobra, para llegar a conocer y así poder decidir, guiarnos por la vida. Somos el objetivo permanente de un bombardeo informativo que nos hace "dudar" metódicamente o nos dejamos arrastrar por lo que nos llega, zarandeados por esas imágenes que alguien recoge o fabrica, construye para nosotros. ¿Son reales?

Tenemos tantas información que no podemos ya creer en nada porque la "realidad" se hace inaprensible, escondida fuera de esta nueva cueva platónica en la que vivimos. Son sombras llenas de color y realismo. Son más reales que la propia realidad, que se desvanece en el tiempo.

Lo que se nos muestra es fruto de filtros, de selecciones. Nunca ha habido tantos aspirantes a ser la verdad oficial. Donde antes había dogmatismo, hoy se implanta un relativismo extremo, un relativismo cortado a medida, como un traje de realidad.

¿Cómo saber?

Ya no es filosofía. Ya no se da aquella patada en la pierna que recordaba al dubitativo que el mundo existe. Todo puede ser puesto en duda, de todo se acumulan versiones de un original que no aparece o que desaparece como el instante fáustico, que no es posible atrapar ni en su belleza ni en su horror. No podemos pedirle al mundo que se detenga para comprobar cada instante.

Vivimos rodeados de imágenes de felicidad construidas para nosotros, de gente que sonríe en verdes campos que recorren con alegría. Nos rodean igualmente imágenes del horror inexplicable. El "ver para creer" se ha convertido en una gigantesca y cotidiana ironía. "Ver para hacer creer" se ajusta más a la realidad. Nuestro sentido principal, la vista, aquel que usamos como prueba de que el mundo es mundo, es nuestra víctima.

Vemos cómo los medios tienen que revisar lo que otros dicen, lo que muchos afirman tirando en direcciones contrarias. Hoy el esfuerzo es en la "confirmación". No creas hasta que alguien lo confirme, lo que lleva la duda a los confirmadores. ¿Quién confirma a los confirmadores, quién les da nuestro bien más preciado, la "credibilidad"?

Se ha hablado mucho de la "economía de la atención", pero mucho menos de la "economía de la credibilidad", algo sobre lo que es imperioso reflexionar, aunque fallen las bases.

Somos ya "creyentes". Por más que pensemos que manejamos verdades, datos, etc. la tentación de la duda está en nosotros, como personaje unamuniano que pide que se le arranque la razón si le sirve para dudar de esa verdad que intuye, la que le sirve como vara de medir. Saber es creer en este mundo saturado de verdades a medida.

Ya no exploramos el mundo; más bien somos explorados para sembrar en nosotros esas creencias que nos convierten en consumidores, en adictos, en sectarios, en creyentes. En laboratorios, en gabinetes, en seminarios universitarios se nos explora y define, se nos calcula y agrupa. Todo para ofrecernos una verdad verosímil, una verdad atractiva, ajustada a nuestros gustos o fobias. La verdad es discurso, algo que se afirma de algo esquivo.

La sociedad de las pantallas, de las redes, es el momento de la historia en que nos sentimos más vulnerables. No es ya por la oscuridad, por la falta de información o de comunicación entre nosotros, sino por lo contrario. Ya no existe el silencio, sino el ruido, la perturbación, la verdad a medida. Cada vez menos reflexivos, se nos moldea sobre pasiones, a base de impactos, cincelados con verdades a martillazos, como Nietzsche previó. Hoy son muchos los martillos que nos cincelan, que nos dan forma.

Ya no hay heridas en las que introducir los dedos y poder creer, como Tomás. Somos los creyentes, los que eligen o son elegidos para su verdad. Somos los que dudamos de la verdad que se nos ofrece y los que sospechamos que lo que no se nos dice es peor.

viernes, 9 de junio de 2023

El camino de la belleza

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es recogen un artículo de Pilar Martín (EFE) con el dibujante Milo Manara, un celebrado autor de novelas gráficas y adaptador al cómic de textos novelísticos. Es ese el motivo que le trae a Madrid, a nuestra tradicional y pasada por agua Feria del Libro madrileña. La adaptación de la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, le trae para presentarla ante el público de seguidores de literatura, del cómic y de la fusión de ambos.

El artículo de Pilar Martín nos habla de su llegada, pero rápidamente Manara se desplaza hacia otros derroteros, la muerte de la belleza y la difícil subsistencia de un mundo que prescinde de ella:

Parafraseando a los hermanos Karamazov, Manara (Luson, Italia, 1945) aboga en una entrevista a EFE por la belleza como mecanismo para "salvar" este mundo que ya no cuenta con algunos de esos referentes que lo hacían más habitable: Hugo PrattFederico Fellini o Umberto Eco, el culpable, este último de que esté en Madrid durante la Feria del Libro para presentar la primera parte de la adaptación de El nombre de la rosa (Lumen).

Pero Manara lamenta que no solo no estamos salvando el mundo, sino que tampoco "estamos salvando la belleza". Y la falta de esos "grandes intelectuales" le hace ser pesimista, ya que ellos podrían ser una suerte de salvavidas ante "este terremoto cultural" que considera que está sufriendo el mundo.

"Son días -ha explicado- verdaderamente muy difíciles y tendríamos que comprometernos a dar otro modelo de desarrollo porque ahora los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres, tenemos un mundo lleno de plástico, estamos en un camino equivocado (...) si no cambiamos creo que iremos a pique todos".*


A algunos le parecerá esto un juego de intelectual masoquista y quejumbroso, cosas de viejo artista que no se acomoda a la modernidad de un mundo que orgullosamente proclama su grandeza cada día, que no mira al pasado más que con justificado desprecio porque para qué hace falta lo obsoleto o lo desaparecido en las brumas del tiempo. El mundo, según esta versión moderna, es lo que podemos tocar, palpar, recorrer, degustar, sudar, etc. Lo demás es cosa de libros y de nostálgicos del pasado, que lo idealizan.

Creo que Milo Manara tiene razón.

Hace mucho que se emprendió un camino sin prever sus consecuencias. Las aspiraciones de la Ilustración —un mundo mejor, donde "mejor" significaba más y mejor educado, más libre por comprender mejor, más igualitario por permitir el acceso a las fuentes reservadas a las élites...— se ha venido abajo.


Hay una palabra que me viene constantemente a la cabeza desde hace tiempo: "embrutecimiento". Por eso el artículo con las declaraciones de Milo Manara me ha decidido a centrar el texto en algo que hemos tratado aquí como efecto en diversas ocasiones.

El empobrecimiento cultural es un hecho detectable en rasgos y evidencias diarias que solo tenemos que juntar. El deterioro educativo proviene de la propia devaluación de la educación misma, que se ha convertido en un camino obligado a ninguna parte, porque lo que determina el nuevo destino —el éxito— va por otras vías.

Ocultamos a los que nos denuncian este estado y los contraponemos a los ejemplos de éxito en ciertos campos que no requieren más que la presencia. Lo visible es lo que impera en su variante imitable —un anuncio televisivo nos repite que "la originalidad está sobrevalorada" y que la gente que copia las buenas ideas de otros es la más lista—.

El éxito es la palabra clave. Tener éxito es ser imitado por otros. Lo importante es "influir", que es ser imitado a través de la creación de "tendencias". Influencia y tendencia son las dos caras de la moneda del éxito. La idea solo es válida si es imitada. Por eso la "originalidad" solo tiene sentido como cambio de tendencia.

En el fondo de esto está el descubrimiento anti ilustrado de nuestro tiempo: el comportamiento mimético, el descubrimiento de que es más fácil ser otro que ser uno mismo. Ser uno mismo se convierte en un proceso doloroso, ya que no hay un "yo" metido dentro de una caja. Descubrirse a uno mismo es un duro ejercicio de construcción. Como señalaban los existencialistas, el ser es lo que se ha formado tras la vida vivida. No hay nada previo, nos hacemos viviendo. La dureza de esto es notoria. Por eso es más fácil ser otro (es el otro el que vive, el que descubre, el que se crea...), que tener que hacerlo uno mismo.

En ese camino del ser en devenir, la belleza es una parte esencial del proceso. Llevo años, allí donde la gente comete el error de darme un micrófono, señalando lo erróneo de nuestro sistema de enseñar las artes, historicista y distante. Es la educación estética del ser humano lo que se debe primar, el camino diferente de cada uno a la belleza, y no la repetición social de qué es bello y qué no lo es. Por eso el poeta John Keats escribía en su poema Oda a una urna griega, 

Heard melodies are sweet, but those unheard

       Are sweeter; therefore, ye soft pipes, play on; 

El poema se cerraba con una afirmación rotunda y sencilla: 

 "Beauty is truth, truth beauty,—that is all

                Ye know on earth, and all ye need to know." 

https://www.poetryfoundation.org/poems/44477/ode-on-a-grecian-urn 

Pero la "belleza-verdad" a la que se refería Keats tiene poco o nada que ver con la "nueva belleza" basada no en el desarrollo del impulso más allá de lo que tenemos, que despierta esa sed de verdad, belleza y nos los lanza a la aventura vital y espiritual. Lo que hoy se busca es un pobre sucedáneo, que es el éxito, que no es un camino individual, sino una respuesta bajo el juicio de los demás. No hay camino propio, sino un caminar bajo la atenta mirada de aquellos que establecen su empatía con nosotros. El éxito solo tiene sentido ante los otros, que son quienes lo determinan.

No creo que haya un modelo único, universal o atemporal de belleza. Pero sí creo en que podemos educarnos para poder sentir un disfrute más auténtico y productivo para nuestra forma de estar en el mundo. A veces se piensa en el esteta como alguien que se separa del mundo que le rodea y vive en una burbuja. ¡Nada más alejado de la realidad! La educación estética nos permite desarrollar una faceta humana que si no se desarrolla nos lleva al embrutecimiento, en vivir un mundo desde unos parámetros que nos empobrecen como seres humanos. Pero esto, nuestra dimensión humana lo que vamos deteriorando rompiendo nuestros lazos con lo que hemos construido como cultura y sustituyéndolo con algo que nos provoca otro tipo de sensaciones, que pueden ser placenteras. El placer no es privativo del ser humano; es un mecanismo natural. Está en nosotros provocarlo por distintos medios. Transformar en humano el placer es una de las funciones de algo que está en nosotros, el sentido de la belleza.


Entretenimiento, distracción, matar el tiempo... son términos que se asocian con esta forma del éxito que lleva a este empobrecimiento que denuncia Manara junto a otros muchos otros. La cuestión problemática es, como señala el dibujante, es que cada vez quedan menos voces para señalar esto, pera denunciarlo. La filosofía del éxito trata de evitar la polémica o, por el contrario, la provoca como forma de atracción. Pero uno de los efectos principales del embrutecimiento es la distancia que se establece con cualquier forma crítica real. Todo lo que afecte a este placer de la colectividad es visto como agresión. Eso lleva a silenciar voces. Mana señala la desaparición simple de las personas; las generaciones van desapareciendo y las nuevas viven su mundo como totalidad, como un siempre ha sido así, con el que justifica su propia sordera.

No es una cuestión de la sustitución de la sospechosa idea de "intelectual" (aquellos a los que entender) por la de "influencers" (aquellos a los que imitar). La propia estructura mediática de nuestro mundo lo favorece. La experiencia se vive a través de un nuevo estado, el de "audiencia" o "público". Por mucho que se nos diga, somos receptores con aspiraciones de ser emisores. Están los eternos imitadores de la trivialidad y están los eternos ansiosos por convertirse en referencia. Es el efecto mediático, que ha renunciado en gran medida a incluir lo minoritario, lo individual en beneficio de la supervivencia económica en un encrespado mar, en un sistema de prueba-error comunicativo en el que se tantea hasta encontrar la "tendencia". Hasta que llega la siguiente y así sucesivamente.

Existe una enorme diferencia entre el que trata de enseñar a otro a pensar por sí mismo y el que busca que le sigamos imitándole. Esta diferencia es esencial en este cambio. Es lo que favorece un mundo en que todos tratan de decir nos qué hacer: qué consumir, a quién votar, qué comer... Y además poseen un aparato mediático tan poderoso que no solo nos envuelven, sino que pueden anticipar pensamiento y comportamiento y corregirlo. Nunca ha habido en nuestra historia un modelo así, del que desaparece incluso la posibilidad de criticarlo porque se necesita para transmitir la crítica.

Filósofos, historiadores, sociólogos, psicólogos... habla de la "aceleración" del tiempo, de un vivir en la cresta de una ola mirando hacia un horizonte que, por definición, solo es efecto de nuestra mirada. La aceleración nos muestra un viaje sin tiempo para pensar en uno mismo; las cosas se desvanecen en nuestras manos, ante nuestros ojos, solo cuenta lo siguiente.

Sin embargo, tenemos ante nosotros unas fuentes de enorme belleza. Están ahí esperando a que nuestra mirada se aparte de lo trivial, de lo llamativo, de la tendencia... Esa belleza tiene forma de novelas, poemas, cuentos; forma de cuadros, de películas, de música, de danzas... Son formas de las que regresamos distintos tras la lectura, tras la escucha, tras detener nuestra mirada en ellas. Pero esto se nos hace cada día más difícil en un entorno que, de la escuela a los medios, nos lleva hacia otros derroteros. Nos llevan hacia un mundo dividido en éxitos y fracasos, entre imitadores e imitados. Necesitan toda nuestra atención, hora a hora, día a día. Somos la materia prima.

El artista Milo Manara habla de otro modelo de desarrollo. Este modelo no solo se lo hemos dado al mundo, sino también a nuestras mentes. Somos producto de una mentalidad en la que individualmente solo contamos como consumidores de algo. Por eso es necesario abrir los ojos, educar en una nueva forma de ver el mundo, de disfrutarlo, de compartirlo. La belleza es uno de los caminos hacia esa verdad que reclamaba Keats. Puede que no sea la misma verdad para cada uno. En realidad, así debe ser. Solo la mentira es igual para todos.

 

* Pilar Martín  "Milo Manara lleva al cómic 'El nombre de la rosa': "Solo la belleza podrá salvar al mundo"" RTVE.es EFE 8/06/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230608/milo-manara-lleva-comic-nombre-rosa/2448946.shtml

jueves, 16 de junio de 2022

Mentiras exitosas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A veces la colocación de las noticias en los medios te acaba descolocando a ti. Me refiero al no trivial problema de colocar cada acontecimiento o tema en el lugar más acorde. Al fin y al cabo, un periódico es un sistema de clasificación del mundo, una forma de "orden" desde unos valores específicos.

Me ha llamado la atención que La Vanguardia clasifique un artículo dentro de algo muy amplio llamado "Life Style" y con el añadido "parenting", todo muy inglés y vanguardista, para colocar un problema: "Cómo educar a los niños en un mundo de mentirosos de éxito", firmado por Eva Millet. La cuestión no deja de ser un tema trascendente al partir de una premisa: en nuestro mundo, los mentirosos triunfan. Esto conlleva un segundo elemento igualmente trascendente: el éxito es un modelo que se imita. Nada hay más estimulante en nuestra sociedad que el éxito y si este se consigue mintiendo, la mentira pasa a ser una herramienta usada.

Las sociedades de la verdad han dejado paso a la mentira exitosa. Solo se sanciona, como siempre, al que fracasa ya sea con la mentira o con la verdad. Un mentiroso patológico puede llegar a presidente de los Estados Unidos. ¿Cómo vamos a negarnos a reconocer el valor de algo que nos lleva tan lejos? El hecho de que Trump siga sosteniendo la mentira de que le robaron las elecciones, pese a que hasta la familia y los colaboradores no se atrevan a seguir afirmándolo y traten de defenderse señalando que se lo advirtieron, ya nos dice mucho sobre la mentira. Igualmente aquellos que lo creen y lo repiten son millones en el país. Los que quieran tener éxito en el Partido Republicano tienen que hace confesión pública de creer en la mentira de Trump.

Joe Biden tomó posesión de la presidencia indicando que había llegado el momento de la verdad. ¿Es "verdad" o solo una estrategia en un mundo donde se ha demostrado que las mentiras corren más que las verdades, que necesita de enormes inversiones para tratar de dejar al descubierto mentiras y más mentiras, donde los medios tratan de chequear el torrente de mentiras que nos sacude?

Rusia vive en el centro de una enorme cúpula de mentira lanzadas por su presidente, Vladimir Putin. La cadena de mentiras rusas niega que haya una guerra; decir lo contrario es arriesgarse al encarcelamiento, a las multas. En Rusia las mentiras son oficiales y dudar de ellas es un acto hostil, tras el que hay que huir lo más lejos posible.

El mundo se ha hecho orwelliano. 1984 ya no es solo la descripción de la Rusia de Stalin; es una compleja anticipación de hasta dónde han llegado sus planteamientos. Hoy ya no se trata de que el Gran Hermano te esté vigilando; se trata de que todos queremos mirar y ser mirados, dejando en casi anecdótica la vigilancia. El Gran Hermano ha sido sustituido por un Narciso cambiante y acomodado a las circunstancias de la seducción del momento.

En Egipto, Abdel Fattah El Sisi —el "dictador favorito" de Trump— pide a todos que solo se fíen de él. Solo que se afirma oficialmente es verdad por el solo hecho de ser oficial. Eso afecta a lo que se dice sobre el turismo (como el caso del crucero de Luxor en que los viajeros se contagiaron solos) o a los aviones rusos de viajeros (que estallan en el aire sin que haya terroristas que hayan burlado la seguridad) entre otras muchas cosas.

Si los políticos han hecho de la mentira su herramienta favorita, de la tergiversación, desinformación, bulos y rumores; si los medios se han tenido que proteger de la mentiras mediante sistemas de chequeo, lo que no excluye que recurran a otras formas de presentación para alcanzar el éxito comunicativo, la credibilidad, etc., la pregunta de La Vanguardia es pertinente más allá del "parenting".

La pregunta es más grave: ¿pueden padres mentirosos enseñar el valor de la verdad a sus hijos? La mentira exitosa está en todos los ámbitos y "ser padre" o "ser madre" no es algo al margen de la vida. Trump y Putin, los líderes de la mentira exitosa, son también padres, tienen hijos e hijas que han crecido con ellos. Pero si la mentira está más extendida de lo que nos atrevemos a reconocer, hay poco que hacer. Se nos ha diversificado para ser estudiad. Ahora es "post verdad", "hechos alternativos", etc., pero los efectos sociales son los mismos. Los personales en cambio, se han modificado. Ahora no siempre se señala al mentiroso, se le margina y castiga, ni se le dice que "le va a crecer la nariz";  ahora muchos son envidiados, aplaudidos, estudiados... para llegar a donde ellos han llegado.

Ayer vimos en el cierre de nuestro cinefórum la película de Fritz Lang, "M, el vampiro de Düsseldorf", una joya del cine, filmada en 1931 en la Alemania que salía de una guerra e iba camino de otra pasados unos pocos años.

La película es extraordinaria en muchos aspectos, pero sigue siendo una grandiosa reflexión sobre una sociedad enferma en la que el criminal solo necesita de un disfraz, el de persona normal. Mientras los ciudadanos viven obsesionados (son 16 años los que duró la actividad del criminal) con la posibilidad de que cualquiera sea el asesino, lo que más impresiona de la obra de Lang es algo que posteriormente sería tema de reflexión filosófica (¡de la denostada Filosofía!): la banalidad del mal, su convivencia como normalidad, convertida en una mentira. Los planos que más me impresionan en esta extraordinaria película (¡de esas que muchos rechazan porque son en blanco y negro, por ser viejas, antiguas!) son precisamente los de la normalidad, los que nos muestran al asesino avanzando por la calle junto a las víctimas. Es invisible a las miradas, los demás están ciegos, de ahí la ironía que sea precisamente un ciego real quien lo descubra.

La metáfora de la ceguera es el centro de la película de Lang. Nos dice que cuando las sociedades son incapaces de ver el mal en su interior es que este se disfraza de normalidad. La pregunta de La Vanguardia es inquietante; lo es más si pensamos que "enseñar el valor de la verdad" pasa a formar parte de la familia, considerando que lo exterior a ella puede transmitir otra cosa y si los padres deben seguir o no la línea "social" del éxito. El éxito es la vara de medir los resultados y la verdad, en cambio, no ofrece muchos alicientes, por lo que vemos. El "éxito" son esos 6 millones de euros embolsados por dos comisionistas mentirosos. ¿Merece la pena esforzarse para luego verlos con sus coches, barcos, relojes y juergas? Ya no somos la sociedad del "pobre, pero honrados". ¿Cuándo lo escuchó por última vez si es que ha llegado a escucharlo?

Nuestro mundo ha normalizado la mentira exitosa, la admira por los logros masteriales que permite. Volvamos a la pregunta real: ¿puede (o quiere) un padre mentiroso enseñar lo negativo del mal? Nuestro mundo de "imágenes" se ha convertido en un gigantesco plató mediático en el que exhibimos una imagen retocada, filtrada, seleccionada, confeccionada, asistida por los profesionales de la comunicación dedicados a estos menesteres de ajuste comunicativo con los que vencer las resistencias, seducir, convencer. Lo demás dependen del resbaladizo camino de los valores (no los de Bolsa).

Cada vez hay menos estudiante de periodistas dispuestos a estar comprometidos con la verdad y más dispuestos a ser influencers, es decir, personas que viven de decir a otros cómo deben ver el mundo desde la búsqueda de alguna rentabilidad. Quieren caminos que le permitan vivir bien, hacerse ricos

Hemos pasado del "conócete a ti mismo" al "diséñate a ti mismo"; es el signo de la modernidad. Nuestro mundo es mercado y todos somos productos que nos ofrecemos en él con fines de diverso tipo, desde la aceptación para paliar la soledad al éxito político, artístico o económico.


¿Mentiras exitosas? La mentiras son muchas, pero el éxito es de pocos. No todos llegan al Kremlin o a la Casa Blanca. No queremos escuchar voces que nos lo afeen, ya sean del pasado o del presente. Abandonamos reparos y escrúpulos, considerados como cargas que nos limitan en el camino al éxito por cualquier vía que funcione. ¿Cuánto tiempo hace que no escuchamos el viejo "¡hay que decir siempre la verdad!"? Supongo que mucho, porque es cada vez menos frecuente en este mundo que hemos hecho a la medida del éxito.  Perseguimos a los mentirosos, pero para preguntarles su "secreto".

Las mentiras halagan, se crean para que muchos escuchen lo que quieren escuchar; la verdad, en cambio, es dura, duele, te dice lo que no quieres escuchar ni creer, te sacude, no te adormece. Es lo que ocurre con los millones de republicanos norteamericanos que quieren creer lo que Trump les cuenta, que son "patriotas" y deben asaltar el Capitolio para salvar al país. A los islamistas les gusta escuchar que las feministas son agentes occidentales que quieren destruir la perfecta familia musulmana. A muchos egipcios les gusta escuchar que los que critican al presidente son también "terroristas" o que el que se presenta a las elecciones presidenciales frente a él es culpable de "querer separar al pueblo y al Ejército". A los rusos les gusta pensar que están salvando a Ucrania de los nazis mientras la invaden... A los españoles...

¿La "verdad"? ¿En serio?

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