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viernes, 12 de septiembre de 2014

Poroshenko, Putin y las ficciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si Petró Poroshenko logra sacar adelante el proceso de pacificación (¿cómo llamar a lo ocurrido?) del este de Ucrania, si logra evitar que haya más muertes en la zona y que la grieta no se abra más de lo que está, se habrá ganado un hueco en la Historia de su país y, por ende, en la de Europa.
La labor de Poroshenko no es ni ha sido fácil. Encontrarte al frente de un país divido, invadido, ocupado, en mitad de un proceso de estabilización tras un levantamiento contra las autoridades, con los lobos nacionalistas reclamando venganza y los zorros rusos disfrazados de corderos, con un ejército del que no te podías fiar porque se pasaba al enemigo con cañones y barcos, con una administración sin renovar y un parlamento lleno de antiguos devotos del infame Yanukovich, entre otras muchas circunstancias, no es algo fácil de llevar.
Poroshenko no ha negado ni encuentros ni manos en su complicado camino de restitución de un país al que se pretende humillar desde la prepotencia de un vecino poderoso que ningunea al país que ha tenido controlado durante décadas. Se ha movido por todos los terrenos, asegurando apoyos internacionales pero tratando de combinar los objetivos de paz con los de soberanía nacional.

No sé cómo acabará la odisea ucraniana —les deseo lo mejor porque creo que han demostrado una voluntad y determinación grandes—; no sé si Petro Poroshenko logrará sobrevivir a un proceso en el que las más mínimas concesiones pueden ser presentadas como grandes traiciones por sus enemigos, los que quieren tener parcelas de poder. Pulso firme y mucho tiento necesitará para evitar que Rusia trate de engañar, ganar tiempo o despistar en este proceso tan complicado.
Si realmente, como se ha anunciado, los rusos han comenzado a marcharse y la presión sobre los prorrusos locales, aumenta al sentirse huérfanos de voluntarios llegados del otro lado de las frágiles fronteras, a Poroshenko le queda todavía por delante encontrar una fórmula que el Kremlin pueda presentar como una victoria generosa sobre sus vecinos. Putin no admitirá que nadie presente el resultado como una derrota de los rusos y prorrusos; no es su juego. Necesita un trofeo que levantar.
Ocurra lo que ocurra, el Kremlin se ha hecho ya las fotos de rigor ayudando a los hermanos del otro lado con camiones de alimento; ha mostrado músculo militar y poderío para que sus aliados, cada vez más admiradores de su fuerza, se sientan satisfechos. Ha mostrado a Obama que no es una "potencia regional". Ha hecho ostentación de cómo funcionan sus mecanismos de propaganda —interiores y exteriores— buscando ese eco del antiamericanismo reinante en muchos países para demostrar que no teme, ni juntos ni por separados a los miembros de la OTAN. Se ha ganado el aprecio de los nostálgicos de zares y soviets, demostrando que Rusia cabalga por el mundo de nuevo. Y algunas otras exhibiciones propias de macho alpha.


Ucrania no puede admitir ninguna opción que suponga una pérdida de su territorio después de lo ocurrido con Crimea. El estatus que puedan tener las provincias del este no puede ser el que les llevó a levantarse contra su gobierno. Queda por saber qué tipo de acuerdo es posible en estas condiciones. Si Rusia no puede parecer que ha perdido y Ucrania que se ha quedado sin territorio, los más débiles serán los rebeldes, que también tendrán la tentación de representar su victoria. Todo ha girado siempre sobre su debilidad, que es preguntarse por hasta dónde y cuándo se mantendrá el apoyo ruso. Todo ha sido, en ese sentido, una ficción.
La ficción consistía en creer que era posible que unos grupos de milicianos pudieran mantener durante meses en vilo a un ejército regular. Pero ¿ha existido mayor "ficción" que lo ocurrido en Crimea? ¿Es posible no sonrojarse ante el espectáculo de los soldados sin etiquetar, de los camiones, etc. y negar su origen? Sin embargo esa ficción por ambas partes evitaba que se desencadenaran toda una serie de reacciones en cadena que implicarían consecuencias terribles para todos. Solo la esperanza de que en algún momento regresara la cordura y todo volviera a su cauce ha impedido que se hablara directamente de una guerra entre dos países, lo que hubiera sido una situación que nos hubiera arrastrado a todos.


Por eso si ahora Petro Poroshenko es capaz de mantener el tipo ante las presiones y hacer un ejercicio de pragmatismo político por encima de cualquier otra tentación retórica —belicista, nacionalista...— puede alcanzar un punto en el que surjan unos acuerdos estables que permitan a Ucrania salvar su país, economía e identidad, los tres maltratados por las maquinaciones vengativas del vecino celoso.
Tampoco a Putin le interesa estar mucho tiempo tirando de la cuerda. Sabe que de las ficciones que ha creado no se come. Es más, está consiguiendo perder más de lo que tenía pensado al estirarse demasiado el asunto y tener efecto real las sanciones contra Rusia. Por mucho que mantenga tipo y sonrisa, sabe que tiene por delante tareas complicadas y que no puede permitirse el lujo de que la popularidad conseguida se vuelva contra él en el momento en que la gente empiece a sentir los efectos.
Occidente ha tratado de imponer sanciones muy específicas al llamado "entorno" de Vladimir Putin, dirigentes y empresas, lo que acaba teniendo efecto sobre la población. Por el contrario, la estrategia de Putin ha sido provocar reacciones populares en contra de las medidas, a través de sanciones que tuvieran un efecto inmediato y lo más amplio posible. Por eso elige la importación de productos perecederos en primer lugar; son los que tienen una mayor base social, un efecto inmediato y directo. Putin sabe que los oligarcas se quejan en los despachos y que el pueblo se manifiesta en las calles, con lo que es posible amplificar las protestas y que tengan un efecto psicológico y social. No en vano ha dirigido la KGB; "propaganda" y "agitación" son sus raíces.


Lo más saludable para todos sería la escritura de ese buen final que permita ponerse a reparar el daño económico y frenar —si es que es todavía posible— el despertar del militarismo en Europa a través de la presencia e inversiones de la OTAN. Los gobiernos reacios a meterse en aventuras de este orden se ven obligados renovar y ampliar sus arsenales gracias a los juegos en las fronteras con el gigante ruso. Ya lo decía el otro día un titular de prensa: "Putin ha resucitado a la OTAN". Él mismo lo declaraba así: “La crisis en Ucrania, que de hecho fue diseñada y desarrollada por nuestros socios occidentales, ha valido para resucitar a la OTAN. Pero esto, por supuesto, será tenido en cuenta en nuestra toma de decisiones para hacer más seguro nuestro país”*. La confusión entre efecto y causa es evidente.
Putin se sigue negando a aceptar que los ucranianos no hayan querido mantener el vínculo ruso como a él le hubiera gustado. Todo es una maniobra occidental, repiten él y sus acólitos repartidos por todo el mundo. Ucrania no cuenta; Crimea era un derecho. ¿Lo cree Putin? ¿Cree que lo del avión malasio era también un "atentado" contra él, por ejemplo? ¿Cree todas las ficciones tóxicas que él mismo ha producido? Pero tras ellas hay una realidad incuestionable: la agresión rusa a un país vecino y una anexión relámpago. Ambas se niegan en beneficio de esas ficciones que se deben resolver para dar paso a la realidad cuanto antes. Hay ficciones diplomáticas, eufemismo, que evitan ascender en la escala de la violencia llamando a las cosas por su nombre; pero otras ficciones no son más que el enmascaramiento interesado y propagandístico de la realidad. Pero para negociar hay que llamar a las cosas por su nombre. Por eso el anuncio de la retirada de soldados rusos de allí donde se supone que no están, el intercambio de prisioneros de guerra en una guerra que no existe, etc., es una señal de que la realidad se va imponiendo frente a la ficción. Y sin ello es imposible avanzar.


Creo que Vladimir Putin ha mostrado demasiadas cartas de la jugada. Los efectos de la guerra de Ucrania van más allá de los muertos y las fronteras territoriales. Putin ha quebrado un principio dado por hecho y ha realizado una jugada de la que nunca saldrá beneficiado. La arruinada Unión Soviética ha llegado a ser la Rusia actual gracias al clima de confianza tras lo que se consideraba como el final de la Guerra Fría. Putin ha mostrado que el crecimiento de Rusia, que se ha producido gracias a ese clima, se ha administrado mal. Ahora lo que está por ver si la ruptura de esa confianza permitirá que Rusia pueda seguir desarrollándose como hasta el momento o tendrá serios problemas tras demostrarse en qué deriva su fortaleza. Es un terreno peligroso que puede enfurecer a Rusia si no logra sus metas o que puede enfurecer a los poderes que viven en la sombra, si consideran que están siendo perjudicados por el estilo de Putin de hacer política.
Putin se hizo con el poder para traer estabilidad a Rusia. Si Putin se convierte ahora en un factor de inestabilidad para la propia Rusia porque se frena su desarrollo más allá del empleo de sanciones —sencillamente porque deja de poderse confiar en ella—, la situación podría cambiar en el tiempo. La cuestión, como siempre, es saber cómo.


* "Vladimir Putin calienta la guerra fría entre Rusia y Occidente" Euronews 10/09/2014 http://es.euronews.com/2014/09/10/vladimir-putin-calienta-la-guerra-fria-entre-rusia-y-occidente/




Infografía rusa (Ria Novosti)

Infografía rusa (Ria Novosti)



miércoles, 13 de agosto de 2014

Los camiones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las imágenes ofrecidas por las televisiones de los popes bendiciendo los caminos que salen de Rusia con alimentos para el este de Ucrania y de los soldados santiguándose antes de subir al camión contrasta con las que todavía tenemos en la retina de los sucesos de Crimea: camiones sin distintivos y enmascarados sin identificación, los soldados "genéricos", tal como los apodamos entonces.
Hace días planteábamos como podía Vladimir Putin plantear una derrota como una victoria. La ayuda humanitaria parece ser el camino. Lo que Putin necesita es lograr una fotografía de los camiones rusos entrando en Ucrania y aclamados por la población a su paso, abrazos y besos. Puede que después se retiren, pero ahora lo necesita. Por eso los ucranianos han exigido que se cambien en la frontera, que se sustituyan por camiones de la Cruz Roja. Quieren evitar las fotos y aplausos con el enemigo espiritual.


Me imagino que se establecerá un tira y afloja entre unos y otros. Putin no necesita esconder armas en camiones. El arma es la opinión pública. La imagen internacional está tan deteriorada que son estos gestos los que le benefician más. Si Ucrania no cede, se hace responsable de no permitir la ayuda humanitaria. Putin dirá que no se aceptan las muestras de buena voluntad. Todo esto no compensará el desastre del derribo de avión de pasajeros en Ucrania pero hará ver que está dispuesto a ser amigable. Una vez más es un signo.
Los camiones son también un mensaje para los rebeldes, que no han entendido muchos de los mensajes anteriores. Mandar camiones con comida cuando lo que quieren —ya lo dijeron claramente en su momento— es armas y dinero o, si no puede ser, con dinero se apañan, es avisarles otra vez de que no puede ir más allá. Rusia no puede permitirse una guerra a estas alturas, una guerra sin sentido y absurda. Esto se puede ver cada día que pasa, pero se podía ver desde el principio. Lo que no acaban de encontrar es una fórmula que permita acabar sin que Rusia entre en una contradicción que pueda ser mostrada como una derrota.


La debilidad interna de Obama le hizo descalificar a Rusia llamándola "potencia regional" y eso se paga. No se puede infravlorar a Rusia y menos despreciarla públicamente si se quiere llegar a un acuerdo con ella. Y el mundo necesita de una serie de acuerdos para plantearse las soluciones a problemas conjuntos. En este sentido, Obama carece del sentido psicológico como para entender a Putin y sus mensajes, directos e indirectos. Hay veces en la historia en que los líderes mundiales son complementarios, encajan psicológicamente y son capaces de hablar y entenderse; saben qué espera uno del otro. Mucho me temo que, en esta ocasión, esto no ocurre. El comparar las personalidades de ambos y lo que resulta de su conjunción histórica puede que no explique por surgen algunos problemas, pero sí porqué no se resuelven.
Coincido con Pilar Bonet en su análisis en el diario El País:

Putin es un rehén de su política. En la fórmula para superar la crisis, si existe, el presidente no puede ser percibido como débil, porque eso le arrebataría el apoyo que la sociedad le prestó y de los sectores nacionalistas que pueden amenazarlo si flaquea.*

Es la idea que hemos apuntado aquí en distintas ocasiones desde el comienzo. Putin necesita salidas a la situación que se ha escapado de las manos y Putin no retrocede porque no puede mostrar debilidad alguien que ha llegado a tener el poder que tiene eligiendo una vía, lo que llamamos "macho alfa", algo que resalta en su propia iconografía. Putin ha conectado con sus apoyos a través de esa imagen y en esa imagen no cabe la derrota. Bonet, recogiendo a analistas rusos como fuente, da por buena también la idea que expresamos sobre la maniobra de distracción en el este de Ucrania cuando el verdadero objetivo era Crimea. Lo demás era una cortina de humo que se ha incendiado más de la cuenta:

Crimea fue una tentación irresistible para Putin, que encargó encuestas sobre la eventual reacción de sus conciudadanos ante la “incorporación” de la península a Rusia ya antes de que en Kiev el presidente, Víctor Yanukóvich, dejara a Ucrania a la deriva, señalan fuentes en Moscú. Los sondeos indicaron que los rusos apoyaban la idea y el presidente se fue animando para acabar fundiéndose, tras la huida de Yanukóvich, en una alucinación colectiva con su pueblo. “Putin sintió que Rusia se cohesionaba, que afirmaba su soberanía, que era recorrida por una oleada de patriotismo. No fue solo ambición o pretensión de querer pasar a la historia. Fue algo mucho más profundo”, afirman medios próximos al Kremlin. El deseo de recuperar un escenario heroico de la historia rusa se impuso al derecho internacional y también al cálculo racional sobre las secuelas del gesto, que el politólogo Glev Pavlovski califica como fruto de la “improvisación”.
La desestabilización del este y sur de Ucrania responde en parte a la lógica de una “operación especial” de servicios de seguridad. Había que desviar la atención occidental, centrada en Crimea, hacia otro foco de tensión. Putin, que se formó como oficial del KGB (servicios secretos soviéticos), apoyó los juegos de Rinat Ajmétov, el gran oligarca de Donetsk, con el fin de presionar a Kiev y a Occidente para lograr concesiones sobre el modelo estatal de Ucrania. Pero las reivindicaciones regionales degeneraron. “Sorprendentemente, surgieron numerosos voluntarios dispuestos a ir a luchar a Ucrania y aparecieron las armas. El juego se le fue de las manos al Kremlin”, afirma Pavlovski, según el cual los insurgentes actúan con su propia dinámica interna, pero no por órdenes de Moscú. “Putin estaba satisfecho con lo que sucedía en el este de Ucrania hasta que el Boeing fue derribado. Eso lo cambió todo”, comenta.*


La clave de esta historia está en ese último "sorprendentemente", que es lo que casi nunca se tiene como posibilidad. El fervor nacionalista que se ha buscado crear como fondo y con el que Putin ha jugado para sostenerse en una sociedad que sale a la calle con iconos y con retratos del zar o de Stalin según les motive no se puede controlar como se quiere y tiene sus imprevistos. Eso voluntarios sorprendentes, animados por el éxito de Crimea, se lanza a reconquistar todo lo que se les ha marcado como "ruso" o "soviético" y hacen suya la doctrina de donde se hable ruso está Rusia, la santa Rusia.
Por eso la cuestión ucraniana no es cómo ganar sino cómo no perder, que no es lo mismo. Los únicos que estarán tentados a hacerlo son los ucranianos a los que las humillaciones perpetradas por la prepotencia rusa les ha dejado con necesidad de gloria para la autoestima nacional. Por eso el desmantelamiento de los partidos ultranacionalistas en Ucrania está siendo una política inteligente por parte de Poroshenko. Se trata de evitar que pueda ocurrir lo mismo que le ha pasado a Putin con sus ultranacionalistas, que se les vayan de las manos. Ucrania necesita mucha democratización para limpiar la corrupción existente y favorecida desde Moscú con una elite a su servicio, y también para desprenderse de revanchistas nacionalistas que complique sus relaciones con Rusia pero también con Europa. Es urgente para Ucrania y para todos.

La situación ucraniana se está extendiendo por otras vías al resto del mundo. Ya no es solo un conflicto que afecta a las relaciones de Estados Unidos y la Unión Europea con Rusia en el plano económico limitando el crecimiento y atrayendo el fantasma de una segunda crisis antes de que se haya cerrado la primera. La Unión Europea ya ha advertido que "no le gusta" que algunos traten de sacar provecho de esta circunstancia. Se refieren especialmente a los países latinoamericanos a los que Putin se ha dirigido —más fotografías— para realizar acuerdos que compensen el bloqueo a las importaciones europeas con las que Rusia devuelve las sanciones. Europa y Estados Unidos pueden contestar estableciendo trabas a las importaciones desde Latinoamérica si esta situación se prolonga, restableciendo el equilibrio —lo que ganen de más con Rusia lo perderán por otro lado— perdido y el sentido de las sanciones. Eso servirá en el caso de Estados Unidos a lanzar algunos dardos contra los gobiernos poco amistosos que se acerquen demasiado a Rusia burlando las sanciones. A Obama le vendrá bien hacer un ejercicio de autoridad así cuando se cuestiona su falta de firmeza en política exterior.

El caso no es exclusivo de Latinoamérica. Egipto acaba de firmar acuerdos con Putin. El presidente Al-Sisi se acaba de fotografiar con Vladimir Putin en el ambiente vacacional de Sochi —hay que transmitir tranquilidad, igual que Obama está jugando al golf—. Los norteamericanos, que acaban de respaldar a Egipto, no estarán muy contentos con esta foto en Sochi ni con el estrechamiento de lazos. No es la primera visita de Al-Sisi a Rusia, donde Putin ya le había manifestado sus simpatías y beneplácito para que se lanzara a la carrera presidencial, algo que hizo. También Al-Sisi juega, como Putin, con la baza del hombre fuerte, la mano que no tiembla, y saca provecho para desarrollar el nuevo nacionalismo egipcio, canalizando el antiamericanismo generado por los méritos propios de la política nefasta norteamericana en la zona. No es difícil ver los paralelismos que se buscan, consciente e inconscientemente. Egipto ha vinculado a los Hermanos Musulmanes con los Estados Unidos y eso funciona en los niveles populares. Acercarse a Putin es distanciarse de los Estados Unidos. Mientras funcione...
Los camiones han salido desde Rusia. El primer paso será ver qué ocurre en la frontera. De lo que allí ocurra saldrá lo que pueda pasar luego. Esperemos que el agua bendita tenga algún efecto.



* "Una apuesta peligrosa" El País 10/082014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/08/actualidad/1407513223_767422.html







domingo, 6 de julio de 2014

Ucrania, un paso más

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En Ucrania se van cerrando etapas camino de una estabilización que pueda ser llamada paz, aunque es probable que haya que hacer distintos enjuagues semánticos en el futuro. La maniobra de Putin para distraer la atención de la anexión de Crimea creando un foco de conflicto se ha saldado finalmente con su consideración como "traidor" a la "causa rusa", que era el fin inevitable. Sigo pensando —y creo que los hechos han ido por ese camino— que a Putin no le interesaba el conflicto, pues perdía clientela y no ganaba más que hacer a Rusia, el país más grande del mundo, unos cuantos kilómetros cuadrados más grande. En cambio, sus problemas se hacían enormes en comparación con sus logros. Las cuestiones políticas y económicas se le estaban poniendo complicadas en cuanto al aislamiento internacional y las sanciones, propias y ajenas, es decir, salidas de capitales y limitaciones en muchos sectores. Moscú empezó riéndose de las sanciones, pero cuando ha hecho números, las risas se acabaron.


La reunión hace unos días de Ucrania y Rusia con Francia y Alemania ha sido importante para ir canalizando la situación hacia una resolución que no puede ser otra que el avance de las tropas ucranianas hasta completar su territorio. Solo así puede darse paso a las medidas políticas, nacionales e internacionales. Hicimos hace mucho tiempo la pregunta de hasta qué punto Moscú controlaba a los llamados "prorrusos" y se ha visto que era la cuestión clave. Mientras los intereses de Moscú se beneficiaban, la situación permanecía abierta; pero hace tiempo que a Rusia dejó de interesarle la "cuestión ucraniana". Pero la retórica nacionalista empleada por Putin para justificar la anexión descarada de Crimea —lengua y raza— fue creída por los habitantes separatistas de la región. Milagrosamente aparecieron armados hasta las cejas y con un armamento capaz de enfrentarse a un ejército poco fiable, con el riesgo de que ocurriera como en Crimea, que se pasara al otro bando, indicador de lo trufado que Rusia lo tenía. 


La humillación de la salida de los soldados fieles a Kiev de unos cuarteles tomados por los rusos recién llegados y los que allí habitaban. La vergüenza de la deserción del almirante Berezovski, comandante en jefe de la marina de Ucrania, entregando el mando a las nuevas autoridades secesionistas, quedará como un ejemplo de maquiavelismo y de penetración de Rusia en las estructuras de sus vecinos. Rusia tiene Crimea porque hace mucho tiempo que, en la sombra, se le había entregado. Ese es el favor que Moscú le debe a los Yanukóvich y compañía.
Ahora está por ver cuál es la retórica que Putin empleará para justificar que aquellos "rusos" que alentó queden ahora en zona  ucraniana. El diario El País nos cuenta:

El jefe de la autoproclamada república popular de Donetsk, Dennís Pushilin, criticó hoy al presidente ruso, Vladímir Putin, por renunciar a intervenir con sus tropas en el sureste de Ucrania en apoyo a los separatistas y afirmó que el jefe del Kremlin les dio esperanzas y después les abandonó.
"Qué decir. Nos dieron esperanzas y luego nos abandonaron. Fueron muy bonitas las palabras de Putin sobre la defensa del pueblo ruso, de 'Novorossia' (como se denominan los separatistas), pero sólo fueron palabras", lamentó Pushilin en la red social Twitter.*


Era cuestión de tiempo y la esperanza de Putin de que fueran los demás los que resolvieran los dos problemas, el de Ucrania y el de la imagen de Rusia, por no decir la propia, no se producía. Ha costado muchas vidas entender que Putin jugaba con ellos y que no se le iba a dejar seguir con sus planes. Los paseos de las tropas por la frontera y demás golpes de efecto para la galería no podían ocultar que pasar esa frontera era demasiado arriesgado para los negocios rusos. Si Europa necesita comprar gas ruso, Rusia necesita venderlo y el acuerdo con China, quizá la mayor beneficiaria por los precios a la baja del gas ruso. El diario El Mundo contaba en su momento:

Las partes no revelaron el precio al que Rusia venderá el hidrocarburo, un tema que se había convertido en los últimos días en el principal escollo de la negociación y en un motivo de orgullo para Putin, que aseguró repetidamente a sus compatriotas que se lograría un buen acuerdo.
Los datos globales del contrato permiten deducir, sin embargo, que China pagará alrededor de 263 euros por cada 1.000 metros cúbicos, por debajo de lo que Europa abona a Moscú (unos 278 euros), pero por encima de lo que desembolsa Pekín a otros suministradores de Asia Central (en torno a los 256 euros), de acuerdo a datos de Bloomberg. Los chinos llevaban la mano ganadora en la negociación debido a las prisas rusas por alcanzar un acuerdo.**


Se trataba de hacerse una fotografía y hoy, en un mundo de mercados globales, las fotos salen caras si te están aislando internacionalmente. Putin ha compensado la pérdida de mercados, pero no por ello deja de perder. Las fotos duran lo que duran.
Pero con todo esto, en mi opinión lo decisivo en los próximos tiempos es la actitud de los llamados "prorrusos". ¿Qué queda de los "prorrusos" cuando Rusia te da la espalda? Aquí Kiev deberá hacer un ejercicio político de primer orden para que la región no se considere "invadida", sino que adquiera un protagonismo suficiente como apara acallar el sonido de la disidencia separatista más radical. Se corre el peligro que el problema se enquiste y se acabe produciendo una especie de OAS como la que se organizó en Francia tras la descolonización de Argelia. Si esto ocurre, supondrá un problema para ambos países, que se verán obligados a combatirlo.
La BBC señala:

Por lo menos 110.000 personas han abandonado Ucrania hacia Rusia, en lo que va del año, la mayoría de estos de las regiones orientales del país, señala la ONU.
Otras 54.000 han sido desplazadas internamente, añade la organización.***


Lo que ocurra con ese "ejército" creado para independizar la región es relevante. Han mostrado que no les causa problema tomar las armas, que no se pliegan a órdenes ni razones, y puede que algunos de ellos no se contenten con su destino final. Kiev debe dar una salida a los que se quedan y Moscú debe hacer lo mismo con los que se van, controlando los que queden en su territorio. De otra forma se corre el riesgo de la violencia, de una ETA, saboteando el paso del gas ruso, por ejemplo.
El que la bandera ucraniana está ya ondeando en Slaviansk es un gran paso para la pacificación del país, para que puedan comenzar a reformarlo políticamente, librándose de la corrupción que el propio presidente Poroshenko ha denunciado y que una mayoría de los ucranianos desea.


Ucrania necesitará mucho apoyo y ánimo para emprender su camino hacia el seno de Europa. Ellos lo ven como un paso decisivo hacia la democracia que quieren, tal como otros países han contemplado su adhesión. Las palabras de su presidente el otro día, durante la firma de los acuerdos con la UE, fueron emotivas: solo pedimos, dijo, que se nos diga que cuando reunamos las condiciones estaremos en Europa. Para Europa es poco, para nosotros mucho.
En estos tiempos de euroescépticos, nacionalistas y demagogos populistas, es importante recordar que Europa es un gran proyecto que muchos ven como un futuro ilusionante. Y así deberíamos verlo todos y actuar en consecuencia para su mejora. Europa no se hace sola, nada es regalado. Y Ucrania lo ha aprendido de la forma más dura.



* "Los prorrusos acusan a Putin de haberlos abandonado en la batalla de Slaviansk" El País 5/07/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/05/actualidad/1404549644_347266.html
** "China y Rusia firman un histórico acuerdo de gas natural en Shanghái" El Mundo 21/05/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/05/21/537c7951ca4741314f8b4572.html
*** "¿Batalla decisiva? Kiev fuerza el retiro de rebeldes prorrusos de Sloviansk" BBC 5/07/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2014/07/140705_ultnot_ucrania_sloviansk_rebledes_men.shtml








sábado, 28 de junio de 2014

Bolígrafos o siete meses después

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con cierto gusto stendhaliano por el detalle, la periodista Lucía Abellán recoge la firma de ayer de los acuerdos entre Ucrania, Georgia y Moldavia mencionando el bolígrafo con el que se firmaron:

Con el mismo bolígrafo que se preparó en noviembre al depuesto Víctor Yanukóvich para que rubricara el pacto de apertura a Europa, un satisfecho Petro Poroshenko, el nuevo presidente ucranio, estampó su firma en el documento. “Este es el día más importante para la historia ucrania después de la independencia”, proclamó. También el presidente del Consejo Europeo —aglutina a los Estados miembros—, Herman Van Rompuy, y el de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, hablaron de la trascendencia de esos pactos, “los más ambiciosos que ha firmado nunca la UE”.*

El gusto por el detalle o, para ser más preciso, la percepción de los objetos o situaciones como elementos que transcienden su propia materialidad reflejando el sentido de la Historia se agradece. Podríamos decir sencillamente que "se firmaron" y es lo que se hizo, pero el detalle del "bolígrafo" nos recuerda lo que ha ocurrido en este tiempo en que el objeto se ha mantenido pero no así el firmante. Los bolígrafos quedan; las personas pasan. Parece que fue ayer, pero entre ese instante en el que Yanukóvich se negó a coger el bolígrafo dispuesto sobre la mesa y firmar con él los acuerdos, y el momento en el que el bolígrafo ha servido para firmarlos existen miles de extrañas unidades históricas que nosotros —extrañamente obsesionados con la regularidad del tiempo— no llegamos a percibir. Siete meses muestra el calendario, pero sabemos que esos siete meses no son los mismos que los "siete meses" de otros sitios. Por eso puede decir el presidente Poroshenko que la firma es el día más importante para Ucrania desde el día de su independencia.


Hoy nos limitamos a reflejar el valor simbólico de los objetos, de ese bolígrafo. Mañana un novelista, sin temor a violar las leyes del Periodismo —que impiden meterse demasiado en la mente de las personas—, dedicará unos párrafos a lo que pasó en esos momentos ante los ojos únicos de Poroshenko y podrá, incluso, iniciar desde allí una retrospección narrativa que dé cuenta de todo lo ocurrido, de la tragedia ucraniana, hasta reencontrarse de nuevo firmando en aquel espacio. Pero eso son licencias de novelista.
Señala la periodista de El País:

Movidos por la emoción de Poroshenko y por el relato que el líder ucranio les ofrecía de las trabas rusas para alcanzar la paz en el este de Ucrania, los jefes de Estado y de Gobierno dieron un paso inesperado. Tras un mes de perfil bajo en la amenaza de nuevas sanciones a Rusia, los mandatarios europeos endurecieron el tono y lanzaron el ultimátum más contundente otorgado hasta ahora a Moscú. Si para el 30 de junio Rusia no ha cumplido cuatro condiciones, el Consejo Europeo evaluará la situación y “adoptará las decisiones necesarias si fuera preciso”, explica el comunicado de conclusiones, que añade “el compromiso de acordar en cualquier momento más medidas restrictivas de calado”.*


Y es que la emoción es contagiosa y seguro que pudieron percibirla en toda su intensidad en aquel momento los demás signatarios de los acuerdos. Esta vez no era un simple acto protocolario, una adhesión más. Por dentro, estaban los siete meses de muertes y tensiones. No se han acabado, por supuesto, pero la firma representa el cierre simbólico de una etapa que comenzó, precisamente, por la negativa a firmarlos por parte de Yanukóvich.
Una vez dentro tendemos a olvidar lo que significa para los países que están fuera comenzar su proceso para incorporarse a la Unión. Cada día me parece más evidente que los ciudadanos europeos, con nuestras disputas de patio de vecindad y nuestras mezquindades economicistas, hemos perdido de vista lo que significa realmente para los pueblos integrarse en Europa. A todo se acostumbra uno, ¡es cierto! y lo que era el sueño de una generación, como ocurrió en España, de alcanzar la normalización imposible con unos vecinos que nos dejaban fuera —"África empieza en los Pirineos", se decía y nos decían— ha ocurrido con los que en el otro extremo reivindicaban también ser Europa como despertar de una pesadilla que con la excusa de una guerra contra el fascismo se convirtió posteriormente en un infierno hasta la caída del Muro de Berlín.


Ayer, mientras esperaba a que un compañero terminara de hacer sus tareas en el ordenador, me paré un momento ante el mapa de Europa que tiene clavado en su pared. Me trajo el recuerdo de la aventura veraniega de un viaje en tren hasta Viena, que en aquellos momentos, mediados de los ochenta, era los confines de Europa. Más allá estaba el mundo tras el Telón, la "no-Europa" y la "casi-Rusia". ¡La mitad de Europa, incluida la mitad de Alemania! Europa se nos ha ensanchado para poder volver a ser "Europa". Y eso es emocionante para muchos, que han soñado con ese momento durante décadas. Nosotros también soñamos en nuestro momento y Europa significaba muchas coas y hay que tratar de que lo sigan significando. Para ello debemos darle sentido desde dentro, para que no perdamos la ilusión de mejorar como proyecto, como obra histórica en marcha bajo el signo de las libertades y la solidaridad entre los pueblos que la integran convertidos en ciudadanos iguales de un espacio comunitario. La perversión mercantil de nuestras mentes nos lleva a enfocar todo como fenómeno económico, pero Europa es ante todo un proyecto político, la definición de un espacio de libertades desde esa ciudadanía. Quitaremos barreras, sí, pero sobre todo reconocemos como nuestro un conjunto de derechos, que no son exclusivos, pero que nos comprometemos a compartir, profundizar y velar por su mantenimiento en beneficio de todos los ciudadanos.


Europa no debe olvidar lo que ha supuesto para Ucrania su deseo de ser Europa: "“En Kiev y en otras partes, hay gente que ha dado su vida para que haya una relación más estrecha con la UE”**, ha dicho Herman Van Rompuy en el acto de la firma. No es cuestión solo de Economía.
El presidente ucraniano ha señalado:

“En los últimos meses Ucrania ha pagado el precio más alto que podía pagar para que sus sueños europeos se convirtiera en realidad. Y eso tiene que valer la pena. La Unión Europea podría comprometerse y decir que cuando Ucrania esté lista, formará parte del bloque. Esto es muy sencillo para la Unión Europea y para nosotros significaría mucho”, ha explicado Petró Poroshenko, presidente de Ucrania.**


La petición humilde de Poroshenko es sobre todo política y concentra la importancia de lo que para ellos significa una Europa que ven como garantía de mejora y regeneración para su país. Más allá de la economía, serán signo de ciudadanía, de derechos de sus habitantes.
No pide mucho Petró Poroshenko, solo que le digan que serán parte de la Unión Europea cuando estén preparados para serlo.
Seguro que ese será el tercer día más importante en la historia de Ucrania. Y también será un día grande en la construcción de Europa porque significará que se va completando el espacio del continente, con la extensión de los derechos de todos. Ese día, otro bolígrafo habrá hecho historia.


En febrero de este año, Euronews nos contaba otro detalle stendhaliano con un bolígrafo, esta vez en manos del expresidente ucraniano Yanukóvich, el hombre que se negó a firmar los acuerdos:

El presidente depuesto Víktor Yanukovich ha roto un bolígrafo en un ataque de rabia cuando se dirigía a los reporteros durante una rueda de prensa la localidad rusa de Rostov del Don.
“Al mismo tiempo permítanme dirigirme a los ucranianos”, comenzaba Yanukóvich. Después ha hecho una pausa durante unos segundo, ha mirado hacia el suelo y ha partido su bolígrafo.
“Primero quiero pedir disculpas…”, ha continuado diciendo tras recuperarse.***


La novela nos ha enseñado a interpretar esos signos externos para comprender los estados internos. El orgullo de Petró Poroshenko mostrando el bolígrafo con el que ha firmado finalmente los acuerdos con la Unión Europa y el bolígrafo roto en las manos del que se negó a firmarlos en su momento guardan un extraño paralelismo simbólico. Cuando otro —o el mismo— novelista cuenten estos momentos de la historia, otro bolígrafo aparecerá en sus páginas estableciendo una perfecta simetría, un cierto equilibrio estructural. Un bolígrafo abandonado, un bolígrafo roto, un bolígrafo que comienza una andadura. Son ventajas de la Literatura.

* "Ucrania y la UE firman el pacto de libre comercio que desató la crisis con Rusia" El País 27=6/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/27/actualidad/1403853122_102740.html
** "Ucrania, Georgia y Moldavia fortalecen lazos con la UE" Euronews 27/06/2014 http://es.euronews.com/2014/06/27/ucrania-georgia-y-moldavia-fortalecen-lazos-con-la-ue/
*** "Víktor Yanukóvich se desahoga con un bolígrafo" Euronews 28/02/2014 http://es.euronews.com/2014/02/28/viktor-yanukovich-se-desahoga-con-un-boligrafo/