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sábado, 15 de agosto de 2015

Más sobre los corresponsales extranjeros

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer dedicábamos la entrada del blog a los problemas del gobierno egipcio con los corresponsales extranjeros y hoy Ahram Online tiene como noticia destacada el ataque frontal del Ministerio de Asuntos Exteriores contra el corresponsal de la CNN en Egipto. Señala el periódico:

Egypt’s Ministry of Foreign Affairs slammed on Friday a report published on CNN about the political and security situation in Egypt, describing it as “unprofessional” and “lacking objectivity.”
On Wednesday, the US-based TV network published an article on its website reporting that Croatian hostage Tomislav Salopek had been apparently beheaded by Islamic State-affiliated militants in Sinai, after a photo allegedly showing his dead body was circulated on IS-affiliated Twitter accounts that day.
The CNN report mentioned that Egypt was facing multiple crises including jihadist threats and economic challenges. The report also said Egypt had failed to combat terrorism and that ISIS-affiliated group Sinai Province group, formerly known as Ansar Beit Al-Maqdis, was gaining more control in Sinai.
It also added that Egypt's power in the Middle East had recently declined.
“This report lacks the minimal degrees of objectivity and neutrality where it including misinformation,” said foreign ministry spokesman Ahmed Abu-Zeid in a statement.
“The report claimed the spread of chaos, terrorism and lack of state authority in Egypt in an ironic way removed from objectivity, professionalism and integrity,” he added.*


No vamos a insistir demasiado en los argumentos expuestos en varias ocasiones y cuyos orígenes está en la incapacidad de aceptar una visión diferente de la realidad aunque esta sea equivocada según su criterio.
Hace unos días, con motivo de la inauguración del tramo del Canal, citábamos a un articulista que pedía —casi rogaba— al gobierno que aceptara críticas e ideas de otros, que abriera a la gente la posibilidad de opinar aportando visiones nuevas de los problemas.
La guerra mediática en la que Egipto está metido no hace más que perjudicarle. Va a resultar irónicamente que quien mejor manejó los medios extranjeros haya sido Hosni Mubarak. Sus continuadores han mantenido una lucha con los medios queriendo hacer comulgar con ruedas de molino a todos. Los conflictos ya comenzaron con la SCAF, continuaron con Morsi y son ahora abiertos con Al-Sisi, cuyo gobierno no comprende que la sisimanía es exclusiva de Egipto y parece que está en declive.

Quizá sea esta necesidad de controlar la imagen pública la que está produciendo el efecto contrario. Creo que lo que quieren hacer es demasiado de laboratorio, está diseñado en despachos, sin tener en cuenta el comportamiento de la realidad. Siguen pensando en que controlan la información interior —relativamente—, que pueden modular la exterior —no pueden— y que pueden evitar, estigmatizándola, que la información exterior llegue al interior. De esto último es de lo que nos ocupamos ayer. La recomendación a los egipcios de que no escuchen lo que dicen los corresponsales y medios extranjeros es absurda y anacrónica. Hoy nadie puede cerrar al completo un país más que con el coste de mucho sufrimiento.
El ataque a la CNN y sus puntos de vista vuelve a mostrar la mentalidad con la que se afrontan las comunicaciones. Para el gobierno egipcio, solo se debe publicar lo que coincide con sus informaciones aunque estas hayan dejado de ser una fuente fiable para muchos, por su carácter precisamente propagandístico y altamente sesgado en sus interpretaciones. Pero no hay más verdad que la suya y lo demás es conspiración.


No sé cuál de todas las afirmaciones les ha resultado más ofensiva, si las que se refieren a la falta de control sobre el terrorismo, al rehén croata muerto a manos de los terroristas, los problemas económicos o la pérdida de poder de Egipto en la zona.
Los argumentos del portavoz del ministerio contra la CNN no dejan de ser reveladores de las inquietudes existentes:

“CNN decided to turn the spotlight on the victim instead of the victimiser in this critical time when Egypt is fighting against terrorism on levels whether official or popular or intellectual or religious.”
The spokesman expressed his astonishment at how CNN had “promoted” the “absence of the state” in Egypt, while it had not promoted the same thing in the Western countries that had faced similar terrorist attacks, such as the Charlie Hebdo killings in France and the Boston marathon bombing in the United States.
He also criticised the international community for its “slowness” in responding to Egypt’s call to unify the international efforts in counterterrorism and the necessity of not distinguishing between the terrorist organisations regardless of their different names or areas of operation.
Abu-Zeid gave an example of how the international coalition against the Islamic State group was only focusing on the Levant while terrorism was flourishing in Libya.
Although Sinai Province group has claimed that it beheaded the Croatian engineer on Wednesday after his abduction in July, Egyptian officials say that there had been no official confirmation that he has been executed.*


Si los ataques a la CNN son pintorescos, los que se realizan contra la "comunidad internacional" son insólitos. Sigue sin querer comprender el gobierno egipcio que su retórica de encabezar la lucha solo la comparte él. Cuando la "comunidad internacional" pidió "colaboración" para luchar contra el Estado Islámico, la respuesta del gobierno egipcio fue que "ellos ya tenían su propia guerra contra el terrorismo" en casa. De esa manera se centraba en sus problemas locales del Sinaí aunque tratara de hacer creer que esa era su participación en la coalición internacional.
Resulta interesante también la observación de que la comunidad internacional se centra en el "Levante" mientras que se olvida de lo que ocurre en Libia. Lo que se le ha pedido a Egipto —y para eso recibe una gran ayuda militar y económica de los Estados Unidos, que ha vuelto a darle material militar, aviones, junto con Francia— es que vigile sus fronteras.


El problema de Egipto empieza a ser parecido al de Turquía, otro país con presión sobre la prensa. Con la excusa de la guerra antiterrorista se intenta acabar con cosas que no tienen que ver con el terrorismo. Erdogan ha acabado con el proceso de paz por intereses electorales y justifica sus ataques a los kurdos como parte del paquete antiterrorista. No engaña a nadie, aunque la necesidad obligue a los demás países a tener que mirar para otro lado. Ya le pasarán factura. 
Egipto quiere hacer pasar la política lesiva de los derechos humanos como antiterrorismo y eso no es cierto en muchos casos. Shaimaa al-Sabbagh no era una terrorista y la mataron de un tiro en la calle por llevar una corona de flores al Tahrir. Muchos de los que están en las cárceles egipcias tampoco lo son. Los que mueren en esas mismas cárceles no deberían morir. Los que desaparecen no deberían desaparecer.


Ahram Weekly comenta la próxima visita de Al-Sisi a Naciones Unidas en Nueva York con algunos aspectos interesantes ligados a lo anterior:

During his overseas visits Al-Sisi will raise the issue of Sinai as part of the wider regional threat posed by Islamist militants and will argue that the Muslim Brotherhood acts as the mother organisation for a wide range of extremist groups.
The president will also discuss a possible bigger role for Egypt in the regional fight against regional Islamist militant threats, especially that posed by the IS.
“I think it is safe to say that we are planning to expand our efforts but it will be done in a very calculated way,” says the presidential source.
According to the Foreign Ministry source, Egypt is closely watching the growing regional influence of Iran, and the manner in which Tehran, in cooperation with both the US and Russia, has been seeking to redraw the regional order. He argues that when it comes to areas of immediate strategic national interest such as Syria, over which Iran is working with the Saudis via Moscow and Washington, “Egypt cannot sit by and watch.”
According to Western diplomatic sources, for the most part the international focus now is on regional stability.
“I keep telling my Egyptian interlocutors that a process of democracy is essential to keep Egypt stable. The regime of Hosni Mubarak was not doing that badly in terms of development and international coordination on regional issues. It was challenged because it failed to score on democracy,” says a Cairo-based European ambassador.
According to another European ambassador: “I think that the president of Egypt should not be too surprised if he receives questions on the demonstrations that we saw in Cairo yesterday [by employees protesting against the civil servants regulations law] and on the chances of other equally big, or maybe even bigger, socio-economic demonstrations”**


El argumento primero es la Hermandad Musulmana como centro de todo el terrorismo. De ahí debe partir todo. El hecho de que haya sido declarada en Egipto como "grupo terrorista" y Egipto haya tenido el apoyo de algún país árabe en esto, no es la prioridad de los demás que entienden que el Estado Islámico es el Estado Islámico y que ese es ahora su principal objetivo. Hay una gran diferencia entre ser un "terrorista" y "pertenecer a un grupo declarado terrorista" o, no digamos, tener simpatías, término ambiguo como el que más. Los funcionarios que se manifestaron el otro día, lo primero que señalaron es que "no son Hermanos Musulmanes", porque saben que es lo primero que les van a achacar en cuanto que protesten. Es una solución muy fácil para tener callado al país.


El argumento de que Egipto no se puede quedar parado mirando por la ascendente presencia de Irán en el panorama y su posible implicación en la lucha junto a otros agentes, hace ver cuál es el interés real. En el fondo, esto es lo que ha querido decir el corresponsal de la CNN y por lo que se le ha atacado: la pérdida de influencia real. Que el corresponsal de la CNN y el ministerio vengan a decir lo mismo no es más que otra irónica paradoja que muestra que a Egipto le puede costar decir las cosas, pero no le gusta que se las digan. Es cuestión de orgullo.


Cuando el presidente Al-Sisi salió al exterior por primera vez, los medios egipcios lograron convencer a los ciudadanos bienintencionados de que el mundo se iba a rendir ante su presidente, que todo el planeta les envidiaba por tener un líder así. La cruda realidad se ha impuesto pronto y las salidas con auténticos calvarios. Esto es ya una evidencia y cada salida se tiene que hacer con algún anuncio que permita a quienes le reciben decir que valoran sus esfuerzos por la seguridad, un eufemismo que funcionará mientras esté el tema de Estado islámico vivo. Pero eso no acallará las reticencias y las consideraciones como un régimen respaldado por militares.

Las citas de las fuentes occidentales no dejan de ser también de una ironía insultante para el gobierno actual. La primera reconoce los logros de Mubarak en desarrollo, pero le acusa de fallar en la democracia. La acusación al régimen actual es peor porque la situación económica desde Mubarak no ha ido precisamente a mejor. La democrática, desde luego, tampoco. El hecho de que la Hermandad Musulmana no sea democrática —cosa que ellos mismos se encargaron de demostrar con sus actos— no significa que se haya mejorado. La mejor prueba de ello es el abandono de muchos de los que apoyaron la caída de Morsi sin saber lo que seguiría después.
El sentido de la segunda intervención de un "embajador europeo" va más allá de la ironía y llega al sarcasmo. La manifestación de los funcionarios en El Cairo ha sido la más concurrida — de ella dimos cuenta hace unos días— desde los acontecimientos de 2013. Eso con una ley antimanifestaciones y la amenaza islámica de ser considerados "desleales" a la autoridad a la que según los jueces, inspirándose en la Sharia y contraviniendo todos los acuerdos internacionales firmados por Egipto sobre huelgas, deben obediencia.
Volvemos al argumento tantas veces explicado: Egipto tendría más apoyos y comprensión si respetara lo que es propio de un país que dice avanzar hacia una democracia. Antes de ir a la Asamblea de Naciones Unidas, el presidente hará pública la convocatoria de las elecciones. Es un salvavidas para poder presentarse ante las demás naciones con algo más que un tramo de 72 kilómetros de canal, su "regalo al mundo". Pronto tendrá que dar cuenta del estado de los derechos humanos, como ya hizo. Tendrá que encontrar nuevas excusas para explicar la situación. Y advertirlo no es más que una forma de tratar de evitarlo.
No se puede hacer una democracia —aunque se repita todos los días— si no actúas democráticamente. Y la culpa de eso no la tiene la CNN ni ningún otro periodista local o corresponsal extranjero. La tiene quien hace mal las cosas.
Una vez más, el ministerio de Asuntos Exteriores crea enemigos en vez de amigos.



* "Egypt’s foreign ministry slams CNN over terrorism report" Ahram Online 14/08/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/137836/Egypt/Politics-/Egypt%E2%80%99s-foreign-ministry-slams-CNN-over-terrorism-.aspx

** "Next step New York" Ahram Weekly 13/08/2015 http://weekly.ahram.org.eg/News/13002/17/Next-step-New-York.aspx



viernes, 14 de agosto de 2015

Ve y cuéntalo o Egipto y los corresponsales extranjeros

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prensa egipcia recoge un episodio más de la distorsión con la que se entiende el papel de la prensa y en particular el de la prensa extranjera en el país. El periodista Emir Nader contesta en Daily News Egypt al artículo publicado en Al-Masry Al-Youm por Ahmed Derini. De artículo ofrece las perspectivas enfrentadas de lo que es el papel de corresponsales extranjeros, sus condiciones de acceso a la información y su percepción en los países en donde trabajan.
El artículo se titula, con claridad sobre su objetivo, "On foreign journalists and criticism – a response to Ahmed Derini in Al-Masry Al-Youm". Emir Nader comienza señalando:

In an article published this week in Egyptian newspaper Al-Masry Al-Youm, journalist Ahmed Derini takes personal and professional aim at the often critical foreign journalists working in Egypt, calling on Egyptians to ignore what they write.
Derini implies that Western correspondents, often young, are as good as political scouts and their criticism is a manifestation of the political positions of their home countries. It is an article that is at times silly, but at other times reflects an understandable and popular view of supporters of the Egyptian government, which should be responded to.
According to Derini, the writings of foreign journalists in Egypt, which are often translated from foreign languages to Arabic, enjoy too much respect among Egyptians.
Derini thinks that critical and foreign journalists want to see Egypt fail before it has had chance to succeed; that they are trying to criticise it into collapse. He does not consider that there could be other motivations behind the work we do.*


El texto contiene, obviamente, dos "voces" personalizadas, la de lo dicho por Derini en su artículo de Al-Masri Al-Youm y la contestación de Nader en Daily News Egypt. Pero también contiene otras "voces" generales que ellos interpretan, la de un "Occidente" y la de un "Egipto" enfrentados en su propio diálogo, además de otra división de "voces" egipcias, las de los partidarios del gobierno y la de aquellos que son críticos. Todo el artículo tiene un valor dialógico entre esas voces, las propias y las interpretadas a través de esas respuestas.
Lo primero que resalta, ya en el primer párrafo, es la llamada a los egipcios a "ignorar" a los corresponsales extranjeros. Es cierto que se han abierto campañas específicas desde los diarios oficiales o sus comparsas contra medios (la realizada contra The New York Times) o personas (incluida la salida del corresponsal de El País), pero en este caso la extensión es a la totalidad.
Los países recurren a la prensa extranjera cuando la suya no les merece credibilidad. Lo hacen en mayor medida allí donde no se fían de lo que les cuentan cada día. En la mayor parte de los países hay una larga tradición de escuchar emisoras o leer prensa extranjera. Ha sido así durante mucho tiempo precisamente por la falta de credibilidad en muchos aspectos debido al control y la sumisión de los medios locales, que se dedicaban a ofrecer las versiones oficiales en la mayor parte de los casos. Por supuesto que ha habido medios y periodistas que se han jugado la vida y el trabajo tratando de informar a sus ciudadanos, pero no siempre es fácil.


Muchos de los corresponsales para medios extranjeros son nativos de los propios países. Muchas veces son periodistas que escriben para medios exteriores y que tienen la libertad de decir hacia afuera lo que no pueden decir hacia sus audiencias o lectores.
Recordarán los ocasionales lectores de este blog que no hace muchos días traíamos aquí ("El hombre de los medios" 5 de agosto 2015) la entrevista con el responsable de los medios oficiales e información en Egipto, Salah El-Din Abdel-Sadek, que parece ser va a cumplir una doble función, como ya anticipábamos entonces por sus propias palabras: espantar a los corresponsales o informadores que hablen de Egipto en el exterior y controlar el aparato de propaganda (interior y exterior) que tampoco está funcionando demasiado bien. Recordamos la guerra abierta que mantiene el Sindicato de Periodistas con el Ministerio por la ley que controlará información e informadores, bastante arbitraria a la vista de los propios periodistas egipcios.


El artículo de Ahmed Derini en Al-Masry Al-Youm no es más que un capítulo más de esta guerra por la información. Sembrar el desprestigio generalizado contra los medios extranjeros y sus profesionales es un gran tontería, pero muy ilustrativa. Es señal de que la divergencia entre el mundo contado por los de fuera y el contado por los de dentro es ya incompatible. Y esto es grave.

Al margen de la confrontación con Al-Jaazira (Samir Kassir, en la obra que citábamos ayer, De la desgracia de ser árabe, escrita en 2004, ya señalaba —página 35— que Qatar había dejado en manos de los Hermanos Musulmanes el control de la emisora), el gobierno y otras fuerzas de apoyo han emprendido una mezcla de enfrentamiento y "plan de medios", como la compra de la portada de The Economist con las imágenes de la inauguración del Canal, también comentado aquí.
Pretender, como se hace, que existe una conspiración universal contra Egipto y que son los medios de comunicación los que están tratando de hundir al país para evitar su "renacimiento" es una de esas fantasías con las que se alimenta el ego egipcio y se satisface su victimismo. Es la forma, como llevan mucho tiempo, de justificar sus propios errores históricos, las derivas que sus gobernantes han ido tomado.


Es realmente divertida la apelación a que los corresponsales son "jóvenes". Surge aquí la crítica a la "juventud", implícitamente a la misma a la que realizó la denostada revolución. Ser joven, como en la época anterior a Mubarak, ha pasado a ser otro valor negativo, una categoría que sirve para explicar aquello de lo que hay que huir. Muchos de los jóvenes que hicieron la revolución han dado la espalda al nuevo régimen, que consideran como una vuelta al viejo sistema. La categoría "joven" pasa a ser de nuevo algo que implica una carencia (una "adolescencia") de experiencia y conocimiento, algo reservado a los pragmáticos, que son los que entienden que los idealismos no llevan más que a la destrucción.
Más divertida es la explicación de que al ser los periodistas jóvenes, solo se hablan con los "jóvenes" y así tienen una visión distorsionada de la "realidad política":

Derini continues that not only are correspondents biased and political, but because so many are young, that means they only interact with young Egyptians and so have a skewed, narrow impression of Egyptian politics. He somehow believes that this has led them to believe that “Islamists are the true representatives of the Egyptian identity… so that when they report about Islamist politics against the government it is a victory for the will of the people”. Really, they don’t believe this – and if you think reporting on opposition to the regime is writing about the Brotherhood, then I think you are the one who has a skewed impression of Egypt.*

La explicación de Nader es más sencilla: el periodismo no está bien pagado y los corresponsales suelen ser jóvenes con poco gasto y pocas pretensiones. Habrá muchos casos en los que sea cierto, desgraciadamente para la profesión.
No creo que los corresponsales en su conjunto crean que los islamistas son "el pueblo egipcio", como se señala. Sí creo, en cambio, que se ha explicado de forma bastante defectuosa —me refiero a los medios españoles en especial— el año de Morsi en el poder. Esa coletilla del "primer presidente elegido democráticamente es bastante engañosa y esconde un año bastante antidemocrático en acciones y actitudes, tal como se le recordó entonces por la Unión Europea por boca de Merkel. La prensa trató a Morsi como lo que era, un gobernante autoritario que había llegado al poder diciendo que no iba a hacer cosas que luego hizo, algo que no era nuevo, pues la Hermandad señaló que no tenía intención de presentar candidatos.


Una cosa es la calidad de la información, la profundidad de los conocimientos o de los análisis que se expongan en cada momento, y otra cosa la conspiración universal. Con todo, no es extraño que pueda haber corresponsales o periodistas que están más interesados en ofrecer otros puntos de vista a los oficiales. Tampoco implica una conspiración. ¿Son todos los periodistas imparciales? No, por supuesto. ¿Los habrá próximos a la Hermandad? ¡Claro!
Derini considera, sin más vueltas, que la función de los corresponsales extranjeros es hundir a Egipto. Si son nacionales los que transmiten esa imagen del país, son considerados "traidores". La acusación es entonces "desprestigiar" al país, difamar, etc. Sobre esto, desde el incidente en la rueda de prensa en Alemania, se han multiplicado las advertencias, recordándoles que "son egipcios" y, por ello, no van a salir tan bien librados como los que tengan pasaporte extranjero.
Todo esto se produce, esencialmente, por una visión absolutamente distorsionada de cuál es el papel de la prensa y la profesión periodística. Emir Nader señala refiriéndose al artículo de Derini:

He identifies what he sees as a contradiction too, that at a time when Western countries call for supporting Egypt in its fight against terrorism, its journalists are criticising rather than supporting its work to secure the country and region.*

Estos reproches revelan la falta de comprensión del papel de la prensa, Cuando Al-Sisi ha ido a Alemania o a Francia y ocurrirá igual cuando vaya a Inglaterra, la prensa ha mostrado los problemas de Egipto con los derechos humanos y la represión violenta, las muertes en las cárceles, etc. (que por otro lado también recoge parte de la prensa egipcia).


Ahmed Derini da por descontado que el hecho de que por la situación internacional se haya "suavizado" el trato a Egipto y se le vendan armas, significa que se apoya lo que el gobierno está haciendo. ¡Qué gran error! La retórica de los gobiernos occidentales, incluido el norteamericano, no es más que una forma de "cortesía" ("hipocresía" dirán algunos) mediante la cual se evita ser directos en beneficio de un "bien mayor" la "seguridad". Eso lo sabe El-Sisi como lo sabían Mubarak o Sadat. Si a Occidente le interesa que se luche contra el Estado islámico en la zona, debe mirar para otro lado en la injustificada seguridad que está eliminando a personas que nada tienen que ver con el Estado Islámico o los Hermanos Musulmanes. Lo que el gobierno egipcio quiere es volver a casa con unas fotos de abrazos y con un líder reforzado ante su opinión pública, diciendo así que todos los países apoyan lo que se hace y que Egipto está dando "otro regalo" a la Humanidad combatiendo el terrorismo. Y eso no lo va a conseguir.
Lo que los gobiernos digan dentro del campo de la diplomacia no es lo que la prensa va a decir, mostrando las críticas que los gobiernos no hacen ante la situación internacional. ¡Si se le acaban de dar bendiciones oficiales a Erdogan para que bombardee a los kurdos con tal de que les deje usar la base turca contra el IS!


La prensa y los gobiernos en sus versiones diplomáticas no tienen porqué coincidir. Su lenguaje y función son muy distintos. Derini pretende que los gobiernos deben llamar la atención a los periodistas que digan cosas de Egipto que no gusten al gobierno egipcio. Eso es una deformación del control de la prensa por parte de los gobiernos. Afortunadamente no es así.
Por eso es preocupante la insinuación que "el hombre de los medios" hizo sobre los planes reservados para el trato con la prensa cuando se vayan a hacer visitas o en cualquier otra circunstancia. Había insinuaciones y un carácter de advertencia. Aquí se confunde la prensa con las acciones de relaciones públicas. Le va a faltar dinero para publicar artículos pagados que no sean detectados, como ha ocurrido con la portada pagada de The Economist, patrocinada por la compañía inmobiliaria DMG.
Pero los argumentos contra informativos del autor del artículo en Al-Masry Al-Youm no pueden ir más allá de lo evidente. Ante la imposibilidad de negar lo que ocurre, sencillamente lo que no quiere es escucharlo:

Interestingly, he says “we Egyptians don’t need an Economist article to know that the economic system is not doing enough for the poor and we don’t need a Guardian article to know that there is torture in Egyptian prisons.” Derini realises that there is still much residual-Mubarakism in the apparatus of the state.
At heart, Derini is an apologist for the failures of the Egyptian government as it attempts to restore the country; the kind of pro-Sisi attitude that says, yes the government is guilty of many wrongs, “but they are working on it, give them time” – and it is a view widely held by Egyptians of all social classes.*

He escuchado muchas veces a muchas personas esa frase final: "estamos en ello, hace falta tiempo". Muchas veces me lo han dicho personas de buena voluntad que son llevadas a un conflicto interno importante. Lo que se pueda decir desde fuera no es lo mismo que vivirlo como presión dentro. Sabes que es cierto, pero el sentimiento que te provoca es el del callejón sin salida. Necesitas creer que hay una salida o que la están construyendo, que algún día la habrá. ¿Qué hacer si no? ¿Qué hacer en un sistema para el que no hay mucha alternativa? ¿Qué hacer si fracasó la revolución?


Ese "no necesitamos leer en The Economist que la economía va mal" es, en el fondo, un canto de impotencia, de deseo de que solo se escuchen las celebraciones, aunque sepas que al día siguiente quedará muy poco de la fiesta. Precisamente fue The Economist el que a mediados de julio tituló "Editor Sisi" mostrándolo como una figura en la sombra tras un informador.
No, los corresponsales extranjeros no tienen la culpa más que de sus errores interpretativos. Pero es fácil acusarlos de ser los responsables de la huida del turismo y los inversores, de la subida de la bolsa y de la depreciación de la libra, del aumento de la inflación y de contentarse con mantenerla con un dígito, como señalaba el ministro recientemente.
El papel de los corresponsales pasa a ser doblemente importante si la prensa local se suma a la propaganda y deja de manifestar sus opiniones reales por temor o censura. Intentar que los egipcios solo lean a quienes les digan y que quienes escriban digan lo que el gobierno quiera, es de una ingenuidad pasmosa. Los tiempos en los que era posible decir a todos el mundo cómo debía pensar han pasado; los tiempos en los que se podía controlar todo lo que se escribía también.
Habrá buenos o malos corresponsales, pero eso lo deben decidir sus lectores. O los periodistas que, como Emir Nader, debaten públicamente sus críticas.


Los corresponsales no escriben para los periódicos locales, pero si los egipcios los leen y los creen, es cuestión de plantearse por qué lo hacen. Hay grandes periodistas en Egipto que trata de escribir con honestidad crítica. No tratan hundir al país, sino de señalar los problemas con el ánimo de resolverlos. Pero Egipto lleva cuatro años llamando traidores a los que discrepan, acusándolos de ser agentes extranjeros, enemigos de la amada patria. Y eso se paga con lago peor que la crítica: con el silencio indiferente. Emir Nader escribe: "My point is that criticism and investigation is not a threat to Egypt and its recovery, it is exactly what we need to rebuild it."* Completamente de acuerdo.





* "On foreign journalists and criticism – a response to Ahmed Derini in Al-Masry Al-Youm" Daily News Egypt 12/08/2015 http://www.dailynewsegypt.com/2015/08/12/on-foreign-journalists-and-criticism-a-response-to-ahmed-derini-in-al-masry-al-youm/