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domingo, 17 de octubre de 2021

Tres radicales distintos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Una trágica coincidencia ha hecho que en el mismo día se recordara el asesinato del profesor Samuel Paty en Francia a manos de un yihadista checheno se produjera el apuñalamiento, al otro lado del Canal de La Mancha, de un diputado británico, Sir David Amess, mientras se encontraba en un mitin con sus electores, esta vez a cargo de un radical británico de origen somalí.

Extraña y significativa coincidencia porque se trató en un caso, el de Paty, de una escuela, por un lado, y de una actividad democrática, como el ocurrido durante el encuentro con sus electores. Hay que añadir en estos días la muerte en Noruega de varias personas a manos de otro yihadista, esta vez danés y convertido al islam. El caso es, en principio, diferente al resto y parece que su desequilibrio le hizo buscar el islam para dar salida a su violencia, algo que finalmente hizo y costó la vida a unas cuantas personas, cinco, dejando a otras heridas.

Acostumbrados a dar mucha importancia a los países, a lo nacional, lo que nos llama la atención es que a los asesinos no parece importarles demasiado, ya que su aspiración espiritual es precisamente considerar la nacionalidad como un elemento circunstancial, mientras que la fe es el esencial. Las naciones son un invento occidental que algunos se empeñan en retrotraer a pasados imaginarios, pero que en la realidad no funcionan así.

Los tres casos son muy diferentes por más que las causas sean distintas y los resultados sean muertes. El caso de Samuel Paty es el más complejo, ya que fue alentado entre los padres de algunos alumnos que se sentían "ofendidos" porque el profesor enseñara a sus alumnos que las caricaturas de Mahoma no debían ser consideradas como un insulto y debían ser considerada desde los valores de la república francesa. El profesor Paty tenía buenas intenciones y una confianza plena en los valores de la razón y el diálogo, algo que le costó la vida porque quien le mató y quienes lo animaron tenían en muy poco esos valores.


La fe republicana en la escuela es excesiva. El sistema educativo francés es uno de los más sólidos, pero no es sencillo inculcar unos valores si estos no residen también en las familias. Y ese fue el caso. Fueron las familias las que se escandalizaron y a través de las redes sociales mostraron su indignación hasta que apareció una "mano justiciera" que acabó con él. Recordarán que fue dando dinero a los propios alumnos para comparar la información necesaria para poder matarlo.

En RTVE.es se recuerda así lo ocurrido y la perspectiva con la que se ha convertido a Paty en un símbolo de los valores de la República: 

 

Un año después de que el profesor Samuel Paty fuera asesinado por mostrar en clase caricaturas de Mahoma, y después de la ceremonia en su recuerdo celebrada este viernes en las escuelas de Francia, el país ha extendido este sábado su homenaje a nivel institucional recordándolo como símbolo de la libertad de expresión.

"Rendirle homenaje es homenajear a la República, y con ella a nuestras libertades fundamentales", ha dicho el primer ministro, Jean Castex, en un acto en el Ministerio de Educación, donde se ha instalado una placa que indica que fue asesinado "por un terrorista islamista por haber enseñado y defendido los valores de la República".

El profesor de secundaria fue acuchillado y decapitado por un refugiado checheno el 16 de octubre de 2020 en las cercanías de un instituto de la periferia parisina de Conflans-Sainte-Honorine, días después de haber impartido una clase sobre libertad de expresión y laicismo en la que mostró caricaturas del profeta.

"Debemos seguir fieles a su memoria comprometiéndonos a defender esos valores que nos unen y son más modernos que nunca, y que se llaman libertad, igualdad y fraternidad", ha dicho el jefe del Gobierno, para quien Paty "solo cumplía su misión".*

 


El caso de Samuel Paty nos muestra precisamente un camino lógico, incidir en los valores republicanos del laicismo y la democracia, pero también un camino que refuerza los valores de los que ya los tienen mientras que les resbala a los que no comparten esos valores, como fue el caso por parte de una serie de familias de los hijos educados en las escuelas francesas. Fueron esas familias las que apuntaron a la cabeza de Samuel Paty, fueron los que crearon las condiciones para el asesinato convirtiéndolo en una "acto necesario" con el que ganarse el paraíso.

Seguimos sin profundizar ni entender algo que se resuelve tradicionalmente con una palabra "radicalización", pero que no suele arrojar mucha luz sobre el "proceso" en sí mismo, ya que de eso se trata, de un discurrir en el tiempo, algo con un principio variable, pero con una misma finalidad: acabar con la vida de unas o varias personas. En el caso de Paty, su muerte se planteó como una "ejecución", como un castigo a alguien que había hecho algo contra el profeta. El asesino se sentía verdugo justiciero, mano de Dios.

No tenemos mucha información sobre el caso del asesinato de Sir David Amess. Tenemos algo más sobre su asesino. La BBC señala hoy:

 

It is thought Mr Ali did not spend long in the Prevent programme - which aims to stop people becoming radicalised.

Teachers, members of the public, the NHS and others can refer individuals to a local panel of police, social workers and other experts who decide whether and how to intervene in their lives.

Engagement in the scheme is voluntary and it is not a criminal sanction.**

 


De nuevo aparece la cuestión de la "radicalización", esta vez como algo detectado pero que es difícil de detectar, por un lado, pero todavía más de erradicar. La posibilidad de "intervenir en sus vidas" no deja de ser una fórmula vacía ya que la gente que tiene ganas de matar no va por ahí diciéndolo. Solo en el tercer caso, el del noruego pasado al islam, se manifiesta un deseo antisocial de hacer daño.

El caso Paty es un ejemplo de grupos sociales donde los radicales manipulan a otros para convencerles de que hagan un trabajo criminal específico. Finalmente acaban encontrando a la persona que lo hace. Es un procedimiento habitual en los casos de imanes que se dedican a buscar posibles "ejecutores" y los van preparando meticulosamente. Los eligen con ciertas características de personalidad y con pasados turbios, pues la experiencia les dice que son personas manipulables y con deseo de redención tras hacerlos sentir culpables.


Los procedimientos que nos cuentan los británicos sirven de muy poco, por no decir de nada. Sirven para que la gente piense que se está haciendo algo, pero su grado de eficacia es mínimo por sus propias características.

En el tercer caso, el del noruego convertido al islam, las circunstancias son otras:

Descrito por la policía como un ciudadano danés de 37 años convertido al islam y señalado por radicalización, Bråthen admitió en su interrogatorio haber cometido el ataque con un arco y flechas antes de ser detenido. 

"Nos gustaría tenerlo en prisión provisional por al menos cuatro semanas", declaró la fiscal encargada del caso, Ann Siren Svane Mathiassen. El tribunal de Kongsberg decidirá sobre la cuestión el viernes por la mañana. Probablemente ni siquiera sea necesaria la presencia del atacante que, según la policía, no se opone a la encarcelación.

A la luz del modus operandi y de las alertas sobre una posible radicalización, los investigadores se inclinan por la pista de un acto yihadista. "No hay duda de que el acto en sí presenta indicios que sugieren que puede ser un acto terrorista, pero ahora es importante que la investigación avance y que se aclare el móvil del sospechoso", dijo el jefe de los servicios de seguridad noruegos (PST) Hans Sverre Sjøvold.

Tampoco se descarta la posibilidad de que Andersen padezca problemas mentales. "Es una persona con idas y venidas en el sistema de salud durante algún tiempo", indicó Sverre Sjøvold. La fiscal también asegura que el sujeto empezó el jueves a ser objeto de una evaluación psiquiátrica, pero sus conclusiones pueden tardar meses.***

 


De nuevo aparece la idea de "radicalización" cuando, como se aprecia fácilmente, las circunstancias son muy distintas. Matar a cinco personas y herir a otras no es un cierto rasgo de "inestabilidad" o se puede considerar "normalidad". Definir un "acto terrorista" es complejo porque se entremezclan conceptos muy distintos: objetivos, intenciones y estados mentales, junto a los mecanismos de auto justificación. ¿Deja de ser un "acto terrorista" si se comprueba que el noruego no está en sus cabales? ¿Qué diferencia existe entre alguien que mata a cinco personas y hiere a muchas considerándose "musulmán" y otro que no lo es? Nos dicen en El Mundo:

 

El sospechoso "es un conocido" de los servicios de seguridad noruegos (PST), aunque se dieron pocos detalles de él. "Ha habido temores vinculados a una radicalización anteriormente", explicó un responsable de la policía, Ole Bredrup Saeverud. Estas sospechas se remontaban a 2020, incluso antes, y dieron lugar a un seguimiento policial.

Según medios noruegos, Bråthen tenía algunos antecedentes judiciales. En 2020 se le prohibió visitar a dos familiares por haber amenazado de muerte a uno y en 2012 había sido condenado por robo con allanamiento y compra de hachís.

En un video de 2017 recuperado ahora por varios medios, se le ve predicando su fe en tono amenazador: "Soy un mensajero. He venido con una advertencia: ¿Es esto realmente lo que queréis? (...) Sed testigos que soy musulmán".*** 

Creo que tenemos que definir mejor los criterios para tipificar los casos. A Paty le mataron por enseñar las caricaturas tratando de hacer entender los valores republicanos; a sir David Amess le han matado, no está claro todavía, porque era una figura política y estaba en el sitio cómodo para matarle, no sabemos si por simple notoriedad, por algún tipo de principio o simplemente porque se le cruzaron los cables al británico somalí, que no va a ir al paraíso sino a pasar el resto de su vida en una cárcel británica. En una cárcel noruega o en un psiquiátrico lo acabará pasando el noruego Bråthen.


Son tres criminales muy distintos, todos con efectos muy negativos. Si no se abre el concepto de "radicalización" a los matices, no servirá de mucho. El somalí y el noruego habían sido vigilados hasta fechas recientes, según nos dicen, o habían pasado por programas de desradicalización, en el caso británico.

Puede que nuestro problema esté en que, una vez que el radicalismo —entendido como una forma ideológica determinada que deriva en violencia física y asesinatos— está aumentando de muchas formas y en muchos sitios.


Paty no logró convencer a algunos de sus alumnos de lo que quería, enseñar convivencia; el británico pasó de los sistemas de desradicalización diseñados por las autoridades; el noruego se lo buscó el solo y sorteó a los que temían cómo acabaría. Hay tantos radicales sueltos que la radicalización pasa desapercibida. Quizá a ello contribuya el cada vez más intenso sentido de frustración e ira que va buscando una idea en qué encarnarse y un objetivo sobre el que descargar su energía negativa.

La radicalización en Europa debe ser revisada para ser eficaz. Mientras tanto, en el radicalizado Afganistán de los talibanes, un atentado contra una mezquita chií, deja decenas de muertos y heridos. Tenemos que intentar comprender, por nuestra propia seguridad, qué es este fenómeno lleno de aristas, diverso y destructivo, que unas veces busca su víctima con esmero y otras es ciego es su deseo de destruir. Hay que prevenirse ante todas las formas radicalizadas, ante el odio creciente que se manifiesta de múltiples formas y lugares, entre nosotros y en lejanos lugares.



* "Francia amplía su homenaje a Samuel Paty como símbolo de la libertad de expresión" RTVE.es 16/10/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211016/francia-amplia-su-homenaje-samuel-paty/2193000.shtml

** Marie Jackson & Dulcie Lee "Sir David Amess: MP murder suspect held under Terrorism Act" BBC 17/10/2021 https://www.bbc.com/news/uk-58943184

*** "Espen Andersen Bråthen, el asesino de Noruega: un danés convertido al Islam y señalado por radicalización que podría tener problemas mentales" El Mundo 15/10/2021 https://www.elmundo.es/internacional/2021/10/15/6169265021efa03b158b45b4.html

martes, 9 de marzo de 2021

Historia (vulgar) de Z

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



No hay que dejar caer ciertos casos en el olvido, sobre todo porque muchos cuentan con él, como en los casos de los asesinatos de Giulio Regeni o de Shaimaa al-Sabbagh ambos en Egipto. En otras ocasiones, la tendencia mediática a fascinarnos con lo inmediato hace que muchos hechos puedan quedar al margen del foco diario. Es lo malo de pensar en términos de "noticia" o de "actualidad".

El caso del asesinato del profesor Samuel Paty no debe ser olvidado. Un profesor que es que es degollado por un extremista de 18 que es guiado hasta él por una serie de conexiones que nos permiten comprender mejor las conexiones y mentalidades que rodean este trágico caso en el que una clase sobre la Libertad de Expresión se convierte en un ejercicio de lo contrario. El crimen final es el resultado de una serie de fuerzas que se van conectando hasta llegar al momento del asesinato. Hay un comienzo y un final. Es como un problema en el que se van dibujando los puntos que permiten establecer el recorrido del odio.



La BBC, donde primero vi la noticia, hablaba escuetamente sobre las mentiras de una de las chicas de la clase, de 13 años*. Ella era la que habría encendido la mecha que acabó con la muerte de su profesor a manos de asesino.  El texto habla de una "espiral" trágica que llevó al asesinato. Una espiral, sí, podemos llamarlo de esta manera y tratar de no pensar demasiado en el encadenamiento del absurdo que rige muchas veces nuestras vidas; son los entrecruzamientos de líneas imprevistas, de trivialidades, de azares.

La mentira inicial es relevante. Hay que conocer la trivialidad, la vulgaridad de los motivos de la muerte en casos en casos como este, en el que todo se disfraza con el nombre de Dios, al que se dice servir como brazo ejecutor. Hay que dejar al descubierto la perversa vulgaridad del motivo para comprender hasta qué punto las grandes palabras acaban tomando forma en pequeñas cabezas.

En Le Monde —con información de Le Parisien— encontramos un relato detallado en el que la chica reconoce haber mentido en la versión que le contó a su padre. Con esa versión, el padre comenzó a realizar llamamientos por las redes sociales contra el profesor. Esos llamamientos acabarían en manos de un predicador islamista que encontró allí su causa y la forma de expandir su ira y odio. El siguiente eslabón será el final de la cadena, el asesino checheno, de 18 años, que sería finalmente quien levantaría el cuchillo para degollar a Samuel Paty.



Los dos párrafos finales de Le Monde son desoladores al mostrarnos esa trivialidad de las cadenas de acontecimientos, la cutrez del destino que lleva a la muerte como culminación de despropósitos.  Nos explica el diario francés:

 

« Ce mensonge aux conséquences tragiques s’inscrit dans un contexte familial : complexée par la réussite scolaire de sa sœur jumelle, Z. n’aurait pas osé avouer à son père les motifs réels de son exclusion peu avant le drame, liés en fait à son mauvais comportement », écrit Le Parisien. Poussée dans ses retranchements par les policiers qui lui demandent si elle n’a pas « inventé cette histoire de caricature pour se sentir exister » aux yeux de son père, lui rappelant qu’elle est souvent « comparée » à sa jumelle, « bien plus assidue », l’adolescente est passée aux aveux : « J’ai menti sur un truc. » Z. explique qu’elle n’a jamais vu les caricatures projetées par Samuel Paty, ni le 5 ni le 6 octobre.

« C’est en fait une fille de sa classe qui lui en a parlé le mercredi 7, au lendemain du cours sur la liberté d’expression, auquel elle n’a pas assisté en raison de son exclusion, motivée par son absentéisme chronique », relate Le Parisien.**

 


La rivalidad entre dos gemelas, Z displicente y la otra trabajadora, estudiosa. la una expulsada por su mal comportamiento que trata de disfrazar sus faltas con una acción heroica a los ojos de su padre, un padre de fácil encrespamiento, de facilidad para convertirse en líder de las denuncias, en el hombre religioso que reclama venganza buscando un protagonismo ante su comunidad.

¡Cuántas veces ha buscado Z una ocasión de superar a los ojos de su exigente y perfecto padre a su gemela, dechado de virtudes! La chica había dicho a su padre que fue expulsada dos días de clase por la cuestión de las caricaturas para cubrir su expulsión anterior.

La frase en Le Monde nos revela es drama de la necesidad de la aprobación paterna: "« inventé cette histoire de caricature pour se sentir exister » aux yeux de son père". Z, nos dicen, no existía a los ojos de su padre, que solo daba existencia con su mirada a la gemela de su preferencia. La mirada del padre, la existencia o la invisibilidad, el ser y el no ser. Comprendemos ese vivir marcado por la sensación de inexistencia.



Las mentiras de Z no tienen disculpa, pero tienen una cierta explicación en esa mirada buscada, en esa necesidad de salir del vacío, de tapar sus fallos con excusas. Y la clase sobre la Libertad de Expresión con la caricaturas del profeta le brindaban la ocasión perfecta para justificar su ausencia, darle un sentido "noble" a los ojos de su padre.

Este podía haber aceptado simplemente la historia de su hija. Pero no se quedó ahí. Necesitaba la ocasión de mostrarse indignadamente virtuoso ante la comunidad. Era su forma de aumentar prestigio. También él busca una mirada y lo hace con persistencia, los tres mensajes grabados que cuelga en la redes solicitando acciones contra Samuel Paty.



La búsqueda de protagonismo de hija y padre encuentra pronto otros ansiosos por liderar la comunidad, el predicador islamista que atrae nuevas miradas mostrando exaltado su indignación, exigiendo medidas, pidiendo que el blasfemo se castigado como se merece. Sus mensajes se difunden hasta que finalmente será un joven de 18 años, deseoso de entrar pronto en el paraíso y que se cumplan ya todas las promesas que se le hacen al que realiza la yihad, ese esfuerzo voluntarioso para llegar a Dios, decide hacerlo cortando el cuello de Samuel Paty. Sus deseos serán cumplidos y caerá abatido a tiros por la Policía. No sabemos si sus deseos se cumplieron.

Ahora el protagonismo buscado se invierte. Los que buscaban atraer las miradas han encontrado un tipo de atención distinto al que buscaban. Z tendrá que vivir toda su vida con el remordimiento de la mentira y con haber hecho mejor indirectamente a su gemela. El padre tendrá un mayor protagonismo cuando sea condenado por incitación al asesinato, convirtiéndose en héroe de todos aquellos que envidiarán su firmeza denunciando al profesor muerto por las mentiras de su hija. El predicador también verá aumentado su prestigio y los años de cárcel que le puedan caer serán vistos como piezas importantes en su camino al paraíso. Todos consiguieron la atención que buscaban de un padre, de una comunidad, de un asesino.

La Legión de Honor reposó durante unos instantes sobre el féretro de Samuel Paty, profesor de Geografía e Historia, que decidió enseñar tolerancia.

 

 

* "Samuel Paty: French schoolgirl admits lying about murdered teacher" BBC 9/03/2021 Samuel Paty: French schoolgirl admits lying about murdered teacher

** "Attentat de Conflans : la collégienne à l’origine du drame reconnaît avoir « menti »" Le Monde 8/03/2021 https://www.lemonde.fr/societe/article/2021/03/08/attentat-de-conflans-la-collegienne-a-l-origine-du-drame-a-reconnu-avoir-menti_6072330_3224.html

viernes, 30 de octubre de 2020

Todos somos Francia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El atentado de ayer en Niza hace ver que lo que dijimos el día anterior sobre la espita que se estaba abriendo no iba desencaminado. De poco sirve que haya sido la Turquía de Erdogan de las primeras en condenar el atentado que ha dejado tres nuevas muertes cobardes. Es más bien la confirmación de su apresuramiento para no ser apuntada con el dedo por la virulencia de los ataques contra Francia y, en especial, los insultos a Macron, lanzados por el propio presidente turco, empeñado en tirar la piedra y esconder la mano, en apuntar contra la sociedad francesa y después intentar despegarse de los efectos de su hipócrita ira incendiaria. Erdogan, como otros dirigentes e instituciones del mundo islámico están jugando con fuego, con el fuego de la ira, llamando con cinismo a una violencia de la que luego pretenden deslindarse. Sin embargo, ese juego está ya demasiado manoseado; pero, pese a ello, les funciona.

De nuevo: ciertos dirigentes musulmanes están empeñados lanzar encendidas diatribas porque se juegan el liderazgo en una rivalidad por la influencia en la zona, por un lado; por otro, tratan de evitar ser señalados como débiles frente a una guerra contra occidente y sus valores. Con esta forma de liderazgo pretenden eludir las críticas que los islamistas les dirigen si no actúa, acusándolos de ser cómplices con el descreído occidente con el que, por otro lado, mantienen intercambios militares, comerciales, etc. Las condenas a Francia se han sucedido en todos los países musulmanes, no en "algunos", como repiten algunos medios y periodistas. Nadie ha querido quedarse atrás, contribuyendo todos a este clima de violencia que se genera en las bases callejeras, controladas por los grupos islamistas locales. Nadie les reprime y la presión llega a los palacios presidenciales en donde nadie quiere ser acusado de poco piadoso, el fundamento del liderazgo.

El retroceso hacia el integrismo tras la Primavera Árabe es un hecho. Los gobiernos compiten en una espiral conservadora, que se manifiesta claramente en las condenas, de Erdogan y al-Sisi a la Universidad de Al-Azhar. Cuando pocas horas después se produce la traducción de las airadas palabras a los sangrientos hechos, llegan las condenas y el tratar de separar el radicalismo verbal del factual. Pero, por mucho que lo intenten, la continuidad entre los palacios y la calle está asegurada por los imanes que llaman a la venganza, las fatuas contra Macron, Occidente, los cristianos, etc.

El atentado primero fue contra la escuela y lo que representa en Francia, como un eje de los valores de libertad republicanos; el segundo ha sido en el interior de un templo, centrándose esta vez en los valores religiosos. Se ha asesinado a un sacristán y a dos mujeres que asistían a la iglesia. Ha ocurrido mientras todavía se estaban quemando banderas francesas, retratos de Macron y se boicotean los productos franceses en los supermercados, de Egipto y Jordania a Indonesia y Arabia Saudí, pasando por los países del Magreb, agitados por los imanes radicales y los que no quieren dejar de parecerlo. El narcisismo de líder que congrega a los radicales le permite convertirse en brazo ejecutor divino, en vengador.

De la misma manera, los que atentan lo hacen alentados por las palabras y las imágenes de los que demandan venganza y un paso más en su "guerra santa mental", la que viven a través de los medios y redes sociales que crean su público radical porque de eso se vive muy bien y está cada vez mejor visto.

Llama la atención que los dos asesinos, el del profesor Samuel Paty y el de las tres víctimas de Niza, tengan en común dos características: la extremada juventud (18 y 21 años) y su poco tiempo en Francia. Tanto el checheno como el tunecino habían llegado a través de su situación como refugiados, regular el primero, irregular el segundo, desembarcado no hace mucho en Lampedusa.

Son dos elementos que no se deben perder de vista, juventud y poco tiempo de residencia occidental. El estudio de sus conexiones, tanto occidentales como en diversos países musulmanes son importantes. Del checheno se sabe que conecto telefónicamente con grupos en la zona de Siria bajo control turco. No hay mucha información sobre el tunecino, que habría llegado a Italia y de allí habría pasado a Italia. Túnez es el país con mejores resultados democráticos tras la Primavera, casi el único. Que el asesino confeso (está orgulloso de ello) sea tan joven, refugiado y haya llegado desde Túnez (un país tranquilo) a Lampedusa y de ahí a Francia para, en poco meses, radicalizarse cometiendo un tripe crimen en un atentado, es realmente preocupante y signo que hay que interpretar.

Los círculos del joven checheno eran claramente radicalizados, empezando por su familia, pese a que quedan muchos puntos oscuros en el asunto. Rápidamente se desveló una red de conexiones que iban de los chats de padres del colegio a puntos perdidos en Siria, pasando por imanes radicales en Francia. El caso del tunecino es más oscuro, por ahora.

Aunque las nacionalidades no sirven para comprender el fenómeno del integrismo, que es supranacional, religioso e ideológico, sí sirven para comprender las circunstancias de acoso que pueda haber en cada país. Hay países donde los que se exilian son demócratas y laicos y otros de los que se expulsa es a los radicales, que es lo que hizo Gadafi cuando se sintió amenazado, avisar a Occidente que dejaría de controlar su frontera. Es lo mismo que hace el turco Erdogan, amenazar con dejar de filtrar. Cuando los extremistas son incontrolables, lo fácil es exportarlos hacia el exterior. Crean un problema en Occidente, en el país al que llegan, y además hacen crecer el rechazo a los refugiados, que son identificados como peligrosos. De esta forma, se libran de los que les molestan, trasladan el problema a los países de acogida y crean un sentimiento anti islámico que les interesa mantener para vender que son líderes religiosos además de políticos, vendiendo liderazgo piadoso para mostrarse ante las bases agitadas por los islamistas radicales.

De esta forma, los perjudicados son los auténticos refugiados o exiliados, que ven crecer el sentimiento de rechazo alentados por populistas y la extrema derecha, que usa los atentados para soliviantar a sus propios electorados o comunidades en sus países. Con cada atentado, se hace crecer el sentimiento de rechazo, aumentando el drama que se vive en la zona, emparedados entre una violencia que les desplaza y otra violencia con la que son recibidos. Los gobiernos de la zona se deshacen de los peligrosos, trasladando a los países occidentales el peligro. Podemos quejarnos (y debemos hacerlo) de Erdogan, pero no es el único. No hay que engañarse.

En estos momentos, lo más importante es mostrar que "todos somos Francia", que no se puede ceder al chantaje ni del terrorismo ni de las hipócritas e interesadas reacciones de los gobiernos y autoridades religiosas, cuyo juego peligrosísimo está costando vidas. Comprender el sentido de este juego es esencial para no caer en reacciones que favorezcan esta estrategia. Para ello es esencial no solo la unidad europea, sino una mayor inteligencia en la comprensión del problema, un apoyo claro a los intelectuales laicos, que los hay, darles medios para que puedan hacer llegar sus ideas y que no se escuche solo a los radicales o a sus cómplices en el poder.


Hoy todos somos Francia porque sus valores son los nuestros y hay que ser firme en no consentir el chantaje, el miedo o la imposición del radicalismo retrógrado y fanático, oscurantista, que busca seguir sometiendo a pueblos empobrecidos por sus mandatarios, fanatizados por sus radicales que convierten la ignorancia en forma de control social, de seguir manteniendo el presente en el pasado, rechazando la modernización, el cambio histórico y pretendiendo, como los salafistas, reproducir como perfecto el mundo en el que vivió el profeta. El problema es que este cambio solo se puede producir desde dentro y las primeras cabezas que se cortan son las de los verdaderos reformistas, las de los que predican la libertad de conciencia o la democracia, los que hablan de convivencia, tolerancia y de abrir la sociedad al mundo para lograr una modernidad que se teme porque saben que con su llegada se acabarán muchos privilegios.

Estamos con Francia y estamos con los que se juegan la vida en muchos países por intentar convertirlos en sociedades abiertas y requieren de apoyo, entre otras cosas, porque comparten valores de libertad. Basta de apoyar tiranos en nombre de los negocios, de transigir con autócratas cuya única respuesta será siempre la manipulación del odio para seguir en el poder. 

Somos europeos, somos el profesor Samuel Paty enseñando libertad de expresión, somos —creyentes o laicos— el sacristán de Niza y las dos fieles asesinados todos por el fanatismo y la ignorancia. Que nos nos empujen ni al radicalismo ni a la ignorancia porque dejaríamos de ser igualmente quienes queremos ser, europeos, con valores solidarios y liberales, democráticos y con una cultura de tolerancia. Por eso hay rechazar este fanatismo y pedir respuestas claras y directas, firmes. Somos Francia. Que nos nos arrastren ni al integrismo, al miedo o a la intolerancia. Reafirmemos nuestros valores positivos.

martes, 27 de octubre de 2020

La perplejidad francesa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La defensa de Macron de las libertades de la República Francesa ha tenido una respuesta poco saludable desde muchos rincones del mundo islámico, que no ha condenado —de forma también poco saludable para su propia imagen exterior— de forma lo suficientemente contundente el atentado criminal contra el profesor Samuel Paty, decapitado de forma bárbara en plena calle por un joven terrorista camino del paraíso, bien alentado por su familia, círculos de indignados por su labor dentro y fuera del colegio, la venta de información de alumnos, la condena de Al-Azhar, de algunas autoridades y alguna que otra fatua. Tras todos estos alientos indignados, el asesino es la punta del iceberg, el punto en el que confluyen todas esas fuerzas, y parte de un siniestro e hipócrita juego por parte de los gobiernos de algunos países cuyo doble lenguaje hemos comentado aquí en muchas ocasiones.

El corresponsal en París de La Vanguardia, Eusebio Val, manifiesta el asombro francés ante esta extraña forma de condolencia manifestada en la calle de algunos países y por sus dirigentes: 

En Francia hay una mezcla de inquietud, perplejidad e indignación por una situación que se percibe como el mundo al revés. Ven una corrupción de los argumentos, una manipulación obscena de la realidad, con el riesgo de alentar el terrorismo. Hace pocos días el país sufría un atentado brutal, de fuerte simbolismo –la decapitación de un maestro al salir de su escuela, cerca de París–, una declaración de guerra a lo que Francia encarna, a la libertad de pensamiento, a la herencia de la Ilustración. Un yihadista checheno lo asesinó por haber mostrado caricaturas de Mahoma en una clase dedicada a la libertad de expresión.

En vez de encontrar solidaridad, Francia es castigada con groseras descalificaciones a su jefe de Estado y llamamientos a no comprar sus productos. En las redes sociales se denigra con montajes fotográficos ofensivos a Macron y a su esposa Brigitte. Son métodos de países en guerra y de regímenes totalitarios.

Ya se sospechaba la larga mano de Erdogan en el boicot comercial, pero ayer se despejó cualquier duda. El propio líder turco, en un discurso, se sumaba a la acción punitiva. Además de Turquía, las represalias contra París se dan en Qatar, Kuwait, Jordania y Libia. Ha habido manifestaciones en Gaza, Trípoli y Tel Aviv. En el caso de Qatar, la contradicción es evidente. El rico emirato gasístico es un gran comprador de armamento francés, incluido el cazabombardero Rafale, pero ahora se retiran de sus estanterías los quesos y cosméticos galos.* 

La hipocresía se percibe claramente en ese párrafo final relativo a las compras de armamentos por gobiernos que no les hacen ascos a todo aquello que les interesa mientras que alientan por debajo la irritación popular, que esa agitada por todo tipo de predicadores, grupos islamistas y demás. Hemos señalado aquí en múltiples ocasiones el juego del doble lenguaje de las sonrisas gubernamentales mientras que se alienta en la base un sentimiento anti occidental, en este caso anti francés. Es la forma que tienen esas élites enriquecidas y corruptas de mantenerse en el poder, negocios oscuros y agitación popular. De esta forma se enriquecen en los negocios y se aseguran el armamento que les mantiene en el poder mientras que se muestran ante sus pueblos como defensores de la fe frente a la corrupción occidental, cuna del ateísmo, el feminismo y visiones perversas y antinaturales del poder.

La perplejidad francesa es que acaban siendo ellos los condenados por el triple hecho de haber publicado las caricaturas, haberlas exhibido en una clase de libertad de expresión y finalmente por haber condenado el extremismo islamista. Los dos primeros hechos son condenables como blasfemias, algo por lo que en muchos de estos países puedes tener pena de muerte si no se anticipa algún piadoso ciudadano; y el tercero es condenado de forma contradictoria como "islamofobia", con lo que se da la vuelta a la tortilla y aquí no ha pasado nada.

Es siempre el mismo juego. El problema es que en un mundo global ya no basta con tener aislado a tu pueblo para tenerlo controlado y sumiso. Hoy, el crecimiento de los grupos radicales se basa en la agitación antioccidental que los gobiernos ven con preocupación pues saben que es la única vía de enganche hacia la sublevación. El fracaso de la Primavera Árabe, como hoy se proclama, sirvió a muchos gobiernos a entender con qué facilidad se puede levantar la gente. El problema de un movimiento no religioso, como fue la Primavera, es que carece de organización como para ir más allá de la sacrificada algarada. Pero tras estas protestas sí hay organización, la única posible en unos países en los que se ha hecho el vacío entre un poder autoritario y unos grupos sociales autoritarios lanzados en dos direcciones: contra Occidente y contra sus poderosos dirigentes. El liderazgo islámico se basa en el cumplimiento de las leyes islámicas, como muy bien repite la funcionarial institución de Al-Azhar y demás instituciones que convencen a la aceptación de la obediencia mientras el poder favorezca los mandatos coránicos.

Pero hay más luchas en Oriente Medio, aunque todas pasen por el mismo punto. Me refiero a la figura de Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco, cuya guerra, una vez asentado el poder en Turquía mediante el desmantelamiento, persecución y encarcelamiento de cualquier oposición. Sabedor de la creciente debilidad de Occidente en los países de la zona por el vacío dejado por los Estados Unidos, aunque Trump no se haya enterado, Erdogan busca afianzarse como un líder global de la zona, amparándose en la debilidad de unos y la organización fuerte de otros. Me refiero al crecimiento en la sombra de los Hermanos Musulmanes, muchos de cuyos dirigentes se encuentran en Turquía, desde donde mantienen sus lazos ramificados por la zona.

El artículo en La Vanguardia se cierra con una mención expresa: 

El diario conservador Le Figaro publicó un editorial muy duro contra Erdogan, a quien llamó “hermano musulmán” –como la cofradía islamista– y comparó su “política del insulto” con la de Hitler. Según el rotativo, el presidente turco pretende “movilizar a los islamistas de todo pelaje contra Francia” porque ha sido el país que más ha criticado las injerencias turcas en Siria, Libia, Nagorno-Karabaj y el Mediterráneo oriental. Le Figaro advertía que el insulto es algo a tomar muy en serio porque, “para los islamistas, suele ser una invitación a matar”.* 

El boicot a los productos franceses y los insultos a Macron por parte de Erdogan forman parte de esa "estrategia del prestigio" islámico que Erdogan ha estado practicando con sus enfrentamientos con Europa, especialmente con Alemania —Merkel le paró los pies— y ahora con Francia. Pero todo obedece al mismo principio. Una vez que Europa frustró las esperanzas de Turquía de entrar en la Unión, Erdogan se quitó la careta de líder autoritario y faltón, que es concepto de liderazgo que funciona con las bases.

La desaparición del Estado Islámico deja abierto el espacio terrorista a grupos en la sombra (que agitan) y exaltados que ejecutan, pero el objetivo es el mismo, mantener abierta una guerra contra aquellos que consideran una influencia irrefrenable por efecto de la globalización de las comunicaciones, que abre las sociedades y obliga a la contra información.

Los casos como el de las "caricaturas" son utilizados para mantener viva la política agresiva y restrictiva. Así Occidente no se identifica con libertades y democracia, sino con la blasfemia, la islamofobia, la destrucción de las familias, etc., que es la campaña que se mantiene constante. Hoy, en Oriente Medio, es normal pensar, gracias a los artículos de prensa, las redes sociales o las declaraciones de sus dirigentes, que la Primavera Árabe fue un movimiento "occidental" para destruir el islam, que sus activistas estaban al servicio de la CIA; se repite una y otra vez que el "Estado Islámico" no es "islámico" sino una maniobra occidental para desprestigiar al islam; que el hecho que se grite "¡Alá es grande!" antes de decapitar a alguien es una mera casualidad, que en modo alguno tiene un sentido religioso. Y se podrían seguir añadiendo casos.

Mientras no solo no se frenen sino que se alienten condenas desde las instituciones (condena de Al-Azhar) y mientras esas condenas sean consideradas como sentencias de muerte por parte de los que lo quieren ver así, no habrá forma de ignorar lo que ocurre.

El boicot de Erdogan y Turquía a los productos franceses es otra forma indirecta de atacar y, a su manera, de mostrarse como el nuevo Nasser, el líder que pondrá al mundo islámico en el lugar que le corresponde como destino indudable. No hay más que una forma de entender el hecho y todo se interpreta en clave anti occidental. Y los muchos que opinan de otra manera se cuidan mucho de mostrarlo, pues supone una condena de muerte igualmente, una causación de ser un traidor occidentalista, de estar contra Dios, la familia, el islam en su conjunto. Y siempre habrá alguno que se preste a ser la mano ejecutora cuidadosamente inducido con las ventajas de llegar bien recomendado al paraíso, como ha ocurrido con el yihadista (otro término que, aunque ellos mismos se apliquen no gusta, que se utilice). Se trata, una y otra vez, de eliminar cualquier huella, mientras que por otro se busca la "islamofobia" a todo trance para mantener unido al grupo y prestigiar a los que denuncian la perversidad de occidente.

Esta actitud es, como hemos advertido, además de un fraude, un semillero de radicalismo que crece hasta que la cuerda se tensa tanto que ya no es necesario excusa para cometer el atentado, que es visto socialmente aceptable por sectores que se van radicalizando. Lo que enseña el atentado criminal de París es esa extensión de la trama: los que condenan y rechazan y los que finalmente actúan como brazos ejecutores de la sentencia implícita de muerte.

Y todo esto irá a más conforme las luchas sociales, políticas y religiosas internas se acrecienten. 

* Eusebio Val "Macron planta cara al boicot islámico a los productos franceses" La Vanguardia 27/10/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20201027/4936764364/macron-planta-cara-al-boicot-islamico-a-los-productos-franceses.html

miércoles, 21 de octubre de 2020

Samuel Paty y la indiferencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El titular del diario ABC es como un latigazo, "Varios alumnos señalaron al profesor francés a su asesino a cambio de dinero", complicando la perspectiva binaria del horrendo asesinato del profesor francés Samuel Paty, decapitado por un loco inducido de 18 años deseoso de llegar al Paraíso por la puerta grande.

A la perspectiva del blanco o negro, con la república y sus valores o contra ella, se añade otra inédita que es la del colaboracionismo, a la que Francia —y muchos otros países— no es ajena. ¿Por dinero?, se preguntarán horrorizados algunos. Parece que el asesino, que desconocía la cara de su víctima, pidió a algunos alumnos que se lo marcaran a cambio de dinero. ¿Ingenuidad? Quizá la simpleza de la vida, en la que consigues lo que pagas.

En ABC nos dicen:

Los investigadores creen que varios alumnos señalaron a cambio de dinero al profesor Samuel Paty, asesinado el pasado viernes junto a la escuela en la que trabajaba en la región de París, al yihadista que lo decapitó.

El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, indicó este martes que «hay elementos que dejan pensar eso», horas después de que se confirmara que también habían sido detenidos cuatro estudiantes y que un quinto quedó rápidamente en libertad sin cargos, por las sospechas de su implicación en el desarrollo del atentado.

En una entrevista al canal «BFMTV», Blanquer subrayó que si se verifica esa versión «sería de una extrema gravedad» y vendría a demostrar «la penetración entre los más jóvenes de una cierta visión del mundo», la del «islamismo fundamentalista», a través de las redes sociales y de ciertos organismos.* 

No sabemos quiénes han sido esos delatores, esos chicos de los que sí sabemos, en cambio, dos cosas con claridad: saben el valor del dinero y no conocen el valor de la vida humana.

La cruzada de Macron contra el radicalismo islamista debería ampliarse más allá pues son los valores de la escuela republicana los que han sido heridos en esa doble vertiente, tanto por la violencia directa contra Samuel Paty, como la de los jóvenes que vendieron su vida por probablemente menos de treinta monedas.

Con estas informaciones, la conclusión del tercer párrafo del artículo de ABC entra en la contradicción reduccionista de, si son "radicales", ¿por qué necesitaban pedir dinero? y nos enfrenta al hecho crítico: si no eran, ¿fueron colaboracionistas por el dinero? La hipótesis más benévola es la que les aleja del radicalismo para centrarlos en una mezcla de ingenuidad, codicia y estupidez, que no son precisamente los valores de la escuela republicana o no.

La conclusión es que el asesinato, ejecución sumaria, del ciudadano Samuel Paty deja al descubierto las grietas de nuestra educación. Es un ejemplo del radicalismo, sí, pero también una demostración de que nuestros sistemas educativos están fallando en valores precisamente porque son los valores lo que nos están fallando en una sociedad cuyas fuerzas institucionales están siendo sustituidas por esos laberintos de opinión que constituyen las redes sociales, una forma de interacción incontrolada que afecta en muchas dimensiones y que, sin duda, está formando la visión del mundo de una generación que crece con ellas como una referencia.


Las redes son espacios interactivos, espacios en los que se intercambia información, canales de influencia. Eso lo sabemos sin demasiado camino por recorrer. Lo que no somos capaces de establecer es el papel que juegan frente a los mecanismos institucionales tradicionales, como ocurre con la escuela.

El concepto de aprendizaje o formación es más amplio de lo que nos gustaría. No solo aprendemos en los espacios destinados a la enseñanza, como la escuela. Aprendemos de todo lo que nos rodea y de todo lo que recibimos. Se suele plantear —y así lo tenemos desde el siglo XVIII en que surgió la Pedagogía ante la necesidad, precisamente, de formar "ciudadanos" con valores comunes— la relación "familia-escuela" y lo que ocurre con las divergencias.

El asesino de 18 años procede de un entorno en el que la familia lo es todo —han sido detenidos— y en el que la verdadera escuela es la combinación de la mezquita y la escuela coránica, cuyos efectos radicales han desembocado en su acción criminal, para él heroica. Se ha cerrado una mezquita radical y se ha detenido a un imán radical que lanzó a los que quisieran seguirle el mensaje apuntando a Samuel Paty. Se ha detenido al padre radical que lanzó vídeos contra el profesor. Es fácil actuar contra el radicalismo... cuando ya ha actuado.

Pero el problema que nos presenta el pago por la delación, por apuntar al profesor al que todos sabían que estaban buscando, pues el incidente llevaba ya algún tiempo, abre otras dimensiones, hacia el otro lado de la moneda. La indiferencia que se deja comprar.

El caso de la muerte de Samuel Paty abre una percepción nueva del problema más allá del radicalismo. Si este último plantea el problema del fanatismo, en el otro extremo está un mal muy peligroso, la indiferencia.

Los homenajes sentidos por parte de alumnos, padres, vecinos, autoridades, grandes manifestaciones, flores, etc. encubren también un problema más general, el de la facilidad de conseguir que fuera señalado con un poco de dinero.

Macron ha citado en la residencia a los responsables de las redes sociales para exigirles más dureza con los grupos que las usan para expandir los mensajes de odio, pero ¿qué pasa con esa indiferencia, ese cálculo económico que hace que se señale a la víctima por pertenecientes a la comunidad que ahora le llora?

Necesitamos la pluma magistral de alguien que haga el mismo examen del colaboracionismo. Necesitamos la pluma de un nuevo Moravia para reescribirnos "El conformista", los mecanismos psicológicos y sociales mediante los cuales convivimos con la barbarie; necesitamos volver a plantearnos la indiferencia del Mersault camusiano en El extranjero. Necesitamos... sí, precisamente eso que nos falta, un rearme moral, una cultura que nos defienda ante la indiferencia, el gran problema de una sociedad que se mueve por lo trivial —algo que la pandemia está dejando en evidencia—, con las prioridades basadas en el consumismo, que ve el mundo desde la plácida atalaya de un bar, sin ver más lejos. Y solo el interés nos saca de lo trivial, no los principios o valores. ¿Por qué no dejó la escuela clara su actitud cuando comenzaron los ataques? ¿Por qué siempre las manifestaciones son post mortem?

La lucha de la sociedad francesa, como todas nuestras sociedades, es precisamente que esa indiferencia interesada, movida a golpe de atención, de griterío, de insultos en las instituciones que debería promover el respeto, la dignidad y los valores comunes, promueven lo contrario. Frente a esta indiferencia controlada, dirigida por el consumo, tenemos un creciente  movimiento de radicalización, dogmático y con vocación de martirio, alentado por furibundos teóricos que lanzan sus fatwas —como ahora sabemos que se hizo contra Samuel Paty— pidiendo "cabezas" a sabiendas que les traerán cabezas. 

Si no exportamos democracia, importaremos radicalismo. Por eso es tan importante abrazar menos dictadores y apoyar más a los que creen en las libertades. Lo que vemos en el mundo es el aumento del radicalismo, del autoritarismo, de los populismos que usan la religión como arma y argumento para cimentar la identidad y asegurarse el control del dogma, que es la puerta de la obediencia ciega.

El problema francés, como el de todos, es la erosión de la institución, de la convivencia, de los valores, creando un mundo laxo, que se mueve a golpe mediático, sin liderazgo claro, sustituido por esa figura del "influencer" parlanchín y resultón, aspiración de millones de jóvenes, deseosos de ser pagados por ser ellos mismos, por más que sea detrás de una necesaria máscara social.

Los radicales del mundo se ríen de las democracias; se ríen de su debilidad, de sus disputas, de su falta de acuerdo interno. Frente  a esto, ellos plantean el valor del dogma, la sanción de la disidencia y la reunión de todos los poderes en una sola mano. Y no les va mal: controlan lo suyo y desbaratan lo ajeno aprovechando esta indiferencia generalizada, que solo actúa a golpe de emoción tras un atentado. Ganan terreno. Saben que hoy los franceses están en las calles, pero que mañana estarán en su casa y será volver a empezar. La intimidación, las condenas de Al-Azhar, las fatwas lanzadas al viento para ver quién las recoge, etc. Va su prestigio en ello; no pueden manifestar debilidad y surge el doble lenguaje: la condena previa y el lamento posterior. Los radicales son siempre los otros.

Los países radicales, anti democráticos, son tolerados porque tienen dinero para comprar voluntades o para comprar armamento a quienes los producen. Los intereses por delante de los principios. Un presidente de una democracia como los Estados Unidos abraza sin sonrojo al príncipe heredero al que todos responsabilizan del asesinato y desmembramiento de un periodista opositor. Que los principios no te hagan perder un buen negocio. ¿Nos extrañará luego que se pueda comprar la colaboración en un crimen anunciado por unos pocos euros en el patio de una escuela, orgullo de la República?


Algo falla. No estamos suficientemente comprometidos con los valores con los que vivimos. Los damos por hecho, que son inamovibles. Pero los valores se debilitan cuando se dan por hechos. Samuel Paty enseñaba sobre el valor de la libertad de expresión. La realidad, desgraciadamente, nos ha mostrado lo que ocurre cuando se ejerce esa libertad en un espacio como una escuela. Hay que repensar muchas cosas.

La muerte cruel y bárbara de Samuel Paty es un aviso. Para los radicales es un aviso de lo que le puede pasar a otros que le imiten sembrando el miedo, algo que han conseguido. Para todos nosotros, un aviso también de que falla la escuela contra la que se atenta en la figura del profesor comprometido. ¿Luchar contra las redes, contra las familias, contra el bochornoso espectáculo político del día a día? Mejor ser indiferente, no mezclarse, mirar para otro lado. Y si se puede sacar algún beneficio, ¿por qué no?

* "Varios alumnos señalaron al profesor francés a su asesino a cambio de dinero" ABC / EFE 20/10/2020 https://www.abc.es/internacional/abci-varios-alumnos-senalaron-profesor-frances-asesino-cambio-dinero-202010201617_noticia.html