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domingo, 24 de julio de 2022

España lidera los contagios de la Viruela del Mono

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Por si no teníamos bastante, ahora somos el país puntero en "Viruela del Mono". La OMS la acaba de declarar "emergencia sanitaria internacional", lo que es un nivel preocupante. Pero más allá de la emergencia, nos debería preocupar que seamos el centro, nos guste o no, de los contagios, lo que debería llevar a preguntarnos qué extraña fatalidad es la que hace que estas cosas ocurran, es decir, nos ocurran a nosotros, aquí.

Podemos optar por creernos las fakes news que hablan de conspiraciones farmacéuticas para vender vacunas, lo que es poco recomendable. Es preferible, en cambio, tratar de identificar cuál es nuestro perfil, el que resulta tan atractivo, no para los virus, sino para los portadores, pues de eso se trata.

Cualquier enfermedad que se contagie depende de las variables sociales de cada espacio específico. Pensemos un ejemplo sencillo, un país en el que no fuera costumbre estrecharse las manos (Japón, por ejemplo) o que la distancia de conversación fuera mayor que la de países en los que tenemos la costumbre de abrazarnos y tocarnos mientras hablábamos. Es evidente que aquellos que están más tiempo en contacto y este es más próximo, tienen más posibilidades de pasárselo de unos a otros. Son simplemente números: distancias de proximidad, de intensidad de los roces o contactos, de tamaño del espacio, de la frecuencia de contactos, etc.

Mientras pasaba la calurosa tarde de ayer sentado en una mesa de cafetería escribiendo con mi ordenador, pude apreciar un reencuentro vacacional entre dos amigos. Por supuesto, los dos iban sin mascarilla. Rápidamente se abrazaron y pese a la incomodidad de uno de ellos, el otro le pasó el brazo por el cuello y traducía sus efusiones en restregar la mano suelta por el pecho del otro. El tono de la voz era alto, como corresponde a dos escandalosos españoles, que hablan para los que se encuentran en un radio de diez metros, que sería la distancia a la que yo estaba. El encuentro duró unos tres o cuatro minutos, en el que se intercambiaron todo tipo de abrazos, toques y palabras. Después, cada uno se fue por su lado. En otros países del mundo esto habría sido de una manera diferente, pues depende de las costumbres sociales, del sentido de la intimidad, de las distancias, etc.

Sea por lo que sea, lo cierto es que estamos en el centro de la "Viruela del Mono"; somos el espacio donde más casos se han detectado, según nos confirma RTVE.es: 

En Europa se han detectado 8.697 casos confirmados de viruela del mono desde el inicio del brote, según el último informe del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC). España es el país que más positivos ha notificado (3.125), seguido de Alemania (2.191) y Francia (912).

Algo por detrás han quedado Países Bajos (712), Portugal (515), Italia (374), Bélgica (312), mientras el resto no llega al centenar. Son  Austria (91), Suecia (77), Irlanda (69), Dinamarca (48), Noruega (46), Polonia (40), Hungría (32), Eslovenia (27), Grecia (20), Rumanía (19), Malta (17), Chequia (14), Luxemburgo (14), Finlandia (13), Islandia (9), Croacia (7), Estonia (4), Bulgaria (3), Letonia (3) y Eslovaquia (3).*

 

Sorprende grandemente la desaparición en el listado del país que más casos tenía, por delante de España, del Reino Unido. Inicialmente estábamos en un listado encabezado por Reino Unido, seguíamos nosotros en la segunda plaza y los terceros eran los portugueses. El uso de "Europa" si se quiere decir "Unión Europea· puede ser la fuente de la exclusión. No acabamos de acostumbrarnos a una Unión sin Reino Unido, pero menos todavía a una "Europa", en la que evidentemente sí se encuentra. Lo cierto es que no se puede prescindir de los datos de Reino Unido porque son determinantes.

El 10 de junio, el mismo medio nos decía:

Reino Unido es el país europeo con más casos de viruela del mono, donde se han detectado 302 personas positivas. Le siguen España, con 253 contagios confirmados, y Portugal, con 191.

En nuestro país, la mayoría de los afectados se han localizado en Madrid, aunque también se han registrado casos en Canarias, Cataluña, Andalucía, País Vasco, Aragón, Galicia, Comunidad Valenciana y Navarra. ** 

En The Washington Post también se recogía ayer, 23 de julio, información sobre los números de contagios y esta vez sí se incluye a los británicos, sin que por ello perdamos el triste liderazgo: 

Spain leads the world in confirmed cases, with more than 3,100 infections, according to tracking by the U.S. Centers for Disease Control and Prevention. The United States has the second-highest tally, at nearly 2,900 cases, with Germany and Britain each reporting more than 2,200 infections.***

 

El hecho de que "desaparezcan" los ingleses de la lista puede ser un descuido o un intento de "calmar" las presiones del sector turístico, que siempre dice sentirse afectado por todo lo que sea poner "límites" a los británicos. Tras las olas de coronavirus, que no decaen, la manera de informar sobre salud necesita de un cierto repaso. Hace unos días en un noticiario televisivo se decía que había "buenas noticias" sobre la pandemia, que se reducían los contagios y los ingresos, que, eso sí, había aumentado el número de muertes. Ante esta forma de explicar las cosas y de valorarlas uno no sabe bien cómo reaccionar, aunque se va pasando de la sorpresa al enfado progresivamente. Puede que la "buena noticia" de las muertes sea fruto de un perverso sentido del humor que estamos desarrollando por tantos casos.

En el caso de la "viruela del mono", The Washington Post incide en dos elementos han señalado desde las instituciones sanitarias: 

“With monkeypox cases continuing to rise and spread to more countries, we now face a dual challenge: an endemic disease in Africa that has been neglected for decades, and a novel outbreak affecting marginalized communities,” Josie Golding, head of epidemics and epidemiology at the global health organization Wellcome, said in a statement. “Governments must take this more seriously and work together internationally to bring this outbreak under control.”


 

Lo que anteriormente se ha dejado como algo "africano", poco preocupante, se convierte en gran preocupación cuando sale de allí y se esparce por el mundo. Que los tres países más afectados sean España, Estados Unidos y Reino Unido, debería ser estudiado desde una perspectiva social, tratando de establecer cuáles son las líneas de transmisión. Sin embargo, la mezcla con los elementos referidos a las prácticas sexuales o íntimas, que parece ser el origen de muchos de los contagios, como se pudo ver en la sauna clausurada en Madrid, tienden a oscurecer el asunto. Las protestas de las comunidades estigmatizadas son claras, pero tampoco se debe obstaculizar el conocimiento de las formas de transmisión, sean estas las que sean. Pero el crecimiento de algo que se ha advertido ya sobre cómo se transmite y que se han establecido claramente espacios en los que se han producido los contagios, debería aportar información de seguridad para los posibles afectados y limitar los contagios. Sin embargo no es eso lo que está ocurriendo.

El caso es distinto al del COVID-19, un virus desconocido para el que ha habido que crear todo porque no sabíamos nada. La viruela del mono, por el contrario, es una vieja conocida en determinados países que nuestros hábitos sociales y viajeros están desperdigando por lugares en que antes no se manifestaban. Hay vacunas y se están aprobando vacunas de la viruela a las que se ha ampliado el espectro defensivo para hacerlas más eficaces. Pese a todo, los cuidados deben ser extremos, algo que parece no tenerse en cuenta.

Puede que el efecto de los confinamientos anteriores nos esté jugando una mala pasada y que el ansia reprimida de viajes, encuentros, etc. nos está haciendo bajar la guardia más de lo prudente. Lo cierto es que, como se señala en TWP, es la velocidad con la que se transmite lo que preocupa. Quizá los negocios perdidos de los viajes han hecho buenas ofertas y los centros de encuentro se presentan más poblados y activos que de costumbre. Sea por lo que sea, hacen falta sociólogos y estadísticos que rastreen y expliquen estos itinerarios que acaban trayendo a nuestro país la viruela del mono. como un espacio de convergencia de los contagios. Aunque puede que a algunos no les guste.

Como nos enseña la experiencia, la gente no va a los lugares más seguros, sino a aquellos en los que les dejan hacer lo que quieran. 

* "La EMA recomienda el uso de la vacuna tradicional de la viruela contra el virus del mono y se incluirá en el prospecto" RTVE.es 22/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220722/ema-viruela-mono-vacuna/2390632.shtml 

** "Mapa de la viruela del mono en el mundo: Reino Unido, España y Portugal son los países con más casos" RTVE.es 10/06/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220610/viruela-mono-casos-mundo-espana/2350582.shtml

*** Fenit Nirappil "WHO declares monkeypox a global health emergency as **infections soar" The Washington Post 23/07/2022 https://www.washingtonpost.com/health/2022/07/23/monkeypox-who-global-emergency/



jueves, 28 de abril de 2022

La OMS advierte de la falta de información sobre el COVID

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dice el refrán que "no hay peor ciego que el que no quiere ver", un punto en el que la sabiduría popular se junta con la psicología social. La observación es más pertinente en un mundo en el que se fina constantemente los reclamos de la atención, en un mundo en el que lo que no se "ve" en los medios deja de existir. No querer ver, dejar mirar para que el problema no esté en boca de todos es un ejemplo de dirección de la opinión pública, de hacer juegos de ilusionismo haciendo desaparecer los problemas con solo dejar de hablar de ellos. Pero los problemas reales no desaparecen porque no se hable de ellos.

Euronews nos mostraba ayer la denuncia de la dirección de la OMS respecto a la desaparición de la información sobre el COVID. La noticia escrita es escueta y la pieza breve, apenas 25 segundos:

El nuevo riesgo vendría de bajar la guardia al dejar de vigilar los contagios de la Covid-19.

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, instó a los gobiernos a mantener la vigilancia de las infecciones por coronavirus.

Aseguró que el mundo está "ciego" respecto a la propagación del virus porque ha disminuido el número de análisis y variantes y mutaciones del virus podrían pasar desapercibidas.*

Aquí hemos llamado la atención sobre los sucesivos ejercicios contables sobre la enfermedad, sobre la reducción de los datos y cambios de parámetros para tratar de justificar acciones que hoy mismo los expertos señalan sin pudor que "pueden haber sido precipitadas". La limitación de datos a los mayores de 60 años y la reducción de días de información para evitar que cada día aparezcan en los medios es un ejemplo paradigmático de cómo se produce eso que la OMS denuncia, el silencio.

El hecho de que la gente que esté contagiada no tenga que guardar cuarentena, que pueda incorporarse a su puesto de trabajo, donde las mascarillas han desaparecido, que se desconozca el número real de casos porque solo algunos se registran como tales, etc. Es precisamente lo que la OMS denuncia.


La mejor forma de combatir el virus no es ignorarlo, sino lo contrario, tener la mejor información sobre él, sobre las variantes, número de afectados, síntomas, secuelas etc. Pero la vía elegida por muchos países no es la de la salud, sino que la situación económica es prioritaria, máxime cuando se abre una importante crisis por la situación creada por la invasión de Ucrania.

La división de los medios en secciones es solo una ilusión clasificadora. En la realidad todo está mezclado, todo influye sobre todo en mayor o menor medida. Es el mundo real, complejo e inabarcable en sus relaciones sistémicas. Pero renunciar a la información es lo peor que se puede hacer.


Por eso, la OMS denuncia que la falta de información no ayuda a resolver nada, solo produce ceguera. Y más que eso, agrava las situaciones ante la imposibilidad de establecer acciones que detengan el virus. Difícilmente se podrán realizar acciones si se desconoce el impacto real del virus, su circulación, a quienes afecta, qué síntomas se desarrollan, etc.

La queja por la falta de información debe ser tomada muy en serio. Nos va la salud a corto, medio y largo plazo en ello, pues tratar de poder puertas al campo de la salud siempre tiene consecuencias. La ceguera y el silencio se pagan muy caros en un mundo donde tener acceso a los datos es esencial para cualquier acción preventiva.

Lo más sorprendente son estos cambios de estrategia que acaban en silencio. La incidencia está subiendo entre los mayores de 60 años, lo que no me atrevería a llamar "mejora" de nada. En los grupos de edad de mis estudiantes, se siguen produciendo casos, con ingresos incluidos. No sé dónde van esos datos. Lo cierto es que son necesarios

La maniobra del silencio es clara: si no nos enteramos, muchas actividades sociales no se interrumpen, se dejan a criterio de los participantes, lo que lleva a más conflictos sociales sobre el uso o no de las mascarillas, las distancias, condiciones de los espacios, etc. Por otro lado, difícilmente se puede tener un buen criterio si falta la información. Hay gente que interpreta de forma inversa efectos y causas, es decir, creen que se quitan la mascarilla porque ya no hay virus, lo cual es un error. Esto se incrementa si estamos recibiendo constantes invitaciones a viajar, a salir, a adentrarnos en las variantes del ocio. Por eso lo expertos que intervienen estos días en los medios no quieren comprometerse apoyando una situación que les parece "precipitada" y preocupante. "Estamos avanzando a ciegas", señala el director general de la OMS. Cada vez se recibe menos información y aunque los datos generales van a la baja, el virus no ha desaparecido. Cabe preguntarse si es el método contable el que ha reducido las cifras. "La ignorancia no puede ser bienvenida", señala en la conferencia de prensa el director general.

La OMS necesita información. Es esencial para todos. Pero la información es lo que no se quiere dar para crear una sensación de "normalidad", que es falsa porque el virus sigue, existe la amenaza de nuevas variantes y, especialmente, se desconocen los efectos a largo plazo, por lo que el seguimiento es esencial.

Hemos denunciado aquí la campaña contra la mascarilla, que se ha convertido en la enemiga en vez del virus. Los artículos se suceden en los medios sobre el entierro de la mascarilla, que ha sido nuestra salvadora y no nuestra opresora. Pero los intereses económicos han estado siempre luchando contra ella, porque el negocio del ocio, por ejemplo, no es el mismo a cara descubierta que tapados, juntos que distantes, en intimidad u obligados a mantener distancias "sociales". Las explicaciones de por qué la gente no se las quita van desde el acné juvenil al síndrome de la cara vacía pasando por las inseguridades de todo tipo. Pero creo que la realidad es más sencilla: no se la quitan porque no se fían. No se fían de las informaciones o falta de informaciones desde las autoridades y no se pueden fiar del propio entorno en el que están porque si nadie tiene obligación de guardar cuarentena no sabes a quién tienes a tu lado. 


* "La OMS advierte que estamos "cada vez más ciegos" ante el coronavirus" Euronews 27/04/2022 https://es.euronews.com/2022/04/27/la-oms-advierte-que-estamos-cada-vez-mas-ciegos-ante-el-coronavirus

miércoles, 31 de marzo de 2021

Sembrando dudas, recogiendo tempestades

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Tras la aparición del borrador del informe realizado por expertos de 17 países y científicos chinos sobre los orígenes del coronavirus, ha ocurrido lo que muchos temían. Lo podemos resumir en una línea del editorial de hoy en The Washington Post; "China’s reluctance only fuels suspicions of something to hide."*

La prensa norteamericana y sus emuladores en el exterior (incluso entre nosotros) no parece manifestar mucho interés en saber cómo ha ocurrido, sino en otra cosa: la responsabilidad de China.  ¿Qué quiere decir esto? Pues algo sencillo: no se trata de saber qué ocurrió, sino de cómo confirmar la hipótesis más de mayor responsabilidad china: el virus se escapó (o fue liberado, dicen algunos, con enorme ambigüedad) de un laboratorio chino. Por supuesto, está la versión más paranoica: el virus —creado con un fin militar— fue "liberado" para infectar al mundo.

Sin embargo, el informa realizado por la OMS establecía cuatro posibles causas que la prensa norteamericana intenta igualar en sus probabilidades, algo que es rigurosamente incierto. De hecho, la hipótesis de la salida de laboratorio es la menos probable de todas, frente a la de la infección humana por un animal intermedio. El hecho que no se haya encontrado el animal, les parece suficiente como para desestimar el procedimiento.

Cuando se dice "un animal" es "un" animal, un ejemplar infectado. Los deseosos de pruebas quieren tenerlo en sus manos, tocarlo. Frente a este animal quimérico, fantasía, se encuentra la más deseada, aunque sea la menos considerada, de la que no hay más evidencia que sus precedentes cinematográficos en múltiples películas, devoradas entre refrescos y palomitas: la de laboratorio, pese a que los científicos no hayan encontrado pruebas de ella.

Hace unos instantes, en Antena3 se le preguntaba a una viróloga sobre las "dudas" sembradas por el informe de la OMS y la "opacidad" de China sobre la posibilidad del laboratorio. La viróloga lo explicó con claridad: a) ningún laboratorio del mundo podría haber "fabricado" un virus de este tipo, dada su enorme complejidad y perfección; b) el virus proviene de los murciélagos, compartiendo los virus encontrados en ellos un 97% de genoma; y 3) lo más probable es que haya pasado de los murciélagos (origen seguro) a través de un animal intermedio que se desconoce.

La ciencia no trabaja con un "sí o no", sino con "altamente probable" y "altamente improbable", que son los términos que la viróloga utilizó con mucha claridad. Pero esto, para medios y políticos, significa que mientras no haya "un sí o un no" seguirán especulando porque interesa ante las audiencias y ante los votantes. La presentadora se despidió dando un "sí" al apoyo a la Ciencia.



Desde el principio —aquí lo hemos repetido— la pandemia es la "prolongación de la guerra por otros medios". No se pueden separar las intencionalidades políticas dentro de una lucha que supone manipulación para aprovechar la crisis. Esto es especialmente claro en la América de Trump y parece seguir en la de Biden, donde se han recrudecido las maniobras para seguir aumentando la tensión mundial y la creación de una alianza anti China con base en el rechazo a sus informaciones sobre la pandemia, pero con efectos de orden económico y político.

En la CNN se crea un conflicto entre el director de la OMS, al que se  suma al movimiento escéptico mediante titular "14 countries and WHO chief accuse China of withholding data from pandemic origins investigation", y la organización que preside:

 

In a news briefing Tuesday, Tedros appeared to contradict the study's central findings by suggesting the theory that the virus escaped from a Wuhan laboratory should be followed up -- even though the report noted such a possibility was "extremely unlikely" and did not recommend further research on the hypothesis.

The WHO investigation, conducted more than a year after the initial outbreak, came under intense scrutiny from the outset. Some scientists and the US government have questioned the independence and credibility of the study, raising concerns over Chinese government influence. Beijing, meanwhile, has accused Washington and others of "politicizing" the origin of the virus.

After repeated delays, the WHO report, compiled by a team of international experts and their Chinese counterparts, was finally released on Tuesday. It provides a detailed examination of the data collected by Chinese scientists and authorities from the early days of the pandemic, but offers little new insight or concrete findings on where and how the virus spread to humans.

China has vehemently rejected any criticism or blame related to its handling of the pandemic.

The Chinese Foreign Ministry said in a statement Tuesday that China has always been "a supporter for global scientific research on the source of the virus and its transmission routes."

"The Chinese side offered necessary facilitation for the team's work, fully demonstrating its openness, transparency and responsible attitude," the statement said, adding the study of origins should also be conducted in other countries.

Tuesday's joint statement, signed by the US and its allies, recognized the WHO experts' "tireless work" to understand how the pandemic started, but also raised questions over the timing and independence of the report.

"It is equally essential that we voice our shared concerns that the international expert study on the source of the SARS-CoV-2 virus was significantly delayed and lacked access to complete, original data and samples."

The public rebuke from the US and others further highlights the difficulty of conducting transparent and independent scientific research into the origins of the virus, which has infected more than 128 million people and killed over 2.8 million worldwide, according to Johns Hopkins University data.*

 


Lo peligroso de todo esto es que nos estamos acostumbrando a aceptar solo lo que nos favorece. El director de la OMS no dice que no se fíe del informe de su propia investigación, sino lo mismo que el propio informe, que hay diferentes probabilidades a cada hipótesis desarrollada y que si quieren seguir investigando en esa línea que lo hagan.

Todo parte de un mismo planteamiento: China miente, China oculta. Desde este principio, lo que no se tiene es porque se oculta y lo que se dice es con intención de engañar. Así es imposible avanzar en ningún sentido que no sea la creación de nuevos conflictos y desencuentros.

Curiosamente, la mayor víctima de todo esto es, desde el principio, los Estados Unidos. La situación de la pandemia en el país no se debe a China sino a la propia obcecación, primero negacionista, con posterioridad simplemente caótica de su gestión. Los Estados Unidos, como ocurre con Brasil (otro caso de cerrazón ideológica), padecen las consecuencias del coronavirus en gran parte por su actitud ante la pandemia. Esto es innegable. Pero también se trata de camuflar: en China se ha conseguido frenar el avance de la pandemia porque el gobierno es comunista y no hay libertad; en cambio, la libertad de los Estados Unidos hace que la gente se muera satisfecha y estar al frente de fallecimientos y contagios. ¡Curiosa forma de medir las libertades!

Como consecuencia de esto, surge otra preocupación: que la gente "admire" el modelo autoritario comunista frente al sistema de libertades de la democracia. ¡Siempre hay una justificación! Esa es la actitud de Joe Biden cuando pide una "alianza de las democracias! es una forma de llevar a la confusión y, sobre todo, de entremezclar los errores propios con unas suposiciones que solo encuentran fundamento en ese recelo permanente. Podemos pensar que "libertad" es ponernos la mascarilla si queremos y que la "dictadura" es llevarla siempre, pero en otros lugares lo llaman "responsabilidad", un concepto más arraigado en otras culturas que en nuestro concepto individualista, según parece o nos quieren hacer creer.

Al final esto se traduce en hechos reales, como cuando ha habido hasta muertes por disputas sobre llevar la mascarilla. Las primeras —recordemos— se dieron en los Estados Unidos, donde se convirtió el hecho de llevarla o no en cuestión principios personales e ideológicos. Estados Unidos va camino del millón de muertos; si quiere responsabilizar a China por ello, adelante. Podemos ver el caso de Brasil de igual forma, en paralelo, con lo ocurrido en el norte. Pero es más fácil responsabilizar a los demás de lo que hacemos.



La otra forma de pagar esto lo tenemos en el aumento de la "sinofobia" o "asiofobia", fruto directo de todas estas tendencias informativas que siguen apuntando a China más de un año después y evitando asumir las propias responsabilidades en la gestión.

Las llamadas a evitar el odio racista contra los asiáticos sirven de muy poco ante la constante repetición de que todo mal viene de China. Con una mano se azuza lo que con otra se espera calmar, aunque no hay forma de parar el odio. The New York Time titula hoy " Brutal Attack on Filipino Woman Sparks Outrage: ‘Everybody Is on Edge’", donde nos describe lo ocurrido en la ciudad:

 

The security camera video was shocking in its brutality. A 65-year-old Filipino immigrant was walking down a street near Times Square when a man, in broad daylight, suddenly kicked her in the stomach.

She crumpled to the sidewalk. He kicked her once in the head. Then again. And again. He yelled an obscenity at her, according to a police official, and then said, “You don’t belong here.”

As the violent scene unfolded in Manhattan, three men watched from the lobby of a nearby luxury apartment building. When the woman struggled to stand up, one of the men, a security guard, closed the front door to the building.

Even as reports of anti-Asian hate crimes have escalated in recent weeks, the video released by police officials on Monday evening touched a fresh nerve. The sheer brazenness of the attack — combined with the seeming indifference of the bystanders — caused another wave of fear for many Asian-Americans already worn down by a steady drumbeat of assaults.**

 


Hace bien las tres periodistas firmantes en señalar el estremecimiento y vergüenza que ver las imágenes grabadas nos producen. A la brutalidad del ataque a la mujer mayor, a su derribo y pateo en el suelo, a los insultos, al "¡tú no eres de aquí!" xenófobo, se suma el cierre de esa puerta a cargo del vigilante. Tiene mucho de obscenidad social ese acto de denegación de ayuda, de complicidad indiferente ante el destino de la mujer. Me imagino que estas cosas pasaban en las calles de la Alemania nazi. El mismo mecanismo, distintos sujetos. Algunos hasta lo consideraran como "defensa de la libertad" o incluso "patriotismo", como describió Trump el asalto al Capitolio.

¿Están conectadas ambas cosas? Es obvio que lo que se siembra por los políticos y medios se recoge en la calle en forma de estas acciones. Si escucho todos los días a través de diferentes medios que China es culpable de todo, acabará buscando asiáticos que me lo parezcan, aunque al final sea una mujer filipina, japonesa o coreana quien lo pague en plena calle, como ya ha ocurrido.

De hecho, todo esto se ha intensificado con la llegada de Joe Biden al poder. Trump buscaba cobradores para pasarle la factura a China de lo que era el resultado de su falta de medidas y hasta de negacionismos atenuantes. Cuando la nueva administración llegó a la casa Blanca, lo primero que dijeron es que Estados Unidos no tenía plan alguno de vacunación, algo de lo que no se puede responsabilizar a China, aunque lo hagan indirectamente por las causas. Biden, en cambio, ha emprendido la cruzada de la superioridad democrática y lo primero que ha hecho ha sido vacunar, por un lado, y por otro ir tras China. Ha vuelto a las instituciones —"¡USA is back!"— pero lo hecho para crear frentes (aliados) anti China.



La respuesta china tiene de nuevo la lógica del enfrentamiento. ¿Por qué no investigar si el virus salió de un laboratorio norteamericano? De esta forma es poco probable que nunca se llegue a saber o, si se prefiere, a tener una versión aceptada por todos. El coronavirus es un hecho de la naturaleza, un fenómeno natural; en eso están de acuerdo todos los científicos medianamente serios, como bien señalaba la viróloga en televisión esta misma mañana. Los que están interesados en promover otras cosas, tendrán que dar sus explicaciones en vez de apuntarse a lo fácil, decir que no se sabe. Eso es llevarnos, una vez más, al mundo alternativo, tan querido a los trumpistas y similares.

La guerra contra China se había emprendido antes de la pandemia. De hecho, esa guerra fue la que llevó a retirar a los científicos norteamericanos que trabajaban en laboratorios chinos como de los que ahora se sospecha. Fueron las cancelaciones, la ruptura de la colaboración, la que hizo que Estados Unidos quedara alejado del centro del problema.

Si una situación inédita y terrible como esta, que afecta a todos los países, que cuesta miles de muertos diarios, no sirve para fomentar la colaboración y se usa para promover una nueva forma de Guerra Fría, para promover el liderazgo perdido, para dividir el mundo en "conmigo o contra mí", la situación será pronto insostenible.

Será cruel en las calles, como vemos cada día con casos como el ocurrido con la mujer filipina pateada en Nueva York, y será complicada en el plano internacional, en el que se trata cada día de crear nuevos puntos de fricción alrededor de China.

La idea de Trump de frenar a China para evitar el declive norteamericano ha llegado para quedarse porque aunque China pueda sobrepasar a los Estados Unidos, no lo va a poder hacer en un terreno esencial, el de la comunicación. Hoy el mundo es visto a través de los ojos de los Estados Unidos gracias al poder mediático y comunicativo. Por eso el control de las redes, del 5G, se han vuelto esenciales en la guerra de la opinión, que es la fase previa a cualquier otra. Las fotos en primera página de The New York Times informaba sobre 



Es peligroso que la gente no considere que esté mal patear personas asiáticas en las calles de sus ciudades. Durante la Segunda Guerra Mundial, se encerró en campos de concentración a los norteamericanos de origen japonés. La excusa estaba clara: todos eran espías y saboteadores potenciales. Mejor encerrarlos que tenerlos sueltos. Lo que ocurre hoy tiene conexiones con aquello; es la estigmatización de unos rasgos orientales que han sido identificados como el nuevo "eje del mal", algo con lo que se juega con demasiada frecuencia cuando se dirige el punto de mira a los musulmanes, a los asiáticos o a los hispanos, todos ellos sospechosos ya sea de ser terroristas, violadores o  narcotraficantes.

Con estas maniobras deshumanizadoras y maximalistas solo se consigue (quizá es lo que se busca) crear un mundo maniqueo al que se pretende arrastrar al resto del planeta haciéndelo elegir bando. Si se quiere encontrar respuestas, creen primero las posibilidades de diálogo para poder hacer posible la confianza. Convertir todo en sospecha no lleva a ningún sitio... o quizá sí.

Este es el final de otro artículo publicado en The Washington Post hoy mismo:

 

Meanwhile, there is a larger body of evidence that SARS-CoV-2 emerged in nature.

“My view is: This is another example of a bat virus jumping into humans, either directly or through an intermediate host,” said Tony Schountz, an expert in bat-borne viruses at Colorado State University.

When asked whether a lab accident may have been responsible for the Wuhan outbreak, Schountz said it was possible “but, you know, tomorrow I could win the lottery.”

Other virus specialists described WHO’s exploration as sufficient. “I’m not particularly disappointed that they didn’t dig deeper into the Wuhan Institute of Virology,” said Joel Wertheim, an associate professor of medicine at University of California at San Diego. “I don’t think that idea merited as much investigation as looking for the earliest cases.”

Wertheim and his colleagues, in a paper published recently in the journal Science, suggested that the first case of covid-19 may have emerged as late as mid-October to mid-November 2019, before a large cluster of cases linked to a seafood market in Wuhan.

In their models, Wertheim and his co-authors also found coronavirus outbreaks were much more likely than not to fizzle out, especially in rural communities with fewer connections between people. “It’s not fair to characterize this virus as sort of the perfect vessel for human-to-human transmission,” he said. The pathogen seemed to need a denser, urban area to become a pandemic.

“Even if you believe this came through the lab, what you’d have to then show is that the lab had a virus that was very close to SARS-CoV-2. They haven’t found that,” said David Robertson, head of viral genomics and bioinformatics at the University of Glasgow. If laboratory scientists “did have it, I don’t think they would have hidden it. It wouldn’t have occurred to them.”***



 Efectivamente, podemos seguir especulando en vez de investigando. Podemos seguir intentando encontrar lo que queremos encontrar en vez de trabajar en el sentido más productivo.  Con el enrarecimiento del ambiente solo se conseguirá que sea más complicado hallar nada interesante, al menos no tan interesante como lo que algunos desean fervientemente encontrar para cerrar el círculo de las sospechas.

Mientras tanto, esta ambigüedad se pagará en las calles y en una segunda etapa de guerra comercial que no es la que nos ayudará a salir de la crisis que nos encontramos. La idea de Trump era aislar a China, imponer sanciones a los que tuvieran lazos comerciales con ellos y así hacer avanzar a la economía norteamericana arrinconando a los aliados y convirtiéndoles en público cautivo. La idea de Biden parace  parecida, aunque el mundo ha aprendido.

Hace falta más confianza para reestablecer el mercado mundial y no ir sembrando dudas y creando nuevos problemas añadidos a los ya existentes. Hay que avanzar en las vacunaciones, trabajar conjuntamente todos los países para evitar que esto se reproduzca o, si se prefiere, para que estemos todos mejor preparados para la próxima pandemia que los científicos ya auguran.



* Nectar Gan "14 countries and WHO chief accuse China of withholding data from pandemic origins investigation" CNN 31/03/2021 https://edition.cnn.com/2021/03/31/asia/who-report-criticism-intl-hnk/index.html

** Nicole Hong, Juliana Kim, Ali Watkins y Ashley Southall "Brutal Attack on Filipino Woman Sparks Outrage: ‘Everybody Is on Edge’" The New York Times 30/03/2021 https://www.nytimes.com/2021/03/30/nyregion/asian-attack-nyc.html

*** Shane Harris, Emily Rauhala, Ben Guarino y Chris Mooney "WHO report leaves unsettled ‘lab-leak’ theory on origins of covid pandemic" The Washington Post 31/03/2021 https://www.washingtonpost.com/national-security/who-coronavirus-wuhan-lab-leak-theory/2021/03/30/30ecbd1e-915b-11eb-bb49-5cb2a95f4cec_story.html

sábado, 24 de octubre de 2020

Trump y la Historia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


A poco más de una semana, el mundo comienza a hacer balance de lo que la presidencia de Trump ha supuesto para los Estados Unidos y para el resto del planeta. Firmado por Rebecca Seales, la BBC titula "How Trump has changed the world" comenzando por algo obvio en su entrada: "The president of the United States is not just the leader of his country, he is probably the most powerful person on Earth. What he does changes life for all of us. Donald Trump is no exception."* Eso convierte al presidente, para bien y para mal, en el medio presidente de medio mundo. 
En Brasil, por ejemplo, tienen dos presidentes, Bolsonaro y Trump; en España, en cambio, parece que tenemos dos "oposiciones", dadas las simpatías que Vox manifiesta hacia la derecha trumpista y la poca crítica que el PP le dedica a las decisiones que se toman en los Estados Unidos respecto a España, incluidos los aranceles y demás imposiciones que el presidente nos dedica en exclusiva o como parte de Europa. 

El artículo en la BBC recoge algunos apartados sobre la valoración mundial que se hace de Trump. La verdad es que el mundo no tiene una buena opinión del presidente, lo cual es bastante natural dado lo que ha hecho por él.

En el apartado de la "confianza", la opinión de los países en los que se ha preguntado, entre ellos España, no puede ser peor. Es, como decimos, un resultado basado en lo que se ha sembrado. Trump ha hecho que los líderes mundiales odien reunirse ante lo que tenían que aguantar con él. Las reuniones internacionales, si se mira un poco, se han ido convirtiendo en inútiles y han dejado de celebrarse, pese a los grandes problemas mundiales, que Trump, por cierto, niega o minimiza, tal como el coronavirus o el cambio climático.

Curiosamente, en España se ha criticado a Trump más por lo que hace en los Estados Unidos que por lo que nos afecta directamente. Nos hemos escondido detrás de Europa para no enfrentarnos directamente. Quizá sea porque seamos muy conscientes de nuestras (pocas) fuerzas. Las minorías de inspiración trumpista del mundo, como ocurre en España, copian sus alegatos, que son más absurdos aquí en los mismísimos Estados Unidos. Puestos a copiar, deberíamos elegir algo con más sentido. Pero cada uno da de sí lo que puede. De donde no hay, poco se puede sacar. Pero a Trump le han salido admiradores, de Nigel Farage a los de Abascal por estos lares. Hay otros sueltos por Europa que ahora se verán en dificultades si Trump, como apuntan los datos, sale de la Casa Blanca hacia alguno de sus resorts deficitarios.

La crisis con Europa ha sido lo suficientemente intensa como para haber tenido algo más de contestación. Sin embargo estamos tan absortos en nuestra pobre y gritona política interior que ya no sabemos distinguir lo que realmente nos preocupa. Nos han tenido tan mareados los problemas catalanes, especialmente, que la política exterior casi se ha dedicado a tratar de frenar (con poco éxito) las andanzas de Puigdemont por Europa y las reacciones a sus burlas en países como Bélgica, Holanda o Francia que a otra cosa. La verdad es que desconozco cuál es la política exterior española más allá de las broncas a cuenta de Venezuela. La política española es paleta e implosiva. La noticia, hace unos días, de que en el exterior algunos nos consideraban un "estado fallido", da cuenta del retroceso amplio de la valoración española que ha pasado de ser modelo mundial de la "transición" de una dictadura a una democracia a ser considerada un modelo de transición de una democracia al caos y la mala educación, dos aspectos definitorios de nuestra política actual también llamada la "nueva política" como otros llaman "nueva normalidad" a esta expansión del coronavirus. Vamos altivos hacia la nada o, peor, hacia la insignificancia ruidosa.


Trump, por el contrario, representa el autoritarismo ruidoso que ha enganchado a una parte del pueblo norteamericano mientras que ha puesto los pelos de punta al resto. La nueva forma de hacer política (no confundir con la "nueva política", creación doctrinal española) pasa por el ruido autogestionado, concepto que debería sumir en sesudas reflexiones a los teóricos, pero están desbordados por los pseudo acontecimientos que los políticos como Trump les crean para su natural deleite y ocupación. Trump siempre ha ido por delante, dejando pistas engañosas, entretenimiento para cubrir sus carencias que, visto desde su perspectiva son virtudes "enormes".

Trump, un presidente racista, pero acaba de decir públicamente, por ejemplo, que es el menos racista de todos los asistentes en cualquier sala en la que se encuentre presente. Ha dicho también que es el que más ha hecho contra el racismo "posiblemente" (es importante el detalle) desde Lincoln. También ha proclamado, en el mismo sentido, ser el mayor feminista, aunque tras el debate su esposa no quiera ni cogerle la mano, y las mujeres lleven manifestándose contra él desde el día en que entró en la Casa Blanca.  Con Trump, todo es grande; no puede ser de otra forma. Los autócratas mundiales, como ha ocurrido con Corea del Norte, pronto aprendieron a halagar su ego para recibir favores. Una recepción a lo grande, palabras grandilocuentes, desfiles militares... y Trump volvía encantado.

Trump ha hecho lo que él considera más importante en la política: correr ríos de tinta. En el caso de Trump, los ríos son como el Amazonas, el Mississippi o el Nilo. Con Trump, ya no sabes en qué asalto del combate te encuentras y es difícil que dé un golpe por encima de la cintura. Pero siempre dirá que ha ganado por KO, aunque lo haga desde el suelo.

La vuelta que le ha dado a su infección por el coronavirus es un ejemplo que debería enseñarse en las escuelas y seminarios políticos: de negar el virus a considerarlo un regalo divino para ayudarle a "comprender por dentro" el proceso de la enfermedad y decir que se encuentra mejor que antes, que es inmortal. Con Trump, todo es circo, aunque sea romano.

La velocidad de emisión de falsedades era superior a la de su investigación por la prensa, que ha tenido que crear equipos especiales de "fact check" para intentar demostrar que era mentira lo que decía. Un gano casi inútil si se tiene en cuenta que no tiene ningún sentido de la vergüenza ni del pudor. Ha descubierto que la mentira no es un vicio moral sino una inversión rentable y, lo que es peor, que los votantes aman las mentiras que quieren escuchar. ¿Quién quiere que le digan la verdad? ¿No es mejor que te digan que siempre tienes razón?

En este sentido, Trump es el político anti ilustrado, por ignorante y por pragmatismo. Ha demostrado que las mentiras no son grandes o pequeñas, sino rentables o no; que existen mentiras de usar y tirar, y que a las constantes se les llama programa.

Ha demostrado que no existen amores políticos, que cualquier colaborador puede ser defenestrado y vilipendiando en cuanto que entra en contradicción o desacuerdo con el jefe. Del amor al odio solo va una opinión contraria. El doctor Fauci ha sido llamado "idiota" cuando era alabado poco antes. Cuando salga de la Casa Blanca, el anecdotario que va a ver la luz será espeluznantemente cómico. Tendrán que crearle una lista específica de best-sellers para poder clasificar lo que se escriba sobre él.

La política de Trump la ha padecido el planeta. Las relaciones internacionales han retrocedido décadas, abandonando organismos esenciales para la coordinación mundial. Pero Trump no entiende la política exterior como una forma coordinada, basada en los acuerdos. Para él es una forma de dominación. El mundo es un gigantesco mercado en el que todo vale. No ha aliados, solo clientes y rivales. Se ha llevado mejor con algunos enemigos que con sus propios aliados, porque los convierte en súbditos exteriores, maltratados porque no tienen derecho a voto. La retirada de los organismos mundiales lo ha entendido como una liberación de compromisos, un actuar libre y prepotente. Se ha rodeado de gente cuyo interés era intentar imponer fuertemente una sumisión, recuperar la hegemonía norteamericana debilitada tras la Guerra Fría, con el ascenso de Asia, primero Japón y después China. Pero Japón era un país vencido y colonizado, mientras que China era lo contrario, un país en expansión económica continua y elevando su nivel de orgullo nacional por los resultados. 

Trump cree que puede convertir al mundo en un escenario controlado y anti chino. Pero lo que ha creado es otra cosa. Japón, como Alemania, fueron reconstruidos con ayuda exterior: a China nadie le ha regalado nada. Y eso asusta porque ya no es una mera fábrica sin ideas —como se empeña en demostrar contra los hechos— sino un país puntero cuya estructura autoritaria se refuerza desde que está Trump debido a los ataques constantes, previos al coronavirus.

Para Trump el mercado se basa en la fuerza y la fuerza primaria es la militar. Ármate y vende armas a los que las necesiten es su lema. La necesidad la crea él al impulsar viejos y nuevos conflictos, destruyendo las vías de diálogo. Para él, un conflicto armado es una oportunidad de mercado o una oportunidad de influencia en la zona. La política de retirar tropas se complementa con el aumento de las ventas de armamento, como ha hecho en Oriente Medio, donde ha hecho buenos negocios apoyando a los saudís y a sus aliados. Para poder hacer eso, primero rompió los acuerdos con Irán y amenazó a Europa si trataba de mantenerlos. La amenaza es su arma y la desestabilización su negocio; todos le compran armas, dando acceso a una tecnología militar que antes no se ofrecía, pero Trump da la oportunidad de renovar el parque militar adquiriendo nuevas armas.

Si Trump sale finalmente de la Casa Blanca, habrá dejado el país con una división como no existía desde la Guerra de Secesión. Ha lanzado a unos norteamericanos contra otros, y a todos contra sus vecinos, de México a Canadá. Les ha hecho renegociar acuerdos imponiendo sus demandas, pues no hay muchas alternativas con un vecino así. Ayer mismo defendía que los niños separados de sus padres en la frontera, estaban en lugares más limpios. Lo dice después de haber dicho que los inmigrantes llegaban a USA desde "pozos de mierda". La tesis de la limpieza ha sido sostenida involuntariamente por la primera dama, en grabación telefónica de una ex asesora personal. Muy harta debió quedar. Es solo un detalle, puesto ahora sobre la mesa de los debates presidenciales, y que muestra la falta de humanitarismo administrativo en un país habitualmente generoso. Esta forma perversa de intimidación, la separación de familias, se ha convertido en uno de los rasgos con los que será recordada la era Trump.

Trump ha jugado con el racismo. Lo ha hecho negándose a condenar lo condenable y loando lo impresentable. Lo hizo desde el principio y hoy los Estados Unidos han retrocedido hasta llevar de nuevo a la lucha en las calles con "milicias" paramilitares que baja a la frontera a matar mexicanos, como ocurrió en un par de ocasiones, o a "pacificar" las protestas "radicales", como ha hecho en otras. Ha querido usar al ejército norteamericano para apaciguar los conflictos que él mismo alentaba al evitar condenar los actos violentos de racismo combinados con la brutalidad policial. Desde que llegó, los racistas lo consideraron "su presidente", el que iba a reconocer el supremacismo blanco e iba a poner a las minorías en su sitio. Trump ha jugado con todo eso y la Historia lo recordará así. Más allá de sus seguidores, solo los humoristas le echarán de menos.

Podríamos seguir un campo detrás de otro. No creo que Trump haya sido bueno para casi nada que no sea él mismo, el centro de su política y de sus aspiraciones. No hay otra, como desvelan todos los que han pasado por su vida, su despacho o su cama. Los efectos sobre el mundo son negativos, mostrando que se puede llegar a la presidencia de los Estados Unidos, una democracia, y exportar autoritarismo, intransigencia y mentiras en tropel. Hay mucho Trump que, afortunadamente, no le llega a los tobillos. El mundo no lo podría soportar. La pregunta ahora es sobre las secuelas, los efectos secundarios, los imitadores, etc. y, sobre todo, cómo se puede arreglar tanto desaguisado.

Sí, Trump, sin duda alguna, entrará en la Historia. Cuanto antes lo haga, mejor para el mundo.

* Rebecca Seales "US election 2020: How Trump has changed the world" 24/10/2020 https://www.bbc.com/news/election-us-2020-54541907




viernes, 12 de junio de 2020

Quejas y advertencias de los científicos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La OMS ha señalado que la pandemia, en cifras globales, sigue su curso y ya hay 7'5 millones de contagiados en el mundo, además de 420.000 personas fallecidas. A nadie se le escapa a estas alturas que estas cifras, siendo altas, no revelan más que aquello que captamos, que no serán más bajas, pero que sí pueden ser bastante más altas. En una situación de este tipo, además, el aumento de las cifras de hoy acelera las de mañana pues aumentan las probabilidades de nuevos casos cuando aumentan los casos. Por eso la obsesión con la detección temprana de los brotes y la trazabilidad, es decir, evitar que un caso se multiplique y se convierta en cientos o en miles al diseminarse el contagio. La ilusión que ofrecen nuestras desescaladas solo es posible bajo una muy atenta vigilancia y responsabilidad de no hacer todo aquello que favorece la difusión del coronavirus.
Por muchas islas que queramos crear, al aumentar de nuevo la circulación, aumentan las probabilidades de cada contagio y cada contagio es el principio de una cadena de contagios nuevos que, si no se frena, se hace imparable. Por eso, lejos de quedarse satisfechos, los científicos tienen que poner en guardia a la sociedad advirtiendo de las consecuencias de la relajación, como comentábamos ayer. Los políticos venden recuperaciones y éxitos donde sobra mucha parafernalia y hace falta más seriedad y sinceridad.


Tenemos los ejemplos terribles de los Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y Rusia, otros modelos también que comienzan a ser cuestionados desde dentro, como el sueco, y otros que se cayeron por el camino, como Singapur. 
Podemos decir que Trump es el peor presidente en el peor momento, pero la respuesta negacionista y conspiratoria de una parte de la sociedad norteamericana, con su presidente al frente, ha sido la real causante de la situación patética de una potencia mundial que se desangra con más de 113.000 muertos y dos millones de contagiados, de nuevo, mal contados. Ni la Biblia ("Jesús es mi vacuna", decían algunos) ni las armas, satélites o las sanciones o salidas de los organismos internacionales ha llevado a los Estados Unidos por el camino razonable, con un presidente creyente en la inyección e ingestión de desinfectantes, capaz de extenderlo en una rueda de prensa en la Casa Blanca.


El diario ABC reproduce una información de EFE con el titular "Los científicos creen que los gobiernos han fallado en su lucha contra la pandemia". La explicación que se nos da de esta acusación es la siguiente:

El «fracaso colectivo» de los gobiernos en el control de la propagación global del SARS-CoV-2 es «decepcionante pero predecible», señala un grupo [de] científicos, para los que la complacencia, combinada con más de un decenio de recortes en salud, pilló desprevenidos a los gobiernos cuando apareció el Covid-19.
En un comentario publicado en la revista Nature Medicine, investigadores de distintas instituciones del mundo, entre ellas el ISGlobal de Barcelona, repasan la gestión de la crisis y proponen medidas, divididas en seis áreas, para mejorar la respuesta en esta y futuras pandemias.
«Ante la creciente amenaza de esta epidemia, las naciones del mundo tenían que unir sus fuerzas y luchar juntas. Fallaron en hacerlo», subrayan Jeffrey Lazarus (ISGlobal) y sus colegas.
Y es que, argumentan, el exceso de confianza de los gobiernos y las organizaciones internacionales ante la inevitable aparición de nuevos patógenos virulentos, combinada con más de un decenio de recortes generalizados de la financiación «en nombre de la austeridad», pilló por sorpresa a los gobiernos cuando apareció el Covid-19.*


No les falta razón, en términos globales. La dificultad de parar el mundo solo es comparable a la de tratar de encontrar con pocos recursos la solución a una enfermedad de estas características. Quizá muchos hayan cambiado su percepción de lo que supone poder ponerse una vacuna contra la gripe cuando llega el invierno, un acto que por repetirse cada año no parece sencillo, fácil, casi espontáneo. Nada más lejos de la realidad. Es una pena que no se pongan de moda los biopics de científicos, de lo que costó encontrar remedios contra enfermedades que se llevaban por delante millones de personas cada año. No saben que eso tan sencillo de lavarse las manos es el resultado de descubrimientos sobre lo que era una infección y que se tardó siglos en establecer la desinfección como algo esencial porque tampoco se tenía claro qué era una infección. Por eso es un espectáculo desolador escuchar el "¡Jesús es mi vacuna!" o ver al presidente de los Estados Unidos con una Biblia en la mano en un sesión fotográfica. Como bien le dijo un periodista de la CNN, "¡Ábrela!", algo válido tanto para la biblia como para su mente.


En las grandes discusiones sobre economía que escuchamos todos los días y la forma de salvar los restos del naufragio, sin embargo, apenas vemos debates sobre la financiación de la investigación científica, que es en realidad en donde se encuentra la solución más inmediata. La necesidad de "reabrir" la economía, es decir, la actividad social productiva y de consumo, choca con el lógico efecto inmediato de aumentar el número de casos. No hace falta ser muy despierto (no no estar muy ciego) para comprender que el aumento de la actividad interactiva presencial aumenta el riesgo de contagio y que cada nuevo contagio aumenta el de otros nuevos.
Nuestro problema principal viene esencialmente de a) los que creen que ellos tienen menor riesgo o que son inmunes (la estrategia de tranquilizar diciendo que solo los mayores con patologías previas morían se ha mostrado equivocada y peligrosa en diversos sentidos); b) los que no les importa, ya sea por necedad personal, excepcionalismo, exceso de ego o cualquier otra circunstancia (hemos visto ejemplos variados por todo el mundo); c) los que creen que, como lo han pasado, no tienen problemas, algo que no sabemos; d) los asintomáticos irresponsables, es decir, que deciden que si no tienen problema siguen a lo suyo; y e) los que no guardan cuarentena cuando hay motivos fundados para hacerlo. Por supuesto, hay un f) los negacionistas, los que creen cosas como que es una conspiración con las redes 5G de fondo o tonterías similares. Todos son peligrosos porque niegan o se niegan lo evidente: las muertes y los enfermos, las secuelas posteriores, el hecho del contagio. En distinto grado, son muestras de irresponsabilidad ante los otros. Esto no es cuestión de libertad, pues no puede haber una forma de libertad individual que cause daño a los demás.


Por eso se está avanzando en distintas direcciones tratando atacar la enfermedad en su origen, pero también en su expansión y es ahí donde todos jugamos un papel esencial, reduciendo movimientos innecesarios, tomando medidas, previniendo. Sin algún tipo de refuerzo, el tiempo juega en contra de las medidas sociales, que son más difíciles de sostener cuando la gente empieza a hartarse, aburrirse o cualquier otro sentimiento de rechazo, incluido, la angustia por tener que ganarse el pan.
El artículo señala que la pandemia se debe combatir más allá de los laboratorios, que hay una serie de áreas que se deben tratar. Esto no es una "enfermedad rara"; es justo lo contrario, por ello se deben cuidar las formas de propagación:

Estos científicos indican que las vacunas y los tratamientos son fundamentales, pero los gobiernos también deben dar prioridad a otras áreas. En este sentido, proponen medidas en seis campos.*

Esos seis campos los recogemos aquí de forma sucinta:

Mejorar la comunicación sobre salud pública y sus conocimientos
Facilitar una vigilancia y una notificación sólidas
Desarrollar la preparación para la pandemia
Fortalecer los sistemas de salud
Garantizar la salud y equidad social
Estrategias de confinamiento y desconfinamiento integrales



Creo que las seis iniciativas son puntos sólidos de partida. El primero es esencial, pues se ha demostrado, en diferentes fases y momentos, lo poco preparado que han estado medios e instituciones para comunicar eficazmente con la población.  Se dirá —y es cierto— que los medios tampoco han recibido buena información. Esta pandemia está mostrando la necesidad de comunicadores creíbles en la época de la desinformación, la redes sociales y las "fake news", algo que existía antes pero que ha jugado un papel esencial en nuestro estado actual. También los medios han tenido que aprender, sí. Unos lo han hecho mejor y otros peor. Los dos siguientes puntos tienen que ver también fuertemente con la información y su eficacia de transmisión manteniendo conectadas las instituciones; también con la construcción de sistemas de detección. Los restantes tienen que ver con la mejora de lo que ha sido deteriorado en muchos países, los sistemas de salud, uno de los focos de desigualdad más acusados. Lo hemos visto en muchos países, las diferencias entre sistemas sólidos, con buenos profesionales e instalaciones, pero reducidos a mínimos por las políticas de recortes y los empujones hacia sistemas privados que nos siempre funcionan como deben. La salud no debería ser un negocio, sino un logro global. Pero por lo que estamos viendo ahora alrededor de la carrera de la vacuna por parte de algunos países, hay pocas esperanzas de que esto llegue a ser global.


Como bien señalan los científicos firmantes en Nature Medicine, "las naciones del mundo tenían que unir sus fuerzas y luchar juntas". No lo hacen. Es difícil hacerlo cuando existen tales diferencias de condiciones entre unas y otras, no solo económicas, sino culturales. La pandemia ha demostrado que no existen fronteras y que los seres humanos quedamos igualados por un coronavirus saltado desde algún murciélago y paseado por los seres humanos en un planeta que se nos queda pequeño, con una naturaleza estresada y a la que explotamos sin cuidado.
Los gobiernos han fallado, sí. Lo han hecho más allá de sus errores puntuales en este caso. La falta de previsión, el hacer oídos sordos a la advertencias sobre que esto podía ocurrir tras cinco avisos recientes, el aprovechar la circunstancias para las guerras político-económicas, la falta de solidaridad, el horror de las estrategias de contagios masivos, el desmantelamiento de lo público confiando todo a la rentabilidad... Cada uno podría añadir algunos otros errores y vicios.
La pregunta es ¿aprenderemos para la siguiente? Si no se unen fuerzas y se priorizan los recursos para el futuro, esto, nos advierte los científicos, volverá. Y no habrá excusas.



* "Los científicos creen que los gobiernos han fallado en su lucha contra la pandemia" ABC EFE 11/06/2020 https://www.abc.es/sociedad/abci-cientificos-creen-gobiernos-fallado-lucha-contra-pandemia-202006112259_noticia.html