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martes, 4 de febrero de 2025

Contra el acoso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Coinciden las expertas consultadas por Sandra Rullo Pichel* sobre el acoso en su artículo en RTVE.es sobre lo mucho que queda por hacer en este terreno y en la necesidad de actuar en la educación en la igualdad. La coincidencia de casos muy mediáticos, como han sido los de Pélicot en Francia y los de Luis Rubiales e Íñigo Errejón, que independientemente de su gravedad respectiva, muestran un abanico de comportamientos negativos. Más allá de sus resoluciones judiciales, estos comportamientos nos sitúan ante un problema que incluye en su interior precisamente el silencio.

Entre el espectáculo mediático y el silencio hay toda una gama de posibilidades de tratamiento de este fenómeno social que debe ser erradicado. Castigar es un momento posterior a los hechos, como la denuncia; sin embargo, lo deseable es erradicar estos comportamientos negativos que están insertos en la vida diaria de muchas mujeres y eso solo se logra realmente con educación. Mientras haya que denunciar, juzgar y castigar será señal de que se sigue produciendo, que no se consigue erradicar en sus fundamentos.

A este problema se suma el de la reaparición como negacionismo en determinadas corrientes populistas. La negación del problema la estamos viendo en países importantes que han de las doctrinas patriarcales la base de sus políticas. El sexismo creciente hace retroceder los avances. Combatirlo es una cuestión de todos, no solo de jueces e instituciones.

Mañana comenzamos en nuestro cinefórum de la Facultad un ciclo sobre el acoso en sus diversas variantes. Lo hacemos con una magnífica película egipcia, "El Cairo 678", dirigida por Mohamed Diab en 2010, basada en acontecimientos reales de 2008. El momento de los hechos y el del lanzamiento de la película son inmediatamente anteriores a los de la Primavera Árabe en Egipto, mostrando un ambiente preparatorio característico.


El título de la película hace referencia a un autobús de línea, un espacio habitual de acoso que hace imposible a las mujeres el viajar sin sentir las manos de los pasajeros. Pero lo más sorprendente de lo que se nos muestra es precisamente el silencio institucional y social ante estos hechos: nadie ha denunciado nunca estos hechos. El silencio es la respuesta ante la amenaza de las críticas, del desprestigio en una sociedad profundamente machista en la que las familias prefieren el silencio a ser sometidas a la "vergüenza" pública. La película nos habla de la primera mujer que denunció, que se atrevió a hacerlo por encima de la oposición de sus familias, que lo evitan en nombre de la fama.

No estamos ya en una sociedad como la que se nos muestra en esta película, pero hay elementos que se mantienen, como es el recelo, cuando no la abierta agresividad, hacia las mujeres que denuncian. Hay momentos de la película que se nos hacen tremendamente familiares.

Incluirla como primera del ciclo es una invitación a reflexionar sobre el silencio social y sus efectos. La película es tremendamente local en su planteamiento, pero también universal en su descripción de los prejuicios que deben afrontar las mujeres que denuncian. Es este miedo a enfrentarse a la presión social, al desprestigio, el que frena muchas denuncias. Por ello, insistir en la visibilidad de los casos debe ser reforzada con actitudes de apoyo a las víctimas, que deben sentirse respaldadas en su denuncia y entender que son víctimas de unas personas, pero también de una forma de pensar socialmente. Eso es lo que hay que cambiar, ya que es el motor de lo demás.

El aumento de casos de violencia y acoso en escuelas e institutos debería preocuparnos, como debería hacerlo el hecho de que un mayor número de jóvenes crea que esto es un "invento" ideológico y no una realidad.

La pregunta que se hacían desde el titular en RTVE.es —"¿Ha cambiado la percepción social sobre lo que es acoso y agresión sexual?"— no es fácil de responder ya que hay movimientos en sentido contrario.  Ha habido cambios positivos, pero hay una evidente resistencia que hace aumentar el acoso y la agresión. Convertir la idea del patriarcado en doctrina política es uno de los movimientos que hay que evitar, pero no será fácil hacerlo. El negacionismo populista crece.

Mañana veremos nuestra película egipcia, pero hablaremos también desde nuestros propios problemas, de los que no hay que temer hablar. Es misión  de cada uno lograr una mayor sensibilización de algo que debe ser claramente definido como problema. Nosotros lo haremos así.

Las sociedades que apuestan por la igualdad deben vencer este tipo de resistencias, fruto de un pasado en el que se educaba en lo contrario. La violencia de cualquier tipo sobre las mujeres es hoy una forma de resistencia al cambio, de negación factual de la igualdad.


* Sandra Rullo Pichel   "¿Ha cambiado la percepción social sobre lo que es acoso y agresión sexual?" RTVE.es 3/02/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250203/cambiado-percepcion-social-sobre-acoso-agresion-sexual/16431993.shtml

sábado, 6 de octubre de 2018

35 butacas o Juana en El Cairo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario Ahram Online nos trae la noticia de una proyección dentro de sus "Art Alert". Su titular —"Silent French classic The Passion of Joan of Arc to screen in Cairo at Cimateque"— y el texto nos explica que mañana domingo y el martes podrá asistirse a la proyección de la película de Dreyer a las 7 de la tarde. También se nos indica el lugar: Cimatheque - Alternative Film Centre, 19a Adly Street, Downtown, Cairo. En octubre pondrán, entre otras, "Fat City", una gran película de Louis Malle, "La soledad del corredor de fondo", un buen ejemplo del "free cinema" británico, o una iconoclasta película (como todas las suyas) de Todd Solonz, "Welcome to the Dollhouse".
Es un pequeño remanso de cine independiente para mentes abiertas en una ciudad con más de veinte millones de personas, diez en la ciudad y otros diez en los alrededores. He contado 35 butacas en ese recogido espacio selecto en el que se puede ver lo que no es frecuente ver.
Los egipcios aman el cine. Ese amor les llevó a convertirse en la primera potencia cinematográfica del mundo árabe. El papel de la lengua ha sido esencial. El árabe clásico ha servido para que las obras saltaran por encima de las diferencias coloquiales y de las variantes de las diversas zonas. Esto permitió que El Cairo se convirtiera en el centro de producciones para todos los países. Allí iban las estrellas de todos los países, adquiriendo fama en todos los países de lengua árabe. Eran días en los que Egipto estaba en plena expansión cultural y contaba con grandes artistas de la canción y del cine, por separado o conjuntamente, como Hafez. A los públicos de entonces les gustaba que los artistas cantaran penas y alegrías en las pantallas, convirtiendo en grandes éxitos populares aquellas películas.

Suelo revisar las "art alert" de El Cairo o de otras ciudades egipcias a través de la prensa. Son un indicador interesante de lo que se quiere ver y de lo que no se ve. Creo que la última que comenté aquí me llamó la atención por motivos parecidos a los que lo ha hecho el filme de Dreyer, "La pasión de Juan de Arco". En aquel caso fue una representación de "Tartufo", de Moliere lo que atrajo mi atención.
La pertinencia de los textos en un determinado momento, en un contexto histórico, puede ser mayor o menor. Podemos escribir novelas o hacer películas, especialmente, para hablar del mundo que nos rodea o porque establecemos en un momento dado paralelismos o vínculos de algún tipo.
Tartufo y La pasión de Juana de Arco son dos obras que hablan de la intransigencia religiosa, de la hipocresía. Hablan de la creencia en su superioridad moral sobre otros, a los que consideran pecadores, locos o traidores según los casos. Son obras que nos muestran lo pernicioso del dogmatismo y de su falta de humanidad. Hablan de nuestra vanidad y soberbia.
En un contexto social, político y cultural como el que se vive en Egipto hoy se pueden hacer varios tipos de lecturas del filme de Dreyer. En última instancia, tenemos un film sobre el espíritu inquisitorial, que es un rasgo muy extendido y que condiciona la vida del país bajo un signo u otro.


Tras uno de mis primeros viajes a Egipto, recuerdo un debate con una estudiante a la que tenía aprecio. Me llamó la atención su insistencia en el valor de las "viejas películas" frente a las "nuevas", que eran descalificadas. Normalmente se encuentra uno con la reacción contraria, el rechazo de las viejas películas, con las que no se coincide generacionalmente. Aquí era lo contrario.
La explicación —no fue la única estudiante en manifestarse en este sentido— tenía que ver con el mundo de comedia representado y con el consiguiente escapismo que proporcionaban frente a la inquietud crítica que presentaban películas como las realizadas en la última etapa antes de la revolución de 2011 y las que siguieron, realizadas mayoritariamente por cineastas jóvenes, que trataban de presentar su visión del mundo que vivían.

Películas como "¿El caos?" (Heya fawda, 2007), de Y. Chahine, sobre la corrupción policial y "El edificio Yacoubian" (Marwan Hamed, 2006); "Cairo 678" (Mohamed Diab, 2010) y "Mujeres de El Cairo" (Yusri Nasrullah, 2007) sobre el acoso sexual, son huellas del descontento con un régimen y una sociedad. No es solo un malestar "político"; es algo más amplio que estalló en 2011 con demandas de libertades y acabar con las diferentes formas de corrupción y opresión que controlaba la vida de las personas, especialmente de jóvenes y mujeres, en cuyas aspiraciones se reflejaba el hartazgo antes una sociedad patriarcal que desoye a los jóvenes y desprecia el papel de las mujeres. Como ya se observó entonces, aquella fue la "revolución de los jóvenes" y pronto se cebaron en las mujeres, las que más ofendían la vista de militares e islamistas, dos formas patriarcales y autoritarias que se disputan la sociedad egipcia, que oscila de unos a otros, quedan los que no se suman a ninguno en un vacío peligroso.

Eso es lo que me ha suscitado mi memoria simbólica al enterarme de la proyección de La pasión de Juana de Arco en El Cairo. La imagen de una joven encarcelada y torturada por unos poderosos inquisidores que unas veces lo hacen en nombre de Dios, otra en el de la patria, pero siempre sufren los mismos.
La actitud del nuevo régimen ante el cine ya ha quedado definida, como lo quedó en la época de los islamistas, un periodo breve pero muy ilustrativo en el que se persiguió a los viejos actores y cineastas, como Adel Imam, por sus películas cómicas en las que se reían de las barbas islamistas, como en "Kebab y terrorismo" (Sharif Arafah, 1992), una crítica a la burocracia y al régimen de Mubarak, que los islamistas se tomaron muy en serio, como la posterior "Al-irhabi" (Nader Galal, 1994), también con el "odiado" Adel Imam.

Recuerdo un incidente, recién celebradas las primeras elecciones tras la caída de Hosni Mubarak, en la que los islamistas obtuvieron un 75% del parlamento, junto a los salafistas. Un recién elegido diputado islamista montó un escándalo en pleno vuelo de EgyptAir exigiendo a la tripulación que interrumpiera la proyección de la película por considerarla "inmoral". Él, como diputado electo, se consideraba on autoridad para hacerlo y con la responsabilidad, como buen musulmán, de impedir a los viajeros caer por la vertiente de la inmoralidad. Ya asomaban las maneras en aquellos primeros momentos en los que se prometían la vigilancia sobre los egipcios.
Pero el nuevo régimen, el que prometió a los egipcios liberarlos de los islamistas, cae en el mismo autoritarismo, ejerce las mismas censuras y sigue persiguiendo a quienes les critican o no les gusta.
Aquí comentamos el caso de la película "El Cairo Confidential" (The Nile Hilton Incident, Tarik Saleh 2017), un estupendo thriller que nos deja con la corrupción policial y política en las puertas mismas del 25 de enero de 2011. Las dificultades para su proyección en Egipto han sido grandes y han de seguir su vida con el publico de fuera o a través de las comercializaciones de DVD o Blu-Ray.
El presidente al-Sisi ha reconvenido varias veces a los guionistas de series televisivas y de cine sobre los temas "adecuados" para sus obras. No deben insistir en los aspectos negativos de la realidad; solo en los positivos.


Se trata de crear una imagen idílica, tal como la mantenían anteriormente sobre la situación del país y de la gente. Ni la prensa ni el arte debe insistir en las críticas, pues se convierten en formas de difamación. La prensa crítica ha señalado a conversión de la policía y los militares en los nuevos héroes, querido, admirados, reverenciados, en las nuevas series de Ramadán. La Policía ya no te detiene, tortura o hace desaparecer, como ocurría en la época de Mubarak. La misma policía hoy ayuda a los niños a cruzar las calles, defiende a las mujeres del acoso. Cuando hay denuncias de muertes y torturas en las comisarías o cárceles, el ministro del Interior no deja de señalar, tantas veces haga falta, que son meras ocurrencias sin que revelen una forma de actuar no corregida.
Por ahora no es posible tratar la realidad de lo que ocurre más allá de allá de 2013, como ha hecho Mohamed Diab en su Clash (2017). No es fácil explorar el presente o presentar una vista que no te convierta en traidor o derrotista, en conspirador extranjero o en corruptor de las buenas costumbres egipcias.
Quedarán para mejores momentos. Pero podemos ocupar una de esas 35 butacas en un barrio cairota para recordar, a través de la mirada atormentada de la joven Juana, la intransigencia y crueldad humanas. 


Noticia de la apertura de la Cimateque en 2015

viernes, 27 de julio de 2018

El Cairo Confidencial, género y realidad


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario estatal Ahram Online nos recordaba ayer el décimo aniversario de la muerte del director de cine egipcio Youssef Chahine. Lo hace con el título calificándolo desde el titular como "The perpetual rebel". Por una de esas casualidades de la vida, ayer dediqué la noche a ver la película "El Cairo Confidential", también conocida como "The Nile Hilton Incident", de director de nacionalidad sueca pero de origen egipcio, Tarik Saleh. Llevaba tiempo pendiente de su salida a la venta y ayer mismo la encontré recién salida al mercado. La película se estrenó en algunas salas con muy buenas críticas y ha cosechado importantes premios, entre ellos en Valladolid y el festival de Sundance. De alguna forma, la película se convirtió en mi mente en un pequeño homenaje a la memoria de ese rebelde perpetuo que fue Chahine, en especial a la una de sus últimas películas "¿El caos?" (Heya Fawsa, 2007), que en alguna ocasión hemos mencionado aquí.

Chahine no llegó a vivir la Primavera Árabe de 2011 ya que falleció en 2008, siendo esta película prácticamente su testimonio directo sobre el mundo que le rodeaba. Allí donde había elegido fórmulas simbólicas, alegorías, sobre la represión autoritaria del régimen de Hosni Mubarak poder para poder expresarse, en "El caos" se enfrenta directamente a un microcosmos realista, el barrió, controlado por un policía corrupto que es dueño de la vida y destino de todos. Por él pasa tu éxito o fracaso; él decide si prosperas o desapareces. El pueblo acaba enfrentándose a él y todavía quedaba la posibilidad de un juez justo que salvara el futuro.
Tarik Saleh sí ha visto la Primavera Árabe egipcia y sus consecuencias posteriores, el regreso de un régimen sin purgar disfrazado de salvamiento frente al "caos" del que ya nos hablaba Chahine en su obra. Lo hacía entonces y lo hace ahora Saleh porque el argumento de la dictadura es siempre el mismo: un el autoritarismo disfrazado de "orden" y la libertad caricaturizada como "caos".
La película de Tarik Saleh se mueve más dentro de la escritura de género. Sin embargo, si andadura se escapa al género para incidir en la historia gracias a los detalles que son agregados en escenas con pequeños personajes, como la escena del taxista en la que se retrata a la perfección el personaje que despotrica contra el régimen y su brutalidad y se vuelve servil cuando ve que se trata de un policía al que transporta.
La película de Saleh es una cuenta atrás hacia la revolución, va confluyendo en el tiempo (al 25 de enero de 2011) y en el espacio, hacia la Plaza del Tahrir. Es algo que debe tener presente cualquier espectador que no se quede en la trama. Hay películas que nacen como películas, pero otras —como es el caso— están ancladas en los hechos que configuran su entorno histórico. El que vea esta película deberá tener refrescados los acontecimientos que se van sucediendo en paralelo a la trama: el levantamiento en Túnez, la muerte de Khaled Said, torturado y muerto por la Policía de Alejandría. La trama de la historia se sostiene sobre la trama de la Historia.
La película se inicia con la pantalla con la imagen defectuosa de un televisor. En ella vemos durante unos instantes el rostro de Alaa Al-Aswani, el escritor y columnista (y dentista), autor de El edificio Yacobián, una novela esencial para entender el entramado de la sociedad mubarakista, tal como Balzac hizo con su Pensión Vauquer, en El Padre Goriot. La aparición de unos segundos de Al-Aswani nos remite al clima y al tono de la película, al realismo de la Historia y sus acontecimientos. Los artículos de Al-Aswany terminaban con un "¡la democracia es la solución!", ironizando sobre la alternativa de los islamistas "el islam es la solución". Son detalles que muestran el mimo y la precisión con la que la película está construida. Igual detalle se muestra en el uso de la música, con el clásico "Ahram" de Abdel Halim Hafez con el que caracteriza la melancolía del policía y otras piezas que nos llevan al interior de los personajes.

Los personajes están bien dibujados a lo largo de la escala social, de los inmigrantes sudaneses despreciados a las capas más altas del poder. Es un mundo presidido por retratos de Hosni Mubarak.
La película capta bien la gran diferencias entre el mundo de la calle y el de los ricos todopoderosos. Muestra la vida de los privilegiados del régimen con una clase policial corrupta en primera línea, pero también la corrupción como forma generalizada de vida. No hay justicia, no hay leyes. Solo una norma: el poder es libre. Se trata de sobrevivir, de desplazarse hacia los márgenes para no ser arrastrados por la fuerza violenta e irrefrenable de un sistema que ha permitido —como nos mostraba Chahine en "El caos"— que la sociedad esté dividida en pequeñas parcelas controladas por violentos corruptos cuya única obligación es responder haciendo partícipes de los negocios a sus superiores. Es el dinero el que lo mueve todo y la violencia la que lo resuelve. Con la escena del levantamiento del cadáver en el hotel comprendemos perfectamente ante qué régimen estamos, quienes son las personas que lo controlan y cuál es su función. En esa simple escena, Tarik Saleh concentra con mano precisa lo que vamos a ver desarrollado.
Las concesiones al género "negro policial", sus propios tópicos, no tapan la realidad del mundo que se nos describe. Está en esas pequeñas frases —"cárgalo a la cuenta de la habitación"— más que en las frases del género.
Pese al centro del protagonista, la película es coral y panorámica. Refleja personajes a lo largo de la escala social, en un mundo sin piedad y de explotación. Nos muestra desde los inmigrantes bajo un puente a los lujosos apartamentos en los que viven los más privilegiados. Es un mundo en el que se reza en las calles y en el que existen los prostíbulos de lujo en el que se encuentran egipcios, saudíes y jordanos disfrutando de música, mujeres y bebidas.
En una entrevista en el diario ABC en abril con motivo del estreno, Tarik Saleh decía:

«Las autoridades me han dicho que si vuelvo allí, me arrestarán. Sé que no voy a poder volver a Egipto después de esta película y la gente me pregunta si me ha merecido la pena. Puede ser que no, pero sentía que tenía que hacer esta película. Porque ese es mi trabajo como director de cine: contar las cosas que sé que tengo que contar».**



Es lo que las autoridades suelen decir ya como una costumbre. El régimen egipcio actual sigue sin poder encajar su propia historia y procedencia. En realidad, apenas ha cambiado nada de lo que podemos ver porque no se ha querido cambiar nada. Hosni Mubarak no cayó en un sentido estricto. Más bien fue relevado para evitar que el Ejército tuviera que realizar una masacre que impidiera la continuidad del poder. La debilidad del régimen quedó en evidencia cuando perdieron las elecciones frente a los islamistas al año siguiente. Creían que podrían controlar la maquinaria del estado para sacar adelante a Shafiq, al candidato oficial del régimen, un militar, con lo que lo único que hicieron fue facilitar el acceso de los islamistas al poder. Muchos los votaron con la creencia de que iba a cambiar algo, pero los cambios solo fueron en la línea de islamizar a la sociedad y al estado, lo que llamaron la "hermanización". Las consecuencias de la pérdida del poder (más bien de la presidencia, ya que el poder real siempre ha estado en manos del Ejército y Policía) fueron las maniobras que llevaron al golpe de estado del 30 de junio de 2013 tras un año en el poder. Lo que ocurrió en ese tiempo, del "25 de enero" al "30 de junio" da para muchas películas.
El destino de la película de Tarik Saleh en Egipto ha sido rotundo. El 25 de noviembre de 2017, Egypt Independent informaba:

Egyptian-Swedish thriller film “The Nile Hilton Incident” was allegedly prevented by police from being screened  at Cairo’s Balcony Heliopolis venue on Friday, according to witnesses at the scene.
The incident occurred just a few weeks after the film had been scheduled to screen at Egypt’s ‘Panorama of European Film Festival’ but was removed from the program due to “involuntary circumstances”.
Zawya Cinema, where the film was to be screened, released a statement explaining that “the film screening was cancelled for circumstances beyond our control”.
According to a witness who spoke to Egypt Independent, police personnel were stationed at the gates of the venue asking people for their IDs, while prohibiting them from entering.
Released in 2017,  the film revolves around an Egyptian officer investigating the murder of a woman who was murdered by a businessman in one of Cairo’s hotels. The detective exposes connections between the businessman and high-ranked political officials. As the leading character, police officer Noureldin (played by Fares Fares), follows the thread that leads to the culprit, the film highlights the wide networks of corruption within which the Egyptian police force operated, protecting the criminals who were behind the murder.***


En este sentido, esta actitud es la demostración palpable de que el mundo que la película describe sigue siendo el mismo. Los asesinatos de Shaimaa al-Sabbagh, la mártir de las flores, y del doctorando italiano Giulio Regeni, ambos en fechas sucesivas de las conmemoraciones de la Revolución del 25 de junio  confirma que el formato elegido para la historia de Egipto, el thriller, sigue siendo válido. Egipto sigue siendo una "jungla de polvo", por parafrasear el título de Burnett, un clásico del género.
En la entrevista de ABC, Saleh se pregunta, al explicar la trama, cómo podía un policía investigar un crimen en un ambiente como aquel, de corrupción, barreras y silencios. La pregunta sigue teniendo respuestas.
Lo sorprendente es cómo la sociedad egipcia (al menos una parte) ha conseguido racionalizar todo aquello, lo que les contaba Youssef Chahine, lo que les cuenta Tarik Saleh, convenciéndose de que todo es "difamación", palabra a la que el régimen ha sacado brillo acallando con ella cualquier acusación.

Ayer, Egyptian Streets publicaba la noticia de las advertencias del Ministerio de Exteriores británico a los turistas que viajen a Egipto:

The official Foreign Advice section of the UK’s profile on Egypt has updated its list of advice and suggestions to warn its citizens from expressing their negative opinions.
”Publicising strongly negative opinions about Egypt or making political comments, including about the President or security forces, can cause trouble with the authorities. In some cases, derogatory comments on social media have led to custodial sentences,” reads the advice from the official website.
The page also features general advice concerning LGBT, street photography, alcohol consumption and observance of religion in Egypt.
Earlier this month, the Egyptian Misdemeanor court sentenced Lebanese tourist Mona al-Mazbouh  to eight years in prison for posting a Facebook video defaming Egypt, as stated by her lawyer on Reuters. The court’s decision will still be appealed on July 29.****


Si Egipto se niega a verse retratado a través del arte, como ocurre con el cine, la literatura, etc. o los medios de comunicación (más de 500 medios bloqueados o cerrados, leyes restrictivas de control, etc.), tendrá que irse acostumbrando a notas como estas, más eficaces que cualquier otra descripción extensa que se pueda realizar. La advertencia británica a sus turistas es clara.
El cine de Saleh se acerca a esa voluntad de describir la sociedad egipcia que tenían Chahine o, en literatura, Yúsuf Idris o Naguib Mafouz, el premio Nobel, contra quien se atentó. La clase alta egipcia, pagada de sí misma, no gusta de las críticas, no le gusta que se remuevan los lodos sobre los que está cimentada, de los que salen periódicamente los olores de las cloacas. Tampoco a los islamistas les gustan las críticas o retratos. Cuando llegaron al poder empezaron a ajustar cuentas con los artistas y películas que les habían retratado de forma crítica o caricaturesca, como ocurrió cuando llevaron a juicio a Adel Imam, el célebre actor.
Mal salida tiene una sociedad cuya intransigencia es absoluta desde uno y otro lado, si es que nos son los mismo con distintos uniformes y creencias según toque. Mal salida tiene una sociedad que tapa la boca de los críticos, los encierra o los hace desparecer entre aplausos o en silencio, según interese en cada momento. Mal salida tiene una sociedad en la que un policía te puede decir dónde debes vivir, con quién te debes casar o en dónde debes trabajar porque se considera con plena autoridad para ello. La sociedad que asume el autoritarismo como norma y normalidad no tiene buena salida. Y lo que veíamos en la película de Chahine, en la de Saleh y en la realidad misma es la prepotencia de un sistema que dice actuar como un padre, si bien un padre tirano como los que reflejó Mafouz, un patriarca dueño de tu vida y de tu muerte.
Hoy sabemos cómo acabó aquello que la película nos muestra en sus escenas finales. El 25 de enero se celebra la revolución que trató de arruinar el día de fiesta nacional de la Policía. Extraña e irónica coincidencia. Hoy solo se celebra el día de la Policía el 25 de enero. Todo queda dicho.
Animo a todos a que vean esta estupenda película, que la vean con los ojos de la historia y del gusto por el buen cine.



* "Remembering Egyptian filmmaker Youssef Chahine: The perpetual rebel" Ahram Online 26/07/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/32/308578/Arts--Culture/Film/Remembering-Egyptian-filmmaker-Youssef-Chahine-The.aspx
** "Tarik Saleh, el grafitero proscrito en Egipto que triunfa en el cine" ABC 02/04/2018 https://www.abc.es/play/cine/noticias/abci-cairo-confidencial-pelicula-tarik-saleh-201803300059_noticia.html
*** "Police reportedly prevents screening of ‘The Nile Hilton Incident’ in Heliopolis venue" Egypt Independent 25/11/2017 https://www.egyptindependent.com/police-reportedly-prevents-screening-of-the-nile-hilton-incident-in-heliopolis-venue/
**** "UK Warns Travelers of Expressing Negative Opinions on Egypt" Egyptian Streets 26/07/2018 https://egyptianstreets.com/2018/07/26/uk-warns-travellers-of-expressing-negative-opinions-on-egypt/

martes, 23 de mayo de 2017

La obra inadmisible

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Pese a su tendencia a mostrarnos mundos imaginarios, el cine sigue siendo una de las mejores herramientas para describirnos el mundo y acercarnos a su comprensión. Como forma de arte, nos describe nuestro propio estado a través de la expresión, algo que se complementa por el proceso complementario, la interpretación de la obra, que también sirve para evaluar nuestro estado. Hay pues dos estados, uno creativo y otro receptivo. El primero da cuenta de nuestra capacidad de traducir el mundo a historias, a signos que lo representan conforme a nuestra visión. El segundo pone a prueba nuestra capacidad de interpretación —sus límites— y también nuestra capacidad de aceptación y reconocimiento.  Todo buen arte debe sacudirnos un poco, hacer que estremecimiento recorra la espalda al vencer nuestras defensas, al burlar —por la comedia o la tragedia— nuestra propia imagen mostrándonos la desnudez y lo imaginario de nuestra arrogancia. Los esteticistas querían un arte que fuera solo placer, pero sin algo de aprendizaje, sin algo de revelación o crítica, el arte se convierte en mera búsqueda de novedades. Pero poner delante espejos tiene sus riesgos si al rey no le gusta que se muestren sus vergüenzas.
Ahram Online nos cuenta lo que ha ocurrido estos días en el Festival de Cannes, en el que los críticos árabes han dado sus propios premios al cine que describe un mundo necesitado de expresión y de interpretación. En ellos el cine egipcio ha tenido un buen reconocimiento:

Tamer El-Said's In the Last Days of the City won the award for best film at the Arab Critics Awards' ceremony on Sunday.  Youssef Shazli, the founder and managing director of Zawya, one of the film's co-producers, accepted the award on behalf of its director.
Egyptian director Mohamed Diab won the award for best director and best screen play for Clash, which he wrote with his brother Khaled.*


Hubo un tiempo en que el cine egipcio abastecía al mundo árabe. Era el mayor centro de producción de la región y sus estrellas conocidas por todos de un extremo a otro de África y Oriente Medio. Las viejas películas y sus estrellas son recordadas todavía en muchos lugares.
El premio a la mejor película por In the Last Days of the City y al mejor director por Clash hablan del buen estado del cine egipcio desde el punto de vista de la expresión, de la parte creativa. Pero también hablan de otras cosas:

Diab called on Arab and foreign critics and filmmakers to join in solidarity and show their support for El-Said’s film Last Days of the City, which has not been screened in Egypt. The film, according to its Egyptian distributors, has not yet been screened in its home country due to failure to gain permission from Egypt's Censorship Authority.*

Es triste que una película que merece el reconocimiento internacional no pueda ser vista en el país que describe. Ciertos países siguen practicando las tácticas del silencio interior y la agitación contra los que levantan el espejo. Ante la imposibilidad de silenciar ante el mundo el discurso, se elige la presión deformadora o el silencio temeroso ante la obra inadmisible. Ya no es arte, sino atentado; ya no es artista, sino traidor, terrorista..., cualquier término que haga surgir el estigma.
Si In the Last Days of the City es un recorrido por el espacio físico y humano de El Cairo, Clash transcurre en el interior de un furgón policial, una claustrofóbica metáfora. Son dos formas de espacios caóticos que representan el conflicto a su manera, dos miradas sobre una realidad.


Al estar tan preocupado el régimen egipcio por su imagen, la concesión de los premios a ambos cineastas pasa a formar parte de las ofensas que confirman la existencia de una conspiración internacional contra Egipto, que Occidente ampara a sus enemigos y que el arte está en decadencia.
A finales de febrero de este año, en el blog "Cine maldito", Rubén Redondo hacía una muy buena crítica de la película que nos explica muchas cosas:

[...] In the Last Days of the City se alza como un ejercicio de estilo que recoge las opiniones y esperanzas de esa juventud inconformista que se alzó contra el poder. Sin embargo, lo que convierte a la película en un documento fidedigno y elocuente de lo que sucedió durante los días previos al alzamiento de la revolución es su conato de pieza de cine dentro del cine capaz de pintar un reflejo de la realidad que se confunde con la acción periodística. De este modo, Tamer El Said ideó un alucinante viaje a través de las avenidas y plazas del Egipto más desconocido, dándonos a conocer la demografía de su ciudad, su arqueología humana, su pintoresca diversidad, la carencia de libertad irradiada tanto en la abundante presencia del ejército en las calles con el propósito de salvaguardar la seguridad como por la inquisidora mirada de clérigos que amenazan con sus ojos plagados de odio a las mujeres que osan pasear con el rostro al descubierto y sobre todo el alma inherente a esa juventud culta y contestataria habitante de los peligrosos vértices del mundillo cultural que observará impasible gracias a unos ojos incapaces de emitir cualquier juicio de valor todos los cambios que estallarán en medio de la tormentosa primavera árabe egipcia.
Ello se logrará a través del personaje de Khalid (Khalid Abdalla), un joven treintañero aspirante a director de cine —siempre con la pretérita influencia de su difunto padre perteneciente a la clase artística egipcia— que tiene entre manos el proyecto de realizar una película capaz de plasmar la realidad de su ciudad, marcada por un incipiente deseo de quebrar la dictadura montada por el Partido Nacional Democrático, apoyándose para lograr este objetivo en la propia vivencia personal de su director, un realizador de televisión que está pasando por un duro momento personal debido a la enfermedad terminal que padece su madre. Con el apoyo moral y de consultoría cinematográfica de tres amigos también cineastas que viven en Beirut, Berlín y la peligrosa Bagdad, Khalid se mimetizará con el ambiente, caminando por medio de un laberinto tortuoso y peligroso para su propia estabilidad mental, debiendo salvar los obstáculos que se le interpondrán en el camino, como su voluble relación sentimental con la intrépida y valiente traductora Laila, una bella mujer que lucha día a día por mantener a salvo su dignidad e integridad.
La cámara seguirá los pasos de Khalid, pegándose como un invisible huésped a su espalda, mostrando de este modo los cambios sociales que tuvieron lugar en el Egipto que acabaría derrocando a Mubarak. Tanto es así, que ciertos pasajes del film más parecen una obra documental —increíbles son las tomas de los primeros planos de los rostros de los policías exhibiendo el miedo al observar de frente a una turba lanzando proclamas contra el Régimen— que una pieza adscrita a la ficción. De ello se beneficia el hecho de que Tamer El Said decidió no conceder ningún tipo de protagonismo ni liderazgo a su intérprete protagonista, un Khalid que acabará adoptando la estampa de un mero testigo de los acontecimientos, sin tomar en ningún momento partido mientras observa los cambios experimentados tanto en las calles como en el interior de las casas de su ciudad. Por consiguiente, Khalid será ese cineasta objetivo, incapaz de meditar ni padecer, temeroso de ser catalogado como un revolucionario, pero también de traicionar a su único y principal objetivo, que no es otro que el cine. El cine convertido en algo más grande que la propia vida.**


No hace falta mucho más para entender la incomodidad que la obra provoca. En un caso tan peculiar como el egipcio, mostrar el cambio social de actitudes es un acto irreverente e inadmisible. Lo que la película muestra es el momento, la captación de una atmósfera y de un sentir que se ha ido desvaneciendo y resulta intolerable para aquellos que se ven reflejados en él. El caso egipcio es único: una sociedad que se levanta contra un gobierno autocrático, que elige en las urnas el autoritarismo religioso y que aplaude la llegada de más autoritarismo. Una sociedad que aplaude demasiado, que reverencia demasiado al poder, no acepta fácilmente que se le recuerde. El artista pasa a ser testigo incómodo, memoria enfermiza de lo que se desea olvidar.
La película muestra lo que se quiere olvidar hoy. Pero muestra la incongruencia social. Es el carácter semidocumental, las imágenes tomadas de las calles, lo que resulta intolerable. Los rostros hablan.
La obra se convierte así en inadmisible, en un inmenso atentado contra el discurso reformado que manipula la memoria hasta retorcer la historia haciéndola irreconocible. Hay pueblos que quieren olvidar sus dictaduras. Otros que, inexplicablemente, quieren olvidar sus momentos de libertad.



* "Cannes major Arab Critics Awards go to Egypt's Clash, In the Last Days of the City" Ahram Online 22/05/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/32/269240/Arts--Culture/Film/Cannes-major-Arab-Critics-Awards-go-to-Egypts-Clas.aspx

** Ruben Redondo (reseña) "In the Last Days of the City (Tamer El Said)" Cine Maldito 2702/2017 http://www.cinemaldito.com/in-the-last-days-of-the-city-tamer-el-said/

jueves, 19 de noviembre de 2015

El empecinamiento

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer veíamos dentro de nuestras Jornadas "Mujeres de 3 culturas" la excelente película egipcia "El Cairo 678" (Mohamed Diab 2010). Cuando una mujer decide hacer la primera denuncia contra el acoso sexual sufrido, surge la sospecha de que se trata de una "conspiración" exterior para dañar el prestigio de Egipto. La película es de 2010 y recoge unos hechos reales ocurridos en 2008 y 2009. La negación de la existencia del acoso en un país cuyas cifras estimadas están por encima de 95% puede resultar sorprendente, pero esta y otras muchas películas ayudan a explicar una mentalidad que tiende a negarlo todo por sistema y si ya no puede seguir haciéndolo, le echa la culpa a otro. Es la opción B. No hay más.

Mientras Rusia da detalles de la bomba que derribó su avión, señalando que se colocó en una lata de refresco bajo un asiento, etc., etc. el gobierno de Egipto sigue empecinado en negarlo ante el aburrimiento universal producido por escuchar siempre excusas, una y otra vez, sea el problema que sea.
Sería más fácil aceptar que todos los pasajeros formaran parte de una secta diabólica que decidiera darse un baño en Sharm El-Sheik y después hacerse volar en el aire que reconocer que la seguridad falló estrepitosamente en el aeropuerto. La conspiración para acabar con Egipto, aquella que empezó ya en la ápoca de los faraones, continúa.
Ahram Online ya trata directamente la cuestión que se va a plantear con las indemnizaciones cuando todos (menos Egipto) estén de acuerdo en que fue una bomba introducida en el aparato lo que hizo que estallara en el aire. El gobierno sigue negando.


Daily News Egypt reproduce incluso la foto que el Estado Islámico ha publicado con la bomba en la lata de refresco. Pero para el gobierno egipcio, se trata de otra conspiración (de Occidente, Rusia  y el Estado Islámico) contra ellos. Señala el periódico:

Within days of the crash, several Western governments claimed the plane was likely brought down by a bomb. On Tuesday, Moscow confirmed it had reached the same conclusion, but the Egyptian government still maintains it has still not found evidence of criminal action.
Some analysts believe IS originally planned to bring down a Western airliner but picked a Russian jet after Moscow launched its airstrikes on the militant group’s positions in Syria. The propaganda magazine described the Kremlin’s decision as “thoughtless.”
“This was to show the Russians and whoever allies with them that they will have no safety in the lands and airspace of the Muslims,” the group wrote. “That their daily killing of dozens in (Syria) through their air strikes will only bring them calamities.”
On Tuesday, Russian President Vladimir Putin offered a 47 million euro ($50 million) reward for information leading to those responsible for the jet’s downing.*


Es realmente sorprendente que se pueda llegar a estos extremos de cerrazón. Desde el principio señalamos que Egipto se quedaría solo, pero nunca pensé que llegaría a estos extremos de soledad en el negacionismo. No hay informe, dictamen o resolución, lo haga quien lo haga, que coincida con los datos, planteamientos... del gobierno egipcio. Eso va del reconocimiento del tráfico futuro en el Canal de Suez después de haber hecho un tramo innecesario a mayor gloria del gobierno y del patriotismo de los egipcios, que compraron los bonos para construirlo, a la negación del acoso sexual en sus calles, la existencia de menos del mil ateos en el país (la cifra es muy exacta,  ochocientos y pico, según sus fuentes), los encarcelados, los desaparecidos...


Cuando el gobierno egipcio dice que va a investigar algo lo hace tan concienzudamente que casi nunca llegamos a saber el resultado. Eso afecta a los que mueren por las olas de calor en los calabozos y hospitales, a las máquinas milagrosas que curan el SIDA desarrolladas por los militares, el asesinato de Shaimaa al-Sabbagh (conspiración de sus compañeros de partido), las riadas de Alejandría (otra conspiración, esta vez islamista) o cualquier otra cosa molesta de explicar.
Con la misma energía con que se puede negar lo que los demás aceptan como más probable o incluso evidente, algunos egipcios, en cambio, son capaces de elaborar complejas teorías sosteniendo las cosas más inverosímiles que se aceptan con poca dificultad. Son dos facetas totalmente complementarias que convierte a muchos egipcios en negadores de obviedades y enérgicos defensores de fantasiosas teorías de la conspiración constante contra ellos. La última es la ofensiva emprendida contra el activista de la revolución Wael Ghoneim, uno de sus rostros más interesantes.


Como se trata de que los egipcios crean que la revolución de enero de 2011, en la que se derribó (aparentemente) a Hosni Mubarak, fue una conspiración occidental y sionista para acabar con la paz, riqueza y felicidad que disfrutaban todos bajo el mandato de 30 años del amado presidente, hay que convertir en agentes extranjeros a los que la encabezaron. Ghoneim era un ejecutivo de Google en Egipto que creó la página "Todos somos Khaled Said", que fue un llamamiento a la protesta ante la tortura y muerte del joven a manos de la corrupta policía de Alejandría. Ghoneim fue detenido y luego puesto en libertad y recibido como un héroe. Pero los tiempos cambian y se tuvo que ir ante los ataques a los revolucionarios por parte de los miembros del antiguo régimen que iniciaron la ofensiva contra los revolucionarios desprestigiándolos.

Para ello Egipto tiene un especialista: el abogado "patriota" Samir Sabry, especializado en presentar denuncias ante los tribunales. Una de las últimas medidas que ha pedido esta lumbrera jurídica es que se quemen los cadáveres de los terroristas ejecutados. A esto lo ha llamado "un toque hindú" y es la aplicación de la venganza post mortem.
La pretensión de Sabry es que a Wael Ghoneim le quiten la nacionalidad egipcia por conspirador y traidor a la patria. 
Cuentan en Egypt Independent:

The lawsuit states that Ghoneim claims being a nationalist and revolutionist but actually incited against former president Hosni Mubarak’s regime. He is accused of colluding with external forces to spread chaos in Egypt. The US forces were the first to search for Ghoneim when he was taken by the Egyptian forces for 12 days.
It also states that Ghoneim was never part of the 25 January Revolution in 2011 and did not witness Egyptians suffer to represent them.**


Para extender el caos por Egipto no hace falta una conspiración internacional; se suelen bastar los gobiernos, como acusan todos los días en la prensa. No hace muchos días, Ramy Galaal hacía un llamamiento desde las páginas de Egypt Independent pidiendo que fusionaran los ministerios de Aviación y Turismo. Comenzaba así:

In any country, the number of crises should decrease as the number of ministries increases, because this means more ability to control. 
But the opposite happens in Egypt, where we have as many as 33 ministers, while countries like the United States, China and Japan have less than 20 ministers. These countries have a limited number of ministries, yet an unlimited number of creative solutions to crises.**


Con el fondo de la crisis del avión ruso y la consiguiente del turismo, la separación de los ministerios ya es una fuente de problemas por sí misma. Los ministros afectados pensarán que mejor por separado hasta que se les ocurra algo, porque si además de los turistas te tienes que responsabilizar de los aviones que los traen y los llevan desde tus aeropuertos, es un ministerio complicado y poco deseable.
Pero las "soluciones creativas" a diferencia de las antes citadas "respuestas creativas" necesitan de la prueba de la eficacia. No vale solo el ingenio, sino que además hay que resolver el problema.
Galaal terminaba su artículo señalando: «The problem is not the fall of the Russian plane from the sky to the ground. It is our inability to come up with bright ideas that take us from the ground up to the sky.»**


El negar las cosas empecinadamente no resuelve ningún problema, como hemos repetido muchas veces. No resuelve nada y crea, en cambio, múltiples problemas de credibilidad y dudas sobre la eficacia general del conjunto.

La facilidad con la que se aceptan ideas inverosímiles y la resistencia a aceptar las razonables dan un perfil agotador, perdiendo energía constantemente que se podrían destinar a resolver problemas reales, que no faltan.




* "‘IS’ releases photo of ‘Sinai jetliner bomb’" Daily News Egypt  18/11/2015 http://www.dailynewsegypt.com/2015/11/18/is-releases-photo-of-sinai-jetliner-bomb/"
** "Merge the two ministries" Egypt Independent 17/11/2015 http://www.egyptindependent.com//opinion/merge-two-ministries

jueves, 13 de agosto de 2015

Se va una generación del cine egipcio, llega otra

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
A Egipto se le están muriendo sus actores y actrices más queridos. También sus directores. Desde que comenzó el año, las noticias de fallecimientos de sus artistas llevan la tristeza a muchas personas que disfrutaron durante sus vidas de las películas que ellos interpretaban, escribían o dirigían. El cine tiene un lugar especial en el corazón de los egipcios. Desde sus estudios se alimentaron los sueños y fantasías de varias generaciones de espectadores de todo el mundo árabe. Muchos eran egipcios; otros venían de todos los rincones a buscar su oportunidad de la misma forma que los jóvenes de todas partes van a Hollywood. Ese papel de centralidad cultural lo representa en el mundo árabe Egipto.
En su "De la desgracia de ser árabe", el periodista libanés Samir Kassir —asesinado por las oscuras fuerzas que matan en Oriente Medio—, hace un repaso de la modernidad que en un tiempo caracterizó al mundo árabe yendo de un arte a otra. Cuando llega al cine árabe, lo describe así:

Entre todas las artes el cine es el que incontestablemente ilustra mejor la incorporación árabe a la modernidad. También en este caso Egipto dio el mayor impulso al medio y llegó a concentrar las tres cuartas partes, sino más, de la producción cinematográfica árabe. Pero la demanda de cine egipcio en todo el mundo árabe y el éxito que cosechó no es menos elocuente que la constitución de una auténtica industria cinematográfica.
Tras sus principios, en la década de 1920, de la mano de los primeros cineastas italianos, el arranque del cine egipcio coincidió con la llegada del sonoro, lo que sin duda determinó su éxito al permitir la eclosión del género musical, que muy pronto se convirtió en uno de los motores de la industria cinematográfica. La aventura comenzó en 1935 con la creación del Estudio Misr, financiado por el banquero Talaat Harb, prototipo del empresario y capitalista nacional. A pesar de los altibajos, Harb convirtió El Cairo en la tercera capital mundial de la cinematografía, Tras Hollywood y Bombay, y por delante de Cinecittà.
Tras el culto a la diversión que llevará al público egipcio y árabe en general a idolatrar a las estrellas de la pantalla, empezando por las que proceden del mundo de la canción, el auge del cine revela también la exaltación con que las sociedades de Oriente Próximo vivieron la transformación de la vida cotidiana y las representaciones simbólicas. A menudo secundados por grandes escritores que no tenían ningún reparo en ver sus novelas convertidas en películas o incluso en participar en la escritura de los guiones, los realizadores egipcios escribieron la modernidad en blanco y negro primero, y luego en Technicolor. Una modernidad que transfiguró desde entonces la imagen de la mujer, libre en su aspecto y en su cuerpo, siguiendo los pasos del gesto espectacular de Hoda Shaarawi, militante de los derechos de la mujer que fue la primera en quitarse en público el velo en la estación de trenes de El Cairo en 1922. Magnificado a escala monumental por los carteles de cine expuestos en la calle, fue sobrecogedor el cambio que hizo de la mujer, hasta entonces recluida, un ídolo de masas. Entre bastidores trabajaron también otras mujeres, cuya contribución a la modernización no fue menor. Si bien no hay aún realizadoras, sí existen en cambio productoras influyentes. (70-72)*


Las palabras de Kassir reflejan bien el papel que el cine egipcio tuvo en la vida y en la cultura del país. Pero también más allá. El cine egipcio ha sido su mejor embajador en el resto de los países árabes. Sus películas lograron despertar los sueños de aquellos que las veían gracias al árabe clásico que servía de lengua común ilustrada por encima de las variantes locales.
He vivido algún episodio en el que saliendo a comer por Madrid con amigos egipcios, si nos atendía algún camarero de algún país árabe, al detectar su origen comenzaba a recitar títulos de películas y nombres de actores. Era gente joven y todavía disfrutaban de esas viejas películas de los 50 y 60, películas que —como señala Samir Kassir los cantantes convertidos en protagonistas para difundir las canciones más populares.


El cine de esa época representó esa modernidad compartida y ese ascenso de la mujer. La afirmación final de Kassir sobre la inexistencia de mujeres directoras en la época ya no es cierta. Han pasado diez años desde que se publicó y el panorama ha cambiado. Hay mujeres que han tomado sus cámaras para retratar la sociedad y denunciar los retrocesos, que son también retrocesos de las mujeres. Especialmente de ellas.

El año de reinado de los islamistas en Egipto, el año de Morsi, se caracterizó por un incidente de un parlamentario que montó un escándalo en un avión para que retiraran la película que proyectaban y se salpicó de denuncias de abogados islamistas contra los actores que habían protagonizado películas como "Kebab y terrorismo", acusándolos de difamar al islam (es decir, a ellos, que tienen la exclusiva). Ejecutaban así un vieja venganza contra el cine —arte demoniaca— y contra los que les habían ridiculizado en las comedias durante años. Pero los tiempos habían cambiado y la falta de sentido del humor que les caracteriza se trasladó a los juzgados y ministerios.


Desde principio de año, es rara la semana que la prensa egipcia no nos traiga noticias de la muerte de algunos actores y cineastas. La más sonada internacionalmente ha sido la del gran actor Omar Sharif, pero ha habido otras. 
Hay un fallecimiento natural, por la edad, pero también han fallecido otros actores emblemáticos mucho más jóvenes, como el caso de Khaled Saleh, el protagonista inolvidable de la película de Yusef  Chahine, "¿El caos?", una obra desgraciadamente siempre actual. Saleh falleció en septiembre pasado. Tenía 50 años. Su interpretación del déspota policía en "¿El caos?" consigue que su personaje se  convierta en un recuerdo inolvidable. Un gran actor capaz de cualquier papel, trágico o cómico.


En enero, la prensa daba cuenta del fallecimiento de la actriz Faten Hamama, ex esposa de Omar Sharif, y una de las reinas del cine egipcio. Lo hacía a los 83 años y se perdía otro miembro de la generación más antigua. Junto a su marido, protagonizó en los años cincuenta películas que los convirtieron a ambos en los reyes del cine del mundo árabe. Cuando falleció en enero, The Thelegraph escribió de ella en su necrológica: "In 1996, as Egypt celebrated 100 years of the nation’s cinema, she was voted the country’s most important actress, and 18 of her films were named among the best 150 made. In 2000 Egypt’s film critics declared her the “Star of the Century”."** Sobra cualquier comentario sobre la popularidad alcanzada por Faten Hamama y lo que ha significado su pérdida para los egipcios. La muerte de Sharif, también a la edad de 83, ha dejado sin sus "reyes" al cine egipcio en este mismo año.


A los 69 años, fallecía el 11 de agosto otro de los actores importantes del cine egipcio, Nour El-Sherif. Un gran actor al que recordaré por su papel del filósofo Averroes enfrentándose al oscurantismo en la magnífica película de Chahine "El destino". 


La escena final de la quema de sus libros sabiendo que las copias han llegado a Egipto, donde estarán a salvo, buscaba señalar el país como un espacio de tolerancia y libertad intelectual con la que Yusef Chahine se identificaba frente a los radicalismos y la intransigencia. Nour El-Sherif interpretaba al personaje de Averroes con la fuerza y la ironía del filósofo abierto a la razón. ¡Magnífica película y gran actuación!


El 17 de junio fallecía a los 78 años la cineasta egipcio-libanesa, Nabeeha Lotfy, que se ocupó de dar una imagen realista de Egipto y su vida a través de los documentales. Lofty no solo quería reflejar el mundo, sino cambiarlo a través de lo que su cine mostraba. 
Había llegado a Egipto con la invitación de Nasser a los estudiantes del mundo árabe a ir a Egipto tras la revolución del 52 y se quedó allí para terminar de estudiar Literatura. Pero fue el cine lo que finalmente llenó su vida. 
Ahram Online le dedicaba un cariñoso recuerdo a su persona y obra:

Influenced by social, political and ideological changes of the time, and the ascension of leftist and progressive trends in the Arab region and the world, a neo-realist generation of filmmakers emerged. Members of this generation, including Nabeeha, Khairy Beshara, Ali Badrakhan, Ahmed Metwalli, Mohamed Khan, Atef El-Tayyeb and others, co-founded the New Cinema Group in 1968.
“We were preoccupied with social grievances and wanted to make films about the people. And this was expected given the political landscape of the time. Studying and graduating in the 1960s, what we encountered on the regional and global levels, the rise of national movements and anti-imperialism, fed into this,” filmmaker Khairy Beshara explains.
Taking their films away from studios and out to the street, these neo-realist filmmakers created a cinema more inclusive of nabd al-sharea (the street pulse).***


Es la otra vertiente del cine egipcio, no la de las súper estrellas sino la de la gente sencilla, la que se recoge en las historias de los documentales o de los dramas sociales que reflejan las vidas de personas próximas. Las dos corrientes fluyen del cine egipcio, idealización y realismo, comedia de teléfono blanco y el realismo de los problemas del día a día.
El 10 de julio nos daban la noticia de la muerte de otro querido actor, productor de cine y televisión, Sami El-Adl. Tenía 69 años y era también un rostro muy conocido. El-Adl llena de la década de los setenta en la que comienza y es una figura habitual, con 55 películas. Como productor, creó El-Adel Group, que se dedicó a la producción para el cine y la televisión, a través de múltiples series, incluidas las series estrellas para Ramadán, como en este último con "Jewish Alley".


El 2 de agosto, a los 73 años, moría el director, guionista y fundado de la Academia del Cine nacional, Raafat El-Meehy, apodado "el rebelde de la fantasía", otro pilar de la cinematografía egipcia. El-Meehy ejerció —y así quiso que fuera— una importante labor en la formación de cineastas, muchos de los cuales le han seguido como maestro. Consciente del papel del cine en la transformación social, quería cineastas mejores para hacer un país mejor.
Ahram Online decía de él:

Known for pushing fantasy into his films, El-Meehy hoped to go beyond obvious harsh criticism of society and state, a school of thought many of his generation perfected. He utilised fantasy to draw parallel societies, escaping the shackles of censorship and offering the viewer a challenging perspective on their community.****


Con su cine, muchos de estos directores mantuvieron vivo el espíritu de denuncia y reforma que habían tenido en sus orígenes o introdujeron elementos del exterior. El-Meehy, además de escribir sus guiones, adaptó a Eugene O'Neill en esa forma de la modernidad árabe dialogante a la que se refería Samir Kassir. En una época también compleja, no se cerraron, sino que trataron de hacer suyo todo lo que podía servir para modernizar al mundo árabe.
El cine egipcio vive hoy entre los dos extremos que hemos visto, de la popularidad de sus comedias y dramas a la necesidad de reflejar el mundo actual en constante cambio, necesitado de ideas. La mejor forma que tiene el cine de cumplir sus fines artísticos es conectar con su sociedad no para adormecerla o distorsionar su percepción, sino por el contrario para iluminar sus zonas de sombra e introducir nuevas ideas, enfoques, críticas del mundo en que viven.


Desde la revolución de 2011, las artes han tenido entre los jóvenes una perspectiva distinta, reclamando una voz para iluminar su propio futuro, que es el de Egipto. El cine ha sido una de las más actualizadas. Una generación joven ha tomado las cámaras. El documental The Square (2013), sobre la Plaza de Tahrir y la revolución, dirigida por la egipcio-americana Jehane Noujaim  estuvo nominada para los premios Oscar. Ha tenido problemas de censura, mostrando la otra cara del cine egipcio, el control político y religioso, siempre en conflicto y oscilante según quien esté en el poder. 

Otros jóvenes están consiguiendo hacer ver sus películas y consiguiendo premios en festivales de todo el mundo demostrando que ha prendido la semilla de los cineastas que ahora se van. Proyectos como "Women in the New Egypt" puesto en marcha por la productora Misr International Films (MIF) y la embajada de Reino Unido, para permitir un cine que lleve la visión de las mujeres o algunos otros de los que hemos dado cuenta en ocasiones, son indicadores de esa apertura a nuevas miradas y que el cine egipcio sigue vivo. También cineastas ya consagrados como Mohamed Kahn, compañero de aquel grupo de cineastas neorrealista que se creó en 1968, han estrenado películas como Factory Girl (2014), dando cuenta de los problemas sociales.


Son muchas pérdidas en unos pocos meses. Este texto no quiere ser una necrológica, sino un recordatorio de la importancia que el cine egipcio ha tenido, no solo para el país sino para la totalidad del mundo árabe. Es un protagonismo que se debería mantener con los jóvenes directores y actores que aman este arte y consideran que es un gran vehículo para poder trasladar esas ideas de renovación.

En estos tiempos en los que solo se pondera la puesta en escena del más macabro de los géneros, las snuff-movies de Estado Islámico con sus decapitaciones y torturas, Egipto debería recuperar —lo está haciendo aunque les pese a algunos— el deseo de realizar películas. No se trata solo de la industria sino del espíritu moderno del cine y de los artistas, directores, guionistas, actores, productores... que se comprometieron con un arte que les hacía soñar. Algunos reclaman hoy un "cine patriótico", pero el mejor ejercicio patriótico siempre es el compromiso con hacer que el país cambie a mejor, denunciando sus lacras y expandiendo sus mejores ideas.
Se va una generación muy querida, pero llega otra comprometida con el cine. No vivimos eternamente, por eso hay que asegurarse que dejamos el camino abierto a los que llegan. La generación que se va cumplió su tarea haciendo buen cine y dejando que entrara en los corazones de los que hoy toman la cámara.
Los egipcios saben contar historias y el cine les ha permitido hacerlo muy bien. Llevaron ideas de renovación por el mundo árabe. Las esperamos de nuevo.



* Samir Kassir (2014 2ª). De la desgracia de ser árabe [2004]. Almuzara, Córdoba.
** "Faten Hamama, actress - obituary" The Telegraph 18/01/2015 http://www.telegraph.co.uk/news/obituaries/11353604/Faten-Hamama-actress-obituary.html
*** "Remembering Nabeeha Lotfy: A people's filmmaker and loving soul" Ahram Online 2/07/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/32/134328/Arts--Culture/Film/Remembering-Nabeeha-Lotfy-A-peoples-filmmaker-and-.aspx

**** "Remembering Raafat El-Meehy through the eyes of peers, students" Ahram Online 2/08/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/32/136746/Arts--Culture/Film/Remembering-Raafat-ElMeehy-through-the-eyes-of-pee.aspx