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lunes, 29 de septiembre de 2025

La violencia vicaria contra las mascotas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La violencia acumulada en una pareja puede llegar a extremos que nos sean difíciles de comprender. Los estallidos acaban muchas veces en la muerte de un miembro de la pareja, mayoritariamente la mujer.  Hay un violencia que viene de una herencia histórica que pregonaba la sumisión de la mujer al hombre y que se resiste a desaparecer. 

El deseo de destruir a la mujer ha tomado una vía sádica en la llamada violencia vicaria, una modalidad que no mata directamente, sino que mata lo que más se quiere, los hijos, para dejar en el dolor más intenso. Quien mata a sus propios hijos para hacer daño a la madre se retrata él mismo.

Los tiempos no son de mucha natalidad, por lo que el deseo de hacer daño se desvía hacia sus sustitutos, las mascotas en las que se deposita el afecto. Cada vez se dan más casos, por lo que la Justicia gira del animal (maltratado) a la intención de daño a la dueña.

En RTVE,es se nos da cuenta de este giro: 

Según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Canaria este martes, la magistrada Auxiliadora Díaz ha analizado el caso con una "perspectiva de género" que le permite intervenir en un caso que, en principio, no sería materia de su juzgado: un delito de maltrato animal. Díaz lo ha llevado a cabo mediante la conexión de la muerte del animal, en concurso medial, con un delito de maltrato psicológico del artículo 153.1 del Código Penal.

Para el Poder Judicial, este dictamen es novedoso al aplicar al caso la perspectiva de género. Como argumento, la jueza expone que "la muerte del animal fue el instrumento elegido para causar el menoscabo psíquico" y señala que "no se trata de una mera simultaneidad fáctica, sino de una finalidad concreta: matar al animal para quebrar psíquicamente a la mujer".

Los hechos tuvieron lugar en Las Palmas de Gran Canaria el pasado 13 de septiembre. El fallo declara probado que el acusado llamó por teléfono a la que entonces era su pareja sentimental y amenazó con matar a la mascota. "Voy a matar al perro y después me mato", declaró, en referencia al podenco de casi cuatro meses que era propiedad de ambos. *

El cambio introducido por la magistrada es inteligente y justo, guiado por el deseo del marido o pareja de hacer daño. Por ello es justo que sea el daño causado a la víctima, objetivo de la acción de la muerte del animal, lo que se tenga en cuenta.


La importancia que las mascotas están adquiriendo las convierten en objetivos prioritarios de esta forma de violencia vicaria que no había tenido la consideración adecuada. Es, en efecto, el deseo de hacer daño lo que debe contar.

Revisando la bibliografía sobre esta cuestión puede verse que ha sido un asunto de preocupación de unos años a esta parte, dada la proliferación de casos. Ha habido polémicas sobre las penas por maltrato animal y maltrato a la pareja, pero en este caso las dos violencias se unen: el daño a la mascota forma parte del daño a la pareja.

21/11/2022

Creo que comenté aquí hace tiempo el caso de la mujer que hablaba por teléfono mientras sacaba a pasear a dos perros. "Aquí estoy con los niños", decía a su interlocutor telefónico. Me pareció un ejemplo de este tipo de cambio en el afecto hacia las mascotas.

Cuanto más afecto pongamos en algo o alguien más se convierte en una posibilidad de hacernos daño. No hay medida en esta forma de maldad. Solo un violento deseo irracional. A la violencia vicaria le sigue en muchas ocasiones el suicidio del agresor. Él se quita de en medio y esa es su última acción.

Como digo, no es fácil de entender. En este caso, la jueza ha acertado.

 

* "Un juzgado condena a un hombre por matar al perro de su expareja y lo califica como violencia vicaria" RTVE.es 23/09/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250923/juzgado-condena-hombre-matar-perro-expareja-violencia-vicaria/16741403.shtml

 

lunes, 21 de abril de 2025

Los animales de compañía en el Metro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Probablemente nadie le ha preguntado a los perros. Quizá ellos preferirían ir andando. Pero los amos, una vez que se sienten como "peso político", les ponen voz: quieren ir con ellos en el Metro.

No entiendan que estoy en contra, simplemente me llaman la atención los argumentos alegados por los amos para justificar que les hagan compañía en el transporte público. No olvidemos que los que va a alguna parte son los amos; los perros les acompañan, con la posible excepción de las visitas al veterinario en las que, lógicamente, el que viaja es el animal y el amo les lleva. Lo demás entra en la facilidad del amo.

Algunos justificaban la adquisición de animales porque así se veían obligados a salir de casa y moverse. Hoy los motivos cambian y se apela a argumentos de tipo emocional ("es como de la familia") o contaminantes ("si tengo que ir en coche contamino más") en entre otros.

El artículo llevado a posición preferente en la web de RTVE.es nos muestra varias cosas encadenadas: que si tiene ese lugar es porque hay lectores interesados en esta cuestión de los perros y el Metro en diferentes ciudades, lo que nos lleva a los hechos el gran crecimiento de los animales de compañía y la comodidad de sus poseedores para no modificar los hábitos anteriores, es decir, ya sea por la vía de sus derechos o los que se transfieran como derechos de los animales, desean seguir haciendo (viajando en este caso en el transporte público, en el metro especialmente). 

El problema radica en la aplicación vaga de la Ley de Bienestar Animal, especialmente en relación con el acceso de animales de compañía al transporte público. En su artículo 29 dice: "Los transportes públicos y privados facilitarán la entrada de animales de compañía que no constituyan un riesgo para las personas, otros animales y las cosas, sin perjuicio de lo dispuesto en la normativa sobre salud pública, en las ordenanzas municipales o normativa específica". Esta redacción "deja la decisión en manos de los municipios y las empresas de transporte", como señala la representante de ANADEL. 

Este enfoque podría llevar a consecuencias no deseadas, como advierte Alberto Colomera, quien sugiere que el aumento de restricciones podría resultar en un mayor abandono de animales, particularmente durante las vacaciones. "Muchos pueden sentir que fue un error adoptar, ya que les restringes sus planes o su vida drásticamente. Les obligas a tener que elegir muchas veces", lo que genera un dilema ético y social. Ambos señalan que "no hay justificación" para las prohibiciones absolutas de perros de más de 8 kg, especialmente "si se ejerce una tenencia responsable".* 

Tras leer varías veces el "artículo 29", se percibe claramente que es algo tan indefinido como cualquier otra norma que producen para pasar el problema a otros. La indefinición de la categoría, empezando por la de "animal de compañía", es notoria ya que esas mismas palabras definen un vínculo. En los casos de los perros lazarillos, por ejemplo, la "compañía" es además "necesidad", por lo que es la excepción que todos recogen. Pero más allá, la cuestión se complica cuando la "compañía" se produce en una sociedad en la que no de los problemas principales es precisamente la soledad y en la que cada vez una cantidad mayor de personas mayores viven solas.

El problema se hace más complejo cuando los estudios nos advierten que ya no se trata solo de los mayores, sino de que las mascotas están cumpliendo la función de los hijos en las parejas. Directamente hablan de los "niños" para referirse a aquello de lo que carecen y que es difícil acabar teniendo hijos debido a los bajos sueldos, la precariedad de muchos empleos y lo reducido de las casas.

En Bilbao, una de las ciudades afectadas, hay ya más perros que niños, nos dicen en el reportaje:

En Bilbao, la población canina supera a la infantil, con más de 40.000 perros. Por lo que, tanto para David como para Isabel, la situación en un "sinsentido", que va incluso en contra del modelo pet friendly que quiere promover la ciudad. "Nos empuja a contaminar más solo por ir acompañados de nuestro perro", señala Isabel, quien subraya que su vida sería más fácil si cambiasen la normativa.¨*

El argumento de la "contaminación" es usado de forma peculiar: si tengo que usar el coche cuando me muevo con el perro por la ciudad, contamino más. Evidentemente las circunstancias han cambiado en la tenencia de los perros, convertidos en una forma de socialización (vean los círculos de amistades que se forman en algunos puntos al sacar al perro) en los barrios. Tener perro, claramente, une.

Recordemos lo ocurrido en la campaña electoral norteamericana con el conflicto alrededor de las "cat ladies", definiendo como "antiamericanos" a los que tienen gatos en vez de hijos. Lanzada contra Kamala Harris, la campaña se basaba en que tener "hijos" es más patriótico que tener mascotas. Los hijos votarán y los gatos no; los inmigrantes tienen muchos hijos y las "cat ladies" no, según afirmaban los trumpistas.

Todo esto muestra un giro mundial hacia las mascotas que puede ser visto como un problema de transporte o, más allá, como el futuro. Muchas mujeres con gatos se mostraron orgullosas de tenerlos, pero Kamala Harris perdió y Trump llegó al poder.

Conforme aumenta el número de animales de compañía (y su definición, incluidas las gallinas o boas), se seguirá produciendo presión de los propietarios para llevarlos en el transporte público. Hace años, eran los niños los que sacaban los perros por las mañanas. Hoy son los adultos los que lo hacen a falta de niños. Ya no son solo animales de compañía sino animales de soledad, lo que sirven para compensar a lo que hemos renunciado o nos han hecho renunciar.

La tenencia de animales se extiende y con ellos muchas otras necesidades que generan y que se perciben como derechos dentro de ese marco que es el "pet friendly", algo que ya se percibe en el comercio. Curiosamente nadie habla de cobrar la entrada a los animales, ya que son de la familia. Todo se andará.


* Eva Cezón "La paradoja 'pet friendly': ciudades que aman a los perros, pero no en su metro" RTVE.es 20/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250420/desigual-acceso-perros-metro-espana-siento-sola-aisla-mucho-mas/16515195.shtml

domingo, 26 de enero de 2025

Un mundo pequeño

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ya solo nos queda el espacio, como ya han señalado Musk y Trump (¡inevitable hablar de ellos ya en la primera línea!). La Tierra es cada vez más una pelotita que da vueltas por el sistema solar. Pero, de puertas para adentro, cada vez estamos más apretados en nuestras especulativas ciudades y echamos de menos un campo como el de antes. Hemos industrializado casi todo y solo los muy ricos pueden sostener unos conceptos de tamaño y distancia como los de antes.

La proliferación de especies pequeñas para tenerlas en casa como animales de compañía cubre la soledad de la falta de hijos, esos seres que crecen y tienen gastos cada vez más elevados.

La Ciencia se pone al servicio de las necesidades, es decir, hace negocio, como hemos tenido ocasión de comentar en ocasiones, puesto que esto crece. Ya no solo se trata de establecer un intenso sentimiento hacia nuestras mascotas que haga que las "clonemos" para sentir que no las dejamos morir de muerte natural sino hasta que nosotros nos muramos. También se juega con los tamaños, con mascotas "bonsái", hechas para caber en cualquier lugar de nuestras pequeñas casas, que puedan ser llevadas en el bolso o en una cartera. Antes se buscaban animales pequeños; ahora se hacen a medida.

En 20minutos, en su sección "Animaleros" —señal del éxito de esto es la creación de secciones en los medios—, nos hablan de estas especies cada vez más reducidas en su tamaño:

En los últimos años, los animales de granja en versión miniatura han pasado de ser una curiosidad en redes sociales a convertirse en solicitadas mascotas de compañía para muchos hogares. Vacas de razas pequeñas, cabras pigmeas y ponis enanos aparecen cada vez más en vídeos virales, mostrando una estética entrañable y comportamientos sociables que enamoran a millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, es un fenómeno que va más allá de la simple estética: representa un cambio significativo en cómo concebimos la convivencia con animales tradicionalmente asociados con la producción agrícola.

En Estados Unidos, epicentro de esta tendencia, razas vacunas como las mini Highland, las mini Hereford, las vacas Punganur de India, las cabras pigmeas africanas y los ponis de las Shetland se han convertido en símbolos de una vida rural idealizada, que venden una mezcla de estilo de vida campestre y sofisticación. En Europa, aunque con un auge más moderado, comienza a observarse un interés creciente por estos animales, impulsado por un cambio cultural hacia modos de vida más sostenibles. Sin embargo, en España, la situación se complica debido a una normativa específica que regula estrictamente la tenencia de animales de granja, independientemente de su tamaño.*

Ya no habrá de extrañarse cuando veamos salir a pasear con una vaca —¿de qué sirve una vaca si no la puedes sacar de casa?— o un cordero, pronto un elefantito con el que los niños se pararán a jugar y a darles cacahuetes pequeñitos, no se vayan a atragantar y la liemos.

Menos problemáticos que los hijos, menos pedigüeños, hemos creado un vínculo muy especial con estos nuevos animales de compañía. Antes una vaca era una vaca; hoy es otra cosa. Es algo que va del exotismo al objeto de lujo con el que dar envidia al vecino que sigue con su pekinés de toda la vida. Los malos de las nuevas películas de James Bond ya no tendrán un gato en sus brazos sino mini tigres de andar por casa, casi de peluche.

Se podrá tener una granja en la terraza, pastizales de quita y pon. Serán mini espacios verdes para mini vacas o mini ovejas. "—¡Julio Alejandro, no te dejes abierta la puerta de la terraza que se meten las vacas y lo ponen todo perdido!" "—¡Anastasia, si no sacas al parque el cordero, lo devuelvo!" "—¿Cómo quieres la leche, desnatada o de la vaca?"...

En el reportaje de 20minutos hablan de "cambio cultural", pero estas cosas ya se daban en la época convulsa de María Antonieta disfrazada de pastorcita, que como sabemos no acabó muy bien para los privilegiados.

Hoy esto forma parte de una mejor comprensión del papel de la tontería en la naturaleza humana. Se atienden los caprichos de quien los puede pagar. Los que clonan los animales, sencillamente, son animados a pagar esas cantidades enormes o se sentirán culpables. Del sentimiento de culpa dependerá el precio. Los animales se harán más pequeños y, cuando se pase un poco la moda, se rebajarán los precios para que aquellos que no podían pagarse las mini mascotas clonadas y sentían envidia puedan hacerlo.

Casas pequeñas, ausencia del campo, que da alergia. Mascotas inusuales para marcar distancia con nuestras mini granjas, envidia de la comunidad. ¡Por fin la Ciencia, a pesar de lo que diga Trump, sirve para algo! Ponga una vaca de paseo en su vida. Vea las noticias del mundo con ella sobre el regazo. Las pantallas crecen, las mascotas disminuyen.

¡Qué pena que no se aplique la Ciencia a problemas más graves! Pero no todos sirven para hacer negocio.

* Vanessa M. Clavijo "La moda de las mini granjas y el auge de vacas enanas, de menos de un metro de altura, y cabras pigmeas como mascotas" 26/01/2025 https://www.20minutos.es/noticia/5674948/0/moda-las-mini-granjas-auge-vacas-enanas-como-mascotas/

viernes, 13 de septiembre de 2024

Trump, perros gatos y otros comestibles

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Podemos creernos cualquier cosa? Pues parece que sí. Los teóricos de la mentira pasan a ser mayoritarios frente a los viejos y anticuados amantes de la verdad, reducida a probabilidad. Me llevo para el viaje diario un libro, La función política de la mentira, de Alexandre Koyré (Pasos Perdidos, Madrid 2015), un librito, apenas un artículo encuadernado con un prólogo, un trabajo publicado en 1943, en plenos conflictos bélicos y totalitarios, que dieron buena cuenta de la verdad.

Sí, la mentira da mucho más de sí, el doble de trabajo. Hay que construirla con esmero y después hay que deconstruirla explicando cómo la han hecho y cómo nos la hemos creído.

Escribe Koyré algo muy preocupantemente actual:

[...] las filosofías oficiales de los regímenes totalitarios proclaman unánimemente que carece de sentido el concepto de verdad objetiva, de la verdad que sea igual para todos; y que el criterio de «Verdad» no radica en su valor universal, sino en su conformidad con el espíritu de la raza, de la nación o de la clase social, es decir, depende de su utilidad racial, nacional o social. (39-40)

La idea es que esto ha pasado de los regímenes totalitarios  a las democracias, que se desentienden de la verdad y se lanzan a la consecución del poder sin más. Ya no hay ideas en disputa, sino mentiras confrontadas a la busca de hacerse verdad oficial, no solo lo creíble sino lo creído.


Hoy vemos la mentira racial a través del racismo y la xenofobia, que están presentes cada día; lo vemos en el auge del nacionalismo como fuerza de atracción, en el uso de la ultraderecha en Alemania, en Francia, en España. Las mentiras de clase también se expanden. En el fondo de estas mentiras señaladas por Koyré está nuestro deseo de creer, nuestro ponérselo en bandeja para que nos rindamos a lo que estamos deseando escuchar y que nos repiten cada día.

Solo así es posible entender cómo en las elecciones norteamericanas surge cosas tan increíblemente creíbles como la acusación de Trump y su colega a la presidencia sobre el hecho de que los inmigrantes se coman los perros y gatos (y gansos, según añadió el aspirante a la vicepresidencia). ¿Hay gente que desea creerlo? Por supuesto.

La prueba la tenemos en la noticia recogida en 20minutos:

Una amenaza de bomba provocó este jueves la evacuación de la sede del Ayuntamiento de Springfield, en Ohio, la ciudad en la que el expresidente Donald Trump acusó durante el pasado debate presidencial que los inmigrantes que residen allí se comen a los perros y gatos

La ciudad informó en un comunicado que la amenaza de bomba fue contra múltiples instalaciones en todo Springfield y por ello se habían evacuado varias oficinas, entre ellas la alcaldía, y se puso en marcha un operativo policial. La amenaza se envió por correo electrónico en la mañana de este jueves "a varias agencias y medios de comunicación".**


¿Puede Trump decir cualquier cosa? Sí. ¿Puede ser creída cualquier cosa que diga? Sí.

La cuestión es cuántos se lo creen. ¿Han sido sustituidas las ideologías por las mentiras preferenciales? Sí. Eso de las ideologías ha quedado para la sombra de los partidos, pero la gente se mueve ya por esas traducciones de "ideas" a "mentiras" prácticas, como la del comerse los perros y gatos, ser violadores, etc. atribuido a los inmigrantes. Eso se entiende, las ideas, en cambio, son ya para nota, solo afectan a algunos niveles. Se trata de captar tus públicos y darles lo que quieren, lo que desean escuchar.

Cada vez más vemos afirmaciones que no necesitan ser probadas, solo contestadas con otras. Manejarse solo con la verdad es cansado y cada vez más complicado, pues las mentiras son con un alud, como una avalancha.

Vemos cada vez más que les sale rentable. Para ello es necesario el embrutecimiento, la polarización y unas intensas campañas que lo normalicen. No es casual que Trump haya abierto su propia red y que tenga una serie de apoyos mediáticos fijos, caldo de cultivo de estas cosas.

Sí, la mayor democracia planetaria es escenario de luchas por imponer esas mentiras sobre raza, nación y clase, los tres ejes sobre los que trabajaba el totalitarismo. Parece que se vuelve a trabajar sobre ellos.

Las redes sociales, era de esperar, se han llenado de imágenes trucadas de este Trump, defensor de perros, gatos y gansos. Él, por su parte, dice, que no habrá más debates, que ya ha ganado los dos anteriores, el que tuvo con Joe Biden y el que acaba de tener con Kamala Harris. Si por Trump fuera, no habría que realizar votaciones, él ya es el ganador incontestable.

* "Amenaza de bombas en la ciudad donde Trump acusa a los inmigrantes de comer perros y gatos" 20minutos / EFE 12/09/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5633213/0/amenaza-bomba-ayuntamiento-ciudad-donde-trump-acusa-inmigrantes-comer-perros-gatos/

martes, 18 de junio de 2024

La industria de la ilusión de la vida eterna

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ocurrió hace apenas un par de meses y le doy vueltas de vez en cuando. Me dirigía a hacer la compra cuando al cruzarme en la calle con una mujer que hablaba por teléfono escuché: "—Sí... Estoy en la calle con los niños". Los "niños" eran un par de perros cuya correa sostenía con la otra mano mientras hablaba.

¿En qué sentido hablaba de "niños"? No me pareció percibir algún juego de palabras, algún doble sentido, sino una normalidad cotidiana, una forma habitual de referirse a ellos. Esto, en una país cuyo índice de natalidad está por los suelos, me pareció significativo, de un proceso de sustitución del llenado de un hueco emocional que los animales, todo tipo de mascotas, cubren.

Cuando me trasladé a mi residencia actual hace treinta años, estaba llena de niños y de mujeres embarazadas. Hoy, camino de la estación, veo más gente sacando a los perros que llevando a los niños al colegio, ¿El signo de los tiempos?

Hoy leo en RTVE.es el titular " El negocio de la clonación de mascotas en España: una clínica en Marbella clona a tu perro por 55.000 euros". Allí se nos explica: 

La clonación de animales se trata de una práctica habitual en el caso de los caballos, cuyos fines suelen ser económicos. Sin embargo, una clínica de Marbella ha abierto el abanico y ofrece ya la clonación de animales de compañía como gatos y perros por unos 55.000 euros. Sin embargo, pese a que el método sea legal en España, los expertos plantean serias dudas desde un punto de vista ético y moral.* 

Y un poco más abajo en el texto, en el epígrafe titulado "un negocio en auge", se señala: 

La clonación de animales de compañía se ha convertido en un negocio en auge en países como Estados Unidos, China o Corea del Sur, a los que ahora se suma España. En 1996, un grupo de científicos del Instituto Roslin de Escocia consiguió clonar un mamífero a partir de una célula adulta por primera vez en la historia. Nacía así la oveja Dolly, que se convirtió en un hito científico y abrió la puerta a un mundo nuevo, el de la ingeniería genética.

Desde entonces, la clonación de animales se ha popularizado y es una práctica habitual en el mundo de los camellos o los caballos, que puede llegar a costar unos 75.000 euros. El embriólogo, fundador y director ejecutivo de los centros de reproducción asistida Grupo OVO, Enrique Criado, ha comentado a EFE que lo que motiva a la clonación de mascotas es la conexión emocional. *


 

Hace unos días hablábamos aquí de la "clonación" mediante Inteligencia Artificial de los familiares fallecidos, de cómo nos abrían la posibilidad de seguir escuchando su voz clonada, de ver su imagen clonada, de dialogar con pantallas en las que podemos verlos, casi tocarlos.

Los vacíos se llenan con construcciones artificiales, de diseño. Su función es llenar huecos, pero —sobre todo— mantenernos dentro de una ficción en la que nada se pierde, todo se puede conservar. No tenemos hijos, pero podemos llenar el hueco con mascotas y cuando estas desaparecen podemos clonarlas.

Esa "conexión emocional", de la que se nos habla respecto a las mascotas, se mantiene como una adicción, como algo de lo que no podemos prescindir y, lo peor, que se puede mantener como negocio. Esto implica que se nos enseñará a depender, a intentar retener lo que, como vida, se escapa de nosotros. La vieja idea de la resignación, de entender que todo tiene un final, es sustituida por la comercial idea de que puedes retener cualquier cosa... si la pagas. Se crea todo un negocio alrededor de las mascotas —de restaurantes que te permiten entrar con ellas (no con molestos niños) hasta la clonación—, como se crea alrededor de la muerte de familiares intentando vencer ilusoriamente a la muerte o la separación. Podemos "comprarlos" para seguir a nuestro lado en un mundo en el que la soledad es cada vez mayor.  Cada debilidad, cada necesidad... provoca un hueco de mercado.

Hay medios que tienen ya una sección fija sobre mascotas. En ellas se nos ofrecen consejos de todo tipo llenado nuestra necesidad de información y, especialmente, haciéndonos sentir esa conexión emocional de sentirnos cerca de nuestros "niños", ya sean perros, gatos o loros. Hacia cualquiera de ellos se nos dirige con intensidad emocional para desvivirnos, para sentirnos próximos a ellos, que son únicos.

Este proceso se dirige finalmente —todo un mercado por delante— hacia la clonación, la constatación de que no podemos vivir sin ellos, la errónea idea de que podemos "retenerlos", tenerlos para siempre junto a nosotros.

Evidentemente esto no es cuestión de los perros o gatos, sino de nosotros. Es a nosotros a los que se nos envuelve con esa sensación emocional que nos deja vacíos tras la pérdida de la mascota que ha llenado nuestros propios huecos y carencias.

Da igual que se nos explique por parte de los expertos que el animal clonado no es "nuestro" animal anterior, que se le puede parecer, pero que no todo está en los genes, que la epigenética cuanta, que vivirán otra vida, con experiencia distintas. Todo está en nuestra cabeza, en cómo se nos dice que debemos interpretar el mundo.

Me da la impresión de que estamos educándonos mal, que esta sociedad del consumo ilimitado, sin fronteras, donde puedes obtener cualquier fantasía si eres capaz de pagarla, no nos enseña a ir hacia la muerte, como diría la poeta Ana Blandiana, nuestra reciente premio Princesa de Asturias, de la que me acuerdo ahora: 

Sé hacer muy pocas cosas:

Ni melocotones como los melocotoneros,

Ni uvas como la vid,

Ni siquiera nueces

Como los nogales de amarga sombra

Con su tenue susurro de hojas;

Pero una cosa sé hacer

Con singular destreza:

Sé morir. 

("Un paso más", en El ojo del grillo (2024), Col. Visor de Poesía, p. 109. Trad. Viorica Patea y Natalia Carbajosa)

¿Estamos aprendiendo a morir? Esta idea de que todo se puede "retener", "fabricar", "producir"... ¿es sana? La industria de la ilusión de la vida eterna, aplicada a seres queridos de cualquier naturaleza y pelaje, del padre, madre, marido, esposa, hijos, mascotas, etc., avanza con toda su enseñanza.

El artículo se cierra con las palabras de un experto:

Para Macip, que es licenciado en Medicina y doctor en Genética Molecular y Fisiología Humana, clonar a una mascota supone "gastar el dinero en algo que no tiene ninguna utilidad real", pero admite que, si es legal, "cada uno con su dinero puede hacer lo que quiera". *

Eso se llama "mercado". Ya solo se trata de convencerte de "lo que quieres". La industria de la ilusión de la vida eterna antes se llamaba "religión". Ahora la puedes encontrar en las páginas amarillas o en cualquier buscador. 

 

* "El negocio de la clonación de mascotas en España: una clínica en Marbella clona a tu perro por 55.000 euros" RTVE.es / Agencias 17/06/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240617/negocio-clonacion-mascotas-marbella-espana/16151080.shtml

miércoles, 13 de octubre de 2021

Los tres proyectos de Sánchez

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Lo de este gobierno no se entiende bien o hay que recurrir a planteamientos demasiado... no sé cómo llamarlos. Creo que Pedro Sánchez improvisa en sus mítines y que luego los demás tienen que bregar con lo que se le ha ocurrido. 

Si hemos entendido medianamente, son tres los proyectos estrella en los que en medio de la crisis monumental en la que nos encontramos con la luz, la pandemia, el secesionismo, etc. Los tres proyectos estrella son los siguientes: los que se ocupan de las mascotas (cursillo para tener perro, gato y suponemos canario, no poder dejar solos a los animales 24 horas en casa y según algunos medios no poder dejarlos en la puerta del supermercado mientras haces la compra...); el que se ocupará de descentralizar la capital de España intentando repoblar la España vaciada a base de funcionarios y personas haciendo colas para los servicios que les toque; el tercero le hubiera encantado a mi madre, que no sobre nada, que quede el plato limpio, es decir, nadie puede dejar nada ni en supermercados, restaurantes o en cualquier sitio donde haya comida, ¡nada de dejarse medio bocadillo, que no te vea yo!

Si nos fijamos un poco, menos el de descapitalizar (descentralizar en versión light) la capital, que ¡total! será más barato construir fuera de Madrid, que no tiene un suelo precisamente barato y seguramente contará con financiación autonómica, los otros dos son a cargo del contribuyente o de gasto mínimo.

Lo de las mascotas no lo he acabado de entender muy bien porque es una mezcla con otros animales, como los del circo y algo más de las tiendas. Yo saqué la consecuencia de que ya no habría ni tiendas de animales (¡todos al paro!, me refiero a los dueños, claro) ni actuaciones de circo ni nada que se le parezca; no sé si tocarán los zoos o no porque todo esto ha sido precipitado, confuso e interpretado por los medios más bien de oídas.

Lo del cursillo ha tenido un poco más de claridad, pero tampoco está todo demasiado claro. ¿Habrá academias, como para conducir? ¿Habrá que sacarse carnet de perros, gatos, conejos, hámsteres y canarios cantores? ¿Te quitarán puntos del carnet si haces algo mal? ¿Qué es "hacer algo mal"? ¿De verdad serán multados por dejar tranquilamente al perro mientras compras el pan? ¿Significa que no podrás sacarlo o que tienen obligación de dejarte entrar con el perro? ¡Con la de "principios de una gran amistad" que se han hecho con la pandemia entre perros y paseadores!




Enorme preocupación también por lo del consumo que no deje nada. Es más razonable, pero creo que ya se hace. Los precios bajan para que se consuma lo que está cercana su caducidad. Esto lo practican ya los supermercados, que son los primero interesados en que no se pierda nada. Es por lo tanto otro brindis al sol populista de Sánchez, que es el rey del órdago, a la grande y a la chica, en política. ¡Qué imaginación! ¡Qué cantidad de cortinas de humo para que no veamos lo que hay al otro lado, que no es otra cosa que su terrible debilidad política cargando con unos "amigos" que ya le muerden las pantorrillas.

Las declaraciones de la ministra de Podemos, Ione Belarra, diciendo que la parte "progresista" y "social" de lo que se hace se la deben a su partido y que hay que quitar de en medio al PSOE para acelerar los cambios, es la más descarada acción traidora, cainita, que se ha visto por estos lares, por lo demás bastante fratricidas.

Cuando se quiera dar cuenta, Sánchez estará más solo que la una, con un partido al que se acusa de ser un freno al "progresismo" y obligado a hacer este tipo de proclamas sobre mascotas, restos de comida, etc. Lo que funciones se lo apuntará Podemos y lo que no, ya sabemos quién.



Con todo, la tercera medida ha sido la que más juego ha dado a la oposición enfundada dentro de Díaz Ayuso. La contestación que le ha dado a Sánchez sobre lo de descapitalizar Madrid ha sido contundente y descarada, como suele ser habitual. Una vez más, los desaguisados de Sánchez le toca contestarlos al parapeto de sonrisas que ha montado para estos efectos. Pero ni por esas. Se lo ha puesto en bandeja a la presidenta madrileña que ha convencido a todos de que realmente es Madrid la envidia de toda España, algo que no creo. Pero, claro, si los autonomistas ven perspectivas de que les monten chiringuitos administrativos estatales, no van a decir que no y permanecerán expectantes a ver qué les cae o toca en esto.


Claro que podría hacer un mix y establecer, en una autonomía de su elección, la Dirección General de la Mascota, con un dos por uno, e incluso con ingenio controlar que la comida de las mascotas se ajuste y no se desperdicie nada. De paso, se pueden crear un cuerpo de inspectores para el control de dónde dejas a los animalitos y si nos hemos comido todo.

¿Sobreviremos a tanta innovación? Seguro que sí. Lo que no sé es si sobreviremos a todos los problemas acuciantes que hay que resolver. Pero, una vez resuelto el gran problema nacional del ocio nocturno, podremos ocuparnos de los problemas diurnos acumulados. Por algún sitio hay que empezar.


jueves, 23 de enero de 2014

Charlas caninas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con el sugerente título "No digas guau, di hola", el diario El País nos informa de la existencia, financiada mediante el sistema denominado "crowfunding", de un aparatejo en fase inicial de desarrollo para traducir al lenguaje comprensible por los humanos los estados de ánimo de los perros. Con esta manía de la "doble titulación" digital, el artículo se llama en la portada 'Los perros también "hablan'" mientras que en el interior, el titular es el señalado anteriormente, mucho más imaginativo puestos a ser ingeniosos.
Evidentemente, los perros no "hablan" aunque tuvieran mucho que decir. Aquí no hay acelerón evolutivo, salto de millones de años, manipulación genética, trasplante de cerebro u otras fantasía caras a la Ciencia-Ficción, sino un mecanismo simple que detecta patrones de actividad cerebral y les asigna unas frases específica. Es decir, que si el aparato detecta ondas en las que se muestra el estado de ansiedad, las interpreta asignándoles la frase "¡quiero salir!". Si la ansiedad crece, el aparato puede decir "¡que me saques!" y si sigue aumentando nos amenazará con un"¡tú lo has querido!".
El diario nos cuenta:

Aunque de momento los perros solo pueden expresarse con un único tipo de voz, los investigadores están trabajando para que haya un abanico de timbres y sonidos que se adapten a la raza y personalidad de cada can. Además, pretenden ofrecer el producto no solo en inglés, sino también en francés, español y chino.*


Me imagino que los amantes de los perros serán escépticos ante un invento que les quita uno de los grandes alicientes de tener un perro: interpretar sus deseos a través de un amplio repertorio de gestos. El aparatejo, además de incómodo para el animal, resultará al poco tiempo insoportable para sus amos, que se hartarán de escuchar con una voz artificial los mismos mensajes de su perro.
Ante los gestos de los animales, los amos desarrollan toda su aptitud interpretativa llegando a captar todo tipo de matices, muchos imaginarios, sobre lo que el animal quiere decirnos. La interacción con las mascotas no consisten en que el perro u otro animal "hable", sino en que nosotros les hagamos hablar con nuestras percepciones. Usted —como yo— se habrá quedado asombrado al contemplar a algún amigo dialogando con su perro. El amigo se transforma ante nuestros ojos y se convierte en un intérprete de señales caninas, dándonos todo tipo de precisiones sobre lo que el animal quiere decir.


Todo eso lo elimina la máquina al convertir sus ondas cerebrales en voz tangible que llevará al hartazgo y a darle al botón de apagado a la tercera vez que escuchemos que "quiere salir".
Uno no se imagina las famosas "Charlas con Troylo" de Antonio Gala, con su exquisita sensibilidad, con esta interfaz parlanchina, mediadora robótica, que ,lejos de personalizar a cada perro como pretenden, les quita su gracia convirtiéndolos en monótonos acompañantes, como las muñeca que tirándoles de una cuerda soltaban aquello de "¡te quiero mucho!", anticipo de muchos desengaños posteriores en la vida.
Recupero de la web el emotivo artículo en el que Gala se despedía de su Troylo:

Pero durante once años y medio anduviste enredado a mis piernas; arrebujaste tu lealtad a mi vera; me seguiste a dos pasos por este mundo que, sin ti, no es el mismo. Continuarán los pájaros y los amaneceres, el chorro de la fuente ascenderá en el aire, como la vida, sólo para caer.
Pero no estarás tú, Troylo, compañero irrepetible mío.
Nunca más, nunca más.
Ya no habrá que sacarte a la calle tres veces cada día, ni tampoco habrá que sacarte las muelas de noviembre, ni acercarás resoplando el hocico a los respiraderos de los coches, ni te asomaras encantado por las ventanillas, ni me recibirás —enloquecido el rabo, ladrando y manoteando— a la puerta de la casa.
Ya no habrá que secarte cuando llueva, ni cepillarte por la mañana al salir de la ducha, ni reñirte porque pides comida: ya no sabré qué hacer con el trocito último del filete...
Nunca más.
Y no me hago a la idea.

Este artículo no se hubiera escrito nunca de no haber sido Troylo un compañero ese compañero mudo pero comunicativo, que dejara el español, inglés o chino en manos de su dueño y se hubiera limitado a sus universales ladridos y meneos de rabo, a sus comprensibles saltitos... Ese "trocito último de filete" hace mucho que habría pasado por la sartén, sin dejar a este Gala descompuesto por el dolor en la duda de qué hacer con él.
Si Troylo hubiera hablado, dicho dos palabras siquiera, las famosas "charlas" se habrían acabado a las primeras de cambio, en cuanto hubieran resonado en la casa los primeros ecos de un "¡hola, Antonio!" al llegar o un "¡cepíllame!" en mal momento.


Pero no todos son Antonio Gala y no disfrutan charlando imaginativamente con sus animales, escuchándoles con el creativo oído interior espoleado por una mirada, un meneo de cola o un ladrido. En estos tiempos prosaicos hay hueco en el mercado para todo, aunque no lo haya en los corazones.
Los inventores de esta ampliación lingüística de la naturaleza son gente desengañada de sus trabajos anteriores y que ahora se dedican a estas cosas. Señala El País:

La Sociedad Nórdica para la Invención y el Descubrimiento es un pequeño laboratorio fundado por un grupo de comunicadores de profesión que descubrieron que “crear productos interesantes es mucho más divertido que hacer publicidad o relaciones públicas”. Además del No More Woof, se empeñan en desarrollar otros aparatos igualmente inusitados, como la alfombra que vuela por medio de imanes, la escopeta que dispara semillas de flores en vez de balas o el sillón hamaca que recarga tu tableta.


Estos comunicadores frustrados se adentran ahora en el camino de hacer realidad los sueños —hacer hablar a tu mascota, volar en una alfombra mágica, disparar flores— sin comprender que los sueños tienen su encanto y, sobre todo, que cuando se hacen realidad provocan desengaño porque dejan de ser sueños. Interpretando los deseos de nuestra mascota damos libertad a una imaginación que nos la hace cada vez más compleja y fascinante. Escuchando las cuatro frases del repertorio grabado, en cambio, nos aburriremos soberanamente a la cuarta vez que lo escuchemos y lo veremos como un ser limitado y monótono.


Dice uno de los responsables del invento que “escuchar lo que está pensando un animal es un concepto fascinante, y poder comunicarse con ellos es un sueño para muchas personas”. Pasamos del sueño a la somnolencia. No es lo mismo "escuchar" lo que el perro piensa que "comunicarse" con él, algo que ya hacemos habitualmente.. Quitarle al perro sus ladridos, como promete el nombre del invento (No more Woof), no es un futuro prometedor. No creo que den para once años de charlas, como a Antonio Gala.



* "No digas guau, di hola" El País 22/01/2014 http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2014/01/22/actualidad/1390383053_367250.html