Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
Ocurrió
hace apenas un par de meses y le doy vueltas de vez en cuando. Me dirigía a
hacer la compra cuando al cruzarme en la calle con una mujer que hablaba por
teléfono escuché: "—Sí... Estoy en la calle con los niños". Los
"niños" eran un par de perros cuya correa sostenía con la otra mano
mientras hablaba.
¿En qué
sentido hablaba de "niños"? No me pareció percibir algún juego de
palabras, algún doble sentido, sino una normalidad cotidiana, una forma
habitual de referirse a ellos. Esto, en una país cuyo índice de natalidad está
por los suelos, me pareció significativo, de un proceso de sustitución del
llenado de un hueco emocional que los animales, todo tipo de mascotas, cubren.
Cuando
me trasladé a mi residencia actual hace treinta años, estaba llena de niños y
de mujeres embarazadas. Hoy, camino de la estación, veo más gente sacando a los
perros que llevando a los niños al colegio, ¿El signo de los tiempos?
Hoy leo
en RTVE.es el titular " El negocio de la
clonación de mascotas en España: una clínica en Marbella clona a tu perro por
55.000 euros". Allí
se nos explica:
La clonación de animales se trata
de una práctica habitual en el caso de los caballos, cuyos fines suelen ser
económicos. Sin embargo, una clínica de Marbella ha abierto el abanico y
ofrece ya la clonación de animales de compañía como gatos y
perros por unos 55.000 euros. Sin embargo, pese a que el método
sea legal en España, los expertos plantean serias dudas
desde un punto de vista ético y moral.*
Y un
poco más abajo en el texto, en el epígrafe titulado "un negocio en
auge", se señala:
La clonación de animales de compañía
se ha convertido en un negocio en auge en países como Estados Unidos, China o
Corea del Sur, a los que ahora se suma España. En 1996, un grupo de científicos
del Instituto Roslin de Escocia consiguió clonar un mamífero a partir de una
célula adulta por primera vez en la historia. Nacía así la oveja Dolly, que se
convirtió en un hito científico y abrió la puerta a un mundo nuevo, el de la
ingeniería genética.
Desde entonces, la clonación de
animales se ha popularizado y es una práctica habitual en el mundo de los
camellos o los caballos, que puede llegar a costar unos 75.000 euros. El
embriólogo, fundador y director ejecutivo de los centros de reproducción
asistida Grupo OVO, Enrique Criado, ha comentado a EFE que lo que motiva a la
clonación de mascotas es la conexión emocional. *
Hace unos días hablábamos aquí de la "clonación"
mediante Inteligencia Artificial de los familiares fallecidos, de cómo nos
abrían la posibilidad de seguir escuchando su voz clonada, de ver su imagen
clonada, de dialogar con pantallas en las que podemos verlos, casi tocarlos.
Los vacíos se llenan con construcciones artificiales, de
diseño. Su función es llenar huecos, pero —sobre todo— mantenernos dentro de
una ficción en la que nada se pierde, todo se puede conservar. No tenemos
hijos, pero podemos llenar el hueco con mascotas y cuando estas desaparecen
podemos clonarlas.
Esa "conexión emocional", de la que se nos habla
respecto a las mascotas, se mantiene como una adicción, como algo de lo que no
podemos prescindir y, lo peor, que se puede mantener como negocio. Esto implica
que se nos enseñará a depender, a intentar retener lo que, como vida, se escapa
de nosotros. La vieja idea de la resignación, de entender que todo tiene un final,
es sustituida por la comercial idea de que puedes retener cualquier cosa... si
la pagas. Se crea todo un negocio alrededor de las mascotas —de restaurantes
que te permiten entrar con ellas (no con molestos niños) hasta la clonación—,
como se crea alrededor de la muerte de familiares intentando vencer
ilusoriamente a la muerte o la separación. Podemos "comprarlos" para seguir
a nuestro lado en un mundo en el que la soledad es cada vez mayor. Cada debilidad, cada necesidad... provoca un
hueco de mercado.

Hay medios que tienen ya una sección fija sobre mascotas. En
ellas se nos ofrecen consejos de todo tipo llenado nuestra necesidad de
información y, especialmente, haciéndonos sentir esa conexión emocional de
sentirnos cerca de nuestros "niños", ya sean perros, gatos o loros.
Hacia cualquiera de ellos se nos dirige con intensidad emocional para desvivirnos,
para sentirnos próximos a ellos, que son únicos.
Este proceso se dirige finalmente —todo un mercado por
delante— hacia la clonación, la constatación de que no podemos vivir sin ellos,
la errónea idea de que podemos "retenerlos", tenerlos para siempre
junto a nosotros.
Evidentemente esto no es cuestión de los perros o gatos,
sino de nosotros. Es a nosotros a los que se nos envuelve con esa sensación
emocional que nos deja vacíos tras la pérdida de la mascota que ha llenado
nuestros propios huecos y carencias.
Da igual que se nos explique por parte de los expertos que
el animal clonado no es "nuestro" animal anterior, que se le puede
parecer, pero que no todo está en los genes, que la epigenética cuanta, que
vivirán otra vida, con experiencia distintas. Todo está en nuestra cabeza, en
cómo se nos dice que debemos interpretar el mundo.
Me da la impresión de que estamos educándonos mal, que esta
sociedad del consumo ilimitado, sin fronteras, donde puedes obtener cualquier
fantasía si eres capaz de pagarla, no nos enseña a ir hacia la muerte, como
diría la poeta Ana Blandiana, nuestra reciente premio Princesa de Asturias, de
la que me acuerdo ahora:
Sé hacer muy pocas cosas:
Ni melocotones como los
melocotoneros,
Ni uvas como la vid,
Ni siquiera nueces
Como los nogales de amarga sombra
Con su tenue susurro de hojas;
Pero una cosa sé hacer
Con singular destreza:
Sé morir.
("Un paso más", en El ojo del grillo (2024), Col. Visor de Poesía, p. 109. Trad. Viorica
Patea y Natalia Carbajosa)
¿Estamos aprendiendo a
morir? Esta idea de que todo se puede "retener",
"fabricar", "producir"... ¿es sana? La industria de la
ilusión de la vida eterna, aplicada a seres queridos de cualquier naturaleza y
pelaje, del padre, madre, marido, esposa, hijos, mascotas, etc., avanza con
toda su enseñanza.
El artículo se cierra con las palabras de un experto:
Para Macip, que es licenciado en
Medicina y doctor en Genética Molecular y Fisiología Humana, clonar a una
mascota supone "gastar el dinero en algo que no tiene ninguna utilidad
real", pero admite que, si es legal, "cada uno con su dinero puede
hacer lo que quiera". *
Eso se llama "mercado". Ya solo se trata de
convencerte de "lo que quieres". La industria de la ilusión de la vida eterna antes se llamaba
"religión". Ahora la puedes encontrar en las páginas amarillas o en
cualquier buscador.
* "El negocio de la clonación de mascotas en España:
una clínica en Marbella clona a tu perro por 55.000 euros" RTVE.es /
Agencias 17/06/2024
https://www.rtve.es/noticias/20240617/negocio-clonacion-mascotas-marbella-espana/16151080.shtml