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sábado, 8 de mayo de 2021

El recurrente tema de los bares

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Pese al tiempo que llevamos con esto de la pandemia, hay discusiones que no acaban de resolverse. El empeño de unos de no encarar directamente el problema y de otros por negarlo directamente hace que una y otra vez regresen. Me refiero en concreto a lo que vuelve a ser titular de primera página digital de El País, "El caso de Navarra: se cierra el interior de los bares y bajan los contagios". Por motivos obvios, hay una especial resistencia a admitir que esto es claro y no solo en Navarra, como apunta el titular. No hay "caso navarro".

Leemos en el inicio del artículo, firmado por Pablo Linde: 

 

Abre el interior de la hostelería. Pasan dos semanas. Suben los contagios. Cierra. Baja el número de nuevos casos. Hasta que se vuelve a abrir. La curva epidemiológica de Navarra lleva desde el otoño siguiendo este patrón, bailando al son de las restricciones en bares y restaurantes, según un análisis de datos del propio Gobierno foral. Y, aunque correlación no siempre implica causalidad, tanto las autoridades de la comunidad como la evidencia científica muestran que, en este caso, es muy posible que la haya.

 


 Puede que la "correlación no siempre implica causalidad", pero en estos casos es evidente que el problema está en juntar a la gente en espacios cerrados, sean bares o seminarios sobre antropología cultural. En los bares, a diferencia de los seminarios antropológicos, hay que quitarse las mascarillas para beber y la gente habla y habla porque para eso queda en un bar.

Los recorridos que las cámaras de televisión hacen por los bares y terrazas nos muestran el mismo panorama: mucha gente sin mascarilla delante de un vaso vacío de cerveza o de una taza de café. Es un ejercicio de poca o nula prevención y de aplicación tonta de las normas. La aplicación tonta de las normas es seguirlas de forma que no evitas el problema real, el contagio. Eso es lo que hace el que se pasa dos horas charlando con otros delante de un vaso vacío. Se acoge a lo literal de la norma, que es retirarse la mascarilla si está consumiendo. Pero somos más listos que nadie, un vaso para tres horas de charla. Después dirá que no entiende cómo se ha contagiado si cumplió todas las normas. El encargado del bar, harto de discutir y deseoso de recuperar lo perdido, dará por bueno el cumplimiento aparente de las normas y dirá que se habrá contagiado en otro sitio porque allí se han cumplido. Pero eso no es "cumplir", solo es aparentar hacerlo porque no se evita el motivo de la norma, no contagiarse.



Por eso no tiene nada de particular el "caso navarro", más allá de correlaciones y causalidades, como se señala en el artículo. Pero seguimos discutiendo y pidiendo más datos, más expertos, más estudios.

Lo realmente importante es lo que no se ha conseguido estadísticamente: que caiga la cantidad de cumplidores de boquilla y de negacionistas directos o indirectos. Estos hacen recluta de miembros para sus tesis con el argumento de que nada está demostrado. Es el problema del hartazgo y del aburrimiento de unos, que el negocio sea lo primero para otros, y el fatalismo final del si lo pillo que me quiten lo bailado.

Las actitudes ante la pandemia y las posibilidades de contagio son determinantes y muestran el nivel de sentido ciudadano de los países. Nuestro mundo privilegiado carece de la capacidad de sacrificio (porque lo es) necesario y está acostumbrado a lograr lo que quiere sin muchos obstáculos. Los problemas, finalmente, se solucionan desde fuera y rápidamente.

Es el mercado: cada necesidad es una oportunidad que alguien ve para cubrirla. Lo vemos ahora con la polémica sobre las vacunas y la posibilidad de liberalizar las patentes. El argumento para no hacerlo es que si no hay un beneficio, las empresas no investigarían y sería contraproducente. ¿No es bastante motivación la supervivencia? Parece que no. La pandemia es natural; la codicia, humana. A cada uno lo suyo.


Eso va a complicar bastante la cuestión de los países sin servicios suficientes de hospitales, sin apenas UCI, países en los que florece el mercado negro de oxígeno y respiradores. Se ha creado un turismo de vacunación para ricos en países en los que la gente muere por la ausencia de vacunas. Nos llegan noticias de robos de vacunas para venderlas o de falsificadores de test necesarios para poder regresar a los países de origen. Estas últimas son de nuestro país, donde algunos ven el negocio en el engaño.



Nosotros somos muy independientes, decimos, no como los asiáticos, que hacen siempre lo que les dicen, pobrecitos. Y así nos va. "Independencia", en este caso, significa hacer lo que quiero o aparentar hacer lo que me piden mientras ignoro lo crucial. Esto ha sido desde el principio que la seguridad de uno es la de los demás y la de los demás la de uno; pero eso es demasiado para nuestro proverbial sentido individualista y nuestro agnosticismo institucional.

El ingenio —¡eso sí es un valor!— ha sido pedir prestados perros para pasear, usar a los niños como excusa para salir, ponerse el chándal y llevar una botellita en la mano para hacer creer que haces deporte, cerrar a la hora indicada y dejar dentro al personal hasta que quiera irse, alquilar pisos para fiestas y hasta fletar autobuses para las fiestas fuera del casco urbano... Lo nuestro, sí, es la picaresca.



La constante pregunta por los bares, a estas alturas, es ridícula o es realmente malintencionada. Bares, museos, funerales, bodas o bautizos. No es el espacio en sí, sino cuántos, en qué condiciones y qué tipo de actividad realizan. Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír, nos dice el refrán. Lo estamos experimentando con creces con esto de la pandemia. Nos agarramos a lo que sea con tal de salirnos con la nuestra. No deja de ser deprimente que volvamos una y otra vez a los bares como problema. ¿Padecemos una especie de síndrome de abstinencia colectivo? ¿No podemos librarnos de la obsesión? Algunos espacios y han actividades han logrado vencer la tendencia y disciplinar a sus usuarios. Los bares parece que no, que si dicen seis, nosotros vamos doce; si dicen doce, veinticuatro.

Probablemente somos así siempre, pero esto amplifica todos nuestros defectos al mostrarlos al por mayor. Las virtudes, en cambio, se ven reducidas por el efecto óptico del peligro que los incumplimientos entrañan. ¿No se le ha ocurrido a nadie dar premios al cumplimiento de las normas, al respeto de las distancias, al restaurador consciente, al consumidor responsable...? 

No deja de ser triste que en 2021, nuestras preocupaciones sean estas. Deberíamos reflexionar sobre esta situación en la que hemos caído, una consecuencia de nuestra debilidad productiva que se ha ido agrandando en el sector turístico, en la restauración. para sobrevivir en una Europa que necesita un "sur" para descansar, barato y poco competitivo en lo científico, en lo industrial, en lo tecnológico. El turismo nos ha deformado como país, ha dirigido nuestras fuerzas en un sentido que hoy percibimos como desequilibrio, fácilmente inestable, difícil de controlar bajo cualquier cambio.

El mareo interesado sobre los bares es un intento de mantener un sector que se ha visto perjudicado por la pandemia. Es un sector poderoso y se resiste a tanto tiempo. Pero la única forma de mantener cierta normalidad es el cumplimiento que evite que el virus se expanda. No hay duda que allí donde nos reunimos sin medidas se producen los contagios, de la clase al bar, del entierro al bautizo. De esto no hay ninguna duda por más que se siga sacando el tema. Quizá la culpa no la tengan los dueños, sino los clientes, pero, como decía el poeta Keats, "no se puede separar al bailarín de la danza". Nadie dice que la naturaleza sea justa.


Quizá sería una buena idea mostrar algo más que el mal ejemplo, pero este es el que acapara los titulares todos los días. Por cada cien mil cumplidores hay un bosé. ¡Vale ya de chupar cámara!

 

* Pablo Linde "El caso de Navarra: se cierra el interior de los bares y bajan los contagios" El País 8/05/2021 https://elpais.com/sociedad/2021-05-08/el-caso-de-navarra-se-cierran-interiores-y-bajan-los-contagios.html

miércoles, 26 de febrero de 2014

Una marmota peligrosa

Joaquín  Mª Aguirre (UCM)
Tenía dudas sobre qué escribir, si sobre la muerte de Harold Ramis o sobre el "debate de la nación" y las dudas se resolvieron por sí mismas al darme cuenta que nada explica mejor el "debate de la nación" y la política española que pensar en el "Día de la marmota" y en "Una terapia peligrosa". Con ambas referencias en mente, todo se explica mejor.
La sensación de que esto se ha visto antes, de que no hay novedad alguna en los discursos, perfectamente previsibles, una y otra vez, hace que el debate sea el acontecimiento político menos deseado del año por puro desvío de sus fines reales que son la búsqueda conjunta de soluciones posibles, con alternativas serias, y no el diálogo de sordos entre mundos separados con estrategias particulares que buscan cumplir a través de la escenificación parlamentaria. ¿Recuerdan esos prodigios tecnológicos de sincronización en el que un cantante puede compartir pantalla con uno fallecido? Pues a veces se tiene la sensación cansina de que es algo así, de que sus posibilidades de diálogo real son las mismas. 


Sí, decididamente, el debate de la nación tiene algo del Día de la marmota. Ramis creó con "Atrapado en el tiempo" una poderosa imagen en la que lo metafísico se mezcla con lo físico,. La idea de que una vida es insuficiente como para poder aprender de los errores, que son en realidad lo determinante de la existencia, tiene un gran fondo y mucho de fáustico. Los políticos suelen decir lo mismo de las legislaturas, su propia unidad de tiempo, que siempre son insuficientes para alcanzar esa perfección prometida.  No entro en si alguno vende su alma.
A diferencia del periodista encarnado por Bill Murray, que aprende por amor, el político sigue siendo un tanto seductor y tarambana. Los cálculos que algunos forofos de la película —que son legión— han realizado sobre el tiempo que le llevó aprender todo lo que al final ha aprendido para conseguir el amor —que en el fondo es vencerse a sí mismo, olvidar su egoísmo— suponen miles de años. Es algo que a un político, en cambio, no le molestaría repetir, siempre y cuando le encuentre el día de la marmota en el poder y no en la oposición, donde también se debería producir un aprendizaje similar.

La sabiduría de Ramis fue convertir en algo dinámico la parálisis del tiempo o lo que es lo mismo hacer una película divertida sobre el aburrimiento, uno de los ejes de la modernidad, de Flaubert y Baudelaire en adelante. El mundo, nos dice Eliot, desaparecerá tragado por un bostezo.
No sabemos con exactitud —varían mucho los cálculos— cuántos años, siglos o milenios le costó al periodista comprender que el único camino para salir del bucle era intentar evitar sus errores egoístas. En la vida no se tienen esas oportunidades y todo sucede una vez. Sobre eso teorizó Kundera en su "La insoportable levedad del ser". Ramis dio a su protagonista lo que la vida nos niega a todos: la posibilidad de aprender y rectificar nuestros errores en cada punto. Y para eso necesitaba reconocerlos como tales para rectificarlos.
Sobre esta posibilidad se ha filosofado. La base de la culpa es precisamente la incapacidad de rectificar en muchos casos el daño hecho. El arrepentimiento es un posibilidad interesante, pero no deja de ser un apaño, ya que no arregla el daño causado. Está muy bien que te arrepientas de haber matado a alguien, pero eso no devuelve la vida a la víctima. Por eso la cultura ha inventado sistemas de compensación que van desde el "ojo por ojo" a otros más negociados.


La película tiene algo de cuántico, de que en cada punto convivan varias posibilidades con sus derivaciones particulares. En la mayoría de los universos abiertos —que no son narrativamente interesantes— el protagonista es un desagraciado y no consigue lo que quiere, entre otras cosas porque en muchos de ellos ni siquiera lo sabe o quiere conseguir otras objetivos. Harold Ramis nos muestra un universo posible, mientras que en los que se quedan por el camino, los que nos vemos, seguirá siendo un incorregible gruñón egoísta.
No sé cómo serán los universos alternativos de nuestros políticos —ya tengo bastante trabajo con imaginarme los míos— pero se les ve con pocas ganas de rectificar. Me temo por lo escuchado —una y otra vez— que nos ha tocado uno de los universos chapuceros, de los que no acaban bien, en los que el protagonista no tiene la paciencia de aprender a tocar el piano o interesarse por el arte, sino que delega y acaba siendo alcalde del pueblo y especulando con los terrenos del ayuntamiento.


No planteo —ante lo que escucho— si la economía va a mejor o no; discuto sobre si ellos van a mejor. Es más fácil que la economía mejore a que lo hagan ellos. Y esto es lo que me complementa —gracias de nuevo, Harold Ramis—, Una terapia peligrosa. No sé cuántas veces ha hecho Robert de Niro de gánster desde que apareció en El padrino, pero seguro que nunca se divirtió tanto haciendo el revés de la fachada del delincuente.
El centro de la película no es la humanización del criminal, sino, en clave de comedia de nuevo, mostrarnos que lo que nos hace sobrevivir es que los demás nos teman. El terror que lleva al preocupado gánster al diván psicoanalítico es que los demás descubran su debilidad y la aprovechen para arrebatarle el poder, para quitarle de en medio.


Dios me libre de establecer comparaciones entre los políticos y los gánsteres —habría que estudiar caso a caso—, pero esa necesidad de fachada constante, de no poder mostrar debilidad o reconocer los errores cometidos ante los demás tiene un precio doble, para ellos y para los demás. El "sostenerla y no enmendarla" para no aparentar debilidad es una de las líneas desastrosas que determinan nuestra política, con los partidos empeñados en no reconocer los fracasos de políticas o personas.
El político sigue acudiendo a la terapia para no mostrar debilidades, ni internas —no le vaya a devorar los fieras de su partido— ni externas —no le vayan a arrinconar en los debates y se hunda en las encuestas—. Ese miedo se extiende por los subordinados, a los que no se defiende muchas veces por ellos —probablemente se les maldice por el trance que hacen pasar— sino por no mostrar debilidad ni errores ante los demás. Eso lleva a la perversión política de que el ministro, consejero o concejal más seguro en su puesto sea el más criticado, el que más la pifia.

La pantomima navarra que tratábamos ayer —a la que pusimos el ramisiano título de "Nunca pasa nada"—, con sus rifirrafes y sus juegos retóricos, creó, por boca de su presidenta Barcina, un eufemismo innovador con la calificación de "administración cercana" al hecho de que las empresas utilizaran a los políticos para "interesarse" por su situación fiscal. No sé cuántas sesiones de terapia habrá tenido que realizar antes ni cuántas tendrá que realizar después, pero es un ejemplo más de esa negación de la realidad que se repite una y otra vez por todos los rincones y estratos. El diario Noticias de Navarra titula señalando que se considera "víctima de un complot", algo que la define como una auténtica política de raza. Los divanes están llenos de políticos que se sienten perseguidos, víctimas de complots. Y eso vale de Turquía a Navarra, de Madrid a El Cairo. Allí donde nadie se equivoca y todos te envidian hay un futuro paciente necesitado de terapia.
El efecto final es esta mezcla entre marmotas y terapias, entre una realidad que solo varía ligeramente y que parece ser una eternidad —¡solo llevamos media legislatura! y me siento como Emma Bovary mirando por la ventana— y la necesidad política de no mostrar debilidad para no morir en el empeño político.

Quizá padecemos un empacho de política. El tiempo que les dedicamos es excesivo y el que ellos dedican a convencernos de lo que es o no es también. Quizá la repetición constante con ligerísimas variaciones de debates, sesiones de control, comisiones, consejos de ministros, jornadas domingueras, reuniones con los jóvenes, congresos autonómicos, congresos nacionales... no haga sentirnos a nosotros como al protagonista de "Atrapado en el tiempo" y a ellos como al de "Una terapia peligrosa". Quizá ya no nos importa saludar al mismo pesado todos los días en la misma esquina, como ya nos hemos acostumbrado a la colonización de nuestras pantallas y portadas por parte de esas caras eternas, de esos argumentos fractales desplegados hasta el infinito.

Harold Ramis, además de reír, nos hizo pensar y ese ha sido el éxito de algunas de sus películas, que han prendido en la cultura popular. Nos dio metáforas para vivir con ellas y nos hizo sentir un pequeño escalofrío, seguido de una sonrisa, en el momento de apagar el despertador cada mañana. Descanse en paz.


 




martes, 25 de febrero de 2014

Nunca pasa nada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé cómo definir el sentimiento que me causa la lectura en el diario El Mundo de las declaraciones de algunos de los responsables de esa comisión que han organizado en Navarra para taparse las vergüenzas e incurrir en un escándalo aún mayor que el inicial.
Ya son malas las prácticas señaladas por Idoia Nieves en su denuncia de las presiones a las que se vio sometida en función de su cargo. Pero si los hechos son graves, la actitud ante los hechos es todavía peor por parte de aquellos que juran todos los días sus compromisos para acabar con la corrupción, que son los más honestos, que no se debe hacer pagar a políticos justos por pecadores o que "no les temblará la mano" cuando llegue el momento en el que, como representantes del pueblo soberano, tengan que mirar de frente al morlaco de la corrupción, cuadrarlo y lanzarse con fe a acabarlo de una estocada hasta la bola. Así se las prometen. Pero luego la realidad, nos cuentan, es muy otra.
Nos dice el diario El Mundo:

La segunda sesión de la comisión de investigación se ha iniciado con la comparecencia del secretario técnico de Economía del Gobierno foral, Pedro Ugalde, que ha respaldado la "legal" actuación de la consejera de Hacienda, que ha calificado de "lógica" para ejercer sus competencias, por lo que ha rechazado de forma categórica que Goicoechea se haya "extralimitado" en sus funciones en lo que él conoce. "No puede afirmarse que haya injerencias", ha aseverado.
Ante las acusaciones de "intromisión" de Nieves, Ugalde ha considerado "lógico" que la consejera de Hacienda "disponga de la suficiente información para actuar con conocimiento de causa y poder tomar decisiones más adecuadas en cada caso" dentro de su competencia de "planificación, dirección y tutela del organismo departamental". No obstante, sí ha admitido que Goicoechea no puede tener acceso al plan de Inspección Fiscal que Idoia Nieves asegura que la actual titular de Economía le pidió cuando era consejera de Desarrollo Rural.
En relación al "trato de favor" que reclamó Goicoechea a Nieves sobre determinados contribuyentes, el secretario técnico de Economía del Gobierno foral ha reconocido que no son prácticas "frecuentes", pero "tampoco absolutamente alejadas de la realidad", y ha enmarcado estas peticiones no como tratos de favor pero sí "diferenciados" en atención a circunstancias especiales. A este respecto, ha afirmado que "no parece fuera de lugar" que Goicoechea solicitara "información sobre aspectos técnicos de la actuación" al tener constancia de determinadas inspecciones fiscales y que "pueda ser objeto de comentario, no de imposición, actuaciones muy específicas porque afectan a un contribuyente relevante o a un colectivo significativo".*



Conforme vas leyendo la actuación del señor Ugalde, te van entrando una serie de calores y necesitas refresco para evitar el sonrojo, la vergüenza de todo esto. Ya anticipamos el otro día que la denuncia ante el parlamento autonómico de la responsable tras dimitir de su puesto, la exponía a todo tipo de viacrucis. Y así es.
¿Se puede decir que no son prácticas "frecuentes" pero "tampoco absolutamente alejadas de la realidad" sin que les tiemble la voz o se les suba el color a la cara? ¿De qué "realidad" estamos hablando cuando se habla de "trato de favor"? ¿Por qué al señor Ugalde "no parece fuera de lugar" que la "jefa" se interese por la situación fiscal de determinadas personas inspeccionadas? ¿Cómo se puede decir que "pueda ser objeto de comentario, no de imposición, actuaciones muy específicas porque afectan a un contribuyente relevante o a un colectivo significativo"? ¿Qué tipo de superior "hace comentarios" y recurre a "prácticas poco frecuentes sobre antiguos clientes?


Se demuestra, una vez más, que la voluntad de arreglo por parte de la clase política es nula y que lo único que se puede pedir es que sean los jueces los que intervengan, aunque esto suponga una judicialización excesiva de la vida política, pero ¿qué otra opción dejan?
Los periódicos de hoy mismo nos comentan cómo la comisión y sus ímpetus se van desinflando cuando entran en juego los cálculos electorales de los partidos centrales. ¿Conviene o no conviene ser apoyados por Bildu; nos perjudicará esto en la celebración de la europeas? Así nos lo cuenta hoy El Mundo. Primero, el PSOE:

Un dirigente federal apuntaba ayer que la coincidencia de las elecciones europeas y unas hipotéticas elecciones navarras sería negativa para el PSOE en el resto del Estado, porque permitiría al PP agitar en toda España el fantasma de Bildu y Sortu como supuestos aliados de los socialistas, lo que perjudicaría a la candidatura europea de Elena Valenciano.**

Y después el PP:

Entretanto, y no por casualidad, el PP apostó ayer sin medias tintas a que no habrá elecciones anticipadas en Navarra. «No creo que debamos estar ante un proceso electoral in pectore», afirmó la secretaria general, María Dolores de Cospedal. «Creo que si el PSOE quiere plantear una moción de censura, que la plantee. Pero, si no, no entiendo por qué va a haber elecciones anticipadas», insistió.**
Así, la dirigente popular se situó entre los que, desde dentro y fuera de la política, están presionando a la presidenta de Navarra, Yolanda Barcina, para que reconsidere su opción de adelantarse a la anunciada moción de censura convocando ella misma los comicios.**


¿Dónde se puede ir con este tipo de planteamientos por parte de los dos "grandes partidos"? La voluntad, tantas veces coreada, de acabar con este tipo de casos se pierde ante el cálculo constante de sus efectos electorales. No son conscientes o no les importa la erosión que esto produce en la ciudadanía, su efecto destructivo y desmoralizador. El desencanto va en aumento, pero ellos cargan sus baterías a golpe de campaña, alentando miedos y temores.
En Navarra todos han perdido —una vez más— la posibilidad de redimirse más allá del cálculo interesado. En Navarra, como en otros rincones de España nunca pasa nada. No hay verdadera intención de solucionar un problema que todos deberían ver como de todos. Sin embargo, lo único que ven es su propia erosión, su propio interés.


No sabemos en qué quedará esto, pero los argumentos dados y las respuestas de los que en vez de investigar tratan de justificar las actuaciones, no hacen presagiar nada bueno. Hemos llegado a unos niveles en los que los escándalos se tapan escandalosamente.
Mientras, en otro punto de nuestra geografía, en Extremadura, se acaban de anular los resultados de las oposiciones en las que una antigua consejera había conseguido un 9'33 sobre 10***. Desde que salió de la consejería lo gana todo y con la misma persona presidiendo los tribunales Debemos estar contentos de tener cargos públicos con tales capacidades intelectuales.

A juicio de los recurrentes, los hechos evidencian "una íntima relación amistosa entre ambos", que debería haber sido un motivo de abstención por parte del Presidente del Tribunal, o bien ser un motivo de recusación como se indica en los recursos.
Hay que recordar que, como publicó también este periódico, la propia ex consejera se presentó dos días después de cesar en el cargo a un examen para conseguir una plaza de interinidad de la misma especialidad y quedó también primera, con la máxima nota, un quince sobre quince, mientras que el segundo opositor se quedó en un 5 sobre 15. En ese tribunal también se encontraba como examinador Luciano Santonja. La plaza no se había ocupado en los cuatro años anteriores en los que ella fue consejera.***

¡Vaya cortijo, señorito!



* "La consejera de Hacienda de Navarra recibe el respaldo a su gestión" El Mundo 24/02/2014 http://www.elmundo.es/espana/2014/02/24/530b50c522601d071c8b4585.html
** "El PSOE se plantea presentar sólo una reprobación contra Barcina" El Mundo 25/02/2014 http://www.elmundo.es/espana/2014/02/25/530bf81b22601d111c8b4591.html

*** "Extremadura suspende las oposiciones donde 'arrasó' la ex consejera de Sanidad" El Mundo 24/02/2014 http://www.elmundo.es/espana/2014/02/24/530aee81e2704e37298b456b.html