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miércoles, 18 de julio de 2012

Inocentes, culpables e idiotas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La banca se está mostrando como un sector irresponsable en más de un sentido. La aventura financiera en la que las entidades competían desarrollando brillantes productos que, según algunas versiones, ni ellos mismos entendían fue responsabilidad exclusiva suya. El escándalo de la manipulación de Libor ha sido exclusivamente suyo, pues eran ellos los que elaboraban los índices. Un nuevo escándalo sacude ahora Estados Unidos y al Reino Unido (y a todo el mundo) sobre el blanqueo de dinero del narcotráfico, la financiación del terrorismo, etc. Tras un año de investigaciones, el informe del Senado de los Estados Unidos sobre las actividades del HSBC ha sido demoledor. Nos cuenta el diario El Mundo:

El presidente del subcomité, el demócrata Carl Levi, subrayó al comienzo de la audiencia la "gran preocupación del subcomité y de todos los estadounidenses del comportamiento durante años (del banco) que no tomó ninguna acción formal o informal" para evitar estas operaciones de blanqueo.
Y lamentó que la falta de acción puede permitir que "los delincuentes utilicen dólares de Estados Unidos y transferencias para cometer delitos, armar grupos terroristas, producir y transportar drogas ilegales e incluso tratan de obtener armas de destrucción masiva".*



De nuevo es un banco británico el que está en el punto de mira. Tras Barclays Bank, le toca el turno a HSBC y escuchamos las mismas cantinelas por parte de sus ejecutivos ante las comisiones. David Bagley, jefe del departamento de control del banco británico ha señalado: "A pesar de los esfuerzos y la dedicación de muchos profesionales, HSBC no ha estado a la altura de nuestras propias expectativas y las expectativas de nuestros reguladores."*
Todo suena a una broma, a un ejercicio de mal gusto institucional, pues las personas que declaran, los máximos responsables, tratan de realizar el ejercicio imposible de salvar a sus propios bancos declarándose idiotas, minimizando las responsabilidades de la entidad. En la vida uno se puede declarar culpable, inocente o idiota. Por ahora no tenemos culpables, nadie se ha declarado inocente y si muchos idiotas, pues no es otro el sentido de la declaración de alguien responsable del "departamento de control" que reconoce no haber controlado nada.


Declararse idiota, además, es una forma de echar balones fuera. Es decir a los que investigan que se pierdan entre los millones de operaciones, retorcidas hasta el extremo, para burlar los controles del propio banco o de los reguladores.
Obsérvese que el caso del HSBC es diferente y complementario del caso Barclays Bank. En el caso Barclays tenemos que la entidad actúo contra sus clientes, modificando datos para que el banco ganara más en sus cobros, mientras que en el caso HSBC tenemos un banco que aceptó los clientes que no debía, realizando operaciones que tampoco debía. El objetivo de ambos era el beneficio del banco y, a través de los incentivos, de las personas que se llevaban más ganancias por desarrollar "bien" su trabajo.
Los trabajadores de Barclays y de HBSC no han ido contra sus bancos, al contrario: les han hecho ganar más dinero. No ha habido un solo caso en el que los bancos se hayan sentido perjudicados por sus empleados, si exceptuamos lógicamente las sanciones posteriores por las actividades.

Jérôme Kerviel
Quizá sea interesante recordar algunos casos recientes, como el de Jérôme Kerviel, el bróker que hizo perder 4.500 millones de euros a la Société Général en 2008. El banco francés manifestó muy contundentemente que Kerviel había asumido riesgos excesivos una vez que se destapó el asunto.

Société Générale se presenta como acusación particular contra su ex operador, para hacer hincapié en el perjuicio sufrido por su acción pero, sobre todo, porque en sus interrogatorios aseguró que sus superiores habían hecho la vista gorda sobre sus arriesgadas operaciones.**


Kerviel es un ejemplo de dos cosas: de cómo se busca un equilibrio entre riesgo y ganancias, por un lado, y de cómo reaccionan tus superiores (y responsables) cuando dejas al descubierto la primera condición. El banco se lanzó contra el empleado con gran furia, convirtiéndole en una especie de genio informático que había logrado burlar los sistemas de defensa del banco frente a este tipo de operaciones:

El miércoles 23, el director Daniel Bouton dio cuenta en público de la catástrofe. Aguantándose la cabeza con las manos, destrozado, definió al discreto operador como "un formidable disimulador" y "un genio de la informática", transformándole en una especie de enemigo público número uno y buscando las explicaciones más burdas. Dijeron que "tenía problemas personales"; la muerte de su padre, de cáncer, hace dos años le habría afectado mucho. Y su novia le había dejado.***


La desesperación de Daniel Bouton es acorde con el daño, esta vez real, producido al banco. Su empleado había sido un "genio" infiltrado que había perjudicado. Kerviel era claramente un "culpable". Su jefes eran inocentes y no había idiotas a la vista. Sin embargo, el bróker no se resignó a representar el papel. El joven, que siempre presumió —según nos cuentan— de su parecido con el actor Tom Cruise, no estaba dispuesto a que convirtieran su caso en una especie secuela de Misión Imposible. Y menos de Risky Business. Los datos biográficos no casaban demasiado con la historia del súper villano que pretendían adjudicarle en la Société Général. La suya era más parecida a un personaje de balzaquiano, a un Rastignac moderno que llega a conquistar París y acaba en la modesta pensión Vauquer. Nos contaban entonces:

Su biografía, hasta hace una semana, describe una vida transparente. Acabado el bachillerato ingresó en la Universidad de Quimper, no muy lejos de su pueblo, y optó por estudiar economía. Atraído por las finanzas, probablemente en el rastro de su hermano mayor, consiguió una beca de BNP Paribas para hacer un máster en finanzas en la Universidad Lumière de Lyón; un título creado por los principales bancos franceses para formar operadores bursátiles de nivel medio. "Los tipos más brillantes o más ambiciosos no vienen aquí", reconocía la directora del departamento de ingeniería financiera, Valérie Buthion.
Sus profesores no guardan ningún recuerdo especial de Kerviel. "Era un estudiante como los demás, nada particular", explicaba uno de ellos. "Si era un genio de la informática", añadía refiriéndose a los calificativos que le había dedicado el presidente de SG, Daniel Bouton, cuando hizo público el fraude, "aquí nunca nos dimos cuenta". Obtuvo la calificación de "assez bien", y en 2000, un mes antes de graduarse, ya tenía un empleo en la SG.***



En esas mismas fechas, en 2008, saltó otro caso sonado en la banca, el del ejecutivo argentino de JP Morgan, Hernán Arbizu,  acusado de fraude por su banco, cargos que fueron definidos perfectamente y, como veremos, Arbizu reconoció sin problemas:

El lunes, el fiscal Michael García anunció una acusación de 15 cargos en contra del ex ejecutivo, los que incluyen malversación por un funcionario del banco, fraude bancario, suplantación de identidad y 12 cargos por fraude electrónico.
Según la acusación, Arbizu realizó supuestamente transferencias electrónicas no autorizadas por unos US$ 5,38mn desde cuentas mantenidas en UBS (NYSE: UBS) y JPMorgan entre marzo del 2007 y abril del 2008, incluidos unos US$ 2,8mn en cuatro transacciones el 15 de abril del 2008.****



Hernán Arbizu había realizado prácticas claramente fraudulentas que incluían falsificaciones de firmas de clientes del banco. Arbizu fue vicepresidente de JPMorgan y su huida a la Argentina y autoinculpación para ser juzgado allá, y no estraditado a los Estados Unidos, tuvo una serie de complicadas implicaciones políticas, especialmente por las informaciones sobre lavado de dinero y evasión de impuestos de directivos del grupo Clarín, entre otros, que han sido utilizadas en la lucha política argentina. Un caso doblemente sucio, en lo económico y en lo político. Arbizu tenía mucha información y supo negociar con ella. No todo es "volver a Keynes" allá.
Por el contrario, lo que Kerviel había hecho era aplicarse a favor de su propio banco.

Empezó ganando no más de 35.000 euros brutos anuales. Actualmente estaba en los 50.000, una suma relativamente modesta para un trader que llevaba ya ocho años en la casa. Aunque este año esperaba obtener una prima especial de nada menos que 600.000 euros, aunque el banco sólo le reconocía la mitad. Y en esa negociación estaba antes de saltar a la fama, convencido de que merecía esta recompensa no tanto por el dinero en sí, sino como reconocimiento a su capacidad y valía profesional y por lo mucho que le había hecho ganar al banco.***


Hernán Arbizu
Si Jérôme Kerviel esperaba conseguir una prima de 600.000 euros ese año, los beneficios que había dado al banco serían importantes, superiores a lo que la Société dijo haber perdido. Pero lo más importante es la actitud de Kerviel, contraria a la Arbizu. El ejecutivo argentino era un delincuente que se enfrentaba a una petición de 30 años de cárcel, que buscaba su propio beneficio contra su empresa; Kerviel, por el contrario, era un buen empleado que remaba en la misma dirección que su empresa y jefes, ganando todos proporcionalmente.


Los casos de Barclays Bank y HSBC ahora y los de la Société Général y JP Morgan en 2008 nos abren un muestrario de inocentes, culpables e idiotas. La cuestión que está sobre el tapete es general. El sector bancario necesita demostrar que los buenos bancos no son solo los que ganan mucho, porque se puede ganar de muchas maneras. Esto no es más que el resultado de dos principios: el de vale todo y el de la responsabilidad moral. El primero ha sido denunciado desde todos los ángulos y se refiere a la creación de nuevos territorios financieros en los que no hay límites porque se han convertido en marañas deliberadas en los que se trata de ganar sin enterarse de cómo. El segundo, el principio de responsabilidad moral supone la responsabilidad de aquellos que trabajan con un dinero que no es suyo y que asumen riesgos que otros pagarán. Creo que hay que ir más allá del concepto clásico y plantearlo desde los beneficios y no solo desde las pérdidas. Existe también "responsabilidad moral" cuando el banco, sus empleados y sus accionistas, se han beneficiado, como es el caso de HSBC, del blanqueo de dinero proveniente del narcotráfico o para financiación del terrorismo. Es indudable que esas operaciones se realizaron porque eran beneficiosas para HSBC, como eran beneficiosas las operaciones de Jérôme Kerviel para su banco, la Société Général.


El beneficio es beneficio hasta que deja de serlo; pero la inmoralidad lo es con beneficios o con pérdidas. Gran parte de nuestra crisis actual es una derivación lógica de la separación entre moralidad y delito; la primera se relaja mientras que el segundo se vuelve más preciso, dejando mayores espacios para la maniobra: todo lo que no está prohibido está permitido. Y lo nuevo se vuelve confuso. Recordemos los avisos a Barclays sobre estar trabajando en los límites del sistema. Puede que no sea fácil poner los límites, pero lo cierto es que se han ido ensanchando, eliminando las barreras y filtros que podían impedir muchos desastres. En eso coinciden todos los analistas de la crisis actual.
Mientras decidimos si son culpables o inocentes, la mayoría procuran declararse idiotas, es decir, desconocedores de las prácticas de sus propias instituciones. Una buena táctica que les permite expresiones emocionadas sobre el amor por sus bancos y profesión. Ya lo decían: el amor es ciego.

* "Un alto ejecutivo de HSBC dimite por el escándalo de blanqueo de dinero". El mundo 17/07/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/17/economia/1342550497.
** "El "broker" más temido de la banca abandona la cárcel". El Mundo 19/03/2008
*** "Jérôme Don Nadie". El País 3/02/2008 http://elpais.com/diario/2008/02/03/domingo/1202014357_850215.html
**** "Arrestan a ex ejecutivo de JPMorgan" Business News Americas 29/07/2008 http://www.bnamericas.com/news/banca/Arrestan_a_ex_ejecutivo_de_JPMorgan






miércoles, 11 de julio de 2012

Tiempos extraordinarios o el dedo en la nariz

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Continúa el rosario de interrogatorios de la cúpula del Barclays Bank. El escándalo va adquiriendo sus dimensiones como la rueda va cogiendo volumen con cada entrada de aire a golpe de émbolo informativo. La cuestión es cuánto aire admitirá la rueda antes de la explosión definitiva. Esta vez le ha tocado a Marcus Agius desfilar ante la comisión parlamentaria que investiga sus prácticas.
Recuerda The New York Times las aportaciones anteriores de Robert E. Diamond Jr, el hombre que amaba a su banco, ante la misma comisión hace unos días y, a la luz de lo expuesto poa Agius, ya están pensando en volverlo a traer. Pero el periódico va más allá y trae a colación algunas declaraciones antes de que las cosas comenzaran a salir a la luz:

During his tenure as Barclays chief executive, Robert E. Diamond Jr. spoke passionately about creating a strong culture of integrity and trust, a common philosophy that would breed success at the big British Bank. In a speech last year, he emphasized that the “evidence of culture is how people behave when no one is watching.”*

Marcus Agius y Robert Diamond Jr, directivos responsables de Barclays Bank


Esta frase final del señor Diamond adquiere unos tintes realmente singulares ante lo sucedido con el banco. Me recuerda la afirmación de que las personas verdaderamente educadas son las que no introducen su dedo en la nariz cuando nadie las mira. La idea de que "la evidencia de la cultura es cómo se comporta la gente cuando nadie les observa", va en esa misma dirección explicativa y tiene algo de retórica e infantil, de un consejo dado por tu madre cuando vas de visita protocolaria.

Evidentemente, lejos de las miradas de la gente, los altos ejecutivos del banco y de las demás entidades que han realizado las mismas prácticas, no solo se han metido un dedo en la nariz, sino que le han faltado dedos, manos y hasta narices; han producido todo tipo de sonidos capaces de ser producidos por un cuerpo humano, y se han limpiado con la manga de la camisa oca y narices. En fin, han roto en privado las estrictas reglas que ellos llamaban orgullosamente "cultura", esa "fuerte cultura de la integridad y la confianza", como dijo Diamond, palabras dignas y hermosas, cuyo destino más elevado es acabar en una valla publicitaria sobre una luminosa colina o en una placa de mármol inaugurada con lágrimas emocionadas en los ojos de todos los miembros de la entidad.

Si esa era la pretensión individual de Diamond o la colectiva del banco, desde luego han fracasado. Las declaraciones amorosas del ejecutivo hacia su empresa han quedado en una retórica vacía y degradada por sus propias acciones. El sistema financiero fue creando su propia opacidad, un universo incomprensible para muchos de ellos y para el resto de los mortales, a los que solo les quedaban las palabras del señor Diamond prometiendo que todos aquellos momentos en que los banqueros no estaban a la vista, no se metían el dedo en la nariz. La cuestión clave es que el sistema financiero ha pasado mucho tiempo lejos de las miradas y eso ha generado una audacia insólita. Las palabras de Diamond no son sinceras, son tranquilizadoras para una clientela obligada a fiarse de lo que sus bancos les dicen, ofrecen o cobran.
Las sentencias en España contra los abusos en las ofertas de productos financieros de alto riesgo al ofrecérselos a personas incapaces de entenderlos nos muestran más ejemplos de esa falsa "cultura" bancaria que ha incurrido en el peor de los pecados en los que podía caer: la pérdida de la confianza. Hacía bien Diamond en insistir en ello, ya que es la clave del sistema. Lo malo es que insistía para intentar mantener el clima de confianza necesario para poder seguir incumpliéndolo.

En este contexto de incumplimiento, las nuevas declaraciones de Marcus Agius, son un capítulo más en esta historia folletinesca, por entregas, en la que nos vamos enterando de la distancia que va entre la sonrisa de la valla publicitaria y la realidad de la que se aleja. Señala The New York Times:

When asked why senior managers did not question decisions to report artificially low rates, Mr. Agius said that the bank handled many difficult situations after the collapse of Lehman Brothers in 2008.
“I think it reflects the extraordinary times,” he said.*

No queda claro si los "tiempos extraordinarios" referidos por Agius son una justificación de la falta de ética y del enriquecimiento de entidades y ejecutivos acosta de sus clientes o se refiere e la excepcionalidad de la crisis. Cualquiera de las dos respuestas dejan en evidencia la falta de escrúpulos de la cúpula. Uno empieza justificando el robo por la necesidad; después descubre que es más cómodo que trabajar honestamente; y finalmente se comprende que es un camino más rápido hacia el éxito. Todo consiste en evitar meterte el dedo en la nariz en público y una elegante corbata.
Lo extraordinario de los tiempos no justifican las prácticas de este banco ni de ningún otro. La comisión le ha recordado a Marcus Agius que las manipulaciones ya habían sido cuestionadas por el regulador:

In April, Adair Turner, chairman of the Financial Services Authority, wrote a letter to Mr. Agius, addressing what the regulator perceived as overly aggressive practices at the bank. He pointed to Barclays’ efforts to avoid paying around $774 million in corporate taxes and some of the bank’s accounting methods.
“Barclays often seems to be seeking to gain advantage through the use of complex structures, or through regulatory approaches which are at the aggressive end of interpretation of the relevant rules and regulations,” Mr. Turner wrote.*

Los banqueros —no solo ellos— han conseguido darle un nuevo sentido a la "agresividad", antesala del fraude. El problema es que cuando se detecta la "agresividad" suele significar que ya se han comido la mitad de la presa. La falta de eficacia de los bancos reguladores e instituciones para detectar y frenar las prácticas de las entidades que han causado estos desastres debería ponernos sobre aviso.
Los titulares de la prensa de ayer —desde la clave de las luchas políticas nacionales—presentaban las ayudas a la banca española como una especie de debacle intervencionista, de invasión napoleónica, sobre un orgullo patrio mal entendido. El diario El País escribe hoy:

El rescate de la banca española otorgará más poderes para el Banco de España y menos para el Ministerio de Economía, dará información a raudales al BCE y el resto de organismos europeos sobre las entidades españolas y, sobre todo, supondrá una colosal cesión de poderes de las entidades que reciban ayuda. A cambio, los contribuyentes europeos pondrán de su bolsillo hasta un máximo de 100.000 millones.**



Una vez puesto en marcha, no me parece mal. Se juega con nuestros "sentimientos" y se canaliza la frustración hacia aquellos lugares en los que sea más beneficiosa para unos y otros. Creo que los controles a la banca, asegurarse que el dinero que se da sea para lo que es, debe verse como una garantía para todos, ya que todos nos veremos afectados en un sentido o en otro. Vigilar a los bancos directamente es reconocer que es en ellos en donde está el problema y no en los demás. Y sus problemas derivan precisamente de la conjunción de dos factores: la "agresividad" bancaria —por utilizar el eufemismo de los británicos—, que ha llevado al límite y traspasado ampliamente la legalidad de sus prácticas, ya sea por beneficio de la entidad o lucro personal, directo o indirecto, por un lado, y por otro la incapacidad "política" de las instituciones para vigilarlos, en especial los bancos reguladores, en cuya independencia nunca se insistirá bastante.



La ineficacia de nuestro Banco de España en cumplir sus funciones es similar a la del británico, con los agravantes del gran peso de nuestra clase política en el sector bancario a través de las Cajas y otras entidades financieras que han acogido como "embajadores" a los políticos en sus consejos de administración. Esa presencia se paga en pérdida de autonomía y, por tanto, de eficacia ante los problemas.
Creo que el control sobre estas entidades no debe verse como una "pérdida de soberanía" (no quiere decir que no lo sea, pero hace tiempo que la "soberanía" es otra cosa), sino como una forma de actuación de las instituciones de las que también formamos parte (que no se nos olvide) y cuya función es asegurarse que el dinero de todos europeos (entre los que nos encontramos) sirve para arreglar los males del presente y evitar que se repitan en el futuro. Si vienen y hacen lo que nuestros políticos han sido incapaces de hacer, poner en orden, no seré yo el que se queje. Los bancos son necesarios y tienen un papel esencial en el sistema económico. Si funcionan, muy bien; si no, nos hunden a todos.



Hay un problema general con esa "cultura" bancaria que se lleva arrastrando mucho tiempo y que obedece a causas que están sobradamente analizadas por los expertos: la transformación de la ética de los negocios en un discurso vacío para uso exclusivo de las vallas publicitarias; el cambio de las relaciones con los clientes anteponiendo el beneficio de la entidad; el estímulo personal en la especulación y la reducción del riesgo de acabar en la cárcel, etc. Todo está ahí y hay que ponerle el cascabel.
Las crisis que comenzaron con las quiebras norteamericanas son, como señalaba Marcus Agius ante la comisión parlamentaria, "extrordinary times", pero lo son por sus propias acciones, que han contribuido a convertirlos en negativos para todos. Acostumbrados a un enriquecimiento rápido y multimillonario, al protagonismo social, muchos no estaban dispuestos a dejarlo. 
No se puede estar tanto tiempo con el dedo en la nariz. Te acaban pillando.

* "Parliament Questions Culture at Barclays"  The New York Times 10/07/2012 http://dealbook.nytimes.com/2012/07/10/parliament-questions-culture-at-barclays/?hp

** "Bruselas impondrá duros planes de reestructuración al dar las ayudas" El País 10/07/2012 http://economia.elpais.com/economia/2012/07/10/actualidad/1341951643_373383.html


Marcus Agius paseando con el alcalde de Londres


sábado, 7 de julio de 2012

Banksters, la otra calle sin nombre

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se ha abierto la caza. El escándalo de Barclays Bank y la manipulación del LIBOR, la multa de 450 millones de dólares a la entidad, y las posibles consecuencias que se abren van más allá de una temporada en las primeras páginas alternando con Rupert Murdoch y los Juegos Olímpicos londinenses. Canadá y Japón se han visto envueltos en el mismo caso y el Deutsche Bank espera a que le llegue su hora, según  apuntan algunos. En España, las imputaciones florecen en bancos y cajas. La temporada ha comenzado con abundancia de piezas.
The Economist ha concretado el asunto del LIBOR en un titular sintético y expresivo: “Banksters”. No ha necesitado decir mucho más, solo acompañarlo por la ilustración de un grupo de individuos siniestros luciendo las señas de identidad de los Reservoir Dogs, a lo Tarantino: trajes oscuros, gafas negras, corbatas llamativas. El paralelismo gráfico y simbólico no admite equívocos. Es en las corbatas donde se muestran las diferencias entre ellos, aunque probablemente estén compradas en el mismo sitio y quizá con el mismo botín.



The Economist señala dos prácticas negativas de este escándalo mayúsculo. La primera de ellas la manipulación para lucrarse. El diario señala que esto va más allá de Barclays, que es solo la punta: “They were also colluding with counterparts at other banks, making and receiving requests to pass on to their respective submitters. A similar picture of widespread collusion emerges from documents related to the Canadian investigation. This bit of the LIBOR scandal looks less like rogue trading, more like a cartel.”* De ser así y no una práctica de unos cuantos, sino una auténtica estafa coordinada, el escándalo va tener más que consecuencias de imagen o multas. De nada servirán las culpas de Diamond a unos pocos "traders". Se enfrentan, como bien señala The Economist, a demandas multimillonarias, además de las multas y demás penalizaciones.


El segundo aspecto plantea puntos mucho más complicados: las decisiones que las autoridades han tomado respecto a los bancos, las ayudas concedidas, etc., partían de un análisis manipulado de la situación financiera:

During the crisis, a high LIBOR submission was widely seen as a sign of financial weakness. Barclays lowered its submissions so that it could drop back into the pack of panel banks; it has released evidence that can be interpreted as an implicit nod from the Bank of England (and Whitehall mandarins) to do so. The central bank denies this, but at the time governments were rightly desperate to bolster confidence in banks and keep credit flowing. The suspicion is that at least some banks were submitting low LIBOR estimates with tacit permission from their regulators.*


La estafa tiene consecuencias hacia abajo, a todos los afectados por la aplicación de los bancos a sus clientes, pero también consecuencias hacia arriba, de política económica en todos los niveles. Si se demuestra, como señala The Economist, que hubo connivencias con el Banco de Inglaterra, el banco central, las cabezas que caerán dejarían insatisfechas hasta a la Reina de Corazones.
“La calle sin nombre” (The Street with No Name 1948)  es una magnífica película de William Keighley. Nos muestra el enfrentamiento entre el FBI y el repunte de las bandas mafiosas que han vuelto a la carga pasados los tiempos clásicos de Chicago, con  Capone, Nitty y compañía. El film comienza con una cita de John Edgar Hoover, el siniestro director del FBI, diciendo que existe una "calle sin nombre", que va de la Costa Este hasta la del Pacífico, que el crimen recorre con impunidad. El jefe de la banda, Stiles, maravillosamente interpretado por Richard Widmark, es un gánster “científico”, elegante y refinado, capaz de seleccionar el personal de su banda consiguiendo las fichas de los criminales candidatos de las mismas oficinas del FBI, que están actuando sin saberlo como formadores de la banda de delincuentes. Stiles ha conseguido poner a su disposición a los servicios de la policía científica, que incluso le extraen las huellas de las armas que les lleva para saber quién se ha infiltrado entre sus filas. Se crea así una irónica situación en la que gánsteres y federales utilizan las mismas técnicas de investigación para conseguir sus objetivos. Ladrones haciendo de policías científicos y policías haciendo de ladrones.

Parece que algunos bancos o banqueros (como quieran, para que no haya sutilezas) han actuado de forma similar y se han aprovechado de las técnicas que deberían poner al servicio de sus clientes para sus propios negocios fraudulentos.
De nuevo, tenemos la calle sin nombre, una calle que esta vez, parafraseando a Hoover, va de la City a Wall Street, un calle sin ley. Los “banksters” vuelven a recorrerla como en los mejores tiempo de Capone.

* "Banksters. How Britain’s rate-fixing scandal might spread—and what to do about it" The Economist 7/07/2012 http://www.economist.com/node/21558260





miércoles, 4 de julio de 2012

Traders, traidores, traductores o el hombre que amaba a su banco

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diccionario y las prisas les han jugado una mala pasada a la redacción de La Vanguardia que ha puesto como titular de la comparecencia de Diamond: «Bob Diamonds, ex consejero delegado de Barclays: “Todo es culpa de un pequeño grupo de traidores”»*. Los lectores se han puesto inmediatamente en guardia y pocos minutos después comentaban: “Lo estoy viendo y en mi humilde opinión, el Sr. Diamond no ha dicho 'traidores'. Ha dicho 'traders'. Lo ha repetido varias veces. Gracias”.*
Y tiene razón el amable lector. No ha dicho "traidores", sino “traders”, es decir, “operadores” o si se quiere “especuladores”, puesto que se dedican a hacer operaciones de compra y venta. Pero ¡era tan bonito lo de los traidores!, que da pena que un problema de oído y traducción chafe un alegato sobre el amor a los bancos o una conspiración a lo LeCarré. ¡cuando ya estaba el lío montado, falla la traducción. Nos dice La Vanguardia:

Diamond ha empezado su comparecencia con un sentido "yo amo a Barclays", para [a]cto seguido explicar que "un pequeño grupo de traidores" fueron los responsables de una "conducta reprochable". Asimismo, también ha admitido que "claramente hubo errores".*


Me dijo el otro día una amiga estupefacta que el presidente del Banco Sabadell se ha quejado en los Estados Unidos de que los grandes perjudicados por toda esta crisis son los bancos que han perdido dinero y han ganado mala imagen. ¡Otro que ama a su banco por encima de todas las cosas! Por encima de sus clientes, de sus hipotecados, desahuciados, por encima de lo que sea…, ¡el banco!
Todos estos señores —los tres directivos de Barclays— se están tomado esto como una especie de desengaño amoroso y están utilizando la comisión como visita al asesor de parejas.

"Lo siento, estoy decepcionado y también enfadado", ha asegurado. "No hay ningún tipo de excusa para ese comportamiento. Está mal. No me gusta. No representa al Barclays que conozco y que amo", ha agregado.*

¿Por qué no introducir entonces a esos traders como traidores, que solo se aman a sí mismos, que actúan por su cuenta, frente a los que aman a su banco o aman a sus clientes. ¿El banco no incluye a sus clientes? ¿Qué es amar a un banco: el dinero que contiene, los clientes que lo traen, el sueldo que les pagan...? Sí, ¿qué es exactamente amar un banco?

Traders y no traidores
Lo interesante —lo que le interesa a la comisión— es precisamente ese “Barclays que conozco”, más que los sentimientos de Diamond. Lo que tratarán de dilucidar, tirando del hilo, es hasta dónde llegaba su conocimiento real del banco y de los traders, más que hasta dónde llegaba su amor. Los rumores comienzan a apuntar hacia el Banco de Inglaterra, el banco central, y saltarán de banco en banco, el de Escocia, etc., para llegar hasta donde haga falta.


Lo malo está en el gremio, los otros que aman a sus bancos. Saben dos cosas: la primera que el lío ya está montado y que es necesario lavar la cara de la banca cortando todas las amorosas cabezas de los traders traidores y de los ejecutivos y directores cegados por el amor a sus bancos, algo que ya han empezado; en segundo lugar, son competidores. Los bancos que salgan bien parados son los primeros interesados porque obtendrán una imagen positiva de que no engañan a sus clientes. Esta vez le toca a los bancos lo de la confianza.

El Economista elaboró una lista en 2010 con los “traders” más famosos de la historia, votados por sus lectores. Encabeza la lista George Soros, como no podía ser de otra manera, después de ser el hombre que ganó 1.000 millones de dólares en un día, con la crisis de las divisas que hubo en Reino Unido en 1992. ¡No está mal! Le sigue Jesse “Boy Plunge” (el chico de las apuestas) Livermore, que se hizo rico durante el pánico de 1907 y en el crack del 29; uno de los pocos que se hizo rico entonces. Mientras otros saltaban por la ventana, él salía tranquilamente por la puerta. ¡Bien hecho! Les siguen nueves hombres que también amaban lo que hacían, aunque estos sí que lo sabían claramente. Ellos eran los especuladores, los ingenieros financieros que sacaron y sacan tajada de las crisis y vaivenes del sistema. Ya saben, cada crisis es una oportunidad. Y si no hay crisis, pues se crea; y si dura poco, pues se alarga. El “Top diez” de la Listas de Uma en El Economista, de todas formas, está encabezado por “Las 10 formas más inmorales de ganar dinero”, pero eso lo dejaremos para otro día, y no mancharemos este momento romántico.
Por eso que La Vanguardia haya oído mal y llamado “traidores” a los “traders” tiene tanto de metedura de pata traductora, como de lapsus freudiano y de justicia poética. Se habrán equivocado, pero en el fondo no dejan de tener razón: son traidores a aquellos a los que se deben realmente, a sus clientes, a los que estafaron. Y lo hicieron porque haciendo ganar más dinero a su banco, lo ganaban ellos. 
¡Ay, el amor...!

* "El exconsejero delegado de Barclays admite "errores" y "conductas reprochables" " La Vanguardia 4/07/2012 http://www.lavanguardia.com/economia/20120704/54320361320/bob-diamond-barclays-parlamento.html
** Los 'traders' más célebres del mundo". El Economista 13/09/2010 http://listas.eleconomista.es/economia/366-los-traders-ms-clebres-del-mundo



martes, 3 de julio de 2012

Escándalos y misterios de la City o el estrés del banquero

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Leo en el diario El País las declaraciones de Marcus Agius, presidente del Barclays Bank, tras el escándalo mayúsculo de la manipulación de los tipos de interés interbancario:

"Realmente siento mucho haber defraudado a nuestros clientes, empleados y accionistas. Barclays está lleno de gente trabajadora, talentosa, cuya integridad no es cuestionada", señala Agius, cuya renuncia ya había sido anticipada este domingo por medios británicos. "Este ha sido un periodo de estrés sin precedentes y, en particular, de turbulencias en la industria bancaria y en la economía mundial en general", agrega el presidente, que califica el escándalo de "golpe devastador" para la reputación del banco.*

Nunca la palabra “defraudado” fue tan ambigua. Nadie duda de que en Barclays exista gente trabajadora, talentosa e íntegra, tres virtudes que deberían ser exhibidas y practicadas no solo por los “bancarios”, sino por los que los dirigen. Pero el descubrimiento de la manipulación de Líbor no deja en muy buen lugar al Barclays ni al sistema bancario —ya están empezando a ser investigadas otras entidades— que comienza a ser visto como un atraco descarado con el arma de la confianza en tu propio banco. Una vez más, la confianza se ha roto; ya hay una nueva grieta.

Norman Montagu recuperándose del estrés
Resulta curioso contrastar la apelación al estrés del señor Marcus Agius —el verdadero estrés es el de los hipotecados— con la que recogen los historiadores de Montagu Norman en un comunicado de prensa que dio el 15 de agosto de 1931:

“El gobernador del Banco de Inglaterra se encuentra indispuesto como consecuencia de la excepcional tensión a la que ha estado sometido estos últimos meses. Siguiendo las indicaciones del médico, ha abandonado todas sus ocupaciones y se ha marchado al extranjero para descansar y desconectar”.  (17) **

La “excepcional tensión”, como es obvio, es la crisis del sistema financiero que metió al mundo en la Gran Depresión. El dato nos lo trae Liaquat Ahamed en su obra, premiada con el Premio Pulitzer en 2010, Los señores de las finanzas, que lleva el aclarador subtítulo en portada de “Los cuatro hombres que arruinaron el mundo”. Ahamed investiga el papel que jugaron los cuatro directores de los grandes bancos centrales mundiales —Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania— en la crisis del 29. 

Marcus Agius
Hemos pasado del estrés del banquero Montagu Norman al estrés del sistema, pasando por los "test de estrés bancario". Demasiado estrés. Los millones de personas que sufrieron la gran depresión no pudieron embarcarse para que la brisa marina les ayudara a quitarse de encima el estrés. Tampoco tienen hoy las cuantiosas cantidades que nuestros banqueros se han fijado para rebajar su propio estrés. Agius comienza hablando del estrés para pasar a las turbulencias para acabar hablando de la economía mundial. No entra en su contribución —suya y de su banco, junto con otros— al conjunto.
Cada vez se investiga más el papel de la Banca en los sucesos históricos; cada vez más los banqueros están bajo la lupa de los historiadores para tratar de desentrañar cuál es su participación real en los misterios de la Economía y del mundo. Por sus manos pasa todo el capital. Hemos dejado de mirar la luna y nos centramos más en la observación del dedo apuntador de las personas que manejan los capitales. Los mercados, además de leyes, tienen mercaderes.
Si se lleva adelante, como se está planteando, una comisión parlamentaria parecida a la que ha actuado en el caso de la Prensa en el Reino Unido, y sus Señorías se lo toman en serio, ríanse de las comparecencias anteriores de Blair, Cameron, Brooks o Murdoch. Aquí no vamos a tener ahijados ni caballitos de paseo jubilados de Scotland Yard. Si pensamos que los conflictos que han llevado al rechazo de decisiones conjuntas europeas por parte de Cameron eran, como se ha señalado con insistencia, la defensa de los intereses de la City, tendremos que ver qué sale de esas apasionantes sesiones. La City tiene un elemento añadido: acoge a las empresas fugadas de los Estados Unidos cuando allí se estrechan los controles y restricciones. El sistema financiero británico solo es británico en parte; es el centro mundial de las finanzas. Y del estrés, claro.


No sé si los argumentos que nos darán entonces los políticos serán similares a los invocados estos días respecto a la prensa en la comisión de las escuchas ilegales: “no se puede gobernar contra los medios, son demasiado poderosos”. Si el argumento que nos darán es “no se puede gobernar contra los banqueros”, el siguiente recorte que se debería hacer, esta vez gustosamente, sería el cierre de los parlamentos y órganos de gobierno, convertidos en gastos inútiles. Vayamos a votar con la cartilla de ahorros.
Según esta versión negativa, ¿son los políticos unos títeres creados por banqueros y prensa, suponiendo que estableciéramos alguna distinción en quienes financian y prestan dinero a las empresas de medios y los medios mismos? La pregunta no es retórica y se puede contestar en función del grado de compromiso que el político manifieste con aquellos que le eligieron. Lo malo es si quienes te eligen realmente son los banqueros con el apoyo de los medios controlados por ellos. La idea es escandalosa pero no peregrina, pues es precisamente de esto de lo que se ha estado tratando en la comisión del parlamento británico, de las hipotecas mediáticas y en qué términos se producían los cobros de los intereses.

Las intensas y mezcladas relaciones políticas, económicas y mediáticas son muy peligrosas para el sistema democrático porque distorsionan los compromisos electorales en función de los compromisos previos que adquieran los políticos. Es precisamente de lo que Cameron y Blair se han tenido que defender en la comisión: de que nadie se creyera que el apoyo de Murdoch fuera gratuito, que fuera un vendedor de influencia altruista. No se trataba de criticar una amistad, sino de establecer sus consecuencias.
La insinuación de David Cameron de sacar al Reino Unido del euro y Europa parecen obedecer más a las razones de la City que a las de los ciudadanos británicos, por más que se apele a su euroescepticismo o a su nacionalismo monetario. ¿Temen en la City por las medidas de control bancario y financiero que puedan ser aprobadas para el conjunto de Europa como ya ocurrió con la propuesta de la “Tasa Tobin” para las transacciones financieras, a la que se opone, entre otros “países financieros”, el Reino Unido?

El artículo de David Cameron sobre la posibilidad de la salida de Europa
Tiene razón Marcus Agius al decir que el golpe ha sido devastador para el banco, pero se queda corto en el alcance del golpe sobre el ya desprestigiado sector bancario. Los bancos son una parte esencial del sistema económico, tienen una función muy importante, en eso está todo el mundo de acuerdo. Una vez llegados a ese punto, lo que la gente está reclamando son las jerarquías, el quién decide sobre quién, en un mundo más complejo en el que los políticos se dicen en manos de banqueros y prensa, la prensa de dice en manos de los bancos y políticos, y los bancos se dicen en manos de los mercados. 
Según estas teorías exculpadoras, nadie sería responsable de nada. El mundo marcharía solo, como un gigantesco dado rodando indiferente por la galaxia.

* "Dimite el presidente del Barclays por la manipulación del tipo interbancario" El País 2/07/2012 http://economia.elpais.com/economia/2012/07/02/agencias/1341211903_877766.html
** Liaquat Ahamed (2010): Los señores de las finanzas. Deusto, Madrid.