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domingo, 11 de agosto de 2024

Mala elección, Donald

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Mala elección la de Donald Trump para cerrar los mítines electorales. La Vanguardia nos da la noticia de que la cantante Céline Dion se ha manifestado en contra del uso que se hace de su canción My heart will go on, que es el célebre tema principal de la no menos célebre película Titanic, dirigida por James Cameron en 1997, filme que arrasó en los Oscar del año y demás premios internacionales. además del éxito de taquilla.

En La Vanguardia se explica el caso:

En un post en la red social X (Twitter), se explica que el equipo de la cantante y su discográfica han detectado el uso sin autorización del videoclip, la grabación y la actuación musical de la canción My heart will go on, una de las más conocidas de la artista, en un acto de campaña junto a su candidato a vicepresidente J.D. Vance. “Este uso no está autorizado de ninguna manera y Céline Dion no respalda este ni ningún uso similar”, aclara el mensaje.

El texto se cierra con cierta ironía, con un “... y de verdad, ¿ESA canción?”. My heart will go on es un single de tono romántico, que gira en torno al amor y fue lanzado en 1997 para la película Titanic, de la que es banda sonora inconfundible. A lo largo de su letra trata el amor inquebrantable y eterno.

En las redes algunos juegan con la asociación de la canción con la película Titanic y se preguntan si es algo buscado, como si la candidatura se hundiera como el famoso barco y fuera la mejor manera de resumirlo. Las últimas encuestas apuntan que su rival Kamala Harris se estaría imponiendo en la carrera a la Casa Blanca en los estados clave.*

Y es que la campaña con Trump como centro no solo ha utilizado la música, sino que se ha hecho con la cantante en el clip en el que se interpreta la canción, metiéndola en mitad del mitin sin contar con ella, con los derechos de los propietarios de la canción, etc. Céline Dion no solo quiere que se retire la canción, sino que desaparezca la suposición de que ella, de alguna manera, forma parte de la campaña y respalda al candidato Trump.

Pero hay otros aspectos de que hacen ver que la canción ("ESA", como señalan en la prensa norteamericana) no era la mejor elección. No es la primera vez que le ocurre a Trump lo de las canciones sin autorizar, pero esto es distinto.

Una canción que se utiliza en un sentido político, como es el caso, debe tener un requisito: no se le debe poder dar la vuelta al sentido. Es obvio que no es lo que ocurre con una canción que pertenece inequívocamente a la historia del hundimiento de un navío demasiado grande, lo que algunos consideraron simbólicamente como un "castigo" a la soberbia humana.

En este caso, la aparición en La Vanguardia en la noticia sobre el caso Titanic con un Donald Trump con los brazos extendidos y el gesto exagerado, como si estuviera cantando, nos lleva de forma irónica a la película misma, a la famosa escena entre Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en la proa del barco poco antes de su hundimiento. No, no es la mejor elección para alguien al que es fácil asociar por su ego con el tamaño del buque y a este con su destino, el hundimiento y el desastre.


Quien haya hecho la elección del tema —no sabemos si ha sido el propio Trump u otra persona— para el cierre del mitin se ha cubierto de gloria. Una cosa son los Oscar de la película y la belleza de la canción  y otra el destino del barco ahora convertido en destino turístico en el fondo del mar.

Es probable que comiencen a aparecer en los medios —si no le han hecho ya— caricaturas y parodias de Trump con los brazos extendidos, sobre la cubierta de un Titanic electoral mientras se dirige cantando al fondo. Lo ha puesto muy fácil.

* "Céline Dion censura a Trump por usar su canción de 'Titanic' sin permiso en campaña" La Vanguardia 11/08/2024 https://www.lavanguardia.com/internacional/20240811/9864808/celine-dion-donald-trump-mitin-acto-campana-titanic-my-heart-will-go-on.html

viernes, 23 de junio de 2023

Turismo de peligrosas fantasías

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Decía T.S. Eliot en uno de sus poemas más conocidos que el mundo desaparecería en un bostezo. El bostezo es el cambio climático de la mente, el tsunami del aburrimiento, el "más" del "no va más". Pero hay una enorme diferencia entre el que se aburre sentado con la mandíbula apoyada en un bastón sentado en un banco en la curva del pueblo en donde se suelen dar un golpe los que van rápido y tener la cuenta en el banco forrada de millones y preguntarte por la mañana ante el espejo mientras te das un masaje facial "¿qué hago hoy?"

La pregunta es universal: ¿qué hago? Pero la respuesta depende de la cuenta bancaria. Las repuestas van desde salir a darse una vuelta al parque o dársela al mundo. Antes la gente destacaba por su trabajo, ahora pretenden hacerlo por el gasto en el ocio. La imaginación, en esto, no tiene más límites que los de la cuenta del banco, la de lo que te puedes permitir.

El titular de Antena3 nos cuenta el asombro del presidente de la Fundación Titanic "Jesús Ferreiro, tras el terrible final del Titan: "Es increíble que estemos hablando del Titanic 111 años después"*. ¿Increíble? No, normal, porque parte de lo que se busca en poder contarlo, algo que no va a ser, por desgracia, el caso. Ellos, los turistas, no podrán contarlo. Han pasado de posibles contadores de la aventura, a ser parte del discurso que lo cuenta. Ahora son contados como parte de una historia trágica y absurda. Ya son parte de la cadena que forma esta historia.

Comentaban esta mañana en una cadena televisiva —no tengo más referencia que esta— que se anunciaban anteriormente peticiones de mano en las barandillas del hundido Titanic por parte de una empresa dedicada a este tipo de operaciones. Supongo que por un precio considerable podías permitirte el lujo subacuático de emular a Leonardo DiCaprio y a Kate Winslet. Es cierto que con mascarilla y botellas, con traje de buzo o sin salir del submarino no es lo mismo, pero ¿y lo bien que lo vas a pasar contándolo después, con el placer de enseñar las fotos y dejar a tus amigos con el sentimiento de ser seres vulgares, de ir por la vida en Metro y no en limusina como tú? Eso es impagable.


No hace mucho, otros millonarios se dieron un garbeo hasta la Luna. Si se pudiera saludar desde el espacio, sacar la cabeza y agitar la mano y que todos lo vieran, que escucharan un "¡eh, los de abajo!", que obligara a levantar la cabeza y mirar hacia nuestro satélite, acabaríamos con dolor de cuello de tanto responder a esas llamadas. Estaríamos todo el día chocando con postes, farolas y semáforos, cayendo por las escaleras y limpiando los zapatos de tanto pisar... ¡en fin, de todo!

Somos animales imitadores a los que no le gusta que se lo digan. La salvedad es que ya no imitamos la realidad sino nuestras fantasías. Queremos parecernos a nuestros héroes de película. ¿Recuerdan lo que contamos aquí del gánster detenido en Italia que tenía en su casa el póster de El padrino, la película de F. Ford Coppola? ¿Cuántos gánsteres reales habrán gastado bromas a sus amigos imitando la voz castada de Brando, habrán tenido un gato sobre su regazo o habrán dicho "que parezca un accidente" (aunque nos digan que nunca se dice en la película)?

Sí, la gente "habla del Titanic", pero no del que está hundido, sino del que se parece al que salía en la película. Sin la idea de James Cameron, sin DiCaprio y sin Winslet, estas cosas no pasarían.

Ferreiro reconoce que existen varias similitudes entre el hundimiento del transatlántico británico y lo que ha ocurrido ahora. "Es lo mismo que le pasó al Titanic, que se partió en dos. La proa estaba llena de agua y cayó de manera vertical. Al estar llena de agua no sufrió la diferencia de presión de dentro hacia fuera, sin embargo la parte de popa, que estaba vacía de agua, cayó dando vueltas pero sufriendo la presión, explotando todo", explica.

Para el experto no deja de ser "increíble" que tras más de 100 años del desastre marítimo la historia vuelva a repetirse. "Ahora estamos hablando del Titanic 111 años después. No sé razonar la admiración y la expectación sobre el Titanic".*

 

Se equivoca Ferreiro, de la Fundación Titanic. No es el hundimiento del Titanic lo que se ha repetido 100 años después. Lo que se ha repetido es la película, como prueba su propia declaración. El gánster que tenía el póster de El padrino no repetía la vida criminal de sus antecesores, sino que repetía las secuencias de la película. Así lo vivía. Esas parejas a las que se les ofrecía casarse o pedirse la mano en las profundidades sueñan con hacer poses en el mismo lugar donde se supone que las hacían DiCaprio y Winslet. Titanic ya no significa "gran desastre", sino "gran amor para siempre", aunque ese "siempre" sea un recuerdo solitario de una de las partes, la que sobrevivió. "Titanic" no es la historia de un hundimiento, un hecho histórico, sino una historia de amor que podemos revivir mediante una operación retórica, metafórica, o mediante una vivencia espacial. Debería haber un "Titanic" para ricos, que es el que te juegas la vida y te cuesta un riñón, y un "Titanic" para pobres, un plató en cada ciudad en el que hacerse la foto del amor eterno.


Hay un turismo exclusivo que nos baja hasta el Titanic y nos sube hasta la Luna. Debería haber uno imaginario, un muestrario de ensoñaciones que te permitiera un especia de "rosa púrpura del Cairo", hacer tu álbum de imitaciones, del Titanic a El Padrino, lugares donde sonara la música de Un hombre y un mujer, el filme de Lelouch, o el tema de Love Story. Lugares de todo tipo que dejaran satisfechas nuestras deudas con la ilusión del cine, la novela o cualquier otro alimento imaginativo.

Los que bajaron en un chapucero submarino satisfacían algún tipo de curiosidad. Lo sentimos por ellos y sus familias. La conversión de lugares casi inaccesibles en citas turísticas añade el peligro al placer... o los funde. Esta vez el riesgo ha sido demasiado. Quizá no se pueda prohibir bajar al fondo del mar; quizá tampoco ir a darse un garbeo lunar. Ya han ocurrido otros accidentes por esto y algún día ocurrirá otro desastre. Pero hay un filón en estos negocios de la ilusión, la nostalgia o la exclusividad.

Nuestra aburrida vida necesita de emociones y de imitaciones. Nunca una sociedad ha tenido tantas fuentes de información, nunca ha tenido tantas referencias visuales con las que satisfacer su propia mitomanía. Vivir es hoy una especie de estadio intermedio entre realidades y fantasías.

* "Jesús Ferreiro, tras el terrible final del Titan: "Es increíble que estemos hablando del Titanic 111 años después" Antena 3 23/06/2023  https://www.antena3.com/noticias/mundo/james-cameron-tragedia-titan-llama-atencion-similitud-propio-desastre-titanic_20230623649543959d4a830001624b61.html

lunes, 30 de enero de 2012

Un hijo del pueblo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Comandante no te rindas
«¿Acaso lo ha visto usted?»—repetía enfadada una vecina del pueblo del capitán Schettino a los periodistas televisivos. Aunque uno haga cualquier barbaridad, aunque sea del tamaño y claridad documentada del Costa Concordia, sabes que los de tu pueblo te defenderán con devoción. Elaborarán una teoría conspiratoria absurda antes que reconocer que un paisano ha cometido tamaña estupidez, con diecisiete cadáveres en su cuenta hasta el momento. Defensa a ultranza, sí, hasta la tumba si es necesario. Es un hijo de este pueblo.
Cada vez que aparecen nuevas pruebas y testimonios, grabaciones de las conversaciones inequívocas que mantuvo con la naviera, me acuerdo de sus convecinos y de su ardor defensivo del ahora villano nacional e internacional. Todos quieren ver en el hundimiento del barco un símbolo de la catástrofe italiana y convertir al galante capitán en una especie de Berlusconi naviero, más preocupado por la rubia moldava acompañante que por los peligros de la navegación costera, pendiente de saludar a los amigos del pueblo de enfrente, avisados del paso del crucero por las páginas de Facebook. Luego, lo de siempre. La roca que no estaba allí, pero que estaba allí; la roca que no estaba en los mapas, pero que estaba en los mapas. Todo estaba donde debía, menos el capitán Schettino antes, durante y después del siniestro.


Las causas reales son preocupación de las casas de seguros y de los jueces, que dirán lo que tengan que decir al respecto tras sus investigaciones. Me interesa conocer la evolución mental del pueblo del capitán, Meta di Sorrento, saber cómo van a ir asimilando los vecinos el hundimiento del nombre del Capitán —y del pueblo— tras el hundimiento del barco. Porque solo es posible defender a un hijo del pueblo de esa manera realizando una operación retórica y tomando la parte por el todo. Todos somos Schettino: ¡todos para uno y uno para todos! ¡Meta di Sorrento! ¡Fuenteovejuna! ¡No te rindas!

Hasta el momento, su cerebro colectivo ha ido encontrando soluciones parciales para resolver su conflicto emocional. El hecho de que haya más vivos que muertos lo atribuyen a la pericia del capitán, por ejemplo, un héeroe para ellos. Desde esa perspectiva, el capitán solo sería responsable negativo si las víctimas de su descabellada operación fueran la mitad más uno del pasaje. Solo aceptarían una culpabilidad estadística y democrática.
El hecho de que saliera a toda prisa del barco también tiene explicación para los vecinos: “coordinar el rescate desde un bote salvavidas es perfectamente legal”*, han señalado literalmente. Según esto, el bote en el que el Capitán Schettino se alejó del barco sería el equivalente al Air Force One del Presidente de los Estados Unidos, bote en el que habría reunido a su gabinete de crisis para tener una mejor visión de los acontecimientos. Algo así como Napoleón dirigiendo la batalla desde lo alto de una colina para tener mejor perspectiva del escenario bélico y tomar sus decisiones. Los grandes hombres son así; necesitan distancia. Como Curro Romero. La frase que ha quedado para la historia es la que le dijeron desesperados sus superiores: "Vada a bordo, cazzo!! (¡suba a bordo, cojones!). Hay frases más dignas, pero esta tiene lo justo: cortita y expresiva. Vale para las camisetas.


La profesión de la joven moldava oscila entre bailarina y traductora —aunque ambas cosas no son, por supuesto, incompatibles—; en este último caso estaría justificada su presencia junto al capitán, consciente este del problema que podría ocasionarle durante la navegación encontrar algún moldavo en el puente de mando, que es donde parece que estaban ambos.
Nuestra capacidad identificadora, por un lado, y negadora, por otro, es infinita y comienza con nosotros mismos, con la familia, sigue con el vecindario, luego la ciudad, el equipo de fútbol, el partido político, y así sigue ascendiendo por la escala emocional en la que está dividido nuestro corazoncito.

Para complicar las cosas, los alemanes de Der Spiegel han llamado “cobarde” al capitán y, por las operaciones retóricas nacionales que señalamos, el conjunto de los italianos se ha dado por aludido. Il Giornale ha contraatacado con fuerza: “A noi Schettino, a voi Auschwitz”. Mencionarles a los alemanes, a estas alturas, Auschwitz es algo más que un golpe bajo. El hundimiento del Costa Concordia —¡vaya nombre!— puede dar al traste con los planes de Merkel para la recuperación de la economía italiana. ¡Maldita roca indocumentada! Ya solo falta que Moldavia se dé por aludida porque se la considere responsable de la distracción del capitán Schettino para volver a tener otro conflicto internacional en plena crisis de la eurozona.
La desgracia de los fallecidos queda tapada por tanta exhibición de orgullo patrio, del pueblecito a Europa. Mientras tanto, el barco escorado se ha convertido en motivo de peregrinación turística. A diferencia del Titanic, que se fue a pique en mitad del mar, el Costa Concordia —mientras se siguen buscando cadáveres en su interior— es un espectáculo costero. Los supervivientes tenían un recuerdo común que han utilizado muchos de ellos para explicar su odisea a los medios de comunicación: ha sido como el Titanic. Se refieren, por supuesto, a la película de James Cameron. Los medios nos dan también grandes noticias, como que un superviviente del Costa Concordia perdió un tío en el Titanic o que alguien escuchó el tema principal de la película de Di Caprio y Winslet poco antes de la catástrofe, según ha revelado un turista suizo**. ¿Alucinación, leyenda urbana, blockbuster?



Cuando los orgullos y los ánimos se vayan mitigando, todavía quedará el recuerdo de unos fallecidos víctimas de la irresponsabilidad de un hombre. Pasados muchos años, Meta di Sorrento olvidará que Francesco Schettino fue un hijo del pueblo. Las pancartas que ahora lo defienden en las calles se irán perdiendo durante la noche y nadie las repondrá. Y serán otras las emociones que vendrán a soliviantarnos, a sacar de nosotros el orgullo patrio. Todos somos hijos de nuestro pueblo.

* “El pueblo natal del capitán del crucero salió a defenderlo” El Sol On Line. 18/01/2012  http://elsolonline.com/noticias/view/122898/el-pueblo-natal-del-capitan-del-crucero-salio-a-defenderlo

** "Costa Concordia: Titanic theme tune played as cruise ship hit rocks" The Telegraph 18/01/2012 http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/europe/italy/9022349/Costa-Concordia-Titanic-theme-tune-played-as-cruise-ship-hit-rocks.html

Devolviéndole la pelota a Angela Merkel: Alemania abandona a Europa