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jueves, 5 de julio de 2012

La exageración tolerable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sentencia del Supremo dada a conocer ayer en la prensa sobre el conflicto —vamos a llamarlo así— entre la ex vicepresidenta del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, y el diputado popular Esteban González Pons contiene algunas consideraciones de interés sobre la vida política. La trifulca comenzó al empadronarse la entonces vicepresidenta en la localidad valenciana de Beneixida, hacerlo por poderes, y sacarse el tema a colación por parte de su contrincante en la arena levantina, calificándolo de “secreto” y llamándolo  “pelotazo urbanístico”. Como se ve, todo entre gentlemen. Enfadose la Vicepresidenta, que como veíamos los viernes, no era mujer de sonrisa fácil, al menos en público. En vez de ponerse a buscar alguna cosilla sobre su rival para airearla —como es propio de estos casos—, se dirigió directamente a los Tribunales y, tras dos fallos en contra, le llega ahora el definitivo, el tercero, por dictado del Tribunal Supremo.


La verdad es que cosas peores se han dicho unos a otros, con razones o sin ellas, pues tampoco es cosa que importe mucho tener razón. Valoran más el ingenio y la tendencia española a quedarse con el chiste y chascarrillo, con la maledicencia, que con datos y cifras de la economía —que es muy aburrido—, pongamos por caso. Lo propio de los políticos, nos vienen a decir, es pelearse.
Lo singular no es el caso en sí —que se veía venir por las precedentes sentencias— sino los argumentos y tirones de orejas que el magistrado ponente les ha lanzado, en especial a Doña Mª Teresa Fernández de la Vega. Da por descontado el juez en su sentencia que es consustancial a la política el rifirrafe y que este siempre conlleva un componente de exageración, metafórico, hiriente que los políticos deben de aceptar como parte del “juego”. Pero van más allá.

El Alto Tribunal, que ha confirmado que el dirigente del PP no lo vulneró por airear y rechazar en público su empadronamiento en Valencia para presentarse por esa circunscripción a las elecciones de 2008, asegura que el hecho de que De la Vega recurriera la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid "revela un grado de intolerancia para con la crítica política tan elevado que, en verdad, resulta incompatible con una sociedad democrática".*

No se entiende muy bien quién es “incompatible” con una “sociedad democrática”, pero mucho nos tememos que no resulta demasiado beneficiada la ex vicepresidente en cualquiera de sus interpretaciones. Nos parece excesivo que se refieran a la persona por recurrir; aunque los políticos exageren, los jueces no deben hacerlo. 
Quizá haya que considerarlo como de un rasgo de los políticos: la necesidad de cintura para aguantar las formas de relacionarse que han implantado ellos mismos. Quizá lo que hayan querido decir —y es puro especular— es que “revela un grado de intolerancia con la crítica tan elevado que es incompatible con la vida política”, que creo hubiera sido más ajustado y menos excluyente, puesto que los tribunales también pertenecen a la “vida democrática”. La “tolerancia” sería una virtud política especialmente necesaria dado el grado de confrontaciones maleducadas o hirientes con las que se regalan unos a otros a las primeras de cambio. En cuyo caso, sería decirle que tiene el meñique demasiado rígido para esta clase política y su forma de actuar.
Por mi parte, sigo pensando que es más “democrático” no insultar, que tener que aguantar que otros te insulten. La democracia es más la educación y las buenas maneras que tener que estar tomando tila todo el día.
Señala el diario El Mundo:

El escrito, del que ha sido ponente el magistrado Francisco Marín Castán, ha argumentado que la demandante "asumió necesariamente el riesgo de que se produjere una crítica social y también de que quien iba a ser su principal adversario político en las próximas elecciones generales se aprovechara de esa decisión de la demandante para despertar o agitar la crítica social".
El tribunal ha explicado que no se puede tachar de "secreto" hablar del citado empadronamiento, que se realizó por poder, algo que entra "dentro del margen de exageración o provocación tolerable en el debate político". Empadronarse por poderes, como hizo De la Vega "es un indicio de que no se reside habitualmente en el municipio", ha aclarado el TS.


Llamar “pelotazo urbanístico” a fijar la residencia en la localidad valenciana para poder presentarse por aquella provincia es, en efecto, exageración y “secreto” a hacerlo por poderes, también. Pero considera que forman parte de la retórica de la crítica, dando por descontado que los políticos son, como pescadores y cazadores, exagerados por naturaleza. Por descontado dan, igualmente, que van armados de lupa para mirar con detalle cualquier circunstancia trivial, que adquiere en su boca tamaño gigantesco. Y dan por descontado, también, que si unos lo hacen, los demás deben contestarles con las mismas armas y no deberían meter a los tribunales por medio.


Las confrontaciones electorales entrarían en una lógica del desgaste, en la que los rivales deben segar la hierba bajo los pies de su contrincante. Por ello, la ex vicepresidenta, en vez de buscar el amparo de tribunales, debería haber saltado a la arena y hacer lo mismo. Señala el magistrado este carácter dialéctico de la disputa por los votos:

Para el Supremo, dichas manifestaciones tienen la consideración jurídica de "figuras retóricas o recursos dialécticos para desgastar a una adversaria política de altísimo nivel, poniéndola en el trance de tener que dar explicaciones públicas, fáciles por lo demás dada la talla y el poder político de la demandante".
Las declaraciones de González Pons "no traspasaron los límites de la provocación o la exageración tolerables en el ámbito de la contienda política porque en la rueda de prensa la crítica fue un elemento claramente dominante sobre la información", según el Supremo.

Le vienen a decir a la entonces Vicepresidenta que tiene recursos sobrados para defenderse de lo que le decían, y que si no se dedique a otra cosa porque la política es así. El bofetón es bastante sonado y debe haber dejado la mejilla de Fernández de la Vega más que escocida.


Es esta última parte, la de la provocación o exageración “tolerables” la que da reconocimiento, aunque aproximado, a lo que los políticos deben tolerar como parte de su propio juego. Si ellos han decidido que sea la crítica más que otra cosa —es interesante la distinción entre “crítica” e “información”— la que dirija sus actuaciones, allá ellos, deberán aguantarlo. El reproche viene entonces de haber querido cambiar de campo de juego, de las disputas electorales a las disputas en los tribunales.

La noticia se completa con la pretensión de la otra parte de que Mª Teresa de la Vega se disculpe dado el fallo del Tribunal Supremo. Se equivoca González Pons porque el hecho de que los jueces consideren que ella no hizo lo que debía, le estén dando a él la razón en algo. La ex Vicepresidenta tiene todo el derecho a sentirse como se sienta; en lo que se equivocó, le dicen los Tribunales, fue en elegir la forma de defenderse. Eso no da la razón a González Pons ni hace brillantes o meritorias sus acciones. Puede sentirse todo lo ofendida que quiera el resto de su vida y negarle el saludo a González Pons.
La idea de “exageración tolerable” no deja de ser un idea curiosa entre una clase política que no tiene otra forma de comunicarse entre ellos —al menos en público— que mediante este tipo de manifestaciones groseras, pretendidamente ingeniosas y que no buscan más que el aplauso de los afectos seguidores del que los dice. Déjense de tonterías y métanse de lleno en los problemas, que buena falta nos hace.

* "El Supremo: 'La intolerancia de De la Vega a la crítica política no es democrática'" El Mundo 4/07/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/04/espana/1341412011.html



viernes, 18 de mayo de 2012

La llamada del ladrillo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las noticias sobre las conexiones de la mafia rusa con el ex alcalde de la localidad malagueña de Casares, junto con otros ediles, ponen de manifiesto una parte de la triste realidad del desarrollo urbanístico español. La web de RTVE sintetizaba así el panorama:

La mafia rusa, con importantes ramificaciones en la Costa del Sol, era el principal "cliente" de la red de blanqueo de capitales y corrupción urbanística liderada supuestamente por el exalcalde de la localidad malagueña de Casares Juan Sánchez (IU), en prisión desde el pasado martes, y en la que ya hay nueve imputados, entre ellos el concejal de Urbanismo.
Así lo han confirmado a Efe fuentes de la investigación, que han explicado que la trama había creado un complejo entramado de más de 20 empresas que se superponían unas a otras y que eran las encargadas de blanquear el dinero procedente del crimen organizado.
A través de inversiones inmobiliarias y aprovechando el "boom" de la construcción vivido en la costa malagueña en años anteriores, el clan "Kremliovskaya" de la mafia rusa habría conseguido blanquear "millones de euros" obtenidos del narcotráfico a gran escala.*

Hay veces en que los descubrimientos son secretos a voces. La inversión mafiosa para blanqueo de capitales ha sido una de las prácticas habituales cuando no se atiende demasiado a quién invierte y se prefiere solo atender al cuánto. Y eso nos ha perdido. La práctica de mirar más la cifra que la firma en los cheques, a la larga, suele ser problemática. El dinero llega a espuertas y se reparte generosamente inflando todo lo que le rodea. Finalmente, la burbuja del ladrillo es la burbuja de los enladrillados, ya que el sector se hace tan rentable que se abandonan otros que lo son menos. ¡Hay tantas cosas que hacer con las casas! Todo parece crecer y los números de la economía se disparan.

Viñeta de 2006. Esto no es nuevo

Pero la economía no son los números, que solo es el lenguaje en que se expresa. La economía es humanidad pura, relaciones entre personas, traducción de una realidad de la que es peligroso separarse o abstraerse. Y la realidad es que ese dinero mafioso corrompe a instituciones y personas y lleva al conjunto de la sociedad por una peligrosa deriva. ¡Que no nos salga nadie con el patriótico “ha sido bueno para el pueblo”! ¡Ese dinero mafioso ha sido veneno por su misma naturaleza, destrucción de otras opciones diversificadoras de las actividades y una ilusión de riqueza que no era más que endeudamiento! Corrompió, encareció y arruinó, como vemos cada día. Casares es solo un ejemplo, pero otro más de una situación multiplicada por el país. El descubrimiento del blanqueo de dinero mafioso solo lo hace especial en una de sus facetas. En otras cosas, no es excepción sino confirmación del daño hecho a la economía española y a los españoles mismos, que son las personas tras las cifras.


Por eso sorprenden —aunque no tanto— las declaraciones de Esteban González Pons, el fabulista oficial del Partido Popular, el hombre que, con verbo fácil y metáforas sencillas, nos traduce ideas complejas. González Pons, profesor de Derecho constitucional, fue Consejero de Territorio y Vivienda en la Comunidad Valenciana en 2007, aunque por poco tiempo. Sabe de lo que habla. Por eso son llamativas sus declaraciones —que han sido resaltadas por la prensa— sobre la burbuja inmobiliaria en la revista Jot Down:

[P]La mejor frase que recuerdo de Zapatero fue ésa de que se “arrepentía de no haber explotado la burbuja inmobiliaria”. La culpa de lo ocurrido en España la comparten todos los partidos, pero ¿no cree que al PP le ha faltado una autocrítica semejante?
[R] No creo que tengamos que arrepentirnos de la burbuja inmobiliaria. Porque facilitó que mucha gente que no tenía casa pudiera acceder a ella y que muchas personas pudieran adquirir una segunda residencia. El problema es que no planificamos bien urbanísticamente cómo íbamos a crecer. Quizá las competencias urbanísticas deberían estar en manos de las comunidades y no de los ayuntamientos. Y creo que otro fallo fue que no supimos darnos cuenta a tiempo de que la burbuja se estaba haciendo demasiado grande. Pero que la construcción tirara de la economía española no era del todo malo.**

No sé en qué lugar poner esta barbaridad, si en lo político, en lo económico o en lo histórico. Quizá haya que repartirla de forma igual entre las tres. Las disquisiciones de González Pons van porque todo el mundo quiere vivir en el mismo sitio. La burbuja inmobiliaria no es el urbanismo. Es otra cosa. Como sabrá González Pons, el que todo el mundo quiera vivir en el mismo sitio beneficia a unos más que a otros ya que eleva los precios. Es una idea elemental que se le escapa. De ahí las jugosas inversiones en ciertas zonas para multiplicar los beneficios; de ahí especialmente la presión sobre los políticos, su corrupción, para que alteren las normas urbanísticas que permitan la barbaridad urbanística y el encarecimiento. Sí, es fácil decir que todos quieren vivir en el mismo sitio.


Pero sus palabras sobre lo bueno de las burbujas nos hacen ver que su punto de vista no es el que debiera tener un político, que se debe a los ciudadanos. Me da igual su bonita frase sobre que no recibimos la tierra de nuestros padres sino que son nuestros nietos los que nos la prestan. ¡Poesía! Esa política ha conseguido que no tengamos nietos por el empobrecimiento de la generación de nuestros hijos, que tendrán a lo sumo hijos alemanes o chinos. La burbuja no nos ha hecho ricos, sino parados y emigrantes. Esa es la realidad de los números: casas vacías y cuentas en rojo, nacionales y particulares. Hoy las dos huchas, casas y bancos, se han roto y muchos ven que no hay nada dentro. Los cerditos están medio vacíos.
Que González Pons defienda las burbujas (el encarecimiento) y solo se lamente retóricamente, como un Jeremías, de la concentración de edificios es realmente lamentable por lo que implica. Debería leer con detenimiento las noticias. ¿Cómo puede decir que la burbuja fue buena porque “facilitó que mucha gente que no tenía casa pudiera acceder a ella”? Quizá las personas desahuciadas puedan explicárselo mejor. La burbuja no posibilitó que la gente tuviera vivienda: posibilitó que los bancos dieran créditos bajos para que la gente que no podía comprar una vivienda creyera que podía comprarla. Los efectos en bancos y en particulares los tenemos hoy a la vista. Por eso son tan irritantes las palabras de González Pons, por lo que revelan de “incapacidad genético-ideológica” de entender el problema que han causado o han sido incapaces de contener, me da igual, aunque no sea lo mismo. Han sido irresponsables todos.

Como la memoria es una herida que apenas se cierra, me viene al recuerdo una declaraciones con las que aburría a mis contertulios de la época, de hace diez años. Me levantaron la ira cafetera, que es la que descargas con los amigos cuando compartes el desayuno. Mi irritación la causaron las palabras de ese otro hombre de verbo fácil e ideas sencillas —hoy recuperado para el desastre político autonómico— que es Francisco Álvarez Cascos, entonces ministro:

El ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, asegura que el encarecimiento de la vivienda refleja que hay "muchos españoles" que pueden comprar pisos y que si hay tanta demanda es porque "los españoles hemos convertido desde hace muchos años la vivienda en el principal objetivo del ahorro".
Álvarez Cascos comentó en estos términos los datos facilitados por Tasaciones Inmobiliarias (Tinsa), que cifran en un 14,24% el aumento del precio de la vivienda nueva entre septiembre de 2001 y el mismo mes de 2002.


Que el ministro de Fomento diga que es bueno que el precio de la vivienda subiera un 14% en un año porque eso era síntoma de que había “mucho rico” dispuesto a pagarlo, va en la misma línea mental y económica de lo señalado por González Pons. Un error terrible porque ante ese crecimiento de los precios, los españoles no ahorraron, sino que perdieron sus ahorros, como es notorio hoy. Las burbujas son ficciones a las que tienes que arrastrar a otros; eso es la euforia.
Los argumentos de González Pons sobre permitir el acceso a la vivienda a los que no podían acceder a ella entran en contradicción perversa con la idea de Álvarez Cascos de que debe subir porque somos más ricos. Hoy sabemos que los españoles se autoproclamaban ricos cuando tenían una vivienda muy cara que no habían pagado.  Así somos. Uno no es rico por lo que debe, sino por lo que tiene. Pero esa es la idea que transmitieron políticos y bancos. Es la misma justificación que llevó a la crisis en Estados Unidos: pongamos la vivienda al alcance de todos; hagamos que los bancos den créditos muy baratos para que se ponga en marcha la economía del ladrillo como motor general. Los millones de desahucios en Estados Unidos certifican los mismos resultados. La construcción era la alternativa estática (local) a la deslocalización fabril. Produzco barato fuera; construyo casas caras dentro. Y eso atrae inversores, incluida la mafia rusa.

Es esta especie de políticos, unos que no entienden la realidad y otros que la entienden demasiado bien, la que lleva al desastre a los pueblos. Demuestran carecer de ideas y que las que tienen no son buenas porque nos llevan a los desastres, del que además son incapaces de reconocer sus consecuencias. Es preocupante, además, porque si no son conscientes del problema, volverán a llevarnos al mismo sitio en cuanto se inicie la recuperación, sea eso cuando sea. Seguiremos con la idea de que las burbujas son buenas, que el encarecimiento es síntoma de riqueza, y que hay que atraer inversores, aunque sean mafiosos.
Al final, un alcalde y concejales malagueños de Izquierda Unida, la mafia rusa, la estupidez neoliberal… todos acaban atendiendo, parafraseando a Jack London —The call of the wild—, la llamada del ladrillo. Una llamada salvaje.

* "La mafia rusa, detrás de la trama de blanqueo de Casares en la que ya hay nueve imputados". RTVE /Agencias 17/05/2012 http://www.rtve.es/noticias/20120517/dos-nuevos-imputados-prevaricacion-casares-malaga-elevan-lista-nueve/527711.shtml
** "Esteban González Pons: "La burbuja inmobiliaria fue buena"" Jot Down mayo 2012 http://www.jotdown.es/2012/05/esteban-gonzalez-pons-la-burbuja-inmobiliaria-fue-buena/
*** "Cascos afirma que si la vivienda está cara es porque 'muchos españoles' pueden pagarla" El Mundo 16/10/2002 http://www.elmundo.es/elmundo/2002/10/15/economia/1034692794.html