Mostrando entradas con la etiqueta trivialización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trivialización. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de marzo de 2025

La información trivial

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Imparable. Un recorrido por las páginas web de los medios informativos, de los periódicos, cadenas de televisión y demás, nos muestran el ascenso de lo trivial, el avance de una información elaborada para dos cosas, rellenar espacios y atraer la atención.

Aquello de "educar a los públicos" ha quedado diluido en el día a día. Por decirlo con claridad: el entre el 70 y el 80% de la información que se nos da es perfectamente prescindible.

En un mundo convulso, rodeado de crisis de todo tipo —de las financieras a las bélicas—, los medios nos dan cada vez más trivialidad prefabricada. Hemos pasado el hablar de los personajes del mundo real, con mayor o menor trascendencia, a ofrecer personajes creados expresamente para nuestro consumo informativo, algo que nos encadena a un mundo inexistente del que se elevan los aspectos dramáticos, para la felicidad o el dolor, con el fin de conmovernos, seducirnos, inquietarnos o lo que toque en cada momento según las estrategias.

Es muy triste ver cómo en vez de intentar evitarlo, muchos medios que han sido poderosos informativamente hablando, que han sido referencias en un mundo en conflicto por su seriedad en el tratamiento de lo que ocurre, en sus análisis certeros, en la selección temática, etc. se nos muestran ahora como un muestrario trivial, como un centro de fabricación de "noticias" atractivas dándole a este término un sentido absolutamente trivial.

La disponibilidad de amplio espacio virtual frente a la limitación de las páginas de los medios impresos ha sido sin duda uno de los alicientes de la trivialidad. La contra es el aumento del precio de la verdadera información. Tener unas noticias de interés es más caro y eso hace que redefinamos la idea de "interés", que cae dentro de los márgenes de un relativismo absoluto. Lo "interesante" es lo que se ve mucho sea esto lo que sea. Basta con ver esas listas de las noticias más visitadas en cada medio para entender que no es los que esperábamos de los antiguos lectores de periódicos, aquello que se enmarcaba como gente "generalmente bien informada", por usar un vejo tópico informativo.

Leer más noticias no es ya estar mejor enterado de lo que ocurre en el mundo, sino de aquello que quieren que consumas como información es sus páginas. En algunos casos en los que la página de información corresponde a una cadena de televisión, lo que era tarea de sus servicios informativos, se ha convertido en unas páginas de promoción de sus contenidos, relegando y reduciendo las noticias periodísticas. Han dejado de informar sobre lo que ocurre y han pasado a hacerlo sobre aquello que ofrecen en su cadena. El cambio de orientación es claro y ha provocado en lagunas cadenas la rebelión de los periodistas que se ven relegados a publicitarios promocionales.

La tendencia ya no es solo del cambio de las páginas web, sino que el tiempo en antena de sus programas se ve compartido con avances de la programación, redirigiendo al espectador hacia los programas, series, etc., que la cadena ofrece, es decir, autopromoción.

Creo que el nivel de información, según parámetros medianamente objetivos, ha descendido notablemente. Los que quieran estar informados se ven obligados a un peregrinaje mediático tratando de encontrar fuentes medianamente fiables y serias en el tratamiento. De otra forma pasan a ser meros terminales de unos flujos de intrascendencia, de personajes artificiales cuya única existencia se da en las pantallas, cuya vida se limita a intentar despertarnos de la apatía que acaban creando.

Tras el modelo se dan una serie de teorías sobre lo que debe ser el mundo informativo, que ya no se asienta sobre el mismo concepto. Ahora la información es consumo y, como ocurre en otros ámbitos, se trata de construir consumidores, personas para las que se crea un espacio determinado, unas necesidades específicas.

Esto nos hace estar peor informados y, por lo mismo, ser más manipulables. Hoy todos los ámbitos de poder saber manejar la información. El llamado "cuarto poder", que actuaba en gran medida como un elemento de equilibrio ante la manipulación es hoy un elemento más en el control, haciendo más dependientes a los "consumidores de información". El crecimiento de la desinformación, de los bulos, etc. tiene su origen en la reducción del sentido crítico y la incapacidad de centrarse en la importancia de lo real frente a la trivialidad imperante.

¿Está dando este tipo de fórmulas a individuos como Trump, llegado a presidente de los Estados Unidos y en fabricación constante de bulos y desinformaciones, cuando no de falsedades? Esa es la gran pregunta. El hecho mismo de que nos la hagamos ya es indicador del nivel del problema. Puede que en muy poco tiempo dejemos de hacerla y aceptemos que lo que los medios nos fabrican es la "realidad" envolvente a la que se nos hace adictos. La entrega de medios al poder, una constante en estos años —como lo ocurrido en USA— parece ser un signo de los tiempos y de un oscuro futuro.

La lógica del mercado irá haciendo desaparecer aquellos medios que tengan menos interés y proliferar aquellos que ofrezcan información más barata y atraigan más lectores. El foco se desplaza del mundo al consumo. Es cuestión de tiempo.

martes, 23 de abril de 2024

Los filósofos y el atizador

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Confieso que me quedé casi paralizado al leer el siguiente titular en la BBC: "Popper vs Wittgenstein: los 10 minutos de la explosiva confrontación entre dos gigantes de la filosofía que marcó un hito". Después de haber navegado sobre el mundo hispánico con titulares sobre si Koldo habla o no, sobre si hace falta más nacionalismo después de las elecciones vascas, sobre si Illa compró mascarillas o sobre "goles fantasma" y la necesidad de un VAR específico que lo determine, sobre lo que giran las noticias hispanas, la aparición del titular elevaba mis expectativas sobre la BBC, bastante de capa caída a tono con otras webs informativas.

Con ilusión, incluso con esperanza, me lance a la lectura del texto. Pero pronto todo se fue aclarando... y diluyendo. Esos diez minutos de "explosiva confrontación" que "marcaron un hito" no era una metáfora sobre ningún encuentro filosófica, sin la leyenda urbana filosófica sobre la amenaza con un atizador de Wittgenstein a Popper. Aquellos dos gigantes de la filosofía del siglo XX (con un tercero, Bertrand Russell allí mismo) habían tenido una trifulca.

Así pues los dos filósofos regresaban a las páginas de la BBC por un gesto que, según se nos dice, es más creación de Popper en sus recuerdos que otra cosa. En el inicio del texto de la BBC nos explica: 

Si lo ocurrido en la noche del viernes 25 de octubre de 1946 hubiera sucedido en esta época, y las celebridades de la filosofía atrajeran la misma atención que las de otros ámbitos, las redes sociales habrían estallado.

Los protagonistas del enfrentamiento que tuvo lugar en un salón de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, difícilmente podían haber sido más sobresalientes.

En una esquina estaba Ludwig Wittgenstein, considerado por muchos el filósofo más brillante de la era moderna, al que, entonces como ahora, se le describe muy a menudo con el adjetivo "genial".

En la otra, Karl Popper, uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX, quien más tarde confesaría: ''Admito que fui a Cambridge con la esperanza de provocar a Wittgenstein".*

La negrita del inicio nos lo dice ya casi todo, no sobre los dos "contendientes" en sí sino lo que hubiera supuesto en un mundo de "redes sociales". Estas habrían "estallado", se nos dice en un intento de situarnos en lo que parece ser un mundo diferente. No se trataba de acercarnos a un mundo en el que era posible que tres filósofos se reunieran a discutir, si no que, por el contrario, se trata de reducir a esos tres grandes filósofos al nivel de la actualidad, es decir, de sensacionalismo barriobajero, algo que nos habría hecho bramar de emoción.


El hecho que se nos trae y "replanta" en la fértil actualidad es el presunto gesto de Wittgenstein, con un atizador de chimenea en la mano hacia Popper por una respuesta inadecuada en la reunión del "Cambridge University Moral Sciences Club (Club de Ciencias Morales de la Universidad de Cambridge)", donde filósofos y estudiantes de filosofía debatían entonces.

Si uno compara lo que pudieran ser y representar aquellos debates con lo que el artículo propone sobre su éxito en las actuales redes sociales que "habrían estallado", según se dice, no podemos dejar de ver la caída cultural en picado que padecemos. No habríamos "estallado" con ninguno de sus problemas, de sus propuestas; solo una pelea a atizadores habría llamado nuestra atención.

En el texto leemos: 

Según contó Popper, el único de los dos filósofos que escribió sobre los hechos: "tras un tiempo sorprendentemente corto, recibí una carta de Nueva Zelanda preguntándome si era cierto que Wittgenstein y yo nos habíamos agarrado a golpes, ambos armados con atizadores".

Por llamativa que haya sido, esa versión temprana fue desestimada: nunca hubo dos atizadores.

Pero uno bastó para hacer del episodio uno tan memorable.

No obstante, hasta el día de hoy, nadie sabe con certitud qué pasó y cómo, a pesar de que hubo varios testigos del incidente, como relatan en su libro "El atizador de Wittgenstein" John Eidinow y David Edmonds.*

No sé si estas expresiones —como la de "memorable"— son las más adecuadas o si solo forman parte de este embalaje promocional con el que hemos de revestir cualquier cosa para hacer llegar a estos públicos, dignos de un circo romano, que se están construyendo. El problema es que este público es la sociedad, una sociedad a la que se está dando continua forma en estos elementos triviales, sensacionalista.

Mi esperanza inicial de que la cultura tuviera un lugar en la página de la BBC, que se huyera durante unos minutos de este mundo glorioso que se nos describe y construye cada día a golpe de fruslerías, trivialidades y maldades, todo por la causa de las audiencias. Esto, evidentemente es un círculo vicioso: la brutalidad embrutece, la trivialidad nos hace ligeros, ignorantes. "De lo que se come se cría", dice el refrán y en nada es más cierto que en el consumo de información.

El presunto incidente que da lugar a esa entrada se nos relata así:

Recordemos que la ponencia de Popper era "¿existen problemas filosóficos?", y él argumentó que sí, pero para Wittgenstein lo que existía eran enigmas lingüísticos.

Según afirmó Popper, en sus memorias "Búsqueda sin termino: una biografía intelectual", publicada en 1974, más de dos décadas después de la muerte de Wittgenstein, le dio "una lista que había preparado de problemas filosóficos, tales como: ¿Conocemos las cosas a través de nuestros sentidos?, ¿Obtenemos nuestro conocimiento por inducción?".

"Wittgenstein los descartó por considerarlos más lógicos que filosóficos".

En su versión de lo ocurrido, "Wittgenstein, que estaba sentado cerca del fuego y había estado jugando nerviosamente con el atizador, que a veces usaba como bastón de director para enfatizar sus afirmaciones".

Y, cuando surgió una pregunta sobre el estatus de la ética, lo retó:

"'¡Dame un ejemplo de regla moral!'.

"Respondí: 'No amenazar a los profesores visitantes con atizadores'.

"Entonces Wittgenstein, furioso, arrojó el atizador y se fue iracundo, azotando la puerta al salir”.

Y ese recuento de esos 10 minutos de 1946 todavía provoca amargos desacuerdos, confirmaron Eidinow y Edmonds, particularmente la acalorada disputa de si Popper mintió al relatar los que ocurrió en la reunión.*  

 


La diferencia aquí no como del vaso, medio vacío o medio lleno. Es quedarse en lo trivial, en lo circunstancial de que Wittgenstein tuviera un atizador en la mano y lo de menos la naturaleza de la discusión. Hoy nos quedamos sobre lo trivial porque no consideramos que le importe a nadie el problema planteado. ¿A quién le importa si existen "reglas morales" o no? La simple mirada al resto de los titulares basta para convencernos de que es poco probable que existan y que si existen no le importa a nadie.

Desde que los medios decidieron que lo suyo era generar audiencias y no educarlas, el embrutecimiento es la vía más rápida para hacerlo. Podremos argumentar que eso forma parte del "tratamiento necesario" para poder introducir alguna pincelada filosófica, un breve esbozo de quiénes eran. Pero deja de ser triste y revelador que ese sea el método ante el desconocimiento de todo lo que no sea inmediato y vendible.

Para ser justos, La Vanguardia, demostrando que los métodos funcionan, nos dio el 1 de febrero de 2021 el siguiente titular:  


* "Popper vs Wittgenstein: los 10 minutos de la explosiva confrontación entre dos gigantes de la filosofía que marcó un hito" 20/04/2024 https://www.bbc.com/mundo/articles/cn04w4zn2qwo

BBC


viernes, 9 de junio de 2023

El camino de la belleza

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es recogen un artículo de Pilar Martín (EFE) con el dibujante Milo Manara, un celebrado autor de novelas gráficas y adaptador al cómic de textos novelísticos. Es ese el motivo que le trae a Madrid, a nuestra tradicional y pasada por agua Feria del Libro madrileña. La adaptación de la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, le trae para presentarla ante el público de seguidores de literatura, del cómic y de la fusión de ambos.

El artículo de Pilar Martín nos habla de su llegada, pero rápidamente Manara se desplaza hacia otros derroteros, la muerte de la belleza y la difícil subsistencia de un mundo que prescinde de ella:

Parafraseando a los hermanos Karamazov, Manara (Luson, Italia, 1945) aboga en una entrevista a EFE por la belleza como mecanismo para "salvar" este mundo que ya no cuenta con algunos de esos referentes que lo hacían más habitable: Hugo PrattFederico Fellini o Umberto Eco, el culpable, este último de que esté en Madrid durante la Feria del Libro para presentar la primera parte de la adaptación de El nombre de la rosa (Lumen).

Pero Manara lamenta que no solo no estamos salvando el mundo, sino que tampoco "estamos salvando la belleza". Y la falta de esos "grandes intelectuales" le hace ser pesimista, ya que ellos podrían ser una suerte de salvavidas ante "este terremoto cultural" que considera que está sufriendo el mundo.

"Son días -ha explicado- verdaderamente muy difíciles y tendríamos que comprometernos a dar otro modelo de desarrollo porque ahora los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres, tenemos un mundo lleno de plástico, estamos en un camino equivocado (...) si no cambiamos creo que iremos a pique todos".*


A algunos le parecerá esto un juego de intelectual masoquista y quejumbroso, cosas de viejo artista que no se acomoda a la modernidad de un mundo que orgullosamente proclama su grandeza cada día, que no mira al pasado más que con justificado desprecio porque para qué hace falta lo obsoleto o lo desaparecido en las brumas del tiempo. El mundo, según esta versión moderna, es lo que podemos tocar, palpar, recorrer, degustar, sudar, etc. Lo demás es cosa de libros y de nostálgicos del pasado, que lo idealizan.

Creo que Milo Manara tiene razón.

Hace mucho que se emprendió un camino sin prever sus consecuencias. Las aspiraciones de la Ilustración —un mundo mejor, donde "mejor" significaba más y mejor educado, más libre por comprender mejor, más igualitario por permitir el acceso a las fuentes reservadas a las élites...— se ha venido abajo.


Hay una palabra que me viene constantemente a la cabeza desde hace tiempo: "embrutecimiento". Por eso el artículo con las declaraciones de Milo Manara me ha decidido a centrar el texto en algo que hemos tratado aquí como efecto en diversas ocasiones.

El empobrecimiento cultural es un hecho detectable en rasgos y evidencias diarias que solo tenemos que juntar. El deterioro educativo proviene de la propia devaluación de la educación misma, que se ha convertido en un camino obligado a ninguna parte, porque lo que determina el nuevo destino —el éxito— va por otras vías.

Ocultamos a los que nos denuncian este estado y los contraponemos a los ejemplos de éxito en ciertos campos que no requieren más que la presencia. Lo visible es lo que impera en su variante imitable —un anuncio televisivo nos repite que "la originalidad está sobrevalorada" y que la gente que copia las buenas ideas de otros es la más lista—.

El éxito es la palabra clave. Tener éxito es ser imitado por otros. Lo importante es "influir", que es ser imitado a través de la creación de "tendencias". Influencia y tendencia son las dos caras de la moneda del éxito. La idea solo es válida si es imitada. Por eso la "originalidad" solo tiene sentido como cambio de tendencia.

En el fondo de esto está el descubrimiento anti ilustrado de nuestro tiempo: el comportamiento mimético, el descubrimiento de que es más fácil ser otro que ser uno mismo. Ser uno mismo se convierte en un proceso doloroso, ya que no hay un "yo" metido dentro de una caja. Descubrirse a uno mismo es un duro ejercicio de construcción. Como señalaban los existencialistas, el ser es lo que se ha formado tras la vida vivida. No hay nada previo, nos hacemos viviendo. La dureza de esto es notoria. Por eso es más fácil ser otro (es el otro el que vive, el que descubre, el que se crea...), que tener que hacerlo uno mismo.

En ese camino del ser en devenir, la belleza es una parte esencial del proceso. Llevo años, allí donde la gente comete el error de darme un micrófono, señalando lo erróneo de nuestro sistema de enseñar las artes, historicista y distante. Es la educación estética del ser humano lo que se debe primar, el camino diferente de cada uno a la belleza, y no la repetición social de qué es bello y qué no lo es. Por eso el poeta John Keats escribía en su poema Oda a una urna griega, 

Heard melodies are sweet, but those unheard

       Are sweeter; therefore, ye soft pipes, play on; 

El poema se cerraba con una afirmación rotunda y sencilla: 

 "Beauty is truth, truth beauty,—that is all

                Ye know on earth, and all ye need to know." 

https://www.poetryfoundation.org/poems/44477/ode-on-a-grecian-urn 

Pero la "belleza-verdad" a la que se refería Keats tiene poco o nada que ver con la "nueva belleza" basada no en el desarrollo del impulso más allá de lo que tenemos, que despierta esa sed de verdad, belleza y nos los lanza a la aventura vital y espiritual. Lo que hoy se busca es un pobre sucedáneo, que es el éxito, que no es un camino individual, sino una respuesta bajo el juicio de los demás. No hay camino propio, sino un caminar bajo la atenta mirada de aquellos que establecen su empatía con nosotros. El éxito solo tiene sentido ante los otros, que son quienes lo determinan.

No creo que haya un modelo único, universal o atemporal de belleza. Pero sí creo en que podemos educarnos para poder sentir un disfrute más auténtico y productivo para nuestra forma de estar en el mundo. A veces se piensa en el esteta como alguien que se separa del mundo que le rodea y vive en una burbuja. ¡Nada más alejado de la realidad! La educación estética nos permite desarrollar una faceta humana que si no se desarrolla nos lleva al embrutecimiento, en vivir un mundo desde unos parámetros que nos empobrecen como seres humanos. Pero esto, nuestra dimensión humana lo que vamos deteriorando rompiendo nuestros lazos con lo que hemos construido como cultura y sustituyéndolo con algo que nos provoca otro tipo de sensaciones, que pueden ser placenteras. El placer no es privativo del ser humano; es un mecanismo natural. Está en nosotros provocarlo por distintos medios. Transformar en humano el placer es una de las funciones de algo que está en nosotros, el sentido de la belleza.


Entretenimiento, distracción, matar el tiempo... son términos que se asocian con esta forma del éxito que lleva a este empobrecimiento que denuncia Manara junto a otros muchos otros. La cuestión problemática es, como señala el dibujante, es que cada vez quedan menos voces para señalar esto, pera denunciarlo. La filosofía del éxito trata de evitar la polémica o, por el contrario, la provoca como forma de atracción. Pero uno de los efectos principales del embrutecimiento es la distancia que se establece con cualquier forma crítica real. Todo lo que afecte a este placer de la colectividad es visto como agresión. Eso lleva a silenciar voces. Mana señala la desaparición simple de las personas; las generaciones van desapareciendo y las nuevas viven su mundo como totalidad, como un siempre ha sido así, con el que justifica su propia sordera.

No es una cuestión de la sustitución de la sospechosa idea de "intelectual" (aquellos a los que entender) por la de "influencers" (aquellos a los que imitar). La propia estructura mediática de nuestro mundo lo favorece. La experiencia se vive a través de un nuevo estado, el de "audiencia" o "público". Por mucho que se nos diga, somos receptores con aspiraciones de ser emisores. Están los eternos imitadores de la trivialidad y están los eternos ansiosos por convertirse en referencia. Es el efecto mediático, que ha renunciado en gran medida a incluir lo minoritario, lo individual en beneficio de la supervivencia económica en un encrespado mar, en un sistema de prueba-error comunicativo en el que se tantea hasta encontrar la "tendencia". Hasta que llega la siguiente y así sucesivamente.

Existe una enorme diferencia entre el que trata de enseñar a otro a pensar por sí mismo y el que busca que le sigamos imitándole. Esta diferencia es esencial en este cambio. Es lo que favorece un mundo en que todos tratan de decir nos qué hacer: qué consumir, a quién votar, qué comer... Y además poseen un aparato mediático tan poderoso que no solo nos envuelven, sino que pueden anticipar pensamiento y comportamiento y corregirlo. Nunca ha habido en nuestra historia un modelo así, del que desaparece incluso la posibilidad de criticarlo porque se necesita para transmitir la crítica.

Filósofos, historiadores, sociólogos, psicólogos... habla de la "aceleración" del tiempo, de un vivir en la cresta de una ola mirando hacia un horizonte que, por definición, solo es efecto de nuestra mirada. La aceleración nos muestra un viaje sin tiempo para pensar en uno mismo; las cosas se desvanecen en nuestras manos, ante nuestros ojos, solo cuenta lo siguiente.

Sin embargo, tenemos ante nosotros unas fuentes de enorme belleza. Están ahí esperando a que nuestra mirada se aparte de lo trivial, de lo llamativo, de la tendencia... Esa belleza tiene forma de novelas, poemas, cuentos; forma de cuadros, de películas, de música, de danzas... Son formas de las que regresamos distintos tras la lectura, tras la escucha, tras detener nuestra mirada en ellas. Pero esto se nos hace cada día más difícil en un entorno que, de la escuela a los medios, nos lleva hacia otros derroteros. Nos llevan hacia un mundo dividido en éxitos y fracasos, entre imitadores e imitados. Necesitan toda nuestra atención, hora a hora, día a día. Somos la materia prima.

El artista Milo Manara habla de otro modelo de desarrollo. Este modelo no solo se lo hemos dado al mundo, sino también a nuestras mentes. Somos producto de una mentalidad en la que individualmente solo contamos como consumidores de algo. Por eso es necesario abrir los ojos, educar en una nueva forma de ver el mundo, de disfrutarlo, de compartirlo. La belleza es uno de los caminos hacia esa verdad que reclamaba Keats. Puede que no sea la misma verdad para cada uno. En realidad, así debe ser. Solo la mentira es igual para todos.

 

* Pilar Martín  "Milo Manara lleva al cómic 'El nombre de la rosa': "Solo la belleza podrá salvar al mundo"" RTVE.es EFE 8/06/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230608/milo-manara-lleva-comic-nombre-rosa/2448946.shtml

lunes, 19 de diciembre de 2022

Medios a la carta

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los medios son un espacio en el que se alternan optimismo y pesimismo según los sectores y según los públicos. No solo informa de lo que ocurre, sino que crean lo que debe ocurrir y cómo debemos interpretarlo. De esta forma incitan simultáneamente, por ejemplo, al ahorro y al despilfarro, según la página o sección en la que nos encontremos.

El medio digital ha ahondado en esto al convertir en selectivas las noticias. Cuando todas las noticias estaban unidas por una grapa, por decirlo así, los lectores se llevaban la totalidad, resultando como unidad el ejemplar. Luego podíamos leer unas y otras, pero lo comprábamos "completo", lo que lo hacía más compacto y cohesivo.

En el medio digital, en cambio, la unidad es el artículo y el lector selecciona cuáles lee y cuales deja al margen, permitiendo diversificar y haciéndolo menos ajustado a un horizonte determinado. Hay, por supuesto, líneas generales en muchos campos, pero no significa que todas las noticias vayan en el mismo sentido.

Otro factor que destaca en los medios es su fuerte estacionalidad, es decir, la presentación de determinados temas en ciertos momentos. Eso permite tener un deja vu en cada lectura. La salida de vacaciones y sus regresos se repiten. Los podemos desglosar en elementos repetitivos, como "el precio de la vuelta al cole", "el síndrome de la vuelta al trabajo", etc. Cada medio repite estos temas estacionales. Ahora vemos "los precios de las comidas navideñas", "qué hacer para no engordar en navidades", "cómo sobrevivir a las reuniones", etc.

Esta forma estacional de trabajar es sencilla para el medio y los profesionales, que se limitan  muchas veces a reescribir el mismo artículo o, sin problemas, a decir lo contrario de lo que se predicaba el año anterior.

Los medios han dejado, en este sentido, mucha información novedosa para anclarse en una especie de "día de la marmota" informativo. La información es cara, ¿para qué entonces tratar de sorprender a los lectores con lo que ocurre en el mundo si de lo que se trata es de resolver sus olvidadizas curiosidades? Sumergido en los flujos de información, los destinatarios se dejan llevar.

A ello ayuda, sin duda, la fabricación de información a la carta a través de los perfiles que se van creando y que seleccionan la información adecuada. Los medios dejan así de informar en un sentido noticioso y lo hacen reforzando los perfiles de sus lectores, algo que la tecnología permite hoy.


Frente al viejo mundo de los "suscriptores" de los periódicos, los medios actuales aspiran a tener "usuarios", es decir, personas que usen los medios para sus propios intereses, que encuentren en ellos con qué cubrir sus necesidades no estrictamente informativas. Esto es debido a la necesidad de atracción que cada noticia debe producir, algo que muchas veces provoca una tendencia a la espectacularización informativa, algo que se nota especialmente en la forma de titular, que busca muchas veces despertar la curiosidad, anulando las prácticas anteriores del buen titular, que se hace descaradamente pragmática, un "buen titular" es el que atrae el clic de los lectores. Eso convierte a todas las noticias en competitivas unas contra otras. Para comprobarlo basta con ver la lista de las "noticias más leídas" de cada medio, comprobando cómo muchas veces lo espectacular vence a lo transcendente, como lo curioso vence a lo importante.

La interacción entre los medios y sus lectores modela a ambos. El consumo de información hace que los medios se adapten y viceversa. Por eso la opción mediática puede decidirse entre una "ilustrada" —tener unos lectores mejor formados, más informados— y la contraria, la "consumista", en la que prima la cantidad importando menos a qué informaciones se accede. Medios triviales hacen públicos triviales y públicos triviales demandan medios triviales.

Muchos medios intentan el equilibrio entre ambas tendencias. Aquí se produce una diferencia grande entre los medios digitales y los audiovisuales, que se producen en un entorno cada vez más trivial. Los medios audiovisuales, como pasa con los impresos, tienen una difícil supervivencia en un entorno de programación cada vez más trivializado. Los informativos intentan sobrevivir entre programas de cero trascendencia, en un mundo espectacularizado, entre concursos, realities y vídeos domésticos, entre culebrones, deportes y poco más. Son esos campos en los que los audiovisuales se hacen fuertes, especialmente en el deporte, el gran espectáculo, como hemos podido apreciar ayer mismo con la final del Mundial de Fútbol.

El fenómeno que percibimos es que cada vez existe un menor conocimiento informativo. Las noticias se superponen unas a otras. Los lectores acumulan informaciones sobre sus campos de interés, pero muchos ignoran eso que podemos llamar "actualidad", una característica especial de esta sociedad en la que cada uno elige a qué patio da su ventana mediática. Es una consecuencia del dominio del receptor sobre el medio; es dejar la selección en manos del que tiene más condicionamientos para elegir y menos criterio sobre lo relevante. En este sentido, los medios han dejado de ser orientadores de la información y el público, para convertirse en abastecedores de necesidades y, muchas veces, creadores de las mismas. Cada vez hay más noticias fabricadas para satisfacer la demanda informativa selectiva.

Lo que hay en el fondo de todo esto es un debate sobre cuál es el papel de los medios y de los profesionales en una sociedad que trata de convertir la información en mero consumo. Con ello, sus funciones se reorientan o desaparecen. Una sociedad desinformada, mal informada o desentendida de la información es siempre problemática, aunque nadie nos lo quiera contar.

domingo, 21 de febrero de 2021

Periodismo y su incierto futuro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El periodista de La Vanguardia —un periódico que está de aniversario y con unos buenos estándares— y profesor de Periodismo, Salvador Enguix Oliver, publicó el pasado día 8 algo muy necesario en estos tiempos de crisis generales, pero también de crisis parciales y sectoriales.

Tenemos lo que afecta a todos y lo que, además, afecta a unos sectores más que a otros; tenemos crisis temporales y fines de ciclo, es decir, sectores que estaban condenados antes y que la pandemia ha acabado de enterrar. Tenemos también crisis que la pandemia ha ayudado a superar intensificando canales y abriendo puertas, marcando direcciones. Hay de todo, lo que nos da cuenta de la enorme complejidad de nuestra sociedad instantánea, interconectada y global.

Es sorprendente —lo comentábamos hace unos días con otra cuestión— la persistencia en seguir analizando las cuestiones de forma estática y no dinámica, por un lado, y de forma aislada y no sistémica. La realidad, posteriormente, nos va colocando en su sitio.

Hay un cuarto elemento que se debe tener en cuenta: el carácter mediático de nuestra sociedad. Esa interconexión de la que hablaba no solo se establece por las conexiones físicas (carreteras, líneas aéreas, de ferrocarril, las concentraciones urbanas, la proliferación de asociaciones, grupos, etc.) sino que se produce mediante los intercambios de información que los medios facilitan y promueven.



La Sociedad de la Información es la de la conversión digital, la desmaterialización que convierte a un código binario todo aquello que puede absorber precisamente para poder difundirlo a través de los canales digitales haciendo posible la extensión y la instantaneidad de la situaciones.

Esta sociedad de convergencia digital es la que permite que pueda estar leyendo este texto en estos momentos, que abra una videoconferencia con sus familias o que acceda a una clase online. Hace unos días descubrí cómo eran los nuevos sellos para enviar un sobre por correo; tuve que descubrir dónde había un "estanco", localizar un buzón...

La prensa es el primer medio moderno. Surge a mediados del siglo XVIII y tiene su periodo dorado a lo largo del XIX y parte del XX. Sufre una primera crisis con la aparición de la Radio y una mayor con la aparición de la TV. Ambas, Radio y Televisión, se nutrieron de los periodistas, una profesión que, a su vez, era una mediación entre unos sectores sociales y una nueva agrupación a la que daba forma: el público, la audiencia, las personas que se agrupan a su alrededor y pasan a tener algo en común, los  que reciben finalmente la información (que sigue circulando por medios personales, como la charla, las reuniones de casino, cafetería o encuentros casuales en la calle...). Todo ello da lugar a la "opinión pública", algo que hoy llamaríamos una especie de "foro" de intercambio que debate y se expresa a través de medios diversos, de la carta al director al artículo publicado.

La Prensa se fue diversificando y buscando públicos en unos tiempos en los que la alfabetización no estaba extendida, algo que se fue desarrollando según el grado de progreso y de compromiso con la educación pública, que sacó la Prensa de las elites.

Prensa y periódicos no son lo mismo. La Prensa realiza una función informativa que mantiene un determinado estado de atención, opinión y debate en la sociedad con sustanciales diferencias entre los grupos de intereses diversos. El periódico es el soporte material con el que se distribuye la información, sujeto a condicionamientos de extensión,  precio, velocidad de distribución, almacenamiento, etc. Confundir medios y funciones no suele ser bueno en los análisis. La función informativa del Periodismo se puede ejercer a través de diferentes medios y soportes.



El soporte, previamente, era determinante. Hoy ya no lo es tanto precisamente por la otra convergencia, la mediática, que se suma a la digitalización. Hoy vivimos en la época de los medios convergentes, multimedia. Un "periódico" (significa que sale con periodicidad, es decir, con una frecuencia determinada, al igual que el término "diario": periodicidad diaria), puede hacernos llegar su información a través de medios y formatos distintos. La página web de un "diario" informa a través de podcast, vídeos, gráficos dinámicos e interactivos. Podemos ver y escuchar a su nuevos "columnistas" (la columna es una metáfora de la escritura en la página) a través de vídeos, podemos interactuar con ellos a través de los comentarios. El "periódico" ya no es "periódico", puesto que no hay "cierre", está generando durante las 24 horas noticias y el periodista puede actualizar su artículo, como vemos con frecuencia, algo que anteriormente no era posible. Lo escrito quedaba; hoy lo digital es cambiante y muchas veces desaparece. En otras ocasiones, puede reaparecer gracias a los automatismos que hacen que si un texto es muy consultado sea "llevado" a lugares de mayor visibilidad aumentando su vida independientemente de los otros artículos. Ya unidad —lo dijimos hace muchos años— ya no es el "periódico", que ante unía todo los artículos por el soporte; la unidad es el texto, al que se enlaza directamente para desesperación de los responsables, que llegaron a boicotear los "enlaces directos", los deep links, para que todo el mundo tuviera que pasar por su página principal, algo esencial a efectos publicitarios, pues el viejo modelo jerarquizaba las páginas para la tarifación publicitaria. Tuvieron que dejarlo pasado un tiempo.



Hoy volvemos a la polémica sobre los enlaces a las páginas y sobre quién se beneficia de ello. Cada cierto tiempo, con cada crisis, los responsables de cada sector intentan demostrar que su crisis es debida al parasitismo de algunos. Los que elaboran contenidos quieren cobrar a los que viven de promocionar contenidos, a los agregadores, lugares de concentración que los usuarios prefieren por comodidad. Unos responden que les deberían pagar por redirigir a los usuarios a los lugares de información; otros sostienen que les deberían pagar a ellos por elaborar informaciones que dan vida a los que se limitan a crear nuevas puertas de entrada a las noticias.

Demasiada complejidad y una tendencia histórica: unos agentes tienden al monopolio (sistemas operativos, buscadores, suites, correos...) mientras que otros se atomizan por la fragmentación constante, ya sea por la aparición de nuevos agentes en competencia o por la debilidad de muchos, incapaces de mantener los esfuerzos para lograr el producto final, la información.

La información es cara de producir. Me refiero a la verdadera información. Hoy estamos llenos de pseudo información: hemos creado personajes que la producen para nosotros (los Quicos, las Belenes...), la tomamos de las "redes sociales", reproduciendo vídeos caseros y fotos subidas por los usuarios, que han acabado gestionando su propio negocio promocional, los influencers, robando protagonismo e ingresos a los medios que antes ejercían ese papel.  Tenemos que los agentes sociales e institucionales gestionan su propia información produciéndola muchas veces para los medios, que la reproducen a veces in retocarlas...



Con todo ello, la información en los medios, frente al coste de la verdadera información, se ha vuelto artificial, trivial y repetitiva. Podemos observar en ciertos canales importantes de TV cómo son líneas aéreas y cadenas de hoteles las que patrocinan información sobre viajes y turismo, algo que hace dudar de la imparcialidad y nos impide distinguir lo promocional de lo informativo. Los anuncios se nos cuelan en los informativos y los países con dictaduras invierten en el accionariado de los medios asegurándose que serán borrados de la actualidad informativa de la zona. En las últimas semanas se han producido campañas de denuncia sobre el lavado de imagen de algunas dictaduras petrolíferas a las que sonreímos demasiado.

Tenemos el sorprendente caso de la cadena televisiva que denuncia el aumento de racismo contra los asiáticos en Estados Unidos en la misma página que publica diversas informaciones que fomentan esa xenofobia por motivos vinculados con las competencias entre economías.

La información está en crisis, como lo están los propios medios por muchos y variados motivos.

El artículo en La Vanguardia no precisa los motivos de la crisis, pero sí apunta a las soluciones. Entiendo que el artículo, que no recurre a fuente alguna, por lo que entiendo que es un diagnóstico y un deseo de marcar el futuro señala:

 

La calidad será condición fundamental para generar complicidad con los lectores, cada vez más en un ecosistema saturado de información. Por calidad entendemos las bases fundamentales que han apuntalado el periodismo clásico: contraste de fuentes, rigor y búsqueda de la verdad, e independencia, en contenidos propios y originales.

Esa es ya la gran apuesta de las grandes cabeceras del mundo, que además ampliarán los servicios más allá de la actualidad informativa: debates, tutoriales, recomendaciones, consejos, gestión de servicios, venta de entradas e incluso formación.

El lector buscará cada vez más rigor y veracidad en los contenidos

La segmentación de audiencias apunta a un objetivo clave: ofrecer a los lectores aquello que piden, que exigen y merecen. Los algoritmos lo permiten, y las plataformas digitales también. El lector debe alcanzar la máxima satisfacción sobre aquello que le interesa, y la obligación de los medios es dársela.

Esto implica generar canales, secciones especiales, adaptarse a los dispositivos electrónicos e incluso empaquetar los contenidos de acuerdo con los intereses individuales. Serán los medios quienes busquen a los lectores.

 


En cuanto al primer párrafo, nada que objetar a la definición de la "calidad". Sin embargo, los problemas empiezan, como habrán supuesto los hipotéticos lectores de este texto, desde el segundo. Todo lo que define servicios entra en colisión con el concepto de "calidad" anterior pues ya está ocurriendo. La suma de intereses va en detrimento de la propia independencia del periódico y lo aleja de sus objetivos. Habrá elementos que no afecten pero también estamos viendo cómo otros están afectando grandemente a los medios. Pensemos en las campañas orquestadas contra periodistas, causas, etc. por parte de grupos organizados y hasta gobiernos, como sabemos bien. Hoy vivimos una verdadera guerra de informaciones a través de los medios. Pensar en los medios de calidad como entes neutrales, impasibles ante las presiones exteriores, es ingenuo. La "venta de entradas", por ejemplo, ¿implicará "críticas positivas" en la sección de Cine-Cultura? Algunos recordarán el despido del periodista que valoró negativamente una novela publicada por el grupo editorial que estaba tras el medio. ¿Es "calidad o meterse en la boca del lobo? Desde que las cadenas televisivas compran los derechos de los deportes, los informativos se han convertido en formas promocionales, creadoras de ambiente propicio para atraer más espectadores y poder aumentar los ingresos por publicidad audiencia. ¿Independencia? Creo que precisamente la tendencia ha ido y va en sentido contrario. Eso sí, el medio puede pregonarlo a los cuatro vientos.

La fragmentación de las audiencias y la información a la carta, una propuesta muy generalizada, crea precisamente una dependencia, no independencia. Hace que muchos temas importantes desaparezcan del mapa, mientras que otros triviales son convertidos en constantes si atraen lectores. La función de los medios digitales no es la información como objetivo, sino la información como elemento que agrupa y sobre la que se ejercerá una presión de diverso tipo, mayormente publicitaria o de influencia de algún tipo, de la económica a la política.

Los estamos viendo todos los días en todos los medios. La radicalización social, en gran parte, es la traducción de la segmentación buscada con otros fines, pero que lleva a la creación de medios y fuentes específicas para mantener al grupo cohesionado. Los medios de hoy ya no solo compiten con otras cabeceras o con otros "medios" (pese a la convergencia).



El futuro no está en medios amplios, desgraciadamente, sino en burbujas en las que cada uno será alimentado —informativamente hablado— con aquello que refuerce sus creencias. El futuro, si nada lo impide, será sectario. Es lo que nos ha mostrado la América de Trump, el encierro y la negación de la verdad. Todo el esfuerzo de los mejores medios, los más poderosos del mundo, con los mejores profesionales, los mejores equipos de fact check, no han conseguido convencer a 75 millones de personas que le votaron. No han conseguido tampoco a millones de sus votantes que el presidente Biden no robó las elecciones presidenciales.

¿Independencia? ¿Calidad?... Creo que vamos en la dirección contraria. Muchos medios se han tenido que radicalizar para mantener sus ingresos, alimentando los odios, las mentiras y cualquier otro tipo de mecanismo que actúe como refuerzo y que se traduzca en un "fidelización" de sus seguidores, a los que debe mantener a todo trance y radicalizar para asegurarse que las fuerzas psíquicas y sociales funcionan en ese sentido. Por poner un ejemplo, toda ciudad con dos equipos de fútbol acabará generando dos periódicos y mostrará las bondades del propio y las debilidades del ajeno. Tradúzcanlo a lo político.



Los informes de las instituciones internacionales nos hablan de retrocesos en la libertad de expresión y la situación precaria de los propios profesionales. Aquí hemos comentando el hundimiento de la prensa independiente, la sumisión al poder y el fanatismo propagandístico de algún país árabe.

Creo que cualquier análisis del futuro de cualquier dimensión informativa pasa por muchos factores sociales. Uno de ellos, básico, es la educación. El futuro lector no es solo cuestión de los medios sino del tipo de entorno sociocultural que se genere. La Prensa —con papel o sin papel— será los que sus lectores exijan y si esas exigencias son triviales, consumistas, radicales, etc. dependerá de los factores que les modelan. La propia prensa es un elemento modalizante, pero cada vez menos influyente ante fuerzas de diverso orden, como hemos comentado.

Como hemos dicho, el mundo es pequeño, instantáneo y global. La información forma parte de esa suma en cada unos de los tres factores: todo está más cerca, más rápidamente. Los medios tradicionales y los electrónicos se han visto sacudidos por la llegada de la digitalización y de la explosión de medios y micromedios. Pero todo ello no significa mucho si a la gente ha dejado de importarle la "objetividad", "alguna forma de verdad" y se siente involucrada con un destino común más allá del grupo reducido que nos rodea. Y eso está ya pasando, provocado en gran medida por los propios medios que se han desviado de su función empujados por intereses o por la propia supervivencia.

Hacen falta más artículos dedicados a esto, reflexiones necesarias, como la del profesor Enguix Oliver, para tratar de ir describiendo el suelo que pisamos, que se desplaza con nosotros. Hay que introducir perspectivas y no ignorar el debate necesario. El riesgo es grande. Tenemos demasiados ejemplos delante como para ignorarlos.

La gran opción es la "ilustrada": ¿el periodismo debe aporta información para el debate público, para los grandes problemas, modelando y mejorando la opinión pública o, por el contrario, debe seguir los gustos y deseos, cada vez más a la baja, de unos públicos sometidos a los impactos y tirones constantes de fuerzas que tratan de modelarlo de otro modo? Creo que es ahí donde radica el debate, aunque probablemente no la solución.

 


* Salvador Enguix Oliver "Calidad y segmentación, las claves para la prensa del futuro" La Vanguardia 8/02/2021 https://www.lavanguardia.com/vida/20210208/6203680/140-aniversario-prensa-futuro-calidad-segmentacion.html