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martes, 10 de mayo de 2022

De la caseta a la farmacia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Algunos dirigentes políticos andaluces ya han empezado a curarse en salud, como dice el refrán. Ya es difícil que algún político español, del color que sea, rectifique algo, lo que nos dará cuenta de la magnitud del "error". Creo que más bien están preparando las trincheras antes de que les comience el bombardeo por las alegrías tomadas tras la Feria, esa a ala que la gente ha ido con tantas ganas a dar palmas y lucir palmito, o sonrisa, que diría nuestra Ministra de Sanidad que, por cierto, ha encontrado otro eslogan poético con la presentación del teléfono para la prevención del suicidio, presentado ayer.

Pero volvamos a Sevilla y sus datos. RTVE.es se traslada de la caseta, "con la última sevillana" nos dicen, al centro hospitalario, donde se han disparado los datos. "La mayoría son casos leves, pero reconocen estar desbordados", señalan en el reportaje. Los datos: en Andalucía, las ventas de test han aumentado un 600%. Pues ya es aumentar. En otros puntos de España achacan el crecimiento de las ventas a que ya no se cuida nadie a menos que estés para ingresar. Otro experto señala, de forma general, que "en otras circunstancias habríamos llamado a esto "ola"", pero ahora apenas lo hacen, aunque en los medios se habla cada vez más de "la séptima ola".

Pero lo de Sevilla se da con naturalidad pasmosa, de la feria a la farmacia o al hospital. Ya todo el mundo parece tener asimilado que tras el palmoteo y el taconeo, tras el paseo por El Real, lo pillas. Pero ¡cómo vas a presumir de ello el resto de tu vida social!

Son ya muchas las voces de expertos que no quieren ser responsables del desaguisado pandémico que se está produciendo por las alegrías del quitado de las mascarillas en interiores. Hemos insistido en ello desde que se anunciaron las nuevas medidas y se quitaron los sistemas contables con la pretensión de que dando solo las cifras de los contagiados de más de 60 años, el resto del país asumiría que ya había llegado el momento "de la sonrisa" y de las celebraciones, el momento —como les gusta repetir a los medios— de "recuperar" el tiempo perdido. "¡Había ganas!", nos dicen desde las pantallas. La consecuencia es esa multiplicación de la demanda de test ante la negativa a recibirte si no vas con la fiebre por delante. La consecuencia es otra frase clásica en nuestro sistema sanitario "¡estamos desbordados!".

En Antena 3 leemos el titular "El epidemiólogo Oriol Mitjá: "Un 30% de la población española se puede contagiar de coronavirus en las próximas semanas"", señalando la especial incidencia en los que quedan a expensas de los liberados de tomar medidas, es decir, a los mayores de 60 años: 

El epidemiólogo Oriol Mitjá, asesor en materia de coronavirus del gobierno autonómico de Cataluña, ha alertado sobre una nueva ola tras los aumentos diarios de la incidencia acumulada y la relajación de las restricciones y el comportamiento de las personas.

La pandemia todavía no ha terminado, los contagios continúan aumentando y según la última actualización del Ministerio de Sanidad, la incidencia actual en mayores de 60 años no deja de crecer, estando en este momento por encima de los 790 casos. Esto supone un aumento de 114 puntos con respecto a los datos ofrecidos el último día, cuya incidencia acumulada era de 676,43. Por su parte, el 25% de los tests que se realizan dan positivo, esto significa que "la incidencia real es entre tres y cuatro veces más alta de lo que se había detectado", explica Oriol.

Las personas vulnerables preocupan especialmente al médico. "Las personas mayores de 60 años han tenido muchas menos infecciones naturales que los niños y jóvenes. Por tanto, es posible que los mayores tengan más riesgo".

La no obligatoriedad del uso de mascarillas en interiores parece ser el detonante de lo que algunos expertos advierten de la séptima ola.

Oriol ha alertado a través de su cuenta de Twitter de lo que puede pasar en las próximas semanas con la variante ómicron. "Ómicron es una variante con escape vacunal con el potencial de infectar hasta el 60-70% de la población. Un 30% se infectó en Navidad, un 30% se librará y un 30% se puede contagiar ahora", comentaba.*


Por muy equitativo que les puedan parecer esos grupos de 30% entre los que la cogieron, los que la cogerán y los que se librarán, la triste realidad es que los apaños cosméticos gubernamentales sobre el comportamiento del coronavirus y, en paralelo, la vida social española, se corresponden. Que los test se disparen antes y después de la navidades, la Semana Santa y ahora la Feria de Abril sevillana es un indicador de por dónde discurren los caminos que le abrimos al virus y cómo se traducen en contagios. El argumento gubernamental es que, como estamos vacunados, los contagios son leves y se puede seguir dando palmas para mantener la economía en pie.

Pero el aumento de la circulación del virus, con pocos o muchos síntomas, es el peligro de que llegue a personas con inmunodeficiencias —¡mala suerte, chico!— o que cualquier nueva variante se extienda a gran velocidad. Ya se vuelve a hablar de "relajación", de medidas "precipitadas", como se reconoce desde la Junta por temor a lo que está por llegar en unos días.

Nuestro drama sigue siendo que nuestra economía funciona alrededor del jolgorio, la celebración, de la caseta al chiringuito playero, de la calle corriendo detrás o delante de los toros o prendiéndole fuego a las fallas. Nuestros enemigos son los virus y las lluvias.

Muchos van de la caseta de la feria a la farmacia; otros directamente a urgencias, por lo que los sanitarios se quejan doblemente. La ilusión oficial de que todo va bien choca con la dura realidad de que la gente va a urgencias colapsando los servicios. Una cosa es camuflar los números y otra las camas. Ahora piden distinguir a los enfermos "con" COVID y los enfermos "por" COVID, una sutileza que no le sirve da nada el que acaba en la UCI o en el cementerio.

Lo más lamentable es la incapacidad de salir de este modelo de la pandereta, la castañuela y el aceite en la espalda para no quemarnos, claro causante junto a todo tipo de festejos inventados y por inventar. En el fondo, todos creen que el virus se irá en algún momento, como se fueron los dinosaurios. 


* "El epidemiólogo Oriol Mitjá: "Un 30% de la población española se puede contagiar de coronavirus en las próximas semanas"" Antena 3 9/05/2022  https://www.antena3.com/noticias/salud/epidemiologo-oriol-mitja-30-poblacion-espanola-puede-contagiar-coronavirus-proximas-semanas_202205096278d9e1b54ff300011d2a26.html


jueves, 28 de abril de 2022

La OMS advierte de la falta de información sobre el COVID

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dice el refrán que "no hay peor ciego que el que no quiere ver", un punto en el que la sabiduría popular se junta con la psicología social. La observación es más pertinente en un mundo en el que se fina constantemente los reclamos de la atención, en un mundo en el que lo que no se "ve" en los medios deja de existir. No querer ver, dejar mirar para que el problema no esté en boca de todos es un ejemplo de dirección de la opinión pública, de hacer juegos de ilusionismo haciendo desaparecer los problemas con solo dejar de hablar de ellos. Pero los problemas reales no desaparecen porque no se hable de ellos.

Euronews nos mostraba ayer la denuncia de la dirección de la OMS respecto a la desaparición de la información sobre el COVID. La noticia escrita es escueta y la pieza breve, apenas 25 segundos:

El nuevo riesgo vendría de bajar la guardia al dejar de vigilar los contagios de la Covid-19.

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, instó a los gobiernos a mantener la vigilancia de las infecciones por coronavirus.

Aseguró que el mundo está "ciego" respecto a la propagación del virus porque ha disminuido el número de análisis y variantes y mutaciones del virus podrían pasar desapercibidas.*

Aquí hemos llamado la atención sobre los sucesivos ejercicios contables sobre la enfermedad, sobre la reducción de los datos y cambios de parámetros para tratar de justificar acciones que hoy mismo los expertos señalan sin pudor que "pueden haber sido precipitadas". La limitación de datos a los mayores de 60 años y la reducción de días de información para evitar que cada día aparezcan en los medios es un ejemplo paradigmático de cómo se produce eso que la OMS denuncia, el silencio.

El hecho de que la gente que esté contagiada no tenga que guardar cuarentena, que pueda incorporarse a su puesto de trabajo, donde las mascarillas han desaparecido, que se desconozca el número real de casos porque solo algunos se registran como tales, etc. Es precisamente lo que la OMS denuncia.


La mejor forma de combatir el virus no es ignorarlo, sino lo contrario, tener la mejor información sobre él, sobre las variantes, número de afectados, síntomas, secuelas etc. Pero la vía elegida por muchos países no es la de la salud, sino que la situación económica es prioritaria, máxime cuando se abre una importante crisis por la situación creada por la invasión de Ucrania.

La división de los medios en secciones es solo una ilusión clasificadora. En la realidad todo está mezclado, todo influye sobre todo en mayor o menor medida. Es el mundo real, complejo e inabarcable en sus relaciones sistémicas. Pero renunciar a la información es lo peor que se puede hacer.


Por eso, la OMS denuncia que la falta de información no ayuda a resolver nada, solo produce ceguera. Y más que eso, agrava las situaciones ante la imposibilidad de establecer acciones que detengan el virus. Difícilmente se podrán realizar acciones si se desconoce el impacto real del virus, su circulación, a quienes afecta, qué síntomas se desarrollan, etc.

La queja por la falta de información debe ser tomada muy en serio. Nos va la salud a corto, medio y largo plazo en ello, pues tratar de poder puertas al campo de la salud siempre tiene consecuencias. La ceguera y el silencio se pagan muy caros en un mundo donde tener acceso a los datos es esencial para cualquier acción preventiva.

Lo más sorprendente son estos cambios de estrategia que acaban en silencio. La incidencia está subiendo entre los mayores de 60 años, lo que no me atrevería a llamar "mejora" de nada. En los grupos de edad de mis estudiantes, se siguen produciendo casos, con ingresos incluidos. No sé dónde van esos datos. Lo cierto es que son necesarios

La maniobra del silencio es clara: si no nos enteramos, muchas actividades sociales no se interrumpen, se dejan a criterio de los participantes, lo que lleva a más conflictos sociales sobre el uso o no de las mascarillas, las distancias, condiciones de los espacios, etc. Por otro lado, difícilmente se puede tener un buen criterio si falta la información. Hay gente que interpreta de forma inversa efectos y causas, es decir, creen que se quitan la mascarilla porque ya no hay virus, lo cual es un error. Esto se incrementa si estamos recibiendo constantes invitaciones a viajar, a salir, a adentrarnos en las variantes del ocio. Por eso lo expertos que intervienen estos días en los medios no quieren comprometerse apoyando una situación que les parece "precipitada" y preocupante. "Estamos avanzando a ciegas", señala el director general de la OMS. Cada vez se recibe menos información y aunque los datos generales van a la baja, el virus no ha desaparecido. Cabe preguntarse si es el método contable el que ha reducido las cifras. "La ignorancia no puede ser bienvenida", señala en la conferencia de prensa el director general.

La OMS necesita información. Es esencial para todos. Pero la información es lo que no se quiere dar para crear una sensación de "normalidad", que es falsa porque el virus sigue, existe la amenaza de nuevas variantes y, especialmente, se desconocen los efectos a largo plazo, por lo que el seguimiento es esencial.

Hemos denunciado aquí la campaña contra la mascarilla, que se ha convertido en la enemiga en vez del virus. Los artículos se suceden en los medios sobre el entierro de la mascarilla, que ha sido nuestra salvadora y no nuestra opresora. Pero los intereses económicos han estado siempre luchando contra ella, porque el negocio del ocio, por ejemplo, no es el mismo a cara descubierta que tapados, juntos que distantes, en intimidad u obligados a mantener distancias "sociales". Las explicaciones de por qué la gente no se las quita van desde el acné juvenil al síndrome de la cara vacía pasando por las inseguridades de todo tipo. Pero creo que la realidad es más sencilla: no se la quitan porque no se fían. No se fían de las informaciones o falta de informaciones desde las autoridades y no se pueden fiar del propio entorno en el que están porque si nadie tiene obligación de guardar cuarentena no sabes a quién tienes a tu lado. 


* "La OMS advierte que estamos "cada vez más ciegos" ante el coronavirus" Euronews 27/04/2022 https://es.euronews.com/2022/04/27/la-oms-advierte-que-estamos-cada-vez-mas-ciegos-ante-el-coronavirus

domingo, 19 de diciembre de 2021

Medidas antes de Navidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


De nuevo ante una situación complicada. Lo es sanitariamente y, por ello, políticamente. La reunión de la semana que viene que Pedro Sánchez solo puede anticipar medidas restrictivas ante la evolución de la pandemia y, sobre todo, la evolución europea en donde se están tomando medidas cada vez más drásticas para cortar el avance de la pandemia, esta vez personificada en un mano a mano entre Delta y Ómicron.

Es una cuestión de imagen, pero también real como la vida misma. Hemos pasado en un par de meses de presumir de los 40 a los actuales 511. Hemos pasado de las sonrisas del "¡somos los mejores!" a las respuestas esquivas sobre cómo está la situación.

Lo que ocurre ahora es lo mismo de otras veces en esta interminable pandemia: todos quieren dar solos las buenas noticias y nadie quiere afrontar solo las malas, que en este contexto, son las restricciones varias que es necesario aplicar para frenar la circulación del coronavirus.

Del "¡vacuna, vacuna, vacuna!" del presidente pasamos al "mascarilla y vacuna" y ahora estamos ya en el "¡vacuna y mascarilla en interiores!", pero esta receta facilona requiere otras medidas más drásticas. En especial, afecta a las distancias y al número de participantes en reuniones, cenas y comidas, encuentros. Y esto son otras palabras, palabras mayores, ya que afectan a nuestra industria del ocio y del turismo, a la restauración y a los deportes. Los seis positivos del Real Madrid han sido el baño de realidad que muchos necesitaban para entender que esto va en serio. Ya no se puede uno refugiar en el deporte, tocado de lleno. ha habido casos anteriores, claro, pero esto son ya hechos en otro nivel, por decirlo así. 

En declaraciones hechas hoy mismo, el presidente ha empezado a preparar las respuestas de la próxima reunión: 

"El virus sigue entre nosotros y su combate debe seguir siendo una prioridad para todas las administraciones públicas", ha asegurado Sánchez, quien ha avanzado que el encuentro del miércoles debe servir para "evaluar nuevas medidas que podamos poner en marcha a lo largo de las próximas semanas".

Pedro Sánchez ha terminado su comparecencia lanzando un mensaje de "tranquilidad y de confianza" al conjunto de la población. "Hemos andado juntos la parte más dolorosa del camino y juntos vamos a culminar esta travesía protegiendo las vidas y la salud de nuestros compatriotas", ha concluido.

Fuentes de Moncloa han asegurado a TVE tras la comparecencia que el Gobierno no quiere "condicionar el debate" y que pretende "escuchar primero a las comunidades autónomas" antes de decidir medidas concretas, pero descarta un nuevo confinamiento o el decreto del estado de alarma, para lo cual sería necesario un estado de excepción. Las fuentes insisten en que las comunidades tienen "herramientas suficientes para actuar" y disponen de competencias para ellos y no descartan que se acuerden medidas "antes de Navidad".** 


La reunión es de nuevo un recurso para no ser atacado por los demás. Igualmente, los demás se han dedicado a decir que sea el ejecutivo el que tome las medidas en esta clara estrategia. Es la patada hacia arriba con la que responden los que dan patadas hacia abajo. Sánchez le echa ahora a Europa la culpa de la incapacidad de frenar la subida constante de la luz, que arrastra la inflación. Todos quieren arreglar las cosas pero, ¡vaya por Dios!, siempre hay alguien por arriba o por abajo que lo impide.

Las cifras —previsibles — provienen de un mal entendido sentido del éxito, el pregonado por el gobierno, que ha servido para que la gente, de nuevo, interprete que los buenos datos significan volver de nuevo a las viejas andadas. Y esto, por enésima vez, no es así.

El aumento de las vacunaciones que el gobierno muestra como un éxito, no es más que el anticipo del desastre: se vacunan para reunirse. Lo dicen ellos mismos en las colas cuando son entrevistados por las cámaras de las televisiones. "¡Si no me vacuno, no me dan el pasaporte Covid; y sin él no hay marcha!" Esto dispara los contagios, como estamos viendo.

La creencia en que una vez vacunados se puede uno echar a la calle a hacer lo que quiera no es más que un engaño generalizado o de ignorantes. La palabra "inmunización" es falsa y se usa cada día en los medios. Es la palabra que nos da una falsa seguridad, que nos hace sentirnos invencibles y obviar los datos reales que nos dicen otra cosa, que no somos "inmunes", que podemos contagiar a otros, que la enfermedad se pasa con síntomas más leves.

RTVE ha realizado una encuesta** y manejado otras para saber por qué los que no se han vacunado son tan reacios. Este es el curioso resultado: 

·       Las vacunas se han desarrollado muy rápido y no son seguras (71,9%).

·       Las vacunas son malas para la salud/miedo efectos secundarios (49,6%)

·       Las vacunas son un negocio (44,4%)

·       Las vacunas contra la COVID-19 no funcionan (41,4%)

·       Estoy sano y no necesito vacunarme (41,4%)

·       El coronavirus no existe / propósito oculto de las vacunas/ conspiración (12,3%)

·       He pasado la enfermedad, estoy inmune (9,4%)

·       No creo que me contagie (9%)

·       Mi médico me ha recomendado no vacunarme por mi estado de salud (7,9%)

·       No creo en las vacunas en general (6,5%)

·       Por motivos religiosos o éticos (5,7%)

·       Miedo a los efectos secundarios (5,4%)

·       Desconfianza: en información, en las farmacéuticas, en los medios... (5,4%)

·       Solo creo en la medicina natural (5,2%)

·       Tengo fobia a las agujas (4,8%)

 

Esta mezcla de errores, temores, engaños y autoengaños da un curioso perfil de los "no vacunados". Puede que haya unas bases comunes que se racionalizan en distintas respuestas ocultando la verdadera realidad de la negación a vacunarse.

Hay otro dato que nos ofrecen, el grado de cumplimiento de las medidas de seguridad habituales, que resulta muy revelador. El primer porcentaje es el que expresa el grado de cumplimiento de los vacunados; el segundo refleja el porcentaje de los no vacunados: 

·       Mascarilla: 95% - 64%

·       Ventilación: 94% - 59%

·       Higiene de manos: 90% - 47%

·       Evitar sitios concurridos: 85% - 40%

·       Distancia de seguridad: 87% - 37%

·       Evitar reuniones sociales/familiares: 69% - 15%

 

Como se puede apreciar, el problema no es solo que no se vacunen, sino el elevadísimo grado de incumplimiento de las medidas de seguridad que tratan de prevenir los contagios. Las cifras son claras en los dos bloques. La mascarilla se cumple de forma casi total entre los vacunados y hay un 30% menos de cumplimiento entre los vacunados. Lo mismo ocurre con la ventilación, pero ya se percibe un descenso en las medidas siguiente. Los tres más bajos cumplimientos son los que se podría llamar "medidas sociales", ya que afectan en relación con los demás. Mascarillas, ventilación e higiene de manos son acciones que entran en las decisiones personales. Las tres siguiente, en cambio, son relativas a los otros. Caen ligeramente en los vacunados, pero se desploman en los no vacunados, llegando a un 15% en el tema de las reuniones, con un 40% en evitar sitios concurridos, un 37% de mantenimiento de las distancias.

Creo que las cifras nos muestran con bastante claridad las tendencias. ¿Son fiables? Creo que las aglomeraciones que vemos estos días, ese 87% de las distancias de seguridad o el 85% de evitar sitios concurridos, son más bien optimistas. Pero son las cifras que nos dan y lo que tratan de reflejar son las diferencias entre unos y otros.


Estas cifras manifiestan que son las restricciones las que los políticos temen tomar, ya que estas afectan precisamente a los aspectos sociales. Somos nosotros los que creamos las condiciones para la expansión rápida del virus, son nuestros hábitos y creencias, como en el caso de lo señalado, de las religiosas a los miedos a las consecuencias. Curiosamente le tememos a las agujas, como señalan algunos, pero no a las consecuencias de los contagios, que requerirán algo más que pinchazos.

Ayer hablaban en un informativo del temor de los gobiernos europeos a revueltas populares en el caso de nuevas medidas y algunas que ya se están tomando. Los reacios a vacunarse podrían quedarse aislados o fortalecer las medidas de precaución. Pero vemos que ocurre justo lo contrario. Con la excepción de aquellos que piensan que "el virus no existe", casi todos los demás cuidados son compatibles.

Es mucho tiempo el que llevamos con esto. Deberíamos tener suficientemente claro, incluidos los políticos, que esto va a durar y a modificar nuestros hábitos. En vez de luchar contra las medidas de prevención unos y de tratar de disculpar las medidas los otros, deberíamos asimilar que gran parte de la difusión está en nuestras manos. Deberíamos empezar a dejar de racionalizar nuestros deseos y aceptar nuestras limitaciones en esta situación. No hay que negar lo evidente, sino adaptar lo posible.

Está claro que las estrategias comunicativas de los políticos, basadas en teorías como la de la inmunidad de rebaño y otras similares, que trataban de poner un plazo a las restricciones, no han funcionado porque estaba claro que esto es planetario y que el "grupo", en un mundo globalizado, es un autoengaño. El "grupo" somos todos en un planeta que se puede recorrer en horas, con grandes negocios en el turismo, en los viajes comerciales, la distribución, la realización de estudios lejos, etc. Unas veces pensamos en términos globales y otras en locales. Es una forma de consolarnos, pero lo cierto es que todos formamos el mundo, llenamos el planeta y nos movemos por él.

En la reunión anunciada nuestro presidente volverá a tratar de tomar medidas con todos en la foto. No necesitamos sonrisas ni engaños. Necesitamos afrontar esto con realismo y comprensión clara de lo que tenemos delante.


El texto de RTVE centra el punto clave en la confianza en las instituciones. Es cierto. Si percibimos que lo que se nos dice tiene otras intenciones, acabaremos haciendo lo que nos parece y las consecuencias las vemos. Ponen el ejemplo de lo ocurrido a Johnson con sus fiestas clandestinas en el número 10 de Downing St. mientras pedía contención a los demás.

Reino Unido es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer y de cómo esa apelación a que "hagan lo que deben", a la responsabilidad individual, no tiene sentido en un mundo de conflictos de intereses. En un mundo de presión mediática, unos nos piden responsabilidad mientras nos bombardean con estímulos en sentido contrario. Y cada uno responde según su propia disposición. El político lo puede ver como una ocasión de ejercer su responsabilidad, aunque desgaste, o de mirar para otro lado, como muchos hacen, responsabilizando a unos y a otros.

Después de este tiempo, la erosión institucional no es pequeña, pero son las instituciones las que deben marcar el ritmo con credibilidad y responsabilidad. No parecen dispuestas a hacerlo si no es en grupo, que no haya quien se apunte los "éxitos", porque no lo son.

Nuestra clase política no ha sabido estar a la altura; no han sabido aparcar los malos hábitos de la vida política "normal" (si se puede llamar así) y han tratado de fomentar el desgaste ajeno y frenar el propio. Les duró poco la paciencia. No es el único caso, lo hemos visto en los Estados Unidos de Trump y lo seguimos viendo como parte de una lucha radical. Pero nuestras cifras afortunadamente no son las de los Estados Unidos. Las vacunas, lo sabemos ya y los expertos nos lo repiten, no son suficiente. Necesitamos algo más que un pinchazo en un brazo. La estrategia del pinchazo no es la alternativa a la vida social; esta tiene sus propias normas de cuidado que el pinchazo no evita. No se puede fomentar la vacunación diciendo que con eso se vuelve a la normalidad. No funcionan así ni el virus ni nosotros. El mundo es como es y no como nos gustaría que fuera. La vacuna es importante, necesaria, pero no es el fin ya sea por nuevas variantes o por pérdida de eficacia.

Cada vez hay más contestación social porque se prefiere tomar las medidas cuando no hay más remedio, cuando se llega a límites peligrosos, como estamos ahora, que tomarlas antes y evitar estas situaciones con medidas reguladoras menores. Así no acabaremos nunca.

Solo nos queda esperar a la próxima reunión.


 * Alberto León "Sánchez convoca a las comunidades para "intensificar las acciones": "No podemos dar por buena esta incidencia" RTVE.es 19/12/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211219/sanchez-comparecencia-incidencia-conferencia-presidentes/2241000.shtml

** José A. Carpio y Ana Martín Plaza "La confianza en las instituciones durante la pandemia: de la crisis del Reino Unido a la percepción en España" RTVE.es 18/12/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211218/claves-semana-confianza-gobiernos-medios-comunicacion-pandemia/2239860.shtml

jueves, 16 de diciembre de 2021

La ola que llegó antes de tiempo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hace días se escuchaba que las grandes diferencias en contagios entre el País Vasco y Navarra y las demás Comunidades se debían a una forma más eficaz de detectar los contagios. Un argumento de este tipo es el que usaba Trump en su época señalando que "si no detecta, no hay contagios". La "astucia", por llamarlo de alguna forma, de Trump es una indecencia que concede relevancia al discurso y no a la realidad que describe. Para Trump no hay "realidad", solo descripción manipulable de ella. La realidad es tozuda, pero los discursos son maleables, pueden ajustarse a los intereses o, incluso, ser "alternativos".

Pero decir que en esas Comunidades hay un recuento elevado porque se "cuenta bien", puede ser una excusa, pero también es una acusación: si yo lo hago bien, los demás lo hacen mal. Y esto tiene unas enormes consecuencias si fuera cierto. Los investigadores tiene la doble interpretación, nos dice, y que cada cual saque sus consecuencias: a) es algo real, una mayor incidencia; o b) es que ellos miden mejor que los demás, con lo que las cifras de los otros serían poco fiables, por decirlo así. Elijan.


El aumento de contagios sigue su ritmo acelerado. La idea de adelantar las Navidades por si llegaba la ola solo ha conseguido adelantar la ola al crear nuevas situaciones de contagios. Aquí hemos hablado de esos curiosos adelantos de la navidad en algunos pueblos que han pensado que mejor celebrar la navidad en noviembre que quedarse sin ella en diciembre. El ejemplo es ilustrativo de cómo seguimos sin entender cuál es el origen de las olas, que no es otro que nuestra mayor circulación.

Veo con frecuencia personas que están en las oficinas sin mascarillas y que se la ponen cuando alguien se acerca, sin tener en cuenta que ya han echado al aire todo lo que tenían que echar. Veo gente que se saca un bocadillo en el transporte público porque entiende que se puede retirar la mascarilla para comer. No quiere entender que no es el lugar de comer. Seguimos con lo de "mi cuerpo es mío", es decir, sin entender que su "cuerpo" está en contacto con otros cuerpos que tienen derecho a la salud, mientras que él reclama no solo su "derecho" a la enfermedad, sino al contagio.


La cuestión está ahora, para terror de sanitarios y personas conscientes, en qué nos queda por delante con tres-cuatro semanas de celebraciones, reuniones, besos y abrazos, etc. entrando en ellas con estas cifras disparadas y disparatadas. En vano se han hecho aplicaciones telefónicas con "simuladores de contagios", reproduciendo los posibles escenarios en salas con determinados. Algunas son tan concretas que se han diseñado para las cenas navideñas. Número de personas, metros cuadrados de las habitaciones, ventilación de las mismas, etc. son las variables que se manejan junto con lo esencial, cuántas personas hay infectadas en medio de los alegres y sanos comensales.


¿Sirven de algo todos estos avisos, estas informaciones más o menos detalladas de los riesgos? Pues —sinceramente y por lo que veo— creo de muy poco, porque camino de los dos años, con toda la información que se nos ha dado, los casos que se nos han contado, etc. sigue habiendo personas que no entienden de qué va esto. Ya sea por los intereses económicos de unos o por la falta de comprensión de otros, lo cierto es que lo que vemos en las calles, transporte, escuelas, etc. nos permite pensar que unos tienen cuidado y otros confían en que los otros lo tengan, que es mucho más cómodo. La persona que se sienta en el asiento que has dejado libre entre dos personas para mantener una distancia mínima de seguridad, sabe lo que hace (que te acabarás levantando tú), va buscando bronca (como hemos tenido casos) o sencillamente le da igual tú o ella misma, lo que la convierte en un riesgo especial ya que no mantiene ningún cuidado. Hay muchas personas así.

Sea lo que sea, nos dicen que han aumentado la venta de test más de un 500%, lo que está muy bien, de no ser que es precisamente un signo del aumento de las exposiciones al virus. Hacerte un test significa que llegar impoluto a la cena, que debes confiar en que los otros hagan lo mismo, que todos los que han bajado o subido en el ascensor antes de que tú entres han llevado la mascarilla puesta... y un sinfín de circunstancias que ningún simulador podrá establecer.


La variante Ómicron ha elegido el momento apropiado, aquel en el que el buen corazón de todos nos hace dudar del contagio por las "buenas causas". Los virus por aquí comenzaron en reuniones deportivas (partido con el Atalanta en Italia), funerales (con encuentros, abrazos, despedida y regreso a casa con el virus) y turistas (que habían estado antes no se sabe dónde). Pero el buen espíritu navideño reina entre nosotros. El coronavirus se disfraza de "papá Noel" y no necesita descolgarse por las chimeneas.


No existe el riesgo cero, es cierto; pero sí existe la estupidez infinita, de la que nos debemos prevenir y de la que desgraciadamente no hay documento que la acredite. Habría que inventar el "pasaporte tonto", el que impidiera a las personas despreocupadas ser factor de expansión del contagio. Al parecer solo las reuniones familiares son las que hacen extremar la sensación de responsabilidad por contagio. Nadie quiere cargar con la culpa de haber infectado a los familiares, es lógico. Pero también debería serlo para con los demás, con quien no parece haber más lazo que la diversión, la marcha y todo tipo de celebraciones anónimas, como botellones y otras variantes de concentraciones callejeras. ¡Cuídese y cuide de los demás más allá de los apellidos! Sea humano.

Hemos acelerado la ola de contagios al creer que así evitábamos los "atascos víricos" de navidades. Ha sido inútil; lo que hemos creado es una peligrosa pre navidad con mucho más riesgo para todos.  Con ella nos adentramos en las próximas fiestas, con unos índices disparados. Justo lo que había que evitar. Pero por temor a restricciones, se aceleró todo. A esto se le suele llamar la profecía autocumplida: por querer evitar algo, lo creamos.




lunes, 15 de noviembre de 2021

El pilar de la sanidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hay muchas preguntas flotando en el ambiente, como qué hacer con los que no se quieren vacunar en los distintos países y dentro de ciertos sectores, como funcionarios, personal sanitario y educación, que son los principales, pero no los únicos.

El negacionismo ya ha pasado de la fase del descontento a la fase del desconcierto. No creo que les queden muchas opciones que no traspasen el ridículo, por lo que simplemente protestan, que es una forma de exhibirse en las calles con la esperanza de que se les sumen más. Pero en España no ha funcionado.

Cada vez recibimos más alabanzas por la vacunación en nuestro país. Las alabanzas vienen, claro, de aquellos países en donde la gente no se ha vacunado ni tiene intención o donde los procedimientos o sistemas son muy malos. Pero esto no se traduce en lo que se reclama.

En RTVE.es hay un completo artículo sobre nuestro problema principal, la progresiva reducción del tamaño de la sanidad pública y los recursos que se le destinan. Esta reducción hace que ya en tiempos de "normalidad" haya un gran problema en las esperas y en la falta de personal.

Con el envejecimiento de la población, si no disponemos de una sanidad pública eficiente el futuro es muy oscuro. Los que abogan por una privatización de la asistencia médica olvidan que está necesita de una serie de ingresos que la mala calidad de nuestro empleo no puede realmente financiar. Seguimos sin entender que esa mala calidad condiciona muchas cosas, incluido el futuro de esas pensiones de las que tanto se habla en estos días. Si los que hay ahora son los que tienen que financiar el sistema de pensiones, el futuro es poco esperanzador. Si todo se debe sacar de unos sueldos malos e intermitentes, difícilmente se podrá financiar nada ahora o en el futuro.


Esto tiene que ver con ese modelo inexistente de país hacia el que avanzamos sin remedio. Formamos a la gente en el sector sanitario que acaba yéndose allí donde se les permite trabajar en condiciones laborables dignas y mejor pagadas que aquí lo hacemos. Hemos aceptado una serie de indignidades laborales, como esas decenas de contratos anuales, de entrada y salida, que son la ruina de un país que aspira a tener una sociedad mejor, pero ¿alguien se plantea esto? Son otras las guerras.

El artículo de Sofía Soler nos hace un recorrido por los defectos e insatisfacciones del sistema:

El primer reto está en la atención primaria. "No solamente es la puerta de entrada, es el eje del sistema sanitario. Si la atención primaria funciona, el sistema sanitario funciona". Antonio Fernandez-Pro, presidente de Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) expresa la idea, aceptada por muchos profesionales, de que buena parte del éxito de la sanidad pública española ha residido hasta ahora en ese acceso sencillo y cercano a los centros de salud a pie de calle.

Tanto es así, que en ella se "podría resolver entre el 80 y 90 % de los problemas de salud de la población", según la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), si estuviera dotada adecuadamente. "La atención primaria desde hace muchos años es una cenicienta del sistema y con la pandemia ha sido totalmente explotada, abandonada y deteriorada", manifiesta su portavoz, el médico pediatra Marciano Sánchez Bayle, quien critica los retrasos para conseguir cita y el exceso de atención telefónica en los últimos meses.*

 


Hace muchos años que escuchamos las mismas quejas y no hay sensibilidad en aquellos que deben tomar las decisiones. Mantener un buen sistema sanitario puede que no sea barato, pero desde luego es necesario por lo expresado anteriormente: el envejecimiento hace que sea necesario ampliar lo que, sin embargo, se está reduciendo.

La pandemia nos ha dado una dolorosísima lección de lo que ocurre cuando el sistema se privatiza. Es el ejemplo de lo ocurrido con las residencias de mayores, una auténtica carnicería en la que han muerto miles de personas precisamente porque el negocio está en cobrar a cada anciano y si enferma meterlo en una ambulancia y llevarlo a la Seguridad Social. Cuando no han podido hacerlo, las muertes se han sucedido.

Cuando esto ha sido lento, apenas se han percibido. Pero cuando el flujo ha aumentado, nos hemos dado cuenta todos de lo que supone esta situación. Las protestas de años sobre esto se han hecho realidad ante la saturación. No sale gratis reducir personal en la atención primaria y colapsar el sistema. Toda nuestra vigilancia de la pandemia se ha basado y se basa en evitar colapsos más que en salvar vidas.

Hay dos pilares de una sociedad moderna: la sanidad y la educación. Ambas son una prueba de la calidad del modelo social. Cuando se toman en serio ambas, la sociedad tiene donde apoyarse. Pero España hace mucho tiempo que no invierte ni cuida como debe estos dos pilares. Desgraciadamente, esto parece que seguirá así.

 


* Sofía Soler "La sanidad pública no remonta tras las olas de COVID: listas de espera, menos camas y una atención primaria saturada" RTVE.es 14/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211114/sanidad-publica-rescate-covid/2221301.shtml

martes, 22 de junio de 2021

Olvidar lo justo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



A los humanos nos gusta pensar en el futuro y lo hacemos con la ilusión del control, de que realmente podemos controlarlo. Es posible que esa capacidad de pensar más allá del momento sea lo que nos ha hecho llegar hasta aquí, evolutivamente hablando. Somos el futuro imprevisible de muchos momentos anteriores. Probablemente, sean muy pocos los que nos imaginaron así.

Los efectos de la pandemia en todo el mundo no solo han cambiado el presente que vivimos de manera radical sino que nos obligan a repensar nuestros posible futuros partiendo de lo que ahora tenemos. No creo que nuestros futuros anteriores nos sirvan hoy de mucho, lo que ha provocado un intenso debate sobre cómo imaginarlo.

Desde que comenzó la pandemia se han visto nuestras dos tendencias: aquella que aboga por volver a una normalidad que es una restitución improbable del pasado del que fuimos desalojado por la pandemia; por otro lado, están los intentos de definir un futuro posible, algo difícil ante la gran cantidad de cosas que han cambiado en nuestras vidas, muchas de ellas impensadas todavía, pero que irán surgiendo cuando la tormenta se vaya asentado y podamos hacer la evaluación real de daños y cuáles son las cosas que quedan en pie, cuáles son los restos aprovechables y qué hay que inventar para seguir adelante.

Están también los que son conscientes de que esta pandemia ha creado en muchos lugares una brecha honda por las respuestas o faltas de respuestas dadas, que esto no es olvidable inmediatamente y que tiene una serie de secuelas de muy diversos tipos.



En la CNN, el analista político Stephen Collinson ocupa el lugar preferencial de la página con un gran titular en dos tiempos, "America may never be the same after Covid" seguido en el interior de "The pandemic wrought a new America". Ambos titulares abordan desde perspectivas distintas la situación. El primero es una advertencia a los nostálgicos: el pasado no volverá, no hay regreso porque se han destruido demasiadas cosas. El segundo es de corte realista, constatando que los USA de hoy no eran los esperados desde un pasado pre pandémico, un pasado al que el futuro le llegó de forma inesperada.



Que el pasado no pueda volver no es necesariamente pesimista; eso sería una ingenuidad, idealizarlo, y la situación de los Estados Unidos no era precisamente la mejor, pese a lo que Trump dijera (o quizá por lo que Trump decía). La llegada de Biden a la Casa Blanca, indudablemente, ha supuesto un cambio respecto a los efectos demoledores —las peores cifras de muertos y contagiados— del coronavirus. Como en el Brasil de Jair Bolsonaro, la pandemia se ha cobrado más víctimas de las que debería por la negligencia obcecada de los dirigentes. Con Biden, al menos, se vacunan. Pero eso es solo una parte del cambio producido.

Escribe Collinson en su artículo:

 

Things are demonstrably better. A 300 million vaccine effort gave many their lives back and a once-apocalyptic jobs crisis is much improved. A new presidency has restored science to its rightful place. The more than 600,000 dead are honored, not ignored. And the most important antidote in a national crisis -- truth -- has made a White House comeback.

But hopes of a sudden transition to a new and carefree "Roaring 20s" are elusive. It's becoming clear that a shock-and-awe pandemic changed society in unanticipated ways that may take many years to play out. An emerging scenario, for instance, of a nation divided by Covid -- between vaccinated Democratic states and skeptical and sickened conservative bastions -- is deepening an already bitter political estrangement.*




Las heridas del coronavirus no son cosas del pasado. Conforme vaya pasando el tiempo, la tranquilidad para pensar en qué ha ocurrido realmente no va a ignorar los problemas, sino quizá agravarlos. ¿Es posible esa división de los estados que Stephen Collinson prevé? ¿Es posible que Estados Unidos introduzca una nueva barrera divisoria entre estados vacunados y estados enfermos en rebeldía? Los indicadores de las medidas tomadas por algunos estados muestran que el coronavirus sigue siendo un conflicto ideológico por parte de los republicanos y de los subgrupos radicales que ahora les integran. ¿Es posible tanta obcecación? El tiempo lo dirá, pero como Collinson, muchos son pesimistas. Lo que sí sabemos es que esos 600.000 muertos hasta el momento van a estar pesando como los de una guerra civil.

El comentarista pasa repaso a fenómenos que regresan ante la retirada del coronavirus. No toda la normalidad es buena: la violencia de los tiroteos callejeros ha vuelto a su propia "normalidad", con unos números que parecen querer recuperar el tiempo perdido. Los espacios que quedan libres en las UCI por los contagiados son ocupados de nuevo por las víctimas de los tiroteos.


Son efectos similares a los que percibimos nosotros aquí con las cifras disparadas de crímenes machistas. La "normalidad" no implica muchas veces positividad, sino solo frecuencia. Las explicaciones quedan para psicólogo y sociólogos; a nosotros nos quedan las cifras, las historias, los casos.

Collinson advierte que hay signos en diversos sectores —la violencia, la vida económica, los hoteles y el turismo— sobre cambios. La violencia se dispara; en la economía se siente la incertidumbre y los hoteles no están como se esperaba. Son tres campos diferentes, pero lo importante es que su comportamiento no es el previsto. ¿Cuánto duraran los efectos? Todo esta interconectado y los efectos sistémicos requieren comprender los problemas más allá de los gestos con los que queremos ingenuamente conjurar la realidad.

El artículo de Collinson es una advertencia, un aviso de que el mundo al que vamos va a tener muchos más cambios de los que pensamos, que la idea de "normalidad" como vuelta al pasado es solo una ingenuidad. Nos guste o no, muchas cosas tendrán que ser distintas. Con ellas haremos esa normalidad construida con nuevos y necesarios hábitos, nuevas rutinas y olvido de las viejas.

Olvidar lo que ha ocurrido tiene un límite. Pero necesitamos imaginar nuevos futuros factibles, adaptados a lo que la pandemia nos ha hecho o desvelado. Imaginar una fantasía sobre un mundo nuevo e igual al anterior puede ser un ejercicio inútil y peligroso. Olvidar lo justo para no caer en los mismos errores.

 


* Stephen Collinson "The pandemic wrought a new America" CNN /06/2021 https://edition.cnn.com/2021/06/22/politics/the-pandemic-has-changed-america/index.html