Mostrando entradas con la etiqueta biografía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta biografía. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de febrero de 2026

Casa con dos estrellas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ha dicho Donald Trump tras el estreno del documental sobre Melania, que no hay lugar para dos estrellas en casa. Evidentemente, una es él.

Las cifras del "éxito" del documental de Melania son más que discutidas, pese a que como era de esperar, Trump las presenta como un gran triunfo cinematográfico, el no va más en las pantallas.

En Infobae recogen sus palabras e impresiones sobre el documental:

Durante su intervención en la presentación de su ‘Junta de Paz’, Donald Trump incidió en que el documental sobre Melania Trump, dirigido por una inversión destacada, llegó a convertirse, según sus palabras, en “el documental que más ha recaudado en 20 años” y generó un fenómeno de asistencia, especialmente entre el público femenino, que, en palabras de Trump, “vuelven y lo ven dos, tres o cuatro veces”. Acompañando estas afirmaciones, el exmandatario estadounidense advirtió: “no hay sitio en una familia para dos estrellas”, idea que reiteró al sugerir que la popularidad fílmica de su esposa podía suponer un problema en escala doméstica. Según consignó el medio Daily Beast, Trump subrayó que Melania había estrenado una “película muy exitosa” y la ubicó como la “número uno”. El propio presidente compartió a los asistentes: “Le dije que no podemos tener dos estrellas en una familia, así que no sé qué significa eso. No es algo bueno”.*

Y no podía ser de otra manera con el apellido Trump de por medio.

Durante un tiempo, el mundo fantasioso que rodea a Donald Trump aseguraba que Melania estaba secuestrada, que era un rehén de su marido. Para ello se revisaban fotos y grabaciones, el más mínimo detalle —una mano que no se deja coger, una mejilla que se retira, un sombrero con gran ala protectora...— servía para mantener esta ficción. Había personas que llevaban una pancarta con el "Free Melania!". La cuestión se complicaba con mensajes como este: "Melania, Blink Twice If You Need Help". Mucha gente estaba convencida de que la primera dama estaba realmente secuestrada por el bárbaro Trump, el marido imposible, inimaginable.

Con Trump todo es especulación y espectáculo, incluido ese matrimonio, uno más en su historia, trufada de engaños, infidelidades y amistades con gente como Epstein. Un de las grandes preguntas de la política norteamericana es saber cómo Trump llegó a vender Biblias con su historial, algo así como que Adolf Hitler hubiera vendido ejemplares de la Torá judía.  Pero Trump es capaz de todo y de lo contrario.

En 2020 se publicó en Estados Unidos "Free, Melania: The Unauthorized Biography", por Kate Bennett. En su promoción en Amazon, podemos leer:

The first behind-the-scenes look at the life of the most enigmatic First Lady in U.S. history Melania Trump is an enigma. Regardless of your political leanings, she is fascinating--a First Lady who, in many ways, is the most modern and groundbreaking in recent history. A former model whose beauty in person leaves people breathless, a woman whose upbringing in a communist country spurred a relentless drive for stability, both for herself and for her family. A reluctant pillar in a controversial presidential administration who speaks five languages and runs the East Wing like none of her predecessors ever could--underestimate her at your own peril (as a former government official did and was summarily fired). But who is she really? In Free, Melania we get an insider's look at Melania Trump, from her childhood in Slovenia to her days in the White House, and everything in between. We see the Trump family dynamics that Melania has had to navigate, including her strained relationship with Ivanka.**

[Trad. Google] El primer vistazo tras bambalinas a la vida de la Primera Dama más enigmática de la historia de Estados Unidos, Melania Trump, es un enigma. Independientemente de tus inclinaciones políticas, es fascinante: una Primera Dama que, en muchos sentidos, es la más moderna e innovadora de la historia reciente. Una exmodelo cuya belleza en persona deja a cualquiera sin aliento, una mujer cuya crianza en un país comunista impulsó un incansable afán de estabilidad, tanto para ella como para su familia. Un pilar reticente en una administración presidencial controvertida que habla cinco idiomas y dirige el Ala Este como ninguno de sus predecesores pudo jamás; subestimarla es bajo tu propio riesgo (como hizo un exfuncionario del gobierno y fue despedido sumariamente). Pero, ¿quién es ella realmente? En Free, Melania, obtenemos una mirada desde dentro de Melania Trump, desde su infancia en Eslovenia hasta sus días en la Casa Blanca, y todo lo demás. Vemos la dinámica familiar de los Trump que Melania ha tenido que navegar, incluyendo su tensa relación con Ivanka.**

Como puede apreciarse, el "free Melania" da para mucho, aunque le pese a Donald, celoso de su protagonismo. La duda ahora, tras sus palabras, es si efectivamente. Trump la percibe como una amenaza en sus horas bajas.

Las cifras que nos dan de su documental, pese a lo que diga Trump, no son buenas. Puede que se haya convertido en un acto de afirmación republicano el ir a ver el documental (varias veces, según Trump). Nos dicen que las críticas han sido demoledoras y que las cifras de valoración han sido apabullantes, lo que ha hecho dudar de si no se trata de una maniobra publicitaria, una manipulación de la valoración del público. En Rotten Tomatoes, que es de donde se sacan las cifras de valoración aseguran que todo está verificado.

¿Es en serio aquello de que "no caben dos estrellas" en la misma casa, dicho por Trump? Pues tenemos dudas, si fuera otra persona pensaríamos otra cosa, pero con Trump no se sabe. Lo de las dos estrellas supone que él es la primera, mientras que Melania es generosamente considerada como la segunda. Las exageradas palabras de Trump pueden tener un doble sentido: cuanto más halagos conceda a Melania más se sitúa él por encima, que es de lo que se trata. Es probable que un gran éxito del documental sobre Melania no fuera soportable para el presidente, que necesita creer que se lo deben a él.

Lo interesante sería saber de dónde salió la idea del documental. Eso explicaría algunas cosas. 

The New York Times 20/01/2021

* Newsroom Infobae  "Donald Trump proclama a Melania "gran estrella de cine" pese al fiasco en taquilla: "En una familia no caben dos"" Infobae 21/02/2026 https://www.infobae.com/america/agencias/2026/02/20/donald-trump-proclama-a-melania-gran-estrella-de-cine-pese-al-fiasco-en-taquilla-en-una-familia-no-caben-dos/

** "Free, Melania: The Unauthorized Biography" Amazon 6/01/2020 https://www.amazon.co.uk/Free-Melania-Unauthorized-Kate-Bennett/dp/1250307376





sábado, 6 de enero de 2018

Trump, una extravaganza histórica

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El daño que ha hecho a Donald Trump la publicación del libro de Michael Wolff, en mi opinión, le ha afectado en dos puntos esenciales: la distancia entre cómo se percibe respecto a cómo le perciben los demás y la siembra de desconfianza sobre los que le rodean. Puede haber otros, pero creo que esos dos puntos explican el estallido de Trump, la ira desatada tras la publicación.
Una persona del temperamento de Trump, acostumbrado a que no se le contradiga, es una persona condenada al desengaño explosivo. Durante la mayor parte del tiempo, los que le rodean tratan de evitar la confrontación directa, pero al alejarse, salen a la luz todas las contenciones, como ha ocurrido con Steve Bannon, por ejemplo, en el que se ha focalizado gran parte de la ira. Eso se conecta con la segunda parte: la confianza en los equipos. Una persona con las debilidades y carencias de Trump tiene que estar rodeado de un equipo de absoluta confianza, devoción si es posible. Este aspecto ya se resaltó, desde sus propias declaraciones anteriores, cuando debía formar un equipo. Trump no se fía de casi nadie, por eso la familia ha sido una baza importante para los puestos de confianza.
El hecho de que se citen 200 fuentes próximas a Donald Trump para la elaboración del libro de Wolff ha hecho saltar todas sus alarmas. Cada vez que niega lo que se cuenta en el libro, aumenta la probabilidad de ser cierto. Es una regla que se traduce en el consejo de no remover demasiado lo que se quiere que pase desapercibido. Trump ha hecho lo contrario: ha montado el gran escándalo y ha tratado de prohibir la venta del libro, algo que las ha acelerado e intensificado. El libro de Wolff será probablemente uno de los grandes bestsellers del año, con Donald Trump y sus ataques de ira como mejor promotor.


En The New York Times, Peter Baker escribe sobre la tradición que enfrenta a los presidentes de los Estados Unidos con los libros publicados por personas próximas que plantean unas imágenes diferentes a las que se han percibido gracias al acceso directo a la trastienda política. Lo que se veía desde fuera, ahora se nos muestra desde dentro. Muchos presidentes, explica el periodista, se han tenido que enfrentar a obras que nos les han gustado mucho a cargo de sus ex colaboradores o por sus declaraciones en libros de periodistas e historiadores. Señala Baker:

What is different about Mr. Bannon’s stark assessments in Michael Wolff’s new book, “Fire and Fury: Inside the Trump White House,” is not that a former aide would speak out, but that it would happen so early in a presidency. Most books of this sort appear later in a president’s tenure, or even after its end, not before the one-year anniversary. But then again, Mr. Trump’s White House has burned through staff so quickly that the usual patterns have accelerated dramatically.
In a way, what is shocking about the book is that its depiction of a capricious, uninformed and erratic president is not really all that shocking. Indeed, while the White House and various others challenge the accuracy of specific episodes in the book, its broader portrayal largely squares with the journalistic coverage of the past year based on the president’s own staff.
Many readers and viewers have become numb to the stories after watching them play out in public day in and day out. Twitter has made clear that Mr. Trump veers wildly from subject to subject, fight to fight. Fact checkers have made clear that he has a strained relationship with the truth. 
Mr. Bannon is quoted in the book saying things that other advisers have said confidentially for months — that the president is stunningly undisciplined with no patience or interest in learning and driven by intemperate, sometimes absurd motivations. At one point, Mr. Bannon describes Mr. Trump acting “like a 9-year-old,” an observation that has power not because it was unique to those who worked for the president but because it is now on the record in Mr. Bannon’s name.*


Lo sorprendente de la obra de Michael Wolff no es lo que nos descubre, sino lo que nos confirma. Casi nada de lo que hay en el libro es sorprendente; de todo ello hay muestras. Lo que impacta es, como suele decirse, verlo junto, en un día a día y ¡en tan solo un año!
La última observación de Baker, las fuentes, es la reacción del que sabe que se ha "equivocado" en la elección del colaborador o asesor. De Trump se ha dicho de todo, pero ahora lo importante es quién lo dice. La ira de Trump tiene un "objeto" sobre el que centrarse: Bannon. Cuanto mayor sea la proximidad, mayor es la traición. Bannon era quien le dio la orientación a Trump y puso a su servicio todo un entramado informativo. Él era el estratega y su arte debía ser el de asesorar sin que lo pareciese, "¡qué buena idea se le ha ocurrido hoy, jefe!". En el momento en el que esta ficción se rompe, el narcicismo de Trump no lo soporta.
Egipto es uno de los países en el que el impacto de lo que haga Trump es mayor. La "amistad" del presidente norteamericano con el "fantastic guy", el presidente al-Sisi, se ha vuelto muy complicada después de que los egipcios descubrieran la capacidad de manipulación de Trump.
Lo debieron descubrir ya con el caso de la liberación de Aya Hijazi, la activista egipcio-norteamericana encarcelada, que Trump presentó como un triunfo propio frente a una dictadura. Lo que se trató de vender en Egipto como "normal" gracias a que fueron los jueces quienes la ponían en libertad —no una intervención extranjera que violara la soberanía—, se convirtió en un acto de sumisión ante el poder recuperado de los Estados Unidos en las manos del nuevo presidente. Era una puñalada por la espalda a Egipto. Trump vendía que era él quien había sacado de la cárcel egipcia a la activista y al-Sisi era el horrendo dictador que la había encarcelado en una sombría prisión. Trump siempre será un vendedor de sí mismo.


Lo ocurrido con el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén ha dejado al gobierno de al-Sisi muy debilitado en cuanto a su proyección internacional ya que se vuelve complicado citar a los Estados Unidos. Ha hecho que su "amistad" pase a ser tóxica en un momento en el que Egipto se enfrenta a unas elecciones presidenciales. Por ello ha sido quien presentó ante el Consejo de Seguridad la petición contra la acción de Estados Unidos. Sabían que no saldría adelante por el veto, pero necesitaban seguir vendiendo liderazgo ante el mundo árabe. N ha servido de mucho. Se verá en los próximos recortes. "¡Lo que vamos a ahorrar!", sentenció Trump tras el desaire en Naciones Unidas.
La lectura de Trump en Egipto es un interesante ejercicio de cálculo de la imagen a sabiendas que afecta a la del presidente al-Sisi. De esta forma, podemos leer el siguiente titular en el estatal Ahram Online: "Tillerson backs Trump as book casts mental health doubts"**. Mientras The New York Times y la casi totalidad de los medios mundiales consideran que la personalidad de Trump es cuanto menos peculiar, el diario egipcio resalta la defensa de Tillerson. Pero el texto publicado también nos deja entrelíneas detalles de Trump:

Washington's chief diplomat Rex Tillerson found himself obliged to defend President Donald Trump's fitness for office Friday after a bombshell new book called into doubt his mental health.
In an extraordinary portion of a television interview on foreign policy challenges, Tillerson was asked about claims that Trump has a short attention span, regularly repeats himself and refuses to read briefing notes.
"I've never questioned his mental fitness. I've had no reason to question his mental fitness," said Tillerson, whose office was last year forced to deny reports that he had referred to Trump as a "moron" after a national security meeting.
And, even in defending Trump, the former ExxonMobil chief executive admitted he has had to learn how to relay information to a president with a very different decision-making style.
"I have to learn how he takes information in, processes it and makes decisions," Tillerson told CNN. "I'm here to serve his presidency. So I've had to spend a lot of time understanding how to best communicate with him."
But Tillerson emphasized the right decisions had been made and that the United States is in a stronger place internationally thanks to Trump's policies.
"He is not a typical president of the past, I think that's well recognized -- that's also why the American people chose him," he said, insisting that he does not expect to be asked to resign in the coming year.**


La expresión de Tillerson "a very different decision-making style" es casi un eufemismo. La excepcionalidad de Trump es indudable, pero solo la consideran "positiva" sus apoyos. No sabemos exactamente cuánto tiempo le llevó a Rex Tillerson "comprender" cómo funciona la cabeza del presidente Trump. Ha habido presidentes de todos los órdenes en la Casa Blanca, pero Trump va a batir los records de estimaciones sobre su salud o estabilidad mental. Por muy esquiva que pueda ser la definición de "salud mental", la coincidencia de tantos en cuestionar la de Trump plantea un caso insólito en la historia de la democracia estadounidense (y probablemente en la de todo el mundo). No se habla aquí de manías, fobias, etc. que pudieran manifestarse, de las que supongo habrá un amplio anecdotario en la Casa Blanca. Se habla directamente de salud mental, de inestabilidad mental.
El largo artículo en Ahram Online señala otro elemento coincidente con la salida del libro de Wolff:

The publication came as it emerged that at least a dozen members of the US Congress were briefed last month by a Yale University professor of psychiatry on Trump's mental health.
"Lawmakers were saying they have been very concerned about this, the president's dangerousness, the dangers that his mental instability poses on the nation," Bandy Lee, a doctor, told CNN.**

Recordarán los pacientes lectores al artículo que le dedicamos a la denominada "Norma Goldwater", una norma ética que impide a los psiquiatras emitir cualquier tipo de diagnóstico sobre una persona a la que no hayan tratado directamente. Surgió cuando en 1964 la revista Fact publicó un artículo respaldado por más de 1.000 psiquiatras sobre el candidato Barry Goldwater "entrando" en su mente. Los profesionales de la psiquiatría trataban de evitar que su campo fuera un arma política.
Sin embargo, si repasamos las noticias sobre esta cuestión, la prensa está repleta desde 2015-16, con las primarias y la posterior campaña presidencial, de informes, artículos, etc. a cargo de profesionales calibrando la estabilidad mental de Donald Trump. Por supuestos, los que afirman lo mismo sin tener titulación son incontables.


Se reafirma con ello la idea de Peter Baker en The New York Times: lo escandaloso del libro es que confirma lo que ya todos sabían. El acto heroico de Rex Tillerson de "reprogramarse", tirando por la borda todo lo que sabía sobre la comunicación de la especie humana para poder comunicarse con Trump, lo acerca a "El milagro de Anna Sullivan". Finalmente, consiguió establecer contacto. A menos, claro está, que sea una ilusión y solo crea entenderle.
Michael Wolff ha abierto una senda. Los colaboradores, asesores y empleados de la Casa Blanca han visto el efecto del libro. Más de uno estará tentado a seguir ese camino en cuanto que —es cuestión de tiempo— el jefe tenga un día peor de lo habitual. Los acuerdos de confidencialidad que Trump ha importado del mundo de los negocios tienen que demostrar que están por encima de la Historia. El presidente forma parte de los Estados Unidos, no es dueño de su imagen, algo que Trump nunca ha entendido. Se lo han recordado muchas veces pero no ha querido entenderlo. Pagará sus consecuencias. La agencia France Press escribe:

El jueves, un abogado de Trump envió una carta de 11 páginas al editor del libro conminándolo a suspender su publicación y distribución.
"El señor Trump exige que se interrumpa y evite cualquier publicación, divulgación o distribución del libro", y además que los responsables publiquen "una retractación plena y completa así como un pedido de disculpas", pidió el abogado de Trump.
"Además, por favor envíe de inmediato una copia electrónica del libro (...) y vía mensajero una copia en papel a esta oficina para que podamos evaluar adecuadamente las declaraciones contenidas", añadieron los abogados del presidente al editor.
Sin embargo, poco más tarde la editora anunció la decisión de adelantar el lanzamiento del libro a raíz de una "demanda sin precedentes".
Desde el miércoles, cuando se conocieron extractos de su contenido, el libro encabeza todas las listas de demanda de compra anticipada.
El volumen -que desde la víspera ya circula por las redacciones de Washington, inclusive la de AFP- muestra a la Casa Blanca sumergida en un caos constante y generalizado en la disputa por una fracción de poder y un Trump incapaz de imponer orden.
En referencia a la carta del abogado de Trump, Wolff comentó este viernes que deseaba saber "a dónde le envío unos chocolates. Porque no solamente me está ayudando a vender mi libro, sino que también me está ayudando a probar el punto central del libro".
En opinión del autor, "es extraordinario que el presidente de Estados Unidos trate de impedir la publicación de un libro. Eso no puede pasar. No ha pasado con otros presidentes", advirtió.***



Trump se ha convertido en la mejor publicidad para el libro de Wolff y la peor para él. En cualquier caso, no se debe olvidad que es una persona que se alimenta de energía negativa. Trump no se va a derrumbar por lo que se diga de él. Los que se deberían ir derrumbando son sus apoyos, que es el verdadero objetivo. Trump debe llegar al final de su mandato, es cierto. Lo importante es en qué condiciones y si el mundo lo va a soportar.
Trump está destinado a ser un subgénero político, una extravaganza [1] histórica, cuyo análisis tendrá que basarse en herramientas más allá de la lógica "normal". Trump es un gigantesco error de la democracia americana, el taller de prueba de las demás democracias. Es la demostración de un fracaso del que toman nota los dictadores del mundo. Es la prueba de la debilidad del sistema cuando se relajan los mecanismos de vigilancia y aumenta la manipulación; cuando los intereses económicos se anteponen a los de la sociedad y cuando la ideología solo tiene a su alcance discursos llenos de retórica hueca y patriotera. Trump, sí, es un  síntoma de algo que hay que curar en la sociedad que le ha llevado hasta la cumbre. Él no tiene cura.
Quizá lo más práctico sea lo que hace Tillerson, decir que ha conseguido establecer contacto con el jefe e interpretar sus señales traduciéndolas a alguna lengua conocida tratando de evitar el máximo de desastres.
 
[1] "An extravaganza is a literary or musical work (often musical theatre) characterized by freedom of style and structure and usually containing elements of burlesque, pantomime, music hall and parody. It sometimes also has elements of cabaret, circus, revue, variety, vaudeville and mime Extravaganza may more broadly refer to an elaborate, spectacular, and expensive theatrical production." Wikipedia.

* Peter Baker "For Trump, Book Raises Familiar Questions of Loyalty and Candor" The New York Times 5/01/2018 https://www.nytimes.com/2018/01/05/us/politics/trump-fire-fury-book-loyalty.html
** "Tillerson backs Trump as book casts mental health doubts" Ahram Online 6/01/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/9/286673/World/International/Tillerson-backs-Trump-as-book-casts-mental-health-.aspx

*** "Allegados de Trump cuestionan su "capacidad de gobernar"" AFP 5/01/2018 https://www.afp.com/es/noticias/24/allegados-de-trump-cuestionan-su-capacidad-de-gobernar-doc-vq2f44

viernes, 13 de marzo de 2015

El dedo borrador o vivir para tus biógrafos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia de la destrucción masiva de correos personales de Hillary Clinton —más de 30.000— por su propia mano durante su periodo de Secretaria de Estado ha causado un gran revuelo político. Clinton dio la explicación de que había unificado sus cuentas oficiales y personales para tener una mayor agilidad y perder menos tiempo.
Lo cierto es que el uso de correos alternativos al oficial fue regulado por la Administración norteamericana: «The Foreign Affairs Manual was codified by the State Department, which ruled in 2005 that employees could only use private email accounts for official business if they turned those emails over to be entered into government computers.»* Los correos deberían ser introducidos en las bases de datos de la Administración para su registro y preservación.


Pero a la tormenta política por la pérdida de informaciones e infracciones de los reglamentos sobre comunicaciones oficiales, le sigue la señalada por los afectados del futuro, los historiadores, que han puesto el grito en el cielo al enterarse de la destrucción de documentos privados, su material de trabajo. The New York Times recoge los argumentos y las quejas:

The problem goes far beyond Mrs. Clinton, though her private life as first lady and secretary of state — and, of course, if she were to become the 45th president — is likely to be of great interest to future generations. The advance of technology has created a huge volume of digital information, much of it ephemeral and easy to lose or destroy, while all but eliminating some of the richest sources for historians who have plumbed the 19th and 20th centuries.
The lost Clinton emails, said Doris Kearns Goodwin, might have helped fill in a vivid future portrait. “A government official is not just an official,” said Ms. Goodwin, a Pulitzer Prize-winning biographer of Abraham Lincoln, Theodore and Franklin D. Roosevelt, and other figures. “They have marriages and children and rich private lives that are all mixed up with their public lives. As a biographer, that’s what you want.”**


Efectivamente, el mundo era más sencillo cuando la gente escribía cartas. Por eso la Historia, se nos dice, comenzó, con la escritura. Lo que se están temiendo algunos es que se acabe con el correo electrónico.
Para los teóricos de las comunicaciones, lo que estamos viviendo es lo que algunos llaman la "nueva oralidad" o la "oralidad electrónica". Con esto quieren decir que realizamos de forma sincrónica lo que antes se difería. Antes de que existiera el teléfono, por ejemplo, las comunicaciones a distancia se debían hacer por carta, con lo que el contacto quedaba registrado y podía ser conservado. Los historiadores tenían materiales de primera mano. Pero, ¿cuánto queda registrado de las conversaciones telefónicas? Una mínima parte en proporción a lo que dejaba la escritura. Si nos damos cuenta de que la mayor parte de los avances tecnológicos nos sacan del universo de la escritura, de la Galaxia global de la escritura manual y la de Gutenberg, veremos que se reducen las posibilidades de documentación personal.


En cambio ha aumentado el número de registros públicos de las actividades. Basta con entrar en YouTube o en las páginas de Facebook o Google+ para comprobar el aumento de la producción gráfica y videográfica. Puede que hayamos perdido los correos de Hillary Clinton, pero tendremos un montón de selfies y demás. Pero lo sabido no es lo que interesa a los historiadores, sino lo que queda por saber.
Pero el problema que se plantea aquí es otro, el personal. ¿Es posible vivir con la idea de que estás en la Historia? Me imagino que en ciertos momentos de la vida tal sentimiento pudiera darse, ¿es posible vivir de esa manera todo el tiempo? Me imagino que solo algunas personalidades muy peculiares podrían vivir con ese sentido de su papel en la Historia. Quizá Goethe, pero era Goethe.
Algunos consideraban un primer "patinazo" en su carrera el hecho de haber borrado los correos calificados como personales en sus cuentas unificadas. Desde una mente sospechosa, el hecho de borrar correos tiene una respuesta rápida: hay algo que ocultar. Pero, ¿cuántos correos borramos cada día sin tener nada que ocultar? ¿Dejaríamos de borrarlos por la sospecha de que el futuro nos tendría deparado algo que vuelva relevantes para una parte de la humanidad lo que esos correos cuentan? ¿Detendría nuestro dedo borrador el súbito destello de considerar la posibilidad de que le importemos algo al futuro?


En el caso de Hillary Clinton, esa conciencia biográfica debería darse como personaje público importante y cuya eventual candidatura a la presidencia de los Estados Unidos volvería más relevante. En el caso de ser la primera mujer en ser presidente de los Estados Unidos, sin duda ninguna, se rebuscaría hasta en sus diarios de adolescente.
Las posibilidades de futuro más las realizaciones del pasado, convierten a Hillary Clinton en parte de la Historia, lo que da sentido a sus quejas:

Her decision to delete the personal emails may reflect her experience as a polarizing figure who lived through the searing experience of her husband’s very public sexual affair with a White House intern. Now, as a likely presidential candidate, she opted to delete the private emails out of concern that they could leak and be used to embarrass her or undermine her candidacy.
“No one wants their personal emails made public, and I think most people understand that and respect that privacy,” Mrs. Clinton told reporters.
That may be. But historians, of course, perhaps after a grace period of some years, very much want to use personal emails and other private records to shed light on a public life.
“If she becomes president, we would eventually want to have all the intimate details of her life before the presidency,” said Robert Dallek, a prominent presidential historian. “It’s all part of the historical record.”**


Pero los historiadores que piden un periodo de gracia en la privacidad para que luego les sean abiertas las puertas de la intimidad de sus biografiados se tendrán que enfrentar a retos más peligrosos que el dedo borrador. Me refiero a la obsolescencia de los dispositivos y al deterioro y pérdida de la información. Aquella escena del historiador encontrando cartas y diarios en viejas cajas en los desvanes, por recurrir a un tópico muy visual, se desvanece en el presente digital y será complicada en el futuro.

Sin necesidad de ser Hillary Clinton, nosotros mismos perdemos el acceso a la información propia por toda una serie de dificultades que se acumulan en nuestra vida digital. ¿Qué ocurre, por ejemplo, si tenemos nuestra información en la "nube", como es la tendencia creciente? ¿Qué ocurre con los viejos dispositivos electrónicos en los que guardamos materiales documentales? ¿Cuántas veces ha perdido usted su pen-drive sin tener copia de todo?
Aquello tan bonito —como hizo Thomas Mann— de que se abran mis cajas con diarios, cartas, etc. veinte, cincuenta... años después de mi muerte deja de tener sentido en un entorno mediático tan cambiante y acelerado como en el que vivimos. Los historiadores pueden esperar aunque, eso sí no hay garantías de que lo encontrado sea interesante. Señalaba Manuel Vicent sobre los diarios de Mann:

Desde su juventud hasta el final de sus días Thomas Mann llevó un diario que sólo pudo ser leído veinte años después de su muerte, por propio deseo expresado en su testamento. En distintos cuadernos secretos había ido anotando los pormenores de su existencia. Cada jornada, una detrás de otra, fue desmenuzada en todos sus actos anodinos: miles de desayunos con huevos escalfados, miles de resfriados y mareos, miles de paseos sólo o acompañado de su mujer Katia o de su perro Toby por los bosques, por los parques de distintas ciudades donde vivió, en su patria o en el exilio de Suiza o de Norteamérica. En esas páginas, datadas de forma meticulosa, el escritor dejaba constancia de las visitas de amigos, de los tés de las cinco de la tarde, de los viajes en tren, en coche o en barco, de las piezas de música oídas mientras se fumaba un puro antes de ir a la cama y también de las poluciones nocturnas, de las masturbaciones y de otros movimientos escabrosos de la carne, de las pulsiones homosexuales que sentía al ver a un joven y hermoso camarero. En cambio, en ese diario le bastó con una línea para fijar la llegada de Hitler al poder y con algún mínimo párrafo para despachar el desarrollo de la Guerra Mundial a medias compartida con las tribulaciones que sufría por sus hijos y el trabajo con los distintos libros que iba escribiendo, sus ensayos, conferencias y discursos, sin un solo pensamiento que no fuera el sonido del minutero del reloj de la vida en el que se iba desangrando. Al parecer Thomas Mann creía que cualquier nimiedad cotidiana tenía una trascendencia sublime por el simple hecho de que le ocurría a él cuya alta estima era capaz de convertir un catarro en una categoría suprema. Pero estos escritos secretos tienen la virtud de descubrirnos el derribo interior que se ocultaba detrás de una fachada impecable, sin una sola grieta.***


Durante años los historiadores esperaron a que se abrieran las cajas para hacer la biografía definitiva, la que incluyera la vida privada junto a la pública. Las decepciones, en muchos casos, han sido grandes. La vida privada de las personas públicas puede ser tan aburrida como la de cualquier mortal. Si no lo es, corres el riesgo de acabar como Dominique Strauss-Kahn.
Pretender que alguien que ha estado preocupado por su papel en la Historia deje un testimonio sincero es bastante ingenuo. El que teme ser juzgado va borrando huellas. Si los historiadores quieren saber más, piensan, que se busquen la vida.
Queda la cuestión de las filtraciones. Los sistemas digitales son más vulnerables y los documentos pueden llegar a manos de los rivales antes que de los historiadores. Las filtraciones de archivos personales es peligrosa y los personajes con trascendencia pública lo experimentan en sus carnes con frecuencia.


La desesperación de los historiadores es comprensible. Las prevenciones de los futuros ocupantes de los libros (o lo que sea) de Historia también. Durante siglos muchos personajes públicos han estado obsesionados por qué diría la Historia de ellos. Hoy preocupa el día a día, es decir, la opinión pública. La vida es la vida, la que a cada uno la toca; la biografía es lo que otros cuentan, es el trabajo de los demás.
¿Hemos perdido sentido de la Historia? Probablemente sí. ¿Pensaba en la Historia Hillary Clinton cuando su dedo borrador acabó con los 30.000 correos? Probablemente, no. Pensaba en que más vale ser una candidata criticada que una candidata hackeada.


* "Hillary Clinton Emails: A Timeline of What Rules Were Allegedly Ignored" ABCNews 6/03/2015 http://abcnews.go.com/Politics/hillary-clinton-emails-timeline-rules-allegedly/story?id=29442707
** "Awash in Information, Historians Fear Loss of Rich Material" The New York Times  12/03/2015 http://www.nytimes.com/2015/03/13/us/awash-in-information-historians-fear-loss-of-rich-material.html?hpw&rref=politics&action=click&pgtype=Homepage&module=well-region&region=bottom-well&WT.nav=bottom-well 

** Manuel Vicent "Thomas Mann: entre la belleza y el cieno" El país- Archivo http://elpais.com/diario/2009/08/22/babelia/1250898618_850215.html22/08/2009