Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
El daño
que ha hecho a Donald Trump la publicación del libro de Michael Wolff, en mi
opinión, le ha afectado en dos puntos esenciales: la distancia entre cómo se
percibe respecto a cómo le perciben los demás y la siembra de desconfianza sobre
los que le rodean. Puede haber otros, pero creo que esos dos puntos explican el
estallido de Trump, la ira desatada tras la publicación.
Una
persona del temperamento de Trump, acostumbrado a que no se le contradiga, es
una persona condenada al desengaño explosivo. Durante la mayor parte del
tiempo, los que le rodean tratan de evitar la confrontación directa, pero al
alejarse, salen a la luz todas las contenciones, como ha ocurrido con Steve
Bannon, por ejemplo, en el que se ha focalizado gran parte de la ira. Eso se
conecta con la segunda parte: la confianza en los equipos. Una persona con las
debilidades y carencias de Trump tiene que estar rodeado de un equipo de
absoluta confianza, devoción si es
posible. Este aspecto ya se resaltó, desde sus propias declaraciones
anteriores, cuando debía formar un equipo. Trump no se fía de casi nadie, por
eso la familia ha sido una baza importante para los puestos de confianza.
El
hecho de que se citen 200 fuentes próximas a Donald Trump para la elaboración del
libro de Wolff ha hecho saltar todas sus alarmas. Cada vez que niega lo que se
cuenta en el libro, aumenta la probabilidad de ser cierto. Es una regla que se
traduce en el consejo de no remover demasiado lo que se quiere que pase
desapercibido. Trump ha hecho lo contrario: ha montado el gran escándalo y ha
tratado de prohibir la venta del libro, algo que las ha acelerado e
intensificado. El libro de Wolff será probablemente uno de los grandes
bestsellers del año, con Donald Trump y sus ataques de ira como mejor promotor.

En The New York Times,
Peter Baker escribe sobre la tradición que enfrenta a los presidentes de los
Estados Unidos con los libros publicados por personas próximas que plantean
unas imágenes diferentes a las que se han percibido gracias al acceso directo a
la trastienda política. Lo que se veía desde fuera, ahora se nos muestra desde
dentro. Muchos presidentes, explica el periodista, se han tenido que enfrentar
a obras que nos les han gustado mucho a cargo de sus ex colaboradores o por sus
declaraciones en libros de periodistas e historiadores. Señala Baker:
What is different about Mr. Bannon’s stark
assessments in Michael Wolff’s new book, “Fire and Fury: Inside the Trump White
House,” is not that a former aide would speak out, but that it would happen so
early in a presidency. Most books of this sort appear later in a president’s
tenure, or even after its end, not before the one-year anniversary. But then
again, Mr. Trump’s White House has burned through staff so quickly that the
usual patterns have accelerated dramatically.
In a way, what is shocking about the book is
that its depiction of a capricious, uninformed and erratic president is not
really all that shocking. Indeed, while the White House and various others
challenge the accuracy of specific episodes in the book, its broader portrayal
largely squares with the journalistic coverage of the past year based on the
president’s own staff.
Many readers and viewers have become numb to
the stories after watching them play out in public day in and day out. Twitter
has made clear that Mr. Trump veers wildly from subject to subject, fight to
fight. Fact checkers have made clear that he has a strained relationship with
the truth.
Mr. Bannon is quoted in the book saying things
that other advisers have said confidentially for months — that the president is
stunningly undisciplined with no patience or interest in learning and driven by
intemperate, sometimes absurd motivations. At one point, Mr. Bannon describes
Mr. Trump acting “like a 9-year-old,” an observation that has power not because
it was unique to those who worked for the president but because it is now on
the record in Mr. Bannon’s name.*
Lo sorprendente de la obra de Michael Wolff no es lo que nos
descubre, sino lo que nos confirma. Casi nada de lo que hay en el libro es
sorprendente; de todo ello hay muestras. Lo que impacta es, como suele decirse,
verlo junto, en un día a día y ¡en tan solo un año!
La última observación de Baker, las fuentes, es la reacción
del que sabe que se ha "equivocado" en la elección del colaborador o
asesor. De Trump se ha dicho de todo, pero ahora lo importante es quién lo dice. La ira de Trump tiene un
"objeto" sobre el que centrarse: Bannon. Cuanto mayor sea la
proximidad, mayor es la traición. Bannon era quien le dio la orientación a
Trump y puso a su servicio todo un entramado informativo. Él era el estratega y
su arte debía ser el de asesorar sin que lo pareciese, "¡qué buena idea se
le ha ocurrido hoy, jefe!". En el momento en el que esta ficción se rompe,
el narcicismo de Trump no lo soporta.
Egipto es uno de los países en el que el impacto de lo que
haga Trump es mayor. La "amistad" del presidente norteamericano con
el "fantastic guy", el presidente al-Sisi, se ha vuelto muy
complicada después de que los egipcios descubrieran
la capacidad de manipulación de Trump.
Lo debieron descubrir ya con el caso de la liberación de Aya
Hijazi, la activista egipcio-norteamericana encarcelada, que Trump presentó
como un triunfo propio frente a una dictadura. Lo que se trató de vender en
Egipto como "normal" gracias a que fueron los jueces quienes la
ponían en libertad —no una intervención extranjera que violara la soberanía—,
se convirtió en un acto de sumisión
ante el poder recuperado de los Estados Unidos en las manos del nuevo
presidente. Era una puñalada por la espalda a Egipto. Trump vendía que era él
quien había sacado de la cárcel egipcia a la activista y al-Sisi era el horrendo dictador que la había
encarcelado en una sombría prisión.
Trump siempre será un vendedor de sí mismo.

Lo ocurrido con el traslado de la embajada de Tel Aviv a
Jerusalén ha dejado al gobierno de al-Sisi muy debilitado en cuanto a su
proyección internacional ya que se vuelve complicado citar a los Estados Unidos.
Ha hecho que su "amistad" pase a ser tóxica en un momento en el que
Egipto se enfrenta a unas elecciones presidenciales. Por ello ha sido quien
presentó ante el Consejo de Seguridad la petición contra la acción de Estados
Unidos. Sabían que no saldría adelante por el veto, pero necesitaban seguir
vendiendo liderazgo ante el mundo árabe. N ha servido de mucho. Se verá en los
próximos recortes. "¡Lo que vamos a ahorrar!", sentenció Trump tras
el desaire en Naciones Unidas.
La lectura de Trump en Egipto es un interesante ejercicio de
cálculo de la imagen a sabiendas que afecta a la del presidente al-Sisi. De
esta forma, podemos leer el siguiente titular en el estatal Ahram Online: "Tillerson
backs Trump as book casts mental health doubts"**. Mientras The New York
Times y la casi totalidad de los medios mundiales consideran que la
personalidad de Trump es cuanto menos peculiar,
el diario egipcio resalta la defensa de Tillerson. Pero el texto publicado
también nos deja entrelíneas detalles de Trump:
Washington's chief diplomat Rex Tillerson found
himself obliged to defend President Donald Trump's fitness for office Friday
after a bombshell new book called into doubt his mental health.
In an extraordinary portion of a television
interview on foreign policy challenges, Tillerson was asked about claims that
Trump has a short attention span, regularly repeats himself and refuses to read
briefing notes.
"I've never questioned his mental fitness.
I've had no reason to question his mental fitness," said Tillerson, whose
office was last year forced to deny reports that he had referred to Trump as a
"moron" after a national security meeting.
And, even in defending Trump, the former
ExxonMobil chief executive admitted he has had to learn how to relay information
to a president with a very different decision-making style.
"I have to learn how he takes information
in, processes it and makes decisions," Tillerson told CNN. "I'm here
to serve his presidency. So I've had to spend a lot of time understanding how
to best communicate with him."
But Tillerson emphasized the right decisions
had been made and that the United States is in a stronger place internationally
thanks to Trump's policies.
"He is not a typical president of the
past, I think that's well recognized -- that's also why the American people
chose him," he said, insisting that he does not expect to be asked to
resign in the coming year.**

La expresión de Tillerson "a very different
decision-making style" es casi un eufemismo. La excepcionalidad de Trump
es indudable, pero solo la consideran "positiva" sus apoyos. No
sabemos exactamente cuánto tiempo le llevó a Rex Tillerson
"comprender" cómo funciona la cabeza del presidente Trump. Ha habido
presidentes de todos los órdenes en la Casa Blanca, pero Trump va a batir los
records de estimaciones sobre su salud o estabilidad mental. Por muy esquiva
que pueda ser la definición de "salud mental", la coincidencia de
tantos en cuestionar la de Trump plantea un caso insólito en la historia de la
democracia estadounidense (y probablemente en la de todo el mundo). No se habla
aquí de manías, fobias, etc. que pudieran manifestarse, de las que supongo
habrá un amplio anecdotario en la Casa Blanca. Se habla directamente de salud
mental, de inestabilidad mental.
El largo artículo en Ahram
Online señala otro elemento coincidente con la salida del libro de Wolff:
The publication came as it emerged that at
least a dozen members of the US Congress were briefed last month by a Yale
University professor of psychiatry on Trump's mental health.
"Lawmakers were saying they have been very
concerned about this, the president's dangerousness, the dangers that his
mental instability poses on the nation," Bandy Lee, a doctor, told CNN.**
Recordarán los pacientes lectores al artículo que le
dedicamos a la denominada "Norma Goldwater", una norma ética que
impide a los psiquiatras emitir cualquier tipo de diagnóstico sobre una persona
a la que no hayan tratado directamente. Surgió cuando en 1964 la revista Fact
publicó un artículo respaldado por más de 1.000 psiquiatras sobre el candidato
Barry Goldwater "entrando" en su mente. Los profesionales de la
psiquiatría trataban de evitar que su campo fuera un arma política.
Sin embargo, si repasamos las noticias sobre esta cuestión,
la prensa está repleta desde 2015-16, con las primarias y la posterior campaña
presidencial, de informes, artículos, etc. a cargo de profesionales calibrando
la estabilidad mental de Donald Trump. Por supuestos, los que afirman lo mismo
sin tener titulación son incontables.
Se reafirma con ello la idea de Peter Baker en The New York Times: lo escandaloso del
libro es que confirma lo que ya todos sabían. El acto heroico de Rex Tillerson de "reprogramarse", tirando
por la borda todo lo que sabía sobre la comunicación de la especie humana para
poder comunicarse con Trump, lo acerca a "El milagro de Anna
Sullivan". Finalmente, consiguió establecer contacto. A menos, claro está,
que sea una ilusión y solo crea entenderle.
Michael Wolff ha abierto una senda. Los colaboradores,
asesores y empleados de la Casa Blanca han visto el efecto del libro. Más de uno
estará tentado a seguir ese camino en cuanto que —es cuestión de tiempo— el
jefe tenga un día peor de lo habitual. Los acuerdos de confidencialidad que
Trump ha importado del mundo de los negocios tienen que demostrar que están por
encima de la Historia. El presidente forma parte
de los Estados Unidos, no es dueño de su imagen, algo que Trump nunca ha
entendido. Se lo han recordado muchas veces pero no ha querido entenderlo.
Pagará sus consecuencias. La agencia France Press escribe:
El jueves, un abogado de Trump
envió una carta de 11 páginas al editor del libro conminándolo a suspender su
publicación y distribución.
"El señor Trump exige que se
interrumpa y evite cualquier publicación, divulgación o distribución del
libro", y además que los responsables publiquen "una retractación
plena y completa así como un pedido de disculpas", pidió el abogado de
Trump.
"Además, por favor envíe de
inmediato una copia electrónica del libro (...) y vía mensajero una copia en
papel a esta oficina para que podamos evaluar adecuadamente las declaraciones
contenidas", añadieron los abogados del presidente al editor.
Sin embargo, poco más tarde la
editora anunció la decisión de adelantar el lanzamiento del libro a raíz de una
"demanda sin precedentes".
Desde el miércoles, cuando se
conocieron extractos de su contenido, el libro encabeza todas las listas de
demanda de compra anticipada.
El volumen -que desde la víspera
ya circula por las redacciones de Washington, inclusive la de AFP- muestra a la
Casa Blanca sumergida en un caos constante y generalizado en la disputa por una
fracción de poder y un Trump incapaz de imponer orden.
En referencia a la carta del
abogado de Trump, Wolff comentó este viernes que deseaba saber "a dónde le
envío unos chocolates. Porque no solamente me está ayudando a vender mi libro,
sino que también me está ayudando a probar el punto central del libro".
En opinión del autor, "es
extraordinario que el presidente de Estados Unidos trate de impedir la
publicación de un libro. Eso no puede pasar. No ha pasado con otros
presidentes", advirtió.***
Trump se ha convertido en la mejor publicidad para el libro
de Wolff y la peor para él. En cualquier caso, no se debe olvidad que es una
persona que se alimenta de energía negativa. Trump no se va a derrumbar por lo
que se diga de él. Los que se deberían ir derrumbando son sus apoyos, que es el
verdadero objetivo. Trump debe llegar al final de su mandato, es cierto. Lo
importante es en qué condiciones y si el mundo lo va a soportar.
Trump está destinado a ser un subgénero político, una extravaganza [1] histórica, cuyo
análisis tendrá que basarse en herramientas más allá de la lógica
"normal". Trump es un gigantesco error de la democracia americana, el
taller de prueba de las demás democracias. Es la demostración de un fracaso del
que toman nota los dictadores del mundo. Es la prueba de la debilidad del
sistema cuando se relajan los mecanismos de vigilancia y aumenta la
manipulación; cuando los intereses económicos se anteponen a los de la sociedad
y cuando la ideología solo tiene a su alcance discursos llenos de retórica
hueca y patriotera. Trump, sí, es un
síntoma de algo que hay que curar en la sociedad que le ha llevado hasta
la cumbre. Él no tiene cura.
Quizá lo más práctico sea lo que hace Tillerson, decir que ha
conseguido establecer contacto con el jefe e interpretar sus señales traduciéndolas
a alguna lengua conocida tratando de evitar el máximo de desastres.
[1] "An
extravaganza is a literary or musical
work (often musical theatre) characterized by freedom of style and structure
and usually containing elements of burlesque, pantomime, music hall and parody.
It sometimes also has elements of cabaret, circus, revue, variety, vaudeville
and mime Extravaganza may more
broadly refer to an elaborate, spectacular, and expensive theatrical
production." Wikipedia.
* Peter
Baker "For Trump, Book Raises Familiar Questions of Loyalty and
Candor" The New York Times 5/01/2018
https://www.nytimes.com/2018/01/05/us/politics/trump-fire-fury-book-loyalty.html
**
"Tillerson backs Trump as book casts mental health doubts" Ahram
Online 6/01/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/9/286673/World/International/Tillerson-backs-Trump-as-book-casts-mental-health-.aspx
*** "Allegados de Trump cuestionan su "capacidad
de gobernar"" AFP 5/01/2018
https://www.afp.com/es/noticias/24/allegados-de-trump-cuestionan-su-capacidad-de-gobernar-doc-vq2f44