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sábado, 31 de enero de 2026

El hoy de los Juan Nadie

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer noche tuvimos la ocasión de recuperar en una de estas sesiones trimestrales que me piden la magnífica película de Frank Capra "Juan Nadie" (Meet John Doe 1941). Las obras de arte nos abren puertas entre el presente y el pasado en nuestras mentes. Vemos lo que nos decían antes y lo confrontamos con nuestras experiencias y conocimientos en el presente. Nuestra mente asociativa establece comparaciones, conexiones, similitudes sin que lo podamos evitar. Así funciona nuestra mente y así funciona la cultura, acumulando y comparando.

En el caso de Juan Nadie nuestras mentes se dirigen en ese viaje de ida y vuelta hacia lo que vemos en la pantalla y lo que vemos cada día en nuestro presente. Muchas veces pueden ser casualidades, en otras, como en la película de Capra, nos encontramos con problemas enquistados, crisis recurrentes, con situaciones no resueltas que están en el origen de los conflictos.

La película está fechada en 1941, el año en el que Estados Unidos entre en la II Guerra Mundial tras el ataque de Japón en Pearl Harbour. Es, por lo tanto, un momento de máxima tensión internacional y el cine lo refleja en esta comedia que acaba en tragedia. Juan Nadie es un "invento" surgido de la venganza de una periodista despedida en la renovación de un periódico. La película comienza con el cambio de rótulo en la entrada el viejo periódico. Se borra la expresión "libertad de prensa" y sigue con los despidos por parte de la nueva dirección. La venganza de la periodista Ann Mitchell (Barbara Stanwick) es una carta falsa firmada por un tal Juan Nadie, que amenaza con suicidarse en Nochebuena como protesta al giro egoísta que ha tomado una sociedad llena de desempleados, gente empobrecida tras el "crack del 29". Para sorpresa de todos, se presentan todo tipo de mendigos callejeros diciendo ser los autores de la carta ante la idea de que se les ofrecerá un trabajo. Creen que la farsa resultará rentable para aumentar las tiradas y le dan la "personalidad" de Juan Nadie a Long John Willougby, un exjugador de béisbol lesionado que vive con otro mendigo bajo los puentes, "El Coronel".

Pronto la trama va creciendo y el fenómeno social que supone el sensacionalismo morboso de su suicidio navideño desborda todas las expectativas. El mensaje de Juan Nadie pasa a ser una reivindicación del "hombre común" con una filosofía reivindicativa de la amistad, la solidaridad y el alejamiento de los políticos como seres ineficaces que solo luchan por el poder y por el enriquecimiento propio.

"Juan Nadie" es una película sobre la manipulación combinada de la política y de los medios, que actúan al servicio de los políticos, que crean polémicas y enfrentamientos con el fin de atraer la atención. Detrás de cada medio hay un grupo o partido

¿Les va sonando? Pues el resto de la película les sonará más todavía.

En un mundo como el actual, un mundo totalmente sometido a la información, lo que era motivo de crítica a finales de los años 30 es hoy normalidad. Lo que pretendían entonces y por lo que creaban complejas estrategias desde el poder conectado a los medios, forma parte hoy de la disputa diaria en la que unas cadenas y medios se acusan unos a otros de estar al servicio de intereses políticos y económicos.

Recomiendo que busquen esta película y la vean como más allá de una de las comedias que de Capra que nos dan por navidades. Capra y sus guionistas supieron usar los géneros para trasladar un mensaje claro sobre el estado de la sociedad, algo que los estudios quisieron evitar con la idea de que la gente que vive en situaciones problemáticas —como ocurría entonces en el caos, la pobreza, etc.— quiere olvidarla. La respuesta mayoritaria de los estudios fue "la fábrica de sueños" en vez de la lupa analítica sobre las situaciones en las que se encontraban sumido.

Juan Nadie es un análisis con escalpelo de deseo de poder frente a la sencillez de los "Juna Nadie" que componen la sociedad norteamericana. No se trata de crear mitos sino de aceptar realidades, la de la vecindad: si se trata bien al que vive junto a ti, si derribas cercas y muros con un saludo, el mundo cambia.

Es imposible no escuchar las palabras de D.B. Norton (Edward Arnold), el magnate que quiere todo el poder y que no difiere de lo que está ocurriendo en la Europa de nazis y fascistas, sin compararlo con palabras que escuchamos hoy. No es posible contemplar en la pantalla sus tropas paramilitares sin pensar en lo que vemos hoy en las calles de Mineápolis u otros espacios bajo vigilancia.

Con todas las distancias que queramos, siguen perviviendo las viejas perversiones y maldades políticas, las ambiciones de poder absoluto, las camarillas de intereses económicos, las compras de medios para hacerse con el discurso central con el que manipular a la gente.

Juan Nadie es, como hemos señalado, una película sobre la manipulación, sobre un mundo lleno de "fakes", de falsedades manipuladoras para hacerse con la opinión pública. Los Juan Nadie del mundo son un valioso tesoro de votos, de posibilidades de consumo dirigido. Son las víctimas a las que dora la píldora para hacerse con su fuerza basada en el número, en su buena fe. Son una fuerza por explotar con la astucia y herramientas adecuadas, esencialmente los medios controlados.

La película encantó a los asistentes al cineforum, que aplaudieron al final. Después se produjo un entretenido debate, lleno de ideas y coincidencias. Si tienen ocasión, vean "Juan Nadie". Es algo más que una buena película, algo a mitad de camino entre el pasado y el futuro; una película que nos habla cara a cara y nos ayuda a comprender mejor lo que nos rodea.

 


Ficha:

Juan Nadie (Meet John Doe) 1941

Director: Frank Capra

Guionistas: Richard Connell, Robert Presnell Sr. y Robert Riskin

Intérpretes: Gary Cooper ('Long John' Willoughby), Barbara Stanwyck (Barbara Stanwyck), D.B. Norton (Edward Arnold ), Walter Brennan (The 'Colonel'), Spring Byington (Mrs. Mitchell), James Gleason (Henry Connell), Gene Lockhart (Mayor Lovett), Rod La Rocque (Ted Sheldon)...

Música: Dimitri Tiomkin

Productores: Farnk Capra y Robert Riskin

sábado, 20 de agosto de 2016

Epifanía de sombras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mada Masr trae un artículo interesante firmado por Mohamed Gamal. La ironía del artículo es patente: es la recomendación de cinco películas al presidente Abdel Fattah El-Sisi por parte de un "seguidor". Son cinco películas, nos dice el articulista, que debería ver para un mejor gobierno del país. La lista incluye "Matrix", "Doce hombres sin piedad", "Wag the Dog", "1984" y "El discurso del rey", películas muy diferentes en estilo y temática. 
Los motivos por los que estas películas son recomendadas al presidente son más obvios en algunos casos que en otros, pero todas manifiestan ironía sobre la forma en que se ejerce el poder hoy en Egipto. De las teorías de la conspiración (Matrix) a la forma de administrar justicia (Doce hombres sin piedad), cada una de ellas representa una crítica al Egipto actual mostrando una carencia, un déficit que debería ser corregido para que el país funcionara mejor.
Más allá del ejercicio de ingenio, me interesa la historia que la motiva y que le sirve a Mohamed Gamal como introducción:

In 1949, just three years before the blessed Free Officers Movement and one year after returning from the war in Palestine, a young Egyptian man called Gamal Abdel Nasser bought a ticket — according to news website Dot Masr — to see US film It’s a Wonderful Life. When the show ended, he bought a ticket to watch it again. The next day, he returned with his friend Abdel Hakim Amer to watch the film for a third time.
Immediately after the revolution, Nasser asked the production company for a copy of the film to screen it in the military camps. On March 4, 1953, he wrote an article in Akher Sa’a magazine titled “A Story That Has Influenced My Life,” describing the film as “one of the strongest moral influences on my life.” “If I could take each citizen with me to a cinema screening that film, I wouldn’t hesitate,” he added.*


La película de Capra "¡Qué bello es vivir!" es ya un clásico que, como suele ocurrir en estos tiempos, queda enterrado entre el desprecio por lo viejo y la arrogante adoración de la moda. Para Nasser, por supuesto, "It's a Wonderful Life!" no era un filme clásico, sino una novedosa producción de 1946, tres años antes de que él la viera y se asombrara ante este film que llegaba, cargado de esperanza, después de que el mundo quedara al borde de la destrucción total, un año después de acabar la II Guerra Mundial.
Nasser deseaba haber podido llevar a cada egipcio de la mano al cine y sentarse junto a ellos a ver aquella película, verlos emocionarse y salir cargados de esperanza, de vitalidad, pensando que, pese a todo, es bello vivir. Merece la pena cuando te dan la ocasión de ver lo que pierdes antes de arrojar la toalla.


Pero no tenemos un ángel que nos eche una mano en estas cosas. El ángel lo debemos llevar dentro para animarnos e imaginar futuros desastrosos junto a opciones mejores que deberemos construir. Esto está al alcance de pocos, pues el pesimismo suele ser más general que el optimismo. Por eso hacen falta soñadores con capacidad de persuasión que lleven a la esperanza de mundo mejores. Las dos capacidades son necesarias, soñar y seducir, que es lo que se suele llamar "carisma", una especie de ilusión contagiosa que hace confiar en quien dibuja ante nuestros ojos lo que está por llegar. Algunos ofrecen el apocalipsis, otros mundos mejores que deben ser construidos con el esfuerzo común.


No hay duda de que Nasser fue un personaje carismático, una conjunción de muchos factores. Lo que sintió en aquella sala viendo la película de Capra le sirvió de impulso para ver lo que quería y lo que quería hacer ver: lo que aquella historia le mostraba. Allí estaba simbólicamente la realidad que quería para su país y para sí mismo.
Mohamed Gamal explica lo que Nasser contó sobre su experiencia y lo que significó para él aquella "epifanía" de sombras que transcurría frente en la pantalla:

In his article, Nasser revealed the secret of his attachment to it: “the film is a genuine representation of my perception of the individual’s value, and my belief that one individual can change the history of a nation and perhaps even the history of the world.” This followed a complaint about the citizens’ lack of enthusiasm: “The most nerve-wrecking thing for me during the [free officers’] movement’s first days was feeling that many of my fellow countrymen stood by watching us, and their contribution to our efforts did not exceed cheering and applause.”**


El presidente El-Sisi dice que fue llamado a la presidencia mediante un sueño revelador. Nasser, en cambio, estaba despierto en la sala de un cine. Su experiencia epifánica, según se queja, no tuvo la respuesta que él quiso. Su deseo de proyectarla en todos los cuarteles y que los soldados la vieran, al igual que con los demás ciudadanos egipcios, era intentar contagiar la fe y el entusiasmo. Pero Nasser —esa es su queja— comprobó que muchos no estaban dispuestos a ir más allá de corear vítores y aplaudir.

La observación no viene de un revolucionario fracasado sino de un líder exitoso que comprueba que hay una gran distancia entre los aplausos y vítores y el deseo efectivo de trabajar para todos, llevar adelante esos sueños.
Los sueños se pueden tener mientras se duerme, pero para cumplirlos hay que despertar y trabajar duro. Algunos, en cambio, prefieren seguir soñando y quienes lo saben se dedican a alentarlos.
La visión del liderazgo que Nasser tenía —una persona puede cambiar el mundo— chocó pronto con la realidad de que el mundo no cambia si un número suficiente de personas no se ponen en ello. Su inocente deseo de que todos vieran aquella emotiva película chocó pronto con la realidad: es fácil llorar en el cine —Nasser definió a los egipcios como "sentimentales"— y no hacer nada después.


La queja de Nasser por la actitud de la gente no es nueva. Es fácil aplaudir y vitorear; es muy fácil estar en primera fila cuando pasa el desfile agitando banderas. Nasser sabía que Egipto necesitaba algo más que el narcisismo de sus dirigentes o llorar en la oscuridad de las salas. Conocía bien el defecto nacional de la adulación, buscar el premio para quien más aplaude y no para el que mejor trabaja. Hay anécdotas que le muestran tratando de prevenirse contra ella.
La adulación es lo contrario de la crítica. La crítica es necesaria para corregir los errores. La acusación constante de traición a los que ejercen la crítica, a los que señalan al poder sus errores, ha condenado a Egipto a tener en primera línea a los aduladores, ya sea en los medios o en el gobierno. Adulando se llega lejos; criticando, a la cárcel o al exilio.

La adulación es una forma de inversión. Quien la realiza está protegiendo su futuro pensando que será protegido porque sus halagos gustan. Nasser tuvo que dar la noticia de que un gran desastre se había producido, el Ejército egipcio había perdido en la llamada Guerra de los Seis Días. 
No se le perdonó a Nasser aquella derrota. La inversión en adulación se transformó en inversión en crítica, que pasó a ser más rentable.
Nasser tuvo muchas virtudes, algunas peligrosas, como la comprensión de las debilidades ajenas. Asumió como propia la derrota de Egipto y Egipto lo aceptó. Su sucesor, Anwar El-Sadat, firmó la paz con Israel y le mataron. Su sucesor, Hosni Mubarak, decidió aprender de lo que a ambos les había llevado al fracaso y a la muerte. Los egipcios contaban chistes sobre él pero gobernó treinta años sin demasiados problemas, contando con que repartiendo la corrupción nadie tendría mucho interés en que el régimen cayera. Hoy es de nuevo casi un héroe y falta poco para que se den públicas excusas por haberle derrocado. Se le percibe por muchos no como un autócrata corrupto, sino como un patriarca bienintencionado y malentendido, un padre para todos los egipcios que supo comprender que hacía falta estabilidad y cómo imponerla: mucha policía y poca explicación.


Hoy el estado egipcio paga toda esa ineficacia y corrupción estando al borde de la ruina, según los indicadores, porque ningún gobernante ha asumido jamás que el poder se conservara más que con una equilibrada mezcla de adulación y represión. Los subsidios han sido más fáciles que el esfuerzo por sacar adelante al país. Las personas que han podido aportar algo lo han dejado de hacer ante la preferencia por los aduladores y aplaudidores. Adular, como decimos, es una inversión.


El FBI consideraba que la película de Capra formaba parte de la infiltración comunista en Hollywood, cuya estrategia general era presentar negativamente a los banqueros. Así lo hizo constar en un informe. Después del crack del 29, no había muchas formas positivas de presentar a los banqueros, como tampoco la ha habido después de 2008.
Pero a Nasser lo que le gustaba era esa fuerza de lo individual y de su deseo de cambiar el mundo. Lo interesante de la historia es su deseo de que todos vieran aquella película y no solo que le escucharan a él contarla y aplaudieran después. Sabía que lo importante era que la gente se diera cuenta de ello, que eso era lo que sacaría adelante al país. A todo el mundo le gusta tener un líder salvador; gusta menos un líder que nos diga que la salvación está en nuestro esfuerzo. Eso implica el comienzo de la pérdida de la magia.


Tras la caída de Nasser, los que llegaron encerraron a los nasseristas en cárceles. Hoy los nasseristas le diputan el poder a los seguidores de El-Sisi, que a su vez se empeñan en unirlos en carteles creando una extraña fusión política. Nasser, al que la mayoría dio la espalda cuando fue derrotado, resulta estar hoy en todas partes y en ninguna. 
Hoy el poder es la película y se llora en las salas. También fuera, aunque por motivos bien distintos. Los tiempos de las lágrimas están llegando y lo hacen sin poder ser escondidas. Las fotos se besan, pero no se comen. No por tener más fotos se es mejor gobernante.
No sé si las cinco películas que le recomiendan a El-Sisi darán lugar a una epifanía como la experimentada por Nasser. Tengo mis dudas.




* Mohamed Gamal "5 movies a Sisi supporter recommends for his president" Mada Masr 17/08/2016 http://www.madamasr.com/sections/culture/5-movies-sisi-supporter-recommends-his-president




lunes, 19 de enero de 2015

El idealismo de Capra

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Consumidos mis estrenos de cine locales del fin de semana con la estupenda "La teoría del todo", decido darme un respiro de sobremesa con  un clásico, Caballero sin espada (Mr Smith Goes to Washington, Frank Capra 1939). Hacía muchos años que no volvía a un cineasta con cuyas películas que disfruté mucho. Por algún extraño efecto de la memoria, tienes archivadas sus películas en una carpeta mental donde colocas la buena voluntad distanciada de la realidad, unas históricas mágicas con finales felices poco acordes con lo que vas descubriendo después. La revisión de Caballero sin espada es, sin embargo, el descubrimiento de que no se deben aparcar los ideales por muy cínico que se convierta el mundo.
La historia del interesado nombramiento como senador de un dirigente de scouts,  los Boy Rangers, para que no investigue en un negocio fraudulento de compra de tierras para instalar una presa, le sirve a Frank Capra para construir una emotiva y vibrante película. Jefferson Smith, el idealista que se sabe los discursos de Lincoln, su héroe, se enfrentará —en el lugar que él cree es la sede de la democracia— a los políticos que han perdido sus ideales y solo buscan su propio beneficio. 
El hijo del director, ejemplar siempre en el mantenimiento del legado, explica que las películas de Capra tienen finales felices, pero que hay que ganárselos. Y eso es lo que hace Smith, demostrar que hay que luchar por lo que uno cree. Explican los expertos en su obra que Capra, católico, siempre entendió que la democracia sirve de muy poco si uno no tiene como finalidad la preocupación por el prójimo, si no se preocupa por los demás.
Caballero sin espada es un canto a los valores de la democracia, sí, pero de una democracia que uno tiene que defender y con la que hay que estar comprometido solidariamente. Smith, con todo en contra, está a punto de tirar la toalla, pero no lo hace. Lo justo de su causa le mantiene en pie.


El hijo de Frank Capra señala que en 1939, con la guerra española terminando, y la mundiala  a punto de estallar, a su padre le pareció necesario hacer una película sobre la democracia. La idea, muy americana, de que la democracia no es algo acabado, sino algo que se hace cada día, confirmándolo con las acciones cotidianas, está presente en la película. Es su núcleo mismo: el que cree en unos valores, los debe defender.

Pasados los años, comprendes que el mensaje de Capra no es infantil ni ingenuo, sino el único posible, el del idealismo, para sobrevivir. Despistan sus formas y los cientos de boy scouts repartiendo su mensaje impreso para evitar el boicot de los medios corruptos, que quieren evitar que sus palabras lleguen al pueblo. Por algún extraño motivo, asociamos la madurez con el desengaño y un cierto escepticismo que nos parece signo de sabiduría. ¡Tremendo error! Ese es precisamente el mensaje que en la película representa el actor Claude Rains, el senador que ha perdido el sentido de para qué y por quién es elegido, y se escuda tras un cómodo la política es hacer concesiones, hay que ceder para poder hacer otras cosas. Eso es autoengaño y la muerte del sistema democrático.
La actualidad de la obra de Capra nos asalta en cada discurso y acabamos sabiendo que tiene razón, que la sabiduría está en el idealismo de pensar en los demás y no en el arte de mantenerse en el poder. Mucho me temo que para muchos Capra no es ni un recuerdo ingenuo. Estamos en un mundo en el que los mayores quieren ser de jóvenes el "pequeño Nicolás", las antípodas del idealismo.


Las películas de Capra, nos dice su hijo, son las de una persona que tuvo el éxito que nadie había tenido, que encadenó, además uno detrás de otro. Pero ese éxito, explica, le hizo más sensible al sufrimiento de la gente, le hizo comprometerse. Cuanto más éxito tenía, más responsable se sentía por lo que ocurría a su alrededor. Y el año 39 era francamente preocupante para el mundo.
El editorial del diario El País, "Merkel habla claro", nos muestra un mundo también preocupante:

Alemania es hoy una de las democracias más avanzadas del mundo, motor y ejemplo de integración de todos los países de Europa, con millones de ciudadanos de diversas razas y religiones; y uno de los lugares en los que los perseguidos de todo el mundo buscan refugio. Un país que vive en paz con sus vecinos y promueve esa paz más allá de sus fronteras.
Ninguna crisis económica, ninguna dificultad política o institucional puede justificar un salto atrás de la magnitud que proponen los seguidores de Pegida. Ni en Alemania ni en el resto de Europa. El hecho de que haya manifestaciones islamófobas en países vecinos como la República Checa y que en muchos lugares se hayan multiplicado las agresiones a mezquitas y negocios árabes —desde las pintadas a los disparos— debe poner en alerta a los Gobiernos y a la sociedad.
Tras una terrible guerra, el desplome de los sistemas totalitarios y décadas de esfuerzos, los derechos civiles imperan en Europa. El combate legítimo contra el yihadismo no puede ser empleado como pantalla de proyectos o iniciativas que están directamente en contra de los valores europeos.*


La combinación de crisis económica y racismo tuvo unas consecuencias graves para Europa y el resto del mundo. La lectura del editorial me ha hecho acordarme de la película de Capra y de sus temores. Cada vez se perciben más discursos que no se corresponden con nuestro sistema de libertades y de las mentalidades que deberían estar detrás. Nos hemos vuelto "usuarios" frívolos de libertades serias, heredadas sin mucho esfuerzo tras el paso de las generaciones disfrutándolas. Con su cine, Frank Capra trataba —son palabras de su hijo— de que la gente fuera consciente de que un sistema de libertades nunca funciona por inercia, sino por el esfuerzo diario, por el ejercicio constante de todas y cada una de las personas que viven en él. La base de la democracia es la preocupación por el prójimo.
Muchas de nuestras quejas provienen de un uso pasivo de nuestras libertades. No hemos sido activos ni vigilantes y ahora nos estallan entre las manos.  Entiendo por actividad algo más que el disfrute propio: la preocupación por los demás. El crecimiento del racismo y la xenofobia durante la crisis económica solo ha desvelado un mal latente, el creciente desinterés por los otros, aquello que estaba en el centro del discurso de las obras de Capra. Se nos ha criado en un egoísmo disfrazado con palabras eufemísticas. Y eso se paga ahora. El individualismo norteamericano de Capra no es insolidaridad, sino lo contrario. Mr Smith lucha por todos, aunque se quede solo; no hay egoísmo en él.


He disfrutado mucho viendo Caballero sin espada, un "quijote", tal como se refieren a él irónicamente en la película. Creo que si hubiera más idealistas en la política —o frente a ella— sería posible que se evitaran muchos males que padecemos hoy. Mucho me temo que los tiempos que vienen van a necesitar del idealismo para tratar de dar sentido al peligroso mundo que vivimos, un momento lleno de desafíos. Los avances de fuerzas retrógradas que, como señala el editorial, apuntan en dirección opuesta a lo que debe ser una democracia, son preocupantes. Preocupante es escuchar, dichas con toda naturalidad, ciertas cosas. Habrá que hacer un esfuerzo para evitar la influencia de los discursos que calan fácilmente y destruyen los valores de la convivencia, exigible a todos. Va calando la idea de la democracia como un ejercicio egoísta, como un sistema meramente numérico en el que cabe cualquier cosa. Jefferson Smith no consigue ganar porque tenga votos sino porque tiene una verdad débil y solitaria y una voluntad inagotable de no dejarla pisotear. Efectivamente, el señor Smith se trabaja su final feliz hasta caer sin fuerzas. Nadie le regala nada.
El idealismo de Capra no es infantilismo, inmadurez, sino la sabiduría del que sabe que aquello que se hace sin ilusión acaba por morirse en la rutina o secuestrado por otros.


* "Merkel habla claro" El País 19/01/2015 http://elpais.com/elpais/2015/01/18/opinion/1421608661_450971.html