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martes, 21 de enero de 2025

¡Heil, Trump!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¡Bien..., ya está! Donald Trump ya está de nuevo en la Casa Blanca. Decenas de decretos firmados, entre ellos cambiarle el nombre al Golfo de México, perdonar a los asaltantes al Capitolio y también confundir a España con uno de los "BRICKS", lo que define perfectamente su personalidad: prepotencia, impunidad e ignorancia. Son las tres líneas que resaltan en lo que va a ser no el futuro, sino ya el presente, el día de ayer.

Tras poner la prensa el foco sobre si la ceremonia se hacía dentro o fuera, si no le llegaba el beso a Melania por el ancho del sombrero (¿su primera derrota?) o si había cambiado el modelo de corbata, nos queda la cruda realidad de lo que va a ser una lucha intensa con Europa y con el mundo. Con Trump, todo es a lo grande.

Después de mostrarnos el saludo nazi y el histrionismo danzarín de Elon Musk y la alegría de gurú Abascal, un privilegiado, a Meloni, la única dirigente europea presente, a un efusivo Javier Milei, que se siente reforzado y la capacidad de contención gestual de Joe Biden (¡no dejará de luchar!, promete, y de Kamala Harris, tras contarnos la ausencia de Michelle Obama, pero la protocolaria de su marido, el ex presidente... tras todo esto, queda la triste realidad, el peligroso futuro, la batalla apenas esbozada.


Nos han mostrado los llantos en la frontera con México, tras el frenazo legislativo y las expulsiones que se prevén inmediatas, masivas, de millones de personas. Nos mostrarán en los próximos días más llantos en muchos sectores que verán cercenados sus derechos ante el desmantelamiento masivo de lo hecho por los demócratas en estos años de administraciones demócratas.

Estados Unidos se ha desdoblado y los diferentes estados que lo componen se reduce ahora a dos, no en paralelo, sino uno sobre otro, uno arrastrando al otro hacia algo que llaman "futuro dorado", pero que no es más que un retroceso a un oscuro pasado inexistente, un pasado imaginario desde el que "América vuelve a ser grande", una frase sin sentido, pero que puede oscilar entre el tamaño físico (anexiones) y el imperialismo más burdo y prepotente que haga de los antiguos "aliados" los nuevos "esclavos", la forma de vengarse de esos complejos ante Europa, la parásita, la que (como la España de los BRICKs) no pagan suficiente por ser protegidas, no compran los que USA produce y quieren energía no contaminante despreciando el gas y el petróleo americanos, sus coches.

Trump se ha rodeado de locos y ambiciosos, son los dos datos del perfil requerido. ¿Qué se puede esperar de algunos de estos tipos, tipos como Musk o que se han pasado rápidamente al lado del poder, como Zuckerberg?

Europa tiene un serio problema. El primero de ellos es no mostrarse contundente ante lo que será un ataque por diversos flancos, chantajes y subidas de aranceles en la misma tacada.

Dice Trump que él es un "pacificador", el nombre, por cierto, que se le daba a una de las armas más populares en el viejo Oeste norteamericano. Él cambiará el mundo para ajustarlo a la "grandeza" de los Estados Unidos. Ya se ha convertido en un tópico recurrente que Dios le salvó para salvar a los Estados Unidos, haciendo felices a los muchos que creen en el principio del "destino manifiesto", de los Estados Unidos como el pueblo elegido, como la nueva Jerusalén. Trump es, por supuesto, el nuevo profeta para esas sectas renacidas, esos grupos religiosos y visionarios, que han estado en el substrato de Norteamérica desde antes de su creación como estado.

Esta mezcla de lo visionario y lo empresarial da a la perfección sentido a su proyecto, que él ha llamado en su discurso de "sentido común", que no es más que una forma de decir que no tendrá que dar explicaciones de lo que haga porque serán obviedades, como invadir el Canal de Panamá, por ejemplo, o llamar Golfo de América al de México, algo que hará modificar mapas y libros de texto para el próximo curso. ¡Cuidado, niños, con equivocaros! ¡América ya es "grande" de nuevo!

Con el reinado del "sentido común", Trump tiene las manos libres ante unos Estados Unidos que han aceptado como lógico mayoritariamente todo lo que haga su presidente, sea lo que sea. 

Trump no necesita de la confianza, sino de la euforia. Necesita ser jaleado, aplaudido con cada acción que realice. Necesita ser aplaudido con cada emigrante deportado, que supone la salvación del país. Le gustaría fotografiarse con cada uno de ellos en la puerta del muro. Si no lo hace es por las molestias, pero puede que algún día se acerque, se dé una vuelta por allí y se fotografíe con ellos, que levante el pulgar y sonría.

¡Pobre Estados Unidos, condenado a tener un presidente divino, un presidente que ha cogido lo peor del país y se lo ha sabido vender como un designio celestial en la mayor operación de mercadotecnia de todos los tiempos!

Con Trump, los invitados europeos, como nuestro Santi Abascal, se muestran eufóricos y prometen acabar con las modernidades globalistas y, como ha resaltado el político español, tonterías como las políticas climáticas y las de género, obstáculos para el progreso tradicionalista. Ya saben, más desastres climáticos y menos igualdad. Con Estados Unidos arruinando el planeta con sus emisiones y presionando a los países para que abandonen las energías limpias y exigiendo que compren su petróleo, Trump nos dice que todo irá mejor, que lo del cambio climático es un cuento de los chinos, como ya dijo en su momento.

El futuro con Trump es otra cosa. Es el discurso negacionista en todas sus variantes. Habrá que vigilar bien dentro y fuera. Habrá que tener presente el crecimiento fomentado del antieuropeísmo y el crecimiento del poder de las empresas tecnológicas que, como ya hemos hablado estos días, serán usadas en su favor y de sus políticas. Es el momento adecuado para tomar decisiones en muchos países antes de que sea demasiado tarde.

Es el momento de ver algún tipo de respuesta dentro de los propios Estados Unidos, algo que muestre la resistencia más allá de las palabras o promesas. Trump desmantelará todo lo que pueda suponer algún tipo de obstáculo y lo hará entre aplausos.

sábado, 7 de enero de 2017

Influencias T1

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La polémica sobre la intervención de Rusia en las elecciones norteamericanas, certificada oficialmente por la CIA en el informe hecho público, lleva a los Estados Unidos a una situación insólita. La ironía de Vladimir Putin —con el cinismo que le caracteriza— es preguntarse ante las acusaciones "¿son los Estados Unidos una república bananera para que Rusia les pueda influir?". La pregunta es puro Putin.
La ironía de todo esto es que los Estados Unidos, por boca de Al Gore, saludaron la llegada de las llamada entonces Superautopistas de la Información como una victoria tras el hundimiento de la Unión Soviética. Se suponía que debían expandir la forma de vida americana y, especialmente, su visión del mundo a todos los rincones. Pero las superautopistas pasaron pronto a serlo de la desinformación o de la contrainformación. Nadie podía ponerlas en orden y sí, en cambio, se podría crear un caos de confusiones, noticias falsas, insinuaciones, etc. que beneficiaran a unos más que a otros. Solo había que apuntar en la dirección adecuada, liberar la información conveniente y... ¡zas! ya estaba el lío montado.
Que Rusia ha "intervenido" en la campaña electoral solo puede sorprender a los norteamericanos. De hecho Rusia está interviniendo en todas las campañas que se celebran en Europa y de las que aquí hemos tratado. No hace sino devolver la ingenuidad europea —occidental mejor— que piensa que imponerle sanciones por lo de Ucrania no tiene consecuencias. Nuestra ingenuidad es tal que veremos cómo se desintegra la Unión Europea pensando que es cosa nuestra y no parte de la estrategia de Vladimir Putin para contestar a lo que considera ataques y provocaciones occidentales.

Cuando hablamos de los admiradores de Putin no es que como Julien Sorel guarden una foto de Napoleón bajo el colchón de sus camas, sino que sencillamente están de acuerdo con una serie de principios y reciben, de una forma u otra, apoyos. Estos pueden ser mediáticos o económicos de formas múltiples, como sabemos por los créditos concedidos por la banca rusa a Marine LePen. Es el dinero mejor invertido de la política. Unos cuantos miles de euros y tiene al enemigo de tus enemigos en el poder. Lo que Putin ya ha logrado en varios países de la antigua órbita soviética —después de hacerles ver que Occidente es un fracaso— lo ha intentado (hecho) en los Estados Unidos apoyando a un candidato y favoreciendo las críticas a otros.
Lo malo es que cuando se dice esto, a Putin le surgen más admiradores. Es decir: personas que ven que poniéndose en su órbita podrán alcanzar más fácilmente el poder. Luego Putin escoge al más favorable a sus pretensiones o, como decimos, el que más debilite a sus enemigos. Es indudable —sobre todo porque lo dicen ellos— que Putin interfiere en las elecciones europeas aunque solo sea liberando noticias a través de los canales internacionales con los que ahora aprovecha las "autopistas creadas". Dedíquenle media hora a ver la RT y se darán cuenta que su destinatario implícito —vamos a llamarlo así— recibe informaciones peculiares sobre temas "sensibles" a las opiniones. Si quieren "conspiraciones" dedíquenle un rato. Les explican el mundo alternativo con una claridad pasmosa. Su canal en español está dirigido básicamente hacia América Latina, pero también a la población hispana de los Estados Unidos.
En estos momentos, la propia RT se divierte con el siguiente titular:

RT, estrella del informe sobre la supuesta injerencia rusa en las elecciones de EE.UU.
Publicado: 6 ene 2017 21:48 GMT | Última actualización: 7 ene 2017 04:51 GMT
La Inteligencia estadounidense ha dedicado ni más ni menos que siete páginas de su reciente informe al supuesto papel que desempeñó la cadena RT en las elecciones presidenciales de EE.UU.*


Lo que el informe de la CIA dice ahora —y hace tanta gracia a la RT— no necesita de investigaciones especiales: es la función del canal. No entiendo dónde está el descubrimiento. El canal ruso emite para influir en el mundo. Solo la ingenua visión norteamericana de ser el ombligo del mundo puede estar ciega a este efecto.
Mientras los norteamericanos discuten sobre la "posverdad", las "fake news", etc. Vladimir Putin y sus allegados han puesto en marcha una maquinaria informativa múltiple destinada a poner palos en los engranajes del imperio americano. Pero esto lo ve cualquiera que lo quiera ver. Lo han hecho en Oriente Medio, creando el antiamericanismo más absoluto en los dos principales aliados norteamericanos, Turquía y Egipto, además de complicar la vida por Latinoamérica y los países del Este de Europa.
Los norteamericanos —como bien detectó Graham Greene— pueden ser de una inocencia pasmosa. Pensar que crear un mundo globalizado en el que solo juega el que lleva las blancas es un error demasiado garrafal y costoso. La sociedad de la Información es sencillamente caótica y el que lo comprende tiene más posibilidades de sacar provecho que el que no.
En esta campaña presidencial (y en las primarias) hemos podido observar a un candidato, Donald Trump, que ha tenido en contra a los medios convencionales, a los grandes periódicos y canales de televisión; cada día le han analizado, desmenuzado y triturado. Se han dejado al descubierto sus barbaridades, sus inconsistencias, sus errores... pero seguía a flote y aumentando sus posibilidades cuanto más se le atacaba. Ha tenido a su favor (además de algunos canales televisivos conservadores) a una serie de fuentes informativas que liberaban andanadas de noticias falsas y aireaban sus barbaridades como demostraciones de que estaba en lo cierto con el sencillo racionamiento de "si lo atacan es porque dice la verdad". El candidato Trump ha sobrevivido incluso a su propia estupidez, como el caso de las grabaciones sexistas puestas en circulación. Pese a ello —y contra toda lógica—, una importante parte del electorado femenino le ha sido fiel. Puede que no se quedaran a solas con él en una habitación, pero le han votado. Llamó criminales y violadores a los "mejicanos", metiendo en esta categoría a todos los que están al sur de la frontera y hasta llegar a la Patagonia, prometiendo hacerles pagar un "muro" de contención. Hasta invocó él mismo a los rusos para que actuaran en su favor liberando correos hackeados. Atacó el principio de libertad de culto amenazando con la expulsión de los musulmanes de Estados Unidos; prometió favorecer las armas sugiriendo que le dieran dos tiros a Clinton e insinuó acabar con la libertad de los medios. Demostró desconocer la constitución de los estados Unidos inventándose artículos que no existen. Y un largo sinfín de despropósitos, maldades e incompetencias. Salió elegido.


Si ha sido por el apoyo de los rusos o no es difícil de establecer. La complejidad de los fenómenos sociales, la enorme cantidad de variables posibles, etc. hacen que sea algo imposible de demostrar científicamente, pero no todo en esta vida es la Ciencia, sino que el sentido común tiene una parte importante en lo que hacemos.
Si la Ciencia fuera lo importante, nadie habría votado a Trump que, por no creer, no cree ni en el cambio climático o en las vacunas, siendo todo conspiraciones contra los Estados Unidos. La única conspiración que no está dispuesto a aceptar, de hecho, es la de Vladimir Putin para llevarle a la presidencia.
Pero, en un sistema democrático, es preferible dar por buena una teoría de la influencia que una de la estupidez congénita de millones de personas que se han creído o han querido creer lo que les contaba. O quizá sería mejor decir que han reconocido en las palabras de Trump sus pensamientos.
La campaña de Trump no ha inventado nada., Por el contrario, se ha limitado a recoger todas las fantasías y delirios con los que una parte de la sociedad norteamericana justifica sus prejuicios, miedos y fanatismos. Le ha gusta tener un candidato que ¡por fin! les dice lo que quieren escuchar y se compromete a hacerlo realidad. Trump ha destapado los demonios americanos sacándolos de la conversación vergonzante, arrinconada por lo políticamente correcto. Ningún candidato republicano se había atrevido a decirlo por temor a ser despedazado. Allí donde otros se moderan para ocultar su radicalismo y prejuicios, Trump ha hecho exhibicionismo. Se necesitaba un narcisista patológico para poder decir lo que Trump ha dicho. Machismo, xenofobia, racismo, incultura a mansalva, egocentrismo..., parece el programa de un anticandidato. Sin embargo ha ganado con él la presidencia.


Lo que ha hecho realmente Trump es convencer a la gente que sus peores pensamientos constituían un verdadero programa político, un programa posible. Lo que antes quedaba para grupos muy marginales, sale ahora a la luz sin reparos, se puede poner como eslogan en una camiseta, en una pancarta.
¿Ha influido Putin en todo esto? Desde luego lo ha intentado. No sé si de forma determinante o no, pero lo ha intentado. No es nuevo porque, como hemos dicho, tiene más objetivos que la presidencia de los Estados Unidos.
La cuestión ahora es qué significa esto. Podemos hablar de la influencia de la Luna o de Putin, pero lo importante es que no servirá de nada. Es una piedra importante en el camino de Trump, pero no creo que le afecte. Hasta es posible que le divierta.
Lo que nos enseña a todos es que la idea de "opinión pública" en unas democracias globales debe ser revisada. Lo hemos dicho muchas veces: nunca ha habido tantas herramientas para influir en la gente y nunca se ha investigado tanto (incluidas las universidades norteamericanas) en cómo manipular a través de las redes. Todo lo que hacen con la llamada "datificación", con el Big Data, no es más que tratar de establecer las pautas de comportamiento a través de la conversión de los daros en informaciones que ofrezcan patrones y correlaciones. The Washington Post establecía una interesante correlación entre los votantes de unos y otros y las series de televisión que unos y otros veían. Hay diferencias entre ver "Modern Family" y "Duck Dinasty". Los dos mundos norteamericanos también se diferenciaban en sus series preferidas. Ya George Lakoff advirtió que son mundos separados, con mente que funcionan de forma distinta, con categorizaciones y valores de la realidad diferentes.


No se trata evidentemente de cuántas personas ven la cadena RT. Plantearlo así es absurdo. No se trata de una exposición directa a los medios sino de la creación de flujos de información (o desinformación). Después, como ocurre con las corrientes de agua, se van deslizando por los medios más favorables, produciendo sus propios charcos en los que van a pescar los que se han hecho habituales de un tipo de medios que favorecen y refuerzan su visión del mundo. Cada uno busca lo que quiere ver.
La cuestión no solo es el favor hecho a Trump, sino la erosión causada en el voto demócrata, algo que el propio Sanders mantuvo hasta el final, negándose a apoyar a Clinton. Pese a ello, Hillary Clinton ha conseguido casi tres millones de votos más que Trump. El golpe final no lo ha dado Putin, sino la herencia esclavista del "colegio lectoral" del sistema norteamericano con sus distorsiones territoriales. Hillary Clinton ganó las elecciones; Donald Trump la presidencia. El matiz es importante, como el propio Trump —muy irritado con esto— ha comprendido.
Con todo, poco se puede hacer. Pero creo que sí es importante dar el salto mental para empezar a pensar que nuestras elecciones —las de cada país— ya no son cosa solo nuestra. Quizá nunca lo han sido, pero es cierto que nunca ha sido tan fácil y frecuente la intervención desestabilizadora. Esta se puede conseguir de forma muy fácil simplemente liberando información sensible en el momento adecuado respecto a un candidato, como se ha hecho en el caso de Clinton. Los hackeos, el espionaje de las comunicaciones, el robo de fotos, etc. van a empezar a formar parte de nuestra vida electoral cotidiana.


El otro punto preocupante —quizá más— es la bajada del listón democrático. Con ello me refiero a la caída en la defensa de los derechos humano como un fondo común de los que participan en sociedades democráticas. La democracia no es solo una forma de elección, como algunos están empezando a proponer. Es, sobre todo, un sistema de valores, de instauración del respeto y la dignidad de todos. Lo más grave del caso Trump es que ha salido elegido mostrando valores negativos, como ya hemos señalado. Eso implica un importante trauma y una fisura sociales. Los ejemplos que se multiplican de racismo en calles y tiendas, en restaurantes, etc. de racismo, de xenofobia, son indicadores de que se ha entendido que la llegada a la casa Blanca de un xenófobo y racista se ha interpretado como un derecho a la persecución y al acoso. La violencia racista constante en la sociedad norteamericana hace que esto vaya a ser un conflicto abierto en donde el "orgullo racista" tendrá ya sus desfiles, como todavía tenía sus banderas.
Ya se anuncian las retiradas de leyes progresistas en muchos ámbitos que permiten ver la homofobia, el oscurantismo creacionista, el machismo patriarcal latentes en la sociedad norteamericana en sus áreas rurales. The New York Times hablaba hace unos días de la nostalgia de un "cristianismo blanco" en el interior de los Estados Unidos. En su visión, los USA son el nuevo pueblo elegido, atacado por los "salvajes" que les rondan en el sur del continente o que les llegaron de África. Ese es el mundo al que Trump se ha dirigido y que le ha respondido.
Los espectadores latinos de RT y de su página web se mofan del informe norteamericano. Allí se recoge:

Los usuarios de las redes no han tardado en reaccionar a las acusaciones de los servicios de Inteligencia de EE.UU. "¡Felicidades RT! ¡El propio Gobierno americano dice que son la agencia de noticias más influyente del mundo!", escribió nuestro lector Roger That.**


La página muestra su forma de trabajo. Usa los propios comentarios que provoca como fuente información. Sus usuarios pueden decir cualquier cosa; RT se "limita" a recogerlo. Así pueden convencer al mundo de que los Estados Unidos provocaron el 11-S, son los que controlan al terrorismo internacional, etc. El medio devuelve a los usuarios lo que estos quieren escuchar.
Así funcionan los nuevos medios. No informan sobre el mundo con pretensión de "verdad" sino de "aceptación". Los sistemas de repetición aseguran la fidelidad y la expansión. Aquello que se quiere creer, se quiere comunicar. Es un principio básico de la nueva comunicación a través del espacio de las redes.
Los tiempos que llegan serán peligrosos o no, pero serán interesantes para cualquiera que desee estudiar las formas de manipulación de la opinión. En los cuatro próximos años se vivirá un clima insólito en los Estados Unidos. También en el resto del mundo, que no podrá permanecer indiferente ante las políticas anunciadas por Trump. Hasta el momento, hay cautela, pero también preocupación. Los actos de los Estados Unidos provocan algo más que el "efecto mariposa".


Se crea en la influencia o no, lo que está muy claro es que los que quieren conservar su poder y evitarse problemas empiezan por cerrar sus espacios informativos. Invierten millones en evitar que unos y otros interfieran en sus medios, que desean controlar al máximo. El aumento de la información provoca la reacción de la censura, leyes restrictivas, etc. como estamos viendo estos días en Egipto.
En los países autoritarios, esto es sencillo porque ya existen censuras. Se crea un modelo a la china, un "Great Firewall" envolvente y aislante. El problema se plantea en aquellos países en los que las libertades permiten que cualquiera invierta en modelar la opinión y en llevarla hacia un lado u otro. La lección americana tiene muchas consecuencias que debemos considerar.
El Finacial Times del 16 de diciembre nos traía noticias del nuevo negocio en Macedonia, antigua república de Yugoslavia, la creación de noticias falsas destinadas a la campaña americana y a las próximas europeas:

More than a hundred US politics sites are run from Veles, where a handful of entrepreneurial Macedonian teenagers — apparently unconnected to American rightwing elements or alleged Russian operatives — produce hoax articles attracting millions of clicks and shares. One such article posted on December 6 said that Syrian terrorists had attacked New York. No such attack took place.
The emergence of a fake news industry in this unlikely spot in the Balkan hinterland may even have tipped the electoral balance in Donald Trump’s favour.
“No one can be sure, but it’s nice to think we could have changed the course of American history,” said Slavcho Chadiev, the town’s mayor, of the websites credited by some with helping to elect Donald Trump as US president. “Some think we should now be called ‘Trump’s Veles’,” he joked.
The hoax news creators, who decided to set up online after the success of local health websites, still make most of their money from Trump-related content. But elections next year in France and Germany offer a fresh opportunity. “I think that this model can be replicated anywhere,” said Marius Dragomir, director of the Center for Media, Data and Society at Budapest’s Central European University. “I believe it will happen. Many will try as experiences elsewhere show that fake news can be monetised and that is going to prompt many to repeat the success [in Veles].”**


Como se puede apreciar, no es necesario ni estar pagado por el "oro de Moscú". La manipulación es un buen negocio, un mundo de emprendedores que pueden tener una proyección política mayor o menor. Ellos apuestan por un candidato y desarrollan lo que sus seguidores quieren escuchar. Si quiere leer que Obama es un musulmán del Estado Islámico infiltrado para destruir América, lo escriben y no tienen reparo en decir poco después que el estado Islámico es un invento de Hillary Clinton y Barack Obama para destruir el mundo. La mente lima las contradicciones. Es puro deseo, nada de lógica. 
La discusión sobre si Putin da las órdenes directamente o estas cosas surgen por iniciativa propia no lleva a ningún lugar. Lo importante son los efectos. Probar el origen es más complicado. Lo que debe cambiarse es el chip de la influencia, término que debe dejar de definirse en viejos términos causales "aristotélicos" y debe considerarse desde las teorías que explican el funcionamiento de sistemas y redes. Basta con inundar el espacio con noticias falsas para que produzcan su efecto. Los macedonios son claros: funciona. Ya están empezando a comprar dominios falso, como el "zdfpolitik.com", según recoge el Financial Times. Cuanto más confusión, mejor. Los rivales se agotarán desmintiendo o comentando tonterías.
No deberíamos sorprendernos de que se alegren todos, la RT o el sitio macedonio, de ser influyentes. Eso revaloriza sus negocios. Los que quieran que en el futuro les ayuden ya saben dónde ir. Habrá que esperar que, visto el éxito, les salgan muchos imitadores especializados.
Hemos visto ya la primera temporada. La segunda, visto el éxito, llegará pronto.




* "RT, estrella del informe sobre la supuesta injerencia rusa en las elecciones de EE.UU." RT6/01/2017 https://actualidad.rt.com/actualidad/227837-rt-estrella-informe-supuesta-injerencia-elecciones

** "Macedonia’s fake news industry sets sights on Europe" Financial Times 16/12/2016 https://www.ft.com/content/333fe6bc-c1ea-11e6-81c2-f57d90f6741a

Lituania




sábado, 19 de noviembre de 2016

Trump, Hamilton y el pueblo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Todo anticipa que será una larga y difícil batalla. Será otra guerra por las ideas, los derechos y las libertades como no se recuerda. Los avisos de que Trump es Trump se confirman sin haber pisado la residencia oficial. Es la persona que una parte de los norteamericanos ha elegido para luchar contra la otra parte bajo el eufemismo de hacer una "América de nuevo grande". La grandeza anunciada consiste en pisotear derechos, amenazar como demostración de la fuerza. Pero no todos se han achantado.
The New York Times (toda la prensa nacional e internacional lo recoge) nos cuenta un incidente producido durante la representación en el teatro Richard Rodgers, de Broadway, del musical Hamilton, uno de los grandes éxitos del teatro musical en décadas, una obra surgida modesta pero que pronto dio el salto a lo más alto, arrasando en los premios Tony y con el Grammy a la mejor grabación de teatro musicial. Nos cuenta el periódico:

“Hamilton,” the hit Broadway musical about colonial rebels shaping the future of an unformed country, took an even more political turn at the end of its performance on Friday night.
With Vice President-elect Mike Pence attending the show, the cast used the opportunity to make a statement emphasizing the need for the new administration of President-elect Donald J. Trump, a Republican, to work on behalf of all Americans.
As the play ended, the actor who played Aaron Burr, Brandon Victor Dixon, acknowledged that Mr. Pence was in the audience, thanked him for attending and added, “We hope you will hear us out.”
“We, sir — we — are the diverse America who are alarmed and anxious that your new administration will not protect us, our planet, our children, our parents, or defend us and uphold our inalienable rights,” he said. “We truly hope that this show has inspired you to uphold our American values and to work on behalf all of us.”*


El diario recoge en dos vídeos grabados con teléfonos en la sala: el momento de esas palabras dichas sobre el escenario y también la llegada entre abucheos del vicepresidente de Trump, Mike Pence. Las grandes ciudades no son el espacio más adecuado para crear un clima propicio a las apariciones de los recién electos.
Los norteamericanos se han tomado esto como algo más allá de un cambio de gobierno. Temen un cambio de vida, un intento de desmantelar más allá del legado de  Obama. Las selecciones que Trump está realizando hacen tener pocas dudas sobre cuáles son sus intenciones. Se está armando con el ala más dura en todos los campos.
Es probable que el temor a maniobras de los republicanos, como algunos señalaron, le esté llevando a hacer una demostración de fuerza eligiendo los sectores más duros y dejando que sean ellos los que libren las batallas internas para frenar los movimientos.
Pero la calle no la controlan los republicanos y pronto empezarán a aparecer manifestaciones mayores en muchos lugares. La gente necesita símbolos —metáforas, como veíamos hace dos días— para armar sus valores. Hasta el momento, a lo que se ha recurrido es al ataque ridiculizando a Trump. Ahora se trata de otra cosa: de la defensa de lo que estiman está siendo cuestionado por los que van a llegar a la Casa Blanca.


El ejemplo de lo ocurrido en el teatro Richard Rodgers es un signo de lo que viene por delante y no tendría nada de particular que la gira prevista por el musical para 2017 se convierta en un himno a la libertades y derechos amenazados por la acciones de los que llegarán a la Casa Blanca muy pronto.
La obra tiene los requisitos de oportunidad necesarios para convertirse en un fenómeno de resistencia. Nada más adecuado que el arte para ofrecer este tipo de apoyo simbólico. El diario señala: «The audience gave a standing ovation during the play at the line, “Immigrants, we get the job done,” one theatergoer, Christy Colburn, wrote on Twitter.» Hamilton se puede convertir en una pieza capaz de ofrecer las emociones, articular los cantos que sin duda van a complicar las apariciones de Trump en cualquier momento.
La BBC recoge el incidente en el teatro y muestra los tuit que se fueron enviando desde la sala al exterior. Uno de ellos dice "There was a full 3 minute standing ovation @HamiltonMusical when the King sang "On Your Own" directly at Mike Pence. This is catharsis".** Es difícil decirlo más claro.
La canción es "What Comes Next", cantada por el Rey Jorge III y su final, dicho mirando al vicepresidente electo tuvo que ser una experiencia en la sala:

Do you know how hard it is to lead?
You're on your own
Awesome...wow
Do you have a clue what happens now?
Oceans rise
Empires fall
It's much harder when it's all your call
All alone
Across the sea
When your people say they hate you
Don't come crawling back to me
You're on your own...


Hay que reconocer la oportunidad del personal de la obra y la falta de perspectiva de Mike Pence. La campaña electoral se ha acabado. Ha comenzado la campaña por los derechos de muchos millones de americanos.
La cuestión del voto popular pasa a ser importante porque Hillary Clinton consiguió más votos que Trump, pero repartidos de forma que beneficiaban a este último. Quien se quejaba y no se atrevía a afirmar que reconocería los resultados diciendo que se preparaba un fraude es quien ha resultado ser beneficiado por el sistema electoral. Demuestra la capacidad de Trump de recurrir a cualquier bajeza, como lo hizo durante la campaña.


El día 11 todavía se ampliaba el número de votos en cada recuento conseguido por Clinton. No servirá de mucho por el sistema de "colegios", pero sí como referencia moral contra Trump. La América de Trump ha ganado la presidencia pero no ha ganado el país. Tiene mayoría en las cámaras, pero no en las calles. No hay números para hacer una revolución y eso lo saben los políticos que tienen que seguir o secundar a Trump. También los que están en las ciudades, donde sus mayorías son muy grandes a favor de Clinton, que ha dejado de ser lo importante pasada ya la elección. Ahora lo que cuentan son los derechos. Y la gente no está dispuesta a perderlos sabiendo que son mayoría en el país. No es la presidencia lo que se discute, sino lo que puede hacer desde ella.
El voto pasa a ser una referencia. Lo que Trump pretendía, se vuelve contra él. Ha sido quien se ha beneficiado del sistema. Ya ganador, seguía apostando a favor del "voto popular". Los estrategas y asesores le han debido advertir lo que podría ocurrir: está dando armas a sus enemigos.
Lo que es cierto es que nadie da la batalla por perdida. Como en la canción de Hamilton, el pueblo ha empezado a decirle a su nuevo emperador lo que piensa de él con claridad.


* "Mike Pence Saw ‘Hamilton.’ The Cast Had Something to Say." The New York Times 19/11/2016 http://www.nytimes.com/2016/11/19/us/mike-pence-hamilton.html

** "Mike Pence, VP-elect, booed at Hamilton musical" BBC 19/11/2016 http://www.bbc.com/news/world-us-canada-38036872



domingo, 13 de noviembre de 2016

Las tripas del profesor Lichtman

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Más allá de las urnas y los votos, la elección de Donald Trump es un doble mensaje: para unos positivo y para otros negativo. Las esperanzas de que la sensatez finalmente prevaleciera, con una ventaja de más de diez puntos a apenas unos días de la elección, se vieron truncadas —en la visión de muchos— por el papel que el director del FBI ha tenido en ellas. Hay muchas cosas sorprendentes en estas elecciones y esta es solo una de ellas. La prensa norteamericana recoge hoy las afirmaciones de Hillary Clinton en este sentido, dando por cierto el papel decisivo de James Cowley en las elecciones. Siempre es arriesgado afirmarlo porque es una cuestión indemostrable de una forma fehaciente, pero todo cuenta para dejar a un votante en su casa o para cambiar el voto.
Pero eso —salvo que ocurra algo sorprendente— es agua pasada y el pragmatismo de los norteamericanos se dirige a mirar lo que ahora realmente les preocupa: el equipo de Trump. The New York Times advierte:

Rarely in the history of the American presidency has the exercise of choosing people to fill jobs had such a far-reaching impact on the nature and priorities of an incoming administration. Unlike most new presidents, Mr. Trump comes into office with no elective-office experience, no coherent political agenda and no bulging binder of policy proposals. And he has left a trail of inflammatory, often contradictory, statements on issues from immigration and race to terrorism and geopolitics.
In such a chaotic environment, serving a president who is in many ways a tabula rasa, the appointees to key White House jobs like chief of staff and cabinet posts like secretary of state, defense secretary and Treasury secretary could wield outsize influence. Their selection will help determine whether the Trump administration governs like the firebrand Mr. Trump was on the campaign trail or the pragmatist he often appears to be behind closed doors.*


La situación es realmente nueva. Trump carece de experiencia política y su estilo —que comentábamos hace un par de días— es tener personas de fidelidad absoluta probada en décadas. Pero ese equipo, que ha podido llevarle a la Casa Blanca —y del que se desprendió de diversas piezas en la campaña— no es el que tiene la experiencia política necesaria para poder confrontar los problemas con los que se van a encontrar él, los Estados Unidos y el mundo entero cuando tome posesión.

No es ya lo caótico y negativo del programa, del que ya está haciendo renuncias cuando es preguntado directamente. Es la forma en que se tomarán decisiones importantes por parte de una persona que desconoce su propia constitución, como se mostró en la campaña. Muchos van a vivir en un constante sobresalto.
La preocupación de los analistas es precisamente que una persona que no tiene partido —por más que haya salido de las primarias republicanas y contra el que se manifestaron muchos sectores importantes— es presa fácil para la entrada de los lobbies y todo tipo de influencias interesadas. En realidad, Trump es un enigma porque su programa real también lo es. Lo único realmente cierto es que quería ser presidente; todo lo demás puede ser una estrategia, el camino para llegar a serlo. Su siguiente paso es mantenerse, para lo que necesitará otra estrategia distinta.


La elección de Trump no ha gustado más que a quienes le han votado. Esto quiere decir que el que se ha presentado como un outsider tiene muchos elementos en contra. Sabe que los republicanos estuvieron barajando un candidato alternativo hasta el último momento. Muchos no presionaron más ante la certeza de que se estrellaría en las urnas, pero Trump sobrevivió y ganó. Nadie le puede negar esa capacidad de supervivencia frente a las críticas externas y sus propios errores, que andan a la par. Y nunca ha habido un candidato tan sometido a una avalancha de críticas como este. Sin embargo, se ha alimentado de ellas para mantenerse, como esos monstruos de película que se alimentan de la energía que se lanza contra ellos. Trump ha crecido con las críticas.
Por el contrario, Hillary Clinton ha sido hipersensible a las críticas. El tema de los correos privados ha estado causando un gran daño en todos los momentos de la carrera electoral hasta que con el golpe final no hubo tiempo de recuperarse. Ya no daba tiempo a que una Michelle Obama echara una mano y encendiera los ánimos. Hillary ha sido una candidata frágil dentro del propio voto demócrata y eso ha sido así desde el principio. Puede cuestionarse el papel del FBI, puede cuestionarse el papel de los hackers rusos y de Julian Assange con Wikileaks (habrá que hacerlo en algún momento), pero tampoco puede cuestionarse su fragilidad. Las reacciones antitrump no eran signo de su fortaleza sino del temor a que se produjera lo que finalmente ha ocurrido.


Los analistas que todavía se preguntan por qué han fallado tan estrepitosamente los cálculos de las encuestas se vuelven de nuevo hacia el profesor Allan Lichtman, del que hablamos no hace mucho tiempo contando su sistema antiestadístico, basado en trece preguntas sobre el estado de la cuestión.
Lichtman no cree demasiado en el poder predictivo de las encuestas y cree más en los movimientos subyacentes como forma de determinar las elecciones. The Washington Post le entrevista de nuevo:

Few prognosticators predicted a Donald Trump victory ahead of Tuesday night. Polls showed Hillary Clinton comfortably ahead, and much of America (chiefly the media) failed to anticipate the wave of pro-Trump support that propelled him to victory. But a Washington, D.C.-based professor insisted that Trump was lined up for a win — based on the idea that elections are “primarily a reflection on the performance of the party in power.”
Allan Lichtman uses a historically based system of what he calls “keys” to predict election results ahead of time. The keys are explained in-depth in Lichtman’s book, “Predicting the Next President: The Keys to the White House 2016.” In our conversations in September and October, he outlined how President Obama's second term set the Democrats up for a tight race, and his keys tipped the balance in Trump's favor, even if just barely.
At the end of our September conversation, Lichtman made another call: that if elected, Trump would eventually be impeached by a Republican Congress that would prefer a President Mike Pence — someone whom establishment Republicans know and trust.
“I'm going to make another prediction,” he said. “This one is not based on a system; it's just my gut. They don't want Trump as president, because they can't control him. He's unpredictable. They'd love to have Pence — an absolutely down-the-line, conservative, controllable Republican. And I'm quite certain Trump will give someone grounds for impeachment, either by doing something that endangers national security or because it helps his pocketbook.”
So while Republican voters clearly came home before Nov. 8 — network exit polls show 90 percent of GOP voters cast ballots for Trump — it's less clear that the party leadership is on board. (Lichtman actually isn't the only person to predict a Trump impeachment; this morning, the New York Times's David Brooks suggested that a Trump impeachment or resignation was “probably” in the cards sometime within the next year.)**


Se puede discutir durante años los beneficios de cada uno de los métodos, pero creo que la interpretación de Lichtman es correcta más allá de las 13 preguntas de su método histórico.
El segundo mandato de Obama ha debilitado a los demócratas por muchos motivos. Obama ha hecho lo que se había comprometido a hacer, pero dejar para el final de su mandato cuestiones como Cuba o Irán, ha complicado la carrera dando argumentos y descontento a Trump y sus insatisfechos seguidores. La "América débil" que había que hacer grande se ha nutrido en muchos sentidos de los pasos dados por Obama. Su estrategia era salvar la primera elección y llegara a la segunda, en la que haría lo que no se arriesgo a hacer en la primera. Los resultados, evidentemente, pasan al siguiente, en este caso, a Hillary Clinton.
Hillary Clinton había abandonado el equipo de Obama dejando de ser Secretaria de Estado precisamente para poder pasar lo más limpia posible a la fase de candidata presidencial. Los correos pertenecen precisamente a su fase primera y se le han sacado en la segunda a la que se ha juntado el descontento de muchos por las medidas sobre Cuba e Irán, que no todos comparten. Responsabilizarla de la situación de Oriente Medio ha sido otra estrategia que no ha podido frenar. Mientras Trump recibía toneladas de críticas, las de Clinton iban a los puntos precisos y hacían mucho daño. La dureza de la nominación en la campaña contra Bernie Sanders ya daba muestras del problema al que se tendría que enfrentar.


Lo que llama la atención en las "predicciones" de Lichtman —que escruta el futuro basándose en el pasado, como buen historiador— es que finalmente acaba hablando de "impeachment". Ya dimos cuenta aquí del enigmático último párrafo del artículo de David Brooks al que se refiere el artículo de The Washington Post. [ver entrada "La Casa (más) Blanca"]
El que haya gente que ya está hablando de "impeachment" es sorprendente. No habían pasado unas horas y ya estaba circulando la idea. Esta vez el historiador recurre a sus "tripas", a su intuición, y no a las 13 preguntas esclarecedoras. El sistema no está hecho para establecer predicciones.
Las "13 preguntas" se basan en lo hecho durante la presidencia saliente (“primarily a reflection on the performance of the party in power.”), es decir en el descontento. Es probable que el horror causado por la candidatura y la campaña de Donald Trump haya escamoteado muchas de las críticas a Barack Obama y a su "legado", con un congreso en contra y limitado en sus acciones. Sea real o ficticia la impresión, su tiempo ha sido percibido por muchos como de debilidad y ha generado descontento en distintos campos, incluido el propio bando demócrata, que le acusó de no meter en cintura a Wall Street.
La diferencia de talla humana entre el presidente saliente y el que llega a ocupar la Casa Blanca es tan enorme que Donald Trump está condenado al silencio como mejor forma de que sus carencias no sea tan espectaculares.  La lucha porque deje de ser "Trump" ha comenzado para el que será su equipo. ¿Podrá conseguirlo? ¿Es un imposible?
Sin embargo, lo más terrible de la elección de Trump es cómo puede —ya lo han hecho— ser manipulada para convertirse en un apoyo para el respaldo de lo peor en cada país. El triunfo de Trump en la primera democracia del mundo es un duro golpe a las aspiraciones de democracia de muchos países y es también un elemento de desestabilización ante las expectativas de evolución en otros países.


Si el "populismo" funciona como lo hizo en el "Brexit" y ahora en la presidencia de los Estados Unidos, el mundo se volverá más demagógico y peligroso.  Políticos irresponsables que buscan atraer de cualquier forma la atención de la gente para conseguir sus votos. Una política sin sensatez, visceral, que llama a la empatía y no a la racionalidad puede empezar a ganar terreno en diferentes países con el respaldo de lo ocurrido con Trump.
La mayor parte practica el programa del deshacer. Y eso incluye a la propia Unión Europea, que se enfrenta a un destino complicado si siguen cogiendo fuerza los populistas de diverso signo empeñados en su destrucción. Con Trump debilitando la OTAN y los populistas locales debilitando la unión, Europa es la víctima perfecta.
Mientras los expertos se preguntan por qué han fallado las encuestas, las personas sensatas se preguntas qué esperan los votantes de Trump, incluso qué cree Trump que esperan sus votantes que haga.


El problema real no son las encuestas sino por qué tomamos las decisiones que tomamos. Si el sistema del profesor Lichtman se basa en tratar de establecer el descontento, habrá muchas más sorpresas en el futuro. Nunca ha habido tantos medios para influir en la opinión pública, para sembrar el descontento. 
Las tripas de Lichtman se han retorcido, como las de medio mundo, al ver a Trump camino de la Casa Blanca. No sabemos si sus tripas son tan fiables como su método histórico de las 13 preguntas. Habrá que esperar. 
Mientras tanto las manifestaciones anti Trump siguen por las ciudades norteamericanas. Nunca la elección de un presidente ha causado tanta desesperanza, mayor sensación de impotencia. Es la que se desprende del descubrimiento de que un candidato no necesita esconder sus defectos para poder ganar; que puede, por el contrario, exhibirlos sin pudor como grandes virtudes. La ignorancia, el racismo, la xenofobia, el autoritarismo, la misoginia... ya no son carencias que ocultar. Eso el lo más demoledor. 
En efecto, se revuelven las tripas.



* "Trump’s Hires Will Set Course of His Presidency" The New York Times 13/11/2016 http://www.nytimes.com/2016/11/13/us/politics/donald-trump-administration-appointments.html
** "‘Prediction professor’ who called Trump’s big win also made another forecast: Trump will be impeached" The Washington Post 11/11/2016 https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2016/11/11/prediction-professor-who-called-trumps-big-win-also-made-another-forecast-trump-will-be-impeached/ 



  

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El terremoto y las réplicas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los votos son los votos y una vez que se han abierto las urnas y contado, hay lo que hay. Se pueden hacer especulaciones sobre las causas y mostrar preocupaciones por el futuro que se abre ante todos, pero la decisión de los Estados Unidos está sobre la mesa y los primeros que tendrán que sufrir o disfrutar de su elección son ellos mismos.
Han elegido a un presidente que presume de manosear a las mujeres, que considera delincuentes y violadores a sus vecinos del Sur, que desconoce su propia constitución, que presume de evadir impuestos a través de sus bien pagados abogados, que ha llamado a Alemania "república islámica" y que hoy festejan en Rusia, celebra la extrema derecha antieuropeísta, que ha hecho feliz al Ku Klux Klan y a los poseedores de armas, y que apuesta por deshacer la OTAN, que cree que el cambio climático es un invento para frenar a los Estados Unidos, que carece de cualquier experiencia política... y un sinfín de cuestiones que se irán revelando poco a poco conforme tome posesión de la Casa Blanca.
Ellos sabrán.
The New York Times titula "World Awakes to Shock and Uncertainty at Prospect of a Trump Presidency". No creo que sea exagerado, pues bastaba con ver las caras, los tonos de voz de los comentaristas de las televisiones. Anoche, durante la elección, la única televisión que mostraba simpatía hacía Donald Trump era la RT rusa, cuyo canal en español sostenía que no se había comprendido bien al candidato. Creo que nunca ha habido un candidato al que se comprendiera mejor, que fuera más claro en sus carencias, fobias y filias en todos los campos. Donald Trump ha tenido una opinión sobre casi todo y cada una de ellas ha sido desmenuzada mostrando las enormes falacias cuando no mentiras se escondían detrás de ellas.
Pero ha sobrevivido y ha ganado.


Los temores de muchos sobre lo que Trump representa han sido poco transformados en los temores sobre los que Trump representa. Creo que pronto se pudo ver que no era posible que el voto a Trump fuera solo un voto a favor de sus ideas descabelladas sino que iba aunando un sentimiento en contra de lo que Obama había representado. En este sentido, la aceleración final del presidente en dos casos, Cuba e Irán, han servido para que Trump mostrara ante la sociedad americana una debilidad o un entreguismo que le hizo construir su idea de hacer "grande" a América de nuevo.
Era lógico que así fuera, pues Trump ha carecido de un programa coherente y se ha alimentando de las frustraciones sociales canalizándolo contra lo que ha convencido a la gente que era el "establishment". Esta parece ser la palabra clave para intentar explicar lo ocurrido. ABC titula "La derrota de Hillary Clinton, un golpe al establishment y un freno a las reformas de Obama". El País tituló allá en febrero, de forma clara, "Nadie quiere ser 'establishment'".


Será necesario repensar esta palabra en este momento de la Historia en que, parece ser que se han superado las ideologías como tales (o han adquirido una nueva retórica de encubrimiento) y se crean dos grandes bloques, el que representa el sistema o establishment y el que se presenta bajo las consignas del populismo. La estrategia de la comunicación política consiste en atraer el descontento que el propio sistema produce, canalizar la ira y la frustración contra el oponente y presentarse como alternativa al sistema.
Esto solo es posible en unas sociedades en las que las personas perciban que están desatendidas, que se trabaja en favor de los grupos económicos, políticos o de cualquier otra naturaleza en lugar de por ellas. En España a esto se le ha llamado la "casta" y ha funcionado también. Por Europa lo han hecho desde ideologías distintas, en unos casos canalizando la ira hacia la Unión Europea, responsabilizándola de las crisis, desatención, etc. para regresar a posturas ultranacionalistas, en otro caso lo que se ha utilizado son los diferencias económicas como eje principal, planteándolo como una cuestión de privilegiados y olvidados. Pero funciona, según hemos podido ver, muy bien. Sus argumentos son sencillos y eficaces; se llama la atención y se consiguen resultados rápidamente en función del desapego.
La idea de que nadie quiere ser el establishment es de gran importancia porque implica una percepción de las instituciones públicas y de la política misma realmente problemática. Este esquema funciona y se puede mantener desde el poder, estigmatizando al otro y convirtiéndolo en amenaza para el pueblo, cuya identidad ha sido absorbida. Es el caso venezolano, en donde el populismo se ha quedado sin pueblo, representa ya el establishment pero sigue usando la misma retórica.


El populismo adquiere el lenguaje de una oposición constante aunque esté en el poder, de ahí la necesidad de la amenaza exterior, real o ficticia, de sembrar el miedo, otra emoción primaria que se utiliza. El racismo y la xenofobia participan de la misma manera en el populismo: es la amenaza interior, el miedo a perder una ficticia identidad nacional ante la presencia de los extranjeros, los inmigrantes, etc. Eso le ha funcionado a Trump, como lo ha hecho en Reino Unido o en Alemania, Grecia o Francia, cada uno con sus peculiaridades.
Lo que la victoria de Donald Trump demuestra lo hemos ido repitiendo durante la campaña: la necesidad de mantener la idea de la democracia y de la política limpias. La desafección política hace caer en manos del populismo. Se deja de pensar racionalmente y se basa en un sistema de emociones primarias que despiertan lo peor y anulan la convivencia. Estados Unidos son ya dos países compitiendo por un mismo espacio. Es el efecto de las políticas populistas de la divergencia frente a las políticas democráticas que deben buscar la convergencia.
La estrategia de la polarización funciona, no hay duda. Convierte a los partidos en irreconciliables, incapaces de llegar a cualquier tipo de acuerdo, y a los electores en enemigos que se sienten agraviados frente a los otros, que perciben de una forma radicalizada.
La estabilidad de la sociedad pasa por solucionar los problemas e irlos reduciendo. La radicalización es peligrosa. Por eso la política tiene que cambiar, tiene que buscar una mayor conexión con la sociedad, no aislarse, porque hoy es posible agruparla mediante técnicas de comunicación que construyen las polaridades.
La idea del establishment como fuerza opuesta al pueblo es poderosa y fácilmente construible si se carece de prejuicios y si el otro lo favorece. La experiencia de Hillary Clinton, senadora, secretaria de Estado y ex primera dama, se ha vuelto contra ella. Ha sido percibida como parte de un grupo que secuestra el gobierno en su beneficio. Esos mismos argumentos no solo han sido usados por Trump, sino por sus mismos correligionarios, los demócratas seguidores de Sanders, que hicieron lo mismo: Hillary era la "casta". De esta forma, se ha acumulado contra ella toda esa inercia más la fuerza republicana.


También Trump la utilizó durante las primarias republicanas. Él era el "refresco" frente al propio establishment; llegaba desde el pueblo y para el pueblo. Mitt Romney intentó la estrategia del "empresario" de éxito, pero no le funcionó frente a Obama; también era un intento de presentarse como el refresco frente al sistema, pero era un político profesional, gobernador del estado de Massachusetts e hijo del ex gobernador de Michigan. Trump, por ejemplo, se ha enfrentado a un tercer Bush que aspiraba a la Casa Blanca.
La base de todo ello es la desafección política. Ahora Trump está en la Casa Blanca para un periodo en el que veremos cómo funciona y quiénes son las fuerzas que realmente han estado apoyándolo desde dentro y fuera.
Habrá que ver y temer cuáles son sus acciones y especialmente cuál es su retórica una vez que él forma parte esencial del poder. Veremos si los hackers rusos siguen filtrando correos o si el FBI tiene tanto empeño en investigar sus negocios como ha hecho con otros.
El mundo se nos está llenado de figuras autoritarias y populistas, nacionalistas, nada dialogantes. Se nos llena de Putin, Erdogan, Maduro... que consiguen el poder, y muchos otros más que se lanzan al mundo político sosteniendo que está podrido y que ellos son la salvación.
No es casual que sea la ultraderecha europea la que más contenta está con Trump; tampoco que Putin se sienta más contento ante una posible desprotección de Europa que obligue a bajar la presión sobre él. No lo es tampoco que El-Sisi viera en Trump a un líder fuerte en su viaje a Estados Unidos. Admiradores, imitadores, justificadores de las formulas autoritarias, cada vez más. Y menos libertades, menos diálogo, más violencia.


Que los norteamericanos hayan elegido a Donald Trump es un gran fracaso colectivo de los Estados Unidos y un muy mal mensaje al mundo. Estaban en su derecho El respaldo que han recibido los que han admirado su desprecio por mujeres, minorías, la ciencia, la cultura, las relaciones con aliados, etc. les concede un sentimiento de victoria sobre el resto de los norteamericanos que difícilmente se va a poder soportar. Ahora están eufóricos. Veremos cómo son las cifras de los Estados Unidos en poco tiempo.
Es un gigantesco fracaso de los republicanos, que se verán ahora obligados, sin remedio, a enfrentarse al hecho de haber llevado hasta la Casa Blanca a alguien que no ha pertenecido a su partido, que ha destrozado a sus candidatos y sobre el que van a tener serios problemas en cuanto que empiece a tomar decisiones. Es un fracaso de los demócratas que, frente a Trump no han sido capaces de proponer una alternativa que poder respaldar con más entusiasmo.
Los votos son los votos. Los motivos por los que cada uno haya votado serán diferentes, pero todos se suman. Esperan tiempos duros para muchos y de gran incertidumbre ante un presidente sin experiencia política y con ideas que todos han coincidido en calificar como descabelladas e ignorantes. La gran pregunta es, entonces, si no cabe duda de ello, ¿cómo se consigue que sean atractivas frente a lo más razonable?
Una vez producido el hecho, lo que queda es reflexionar sobre el camino recorrido, analizarlo y prever que habrá imitadores aplicando la receta de la división social, de la estigmatización de la política, que necesita ser rescatada por el pueblo representado por populistas de distinto pelaje. La receta es fácil, el coste social muy alto. El modelo norteamericano es único, es cierto, las estrategias se adaptan a las circunstancias.
Mientras partidos políticos y políticos demócratas no entiendan que la democracia es un bien frágil, que se puede deteriorar en los choques que debilitan el sistema, que tienen la obligación no de protegerse ellos, sino de proteger y mejorar el sistema democrático para poder atender mejor a los pueblos, avanzarán las figuras como Donald Trump o grupos que juegan con las mismas tácticas, en la derecha y la izquierda. Todo surgen de aprovechar el distanciamiento de la política y los políticos.
Los más moderados lo han calificado de terremoto mundial. Ahora hay que esperar la llegada de las réplicas.