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sábado, 23 de marzo de 2019

El nuevo estatuto de medios egipcio y las libertades de expresión e información

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El régimen egipcio se convierte cada día que pasa en más opresivo y pasa del autoritarismo a una dictadura al acumular restricciones a las libertades y a los derechos. Lo hace además, de forma que solo podemos llamar farisea, pues busca amparar sus acciones en la excusa del terrorismo. Cada vez que ocurren atentados, el régimen eleva grandes discursos que lanza a los cuatro vientos intentando confundir lo que es la natural y legal defensa contra el terrorismo con la represión de cualquier voz que discrepe de sus planteamientos, cada vez más estrechos.
Las restricciones a cualquier crítica van aumentando porque el régimen ha llegado al punto de no poderse permitir que se cuestiones su propio "éxito", con el que pretende justificar su propia deriva. Pocos regimen habrán usado la propaganda de forma tan intensiva como el egipcio. La construcción de la figura presidencial como de una especie de "enviado" salvador, que representa la confluencia de Estado, Ejército y Pueblo, no permite fisuras. El problema es que una figura así no puede ser democrática porque es incuestionable, al igual que su obra.
Esto ha llevado a una extraña doctrina en la que el cuestionamiento de cuatro entidades "gobierno-presidencia", "estado", "pueblo" y el añadido envolvente de la "religión" se convierten en delitos de "traición" a Egipto. Los egipcios se están dando cuenta de esta especie de vacío que empieza a rodearles a través de las tenazas que se aprietan a su alrededor.
Una de esas tenazas esenciales es la nueva ley de Medios, de la que hemos hablado en varias ocasiones y que abre un conflicto entre el sector estratégico de la prensa y el régimen. Unos y otros saben lo que se está haciendo y cuál es su finalidad. El diario estatal Ahram Online incluye hoy una "guía" (preguntas y respuestas) sobre el estatuto de los medios, dentro del conflicto existente entre el gobierno y los profesionales, que ven su labor imposible.

Q: To whom do the bylaws apply?
The bylaws apply to press institutions, national newspapers, private media institutions, public media institutions, private media outlets, public media outlets, websites, and newspapers.

Q: What are some of the new stipulations?
The nine-page legislation has 14 articles on violations that could occur on media platforms, and stipulates the different sanctions to be applied for these violations, which include:

Article 14: Conflicting with Provisions of the Law
Sanctions will be implemented against a press organisation, media organisation, media outlet, newspaper or website that publishes any article or declaration whose content conflicts with the provisions of the constitution or calls for the violation of the law, violates the obligations set forth in the Code of Professional Honour, violates public order or public morals ... or offends religious doctrines.

Article 16: Defamation, Slander
Sanctions will be implemented for using or permitting the use of words or phrases that slander, defame or violate the privacy of citizens, misleading the public, or disseminating false information. Threatening or harming the public's feelings are also punishable offenses.

Article 17: False News, Inciting Violence on Social Media
Sanctions will be implemented for the publication or dissemination of false news or rumours, incitement to violence, hatred, discrimination, sectarianism, racism or threats to national unity. Insults to the law, misleading public opinion, insulting public opinion or the opinion of the other, disseminating information from social media sites without verifying its validity are also punishable.

Article 22: Covering Military and Security
Failure to comply with the rules of covering military or security operations or terrorist incidents can result in a prohibition on publishing or broadcasting or the temporarily blocking of the proscribed page, section, program or website.
In case of this violation — as assessed by the Supreme Council for Media Regulation — the council may take whatever measures it deems appropriate to address this violation in accordance with Article 6 of these regulations.

Article 26: Protection of Intellectual Property Rights
The Supreme Council for Media Regulation shall take the necessary measures to ensure the protection and respect of intellectual property rights in the field of journalism.
Violators shall be obliged to pay a sum not exceeding EGP 5 million or the equivalent in a foreign currency, and the violator shall be obliged to pay the appropriate financial compensation to the party whose intellectual property rights have been violated.*



Como puede apreciarse la ambigüedad de los artículos es total y deja unas posibilidades de interpretación restrictivas que dejan en manos de la autoridad la posibilidad de hacer lo que quiera con la aplicación de los artículos. La aplicación a las páginas web o redes sociales que tengan más de cinco mil seguidores abre otro frente, ya que están sujetas a la misma discrecionalidad.
Se sigue manteniendo el criterio principal que define la política egipcia o, más allá, el pensamiento político egipcio, entendiendo por tal el llevado a cabo desde las instituciones. Este pensamiento es autoritario y se basa en un principio: La ley se desarrolla y aplica para defender al de arriba. El vicio litigador de los egipcios se camufla como legalidad, pero no es más que el uso de las leyes para poder deshacerse de los oponentes, críticos, disidentes. Eso es lo que ha sido practicado desde los inicios porque nunca ha habido iguales, sino una "autoridad" que manejaba los recursos, que los controlaba desde la posición dominante. Se ha tratado siempre de dar armas al estado para combatir a los ciudadanos, no de establecer leyes que protegieran a los ciudadanos. De esta forma, el control ha sido siempre absoluto. Los enfrentamientos se han establecido entre facciones, que finalmente han ocupado los mecanismos del estado y han podido aplicar a sus rivales lo que ha quedado para el fin del control.
Basta con leer los artículos señalados para comprobar que no se trata de proteger a la prensa para que pueda cumplir su función de información a los ciudadanos, sino —por el contrario— se trata de controlar a los profesionales para que estos no erosionen el poder ante la opinión pública, a la que por otro lado se bombardea con ilusiones, promesas y propaganda.


De aquí el gran enfado que el régimen tiene cuando aparecen externamente las críticas que cuestionan la verdad interior, acuse a todos de conspiradores y de estar al servicio de los "enemigos" de Egipto. El régimen define lo que es la "verdad oficial" y cualquiera que discrepe es considerado enemigo y traidor. Es el autoritarismo del que no se ha librado nadie.
La "guía" acoge las disidencias de los profesionales y el conflicto con el Consejo que deberá aplicarlos

Q: What criticisms are being levelled against these new laws?
Prominent Egyptian journalists have called the measures unconstitutional. Mohamed Abdel-Hafiz, a board member of the Journalists Syndicate, told Ahram Online that the newly introduced bylaws contravene articles 70 and 71 of the constitution, which guarantee freedom of the press and freedom of publication.
Abdel-Hafiz quotes Article 71 of the constitution; “It is prohibited to censor, confiscate, suspend or shut down Egyptian newspapers and media outlets in any way. Exceptions may be made for limited censorship in time of war or general mobilisation.”
Abdel-Hafiz said that the new bylaws are worded too vaguely.
“These new bylaws put a stamp of legality on the ongoing struggles faced every day by journalists and the media, and they give the council the power to decide what can be published without any court orders,” said Abdel-Hafiz.

Q: How has the council reacted to criticism?
Supreme Media Council head Makram Mohamed Ahmed responded to the criticism in a statement issued late on Sunday. Ahmed said that the council's regulatory role gives it the right to act as a watchdog and sanction all kinds of media, including social media networks.
Ahmed said that blocking or banning can take place in cases of extreme necessity in the face of serious media crimes and non-compliance with council decisions.
The chief of the regulatory body highlighted that this procedure has not been taken since the council was established 20 months ago, except in one case, where a media outlet committed 45 violations, each of which was investigated and the outlet was warned several times.

Q: What's next?
Members of the press syndicate board have been discussing the matter with lawyers, according to Abdel-Hafiz, and have filed an appeal with the State Council against the new legislation.
“I have been in contact with all my colleagues in the press syndicate. We all hold the same position and we will appeal against these bylaws, which not only contravene the constitution, but also many laws," said Abdel-Hafiz.

La simple publicación en el diario estatal ya es una toma de postura dentro del sistema. La guerra con los periodistas se inició hace mucho y el régimen ha tratado de desmontar el aparataje mediático adverso o simplemente discrepante. Nunca se insistirá bastante en la obsesión por la "verdad oficial" del régimen egipcio, lo que explica gran parte de sus acciones y medidas. El liderazgo no puede ser cuestionado y debe verse como la única esperanza de futuro. No hay más voz. Sobre esta idea, el control de los medios es esencial ya que es la forma de tener a la gente en la línea adecuada de interpretación y visión del mundo.
La consideración de "anticonstitucional" por parte de los profesionales y del sindicato de los artículos es un enfrentamiento, aunque saben que tienen poco que hacer, pero se trata de dar la batalla, que no ha dejado de darse frente a los periodistas, y cuyo momento culminante fue la entrada de la Policía en la sede del Sindicato de Periodistas, algo que no había ocurrido anteriormente, con motivo de la entrada de dos periodistas perseguidos por informar sobre las protestas por el regalo de las islas se Tiran y Sanafir por parte del gobierno a Arabia Saudí.



Informar era "delito" por varios motivos: decir que eran egipcias era ir en contra de la versión oficial, lo que era "difundir mentiras", pero además era una "incitación al desorden" o, ¿por qué no?, "dividir al pueblo egipcio" con la información, "desestabilizar al estado", etc.
Recuérdese que en cuestión de medios, se ha detenido a periodistas por reproducir un texto de un medio extranjero, pero también por dar entrevista a otro también extranjero. Es decir, ya no solo no pueden escribir, sino que la difusión interna de cualquier cosa que se entienda que va "contra Egipto", como criticar al presidente al-Sisi, es considerada delito o falta. Recordemos lo ocurrido hace poco tiempo con la entrevista realizada al presidente en el programa de la CBS norteamericana, "60 minutes" y con la orden de no difundirlo en los medios egipcios.
Tenemos ahora mismo en los medios tres casos que muestran lo que ocurre con la libertad de expresión o de información.
Del primero de ellos nos informa Egypt Independent con el titular "Sherine Abel-Wahab banned from performing in Egypt"**. Recordarán la condena a tres meses por haber dicho en un concierto, como una broma, que prefería beber agua embotellada a las aguas que bajan por el Nilo. Esta vez ha tomado cartas la dirección del Sindicato de Músicos, un impresentable vigilante de la ortodoxia oficial que vigila a intérpretes y decide sobre su futuro laboral:

The Musicians Syndicate in Egypt led by artist Hany Shaker banned renowned Egyptian singer Sherine Abdel-Wahab from performing in Egypt in addition to scheduling a disciplinary meeting on March 27 to investigate the claims brought against her regarding her latest controversial statement at a concert in Bahrain.
Egyptian lawyer Samir Sabry filed a recent complaint against Abdel-Wahab for “insulting Egypt,” “spreading false news,” and “inviting suspicious human rights organizations to interfere in Egypt’s affairs.”
Sabry’s legal complaint claimed that Sherine devastated Egypt’s reputation with her recent statement at a concert in Bahrain, where she stated, “Here I can say whatever I want. In Egypt, anyone who talks gets imprisoned,” according to Sabry.
Shaker, the syndicate’s chairman, said in his telephone interview with Al Nahar TV on the program “Akher Al Nahar” that the syndicate’s move came as result of several complaints against her.
Shaker added that he has previously asked Abdel-Wahab to stop telling jokes on stage; he had stressed that the stage is for singing only and informed her that she doesn’t know how to be properly humorous.
“Sherine’s last mistake–making fun of the Nile River–was a big one, and here is another catastrophe. Her statement angered Bahrainis more than Egyptians themselves, because they love Egypt,” Shaker added.**


Los perros guardianes egipcios tienen todos las mismas pulgas. La persecución gusta porque les hace sentir poderosos. ¿Es posible en algún país del mundo que el jefe del sindicato de músicos le diga a un cantante que el escenario no está para hacer chistes? En Egipto sí. Cualquiera que tenga poder se siente el dueño y señor de tu vida si caes bajo su jurisdicción. La sangre faraónica está más extendida de lo que se piensa. Tanto el abogado Sabry, un viejo conocido por sus denuncias y un ultrapatriota, como el jefe del sindicato, otro con las mismas pulgas, tiene la misma función que el Consejo de Medios: vigilar y denunciar. En todos los ámbitos, los perros han sido colocados para morder al que se toma demasiadas libertades.
¿Creía la cantante Sherine que podría hacer chistes en el Líbano? Ningún egipcio escapa a la propiedad del estado, al derecho que se tiene de controlarle, vigilarle, denunciarle. Un egipcio no es libre de hacer o decir esté donde esté; es una propiedad del estado allí donde vaya. Siempre encontrará otro egipcio que le dirá lo que puede o no puede hacer.


El segundo caso lo tenemos con el prominente escritor egipcio Alaa Al-Aswani, el autor de "El edificio Yacobian", un bestseller por todo el mundo, y uno de los críticos ya de la época de Mubarak, pidiendo democracia. Al-Aswani, como tantos otros, creyeron de buena fe que la salida de los islamistas Hermanos Musulmanes —la otra cara radical de la moneda autoritaria egipcia— daría paso a una democracia. Su desengaño fue el de todos. El "no-coup" acabó siendo peor que el régimen de Mubarak, como es algo aceptado por todos en el exterior.
Egyptian Street señala en su titular "Al Aswany Embroiled in Military Lawsuit for Criticism on State" y explica:

Acclaimed writer Alaa Al Aswany stated that he is being sued by a military court for criticizing various institutions in the country, namely the armed forces and the judiciary as well as the Egyptian President.
The Egyptian writer, who currently resides in the US, claimed that he is being sued to sensitive content in his last novel “The Republic, As If” as well as his written contributions to Deutsche Welle Arabic in which he criticizes infrastructure projects ordered by President Abdel Fattah Al Sisi.
This was made clear in his last contribution to DW dated Tuesday 19.
Aswany’s last novel, Al Gomhoreya Ka’en (The Republic, As If) is currently banned in Egypt although it was published last year. It narrates the 2011 revolution, which Aswany was a strong participant in, up until the ousting of ex-President Mubarak. The novel supposedly criticizes Egypt’s courts, parliament and constitution.
Current governmental narrative has discredited the incidents of 2011, opting instead on the ousting of MB-supporting former President Mohamed Morsy in 2013.
Aswany wrote that he had been “referred to a military court, accused of having insulted the head of state and incited hatred against the regime, as a result of my most recent novel and what I write for DW” as per the BBC. The lawsuit seems to have taken form after Aswany’s mid-March column in DW.
The author refers to the case against him as unconstitutional as it invalidates his freedom to thought and opinion (ensured in Article 65 of the Egyptian constitution).
“My only crime is being an author, expressing my opinion, and criticising those who deserve it, even if it’s Al-Sisi,” added the 62 year old writer who claims he is not free to write for local newspapers nor appear in television in Egypt since the first week of the president Al Sisi’s presidency.
According to the writer, he was also approached by national services and he faced harassment whenever he travelled.***


Como puede apreciarse, otro caso de persecución y acoso continuo. Se trata de desacreditar a Al-Aswani en el interior, ya que es evidente que nadie se va a tomar en serio al régimen en el exterior.
Cada vez que alguna figura —cultural, artística, científica...— muestra su discrepancia con el gobierno y se aleja del poder, es sometida a la difamación por parte de los medios públicos y privados afectos al régimen, los que constituyen su artillería contra ellos. Es el mecanismo habitual porque se trata de que no haya ninguna figura que pueda distraer la atención de los fascinados egipcios. Cualquier voz que tenga relevancia es sometida a vigilancia por parte de los perros vigilantes y, si entra a formar parte de la disidencia, es atacada sin piedad acusándola de lo que haga falta. Lo hemos visto con Sherine, pero ya hubo ocasión de verlo inicialmente con el Nobel de la Paz egipcio, Mohamed El-Baradei, al que se trató de desprestigiar para evitar su liderazgo de la oposición. El régimen solo admite ¡crear al líder de la oposición!


El tercer caso lo hemos mencionado estos días. Es el del actor egipcio Amr Waked, condenado también por sus opiniones y obligado a residir en el extranjero (se encuentra por España) ante la condena a ocho años que le ha caído por un tribunal militar. "Egyptian Actor Amr Waked Sentenced to Eight Years in Jail for “Spreading False News and Insulting State Institutions”", era el titular hace unas semanas de Egyptian Streets. Más de lo mismo. El régimen se muestra fuerte ante lo que considera su mayor peligro.
De los tres casos, solo Alaa Al-Aswani es directamente periodista, pero los tres tienen que ver con la comunicación y su mundo son los medios: periodista y escritor, cantante y actor. Los tres están por lo mismo, por expresar su disconformidad o por quejarse de no poder hacer chistes en su país, como Sherine. Pronto será delito recoger sus opiniones. Son las libertades de expresión e información las que están en juego y ambas están unidas íntimamente, ambas necesitan la una de la otra. Tanto la expresión como la información son aspectos que el régimen teme y por ello desarrolla esas formas de vigilancia.


Este es el estado del régimen. Los periodistas ya saben a qué atenerse. Cualquiera que difunda noticias, dé voz recogiendo las opiniones o incluso intervenga en medios extranjeros, puede ser condenado por los tribunales en aplicación de estos estatutos que muchos consideran contra la propia constitución egipcia. Pero las leyes egipcias son elásticas formas de control. No es otra su función.
Los amigos del presidente le compraron los medios hostiles; los jueces e instituciones oficiales les han controlado los medios. La resistencia existe. Muchos periodistas se juegan presente y futuro por tratar de expresar el deseo de un Egipto más abierto o con menos distancia entre lo que se hace y lo que se dice, entre lo que se promete y lo que se consigue.
Cuando la cantante Sherine dice que "no se puede hablar en Egipto" no está insultando a su país. Está ejerciendo su derecho a criticar a los que han convertido su país en un silencioso patio de cuartel. 



* "AO's guide to Egyptian media council's new bylaws on media, social networks" Ahram Online 21/03/2019 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/328532/Egypt/Politics-/AOs-guide-to-Egyptian-media-councils-new-bylaws-on.aspx
** "Sherine Abel-Wahab banned from performing in Egypt" Egypt Independent 22/03/2019 https://ww.egyptindependent.com/sherine-abel-wahab-banned-from-performing-in-egypt/
*** "Al Aswany Embroiled in Military Lawsuit for Criticism on State" Egyptian Streets 21/03/2019 https://egyptianstreets.com/2019/03/21/al-aswany-embroiled-in-military-lawsuit-for-criticism-on-state/
**** "Egyptian Actor Amr Waked Sentenced to Eight Years in Jail for “Spreading False News and Insulting State Institutions”" Egyptian Streets 6/03/2019 https://egyptianstreets.com/2019/03/06/46027/





domingo, 28 de octubre de 2018

Alaa Al Aswani o la necesidad de la libertad de expresión en el mundo árabe

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El caso de Jamal Khashoggi ha tocado fibras sensibles en el mundo árabe. Dentro de las grandes luchas que se dan en Oriente Medio entre Arabia Saudí e Irán, con sus apoyos correspondientes, hay otra increíblemente olvidada, la de los que quieren democracia, la postura de los demócratas. Esta es una lucha perdida entre los grandes bloques y entre las grandes tendencias islámicas, wahabitas, salafistas, Hermanos Musulmanes, Estado Islámico, etc. Perdidos, desasistidos entre ellos, se encuentran aquellos que tratan de encontrar un futuro para el mundo árabe entre tendencias dogmáticas, entre odios centenarios, entre rivalidades de potencias reaccionarias, autoritarias, despóticas.


La pregunta vuelve una y otra vez: ¿es posible una democracia en los países árabes? ¿Es posible una democracia que respete a las personas, que nos las considere propiedades de sus amos, dictadores y reyes, crueles generales de opereta como un Gadafi, aburridos como un Mubarak o reyes que siguen invocando a la voluntad de Dios como su fuente de poder, que usan para eliminar cualquier tipo de crítica, resistencia u oposición.
El movimiento conocido como Primavera Árabe, con el que se identificaron millones de jóvenes árabes de todo el mapa, fue destruido por las fuerzas que veían en ella un desafío, y por el abandono de Occidente cuando vio que se provocaba una inestabilidad enorme. Como hemos señalado, unos acabaron con las dictaduras, sacrificándose en las calles, y otros trataron de llevarse el crédito. Finalmente, los únicos organizados, los islamistas en sus diversas formas pudieron recoger los frutos de aquellos que pedían algo más que un cambio de caras, que pedían libertades y desarrollo económico, salir de la pobreza en la que grandes bolsas de la población se encuentran.


El día 23 de octubre, el escritor egipcio Alaa Al-Aswani publicó un artículo en la Deutsche Welle árabe, con el título “Do Arabs Need Freedom of Expression?” ("علاء الأسواني: هل يحتاج العرب إلى حرية التعبير..؟!")*. Al-Aswani comienza hablando de lo que el asesinato de Jamal Khashoggi nos recuerda de los regímenes árabes actuales:

1º.- "...el gobernante árabe, a pesar de las manifestaciones de la modernidad, todavía se comporta con la mentalidad del sultán en la Edad Media."
2º.- "...el ciudadano árabe carece de fuerza, por lo que es fácil arrestarlo, torturarlo y matarlo".
3º.- "...el asesinato de Khashoggi, con esta brutalidad, refleja un método de represión practicado por todos los regímenes árabes sin excepción".*

Desde estos tres puntos, es fácil comprender el interés en que el caso se cierre cuanto antes como una forma de "justicia" del régimen involucrado y no como un efecto precisamente de lo contrario, que es lo que representan los tres puntos señalados por el escritor egipcio.
Los tres puntos reflejan a los gobernantes (1), gobernados (2) y las prácticas habituales (3). Con ellos se realiza una descripción en escuetos trazos de la situación que se vive en estos países en los que, como hemos señalado con frecuencia, se intenta hacer pasar represión por estabilidad. La paz no es más que el imperio del miedo.
La función de la represión continua y del silencio es doble, perpetuarse en el poder junto a los sectores dominantes de la vida política y económica, y evitar que surjan escándalos que dificulten sus relaciones internacionales, especialmente con aquellos países en los que la opinión pública es sensible a la situación de los Derechos Humanos.


Tras la descripción de la situación general, Al-Aswani dirige en primer lugar su vista a Egipto, donde —dice— miles de jóvenes participantes en la Revolución padecen en las cárceles encierro y tortura para que no olviden lo que ocurre cuando se desafía al régimen.
Pasa Al-Aswani a realizar una afirmación sobre los dirigentes árabes. Ya sea, presidente o rey, "considera que la eliminación de sus oponentes es una herramienta esencial del gobierno". Cree, además, que "la libertad de expresión es una tradición occidental que no se adapta a nuestra cultura árabe".
Lo primero se camufla muchas veces tras el concepto de "terrorismo", que se extiende a todo aquel que osa desafiar las instrucciones del régimen. El contexto actual de violencia generalizada está sirviendo para la eliminación cuidadosa, para el silenciamientos, de todos aquellos que no son favorables al régimen. La etiqueta es siempre la misma y va de personas demócratas, ateos, feministas, activistas de derechos o personas de la comunidad LGTB, a los que se considera como "peligrosos" y destructores de una "normalidad" arabo-musulmana que se ha construido como única "identidad" posible. En el caso de Egipto es enormemente visible a través de la doble acción conjunta del Ejército (y demás fuerzas de seguridad) y las instituciones como Al-Azhar, que velan por una ortodoxia musulmana en contra de lo que definen como extremismo religioso o ateísmo.
El desprecio manifestado por los derechos humanos por el propio Al-Sisi, como algo propio de Occidente, no practicable en el espacio árabe, es un demostración de la poca fe en la democracia y en la mejora del pueblo, al que se le condena a vivir en un régimen en el que por ser imposibles las críticas, tiende a formarse una creciente corrupción que acaba afectando a todos los niveles sociales y de la propia administración.


Los efectos vistos en la sociedad egipcia son de un regreso a un "conservadurismo moral", con el que trata de mantener contentos a aquellos sectores que simpatizan con los islamistas, eso les permite simultáneamente deshacerse de todos aquellos reformistas en lo religioso o demócratas en lo político, líneas que tienden a confundirse cuando interesa manipular la una con la otra. De esta forma, se impide la llegada de una modernidad necesaria en un mundo global en el que la información fluye. Para frenar esto, se impone la censura, el cierre de medios y una furibunda propaganda que hace que los rincones de las calles no sean más el que gigantesco marco para los retratos del líder, al que se le transfieren los valores con los que identificarse.
Ala Al-Aswani hace un recorrido por los problemas que causa la falta de libertad de expresión en los países árabes.
1º. Una sola fuente de decisión. Reyes y presidentes mandan y los gobiernos están a su servicio.
2º. La distorsión general de la mentes, el lavado de cerebro permanente. Los medios solo tienen una función propagandística. Al-Aswani pone el ejemplo —muchas veces citado aquí— de la campaña del gobierno egipcio contra la Revolución  de 2011, convirtiéndola en la fuente de todos los males, en obra de islamistas y occidentales, de conspiradores, para destruir el estado.
3º. La distorsión de los derechos humanos. Los valores que acaba haciendo suyos la sociedad son negativos, la mentira y la hipocresía como fundamentos de la vida social.
Cuando puedan elegir a sus gobernantes, cuando estos respondan a los interese verdaderos del  pueblo y no a sus clases dirigentes y privilegiadas, interesadas en mantener el statu quo, dice Al-Aswani, "los árabes se unirán a las naciones del mundo civilizado". Como es tradicional en sus escritos, la última línea es "la democracia es la solución" (الديمقراطية هي الحل). Es su versión del islamista "el islam es la solución".*


Jamal Khashoggi, como vimos aquí, había enviado una columna a The Washington Post con unas tesis parecidas: la ausencia de libertad de expresión en el mundo árabe es una barrera que impide que se genere un consenso que sea una alternativa a los gobiernos autoritarios que se han confabulado para no amparar a los disidentes ajenos para evitar que se dé espacio a los propios.
La soledad de los demócratas árabes es grande. También es enorme su propia división y la ausencia de figuras aglutinadoras, que se quedan por el camino ante la represión o la falta de apoyo. Lo ocurrido con Khashoggi es una muestra de lo que le ocurre al que discrepa y no se aviene a pactos o silencios. El propio Alaa Al-Aswani es un conocido escritor y periodista que ha tenido que buscar como tantos otros alojamiento foráneo para poder hablar, en este caso en la Deutsche Welle, al igual que Khashoggi lo encontró en las páginas del diario The Washington Post. No hay espacio en Egipto para él; no ha espacio para el que pide "democracia".

Las generaciones de políticos árabes van fracasando una tras otras. La actual generación tuvo el valor de levantarse frente a los gobiernos dictatoriales. Desgraciadamente, la ausencia de una tradición política dialogante que permita la acción conjunta ha hecho que cualquier intento se convierta en una intensas luchas de egos e intereses. Esto beneficia enormemente a los dictadores y autócratas coronados que tiene mano de hierro y solo admiten morir en sus tronos y palacios.
Los autócratas les prometen seguridad y prosperidad, dos conceptos que tienen una doble lectura. "Seguridad" es represión, dependencia, vigilancia; "prosperidad" es la promesa de que cuando todo esté "tranquilo", el dinero, los turistas, los inversores, etc. llegarán como el maná, llovido del cielo. Los medios se llenan de promesas en forma de conferencias, de fotografías, de encuentros, de mucha actividad diplomática, etc. con la que intentan convencer a los pueblos que son ampliamente aceptados, felicitados por su "buen trabajo", como ha ido haciendo Donald Trump con los dictadores con los que se encuentra. Son los "fantastic guy", los que hacen el "good work", etc. por el que son felicitados y de quien reciben la promesa de mirar para otro lado en sus represiones o intervenciones, como ocurre con Arabia Saudí.
Ha sido el debilitamiento de una política estricta de defensa de los derechos humanos junto con el ascenso de políticos populistas lo que ha hecho que los dictadores sean recibidos por determinados gobiernos, como la Hungría de Viktor Urban, en donde son alabados, como Gadafi era alabado por la Venezuela de Chaves, entregándole el "Sable de Bolívar", como premio.


El caso de Jamal Khashoggi tiene una gran importancia y no debe pararse, no debe detenerse su efecto. Pero las sanciones que se le puedan poner a Arabia Saudí son una pequeña parte. El régimen del futuro rey saudí, el actual príncipe Mohamed Bin Salman nacerá tocado porque las maniobras de maquillaje del Reino no sirven más que para encubrir que el poder nunca dejará ni un átomo de su capacidad.
Las tres características señaladas por Al-Aswani son y seguirán como fundamento de Oriente Medio. Cualquier tipo de acción de algún estado recibirá inmediatamente la respuesta del fortalecimiento de su propia disidencia. De ahí que el pacto entre gobernantes tienda a asegurarse que nadie intervenga en los "asuntos" de otros. Esto es lo que explica la alianza de Arabia Saudí, Egipto, Emiratos contra Qatar, a la que consideran que está sirviendo a los intereses de Irán, por un lado, pero sobre todo que está interfiriendo alentando la disidencia a través de la cadena Al-Jazeera.
Jamal Khashoggi reclamaba unos medios libres de las presiones o la financiación de los estados. Reclamaba, al igual que Alaa Al-Aswani libertad de expresión.
Esto no es posible en las actuales circunstancias, como muestra el crimen cometido. Al-Aswani fue una voz que reclamó democracia durante el régimen de Mubarak. Apoyó la revolución de 2011 y creyó inicialmente que se podía confiar en una democratización tras el derrocamiento del régimen de los Hermanos, un año nefasto. Pronto se dio cuenta de que no se iba hacia una democracia y empezó por el silencio para después hablar con contundencia. Ha vuelto a su "la democracia es la solución", de nuevo necesario.


La artillería mediática egipcia se ha desencadenado contra los países que han criticado al "patrón saudí". Más allá de las visitas y llamadas oficiales del gobierno, se resalta esta vez que ni turcos ni qatarís tiene derecho a exigir nada porque tienen su propia "culpa" acumulada.
Tampoco Egipto, con periodistas encerrados y más de quinientos medios cerrados en estos últimos tiempos, con intelectuales como Alaa Al-Aswani o Bassem Yusef en el exilio forzado por su propia seguridad, tiene derecho alguno a considerar que el caso de Khashoggi como solo un "incidente" o una cuestión de rivalidad.
El artículo titulado "Erdogan's media game", publicado en el estatal Ahram Online es una muestra del intento de diluir el hecho en sí tomándolo como parte una guerra mediática, como un asunto entre estados en liza, en donde Erdogan aprovecha la situación, lo que no deja de ser cierto, pero esto no anula lo ocurrido:

However, it is unclear how far the Turks will be able to use this incident for these ends, and Erdogan might attempt another adventure in the form of a new Turkish military incursion abroad, perhaps in Iraq or Syria or even Cyprus, in order to shift the pressure from the domestic opposition to his rule.
Unfortunately, the Saudis have given the Turks and the Qataris an unexpected gift that may help them whitewash the crimes they have committed over the past decade.
These two terrorist-supporting regimes will now push for regime change in Saudi Arabia, hoping to see a new government in Riyadh that will mend relations with them over their support for the Muslim Brotherhood and other terrorist outfits.
However, it is unlikely that King Salman will yield to such pressure, given these countries’ hostile stance towards the kingdom.
The Qataris have now deepened the rift between them and the Saudis to such an extent that negotiations between the two countries seem nearly impossible as long as the current regimes in Riyadh and Doha stay in place.
The Turkish and Qatari regimes should not be allowed to boast of a diplomatic victory over Saudi Arabia because of the killing of Khashoggi.
Instead, they should be exposed to the world as prime supporters of terrorism and assassinations in the region. It should be remembered that when the Turkish, Qatari and Iranian regimes preach about human rights it is because they are planning dubious actions of their own.
Regimes that have been involved in mass murders, assassinations, bombings, and the training and harbouring of terrorists can never be seen as the defenders of human rights.**


Es un ejemplo claro de cómo funciona el aparato informativo del régimen. Convertir el crimen en solo una cuestión de rivalidades o de ataques a Arabia Saudí es una forma de distorsión informativa, ya que según este razonamiento, nadie estaría cualificado para exigir responsabilidades a los saudís por el crimen. Por otro lado, la calificación de Turquía como estado terrorista es una acusación constante desde los medio estatales. En este sentido, Egipto ha fracasado en su intento de que Estados Unidos considere a los Hermanos Musulmanes como un "grupo terrorista", su máxima aspiración diplomática. Lo mismo que ocurre con Turquía —que defendió al gobierno derrocado de Morsi— sucede con Qatar, acusados de ser "estados terroristas", que se da como una verdad incontestable.
El autor del artículo —Hany Ghoraba— se olvida que al igual que se le exigen explicaciones a Arabia Saudí, también Turquía ha recibido todo tipo de condenas por su comportamiento. Es ese razonamiento perverso el que hace que todos estén obligados al silencio para evitar que se aireen sus trapos sucios. Los de Egipto son superiores, por ejemplo, a los de Turquía en el plano de la libertad de expresión y tratamiento a la prensa. ¿Anula eso las críticas a Turquía? En absoluto. Pese a ello, el autor señala: "This Saudi intelligence blunder and the international scandal that has resulted from it have been turned into a victory for the Turkish and Qatari regimes."** ¿Victoria de Erdogan? Hay que estar muy ciego para pensar en estos términos. Pero es ese pragmatismo político lo que se ha desarrollado en la zona. A nadie le importan los derechos, solo que el enemigo no gane o avance.
Por eso las condenas de la Unión Europea (que ya ha condenado a Egipto por la represión y la libertad de expresión o a Turquía por lo mismo, a través del parlamento Europeo), de las instituciones internacionales (la ONU) o de las organizaciones (Amnistía Internacional, Reporteros sin Fronteras, etc.) son importantes. No deben enterrase por el hecho de que el crimen se haya cometido en tierra turca. Erdogan no mejora porque Khashoggi haya sido asesinado en Turquía.


La necesidad de plantearse sanciones eficaces contra aquellos que violan los derechos humanos o que, sencillamente, los niegan como principio de convivencia es más urgente que nunca ante estos planteamientos perversos.
Lo primero que hizo la prensa egipcia fue decir que Khashoggi estaba "próximo" a la Hermandad Musulmana, lo que le convertía ya en un "terrorista", según la doctrina oficial. Los siguientes pasos han sido dar la razón a las versiones saudís, que ellos mismos se han encargado de modificar, dejando a sus defensores en evidencia. La tercera fase consiste en desacreditar a los que exigen el conocimiento de la verdad, que no son solo turcos y qatarís, sino la mayoría de los países.
Está en juego el modelo de relaciones internacionales y las líneas rojas que no se pueden pasar. Lamentar, una vez más, la tibieza española, que demuestra el poco sentido político generoso que se ha desarrollado en este país para con los derechos humanos, envueltos en un infame pragmatismo económico, que envuelve a la izquierda, la derecha y los que dicen ser el centro. Unos defiende a la Venezuela de Chaves y Maduro, otros a la Arabia Saudí, reino retrógrado en el que la disidencia se paga cara.


El artículo de Alaa Al-Aswani merece ser leído para entender la soledad de los demócratas en los países árabes. Muchas veces es la falta de entendimiento de lo que ocurre, otras su propia falta de comunicación y temor a ser considerado "pro occidentales", terrible acusación, que solo es positiva cuando media dinero de los inversores.
Los que hablan de doble rasero deberían mirarse en el espejo que refleja cómo agitan una mano contra occidente mientras que con la otra reciben cuantiosas subvenciones, como ocurre con Egipto, para sus propios ejércitos o políticos. Por abajo siguen políticas anti occidentales, mientras que en la cima se arreglan con Israel, Estados Unidos o con quien sea necesario.

Eso crea un continuo ambiente explosivo en el que los pueblos se sienten amenazados, donde siempre hay enemigos exteriores que amenazan con la destrucción. Los disidentes demócratas, en este contexto, son acusados de traidores, de conspiradores para acabar con el "islam" (la vía religiosa), el estado (la vía nacionalista) o ambas.
En un ambiente sin libertades de expresión e información, entre la propaganda y la censura o el silencio, la petición de Al-Aswani —como la de Khashoggi— se convierte en esencial para poder denunciar la situación que se vive, las mentiras acumuladas para el control de la población haciéndoles vivir en una burbuja. Se tardará mucho en vivir una situación parecida a la Primavera Árabe. Los gobiernos se han vacunado contra las disidencias expulsando o encerrado a cualquier discrepante que pueda despertar conciencias.
Los controles de los medios y de las redes sociales, atentamente vigiladas, hacen que sea cada vez más difícil decir la verdad de lo que ocurre. Tampoco es ya fácil verla en esta espiral de silencio. Hay que agradecer a gente con Jamal Khashoggi o Alaa Al-Aswani el compromiso para decir la verdad.
Este es el fragmento que el propio Al-Aswani ha traducido al inglés para su página en Facebook:

“Do Arabs Need Freedom of Expression?” by Alaa Al Aswany

“The Arab ruler—whether a king or a general—considers the elimination of his opponents an essential tool in governance...

“The absence of freedom of expression leads to a state of tyranny that causes citizens to withdraw from the public sphere, busying themselves with their daily bread and unconcerned with what happens outside their family. These conditions invariably lead to a distortion of human values: cowardliness turns into wisdom, courage into foolishness, hypocrisy into eloquence, and deceit into a talent. From the first essay topics in grade school glorifying the leader, to the phony words uttered by members of parliament who won in forged elections, and editorials that intelligence officers dictate to journalists, citizens are conditioned not to speak what they believe but what is seen as appropriate. And so arises generations of hypocrites, for whom lying is normal, socially acceptable behavior.”


La reducción de los medios occidentales a información de atentados o crisis económicas hace que las conciencias queden alejadas del drama que allí se vive, especialmente por aquellos que han sido iluminados por el ángel de la Historia, mirando al pasado para entender su presente, y conservan la lucidez que les lleva a pensar y reclamar una sociedad más justa, una convivencia en paz por encima de las luchas de poder practicadas durante décadas o siglos.
Sin esa libertad de expresión, solo queda el silencio y la propaganda. Del silencio nunca sale nada; solo se va tragando las voces que le rodean. De la propaganda solo surge el distanciamiento entre la realidad y su descripción fantasiosa, lo que lleva a la escisión de la mente, al doble pensar, como forma de supervivencia.
Hay que escapar del juego absurdo de la rivalidad entre las potencias o países. Hay que centrarse en el problema real, el del pueblo, el de la falta de democracia y la consiguiente falta de armas para combatir la corrupción. Todo lo demás es hacer el juego a los dictadores. Por eso el centro es la libertad de expresión, romper las barreras dentro y fuera para que se pueda conocer de forma transparente la oscura realidad actual. No hay que estar del lado de nadie, como un mal menor, como un socio estratégico o económico. Son ellos los que crean los enemigos, los que establecen las condiciones para perpetuarse en el poder.
Es lo que dice Alaa Al-Aswani y lo que decía Jamal Khashoggi.


* Alaa Al-Aswani "علاء الأسواني: هل يحتاج العرب إلى حرية التعبير..؟!" DW (Deutsche Welle) 23/10/2018 https://p.dw.com/p/36zVM
** "Erdogan’s media game" Ahram Online 26/10/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/315051/Opinion/Erdogan%E2%80%99s-media-game-.aspx




lunes, 4 de abril de 2016

La normalidad lectora o queda mucho por traducir

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Sin que se retire ninguna, una nueva polémica aparece en el horizonte egipcio. Esta vez afecta a una de sus figuras intelectuales. Nos referimos a la polémica suscitada por la traducción al hebreo de la novela de Alaa al-Aswany, El edificio Yacobián, un bestseller internacional, traducido a multitud de lenguas. En Egypt Independent aparece recogida la cuestión problemática:

The Israeli newspaper Yediot Aharonot announced the recent printing of Alaa al-Aswany's "The Yacoubian Building" in Hebrew. The celebrated novel, written by the 58 year old writer and dentist, will now be available in translation for an Israeli readership.
In 2010, the novel was illegally translated and printed in Israel by the Israel-Palestine Center for Research, after which Aswany announced he would litigate the publishers for theft of intellectual property, he told AP at the time. The novelist rejected the translation in a stance against cultural normalization with Israel.
But according to Yediot Ahronot, as of March 2016 the Egyptian's novel has been newly translated and put on the market in Israel. The work was published by an American publishing house in coordination with Israeli publishers.
Israeli army spokesman Avichay Adraee took to Twitter on March 30, congratulating Aswany in Arabic for the first print of his novel in Israel.
Aswany, however, has denied on Twitter that a Hebrew copy of "The Yacoubian Building" has been printed, claiming this to be yet another unauthorised attempt to publish his famous work in Hebrew.
A statement published by Aswany's office on Twitter read, "Dr. Alaa al-Aswany stresses that he did not — at any time — sign any contract with any Israeli publishing house to publish his works".*


Puede que a algunos la cuestión les pueda parecer sorprendente, pues va más allá de una cuestión meramente de derechos de autor: se trata de considerar el hebreo como una lengua prohibida. En términos absolutos: El edificio Yacoubian —o cualquier otra obra de Alaa al-Aswany— puede aparecer en cualquier lengua menos en la hebrea.
Las esperanzas de que algún día se llegue a solucionar este conflicto enquistado son prácticamente nulas. El parlamento egipcio ha expulsado mediante votación a uno de sus diputados, el controvertido Tawfiq Okasha, por encontrarse con el embajador israelí. La decisión es insólita, pero refleja un clima específico. A Okasha se le ha expulsado por casi unanimidad. Da igual que Egipto tenga firmados unos acuerdos de paz con Israel.


Uno puede pensar que la cultura es una herramienta importante para llevar hacia una mejor comprensión del otro, que estaría por encima de cualquier otra circunstancia. Sería engañarse. La sola idea de que un texto en árabe aparezca impreso en caracteres hebreos es vista como una traición, como una infamia. Se nos llena la boca de islamofobia, pero no nos bajamos del antisemitismo. Estar contra un gobierno y sus acciones puede ser comprensible; estar contra una lengua es irracional.
La cuestión con Alaa al-Aswany es más compleja porque es una figura crítica con el régimen de El-Sisi, al que retiró su apoyo al alejarse de la democracia. Eso quiere decir que deberá hacer todo tipo de demostraciones de indignación y recurrir a todas las vías de denuncia para no ser acusado de "traidor", algo que encantaría a muchos dado su protagonismo. A Al-Aswany se le prohibió no hace mucho, alegando motivos de seguridad, una conferencia. Aquí dimos cuenta de ello.
La segunda parte de la noticia recogida por Egypt Independent trae la polémica sobre la autorización de la traducción y publicación:

The statement came in response to news of the publication circulated in the media. According to Yediot Aharonot, voices in the Egyptian media have harshly criticized Aswany for authorising the book's translation and publication in Israel.
Meanwhile, in a lengthy report published in Maariv newspaper, Israeli journalist of Iraqi origin specializing in Arab affairs Jackie Hoji contradicted Aswany's official publicity statement. He said that Aswany had indeed signed a contract legally consenting to the translation of the work into Hebrew by US publishing house Toby Press. Toby Press, he went on, served as an intermediary for the transfer of those rights to Israeli publishing house Kinneret Zmora, which printed the novel in Israel.
Aswany "is not just a successful author, but rather a political icon", Hoji wrote on Facebook.
He pointed out that The Yacoubian Building has been translated to more than 30 languages ​​since it was first published in 2002 in Cairo.*


El carácter de "icono político", como se señala en la información aparecida en Israel, es lo que hará que Al-Aswany tenga que esmerarse en su propia defensa, ya que sobre él recaerá la carga de la prueba. La información de que pudiera haber firmado un acuerdo con la editorial hebrea norteamericana Toby Press y que esta haya cedido los derechos es poco probable dado la naturaleza de la editorial, centrada en autores hebreos, por lo que he podido comprobar en una visita a  su web.

La editorial que ha sacado el libro, Kinneret Zmora, es una de las más importantes de Israel, con más de 300 libros al año y una larga historia desde que sus fundadores en Odessa, en 1919, salieron de Rusia y recorrieron media Europa. Es una editorial que busca traducir las novedades mundiales. Por el contrario, Toby Press es una editorial "hebrea", dedicada a la difusión de los autores hebreos. Es poco probable (o de una ingenuidad pasmosa) que los representantes de Alaa al-Aswany —de ser cierto— no se hayan dado cuenta de qué editorial se trataba, algo que salta a los ojos. El edificio Yacoubian no tendría sentido en sus colecciones.
Pero todo eso, que será tan esencial para muchos y que usarán para desprestigiar a al-Aswany, es indicador de una intransigencia cultural desoladora. La cultura debería ser una herramienta de "normalización" y porque lo es se vigila e impide su desarrollo. No hay interés en ningún tipo de normalidad, como claman los exacerbados comentaristas de la página del portavoz israelí en lengua árabe, Avichay Adraee. Fue él quien dio la noticia congratulándose de la traducción del libro. Los comentarios a la noticia dejan ver el odio y los niveles a los que se puede llegar.


Lo terrible es que se exija ese nivel de odio a todos, que cualquier intento de encontrar un camino de diálogo —aunque sea a través de los libros— se vea como una traición imperdonable, que un encuentro con un embajador suponga la expulsión del parlamento. Independientemente de que haya sido una maniobra para expulsar al impresentable Okasha, se ha elevado a condena política el simple contacto.
Esto no es nuevo. Repasando la prensa hebrea en busca de noticias sobre la publicación de al-Aswany aparecen varias recientes relacionadas con el mundo de los libros. En el medio israelí Ynetnews, con el titular "Israeli book at center of Cairo controversy", encontramos que el conflicto se produce no solo porque se traduzcan al hebreo libros egipcios, sino también si libros de autores israelíes se traducen al árabe y aparecen en los estantes de la Feria del Libro de El Cairo:

Egyptian officials were outraged when they found out that a book by Army Radio  Arab Affairs analyst Jacky Hugi was on display at the Cairo book fair.
The book, Arabian Nights.com, analyzes Egyptian society and politics. After its Arabic-language version came out around two weeks ago, Hugi and the translator gave an interview to Yedioth Ahronoth in which they explained the complex relationship between Israel and Egypt, even in peacetime, as well as the fear in Egypt regarding Israeli books. The translator explained that there is a concern by literary institutions in Egypt of being labeled as someone who supports normalization of relations with Israel, and thus there's a fear of handling Hebrew-language books.
"If I get a phone call from Israel and I'm on public transport, I don't answer. I don't carry Hebrew books on public transportation either," the translator said.
When the interview was published, it was immediately translated by the Egyptian media, sparking a lively debate. The public discussion even reached the country's parliament, with one member, Mohamed Al-Masoud, demanding that the Culture Minister examine the publications.
Al-Masoud said that the visitors at the book fair were enraged, claiming that "the presence of this Israeli book constitutes normalization with the Zionist enemy." He demanded that the Culture Minister say how the book was given entry to the fair, "especially since its author work[e]d as an Arab affairs analyst for the Israeli military." Al-Masoud added that anyone who brought that book into the Cairo International Book Fair should be indicted.
Arabian Nights.com's translator said in response: "If we don't translate Hebrew-language books, how will we know what's written about us? How long will we keep burying our heads in the sand?"**


Se puede observar que el nombre del traductor permanece oculto en la información. Si se pide el procesamiento de todo aquel que compre el libro, ¿qué pena se solicitaría para el traductor?
Cerrar los caminos de la cultura, es decir, impedir que se pueda leer El edificio Yacoubian en lengua hebrea o que se puedan leer libros hebreos en lengua árabe, es una aberración y es una condena a la intransigencia de por vida. Difícilmente se puede aspirar a algún tipo de democracia si se carece de un mínimo de capacidad de diálogo.
Los que claman contra la islamofobia pueden ejercer sin rubor el antisemitismo. Cualquiera que se arriesgue a intentar romper esta dinámica se verá sometido a los ataques más brutales desde todas partes. Desde el parlamento hasta las calles, el sentimiento es el mismo.


La intolerancia es una enfermedad que tiende a extenderse. Una vez que uno se convence de que no hay más verdad que la suya, las demás van cayendo en cadena porque no se encuentra motivo para escuchar a nadie. ¿Para qué molestarse?
Hace unos días escribíamos aquí que una de las principales bazas para conseguir movilizar a unas sociedades que se mueven en el pesimismo y a las que se condena al aislamiento era "traducir, traducir y traducir". Si no queda ningún resquicio por el que comenzar a avanzar hacia soluciones posibles, la condena es al conflicto eterno. Y eso es algo que interesa a muchos.
La cultura es y ha sido siempre una forma de establecer puentes, pero traducir se ha convertido en un delito por el que puedes ser perseguido. Siempre ponemos como ejemplo de concordia la Escuela de Traductores de Toledo. 
La cultura árabe tuvo en la traducción un punto de apertura al mundo, pero esa apertura parece molestar ahora a los "señores de la cultura". Gracias a la labor de los traductores árabes, se pudo recuperar la cultura de Occidente perdida. Hoy parece que entre nacionalistas e islamistas se quieren cerrar todas las puertas para que solo se perciba una parte de la realidad. Los que se preguntan continuamente por la pérdida del esplendor podrían encontrarla en síntomas como esta falta de interés por la diversidad del mundo y su sustitución por el dogmatismo y el ensimismamiento.


Solo son posibles soluciones desde los diálogos. Quizá la demostración de la incapacidad absoluta de resolver conflictos que se ve en la zona no se deba a conspiraciones sino a esta pérdida del deseo de abrirse al mundo para conocerlo y darse a conocer.
El futuro en paz se puede soñar de distintas formas. Una de ellas es imaginarse una normalidad lectora, una libertad de elegir lo mejor de las culturas sin ser considerado un traidor. Una normalidad lectora es poder pasear por las casetas de la Feria del Libro en El Cairo sin que nadie llame a la guerra santa por encontrar libros traducidos del hebreo o que se pida la condena del autor egipcio traducido a la "lengua prohibida".
Queda mucho por traducir, mucho por andar, y el final está muy lejos.



* "Translating 'The Yacoubian Building' into Hebrew stirs controversy" Egypt Independent 3/04/2016 http://www.egyptindependent.com//news/translating-yacoubian-building-hebrew-stirs-controversy

** "Israeli book at center of Cairo controversy" Ynetnews 02/06/2016 http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-4762588,00.html