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martes, 10 de junio de 2014

Los misterios del pulpo o Naturaleza y Cultura

Joaquín  Mª Aguirre (UCM)
Me despierto frente a un enorme pulpo del que un neurocientífico me cuenta que la Naturaleza ha encontrado una inteligente fórmula para hacer que sus brazos nos se peguen unos a otros; incluso, cuando uno de los brazos es cortado —nos explica— sigue sin pegarse a otro brazo del mismo pulpo. Solo cuando se le retira la piel, el brazo cortado se pega al brazo desollado, al que no reconoce como suyo. La Naturaleza es sabia y un pulpo hecho un lío con sus propios brazos, atrapado por sus propias ventosas, le llevaría a una rapidísima extinción. Los pulpos liosos habrían desaparecido dejando el campo abierto a los que eran capaces de evitar la trampa de sus propias ventosas. ¿De qué te sirve tener tantas patas si luego te haces un lío?
Tras meditar sobre lo sabia que es la Naturaleza, que evita que los pulpos se líen ellos solos, me doy de bruces con la Cultura. El diario El País me sorprende con el titular "Las bases de Podemos se enfrentan a sus fundadores para exigir democracia interna". Debo confesar mi sorpresa. Yo pensaba que lo que ellos reclamaban era la democracia interna de los otros partidos, pero veo que la carrera de Podemos es meteórica, quemando etapas, hacia no se sabe dónde. Un "partido" (o por definir) que le toma el nombre al presidente Obama (Yes, we can) y el de su dirigente al fundador del PSOE (Pablo Iglesias) y cuyo objetivo es acabar con los otros partidos en un pis-pás, tiene forzosamente que tener una trayectoria especial, diferente. El diario nos cuenta lo ocurrido:

El malestar entre las asambleas de Madrid se fue fraguando a lo largo del fin de semana por varias razones: la fundamental, que la práctica interna contradice el discurso hacia fuera del partido. Pero también porque cualquier aspirante a presentar candidatura disponía solo de seis días para diseñar un equipo. Y sobre todo porque la decisión no venía respaldada por ninguna votación: lo que estaba previsto desde abril es un acto el próximo sábado para que portavoces de los círculos de toda España debatan abiertamente sobre el futuro de la organización. La convocatoria sigue abierta a la espera de que se fije el lugar (se ha reservado el Lope de Vega a la espera de ver si se puede reprogramar en algún espacio de la Universidad Complutense).

Anoche todo ese malestar se desbordó en el quinto punto del orden del día de ese semisótano del centro de Madrid, donde se congregó un centenar de personas. Uno tras otro, los círculos de la capital fueron atacando la última propuesta de quienes gestaron el movimiento. Representantes de Podemos en distritos como los de Vallecas, Rivas, Moncloa, Arganzuela, Hortaleza, Usera, Chamartín o Fuencarral donde ha ido creciendo durante los últimos meses la organización compitieron en descalificativos contra el anuncio de Pablo Iglesias. Incluso los portavoces de los territorios partidarios de dar un voto de confianza a los creadores de Podemos, un éxito electoral con pocos precedentes en la historia reciente de España, admitieron que fallaron las formas y que Podemos debe mejorar en transparencia. Defendieron estas posiciones los círculos de La Latina, Moratalaz, Móstoles y, con más vehemencia, San Blas, todos en la capital madrileña, cuna del movimiento.*

Reunir a tanta gente enfadada con el sistema tiene estos riesgos, que no pasan una. Normalmente la gente tarda un tiempo en enfadarse, pero si se hace bandera de la indignación ya llegas caliente y la descompresión postelectoral te estalla en las manos.
El hecho de que Podemos no fuera nada antes de las elecciones se vuelve contra ellos después de los comicios. No es lo mismo decidir cómo se organiza uno cuando son pocos, que cuando se han convertido en un bocado para unos y en un incordio para otros. Aquí se cumple el principio de que es más fácil diseñar la organización antes que después. El modelo asambleario está muy bien para caldear los ánimos y desahogarse ante una elecciones cuyo final emocional es meter el voto en una urna, pero una organización capaz de dar el salto a un estado superior no es tan sencillo. Es pasar del protagonismo de un "chico con coleta que sale por la tele" y cuya cara se imprime en la papeletas a una organización que no sea un club de fans. Y entonces el pulpo se lía.


El diario El País cierra su información con una descripción del apocalipsis político, con un debate que ni partidos centenarios, con años de enfrentamientos, reproches acumulados, egos desenfrenados, etc. suelen producir con tanta claridad e intensidad:

A medida que se sucedían las intervenciones, el debate se fue enconando. Hubo incluso algún grito protestando por “la falta de democracia”. La discusión fue a más y Monedero llegó a enseñar la puerta de la organización a los más críticos que acusaban a Iglesias de tener un discurso puertas afuera que no se compadece con algunas prácticas internas. “A lo mejor esto tiene que romper, a lo mejor hay dos modelos incompatibles dentro de Podemos, algunos quieren convertirlo en un partido de delegados [por los representantes de los Círculos] y en un partido viejo […] Si seguimos con estos discursos puede suceder que ocurra como con el 15-M, éramos radicalmente democráticos, pero radicalmente inoperativos”, aseguró la mano derecha de Pablo Iglesias.
En su último turno, Monedero fue todavía más lejos: confesó que la votación para el grupo de notables llamados a preparar la asamblea fundacional de Podemos ni siquiera entusiasma a quienes la han propuesto. Y soltó la bomba: la decisión trata de frenar una supuesta conspiración para intentar hacerse con su organización desde otro partido. La mayoría de presentes dieron por hecho que acusaba a Izquierda Anticapitalista. “La idea de las listas no nos parece muy sensata pero hay gente conspirando para quedarse con Podemos y no nos da la gana. Gente con responsabilidades en otros partidos ha mandado correos a los simpatizantes dando instrucciones de qué hacer el día 14 [en la asamblea que pretende acoger a simpatizantes llegados de toda España]”. La explicación causó estupor en la mayoría de los presentes –muchos pidieron la palabra- pero la asamblea terminó ahí. Antes, Monedero explicó que trasladaría a Iglesias y la comisión de campaña la petición defendida por una abrumadora mayoría de los presentes de aplazar la elección del equipo de trabajo para la asamblea que definirá el futuro de la organización en octubre. La votación prevista en principio para este jueves y viernes está en el aire.*


Demasiados votos. Podemos se ha convertido en una presa fácil al carecer de organización y depender de todo el que llegue para decidirla. Se demuestra que es más fácil conseguir votos en la calle que en casa, que la gente tiende a darte su voto en las urnas porque les caes simpático ("¡qué bien habla este chico!") pero luego te las tienes que ver con los fieras de dentro.

Y entonces la cosa cambia. Ya no sirve de mucho la labia, la fotogenia o cualquier otra virtud mediática, sino la daga florentina, la flecha con curare y el arsénico sin compasión, que son los métodos tradicionales con los que los partidos ha resuelto sus disputas cuando no está dispuestos al noble arte del debate. Y aquí no parece que haya debate, pues lo que se está cuestionando es el principio organizativo, que es el que permitirá una forma de control u otra, es decir, a unos o a otros hacer con la gestión de lo conseguido y lo por conseguir. La realidad de la política hace que lo más fácil de gestionar sean los votos recibidos que, al fin y al cabo, ya están en la urna, son pasado y se han canjeado por unos cuantos diputados europeos. Pero, ¡qué lejos queda eso ya! Ahora comienza un universo paralelo.
En recuadro especial, con fondo de crema, El País recoge más información:

La tensión del encuentro de anoche en ese local del madrileño barrio de Legazpi la resumió el propio Monedero con sus últimas palabras: “Hoy no me merece la pena estar en Podemos, lo que me pide el cuerpo es mandar al carajo esta reunión y que os vaya bonito”. Mientras otros dirigentes de la órbita de Pablo Iglesias como Luis Alegre (uno de los que componen la candidatura de los 25) trataron de tender puentes y ejercer una cierta autocrítica sobre todo basada en los “problemas de comunicación de Podemos”, Monedero acusó de falta de legitimidad a las asambleas ciudadanas. Tras pedir a sus simpatizantes (todos en la reunión se trataron con familiaridad y abundó el “compa” para referirse a unos a otros) lamentó que ni siquiera el espectacular resultado de los comicios europeos haya matizado las críticas internas. “Entendimos que algo de confianza nos merecíamos con 1,2 millones de votos”, lamentó. Luego pasó al ataque y ajustó cuentas con los portavoces más acerados. Y dejó una frase que cayó como una losa sobre la mayoría de los presentes: “Los círculos no son democráticos”.
Lamentó que en sus votaciones (como las que formularon para oponerse a la propuesta de Pablo Iglesias y su equipo y pedir primarias abiertas también para el grupo de los 25) todas las asambleas cuentan igual a pesar de que algunas suman muchos más miembros, que las decanten muchas veces los miembros que tienen más facilidades para acudir a las reuniones y que no siempre sus portavoces defiendan lo que se aprueba desde abajo. “Queréis hacer de los círculos el órgano de decisión de Podemos, pues planteadlo así”, dijo, dando a entender que el conflicto obedece básicamente a una pugna por el control de la organización.*


¡Tremendo error! "1,2 millones de votos" no te da derecho a nada porque no es eso lo que se discute. Eso forma parte de la retórica habitual que pueden esgrimir frente a terceros, pero no frente a los que tienen el mismo derecho a apuntárselos. Todos los que se encuentran allí piensan lo mismo, que ese "1,2 millones" les respaldan. Es la herencia maldita que desune a las familias. Los grupos se pelean en la riqueza y se unen en la adversidad. Podemos empezó la casa por el tejado y la casa no tiene cimientos.

Con este espectáculo interno, no será necesaria ni la conspiración anunciada ni las sin anunciar. Las críticas externas y las internas hacen fuerza en el mismo sentido y caldean el ambiente. Salga lo que salga de futuras reuniones, asambleas, etc., el germen del mal está sembrado. Se han echado las bases de la disolución cuando los que les votaron vean que discuten por el liderazgo en los mismos términos con que los otros, los de siempre, lo hacen. Los debates sobre las "primarias", que El País comenta,  ya se ha planteado. Ya se han tirado los trastos a la cabeza y cada vez irán quedando menos cabezas y las que queden serán más duras, por aquello de la selección natural. El fantasma espera a que den las doce.
El principio de organización es el que garantiza la supervivencia en el medio social y político. Deberían leer a Kropotkin, su "El apoyo mutuo". Los más listos sobreviven individualmente, pero los mejor organizados lo hacen socialmente. ¿Es que ya nadie lee a Lenin?, se preguntará algún radical cultivado. El mejor organizado da dos veces. El éxito está en poner buenas ideas en buenas organizaciones, fluidas y que se pueda confiar en ellas. No es fácil. El poder es el poder y a Podemos le ha caído del cielo.
Pienso en la gracia e inteligencia de los pulpos, cuya capacidad para manejar tantos brazos sin liarse es una solución sabia de la naturaleza. Y pienso también en esa bella expresión del mundo de la Cultura: "estar más liado que la pata de un romano". Y solo tenían dos.




* "Las bases de Podemos se enfrentan a sus fundadores para exigir democracia interna" El País 9/06/2014  http://politica.elpais.com/politica/2014/06/09/actualidad/1402295920_514605.html







viernes, 18 de octubre de 2013

El poder de los impotentes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En las conclusiones finales de su texto Una Europa alemana, el sociólogo Ulrich Beck señala lo siguiente:

La política y la ciencia política establecidas comparten un punto flaco: la infravaloración crónica del poder de los impotentes, del poder de los movimientos sociales, sobre todo en conflictos de riesgos transnacionales. Para comprender esto es conveniente distinguir entre la política institucionalizada (partidos, Gobiernos, Parlamentos) y la subpolítica no institucional de los movimientos sociales. Los subactores y redes de colaboración que no están ligados a territorios y prioridades nacionales han hecho entrar en la agenda política lo que en las décadas pasadas han hecho entrar en la agenda política los problemas de la supervivencia ecológica, la igualdad entre hombres y mujeres, la paz, y claro que sí, la crisis financiera, todo ello con la oposición de las élites políticas, económicas, científicas, y mediáticas. (100)*

Quizá Beck peque de ingenuo al estimar como un "poder" a lo que más bien puede ser considerado como "fuerza". El poder, precisamente, lo tiene aquel que acepta o no la petición por el simple hecho de que se le pida. De no tenerlo, no se le pediría. Tampoco se debe atribuir uniformidad a los movimientos sociales. Lo movimientos y sus prácticas se han extendido más allá de sus marcos iniciales en labores de presión.
Bajo la idea de "movimientos sociales" se intenta el etiquetado de la canalización de componentes más emocionales que organizados, más reivindicativos que constructivos, por más que tengan sus "propuestas". El poder es fuerza racionalizada y la racionalidad viene de la organización más que de los fines o metas propuestos.
Los ejemplos de Egipto y Túnez, en el marco de la denominada "Primavera árabe", son claros en ese sentido. Los movimientos sociales son capaces de enfrentarse en la calle y provocar la "caída de un régimen", pero no son capaces de hacerse con un poder institucional, que sigue en manos de esas mismas élites o cae en manos de los más organizados, que se aprovechan del efecto de los movimientos. Unos derriban y los otros se asientan sobre las ruinas para construir un edificio que puede ser muy distinto al que tenían en mente los que demolieron o, de forma sorprendente, elevar uno parecido al anterior.

Como nos ha ido mostrando el tiempo, en Egipto no se produjo la caída de un régimen sino la caída de un presidente gastado al que se sustituyó para poder mantener intactos los intereses del sistema. La fuerza social, finalmente, se canalizó hacia el candidato organizado, el islamista Morsi, como única alternativa al sistema. Fue su capacidad organizada la que permitió a los Hermanos alcanzar el poder, del que fue de nuevo derribado por otro movimiento social de rechazo que posibilitó el regreso de la institución militar al poder, esta vez investida de la fuerza popular. La Hermandad Musulmana ha sido desinstitucionalizada; se han invertido los papeles y esta vez es a los defenestrados a quienes interesa convertirse en movimiento social de rechazo y protesta, como estamos viendo.
Parece pensar Beck que Europa se divide en élites organizadas, que toman el estado, y los movimientos sociales de carácter progresista que les presionan en "supervivencia ecológica, la igualdad entre hombres y mujeres, la paz y la crisis financiera". Sin embargo estos movimientos sociales son solo una parte de la dinámica general, pues el movimiento real que estamos percibiendo en Europa es el aumento de los nacionalismos peligrosos, de la xenofobia y el racismo como parte de esos otros movimientos sociales que no nos gusta ver pero que están ahí.


En Rusia, por ejemplo, estamos asistiendo a la institucionalización de los sentimientos sexistas, racistas y xenófobos, a través de la promulgación de leyes que alientan este tipo de planteamientos que se envuelven con los peligrosos ropajes del nacionalismo populista. Estos proceden de "movimientos sociales" de otro signo, Toman peso en la vida política y acaban en los parlamentos o influyendo indirectamente sobre los partidos que acogen sus propuestas (antiinmigración, por ejemplo) para ganar electorado.
Los casos de signo opuesto como el "Movimiento 5 estrellas" en Italia o "Amanecer Dorado", en Grecia, nos advierten que no debemos considerar a unos de una forma y a otros de otra, sino que son todos hijos de la desconfianza y el fracaso de las instituciones, dejadas en manos de castas que se consolidan y eternizan en la gestión del poder. Esto es lo que genera el sentimiento de "impotencia" en muchos ciudadanos y grupos que reaccionan con sus protestas.
Otro proceso de "desinstitucionalización" es el que se sigue en Grecia contra "Amanecer Dorado", un recordatorio de que de los movimientos sociales también surgen organizaciones, de diferente signo y objetivos (ultraderecha nacionalista y racista, en este caso), que logran crear sus propias estructuras y se engarzan en las existentes del poder. Una vez dentro del sistema, su poder real está en función de la mayor o menor estabilidad del resto del sistema.


El debate —que se ha producido también en España— se traduce en si los movimientos deben institucionalizarse o si su función es la presión sobre los partidos políticos que son los "receptores naturales" de sus demandas. El problema se plantea frente a unos partidos que no son permeables a las peticiones y se limitan a una aceptación retórica, a una cosmética que disimule su distanciamiento y falta de voluntad de integrar las peticiones y cambiar.
La conversión de los partidos en entidades autotélicas (que tienen sus propios fines), incluso su reducción personalista, ha generado una falta de fluidez entre la sociedad y los partidos que deberían representarla de forma satisfactoria. Esto es grave porque obliga a que la vida política se haga en la calle con el riesgo permanente y el descrédito institucional como fondo.
El vergonzoso ejemplo de lo ocurrido en los Estados Unidos, con la imposición de un reducido grupo, el Tea Party, pero con fuerza suficiente como para presionar en su propio partido y paralizar la Administración norteamericana, nos muestra hasta qué punto los partidos se convierten en maquinarias que viven para sus propios intereses antes que velar por los generales. Será difícil encontrar un ejemplo mayor de irresponsabilidad, por mucho que se puedan esgrimir razonamientos pintorescos sobre las intenciones.


Es la falta de sentido y responsabilidad —política, financiera...— la que exaspera a los ciudadanos, que dejan de sentirse representados y defendidos, que perciben que existe un retórica política que les adula pero no vela por sus intereses reales, sino por los de unos pocos, ni por un futuro aceptable.
Y Europa tiene que ser un futuro aceptable. Curados del exceso de idealismo, es lo mínimo que se puede exigir. Esa exigencia —es importante— no debe estar permanentemente en la calle, sino en las propias instituciones, a las que los ciudadanos deben percibir de su lado y no como algo contra lo que hay que estar en lucha constante. De no ser así, lo que nos espera es un futuro entremezclado de apatía y radicalidad que no es el mejor clima social. El "poder de los impotentes", como lo llama Beck en el fragmento citado, debería fluir como poder de los ciudadanos, sin más. Quizá lo que debamos recuperar mediante la reflexión es el papel central del "ciudadano" y el de todas las instituciones subordinadas a su servicio. La burocratización de las instituciones y su control por élites sensibles a sus propios intereses o a los de unos pocos es el peor camino para el desarrollo futuro y el semillero del descontento. Hacia dónde se canalice ese descontento es lo que nos queda por ver.


* Ulrich Beck (2012): Una Europa alemana. Paidós, Barcelona.