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lunes, 4 de noviembre de 2019

Otras claves para no entender nada

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
Creo que hemos tratado varias veces del profesor Allan J. Lichtman. De hecho, creo que cada vez que hay elecciones a la vista, el profesor Lichtman aparece en algún medio español (desconozco si lo hace en otros países) para hacer sus profecía sobre los resultados.
Mientras que otros se fían de los sondeos y escudriñan datos y estadísticas, el profesor Lichtman prefiere otros métodos más basados en la Historia, que es su campo de trabajo. Su método —vamos a llamarlo así— es mucho más barato que las costosas encuestas que los medios y partidos sacan a la luz cada pocos días. El modelo llamado "las claves de la Casa Blanca" fue creado junto a un sismólogo ruso, Vladimir Keilis-Borok, y se basa en una serie de puntos que establecen las posibilidades que tiene quien está ocupando la Casa Blanca de seguir en ella. El modelo no tiene demasiadas vueltas, según el resultado de las "claves" que deben ser tenidas en cuenta, el inquilino sale o se queda. Ha acertado ocho de las nueve últimas elecciones y la que falló fue la de Al Gore, que acabó como el rosario de la aurora, en los tribunales, disputando voto a voto, distrito a distrito.
Allan Lichtman se enfada cuando quienes le preguntan lo hacen desde perspectivas más convencionales:

No me está escuchando. Los temas, la ideología, el centrismo del candidato.... ¡Es irrelevante, no se puede predecir! Disculpe, es que llevo 30 años diciendo estas cosas y no me escuchan. ¿Quién pensaba que Trump era elegible? ¿Quién pensaba que Ronald Reagan, tan conservador, era elegible en 1980? Pues ganó, y por goleada. La creencia popular era que había un 99% de posibilidades de que Clinton ganara...
¿Cuál fue la llave para que Trump ganara en el 2016?
Trump no ganó, los demócratas perdieron. No se trata de lo que hizo que fuera elegido sino de qué hizo que los votantes rechazaran al partido que estaba en la Casa Blanca. La clave fue la lucha interna del partido, que sólo se aplica al partido en el poder. La idea de que los demócratas deben estar unidos, no enfrentarse entre, sí son tonterías. ¿Qué más divisivo que los debates republicanos del 2016? ¿O que el duelo Obama-Clinton en el 2008?*


Eso es cierto y si esto es así, todo dependería de cómo se encuentran de ánimo los republicanos. Por eso Lichtman era partidario del "impeachment", de hecho, escribió un libro, The case of Impeachment, en 2017, algo que se debe recordar ahora que este se encuentra en puertas.
El modelo de Lichtman no es matemático ni se basa en los datos numéricos, sino en la interpretación de ciertos valores relevantes —trece— que son los que permiten a los votantes decidir, por encima de otras consideraciones, si la estancia del candidato en la Casa Blanca le ha sido beneficiosa o no.
A la vista de los criterios, surge una pregunta: ¿está intentando Trump cumplirlos, buscando completar satisfactoriamente una parte suficiente de las 13 claves? Podría ser.


En septiembre de 2011, The New York Times publicó un artículo con la contestación que Lichtman le dio a Nate Silver, un estadístico prodigioso que rivalizaba desde una perspectiva teórica y una metodología distinta sobre las predicciones para ocupar la presidencia. De Silver también nos hemos ocupado aquí en anteriores elecciones norteamericanas. Su capacidad de predicción estadística no solo mostraba quién ganaba, sino que era capaz de establecer el resultado de los diferentes estados, algo realmente asombroso.
En desacuerdo con el análisis que Nate Silver había hecho de su método, Allan Lichtman explicó en un escrito de contestación en qué consistía:

Mr. Silver has either failed to read or simply ignored the detailed discussion of the keys in my book “The Keys to the White House” (5th edition forthcoming from Rowman & Littlefield early next year) or in technical articles that I published in peer reviewed journals (for example, International Journal Of Forecasting (April-June 2008) and International Journal Of Information Systems & Social Change (January-March 2010).
Mr. Silver’s neglect of the published work on the keys system has resulted in fundamental misconceptions about the development and application of the keys that fatally flaw his critique. Mr. Silver presumes that I took 38 elections from 1860 to 2008 with known outcomes, found 13 key factors out of innumerable combinations of factors and used the impermissible methods of “overfitting and data dredging” to force the calls on these keys to conform to the results of these elections. In fact, the book and articles make clear that I followed a very different and scientifically sound procedure designed precisely to avoid the fallacies of “overfitting and data dredging.”
I developed the keys in 1981 in collaboration with Volodia Keilis-Borok, a world renowned authority on prediction methods. The keys are based on a retrospective analysis of elections from 1860 (the beginning of the modern Republican vs. Democratic era) to 1980 and using a theoretical model, not random data-mining. The theory behind the keys is that presidential elections are determined primarily by the performance of the party holding the White House. This is a very positive message: it suggests that the American electorate makes reasoned, pragmatic decisions in presidential elections and is not manipulated by the pollsters, the admen, and the consultants. It suggests that it is governing not campaigning that counts in presidential elections.
After developing the 13-key model, I then followed proper procedure by testing it repeatedly through advance prediction of seven future elections – 1984 to 2008 — with unknown outcomes. The keys system correctly predicted in advance the popular-vote outcome of each of the seven elections that occurred since its inception in 1981. The probability of attaining this record of seven consecutive correct predictions by chance alone is well under one in 100, a standard measure of statistical significance in social science.**


En la entrevista concedida a La Vanguardia, vuelve a señalar  al trío interesado en las campañas: «Es lo que yo llamo el ‘complejo político-industrial’: el triángulo que forman las empresas de sondeos, los consultores políticos y los medios.»

Si damos un salto desde los Estados Unidos a nuestra particular cazuela electoral, donde se cuecen los resultados, veremos que ese "complejo político-industrial" tiene una influencia sustancial. No vamos a aplicar las "13  claves" de Lichtman, porque aquí ya no tiene ni ha tenido sentido hablar de "bipartidismo" más que cuando les ha interesado a algunos. Pero no podemos negar la existencia de ese entramado resultante de la conjunción de los analistas, las empresas de sondeos y los medios. Esto, además de política, es un gigantesco negocio en el que cada día se dice lo mismo pero con distinta sonrisa o llanto, según toque.
El profesor Allan J. Lichtman tiene un buen porcentaje de aciertos. No habla mucho y explica lo que cree necesario. Repite en cada pregunta que se le hace que no entendemos nada. Es posible. Puede que estemos tan acostumbrados ya a este folclore político que ya no seamos capaces de ver lo que tenemos delante con claridad. Quizá hasta se trate de eso, de mantener un espectáculo con la mano izquierda mientras se hacen los trucos con la derecha.
Funcionen o no en España las "trece claves" de Lichtman, lo cierto es que lo que sí funciona es este entramado de la política misma, sus comentaristas, los medios y los expertos en sondeos, etc. El temor al aburrimiento que nuestra política provoca puede suplirse con este circo constante de encuestas que suben y bajan, pactos posibles e imposibles, odios eternos por el momento. 


* "Allan Lichtman: “La impopularidad de Trump es irrelevante”" La Vanguardia 3/11/2019 https://www.lavanguardia.com/internacional/20191103/471342565613/allan-lichtman-donald-trump-victoria-electoral-libro-claves.html 
** Nat Silver - Allan J. Lichtman "‘Keys to the White House’ Historian Responds" The New York Times 12/09/2012  https://fivethirtyeight.blogs.nytimes.com/2011/09/12/keys-to-the-white-house-historian-responds/





viernes, 13 de mayo de 2016

Trece preguntas o más allá de las encuestas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Intentar comprender el funcionamiento de los sistemas se ha hecho una necesidad imperiosa. A ello dedican tiempo, trabajo e inversión muchas personas tratando de establecer esas conexiones que se nos escapan, esos elementos vinculados por relaciones que no son visibles y que necesitan ser sacadas a la superficie. La bolsa, las elecciones, etc. constituyen sistemas complejos que evolucionan conforme a las variaciones que se producen en aquellos puntos sensibles. Cada cambio en alguno de ellos provoca el movimiento del sistema hacia un lado u otro. Acertar en la evolución de un sistema o situación se ha convertido en una necesidad para muchos.
En 2013 le dedicamos una entrada del blog a Nate Silver, el joven matemático que se había hecho famoso acertando con una enorme precisión en la elección de Obama (Nate Silver y el Gran Partido). Silver había acertado, uno por uno, los resultados en los diferentes estados de la Unión. Lo había clavado con un acierto inusual. Se había convertido, lógicamente, en una figura deseada por todos.
The Washington Post de ayer nos trae una historia de predicciones pero con un modelo muy distinto. El titular del periódico explica "This professor has predicted every presidential election since 1984. He’s still trying to figure out 2016":

Allan Lichtman says he can predict the outcome of any U.S. presidential election. He often does it months or even years ahead of time. Oh, and his predictions have been right in every presidential election since 1984.
But Lichtman, a distinguished professor of history at American University, doesn’t use polling, demographics or sophisticated analysis of swing states. He makes his predictions based on 13 true/false statements that he says indicate whether the incumbent party will retain the White House or lose it in a given election.
Lichtman and Russian scientist Volodia Keilis-Borok came up with the keys — a series of true/false statements — in the early 1980s. The idea is that if more than half of the keys are true, the incumbent party will stay in power, and if more than half are false, the challenging party will win the White House.*


A diferencia de Nate Silver, Lichtman no usa la herramientas —como se señala en el artículo— propias de los estadísticos, no se basa en el análisis de los datos procedentes de encuestas o similares. El profesor Lichtman no le pregunta nadie; más bien observa las condiciones sobre produce la elección y ha desarrollado ese sistema basado en las 13 preguntas con una simple respuesta de "verdadero" o "falso". Podríamos decir que si las respuestas son simples, un sí o un no, el secreto está en la elaboración de las preguntas.
Nunca se insistirá bastante en que el secreto de muchos campos es precisamente realizar las preguntas adecuadas. En realidad es lo que define a un investigador en cualquier campo. La pregunta es lo que ha que construir porque revela el conocimiento profundo o no de lo que se quiere saber. En realidad, la pregunta es la esencia que nos lleva al conocimiento a través de las respuestas que trae. Cualquier profesor sabe que la calidad de la comprensión de lo que ha explicado se aprecia en las preguntas. Hay preguntas que muestran falta de comprensión de lo dicho y otras, en cambio, que revelan que el alumno lo ha entendido perfectamente y ha dado ya el salto hacia la siguiente cuestión. Es así como funciona la dinámica del conocimiento; una respuesta sólida es el peldaño para seguir haciéndose preguntas.


El profesor Lichtman ha concretado en 13 las cuestiones que, respondidas de una manera o de otra —un sí o un no—, le permite ofrecer una respuesta sobre el resultado de una elección presidencial. Las preguntas —explicadas en su libro “Predicting the Next President: The Keys to the White House 2016”— son las siguientes:
  1. Party Mandate: After the midterm elections, the incumbent party holds more seats in the U.S. House of Representatives than after the previous midterm elections.
  2. Contest: There is no serious contest for the incumbent party nomination.
  3. ncumbency: The incumbent party candidate is the sitting president.
  4. Third party: There is no significant third party or independent campaign.
  5. Short-term economy: The economy is not in recession during the election campaign.
  6. Long-term economy: Real per-capita economic growth during the term equals or exceeds mean growth during the previous two terms.
  7. Policy change: The incumbent administration effects major changes in national policy.
  8. Social unrest: There is no sustained social unrest during the term.
  9. Scandal: The incumbent administration is untainted by major scandal.
  10. Foreign/military failure: The incumbent administration suffers no major failure in foreign or military affairs.
  11. Foreign/military success: The incumbent administration achieves a major success in foreign or military affairs.
  12. Incumbent charisma: The incumbent party candidate is charismatic or a national hero.
  13. Challenger charisma: The challenging party candidate is not charismatic or a national hero.


Puede parecer extraño. Es una mezcla de preguntas de tipo muy diferente, que entremezcla victorias o fracasos militares, con el carisma, la heroicidad del candidato, el estado de la economía, la existencia de escándalos, etc. Parece una enumeración caótica borgiana y difícilmente pensaríamos que responder a ellas nos daría la clave del resultado de las elecciones.
Lo que hace Nate Silver es de naturaleza muy distinta, a él le interesan los resultados y la precisión del matemático. A Lichtman, en cambio, le interesa el estado social y el resultado final. Si Silver había sorprendido por lo ajustado de los resultados que había previsto a la realidad final, al historiador le interesa el resultado como conexión de una serie de movimientos internos de la Historia. Sus preguntas son sobre aspectos aspectos que se entremezclan en el cerebro, el corazón y el bolsillo.


Habrá que esperar a conocer las respuestas a las preguntas (no todas tienen una respuesta evidente, de ahí que se siga hasta el último momento esperando para dar la respuesta) para saber si el método funciona o no. Todo modelo funciona mientras funciona, se prueba su eficacia en cada nuevo uso.
El modelo de Lichtman es interesante porque siempre hay que probar caminos. Su fundamento es intentar conocer las variaciones del sistema —una elección presidencial es una evolución del sistema hacia un estado u otro— a través del procesamiento de una información distinta a los modelos estadísticos que usan Nate Silver y sus compañeros matemáticos. El modelo de Lichtman se basa en determinar el estado del sistema en sí, pensando en el deseo de cambio, no en los candidatos y sus campañas sino en los que van a decidir, su deseo de cambio o de continuidad. Señala Lichtman:

So we reconceptualized presidential elections, not as Carter vs. Reagan, Republicans vs. Democrats, liberals vs. conservatives, but as “party holding the White House” vs. the challenging party. Now, in earthquake prediction, they predict by looking at factors in the physical environment associated with stability and upheaval. So we chose to look at factors in the political environment associated with stability — the party holding the White House stays in power — and earthquakes — the party holding the White House is thrown out.
And I had a theory behind this. This did come from my studying of presidential elections. And my theory was that the pundits and the scholars are all wrong about predicting presidential elections. That the real key is not the candidates, or the issues, or the debates, or the ads, but rather the performance of the party holding the White House — that essentially, American voters are ultimately pragmatic. And if the party holding the White House did a good job, they’d give them four more years. If not, they’d toss them out.
Now, that’s just a story, not yet a model. But we created a model using that theory, by looking at the political environment in every American presidential election from 1860 — the horse and buggy days, when Abraham Lincoln ran against Stephen Douglas — to 1980, the modern era of television, polls and jet planes, when Ronald Reagan ran against Jimmy Carter. And we came up with a model which involved 13 keys — 13 key factors. These are simply true-or-false statements that can be answered prior to an upcoming election. They test the political environment, and they’re primarily based upon the performance and the strength of the party holding the White House.
And we came up with a decision rule, a very simple one: If six or more of the 13 keys went against the party in power, that is, the answers to the questions were false, the party in power lost. If fewer than six keys were false, the party in power won. And that held, retrospectively, for every election over 120 years.*


El núcleo de la teoría es sencillo: la gente no quiere cambiar si le va bien. Este el pragmatismo de los electores del que habla Lichtman. Pero "ir bien" es un concepto relativo que depende de la percepción de "ir bien" o no. Esto complica la cuestión en algunos aspectos importantes porque pone el énfasis en si se puede actuar sobre las preguntas para modificar las respuestas.
Nuestra curiosidad sobre lo que pueda ocurrir no es infantil. Está condicionada por nuestro deseo de manipularlo y controlarlo en nuestro favor. Los millones y millones que se invierten en predicciones no son un gasto inocente: buscan saber cómo conseguir lo que se desea. Nuestra idea del futuro no es la de un destino inalterable sino la proyección de un presente manipulable. Si efectivamente las respuestas a esas preguntas funcionan como indicadores, el siguiente paso es cómo conseguir cambiar las actitudes en aquello que se pueda cambiar. Escándalos, disturbios sociales o la percepción carismática o heroica del candidato es manipulables, frente a otras más abiertas o globales, de difícil control.
Pero también esas preguntas pueden percibirse a través de una variable: los medios de comunicación. Estos pasan a tener un valor importante puesto que son los que crean la figura de los candidatos, apoyando o erosionando. Los escándalos, por ejemplo, pueden estar en la recámara para dispararse en el momento adecuado. En todo lo que pueda actuarse —si se toma como válido el modelo del profesor Allan Lichtman— se actuará, sin duda.


A los críticos del sistema les sorprende que las 13 preguntas tengan el mismo "valor", que sea lo mismo decir "sí" a una u otra. Esto choca con su sentido de una realidad ponderada. Sin embargo, no sabemos muy bien si la ponderación es un efecto causado por la propia pregunta, que obliga a las personas a jerarquizas las respuestas. Lichtman señala:

I don’t use any polls. The conventional predictors use polls and other factors like the economy. The problem with conventional predictions, based on conventional statistical methodology, is that you’ve got to multiply presidential approval, say, or growth in the economy, by some multiplier. Now, that multiplier works great for past elections, when you know what the answers are, but the multiplier unpredictably changes for a future election. We don’t do that at all. We have 13 factors; they all count equally. We have no multipliers that have to change from election to election.
Now, I’ve heard people say to me: “You’re weighting these equally? How can you weight equally the economy during the Great Depression, which only counts for two keys?”
And this is the secret to the system. It’s called trigger effects. Without having to weight any of the keys, if one or two keys are important enough, they’ll trigger other keys.*


Es la respuesta de un historiador, no de un economista o de un estadístico. El problema de los otros analistas no es, desde luego, el de Lichtman. Su única cuestión es que cuando obtiene un número de preguntas, negativas o positivas, el resultado coincide con la realidad, se ajusta al presidente electo. No tiene otro problema. Intentará dar explicaciones —de ahí su libro— sobre las conexiones del sistema y cómo hay elementos más sensibles que otros y producen ese efecto de "gatillo" sobre otros.
Poder describir un suceso no significa explicar ese suceso, algo que implica un conocimiento mayor. Lo importante del método de Lichtman es que ha conseguido aislar una serie de factores que reflejan unas conexiones en la elección del presidente norteamericano. Cada pregunta es una concentración de cuestiones en racimo, por lo que ese simple "verdadero o falso" esconde la complejidad real.


¿Es extrapolable a otros países, es decir, es general? Pues probablemente no. El primero de los aspectos cruciales es la "teoría" señalada: el pragmatismo del electorado, es decir, su capacidad de votar según le convenga sin un compromiso previo. Por ejemplo, muchos republicanos ya están diciendo que no votarán a Trump, algo que entraría en esos elementos perceptivos respecto al candidato.
Pienso en los votantes españoles. ¿Son pragmáticos, en el sentido dado al término? probablemente más de lo que piensan algunos y menos de lo que algunos quisieran. Los cambios de las últimas elecciones no han servido para clarificar el panorama en la forma esperada, sino que lo han vuelto más confuso. ¿Volverán los votantes pragmáticamente a reforzar el bipartidismo (no necesariamente con los mismos partidos) o se atomizará más el mapa? ¿Escándalos? No sé si caben ya en la mente de los electores más escándalos. ¿Economía? Después de la crisis... ¿El carisma? Mejor no hablar...
Y así podríamos ir viendo que esos factores son más americanos de lo que pensábamos. La cuestión es encontrar los nuestros, los que rigen nuestro sistema, los puntos sensibles, aquellos cuyas variaciones son determinantes. Que el método funcione no significa que Allan Lichtman pueda explicarlo o que lo que diga convenza a todos. Pero mientras siga acertando habrá que preguntarse por qué.




* "This professor has predicted every presidential election since 1984. He’s still trying to figure out 2016. " The Washington Post 12/05/2016 https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2016/05/12/this-professor-has-predicted-every-presidential-election-since-1984-hes-still-trying-to-figure-out-2016/?hpid=hp_special-topic-chain_fix-professor-2pm%3Ahomepage%2Fstory

viernes, 9 de noviembre de 2012

Nate Silver y el Gran Partido

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me deja perplejo la noticia del ABC sobre el matemático estadounidense, el estadístico Nate Silver*, que ha sido capaz no solo de señalar que Barack Obama iba a ganar las elecciones, sino que ha acertado uno por uno quién iba a gana en los diferentes estados que componen la Unión. ¡Sorprendente! Tales predicciones no son las de José Luis Uribarri en las votaciones de Eurovisión, que casi nunca fallaba. Uribarri tenía experiencia, dos oídos y dos ojos en la cara, poderosas herramientas con las que se pueden hacer muchas cosas. Pero lo de este hombre, Silver, es pasarse. Parece ser —nos cuenta el ABC— que se metieron mucho con él y ahora anda sacando pecho y exigiendo disculpas. Un revisión de la prensa americana y la blogosfera lo confirma. Fueron a por él.
Nate Silver nació en 1978. Además de matemático, es "psefólogo" (Psephology), es decir, aquel que se dedica al estudio de los resultados de las elecciones. El término hace referencia a las "piedras" que los griegos utilizaban para realizar las votaciones. También es "sabermétrico" (Sabermetic), que según la Wikipedia es "el análisis especializado del Baseball a través de evidencias objetivas, especialmente las estadísticas que recogen la actividad del juego". Lo de "Saber" no es por nuestro saber, mucho o poco, sino que son las siglas de Society for American Baseball Research. La verdad es que "sabermétrico", en español, queda muy bien a la vista de los resultados de sus cálculos. Nos explica la Wikipedia que el objetivo es establecer comparaciones objetivas entre jugadores ("Was Willie Mays faster than Mickey Mantle?", por ejemplo) y establecer el valor de jugadores y equipos respecto a otros.


Nate Silver se ha enfrentado a la elección presidencial como al "Gran Partido"  y le ha salido un pleno. Lo ha acertado todo. Siempre me han llamado la atención esos locos de las estadísticas que vemos en muchas películas y series norteamericanas que son capaces de dar los datos de cualquier jugador y temporada por quienes les pregunten. Se lo saben todo.

Lo que Silver ha encontrado es una estructura relacionada de datos, un modelo, cuyo estudio ofrece información sobre el resultado del proceso electoral. Si tenemos en cuenta la cantidad de factores que pueden intervenir en una elección de este tipo, el que se haya podido desarrollar mediante una forma estadística es asombroso. Podemos  entender que alguien, mediante observación e intuición, haya podido "acertar" los resultados, pero es mucho más difícil haberlo hecho mediante un análisis estadístico, es decir, mediante la traducción de la realidad a variables cuantificables. No es un vidente, es un matemático.
Si las elecciones políticas fueran cuestión del azar, sería otra cosa. Pero no lo son. El valor de los resultados de Silver es que ha conseguido hacer "tratables" e interpretables aspectos muy variados, como son los que intervienen en una decisión de voto. No todo el mundo decide su voto de la misma manera, ni son siempre los mismos los que votan, pues hay variaciones en la población que pueden ser significativas para los resultados.


Una de las cuestiones que más se han resaltado por parte de los analistas de los resultados es el impacto de las variaciones de la población y cómo esas variaciones —étnicas, religiosas, etc.— han sido favorables a las posturas de Obama y los demócratas frente al mayor monolitismo del mensaje republicano. Los republicanos parecen pedir el voto a una América cada vez menos existente en la realidad; son prisioneros de unos mensajes cerrados frente a una sociedad abierta. Cuando las minorías son muchas, se convierten en mayoría. El hecho de que Obama, además de ganar en los estados más importantes, haya conseguido ventaja suficiente también en algo que les preocupaba mucho, el llamado "voto popular", refleja que numéricamente la América variada está por encima de la uniforme e ideal "tradicionalista". Un mensaje interesante. El mundo cambia, con América dentro.


A diferencia del análisis del Baseball, en donde que cuenta lo que hacen los jugadores, en unas elecciones importa lo que decide el "público", además de esos jugadores, que serían los políticos. La complejidad es inmensamente superior, pero ha logrado que funcione. Ya el hecho de que haya acertado con los resultados de todos los estados es asombroso porque los estados son muy diferentes, unos más sensibles a unas cosas que a otras. Su modelo ha logrado aislar la variables determinantes y recoger de forma adecuada las diferencias.

Me imagino que a Nate Silver —analista de The New York Times y colaborador de cadenas televisivas— le estarán rondando todos los centros de investigación, los partidos, los candidatos de las próximas elecciones.
Por lo pronto, el libro de Natan Silver "The noise and the signal: Why so many predictions fails - But some don't" se ha disparado espectacularmente en sus ventas en Amazon. El título ya nos dice cuál es el problema interpretativo: separar el trigo de la paja, lo que es significante de lo que no lo es. Determinar cuáles son aquellas variables que realmente modifican el resultado final de forma significativa y cómo se conectan los datos. No es nada sencillo.
Hay cierta moraleja en esto de las predicciones. Nate Silver sufrió un auténtico acoso y numerosos ataques, ridiculizando sus estimaciones e interpretaciones de los datos. Por eso lo que ha dicho es que algunos le deben una disculpa. No es fácil hacer predicciones; tampoco es fácil salir a la palestra a decirlas cuando sabemos que no van a gustar a muchos o que van a la contra. Hay que valorar su seriedad, independencia y, por supuesto, valor. Mantuvo sus estimaciones hasta el final enfrentándose a rivales en esto de la predicción muy poderosos y con muchos más medios.


A veces es más cómodo equivocarse juntos, seguir la corriente, que acertar solo. Nate Silver predijo el resultado del Gran Partido electoral y acertó. Por eso muchos señalan que es el segundo gran ganador de estas elecciones en USA: Obama y él. Felicitaciones a los dos.

* "El matemático que predijo la victoria de Obama" ABC 8/11/2012 http://www.abc.es/20121108/elecciones-estados-unidos/abci-predicciones-victoria-obama-201211082013.html