Joaquín Mª Aguirre
Los
fines de semana son los momentos que los ciudadanos eligen para manifestarse.
Este fin de semana ha sido especialmente conflictivo en cuanto a
manifestaciones se refiere. Así nos lo muestran los noticiarios de hoy. Gente y
más gente en las calles protestando, reivindicando, exigiendo.
Lo de
Ceuta ya excede el fin de semana, pues lo primero que se ha roto es la
"normalidad" y esta se basa en el orden del calendario. Ceuta tiene
su propia temporalidad tras el asalto de la frontera. Pero hoy se nos han
mostrado las manifestaciones que han desembocado en el ataque contra las
personas equivocadas. Pensaban que eran unos "pro etarras" y han
asaltado el coche con los viajeros que no eran los que creían. Los han llamado
"violentos" con razón, pero la violencia es otra cosa que se ha
relativizado en Ceuta y que no sabemos hasta dónde puede llegar. Hay mucha
presión sobre la ciudad y sus habitantes, más con los rumores de nuevas invasiones
masivas, que es una forma de llevarles al extremo. Cualquier cosa es posible.
Otras
manifestaciones no llegan a estas tensiones, pero son resultado de crisis
propias. Las hay de los que demandan lo que les falta, que suelen tener
carácter profesional, como está ocurriendo con la sanidad o la educación. En
estas los profesionales de un sector reclaman mejoras para el propio sector o
mejoras propias ya sea por el exceso de trabajo o por lo poco que les rinde.
Medios y sueldos se reparten en este tipo de manifestaciones, casi siempre
apoyadas por los sectores sindicales.
Las más claras en este sentido han sido las manifestaciones contra las ampliaciones de los aeropuertos, como ha sucedido en Palma e Ibiza. Las razones de los preguntados son de amplio espectro. Van de los que protestan por la muerte de las aves del entorno de los aeropuertos, es decir, protestan por el daño a la Naturaleza, a los que directamente lo consideran un paso más en el incremento de turistas.
De
aquella película titulada "¡El turismo es un gran invento!" (Pedro
Lazaga 1968), con Paco Martínez Soria interpretando a un alcalde que quiere
hacer atractivo su pueblo para que vengan los turistas, hasta hoy, han pasado
casi sesenta años que nos han dejado huella en muy diferentes sentido.
Los
vecinos de las ciudades o zonas turísticas se manifiestan porque no pueden
vivir en sus propias ciudades y los aeropuertos son la vía de entrada. Saben
que si los aeropuertos se amplían es porque se piensa en traer más turistas. A
esto se añade que los intereses ya no son solo españoles. Somos el punto de
destino del turista, pero no de su dinero. Una parte importante de lo que se
deja aquí sigue más allá, a otros bolsillos fuera de España. El español siente
que pierde vida, que se le presiona para que venda y convertir en
"turístico" lo que era su residencia. Aunque la tenga en propiedad,
la calidad de vida ha descendido, mientras que el coste ha aumentado.
Hemos
visto manifestarse contra eventos ruidosos, contra llamativos espectáculos,
como la Fórmula 1 de Madrid o los conciertos de Shakira, cuyo resultado último es elevar los costes de las viviendas, con alquileres
disparados.
Cualquier
evento, de la visita del Papa al eclipse son tratados como elementos que se
publicitan para que determinados tipos de empresas hagan su agosto. España es
el país "ideal" para esto. La gente alquila balcones para ver pasar
las procesiones, cuya fe está más centrada en pedir por la llegada de turistas
que por el amor cristiano y el compartir.
Todo,
absolutamente todo se convierte en espectáculo y en punto de atracción
turística, lo que supone grandes concentraciones, ruidos, molestias y
encarecimientos continuados.
Las
autoridades lo venden como que es "bueno" para la población, pero no
especifica quiénes son los que se benefician y quienes pagan. La gente, en
cambio, lo tiene cada día más claro y por eso sale a la calle y protesta.
No sé
si este fin de semana ha sido mucho más protestón que los anteriores o que los
próximos. Pero es de prever que seguirá creciendo la tensión alrededor de estos
eventos que perjudican la vida de la población.
Como no
puede haber dos precios, uno para nacionales y otros para extranjeros, las
autoridades crean "tasas" turísticas para obtener un cierto
rendimiento a sus inversiones, las realizadas con sus impuestos.
La
codicia y la falta de prevención están creando una España alterada. Ya ha
habido acciones contra los turistas en determinadas localidades y es previsible
que esto crezca en la medida en que ya no es cosa del verano, sino que se
amplía a todo el año.
España se está calentando y no precisamente por el sol.





























