Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo
ocurrido y que sigue ocurriendo en Ceuta nos deja al descubierto, una vez más, el reino de la
chapuza. Ceuta no es "un problema"; son muchos, confluyentes en
espacio y tiempo. Los debates a los que asistimos colman la paciencia de los
ciudadanos afectados, que quieren menos debates y más soluciones cuanto antes.
El problema, claro está, es decidir cuáles son las soluciones.
Una
cuestión previa: cualquier problema cuya solución esté pensada en términos de
casos individuales, pasa a ser otro problema cuando se dispara el número. Las
leyes no tienen en cuenta el número, solo el caso individual. Nos dicen qué hay
que hacer con un menor, pero no cómo
se actúa si son varios miles, como
estamos viendo. Nos dicen que hay que hacer para aceptar un solicitante de asilo, pero no lo que hay que hacer cuando llegan
decenas de miles. Eso es de otro orden, la cantidad.
Estos
problemas son más acuciantes para la población que igualmente tiene sus límites
de aceptación en función del número de casos. Cuando se nos dice que hay que estudiar
cada caso, uno a uno, no se nos dice qué ocurre cuando los casos son miles
simultáneamente.
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Desde
ese momento empiezan a extenderse los problemas: qué hacer con los menores
frente a los adultos; qué hacer con las niñas para separarlas de los niños ante
los casos de violaciones y agresiones, como está ocurriendo; qué hacer con los subsaharianos
frente a los marroquíes en estas cantidades; qué hacer... Cualquier solución se
enfrenta no solo al problema del caso, sino a esta multiplicidad de casos. que hay que distinguir y tratar individualmente. La
teoría funciona individualmente, caso por caso; pero el problema es doble, el
caso en sí y la multiplicidad desbordante.
El segundo problema es el que está dejando
en evidencia algo que ocurre cada vez que hay un primer problema: mala organización, descoordinación, falta de recursos humanos y materiales. Ahora debatimos sobre las leyes de
inmigración española frente a las cada vez más restrictivas europeas, pero ya
sean unas u otras, el problema seguirán siendo los recursos, que son los que
faltan.
Lo
vemos en casos aparentemente simples, como es el de la manutención de unos y
otros Las quejas de los soldados desplazados por la comida, por los sitios
habilitados para que duerman, etc. dan vergüenza ajena. La limpieza de la playa
ha debido suspenderse por el regreso de los que no debían volver a ella, por lo
que ha servido de muy poco lo hecho. De nuevo el caos.
Es muy
bonito hacer leyes pensando en caso individuales. Podemos ser detallistas en
extremo, Pero una llegada masiva complica no solo las devoluciones, sino el
concepto de devolución, de su ritmo y de a quién se debe aplicar.
Pero
podemos pensar en otros casos más allá del de Ceuta. Se nos junta todo: los
incendios masivos dejan en evidencia la falta de recursos y atención a algo que
se repite cada vez con más frecuencia y con menos prevención, los incendios. La
queja es común: faltan recursos ante los incendios masivos repartidos por toda
España. Nadie hace nada hasta que se desata el incendio. Entonces todo son
quejas, empezando por los afectados directamente, que podían haber hecho algo
más previamente y continuando por las autoridades municipales y autonómicas.
Los
incendios estaban cantados, como lo estaba el asalto a la frontera ceutí. No lo
sabían los que no quería saberlo o que les estropearan las vacaciones, un
motivo de primer orden.
Nuestros
políticos lo usan, como siempre, para tirarse trastos a la cabeza y redirigir
la indignación hacia el otro. Es más rentable que tratar de establecer acuerdos
nacionales, planes aplicables antes y
no después de incendios y asaltos.
Una
administración eficaz es la que previene el problema antes de que este estalle.
La eficacia consiste en la capacidad de prever lo que puede ocurrir y valorar
las probabilidades y riesgos, así como las inversiones necesarias. Pero es mejor invertir en fiestas patronales que
en riesgos de incendios o asaltos de decenas de miles a una frontera.
El
problema no es la emigración, ni los menores. El problema somos nosotros, el tercero, con
administraciones más preocupadas de mantenerse en el poder con los amigos que
en la atención real al ciudadano. Los recursos se pierden en
bolsillos de algunos (en eso quedan los casos de corrupción, en detraer el
dinero público gastándolo ineficazmente) y no llegan cuándo deben ni a dónde
deben.
Al
final, cada paso se convierte en problemático, con nuevos problemas en cadena.

































