lunes, 26 de julio de 2021

Los que no se vacunan (y deberían hacerlo)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Pese a los cuatro millones de muertos por el COVID, es sorprendente la actitud de tantas personas hacia vacunarse. Hay países en los que darían lo más importante por poder vacunarse, mientras que en países ricos se producen reacciones negacionistas. Las hay de todo tipo, de todos los colores: desde los miedos a los efectos secundarios a las prevenciones religiosas pasando por los conspiranóicos. Por fobia, dogma o paranoia, al virus le da igual y si fuera consciente daría educadamente las gracias por el enorme favor que se le hace al dejar de vacunar.



En Euronews se nos muestra a un irritado Macron, dentro de una noticia sobre la exigencia del pasaporte COVID —la próxima controversia estúpida por delante— y la vacunación obligatoria al personal sanitario en Francia:

 

"De qué sirve vuestra libertad si me decís: "yo no me quiero vacunar". Pero si mañana contagiáis a vuestro padre, a vuestra madre o a mí mismo, yo soy víctima de vuestra libertad cuando habéis tenido la oportunidad de hacer algo para protegeros y protegerme. Eso no es la libertad, eso se llama irresponsabilidad, eso se llama egoísmo", explicaba el presidente, Emmanuel Macron, que continúa su viaje a la Polinesia francesa.*

 


En términos muy parecidos lo expresábamos aquí hace unos días: no se puede llamar libertad al egoísmo que hace peligrar la vida de otros. Si los negacionistas decidieran tirarse a por un barranco, ningún problema; allá ellos. Pero lo que hacen pone en peligro la vida de otros, como bien señala el presidente francés. Lo repetimos: esto es una cuestión de ciudadanía.

El que se niega a ponerse la vacuna quiere algo más: entrar en un cine, en un restaurante o en un museo; asistir a clase en el aula y celebrar su cumpleaños y festivos como si nada. Considera que la mascarilla le estropea el cutis, le deja señal en verano, pasear con una botella es "salir a hacer ejercicio", dice no poder respirar y sentir claustrofobia portátil, todo un interesante síndrome.



Ahora que se habla de una tercera dosis y se pone encima de la mesa si esto es "solidario" o no respecto a los países que no han olido ni la primera, países en los que solo los más ricos y corruptos pueden vacunarse discretamente o salir al extranjero a que les pinchen en la suite, los núcleos negacionistas se manifiestan con más insistencia bajo la bandera de la libertad. Se siente "presionados", "cercados" por los ya vacunados. ¡Pobrecitos!

Por otro lado, la cifras son bastante contundentes en lo que respecta a los fallecimientos en España, siendo la mayoría de personas que no se han vacunado por decisión propia o porque no les había tocado todavía. Es importante explicar con claridad la cuestión de los contagios de las personas ya vacunadas porque la idea de la "inmunidad" (de rebaño o individual) es contraproducente en el caso de los antivacunas, ya que les vale para negar su eficacia. Lo que era numéricamente anecdótico en otros casos, con esta campaña de millones de personas y con toda una serie de variables abiertas por lo desconocido del caso, puede ser aquí relevante. Así que sería más adecuado que los expertos dejaran de aventurar fechas estimadas en los que la felicidad llegará a nosotros en forma de inmunidad del 100%, algo que debido a la propia eficacia y, sobre todo, por la aparición de nuevas variantes puede complicar los resultados.

Ayer se nos daban ya cifra de reinfecciones en un capítulo que se creía cerrado, el de las residencias de mayores, que volvieron a registrar brotes. Se supone que ya están todos vacunados. El hecho de que sea un brote importante en una residencia específica invalida la cuestión de la individualidad y tiene que remitir a una explicación referida al propio coronavirus. Esto ya lo tratamos con ocasión de otro brote en una residencia ya vacunada hace algunos meses. Ahí, como se aprecia, no hay "inmunidad de grupo" ni nada que se le asemeje ya que contagio en ese espacio ha sido numeroso.



De nuevo: es mejor decir la verdad (y lo que no se sabe) que usar términos que actúan como "promesas", indicando falsamente que con la vacuna puesta ya estoy "a salvo". Esos jóvenes que son vacunados y dicen que lo hace para salir de viaje de vacaciones o poder dejar las precauciones y hacer vida "normal" viven un engaño doble, el que les alienta con la promesa de la inmunidad (y por ello de dejar de lado las prevenciones) y el autoengaño, en el que creen lo que quieren creer. Hay que saber recibir críticamente mucho lo que se nos dice y no hay que confundir el deseo con la realidad. 

La prensa nos trae hoy varias noticias desde los Estados Unidos, en donde se está produciendo un fenómeno realmente absurdo, la lucha política entre estados donde se presume de levantar barreras en nombre de la libertad. Es el efecto perverso del mismísimo Trump sobre los estados controlados por los republicanos, que realmente han perdido el norte hasta unos límites muy preocupantes. 



Se puede entender que quieran hacer todo tipo de manejos electorales en sus estados para asegurarse votos en las próximas elecciones, pero es incomprensible que no vacunarse se haya convertido en una actitud política, basada en el dogmatismo religioso o las teorías de la conspiración.

La primera de las noticias nos la ofrece Antena 3, con el titular "Muere una mujer de 47 años por coronavirus tras rechazar la vacuna por miedo a los efectos secundarios":

 

Fernanda Vega, una mujer de 47 años, ha muerto en Arizona en Estados Unidos de coronavirus después de que su hija se contagiase. Tenía cuatro hijos y diez nietos. Se había negado a vacunarse por miedo a los efectos secundarios de la misma.

La mujer desarrolló un coágulo de sangre en los pulmones y murió el pasado 13 de julio. Ismael Vega, su viudo, reveló que no se había vacunado porque desconfiaban en los posibles efectos secundarios. Sin embargo, ha asegurado que tras la muerte de su mujer se vacunará, según 'news.com'.

Ismael Vega se está recuperando de un brote de neumonía provocado por el coronavirus. "De repente llega la covid y un año después hay una vacuna. No conocíamos los efectos secundarios que podía tener", explica.**

 


Aparentemente, no tenían ninguna prevención contra las vacunas, pero sí contra las "vacunas rápidas", de las que se desconocen los "efectos secundarios"; lo cual no deja de ser una cierta ironía. Podemos creer que el obstáculo era la falta de credibilidad experimental de las vacunas. Les parecía que estaban "poco probadas". Una vez visto lo que ocurre a muchos de los que, por cualquier causa, no lo hacen, llega el momento de vacunarse, algo que los Vega ya recomiendan a los demás. Ismael Vega sobrevivió y no guarda un buen recuerdo de lo que tuvo que pasar, descontando la muerte de su esposa.

Los medios tienen mucho que ver en esto de los temores, ya que las fuentes de información indirectas llenan las cabezas de los que no tienen una experiencia directa, ya sea por haber pasado la enfermedad —como el mismo Ismael— o por conocer algún caso directo, es decir, tener algún contagiado o fallecido próximo. Cuando se han visto o padecido directamente los efectos terribles, la cosa cambia.



Tengo muchos queridos amigos y compañeros que están deseando que hagamos actos "presenciales" en tesis y demás momentos académicos. Cuando insisten, con todo cariño, les tengo que recordar la muerte de algunos compañeros próximos que se decidieron por hacer presente lo que se podía haber hecho perfectamente a distancia. Cuando hay una muerte por medio, la cosa cambia. Pero, afortunadamente, no todo el mundo tiene un fallecido próximo del que tomar la experiencia para vacunarse y mantener las medidas de seguridad necesarias.

Por eso el papel de los medios es esencial. Muchas veces los especialistas nos han repetido que los efectos secundarios graves se producen en un número muy, muy reducido de casos. Pero para los medios, esto ejerce un peculiar atractivo, ya que juegan con el factor hipocondríaco para mantener el interés informativo. Lo último en España es la preocupación por el aumento de los senos, lo que ha hecho que los expertos, una vez más, salgan a dar explicaciones al público.

La segunda noticia nos la trae The Washington Post, con el titular "An Alabama mother who lost her son to covid says not getting the vaccine is her biggest regret" y es similar a la vista anteriormente. La madre nos relata su deseo de que la muerte de su hijo Curt, autista, 28 años, no sea inútil.

 

His last uttered phrase is still etched in Christy Carpenter’s mind: “This is not a hoax, this is real,” Curt said, according to his mother.

His mother said Curt Carpenter at first believed that the coronavirus was a hoax. The whole family was hesitant to get vaccinated when the shots became available.

“It took years to create other vaccines, and the coronavirus vaccine was created very quickly,” Christy Carpenter said. “That made us very nervous.”

The Carpenters’ reluctance is not unique in a state with the lowest vaccination rates in the country. According to data from the Alabama Department of Public Health, only 33.9 percent of the state’s eligible population has been fully vaccinated, and 41.6 percent has received at least one dose.***

 


Como puede apreciarse, también aparece el argumento de la "rapidez" con las que han sido creadas las vacunas. Esto indica que ha sido un argumento poderoso y persistente, parte de la estrategia negacionista. Como es claro, esta línea no va contra la vacuna en sí, sino contra la velocidad de su desarrollo, como el caso anterior. Es fácil levantar este argumento, ya que se hace sobre un fondo anterior, que es el de la codicia de las farmacéuticas, otra línea sobre la que insisten los medios con frecuencia. La falta de escrúpulos de la industria, su deseo de hacer dinero y especular con vidas y sufrimiento (¿cuándo aplicarán esto a la industria de las armas?) permite "cuadrar" el argumento haciéndolo más factible. La conspiración se dirige hacia los puntos más débiles, hacia aquellos que no es necesario argumentar porque se dan por hechos.

Hay más informaciones sobre los antivacunas o simplemente los que no se quieren vacunar, un grupo más amplio. Política, religión e indiferencia irresponsable tienen sus propios grupos de adeptos o seguidores. La idea de que lo mejor para acabar con el escepticismo es abrir las UCI y sacar casos y testimonios a la luz puede ser medianamente efectiva para ciertos tipos de personas. Pero hay muchos otros metidos en el fondo de su concha y la presión no hace sino encerrarlos en su burbuja que, por muy resistente que sea, no resistirá el contagio.



La lucha ahora que ya tenemos vacunas es contra la "opinión", contra aquellos sectores que generan resistencias a las medidas de control. Son los que lo quieren tener todo, el derecho a vacunarse o no y el derecho a ir donde quieran y cuando quieran.

El señor Vega perdió a su esposa y pasó él mismo una dura enfermedad. La madre del difunto Curt se ha convencido de que el Covid no es un "engaño"; le ha costado la vida de su hijo entenderlo. Si en Estados Unidos, el rechazo a la vacunación ha sido y es una lucha política desde el inicio —parte de la guerra general contra China y de los enfrentamientos entre estados demócratas y republicanos—, en España lo que tenemos es un caos delirante, también resultado de las luchas políticas y de la fragmentación política que padecemos, una ingobernable diversidad. Con la salud como competencia autonómica, lo que discutimos aquí son medidas como los horarios, las distancias, las capacidades, etc. Nuestro debate arrastra expertos de todo tipo, sanitarios, políticos, jueces..., por lo que no es fácil lograr la tranquilidad y perderle el miedo a lo que no hay que tenerlo y tenerlo para lo que es necesario. Se da la paradoja que los más temerarios en comportamiento suelen ser los que más miedo le tienen a las vacunas.

Se acercan nuevas discusiones sobre pasaportes, certificados, reinfecciones, cuántas dosis, etc. y es necesario mantener la cabeza tranquila, con lo básico en mente y negarse a entrar en discusiones tontas. Hay que vacunarse y mantener la guardia; no vacunarse para no tener que mantener la guardia. Cuanto antes los irresponsables se den cuenta, mejor para todos. La pena es que, como hemos visto, muchos se dan cuenta cuando ya han enterrado a alguien.

 


* Francisco Fuentes "El Parlamento francés aprueba la obligatoriedad del certificado sanitario en los locales públicos" Euronews 26/07/2021 https://es.euronews.com/2021/07/26/el-parlamento-frances-aprueba-la-obligatoriedad-del-certificado-sanitario-en-los-recintos-

** "Muere una mujer de 47 años por coronavirus tras rechazar la vacuna por miedo a los efectos secundarios" Antena3 25/07/2021 https://www.antena3.com/noticias/mundo/muere-mujer-coronavirus-rechazar-vacuna-miedo-efectos-secundarios_2021072560fd328c481ef900018c8593.html

** María Luisa Paúl "An Alabama mother who lost her son to covid says not getting the vaccine is her biggest regret" The Washington Post 26/07/2021https://www.washingtonpost.com/health/2021/07/26/covid-vaccine-regrets/

 



domingo, 25 de julio de 2021

Trump y las décimas de Arizona

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La CNN nos da nueva cuenta de los mítines de Donald Trump en Arizona, sobre su nueva gira para mantenerse en el candelero político. Son muchos los intereses del ex presidente en volver a la Casa Blanca (él percibe a Joe Biden como un "okupa"). No es el único interesado, ya que hay toda una ristra de políticos republicanos con interés en poder recoger la cosecha del apoyo popular. La gran esperanza es el mantenimiento del electorado, por encima de los 73 millones de norteamericanos, que le votó. A Joe Biden le faltaron unos cuantos votos para llegar a los 80 millones. Pero, para Trump, todo ha sido un robo y un gran fraude.

El daño que ha hecho Trump a los Estados Unidos ha sido doble. En el exterior, la pérdida de confianza en el país se ha incrementado ya que ha mostrado una faceta autoritaria y arbitraria ante los asombrados aliados. El papel de Estados Unidos en el terreno mundial hace que cualquier cambio, especialmente de ese doble cariz, se viva como una enorme incertidumbre y como una forma de agresión. La salida de USA de los grandes acuerdos ha sido una forma de irresponsabilidad que le permitía mantener sus propios intereses por encima de los acuerdos.



Desde el punto de vista de la política interior, Trump sembró la discordia entre los norteamericanos y arrastró a las instituciones debilitando el sistema democrático. Favoreció el amiguismo descarado, desde los negocios a los indultos a los "fieles". Su carencia absoluta de sentido político le llevó, dentro y fuera, al uso de la fuerza por encima de cualquier tipo de acuerdo o diálogo. Para Trump, el poder se ejerce, lo que significa no tener que recurrir a los otros, que solo pueden salir derrotados. El narcisismo de Trump no admite otra cosa y es lo que transmitió al país en su presidencia. Estados Unidos se volvió, como se presidente, en narcisista y arbitrario, ejerciendo el poder porque podía. La humillación de los enemigos se extiende a los "amigos", que solo pueden ser siervos y admiradores. La herida del asalto al Capitolio del 6 de enero quedará abierta por generaciones.

Trump vuelve a la carga. La CNN lo califica desde su titular como el "perdedor escocido", el que no acaba de aceptar su derrota y sigue buscando explicaciones conspiratorias para explicar lo imposible: que perdiera. Por eso ha estado moviendo todo lo movible, mandando correo, haciendo que los suyos presionaran hasta momento en los que se excedieron. Había que evitar que se perdieran esos estados en los que se perdió por décimas, como Arizona, para poder continuar la idea del robo.




No aceptarlo ha llevado a Trump a muchos conflictos, pues dudó hasta de la honestidad de aquellos estados republicanos en los que ganó Biden. Sus llamadas y correos exigiendo a los funcionarios que "contaran bien" quedarán como uno de los casos más vergonzosos en la historia del sistema electoral norteamericano. Sigue, nos cuentan, atacando a todos los republicanos —"débiles" para él— que aceptaron la victoria de su rival. Todos ellos, del Fiscal General al ex vicepresidente Pence, le traicionaron y traicionaron al país. Es lo que sigue contando para delirio de sus seguidores que siguen clamando porque les encierre en oscuras mazmorras cuando sea el "próximo presidente".

En el artículo señalado de la CNN —"'Sore loser' Trump reaps fruits of election lies in Arizona", firmado por Stephen Collinson—, leemos:

 

It doesn't actually matter to Trump or his supporters if the allegations made in the audit are true or not. Trump's list of supposed irregularities that he spouted in a speech, which was often incoherent, made very little sense. But the conspiracies help fuel the massive nationwide lie that Trump created in order to avoid admitting he lost the election. Any morsel of information, no matter how quickly it is discredited, further expands the big lie. And as months pass, those who buy in travel so far from the truth that facts become meaningless.

The impact on American democracy, however, of millions of Americans losing faith in the election system — which is actually remarkably free of fraud — is deeply corrosive.*

 


Tiene razón Collinson. Cada vez vemos de forma más clara que el poder de la mentira se basa en su repetición, en ser imperturbable, ante la crítica. Queremos vivir en un mundo de fantasía porque queremos seguir creyendo que es verdadero. Negar la realidad y crear una realidad alternativa es un elemento seductor, algo que a muchos atrae. ¿Por qué vivir en un mundo que no quiere darnos lo que le pedimos cuando podemos vivir una fantasía colectiva que nos permite reajustar nuestros deseos por alejados que estén?

La misma farsa que vive Trump —¿controlada, incontrolable?— a asumida por aquellos que le siguen en su peregrinación fantasiosa. El problema, en efecto, es la perversión que supone del sistema democrático que, como un estado de madurez, implica la aceptación de un mundo que no nos gusta, de un resultado contrario. Por el contrario, el sistema de Trump es infantilismo puro, la rabieta incontenible cuando al niño se le quita el juguete de las manos. Es la pataleta porque le privan de lo que sirve para alentar su fantasía.

Recordemos que Hilary Clinton consiguió más votos que el propio Trump en el denominado "voto popular", pero que fueron los delegados republicanos los que le permitieron llegar a la Casa Blanca. Con el tiempo se fue convenciendo que había conseguido más votos que Clinton. Igual ocurrió con el acto de toma de posesión. Rechazó todas las fotos que mostraban que había habido mucha más gente que en la suya.



Trump es un niño malcriado peligroso para todos los que le rodean; mucho más para el propio país y el resto. Todo lo que no se ajusta a sus deseos desencadena procesos de diversa naturaleza. Su inteligencia no ha sido la de la política, sino la del poder, que no son lo mismo. Supo sumar apoyos de la radicalidad extra política y del republicanismo más rancio, que le vio como una figura alrededor de la que agruparse y de la que muchos se han distanciado al percibir que son meros juguetes en sus manos.

Ahora vuelve a hacer su campaña. Sabe que necesita llevar a los republicanos al poder para que estos le apoyen en la siguiente votación como representante republicano. Si Trump consigue llevar a sus candidatos a las cámaras y cambiar el orden existente, es más que probable que lo veamos camino de las próximas presidenciales. Ahora pide "Action" en Arizona, donde los resultados fueron 49,4% para Biden y el 49,1% para él. Se comprende la "obsesión" con el estado  —como con Georgia, con dos décimas de diferencia— y piense que puede cambiar ese estrecho margen.

Todavía le queda mucho mal y mentiras que repartir.

 


* Stephen Collinson "'Sore loser' Trump reaps fruits of election lies in Arizona" CNN 25/07/2021 https://edition.cnn.com/2021/07/25/politics/donald-trump-arizona-audit-fraud-lies-election/index.html

sábado, 24 de julio de 2021

Barrios ricos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 


Los datos de la pandemia, cuando se ponen sobre la mesa, nos acaban diciendo cosas que no nos gusta escuchar públicamente por lo que tienen de retrato social, de radiografía del país con sus ocupantes dentro. Es cierto que esto es ya una situación larga, pero es igualmente cierto que esto no es nuevo y que seguirá siendo larga por bastante tiempo.

Hace unos días, un titular llamaba la atención por su propia generalidad. Venía decir que los "jóvenes serios" se quejaban de que se les considerara responsables de lo que las cifras, las imágenes y los relatos nos mostraban sobre la evolución de la pandemia en España. Es evidente que el lenguaje es siempre injusto en esto. Para evitarlo se han creado otras herramientas que permiten separar el trigo de la paja poniendo cada cosa en su lugar. Sencillamente, el que cumple no debe darse por aludido. Los que incumplen tampoco se dan por aludidos y siguen incumpliendo, claro.

Conforme la pandemia se desarrolla en el tiempo y es posible tener más datos y, sobre todo, analizar la evolución de esos datos, sus aspectos relevantes van apareciendo con mayor claridad.

RTVE.es ha elaborado un magnífico trabajo, firmado por Paula Guisado y Cristina Pozo García, tanto en el análisis de los datos como en su representación gráfica para que puedan ser comparados y comprendidos. Estos datos permiten sacar algunas interesantes conclusiones. Tras un análisis general de los datos de la pandemia, se introducen los aspectos relacionados con los espacios donde hay mayor incidencia actualmente y se comparan con los del año anterior. Nos señalan partiendo de los datos acumulados:

 

Hace un año, al acabar el primer estado de alarma -ahora inconstitucional-, se señalaba el impacto de la COVID en las familias con rentas más bajas. Los brotes entre temporeros fueron los más comentados, pero también entre aquellas personas que no podían permitirse teletrabajar y tenían que acudir presencialmente a su lugar de trabajo. La segunda ola dejó una situación similar.

En Madrid, el distrito de Puente de Vallecas registró una incidencia de más de 950 contagios, con Usera y Villaverde rozando los 850. En Barcelona -con menor incidencia en general-, Nou Barris, Ciutat Vella y Sants-Montjuïc superaran los 400 casos.

¿Qué tienen en común esas seis zonas? Son los distritos con las rentas medias por hogar más bajas de sus respectivas ciudades. Y es que al principio de la segunda ola se podía ver una relación inversamente proporcional entre la renta y la incidencia: a menor renta, más casos.

En cambio, el brote que comenzó a finales de junio apunta a una situación inicial distinta. En la Ciudad Condal, que lleva más de una semana de adelanto con respecto a los incrementos a nivel nacional, los datos mostraban la tendencia contraria: a más renta, más casos. Y una situación similar registra la capital unos días después, donde los distritos con las rentas más altas -Chamberí, Salamanca, Moncloa-Aravaca o Chamartín- ocupan ahora los primeros puestos en cuanto a incidencia acumulada.

La tendencia se va suavizando a medida que pasan los días y el virus se expande. Y tanto en Madrid como en Barcelona hay excepciones: por un lado, el distrito Centro, cuya singularidad podría contribuir a que la tasa de contagios sea tan elevada -900 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días- aunque su renta no esté entre las más altas; y por otro, Ciutat Vella, que se acerca a los 1.000 contagios a pesar de ser el distrito barcelonés con menor renta.

Pero los datos de renta e incidencia por distritos sugieren una diferencia socioeconómica respecto a las olas anteriores que habrá que analizar con más información desagregada, pero que para Saúl Ares "tiene sentido, desde la premisa de que en este caso los contagios se piensa que se dan más en el ocio que en el trabajo". Más del 80 % de los brotes identificados en la última semana en la Comunidad de Madrid estaban relacionados con el ámbito social. "Y sabemos que quien tiene más posibilidades es quien tiene más ocio", reflexiona el experto.* 

 


Y hay mucho que reflexionar, desde luego. Los datos son los que son y, en el tiempo, adquieren sentido mostrando una perspectiva más ajustad de lo que tenemos delante.

En la primera ola, en los Estados Unidos, al igual que en otros países, salieron a la luz las desigualdades sociales y económicas. Se manifestaban en los hacinamientos en los hogares más pobres, en la falta de condiciones higiénicas en muchos espacios de trabajo, igualmente hacinados, en la falta de asistencia médica, etc. En Estados Unidos se tradujo rápidamente a cuestiones étnicas. Si eras "blanco", tenías más posibilidades de vivir en una casa grande, no tener que usar transporte público, teletrabajar, tener un seguro médico que te habría permitido tener una mejor salud, etc. Si eras un afroamericano o un inmigrante del sur, tus probabilidades de tener algunas de esas ventajas descendían.



Lo que los datos de RTVE.es nos ofrecen es un panorama distinto. Lo interpretamos de diversas maneras, incluyendo la que salta a primera vista: ahora son los "ricos" los que se contagian debido al ocio. Pero esta explicación requiere muchos matices y perspectivas. Oponer "ocio" y "trabajo" es un error porque hoy del ocio vive toda una industria. Mis alumnos extranjeros se reían cuando les explicaba, hace algunos años, el número de fiestas que tenemos los españoles. Es una forma de trabajar. Ir a los sanfermines, a las fallas, a la feria de abril... a todas y cada una de las fiestas de tus barrios, pueblos, ciudades y comunidades; los "puentes" y "acueductos", etc. son en realidad la estructura de una economía inversa que se basa en el "ocio" para que otros puedan trabajar. Este sector —que va del turismo a la hostelería, de las agencias de viajes a los vehículos, etc.— necesita personas que gasten, que se desplacen, etc. Esto ha ido generando un "ocio" activo, que ya no es alternativa al "trabajo", sino alternativa a sí mismo. El auténtico "ocio" es el que se produce entre dos "actos ociosos", el intervalo que no genera gasto.




Dicen que "más del 80 % de los brotes identificados en la última semana en la Comunidad de Madrid estaban relacionados con el ámbito social". El "ámbito social" es un eufemismo para decir todo tipo de encuentros y reuniones, de los familiares a los amigos, todo aquello que no es obligado por el trabajo.

El ámbito laboral es un espacio vigilado y sometido a determinadas prevenciones, con una autoridad responsable; igual ocurre en el educativo. No ocurre —como vemos cada día— con el ámbito del ocio, no porque no se intente, sino porque se incumple por la sencilla razón de que es prácticamente imposible hacerlo. Es la cuadratura del círculo. La gente se reúne para estar junta, no separada. Y si está junta es para verse, no para usar una mascarilla. 

La retirada de la mascarilla ha hecho recuperarse a sectores que caían en picado. Hasta la moda se ha visto sacudida ante el aumento del interés por las piezas superiores de la ropa frente a las inferiores que apenas se lucen en las videoconferencias. ¿Para qué zapatos nuevos si no sales a lucirlos a la calle? Me gustaría que salieran a la luz todos estos datos que apenas son señalados y se encuentran dispersos en artículos de diferentes medios.

Basta con que recuerde qué hacía una semana cualquiera antes de la pandemia y piense en lo que hace ahora. Se dará cuenta inmediata de que hay muchas cosas que hacía dentro de su normalidad y ahora no hace.



Decía antes que mostrar la distinción económica de los distritos y barrios puede darnos una impresión engañosa. El "ocio" es un poderosísimo sector económico en España y mucho más variado de lo que pensamos. Incluye espacios y actividades, viajes y estancias.

Los jóvenes que se han contagiado en el macro brote de Mallorca han realizado un viaje y una estancia en hoteles financiados, claramente, por sus familias. Las actividades que han realizado y en las que se han contagiado representan el retrato de su oferta por edad y disponibilidad económica, del "botellón" al "concierto" al que asistieron, junto con las actividades conjuntas que realizaran, de las charlas de habitación a los baños grupales en la playa o piscina. Los medios han reconstruido, local a local, el recorrido de los contagios.



El "ocio" es un macro sector ramificado y especializado en ofrecer lo que puedas pagar, de un restaurante de cinco tenedores a un perrito caliente callejero. La misma cerveza la puedes tomar en una comida en un restaurante, comprar en un supermercado o a un vendedor callejero que te la lleva fresca a la arena de la playa o se pasea por en medio del gentío del botellón en la noche. Lo que quieras, alguien te lo sirve.

Hace mucho que no abordamos las causas de muchas cosas que nos ocurre; preferimos afrontar las consecuencias como si salieran de la nada. Hoy nos enfrentamos a lo que parece una epidemia de irresponsabilidad. Pero no es nueva; es el resultado de esa "satisfacción garantizada" que hace que, como suele decir, España sea un país "donde se vive muy bien", un paraíso donde puedes hacer lo que quieras... si lo pagas. Ahora vemos la contrapartida.

No es casual que todo haya girado en España, de los empresarios a los políticos, sobre la llegada de veranos, vacaciones, puentes, festividades, etc. que son el auténtico "calendario laboral" español por el perfil que nuestra economía ha ido creándose. Compañías aéreas, de ferrocarriles, hoteles, restaurantes, ropa, etc. todo esto dependen de nuestro ocio. Puede que tengamos ropa de trabajo, pero seguro que tenemos mucha más ropa para salir, para lucirnos en los encuentros sociales.



En poco más de una semana, las cifras se han disparado tanto que asusta ver las curvas, auténticos cohetes hacia el récord. Hay muchos factores que lo han impulsado, desde dentro y desde fuera; falsos mensajes y oscuros intereses sectoriales que necesitan que todo esto siga en marcha pese a la vidas que pueda costar. Lo hacen detrás de grandes palabras y principios, pero no ocultan su verdadera naturaleza egoísta, interesada, económica.

Ahora los datos reflejan esta situación. Es en esos barrios donde queda el dinero que hay que sacar. La locura de los viajes de fin de curso es un buen ejemplo. Han ido los que se han podido pagar vuelo y estancia. Las posibilidades de gasto muestran las posibilidades de contagio. Unos se contagian en un hotel, otros en un descampado, según su disponibilidad.



Ahora muchos se resisten a que se impongan los "pasaportes" porque saben que sería un primer paso en la toma de conciencia de la peligrosidad en la que se insiste no piensen. Es cierto que muchos no necesitan que les insistan; desgraciadamente, parece que el "ocio" es el "centro" de su vida, algo a lo que no pueden renunciar porque, en muchos casos, no hay más y no se ofrece más.

Sin embargo, la única forma de poder salir de esto es afianzando la seguridad, por un lado, y reformando los sectores reduciendo su peso en el conjunto, abriendo otras posibilidades que se han ido perdiendo. Los otros males, los que arrastramos hace mucho, son más difíciles de erradicar cuando hay tanta gente viviendo de ellos.

 

 

* Paula Guisado, Cristina Pozo García y DatosRTVE "Barrios ricos, perfil joven y variante Delta: claves de la quinta ola de COVID" 24/07/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210724/claves-semana-barrios-ricos-perfil-joven-variante-delta/2137060.shtml

viernes, 23 de julio de 2021

¡A por la tercera!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Supongo que lo que ha hecho La Vanguardia con el titular "Sanidad asume que será necesaria una "tercera dosis de refuerzo" y la fotografía en la que se nos muestra a una vacunada con gesto de dolor, mientras un cartel tras la vacunada y su vacunadora nos dice "Inmunidad: necesitas dos dosis". La noticia es un juego complicado de afirmaciones y rectificaciones en el tiempo con el gesto dolorido (o aprensivo) de la paciente (nunca mejor dicho) al ser pinchada.

Algo más allá se va en el diario ABC que, como prácticamente toda la prensa se hace hoy eco de la inauguración oficial de las Olimpiadas y de ese tercer pinchazo que se veía venir y que sin duda vendrá. Pero lo que se pone en boca en la ministra Darias, la misma que nos avisaba hace poco del regreso de la "sonrisa":

La ministra de Sanidad, Carolina Darias, ha señalado este viernes que «todo parece apuntar a que sí tendremos que poner una tercera dosis». «Hemos suscrito de la mano de la Unión Europea un contrato con Pfizer y Moderna. Lo que habrá que determinar es cuándo», ha asegurado en Onda Cero.

Darias ha sido tajante tras ser preguntada sobre si los españoles tendrán que vacunarse cada año. «Sí, sin duda alguna», ha aclarado, para después insistir en que el objetivo ahora es «seguir vacunando a todo el mundo hasta alcanzar si es posible el 100%» de la población española con pauta completa.*




Es decir, que tras el "3" se deben colocar unos puntos suspensivos porque esto no tiene trazas de frenar. Para ser precisos: estos puede ser un mal que (aunque nos moleste) puede exigir más sacrificios de los pensados en nuestras sociedades hedonistas y deseosas de poder planificar las vacaciones.

Tener que vacunarse cada año no es un drama. Pero sí puede serlo si esta vacunación es una alternativa de media eficacia ante las variantes que se produzcan. Cuanto más se extiende un virus, el número de variantes aumenta y, por ello, como ocurre con otras vacunas, desciende la eficacia. Lo que funcionaba con unos, no lo hace con los siguientes.

El que se ha visto sorprendido por la necesidad de una tercera dosis y la posibilidad de que esto se normalice, por expresarlo así, puede haber sorprendido más por el cambio de estrategia de la ministra, de la positividad eufórica a la escueta afirmación "Sí, sin duda alguna".

Si pensamos un poco en lo que esto implica es un importante cambio de escenario en la actuación política. Es sencillo. La estrategia de aquí no pasa nada tras cubrir al 100% de la población es insostenible por las propias evidencias cada vez que nos acercamos más a este número. ¿Con qué cara sale un presidente de gobierno, una ministra, un experto... a decir ante los parlamentos, ruedas de prensa, etc. que se han cumplido los objetivos y que nada está bien, con las UCI saturadas, las urgencias con colas y la Asistencia Primaria desbordada, al borde del colapso? Y eso es lo que está pasando y lo que muchos se temen que ocurra cuando estemos en el 99,99% de vacunados y la realidad nos desmienta. 

Hemos criticado la estrategia del triunfalismo político, del responsabilizar a otros, ante la evidencia que finalmente se va cumpliendo. Está cada vez más claro —es un clamor mediático, no político— que la expansión es un conjunción de motivos biológicos (la propia dinámica del virus) y sociales (la dinámica social, constituida por intereses económicos, sociales, personales y, cómo no, políticos). La pandemia avanza tanto por lo que hacemos como por lo que dejamos de hacer. Se ha visto en las vacunas el regreso al seguir haciendo y eso está claro que no podrá ser. Hay que dejar de jugar con las palabras, los discursos y el futuro cortoplacista y afrontar la realidad y los cambios necesarios para adaptarla a la necesidad y no al deseo o el interés, que es lo que ha estado ocurriendo hasta el momento.


Que la ministra Darias salga diciendo que habrá que vacunarse todos los años es importante, sobre todo porque es lo que más se acerca a la realidad. Pueden ser décadas las que tardemos en borrar de la faz de la tierra este coronavirus esquivo, como es su obligación evolutiva.

Para una sociedad acostumbrada a marcar un número de teléfono y que te traigan la cena, pulsar un botón y tener una reserva para un vuelo y hotel para una semana en cualquier parte del mundo, etc. la perspectiva de no poder salir de casa, privarse del "cafelito" primero y del "botellón" después, por centrarnos en nosotros, es simplemente inimaginable. Es igualmente inimaginable para una persona de 20 años pensar que se va a morir por compartir botella, cigarro o besos con sus amigos. Es un problema de "frames", de enmarcado, de cómo percibimos la realidad y a nosotros dentro de ella. Cada uno lleva la suya, cambiante en el tiempo, pero es difícil que nos saquen de ella. Lo estamos comprobando.

La noticia de la tercera dosis es como la impensable de una III Guerra Mundial. ¡Pero, hombre, si ya hubo dos! Pues, sí, puede haber una tercera, que dependerá de lo que nosotros la evitemos, no de si creemos que sea posible o no.

El anuncio de la tercera dosis (de refuerzo) y de posibilidad de tener que vacunarnos cada año durante no se sabe cuánto tiempo tiene que ir acompañado de muchas medidas tanto comunicativas como en todos los demás sectores. No se trata de vacunas a unos pocos, sino de vacunar —como ahora— a toda la población porque si se sigue pensando que hay sectores de edad que son invulnerables, volveremos a cometer el mismo error que se ha cometido hasta el momento.



Ya hemos pasado el año y medio de pandemia; caminamos firmemente hacia cumplir un segundo año. Hay varias cosas que deberían quedar muy claras:

a) invertir mucho más en investigación;

b) coordinar los esfuerzos en investigación con otros países;

c) entenderlo en clave planetaria, no solo como una "generosa donación de vacunas" que apenas cubren partes mínimas de la población donde se están fraguando las nuevas variantes más agresiva y virulentas;

d) búsqueda de estrategias alternativas a la de las edades, una vez descubiertas las formas más peligrosas en que los virus se expanden;

f) reformar y reforzar los servicios básicos para que sean lo más eficaces posibles;

g) disminuir el efecto en los sectores que son por sí mismos nocivos;

h) mejorar los sistemas que son más eficaces para evitar contactos e interacciones en sectores confluyentes, como la educación, el trabajo, etc. (sistemas a distancia)

i) aumentar la presión comunicativa para la formación sobre medidas eficaces.

j) mejorar las normas jurídicas para poder tomar medidas rápidas y eficaces.

En forma esquemática, un principio (no ignorar la realidad), y dos líneas, reducir lo negativo para el conjunto y potenciar lo positivo. Esto es realmente difícil por las resistencia de los intereses particulares de unos y sectoriales de otros. Es la resistencia al cambio y si algo requiere enfrentarse a esta pandemia es transformarse para beneficio del conjunto. El respaldo a los intereses particulares es lo que ha llevado a los Estados Unidos de Trump, al Brasil de Bolsonaro a la Gran Bretaña de Boris Johnson a ignorar la realidad. Los tres han estado contagiados, pero muchos de sus compatriotas no han salido con tanta suerte.

El caso de España es muy complejo por nuestra dependencia del turismo exterior, como estamos viendo en estos momentos. El país con peores cifras de Europa es Reino Unido y nosotros debemos dar las gracias (sinceramente) porque vengan a visitarnos para evitar que a las cifras de nuestros contagios en botellones se les sumen los cierres en cadena y la ruina del sector. Esto, en gran medida, es falta de liderazgo y de percepción del problema en otras instituciones, como estamos viendo con los conflictos judiciales. Esto no es un problema de "libertades", que sería la variante importada de los Estados Unidos; sino un problema de "ciudadanía", es decir, de responsabilidad social, de anteponer los intereses de los demás ante el egoísmo natural de muchos, la indiferencia y la ignorancia acumulada.

Será desastroso para todos si los partidos políticos siguen discutiendo como si esto fuera un problema electoralista de conseguir el voto. Votante muerto no vota, por parafrasear el título cinematográfico. Es una pena que ofrezca este espectáculo al no estar a la altura de lo que indudablemente la Historia ha puesto ante ellos.



En el mundo, la pandemia crece. Solo en España parecía que podíamos vencerla, que éramos la Armada Invencible, que ya sabemos cómo acabó. Esto es global, algo que está más allá de fronteras de Estados, de Autonomías, de ciudades o pueblos, demarcaciones todas ellas que a los virus les importan poco, por no decir nada. Hemos creído que lo que hacíamos valía para algo, pero solo en nuestros propios términos, ya fueran sanitarios (ocupación de camas, colapsos) o económicos (aguantar para el verano) para no molestar a unos o a otros, llevando una tragedia natural a niveles absurdos de ceguera.

Las dimensiones de la pandemia, lo dramático de millones de muertos, ya no admite, después de casi dos años, más medias tintas, particularismos o cálculo electoral. Si queremos tener una "vida" parecida a la que hemos llevado será teniendo en cuenta al conjunto, haciendo sacrificios, reconociendo el tamaño y fuerza del reto.

Habrá tercera dosis, lo que es un paso en el camino del reconocimiento del problema real que pueda ayudarnos a salir. Hay que empezar a ser más claros con la ignorancia interesada y los egoísmos insolidarios. Hay que empezar a ser directos con los sectores que siguen pensando que esto es cosa de unos meses más, de unos cuantos pinchazos.  Si hay que vacunarse cada año, esto implica medidas, infraestructuras, medios... voluntades, cooperación,, coordinación. No se hará solo y habrá resistencias. Nuestro modelo tiene que cambiar y hay que decirlo con claridad para que se tomen las medidas ante lo que puede ser una paralización si siguen aumentando los casos y la gravedad. A nosotros nos han durado una semana los esfuerzos y sacrificios del año. Las cifras están ahí e ignorarlas no es lo mejor.

La tercera dosis no es un drama ni un castigo; es una parte necesaria de nuestra seguridad y del conjunto de las acciones globales que hay que tomar.


* "Darias asume que será necesaria una dosis de refuerzo de la vacuna contra el Covid" ABC 23/07/2021 https://www.abc.es/sociedad/abci-darias-hecho-sera-necesaria-dosis-refuerzo-vacuna-contra-covid-202107230937_noticia.html


jueves, 22 de julio de 2021

Falsa sensación de seguridad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Conforme los números hacen batirse en retirada a los buenos deseos, hay que ir cambiando el discurso, algo que no es tan sencillo. Se trata de algo complicado, a ver si lo podemos expresar: se trata de convencer para que se vacunen a los que creían que no se iban a infectar (los jóvenes), pero que se infectan; se trata, en paralelo, de convencer a los vacunados ya que se pueden infectar; y de, en un tercer momento, explicar a la gente que ya lo pasó y se vacunó que se puede volver a infectar. ¡Es mucho convencer! Y más con un gobierno que quiere llegar a lo antes posible dar el nuevo mensaje: ¡todos estamos vacunados!

El mensaje "¡todos estamos vacunados!" es un mensaje político. Con esto queremos decir que es el mensaje-promesa. No es lo mismo decir "¡hemos vencido al coronavirus, todos estamos vacunados!" que decir "¡hemos vencido al virus, ya no quedan contagiados!" Confundir ambos mensajes es muy, muy peligroso.




La paradoja a la que asistimos desde hace algunos días es la siguiente: a) hemos pasado el 50% de las vacunaciones; b) aumenta el número de contagios de forma tremenda; c) bajan las defunciones; d) más del 78% de los fallecidos no estaban vacunados por motivos diversos; e) las cifras  de gente contagiada de 16 a 29 años se han disparado hasta niveles estratosféricos; f) la incidencia general también se ha disparado, pasando en apenas tres semanas de menos de 100 a más de 650. Todo esto coincidió  con la llamada a la sonrisa de la ministra Carolina Darias tras el anuncio del presidente Sánchez de que con las vacunas se acababa el problema. Sánchez se adelantó a Boris Johnson en eso del Día de la Libertad (aquí Día de la Sonrisa).

Todo esto lo sabemos, pero la pregunta es cómo convencer a la gente ahora que respete todo lo que hay que respetar, especialmente por el caso de las reinfecciones y de las infecciones "leves". Se han reducido las muertes de forma clara, pero ¿qué ocurre con el resto?

Así lo intentan en RTVE tras haber entrevistado a un experto:

 

La variante delta continúa extendiéndose por nuestro país. La Unión Europea estima que la variante Delta supondrá el 90% de los casos a finales de agosto. Con una incidencia que no deja de subir, ¿cómo de importante es tener la pauta completa para luchar contra la variante delta? Nos lo explica en La Hora de la 1 el doctor Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología.

 

La importancia de la pauta completa 

López Hoyos afirma que “puede significar un problema que la gente se quede sin la segunda dosis”, puesto que es importante “para protegernos de la variante delta”. Pese a todo, el doctor recuerda que “se puede esperar hasta los 42 días para inocular la segunda dosis, pero que corremos el peligro de infectarnos por el camino”. Cabe recordar que el escenario de infección es posible, sobre todo viendo los datos de incidencia de las últimas semanas.

El miembro de la Sociedad Española Inmunología ha querido recordar que las vacunas “no protegen al 100% de la infección, se ha tenido una falsa sensación de seguridad por algunos mensajes que no se han transmitido de la manera adecuada. Además ha incidido en que “a finales de agosto casi todos los contagios serán por la variante delta y por eso hay que extremar las precauciones”. El doctor también ha subrayado que “pese a estar vacunado con la pauta completa no significa que no podamos infectarnos del virus”.*

 


La "falsa sensación de seguridad" permite en gran parte explicar los fenómenos señalados. Lo más penoso es que en la competencia por ganar el éxito unos han vendido unas cosas y otros otras. De haber tenido —como tendría que haber sido— una estrategia común y nacional, todos se habrían mantenido bajo un discurso realista y no triunfalista como algunos han sostenido. Cuando se ha alcanzado algún acuerdo no ha sido total y siempre a regañadientes porque se trataba de erosionar al "otro", al que se responsabiliza de lo negativo.

El gobierno ha dado un mal paso al volver a sacar a la mascarilla de los espacios abiertos, algo que estaba ligado a la estrategia triunfalista desarrollada. Esto ha hecho que inmediatamente las Comunidades autónomas soliciten la vuelta a ella o a los toques de queda, que se están imponiendo de diversas formas. Se ha preferido renunciar a una herramienta de primer orden en la lucha contra la pandemia, como es la mascarilla a reconocer las limitaciones de la vacunación. De esta forma, se produce un efecto negativo, las interacciones sociales producen más contagios y las vacunas pierden eficacia ante la nueva variante expandida.



El mensaje general de "extremar las precauciones" es demasiado laxo a estas alturas, cuando las precauciones brillan por su ausencia y las vacunas se han entendido precisamente como poder pasar de las precauciones.

No va a ser fácil salir de este círculo vicioso que va reduciendo el valor de las vacunas ante las nuevas variantes, por lo que las reinfecciones acabarán colapsando la Atención Primaria (como ya lo hacen) y poco después las UCI por simple proporción.

Ahora tenemos por delante otra batalla: la exigencia del certificado COVID, que ya se ha planteado en Francia. Aquí los empresarios no la quieren, con lo que tendremos otro factor de difusión de los contagios. Pedirlos significará exigir que se vacunen y hay muchos jóvenes que no están dispuestos. Los antivacunas tienen mucho que ver en esto, pero es sobre todo la idea de que llevará a limitar el negocio. Tampoco el certificado servirá de mucho si se producen reinfecciones por las interacciones. Si los vacunados se reinfectan, el certificado, una vez más, servirá para la mencionada "falsa sensación de seguridad". Tendremos más de lo mismo: cuanto más segura se sienta la gente, más contagios, con mayor o menor gravedad.



No se trata de "sentirse seguro", sino de "estar seguro" y eso solo llega con las medidas elementales que la gente se niega a asumir. Demasiadas molestias, parecen pensar algunos.

El mensaje debe ser claro: vacúnese pronto, con las dos dosis, en su caso, y mantenga todas las normas básicas de prevención habituales (distancia, higiene, mascarilla, ventilación). Si hace lo primero y no lo segundo, seguiremos así mucho tiempo, perdiendo eficacia y sumando enfermos y muertes.

Hay vacuna contra el virus, pero no contra la cabezonería.



* "Los expertos recomiendan completar la pauta de vacunación lo antes posible" RTVE.es 21/07/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210721/expertos-recomiendan-completar-pauta-vacunacion-antes-posible/2134623.shtml