martes, 6 de octubre de 2026

El apocalipsis electoral

 Joaquín Mª Aguirre

Estas elecciones se presentan apocalípticas según los partidos. El mensaje es sencillo: si no se les elige a ellos, llegará el fin del mundo, al menos del conocido. La campaña se ha iniciado desde el momento mismo en que se anunciaron las elecciones, ayer mismo a primera hora. Mientras todavía especulábamos sobre si se adelantarían las elecciones, ya estaban dando el mitin.

A unos le ha pillado el anuncio mejor colocados, a otros con la casa empantanada. Pero las líneas ya están claras, las estrategias generales definidas.

a) Si no gobernamos nosotros llegará el desastre.

b) Todo lo malo viene de etapas anteriores, con los otros al frente.

c) Lo que no se ha hecho, lo que no se hizo, fue porque el otro lo impidió, puro sabotaje.

Con estas sencillas líneas, cada uno en su versión, pero manteniendo el guion básico, comienzan lo que algunos llaman la "pre campaña". Esto es relativamente cierto pues en la política española actual todo es campaña, solo varían las formas o las maneras de presentarse.  Desde el momento en el que los comunicólogos, pragmáticos ellos, sustituyeron a los ideólogos, marcaron un único punto en su programa electoral: ganar. Todos los caminos llevan a la "Roma española", a La Moncloa y sus aledaños.

Esto ha generado un tipo especial de político muy diferente al modelo anterior, que se basaba en otro tipo de experiencias y principios. El nuevo político es circunstancial y desmemoriado, es decir, puede decir lo contrario de lo que dijo si las circunstancias así lo aconsejan. De esta forma le ha recordado (¡Ay las grabaciones!) a Sánchez sus palabras, firmes y convincentes, de que no aceptaría la puerta trasera de la Diputación Permanente para aprobar nada, mientras que ahora todos sospechan que es lo que hará para lo que presente para el "problema" de la vivienda.

No sé si es bueno que hayan coincidido (o provocado) las elecciones con las marchas y acampadas por un problema que es algo más que político, pero muy aprovechable  para las disputas. La tranquilidad y el tiento que este problema requiere no casa bien con la desmesura y distorsiones de una campaña electoral que ya se anuncia como a cara de perro, bronca y sin límite por lo que todos se juegan.

Las tres líneas señaladas anteriormente ya están funcionando. La línea del final apocalíptico si gana el otro funciona en la gran polarización que se ha construido. Es una táctica eficaz que tiene sus efectos, el primero de ellos, es la conversión de la otra parte en un enemigo irreconocible y deshumanizado. Los estamos viendo como resultado en otros países (no es casual) donde son llevados a extremos de guerra civil. Estamos asistiendo en Hispanoamérica al encumbramiento electoral de hijos de gobernantes condenados por corrupción, intento de golpes de estado (Fujimori, ahora Bolsonaro), lo que nos lleva a la idea de que el votante se atrinchera alrededor de figuras poco democráticas, que es una forma de justificarlos. Si bien las condiciones son distintas, nada impide pensar que se puede llegar a justificar muchas cosas a sabiendas de que serán "perdonadas" con el voto de los seguidores, que lo aceptarán todo. No hay que ver las cosas como distantes, sino como probabilidades de que las acabemos aceptando. Si el otro supone la destrucción, votar es un acto defensivo, de defensa propia. Y si el voto no funciona, quedan otros recursos, cualquier cosa para evitar el apocalipsis.

Este miedo es el que utilizan para asegurarse el voto, por un lado, y las acciones consiguientes para evitarlo, por otro. Haga lo que haga, siempre será en defensa del ciudadano, del país, de las instituciones, de los principios democráticos.

El peculiar sistema español, con su tripe dimensión, de lo local a lo estatal, pasando por lo autonómico, ha tejido un laberinto de competencias y un activo juego de reproches. El responsable es siempre el otro, por acción u omisión. El político español siempre tiene alguien que hizo o no hizo. Esto también ha producido un personaje de excusa fácil y poco preocupado por el ciudadano, confiándolo todo a los comunicólogos que le explicarán la forma más eficaz de tratar la excusa o la queja. Recomiendo que vean la película Digger, recién estrenada, para comprender bien esta forma de trabajo. La distinción entre hechos (lo que ocurre) y relato (la forma de contarlo) es lo primero que aprende el político actual, inmerso en un universo mediático y de redes.

Con una mano se construye el discurso; con la otra se destruye, distorsiona, manipula el discurso ajeno. Trump es un buen ejemplo de esta forma de batalla que convierte el día a día en campaña permanente, un modelo al que se nos arrastra o que seguimos gustosamente, como prefieran.

El hecho es que han lanzado la señal de salida con el anuncio electoral, que es una forma de marcar fechas e intensificar el tono, de tirar de hemerotecas, de debates en los que no se escucha, de explicar lo que el otro ha querido decir, pero no ha dicho.

Las acampadas por los problemas de la vivienda han servido para despertar conflictos callejeros, provocaciones que se traducen en violencia porque hay que ajustar hechos y palabras. Esperemos que esta precampaña y esta campaña no supongan un exceso de violencia. El efecto acumulativo de las tensiones no se ha podido comprobar todavía, pero puede que lo experimentemos pronto con estallidos incontrolados. La presión mediática, ya sea por las redes o por los medios tradicionales, es grande y acumulativa, puede estallar en cualquier momento si se ven demasiado en el aire los resultados.

Aumentar la presión tiene sus riesgos; responsabilizar a los otros de todo, también. Hay que crear fanáticos que acepten sin fisuras los mensajes. Eso también es peligroso.

Lo cierto es que cada vez es más difícil votar, ya sea por falta de confianza, hartazgo o descontento con las formas. Democracia es algo más que votar; es convivencia y sana discrepancia, debate más que discusión. No es lo que vemos con la polarización buscada. Hay que mirar los hechos y dejarnos seducir menos por las palabras. España tiene problemas; lo malo sería que se empiece a pensar que los políticos son parte de él o, peor, causa.

lunes, 5 de octubre de 2026

La margarita electoral

 Joaquín Mª Aguirre

La cuestión está en todos los medios, en todas las sedes políticas. La margarita electoral —¿elecciones ya sí o no?— se deshoja en múltiples redacciones y despachos. En pleno desagarro social con las crisis abiertas, especialmente con lo que reivindican un cambio en la vivienda, convocar elecciones se ha convertido en una cuestión esencial. Pero ¿lo es?

La crisis de la vivienda ha llevado a una crisis más amplia, la del modelo políticos que mucho me temo las elecciones no van a resolver. Sin ir al origen del problema, difícilmente se va a solucionar. Hay que tratar de entender cuál es el efecto y cuál la causa. Si no se entienden las causas profundas, poco podemos hacer. Solo tenemos asegurada la repetición constante de los problemas.

La realización de los dos decretos (¿por qué dos?) sobre vivienda en apenas unas horas nos ha mostrado lo inútil de los resultados de trabajar de esta manera sobre problemas que llevan décadas entre nosotros. Su retirada a las primeras de cambio ha sido la confirmación de esta ineptitud frente a resolución de los problemas.

¿Cómo es posible que tras décadas entre nosotros no se vaya a soluciones válidas, coherentes? Quizá porque el problema es más extenso e intenso, afecta a muchas más capas y soporta otros problemas.

En 20minutos se nos describe la cuestión de la vivienda desde la perspectiva de lo que supone para España:

El estallido social por los elevados precios del alquiler y de la compraventa de vivienda ha revelado una tensión que llevaba años latente entre dos grupos de población cada vez más antagónicos. Por un lado, la población que vive arrendada o que busca acceder por primera vez a una vivienda, que enfrenta precios prohibitivos en las principales urbes del país. Y, por el otro, los propietarios, que tienen en la vivienda su principal, y a menudo única, fuente de riqueza. 

Porque el patrimonio de las familias españolas -y de la mayoría de hogares europeos- es eminentemente inmobiliario. Lo que hace que para una capa notable de la población sea beneficioso que los precios de su activo -y de la renta que pueden obtener de él, en el caso de que sean arrendadores- siga subiendo. 

Según las Cuentas Distributivas de la Riqueza, una estadística que publica el Banco Central Europeo (BCE), dos de cada tres euros en patrimonio de las familias españolas adopta la forma de inmuebles. En concreto, hablamos de 5,6 billones de euros netos -es decir, descontada la deuda- en vivienda, suelo, oficina, comercio, tierras... de los 8,4 billones netos al que asciende el patrimonio de los hogares. En euros por hogar, la riqueza inmobiliaria asciende a 288.420. *


A lo largo del tiempo hemos insistido en algo: el problema del precio depende de la capacidad para asumirlo. Una vivienda es "cara" si no dispongo del dinero suficiente, si el sueldo no me llega. Los precios suben y los sueldos bajan, aunque sea en términos relativos, es decir, crecen menos que la inflación. Si me suben el sueldo, pero la subida queda por debajo de mis gastos, de poco me sirve, la situación no mejora. En esta situación, el ahorro se hace imposible, con lo que las posibilidades siguen disminuyendo.

Hace mucho que los españoles descubrimos que la vivienda era un negocio, una inversión, además de un lugar para vivir. Conforme el modelo cambiaba, la vivienda era una propiedad en la que invertir, un segundo sueldo de por vida que les quedaba a los que habían podido invertir. Pagaban, pero el valor crecía con el tiempo. ¿Quién no ha escuchado en un amigo o familiar es consejo sobre invertir en vivienda porque siempre sube su valor? La primera casa en la que viví en mi pueblo de adopción había sido comprada sobre plano por el padre de una compañera. Había comprado tres viviendas, una para cada hijo. Al alquilar las de los hijos pequeños recuperaba parte de lo invertido y dejaba un capital en ladrillos, como se solía decir, a los hijos para su futuro.

En España, poco a poco, a falta de otro tipo de solidez económica, la vivienda era un valor seguro, siempre rendía más y mientras hubiera mucha oferta los precios podrían subir. El problema grave se produce cuando aumenta un tipo de demanda, la turística, que renta más beneficios que la estancia prolongada.

Con motivo del eclipse hemos asistido a precios increíbles por estar unas horas en una terraza con vistas. Cualquier acontecimiento (y buscamos crearlos cada minuto) se traduce en visitantes que dejan su buen dinero en una terraza para ver los pasos sevillanos o para disfrutar del sol unos días o para asistir a un concierto. Lo que se organiza no es por el valor en sí mismo, sino por la amplitud de asistencia que genera, tras lo que corren empresas de todo tipo. Eso acaba destruyendo la idea de normalidad, que es la que la vivienda debería generar como estabilidad, tranquilidad, etc. Se ha convertido en lo contrario.

Da igual que sean los fondos buitres. Ya no es un espacio para vivir, sino un espacio para vivir de él, lanzado al mercado y a la especulación. El dinero en el banco de devalúa; con las viviendas siempre se gana. A esto se ha llegado porque algunos (muchos) ganan más con un alquiler que con su sueldo. Y es menos cansado.

Los problemas sobre algo básico, como es la vivienda, crecen de forma sistémica. No tienen soluciones fáciles porque afectan a muchos y de muchas formas. La vivienda es la punta del iceberg de los problemas.

No creo que las elecciones cambien mucho las cosas sobre la vivienda, sobre todo porque de una forma u otra, hay muchos interesados en que no cambie, muchas inversiones que no están dispuestos a perder o a reducir su rápida eficacia. Si el problema de la vivienda lo transformamos en oferta y demanda, siempre interesará mantener precios elevados para aprovechar la necesidad de otros. Un cambio de perspectiva sería milagroso.

La política dividida es débil, mientras que lo que hay detrás del problema de la vivienda es poderoso. Esto requiere acuerdos inteligentes entre personas inteligentes, algo que hoy no está en el horizonte político español, creado desde la gresca y la polarización. Esto requiere otra cosa.

Más pronto o más tarde, la margarita dirá "sí" a las elecciones. Pero hay que pensar antes en lo que se lleva haciendo mal mucho tiempo.

 PD: Mientras publico esto, salta la noticia, La margarita ha dicho sí ya. Tenemos elecciones anticipadas. Solo hay una incógnita despejada.

* Jorge Millán  "El 'elefante en la habitación' de la vivienda: dos tercios de la riqueza en España es inmobiliaria y el 92% de los propietarios son particulares"  20minutos / La Información Económica 5/10/2026 https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/elefante-habitacion-vivienda-dos-tercios-riqueza-espana-es-inmobiliaria-92-los-caseros-son-particulares_7044313_0.html

domingo, 4 de octubre de 2026

Punto crítico

 Joaquín Mª Aguirre

El problema es sencillo: tenemos un sistema que quiere pagar poco y cobrar mucho. No es de ahora, pero sí hemos llegado al punto crítico, un punto que ya no es posible camuflar ni política ni mediáticamente. Ya no vale lo de ser líderes del empleo si este es precario, mal pagado, intermitente. Todo deriva de esto: poco sueldo y muchos gastos; todo sube menos el sueldo. Un problema fácil de plantear y difícil de resolver, con demasiadas barreras e intereses.

Como no hay sentido social responsable del conjunto, cada uno sube la parte que le toca. Es un sálvese quien pueda. Como hay que vender éxito, la crisis se intenta superar con pequeños trucos, como el de meter una galleta menos en cada paquete o ver que falta líquido en la botella del refresco, que tiene un poquito menos. Son estas miserias, la de mantener el envase, pero meter menos, las que permiten aparentar que no pasa nada. Hasta que a alguien se le ocurra contar las galletas o pesar la botella. No son ejemplos inventados. Los trucos ya se perciben.

Los intentos de camuflar la situación comienzan por el desprestigio. Los que están en la acampada de Sol son peligrosos activistas armados de cuchillos y adoquines. Los grupos de ultraderecha van allí a enfrentarse y tienen que ser frenados por la Policía, como nos contaban ayer.

Leemos en 20minutos sobre esto:

Máxima tensión en la Puerta del Sol ante una concentración de grupos extremistas en la plaza de Cibeles que ha dejado al menos tres personas detenidas. Convocados por Núcleo Nacional e Indignados por España, los manifestantes pretendían avanzar hasta la Puerta del Sol y rodear a los acampados que desde hace más de una semana se manifiestan por la crisis de la vivienda. La Policía ha bloqueado el paso hacia la Puerta del Sol y ha ordenado el cierre de las estaciones de Metro en las inmediaciones: las de Sol, Banco de España y Sevilla. Finalmente, la concentración ultraderechista ha terminado y sus asistentes se han retirado. Los agentes también han comenzado a levantar el cierre de varias calles adyacentes a Sol.* 

Según parece, a la ultraderecha y grupos afines, les debe ir muy bien, no sé si en lo económico, pero sí en lo propagandístico. Juegan a señalar con el dedo violento a los "culpables" de todo, cuna categoría que siempre apunta al mismo sitio de forma encadenada: la culpa la tienen los demás grupos políticos y los inmigrantes que traen a España, ya saben, "unidad de destino en lo universal", sea esto lo que sea.

El punto de deterioro en el que se encuentra España es muy grave y responde a un fallo en los objetivos: antes las generaciones tenían en mente dejar un mundo mejor a sus hijos. Algunos dirán que anteriormente lo tenían más fácil porque salían de una guerra civil y de una posguerra atroz, pero en cualquier caso hay que querer. Una parte de nuestro trabajo es para nosotros, pero otra debe ir a la generación siguiente. Pero desde que construimos una teoría de las generaciones haciendo ver que estas eran "distintas y distantes", desde que se acortaron y superpusieron, la situación ha cambiado. No hay sentido histórico de la sucesión el futuro se lo construya cada uno.

Con el sistema actual, no hay ni sentido del futuro ni de la pertenencia. Cada uno a lo suyo. Los padres acogemos a los hijos, les pagamos lo que podemos para su supervivencia, pero ellos ya no tienen ese sentido de la continuidad porque, entre otras cosas, no se lo pueden permitir. El sistema lo devora todo, es insaciable. Nos empuja a gastar, a viajar, a consumir. Como decíamos, mucho gasto y poco sueldo.

Las quejas por la vivienda son solo una parte, lo básico. Pero son mucho más amplias y van a otras cosas esenciales o que se nos ha hecho creer que lo son. El sistema controla los discursos y nos crea frustraciones. A falta de hijos, buenos son perros y gatos, otra forma de fomentar el gasto.

Pero las protestas por la vivienda dejan al descubierto el sucio papel de gobiernos que no legislan para los ciudadanos, el oscuro papel de la administraciones locales gestionando el terreno de que disponen, construyendo donde no deben o simplemente no construyendo para que aumente el valor de lo ya construido. No conviene demasiada oferta aunque se necesite. Se cumple cuando se protesta y basta, lo justito. Cuando se hablan de los millones de viviendas necesarias da mucho que pensar sobre lo que (no) se ha hecho.

Pero los partidos, que son los que abastecen a las administraciones, están un tanto podridos —como muestran los casos de corrupción con sus "pelotazos" y comisiones— en las alturas y tienen una buena agenda de relaciones.

La ultraderecha y sus tontos útiles intentan convencernos de que todo va bien y que las protestas son intentos de subversión. Por mucho que se manipule el problema para acercarlo a las estrategias propias, el problema existe, la España problemática existe y crece. Si nada se soluciona y se dejan crecer los problemas, la gente sale a la calle y exige soluciones. Lo malo es que la clase política es quien debe darlas y se nos ha mostrado intensamente incompetente, como le interesa a los que les han apoyado desde la sombra.

Esto es un conglomerado de intereses, internos y externos, amparado por los inútiles que hemos puesto al frente de las administraciones, incapaces de gestionar un apagón, unas inundaciones o las soldaduras de las vías de un tren. Hace tiempo que escribimos aquí que habíamos recuperado la palabra "chapuza" para el español. Lo que se debía haber dejado definitivamente atrás ha vuelto con la intensidad de lo cotidiano que se desmorona ante nuestra vista: de las listas de espera a los estudiantes que no comprenden lo que leen, pasando por todo tipo de chapuzas ya asimiladas.

La solución violenta al problema es destruir las acampadas, ya sea desde el ayuntamiento o desde los grupos de ultraderecha. Molesta que los titulares se dediquen a los problemas reales y no a los ataques políticos mutuos o al autobombo.

Los problemas son reales, son problemas de la gente, generacionales, por abajo y por arriba, de viejos y de jóvenes. Pero también de las generaciones intermedias que les deben sostener. Problemas de todos, pero difíciles de asimilar por el sistema.

La violencia no es la solución a ningún problema. Otra cosa es que solo se atienda a la protesta masiva, continuada. Resuelvan los problemas y la gente volverá a su casa, alquilada o propia. La cuestión ahora es si son capaces.

 

* L. Belenguer / J. Martínez "Tres detenidos tras una concentración de Núcleo Nacional al intentar acceder a la acampada de Sol" 20minutos 3/10/2026 https://www.20minutos.es/nacional/manifestaciones-vivienda-hoy-espana-directo-protestas-calles-ciudades-madrid-congreso-tumbar-decretos_7044389_6.html

sábado, 3 de octubre de 2026

Los fallos del sistema

 Joaquín Mª Aguirre

Al final queda al descubierto nuestra política. No es la política del voto, sino la del pico parlamentario. Manda quien tiene el voto que falta. No deja de ser una ironía que quien mande en España, al menos en su parlamento, sea el exiliado e independentista Puigdemont. ¡Curioso! Es indicador, claro, de que algo falla en el sistema, que trae más cuenta el chantaje de los poquitos votos que hacen falta, que la posibilidad de una política general, de miras amplias.

Hemos visto suplicando, cediendo al gobierno débil frente a unos pocos votos necesarios.  Deberíamos reflexionar sobre este problema porque nos afecta a todos. Nos lo presentan como una forma generosa y compartida de gobernar, pero esto se vuelve contra el sistema cuando los intereses tras los partidos son el mero poder (en el mejor de los casos) o el encubrimiento de minorías pudientes, como ocurre en caso de la especulación con la vivienda.

Este sistema ha generado unas peligrosas tendencias o líneas de actuación conforme a intereses particulares frente a los comunes. Los que desean ser beneficiados se camuflan tras las disputas de los partidos, sabedores de que hay más ambiciosos que comprometidos. De esta manera se han producido importantes conflictos entre lo público y lo privado, como en los casos de la sanidad o de la educación, ahora la vivienda. Se han producido los casos de corrupción que nos han mostrado oscuras motivaciones en los políticos, tanto individualmente como en sus aparatos de partido.

Esto está llevando a una serie de complicados problemas sociales que son vistos como "oportunidades" de negocio. No se arreglan, solo se crean alternativas de negocio que recojan el descontento o la imposibilidad. Se trata de ofrecer alternativas de gasto ajustándose a los bolsillos.

La transformación de España en un chiringuito turístico hace imprescindible la proliferación de ciertos tipos de negocios que se ajusten a la oferta y la demanda. Los más débiles son desplazados con "normalidad", desahuciados de sus viviendas ya sea comprando bloques enteros o haciéndoles la vida imposible si son propietarios. El entorno se transforma y empieza a haber barrios enteros afectados por los nuevos precios, del café a las tiendas, que buscan un nuevo tipo de compradores adinerados. No hay hueco para ellos. Desaparece el comercio de proximidad de los barrios y pasan a ser lugares de paso para turistas.

Hemos conocido casos en los que personas vuelan de Palma a Valencia cada día porque les resulta más barato que tener una vivienda en la turística isla. Alquileres de temporada, por días, etc. son incompatibles con los residentes fijos, que acaban abandonando sus residencias por unas vías u otras.

El Diario

Pero todo esto tiene un coste social... y político. La coronación de Puigdemont como rey de la España débil debería ser una señal de aviso sobre cómo se gobierna en España. Ahora quedan en claro los movimientos en favor de los independentistas en el parlamento y en el BOE. Todo para ser finalmente traicionados por el prófugo que nos ha dirigido y controlado desde un rincón de Europa. Quien manda realmente y solo cuando le es rentable, es el que puede tumbarte una ley en el Parlamento débil.

Con una derecha rendida a los fondos y arrendadores, estigmatizando a los que no tienen casa, ni empleo estable, a los que se les ofrece una educación degradada separando a los ricos del resto; y con una izquierda dividida y efectista, que busca la calle como cartel propagandístico... al ciudadano le dejan muchas dudas, no ya sobre los partidos, sino sobre el sistema, lo que es más peligroso. A la creciente ultraderecha (los verdaderos anti sistema) le basta con señalar con el dedo a los supuestos responsables del deterioro, especialmente a la inmigración, con lo que logra hacer más débiles a sus rivales por los votos.

Todo el sistema hace agua porque no es fácil, aunque haya elecciones adelantadas saber dónde están mejor los votos, pues la ineptitud y los intereses velados se reparten por todo el espectro político. Es más que probable una gran abstención, pues realmente no sabes dónde acabará tu voto. Pero abstener es hacer crecer a los minoritarios, que usan su posición para el independentismo, los fondos buitres, la transformación imparable de España en un estado inhumano, interesado económicamente, donde los más débiles solo sufre vejaciones y desprecios de todo tipo, frente a los cada vez más enriquecidos fondos y propietarios.

El idealismo se radicaliza y sale a la calle. Muchos intentan hacerse con esta indignación y canalizarla hacia sus manos. Actuarán de forma anunciada o sorprendente, porque todo vale en este juego. Eso nos han hecho creer y pretenden que aplaudamos su astucia.

Hemos dejado de tener sentido de la justicia y solo vale ya el interés. Hemos dejado de preocuparnos por los demás y ha triunfado el "no es mi problema". Aplaudimos al listo y al listillo y silenciamos al inteligente, que se acaba por aburrir por tanta advertencia.


Es duro vivir en un país que ha dejado de identificarse con líderes y propuestas. No es fácil, pues las alternativas son complejas y complicadas. No es fácil sentirse "extranjero" en tu propio país, como señala el titular anterior de Antena3. Es un extrañamiento peligroso. Es duro vivir en una crisis permanente con diversos flancos esenciales abiertos a la vez. El empleo, la sanidad, la educación, la vivienda... son puntos básicos para la estabilidad social y no lo están siendo. Es el provecho del mercado lo que les rige y eso es peligroso.

Ahora nos ofrecen la alternativa de nuevas elecciones, pero ¿realmente servirá para algo con lo que hay sobre la mesa y los poderosos intereses detrás? ¿Qué podemos realmente cambiar?


viernes, 2 de octubre de 2026

La historia del cuchillo y el adoquín

 Joaquín Mª Aguirre

La acampada de Sol se ofrece como una nueva ocasión de intentar comprender la política española, por llamarla de alguna forma. Ella misma nace como un eco del pasado, de un momento mitificado tras el paso del tiempo, el 15-M. A su alrededor las ideas de "indignados", de unión de los ciudadanos frente a la inoperancia de los políticos, de movimiento ciudadano.

Pero lo que estamos viendo es una nueva lucha por el relato, por su interpretación en los términos que cada una de las partes propone. Lo último es la historia del cuchillo y el adoquín, transformada por unos en una forma de subsistencia a base de bocadillos, mientras que para otros se trata de un signo de peligrosidad.

El Ayuntamiento de Madrid ha enviado este miércoles a la Delegación de Gobierno un documento que acredita que en la acampada en la Puerta del Sol "se ha incrementado de manera importante el riesgo para la seguridad de las personas". El escrito, firmado por la vicealcaldesa y delegada de Seguridad, Inma Sanz, constata "la existencia de artículos punzantes, cuchillos, adoquines y otros objetos que pueden ser empleados como arma para causar lesiones".  

También enumera "graves actos vandálicos contra bienes patrimoniales y pintadas sobre los mismos", así como el "uso incívico del mobiliario urbano, como el apelotonamiento de personas sobre el Oso y el Madroño o la estación" de Cercanías y Metro. Además, la carta advierte de la "extensión de las tiendas que impiden la libre circulación de personas y vehículos" y lamenta la "seria afectación a una plaza que forma parte del conjunto histórico Recinto de la Villa de Madrid declarado Bien de Interés Cultural".*


El "documento acreditativo" parece ser una foto de algún acampado preparándose un bocadillo. La foto, indudablemente, induce al miedo a que con la energía proporcionada por el bocata y el arma, sumado a sus irresponsables ideas sobre el orden social, puede haber peligro para el pacífico pueblo de Madrid.

Pero es el mal ejemplo lo que debería preocuparnos. Hemos encontrado una fotografía de Martínez Almeida armado con un peligro pelador de patatas. Está en el inicio del texto. Aunque la foto no permite apreciar el movimiento, se percibe peligrosidad en su habilidad cortadora. El utensilio se puede transformar mediante un rápido giro en arma peligrosa. ¿Quién puede asegurar que Martínez Almeida no abrigue intenciones violentas en algún momento?

Más allá del peligro de hacerse bocadillos y de que casi todo —por no decir, todo— se puede convertir en arma —¿nadie ha oído hablar del "Estrangulador del Rosario"?—, está el juego de hacer ver lo que cada uno quiere.

Al discurso de la indignación ciudadana que habla del fracaso de los políticos, los políticos contestan "politizando" el discurso ciudadano en un sentido u otro. Ya ha salido el recién renovado presidente de la patronal señalando que el apresurado decreto es un ataque a la propiedad privada. Si se le requisa a alguien un arma que ha comprado, por ejemplo, también se puede presentar como un ataque a la "propiedad privada". No solo es importante la propiedad, sino lo que se hace con ella. En la propiedad de una pistola, se ve muy claro. Es una obviedad, pero hay que recordarlas cuando se lanzan mensajes equívocos y simplistas..

Poseer casas es algo más que ser propietario; poseer muchas casas, es algo más que ser propietario; especular con precios y alquileres, es algo más que ser propietario. Vivir en una casa alquilada, es algo más que estar bajo los caprichos de un propietario.

Una casa es también "propiedad privada", desde luego, pero como tantas otras cosas debe estar regulada, principalmente por lo que supone en la vida de las personas afectadas, incluso de las zonas en las que se encuentran, es decir, más allá de los inquilinos y propietarios.

Las quejas sobre los problemas de los usos de las viviendas van más allá del problema de la propiedad privada, una forma de simplificación poco digna de un presidente del empresariado español reelegido por otros cuatro años. Poco digna de algunos políticos y partidos que quieren defender a los que buscan su mayor provecho, algo que la ideología justifica, pero no el sentido común.

La sociedad del provecho (o del aprovechado) es peligrosa por lo que supone para el conjunto, por lo que supone de deterioro de la convivencia, del uso de la fuerza, por más que las leyes pudieran ampararte.


Vemos cómo en España crece un tipo de delincuencia que no era fácil de ver en otra época. Es probable que tenga que ver la sensación de indefensión en que muchos se encuentran o, sencillamente, el "mal ejemplo". Si otros pueden, ¿por qué yo no? Cuando las sociedades se muestran injustas, pierde fuerza el sentido de la convivencia y los demás pasan a ser objetos para mi beneficio. Y esto puede ser por las buenas o por las malas.

La politización externa de la acampada de Sol es una forma de distorsión, un intento de unos por ponerse al frente y de otros por considerarlos peligrosos vándalos, peligrosos por sí mismos. Ayer leíamos sobre bulos que tienen por objeto convencernos que la víctima del desahucio, Maricarmen, tiene saneadas cuentas bancarias y acciones bursátiles, que todo es un paripé.

Los políticos y sus cloacas comunicativas lanzar todo tipo de rumores o presentan fotos de alguien haciéndose un bocadillo. Otros señalan que se les han infiltrado. Todo es posible antas que enfrentarse a un problema que preocupa a jóvenes y mayores, pues afecta a toda esta España deteriorada, de intereses en la sombra (más allá de nuestras fronteras, incluso).

Si en vez de una política del poder, difamatoria y manipuladora, tuviéramos al frente gente responsable, capaz de anteponer los intereses de la mayoría a los intereses sectoriales, a los beneficios especulativos, etc. no veríamos tan peligrosos el cuchillo y el adoquín.

En el fondo, esto es una lucha entre el poder de la acumulación y la igualdad relativa. Los ricos son más poderosos cuando son más ricos, directa o indirectamente, y piden proteger las propiedades; los que no son ricos hablan de igualdad y derechos, de justicia y humanidad.

Convertir a los más desfavorecidos en peligrosos, criminalizarlos, es un mal camino porque siempre serán más. Tratar de quitarles la razón y la posibilidad de protestar contra los privilegios de algunos, crea un mal ambiente general que va aumentando.

El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid han dejado clara su postura y del lado de quién están. A lo mejor a "cierto Madrid" no le vienen mal la falta de vivienda, la creación de pisos turísticos, la reconversión de inmuebles, los altos precios, etc.  Esto se puede hacer extensivo a la mayor parte de España. Pero la acampada está en Madrid.

Los nuevos indignados deben tener cuidado en las formas porque saben que es lo que se sacará en los relatos, venga a cuento o no, lo que se distorsionará; saben que se les provocará hasta que alguien salte; que se irá a caminar entre ellos con perros (como nos acaban de mostrar). ¡Paciencia!

 

* Cristina Camacho "Madrid documenta el uso de "adoquines y grandes cuchillos" en la acampada de Sol y pide al Gobierno su desalojo por "seguridad"" 20minutos 30/09/2026 https://www.20minutos.es/madrid/madrid-remite-delegado-uso-cuchillos-grandes-dimensiones-adoquines-acampada-sol-para-reclamar-su-desalojo_7043144_0.html

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