Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hoy el
tono era otro. Hablaban, sí, pero algo nos decías que la inseguridad estaba en
sus mentes, que contaban, pero sin querer comprometerse
demasiado, como ha ocurrido anteriormente. La tertulia no es la misma cuando
empiezan a salir cosas con las que no contabas y tu entusiasmo se convierte en
riesgo. Puedes verte comprometido y se empieza a tener cuidado ciñéndose, página
a lo que dicen los sumarios. ¡Servidumbres el periodismo político!
Los
entresijos del PSOE ya los desconocen ellos mismos. Las personas que creían
seguir a unos se encuentran que seguían a otros y esos otros a otros. Es lo que
ocurre cuando los partidos se llenan, como las sectas, de "fieles",
cuando la fidelidad del no preguntar demasiado llega a su nivel más elevado
permisible en una organización política que controla el país a través de sus
instituciones, de las estadísticas que nos dicen felices a las que nos muestran
insatisfechos, pero confiados.
La
estructura política que hemos creado en este país no nos asegura la eficiencia,
la calidad de los servicios, su mejora, la resolución de los problemas
ciudadanos —tenemos a muchos en las calles protestando en lo más básico, de la
vivienda a la sanidad y la educación—. Por el contrario nuestro laberinto político
ha hecho ascender a una "clase política" que busca las sombras, la
fontanería, las tramas o la autopromoción personal. Tras cada líder hay un
ejército de acólitos, de muy diversa categoría o calaña, que le asegura a su
cabecilla la supervivencia y el reparto de las mordidas, haciendo que se hable
de millones de euros en cuanto se limpia un poco la casa.
Todos
han aprendido que su supervivencia consiste en mirar para otro lado, en el
mejor de los casos, o servir discretamente a la trama para el reparto de
beneficios, ya sean económicos o políticos.
Esto no es un caso aislado. Es algo de mucho mayor alcance en el ámbito político, más allá de las responsabilidades penales de cada uno. Todos nuestros flamantes "politólogos", tal como escriben orgullosamente en sus pies de pantalla, no ha sido capaces de hablar sobre el problema real: la descomposición del sistema, los entresijos detrás de lo que hoy se nos revela como escandaloso. El escándalo es doble: por los hechos en sí y por la ceguera ante ellos y sus orígenes.
Están
los nombres que salen cada vez de alturas mayores, pero está el segundo
círculo, el de los fontaneros, los que desde las sombras hacía y deshacían,
acordaban y repartían. Hemos asistidos a unos mismos guiones: el de los cantos
iniciales de inocencia, al rasgado público de vestiduras: "esto es un
error", "cómo pueden pensar esto de mí", "estoy
comprometido con el partido"... Luego pasamos a lo de la presunción de
inocencia, a las conspiraciones, etc. Con lo que sale cada día es difícil
hablar de malentendidos o errores. Es un torrente que nos demuestra hasta dónde
llega el fango
¿Cuándo empezó esto, esta invisibilidad de la corrupción como sistema? Cuando los partidos dejaron de tener sus propios foros de discusión críticos, sus propios órganos internos para asegurar los debates, cuando todo se trataba de "comunicación" y había que cuidar la imagen y evitar los dañinos escándalos; cuando todo se organizaba desde arriba y nada desde abajo, como debería ser en partidos democráticos en un sistema democrático; cuando los empresarios empezaron a ver como normal conseguir contratos mediante mordidas y no en concursos públicos honestos.
Hoy
asistimos al espectáculo poco edificante de estos escándalos con un "más
arriba todavía" casi circense. Miramos a los trapecistas del poder con la
morbosa esperanza de contemplar la caída, de no perdernos el batacazo.
Hemos
perdido el sentido de para qué es una democracia Sí, en la democracia las cosas acaban saliendo a la luz, pero esta vez no han
sido los medios, temerosos unos, serviles otros. Han sido los jueces a los que
se ha estado acusando de todo tipo de maldades e intereses bastardos.
"Solo
es un auto", repiten algunos con la boca chica porque no se atreven a
conjeturar lo que pueda haber detrás o en la página siguiente. Sí, hoy el tono
era otro. Menos rotundidad, el
sentimiento de que han sido llevados de la mano por laberintos oscuros.
Lo relevante ahora no es qué pasa con ellos, sino qué pasa con nosotros, quién nos saca del oscuro laberinto en el que nos han dejado.
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| El Mundo, 5/06/2026 |























