Joaquín Mª Aguirre
Nuestras
campañas electorales, momento de alta condensación comunicativa, de detalle
milimétrico, de giros de guion, alcanzan en esta en curso su mayor teatralidad.
Que la política tiene mucho de teatro, de interpretación, de gestos de complicidad
con el "público" votante, no es nuevo, pero no recuerdo un periodo
electoral tan complejo como este. Ya comenzó con las negativas de Sánchez sobre
la convocatoria electoral. Las elecciones que nunca iban a ser, la legislatura
hasta el último minuto, finalmente fueron, un esquema que se reproduce con la
dimisión en directo de Puente.
La
dimisión, que no iba a ser por motivos
éticos y de eficiencia, se produce en horario de audiencia de los
informativos de las nueve de la noche que interrumpen su programación para
permitir que el ya ex ministro lo comunique sin mediación a los atónitos
espectadores. De esta forma, Puente es dueño de la audiencia y del discurso. No
se había visto algo así. La hora de la dimisión es a la hora televisiva de gran audiencia. Él controla; nadie tiene nada preparado. El que da primero, da dos veces.
La
política se ha convertido en comunicación
política, en el control de los discursos, en el control de los flujos,
horarios y metáforas. Por un lado van los hechos, por otro la forma de
comunicarlos. Si no podemos controlar lo que ocurre, al menos nos queda la
forma de contarlo. Esto no es solo nuestro, sino una tendencia mundial en un
mundo mediático, discursivo que permite la comunicación directa del político
con los ciudadanos.
Los que
haya visto la película Digger (Alejandro
González Iñárritu 2026), con un Tom Cruise metido a teórico de la manipulación,
habrán visto en forma satírica el procedimiento que hoy se practica en muchas
partes. Pase lo que pase, la comunicación es la clave; lo importante es
comprender que las cosas se pueden contar de muchas formas. Es la idea de
Trump, muy extendida. Espero que lo ocurrido con el trumpismo en las elecciones
de medio mandato norteamericanas sirva para entender los límites del método.
La
política española ha adquirido sus propios tintes, por lo que vemos cosas
insólitas para tratar de neutralizar los hechos y contarlos de la forma más
favorable. En esto, Pedro Sánchez y los suyos han conseguido alcanzar cierto
tono propio, como ya hemos señalado, convirtiendo la política en un acto de amor, algo que trata de conectar
a los votantes con los hechos mediante los discursos adecuados.

En La Sexta titulan "El PSOE recurre al amor como palanca de campaña: la vieja estrategia que ya usó Kirchner" (19/10/2026) y señalan que "El beso de Pedro Sánchez y Begoña Gómez en el Comité Federal del PSOE ha introducido el amor como mensaje en su campaña". El recurso a la historia argentina y el uso del "amor" nos muestra que hay pocas novedades, pero sí identifica cierta forma de hacer política que se ha ido intensificando, los gestos comunicativos, las formas de redirigir la atención hacia unos puntos y desviarlos de otros. Al que le digan que los miembros de un partido o sus simpatizantes son llevados a vestir camisetas rojas con la leyenda "La fuerza del amor" sustituyendo al lema "La fuerza de la gente" en una precisa y obvia maniobra comunicativa para cubrir los flancos de la vida personal y familiar no se lo acabaría de creer.
La
campaña impone su propio estilo besucón,
que es la demostración de cómo se conjuntan discursos y hechos. La campaña
cubre así dos frentes, el político y el personal.
El caso
Puente es otro giro de guion, esta vez dado por una desgracia, el mortal y
terrible accidente del tren con 69 muertos y cientos de heridos. A pocos días
de las elecciones, lo que hubiera sido "lógico", la dimisión del
máximo responsable del transporte, el ministro Puente, se convierte en un
auténtico problema. El cambio del héroe que resiste por compromiso al héroe que
dimite se hace ante las cámaras, en hora de gran audiencia en los informativos,
recibiendo abrazos de todos los que pocos minutos antes le destrozaban ante la
Comisión. ¡Un gran montaje en una campaña llena de ellos! Planificado para lograr el máximo rendimiento. Todos abrazan al ministro dimitido, valoran su "sacrificio", se sienten obligados ante las cámaras.
Cada vez es más preocupante el recurso comunicativo frente a los problemas reales. No se trata de reinterpretar sino de solucionar. La política es otra cosa. Pero mientras les funcione...






























