Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La foto
nos muestra una tienda de camisetas con retrato de los líderes mundiales. A XI,
Trump, Zelenski, Jamenei, se les añade un dragón, Bruce Lee, el Che Guevara,
Mao, un Obama achinado... No hay
jerarquías ni preferencias, no hay "buenos" ni "malos":
Trump sonríe, Putin vende "seriedad". Hay imágenes ya clásicas, como
la de Mao Tse Tung o la del Che, iconos históricos. Otras esperan a fijarse
como canónicas en el futuro. Una brillante fotografía que capta un pequeño
detalle al pasar y lo fija convirtiéndolo en imagen llena de sentido,
reveladora. Es un mundo revuelto, de imágenes creadas; es un mundo en el que
tomamos posiciones introduciéndonos en una camiseta, llevándolas por las calles
de un planeta convulso, cambiante, donde las imágenes se superponen a la
realidad moldeándola. Es una realidad
de todas las tallas, de todos los colores, de quita y pon.
La imagen sirve de entrada al artículo de Susana Samhan en el que se nos da cuenta del sentido que adquiere la visita a Beijing de Putin a una semana de la visita de Donald Trump a China. No ha terminado de "explicarnos" los logros de su visita cuando ya están contraprogramando con otra. Leemos en el artículo:
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, inicia
este martes una visita de dos días a China, donde tiene previsto reunirse con
su homólogo Xi Jinping, en un viaje sobre el que Moscú tiene
"serias expectativas" y que ha querido desvincular de la reciente
estancia del mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, en Pekín.
Según la agenda anunciada por el Kremlin, Putin
llegará a la capital china el 19 de mayo por la noche, donde será recibido por
el ministro de Exteriores, Wang Yi, y al día siguiente será agasajado con una
ceremonia de bienvenida en la plaza de Tiananmen.
El asesor presidencial ruso Yuri Ushakov ha adelantado que durante esta visita Putin y Xi adoptarán una "Declaración sobre el Establecimiento de un Mundo Multipolar y un Nuevo Tipo de Relaciones Internacionales" y firmarán unos 40 acuerdos de cooperación en sectores como el industrial, el comercial, educativo, de transportes, de construcción, innovación y cinematografía.
Rusia y China abogan por una
política exterior autónoma
Sobre esa declaración, Ushakov ha precisado que se
trata de un documento programático, de unas 47 páginas, que definirá las
principales vías de desarrollo de los lazos bilaterales, así como la visión
compartida sobre temas de interés internacional y los formatos de interacción
en asuntos globales.
"Tanto Rusia como China están comprometidas con una política exterior independiente y autónoma. Junto con nuestros amigos chinos, respetamos el derecho internacional y las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas en su totalidad", ha asegurado el asesor presidencial, quien ha abogado por construir un orden mundial "más justo y democrático".*
Todo se convierte en "mensaje", en todo se ve intención. Al protagonismo del encuentro chino-estadounidense le sigue el del encuentro chino-ruso, lleno de acciones positivas. A los intentos de Trump de sacar provecho a la visita, la respuesta de China, convertida en centro de otro tipo de políticas. Los errores de Trump se pagan en esta diplomacia cambiante, llena de gestos que el aparato propagandístico norteamericano apenas puede hacer suyos. Trump ve enterrados con prisas su encuentro y asiste al estallido de ese documento de 47 páginas que le deja atrás, que le desborda.
La política agresiva y prepotente de Trump convierte en moderados a todos en un mundo lanzado a una alocada carrera sin sentido. En este sentido, se trata de transmitir una sensación de sosiego:
El viaje concluirá con una reunión informal para tomar el té con el presidente chino: "Nos estamos preparando para ello porque todo lo que deba discutirse confidencialmente, a puerta cerrada, de manera amistosa y franca, se discutirá durante esta reunión, tomando el té después de la cena de gala", ha afirmado Ushakov.*
¿Cabe
una mayor transmisión de calma frente a la vorágine actual impulsada por los
Estados Unidos? La paz transmitida por esa ceremonia del té deja a Trump como
un histérico, un poseso de la velocidad. Allí donde todo eran
"posibilidades", las diplomacias china y rusa convierten el encuentro
como un encuentro pacífico donde se hablará tomando un té y se tomarán
decisiones productivas.
La
política norteamericana está consiguiendo cosas muy extrañas, como hacer que el
mundo defienda a países que no se deberían defender. La prepotencia y
arbitrariedad de Trump, cara visible de los Estados Unidos, actúan en su contra
y empujan hacía otros socios, a una política más positiva, o hacia el
distanciamiento y la autonomía. Solo algunos mini Trump aplauden las acciones
norteamericanas.
Un editorial del The New York Times equipara la visita de Trump a otras anteriores: " U.S.-China summits can change the world. President Richard Nixon's 1972 trip to Beijing gave the United States an advantage over the Soviet Union in the Cold War. President Jiang Zemin's 1997 tour of the United States eased China's entry into the global economy and accelerated its national rise."** Pero eran otros tiempos, la política todavía tenía sentido, era posible esperar algo. Ahora es la excusa para el lucimiento de Trump, para asegurarse portadas. Lo que se diga cambiará pronto.
En la fotografía de la tienda de camisetas de Shanghái, la de Trump luce una sonrisa falsa, artificial, una sonrisa en la que nadie cree.
*
Susana Samhan "Putin se reunirá con Xi Jinping en China "con serias
expectativas" tras la visita de Trump" RTVE.es 18/05/2026
https://www.rtve.es/noticias/20260518/putin-visita-china-expectativas-reunirse-xi-jinping/17073616.shtml
**
Editorial "Trump's China Policy Has Weakned America" The New York
Times 13/05/2026
https://www.nytimes.com/2026/05/13/opinion/trump-arrives-china-xi-beijing.html"


























