Joaquín Mª Aguirre
Que
Donald Trump está lleno de contradicciones no es descubrir ningún secreto. Muchas de sus decisiones son presentadas por
los medios indicando ya la contradicción con lo dicho horas o días antes. El problema
grave es que esto no afecta solo a los Estados Unidos, las sufre todo el mundo.
La guerra contra Irán no está durando lo que tenía previsto Trump —unos cuantos días— y sus efectos han impactado negativamente en todo el planeta en lo segundo que afecta más a las guerras, en la economía.
El mal ejemplo
de lo ocurrido en Venezuela —entrada y salida fáciles, hacerse con el petróleo y
dejar un gobierno títere— le hizo pensar que esto se iba a repetir allí donde
actuara. Pero Irán, como se señaló, no tiene nada que ver con Venezuela ni está
a tiro de piedra. Son los típicos errores de Trump y sus asesores pensar que
el mundo funciona como ellos lo ven.
Trump añora el mundo de las dos superpotencias.
Podríamos pensar que quiere el mundo entero, pero esto es menos fácil de
gestionar. Es más fácil tener un "buen enemigo", un enemigo
comprensivo que invocar para subir los ánimos, desarrollar el peligro
suficiente que nos haga bendecir al que nos protege. Y Rusia es el candidato
ideal: tiene el belicismo y el imperialismo suficiente para ser amenaza
constante. Por eso Trump se lleva paradójicamente tan bien con la Rusia de
Putin, heredera de los zares y de la URSS simultáneamente. La gran Rusia, la
Santa Rusia, etc. reflejan cómo Rusia se ve a sí misma desde el siglo XIX, como la salvadora del
mundo frente a un Asia creciente y amenazante de Europa. El paréntesis de la
coincidencia ideológica con China pasó ya a mejor vida y hoy quedan las
oportunidades de mercado e intereses comunes en debilitar a los otros, USA y la
Unión Europea. Hoy es Corea del Norte la que le hace los favores a Rusia en muchos modos, incluso aportando soldados.
Europa es el botín que buscan USA y Rusia. Por eso
ambas coinciden en su debilitamiento. La estrategia norteamericana es
burdamente capitalista: hacer que los demás le compren de todo, quedarse con la
energía y las materias primas básicas, impedir el desarrollo tecnológico de los
demás. Se trata de crear dependencia por debilidad. La estrategia rusa, en cambio, está
ligada a una obsesión con la tierra; no hay frontera que no tenga la tentación
de traspasar. Se comió media Europa tras la II guerra mundial y quiere
recuperar lo máxcimo posible. Hoy llega a Ucrania, pero no tenemos garantía de que no siga hasta
Francia, controlando el continente de Siberia al Canal de La Mancha y, si se lo
propone, hasta Gibraltar.
Hubo un tiempo en el que la cierta sensatez podía moderar
a estos dos ambiciosos aspirantes a controlar el mundo. Hoy no estamos por la
sensatez con esta confluencia de líderes agresivos cada uno a su manera.
El titular de RTVE.es nos lleva ya a lo sorprendente: la
recomendación a Ucrania de que "cambie de líder":
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump,
ha cargado este sábado contra el mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski,
por los bombardeos de Kiev sobre refinerías rusas y ha dicho que "ha
llegado el momento de que Ucrania tenga un nuevo presidente".
Las declaraciones de Trump a los medios en el exterior
de la Casa Blanca se producen después de que la delegación enviada por Kiev
a Florida para mantener conversaciones con los enviados especiales
estadounidenses para Ucrania adelantara su regreso y horas después de que el
propio Trump anunciara que autorizará las operaciones rusas con diésel hasta
abril para controlar la subida global de precios.
"Le dijimos 'puedes hacer lo que quieras con Rusia, pero no ataques las refinerías', porque ese es un problema mundial que él está causando. Y quiere crear problemas para el mundo, problemas para nuestros agricultores, nuestros ganaderos, con el combustible diésel, porque Rusia suministra una gran parte del combustible diésel en todo el mundo", ha señalado Trump antes de partir a Tennessee, donde ofrecerá un mitin.*
La
estrategia de desviar hacia Zelenski la responsabilidad de la situación de la
economía mundial es puro Trump: la culpa o responsabilidad del caos generado siempre
la tienen otros. El eterno candidato al Nobel de la Paz (está muy enfadado y
dice que se lo han dado a una mujer
desconocida) siempre tiene un dedo señalando a los demás.
No es
Zelenski quien entró en guerra con Irán, que es el origen de la situación de
Ormuz. Pero es más fácil echarle la culpa que reconocer sus errores de cálculo
con Irán y sus efectos sobre la economía global.
Ucrania
bombardea las centrales porque Rusia le está haciendo saltar por los aires sus
recursos energéticos cada día para dejarles sin energía el invierno. Ucrania
responde en el punto débil, las refinerías, que es lo que están haciendo en
todos los frentes de Oriente Medio. Esta es una guerra global por la energía,
que es la forma de control mundial.
La idea de Zelneski sobre que el dinero que se dé a Rusia lo empleará en la guerra contra su país no es en absoluto descabellada. Una vez más, Putin le gana la partida a Trump y este lo paga con el presidente ucraniano. USA incumple su propia estrategia y ahora debe comprar energía rusa. Por supuesto, Putin le hará un buen precio, un precio de amigo.
En este
periodo que queda hasta las elecciones mitad de mandato, podemos esperar
cualquier cosa de Trump y de la política norteamericana, dentro y fuera. Se
pueden establecer alianzas entre los enemigos contra los amigos, aunque estos
términos haya que relativizarlos y darles nuevos sentidos.
¡Tiempos curiosos estos!
*
"Trump: "Ha llegado el momento de que Ucrania tenga un nuevo
presidente"" RTVE.es 10/10/2026
https://www.rtve.es/noticias/20261010/trump-llegado-momento-ucrania-tenga-nuevo-presidente/17262157.shtml




























