Joaquín Mª Aguirre
La
dimisión de la portavoz del PSOE por los negocios de su pareja poco antes de
entrar en campaña electoral tras unos días de quejas, lamentos y acusaciones de
"ataques personales" debería hacernos reflexionar un poco sobre lo
que ofrecemos a la vista.
Indudablemente,
el amor, como sabemos es ciego, pero
no absurdo. No voy a cuestionar el
"amor" de nadie, pero desde fuera los electores tienen derecho a
hacerlo con los resultados.
El
argumento de defensa, pobre y poco duradero, ha sido el de la
"legalidad", algo que nadie ha cuestionado, pues hasta ahí podíamos
llegar. Según esto de la legalidad, en caso de incumplimiento, lo suyo sería encarcelar al amado, congelarle cuentas,
registros, etc.
Los
argumentos defensivos en este caso han sido de dos tipos: a) los que lo
consideraban un ataque personal; y b) los que consideraban que era un negocio familiar y que el amado pagaba sus impuestos.
Los
primeros se centran en que, como es una destacada dirigente y rostro en la
portavocía del partido del gobierno, todo lo que se diga contra ella o su pareja es
"personal". Esto es absurdo porque es el cargo y lo que se dice desde
él lo que cuenta aquí. No, no es personal; es solo dejar en evidencia el
absurdo, la contradicción.
Convertida
en argumento, la historia habría sido una divertida comedia a la italiana en la
que ella critica el uso de los alquileres para enriquecerse (30 pisos en
alquiler) mientras que él va a cobrar los alquileres, algún desahucio que otro.
"—Cariño, ¿qué tal el día?" "—Lo de siempre, ya sabes... con esta
gente que no paga..."
La
excusa de la legalidad puede valer
para cualquier otro, pero no para la persona que defiende públicamente lo
contrario y la votan por ello. ¿Qué
hacer? se preguntarían en la comedia: ¿el negocio o el partido?
Desde
el punto de vista del partido, la cuestión es el daño que esto les hace en
plena campaña electoral con la vivienda como centro y una política de defensa
(aunque sea retórica) de la vivienda, presentándola en el centro del programa.
La cuestión,
pues, no va por la vía amorosa ni el ataque personal, va por querer abarcar
demasiado y confiar en que no salte la libre en cualquier momento y menos en
precampaña electoral. Se quiere todo, negocio y cargo, decir una cosa y hacer otra.
No sé
si los argumentos de la portavoz son cosa suya. Supongo que sí. Pero es la
polarización que se exige a los votantes la que no se cumple en la extraña
pareja, dos personas aparentemente enfrentadas e incompatibles, resulta que no
lo son tanto, viven bajo un mismo techo y no sé si tienen cuentas separadas, porque
los dos trabajan y seguro que no cometieron el error de mezclar sus ganancias.
No es el primer caso de parejas raras de políticos, pero muchas veces se saldan en la misma línea ideológica. No es el caso aquí, con un caso de sospechosa distancia por muchos motivos. ¿Votaría la ex portavoz algo en contra de su pareja y sus negocios?, por ejemplo.
La
pareja de un pacifista puede vender armas, ¿por qué no si es legal y tributa
por ello? La pareja de un izquierdista radical puede tener por pareja un
banquero, ¿por qué no? Dejemos a los psicólogos, guionistas y novelistas pensar
las historias de estos enamoramientos y convivencias contradictorios... sobre
el papel. ¿Qué vio él en ella y ella en él? Seguro que muchos saldrían del cine
discutiendo sobre si es verosímil o no. Otros derramarían algunas lagrimitas
sobre los difíciles caminos del amor.
Ahora solo queda convertir su renuncia en un acto heroico, incluso amoroso de renuncia. Así lo han presentado ya, como un acto que evita que les salgan los colores cada vez que les saquen públicamente el tema. Habrá que tener más cuidado con quién se propone a cargos en el partido o se mete en las listas. Nunca se saben bien los enredos del amor.
No me interesa su vida personal y les deseo felicidad y pocas discusiones familiares. Los partidos no están hechos para el amor, pese a la campaña "I Love PSOE"; el emparejamiento es con las encuestas y los votantes.

























