Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace
apenas unos días los informativos de una cadena televisiva nos informaban de un
conflicto con el ruinoso acceso a una playa. El conflicto, que había dejado sin
arreglar el problema, era la discusión entre el ayuntamiento y la
administración de costas que alegaban ambas que la responsabilidad era del
otro. Los vecinos se jugaban la vida cada día para ir a la playa y alguno había
apuntalado el acceso por su cuenta para evitar mayores males.
Si pasamos de la playa a los bosques tenemos casos similares: ¿de quién es la responsabilidad? Pero el caso de los incendios tiene un matiz importante. Hay una clara distinción entre "prevención" y "apagado". Para que se llegue el segundo, el incendio, han debido fallar los mecanismos de prevención. Y es aquí donde comienzan los problemas: ¿de quién son los bosques, quién debe evitar que el bosque crezca incontrolado...?
Es obvio
que algo (o mucho) está fallando para que esto se esté produciendo con la
virulencia actual, con fuegos que baten todos los records en cuanto a expansión
e intensidad.
Una foto de unos bomberos en un medio nos los mostraba con hierbajos secos hasta la cintura tratando de evitar la expansión de fuego. Solo les faltaría usar gasolina para apagar el fuego en vez de agua. Cuando intervienen las fuerzas de emergencias ya es demasiado tarde.
En los
fuego podemos hablar del viento, de las olas de calor con más intensidad y
frecuencia, etc. Pero todo esto no nos libra de preguntarnos por los mecanismos
de prevención del fuego y de sus desastres. Es sorprendente que con los casos
previos, no hay forma de proteger las casas, rodeadas de árboles y follajes
secos que nadie limpia; es igualmente sorprendente la indefensión de los
pueblos que podrían realizan zonas seguras alrededor de sus zonas edificadas;
es sorprendente también la ausencia de zonas seguras para el desalojo y que
ocurra como sucedió con los muertos extranjeros recientes, caso todavía no
explicado. ¿No entendieron lo que se les dijo?
Pese a
la cantidad e intensidad de los incendios que padecemos, da la impresión que
seguimos sin mecanismos adecuados de prevención y que será la UME la que se encargue de todo al final. Pero eso
no es una solución, sino evasión de los problemas.
¿No lo consideran un problema "real" ni ayuntamientos ni comunidades autónomas, que es como se divide el territorio? ¿Dónde están sus planes de prevención, sus planes de evacuaciones, sus medios destinados a todo esto?
Sin
duda estamos experimentando el significado de la "España vaciada", su
verdadero sentido. Las tierras quedan abandonadas y los pueblos ven reducidas
sus poblaciones, que se convierte en pequeños grupos de personas mayores que ya
no se ocupan de ganado o de terrenos. Los hijos, los nietos han optado por las
ciudades, que les ofrece más comodidades, un mundo menos duro que el del campo
y los bosques.
Nos repiten una y otra vez que antes era el ganado el que limpiaba los bosques de vegetación. Ya ese ganado no está donde antes estaba, quedando zonas llenas de materiales que arden.
Los
pueblos invierten en fiestas patronales para que regresen a gastar los antiguos
vecinos y los nuevos veraneantes, cada vez más escasos con estas nuevas
situaciones. ¿Pueden afrontar los pueblos los gastos de prevención? ¿Hay planes
de actuación para evitar seguros desastres posteriores? ¿Hay acciones que se
puedan realizar?
Nos
dicen que la gran mayoría de esos terrenos abandonados lo son de particulares.
¿No hay forma de obligarles a mantener su limpieza para evitar desastres? ¿Hay
alguna ley o proyecto en este sentido o se prefiere contemporizar y evitar
conflictos con los propietarios?
El
origen de estos incendios tampoco acaba de estar claro en muchas ocasiones. Un
coche incendiado en un arcén; una chispa que salta desde un local abandonado
hace una veintena de años y que no debería tener corriente; una chispa que
salta desde una maquinaria que tiene prohibido trabajar en estas fechas;
presunta autoría humana... Son causas muy diferentes sobre los inicios.
¿Hay
intereses detrás de que el campo arda? No es una pregunta trivial. No sabemos casi
nunca quiénes son esos incendiarios. Ayer nos daban las penas, de multas por
imprudencia a 20 o 25 años si hay intención y víctimas. ¿No va siendo hora de
tipificar más casos y aumentar las penas para que esos que conscientemente
provocan grandes incendios? ¿Qué hacer con esos que están trabajando con maquinaria
prohibida en esa época? ¿No les importa perder sus campos?
Ahora
los partidos, ante la que está cayendo, hablan de "emergencia
climática" y de "pactos". Esto es realmente vergonzoso pues es
una especie de manera de pedir un "alto el fuego" político y poco
sobre el fuego real.
Lo que hay detrás es matemática electoral. ¿Qué sentido tiene invertir en la España sin apenas votantes? Nos dice que la población se concentra en el 10% del suelo español, es decir, que es ahí donde se realizan las acciones con rendimiento electoral. La España que se quema es la España sin votantes, apenas algunos repartidos por pueblos semi abandonados. Es ahora cuando se acercan a las poblaciones con más censo cuando empieza a preocupar electoralmente. Las proximidades peligrosas a las capitales de provincia y a Madrid marcan el peligro de que los incendios tengan efectos electorales, que se exijan responsabilidades.
Tenemos en las instituciones —ayuntamientos, consejerías autonómicas— negacionistas activos del cambio climático que acusan a los ecologistas de ser los responsables de los fuegos. Sospecho que, pese a las evidencias, seguirán con sus demagógicos discursos ya que hay una parte del electorados a la que, nos guste o no, les atraen esos discursos por motivos diversos.
Tenemos un serio problema, un problema en dos tiempos. Es en el primero donde hay que volcarse para no tener que ocuparse de forma dramática y desesperada del segundo.


































