viernes, 14 de agosto de 2026

El teléfono maravilloso o que no decidan por usted

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me llega un aviso al móvil. Mi compañía me ofrece —con descuento— la adquisición de otro del que asegura que sabe lo que necesito antes de que yo lo sepa. Lo que se presenta como un gran avance es lo típico de cualquier dictadura: saben lo que queremos antes de que nosotros los sepamos. Y como la IA no se equivoca, los equivocados, dudosos, indecisos, etc. somos nosotros,  que vamos contra las evidencias de la decisión de que se ha elegido lo mejor de lo mejor.

Creo que vamos por un camino peligroso. Hay que empezar a reivindicar el error, el error propio, el que surge de nuestras decisiones y variaciones, cambios de gusto, etc. Esto de que una IA elija lo que necesitamos es una trampa de la que será difícil salir una vez puesta en marcha.

Nuestro televisor nos ofrece aquello que nos va a gustar; nuestro teléfono hace otro tanto y nos lleva a páginas o direcciones que nos dejarán contentos y satisfechos. Y así "porque te gustó X..., te ofrecemos Z" es la fórmula que se emplea habitualmente. Para ello se necesita nuestro historial de compras y ganarse la confianza del consumidor. La IA trabaja en ese sentido. Por eso necesita cantidades enormes de datos, para ajustar nuestro perfil de consumo. El resto es estrategia: conjugar aquello de lo que disponen con nuestras preferencias y venderlo bien, con toque de modernidad futurista: ¡qué moderno es usted!

Evidentemente, solo es una parte de la estrategia. Los intentos de vendernos algo que parece que hemos elegido nosotros está en el principio de la "labia comercial", del vendedor que te envuelve, el que te dice que la chaqueta nos sienta bien o que el color de la camisa nos hace más jóvenes,

Luego las máquinas han seguido con esta tarea. Son frecuentes las condenas a las tecnológicas por priorizar interesadamente, por dar preferencia en las búsquedas a productos predeterminados por los que obtienen beneficios extras. Los tribunales han condenado a Google en varias ocasiones por este tipo de práctica.


Pero ahora es nuestro es nuestro teléfono —nuestro nuevo "mejor amigo"— el que acaba ofreciéndonos aquello que no sabíamos que deseábamos con fervor, apasionadamente. Para conseguirlo, simplemente pásate a los nuevos modelos.

Pero las consecuencias, como señalábamos, son muy peligrosas. Tener un exceso de confianza en aquello que la máquina nos ofrece tiene consecuencias no tanto por la compra en sí, sino por lo que supone de abandono de la capacidad de decisión.

La función de estas máquinas ya no es ayudarnos, sino sustituirnos, que es otra cosa. Si fuéramos a una tienda y el comerciante nos mirara a la cara y decidiera qué es lo que necesitamos o nos diera lo mismo que otras veces porque ya sabe lo que queremos o necesitamos, seguramente reivindicaríamos nuestra libertad de decidir y no volveríamos a esa tienda. Pero parece que nos fiamos más de las máquinas que de las personas, algo que también es fruto de una serie de operaciones para ganar nuestra confianza, que va de la inocencia absoluta a presumir de tener la máquina perfecta (la vanidad es de siempre un resorte psicológico importante para las ventas).

Reducimos lo más valioso que tenemos: la capacidad de decidir, que está por encima de la posibilidad de acertar o equivocarse. Vamos avanzando claramente hacia un tiempo autoritario, cuya característica más clara es decidir por nosotros. Para que les funcione necesitan de una serie de recursos retóricos, que se centran en nuestro miedo a equivocarnos y en la superioridad atribuida al que decide, sea experto, dirigente o máquina.

La máquina se disfraza con la idea de que nos conoce bien, mejor que nosotros mismos. Los avances en tecnología se complementan con los que permiten controlar el comportamiento y la decisión. Hoy se hacen enormes inversiones en este tipo de procesos, que en última instancia son procesos de compra de voluntades y ventas de personas o bienes, ya sean de "consumo" comercial o político. 

Para decidir por usted tiene que conocerle bien, tener acceso y manejar todos sus datos, acciones, compras, lugares, etc. Todo eso se procesa y da un resultado. No se trata solo de que le satisfaga, sino de que esos datos son guardados y pueden ser usados más adelante para otro tipo de decisiones. Una vez ganada su confianza, el algoritmo pasa a tener un segundo objetivo que a lo mejor usted desconoce.

Que se diseñen máquinas o programas para decidir por nosotros, que estos se nos cuelguen en ese objeto múltiple que es teléfono móvil, no es una buena señal. Ya sea por pereza, por ignorancia o por un mal entendido sentido del progreso, no se debería renunciar a decidir, aunque uno se equivoque. Rectificar, nos decían, es de sabios. No equivocarse nunca es otra cosa.

Puede que su teléfono sea "inteligente", pero no por eso deje usted de serlo.



jueves, 13 de agosto de 2026

Trump y los señuelos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La relación de Donald Trump con los medios es muy peculiar, pero creo que lo ocurrido con el cambio de avión rompe cualquier presunción de normalidad entre el inquilino de la Casa Blanca y los periodistas que literalmente le siguen.

La historia ha salido a la luz y por ahora se limitan a contar los hemos y menos lo que suponen.

En 20minutos, con material de EFE, nos la explican así: 

El presidente de EEUU, Donald Trump, aseguró este martes que decidió cambiar de avión de manera encubierta el pasado julio en Turquía porque se limitó a acatar la recomendación del Servicio Secreto ante la amenaza de un ataque contra la aeronave, un episodio que revelaron en la víspera los dos principales diarios estadounidenses. 

"Depende del servicio secreto. Yo solo sigo sus instrucciones, así que actúo bajo la supervisión del Servicio Secreto y del Ejército. Querían que actuara de otra manera, con otras medidas de seguridad. Querían que lo hiciera, así que tengo que hacerlo. Hago lo que me dicen", afirmó este martes Trump a bordo del Air Force One, el avión presidencial, a cuenta de lo sucedido en Ankara el pasado 8 de julio tras la cumbre de la OTAN. 

The Washington Post y The New York Times revelaron el lunes que aquel día Trump embarcó primero en el Air Force One y después fue transportado a escondidas por el Servicio Secreto en un camión de catering a otro avión militar que se encontraba en la pista debido a la posibilidad de un ataque por parte de Irán, en guerra con Estados Unidos desde febrero.*


Creo que nunca se ha visto al incontrolable Trump tan sumiso, tan obediente a lo que otros le dicen. Pero lo que hay aquí es algo muy serio: la utilización de la prensa en el avión para distraer a los posibles terroristas haciéndoles creer que Trump iba dentro. Si el peligro de atentado era real o solo una suposición, lo cierto es que los que saltarían por los aires serían los periodistas y la tripulación del avión presidencial.

La riada de excusas por parte de Trump sobre que él solo hace lo que le dicen es la confirmación de que lo que se ha hecho es impresentable, por no decir innoble. Si llega a haber un atentado y se ha dejado dentro a los periodistas, engañados para hacer creer a los terroristas que el presidente está dentro, como se les hizo creer, los titulares serían otros.

No solo se ha puesto en riesgo sus vidas, sino que demuestra —una vez más— el desprecio utilitarista que Trump siente hacia la prensa, en especial hacia aquellos con los que comparte el avión presidencial e "improvisa" esas ruedas de presan volantes. Si existe un riesgo real de atentado contra el avión presidencial lo es para todos los que están dentro cumpliendo con su trabajo. Los periodistas deben asumir, pues, que son objetivos indirectos de un posible atentado.

Los servicios secretos han mostrado que su trabajo es proteger al presidente y que lo que les ocurra a los que van en el avión presidencial no es que no les importe, es que pueden ser "usados" como distracción para que el presidente de los Estados Unidos pueda salir camuflado dentro de un contenedor de catering.

Hacer creer que el presidente está dentro de Air Force One con hay un riesgo serio de un atentado es apuntar directamente contra los que están confiadamente cumpliendo su trabajo asumiendo que la seguridad también les incluye a ellos. Por lo que vemos, no es así.

Para hacer creer que Trump estaba "dentro" era "necesario" que los periodistas y la tripulación siguieran dentro del objetivo, el avión presidencial. Con claridad y rotundidad: se les utilizó como cebo. Si había que atentar, que lo hicieran con el avión lleno de periodistas.

¡Triste figura la del presidente! ¡Triste actuación de los Servicios Secretos norteamericanos! Si yo fuera uno de los periodistas "utilizados" para que Trump no sufriera un atentado, no volvería a subirme al avión presidencial y que lo que tenga que decir lo cuente por videoconferencia. Y eso siendo pacíficos.

* "Trump asegura que se cambió de avión a escondidas en Turquía por orden del Servicio Secreto: "Yo solo sigo sus instrucciones"" 20minutos / EFE 12/08/2026  https://www.20minutos.es/internacional/trump-asegura-que-cambio-avion-turquia-por-orden-servicio-secreto-yo-solo-sigo-sus-instrucciones_7024898_0.html

miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Eclipse? ¿Qué eclipse?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Tras el Mundial, lo del eclipse no será fácil de superar. El eclipse ha desplazado de los lugares preferentes de la información a todo tipo de noticias. Se ha llevado por delante a Ceuta, incendios, terremotos y guerras. Todo.

En 20minutos me llama la atención el titular, espectacular y tremendista, "España, capital del eclipse: hasta 1,5 millones de desplazamientos bajo vigilancia de 33.000 agentes por el riesgo de incendios y colapsos"* que trata de sintetizar los peligros a los que nos exponemos y lo que puede suponer el apagón cósmico para salud, carreteras, etc. En RTVE.es, entre una gran cantidad de información, dedican un artículo en VerificaRTVE a desmentir la desinformación que el eclipse ha generado: " La Tierra no perderá la gravedad durante 7 segundos y otros bulos sobre el eclipse solar del 12 de agosto "**.

Lo que el fenómeno natural del eclipse esté generando es digno de estudiarse desde diversos puntos de vista porque nos puede enseñar mucho sobre la forma de manejar la información, generar expectativas, producción de riesgos y modelo de negocio, todo en solo paquete.

No recuerdo un fenómeno natural que se nos presenta como "único", aunque se nos anuncien otros en los siguientes años, de una forma tan intensa. Pero el efecto no es el mismo si no se vende como exclusividad, la oportunidad única en la vida y máxime si somos, como se dice en el titular de 20minutos, la "capital del eclipse".

Lo que hace unas décadas probablemente hubiera sido tratado como una "serpiente de verano", es decir, una noticia explotada para cubrir el vacío de noticias veraniego, hoy se convierte en un festival informativo que nos inunda.

Un eclipse es un eclipse. Ocurre; es inevitable. La información alrededor va de las explicaciones de la Física a los rituales con sacrificios humanos, como nos han contado algunos. Todo vale para atraer hacia el propio medio, que es la finalidad real. Nos dan información porque se genera una corriente de interés que es posible diseñar y alimentar.

Veremos los efectos de esta corriente traducidos a accidentes, atascos, cegueras, etc. Por otro lado está el beneficio económico que genera el hecho de las concentraciones en los lugares donde se han montado espacios controlados para la vista del eclipse, el consumo que se produzca, alojamientos, visitas turísticas en paralelo, etc. El eclipse es un fenómeno natural, sí, pero es también un gigantesco negocio informativo (lo que supone para los medios) y económico por lo que supone de gasto.

Los medios ingresan por la atracción que generan y los lugares con los dispositivos montados. Lo que pagamos todos son esos 34.000 agentes, entre Policía Nacional y Guardia Civil, que tendrá que vigilar y controlar los posibles riesgos de accidentes o de otro tipo. Avisan de posibles riesgos de incendios por el calor y las concentraciones de gente. Esperemos que no se junte una cosa con la otra, pues estamos creando situaciones que pueden ser complicadas.


El eclipse tiente tres fases informativas: a) la previa, con cantidades ingentes de información de todo tipo, de la astronomía a la cultura popular, de los bulos gravitatorios a las maldiciones, del kit correcto al consejo didáctico; b) el eclipse en sí, que será ofrecido por las cadenas televisivas —la TV se lleva el gato al agua en este caso "visual"—, que es cuestión de minutos: y c) el post eclipse, el tiempo que dure la extensión del chicle informativo, con las anécdotas, sucesos, opiniones, etc. que ha suscitado. 20minutos, por ejemplo, ya pide que se le envíen fotos realizadas por los lectores, que es una forma de asegurarse que sean los lectores los que promocionen la publicación.

Desde el punto de vista informativo, los medios se están acostumbrando a estas grandes cabeceras, como ha ocurrido con el Mundial primero y con el eclipse después. De fondo, en primer lugar, los incendios, que son también titulares, pero que saturan y crean un cierto rechazo por la inseguridad que generan. Lo negativo, que ha sido casi siempre la base de las noticias, deja paso a noticias positivas, como ganar el mundial o neutras como el eclipse.

Cuando vamos bajando en las páginas de información, vemos como empiezan a aparecer guerras, crisis, desastres, etc. Esto se trata de diluir un poco con la inserción de lo intrascendente —alguien que no conoces se divorcia de alguien que no conoces para casarse con alguien que tampoco conoces—, lo turístico promocional —dónde se sirven los mejores "tacos", cuál es la playa favorita de fulano, la visita que no te puedes perder a un pueblo desconocido— o las ofertas de compras —el mejor aspirador, el robot de cocina súper eficiente, el sofá donde descasarás como nunca y te levantarás como nuevo—.

Un consejo: asegúrese de la hora, porque el fenómeno no dura mucho, cuestión de minutos. Un atasco mal orientado, una visita necesaria al baño, etc. pueden dar al traste con la experiencia de su vida y ser señalado para siempre: "usted se lo perdió". Si ocurre esto, un consejo: documéntese y ponga cara de haberlo visto. 


martes, 11 de agosto de 2026

La crisis de los medios, de la información a la promoción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las cadenas de televisión convierten sus espacios en promoción de otros que le seguirán. Transforman los informativos (con alguna protesta de los periodistas transformados en publicitarios) en puntos de promoción propia y ajena.

Más descarado es comprobar cómo se amplía en los medios la promoción de servicios, lugares o productos. De nuevo, la ética por los suelos. Pero ¿a quién le importa la ética en estos tiempos competitivos donde lo único que importa es el beneficio de unos y la supervivencia de otros?

Si vemos la prensa diaria, comprobamos cómo esta tendencia promocional o publicitaria se amplía cada día y se extiende por los diferentes campos económicos. Las empresas ya cuentan con la necesidad de los medios de obtener ingresos paralelos en un mundo lleno de información, un mundo atomizado y en el que la información acaba siendo selectiva.

Muchos medios exigen el registro para permitir acceder a la información. Hoy pagamos con datos, con nuestros datos. Eso permite la creación de perfiles automáticos que son procesados por algoritmos. Esto, en ocasiones, va más allá: los usuarios son observados, registrados sus movimientos e intereses. De vez en cuando salta a los medios algo que todos sospechamos con distintas experiencias: que se vigilan las conversaciones, que se detectan nuestras necesidades. Las grandes tecnológicas se defienden señalando que tratan de darnos un mejor "servicio", pero esto no es más que la forma bonita de expresarlo.

La tecnología se ha puesto al servicio de la mercadotecnia y nosotros somos su campo de operaciones. Su objetivo es detectar (cualquier medio es válido) lo que deseamos. Esto requiere una observación importante: lo que deseamos nos es inducido por otros mecanismos hasta hacer aparecer el deseo.

Yo compré unas cajas de cartón en un gran supermercado y pagué con mi tarjeta. Durante un tipo recibí en Fb anuncios de mudanzas y trasteros. ¿Casualidad? Habrá quien lo crea, pero los casos se multiplican y todos tenemos una o varias "coincidencias" de este tipo.

La presión mercantil está desfigurando los medios, Hoy son colonias económicas de quienes les pagan por obtener información y por introducirla. Las reticencias iniciales ante este sistema han ido cayendo por el peso de la evidencia: todos lo están usando ya. Hay cuatro líneas: nosotros, los medios, la mercadotecnia y los que están detrás y los utilizan para llegar a nosotros con fines muy diversos, pero que se pueden resumir en dos, el gasto y el voto.

La política y el comercio usan ya los mismos métodos, que son conocernos mejor para llegar más fácilmente a nosotros. Ya no hay reticencias a esto. Si los demás lo usan, ¿por qué no nosotros? Nuestros datos son ofrecidos a la carta a aquellos que los necesitan para conseguir algo de nosotros. Oferta y demanda.

Estamos considerando como inevitables estas prácticas que tienen consecuencias importantes social y políticamente. Nuestra democracia es menos democrática cuando trata o permite que se trate a los ciudadanos de esta manera, cuando no se la respeta. Permite el ascenso de personajes sin escrúpulos, de los que no es necesario poner ejemplos, ya que están en mente de todos.

La información es esencial para el estado de la democracia y una información dependiente y manipuladora no es precisamente la mejor garantía. No se sabe dónde están sus límites de complacencia o crítica. Una llamada puede relegar una información al último rincón o hacerla desaparecer. Y al contrario, lo trivial asciende e inunda.

Esto genera descrédito a los propios medios (que dejan de ser confiables) y a las instituciones, que son asaltadas por personas que solo quieren el poder. Lo peor es que esta deriva no parece tener mucho arreglo y que nos vamos conformando con esta forma de actuación.

Indudablemente, siempre ha existido el peligro del uso de los medios de forma promocional y manipuladora, pero nunca se había convertido en una práctica aceptada, ni ética ni legalmente. Desgraciadamente, a la vista de lo que tenemos delante, se ha convertido en algo aceptado, ética y profesionalmente. La información es el reclamo.


Desde hace más de una década se viene hablando de la "crisis de la publicidad" y, en paralelo, de la "crisis de los medios". Si los medios no pueden establecer diferencias entre noticia y publicidad, tienen que camuflar una en la otra. Se presenta como información lo que no lo es. Las técnicas no suelen ser demasiado sutiles.

En la fundación Arcadia para la defensa de la democracia se recogía a principios de año un artículo aparecido en Harper's Magazine, con el título "Anatomía de una crisis de credibilidad: ¿Por qué desconfiamos de los medios de comunicación?". En él se señala la crisis y sus efectos:

Los desafíos que enfrentan hoy los medios de comunicación tradicionales son más severos que nunca. La confianza en la prensa está en un mínimo histórico. Solo una cuarta parte de los estadounidenses de entre los 18 y 29 años expresa confianza en las organizaciones de medios. Mientras tanto, los empleos en el periodismo están disminuyendo más rápido que los empleos en la minería del carbón. Desde 2005, Estados Unidos ha perdido más de un tercio de sus periódicos y casi tres cuartas partes de sus puestos de periodismo en periódicos.* 

No es nuevo, pero es muy claro. Los cambios en el sistema mediático han favrecido a los que controlan la información.

Puede que los medios resistan, pero es a costa de su propia indefinición. El beneficiado es el que controla los flujos económicos que asignan los recursos publicitarios. Esto no es nuevo, pero es cada vez más grave. Los medios pierden lectores en beneficio de una extraña corte, la de los influencers hacia los que se desvía el dinero.

El resultado final es que somo más manipulables, más fáciles de controlar.


* Jelani Cobb, Taylor Lorenz, Jack Shafer, Max Tani / Harper’s Magazine "Anatomía de una crisis de credibilidad: ¿Por qué desconfiamos de los medios de comunicación?" Fundación Arcadia 27/01/2026 https://arcadiafoundation.org/anatomia-de-una-crisis-de-credibilidad-por-que-no-confiamos-en-los-medios-de-comunicacion/



lunes, 10 de agosto de 2026

Nadie ayuda, pero todos incordian

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La crisis ceutí va más allá de Ceuta. La entrada de Italia le da otra dimensión y amplía el campo de batalla. Aquí aquello que podemos parafrasear de "lo que pasa en Ceuta, se queda en Ceuta" no se produce y se va al extremo contrario: nadie ayuda, pero todos incordian, que podría erigirse en principio de la política internacional actual.

Es una política pequeñita en un mundo reducido en el que todo está próximo, pegadito. Todo se vuelve como de barrio y se mira cómo sacarle provecho mediático, primero, y político, después. Dos movimientos y una sola intención.

Lo de la Italia de Meloni se veía venir por su necesidad de volver al redil trumpista del que se había alejado un tanto por aquello de sus insultos al Papa, que probablemente no gustara a sus seguidores y votantes.

Leemos en RTVE.es sobre la crisis iniciada entre España e Italia:

El ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, considera "incomprensible y totalmente inaceptable" la decisión de España de suspender también el tratado de libre circulación de Schengen en respuesta a la iniciativa de Roma. El Gobierno de Meloni estableció controles fronterizos tras la llegada masiva de migrantes a Ceuta procedentes de Marruecos el 30 de julio.

Las palabras de Tajani han tenido respuesta por parte del Ejecutivo español, quien confía en que Italia "reaccione" y tenga "claro" que el espacio Schengen está garantizado, sin haber sido violado por ningún inmigrante llegado desde Ceuta.

En una entrevista publicada este domingo en el diario italiano La Stampa, Antonio Tajani ha declarado que "suspendimos el espacio Schengen, como exigen los Tratados, porque ocurrió algo extraordinario" en Ceuta. "Incluso, Vivas (en referencia al presidente de Ceuta) afirma que entre 8.000 y 11.000 migrantes permanecen allí. Y miles son africanos subsaharianos que no pueden ser repatriados. Lo que resulta incomprensible y totalmente inaceptable es la reacción de España", ha asegurado Tajani. Sostiene que se tomó la decisión ya que según "los servicios de inteligencia españoles, existe riesgo de una nueva ola a mediados de agosto, y no levantar la medida es una precaución".

Y un poco más adelante señala Tajani:

"¿Adónde van tras llegar a España? Italia, como destino, es el país más expuesto. No somos Alemania ni Noruega", ha indicado.

"Es necesario poner orden: no estamos en contra de España, pero tenemos el deber de proteger nuestras fronteras. Y no cabe duda de que la llegada de personas procedentes del África subsahariana supone una amenaza yihadista. La propia policía española ha detenido a individuos sospechosos", agregó el jefe de la diplomacia italiana.*


Lo grave de las palabras de Tajani no es solo lo que dice, sino lo que presupone. Mientras en España, los medios dan cuenta de la enorme tragedia humanitaria, de la manipulación de los menores y convertirlos a la vez en arma y víctimas, Tajani ve "yihadistas" en todo lo que queda en Ceuta y ve su país amenazado. Dos visiones muy distintas y dos gestos diferentes.

Con esta visión, Antonio Tajani y Giorgia Meloni no solo se desentienden del problema de Ceuta, sino que lanzan un preocupante mensaje doble: 1) España es incapaz; y 2) los inmigrantes no marroquíes son terroristas (yihadistas).

El primero es una "opinión" que muchos pueden compartir ante la gestión poco acertada del gobierno de Pedro Sánchez (lo de la colocación de la valla flotante es de chiste); pero el segundo es una "acusación" y una "reacción" específica a aquello de lo que acusa. De Marruecos para abajo, "yihadistas". Nadie les para, solo Italia. Marruecos les deja pasar, España no los detiene y, finalmente, Italia toma medidas para proteger al pueblo italiano, que tanto les vota.

Pero esta ruptura de la solidaridad de la Unión Europea es además un alineamiento con las políticas trumpistas. Es la misma lectura que hizo Donald Trump desde el inicio: el desastre español, el peligro terrorista y el apocalipsis como fin. La Italia de Meloni simpatiza demasiado con Trump; tuvo que distanciarse por lo del Papa, pero no hay problema con criticar a Pedro Sánchez, a la "horrible España" y mostrar al mundo que los únicos que actúan con criterio y eficacia son los Estados Unidos de Trump.

Italia, no lo olvidemos, es otra de las partidarias de crear prisiones de alquiler para espantar a los emigrantes y reducir el problema de dónde se quedan. En esto ha imitado a ciertos países que encontraron en esta fórmula perversa su "tranquilidad". Estados Unidos los encierra dentro, en sus abundantes desiertos, separa familias, mata... Para otros la fórmula de comprar espacios para internamientos les resulta más barata. Italia está entre ellos.

Que sea ahora Italia quien nos diga que son ellos, los italianos, los amenazados por la crisis, no deja de ser una forma mediocre de trumpismo barato. Pero no por ello es menos eficaz en la desunión europea, cada vez más objeto de ataques y críticas desde diferentes zonas del planeta.

Sabemos desde hace tiempo que todo lo que mine la unidad y solidaridad europeas es bien visto desde Washington y Moscú. Se nos llena la boca de "guerras híbridas", pero nadie ha acuñado el término "defensas híbridas", que debería corresponderle: formas de defensa ante este tipo de ataques. La primera de ellas es la solidaridad y la segunda la cohesión defensiva, justo lo contrario de lo que ha hecho el gobierno de Meloni. Queriendo hacer daño a España, también se lo hace a Europa, que ve debilitada su existencia ante los desafíos crecientes.

Acusar a los subsaharianos de yihadistas en una bellaquería. Podía haberlo expresado de forma más justa y elegantes, hablar de riesgos, pero no ha sido así, lo ha dado por hecho.

Lo que queda tras la retirada marroquí es el drama de personas que llevan meses y años huyendo de lo que les rodea en sus países. Si se habla de crisis reputacional de Marruecos, debería bajarse la mirada más allá de sus fronteras. Las decenas de muertos ahogados, los niños deambulantes, las violaciones a niñas, la falta de comida, las enfermedades... no son "yihadismo" y sería un error grave tratarlo como tal. Es una sobredosis de realidad, de lo que hay tras nuestras felices fronteras, las nuestras y las de Europa.


Nuestro distorsionado espíritu no ve esto, sino problemas con la Final de Mundial de Fútbol, problemas reputacionales, etc. pero no deberíamos olvidar lo que Italia ha olvidado; no caer en racismos, xenofobias... transformando en criminales, en amenazas a todos. Los habrá que huyan de la ley, pero son muchos más los que huyen de la miseria, del mal trato, de la indiferencia familiar.

La Italia de Meloni nos ha criminalizado a todos, a España y a los que han pasado la frontera y quedan vagando a la espera de algo mejor que eso. Lo que ha hecho no ha sido en defensa de Italia y los italianos, sino en mejora de su propia imagen dentro y fuera, ante Donald Trump. Solo es (mala) política y creación de negatividad hacia las personas y países.

Pedir los pasaportes a los italianos es un gesto de respuesta, tiene un valor simbólico; no creemos que todos los italianos sean "mafiosos". Pedir el pasaporte a los que vienen de España y asegurar que los subsaharianos son yihadistas, como ha hecho Tajani, es otra cosa. 


* "El ministro de Exteriores de Italia dice que la reacción de España de suspender Schengen es "inaceptable"" RTVE.es / Agencias 9/08/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260809/italia-espana-schengen-inaceptable-incomprensible/17185044.shtml