Joaquín Mª Aguirre
Lo que
antes era patrimonio de unos pocos es ahora una herramienta en manos de todos,
la información. Su fluir vertical ha acabado siendo plenamente horizontal. A
primera vista puede parecer positivo y democrático; en la realidad, vemos que
es fuente de conflictos por lo que permite: la manipulación constante, la
irresponsabilidad absoluta.
El
fenómeno de las redes expande un poder, pero no lo controla. No existe forma de
comprobación de la mayoría de lo que se nos ofrece. Muchos dirán que eso pasa
siempre, pero aquí es donde entra la diferencia: la profesionalización, que
implica una serie de códigos éticos, una serie de prácticas sometidas a valoración
y sanción.
Con las
redes hemos abierto la caja de Pandora. Se han liberado los males posibles que
provienen de lo masivo, de la faltad
de responsabilidad en la generación y difusión, del anonimato.
La
información anterior estaba sujeta al nombre del medio y al del firmante. Lo
que iba sin firmar se consideraba responsabilidad del medio que con sus
fronteras materiales (la páginas impresas, o temporales, el tiempo y espacio de
emisión, establecían las responsabilidades en lo que se publicaba o emitía.
Hoy
hemos construido un sistema en el que hemos dado a todos el poder producir
información sin garantía alguna de que lo que se difunde sea cierto. Es más,
hemos convertido la desinformación, el bulo, el engaño en materiales rentables
en lo económico o en lo político. Los comunicólogos estudian sus efectos y
respuesta; lo planifican conforme al estudio del comportamiento de las redes.
Hemos dado un gran salto en el aprendizaje de la manipulación sin duda.
En
RTVE.es se nos remite a una pieza informativa del Documentos TV sobre el efecto de la IA en Internet. Lo hacen con el
titular "Los expertos advierten que Internet puede morir ahogado en basura
digital generada por la IA":
Internet nos ha brindado un espacio compartido de conocimiento,
cultura y entretenimiento. Por relevancia social, hay quien lo compara con
la invención de la escritura o de la imprenta. Pero este Internet libre
y compartido ha evolucionado desde los años 90 hacia un gran negocio que han
sabido aprovechar las grandes multinacionales tecnológicas.
“Nos meten la IA hasta en la sopa. Se aseguran
de tener una audiencia cautiva en los buscadores, en el correo electrónico, en
WhatsApp o en otros servicios de mensajes”, critica Amba Kak, codirectora
ejecutiva de AI Now Institute desde donde realiza investigaciones de
diagnóstico y políticas sobre inteligencia artificial.
En los últimos años, la IA se ha colado masivamente
en plataformas, buscadores y en todos y cada uno de los recovecos de la red
inundándola con contenidos banales, disparatados. Tanto es así, que hay
quien piensa, y no son pocos, que Internet está muriendo lentamente ahogado
en toda esta basura digital o “slop” como lo definen los expertos. “Slop
es una palabra perfecta para definir el contenido creado con IA generativa que
te encuentras en Twitter, Instagram o Facebook”, explica Max Read, periodista
de The New York Times.*
Llama la atención la presentación del problema. Se nos comienza hablando de una Internet idílica (conocimiento, cultura y entretenimiento) para dar paso a los aspectos negativos que la entrada de la IA ha supuesto. La pregunta es entonces sobre la falta de crítica, de autocrítica, de los que ven solo el problema de la "suplantación" y del exceso. ¿Qué ocurre entonces con los aspectos negativos que ha presentado Internet y que han convertido las redes en espacios de adicción (desde la infancia), de fomento de la violencia, de desinformación, etc.?
Los sueños de una Internet idílica se quedaron por el camino ante la brutalidad de la evidencia. La expansión hasta la creación de un entorno digital en el que nos desarrollamos, para bien y para mal, tiene una serie de efectos. La IA no es más que una consecuencia que perjudica a determinados productores frente a otros que la han creado e implantado para su propio beneficio.
Hoy asistimos a episodios de violencia juvenil que se incitan a través de las redes sociales. La culpa no es de la red sino de quienes la usan aprovechando la ausencia de límites que no se plantea como cuestión filosófica, democrática, etc., sino como una cuestión de límites del beneficio económico, del mero lucro.
Todo buen propósito —que desde luego existe— queda enterrado entre millones y millones de noticias cuyo deseo es manipular y obtener un rendimiento por ello. Su conversión en mero mercado hace que cualquier otro fin que no sea la rentabilidad económica o política (una fase previa) quede como un rasgo de "inocencia" en un mundo de intereses.
Que algunos hayan llegado a una productividad extrema de los mensajes a través de la IA no es más que una aplicación ajustada a sus fines, el beneficio. La falta de regulación, que se consideraba positiva para los excesos, se aprovecha para más excesos sin control.
¿Qué hemos hecho y cómo hemos llegado a permitir que
la red esté asfixiada por tanta basura sintética? Mats Schönauer,
periodista y youtuber dedicado al análisis y crítica mediática y a la
verificación de hechos, lo analiza. Denuncia que los vídeos automatizados más
populares de Youtube están difundiendo información pseudoperiodística
intrascendental al mismo tiempo que afirma que estos cientos de miles de
vídeos, solo en Alemania, han sido vistos millones de veces.
“Estamos hablando de millones y millones de personas que han sido engañadas”, concluye. Él mismo hizo un experimento. Creó un vídeo donde la IA decía que la Bundesliga había decidido introducir una tarjeta azul, además de la roja y la amarilla, que obligaba al jugador a quitarse las botas y seguir jugando el partido descalzo. “Los usuarios ni siquiera lo ponen en duda. Se creen la historia y se dejan manipular y crispar”, prosigue.*
El ejemplo del engaño probatorio de la enfermedad nos muestra que lo que hemos generado es credulidad y acabado con la capacidad crítica. Pero ¿no era esto lo que se buscaba? Hemos creado un entorno que nos aleja de las dudas y usa la mentira para generar expectativas aceptables. La credibilidad es una condición que la información genera por sí misma. Los medios más conscientes de esto dedican cada vez más esfuerzo y espacio a denunciar las mentiras que circulan con intenciones muy diversas. La misma presidencia de los Estados Unidos utiliza bulos y descaradas mentiras, insinuaciones sin fundamento porque se dirige a un público que lo acepta... y desea, pues de eso se trata, de adicción a cierto tipo de respuestas. En eso trabajan los expertos.
Pero de poco sirve si cada vez hay más adictos a los bulos, a la desinformación primorosamente diseñada para hacer que le deseemos y la difundamos. Pensar que todo es correcto y que son los bots los que crean el problema, me parece de una enorme hipocresía, un ejemplo más de retorcimiento de la realidad, palabra confusa y esquiva.
Nos extrañamos de la bajada de edad en la violencia, de cómo son cada vez más jóvenes los que actúan más violentamente y buscamos quiénes están detrás, en las redes. Deberíamos preguntarnos más a menudo si no hemos creado el sistema perfecto para esto y si es irreversible. No, el problema no son los bots. Eso es solo cuestión de tráfico. Los verdaderos problemas son otros.
Las redes son ya algo más que un mercado; son nuestro entorno, allí donde realizamos una enorme cantidad de acciones, son las que modelan nuestro pensamiento y de donde sacamos nuestras ideas, la fuente de nuestras imitaciones y modelos. Que sean utilizadas más allá de sus fines iniciales no debería extrañarnos tanto. Sabemos su realidad, pero tememos que las medidas repercutan en las ganancias. Extrañarnos de que se utilicen los bots y la IA suena un tanto falso.
Detrás de la IA están los que se benefician de ella en su lucha por el mercado. Que mucha de esa información, el tráfico, esté generada por bots, que ya sobrepasan a los humanos, es solo una queja sobre las posibilidades de dirigirse a seres reales dentro del mercado. Es la consecuencia final de los medios aplicados.
El problema, como estamos ya experimentando, va más allá del mercado. O quizá todo se ha transformado ya en mercado, con lo que la "influencia" se relativiza por el exceso. La presión constante para alcanzar nuestra atención y lograr influirnos nos hace compartimentarnos, crear adicciones y radicalizarnos. Son los efectos que vemos en muchos traducidos a la acción.
* Milagros de Diego Cerezo "Los expertos advierten que Internet puede morir ahogado en basura digital generada por la IA" RTVE.es 28/10/2026 https://www.rtve.es/noticias/20261028/expertos-internet-basura-digital-generada-ia/17250631.shtml






























