Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La preocupación crece ante el aumento de la violencia contra las mujeres. Lo hace en dos sentido, el de los actos violentos y el de la organización de los violentos. La irrupción de treinta enmascarados en la Universidad Complutense para arrancar la cartelería convocando a las manifestaciones del 8-M puede parecer poco en comparación con los asesinatos machistas, pero es muy preocupante por lo que significa de la existencia de grupos organizados, de la creación de una cierta (in)cultura machista que empieza a extenderse, a captar adeptos y va penetrando entre los jóvenes.
Leo en el mujeres.com, de 20minutos, el artículo titulado "Si hay violencia en los primeros noviazgos, continuará en la vida adulta", Lo firma María Mariño dentro de una sección llamada "El blog de Lilih Blue". En su comienzo señala:
Los desequilibrios que se están dando en las primeras relaciones, esas que tienen lugar en la adolescencia, bajo mi punto de vista, no son lo bastante preocupantes todavía. Ni siquiera cuando contamos con diagnósticos como el elaborado por la Mesa de Coordinación para la Atención de la Violencia Machista de Gipuzkoa que afirma que "un elevado porcentaje de las víctimas de violencia de pareja o expareja se concentra en mujeres jóvenes".
De hecho, en la propia Gipuzkoa han visto (no sin alarmarse), como el 31% de las mujeres que acceden a centros de acogida tienen entre 18 y 25 años y es una tendencia que va en aumento. ¿Qué está pasando para que chicas que están en edad de terminar el colegio o vivir sus primeros años de universidad necesiten ser atendidas de urgencia?
Tampoco podemos caer en el error de pensar que esto es algo excepcional, cosas "de chavales" o que se quedan en la adolescencia. Sí, las evidencias de que su impacto va más allá, por mucho que madure la corteza prefrontal, dejan entrever que el control se exacerba y puede derivar en más violencia.*
En el primer párrafo se trata de restar importancia ("no son lo bastante preocupantes todavía") al aumento del número de jóvenes, mientras que poco después, en el tercer párrafo, se llama al aviso con el "tampoco podemos caer en el error" de ignorar la cuestión.
Me llama la atención y preocupa que la autora tenga que llevar una máscara de gato, que supongo que, además de su gusto por el animal, le sirve para mantener su rostro sin identificar. A mí, en cambio, me preocupa el creciente uso de máscaras para tratar temas de las mujeres por parte de las mujeres. ¿Miedo a ser acosada?
El hecho que se comenta lo hemos traído aquí en muchas ocasiones por que sí es preocupante el aumento de casos y el descenso de las edades. También lo es el grado de normalización o aceptación de mucha gente joven de la dominación masculina. Esto está detectado por muchos estudios, como los que acaba citando la autora. Finalmente, como conclusión escribe:
Mi reflexión de hoy es que no basta con informar a las adolescentes de que no es normal que su novio quiera saber donde están, obligue a pedirle permiso, les aíslen de sus amigos, amenacen si no obedecen o presionen para mantener sexo o ciertas prácticas. Tampoco basta con insistir a los padres en la importancia de mantener una comunicación abierta con sus hijas e hijos para saber sobre sus relaciones y poder detectar si se dan casos de violencia camuflados de amor.
Necesitamos una educación sexual y afectiva que no se quede solo en estar aprobada legalmente, sino que se organice a nivel nacional que compita contra lo que ven en sus pantallas: los discursos machacones y constantes de que tienen que ser dominantes o 'machos alfa'. Pero también que desmonte los vídeos pornográficos que les enseñan a perpetrar esa violencia.*
El primer párrafo que citamos se destruye por la propia autora que finalmente debe reconocer el problema, su aumento y la necesidad de hacer algo para evitarlo desde la familia o la educación.
Que los comportamientos abusivos que se dan en estos comienzos se trasladarán a otros similares, con crecimiento de la violencia conforme se avanza en el tiempo es otro hecho sobre el que insistimos con frecuencia. Chocamos aquí con los tópicos sociales sobre la infancia y en especial de la adolescencia, como si fuera algo que se olvida al llegar a una edad más adulta. Esto es radicalmente falso. Hay continuidad en muchos casos, tanto en el modelo de agresión o control como muchas veces en el papel de las víctimas, cuyo perfil los agresores aprenden a detectar. El último caso en nuestra prensa muestra la carrera previa por separado de agresor y de víctima con diferentes parejas. No es un caso único. Tropezamos en las mismas piedras. El agresor busca su víctima, aquella que ha normalizado la violencia, que se siente culpable por "provocar", que se cree los argumentos del agresor, etc. Si se resisten es cuando aumenta la violencia y llega a sus extremos más sangrientos.
Esto es lo que están detectando estudios que se liberan de tópicos culturales, de mitificaciones de la infancia (inocencia) y de la juventud (aquel ¡divino tesoro!). Estos tópicos son absolutamente engañosos y sirven para camuflar comportamiento que, lejos de cambiarse con la edad, aumentan en su violencia. El descenso de las edades y el aumento de la violencia (ataques, violaciones, control, etc.) en ellas es preocupante, como tiene que acabar reconociendo en su blog la autora.
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| Save the children |
Un aspecto también preocupante es que siendo la falta de control de las redes sociales un factor importante se muestran resistencias por el gran negocio resultante. Hemos aprendido a hacer caja con los problemas, por terribles y destructivos que estos sean. Siempre ha existido, pero nunca con las dimensiones globales de un mundo mediatizado. Las luchas contra los mecanismos creados para asegurarse la adicción a las redes están destruyendo la cultura borrando el pasado en beneficio de un presente efímero y trivial. Es anónimo e incontrolable, lo que crea unos efectos desastrosos sobre las personas en edades de formación. Esto, insisto, nos lo dicen todos los días desde múltiples puntos, pero los millones diarios que esto genera se anteponen.
El resultado en un sociedad inmadura, inculta, inestable y violenta; una sociedad de soledades no compartidas o compartidas ahora con la IA; aumentan los suicidios, las enfermedades mentales...
En una sociedad así no es extraño que los más débiles lo paguen. En este caso, el aumento detectado del machismo vuelve a hacer a las mujeres víctimas claras del acoso en redes o en calles, de la violencia en sus hogares o con sus parejas. Que esto se normalice entre los jóvenes nos lleva a ese segundo gran problema, el de la organización machista y el ideal de volver a una sociedad patriarcal y autoritaria, que se muestra como efecto del caos creciente.
La paradoja, que debería hacernos reflexionar, es que es al feminismo, a la igualdad de derechos, etc. a los que se acusa por el aumento de la violencia al transgredir el orden natural. La violencia se justifica y crece, deja de ser una patología social. El violento trata de reinstaurar el orden. Eso es lo que mostraba la pancarta ultra que se puso contra el 8-M: feminidad contra feminismo.
El blog comienza con una idea y termina con otra. Entre medias los datos.
Estamos perdiendo el control porque perdemos la capacidad de generar valores. Hay que enfrentarse a los problemas, comprenderlos e intentar solucionarlos. De otra forma...
* María Mariño (El blog de Lilih Blue) "Si hay violencia en los primeros noviazgos, continuará en la vida adulta" 20minutos / Mujer.es 10/03/2026 /https://www.20minutos.es/mujer/blogs/el-blog-de-lilih-blue/si-hay-violencia-los-primeros-noviazgos-continuara-vida-adulta_6941270_0.html


























