Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
Encuentro
en Egyptian Streets de finales de
enero un interesante artículo, firmado por Sara Abdelaziz, que lleva por
título "Real Egyptology? The Public Doesn’t Want to Hear It"*, en
donde se plantea una cuestión de gran interés en muchos campos más allá de la
"egiptología".
Se trata de un problema que comienza a ser grave y es el
conflicto entre lo que podríamos llamar lo
serio y el creciente influjo de lo trivial y fantasioso, convertido hoy en "atractivo".
Esto es especialmente marcado en la lucha de disciplinas como la Egiptología
que debe luchar contra la fantasía creada por el uso de Egipto, de un Egipto
fantasioso, atractivo, mítico que siembra lo contrario a lo que la Ciencia
trata de establecer como "lo sabido", "lo conocido" hasta
el momento.
El artículo comienza contando el conflicto presentado en un
programa televisivo en el que mostraban dos posturas, la del egiptólogo egipcio
Zahi Hawass y el podcaster norteamericano Joe Rogan, un diálogo imposible.
Sara Abdelaziz
escribe:
Often times, the trigger was a story, a myth,
an interpretation, a Wikipedia entry, an esoteric blogspot page, some hearsay
on Reddit, an AI-curated video circulating on TikTok which were all packaged to
me as a fact. Regular folks with an interest in ancient Egypt will dabble in
theories written by amateurs and confront me with them. Exactly as Hawass says,
“when someone comes to you with a theory, they have to have an Egyptology
background,” and armed with an ideally copious list of published scientific
articles at minimum.
The truth is, I do not know a single Egyptologist who hasn’t
struggled, at some point, with how to present Egyptology to a general audience.
As a relatively junior scholar with ten years in the field, I have often found
it challenging—much to the indomitable chagrin of my family—to answer questions
with real confidence.
And that is because, two key truths about
Egyptology stand strong: it is a scientific discipline, and like any science,
its theories can be tested, and either supported or disproven.*
[trd. Google] A menudo, el detonante era una historia, un mito, una interpretación, una entrada de Wikipedia, una página esotérica de un blog, algún rumor en Reddit, un vídeo viral de TikTok, todo presentado como un hecho. Personas comunes interesadas en el antiguo Egipto se adentran en teorías escritas por aficionados y me las presentan. Tal como dice Hawass: «Cuando alguien te presenta una teoría, debe tener conocimientos de egiptología», y, como mínimo, contar con una extensa lista de artículos científicos publicados.
La
verdad es que no conozco a ningún egiptólogo que no haya tenido dificultades,
en algún momento, para presentar la egiptología a un público general. Como
investigadora relativamente joven, con diez años de experiencia en el campo, a
menudo me ha resultado difícil —para gran disgusto de mi familia— responder
preguntas con verdadera seguridad.
Y eso
se debe a que dos verdades fundamentales sobre la egiptología se mantienen
firmes: es una disciplina científica y, como cualquier ciencia, sus teorías
pueden ser puestas a prueba y, o bien confirmadas, o bien refutadas. *
La lucha entre el conocimiento científico y el fantasioso es cada vez más frecuente debido al abandono de la "seriedad" en beneficio del "atractivo",
de lo que nos gusta, de lo que atrae a un público que prefiere que todo se le
envuelva entre perfumes atrayentes a tener que luchar por comprender. Cualquier
método es bueno si consigue atraer lo
suficiente, que pasa a ser la medida de casi todo.
Hay campos en los que esta divergencia es menor, pero crece
en función de la dificultad del propio campo, es decir, de la cantidad de
conocimientos requeridos para que se produzca la comprensión. Cuando las
fantasías están más presentes que el conocimiento riguroso en un campo
determinado, las distorsiones, los mitos, etc. aumentan. En la Egiptología
supone, como señala Hawass, tener que luchar contra las fantasías egipcias
producidas en los medios, la literatura, etc.

Puede invertirse el estatus de los campos y lo fantasioso
desplazar a lo científico. Esto es consecuencia de elementos, claro está,
puramente económicos. Es más rentable la fantasía que lo real conocido. Pero es
también culpa de la propia forma de comunicarse del campo científico, negando
el valor a la "divulgación" y magnificando la "comunicación
entre pares", creando una burbuja de intereses. Hoy pagamos las
consecuencias de esto en muchos campos en donde se dejó a las fuerzas del
mercado el poder comunicativo. Hoy la comunicación científica es un gran y caro
negocio, aunque no llegue más allá de los centros de investigación o las
facultades. Para ello se han creado múltiples recovecos y gestionar los
intereses del campo pervirtiendo muchas veces el ideal inicial de mantenerse
alejado del "mundanal ruido".
Me imagino que no es fácil ser egipcio, ir por el mundo y que te pregunten por las momias y sobre quién construyó las pirámides.
El abandono de la idea "ilustrada", de que la
función del conocimiento científico es acabar instalándose en la sociedad
ampliamente para una mejora cultural se acabó pagando.
El debate entre el egiptólogo y el podcaster es un espacio de conflicto entre dos formas distintas de
gestionar la información, determinar la función del conocimiento y su ajuste a
los públicos. Es el debate entre saber y estar entretenido.
Al egiptólogo le toca luchar contra las momias cinematográficas, contras los extraterrestres creadores de las pirámides, etc. En cada campo le toca a cada uno luchar con sus propios mitos y fantasías.
* Sara Abdelaziz "Real Egyptology? The Public Doesn’t Want to Hear It"
Egyptian Streets 27/01/2026 https://egyptianstreets.com/2026/01/27/real-egyptology-the-public-doesnt-want-to-hear-it/