jueves, 8 de octubre de 2026

Maricarmen

 Joaquín Mª Aguirre

La muerte de Maricarmen alteró los noticiarios, modificó las programaciones. Todos buscaban reacciones ante lo inesperado, su fallecimiento. Una vez más, la vida se encargó de desbaratar los planes que unos y otros tenía. Hace unos minutos les preguntaban a dos jóvenes en la Puerta del Sol si lo que se decía sobre "asesinato" debía ser considerado literalmente. Con buen criterio, hablaron de una "muerte adelantada", de ser "pacíficos", de velar por la paz y la limpieza del espacio que ocupaban. No son violentos, dijeron. Se curaban así de los intentos de desvirtuarlos, de provocarlos, de llevar al terreno que les interese lo que es una reivindicación global de la sociedad española y no el enfado de unos cuantos jóvenes.

Maricarmen le puso hechos y cara, historia, al problema general de la vivienda en España, convertida en una forma especulativa de empresa para acabar de explotar a los inquilinos. Hemos comprendido con su caso el funcionamiento de la vivienda, al menos de una parte, todo hay que decirlo, creciente.


Estamos pagando muchos el viejo consejo del invierte en casas, un valor seguro y siempre en ascenso, que no se devalúa. Lo malo es que ese "valor seguro" es inseguridad para quien lo habita, convertido en cliente y víctima, ante la inacción de los poderes públicos, muchas veces seducidos por el valor de lo turístico, de la atracción de buenos pagadores, los turistas, que se renuevan cada pocos días. Las campañas contra los llamados "mochileros" dejaba claro a quién recibimos y a quién rechazamos.

Convertir las viviendas en una especie de hoteles es más rentable en su país que se ha ido decantando con el modelo turístico, uno de los más especulativos y de los más necesarios para la gente. La casa no es como elegir tener coche, que hay alternativas. La transformación turística de España es su conversión en un espacio de explotación especulativa, de inseguridad vivencial.


Ese modelo tiene, además, una precariedad laboral (se contrata en temporadas, festivos, puentes...) muy elevada y tiende a pagar muy poco, algo que es aceptado ante la falta de otro empleo estable. Los inquilinos, cobrando menos, no pueden afrontar las subidas brutales de los alquileres, muchas veces disuasorios para que se vayan. Los pensionistas son víctimas perfectas; igualmente los jóvenes.

Maricarmen era un ejemplo de libro. Representaba para jóvenes y viejos el problema español. Como ella misma dijo, es el trato inhumano con personas inhumanas. Escondidos tras fondos, tras empresas, se encuentran personas que han invertido en el sector por lo que produce y no por lo que supone. El problema de la vivienda es considerarla como cualquier otro medio de enriquecerse. Tampoco necesita un especial trabajo o amor: es una inversión y así se ha dejado crecer. Los reclamos apara invertir de nuestros políticos locales ha hecho el resto. Han sido incapaces de ver los efectos negativos que tenían directamente sobre los inquilinos e indirectamente sobre toda la población.


Las manifestaciones en ciudades en las que no pueden vivir ya los locales, tanto por superpoblación como económicamente por la elevación constante de los precios demuestran la falta de visión (o el exceso de intereses) de nuestras autoridades responsables.

Que los empresarios salgan cantando el derecho a la "propiedad privada" es consecuente con esta sintonía con las autoridades políticas y su ceguera. El modelo del beneficio ha superado ampliamente el de la responsabilidad social, que son solo palabras bonitas útiles en campañas electorales. Muy español esto.

La muerte de Maricarmen es noticia en todos los diarios y noticiarios del mundo, como nos muestran los telediarios. Su caso es visto como parte de esa España que les viene bien criticar porque quizá sus fondos están invirtiendo en España más de lo aconsejable. El dinero no retorna; se pierde muchas veces por paraísos fiscales.

En lo que a nosotros importa, Maricarmen ha pasado de ser un referente vivo de un problema nacional, a ser un aviso de sus consecuencias y un impulso para la resistencia. Escuchando a los políticos, todos consideran a Maricarmen como partidaria de sus posiciones y enemiga de sus enemigos.

Morir es algo más que dejar de vivir cuando te has convertido en un símbolo. Y Maricarmen ya lo era, era la cabeza visible, el ejemplo perfecto de todos los males que el sistema acumula sobre la vivienda, un gasto indispensable. Lo entendieron todos. Su ánimo, entereza, capacidad de resistencia... animaba a todos.

Ahora llega el momento de los cantos y de las distorsiones, de fabricar una Maricarmen más o menos próxima a su realidad. Se repiten sus frases y se nos muestran sus imágenes. Maricarmen ya es leyenda en esta España triste, llena de complejos y desajustes, de tópicos y crueles realidades que se acaban tapando.

Lamentamos su muerte. Con ella se ahorro el lavado de cara del problema de su vivienda a cargo de los responsables dispuestos a mostrarse magnánimos. No ha hecho falta. El conflicto sigue y Maricarmen podrá ser siempre invocada como lo que fue, una resistente, una injusticia viviente, una demostración de cómo la inhumanidad es rentable, incluso prestigiosa en este extraño mundo.

Su muerte estará presente, directa o indirectamente, marcando la campaña electoral próxima, pues no puede ser ignorada por nadie. Se convertirá en objeto arrojadizo de unos contra otros. 

Descanse en paz quien tanto luchó. No pudo morir en su casa, pero eso cierra el mito.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Elecciones mediáticas

 Joaquín Mª Aguirre

El esbozo del comportamiento político de cara a las elecciones empieza a cumplirse con el apocalipsis de fondo.  Estamos en la pre precampaña y ya están los cuchillos afilados haciendo sangre. Los medios se ven obligados a aceptar a los políticos en sus páginas y pantallas, en sus emisoras. Algunos lo hacen con gusto. Habrá que hablar algún día de los medios voceros de partidos o de los profesionales pasados a la propaganda. Eso del periodismo independiente ha pasado a ser en muchos casos un tópico, más que una realidad. La presión sobre ellos aumenta. Uno mira casi con envidia la situación norteamericana con un presidente que muestra abiertamente sus odios y amores informativos. Aquí todo es más sutil.

Los políticos necesitan de los medios y de sus profesionales. El control del discurso se hace fundamental; hay que huir de las situaciones de peligro informativo, es decir, que te aprieten demasiado las clavija, que te desmonten las respuestas demasiado inquisitivas.

Esto hace prosperar medios y profesionales que se han adaptado a ello y les crea dificultades a los que tratan de hacer una labor independiente. La polarización de las audiencias trabaja también en contra de la objetividad, ya que quieres que te repitan lo que ya crees. Unas audiencias polarizadas buscan unos medios partidistas; si a esto le sumamos las acciones agresivas, difamatorias, manipuladoras, etc. en las redes sociales, el panorama no es muy bueno para los independientes.

En este contexto muchos prefieren elegir la corriente por la que navegarán, apostando mucho a las victorias de unos u otros. Quien gana sabe que tiene un periodo de agradecimiento mientras están en el poder los suyos.

Desde un punto de vista social, esto es un gran desastre informativo. Hubo un tiempo lejano en España en que la prensa era poco creíble al informar de la realidad; la gente recurría a emisoras en el extranjero, a la prensa importada a escondidas. No es que "la verdad estuviera afuera", pero sí que costaba encontrarla.

El caso Watergate, con la prensa acorralando a un presidente norteamericano y haciéndolo caer, elevó el techo periodístico y llevó a mucha gente en todo el mundo a estudiar Periodismo. Los tiempos han cambiado y, siguiendo con el ejemplo norteamericano, parece que nada puede hacer caer a un presidente, que se agarran al poder con uñas y dientes.

Las toneladas metafóricas de información diaria han traído, más que objetividad, manipulación a grandes dosis. Estamos en el mundo de las medias verdades, los bulos, la desinformación, la contra información, etc. Es el mundo de los comunicadores que ya no buscan la verdad sino la forma de obtener la respuesta adecuada a sus intereses a través de la información, de la multiplicación de fuentes. En un mundo en el que no se puede comprobar casi nada, se puede decir casi todo.

La convocatoria desata la histeria comunicativa. Todos se multiplican ante los micrófonos, convocan ruedas de prensa y encadenan entrevistas, emiten comunicados afirmando y desmintiendo. Hablan poco de lo que piensan y mucho en desmentir lo que otros dicen.  Ese es el juego.

Los cálculos se hacen sobre encuestas, otro de los grandes negocios políticos. Con una más fiables que otras, claramente partidistas, unas alientan el miedo a que vengan los vándalos opositores, mientras que algunas tratan de invocar optimismo, un sentimiento peligroso, pues da por seguras victorias inexistentes, meros deseos. Más vale mantener la inquietud, sembrar cierto miedo en el ambiente, lo que lleva a contar con el entusiasmo en mítines y desfiles. Pero, ¡cuidado!, esto también puede cansar, máxime en campaña y precampañas tan largas.

El País


Los medios son importantes cuando hace apenas unos días no se tenían demasiado en cuenta. De repente, el político de turno saluda y sonríe. Estrecha manos. Eso afecta también a los periodistas, que son llamados una y otra vez en función de su éxito con lectores, oyentes o espectadores.

El político trabaja sobre esas tres condiciones para llegar a la gente, para reforzar a los suyos y tratar de captar a los indiferentes, a los robinsones mediáticos, centrados en sus islas. Las redes complican un poco el proceso. No todos pueden ser Trump y tener su propia red social, lo que le permite cierta independencia, respuesta inmediata y darse el gusto de manipular él solito. Eso ha creado un vínculo que, aunque le critiquen duramente, envidian,

No me gustaría que estas elecciones expulsaran al resto del mundo de los medios, que se centraran en uno y otro bando y desapareciera la realidad restante. Sé que eso no es el deseo, pero tienen que aguantar la presión política por aparecer en los medios y repetir una y otra vez lo mismo.

La política española se ha simplificado haciéndose primaria, básica, por un lado; a la vez se ha vuelto más compleja al fraccionarse y obligar al electorado a atender ese mensaje constante entre nosotros: el del llamado "voto útil", que es la forma de atraerlo para unos asegurando utilidad y dejar fuera a los más próximos. En realidad no se compite con los de la oposición, sino con los que compiten por tu voto, los próximos. Eso nos lleva a tener doble lucha, con el opuesto y con el próximo.  Una guerra total.

El Mundo

martes, 6 de octubre de 2026

El apocalipsis electoral

 Joaquín Mª Aguirre

Estas elecciones se presentan apocalípticas según los partidos. El mensaje es sencillo: si no se les elige a ellos, llegará el fin del mundo, al menos del conocido. La campaña se ha iniciado desde el momento mismo en que se anunciaron las elecciones, ayer mismo a primera hora. Mientras todavía especulábamos sobre si se adelantarían las elecciones, ya estaban dando el mitin.

A unos le ha pillado el anuncio mejor colocados, a otros con la casa empantanada. Pero las líneas ya están claras, las estrategias generales definidas.

a) Si no gobernamos nosotros llegará el desastre.

b) Todo lo malo viene de etapas anteriores, con los otros al frente.

c) Lo que no se ha hecho, lo que no se hizo, fue porque el otro lo impidió, puro sabotaje.

Con estas sencillas líneas, cada uno en su versión, pero manteniendo el guion básico, comienzan lo que algunos llaman la "pre campaña". Esto es relativamente cierto pues en la política española actual todo es campaña, solo varían las formas o las maneras de presentarse.  Desde el momento en el que los comunicólogos, pragmáticos ellos, sustituyeron a los ideólogos, marcaron un único punto en su programa electoral: ganar. Todos los caminos llevan a la "Roma española", a La Moncloa y sus aledaños.

Esto ha generado un tipo especial de político muy diferente al modelo anterior, que se basaba en otro tipo de experiencias y principios. El nuevo político es circunstancial y desmemoriado, es decir, puede decir lo contrario de lo que dijo si las circunstancias así lo aconsejan. De esta forma le ha recordado (¡Ay las grabaciones!) a Sánchez sus palabras, firmes y convincentes, de que no aceptaría la puerta trasera de la Diputación Permanente para aprobar nada, mientras que ahora todos sospechan que es lo que hará para lo que presente para el "problema" de la vivienda.

No sé si es bueno que hayan coincidido (o provocado) las elecciones con las marchas y acampadas por un problema que es algo más que político, pero muy aprovechable  para las disputas. La tranquilidad y el tiento que este problema requiere no casa bien con la desmesura y distorsiones de una campaña electoral que ya se anuncia como a cara de perro, bronca y sin límite por lo que todos se juegan.

Las tres líneas señaladas anteriormente ya están funcionando. La línea del final apocalíptico si gana el otro funciona en la gran polarización que se ha construido. Es una táctica eficaz que tiene sus efectos, el primero de ellos, es la conversión de la otra parte en un enemigo irreconocible y deshumanizado. Los estamos viendo como resultado en otros países (no es casual) donde son llevados a extremos de guerra civil. Estamos asistiendo en Hispanoamérica al encumbramiento electoral de hijos de gobernantes condenados por corrupción, intento de golpes de estado (Fujimori, ahora Bolsonaro), lo que nos lleva a la idea de que el votante se atrinchera alrededor de figuras poco democráticas, que es una forma de justificarlos. Si bien las condiciones son distintas, nada impide pensar que se puede llegar a justificar muchas cosas a sabiendas de que serán "perdonadas" con el voto de los seguidores, que lo aceptarán todo. No hay que ver las cosas como distantes, sino como probabilidades de que las acabemos aceptando. Si el otro supone la destrucción, votar es un acto defensivo, de defensa propia. Y si el voto no funciona, quedan otros recursos, cualquier cosa para evitar el apocalipsis.

Este miedo es el que utilizan para asegurarse el voto, por un lado, y las acciones consiguientes para evitarlo, por otro. Haga lo que haga, siempre será en defensa del ciudadano, del país, de las instituciones, de los principios democráticos.

El peculiar sistema español, con su tripe dimensión, de lo local a lo estatal, pasando por lo autonómico, ha tejido un laberinto de competencias y un activo juego de reproches. El responsable es siempre el otro, por acción u omisión. El político español siempre tiene alguien que hizo o no hizo. Esto también ha producido un personaje de excusa fácil y poco preocupado por el ciudadano, confiándolo todo a los comunicólogos que le explicarán la forma más eficaz de tratar la excusa o la queja. Recomiendo que vean la película Digger, recién estrenada, para comprender bien esta forma de trabajo. La distinción entre hechos (lo que ocurre) y relato (la forma de contarlo) es lo primero que aprende el político actual, inmerso en un universo mediático y de redes.

Con una mano se construye el discurso; con la otra se destruye, distorsiona, manipula el discurso ajeno. Trump es un buen ejemplo de esta forma de batalla que convierte el día a día en campaña permanente, un modelo al que se nos arrastra o que seguimos gustosamente, como prefieran.

El hecho es que han lanzado la señal de salida con el anuncio electoral, que es una forma de marcar fechas e intensificar el tono, de tirar de hemerotecas, de debates en los que no se escucha, de explicar lo que el otro ha querido decir, pero no ha dicho.

Las acampadas por los problemas de la vivienda han servido para despertar conflictos callejeros, provocaciones que se traducen en violencia porque hay que ajustar hechos y palabras. Esperemos que esta precampaña y esta campaña no supongan un exceso de violencia. El efecto acumulativo de las tensiones no se ha podido comprobar todavía, pero puede que lo experimentemos pronto con estallidos incontrolados. La presión mediática, ya sea por las redes o por los medios tradicionales, es grande y acumulativa, puede estallar en cualquier momento si se ven demasiado en el aire los resultados.

Aumentar la presión tiene sus riesgos; responsabilizar a los otros de todo, también. Hay que crear fanáticos que acepten sin fisuras los mensajes. Eso también es peligroso.

Lo cierto es que cada vez es más difícil votar, ya sea por falta de confianza, hartazgo o descontento con las formas. Democracia es algo más que votar; es convivencia y sana discrepancia, debate más que discusión. No es lo que vemos con la polarización buscada. Hay que mirar los hechos y dejarnos seducir menos por las palabras. España tiene problemas; lo malo sería que se empiece a pensar que los políticos son parte de él o, peor, causa.

lunes, 5 de octubre de 2026

La margarita electoral

 Joaquín Mª Aguirre

La cuestión está en todos los medios, en todas las sedes políticas. La margarita electoral —¿elecciones ya sí o no?— se deshoja en múltiples redacciones y despachos. En pleno desagarro social con las crisis abiertas, especialmente con lo que reivindican un cambio en la vivienda, convocar elecciones se ha convertido en una cuestión esencial. Pero ¿lo es?

La crisis de la vivienda ha llevado a una crisis más amplia, la del modelo políticos que mucho me temo las elecciones no van a resolver. Sin ir al origen del problema, difícilmente se va a solucionar. Hay que tratar de entender cuál es el efecto y cuál la causa. Si no se entienden las causas profundas, poco podemos hacer. Solo tenemos asegurada la repetición constante de los problemas.

La realización de los dos decretos (¿por qué dos?) sobre vivienda en apenas unas horas nos ha mostrado lo inútil de los resultados de trabajar de esta manera sobre problemas que llevan décadas entre nosotros. Su retirada a las primeras de cambio ha sido la confirmación de esta ineptitud frente a resolución de los problemas.

¿Cómo es posible que tras décadas entre nosotros no se vaya a soluciones válidas, coherentes? Quizá porque el problema es más extenso e intenso, afecta a muchas más capas y soporta otros problemas.

En 20minutos se nos describe la cuestión de la vivienda desde la perspectiva de lo que supone para España:

El estallido social por los elevados precios del alquiler y de la compraventa de vivienda ha revelado una tensión que llevaba años latente entre dos grupos de población cada vez más antagónicos. Por un lado, la población que vive arrendada o que busca acceder por primera vez a una vivienda, que enfrenta precios prohibitivos en las principales urbes del país. Y, por el otro, los propietarios, que tienen en la vivienda su principal, y a menudo única, fuente de riqueza. 

Porque el patrimonio de las familias españolas -y de la mayoría de hogares europeos- es eminentemente inmobiliario. Lo que hace que para una capa notable de la población sea beneficioso que los precios de su activo -y de la renta que pueden obtener de él, en el caso de que sean arrendadores- siga subiendo. 

Según las Cuentas Distributivas de la Riqueza, una estadística que publica el Banco Central Europeo (BCE), dos de cada tres euros en patrimonio de las familias españolas adopta la forma de inmuebles. En concreto, hablamos de 5,6 billones de euros netos -es decir, descontada la deuda- en vivienda, suelo, oficina, comercio, tierras... de los 8,4 billones netos al que asciende el patrimonio de los hogares. En euros por hogar, la riqueza inmobiliaria asciende a 288.420. *


A lo largo del tiempo hemos insistido en algo: el problema del precio depende de la capacidad para asumirlo. Una vivienda es "cara" si no dispongo del dinero suficiente, si el sueldo no me llega. Los precios suben y los sueldos bajan, aunque sea en términos relativos, es decir, crecen menos que la inflación. Si me suben el sueldo, pero la subida queda por debajo de mis gastos, de poco me sirve, la situación no mejora. En esta situación, el ahorro se hace imposible, con lo que las posibilidades siguen disminuyendo.

Hace mucho que los españoles descubrimos que la vivienda era un negocio, una inversión, además de un lugar para vivir. Conforme el modelo cambiaba, la vivienda era una propiedad en la que invertir, un segundo sueldo de por vida que les quedaba a los que habían podido invertir. Pagaban, pero el valor crecía con el tiempo. ¿Quién no ha escuchado en un amigo o familiar es consejo sobre invertir en vivienda porque siempre sube su valor? La primera casa en la que viví en mi pueblo de adopción había sido comprada sobre plano por el padre de una compañera. Había comprado tres viviendas, una para cada hijo. Al alquilar las de los hijos pequeños recuperaba parte de lo invertido y dejaba un capital en ladrillos, como se solía decir, a los hijos para su futuro.

En España, poco a poco, a falta de otro tipo de solidez económica, la vivienda era un valor seguro, siempre rendía más y mientras hubiera mucha oferta los precios podrían subir. El problema grave se produce cuando aumenta un tipo de demanda, la turística, que renta más beneficios que la estancia prolongada.

Con motivo del eclipse hemos asistido a precios increíbles por estar unas horas en una terraza con vistas. Cualquier acontecimiento (y buscamos crearlos cada minuto) se traduce en visitantes que dejan su buen dinero en una terraza para ver los pasos sevillanos o para disfrutar del sol unos días o para asistir a un concierto. Lo que se organiza no es por el valor en sí mismo, sino por la amplitud de asistencia que genera, tras lo que corren empresas de todo tipo. Eso acaba destruyendo la idea de normalidad, que es la que la vivienda debería generar como estabilidad, tranquilidad, etc. Se ha convertido en lo contrario.

Da igual que sean los fondos buitres. Ya no es un espacio para vivir, sino un espacio para vivir de él, lanzado al mercado y a la especulación. El dinero en el banco de devalúa; con las viviendas siempre se gana. A esto se ha llegado porque algunos (muchos) ganan más con un alquiler que con su sueldo. Y es menos cansado.

Los problemas sobre algo básico, como es la vivienda, crecen de forma sistémica. No tienen soluciones fáciles porque afectan a muchos y de muchas formas. La vivienda es la punta del iceberg de los problemas.

No creo que las elecciones cambien mucho las cosas sobre la vivienda, sobre todo porque de una forma u otra, hay muchos interesados en que no cambie, muchas inversiones que no están dispuestos a perder o a reducir su rápida eficacia. Si el problema de la vivienda lo transformamos en oferta y demanda, siempre interesará mantener precios elevados para aprovechar la necesidad de otros. Un cambio de perspectiva sería milagroso.

La política dividida es débil, mientras que lo que hay detrás del problema de la vivienda es poderoso. Esto requiere acuerdos inteligentes entre personas inteligentes, algo que hoy no está en el horizonte político español, creado desde la gresca y la polarización. Esto requiere otra cosa.

Más pronto o más tarde, la margarita dirá "sí" a las elecciones. Pero hay que pensar antes en lo que se lleva haciendo mal mucho tiempo.

 PD: Mientras publico esto, salta la noticia, La margarita ha dicho sí ya. Tenemos elecciones anticipadas. Solo hay una incógnita despejada.

* Jorge Millán  "El 'elefante en la habitación' de la vivienda: dos tercios de la riqueza en España es inmobiliaria y el 92% de los propietarios son particulares"  20minutos / La Información Económica 5/10/2026 https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/elefante-habitacion-vivienda-dos-tercios-riqueza-espana-es-inmobiliaria-92-los-caseros-son-particulares_7044313_0.html

domingo, 4 de octubre de 2026

Punto crítico

 Joaquín Mª Aguirre

El problema es sencillo: tenemos un sistema que quiere pagar poco y cobrar mucho. No es de ahora, pero sí hemos llegado al punto crítico, un punto que ya no es posible camuflar ni política ni mediáticamente. Ya no vale lo de ser líderes del empleo si este es precario, mal pagado, intermitente. Todo deriva de esto: poco sueldo y muchos gastos; todo sube menos el sueldo. Un problema fácil de plantear y difícil de resolver, con demasiadas barreras e intereses.

Como no hay sentido social responsable del conjunto, cada uno sube la parte que le toca. Es un sálvese quien pueda. Como hay que vender éxito, la crisis se intenta superar con pequeños trucos, como el de meter una galleta menos en cada paquete o ver que falta líquido en la botella del refresco, que tiene un poquito menos. Son estas miserias, la de mantener el envase, pero meter menos, las que permiten aparentar que no pasa nada. Hasta que a alguien se le ocurra contar las galletas o pesar la botella. No son ejemplos inventados. Los trucos ya se perciben.

Los intentos de camuflar la situación comienzan por el desprestigio. Los que están en la acampada de Sol son peligrosos activistas armados de cuchillos y adoquines. Los grupos de ultraderecha van allí a enfrentarse y tienen que ser frenados por la Policía, como nos contaban ayer.

Leemos en 20minutos sobre esto:

Máxima tensión en la Puerta del Sol ante una concentración de grupos extremistas en la plaza de Cibeles que ha dejado al menos tres personas detenidas. Convocados por Núcleo Nacional e Indignados por España, los manifestantes pretendían avanzar hasta la Puerta del Sol y rodear a los acampados que desde hace más de una semana se manifiestan por la crisis de la vivienda. La Policía ha bloqueado el paso hacia la Puerta del Sol y ha ordenado el cierre de las estaciones de Metro en las inmediaciones: las de Sol, Banco de España y Sevilla. Finalmente, la concentración ultraderechista ha terminado y sus asistentes se han retirado. Los agentes también han comenzado a levantar el cierre de varias calles adyacentes a Sol.* 

Según parece, a la ultraderecha y grupos afines, les debe ir muy bien, no sé si en lo económico, pero sí en lo propagandístico. Juegan a señalar con el dedo violento a los "culpables" de todo, cuna categoría que siempre apunta al mismo sitio de forma encadenada: la culpa la tienen los demás grupos políticos y los inmigrantes que traen a España, ya saben, "unidad de destino en lo universal", sea esto lo que sea.

El punto de deterioro en el que se encuentra España es muy grave y responde a un fallo en los objetivos: antes las generaciones tenían en mente dejar un mundo mejor a sus hijos. Algunos dirán que anteriormente lo tenían más fácil porque salían de una guerra civil y de una posguerra atroz, pero en cualquier caso hay que querer. Una parte de nuestro trabajo es para nosotros, pero otra debe ir a la generación siguiente. Pero desde que construimos una teoría de las generaciones haciendo ver que estas eran "distintas y distantes", desde que se acortaron y superpusieron, la situación ha cambiado. No hay sentido histórico de la sucesión el futuro se lo construya cada uno.

Con el sistema actual, no hay ni sentido del futuro ni de la pertenencia. Cada uno a lo suyo. Los padres acogemos a los hijos, les pagamos lo que podemos para su supervivencia, pero ellos ya no tienen ese sentido de la continuidad porque, entre otras cosas, no se lo pueden permitir. El sistema lo devora todo, es insaciable. Nos empuja a gastar, a viajar, a consumir. Como decíamos, mucho gasto y poco sueldo.

Las quejas por la vivienda son solo una parte, lo básico. Pero son mucho más amplias y van a otras cosas esenciales o que se nos ha hecho creer que lo son. El sistema controla los discursos y nos crea frustraciones. A falta de hijos, buenos son perros y gatos, otra forma de fomentar el gasto.

Pero las protestas por la vivienda dejan al descubierto el sucio papel de gobiernos que no legislan para los ciudadanos, el oscuro papel de la administraciones locales gestionando el terreno de que disponen, construyendo donde no deben o simplemente no construyendo para que aumente el valor de lo ya construido. No conviene demasiada oferta aunque se necesite. Se cumple cuando se protesta y basta, lo justito. Cuando se hablan de los millones de viviendas necesarias da mucho que pensar sobre lo que (no) se ha hecho.

Pero los partidos, que son los que abastecen a las administraciones, están un tanto podridos —como muestran los casos de corrupción con sus "pelotazos" y comisiones— en las alturas y tienen una buena agenda de relaciones.

La ultraderecha y sus tontos útiles intentan convencernos de que todo va bien y que las protestas son intentos de subversión. Por mucho que se manipule el problema para acercarlo a las estrategias propias, el problema existe, la España problemática existe y crece. Si nada se soluciona y se dejan crecer los problemas, la gente sale a la calle y exige soluciones. Lo malo es que la clase política es quien debe darlas y se nos ha mostrado intensamente incompetente, como le interesa a los que les han apoyado desde la sombra.

Esto es un conglomerado de intereses, internos y externos, amparado por los inútiles que hemos puesto al frente de las administraciones, incapaces de gestionar un apagón, unas inundaciones o las soldaduras de las vías de un tren. Hace tiempo que escribimos aquí que habíamos recuperado la palabra "chapuza" para el español. Lo que se debía haber dejado definitivamente atrás ha vuelto con la intensidad de lo cotidiano que se desmorona ante nuestra vista: de las listas de espera a los estudiantes que no comprenden lo que leen, pasando por todo tipo de chapuzas ya asimiladas.

La solución violenta al problema es destruir las acampadas, ya sea desde el ayuntamiento o desde los grupos de ultraderecha. Molesta que los titulares se dediquen a los problemas reales y no a los ataques políticos mutuos o al autobombo.

Los problemas son reales, son problemas de la gente, generacionales, por abajo y por arriba, de viejos y de jóvenes. Pero también de las generaciones intermedias que les deben sostener. Problemas de todos, pero difíciles de asimilar por el sistema.

La violencia no es la solución a ningún problema. Otra cosa es que solo se atienda a la protesta masiva, continuada. Resuelvan los problemas y la gente volverá a su casa, alquilada o propia. La cuestión ahora es si son capaces.

 

* L. Belenguer / J. Martínez "Tres detenidos tras una concentración de Núcleo Nacional al intentar acceder a la acampada de Sol" 20minutos 3/10/2026 https://www.20minutos.es/nacional/manifestaciones-vivienda-hoy-espana-directo-protestas-calles-ciudades-madrid-congreso-tumbar-decretos_7044389_6.html