Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
En
RTVE.es nos traen un problema que ya tenemos desde hace tiempo y que el momento
hace especialmente conflictivo: el uso de Internet como espacio de lucha y
desinformación. El artículo se publicó el pasado día 13 se titula "Nuevos
pasos de la UE para afrontar la desinformación y las injerencias digitales
extranjeras".
Desde
la invasión rusa de Ucrania nos hemos ido acostumbrando al concepto de
"guerra híbrida" del que forma parte la llamada "guerra
cibernética". La guerra híbrida usa diversas tácticas, desde el uso de los
inmigrantes a los bombardeos, de los bloqueos de cuentas de internet y ataques
cibernéticos a organismos a la desinformación en las redes.
Una
parte de la guerra se hace ya en las redes. Esto es claro por dos motivos
esencialmente: la importancia de las infraestructuras cibernéticas para los
países y el alto grado de conectividad y vida social que se ha trasladado a las
redes y a su conjunto, Internet, la red de redes.
A
medida que crecía la importancia en nuestras vidas, el ciberespacio era un objetivo
más apetecible. Igualmente, cuando la informatización ha pasado a ser parte
esencial de empresas e instituciones, su manipulación, corte, restricción o
sabotaje causa un daño mayor. La guerra busca hacer el mayor daño posible y los
ataques y manipulaciones a través de las redes son capaces de hacerlo y muchas
veces de forma más eficaz cuanto más invisibles son los ataques.
El
artículo de RTVE.es nos muestra los pasos que se están dando preparando
acciones legales para 2024, respondiendo a las crecientes amenazas que se
reciben desde el exterior, pero también desde el interior de la Unión Europea:
Las instituciones europeas preparan
un conjunto de medidas que entrarán en vigor en 2024 y que cambiarán las reglas
del juego en Internet. Entre ellas está la Ley de Servicios Digitales que,
entre otros objetivos, persigue regular los algoritmos de las grandes
plataformas y combatir las campañas de desinformación consistentes, por
ejemplo, en el empleo de bots y cuentas falsas. El Parlamento Europeo también
ha aprobado un informe que denuncia a Rusia y China como los grandes focos de
desinformación que pueden desestabilizar las democracias. Propone invocar el
Art. 5 de la OTAN, que activa la respuesta conjunta de esta organización, cuando
un país miembro sea víctima de un ciberataque de envergadura.
Antes de la Guerra en Ucrania o de la
pandemia, las instituciones de la Unión Europea llegaron a la conclusión de que
las leyes que ordenan el entorno de Internet eran abiertamente insuficientes.
El comisario europeo de Industria, Thierry Breton, llegó a decirle al consejero
delegado de Google, Sundar Pichai, una frase que ya se ha hecho célebre: “Internet
no puede seguir siendo el ‘Salvaje Oeste’”. Este es el motivo por el que desde
las instituciones europeas se están preparando nuevas leyes sobre el entorno
digital que, de ser aprobadas, cambiarán las reglas del juego en Internet a
partir de 2024.*

Si pensamos que el origen de Internet está en los sistemas
defensivos de los Estados Unidos, que después pasó a las universidades y
centros de investigación norteamericanos y finalmente se expandió por todo el
mundo con lo que el entonces vicepresidente Al Gore llamó "las súper
autopistas de la Información" como una forma de llevar el poder
norteamericano al terreno mundial de la información, entendemos esa idea del
"salvaje oeste", que es algo metafórico, sí, pero también una
descripción del origen del problema. Los Estados Unidos han controlado todo el
sistema desde el inicio, han impuesto sus reglas y de allí salen todas las
grandes empresas que han creado este universo, de Google a Facebook pasando por
casi todo lo que hay, visible e invisible.
Esto lleva a Europa a tener que buscarse otras formas para
tratar de proteger lo que se ha convertido ya desde hace años en un sistema de
manipulación, desinformación, ciberataques, etc.
Si desde hace años el gran problema era cómo conseguir que
las empresas norteamericanas tributaran fuera de su país por sus pingües
beneficios mundiales, que respetaran las leyes de los diversos países (algo que
no siempre han hecho), que tuvieran transparencia, etc., el problema es ahora
mucho más serio pues las redes han pasado a formar claramente parte de la
guerra. En varias ocasiones hemos hecho referencia aquí a los intentos de
legislar para evitar que los periodos electorales sean el foco de los ataques
desestabilizadores en Europa. Diversos países han tratado de establecer normas
para evitar que sus elecciones atraigan a todo tipo de grupos de hackers,
divulgadores de bulos, etc. en un intento de modificar las lecciones. El caso
más evidente, sin embargo, se produjo en favor de Donald Trump, como fue con el
Cambridge Analytica, una empresa
destinada a la investigación de usuarios de Facebook para usar la información
en campañas electorales y a la destrucción de los candidatos rivales. Su
participación en campañas electorales de diversos países y los vínculos con
partidos de extrema derecha internacionales acabó de completar el perfil del
modelo de manipulación política.

Hoy la Unión Europea identifica a Rusia y China como las
principales amenazas en este sentido en las redes mundiales, es decir, países
con una estrategia clara de manipulación de la información y que han creado
burbujas de acceso al exterior. Filtran la información entrante y saliente y
emiten hacia el exterior con diversos fines. Eso va de deshacerse de candidatos
poco favorables a sus políticas en diversos países a los ataques directos a los
sistemas de cualquier tipo, de bancos a aeropuertos, tratando de crear caos.
La ley es de enorme complejidad y entra en ámbitos que
afectan a diversos tipos de "actividades" en la red, muchas de ellas
estrictamente comerciales, pero otras centradas en el problema de la
desinformación o los ataques:
Parte del paquete de normas europeas
en preparación está recogido en la futura Ley de Servicios Digitales que
pretende regular los algoritmos de recomendación en Internet y la
denuncia de contenidos dañinos o que promuevan la desinformación.
Actualmente esta ley se encuentra en fase de negociación entre los grandes
actores de la política europea: Consejo y Parlamento con la mediación de la
Comisión. Los borradores de este reglamento colocan a la
desinformación intencionada en el centro del debate. Se explica que la
manipulación informativa amenaza la democracia. Promueve tomar medidas
ante capacidad de “generar información falsa o engañosa” (Considerando 68) y se
propone actuar contra “las cuentas falsas, el uso de bots y (...) comportamientos
total o parcialmente automatizados, que pueden dar lugar a la difusión rápida y
extendida de información que sea un contenido ilícito” (Considerando 57).
De llegar a buen término, una de las
grandes novedades de esta ley es que obligará a los grandes operadores de
Internet a abrir su gran secreto, el algoritmo de recomendación (Considerando 64), que hace que unos
contenidos queden por encima de otros en las búsquedas o en los mensajes de las
redes sociales. La regulación de los algoritmos también está en el centro de
otra de las leyes estrella del paquete de normas digitales europeas en
tramitación, la Ley de Inteligencia Artificial, que se está debatiendo ahora en
una comisión del Parlamento Europeo.
Según explicó la eurodiputada
socialdemócrata Christel Schaldemose, negociadora del Parlamento Europeo para esta
normativa, a un grupo de periodistas españoles presentes en Estrasburgo entre
el 4 y el 6 de abril, toda la sociedad en general tiene que prestar su ayuda
para “abrir la caja negra del algoritmo” mediante la
participación de investigadores o de ONG especializadas. El objetivo de medidas
como esta iría más allá del cumplimiento de las normas actuales: “Debemos
hablar de evaluación de riesgos. [Las plataformas de Internet] deben tener en
cuenta también el posible impacto negativo del contenido dañino, incluso cuando
es legal”.*
Quizá se corra el riesgo de mezclar demasiadas cosas en esta
ley, ya que lo que ocurre en las redes es muy variado en su procedencia, significado
y objetivos. El énfasis en dejar al descubierto los algoritmos de recomendación
pone el centro en el aspecto económico, de mercado, de las redes. Se preocupa
por la "competencia" y los mecanismos que la distorsionan. Va a ser
una dura lucha porque será difícil que los gigantes de la industria digital
revelen más allá de lo obvio cuáles son sus secretos, que también tienen
protección. Gran parte del interés europeo ha sido cómo ponerle el cascabel a
Google.

Pero hay otros problemas más allá de los comerciales sobre la
competencia o las maniobras sucias en el mercado por parte de las grandes
compañías. Los problemas de ataques a instituciones, desinformación, etc. que
quizá no sea bueno meter en el mismo saco que los comerciales.
En el artículo se recogen las propuestas sobre cómo tratar los ciberataques:
El 9 de marzo el Parlamento Europeo
aprobó el primer texto de conclusiones de la Comisión
sobre interferencias extranjeras en todos los procesos democráticos en la
Unión Europea, incluida la desinformación (INGE). Los
parlamentarios europeos sostienen que “la desinformación puede desestabilizar
la democracia europea” y señalan con el dedo a los que consideran culpables de
la situación: “Hay regímenes extranjeros, como Rusia y China, que utilizan
estas herramientas en línea a gran escala para influir en el debate público en
los países europeos”.
A la hora de hacer sus
recomendaciones el informe INGE sostiene que la “Unión y la OTAN
deben adoptar un enfoque más prospectivo y estratégico en materia de amenazas
híbridas” e incorpora a su texto la tesis de la Alianza Atlántica cuando dice
que los ataques informáticos pueden ser un acto de guerra: “Un ciberataque
conllevaría la invocación del artículo 5 del Tratado de la OTAN, (...) [pues]
el impacto de una acumulación de actividades cibernéticas malintencionadas
significativas podría considerarse, en determinadas circunstancias, equivalente
a un ataque armado”. Si bien los ciberataques y la desinformación
interesada buscan desestabilizar a instituciones o países por medios digitales, son
dos técnicas diferentes. Un ciberataque usa la tecnología para, por
ejemplo, inutilizar los ordenadores de un servicio público o una empresa a
través de un virus. En cambio la desinformación se basa en la difusión a través
de redes de bulos o engaños con la intención de ocultar los hechos, confundir a
la población o sembrar la desconfianza en las instituciones.**
Lo importante
aquí son esas ambiguas "determinadas circunstancias" que, si se
asemejan a un ataque convencional, nos adentran en un campo peligroso. No se
trata evidentemente de restarle importancia sino de saber dónde están los
límites, algo que no es sencillo de establecer. Solo los efectos podrán llegar
a un cierto ajuste. Es decir, si los efectos del ciberataque causan "daños",
entre los que se podrían producir muertes obviamente, que puedan ser
equivalente. Estamos asistiendo a la masacre del pueblo ucraniano a manos de
Rusia sin que la OTAN o Europa pueda hacer ciertas acciones de apoyo o defensa.
¿Tendremos las mismas contenciones en los ciberataques según quién sea atacado?
El tipo
de respuesta es importante, desde luego, por eso lo esencial pasa a ser las
posibilidades de defensa. Es mejor prevenir. Al igual que se va a invertir en presupuestos
militares de defensa, las inversiones en mecanismos de defensa cibernética debe
ser una prioridad, máxime teniendo en cuenta que un ciberataque puede tener
consecuencias más dañinas que ataques convencionales según los desastres
causados.
Desde
hace tiempo esto debería ser una prioridad, pero lo efectos que tiene
protegerse parece que no gustan a todos en la medida que supone ciertos tipos
de limitaciones, pesando de nuevo el factor económico comercial.
En
estas décadas pasados se ha creado un orden abierto, global y del que el
ciberespacio es un importante contribuyente, lo que ha sido aprovechado en su
contra por los que los usan para destruir ese orden a través de la guerra
informativa y los ciberataques.
Desgraciadamente
es más fácil atacar que defender, distribuir información falsa que verificarla.
Es indudable que esto es un problema o, mejor, varios problemas que a lo mejor
sería más conveniente tratar por separado ya que sus problemas pueden ser
distintos. Entre el hackeo de empresas y centros de investigación, instituciones
oficiales, servicios aéreos, control del tráfico, etc., por ejemplo, y las
maniobras de desinformación hay enormes diferencias, lo que no convierte una
cosa en mejor que otra, sino en diferentes. Son diferentes, sobre todo, en la
forma de defendernos de ellas, que deben ser precisas y eficaces.
Un ley
que intente regular todos los problemas que se producen, todo los conflictos
habido en la red, que mezcla países y empresas, instituciones y particulares es
demasiado complicada para dar soluciones satisfactorias a todo ello. Ya el
artículo refleja desacuerdos entre diversas interpretaciones de los
eurodiputados. Y estas se acabarán acentuando conforme el énfasis se ponga en
diversos aspectos. Hay que vigilar y prevenir cada problema aislándolos
convenientemente, pero sin perder de vista el conjunto. No es fácil, pero de
otra forma se corre el riesgo de hacer un texto que deje demasiados huecos y
que plantee demasiadas incógnitas.
Esta bien hacer leyes que nos protejan, pero esto servirá de poco sin grandes inversiones en la vigilancia y la potenciación (como se dice para los sistemas de verificación) de las defensas institucionales y ciudadanas. También habrá que tener en cuenta, como es cada vez más evidente, los problemas internos de la propia Unión, nuestros focos de desinformación, ciberdelincuencia, etc.
Desgraciadamente,
el espíritu de concordia y humanidad, de universalidad que acompañó los inicios
de la Red han quedado sustituidos por los intereses comerciales, políticos y bélicos.
Una oportunidad de confraternizar perdida. Era una hermosa utopía pensar en el ciberespacio solo como un espacio de paz donde compartir lo mejor.
*
Xavier Obach "Nuevos pasos de la UE para afrontar la desinformación y las
injerencias digitales extranjeras" 13/04/2022
https://www.rtve.es/noticias/20220413/nuevas-leyes-europeas-servicios-digitales-desinformacion-ciberguerra/2331100.shtml