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domingo, 12 de marzo de 2017

Ese Sisi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Este mundo se ha hecho muy pequeño y eso deja pocas posibilidades a poder distanciarse por muy lejos que te vayas. La queja viene de Bassem Youssef, el humorista azote de los gobiernos egipcios. En estos tiempos de propaganda, se lleva mal el humor y Youssef ha sido perseguido e incordiado desde que saltó a la fama en la época de la Revolución del 25 de enero.
Su éxito fue enorme criticando al poder. Y ocurrió algo muy egipcio. Bassem Youssef había criticado a los militares y después criticó a los islamistas de Morsi, que le pusieron en su punto de mira. Youssef se convirtió entonces en el ídolo del humor en Egipto, todo eran buenas palabras.
Tras producirse el "no-coup" que supuso la caída de los islamistas, Youssef se puso tan contento como casi todos y volvió a retomar sus show crítico con el poder. La sisimanía pronto le pareció terreno abonado para el humor y la sátira política, que es su especialidad. Y entonces ocurrió. El que había sido el héroe del humor, el que había sido perseguido por todos los anteriores, que se veían vapuleados con las parodias acertadas que Youssef realizaba, empezaron a considerarlo como un "enemigo del pueblo". Pronto, el idolatrado humorista al que todos habían admirado y con el que todos habían reído empezaron a insultarle, a considerarle un agente extranjero, un traidor, etc., es decir, todo aquello que los egipcios dicen cuando su mito particular se ve tocado por el humor.
El pueblo que presume de tener un enorme sentido del humor, empezó a perseguirle hasta conseguir que su programa fuera cancelado y tener que irse de su país. Conocido como el "Jon Stewart egipcio", Bassem Youssef se fue a hacer las Américas acogido por el país que no entendía que todos los que llegaban al poder se enfrentaran a él y lo vieran como enemigo.

2013

Egyptian Streets se hace eco de un artículo publicado en The New Yorker. Lo hace con el título "Bassem Youssef Accuses Egyptian Government of Paying Hecklers in the US". En él se señala:

Bassem Youssef, once the most watched television personality in Egypt, has accused the Egyptian government of paying “conservative Egyptians” to heckle his performances in the United States.
In a Facebook Post, the doctor-turned-comedian shared an article by The New Yorker that covers an incident in which he was heckled.
“Funny that when I finally made it to be in a story in the New Yorker it would be about that time when hired hecklers by the regime tried to sabotage my show in New York. The New Yorker was there to witness the whole thing,” said Youssef, also known as the Jon Stewart of Egypt, on Facebook.
In the article, Youssef and his manager, Maha Nagy, discuss how there are often several ticket holders at his performances who are there to disrupt his performances.
“These people are paid hecklers,” explains Youssef, describing the hecklers as “older than the rest of the crowd” and “wearing baggy suits and not laughing.”
Nagy adds to this, adding that it happens at every show.*


La persecución a Youssef revela dos cosas. La primera es  el odio a Bassem Youssef, el ídolo caído. En la mentalidad actual, Youssef es un traidor, alguien que se dedica a difamar a Egipto en el exterior. En realidad es un testimonio de la intransigencia, uno de los peores males sociales que explican lo que ocurre en el país, la incapacidad de unos y otros de establecer un sistema de convivencia armonioso. En segundo lugar, es el recordatorio del fracaso en la convivencia.
Bassem Youssef les recordaba cada día que el sistema que aceptaban como "salvación" era el mismo del que huían y por el que se habían levantado. Pero la ceguera es tan grande que prefirieron renegar de la revolución acusando a los revolucionarios de agentes extranjeros pagados para destruir Egipto antes de reconocer el fracaso en la construcción de un sistema político democrático.

2014

Difícilmente alguien podrá acusar  a Bassem Youssef de "islamista" o de "terrorista". Es único egipcio que siempre ha dicho y hecho lo mismo. Incluso cuando le atacaron. El artículo, firmado por Andrew Marantz en The New Yorker, explica a sus lectores quién es Youssef y cuáles son las tribulaciones que le persiguen esté quien esté en el poder:

“Religious fundamentalists and military fundamentalists are basically the same,” he said. “They both want to ignore the truth and replace it with propaganda.” When Morsi was in power, Youssef was arrested for insulting the President, insulting Islam, and disturbing the peace. After six hours of questioning, he was let go with a warning. When Sisi took office, Youssef was forced to cancel his show, and decided to leave the country. He now lives in Los Angeles, with his wife and daughter. Last year, he hosted a show on Fusion, a Tocqueville-meets-“Borat” road trip across the U.S.; his memoir, “Revolution for Dummies,” and a documentary about him, “Tickling Giants,” come out this month. “In theory, I can go back to Egypt anytime,” he said. “The only question is whether they would let me leave.”**

La estancia de Youssef en los Estados Unidos es incómoda para el régimen de al-Sisi, que necesita una mejora de imagen. En sus términos, esto quiere decir el control de toda fuente de desprestigio o crítica. La guerra mediática del régimen implica doblegase a las directrices oficiales, abandonando la crítica, por un lado, y en segundo lugar convencer a todos de que su lucha es contra el terrorismo. En estos dos campos, el control mediático es importante, pero hay un obstáculo: la opinión pública mundial no considera que Egipto sea una democracia sino un régimen surgido de un golpe militar. Bassem Youssef es un recordatorio de que se persigue a los que hablan desde un escenario, a los que realizan el humor y la sátira.


El viejo régimen de Mubarak ha ido regresando poco a poco, instalándose de nuevo en el poder y hasta en el parlamento se le pide un homenaje, una vez que los tribunales le van sacando las espinas de los juicios anteriores. No creo que ningún país haya reconocido tantos "errores judiciales" en la misma persona. Y lo que se dice de Mubarak se dice también de los ministros de la época o de los hombres de negocios encarcelados por corrupción y enriquecimiento ilícito. De nuevo en la calle, dispuestos a seguir sacrificándose por el país.
Los shows de Bassem Youssef son molestos para el poder actual, incluso para la sociedad actual. Recuerdan que existe una versión diferente de la realidad a la que los egipcios han pactado entre ellos para evitar reconocer el fracaso de la convivencia, el fracaso de la revolución. Muchas revoluciones fracasan, pero pocas lo han hecho con el aplauso de los mismos que se levantaron en ella. La terrible verdad solo resuena ya en la boca de Youssef: “Religious fundamentalists and military fundamentalists are basically the same”. Los egipcios se limitan a elegir el tipo de dictadura que mejor les conviene.
Youssef cuenta al reportero de The New Yorker que asiste a su show que en cada puesta en escena, siempre aparecen los enviados pagados a reventarlo. Graban los incidentes con sus teléfonos móviles y luego los trucan para que parezca que el show levanta las iras de todos los asistentes.

“They are conservative Egyptians who live here, but they are hired by the Sisi regime to heckle,” Nagy said. “It happens at every show.”
“I can always spot them,” Youssef said. “They’re older than the rest of the crowd, and they all sit in one row wearing baggy suits and not laughing—”
“And then at some point one of them heckles, his friend films it with a cell phone, and they edit the video to make it seem that audiences are rejecting Bassem’s message,” Nagy said.
“Wow,” the manager said. “This is not the kind of thing we usually deal with.”**


Pues no. Esta es la especificidad egipcia para estas cosas. La presencia de reventadores muestra el peculiar sentido del deber que muchos tienen. Puede que no estén ni pagados, que sean voluntarios para hacer ver que son buenos egipcios y que se diferencias de los malos egipcios, de los traidores como Bassem Youssef. Ya se cobrarán el favor en otro momento.
Conozco la experiencia. Hace unos años, con motivo de la presentación de un número una revista de la que soy editor dedicado a la creación de las mujeres en la Primavera árabe, también tuvimos un par de egipcios sentados. "¡A ver qué vais a decir!", le dijeron en árabe a las editoras egipcias. Pues lo que había que decir, simplemente. No creo que les enviara nadie y es probable que aquella noche se sintieran especialmente bien habiendo cumplido con su deber intransigente.
Nos cuentan en The New Yorker:

Twenty minutes in, a chant went up: “Sisi! Sisi!” It came from a few people sitting in the same row. The women wore hijabs and the men wore baggy suits. “Guys, be quiet and pretend to enjoy the fucking show,” Youssef said, and the audience applauded.
One of the hecklers stood up, pointed a shaking finger at Youssef, and shouted, “Why don’t you show some respect!”
“There will be a Q. and A. at the end,” Youssef said. “Can you wait and curse at me then?”
The heckler kept shouting. A man next to her filmed the scene with his phone.
“O.K., we’ll do it now,” Youssef said. He grabbed a chair and sat down, looking exasperated. “Welcome to my life!” he said.
More interruptions followed. Two and a half hours later, Youssef received a standing ovation, left the stage, and collapsed on a couch in the greenroom. Mason stood nearby, eying the crowd as they filed out. “I don’t know who this Sisi is, but, man, those people were heated,” he said. “I deal with hecklers, too, as a comedian, but never anything like that.”**


El momento decisivo es cuando se preguntan por "ese Sisi", al que dicen desconocer, un auténtico bofetón para quienes lo han convertido en el centro, en el "salvador" alabado. La pregunta se la hacen muchas otras personas, millones, por todo el mundo ante el asombro de los egipcios a los que han convencido de que son el centro y todo es conspiración contra ellos. ¿Quién es ese Sisi? Para muchos egipcios, la envidia del mundo, el presidente al que no había que dejar salir al extranjero porque querrían quedarse con él. Nadie llega al poder en Egipto sin el visto bueno de Dios. Eso hace mucho. Pero para los egipcios, el hecho de que los titulares positivos se los lleve Bassem y no el presidente es una muestra más de la conspiración mundial contra ellos.


Una vez más, el efecto causado es negativo. Bassem Youssef sigue siendo el termómetro de las libertades egipcias y, especialmente, del principio de transigencia, que es la capacidad de asumir las críticas e ideas con las que no se está de acuerdo. Ir a reventar los espectáculos de una persona que ya ha tenido que dejar su país es una forma de obcecación muy ilustrativa. Muestra que la sintonía es grande entre la represión y aquellos que la aplauden.


Bassem es el enemigo del pueblo, aquel que les recuerda que no son capaces de escuchar sin rasgarse las vestiduras, sin gritar con voz impostada "¡vergüenza!". Nada gusta más que esta dignidad hipócrita en la que se experimenta el placer de ser juez de otros. Por supuesto, somos jueces porque Dios así lo quiere; no podemos renunciar. Con cada interrupción del show, hemos impedido que el mal se extienda por la faz de la tierra.
En realidad, lo que han confirmado es la falta de libertades, la intolerancia del régimen y la hipocresía que lo sustenta. Da igual que estén pagados o lo hagan gratis. No es más que un tecnicismo. Con cada interrupción le dan la razón a Bassem Youssef.



* "Bassem Youssef Accuses Egyptian Government of Paying Hecklers in the US" Egyptian Streets
11/03/2017 https://egyptianstreets.com/2017/03/11/bassem-youssef-accuses-egyptian-government-of-paying-hecklers-in-the-us/

** Andrew Marantz "HECKLING THE JON STEWART OF EGYPT" The New Yorker 13/03/2017 http://www.newyorker.com/magazine/2017/03/13/heckling-the-jon-stewart-of-egypt






miércoles, 8 de junio de 2016

Una buena patada en el Coriolano o Trump en el parque

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Estados Unidos necesita salir urgentemente de la pesadilla en la que les ha sumido Donald Trump. Si existe el "sueño americano", Trump es la "pesadilla americana", la antimateria de la que están compuestos los sueños. Trump es el reverso de lo existente, ese universo paralelo de las películas de Ciencia-Ficción que comienza a invadir el propio.
Trump era el reverso de Obama y ahora lo es de Hillary Clinton. De todo lo que cada uno representa, el candidato republicano representa lo contrario. Si Obama representaba la culminación de un proceso de derechos civiles y de integración racial trabajosa, Trump es el racismo que llama a lo peor de los Estados Unidos a
Desde que comenzó su campaña, la labor de Trump ha sido destructiva. Ha hecho retroceder a tiempo infames, a momentos que se creían superados. Respecto a Hillary Clinton, ha hecho gala de machismo retrógrado y de viejo estilo. Ha sido prepotente luciendo su riqueza, mostrándola como un signo de su superioridad. Ha jugado con la violencia con las expulsiones de los mítines y se han dado incidentes de violencia racial en los que los agresores han invocado su nombre. Y lo peor de todo: Trump ha usado el argumento de que él es América y, por ende, los demás son sus enemigos y destructores. 


Ha llevado a la culminación la idea de las "dos Américas", mostrada por los analistas que llegó de forma clara con Bush y sus apoyos bíblicos y que culmina ahora con sus discursos: "mis votantes son América; el resto, sus enemigos".
El fenómeno se repite en diferentes partes del mundo. Es un método diferente al que durante algunas décadas ha sido la estrategia política común: ir hacia el centro. La lucha por el centro político ha sido una constante en países como España, Francia, etc. Los partidos se moderaban dejando los extremos y avanzando hacia unas bolsas amplias de votantes que deseaban los mejor de los dos sistemas: libertades individuales y avances sociales. El "centro" era una metáfora espacial que reflejaba un deseo de vida social armoniosa, de reducción de conflictos y consolidación de progresos.


Trump es esencialmente un "empresario". Hay muchos tipos de empresarios, claro, pero Trump lo es de un tipo que ha hecho fortuna, lo ha teorizado y se propone como héroe social, como un modelo de éxito. Hacen bien sus críticos en Estados Unidos en sacarles las vergüenzas empresariales porque son su principal punto flojo, con un historial tramposo en el que se esconden fraudes y fracasos, al ser lo que utiliza como ejemplo.
Trump representa un modelo de empresario metido en política, algo que no es nuevo. También Romney se vendía como un ejemplo de empresario de éxito. La idea es que el país necesita "buenos gestores" porque está mal gestionado por despilfarradores, fomentadores de la pereza, faltos de firmeza y que comprometen al país en gastos exteriores indebidos que los americanos no tienen porqué pagar. Como empresario, Trump reivindica que hay que salir al exterior a ganar dinero, no a despilfarrarlo. Por ello su política exterior ha hecho llevarse las manos a la cabeza a la mitad de los gobiernos del mundo. Su política de gasto sobre la OTAN, por ejemplo, es clara en este sentido: que se defiendan ellos e inviertan. Todos estos mensajes prenden bien en la América que sigue manteniendo soterrados sus prejuicios, sociales, raciales y religiosos.
Lo que ha sorprendido inicialmente es la creencia en que los Estados Unidos tenían armas morales suficientes como para cortar en seco un candidato de esta calaña. A Trump le dieron por muerto el día en que se permitió dudar del "heroísmo" de John McCain. El episodio, en su momento, se entendió mal y la distancia nos permite entenderlo en su intencionalidad: "Los héroes de América no pueden ser prisioneros". Lo que todos entendieron que era una bellaquería de señorito rico que se queda en casa, fue convertido en un nuevo mensaje: Trump es el héroe, el que triunfa, no quien ha sido hecho prisionero en una guerra.
Trump es el héroe burdo en tiempos burdos de públicos burdos. Trump es prepotente y directo, sin sutilezas. Su franqueza no es una virtud, es una estrategia. Trump no dice lo que piensa, pero hace creer que no se calla nada; es otro tipo de estrategia contra sus adversarios, a los que acusa de tener sus programas ocultos o ser mentirosos. Lo que Trump explica hace llevarse las manos a la cabeza a los analistas del sector, pero deleita los oídos de los votantes que ven en su simpleza sinceridad. Trump es el resultado de la extensión de la ignorancia que sus propios programas propugnan.


Cuando en unos años se puedan analizar con calma los miles de artículos que Donald Trump ha generado en esta campaña se podrán comprobar las pautas, los patrones de sus discursos, sus estrategias comunicativas y políticas que hoy se pueden intuir sobre la marcha.
Trump es la anguila escurridiza y eléctrica. Avanza en dos tiempos, como una apisonadora haciendo ver que es imparable, que nadie le detiene y nadie le importa, primero; pero ha desarrollado una segunda estrategia en la que trata de recuperar víctimas colaterales de sus excesos, como el caso de la periodista de Fox News Megyn Kelly, sabedor que eso le gusta al público. Sabe que no hay que dejar enemigos en la retaguardia.
Contra Donald Trump se han probado todo tipo de estrategias y argumentos. Ha barrido a los contendientes republicanos y, para muchos, ha destruido el partido, que no saben qué es peor si que gane o que pierda. Las víctimas de Trump serán esencialmente los que le apoyen, a los que se les recordará toda la vida por ello. Que Trump ganara las elecciones presidenciales podría suponer un desastre para el partido, América y el mundo en su conjunto. Supondría, además, un modelo terrible para aquellos imitadores que se han lanzado al ruedo con sus modos y estrategias mediáticas y políticas, convirtiendo el espacio público en irrespirable, como ya ha ocurrido. Para Trump no hay líneas rojas, solo la línea de meta.
La edición de The New York Times de ayer trae uno de esos momentos para recordar en esta campaña. Lo hace con el título "Meryl Streep Does a Number on the Donald at the Public Theater’s Gala". La actriz soprendió a todos con uno de esos rasgos de humor que entran de forma afilada en la mente de la gente.
Para dejar en evidencia el machismo desconsiderado de Trump, Meryl Streep ha hecho gala de las mejores armas que tiene: la actuación, la voz y la ironía. Nos cuenta el periódico:

At the moment that Hillary Clinton was all but clinching the Democratic nomination for president, Meryl Streep was on a stage in Central Park, impersonating Donald J. Trump.
In orange face makeup and pompadoured hair, Ms. Streep, the chameleonic three-time Oscar winner, did a more than credible version of the presumptive Republican nominee, down to the pursed lips and low-hanging belly. She got the braggadocio-inflected voice, too, even while singing.
Ms. Streep was part of the Public Theater’s gala benefit celebration on Monday night, a tribute to Shakespeare at the Delacorte Theater, home to Shakespeare in the Park. She was the closing act with Christine Baranski, doing “Brush Up Your Shakespeare,” a number from the Cole Porter musical “Kiss Me, Kate.”
“We could do a deal — you’ll let me know — why it is all the women say no?” she sang, stretching out her arms in a Trumpian gesture. Later she strolled the stage, gesticulating to the audience in Mr. Trump’s signature make-America-great-again style.
The song, traditionally a duet for men, offers advice for picking up women — in this case, female voters. Some of the original lyrics were altered, but some could stand as is, for Mr. Trump’s combative attitude: “If she says your behavior is heinous, kick her right in the Coriolanus!” The crowd, which included Michael R. Bloomberg, the former mayor: the United States ambassador to the United Nations, Samantha Power; Lin-Manuel Miranda; and Bette Midler, loved it.*


Meryl Streep ha puesto en acción a Shakespeare a través de Cole Porter convirtiendo al personaje de la comedia musical de Porter, "Kiss me, Kate", basado en la comedia de William Shakespeare "La doma de la bravía" (o "La fierecilla domada"), en un Donald Trump bravucón al que las mujeres deben negar su voto. Teatro dentro del teatro, Porter y Shakespeare... y ahora Streep en el teatro de la política.
Lo ha hecho, además con un número musical perfectamente seleccionado, el interpretado en la obra por dos matones con los que queda identificado Trump. La elección perfecta para la deconstrucción del personaje.


El genio de Cole Porter, sus letras llenas de ironía y sarcasmo, brilla en el tema "Brush Up Your Shakespeare" convertido en un arma contra Trump, en una llamada a la conciencia de las mujeres, una de las fuerzas centrales en contra del "macho man" Trump.
El sentido del humor es un arma corrosiva cuando es inteligente y la gran actriz lo es sobradamente. Los vídeos tomados con los teléfonos que The New York Times recoge no permiten comprobar más que algunos aspectos de la imitación. El diario El País también le dedica espacio al acto —incompresiblemente en la sección "Estilo", víctima de las metaetiquetas o falto de criterio— y recoge algunas fotos que permiten apreciar parte del efecto. La mejor parodia de Trump es el realismo.


La ironía del tema de Porter, en el que el personaje presume de que basta con sacar a Shakespeare a colación para que las mujeres se rindan a sus encantos es aprovechado para mostrar el patán que es Trump y dejar su esencia al descubierto.
El texto de Porter, de rima delirante como le gustaba, juega con los nombres y personajes de las obras para definir a los bravucones conquistadores:

The girls today in society
Go for classical poetry
So to win their hearts you must quote with ease
Aeschylus and Euripides

But the poet of them all
Who will start 'em simply ravin'
Is the poet people call
The Bard of Stratford-on-Avon

Brush up your Shakespeare
Start quoting him now
Brush up your Shakespeare
And the women you will wow

Just declaim a few lines from 'Othella'
And they think you're a heckuva fella
If your blond won't respond when you flatter 'er
Tell her what Tony told Cleopaterer

And if still, to be shocked, she pretends well
Just remind her that 'All's Well That Ends Well'
Brush up your Shakespeare
And they'll all kowtow...


Unos retoques en algunas líneas convierten la actuación en una bomba contra Trump de mayor eficacia que muchos artículos que saturan a la gente de razones y argumentos. Trump ha conseguido siempre definir su terreno —su marco— a los demás, que han tenido que jugar en su terreno. Streep le ha ganado la mano en su propio territorio, el mediático.
Trump no se quedará ahí y ya estará rumiando la respuesta. Sabe que su estrategia pasa por tener respuesta para todos los ataques, demostrar que es indestructible retóricamente, que nada le afecta y trasladar a sus seguidores la idea de que apuestan sobre seguro. Pero, ¿quién sabe? ¿Y si Streep tuviera un cartucho en la recámara?

 
Una buena estrategia contra Trump —en mi opinión— es la seguida por Streep, es decir, por los que saben moverse en los medios y pueden desmontar desde la ironía los discursos de Trump reduciéndolos al absurdo risible.

If she says your behavior is heinous
Kick her right in the 'Coriolanus'
Brush up your Shakespeare
And they'll all kowtow

Trump es quien, desde luego, bien se merece una buena patada en el Coriolano. Así que desempolvemos todos a Shakespeare por una buena causa.



* "Meryl Streep Does a Number on the Donald at the Public Theater’s Gala" The New York Times 7/06/2016 http://www.nytimes.com/2016/06/08/theater/meryl-streep-donald-trump-public-theater.html



miércoles, 1 de junio de 2016

La Bella, la cabra y la bestia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las características de los líderes islamistas es la carencia del sentido del humor. No digo que no lo tengan en su casa y entre allegados, sino que tienen un concepto perverso de la crítica, especialmente de la humorística, debido a la concepción mesiánica que tienen de sí mismos. Reírse de ellos, por decirlo así, es pecado. Si están ahí, sea por la vía que sea, es por designio divino. No por menos, ya el voto puede ser un instrumento divino si te favorece y satánico si te perjudica.
Acostumbrados al lenguaje apocalíptico y a revestirse de solemnidad, llevan muy mal el humor y el que se rían de ellos en especial. El aura con la que se rodean necesita ser protegida de la risa, instrumento diabólico en las religiones monoteístas, que carecen de de alguna línea en sus textos que diga "... y al séptimo día se rió", algo que no es incompatible con el descanso y que hubiera aclarado muchos malentendidos en los milenios posteriores.


La risa es peor que cualquier conspiración porque una vez que un chiste, una caricatura, etc. están en marcha son difíciles de parar. Cuando te ríes de alguien, piensan ellos, se pierde el respeto y necesitan de todo el que puedan pues asumen las dignidades divinas y nacionales en acogida. Es propio del pensamiento fundamentalista y autoritario creer que cuanto se diga o critique se dirige contra un Dios que ellos encarnan en la tierra, por lo que reírse es gran afrenta y por consiguiente delito grave.
Euronews nos trae la enésima comprobación de este principio:

La ex Miss Turquía Merve Buyuksarac ha sido sentenciada a un año y dos meses de cárcel por insultar al presidente, Tayyip Recep Erdogan, a través de un poema que compartió en Instagram. No lo escribió ella. Pero el tribunal ha suspendido la sentencia con la condición de que no se repita el acto durante los próximos cinco años.
Insultar al presidente se castiga en Turquía, aunque la ley se aplicaba rara vez hasta la llegada de Erdogan a la presidencia en 2014. Desde entonces, los fiscales manejan más de un millar de casos como el la modelo. Son generalmente dibujantes, periodistas o adolescentes.
La reina de la belleza turca 2006 publicó en su cuenta de Instagram un poema satírico sobre Tayyip Recep Erdogan, el llamado “El poema del maestro”. El ataque contra los derechos personales del Presidente es el mismo argumento utilizado para perseguir judicialmente a un cómico fuera de Turquía, en Alemania. La canciller Ángela Merkel aprobó autorizar la persecución judicial contra el humorista, Jan Böhmermann.*


Erdogan es una fortaleza inexpugnable porque por la vía satírica les protegen las leyes que usa con profusión, como se señala. En realidad habría que escribir contra él tratados teológicos, pero entonces te acusarían de atacar a Dios, apóstata, etc. por lo que también acabarías mal.
Hay casos realmente interesantes entre los que han recibido condenas por reírse de Erdogan. En la parte que me interesa de investigador en cosas de la cultura, los chistes y caricaturas dicen mucho sobre la forma de ver el poder y los límites de los discursos, que son los de la tolerancia. Esos límites dicen mucho del estado real de la sociedad y del comportamiento político, del grado de apropiación de leyes e instituciones, etc. A través del humor se canaliza una energía que no se deja salir por otros lados por la represión existente.


Hasta el momento, el control de los medios tradicionales —los mecanismos de censura— aseguraban que la imagen pública de los dictadores no se manifestara. Esta queda reducida dentro de las fronteras, pero tenía su representación en los espacios exteriores, sin control. La prensa internacional podía realizar chistes y caricaturas que eran imposibles de publicar intramuros. Erdogan va más allá y se ha dedicado a presentar denuncias contra aquellos que se ríen de él fuera de las fronteras. La aparición de las redes sociales hace que esas fronteras se diluyan y por eso intentan acabar con ellas. Aquí ya hemos tratado varias veces de sus intentos de prohibiciones y recortes de YouTube, Twitter o Facebook, redes que han dejado al descubierto sus miserias y sacado a la luz aspectos conflictivos de sus negocios y los de su familia. La condena a la antigua Miss Turquía y actual modelo ha sido por compartir en Instagram.


Es un pésimo precedente la concesión de Angela Merkel ante el caso citado porque extiende el poder de Erdogan fuera de su propio país, que ya es bastante. Y sobre todo porque dejan sin la compensación a los que les gustaría poder hacer eso mismo en su país. El caso alemán es muy grave en varios sentidos, pero el principal de todos ellos es que le ha servido a Erdogan para demostrar a sus enemigos que es intocable y poderoso más allá de las fronteras. La falta de comprensión del caso por parte de las autoridades alemanas al aceptar los argumentos del presidente turco es realmente penosa. Se le condene o no, él ha demostrado ante todos su poder, que es de lo que se trata. Luego no tiene más que exhibirse ante los suyos y ser temido por sus enemigos. Solimán el magnífico cabalga de nuevo.


Pero hay más: el caso le ha permitido a Boris Johnson —el ex alcalde de Londres— ganar un concurso con poemas anti Erdogan. El hecho de que en Londres haya resultado elegido democráticamente como alcalde un musulmán, hace que la lectura de su gesto sea doble: es antieuropeo (hace lo contrario que Angela Merkel) y anti Erdogan extendiendo el desafío  en clave interna de la política británica y de su campaña por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. En The Guardian podemos leer el poema, su origen e implicaciones:

“If somebody wants to make a joke about the love that flowers between the Turkish president and a goat, he should be able to do so, in any European country, including Turkey,” Johnson told interviewer Nicholas Farrell, who then challenged him to enter the Spectator’s poetry prize.
Johnson then offered the limerick: “There was a young fellow from Ankara, Who was a terrific wankerer.
“Till he sowed his wild oats, With the help of a goat, But he didn’t even stop to thankera.”
The former mayor is reported to be surprised that his efforts were officially entered into the competition.
In awarding Johnson the prize, Murray appeared to contradict his own rule that “wankerer” was not a word, despite rhyming with the Turkish capital, but defended his choice in a blogpost, saying the prize was “entirely anti-meritocratic”.
“Certainly there were better poems,” he wrote on the Spectator website. “For sure there were filthier ones … For myself, I think it a wonderful thing that a British political leader has shown that Britain will not bow before the putative caliph in Ankara.
“Erdoğan may imprison his opponents in Turkey. Chancellor Merkel may imprison Erdoğan’s critics in Germany. But in Britain we still live and breathe free. We need no foreign potentate to tell us what we may think or say. And we need no judge, especially no German judge, to instruct us over what we may find funny.”**


No existe esteticismo de la risa, el chiste por el chiste. Más allá de Freud, nada deja de ser político en la política y menos el chiste político. Si la risa es sana es porque nos libera de muchas cosas que puede que no podemos decir de otra manera o que disfrutemos más contando de esta.
Como se aprecia en el párrafo final de Johnson, le importan más los ataques a la tríada Alemania, Merkel y Europa, que al mismo Erdogan que es más la excusa del chiste en plena campaña antieuropea. 
Johnson mete retóricamente a Erdogan en Europa por el amparo de Merkel a su persecución del humorista alemán que inició la polémica de las críticas. Por eso es importante que se midan muy bien los efectos de las cosas. Por querer contentar a Erdogan en plena crisis con los refugiados por un lado y el Estado Islámico por otro, Merkel le ha dado argumentos a Boris Johnson para hacer sus propios chistes antieuropeos e islámicos. Dos por uno.



Pero de todos los casos en los que alguien ha sido atacado por reírse de Erdogan —¿para cuándo una antología, una exposición internacional?—, mi favorito es literario, cinematográfico y fotográfico y gracias a su complejidad hermenéutica el acusado se pudo librar con mejor suerte que la antigua Miss Turquía, que ha sido condenada.
Se recogía así en Middle East Eye en diciembre de 2015:

Filmmaker Peter Jackson has commented on criminal charges a doctor faces in Turkey for comparing President Recep Tayyip Erdogan to Gollum.
A court in Turkey has been deliberating the nature of the character Gollum, who features in the novels and film adaptations of J.R.R. Tolkien’s The Hobbit and Lord of the Rings, after a defence was offered on behalf of Bilgin Ciftci claiming that his comparison was not defamatory of the president - a punishable crime in Turkey - as Gollum was not necessarily evil.
Jackson has pointed out, in a joint statement with filmmakers Fran Walsh and Philippa Boyens given to the Wrap entertainment site, that the character depicted in the photos was not even Gollum, but Smeagol, the other half of the character’s split personality.
"If the images below are in fact the ones forming the basis of this Turkish lawsuit, we can state categorically: none of them feature the character known as Gollum,” it read.
“All of them are images of the character called Smeagol, Smeagol is a joyful, sweet character. Smeagol does not lie, deceive, or attempt to manipulate others. He is not evil, conniving, or malicious — these personality traits belong to Gollum, who should never be confused with Smeagol."
Ciftci was sacked from his job in a hospital in October sharing an array of photos showing Erdogan pulling various faces in comparison with Gollum.***



Hay que reconocer que el ingenio sarcástico y el legal han logrado su objetivo, la impunidad. Que los jueces no hayan podido encontrar una fisura en la defensa porque el personaje elegido para comparar con Erdogan tenga doble personalidad —mala y buena, Gollum y Smeagol— es una sutileza que necesitó de la confirmación del director Peter Jackson y expertos de la crítica cinematográfica y literaria, varios psicólogos, etc. A Tolkien seguro que le hubiera encantado ofrecer su testimonio en el mismo sentido solo por fastidiar a Erdogan y dejarle con dos palmos de narices.
Según este argumento, no solo no debería ser condenado, sino que debería ser invitado a tomar un café turco con el presidente Erdogan en su colosal palacio, pues sería una de las pocas personas que le conocen bien saben que en el fondo de su otra personalidad habita el bien y la bondad. Por cierto, decir que los baños del palacio construido para el presidente son de oro, también es motivo de denuncia. Fue el centro de una agria polémica en el parlamento. 


El palacio tiene más de 1.100 habitaciones y cuadriplica el de Versalles, según informa la prensa, El ego de Luis XIV, que fue quien amplió el palacio inicial de su padre, no es nada en comparación con el ego del presidente turco. El propio Erdogan ha ofrecido material para chistes y sátiras sobre esta cuestión palaciega al decir que fueron las "cucarachas" las que le hicieron pensar en la necesidad de un nuevo palacio presidencial. ¡Qué pena que Erdogan no viviera en tiempos de Moliere!


Por cada humorista que se condena, por cada persona a la que se penaliza o acosa por repetir un meme en cualquier red social, se producen cientos de nuevos chistes y el fondo de risas sobre su persona va en aumento.
En ocasiones será con bromas sobre cabras complacientes, comunidades del añillo o los retretes dorados de palacio. En otras, lo chistes afectan a aspectos mucho más serios como los negocios de su familia, las relaciones con los que ocurre al otro lado de la frontera o lo que sucede cuando pierde la mayoría parlamentaria.
A todos los autócratas les gusta esa seriedad solemne que Erdogan practica como equivocada señal de grandeza. Es más sano estar del lado de la risa, aunque sea más peligroso. Erdogan no pasa la prueba del humor, clara muestra de su espíritu dictatorial.
Nuestra solidaridad con Merve Buyuksarac y los que padecen la falta de sentido del humor y la democracia del presidente turco y nuestras risas indignadas para Recep Tayyip Erdogan.



* "Miss Turquía condenada por compartir un poema satírico sobre Erdogan en Instagram" Euronews 1/06/2016 http://es.euronews.com/2016/06/01/miss-turquia-condenada-por-compartir-un-poema-satirico-sobre-erdogan-en/
** "Boris Johnson wins 'most offensive Erdoğan poem' competition" The Guardian 19/05/2016 http://www.theguardian.com/politics/2016/may/19/boris-johnson-wins-most-offensive-erdogan-poem-competition

*** "Erdogan-Gollum comparisons not defamatory, says director" Middle East Eye 3/12/2015  http://www.middleeasteye.net/news/erdogan-gollum-comparisons-not-defamatory-pictures-are-smeagol-says-hobbit-director-956690209#sthash.mVmWfRH7.dpuf"









sábado, 20 de diciembre de 2014

El humor no viaja bien

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
"[...] The humor did not travel well"* escribía ayer Flemming Rose en un artículo publicado por The New York Times. Lo decía evidentemente en referencia al caso de la película norteamericana de Sony, La entrevista, que se ha quedado en el cuarto oscuro ante el ciberataque y las amenazas que, según las autoridades norteamericanas, provenían de Corea del Norte. La afirmación de Rose es absolutamente cierta. En efecto, el humor no viaja bien. A veces lo hace en primera y otras en incómoda tercera, aunque ya no exista.
Mientras nos movemos en nuestros repertorios locales del humor, la cosa funciona. Pero cuando usamos a los demás como material para nuestra risa y carcajada (o cuando los demás lo hacen con nosotros), la cuestión varía bastante. Esto es una novedad histórica porque habitualmente no ocurría así, no porque no fuera cierto el principio, sino porque el mundo era más grande y las comunicaciones mucho más restringidas.
El siglo XIX está lleno de sátiras crueles y representaciones infames de personajes y países y de lo que ocurría por otras tierras. No es que no les importara entonces, sino que no se enteraban de ello. Los viajes eran menos frecuentes y tan largos que si te enfadabas, se te olvidaba el motivo del enfado cuando llegabas a tu país a contarlo. Los medios de comunicación eran locales y difícilmente te enterabas de lo que se publicaba fuera si no era porque otro periódico lo contaba o los embajadores mandaban noticia a sus ministerios. 

Lo normal era ridiculizar a los demás, convertirlos en estereotipos y caricaturas que todo el mundo daba por buenas, porque el mundo era lo que veíamos a nuestro alrededor y poco más. Te peleabas generalmente con los países vecinos y estos se peleaban contigo. Ir más lejos requería un gran esfuerzo. Es la aparición de la prensa la que deslocaliza el humor al informarnos de otros mundos con más asiduidad. A más información, más chistes a costa del otro.
Creo que esto no admite demasiadas dudas. Puede que el humor no viaje bien, pero no deja de hacerlo, que es la cuestión principal. El mundo está tan conectado que hasta los herméticos coreanos del norte, por muy aislados que estén, se enteran de que en Estados Unidos han realizado una película que se ríe con su idolatrado líder sexy.
Nosotros nos reímos de lo divino y de lo humano, decimos, algo que tampoco es un principio universal sino algo que se consigue después de muchos siglos protestando porque se mande a la gente a la hoguera o se le meta en mazmorras. La seriedad es la marca del poder, como el carnaval era la del pueblo que tenía que aguantarlo. Pero el que muchos se rían de todo no significa que todo el mundo se ría con lo mismo, no que les haga gracia que nos riamos de ellos. Sencillamente, la ley nos permite hacerlo hasta ciertos límites en determinados sitios. Hay ciertos temas que eran frecuentes hasta no hace mucho y que hoy han quedado excluidos del repertorio o son denunciados por la mayoría. Recuérdese el reciente caso del "humorista" antisemita en Francia. Sí, hay ciertos límites. Ya sea por motivos legales o morales, no todos nos reímos o hacemos bromas con lo mismo.


Se queja Flemming Rose en su artículo del proceso de autocensura constante en que se encuentra Occidente frente a las críticas con el humor al islam y que se inició con las famosas "caricaturas de Mahoma", una prueba de fuego para la libertad de expresión. El caso de la autocensura de Sony es un poco más complicado porque no implica cuestiones religiosas sino un hipotético peligro para los que puedan asistir que causara miedo a exhibidores y espectadores. Eso es lo que buscaban los autores del ciberataque.

En los países árabes, sí se han reído de sus dictadores (con alto riesgo), pero no se reían de otras cosas. Más allá del tema religioso, la nueva generación de humoristas ha introducido temas que afectan a las mentalidades y se han permitido criticar al patriarcado, que es como decir, a la tradición. El hecho de que haya ahora mujeres haciendo humor, como la caricaturista egipcia Doaa Eladl, ha significado una nueva mirada sobre lo que implica reírse y quién se convierte en objeto de risa. Se pueden defender los derechos de las mujeres y apuntar a los culpables de sus ataques a través del humor, sí. El humor gráfico sí ha podido viajar bien hacia el exterior, donde ha recibido constantes premios. Pero por lo mismo que se le premia fuera, se la ataca dentro. Lo importante es que su humorismo representa una evolución de la propia sociedad y que tiene fuerte respaldos en la nueva generación que se identifica con valores más universales. El humor viaja mejor cuando se universaliza y eso implica compartir valores, positivos y negativos. El humor se ha "globalizado", pero no se ha universalizado. Llega a todas partes, pero no se entiende en muchas. De ahí vienen muchos de los enfrentamientos. Otros son de simple censura, como siempre han existido, aunque no está censura a distancia.


Me imagino que la risa es un mecanismo universal, algo que le viene bien a nuestro organismo, según nos repiten los expertos en salud. Pero el humor es otra cosa; es pura cultura y, por ello, pleno contexto y tradición. La risa puede ser saludable para el organismo, pero te puede llevar a la cárcel o al paredón, según el humor y el contexto. Nos reímos o no con ciertas cosas según las condiciones culturales, perfectamente reglamentadas en cada cultura. Cuando decimos que el humor es transgresor, generalizamos demasiado. Tiene sus propios límites culturales, que pueden diferir en ciertos casos.
La cuestión en el caso coreano es que se trata de una sátira política sobre un país donde las sátiras se practican con la ley del embudo. Es una dictadura que idolatra —literalmente— a sus dictadores y que proscribe cualquier representación no controlada por los medios del estado, que para eso están. Son aparatos de propaganda y lo que se propaga es la imagen del líder perfecto.
Probablemente, como podemos apreciar en las fotos, el dictador norcoreano es uno de los dirigentes más sonrientes del mundo. Las dictaduras suelen representar a sus estrellas sonrientes. Pero no es una sonrisa de humor, sino de "felicidad", que es la que encarnan y proclaman. Los norcoreanos tienen tal lavado de cerebro que no tienen ojos más que para su líder y es necesario que este les sonría, no que rían de él. Su risa es un signo de que todo sigue bien y pueden confiar en que seguirá así. En Occidente, nuestros líderes alternan sonrisas y caras de preocupación, pero eso es porque deben ser elegidos. Si fueran dictadores también sonreirían.



Las protestas se vuelven ahora contra Sony, a la que se acusa de haber cedido. Es fácil decirlo cuando no se tiene esa responsabilidad. El asunto es complejo y si es cierto que no se debe ceder ante el chantaje de un personajillo como el dictador norcoreano y su régimen, también lo es que hay que tener cuidado.
El humor no viaja bien, es cierto. Se hace para consumo de públicos locales que han recibido un entrenamiento en los límites de lo posible humorístico, que son diferentes según países y culturas. En ocasiones los límites son culturales; en ocasiones, políticos. La risa de las dictaduras, como decíamos, es una risa impostada, falsa, porque la gente no tiene mucho de qué reírse, aunque se les entrena en ello. No es fácil encontrar humoristas universales; tendrían que descontextualizarse tanto que difícilmente harían gracia a alguien. Podemos acercarnos al humor de otros, es cierto, pero debemos hacer esfuerzos. Tampoco está mal cambiar de perspectiva y tratar de vernos a nosotros mismos en los chistes ajenos. No suele funcionar, pero es lo que le pedimos a los demás que hagan.
Lo criticable de este caso no es que no tengan sentido del humor, ¡allá ellos! Lo criticable es que no lo puedan tener los demás, aunque sea a su costa. Ellos no quieren ver la película ni que los demás la vea, No la ven como una cuestión de humor o no, que es como la vemos nosotros, sino como una alternativa al misil o al desembarco. Es una ataque a su líder sexy y quien ataca a su líder ataca al país. Es falta se sentido del humor megalómana.
Intentar vender la película a los norcoreanos sería una muestra de sentido del humor; los pobres no tienen ni la posibilidad de cruzar a Perpiñán a ver una versión semiclandestina. 


El problema con Corea del Norte es que no sabes si te están hablando en broma o en serio. Si te dicen que como estrenes te mandan un misil nuclear, te quedas con la duda. Ese es el problema. Esta vez no ha sido por conducto oficial, pero lo han hecho por lo bajini, disfrazados de ciberpiratas.
Por lo pronto, la IMDB le ha puesto un 10 a la película sin estrenar, lo que debe ser entendido como una cuestión de principios. Lo que parece asegurado es que si se llega a estrenar La entrevista, se convertirá en un film taquillero por principios. El presidente Obama irá al cine a tomar palomitas con sus hijas y Michelle, y será el primero que se estrene en Corea del Norte, si algún día llega a caer la dictadura. Entonces los norcoreanos irán al cine a ver aquella vieja película en la que se satirizaba a un antepasado de su último dictador.




* "Sony Caved to Terror. No One Else Should" The New York Times 19/12/2014 http://www.nytimes.com/2014/12/20/opinion/sony-caved-to-terror-no-one-else-should.html