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domingo, 25 de agosto de 2024

Silenciosas e invisibles, las mujeres afganas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se quejaba hace unos días la periodista Almudena Ariza en un tuit del silencio e indiferencia que rodea a la situación de la mujer en Afganistán. Desde que se les dio el poder a los talibanes, las decisiones de estos retrógrados terroristas oficiales no han dejado de escandalizar por su rotundidad. Los talibanes son una puerta abierta al horror con un objetivo preciso: las mujeres. Son la encarnación de algo que no debería existir, que no representa religión sino cárcel moral y real, una condena absoluta.

Los talibanes son la demostración de los orígenes patriarcales de las religiones, de su terror disfrazado de virtud. Mientras otras han conseguido espiritualizarse y humanizarse, el islam de los talibanes es un anacronismo contra el tiempo y la historia, es una gigantesca farsa autoritaria que no merece ser respetada ni por las personas que dentro del islam han entendido que la virtud y el pecado son otra cosa.

En RTVE.es leemos las nuevas medidas desarrolladas en su carrera por lograr el paraíso en la Tierra:

"De acuerdo con esta ley, el Ministerio -para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio- está obligado a ordenar el bien y prohibir el mal (...) y también es responsable de la paz y la fraternidad entre la gente", ha indicado el portavoz del Ministerio de Justicia, Barkatullah Rasooli, en una declaración publicada este viernes por el canal afgano Tolo News.

En el artículo que se refiere al hiyab, la norma establece como necesario que las mujeres se cubran el rostro y el cuerpo para evitar "causar tentación", y evitar el sonido en público o de la voz en alto de mujeres, incluyendo cantar, recitar, o hablar frente a micrófonos, ya que se considera falta de "modestia". Asimismo prohíbe a los conductores transportar mujeres adultas sin un tutor masculino legal.

"La implementación de la sharia y el hiyab es nuestra línea roja. No podemos negociar con nadie sobre estos asuntos", ha dicho en una reunión con las autoridades el ministro de la Virtud y el Vicio, Mohammad Khalid Hanafi, según Tolo.*


 

Ni vista ni escuchada, las mujeres afganas se "esfuman" de la mente de los únicos que cuentan, los varones. Si hay algo que preguntarse sobre este "machismo místico" es por qué al paraíso se accede a través del "martirio" del terrorismo y no es entra en él por la presencia de las mujeres. ¡Extraña visión del mundo! Es un radicalismo que aplaude el matar y aplaude encerrar a las mujeres en el silencio por su perversidad congénita.

No hay mujeres que sean "buenas". Solo la mujer invisibilizada, silenciada, encerrada... es factible porque, de otra manera, invade la mente del hombre, del varón, que en su debilidad congénita, se deja arrastrar hacia el vicio por su sola visión o sonido.

La mujer no debe salir sola; debe estar sometida a la vigilancia constante de un guardián. Sola es un peligro, porque en su naturaleza está causar el mal, lo quiera o no, simplemente con que se la contemple. No es necesaria su voluntad; es simplemente su existencia. Su voz, su olor, la visión de cualquier parte de su cuerpo... su recuerdo son causas del mal, de la perdición del varón, el gran desastre, el paraíso se quedaría sin guerreros. ¿Y que se haría entonces con las "huríes" de premio? Terrible paradoja sean mujeres el premio a haberlas aborrecido, denigrado, encerrado. Eso sí, vírgenes y bellas, las cheerleaders de la otra vida.

De esta forma quedan establecidos los dos polos: la debilidad del varón y la maldad intrínseca de la mujer. El varón olvida sus obligaciones y la mujer le hace olvidarlas. El recuerdo de "Eva" está muy presente. Con ella nos echaron del paraíso. ¡Ya ha llovido!

La queja de Almudena Ariza es cierta. Aunque los medios sí dan noticias, solo profundizan en lo que esto supone en contadas ocasiones. Es el peligro de haber normalizado un comportamiento que algunos irresponsables llaman tradiciones. No hay que confundir las "tradiciones" con las "malas costumbres". Esto no es "diversidad cultural", sino barbarie a secas. Todo lo que hace daño al otro de esta forma selectiva es simplemente malo.

Ahora se condena su voz, su caminar sola, su sola visión en una calle. El mundo (masculino) debe olvidar su existencia pública y doblegarlas en privado. Es un muy mal ejemplo en esa competencia por la virtud que se establece entre países y grupos fundamentalistas.

Con estos escritos llamamos a que no olvidemos a las mujeres afganas y en especial a que acojamos a las que escapan. Hay que ayudar a que existan esas mujeres rebeldes y a que su rebeldía tenga sentido, que obtengan la mejor formación para cuando regresen y tengan que sacar ellas al país de la oscuridad y la ruina. Serán ellas, sin duda, las únicas capaces de hacerlo. Son mujeres como esas atletas que ha participado en los Juegos Olímpicos repudiadas por su propio país y de las que apenas hemos escuchado nada entre tanta fanfarria. ¿Qué ha sido de ellas? Sus medallas son de otro orden.


Tenemos, en cambio, el ejemplo de la deportista afgana descalificada por llevar en su ropa la frase "Free afghan women". No dudo que las reglas sean las reglas, pero estas parten del equívoco principio de que todos son iguales y por ello deben cumplirlas. ¡Feo mensaje sobre lo que es importante se ha mandado al mundo y en especial a las mujeres afganas! Demasiadas razones para ser razonable. No quiero imaginarme cómo se sintió esa mujer que se jugaba la vida por practicar break dance, algo que es solo un divertimento deportivo para el resto del planeta. ¡Triste! Para mí, la actuación por encima de cualquier récord del mundo, la que da sentido al deporte.

¡No olvidemos a las mujeres afganas, no las convirtamos en rutina informativa, en "tradición" cultural o en rareza exótica!  

The Conversation 2023

* "Los talibanes prohíben el sonido de la voz de mujer en público y marcan el hiyab como obligatorio en Afganistán" RTVE.es / EFE 23/08/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240823/talibanes-prohiben-sonido-voz-mujer-publico-marcan-hiyab-como-obligatorio/16225200.shtml

miércoles, 17 de enero de 2024

Los hombres que se sentían discriminados

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Fue uno de los temas durante la comida. La información dada por el CIS sobre la creencia del 44% de los hombres que piensan que son ahora discriminados se puso sobre la mesa.  Pronto se conectó con otros datos, como, por ejemplo ese que se nos ha ido dando del negacionismo de la violencia machista entre los jóvenes, que afecta a uno de cada cuatro. El fenómeno que se está dando empieza a aflorar en los datos de las encuestas que, con toda la limitación que se quiera, empieza a ser inquietante en muchos sentidos.

En RTVE.es lo resumían así:

Un 44,1% de los hombres cree que "se ha llegado tan lejos" en la promoción de la igualdad de las mujeres que ahora se les "está discriminando", una postura que mantienen también el 32,5% de las mujeres consultadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). En cambio, esta afirmación es falsa para el 65,5% de las mujeres.*

Como en toda encuesta, no se nos dan "verdades", sino "opiniones", "creencias" respecto a algo que se les ha preguntado. Algunos en la mesa apuntaron a la forma de formular la pregunta y sus efectos sobre las respuestas. En cualquier caso, pone al descubierto una cuestión que está empezando a ser problemática. No se trata solo de los que los datos dicen, sino también de cómo los datos pueden ser usados con fines diversos.

La creación de lo que se empieza a llamar "manosfera", es decir, un ámbito de opinión creado en torno a la idea de que los hombres son las víctimas sociales y que deben agruparse para "defenderse", para organizar una respuesta activa, empieza a tener protagonismo.

La lucha política diaria tiene michas veces las actuaciones del CIS como centro. Los políticos tienden a presentarlo como una herramienta de Pedro Sánchez utilizada para lanzar titulares a la prensa. Al margen de esas polémicas, los datos reflejan muchas cuestiones que sí vemos en el día a día. Insistimos que no se trata de la "verdad", sino de lo que pensamos, de cómo contemplamos el mundo y de cómo creemos que ocurren las cosas en él. Es lo determinante porque es la creencia lo que nos mueve.

Si se están agrupando para crear una tendencia en un sentido determinado es para mover en una dirección determinada a la opinión pública. Y esto se ve a través de acciones, de respuestas diversas que se mueven por las creencias.

Aquí hemos estado tratando, ya desde hace algún tiempo, el crecimiento de este movimiento antifeminista que presenta a los hombres como víctimas de las mujeres y trata de acusar al pensamiento feminista responsabilizándolo de una serie de situaciones. Hablamos en singular del feminismo, pero lo cierto es que es un pensamiento plural, con estrategias diferentes y programas de actuación diversas. Las divergencias son frecuentes y los objetivos concretos según las situaciones o abstractos, como la idea de "igualdad", que debe traducirse después a hechos concretos.

Que un 44´1% se sienta "discriminado" necesita de algo más que los números. Necesita de una explicación de esa creencia que se expresa en las cifras. Que empiecen a organizarse grupos (ya los hay y algunos muy activos) en los que se expresa un "victimismo" creciente ante las mujeres es realmente preocupante. Sobre todo porque basta los leer los titulares diarios para comprobar lo contrario.

Pese a los casos diarios de muertes, violaciones, de todo tipo de acciones contra las mujeres en los ámbitos laborales, familiares o de otros escenarios, la respuesta es esa opinión del 40,1%, según los datos del CIS. Con esto se manifiesta una especie de frenazo a lo que ha sido un movimiento sociocultural y jurídico para abandonar el machismo discriminador característico de la sociedad española.

Hay un movimiento neotradicionalista que justifica la discriminación bajo la etiqueta de la separación natural de los sexos y la asignación de funciones específicas. Esas funciones diferenciales son las que usa para establecer un tipo de imposiciones discriminatorias que se justifican convirtiendo en "natural" muchas cosas que son claramente roles culturales impuestos.

Creer que la pérdida de los muchos privilegios acumulados es una forma de "discriminación" y no de "justicia" igualitaria puede generar ese sentimiento. A todos corresponde educar e informar para que no se perciba de esa manera.

Lo preocupante es cómo estos grupos empiezan a tener un discurso influyente contrario al igualitario, que consideran ahora discriminatorio. Quizá haya que empezar a "cuidar" los discursos igualitarios porque puede que algunas estrategias sean contraproducentes o poco afortunadas. Hay que actuar inteligentemente, con objetivos claros, y tratar de evitar algunos efectos que los contrarios a la igualdad aprovechan para sembrar el rechazo. Los datos son preocupantes.

 * "El 44% de los hombres cree que se les "discrimina", según el CIS" RTVE Play - Telediario 2 15/01/2024 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-2/44-hombres-cree-se-llegado-tan-lejos-igualdad-se-les-discrimina-segun-cis/15917499/

domingo, 2 de julio de 2023

El peligro está en el otro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es, dentro de la sección "Una mirada europea". Se reproduce el texto de un artículo titulado "Comment les drag queens sont devenues la nouvelle cible de l'extrême droite" ("Cómo las drag queens se convirtieron en el nuevo objetivo de la extrema derecha"), publicado originariamente en FranceInfo, y firmado por Fabien Jannic-Cherbonnel, de France Télévisions.

En él se trata de los versos ataques y prohibiciones producidos en Francia en los actos de lecturas de drag queens ante públicos infantiles en un intento de normalizar visibilizando la diversidad. . Obviamente no se trata de imponer nada a nadie, sino de actividades lúdicas que los padres que desean que sus hijos crezcan con la experiencia de la diversidad puedan hacerlo. El autor da cuenta de diversos incidentes producidos en algunos de esos actos públicos.

La sensación de "estar atrapado en una tormenta". La Déliche, drag queen y miembro del colectivo Paillettes, recuerda vívidamente esta lectura para niños en un centro del distrito 13 de París, en marzo. En el interior, como informa Le Parisien, unos sesenta niños y sus padres escuchan atentamente a los cuentacuentos, vestidos de princesas, con lentejuelas en los párpados y barbas. Fuera, una docena de manifestantes y los lemas "vergüenza" y "dejad (en paz) a los niños" marcados en el suelo. Unos días antes, grupos de extrema derecha, entre ellos el partido Reconquête de Eric Zemmour, habían denunciado la sesión de lectura en las redes sociales.

"Era la tercera vez que hacíamos un acto de este tipo en este lugar, las dos primeras fueron muy bien. Somos cuentacuentos y payasos, estamos aquí para hacer reír a la gente", prosigue La Déliche. Frente a los manifestantes que afirman querer "salvar a los niños de un gran peligro", el centro de animación parisino se mantiene firme. "Hemos recibido mucho apoyo, tanto de los locales como de los políticos y la comunidad LGBT+", confirma La Déliche. Pero tenía miedo de que me acosaran e intimidaran, porque mi cara estaba en el cartel".*


La extrema derecha ha encontrado su filón en dos campos muy definidos: la inmigración y la sexualidad. En ambos casos se apoya en una perversión, la negación del otro. Ya sea por "ley divina" o por "ley natural", el peligro está en el otro; es de él de donde proviene el caos y la destrucción.  El mismo odio que se eleva contra el extranjero (siempre y cuando no deje dinero, como el turista) se  dirige contra aquellos que se alejan en la sexualidad.

Un matiz importante: no se trata solo de las relaciones sexuales. Igual que se dirige el odio y la estigmatización  contra cualquiera de las variaciones LGTB+, el feminismo, en la medida en que reclama una mujer diferente a la estipulada por el tradicionalismo, también se enfrenta al estigma. La violencia de género (sí, esa que no existe) es la agresión a quien se sale de los límites fijados o desafía la visión machista tradicional de las relaciones o fuera de ellas, en encuentros ocasionales.

La violencia se ejerce de distintas formas, pero siempre es una reivindicación del poder y el control. Las crecientes violaciones en grupo y el descenso de las edades en que se producen hacen ver la perversión de las ideas que, directa o indirectamente, las están provocando. La violencia se justifica como una restitución del "orden perdido", como un "poner las cosas en su lugar", "enseñar quién manda". Y eso está creciendo a través del discurso político negacionista de unas cosas y afirmación de sus "verdades alternativas", las que señalan cómo deben ser y actuar los otros y lo que les ocurrirá si no lo hacen.

No es casual que un personaje como Donald Trump haya llegado donde ha llegado. No es una casualidad los millones de votantes y seguidores, pues son el resultado de esa distorsión y retroceso de lo que se pensaban era una "avance social", un progreso para todos. Pero "todos" es una palabra compleja y engañosa.

El negacionismo de diverso pelaje es una forma de polarización política y social que trabaja de forma intensa. La política se ha desplazado de sus tareas rutinarias a la batalla por las mentes y los cambios socioculturales. Los problemas ya no son tanto dónde construir una carretera sino de cómo construir las mentes, en qué dirección deben circular las ideas.

En el artículo se incide en una idea que hemos repetido aquí en diversas ocasiones: 

Más allá de los ataques ocasionales en Francia, Alex M. Mahoudeau también observa lo que ocurre al otro lado del Atlántico. En su opinión, las acciones emprendidas por la extrema derecha francesa son "una importación oportunista de los pánicos morales fomentados por los conservadores en Estados Unidos sobre las cuestiones LGBT+". Los artistas drag estadounidenses se enfrentan a una embestida que incluye la legislación. En febrero, Tennessee se convirtió en el primer estado en votar la prohibición de las actuaciones drag de niños, pero la medida ha sido bloqueada por un juez, informa el New York Times. En Oklahoma, una propuesta de ley multaría y encarcelaría al autor de una actuación drag delante de un menor, explica Business Insider. Otros países están preparando textos similares.* 

La ofensiva americana tiene ahora un plan de acción exportable e imitable. Es lo que hace Vox en España. Le va a ser complicado al PP desligarse de los principios de su compañero ocasional en las estrategias para alcanzar mayorías. El paso atrás dado en Extremadura ha dejado al descubierto qué es lo que realmente importa. Si el PP piensa que va a poder controlar a Vox relativizando las discrepancias o con juegos retóricos para camuflar las proclamas se equivoca. Desde Europa ya se lo han señalado, pero ante unas elecciones generales parece que los principios dejan demasiado paso a los intereses.

Los discursos de exclusión y de odio acaban encontrando "tiradores" certeros, gente que pasa de las palabras y los desprecios a apretar el gatillo, como ya ha ocurrido en los Estados Unidos. Los ataques verbales son solo la antesala; luego llegarán las lamentaciones. 

La persecución de la diversidad tiene como efecto una radicalización y estrechamiento del yo propio. Cada vez que le negamos al otro la posibilidad de ser diferente nos condenamos nosotros mismos a la uniformidad, al límite que se va reduciendo drásticamente. Cuando nos queremos dar cuenta, estamos encerrados en nuestros propios prejuicios, la peor cárcel de todas.

Hay demasiado pragmatismo, por llamarlo así, a derecha e izquierda. Los límites de lo admisible (de lo juicioso) se superan por la atracción ejercida desde los polos hacia violencias y exclusiones de diverso tipo, del nacionalismo a la sexualidad. Eso no tiene nunca un buen fin. Renunciando a un centro en el que apoyarse, solo quedan los extremos para que las cuentas salgan. A veces el poder sale caro cuando no se mira la letra pequeña... ni el futuro que creamos. 

* Fabien Jannic-Cherbonnel   "Francia: cómo las drag queens se convirtieron en el nuevo objetivo de la extrema derecha" https://www.rtve.es/noticias/ 30/06/2023 - "Comment les drag queens sont devenues la nouvelle cible de l'extrême droite" FranceInfo 30/06/2023 

https://www.francetvinfo.fr/societe/lgbt/comment-les-drag-queens-sont-devenues-la-nouvelle-cible-de-l-extreme-droite_5822021.html

sábado, 16 de mayo de 2020

Yo también soy chino

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es lo visible contra lo invisible. Como no puedes ver el coronavirus, te diriges hacia tu portador. La mente hace un juego retórico y ¡voila! ya tienes delante al culpable, al asiático, convertido en "chino". Es sencillo. Nuestra mente necesita de objetivos hacia los que dirigir miedo y odio, una figura susceptible de absorber la rabia y la frustración.
Donald Trump es un maestro especializado en redirigir el odio. Lo ha hecho contra los hispanos ("bad hombres", narcos, violadores y asesinos), contra los demócratas (izquierdistas y comunistas, antiamericanos), contra los árabes (terroristas), contra los medios de comunicación (los enemigos del pueblo, conspiradores para acabar con el mejor presidente de los Estados Unidos)... y contra China, su objetivo favorito.  Todo lo malo viene de China; todo lo malo está en China.


La pandemia estalló, hay que recordarlo siempre, en plena guerra arancelaria contra China, contra Huawei, contra el 5G. Cuando pensaba que la epidemia no saldría de allí, felicitaba a China desde su superioridad benevolente diciendo que el presidente Xi hacía un "gran trabajo". Era una de sus formas despistar del objetivo principal, aislarla y separarla de Europa esencialmente. Lo hacía con los aranceles contra China y contra los países europeos, incluida España. El aceite y otro productos pasaron a ser "enemigos", "peligros potenciales" sin saber porqué. La administración Trump se ha acostumbrado a no dar explicaciones a sus actos de fuerza; es la simple imposición a los demás de lo que deben creer, sobre cómo deben mirar el mundo. A su vez, Trump está dirigiendo la mirada y el pensamiento de millones de norteamericanos que han encontrado en él una especie de líder de una secta cada día más fanática, un fenómeno que hacía muchas décadas que no se experimentaba y que explica la fascinación de Trump por los dictadores, los únicos con los que se siente a gusto, ante el desprecio que percibe en los líderes de los países occidentales.


El otro día, en la Casa Blanca, se produjo un incidente con una periodista norteamericana de ascendencia asiática. A una de sus preguntas le dijo "¡Pregunte a China!", ante lo que la periodista le pidió explicaciones que, evidentemente, Trump no dio. No es la primera vez que Trump da muestras de racismo en distintas direcciones, pero ahora es China el blanco constante.


Este dirigir constantemente el odio hacia China tiene consecuencias dentro y fuera. En el interior de los Estados Unidos ha causado ya problemas a muchas personas que no tienen nada que ver con la epidemia. En realidad, nadie tiene nada que ver con el COVID-19, es nuestra tendencia innata a antropomorfizarlo todo (como bien señalo Nietzsche) lo que hace que hayamos convertirlo un hecho de naturaleza en un hecho social. El bulo del laboratorio no es más que una forma de racionalizar, una mitificación (un discurso explicativo) que permite una explicación a algo que simplemente no acabamos de entender. De la misma forma que el mundo de la antigüedad daba un "sentido" a las plagas y enfermedades, muchos están convirtiendo el COVID-19, pese a todas las advertencias de los científicos en una forma de "guerra" intencionada. El narcisismo de Trump y su contagio a parte de los Estados Unidos hace el resto. Los medios contribuyen en gran medida a extenderlo y eso convierte la xenofobia en un hecho social que se extiende.


Deberíamos recordar en España, por ejemplo, que nuestros dos primeros casos fueron de turistas europeos en zonas turísticas y que, pese a ello, seguimos anhelando que se abran nuestras fronteras, hoteles y playas. Que yo sepa nadie lo ha llamado el virus alemán o el virus francés ni el italiano cuando empezaron a venir de esos países. Nuestra tendencia a los mitos es fácilmente manipulable y eso se aprovecha para los racistas previos, que ven la ocasión de oro para trabajarse la opinión pública, a los integristas políticos, que ven lo mismo pero desde la perspectiva de que la causa es el comunismo chino, o los antiglobalización, que ven en esto una consecuencia de la expansión de su economía.
Es sorprendente cómo esas tres tendencias —racismo, política y economía— pueden generar tantas corrientes de odio. Cuando las personas de rasgos asiáticos empezaron a ponerse camisetas o a hacer circular el hashtag "#no_soy_un_virus" lo hicieron porque ese fenómeno de suma de prejuicios y odios estaba empezando a afectar a sus vidas cotidianas, de pasear por la calle a las escuelas. Aquí hemos estado denunciando estos desde el 21 de enero, por lo que no fue tarde cuando esto comenzó primero en los medios y después a la gente. Se trabajaba desde la preexistente amenaza contra China a raíz de la guerra comercial y el caso contra Huawei... y se dio el salto.


The New York Times publicó ayer un interesante artículo de la escritora norteamericana de origen surcoreano Euni Hong. El texto lleva por título "Why I’ve Stopped Telling People I’m Not Chinese", lo que nos lleva a un interesante cambio en la mentalidad la parte de origen asiático de los Estados Unidos.
La escritora recuerda diversos momentos en su vida en los que ha tenido que explicar los ataques recibidos por sus rasgos asiáticos. "Asiático" engloba a todo el que tenga los rasgos o apariencia, más o menos marcados, nombres o apellidos, forma de vestir, etc. que la sociedad norteamericana que se consideran "puros americanos" establece.
Es interesante no perder de vista que esto se ha hecho anteriormente a los asiáticos con los "hispanos" o los "árabes", también estigmatizados. En Estados Unidos, todo el mundo es potencialmente peligroso si no tiene el perfil que la comunidad rectora establece que es el "perfil americano". Esto no es nuevo. Ninguna sociedad juzga tanto por el exterior como la norteamericana. Basta recordar los incidentes que se produjeron contra los hispanos con la llegada de Trump al poder. Las noticias empezaron a recoger incidentes en restaurantes, supermercados, etc. contra aquellos que hablaban en español. Se trata de tener la suerte de que esta comunidad, que se considera superior al resto, no la coja contigo, con tu continente, tu país o tu cultura. Así ha sido y parece que permanece a la espera, agazapada, de nuevas ocasiones en que aparezca el odio, el desprecio, la discriminación sobre el grupo elegido.
Euny Hong escribe en su artículo:

Last month, a Chinese-American friend of mine posted on social media about a targeted internet ad that had outraged her. In the wake of Covid-19, some clothing vendor saw a business opportunity: a series of T-shirts with slogans like, “I’m Asian but I’m not Chinese,” “I’m not Chinese, I’m Korean,” “I’m not Chinese, I’m Malaysian,” etc. Her friends’ comments under her post were equally indignant. (So much for predictive algorithms, by the way.)
My first thought was, “I wish we’d had these shirts when I was a kid.”
And then I stopped myself, horrified.
By way of context — not justification — Asians have been siccing people on other Asians for ages. In World War II-era America, some Asian-owned businesses posted signs in their windows specifying that they were not Japanese. I have even met a few Asians of that generation who currently believe that it made political sense for Franklin D. Roosevelt to put Japanese-Americans in internment camps. Just the Japanese.
Which is not to say that mislabeling isn’t dangerous; it can even be deadly. In Highland Park, Mich., in 1982, there was an incident that all Asian-Americans of a certain age remember vividly: A Chinese-American named Vincent Chin was murdered in a strip club by two white autoworkers who assumed he was Japanese — one of the people who, they believed, had destroyed the American auto industry.
It was a tragic case of mistaken identity. But to respond to that horrific incident with “Vincent Chin wasn’t even Japanese!” is to create a dangerous distraction from the core issue: It is never OK to attack anyone based on their race.*



Esta fórmula combinada con otra, la del linchamiento, es peligrosa porque convierte al que no se ajusta al modelo en objetivo. Lo que señala Hong es cómo ese miedo social a convertirse en la víctima lleva a la falta de solidaridad y a redirigir el odio hacia otros. Se trata solo de dejar claro que "no se es china", a lo que se deben dirigir todos los esfuerzos. Son los mecanismos del fascismo social, manejar el miedo para asegurarse el control y el poder. De ahí que ella misma manifieste su horror al darse cuenta de que ha caído en la trampa, lo que se representa en el lema de la camiseta. Simplemente se trata de que no de dé la piedra que arrojan, no de evitar que se lance.
Desgraciadamente no podemos decir que esto es una minoría. Es la mayoría que ha llevado a Trump a la Casa Blanca y la misma que le sigue defendiendo en su xenofobia, sus mentiras patológicas desde el Senado o desde las calles. Son los que aceptan el "¡Liberad los estados!" e invaden las instituciones con las armas en la cintura o a la espalda.
Hay que tener mucho cuidado. Trump ve peligrar su reelección, al igual que las fuerzas que están tras él, las que le apoyan y salen a la calle a manifestarse. Trump es un veneno social, como lo son algunos de los que tiene alrededor, como lo es la Fox News, que actúa sobre la opinión pública esparciendo odio y falsedades.


De país multiétnico con una "ciudadanía común", Trump y los suyos han apostado por el racismo. Ser americano ya no es un hecho constitucional, sino racial. Es lo que están padeciendo los asiáticos, como antes lo han padecido y lo siguen padeciendo los afroamericanos, los hispanos o cualquier otro grupo que no sea "puramente blanco" según sus criterios.
Voceros de Trump como Peter Navarro, que ya era anti China, o Mike Pompeo vuelven a realizar apariciones en las televisiones atacando, creando un clima discriminatorio en el interior y bélico en el exterior. Con lacayos como este, Trump trata de crear el miedo y el deseo de violencia, algo que puede ser difícil de controlar internamente, como ya advertían en The New York Times.

Los medios han comprendido la estrategia de Trump y le exigen que explique todas y cada una de las afirmaciones que realiza. Si se siente presionado cierra la sesión (como hizo) o  retira la palabra y pasa a otros. Ya no es posible aceptar sus visiones racistas y xenófobas. Conforme el mundo se va acercando al mayor control de la pandemia, la agresividad de Trump crece, como lo hacen sus promesas de una vacuna para después de las elecciones de otoño. El truco es tan burdo que solo los adeptos pueden creerlo ciegamente.
Estados Unidos ha perdido el prestigio internacional a manos de Trump. Y algo peor, la confianza de muchos norteamericanos en las instituciones y en el mismo país. Los hubo que decidieron irse a vivir fuera, a Canadá, hasta que Trump se fuera. No sé si era la solución más acertada, pero el desastre que va a dejar a sus sucesores en la Casa Blanca tendrá dimensiones colosales, con un pueblo dividido como no lo había estado desde la Guerra Civil.
Afortunadamente, la presión sobre la sociedad está dejando también el ánimo firme de muchas personas que no le seguirán el juego del odio y la división. En el final de su artículo, Eunt Hong escribe:

If someone says, “You Chinese are killing us,” I am in that moment Chinese. Whether I give the other person a piece of my mind or not — awkward, perhaps, from six feet away — my instinct should be indignation, not deflection. Because one of many lessons I’ve learned from the pandemic and its consequences is that focusing on being misidentified by a xenophobe is nothing better than trying to negotiate a more accurate insult.*



Esa es la clave. Darse cuenta que no podemos ponernos del lado del xenófobo para evitar ser atacados nosotros, para no ser su blanco. La consecuencia es vivir con miedo, sin libertad de poder expresar lo que se siente. Y lo que se debe sentir es precisamente ponerse al lado de aquellos que son insultados injustamente, solo para satisfacer su ego racista.
Lo que pasa con las personas asiáticas en Estados Unidos pasa en más sitios. También ha ocurrido aquí, si bien de otra manera porque no hay autoridades jaleando a los violentos, solo algún energúmeno. Pero los españoles lo hemos padecido en otras partes del mundo cuando la pandemia había llegado a un punto crítico. No lo debemos olvidar. No debemos olvidarlo nunca.
Cuando vemos injusticias de este tipo, debemos decir, "yo también soy chino", como hemos dicho "yo también soy París" o "I Love New York". Es estar del lado del  que sufre persecución o discriminación  injustamente. Ellos también han sufrido muertes y dolor por las pérdidas, luchan como nosotros.
Pese a las muchas circunstancias adversas que viven, me ha emocionado ver cómo muchos chinos en España han vivido solidariamente nuestra situación, como unos más entre nosotros, sufriendo además al ser señalados o mirados al pasar. Hay muchas cosas que están haciendo por nosotros, desde traducir manuales de prevención a poner en contacto a médicos españoles con médicos chinos para compartir experiencia o niños en las escuelas que mandan dibujos de ánimo.
Mis alumnos chis son caso aparte, una alegría en mi vida. Su preocupación constante por mi estado, por cómo me encuentro o si necesito algo, es muy de agradecer y la tendré siempre conmigo. Muchos no se atreven a salir a la calle por miedo a que les digan algo. 
Solo te pido una cosa, si ves una situación así, dile al agresor, al xenófobo, "yo también soy chino".  No pienses ni en economía ni en política, solo en que la persona que tienes delante te necesita.
Yo también soy chino.



* Euny Hong "Why I’ve Stopped Telling People I’m Not Chinese" The New York Times 15/05/2020 https://www.nytimes.com/2020/05/15/opinion/coronavirus-chinese-asian-racism.html

martes, 14 de enero de 2020

El "color" de Antonio Banderas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El Mundo da cuenta de un "incidente" que deja en evidencia algunas cosas ya desde el mismo titular: "Medios estadounidenses incluyen a Antonio Banderas entre los "actores de color" nominados al Oscar". Puede parecer sorprendente, pero de forma diferente según el ángulo desde el que se mire. Hay algunos de respuesta rápida que han corregido el error señalando que Banderas no es de "color", que es "europeo" (es decir, "español") y "blanco".
Recuerdo todavía el profundo desprecio de ese chistoso ofensivo que es Ricky Gervais cuando en los Globos de Oro de hace un par de años se mofó del inglés de Antonio Banderas y este contestó recitando a Calderón de la Barca. Gervais no es norteamericano, pero es el "blanco" perfecto y sabe que una parte de la audiencia va sentirse más a su lado (y reír sus bromas) que junto a Banderas del que les separa  lo que se llama "color", que no es más que un eufemismo para no utilizar demasiado el término "raza". Gervais es racista, como es la parte de la audiencia que le ríe sus gracias.
Como "españoles" nos puede resultar sorprendente que alguien piense que somos de "color" o, mejor, de "algún color". Pero si tenemos que ser de alguno, claro, sería "blanco". Con esto —con este enfoque y discusión— solo se consigue una cosa: reforzar un sistema racista como es el existente en los Estados Unidos (y también en otros países de Latinoamérica). La referencia "blanca" se aplica prácticamente a los descendientes de británicos y de los países, diríamos, de la mitad superior de Europa, lo que incluiría a germanos, nórdicos, etc. dejando la parte inferior del continente como conectados con los "latinos".


Gervais lo hizo por la lengua, porque decía "no entender" a Banderas cuando hablaba inglés, lo que nos centra bastante los atributos de ese "blanco", que es mucho más que una cuestión de piel.
Señala el diario El Mundo:

La inclusión del actor español Antonio Banderas como uno de los pocos nominados "de color" a los Óscar por parte de algunos medios estadounidenses ha desatado la polémica y la inmediata reacción de las redes sociales, que se han apresurado a aclarar que es europeo y blanco.
Publicaciones especializadas en Hollywood como Deadline o Vanity Fair mencionaron a Banderas como uno de los pocos casos de "persona de color" nominadas a los Óscar, tras el anuncio oficial de los candidatos a los premios de la Academia de Hollywood de este lunes.
Ambos diarios citaron a Banderas junto a la actriz de origen afroamericano Cynthia Erivo como los únicos intérpretes "de color" nominados a los Óscar de este año, frente a comentarios en las redes sociales que señalan que el actor español es europeo y blanco.*



Los que consideran que Banderas debe sentirse "ofendido" sostienen el sistema racista. Los que deberían sentirse "avergonzados" (algo distinto) son los que sostienen estas formas de separación de las personas en nombre de unos "colores" que son formas de categorizar jerárquicamente a los grupos en función de su origen. Las personas tienen un nombre por el que se las identifica. Después se van añadiendo categorías en donde se puede jugar con estereotipos y prejuicios de muchos tipos: "actor español", "actor de color", "actor español de color", "actor de color"... Actor es su trabajo Es muchas cosas más: empresario, director teatral...) y español lo que dice su pasaporte, pero podría cambiar de nacionalidad o referirse a él como "actor europeo", ya que es ciudadano de la Unión. Pero el Brexit explica porque, por ejemplo, muchos británicos no se presentan o se les presenta como "europeos". El particular estatus de los actores británicos en los Estados Unidos procede del "origen" y de la herencia de la lengua. Eso le permite a Gervais sentirse superior a Banderas, siendo tan "europeo", tan extranjero, como él. Pero a los ojos de la audiencia (incluso a los propios de Gervais), Banderas es más extranjero que él y, por supuesto, más "blanco".


 En algunos países musulmanes —aquí hemos revisado el caso egipcio— se incluiría la categoría religión, algo contra lo que algunos luchan porque consideran que todos son "egipcios". Sin embargo, el gobierno sigue considerando que se debe distinguir entre "coptos" y "musulmanes". El musulmán se ve como más "egipcio"; el musulmán radical ve a los coptos como unos conspiradores que quieren acabar con el islam, lo que les convierte en objetivo declarado de los grupos violentos. Lo hemos tratado en ocasiones,
No es un "error" lo que ha pasado con Banderas y algunos medios; es un desliz. Es una acción que revela lo que hay debajo, que lo perciben como distinto y, como muestra Gervais, defectuoso.
No hace tanto tiempo que Hollywood (no solo ellos) cambiaban los nombres a los actores extranjeros que llegaban. No querían que sus audiencias se vieran sometidas al conflicto de tener que identificarse con actores y actrices de lugares demasiado lejanos.

El "error" no debe servir para sostener un sistema clasificatorio de las personas. Reivindicarse como "blanco" es seguir el juego. Puede que ellos tranquilicen sus conciencias con el cómputo de actores y actrices "no blancos", pero esa contabilidad no hace sino tratar de conseguir unos números "aceptables", proporcionales, manteniendo las categorías, que es lo más peligroso, pues son barreras reales más allá de los platós.
La categoría "color" es claramente discriminatoria, se aplique de una forma u otra. Hablar de "error" es aceptar que habrá otros casos en los que sea correcta. Y no lo es. Si deducimos que se han equivocado de "color", estamos insultando a otros. El problema no es que se hayan "equivocado", sino el que alguien te clasifique. Es un acto de poder, discriminatorio.
Es importante que Banderas tenga opciones y esté entre los grandes actores nominados este año. Es un respeto a su loable trabajo por encima de distinciones de otro tipo. Debe ser desagradable sentir que tú y tu trabajo están rodeados por una barrera de cristal de la percepción social, que hagas lo que hagas estás inmerso en una situación de la que no te permiten escapar. Serás como te perciban, como te clasifiquen. Tú no decides quién eres, sino quien tiene el poder de hacerlo.



* "Medios estadounidenses incluyen a Antonio Banderas entre los "actores de color" nominados al Oscar" 13/01/2020 https://www.elmundo.es/cultura/2020/01/13/5e1cc77921efa0a9078b463e.html

martes, 10 de septiembre de 2019

La polémica del estrechamiento de manos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Costumbres o mala educación? "No es nada personal", vienen a decir los varones iraníes. "No damos la mano a las mujeres, no las miramos y no las queremos cerca". Ese ha sido el mensaje de "distensión" de las autoridades en el conflicto del estrechamiento de manos que se ha planteado como protocolo en el Congreso de los diputados. Luego, inmediatamente, acusan a "Occidente" de tratar de "imponer sus costumbres". Un problema protocolario pero que plantea el problema al que lo tiene que aceptar en su propio territorio.
Algo importante que hay que tener en cuenta. Se trata de un saludo, que es una forma de manifestar precisamente una actitud. Uno puede hacerlo de muchas formas, pero no negarlo. El planteamiento iraní no es solo una costumbre, sino negar el saludo y el reconocimiento, por tanto, a las mujeres que les ponen delante por el hecho de serlo. Es discriminación.
El diario El País contaba así lo ocurrido la semana pasada en el Congreso:

Una visita protocolaria de una delegación extranjera de políticos, habituales en el Congreso y que suelen pasar inadvertidas, provocó el martes un incidente diplomático. La nación era Irán. El asunto derivó en una agria disputa nacional, ya casi en plena precampaña electoral en España, sobre cómo abordar la relación de ese país con las mujeres.
Vox capitalizó el frente de la derecha parlamentaria contra el pragmatismo de acudir a la cita tras alertar desde el servicio de protocolo del Congreso que la Embajada de Irán había avisado de que sus delegados no consentirían en el saludo informal ningún contacto físico, ni siquiera con la mano, con las políticas españolas. Ciudadanos se sumó inmediatamente al boicot y el PP lo respaldó este miércoles. La izquierda optó por acudir a la reunión y expresar en la misma sus quejas contra la falta de derechos e igualdad de la mujer en Irán. El embajador iraní en Madrid, Hasan Qashqavi, explicó molesto, al final del encuentro, que esa costumbre forma parte de su cultura y pidió "respeto".
La cita era este pasado martes, a las seis de la tarde, en una sala del Congreso con los componentes de la comisión de Exteriores. Acudía una delegación con un alto representante del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Mahmoud Barimanique, otros asesores y el embajador en Madrid. Apenas tres horas antes un mensaje a la prensa de Vox reventó la reunión y desató una carrera contra el reloj para situarse políticamente o evitar un incidente diplomático con un país con el que las relaciones son siempre delicadas.*



Los conflictos con los iraníes son constantes y prácticamente irresolubles como demuestra la práctica. Esto deja pocas posibilidades incluso en temas de cortesía o de amistad. La visita al parlamento es una cuestión amistosa hacia un país que está empezando a abusar del hecho que los demás traten de mantener las relaciones que Estados Unidos ha tirado por la borda. Está tomando esto como una cuestión de "debilidad" de lo que han llamado "Europa" con un tono despectivo sin tener en cuenta que es Europa precisamente la que está intentando mantenerles el tipo.
El problema planteado por el protocolo tiene varias alternativas a lo que es la falta de reconocimiento a las mujeres. Eso no es una "tradición"; es una mala costumbre, que es otra cosa. No sirve de ningún consuelo que en su propio país se nieguen a tocar o as mirar simplemente a las mujeres que no sean de su familia. La "costumbre" tiene consecuencias para las personas que el régimen de los ayatolás ignora amparándose en esa costumbre. Uno puede tener sus propios gustos, pero las costumbres que implican que los demás deben obedecerlas —ya sean en Teherán o en Riad o en cualquier otro lugar— están en cuestión.


Las soluciones son complicadas porque implican precisamente las relaciones entre dos países que entienden la cortesía de forma distinta. El hecho de que sean los demás quienes deben cambiarlas en su propia casa no es más que una muestra del desprecio y el sentido de la superioridad que el iraní considera que tiene sobre los demás. Son la muestra de esa superioridad frente a los impuros que nos las practican. No es una costumbre, en el sentido humano; es un mandato que ellos, seguidores fieles de las leyes divinas, practican frente a la ignorancia y zafiedad del resto del planeta. Esto se disfraza de muchas maneras, pero es la evidencia del trato la que lo demuestra. No es privativo suyo, ya que no se trata de una "costumbre de Irán", ya que se practica también en algún otro país que rechaza tener cerca a las mujeres que no son de la familia.
Recuerdo el argumento de un juez egipcio contra la entrada de las mujeres en la magistratura: "¿cómo iban a reunirse a deliberar varios hombres con una mujer en la misma sala?" Lo podemos llamar "costumbre" o también "discriminación". En algunos países esas viejas y añejas costumbres claramente discriminatorias se pueden debatir. En Irán no, porque tienen otras "costumbres" contra quien discrepa de las costumbres. Algunas de esas costumbres acaban muy mal para algunos. Una vez un profesor iraní me dijo que no nos equivocáramos, que Irán era un país con una gran base laica. No sé quién se equivocaba, por supuesto, pero el hecho es que decir que eres laico en ese contexto tiene unos riesgos que muy pocos asumen.


Las que lo asumen principalmente son las mujeres desafiando la imposición del velo. Lo hacen con fotos y vídeos en los que los lanzan a aire o simplemente se lo quitan. Hay algo de alegría liberadora en ese acto de arrojarlo.
En España, lo nuestro es discutir. El País informa de cómo los partidos españoles, dentro de sus pugnas, no quisieron que nadie se llevara la foto de la oposición a algo difícil de aceptar, por lo que todos manifestaron su rechazo. Así fue el encuentro:

Los delegados iraníes acudieron a la hora programada, el encuentro se llevó a cabo, los portavoces de todos los partidos españoles expresaron dentro de la sala sus reparos por el trato a la mujer en Irán y por la falta de igualdad. Tras dos horas de discursos, la cita parecía haber acabado cuando el embajador de Irán en Madrid, Hasan Qashqavi, pidió la palabra. Y subrayó que entendía que a los políticos españoles no les gustase ni comprendiesen las normas culturales por las que se rigen en su país (la sharía o código de conducta del Corán no permite ese contacto físico con las mujeres entre desconocidos) y acabó: "No les pido que lo compartan, pero sí que lo respeten".*

El problema es que eso no es cierto. Siempre hay un cierto tono de hipocresía en las manifestaciones oficiales de las autoridades iraníes. Lo del "respeto" suele ser algo que ellos mismos no practican. Están mal acostumbrados a que se plieguen a sus exigencias. Lo que llama "normas culturales" (bien elegido el término) son el resultado de la imposición de una revolución que cambió toda la situación de Oriente Medio, intensificando el radicalismo islámico en países que eran mucho más de convivencia. Fue la revolución retrógrada de Irán la que activó la mayor parte de los integrismos que habían tenido menor impacto hasta el momento y generó otros nuevos entre el islam suní.
Hoy mismo tenemos en la prensa el anuncio por parte de Arabia Saudí del comienzo de un programa nuclear que puede tener derivaciones militares, como han señalado ellos mismos. Es la respuesta al enriquecimiento de uranio con el que Irán chantajea a la comunidad internacional tras la llegada de Donald Trump. El calentamiento a tres bandas —Irán, Arabia Saudí e Israel— es un motivo de preocupación para todos.


Las respuestas protocolarias ante la negativa a dar la mano (nadie da la mano si no quiere) pueden ser variadas. Unas ya se han elegido, lanzarles discursos reivindicativos sobre los derechos de las mujeres, negarse a asistir. Pero hay otras, como que nadie les dé la mano creando así la costumbre de la "grosería selectiva", una anticostumbre española, o enviar solo mujeres a hablar con ellos y allá se las apañen, hasta que solo vayan las mujeres. Las posibilidades son muchas.
Hay una falsedad hipócrita en las palabras dichas por el embajador: Irán no pide "respeto"; Irán exige que los demás se plieguen. Las palabras dichas sobre que en España se besan, recogidas por la prensa, son absurdas porque eso refleja un nivel de confianza que se corta en el momento en el que la mujer extiende la mano. Una cosa son los tipos de saludo, que pueden variar, y otra negarlo por principio.
Es raro que nadie haya recordado con motivo de este pequeño conflicto de costumbres lo ocurrido con la visita del presidente Rohani a Italia en 2016. El titular de ABC fue entonces fue "Italia tapa estatuas de desnudos por la visita del presidente iraní":

Las estatuas con desnudos, como las Venus de la época romana, que se encontraban en el recorrido que realizó ayer el presidente de Irán, Hasán Rohaní, en los Museos Capitolinos de Roma fueron cubiertas por respeto al mandatario, según informan hoy los medios de comunicación italianos.
Las imágenes de bloques de contrachapado blanco que cubren las estatuas del Museo que ayer visitó el presidente iraní aparecen hoy en los diarios locales y han suscitado alguna polémica entre los políticos.
Según el diario "Il Messaggero", la delegación iraní pidió que se cubriesen las Venus desnudas y otras estatuas por respeto a su cultura, así como también pidieron un cambio en la «escenografía» de la sala de los Museos Capitolinos donde aparecieron ante la prensa Rohani y el primer ministro, Matteo Renzi, tras su reunión. Según este periódico de Roma, no les gustaba que apareciese la enorme escultura ecuestre en bronce de Marco Aurelio, la gran joya de los museos.**


El hecho de tener que tapar las estatuas por las que todos pueden pasar por delante menos los dirigentes iraníes es ya un indicativo del grado de exigencia. La estupidez italiana de entonces se sigue pagando ahora. Cuando un país tiene que cubrir sus monumentos para evitar que el visitante se ofenda, las visitas carecen de sentido. Quizá debería celebrarse las sesiones con ellos mediante video conferencia o en un islote sin historia en las que sus costumbres (las que imponen los ayatolás) no se vieran impedidas o perturbadas. Tampoco se sirvió vino "por no ofender", algo absurdo que muestra la intolerancia. No se trata de no beber, sino de que no se beba en su presencia. Una forma más de hipocresía desde países que beben en las casas, lejos de las miradas de los censores. No se trató tampoco de respeto, sino de imponer a otros sus condiciones desde esa superioridad divina que les caracteriza.


Nuestra Facultad, que ha tenido decana durante ocho años, pudo comprobar los mismos desprecios del saludo a quienes se invitaba amablemente para mostrar su cine, la única herramienta de propaganda del régimen que le funciona en el exterior, pese a las limitaciones a la creación. La utilizan bien.
Quizá haya que replantearse las relaciones formales mediante nuevos protocolos. El argumento, tan querido por los poscolonialistas, de que Occidente quiere cambiarles elude la diferencia entre las costumbres y las imposiciones, especialmente en las cuestiones de género. Las sociedades evolucionan a menos que se las encierre, que el caso de muchos países en los que se esconden tras la idea de "cultura" para mantener sus dispositivos de control social y ausencia de libertades. El mundo se ha hecho global y es muy difícil evitar los cambios. Hacia dónde vayan esos cambios es difícil de predecir. Unas veces van en un sentido y otras en clara involución eliminando de sus sociedades a aquellos que van en contra de la "costumbre", vieja o nueva.


Al final, no cuentan las personas, sino la fuerza que es posible emplear para mantenerlos en los carriles adecuados de la costumbre. Hay muchos iraníes que no están de acuerdo con esas costumbres; lo que ocurre es que tienen que callarse o irse. Los largos brazos del poder les llegan aunque están fuera de su país, pues las embajadas —no son los únicos— vigilan.
Si no quieren o pueden dar la mano, nadie les puede obligar. Pero tampoco debemos entonces nosotros a dárselas a ellos, aunque nos cueste. La cuestión de que haya mujeres cerca o si hay que mirarlas de frente o de lado, es un problema suyo. Vendas, parches o gafas oscuras están a su alcance. En Italia no debieron cubrir las estatuas, sino tapar los ojos del que se sentía ofendido.
El titular de El País hace referencia a una supuesta "batalla del saludo" ganada por la derecha parlamentaria. No creo que esa sea la cuestión relevante. Es casi ofensiva para las mujeres que se juegan en Irán y en otros lugares la vida o la cárcel por cuestiones de este tipo. No es cuestión de complejos o de intereses extraños. Es una cuestión más profunda y que nos afecta a todos por encima de banderías. Algunos pueden quedar en evidencia, pero eso es cuestión suya.




* "La derecha gana la batalla del saludo a la delegación iraní en el Congreso" El País 5/09/2019 https://elpais.com/politica/2019/09/04/actualidad/1567618282_623283.html
** "Italia tapa estatuas de desnudos por la visita del presidente iraní" ABC 27/01/2016 https://www.abc.es/internacional/abci-italia-tapa-estatuas-desnudos-visita-presidente-irani-201601261457_noticia.html