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martes, 31 de marzo de 2026

Las risas en el parlamento israelí

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lejos de aclararse, el panorama de la guerra en Oriente Medio se complica. Lo hace por la extraña conjunción de cabezas al frente de los atacantes, los Estados Unidos de Donald Trump y el Israel de Benjamín Netanyahu. No puede entenderse esta guerra sin pensar en las peculiares psicologías de ambos dirigentes. No se trata tanto de quién arrastra a quién, sino de esa confluencia en la que la superpotencia  no cumple con sus funciones y responsabilidades como tal, por un lado, y su "protegida" se lanza a un plan imposible, por otro.

El mundo se vio sorprendido por las promesas de guerra rápida y los resultados de lo que se ha visto convertido en una guerra religiosa, que lo es desde el momento en que el expansionismo se disfraza con la promesa de conseguir la "tierra prometida". Basta con recordar otras guerras en las que el móvil ha sido una promesa divina o el destino histórico y cuando se mezcla con la "raza" y el "territorio".

El problema de esta guerra es que no hay nada que negociar por mucho que se le intenten aplicar las fórmulas al uso. Israel busca el exterminio e Irán confía en el martirio como fuerza de enganche. No, nadie puede ceder cuando lo que hay detrás es un mandato divino. No traicionas a tu Dios haciendo concesiones a los herejes y pecadores; no cedes lo que Dios te prometió.

Los Estados Unidos miran hacia Irán para no mirar hacia Palestina. Justifican sus intervenciones en amenazas que nadie ha probado, dejando las manos libres a Israel en sus fronteras para sus planes coloniales expansionistas.

Todo esto ha quedado de manifiesto una vez más con las imágenes que nos muestran la "alegría" descarada, la celebración (con brindis incluido) de la pena de muerte a los palestinos que atenten contra Israel o su "idea" de lo que debe ser el "estado israelí". Las imágenes valen más que todas las explicaciones que puedan dar contra las leyes internacionales, el racismo o cualquier otro principio.

En 20minutos podemos leer sobre esto: 

El pleno de la Knéset (Parlamento israelí) ha aprobado este lunes la reforma legal que establece la pena de muerte por ahorcamiento para los culpables de asesinato terrorista. La medida solo aplica a palestinos, ya que excluye a cualquier ciudadano de Israel, lo que ha sido criticado por organizaciones de derechos humanos por su carácter discriminatorio.

El texto, aprobado con 62 votos a favor y 48 en contra, obliga -salvo excepciones sin definir- a los tribunales militares israelíes a imponer dicha pena a los palestinos residentes en Cisjordania ocupada. Mientras, los israelíes, incluso los colonos, son juzgados en tribunales civiles y se les da la posibilidad de aplicar en su lugar la cadena perpetua.

El texto formalmente prevé que se aplique a toda la ciudadanía, pero en uno de sus artículos especifica que solo se aplicará a quienes "causen intencionadamente la muerte de una persona con el objeto de negar la existencia del Estado de Israel", una definición que excluye en la práctica a cualquier individuo de creencias sionistas, incluso aunque haya perpetrado actos similares. Además limita la discreción judicial, permite las ejecuciones secretas por ahorcamiento e impone un régimen de casi total aislamiento a los condenados a muerte.*


Pero esta descripción legal, no es comparable al júbilo mostrado en el parlamento ante la aprobación de esta ley miserable y racista. ¿Cree Israel que por pasar por la aprobación de su parlamento se lava lo que realmente contiene, su racismo vengativo y consagración de la desigualdad? ¿Qué se puede esperar cuando la resistencia es terrorismo y el castigo obra de Dios?

Cuando se ven estas muestras de júbilo incontrolado por la aprobación de las penas de muerte se comprenden muchas cosas y se temen otras, como la imposibilidad de una paz, de algún tipo de arreglo, de solución que no pase por el exterminio del contrario, percibido como sobrante sobre la faz de la tierra.

A Occidente se le ha puesto en la tesitura de tener que elegir entre un régimen condenable, cruel, dogmático y violento, como es el iraní, y otro que, bajo el amparo de las democracias occidentales, ha ido desviándose hacia otros derroteros encubriéndose su deriva por la mala conciencia concentrada en el exterminio judío previo a la II Guerra Mundial. Tememos decir lo que ocurre en el Israel de Netanyahu para que no se nos llame, como ellos hacen a menudo a quien les critica, "antisemitas", en una especie de chantaje histórico y emocional. Pero Israel ha llegado a unos límites impensables para muchos, lo que ha obligado a hablar de "genocidio" en Palestina y de crímenes de guerra.


La cuestión ha creado un conflicto en el modo de pensar occidental comprometido con el derecho de Israel a tener un estado. Mal planteado y nunca resuelto hasta que se ha llegado a la vulneración del derecho internacional desvelando el sionismo, místico y profético, que le lleva, bajo la protección de los Estados Unidos, al colonialismo ignorando los derechos de los habitantes. Lejos de integrarlos, Israel los discrimina —la ley que se acaba de aprobar lo muestra claramente— y los hace desaparecer por diversas vías, de la eliminación a la expulsión. Las imágenes, generadas con Inteligencia Artificial, de los resorts finales en Gaza, con Trump y Netanyahu tomando el sol entre lujosos edificios, son un ejercicio de hipocresía pero también de lo imposible del sueño sionista de la tierra prometida, tras el que se encuentran oscuros intereses de industrias, del armamento a la construcción y la energía, a las Trump promete entregarles las ruinas para hacer negocios y lograr beneficios a cualquier coste humano.

Es duro para Occidente contemplar cómo el "hijo israelí" crece luciendo esas risas por la aprobación de unas condenas a muerte por ahorcamiento reservadas para los palestinos, unos molestos impedimentos que niegan el derecho divino de Israel a desplazarlos o masacrarlos si se resisten, convertidos en terroristas por resistirse al negarse su existencia y derechos reales.

Las risas y brindis por unas condenas a muerte son otras formas de reflejar hasta dónde se ha llegado y lo imposible por estas vías de llegar a acuerdos satisfactorios. ¿Con quién si el otro no existe, si se le ignora y desprecia? ¿Con quién, si se considera al que se opone como una "amenaza existencial" que debe ser destruida?

Las distinciones entre radicales en el gobierno israelí y el resto no son más que máscaras ante la opinión publica dentro y fuera. Las imágenes del parlamento israelí nos explican muchas cosas, a la vez que nos entristecen y aterran.

 

* "Israel legaliza la pena de muerte por horca para palestinos de Cisjordania condenados por asesinato terrorista" 20minutos / Agencias 30/03/2026 https://www.20minutos.es/internacional/israel-legaliza-pena-muerte-por-horca-para-palestinos-cisjordania-condenados-por-asesinato-terrorista_6952755_0.html


miércoles, 3 de abril de 2024

Netanyahu el exterminador

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La muerte de los siete cooperantes de la ONG del chef español José Andrés son —en palabras de Benjamín Netanyahu, que todos resaltan— "cosas de la guerra". Con estas y otras muertes frías e impunes, Netanyahu no solo bombardea en el presente sino que está dinamitando el pasado y, especialmente, el futuro de Israel. Paso a paso, el pasado triste y rentable de Israel se ve cada vez lejano y distante, el victimismo tradicional israelí basado en las persecuciones centenarias va perdiendo consistencia por lo injustificable de sus actuaciones en el presente, pura barbarie.

BBC

Netanyahu está destruyendo la rentabilidad histórica judía, la previa a la israelí, la que le buscó y creó un estado tras la II Guerra Mundial, Pero es peor es lo que está haciendo con su futuro. Es realmente el futuro lo que está destruyendo el líder israelí. 

¿Qué futuro le queda a Israel después de lo que está haciendo? Ya no le valdrán justificaciones históricas, porque es Israel bajo su mando el que se ha convertido en aquello de lo que huía, en un exterminador. Ha ido perdiendo los apoyos y simpatías hasta llegar a comprometer a los que han sido sus aliados que apenas encuentran justificaciones ni excusas para seguir armándolo ante los resultados y objetivos buscados.

El ejemplo más claro de esto lo tenemos en los aprietos en que está poniendo a Joe Biden, obligado por la historia a defender y armar como aliado en la zona a Israel y tener que hacerse responsable de sus tropelías.

Lo ocurrido con los siete cooperantes de la ONG que llevaban alimentos a los palestinos sitiados, que habían notificado sus posiciones para evitar "errores", no es casual, "cosas de la guerra", pero es sobre todo un aviso cuya función es alejar a los que intentan paliar el sufrimiento creado a los millones de desplazados en la zona, un sufrimiento cuidadosamente planeado para rendir a las fuerzas de Hamás. Estas no se escapan de la instrumentalización cobarde que siempre han hecho escudándose entre la población civil. Saben que esos "mártires" son gasolina para sus causas, que le restan apoyos internacionales a Israel y que sus líderes, cómodamente asentados fuera, regresarán un día como héroes victoriosos. Lo han hecho en otras partes y aquí se confirma esa estrategia cobarde de las murallas humanas. Dios se lo agradecerá en la otra vida.

Hoy veremos en nuestra cinefórum la película "Diarios de la calle" (2007) en el que el ejemplo del "holocausto", con la lectura del Diario de Ana Frank sirve para sacar de la destructiva vida callejera a un grupo de jóvenes norteamericanos agrupados para que "no contaminen" su saludable instituto. La joven profesora, que se estrena con ellos, cuando ve la violencia en la que viven, les lleva a ver el Museo del Holocausto. Les lleva allí cuando un alumno pregunta en clase "¿qué es el holocausto"? y todos los miembros de la clase confiesan no saber a qué se refiere. La profesora les hace ver lo que supuso la persecución a los judíos y su exterminio a manos nazis. Todos quedan impresionados por aquella experiencia, por conocer las historias concretas de miles de personas que relataban cómo fueron perseguidas, muertas sus familias, etc. Lo ocurrido con la persecución antisemita les permitía comprender su propia vida de violencia callejera e interracial.

Diarios de la calle (2007). Estudiante leyendo el diario de Anna Frank

La lectura de la película, basada en un caso real, puede ser diferente hoy con un Israel dinamitando su renta, hipotecando el sufrimiento de millones de personas al darle la vuelta a la situación. Benjamín Netanyahu es el mayor agente anti semita que ha dado Israel a la Historia.  Está consiguiendo que la lógica de la empatía con la causa judía se pierda cerrando un ciclo milenario: Israel pasa a ser el exterminador.

La puntería de los misiles en pleno centro de los automóviles de la ONG, sobre sus grandes logos en el techo, hace dudar de su accidentalidad. Netanyahu sabe que está a un paso de la "solución final", el exterminio palestino. No ha tenido la capacidad del auto análisis para entender que ha invertido los papeles en el mismo drama que se repite, el drama exterminador.

Las guerras no se ganan destruyendo, sino encontrando soluciones posibles a problemas reales. Pero el problema de Israel es el que proviene de toda situación visionaria, de todo aquel que se cree el brazo ejecutor del destino manifiesto. Esto lo sabe Hamás, que tiene ese sentido de la rentabilidad suicida que da el terrorismo, donde las víctimas no seres humanos sino ingredientes de horror buscado. Por eso se dividió Palestina, pero eso también lo está dinamitando el mismo Israel.

Le Figaro

Detrás de Hamás los que están debilitando los apoyos internacionales a Israel, los que buscan un nuevo orden en la zona aprovechando el caos y la destrucción que están generando las acciones de ejército israelí.

Si Netanyahu cree que son estas acciones brutales las que le garantizan el futuro a Israel, debería aprender su propia historia. Israel solo juega ya a una baza, la del exterminio, que es paradójicamente la que señalará el principio del fin, el declive, su hundimiento internacional.

Los movimientos para el reconocimiento de un inexistente estado palestino comienzan ya, incluida España. La idea del terrorismo está pasando de un lado al otro: Israel es ya un "estado terrorista", algo que supone romper todas las barreras del derecho internacional y evitar las reglas humanitarias. ¿Qué otra cosa supone el ataque a las ONG de ayuda humanitaria? ¿Sigue siendo aceptable para la comunidad internacional esta hipocresía?

Las portadas de los medios españoles dan especial relevancia al asesinato de los cooperantes. También se recoge en los medios de todo el mundo. Pero la acción de muerte irracional, esas "cosas de la guerra" según sus palabras y percepciones, ha quedado reflejada en los medios de todo el mundo.

A Israel ya no le quedan excusas sobre su forma de actuar, solo obsesiones. Netanyahu lo ha conseguido finalmente. Ha pasado de víctima a depredador sanguinario. Se lo ha llevado todo por delante. No hay futuro a la vista con él, solo una oscura sima de barbarie, un camino de no retorno que necesitará de otros para poderse realizar. A Netanyahu solo le queda mostrarse en la zona negativa de la Historia, junto a otros villanos, muchos de ellos por querer exterminarlos.

Han muerto siete cooperantes internacionales; muchos otros lo han hecho antes que ellos. "Cosas de la guerra", supongo. Hay más de treinta mil muertos, la inmensa mayoría civiles y dentro de estos, una gran mayoría de niños. Netanyahu no discrimina. Los niños de hoy serán un problema "mañana". Lo serán doblemente cuando no hay ningún tipo de lógica más que la del exterminio. Las matanzas no solucionan nada; solo aseguran la violencia futuro. Ni paz ni seguridad ni solidaridad se pueden encontrar por este camino.

jueves, 12 de octubre de 2023

Barbarie

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hay guerras y hay barbarie. La distinción no es clara y para muchos no hay distinción: toda guerra es barbarie. Puede haber "guerras justas", pero la barbarie no es nunca justa. Solo es, eso, barbarie; el olvido de la dignidad humana, de cualquier consideración, la destrucción indiscriminada.

Lo que está ocurriendo en Gaza e Israel es barbarie, furor destructor indiscriminado. Las causas pueden tener mayor o menor simpatía, se pueden comprender, pero la barbarie es la pérdida de cualquier razón y por ello de cualquier simpatía.

La irracionalidad sin límites en la destrucción del otro es algo que hay que rechazar de plano. La tentación es siempre mirar a unos como víctimas y a otros como verdugos, pero a lo que estamos asistiendo es a una pérdida de esta distinción, lo que lleva a la otra guerra, la mediática, la de la exhibición de heridas o incluso a su invención.

Está claro que la solución que se busca es la extinción del otro. No hay solución alguna que se haya puesto sobre la mesa más que la destrucción. La existencia misma de la Franja es una demostración de cómo se busca la reducción y la extinción milenarista. En algún lugar de ambos idearios religiosos se contempla la decisión final divina de extinguir al otro, algo a lo que los fieles de unos y otros  ayudan. Dios lo quiere y ellos lo cumplen con fiereza.


Se juntan allí todos los males, prejuicios, venganzas, odios posibles. El mundo se divide en dos, los que quieren continuar y los que no entienden cómo pueden parar la barbarie.

Las imágenes terribles, los mensajes horrorizados de conocidos, de personas que empiezan a contarnos de sus muertes de amigos, de parientes, de cooperantes, de periodistas...

La mortífera campaña sobre Gaza es como pescar peces en un cubo; es una ratonera, con dos puertas cerradas en cada lado; es una cárcel, como señalan muchos comentaristas.

En esa cárcel se carece de todo, pues dependen del exterior, es decir, que lo que Israel decida suministrar. En RTVE.es se nos habla de lo que supone la pérdida de energía eléctrica que ha sido cortada:

Gaza está a oscuras. La guerra entre Israel y Hamás ha estrangulado el deficiente suministro eléctrico en la Franja hasta el extremo de que la única central que genera energía dentro del territorio ha tenido que apagarse por falta de combustible. Tampoco recibe electricidad desde el exterior, ya que Israel cerró sus líneas con Gaza el lunes pasado. Desde el inicio de la guerra y hasta el pasado 11 de octubre, la Franja ya había sufrido 625 cortes de luz de varias horas y se prevé que el apagón actual ahonde en una crisis que afecta a áreas críticas de los hospitales, como unidades de cuidados intensivos o salas de maternidad, y a las bombas de aguas residuales, los pozos de agua potable o las plantas desalinizadoras.

A las 11.00 GMT (13:00 hora peninsular española), la compañía eléctrica de Gaza cortó la electricidad de todo el enclave ante la falta de combustible y los proyectiles israelíes han dañado gravemente los aparatos que suministraban electricidad desde Israel, afectando las redes en numerosas provincias. Israel mantiene un cerco implacable desde el domingo, cuando desconectó la Franja de su red eléctrica y cortó toda entrada de gasolina, alimentos o medicinas.

Este corte supone la pérdida de las apenas 13 horas de luz que los gazatíes recibían de media al día; un suministro que apenas cubre el 45% de la demanda eléctrica del enclave, según datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) hasta septiembre de 2023.

Los hospitales se convertirán en morgues, ha denunciado el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que advierte que no solo morirán enfermos y heridos por la guerra entre Israel y Hamás, sino también recién nacidos en incubadoras y ancianos que reciben oxígeno. "Nos enfrentamos a una grave escasez de energía, suministros y recursos humanos", ha explicado a EFE el doctor Medhat Abás, portavoz del Complejo Médico Al Shifa, el hospital más grande de la ciudad de Gaza.* 

No solo las bombas y las balas matan. La pérdida de energía, el corte de la entrada de alimentos, de todo servicio desde el exterior se ha convertido en un arma de guerra más. La padecen todos, los civiles, los enfermos, los niños. Su resistencia está en sus debilidades. Cuando nos dicen que los hospitales se convertirán en morgues no es una metáfora. Literalmente, todos los que están conectados para sobrevivir morirán. La exigencia internacional de un corredor es negada. La respuesta de Israel es brutal y no distingue como no distinguían los que disparaban desde el cielo con los parapentes o se llevaban rehenes con los que tratan de evitar ser bombardeados.

Esta es una guerra bárbara, una guerra sucia desde el primer disparo. Es una guerra radical; no busca solución alguna, solo la destrucción del otro, el martirio y el paraíso. ES una guerra integral, fundamentalista, ciega. Solo busca destrucción y el desprestigio del otro. Es una guerra lanzada por los estrategas para romper tendencias políticas y diplomáticas. Los que tienen a Dios a su lado no les importan las muertes. Todas son sacrificios y serán recompensadas. Pero ahora lo que queda es sufrir. Y a los que sufren no se les pregunta si lo querían o no. No hay distinción a la hora de matar porque todos, del bebé al enfermo conectado a una máquina forman parte de un todo satánico.

Hamás deseaba mostrar la vulnerabilidad de Israel; este desea devolver el golpe de forma ejemplificante. El círculo creado no lo van a romper. Solo crecerá la intensidad de la barbarie. Se trata de hacer ver que se va en serio.

Mientras, nos queda poco que hacer, solo horrorizarnos y mostrar nuestra indignación. El regodeo en la destrucción es difícil de parar. Todos tienen causa, todos tienen excusa. Nadie tiene deseo de parar. Muchos desean sumarse al caos. Es fácil hacerlo desde fuera.


*  DatosRTVE/ InfografíaRTVE "Mapas y datos para entender la guerra entre Israel y Hamás: Gaza se queda a oscuras" RTVE.es 12/10/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231012/mapa-guerra-entre-israel-hamas-bombardeos-ataques-victimas/2458062.shtml