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sábado, 1 de octubre de 2022

Putin, el santo dictador

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Rusia y China se han opuesto a la condena del Consejo de Seguridad, uno de los órganos más inútiles por la nueva perspectiva, a la farsa montada para justificar la invasión rusa. El órgano que se hizo para evitar confrontaciones, ahora es un escenario de inútil cacaero en el que se impide que las potencias con derecho a veto sean condenadas por lo que hacen. Es la inversión de la racionalidad y la negación de la funcionalidad de las Naciones Unidas. Lo que se hizo para evitar las guerras, ahora es incapaz de condenar a quienes las organizan. Pero nadie se engaña. Las consultas en los territorios que se anexionan no son más que una farsa de mal gusto y peor ejecución, una muestra del "nuevo orden ruso", un sistema imperial rancio, violento y casposo, un intento de Rusia de ir hacia el pasado en vez de pasar páginas de la Historia para evitar repetir lo que acabó siendo su ruina, la imposición sucesiva de zares de todos los colores, de sangre azul o de roja ideología, ahora de negrura burocrática y mafias empresariales, esos oligarcas que son la nueva nobleza zarista, la criada a la sombra y ubres de Vladimir Putin, ex KGB.

Los expertos nos hablan de los fines de control geográfico de las anexiones, de salidas y entradas al mar, de líneas de seguridad, etc. Pero "seguridad" no es "paz". Si creas unas condiciones de guerra, tus fronteras serán siempre un lugar de riesgo elevado porque los demás, desde el otro lado de la frontera, tendrán que acumular defensas para evitar ser los próximos engullidos por la voracidad insaciable rusa. El imperio ruso ha crecido con esta mentalidad teniendo siempre fronteras calientes y siendo incapaz de políticas de buena vecindad, es algo que no pertenece a su mentalidad ni a su genética histórica.

Cuando se dice que Putin ha logrado lo contrario de lo que planteaba es cierto. Pero cuando se trata de dictadores, el proceso se puede invertir y dar por gran logro lo que supone en realidad una fuente de conflictos permanentes, intranquilidad futura. ¿Busca Putin estar en una situación de preguerra durante décadas? ¿Es eso lo que aplaude hoy el pueblo ruso, llamado a manifestarse en las plazas de sus ciudades agitando banderitas, soñando con una gloria futura que se les escapa?

En realidad no solo se les escapa la "gloria", sino la economía. La razón es sencilla: Europa puede pasar uno o dos años de falta de energía con inviernos fríos y veranos calurosos. Pero Rusia no se puede permitir, en cambio, dejar de vender, seguir invirtiendo en material bélico y defensivo. Cuando Europa tenga garantizado el gas y demás elementos con los que se nos presiona, se acabó el poder ruso. ¿Intentará entrar en guerra cuando la evidencia de lo ocurrido nos dice que no ha podido desarrollar una "guerra en condiciones", que los generales se han llevado la manos a la cabeza, que los soldados no sabía qué hacer, cuando se le escapan por las fronteras miles de personas que no quieren ser reclutadas para una guerra que es de su presidente, cuando tiene que reclutar mercenarios entre los convictos de las cárceles, etc.?

Hace tiempo que los analistas hablan de una especie de huida hacia adelante. En RTVE.es se titula en la primera línea de su página web "La anexión rusa de territorios ucranianos, una nueva fase de la "desesperación" de Putin en la guerra: "Está acorralado"", en artículo firmado por Laura Gómez Díaz. Sin embargo, la siguiente línea tras los titulares "Moscú prepara el escenario para afirmar que en la guerra se está defendiendo y no atacando, según los analistas", que sería lo contrario. Esa afirmación del texto no es el futuro, es el pasado, el inicio de toda la operación de invasión de Ucrania. Putin "ataca" cuando "se defiende" él o dice "defender a otros". Si Putin dice que el territorio anexionado es ahora ruso y cualquier intento de recuperarlo por parte de cualquiera —ucranianos o no— será considerado como un ataque que desencadenaría una respuesta bélica, Putin se está condenando solo.

La pretensión de Putin de que lo que dice es la verdad solo tiene un sentido interno, un sentido hacia el pueblo ruso, que es el que tiene que responder por las alegrías de su "señorito". Los que van a la guerra son los que no quieren ir, por lo que la situación que Putin pretende forzar no hará sino complicarle más las cosas internamente hasta que la cuerda se rompa. Si con una "no guerra" los rusos salen en desbandada, ¿qué ocurrirá si declara realmente una guerra

Esa es la gran pregunta que desgraciadamente solo se puede resolver en el campo de batalla, en el ucraniano y en el ruso, con la amenaza (esa es la base) de extenderlo al resto de Europa, que Putin considera débil, inestable y, especialmente, desintegrada por los avances de la ultraderecha y la ultraizquierda (recuerden quiénes se oponían aquí al apoyo a Ucrania, quiénes eran los "partidos de la paz"), que han sido financiados —sean conscientes o no— desde la desestabilizadora Rusia a lo largo de años.

Todas las cosas que nos decían de Rusia, todo aquello que sonaba tan conspiranoico y que llevó a tener que desarrollar leyes contra las intromisiones electorales de los hackers financiados desde Rusia en determinados países, que se veían atacados con desinformación en momentos clave, todas aquellas cosas, han adquirido sentido al ver cómo Putin ha manejado los diferentes hilos desarrollados por toda Europa, de los "amigos personales" (Schroeder, Berlusconi...) a los grupos independentistas que esperaban esperanzados el reconocimiento ruso a sus secesiones de los estados, es decir, el mismo reconocimiento que ahora se les da a los prorrusos ucranianos pero sin anexión en segunda fase.

El problema de Rusia se llama Putin. No la lleva a la gloria ni al desarrollo ni a la paz. La lleva al aislamiento, a la pobreza, al conflicto. Es el plan del dictador que se considera inmortal y que inevitablemente dejará como herencia problemas y más problemas, pobreza de la que responsabilizará a los demás, a las conjuras contra ella, al odio que el mundo les tiene por su propia superioridad mesiánica. Salido de la oscuridad de la KGB, Putin no ha cambiado su mente. Esa era su forma de pensar, convertida en forma de actuar: hacer desaparecer a los disidentes encerrándolos o haciéndolos saltar por las ventanas, envenenándolos allí donde se encuentren.

Putin no es un líder; es un dictador de vieja usanza. Usa a todos para un objetivo que no es la gloria rusa, sino la ampliación del poder personal, del control de hacer su santa y ortodoxa voluntad. Como los viejos dictadores, ha mezclado la sangre eslava con la religión eslava con una visión de la "Santa Rusia" que ha tomado prestada para conectar con un pueblo en donde el sentir retrógrado está demasiado extendido porque es la dirección en la que los popes les han guiado, justificando el dominio dictatorial y rechazando cualquier proyecto ilustrado, progresista, que les saque de esa dependencias de patriarcas, patronos y padrecitos, todos con la misma raíz. Por algo será.

Dice un titular de El Mundo "Vladimir Putin defenderá con armas nucleares sus nuevas fronteras ante la amenaza de Occidente, la "rusofobia" y los gays". Parece una broma si no fuera porque es lo que se ha difundido por Rusia: nos amenazan, nos odian y nos quieren pervertir. Contra esto ultimo, Putin ha tenido el apoyo expreso del Patriarca de Moscú para la invasión, deseoso de liberar de la tiranía gay a Ucrania. Es la Santa Rusia en pleno, el zar y sus acólitos defendiendo la pureza, a Dios mismo, en cuyo nombre actúan. Y, mientras, los rusos siguen huyendo de la gloria prometida.

domingo, 6 de marzo de 2022

Errores de cálculo o el mundo contado a unas azafatas rusas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La gran pregunta que ahora se hace en todos los niveles, de las calles a los despachos de Inteligencia, pasando por los gobiernos mundiales es ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Vladimir Putin? Teniendo en cuenta, por un lado, la falsedad de sus excusas y, por otro, los efectos contrarios de sus acciones, por otro, ¿qué le queda?

Putin ha invadido un país con las excusas que ahora prodiga; estas deben ser cada vez más intensas para ser proporcionadas a las decisiones tomadas. Es decir, Putin necesita justificar ante su pueblo el daño que este está recibiendo por las sanciones. Esto explica porqué considera la acciones como un "acto de guerra". La explicación es absurda, pero es la única que puede dar a los atónitos rusos que ven, por ejemplo, cómo se les cierran las 502 tiendas de Inditex y se les cancelan las ventas online de ropa de la misma marca; que ven cómo ya apenas pueden viajar a algunos países, como Bielorrusia, que ¡mira por dónde! les parece poco atractivo para sus vacaciones. Si logran salir o están fuera, sus tarjetas bancarias dejan de servirles porque sus bancos están bloqueados. Y si tienen la suerte de ser oligarcas, pueden tener que salir corriendo de sus puertos favoritos en las Costa del Sol o la Costa Azul para evitar quedarse en tierra al requisarles el súper yate con toda la bebida dentro.

Si Putin contaba con una guerra relámpago, una Blitzkrieg rusa imitando las nazis, el panorama se le aparece más complicado, pues los ucranianos están dispuestos a todo para mantener sus tierras libres de rusos. Tras la invasión, Putin ha conseguido que todos los países de la zona quieran protegerse de las futuras maldades rusas y corren en estampida a solicitar su ingreso en la OTAN y la UE, un gesto claro de que prefieren cualquier riesgo a la certeza de una invasión.

Solo los favorecidos por el régimen se manifiestan a favor de Putin y se creen sus mentiras. La prensa de ayer y hoy nos muestra a Putin dando explicaciones a un grupo de azafatas de Aeroflot, la compañía rusa que se queda en tierra por falta de lugares a los que dirigirse y espacios que sobrevolar. Si Putin tiene que reunirse con cada una de las empresas que se ven damnificadas por los efectos directos de sus acciones, va a necesitar más tiempo en el poder del que ya tenía pensado, quizá una reencarnación, ¡Dios no lo quiera!

Los analistas señalan que a Putin le han fallado en sus cálculos la "unidad de Europa" y la "resistencia de los ucranianos". Evidentemente, son dos factores clave en el desarrollo de esto, pero no nos resuelven el problema de un "final" y de un "hasta dónde". Ambos problemas están relacionados pues cuanto más lejos llegue, más difícil y comprometido para todos será el final posible. Si Putin llega muy lejos, el camino de regreso será también muy largo. Mucho me temo que su teoría sea ir lo más lejos posible para, llegados a ese punto extremo, exigir la vuelta a una "normalidad" imposible.

Las intenciones de Putin se concentraban en una palabra que le permitía ir más allá de la excusa defensiva, "desnazificación". Si Putin apelaba a la seguridad, ese concepto implicaba el cambio de gobierno y la puesta en su lugar de un gobierno títere. Para esto era esencial algo que no va a ocurrir, que los ucranianos se creyeran realmente esa mentira. Pero el presidente ruso contaba con aplicar los mismos medios de propaganda con los que cuenta en su país. Seguro que tenía ya preparado un "Día de la Liberación" en el que los ucranianos le darían las gracias por ser invadidos por Rusia. Pero los ucranianos están dispuestos a vender muy cara la derrota y caer con dignidad, mostrando a Putin que puede que caigan, pero que nunca va a estar en paz. Hoy salen a manifestarse con sus banderas antes las tropas rusas que ocupan sus poblaciones. Putin, si se queda, va a tener su "resistencia" tal como Hitler la tuvo en la Francia ocupada.

Y, si sigue con esta idea, se tendrá que quedar porque no habrá gobierno títere que resista en cuanto que se vayan los tanques rusos. La guerra es, desde luego, un enorme error de Putin, que no sabemos todavía qué motivó realmente a la vista de los resultados. ¿No pudo prever que la huida hacia la UE y la OTAN iban a ser masiva tras la intervención? ¿No se dio cuenta del efecto de reacción al mayor peligro? Probablemente sí, pero tendría en mente la imposibilidad de una invasión de Rusia por su propio tamaño, por su inmensidad colosal. La mejor defensa rusa ha sido siempre el espacio, como aprendieron los ejércitos napoleónicos y los que posteriormente lo intentaron, los nazis en la llamada "Operación Barbarroja" comenzada a finales de junio de 1941. Rusia es tan grande que adentrase en ella es perderse. Pero el armamento actual no necesita la tierra para penetrar.

Lo absurdo de la invasión invocando seguridad es que Rusia puede invadir Ucrania, mientras que lo contrario es absurdo de todas, todas. La excusa del peligro no convence a nadie. Por ello se necesita la causa "noble", la de "liberar" al pueblo ucraniano de sus "tiranos" nazis. Y es aquí donde le han fallado todos los cálculos.

Para empezar, como se ha señalado, el presidente ucraniano Volodymir Zelensky es judío, lo que le complica un poco el argumento nazi. Para Putin, lo ideal es que hubiera huido en las primeras horas, pero el presidente no lo hizo y ha acallado cada rumor desinformativo señalando que estaba fuera de Ucrania con vídeos en sus principales lugares de la ciudad o desde su propio despacho.

Zelensky es una pieza fundamental en el mantenimiento de la moral. Putin lo necesita para hacer de él escarnio público, una especia de juicio político retransmitido a todo el pueblo ucraniano en el que este reconociera sus pecados contra el pueblo. Pero cada día que pasa, Zelensky adquiere tintes más heroicos, se prodiga en todos los foros internacionales y dirige mensajes con alto valor emotivo y patriótico, para desesperación de Putin y sus planes.

Cada día que pasa, Putin es visto más como un bellaco, como un criminal que deberá pagar por sus crímenes de guerra, un paria ante la comunidad internacional. Zelensky, por el contrario, recoge admiración y empatía para con su pueblo en todos los lugares del mundo, menos en la Venezuela de Maduro, Bielorrusia y poco más.

A Putin se le complica el final, porque hasta la victoria será una derrota. Incluso cuando esta llegue y no quede piedra sobre piedra en Ucrania, tendrá un enorme problema en Rusia, un cerco como no se ha visto otro igual. Va a necesitar algo más que charlas con azafatas para mejorar su imagen interior; de la exterior, mejor no hablar.

Pero esto conlleva un peligro: necesita de una gran final, algo que obligue a reconfigurarle. Qué pueda ser ese acto final es con lo que se está especulando y temiendo en muchos lugares en los que los analistas tratan de establecer los posibles escenarios de este infierno creado por un cruel y criminal megalómano. Lo que Putin pueda poner sobre la mesa como apuesta final puede ser terrible.

Cuando cesen los cantos y marchas militares, los rusos mirarán a su alrededor y verán la situación que les queda por años. Una pregunta llegará a sus mentes, ¿valió la pena? Puede que no sean tan compresivos y educados como las azafatas de Aeroflot. 

viernes, 4 de marzo de 2022

¿Orden, qué orden?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Escuchamos varias veces al día hablar sobre el "orden mundial", el "nuevo orden mundial" y otras fórmulas que tratan de decirnos que esto ha cambiado, que nos levantamos un día y, aunque todo nos pareciera igual, todo era distinto. Algunos puede que se enteraran que vivían en un viejo orden sin saberlo. El "orden" no suele llamar la atención, por lo general, mientras que el "desorden" modifica lo que conocemos. ¿Es el "nuevo orden mundial" una forma de desorden? En cierto sentido, sí. Y esto durará hasta que nos hayamos amoldado a las nuevas situaciones, al cambio.

Algunos nos dicen que debemos acostumbrarnos a las "nuevas situaciones", que defender lo nuestro tiene una serie de consecuencias, que las sanciones a Rusia también son cambios a los que debemos acostumbrarnos.

Como vivimos en un universo de explicaciones economicistas, todo lo explicamos mediante indicadores económicos: que "la bolsa se desploma", que "el rublo pasa a ser bono basura", que "sube el precio de la gasolina", que las subidas y bajadas "alcanzan niveles históricos", etc. Son expresiones que están ahora mismo en todos los medios, en todas las bocas de los que hablan, en las manos de todos los que escriben, porque son formas de reducir el absurdo de la guerra y la violencia a algún tipo de consecuencia, más que explicación. Resulta todo muy mecánico. Por eso las expresiones sobre el "nuevo orden" se usan como forma genérica del desorden.

Los indicadores del orden son los de las alianzas, los que se ponen de un lado o de otro. Sabemos quién está con Rusia, quién les apoya abiertamente en esta forma discordante de contar el mundo y el papel de cada cual. Sabemos ahora con claridad que el mundo no es igual para Putin que para el resto del mundo, que la gente se levantó en Naciones Unidas para no tener que escuchar la versión de Serguéi Lavrov sobre lo que ocurre. Sabemos que para Nicolás Maduro todo está en orden y que Rusia hace lo que debe. Sabemos que a otros poquitos, les parece igual de correcto.

El orden que se abre es violento, receloso y desconfiado, lo que llevará a que Rusia se sienta más amenazada en una espiral sin fin. Cada vez que alguien se sienta amenazado por Putin y busque defenderse, eso será considerado por Putin como una amenaza y se lo tragará como parte de su ración diaria de amenaza. Según este principio, Putin siempre se sentirá amenazado por el que esté más cerca y no controle. El nuevo orden ruso nos alcanza a todos, de una forma u otra, en términos de proximidad y de relaciones. El mapa se rehace, pero también las reglas del juego. El nuevo orden es otro juego cuyas reglas están por decidir.


Durante mucho tiempo, casi dos décadas, nos hemos acostumbrado a hablar de Rusia de una forma muy específica. Hemos aceptado como "orden" ruso un conjunto de vocablos que usamos con ellos. Son términos como "oligarcas", "mafias rusas", "disidentes", "opositores", incluso "polonio", cuyo uso en los medios excede el de la Química. Lo hemos aceptado como parte del paquete de recursos verbales para describir la Rusia de Putin. La parte positiva de Rusia se agotó con el término "perestroika". Y se acabó.

Rusia tiene su propio concepto del "orden" y no entra en sus planes negociarlo, sino imponerlo, como están experimentando los ucranianos, víctimas de la maldición geográfica de ser vecino de una Rusia guiada por un miedo a lo que le rodea y que, finalmente, solo puede ser calmado por las armas. Rusia se siente como desnuda sin su telón de acero y quiere reconstruirlo invadiendo y poniendo payasos rusos al frente de los gobiernos circundantes. 

El mundo ha cambiado. Quizá haya que decir que el mundo "finalmente" ha cambiado. Es evidente que a Putin le va el falso equilibrio de la amenaza nuclear, algo que está ya en su boca y que acaba de demostrar bombardeando la central nuclear más grande de Europa, como nos cuentan los medios hoy. La Rusia de Putin quiere demostrar que no se para ante nada, incluidas las fronteras. La excusa de las dos repúblicas "independientes" ya ha pasado a la historia. Macron, tras hablar más de una hora con él, ha sacado la conclusión de que "lo peor está por llegar", que es un punto pesimista y nos muestra que no es posible ignorar la realidad ni fomentar las fantasías a lo Ione Belarra, Irene Montero o Pablo Echenique, ilustres pacifistas de la ley del embudo, estrategas que desean que no quede un ucraniano para finalmente alcanzar la "paz".

Nos guste o no lo antiguo y nos guste o no lo que está por llegar, lo cierto es que tendremos que adaptarnos a un mundo que habrá que reorganizar rápidamente para poder sobrevivir. No es solo un problema nuestro. Por eso es esencial comprenderlo y tratar de reorganizarse en vez de lamentarse. No ha estado en nuestras manos frenar esta guerra cuyo responsable es Putin, por más que otros se empeñen en resaltar errores, que sí, son reales, pero no pueden servir para justificar las fantasías imperialistas de Putin.

La Rusia de Putin es ya "otro orden", "otro mundo", algo muy distinto al nuestro. Se ha trazado un muro más alto que el de Berlín que —no lo olvidemos— fue levantado por los mismos con la pretensión de evitar que media Europa se fugara de la "realidad soviética".

Ya estamos en el "nuevo orden", por más que no queramos aceptarlo, por más que no nos guste. Eso implica que Rusia y algunos otros que les secundan quedan fuera de nuestros escenarios. Lo que ha hecho Putin es separar a Rusia del mundo, que se va desconectando de ella. Los deportistas rusos quedan apartados de las competiciones, los miembros del mundo de la cultura —de directores de orquesta a directores de teatro, actores y actrices—, las marcas comerciales rusas quedan frenadas en sus actividades, las marcas extranjeras cancelan sus relaciones, las tiendas de marcas extranjeras cierran en las ciudades rusas... Todos se van de Rusia, todos cancelan las relaciones. Saben que es algo más que temporal, que se ha cerrado un periodo, que es otro el "orden" existente. Es como si alguien hubiera cogido unas tijeras y recortara la Rusia de Putin del mapa, dejándolo sin su superficie.

¿Le merecía esto la pena a Putin? En su visión del "nuevo orden", Putin contaba con una serie de supuestos, muchos de los cuales no se están cumpliendo. En la última década han aparecido muchos gobiernos autoritarios por el mundo y se ha extendido la idea de que no les va mal, que —pasado los enfados— muchos países mantienen sus relaciones y negocios con ellos, desentendiéndose de lo que ocurra allí. Eso ha sido una muestra de ese inmoral pragmatismo económico al que nos hemos acostumbrado, a no ver los dramas que hay detrás de lo que comemos, vestimos o de la playa soleada en la que descansamos. Solo se mira el precio, no el drama. Evitar condenas reales ha animado a algunos a que al final las sanciones se quedan en nada y es posible burlarlas.

14/02/2021

Después están los admiradores de la fuerza de estas figuras como Putin. El mundo es demasiado blando para ellos. Se ha llenado de feministas, homosexuales y demás grupos decadentes. Admiran en Putin su "virilidad" machista, su mundo dogmático. Putin es el faro que no cambia,

Nos hemos acostumbrado a disfrutar de nuestras democracias, pero también a no preocuparnos más allá de nuestros límites. La Europa democrática asiste, incluso, a la aparición de grupos y gobiernos que desprecian parte de esa democracia amparándose en los populismos, dejando lo valores de esa democracia en nada, anteponiendo la consecución del poder a los métodos y discursos usados para llegar a él. Putin contaba con ello, pero parece que no le ha funcionado de momento. Habrá que tener mucho cuidado.

El "nuevo orden" atenta contra esos valores que hemos tenido que desempolvar. Putin ha crecido porque ha tenido muchos apoyos en ese tipo de grupos y personas. Ha crecido porque ha colocado en cargos de empresas, ha ofrecido comisiones, ha ordenado a los bancos rusos que dieran créditos a los grupos y partidos políticos, ha nacionalizado a los admiradores declarados que lo solicitaban... Los ciudadanos descubrimos, como ha ocurrido con los británicos, las financiaciones de alguno de sus partidos desde el Kremlin, tal como ha ocurrido con la ultraderecha francesa. Hoy redescubrimos a todos esos payasos europeos que han ido a Moscú a abrazar al que consideraban el líder del futuro.

 ¿Dónde está ahora Gérard Depardieu, ilustre actor, que abrazó a Putin y aceptó la nacionalidad rusa? ¿Dónde está Nigel Farage—figura del Brexit, amigo de Trump—, aquel que en 2014 afirmaba con rotundidad que "admiraba a Vladimir Putin", nacionalista, patriota y brillante invasor de Siria? ¿Dónde está la actriz Brigitte Bardot, la que amaba a Putin por su defensa de las focas y se haría rusa por ellas? Unos escondidos, otros manifestando su distancia para evitar se condenados por tontos, por idólatras de una forma de poder que crea muerte a su alrededor. Ahora no quieren ver salpicadas de sangre sus pobres imágenes públicas. Ya pocos enseñan sus flamantes pasaportes rusos.


The Guardian 31/03/2014

Putin no ha salido de la nada, sino de un montón de intereses, odios, manipulaciones al pueblo ruso al que se le creado la idea de la llegada de un "nuevo orden ruso". Repetir un pasado imperial, soviético, mundial donde todos miren hacia Moscú con "temor y temblor".

De nuestra parte queda ordenar nuestra parcela occidental y, especialmente, tratar de evitar la seducción del orden ruso sobre otros países que serán tentados sin disimulo. La propaganda rusa necesita de fotos colectivas en las que se muestren como un equipo con su capitán Putin al frente. El nuevo zar les dará apoyo y les asegurará destruir a sus enemigos para mantener los apoyos. Para ello abrirá guerras donde no las haya y cerrará las que le interese terminar para colocar sus peones dependientes. Es lo que hizo en Oriente Medio ante los vaivenes norteamericanos.


Putin no vende democracia, un juguete caro y frágil, sino autoridad, fuerza y determinación; enseña cómo hay que deshacerse de enemigos, rivales y disidentes. Ese es el orden ruso, el del que da primero da dos veces, el de terminar lo que se empieza, el de decir una cosa y hacer otra con astucia. Todo vale para ganar.

Nos queda valorar lo que tantas veces olvidamos, los valores de la democracia, algo que no hay que dar por hecho, sino practicar y defender cada día; los valores de la unidad moral frente al relativismo pragmático del dinero, siempre dispuesto a hacer negocios con los que nos aseguren ventajas y beneficios. ¿Habrá que hacer sacrificios? Pues, sí, seguro. Ellos nos harán darnos cuenta de lo que olvidamos tan a menudo, del valor de vivir en libertad y en paz. Eso no se construye solo y exige el compromiso de todos.

Más y mejor Europa es lo que necesitamos, dejar de perder el tiempo y energía que nos evita centrarnos en lo esencial. Necesitamos pensar y desarrollar nuestro propio orden para evitar que se nos cuele otro. No pensemos como Putin que democracia significa "debilidad", sino al contrario, "firmeza" y "compromiso", valores y no relativismo.

¡Solidaridad con el pueblo ucraniano!


miércoles, 2 de marzo de 2022

Dos patologías

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Lo de Ucrania es un horrible desastre, una acción criminal por parte de una súper potencia que utiliza la fuerza para imponer su voluntad a sangre y fuego. La Rusia de Putin es una monstruosidad con la cabeza fría esparciendo dolor. Lo ha hecho durante estas dos décadas en el poder. Ha ido aumentando su osadía hasta llegar a un punto de no retorno.

Tenía idea de escribir sobre el destino de un mundo controlado por dos mentes como la de Vladimir Putin y Donald Trump bajo la idea de la agresividad y la amenaza constante de ruptura de lo que antes se llamaba "equilibrio", cuando lee esta misma mañana el siguiente titular del pasado lunes en Independent en Español: "Estados Unidos debería hacer con México lo mismo que Putin con Ucrania, aconsejó Donald Trump"*. De golpe me llegan los recuerdos de los "bad hombres", de las amenazas, del "¡construye un muro y que lo paguen ellos!", de "los pozos de mierda", etc. y te preguntas qué hubiera pasado con Trump en el poder de darse esta situación. Lo que leo en la noticia me deja estupefacto: 

Mientras el mundo entero condena las acciones de Vladimir Putin, quien recientemente reconoció la independencia de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk antes de ordenar la invasión de Ucrania para el “mantenimiento de la paz”, Donald Trump es el único que tiene elogios para el presidente ruso y aprovechó su estrategia para sugerir que lo mismo podría hacer Estados Unidos con México.

En una entrevista para el programa radiofónico The Clay Travis and Buck Sexton Show, el expresidente estadounidense afirmó que el mandatario ruso era un genio por crear las circunstancias para convertirse en pacificador, mientras todos lo están señalando de querer iniciar una guerra.

"Vi en televisión lo que dijo -Putin- y pensé, ‘esto es una genialidad’. Putin declara una gran porción de Ucrania, Putin la declara independiente. Es maravilloso… ¿Qué tan inteligente es eso? Y va a entrar y a ser un pacificador", dijo Trump.

Pero el también empresario aprovechó la entrevista para hablar sobre la relación de su país con México y tocar el punto de la migración, uno de los pilares de comunicación de su campaña y su administración.

"Eso podríamos hacer en nuestra frontera sur. Es la fuerza de paz más fuerte que haya visto. Había más tanques del ejército de los que haya visto. Van a mantener la paz, sin duda. Piensen en ello. Aquí hay un tipo muy inteligente… Lo conozco muy bien. Muy, muy bien", dijo.*

 

Es cierto que no es lo mismo hablar estando en el gobierno que fuera, pero que sea el peor expresidente de los Estados Unidos iguala a ser el peor presidente. Pero estremece pensar, escuchando sus palabras, lo que podría haber sido su reacción estando en la Casa Blanca.

Que el mundo tuviera a estos dos personajes en disputa, con tanta admiración mutua (aunque no creo que sean capaces de admirar a alguien que no sea ellos mismos, cada uno en su patología), ha sido un enorme riesgo que se consiguió esquivar. Quizá "esquivar" no sea la palabra adecuada. La historia es acumulativa y lo que ocurre hoy no es espontáneo sino que tiene sus raíces en hechos pasados que se encadenan hasta llegar a la expulsión del paraíso, por decirlo así.

Como ciudadanos del mundo deberíamos, allí donde es posible, cuidar más los liderazgos porque son unas pocas mentes las que crean las condiciones de estas explosiones de violencia. Que tengamos mentes enfermas al frente de países grandes y pequeños es un riesgo para las personas de buena voluntad, que son la gran mayoría, pero muchos de ellos son fácilmente manipulables para conseguir los fines.

elDiario.es 27/02/2022

La guerra en Ucrania nos sirve de recordatorio de lo malo que puede ser el mundo a pocos metros de tu felicidad, relativiza tus problemas y te da perspectivas. Te muestra lo importante que es mantener cada día al mundo en el buen camino y estar vigilantes porque las tonterías más pequeñas se acaban convirtiendo en grandes males si no se paran a tiempo.

¿Habrían invadido México con una "fuerza pacificadora" los Estados Unidos de Donald Trump? Queremos pensar que no, pero es precisamente ese nivel de incredulidad lo que produce los desastres. Cada vez vemos más radicalización por todo el mundo, cada día crecen las reivindicaciones que cuestionan lo existente y se lanzan a reclamar basándose en los agravios reales o inexistentes, en amenazas fantasma, que sirven de excusa para todo tipo de atrocidades. Lo que Trump admira de Putin es su "genialidad", dice, que identifica en su cinismo e hipocresía al sostener que entra en Ucrania a defender a las recientemente reconocidas por él mismo repúblicas prorrusas. Es una pena que México no esté por la labor.

La lista del mismo diario con los países que apoyan la invasión en distintos grados incluye —en este orden— a Bielorrusia, China, Corea del Norte, Siria, Venezuela y a los rebeldes hutíes de Yemen, un abanico que divide en dos el mundo, dos bloques con creencias. Habría que incluir a los chechenos 

El caso más delicado es el de China, con quien Putin se aseguró una serie de pactos antes de lanzarse a la invasión de Ucrania. Lo que decida China hacer marcará su propia posición en el mundo. Aspirar ser líder mundial con el lastre de la amistad Rusa no es sencillo y no creo que este sea el "sueño chino" que millones de ciudadanos chinos tienen precisamente en mente. Para China supone un límite cuyo cruce decidirá qué relaciones tiene con su propio futuro.

Lo de Siria, Corea del Norte, Bielorrusia, Venezuela son muestras dictatoriales de cómo se pretende organizar el mundo al lado de Putin, teniéndolo como modelo al que imitar. La dictadura es una lección fácil de aprender a distancia y luego practicar en casa. Todos esos países representan sus propias patologías, sus egos trasladados a través de la fuerza, la propaganda y el silenciamiento de las voces discrepantes por medios que van de la desaparición al envenenamiento, pasando por cárceles y exilios.

La conclusión a la que llegamos viendo este muestrario de patologías del poder es que debemos ser muy cuidadosos con lo que ocurre cada día a nuestro alrededor, entender lo peligroso que es mirar hacia otro lado y dejar el futuro en manos del futuro. Nada se arregla solo ni por azar.

Lo que ha ocurrido y está ocurriendo va a condicionar el futuro de al menos una generación. Lo que está en nuestras manos ya no es evitar lo inevitable, sino controlar sus repercusiones sobre nuestro mundo y evitar que vaya a más. El crecimiento de este tipo de personajes en el mundo lo hacen más inseguro para todos. Puede que el sueño de un mundo pacífico pueda parecer ingenuo a algunos, pero solo esa aspiración nos puede guiar en la mejor dirección posible. Transigir con el horror es demasiado peligroso y la Historia está llena de ejemplos.

No deja de ser una ironía histórica que sea el antiguo cómico, Volodymyr Zelesnky, el que esté dando ejemplo a los dirigentes del mundo. Ante la dificultad está al lado de su pueblo manteniendo la dignidad. El presidente ucraniano se ha ganado el respeto del mundo y el apoyo de su pueblo. Sabe que será la víctima buscada y que su cabeza será paseada para someterle a toda clase de oprobios ante su propio pueblo. No por ello abandona, como les ha dicho a los que le han ofrecido una salida rápida. Está junto a los que le eligieron. Merece la admiración.

Admirar a dictadores criminales solo está al alcance de otros de su calaña o de idiotas certificados, como es el caso.


* Soledad Villa "Estados Unidos debería hacer con México lo mismo que Putin con Ucrania, aconsejó Donald Trump" Independent en Español  28/02/2022 https://www.independentespanol.com/noticias/donald-trump-putin-ucrania-mexico-b2025074.html

viernes, 25 de febrero de 2022

Los dos discursos de Putin

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El drama ucraniano sobrepasa la centena de muertos y serán muchos más conforme pasen los días. No se tiene claro cuál es el objetivo final de Putin, pero algunos las noticias nos dicen que ya ha entrado en la capital.

A la fuerza militar y sangrienta de Putin, Occidente está oponiendo las sanciones, una estrategia lenta y que no afecta a todos por igual. Lo pagará el pueblo ruso en carencias de elementos esenciales, pero no será inmediato. Descartada inicialmente la guerra directa contra Rusia, la forma de hacer daño es complicada dado el tejido creado por el propio Putin a través de las dependencias y conexiones interesadas con diversos países.

Todos están de acuerdo en que se ha violado el orden internacional y que hay que aislar a Putin, al que por cierto, nadie sanciona directamente, en una extraña estrategia gradual que deja inmune al organizador de esta desgracia sangrienta. Lo dejan para más adelante. Nos daban el dato de que es poseedor de una fortuna estimada en más de cien mil millones de euros. Por ahora, seguirá disfrutando de todo ello mientras se les toca el bolsillo a los jerarcas y militares, a los políticos del parlamento y otros círculos económicos beneficiados por todo su tinglado.


Teniendo en cuenta el carácter "empático" de Putin, esto no debe afectarle lo más mínimo porque nadie se atreve a disputarle nada. Putin es el dueño absoluto de Rusia, lo controla todo, lo que siempre suele dar una peligrosa sensación de poder.

La noticia más esperanzadora que hemos visto en estos primeros momentos es la manifestación de unos pocos miles de rusos en algunas ciudades del país en contra de la guerra. Han sido reprimidos violentamente y detenidos. Eso es Rusia, eso es Putin.


Putin controla todos los medios y los usa para su propaganda. Para él es fundamental la existencia de un discurso único que justifique la guerra. Pero la experiencia nos dice que hoy en día es difícil mantener los hechos y sus contradicciones con los discursos oficiales bajo control, que estos tienden finalmente a mostrarse y distribuirse filtrándose al pueblo. Si esto sigue así, Putin tendrá que producir un "apagón", como han hecho otros dictadores cuando han visto que no controlan la circulación de los discursos y que la opinión pública empieza a desviarse.

El argumento de Putin para la invasión de Ucrania ha sido el "humanitario", en el interior, donde se ha vendido que ha entrado en Ucrania para detener un "genocidio" con los hermanos de las repúblicas separatistas; hacia el exterior, por el contrario, lo que se ha vendido es el argumento de la "defensa" de Rusia y de la entrada en la OTAN de Ucrania.


Los dos argumentos representan "públicos" distintos y por ello son difíciles de sostener ante los hechos, con los que entran en contradicción. Como hemos repetido, la invasión de Ucrania no trae más "seguridad" a Rusia ni a nadie. Es un ejercicio imperialista, un ejemplo mentalidad de los imperios del siglo XIX, de las guerras napoleónicas, con la diferencia que el "invierno ruso" no forma parte ya de su ejército, como ocurrió con el intento de invasión francesa. La obsesión rusa ha sido siempre poner distancia entre Moscú y sus enemigos, algo que hace creando espacios controlados, como ha hecho con Ucrania desde hace años. El problema es que el mundo no funciona así ni puede funcionar como Putin quiere imponiendo a los países próximos (o lejanos si le dejan) lo que deben hacer, con quién se deben alinear, etc.

Tras la invasión ¿pretende negociar después su salida condicionándola a su "no entrada" en la OTAN? Eso dejaría al descubierto lo absurdo del argumento interno, aunque a una persona como Putin no creo que le importe mucho. La otra opción sería quedarse con Ucrania, como ya comenzó a hacer, pero ¿qué hacer con ella?

Con Putin no hay término medio. Es un monstruo que no ha tenido más idea para Rusia que seguir manteniéndola enfrentada al mundo occidental y aliándose con sus enemigos y rivales. Por esto, la salida de Putin solo se hará por la caída del discurso interno, antes que por el externo.

Una vez dado este paso, el ataque e invasión, el número de posibilidades de resolución se reduce. El desgaste internacional que le va a suponer tendrá que maquillarlo dentro, especialmente cuando algunos aliados suyos no se dejen arrastrar si han entendido el alcance de esto. Las alianzas con las que pretendía asegurarse apoyos puede que no sean tan firmes cuando vean las consecuencias. Lo que ha desencadenado Putin es algo más que un conflicto en sus elásticas fronteras. Puede que tenga que usar más fuerza de la que tenía calculada para reprimir las protestas internas al intentar jugar con demasiadas barajas.

Hemos entrado en un periodo complejo, con diversos focos y crisis abiertas. Veremos cómo lo resolvemos. Las respuestas que se le den son esenciales. Sigo pensando que Putin no resuelve ningún problema con lo que ha hecho y que se ha creado más de los que tenía. Lo que es evidente es que las relaciones que él cree poder controlar, jugando siempre con blancas, se le han escapado de las manos.

¡Nuestra solidaridad con el pueblo de Ucrania!