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viernes, 26 de marzo de 2021

La disculpa de Jay Leno por sus chistes racistas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El célebre showman norteamericano Jay Leno se encuentra hoy en toda la prensa de su país. The New York Times le dedica un artículo con el titular "Jay Leno Apologizes for Years of Anti-Asian Jokes". Los chistes anti asiáticos parece que han sido un "clásico" de sus shows. Y ahora tiene que disculparse por ellos.

Es interesante preguntarse por cómo los Estados Unidos, un país hecho por inmigrantes a costa de meter en reservas a los nativos, se jerarquizó de forma despectiva en forma tan intensa. Podríamos decir que la independencia colonial no significó mucho a estos efectos racistas, que trasladó las jerarquías al interior creando unas escalas donde el "blanco genuino" se reservaba a unos pocos países europeos de origen mientras que el resto se "clasificaba" como ocupantes de segunda, tercera y cuarta. nadie habla del "germano americano" Donald Trump, norteamericano de segunda generación, pero sí se habla de "afro americanos" o "asiáticos americanos", de "hispanos" o latinos" en los que el "americano" va implícito por el origen continental. Hay dos colores, el blanco puro y los llamados "gentes de coloro", forma clasificatoria que establece posteriores jerarquías.

Las respuestas al racismo han sido parciales en gran medida, donde las vidas "importan" a cada comunidad, que parecía no solidarizarse mucho con los demás "colores", un tema que no se ha tratado mucho, lo que podríamos llamar "relativismo racista" donde solo es fijo el "blanco" como "no-color", que se distancia de todos los demás.

Ahora, Jay Leno, una importante figura de los medios norteamericanos pide disculpas por sus "chistes asiáticos", que habría que saber si tienen como objetivo una genérica "Asia" o se dividen por países, es decir, de "chinos", "japoneses", "vietnamitas", "coreanos"... países que, según las circunstancias históricas han sido objetivo directo.



El chiste busca la complicidad del público, al que se induce a ocupar una posición como receptor. La risa confirma que el punto se ha ocupado. Hay chistes racistas, machistas, clasistas... Buscan precisamente reforzar el punto de vista creando un marco de aceptación por parte del receptor.

Hace muchos años que explicaba a mis alumnos lo que implicaba reírse con un chiste machista o racista. Es una forma de aceptación en la que el humor, que suele esconder crueldad y violencia contra alguien, busca que ocupes ese espacio de complicidad. Los chistes sobre asiáticos no han sido inocentes antes ni después, como los machistas o racistas, ya sean antisemitas o de cualquier otra diferencia.

El chiste necesita una tradición, una tendencia previa, más o menos manifiesta, que el que lo cuenta o escribe busca explorar confirmando su existencia. Esa tendencia es percibida como "normalidad" por quien lo acepta y eso hace que el chiste sea aceptado, pues casi siempre vuelca la violencia del estereotipo degradante sobre aquellos que tiene como objetivo.

Elegir una comunidad de ataque es importante para el funcionamiento. Su elección forma parte de una corriente de antipatía que se encuentra fomentada por motivos diversos.



La conexión entre los ataques de Donald Trump a China y el mantenimiento de la campaña por parte los medios norteamericano tiene mucho que ver con la reacción de Jay Leno que me imagino no desea ser confundido con un "trumpista" por sus chistes sobre "asiáticos".

Es también interesante el uso del término "asian americans" ya que se evita precisamente mostrar el lado "chino" de la cuestión. En realidad, creo que los chistes han tenido "pasaporte" específico. Lo tuvieron cuando la parte negativa era Japón. No fue durante la II Guerra Mundial, sino cuando Japón despegó económica y tecnológicamente y se convirtió en potencia mundial. Es entonces cuando se recrudecieron las ridiculizaciones de Japón a través de chistes y caricaturas, a través del retrato negativo en los medios. Hollywood ha sido especialmente intenso en esto, ya que es el mayor público masivo. Hollywood ha sido el mayor difusor de estereotipos y prejuicios raciales de la historia, en gran medida por su enorme potencial cultural, exportado a todo el mundo. Los ha aplicado a todos los países en los que se ha fijado. Siempre había la forma de definir la superioridad norteamericana, definida como "normalidad" y "rareza", "atraso" o exotismo de los otros, raramente descritos con justicia o simple realismo.

En estos momentos, Estados Unidos se encuentra con una fuerte reacción porque los ataques a China se han "simplificado" en la calle atacando físicamente a cualquier persona de rasgos orientales, convertidos en "chinos" aunque no hubieran pisado el país desde varias generaciones o, sencillamente, porque eran japoneses, coreanos o de cualquier otro país. Estas eran sutilezas que el racista no considera que les sean de interés.

La reacción inicial de diversas comunidades asiáticas consistió en tratar de convencer a los otros de que ellos "no eran chinos", pero ante la imposibilidad llegó la solidaridad de algunos que descubrieron que hoy les tocaba a los "chinos" y mañana les tocaría a ellos por cualquier capricho racista. Se extendió así una cierta solidaridad "continental", por decirlo así aunque con muchos matices. Con todo, aquí comentamos un artículo de una mujer coreana que rechazaba inicialmente ser tratada como "china" hasta que se dio cuenta del fondo del problema: el racismo puro, que se manifiesta con variables según los casos. Todas las formas de racismo son manifestaciones del sentido racista profundo que se dirige hacia unos focos según el momento. El racismo no es una cuestión del otro, es una cuestión de la mente que se considera superior y ve a los otros como inferiores. El racismo es un sentimiento de superioridad y desprecio que se puede aplicar a muchos según convenga.



Salir de él es un ejercicio que no todos están dispuestos a realizar porque es también una forma de manipulación al intensificar la pertenencia al grupo. Es una forma que hoy, en un mundo global y competitivo, puede ser muy rentable y lo es para muchos grupos que se basan en este sentimiento primario. Se puede disfrazar de forma más "política" o incluso "religiosa". Trump los movilizó todos para crear esa fuerte dependencia interna y satisfacer los impulsos de sus seguidores. Hitler hizo lo mismo azuzando el odio contra los judíos y le fue rentable.

El problema es si la división constante entre un "nosotros" y un "ellos" (ahora le ha tocado a Asia, en especial a China, ser "ellos") no está creando un cada vez más preocupante clima, no solo llevando al extremo la situación internacional en determinadas zonas, sino fomentando los propios "populismos" internos una de cuyas bazas es el nacionalismo junto con su compañera, la xenofobia. Por decirlo de una forma clara: estamos jugando con fuego.



Las disculpas de Jay Leno tienen un sentido hoy, en pleno conflicto, donde hay que ser responsable de cada palabra dicha en un medio porque estas tienen conscuencias reales. En The New York Times se señala:

 

Jay Leno, the longtime “Tonight Show” host, apologized for a history of making anti-Asian jokes, saying that at the time he “genuinely thought them to be harmless” but now hopes for forgiveness from Asian-Americans.

The comedian said in a joint statement with the Media Action Network for Asian Americans, a watchdog group that tracks anti-Asian comments and incidents in the media and entertainment industries, that he had an attitude at the time that “some group is always complaining about something, so don’t worry about it.” Whenever the show received a complaint, he said, the response was divided into two camps: “We need to deal with this” or “screw ’em if they can’t take a joke.”

“Too many times I sided with the latter even when in my heart I knew it was wrong,” Mr. Leno said. “That is why I am issuing this apology. I do not consider this particular case to be another example of cancel culture but a legitimate wrong that was done on my part.”

It was a recent realization. In 2019, Mr. Leno, who hosted “The Tonight Show” from 1992 to 2014, made an offensive anti-Asian joke while filming a commercial for “America’s Got Talent,” the actor and producer Gabrielle Union told Variety.

MANAA, the watchdog group, had complained for decades about Mr. Leno’s jokes that relied on stereotypes of Asians, to no avail. Rob Chan, the president of the group, said in the statement that he was “happy that Jay came around, and that we will be working together in the future.”*

 


Jay Leno sabía lo que hacía, no tengo muchas dudas sobre ello. Lo que no podía prever eran los resultados en un momento determinado, es decir, en medio de una enorme guerra comercial contra China reforzada por la fatalidad al coincidir con una pandemia que Trump llamó "virus chino" o haciendo un mal chiste "Kung Flu". Puede que el chiste fura malo, pero cumplía su función doble hacer sentir odio hacia China y justificar medidas, aplaudidas por sus seguidores y algunos más.

El problema de Biden ahora es que no es su estilo hacer los chistes de Trump, pero sí comparten los objetivos de cerco a China, como se está viendo a diario. Todo está conectado. Le será difícil frenar lo que Trump empezó y no ser acusado de usar las mismas técnicas. Trump necesitaba los chistes para sus "actuaciones" en directo, sus mítines, y para sus tuits. El chiste es un formato ideal para estos medios. Joe Biden no puede hacer lo mismo.



¿Es sincero Jay Leno? No lo sé. Tampoco tiene ya mucha importancia. Los estereotipos no se los lleva el tiempo, permanecen. Las disculpas, en cambio, por muy sinceras que sean, son pronto borradas por los viejos chistes que vuelven una y otra vez en forma de "memes" a través de las redes.

Estados Unidos descubre ahora que los ataques a China los acaban pagando sus ciudadanos de origen asiático con golpes, escupitajos, empujones en sus calles. ¿Cómo mantener los ataques contra China sin que esto ocurra? Esa es la pregunta del millón.

Los chistes y demás representaciones sociales negativas acaban siendo el abono del campo racista y este crece llegando a un punto incontrolado. Lo hemos visto con Trump y el aumento del racismo con presencia de supremacistas, KKK y demás grupos de este corte.

Vender que todos tus males económicos provienen de China tiene sus consecuencias. Trump pensaba que los que asaltaron el Capitolio eran "buenos y pacíficos ciudadanos norteamericanos, respetuosos de la ley". Sabemos que eso es el principio. Golpear, quemar, burlarse, etc. pasan a ser actos patrióticos.



Esto funciona en todas partes, aquí y allí; los chistes los acaban pagando otros. No sé hasta qué punto Leno llegará a sus compañeros de los medios, a los que han contribuido a difundir los chistes que le escribían porque "funcionaban". Pero es algo que sí deberían plantearse los profesionales de todo el mundo, si contribuyen a hacer un mundo mejor o si, por el contrario, lo siembran con este tipo de elementos fáciles y rentables, pero profundamente peligrosos.

Leno dice que, en su interior, sabía que estaban mal. Lo malo es que las cámaras, por ahora, no entran en el "interior" de las personas. Se limitan a recoger su voces, gestos, historias y chistes. En cualquier caso, es mejor que se arrepienta si así se siente mejor. Puede que alguien le siga. ¿Quién sabe? Solo por eso, valdría la pena.

 


"Jay Leno Apologizes for Years of Anti-Asian Jokes" The New York Times 25/03/2021 https://www.nytimes.com/2021/03/25/arts/television/jay-leno-apology.html

jueves, 18 de marzo de 2021

Creando el enemigo perfecto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)




Los medios de todo el mundo se han hecho eco de la declaración del presidente Biden a la cadena norteamericana de televisión ABC sobre Vladimir Putin calificándolo de "asesino" ante la pregunta del periodista sobre ello. Decir de un presidente no solo que es un "asesino", sino que pagará por la interferencia en las elecciones pasadas norteamericanas es mucho, incluso para una presidencia tras Trump, con el listón muy alto.

Las interferencias y manipulaciones rusas no son una novedad. Saltan frecuentemente incluso en España, como se ha denunciado especialmente en escenarios de revueltas como en Cataluña. Rusia ha descubierto con Putin la agitación como forma caótica. Es más barato sembrar el caos que construir una sociedad. En el caos, además, se gasta mucha energía por parte de quien lo padece por su traducción a conflictos. El ciberespacio es además una herramienta perfecta para generar confusión, recelos y alentar conflictos. Mientras, en Rusia, al que abre la boca le dan el tratamiento de Navalni, digno de los tiempos en que lo más contestatario de Rusia se citaba en Siberia.


Pero el ataque a Putin ha hecho que se produzcan dos fenómenos en uno: lo que ha dejado al descubierto es la estrategia doble de Trump, salvar la cara de Putin —que le apoyaba — y los ataques a China, a la que se dirigían las sospechas.

Biden ha hecho que se publique un informe de inteligencia desclasificándolo las autoridades competentes en esto. La CNN nos explica el contenido:

The US intelligence report released Tuesday detailing foreign election interference in the 2020 election contradicts repeated statements from former President Donald Trump and senior members of his administration that China -- and not Russia -- was the top foreign threat to the integrity of the election.

The report also raises questions about the effort from Senate Republicans to investigate the Bidens and Ukraine, a probe that examined many of the same allegations about the Bidens and Ukraine that the Russian-linked officials were pushing, according to the intelligence community report.

The report, compiled by the US intelligence community and declassified and released by Director of National Intelligence Avril Haines on Tuesday, assessed that the Russian government meddled in the 2020 election with an influence campaign "denigrating" President Joe Biden and "supporting" Trump. In addition, the report said China did not interfere and "considered but did not deploy influence efforts intended to change the outcome of the US Presidential election."

That assessment flies in the face of the public comments from Trump and members of his administration, including former Attorney General William Barr and former national security adviser Robert O'Brien who helped push Trump's narrative that China was interfering in the election more aggressively than Russia or Iran.

CNN previously reported that Trump decried any suggestion that Russia posed an equally dangerous threat as China as equivalent to the partisan "witch hunt" against him -- a view that was factored into the messaging of administration officials, who focused their public comments on Beijing and downplayed Moscow's actions.

A whistleblower also previously accused top Trump political appointees in the Department of Homeland Security of instructing career officials to "cease providing intelligence assessments on the threat of Russian interference in the US and instead start reporting on interference activities by China and Iran," according to the documents obtained by CNN.

That order came from O'Brien, according to the complaint.*

 


El informe es una auténtica bomba interior y exterior de relojería. El acento en Rusia y llamar "asesino" a su presidente parece desviar la mirada del otro asunto relevante: los ataques a China e Irán como formas de manipulación estratégica. Esto quiere decir que Trump distraía la atención de Putin, que interfería en su favor durante las elecciones presidenciales, mientras que responsabilizaba a China e Irán de algo que no hacían.

En estos días pasados hemos hablado aquí de la obsesión mediática norteamericana con China y los objetivos de "aislarla" para frenar el crecimiento, máxime cuando va a ser la economía que mejor se recupere de los efectos demoledores de la pandemia por todo el mundo. Te guste o no el régimen chino, que en sí no suele tener muchos simpatizantes, lo cierto es que su economía no se ha hundido, como ocurrió con la antigua Unión Soviética, con Rusia al frente; más bien lo contrario. Deng Xiaoping transformó la economía china y, con ello, la sociedad, haciendo una transición de lo agrario a lo industrial, que había mantenido a China en el atraso desde la Revolución Industrial. E fenómeno es de enorme complejidad, pero el resultado es una China convertida en superpotencia industrial, algo que a no todos les gusta y algunos quieren evitar como sea.



Trump tuvo una primera fase obsesiva con el "muro" y los que estaban al otro lado, que le sirvió de ejercicio retórico constante. Después pasó al objetivo chino. Eso le permitió acoger la línea anti China encabezada por su asesor, el economista Pete Navarro, que la responsabilizaba de todos los males norteamericanos. La mezcla con la pandemia fue el remate, incluyendo las menciones del "virus chino" o las sospechas de que fuera un "arma" que hubiera "salido" o se hubiera "escapado" de un laboratorio de experimentación.

Lo que han sacado los servicios de inteligencia norteamericanos es importante para comprender la estrategia seguida por Trump responsabilizando a China de lo que era injerencia rusa en su propio beneficio. China realizó hace unos pocos días una declaración diciendo "¡basta de difamaciones!" refiriéndose a la actitud norteamericana de echar todas las culpas a China se trate de lo que se trate.



El reportaje de la CNN muestra las conexiones entre los republicanos y la administración de Trump manteniendo a Rusia en segundo plano, aprovechando sus acciones de desinformación y desviando la atención hacia China.

El texto sacada a la luz por la Inteligencia y comentado por la CNN muestra el empeño constante de los republicanos con Trump al frente de dirigir la mirada a China:

 

"Similar actions by Russia and China are assessed and communicated to policymakers differently, potentially leading to the false impression that Russia sought to influence the election but China did not," he [John Ratcliffe] wrote, citing a report by the intelligence community Ombudsman which found that analysts were inconsistent in how they defined the terms "influence" and "interference" when referring to China and Russia.

Republicans were also raising concerns about China's influence efforts targeting Americans prior to the election, but several sources familiar with briefings provided to lawmakers told CNN at the time that intelligence officials had not presented clear evidence showing Beijing is actively interfering in the election or taking specific steps to boost one candidate over the other.

Instead, intelligence and election security officials focused, both privately and publicly, on the holistic threat posed by China, emphasizing that Beijing employs a variety of "malign tactics" that could have implications on the 2020 race.

And while the intelligence community initially assessed that China preferred Trump to lose in November, a finding that Trump often used to justify his politically driven narrative, it ultimately concluded that Beijing did not favor one candidate over the other, according to the Office of the Director of National Intelligence report released Tuesday.

"China sought stability in its relationship with the United States and did not view either election outcome as advantageous enough for China to risk blowback if caught," it says. "We assess that Beijing also believes there is a bipartisan consensus against China in the United States that leaves no prospect for a pro-China administration regardless of the election outcome."*

 


La ficción creada por la administración de Trump, como se muestra en el informe y se comenta por la CNN, pasaba por crear una imagen interesada de China y mantener en la sombra a Rusia, que comprendió que podía serle más efectivo el apoyo a Trump (que paga los favores, pensemos en la retirada de tropas norteamericanas en Siria, dejando la vía libre a los rusos y otros aliados de Bachar al-Asad, por ejemplo). La obsesión con China es parte de esa política de señalar en una dirección cuando el problema está en otra. Trump ya había pedido en público la "ayuda rusa" para las primarias contra Hilary Clinton. Parece que era algo más que un show teatral de Trump, que era más en serio. La relación Estados Unidos-Rusia ha sido una de las más extrañas del periodo Trump y en la que los historiadores investigarán sacando cosas que todavía nos sorprenderán.

Esta observación última es interesante desde las perspectivas de futuro y muestran el peligro de hacer crecer una situación de este tipo en un mundo global y cada vez pequeño.



La manipulación de la opinión pública es hoy un hecho. Me refiero a las formas que permiten la guerra informativa, en la que se busca desestabilizar a los contrarios creando el caos para debilitar a unos y fortalecer a sus contrarios. La guerra informativa es muy barata en comparación de la que se hace sobre el campo de batalla. La creación de inseguridad sirve para aumentar los niveles de protección, es decir, de gasto en defensa, con lo que los primeros en estar interesados en la inestabilidad son los que producen armamento o venden protección.  No es novedad porque se produce de continuo.

Trump se enfadó con Europa cuando, tras asustarla, la UE decidió dos cosas, tener su propio ejército para no depender del norteamericano, y fabricar sus propios aviones de combate. 

Los mayores apoyos de los Estados Unidos en Europa son aquellos que están cerca de Rusia, que temen ser invadidos. Cuando Moscú tose, los países limítrofes se rascan el bolsillo y compran armamento a los Estados Unidos y piden más soldados norteamericanos en sus bases. Lo mismo ha hecho con China para que los países cercanos se sientan amenazados, venderles armas y protección.



La historia nos enseña cómo suelen acabar las carreras de armamento. Hace unos días, la prensa comentaba que reino Unido iba a incrementar su armamento nuclear. Otra buena noticia para los que viven de la tecnología y la venta de armamento y otra mala noticia para el conjunto del planeta. La noticia de que China ya tenía una armada más poderosa que la de Estados Unidos hará aumentar los presupuestos militares, tal como las amenazas exteriores a China la han hecho aumentar su presupuesto militar. 



Las armas llaman a las armas y las armas acaban trayendo los conflictos reales, sean en las fronteras de China o de la Unión Europea, como en Ucrania o en Oriente Medio, la zona con más armas del planeta y un auténtico desastre en donde se mezclan los reyezuelos y tiranos con el petróleo y el dinero que produce, del cual una parte importante va a comprar armas, buques, aviones, etc. Es lo que ha hecho Trump con su política de desviar el problema de Israel a Irán. El enemigo perfecto es aquel que te hace ganar más.

Y esto el mundo no se lo puede permitir ya. Estamos demasiado relacionados, juntos, apretados... como para controlar los efectos de un simple estornudo. 

 


* Zachary Cohen & Jeremy "Herb Intelligence report contradicts claims by Trump and his team on China election interference" CNN 18/03/2021 https://edition.cnn.com/2021/03/17/politics/us-intel-report-trump-china-election-interference-claims/index.html



sábado, 6 de marzo de 2021

Objetivo: boicot a China

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La desaparición de Donald Trump de la Casa Blanca (no de la vida política norteamericana) no ha supuesto un descenso del sentimiento contra China, que se ha convertido en una verdadera obsesión mediática en continuo crecimiento. La lógica de esto, mucho me temo, es evitar que Biden pueda establecer cualquier tipo de puente para reducir las tensiones con China y seguir así una política que es cada vez más arisca. Se entiende que Biden debe recomponer la presencia norteamericana en el exterior, pero no se entiende que China forme parte de ese "exterior" susceptible de arreglo. Cada vez más, las líneas de ataques están más perfiladas y sus objetivos son más definidos, concluyendo con un futuro boicot o cerco a China.

La crisis en la que está inmerso Estados Unidos es de varios niveles, pero el más importante en estos momentos es la de "credibilidad". Son incontables los análisis que ven poco probable que Biden pueda restaurar las relaciones anteriores a Trump por un elemento evidente: Trump es la punta del iceberg. Y Europa, sobre todo, ha comprendido los límites de las relaciones ante el peligro de que aparezca un segundo Trump o un Trump por segunda vez, perspectiva todavía peor.


Una parte de los poderes fácticos norteamericanos veían con buenos ojos el trumpismo porque era una forma de recuperar el terreno perdido frente a China, convertida en la segunda potencia mundial. La gota que ha colmado el vaso es el manejo de la pandemia. Lejos de las paranoias absurdas sobre la fabricación del virus "chino" (no hay un experto creíble que lo sostenga) y la redirección de la inoperancia que ha superado el medio millón de muertos ha dejado de funcionar. La mantienen los grupos ultras que siguen pensando que Trump ganó y que los chinos crearon el virus para... no se sabe muy bien qué. Pero el hecho es que China gestionó la pandemia mejor que Estados Unidos. Le podemos echar la culpa a las tradiciones chinas, al comunismo o al arroz glutinoso, pero lo cierto es que así ha sido, Y esto escuece porque la teoría es que China se debía haber hundido como la Unión Soviética, rendirse en la carrera, pero lo cierto es que no es eso lo que ha ocurrido y la Historia no tiene marcha atrás, hay lo que hay.

A todos los países ricos les interesó deslocalizar sus empresas y producir en China, donde se tragaban la polución y hacían la mayor parte del trabajo duro. China aprovechó lo conseguido para avanzar como país y desarrollar tecnologías punteras en campos de investigación, entre ellos la Inteligencia Artificial, el desarrollo de las redes 5G, la telefonía, etc.



Antes de que llegara la pandemia, los Estados Unidos de Trump habían desarrollado unas feroces campañas contra China, esta vez centrada en la campaña contra el 5G y la compañía que lo desarrollaba, Huawei. Estados Unidos no quiere renunciar al control que tiene sobre las comunicaciones a través de las tecnológicas, que por cierto, le estallaron a Trump en pleno rostro. Se trataba de hundir a cada empresa china que tratara de seguir adelante con sus propias líneas de desarrollo. Los chinos pueden fabricar lo que queremos, pero no pueden fabricar lo que quieren ellos, es decir, no pueden tener una política comercial tal como la practican las empresas norteamericanas y del resto de Occidente.

Al ser competitiva en precios y calidad, muchos países han enlazado con China que, como otros, abren sus propios intereses. Las acusaciones son ya un clásico: los chinos lo copian todo y cualquier herramienta china está puesta al servicio del gobierno comunista de Pekín. La primera es una continuación del viejo principio —que ya se le aplicó a Japón— de una especie de congénita falta de imaginación, reservada a los occidentales. Se olvida que el desarrollo occidental se debe sobre todo a los descubrimientos chinos: la pólvora, la brújula, la tinta y la imprenta, a los que se podría añadir la seda. Estos inventos chinos fueron sacados con malas artes y puestos al servicio del colonialismo, ya que permitió los viajes primero y las conquista después, además del desarrollo comunicativo por la imprenta. Pero todo esto es agua pasada, por más que sea reinterpretada interesadamente cuando se dice que China "roba" porque son incapaces de inventar. Por otro lado, la fuga de cerebros desde Asia es constante, lo que permite a Estados Unidos (y otros países) creer en su potencial inventivo, confundido con el económico. No olvidemos cuál fue el destino, por ejemplo, de los "sabios" alemanes reciclados del nazismo a las fuerzas norteamericanas. Hoy Estados Unidos capta a los valores exteriores atrayendo con el poder económico el capital intelectual. Ningún reproche pues cada uno desarrolla su vida como puede, pero la idea de que todos copian lo que se hace en Estados Unidos es solo un mito autogestionado. Por eso las evidencias de superación de cualquier país son tal mal recibidas y necesitan de alguna "explicación" que la justifique, como ocurre con la cuestión del COVID-19. Hoy Estados Unidos hace un uso selectivo de la inmigración aceptando personas de aquellas áreas que le interesan, como ocurre con los matemáticos de la India o sus informáticos, por citar solo un ejemplo.



La segunda obsesión interesada contra China es la de que cualquier dispositivo que se tenga, de un teléfono a un ordenador pasando por un televisor, tienen línea directa con el gobierno chino, que se entera de lo que haces o dices. De los únicos que tenemos esta seguridad es precisamente de las grandes compañías tecnológicas norteamericanas que son precisamente las que nos "espían" y comercian con nuestros datos, como bien han denunciado las comisiones de la Unión Europea. Y además, como estamos viendo estos días, su fiscalidad es un atentado a la competencia y a la responsabilidad corporativas, es decir, sencillamente ganan y no cotizan desde paraísos fiscales o desde países que insolidariamente de dejan seducir, donde sitúan sus sedes. Todo esto es conocido y diario.



La noticia en primera línea de la CC vuelve a traer otro titular espectacular en donde "advierte" que la flota China ya es mayor que la norteamericana, algo sobre lo que, al parecer, deben pedirle opinión. El éxito de la estrategia de Trump consistió en intentar repetir con Rusia una falsa guerra fría. El tema es muy orwelliano, dividir el mundo en zonas de influencia que actúan como clientes permanentes. Trump lo dejó muy claro: el que quiera seguridad, que la pague. Creo conflictos por todo el mundo —de Oriente Medio al Mar de China, pasando por el Sahara—, ya fueran nuevos o intensificación de los viejos, de tal manera que todo el mundo reclamara la "protección" norteamericana y, especialmente, comprar ingentes cantidades de armas.

El crecimiento de la armada china forma parte de ese juego de provocar conflictos (la presencia constante de buques norteamericanos en la zona), hacer que el otro se arme y proclamar posteriormente la inseguridad. No es un método nuevo, y siempre es peligroso porque lleva a escaladas. Con Putin le ha funcionado y pudimos ver cómo chantajeo a Ucrania para mandarle protección en su conflicto ruso. Pero, como todos sabemos, estaba encantado con Putin y la política rusa porque necesitaba un "malo" controlado en sus películas. Pero con China es ya otra cosa. Porque es una potencia consolidada que, nos guste más o menos, está ahí y nadie obviamente le ha regalado nada. Pero cuestiona la primacía de Estados Unidos en campos que le hacen perder credibilidad (el fracaso de la respuesta a la pandemia ha sido por la pura obcecación de Trump, como se está viendo tras su salida) y sobre todo corre el riesgo de perder "clientes" aliados.

En este sentido, toda aportación china al conjunto es tratada directamente como "propaganda", cosa que no se puede aplicar a los mismos hechos cuando con realizados desde Washington. Si los chinos envían vacunas o mascarillas, es considerado sorprendentemente un "acto hostil", una bajeza mediática, un lavado de imagen.



Los medios norteamericanos han fijado una serie de posiciones sobre esta estrategia, que es la que se está desplegando a través también de un aliado principal, Reino Unido con Johnson como apoyo. La política de Reino Unido, obviamente parte de la cuestión de Hong-Kong, de gran complejidad, pero también alentada desde los antiguos colonizadores, que nunca han dejado de controlar la política de la isla. La jugada más evidente la tenemos en la oferta de traslado a Reino Unido de todos aquellos que quieran abandonar Hong-Kong, una jugada insólita en las relaciones internacionales y cuya finalidad no es otra que cubrir el vacío continental que provoca el Brexit, además de los ataques a China. Capital y capital humano permitirá a Reino Unido salvar su crisis interna y seguir jugando a su aventura colonial a distancia.

Desde Estados Unidos son dos los focos en los que se concentran.  Hong-Kong es evidentemente uno de ellos. El otro es la cuestión de los uigures y los derechos humanos. No deja de ser una curiosidad que se hayan centrado en esta cuestión teniendo en cuenta las políticas seguidas por Trump. En China hay 56 etnias, pero para Estados Unidos solo existen dos problemáticas: Tíbet y los musulmanes de la región Uigur. Se soslayan muchos problemas creados desde estados musulmanes limítrofes y la propagación del islamismo.

El otro foco de tensiones que parecen buscadas son las relaciones con la India, que pasan también por una relación complicada. Visto en su conjunto, parece que reinan demasiados conflictos en las fronteras chinas como para pensar que se trata de causalidad. Es sabido que un conflicto llama a otro porque supone aprovechamiento mediático, captando la atención, pero también porque divide los recursos. Los conflictos se le acumulan a China del Mar de Japón a la India.



La noticia de que China tiene una flota superior a la de Estados Unidos es llamativa e interesada. Es una llamado doble, a más inversión militar y a atacar la propia idea de defensa de China. Según esta teoría, China realiza una defensa agresiva, idea que parte de los conflictos creados con Japón y la cuestión enquistada de Taiwán.

La demonización de China solo consigue que China se sienta acosada y refuerce sus defensas porque lo que se percibe en su interior es precisamente un rechazo y un acoso. No dudo que haya un "orgullo chino" que tiene que ver con su poder, pero tampoco tengo dudas que es la presión exterior la que hace que se refuercen las defensas ante el sentido de amenazas. Si China se siente acosada en sus fronteras y en su interior, rodeada de desconfianza, si siente que hay apoyo exterior para los conflictos internos, China intensificará su política de defensa, lo que será visto desde el exterior como un crecimiento de la amenaza hacia el mundo.

Todo esto coincide precisamente con el desarrollo de China que se ha hecho siguiendo el modelo globalizador y de comercio propuesto por Occidente. Los problemas comerciales o de expansión se pueden resolver de muchas maneras, evidentemente. Pero es seguro que será difícil solucionar cualquiera porque, a mi modo de ver, no existe esa intención, sino, por el contrario, cercar a China, lo que podría ser entonces sí más peligroso.



Hay varías ofensiva en el horizonte. Mucho me temo que ya se han iniciado los movimientos para el boicot internacional a la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en China. Ya hay muchos artículos en la prensa norteamericana sobre esta cuestión, que se está sembrando. El riego, obviamente, es la corriente de noticias sobre China que buscan crear una corriente negativa hacia sus productos, personas y todo aquello que se pueda crear y amplificar.

Desde el punto de vista de la creación de corrientes y de la propaganda resulta interesante ver la formación de este periodo, señalando el peligro que se corre al crear estas situaciones. Si se quiere una mayor liberalización política de China, no es la mejor vía presionar, ya que lo único que se hace es elevar el nivel de las defensas. Lo único que se ha conseguido, por el contrario, es una mayor solidaridad interna ante los ataques exteriores que muchos no entienden y consideran una provocación.

Otro de los objetivos de la línea mediática es repetir cada día que el presidente Xi Jinping es cada día "más poderoso", intentado convertirlo en una especie de Gengis Khan al frente de una hordas bárbaras que han copiado la tecnología ajena y salen conquistar el mundo.



Por supuesto hay muchísimos problemas en China, la mayor parte de ellos la padecen los propios chinos. Pero lo que está muy claro es que las políticas desarrolladas desde Estados Unidos y Gran Bretaña, también por parte del amigo australiano, no solo no ayudan a una mejor convivencia planetaria y a solucionarlos sino que, por el contrario, son contraproducentes.

La CNN tenía el mismo día en sus páginas dos artículos, el primero de ellos era claramente en contra de China; el segundo era denunciando la situación del creciente racismo contra las personas de origen asiático. ¿Esperaban otra cosa si responsabilizan a China de todos los males, como se ha hecho con Trump?



¿No tiene más sentido sentarse a discutir y negociar? Pero parece que hay sectores económicos, industriales y militares que quieren seguir creciendo con políticas del miedo y el boicot, lo cual afectará a las políticas de alianzas en Europa, pero también en África y Latinoamérica.

Trump quería un mundo repartido con su admirado Putin, donde cada uno supiera sus zonas con claridad, crecer con el miedo. Parece que este plan no parece tan descabellado a los nuevos políticos en la Casa Blanca.



La política exterior china tiene que aprender mucho y no pensar que el poder económico lo es todo. La formulación de una Eurasia como zona geopolítica y económica es compleja y requiere medir cada paso, no aprovecharse de las crisis más de lo debido y que nadie se sienta desposeído o que está cayendo en manos de otros.

China falla en su comunicación. Tiene una obvia falta de práctica e innumerables errores; los vemos desde perspectivas de terceros que no siempre son sinceras. No es bueno que una generación crezca pensando que el resto de mundo es el enemigo al que hay que ganar, comprar y vender.



La época de Trump ha sido negativa, pero no se ha terminado. La crisis de la pandemia es demasiado importante y pocos van a aceptar que China, según nos decían ayer mismo, crezca al 6% cuando los demás entrar en recesión. Pero esto no es cuestión de China sino nuestra, de organizarnos de mejor forma.

Las relaciones internacionales en un mundo como el nuestro no pueden seguir estableciéndose con modelos de poder del XIX y de la posguerra mundial. No son válidos para solucionar conflictos, solo para intensificarlos. Hay que encontrar vías que posibiliten reformas y crecimiento sostenible y no llevar al límite bélico cualquier situación. La política internacional debe ser internacional y no una mera fachada de los intereses particulares. Desgraciadamente es esto último lo que tenemos. Ver a lo otros favorablemente si son "mercados" a los que vender y enemigos si pretenden vender en nuestro suelo no es una política adecuada. No importó a nadie la política de China cuando fabricaban para nosotros; ahora compiten y pasan a ser amenazas y todo se mira con lupa. Hay muchas cosas que corregir en la política china, especialmente para beneficio de los propios chinos. Pero esta hipocresía que vemos no es le mejor camino para solucionar nada, ni dentro ni fuera.












sábado, 13 de junio de 2020

Angustia y depresión racial en la era de Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Pocos se acuerdan que el año pasado las películas que competían por los Oscar eran película antirracistas como "Infiltrado en el KKKlan" o "Green Book", que se hizo finalmente con el premio contando la historia de un racista conductor que va comprendiendo su error al trabajar como chófer de un pianista negro desclasado, formado musicalmente en la Unión Soviética. Pocos se acuerdan del éxito un poco antes de "Black Panther", llevado por Marvel a la pantalla en una de sus películas más taquilleras y bien celebrada por la crítica.
Una situación social como la que viven los Estados Unidos en estos momentos no es solo fruto de un vídeo mostrando la frialdad de un asesinato según las reglas habituales, del asesinato programado como protocolo de actuación. Eso ha sido el detonante de una situación explosiva, una mezcla de clima político y de excitación, de angustias y de jugar peligrosamente con las emociones.



La última oleada de ataques racistas fue la padecida por los norteamericanos de origen asiático o simplemente asiáticos a cuenta de la fijación de los discursos de Trump con el "virus chino".
La irritación antirracista reciente había surgido por la manipulación política de Donald Trump desde la Casa Blanca, al igual que la otra gran movilización, la de las mujeres, desde el primer día de su mandato. Los primeros comentarios que salieron a la luz tras su elección fueron todos de tipo racista. Eran la despedida de parte del pueblo norteamericano al matrimonio Obama, algo que les había resultado insufrible durante los ocho años pasados en la presidencia. Con la llegada de Trump, muchos explotaron de felicidad, como recogió la prensa en los siguientes días. No podían controlar ni el odio acumulado ni la satisfacción que les proporcionaba la llegada de una persona como Trump, que había apelado a los sentimientos racistas y antifeministas como estrategia para combatir a los demócratas. 
Ese doble sentimiento racismo y antifeminismo era su estrategia frente al legado de Obama y la amenaza de Hillary Clinton. Los supo combinar y le resultó. Fue el único candidato de las primarias que pasó de la corrección política y se mostró como antisistema, él le diría al "pueblo" lo que el pueblo quería escuchar. Y una parte quería un presidente racista que "hiciera América grande otra vez". Hacerlo implicaba una implosión, un abandonar el mundo como amenaza, dejar atrás aliados, instituciones, acuerdos, tratados, etc. para renegociar desde la fuerza. La euforia económica era su única vara de medir el éxito que parecía llevarle a la reelección... Pero entonces algo se torció.



The Washington Post titula "Depression and anxiety spiked among black Americans after George Floyd’s death". En realidad el titular se limita a la población afroamericana y a lo ocurrido con George Floyd, pero el estudio que menciona muestra mucho más:

Americans were already struggling with historic levels of mental health problems amid the coronavirus pandemic. Then came the video of George Floyd’s death at the hands of police.
Within a week, anxiety and depression among African Americans shot to higher rates than experienced by any other racial or ethnic group, with 41 percent screening positive for at least one of those symptoms, data from the Census Bureau shows.
The findings — from a survey launched by the federal government originally intended to study the effects of the novel coronavirus — indicate that the recent unrest, demonstrations and debate have exacted a disproportionate emotional and mental toll on black and Asian Americans, even as rates of anxiety and depression remain relatively flat among white Americans and decreased among Latin Americans.
The rate of black Americans showing clinically significant signs of anxiety or depressive disorders jumped from 36 percent to 41 percent in the week after the video of Floyd’s death became public. That represents roughly 1.4 million more people.
Among Asian Americans, those symptoms increased from 28 percent to 34 percent, a change that represents an increase of about 800,000 people.*

Lo que el estudio muestra es lo que el titular oculta: el fenómeno del racismo no es exclusivo contra la comunidad afroamericana, se extiende más allá a otras comunidades y por distintos motivos. Es la idea supremacista de una "América Blanca" la que extiende el racismo hacia las diferentes comunidades que coexisten en el país.
Cada país tiene una cierta imagen de sí mismo. El "mito" norteamericano favorece su propio simbolismo, el del país sin barreras, la tierra de la libertad en todo orden. Sin embargo, ese mito, que queda bien en las representaciones artísticas, no coincide con la realidad del racismo.
La muerte de George Floyd es la figura sobre un fondo de cifras, las que mostraban que tenías muchas más posibilidades de morir de coronavirus si eras afroamericano. Floyd le ha puesto cara a una realidad que se escondía tras la frialdad de las cifras, de los datos puestos en gráficos, pero que sacaban a la luz algo que era fácil de entender aunque no fácil de explicar: la terrible desigualdad en las formas de vida, las diferencias entres los hacinados en barrios y las casitas aisladas en las que un padre lanza la pelota de béisbol en ese ritual de aprendizaje repetido hasta la sociedad, pero que solo vemos a blancos hacer; mostraba que cuando enfermaban los obreros de una planta de procesado de carnes, las alternativas de sus patronos blancos eran que se quedaran encerrados en las fábricas y siguieran trabajando.
Han sido demasiados ejemplos.

The Guardian 2/05/2020

El estudio sobre la ansiedad y la depresión se concentra en cuatro grupos: afroamericanos, blancos, latinos y asiáticos. El resultado muestra que el "grupo blanco" es el menos afectado. Han comparado el periodo enero-junio de 2019 con el más reciente 28 de mayo-2 de junio y los resultados son espectaculares desde el punto de vista social, disparándose tanto la depresión como la ansiedad en todos los grupos, con dos destacados: afroamericanos y asiáticos.
La explicación de lo ocurrido para llegar a este aumento, como decimos, va más allá respecto al caso de Floyd, que es la cerilla lanzada contra el polvorín creado por años de acumular injusticias, la estrategia de irritación y confrontación de Trump a lo largo de su mandato. Floyd es el rostro, la muestra que nadie puede ignorar, que va más allá y se vuelve incontrolable. Es la puerta de salida de la furia, de la ira desatada, la energía contenida por la angustia, un ¡basta ya! que se convierte en tsunami.


Pero hay otros factores que no se deben ignorar. Me refiero a ese estado de los asiáticos norteamericanos, el otro grupo afectado de forma intensa y que muestra un mecanismo diferente del racismo:

One surprising finding in the new census data was that Asian Americans experienced the largest one-week change in anxiety and depression symptoms of any racial or ethnic group. Asians had the lowest rates of depression in 2019 — just 3 percent screened positive — but that rate has soared sevenfold during the pandemic.
For months, since the emergence of the coronavirus in Wuhan, China, Asian Americans have experienced marked racism.
“Given how this pandemic started, with discrimination against Asian Americans, it’s not hard to imagine that as the national conversation started turning back to race and racial violence, you see anxiety and depression start resurfacing,” Powell said.
Asian Americans have seen a rise in hate crimes and harassment, their businesses have been targeted by vandals and looters, and Asian doctors and nurses have been abused and physically attacked even as they help the United States fight the coronavirus.
“In my private practice, I’ve seen a huge uptick,” said Michi Fu, a psychologist in Los Angeles with expertise in working with Asian American families. “What worries me about this increase in trauma and stress are all those who aren’t seeking help because Asian Americans are especially less likely to do that when it comes to mental health. Compared to other ethnic groups, the stigma is just incredibly strong.”*

Si el racismo contra la población afroamericana tiene una larga explicación histórica, el racismo anti asiático tiene también la suya, cuyo estallido se produce precisamente en el momento en el que el presidente Trump ha convertido a China en el enemigo número 1 de los Estados Unidos, algo que ha ido construyendo y alentando desde su precampaña electoral y, por ende, uno de sus puntos fuertes, algo con lo que convencer tanto al empresariado y al trabajador. Al ser otro país, se puede descargar la xenofobia y el racismo sin tapujos, se pueden tener asesores, anti China, por ejemplo, si ocultarlo. El racismo interior, en cambio, requiere de camuflaje.
Es interesante como los dos estallidos raciales se producen de forma diferente en sus reacciones. El estallido defensivo que provoca la muerte de George Floyd y el estallido racista ofensivo contra la comunidad asiático norteamericana, atacada responsabilizando del "virus chino" ¡precisamente a los que estaba en Estados Unidos!
Han tenido que salir a la calle a decir "#yo_no_soy_un_virus" ante los ataques e insultos que han estado recibiendo. Mucho odio acumulado. Aquí tratamos el artículo aparecido en The New York Times que se dio cuenta de la monstruosidad que suponía tener que decir "no soy china", solo asiática, para librarse de los ataques. Su reflexión era que el miedo la convertía en racista, esquivando el golpe, pero no evitando que lo recibieran otros. Ese ha sido uno de los principales mecanismos de pervivencia de la xenofobia y el racismo: no va conmigo. Y que los otros aguanten su vela. No basta decir "soy japonés" o "soy vietnamita" y el virus no va conmigo.
Es precisamente este tipo de conductas el que está en la base del racismo o del abuso, el "no va conmigo"... hasta que te toca.
El movimiento antirracista en favor de la población afroamericana tiene una amplia tradición y nombres ilustres, sus mártires y héroes, con sus himnos (en estos momentos suena en mi reproductor Nina Simone con su "Four Women") y sus obras, fruto de esfuerzo, sangre y mucha energía para expresarse a través de muchas artes de enorme influencia. Los sesenta explotarán en el movimiento de los derechos civiles, pero la globalización y el neoliberalismo imperante han agrandado las brechas sociales y estas las raciales, pues no están separadas sino que son consecuencia la una de la otra.


Pero no ocurre así con la población de origen asiático en los Estados Unidos. No deja de ser interesante la reacción presidencial a los premios concedidos por la Academia de Cine a la película surcoreana "Parásitos".
Ya no hay más Pearl S. Buck que medien para comprender a otros. La película La buena tierra (1937), con cinco nominaciones con las que consiguió dos premios, basada en su novela ganadora del premio Pulitzer,  llevaba este texto en el inicio: "The soul of a great nation is expressed in the life of its humblest people. In this simple story of a Chinese farmer may be found something of the soul of China--its humility, its courage, its deep heritage from the past and its vast promise for the future."** 



Ya entonces, Buck tuvo que emprender una cruzada para que los chinos fueran vistos a los ojos de los norteamericanos como algo más que esclavos construyéndoles el ferrocarril y muriendo junto a las vías, como algo más que perversos invasores a los que había que mantener a raya.
Hace tiempo le dedicamos una entrada del blog a Pearl S. Buck que creo que tiene cierta actualidad a lo visto de lo sucedido. No se trató solo de una mujer que amaba a China, sino de una escritora que hablaba de China en un contexto social que seguía siendo profundamente racista.
Podemos ir a la Wikipedia y encontrar una completa información sobre lo que supuso el "Acta de Exclusión China" y sus consecuencias posteriores. Este es el principio, pero recomiendo que sea leído el artículo en su totalidad:

The Chinese Exclusion Act was a United States federal law signed by President Chester A. Arthur on May 6, 1882, prohibiting all immigration of Chinese laborers. Building on the 1875 Page Act, which banned Chinese women from immigrating to the United States, the Chinese Exclusion Act was the first law implemented to prevent all members of a specific ethnic or national group from immigrating.
The act followed the Angell Treaty of 1880, a set of revisions to the U.S.–China Burlingame Treaty of 1868 that allowed the U.S. to suspend Chinese immigration. The act was initially intended to last for 10 years, but was renewed in 1892 with the Geary Act and made permanent in 1902. These laws attempted to stop all Chinese immigration into the United States for ten years, with exceptions for diplomats, teachers, students, merchants, and travelers. The laws were widely evaded.[1]
Exclusion was repealed by the Magnuson Act on December 17, 1943, which allowed 105 Chinese to enter per year. Chinese immigration later increased with the passage of the Immigration and Nationality Act of 1952, which abolished direct racial barriers, and later by Immigration and Nationality Act of 1965, which abolished the National Origins Formula.[2]***

Creo que es un caso insólito el tratamiento dado a los chinos emigrados a los Estados Unidos, país que pronto empezó a mirar a Asia, especialmente a China, con ojos diferentes. Pese a ser una aliada en la Guerra Mundial frente a Japón (que había invadido parte de China), el año 1949, el triunfo comunista en la larga guerra civil china acabó con cualquier esperanza de relaciones normales. La amistad se perdió en el camino.
El estudio que nos muestra The Washington Post muestra esa ansiedad y depresión en la era de Trump. El estallido que abarca todos los Estados Unidos y que se ha extendido a buena parte del mundo desborda ya el espacio, pero deja oculta la xenofobia que se ha manifestado en todo el mundo hacia la comunidad china que no tenía culpa alguna en la expansión del coronavirus pues estaban en diferentes países cuando estalló. Pero para muchos ha servido de excusa encubierta para que se cerraran tiendas o comercios, para deshacerse de competencias.
Se han utilizado los medios para crear un ambiente xenófobo que han pagado las personas que menos culpa tienen, en Estados Unidos los asiáticos norteamericanos y en otros los estudiantes, los dueños de tiendas y comercios, los empresarios que no tenían culpa algunas.


Hoy las comunidades africanas, árabes o hispanas tienen sus asociaciones de protección de sus derechos y todo tipo de defensores para evitar que se confunda, por ejemplo, a todo musulmán con un terrorista. Sin embargo, no ocurre así con las comunidades asiáticas, que prácticamente aguantan en silencio las afrentas. Tuvieron que bloquear las cuentas, sin justificación, alguna a los chinos residentes en España para que estos salieran por primera vez a la calle.
La BBC, la CNN, France24 tienen todos programas del tipo "InsideAfrica". De Asia solo algunos tienen programas de información económica dada la importancia. Pero parece que hay poco interés en conocerse más allá de tópicos y estereotipos negativos. El tratamiento informativo de la pandemia ha hecho sonrojar a más de uno (me refiero a España) con aspectos claramente xenófobos, cuando no racistas. Todo el mundo puede decir cualquier cosa de los chinos, sin freno, con la seguridad de que nadie va a responder recriminando las actuaciones. Por poco simpático que pueda resultar el régimen, lo que se hace va más allá de la política y su traducción es en violencia sobre los que están más acá de la Gran Muralla.


Sé de lo que hablo. De algo anterior a la pandemia, de algo más allá de Trump. He visto cómo se han comportado personas e instituciones, cómo se polarizaban y he escuchado cosas que no pensaba escuchar.
Angustia y depresión no son estados positivos y menos si estos tienen un comportamiento que afecta a los grupos como forma de discriminación racial. Los más afectados, afroamericanos y asiático americanos, viven una situación diferente. También los hispanos han vivido una situación de estrés desde que Trump empezó a expulsar y a querer construir muros, desde que se separaban hijos de las familias como forma disuasoria de la inmigración desde el Sur. No sé cómo medir ese estrés, el de las familias con niños lejos, tal como denunciaron los propios medios norteamericanos.
El racismo no es un problema exclusivamente norteamericano, por supuesto. Pero es allí desde donde, por el poder de la industria cultural, salen muchos estereotipos y modelos negativos sobre el mundo (incluidos nosotros).


La gran factoría de las representaciones mediáticas está en los Estados Unidos. Los medios, de la televisión al cine, pasando por la prensa o la literatura, recrean el mundo según los intereses de grupos económicos, políticos, religiosos o étnicos. No es nuevo, pero sigue siendo real. Siempre han necesitado estigmatizar a alguien de fuera o de dentro, según tocara, hasta llegar a un maniqueísmo que hace irreconocible el mundo.
Por eso es esencial abrir el mundo a otras visiones, del cine a literatura, tratar de comprender el mundo desde ópticas diferentes, estudiar las relaciones interculturales para tratar de comprendernos mejor y no de ridiculizarnos desde la superioridad de hipotéticos destinos manifiestos.


Angustia y depresión son síntomas ante nuestro presente. Estamos en el siglo XXI viviendo con mentalidades de siglos anteriores, pero con una capacidad menor de actuar desde la educación. Hemos abierto la Caja de Pandora de las tecnologías que sirven tanto para extender mensajes racistas como para levantar al mundo indignado con el vídeo de George Floyd asesinado en nueve interminables minutos, una agonía en directo.
Vivimos en un mundo contradictorio cuyos valores se fragmentan. Las redes pueden convertirse en una escuela de contravalores, de desinformación y anular el papel de la educación, convertida en acumulación de conocimientos para ganarse la vida y no para construir un mundo mejor. Es lo que estamos viendo cada día.


Hace mucho tiempo escribí que la última frontera era la idea de "raza", creo que el tiempo me da desgraciadamente la razón. Seguimos considerando al otro distinto como una amenaza. Avanzamos en la igualdad de otras distinciones, pero somos incapaces de aceptar la diversidad de pieles.
Lo intolerable es que se haya aprovechado una pandemia para poner de nuevo sobre la mesa los prejuicios y odios existentes desde hace mucho tiempo, como nos comentaba el artículo de la Wikipedia sobre el Acta. La pandemia nos ha mostrado (y quizá demostrado) que se muere más según el color de tu piel, que ese color determina dónde vives y en que trabajas, cómo te van a atender los servicios médicos o si careces de ellos. Nos ha mostrado que las estadísticas poblacionales se van al traste y no se corresponden con las muertes. Pero era lo mismo que mostraban las poblaciones de las cárceles o los ejecutados en sillas eléctricas, cámaras de gas o inyecciones letales. Son las mismas estadísticas que reflejan los errores judiciales y las condenas más largas. Todo forma parte del menú racista que el coronavirus, sin pretenderlo, deja al descubierto. Lo intolerable es que las personas asiáticas, estén donde estén, sean vistas como parásitos ellas mismas. Son reacciones que muestran que más allá de nuestra seguridad estamos llenos de prevenciones alimentadas cada día por estereotipos que alimentamos.


Comienza ahora una epidemia revisionista, cuya función es lavar la imagen de las empresas, no verse acusadas de programar lo que antes programaban. Da igual ganar dinero con una que con otras. Es fácil cambiar una película. ¿Recuerdan la escena de la película de Spike Lee en la que los neonazis disfrutan de la visión privada de la película "El nacimiento de una nación", el clásico de D.W. Griffith, considerado por algunos la mejor película de la historia del cine? ¿Recuerdan el jolgorio con los linchamientos o las quemas del Klan? Es fácil dejar de programarla y convertirla así en objeto de culto racista, si ya no lo era.


Las dos comunidades presentan perfiles distintos, pero padecen síntomas de angustia y estrés. ¿Hay forma de rebajar las tensiones? Es difícil cuando se están alentando los conflictos raciales y xenófobos desde la presidencia y desde los medios. Parece que el racismo de Trump ha quedado claro tras muchas manifestaciones (ya tiene la guerra que necesitaba), pero el que se está ejerciendo sobre la comunidad china tiene matices muy diferentes al camuflarse de política y tener así más apoyos. La comunidad  afroamericana ha sacado sus "raíces" (recordemos el bestseller reivindicativo de Alex Hailey en los 70) de África y se reivindica "estadounidense" con sus propias características? ¿Ocurre lo mismo con la comunidad chino-americana? Parece que no y el tener un referente, la propia China, les está creando un efecto colateral negativo? No deja de ser curioso que muchas de las películas norteamericanas con historias con China de fondo, tengan precisamente como objeto las distancias entre el país de origen y los Estados Unidos, es decir, entre las viejas generaciones y las nuevas que tratan de conjugar la herencia poderosa con las nuevas formas de los Estados Unidos. Parece como si fuera necesario distanciarse para no ser arrastrados por el creciente conflicto de rivalidad chino norteamericano, que parece marcará las próximas décadas.


Una campaña potenciada por chinos americanos usa la  necesidad higiénica  de lavarse las manos para expresar que hay que limpiarse las manos también del odio que se acumula en ellas. No es mala la idea y es un gran paso para tratar de frenar un problema que nos destruye a todos, en un sentido u otro, que nos deshumaniza. Hay que condenar cualquier forma de racismo o de xenofobia, más en estos tiempos en los que proliferan por todas partes. Las personas no son países o virus. Son personas, con igual dignidad.
Corremos el riesgo de pensar que el racismo es solo lo nuestro y no lo que se aplica a los demás, disfrazándolo de otras cosas. Esa ha sido la astucia de los racistas siempre, disfrazarse para esconder sus motivaciones reales. Ni ocultarlo ni convertirlo en instrumento camuflado.


*  Alyssa Fowers y William Wan, "Depression and anxiety spiked among black Americans after George Floyd’s death"  The Washington Post 12/06/2020 https://www.washingtonpost.com/health/2020/06/12/mental-health-george-floyd-census/
** AFI Catalog "The Good Earth" (1937) https://catalog.afi.com/Catalog/MovieDetails/8507
*** "Chinese Exclusion Act" Wikipedia https://en.wikipedia.org/wiki/Chinese_Exclusion_Act