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jueves, 2 de enero de 2025

Fumar en Milán

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Le he dado muchas vueltas. Entre noticias de inflación, caos ferroviario, subida de la cesta de la compra, de adiós al IVA reducido, atropellos masivos y explosiones en Estados Unidos, algún crimen machista y un largo etcétera de desgracias acumuladas en apenas unas pocas horas de 2025, lo que nos hace augurar malos tiempos desde el primer día del año; después de escuchar que "si vamos al desierto nos abriguemos porque hace frío" en la salida del rally Paris-Dakar, después de escuchar que un caso de una mujer muerta no debe considerarse "violencia de género" porque no eran "pareja" y alguna que otra fantasía informativa matutina en la TV, de me quedo con la siguiente: "Milán prohíbe fumar tabaco en lugares públicos al aire libre si no se respetan 10 metros de distancia"*

No atrae mi atención hasta que después de pasar por ella varias veces, veo que va acompañada de una fotografía, etiquetada de la siguiente forma: "Un hombre fumando en la calle en Milán, en una imagen de archivo GETTY IMAGES". Por más vueltas que le doy, como digo, no logro emparentar la foto con la noticia.

En primer lugar, el desenfoque del fondo no permite saber si es Milán o cualquier otro lugar del mundo. Tampoco ayuda mucho el hecho de que la persona que está en la foto sea un asiático. Desconozco cuantos asiáticos hay en Milán, pero podría haber algunos, sin duda. Pero el tercer elemento que me desconcierta es que el asiático del que se nos dice que está en Milán no está fumando. En su mano derecha tiene un teléfono móvil que está consultando. 

Nos queda un margen para la incertidumbre y es que no se ve su mano izquierda, el único elemento que podría tener un cigarrillo. Si el fumar necesita de un cigarrillo para convertirse en icono del "fumador", esta imagen carece de "fumador" porque carece de cigarrillo asociado. Así de claro. Podemos pensar que tiró el cigarrillo cuando vio que le iban a hacer la foto, pero eso no soluciona nada. Misterio.

¿Por qué Milán no se reconoce? ¿Por qué no se reconoce mostrado a un "milanés"? ¿Por qué no se reconoce a un "milanés fumador"? ¿Qué nos queda de la foto y la noticia a la que acompaña? Algunos podrán argumentar que existen milaneses de origen asiático. Sí, pero la representatividad de una imagen no es eso...

En el mundo de la comunicación las cosas adquieren su sentido en otros niveles y un pálpito me hace buscar en Google por el pie de foto. Las primeras imágenes nos dan por resultado calles milanesas y especialmente fotos de moda, de varones trajeados por las calles de Milán.

De repente, una de las entradas llama mi atención. Es una noticia del diario El País fechada hace tres días con el mismo tema y el titular "Milán prohíbe fumar en la calle a partir de enero"** ¡De nuevo es un asiático quien aparece en la foto! ¡Y esta vez sí se le ve fumando! Está fumando sentado en el banco de un parque del que tampoco se puede decir que sea Milán. De las tres condiciones solo cumple la de "fumador"  —algo es algo—, aunque no reconozcamos "Milán" ni a un "milanés".

Me aparece un tercer titular, el de La Vanguardia que señala "Milán prohíbe fumar en la calle a menos de diez metros de otra persona"***. La foto que acompaña es la de dos fumadores en una calle que podría ser de Milán. Los dos fumadores no parecen ser orientales, aunque uno de ellos está de espaldas rodeado de humo. La mujer sostiene el cigarrillo en su mano, en la boca. Al menos, son fumadores y no asiáticos.

Es en el ABC donde se cumple el mayor acuerdo entre la noticia y la imagen. Con el titular  "Milán prohibirá fumar tabaco en la calle a partir de 2025"**** nos muestra una mujer fumando y con la catedral de Milán de fondo. ¡Por fin! Solo una pequeña anacronía, la mascarilla que se ha retirado para poder fumar. Nos traslada a la pandemia. El acto de fumar en la calle no tiene un sentido negativo, sino más bien el de un mal menor y poderse retirar la nascarilla. Pese a ello, es el que más se acerca.


¿Por qué esta diversidad ilustrada en la misma noticia? ¿Qué hace que dos de las cuatro noticias vayan hacia los asiáticos y solo una nos muestre Milán realmente?

Hay evidentemente una falta de sentido autocrítico, el que permite que la imagen vaya por un lado y el texto por otro, pero ¿por qué asiáticos

Recuerdo cuando se dieron los primeros casos del coronavirus en España. Gente levantina que había ido a Italia por un partido de fútbol siguiendo a su equipo, se contagió en el viaje. La fotografía elegida para ilustrar el caso era la de cuatro o cinco asiáticos con mascarilla. El pie de foto señalaba "calles de Valencia".

Poner "asiáticos" en las imágenes puede cumplir varias funciones. La primera es una suposición, que no habrá demandas de los señalados por ser mostrados. Las fotografías de la calle están sujetas a un azar peligroso: que los fotografiados exijan que se retire o, peor, pidan ser indemnizados por los "daños" causados en su "imagen". Las probabilidades de que un "asiático" haga esto son menores, o al menos eso se supone. 

El absurdo es grande, especialmente en el caso en que se muestra a un "asiático" que no fuma mientras su pie de foto dice lo contrario. La segunda imagen es absurda por lo contrario, por convertir en fumador milanés a un fumador claramente asiático.

La segunda suposición es que han sido suministradas por servicios de documentación, lo que debería hacernos pensar que los servicios asumirían la cuestión de los derechos, algo que es mucho suponer. La tercera foto, la de La Vanguardia, prefiere que no se pueda identificar a los fumadores, asumiendo ese menor riesgo.

Buscamos otras imágenes. Hay muchas de fumadores, identificados o no. Otra consecuencia es la casi inevitabilidad de usar la catedral para localizar "Milán". Cada espacio tiene sus propios iconos, En el caso de Milán es su catedral. Roma, París, Nueva York... tienen los suyos. Milán tiene su catedral. Lo podemos apreciar en otras imágenes, como la mostrada un poco más arriba: "fumadora + catedral + Milán".

La cuarta foto, la de ABC se ajusta a lo dicho y al espacio, pero se sitúa en otro momento. Se ajusta el espacio, pero no el tiempo. Pese a ello es la que más se ajusta al texto. Muestra cierto sentido "lógico" de la noticia y la imagen que le acompaña.

Si la "lógica asiática" se extiende estamos ante un problema serio: pensar que todo lo negativo se resuelve poniendo a un "asiático" puede hacer creer a algunos que el problema viene del "asiático", como ocurría en la foto de las mascarillas en la pandemia, un momento en el que Trump "popularizó" la expresión "virus chino". Hay que tener sentido de la información y sus efectos posibles.

Si mostramos fumadores asiáticos para representar lo que pasa en Milán, habrá gente que crea que los Incumplidores" son asiáticos. Cuando en las series norteamericanas vemos que los delincuentes son casi siempre "de color", podemos llegar a pensar que es lo "natural", lo que sucede realmente. ¿No estaremos contribuyendo a crear una cierta "escala de color" entre el bien y el mal si siempre que vamos a representar algo negativo empleamos a determinados grupos o etnias?

No hace mucho criticamos aquí que la noticia sobre la bajada de la calidad de la enseñanza se ilustrara con la foto de una niña con pañuelo en la cabeza en medio de una clase. Probablemente se pensó de la misma forma que con el fumador asiático: bajo riesgo. Pero la foto significaba señalar injustamente un problema de todos a algo que se debatía en las escuelas: el peso de la inmigración en los resultados del aprendizaje. Puede que en muchas ocasiones tenga sentido ponerle cara a los problemas, pero no cuando conlleva un sentido de señalamiento injusto y peligroso.

Los medios deberían ser más responsables en la manera en que presentan las noticias, pues esto es relevante en su "comprensión", tanto de la noticia en sí como del mundo en el que se producen.

Hay que tener cuidado con dónde y a quién se señala. Si algunos medios han decidido ilustrar con "asiáticos" las noticias negativas para evitar conflictos, deberían advertirlo para no hacer suposiciones sobre lo que realmente ocurre. Hay que evitar la creación de estereotipos, especialmente de los negativos. A menos, claro, que sea eso lo que se busca.

* "Milán prohíbe fumar tabaco en lugares públicos al aire libre si no se respetan 10 metros de distancia" RTVE.es/Agencias 01/01/2025  https://www.rtve.es/noticias/20250101/milan-prohibe-fumar-tabaco-zonas-publicas-respetar-distancia/16392050.shtml

** "Milán prohíbe fumar en la calle a partir de enero" El País 30/12/2024 https://elpais.com/sociedad/2024-12-30/milan-prohibe-fumar-en-la-calle-a-partir-de-enero.html

*** "Milán prohíbe fumar en la calle a menos de diez metros de otra persona" La Vanguardia 01/01/2025 https://www.lavanguardia.com/vida/20250101/10249114/milan-prohibe-fumar-calle-diez-metros-persona.html

**** "Milán prohibirá fumar tabaco en la calle a partir de 2025" ABC 20/12/2024 https://www.abc.es/sociedad/milan-prohibira-fumar-calle-partir-2025-20241220130724-nt.html

 

miércoles, 4 de diciembre de 2024

La pregunta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hay preguntas "interesantes". También las hay "capciosas", "retóricas", "impertinentes", "molestas", "maliciosas", "indiscretas", "personales", "polémicas"... un largo etcétera de posibilidades. Por supuesto, las preguntas se le hacen a alguien, en público o en privado, y, en ocasiones, ante un auditorio, los periodistas hacen preguntas.

La pregunta busca una respuesta, pero también es un indicador claro de la intención del preguntador. Con nuestras preguntas nos mostramos ante el preguntado y ante el auditorio que puede estar atento a las respuestas.

El Periodismo tiene una relación amplia con las preguntas. Debe seleccionar las que puedan interesar a los lectores y espectadores. El concepto de "interés" puede ser muy variable porque también ha variado el interés del público. Surge entonces el dilema de si es el periodista el que modela a su público llevándoles hacia zonas que le permitan conocer mejor el mundo o si, por el contrario, las preguntas deben recoger la curiosidad de los que atienden.

En 20minutos tenemos las reacciones a una pregunta. El titular ""Pablo Iglesias carga contra Xabier Fortes por una pregunta "personal" a Irene Montero: "Jamás me la hicieron a mí"" nos explica —aunque poco— lo que hay detrás, en los hechos. ¿Qué hace que una pregunta sea noticia y no la respuesta? Veamos ambas:

Durante la entrevista a la política, el periodista ha querido hacerle la siguiente pregunta: "En el tono personal, lleva uno meses siendo eurodiputada, tres hijos, pareja... ¿Cómo hace la convivencia, cómo se lleva?", cuestionó Fortes.

"Una etapa diferente, con mucha organización. En un país, donde hay una emergencia de conciliación como tenemos, y donde se delega en las escuelas y en las abuelas y abuelos quienes pueden, no estamos nosotras para quejarnos sino para hacer políticas públicas que garanticen el derecho a la conciliación y a los permisos retribuidos", respondió Montero.*


¿A qué viene la irritación de Pablo Iglesias ante la pregunta?

En estos tiempos de "minería intencional", la pregunta ha sido vista como parcial, como prejuiciosa, es decir, dando por hecho que es la mujer la que debe "conciliar", la que debe repartir tiempo y vida ocupándose de esas cosas. La irritación de Iglesias es porque a él no le han preguntado, como señala el titular, dando por descontado que "no es cosa suya" la conciliación.

La queja de Pablo Iglesias se recoge también:

Una pregunta que ha sido muy criticada por muchos espectadores, entre ellos Pablo Iglesias. "Esta pregunta jamás me la hicieron a mí", ha denunciado públicamente el expolítico. "Por el contrario, me preguntaban por qué me cogía la baja de paternidad siendo jefe. Y jamás se la hacen a ningún hombre con responsabilidades políticas". 

"El machismo es un problema serio en el periodismo, no solamente en el de derechas", reflexiona Iglesias en su queja.*

Quizá a algunos les parezca demasiado sutil, pero creo que no le falta razón. La pregunta de Xabier Fortes, como decía, sirve para mostrarnos cómo hay un fondo más arraigado de lo que pensamos en nuestra forma de percibir el mundo, ese marco ideológico que puede sorprender al que hace la pregunta cuando se le señala. Así ha ocurrido con el propio Fortes que se ha disculpado por si su pregunta ha "molestado" y ha sido "malinterpretada" su intención.

El titular 20minutos habla de "pregunta personal", mostrando que no se ha acabado de comprender el sentido de la queja. No, no ha sido por lo "personal" la queja, sino por todo lo contrario, por lo que revela de "cultural".

La cuestión está en que no es necesaria una intención "expresa" por parte del autor, sino que existe una especia de inercia en la pregunta, un elemento subyacente contra el que hay que estar prevenido, especialmente cuando se hacen en un medio en directo, sin posibilidad de rectificación. La pregunta sale así y ya no se puede parar.

Decía Umberto Eco cuando leía las interpretaciones que su primera novela, El nombre de la rosa, suscitaba que había interpretaciones que coincidían con su intención; que había otras con cosas que él no quiso decir pero que el texto permitía y, finalmente, las aberrantes, las que no se explicaba de dónde salían. Que podamos interpretar un texto por encima de la intención del que lo elabora es frecuente, sea justo o no para el que habla.

La pregunta de Xabier Fortes es machista, da por supuesto lo que es "propio" de la mujer. Desde ahí, consciente o no de sus implicaciones, se ha realizado y, como dice Iglesias, a él no se la han realizado nunca, lo que también revela en su ausencia el machismo de fondo: nadie ha pensado que él tuviera que "conciliar".

Un Periodismo más autoconsciente es necesario para evitar estereotipos y demás restos y rastros de una forma de pensar que debe ir a favor del cambio de perspectiva. Mientras queden las preguntas viejas, no se habrá cambiado mucho.  

 

* "Pablo Iglesias carga contra Xabier Fortes por una pregunta "personal" a Irene Montero: "Jamás me la hicieron a mí"" 20minutos 3/12/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5660199/0/pablo-iglesias-carga-contra-xabier-fortes-por-una-pregunta-personal-irene-montero-nunca-me-haria-mi/

lunes, 6 de mayo de 2024

Madrastras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La sola palabra nos lleva ya a viejas historias infantiles. En 20 minutos, Lolita Belenguer firma un interesante artículo titulado "Madrastras, las madres de las que nadie habla, alzan la voz: "Te enfrentas al estigma de ser 'la mala'"*. Se nos cuenta en él cómo las madrastras reales se tienen que enfrentar al estigma de las madrastras ficticias, las "malas de los cuentos". No, no es una tontería periodística, sino un ejemplo más de cómo las ficciones condicionan nuestra forma de ver el mundo o, si se prefiere, lo difícil que es librarse de estas etiquetas que componen nuestro mapa de relaciones.

En el artículo se nos cuentan las investigaciones sobre esta cuestión y también los sentimientos de personas, esas madrastras que son miradas con recelo, esas "falsas madres", las que carecen de lazos de sangre, otro mito —el de la sangre— del que tampoco es fácil librarse.

Leemos en el artículo, por voz de la investigadora doctoral Elvira Mondragón, de la Universidad de Valencia:

En cuanto a las madrastas, la investigadora, tras realizar múltiples entrevistas, maneja la hipótesis -que le falta contrastar- de que "tienen una mayor dificultad para encontrar su sitio en el hogar que los padrastros". Y lo argumenta: "Como tradicionalmente a las mujeres se les ha atribuido el papel de los cuidados en el hogar, las madrastras sienten la exigencia moral de amparar a los hijastros y se implican en el cuidado de los hijos de sus parejas. Sin embargo, socialmente, aún hay prejuicios en contra de las madrastras por la representación de los cuentos infantiles".*


¡Una dura competencia! Las viejas historias trasmiten unas visiones en las que las madrastras son incapaces de establecer esos lazos afectivos, surgidos únicamente de la "sangre". El mito se impone y las personas reales comienzan las nuevas vidas con desventaja. Parecen ser una "competencia desleal" con las madres biológicas. Ellas son las "malas" de la película o, si se prefiere, del cuento.

El caso de las madrastras nos ofrece un ejemplo de lo complicado que es moverse en una sociedad llena de referencias valorativas en la que hay que empezar demostrando que no se es algo ya prefijado. Y quizá nunca se llegue a terminar de demostrarlo, siempre con nuevos retos.

A lo largo del artículo, con voces diferentes, de las investigadoras a las propias afectadas, va surgiendo ese sentimiento de estar sometidas a juicio de forma constante. En unos tiempos en los que vemos todo tipo de barbaridades, de crímenes familiares a denuncias de todo tipo, no es fácil acudir a los estereotipos familiares como garantes de nada. Sin embargo, nada resiste más que un estereotipo, que un prejuicio. Es difícil este enfrentamiento con la cultura, donde se dan por buenas las ficciones. Creo que es interesante indagar en este tipo de conflictos culturales en los que se lucha con las visiones tradicionales.

Actualmente tenemos en cartel una obra, Madres, nos cuentan en RTVE.es. Allí leemos:

Sobre las tablas del Teatro Lara, cinco mujeres se quedan encerradas en un colegio, una embarazada, una ejecutiva con dos niños, una madre soltera, un ama de casa con familia numerosa y una periodista que no quiere ser madre, pero le toca matricular a los hijos de su pareja. Cinco formas de ver y vivir la maternidad.**

La última propuesta ¿es una madrastra? Hoy se nos cuenta en la prensa la historia de un niño de dos años vagando por las calles. Sus padres estaban en una discoteca. ¿Malos padres? Sin duda. Cada cierto tiempo, aparecen noticias de este tipo. Pero las noticias fabrican casos; los cuentos crean, en cambio, mitos.

En diversos focos intentan luchas contra el negativismo que la palabra "madrastra" transmite, incluido el DRAE. Pero el diccionario, recoge más que impone. La "realidad cultural" es difícil de modificar. Un cuento puede tener más poder que muchos tratados científicos o filosóficos.

Las madrastras no tienen porqué ser "malas", como las madres no tienen porqué ser "buenas". El mito de la sangre como garantía no es suficiente, pero como "mito" resiste. Como también resiste el de la malvada madrastra, con el que crecemos desde la infancia. 

 

* Lolita Belenguer "Madrastras, las madres de las que nadie habla, alzan la voz: "Te enfrentas al estigma de ser 'la mala'" 20minutos 5/5/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5239201/0/madrastras-madres-nadie-habla-alzan-voz-te-enfrentas-estigma-ser-mala/

** Cristina Pérez "'Madres' dinamita con humor la maternidad en el Teatro Lara" RTVE.es 5/05/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240505/madres-dinamita-humor-maternidad-teatro-lara/16078100.shtml



martes, 19 de marzo de 2019

La maquinaria simpática del odio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El atentado terrorista contra las dos mezquitas en Nueva Zelanda y contra las personas que allí oraban abre una serie de reflexiones y comentarios que es necesario digerir para que sirvan de algo más allá de las condolencias. El análisis sirve de poco si queda en reposo hasta el siguiente caso.
Ha causado inquietud el hecho de que un periodista de opinión de The New York Times, Wajahat Ali, haya hablado de los supremacistas blancos como un "White ISIS". La CNN lo ha entrevistado y ha generado el titular  "Panelist calls white supremacy 'white ISIS'". La extrañeza de la singularidad es realmente notable, pues el movimiento del supremacismo blanco no es otra cosa que, efectivamente, una forma paralela al Estado Islámico. Es un movimiento peligroso en lo físico y en lo ideológico, racista y violento. Llamar "white ISIS" no va desencaminado.


La sorpresa es que el supremacismo blanco se ha convertido en un movimiento que se ha ido esparciendo por el mundo y que cuenta con un inquilino en la Casa Blanca, llevado allí por sus votos, hartos de tener un presidente afroamericano durante ocho años. La América "blanca", "cristiano-integrista" ha seguido avanzando, organizándose hasta tener todo su aparato ideológico en marcha, con un Steve Bannon recorriendo Europa para expandir y reclutar adeptos a la causa por el continente.


El marco ideológico coincide con los nacionalismos populistas de derechas y tienen su foco puesto en la inmigración y, en especial, contra los musulmanes, sobre los que se va creando la estigmatización a través de las insinuaciones o las asociaciones.
En la CNN se recoge un artículo firmado por la asesora del partido Laborista británico, escritora y actriz, Ayesha Hazarika, de origen indio musulmán, y escocesa de nacimiento.

When I woke up Friday morning to the news of the massacre at two mosques in Christchurch, New Zealand, I felt sick. But sadly, not entirely surprised. I had been dreading this kind of violence happening, although I would have never imagined this kind of scale -- 50 Muslim men, women and children killed in cold blood with such clinical, methodical precision and filmed for social media.
Islamophobia is on the rise and has been for some time. Muslims have been demonized, dehumanized and scapegoated on an industrial scale by society since 9/11.
No other group has been punished for the sins of the father in such a systematic and accepted way. Politicians, commentators, influencers and the media on the right have waged a war against Muslims that has become normalized.*


Lo que se ha hecho en Nueva Zelanda no es un elemento aislado. Tenemos que dejar de ver el odio como un hecho violento y empezar a entender que la violencia es solo la punta del iceberg del odio, cuyas formas son muy variadas y sinuosas. Antes del odio que desemboca en la violencia están el desprecio que desemboca en la burla, un caldo social más aceptable y que transmite el racismo y la xenofobia a través de la creación de los estereotipos y las representaciones sociales que actúan como cárceles de las personas.
Creo que la idea de Ayesha Hazarika, una comediante en sus inicios, viene precisamente del conocimiento del papel que la comedia y otras formas "simpáticas" juegan en el establecimiento del odio y la discriminación. Mientras no nos demos cuenta de las sutiles formas del odio, que la violencia física es solo la última fase, el odio seguirá prosperando.
De la misma forma que el análisis de los medios en el mundo árabe musulmán siembran hacia occidente el recelo (lo hemos analizado aquí muchas veces como una política orquestada para mantener las distancias), en los Estados Unidos se acostumbra a fabricar estereotipos de todo lo "no americano" que acaba asumiéndose como "real".
Estados Unidos tiene la más potente de las maquinarias culturales de exportación de estereotipos negativos hacia el exterior. Se llama Hollywood; se llama cadenas de televisión.


La propia sociedad norteamericana ha tenido que rechazar los estereotipos racistas que sus comedias incorporaban; han tenido que exigir que se pare la producción racista o xenófoba que muchas de sus obras distribuían por las cadenas de televisión y que representaban una suerte de consagración del racismo, de la supremacía del blanco. Hasta que el sistema no ha sido capaz de asumir críticamente su propio trabajo, la maquinaria ha seguido produciendo odio disfrazado de sonrisas o simplemente odios en aquellas películas en las que valerosos soldados, detectives o lo que fuera eliminaban a tiro limpio, con explosiones, drones o misiles a esos enemigos, los "chicos malos", que curiosamente coincidían con los enemigos políticos de los Estados Unidos, alemanes, japoneses, rusos, árabes, hispanos, ahora chinos... han sido el blanco de esta artillería pesada cultural que se ofrecía como carnaza al imaginario de los espectadores.
Incluso en tiempos de paz, los Estados Unidos viven sus guerras en las pantallas, destrozando a enemigos imaginados, salvando rehenes norteamericanos en peligro por todo el mundo.
Cada vez más vivimos en una sociedad que nos sabe o puede diferenciar la ficción de la realidad. El mundo vive con realismo las ficciones y las ficciones de forma realista. Es una de las patologías más acusadas, que la matanza de Nueva Zelanda ha confirmado con su retransmisión en directo.


Hay que ir a la causas del odio, de la violencia y de la combinación de ambos. Nos gusta preguntarnos por las causas de la "radicalización", pero somos incapaces de verlas pues se nos han hecho tan habituales que se han vuelto invisibles.
La radicalización, la explosión del odio, es la consecuencia de vivir toda una serie de experiencias previas, que tienen sus entradas mayoritariamente en experiencias imaginadas.
El odio nace en los chistes, en las risas, en las burlas que nos muestran superiores a otros y alimentan nuestra vanidad. Hay una guerra por las representaciones en las que la maquinaria cultural es importante. Estamos expuestas a ella las veinticuatro horas del día.
Estados Unidos, un país que presume de ser "crisol", se ha convertido en una enorme maquinaria que produce lo que muchos desean, alimentar su odio con estar representaciones a través de los medios. Hoy está a su frente un alentador de todo esto, alguien que alienta a los supremacistas y que causa escándalo entre los propios norteamericanos.
Hasta la cadena Fox ha tenido que sancionar a una de sus "agitadoras" estrella, la "jueza Jeanine Pirro", por sus excesos islamofóbicos. Es la lucha por ser más americano que nadie, por mostrar que otros no los son. Luego todo se combina en las mentes, hace sus propios recorridos juntando las piezas que se le ofrecen en nombre de las libertades y que acabarán pisoteando.


No debemos fijarnos solo en la islamofobia. Los afronorteamericanos han tenido que luchar mucho para denunciar los desprecios, las burlas, las distorsiones de su identidad. Pero la maquinaria se va ampliando hacia otros países o grupos: todos los rusos son mafiosos, todos los chinos son espías, todos los hispanos son traficantes y violadores. Solo la casta blanca, cristiana no papista, hija de los peregrinos, se salva de la corrupción del mundo. De todos se pueden reír, ellos, los únicos normales.
El "America First" se convierte en un grito fascistoide que realmente significa "solo América", "construye un muro" antes que lleguen hasta nosotros y nos contaminen. Musulmanes, hispanos, chinos... todos están bajo la sospecha de una mirada paranoide. Todos son objeto de violencia simbólica a través de la representación mediática.
El salto al odio y a la violencia física es solo cuestión de tiempo, de que se llegue al momento de la explosión en que el espectador decide convertirse en el héroe de la comunidad blanca superior.
Si no corregimos estas primeras fases, la semilla "simpática", la que busca una complicidad blanda, germinará, se irá haciendo más violenta hasta que estalle en algunos, que serán aplaudidos en silencio por los siguientes. 


Me preocupa que en España se estén copiando las fórmulas norteamericanas, que cada vez los comediantes encuentren más motivos de risa —la risa es una invitación a la complicidad— en los otros. La burla se disfraza de humor, pero solo para sortear nuestras barreras y acogerse en lo que es el principio de la discriminación, el estereotipo. Me preocupa que esa sea la vía elegida. La comedía puede elegir la auto crítica social o, por el contrario, alimentar el odio dirigiendo esas energías negativas a hacer reírnos de los demás, ya sean de Lepe, La Gomera, Andalucía, Bilbao, Bagdad o... China, por poner un ejemplo reciente y creciente. En un mundo cada vez más trivial, la comedia se convierte en un arma poderosa; el estereotipo en verdad incuestionable.
Me preocupa. Podemos horrorizarnos con la violencia, pero no sabemos defendernos de esas zonas templadas en las que parece que todo se puede decir. Lo que se dice es semilla de lo que se hace. Hace falta una más decidida crítica a los comportamientos que serán la fuente del odio futuro.  Hoy se aprende en comedias, vídeo juegos, películas, chistes o cualquier otra forma. 
Es el huevo de la serpiente.



* "Panelist calls white supremacy 'white ISIS'" CNN 16/03/2019 https://edition.cnn.com/videos/politics/2019/03/16/white-supremacy-white-isis-new-zealand-reaction-sot-wajahat-ali-nr-vpx.cnn
** "We have to stop this hate and start seeing Muslims as human" CNN 17/03/2019 https://edition.cnn.com/2019/03/15/opinions/we-have-to-stop-this-hate-and-start-seeing-muslims-as-human-opinion-intl/index.html



sábado, 9 de febrero de 2019

El gigante afónico

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Chen Yu
Lo que sigue surge de la intersección de dos cosas, las conversaciones continuas con muchos de mis doctorandos (y tres ya doctores) chinos sobre la "representación" de China en los medios extranjeros —objeto desde distintos puntos de vista de muchos de sus trabajos—, y una publicación "albergada" en el diario El País, dentro de algo llamado la Librotea, cuyo titular "Mucho más que Murakami: grandes libros de oriente que debes conocer", apareció hace unos días, precisamente tras una de estas conversaciones en el proceso final de una tesis sobre la representación.
El titular (y el texto) lleva varias cosas implícitas. En primer lugar da por supuesta una igualdad inicial "Oriente = Murakami". En una primera lectura, pudiera parecer que se trataría de deshacer un exceso identificativo para tratar de mostrar que "Oriente", efectivamente, es más que el novelista japonés Haruki Murakami, un gran vendedor de libros por todo el mundo. La sorpresa se produce cuando los diez libros propuestos para convencernos de que Oriente existe más allá de Murakami ¡son todos japoneses! Imaginemos, por ejemplo, que desde otra cultura se identificara exclusivamente "occidente" con los Estados Unidos o "Europa" con Alemania excluyendo cualquier otra variación. Podemos pensar que se trata de una artimaña comercial —como probablemente es, publicidad camuflada de "recomendación"— pero también es una muestra o ejemplo revelador de lo que ocurre en un campo más amplio, el de la definición de "Oriente".


El día anterior a la aparición del titular de la Librotea, habíamos estado hablando al hilo de la revisión de los trabajos de investigación, precisamente del fenómeno de la absorción japonesa del concepto de "oriente" en el "imaginario occidental". El titular era una demostración de esta idea ya que identificaba ante los lectores a Murakami primero y a diez autores japoneses como "Oriente", excluyendo toda la diversidad que se pueda encontrar en ese término.
No se trata de recriminar un exceso verbal en la identificación, sino de preguntarse sobre la naturaleza comunicativa y cultural (e intercultural) de este tipo de fenómenos reductores y  de sus efectos sobre la percepción del otro o de los otros.
"Oriente", al igual que "Occidente" son construcciones conceptuales que tratan de reflejar unas distancias y diferencias existentes o simplemente imaginadas desde una perspectiva propia sobre los "otros". "Oriente" y "Occidente" son "categorías", una forma de clasificación que va de nuestras mentes a nuestras culturas y viceversa. Como categoría, admite y agrupa una serie de rasgos compatibles con una definición implícita del "otro" categorizado.


George Lakoff y otros autores que trabajaron sobre la Semántica de Prototipos establecieron que las categorías mentales o culturales no son como las categoría lógicas heredadas de Aristóteles o las cartesianas —lo claro y distinto— sino que son entidades blandas, escalonadas, que se articulan en la mente (y en la cultura) alrededor de un elemento central respecto al que se ordenan los demás en relación a más próximas o más alejadas de ese "prototipo". En el caso de la categoría "Oriente" parece claro que el centro prototípico lo configura "Japón". Esta categoría no se produce en el vacío o de forma universal. Es una categoría formada como construcción  de lo exterior a nosotros (los "occidentales").
Esto no es un sistema clasificatorio absoluto, sino relativo y multidimensional: somos "españoles" frente a los "europeos"; somos "europeos" frente a los "Estados Unidos"; somos "occidentales" frente a "Oriente". Las unidades podrían ser más pequeñas hasta llegar a la familia. Todas esas categorías nos definen, por un lado, frente a sus respectivos "otros", pero también suponen una construcción de esos "otros" en cada nivel. Todo ello forma parte de los procesos identitarios, que actúan como filtros de percepción repartiendo y asignando propiedades, obviando otras.



En este proceso, el otro es reducido a una serie de elementos que constituyen el "estereotipo" con el que los identificamos. El estereotipo es una representación del otro en un sentido positivo o negativo. Este se reproduce socialmente a través de formas diferentes, que van del chiste a los personajes del cine, de la publicidad a la prensa, de Fumanchú al "flan chino El mandarín", de la hucha de los "chinitos" del Domund a Tony Leblanc disfrazado de mago chino en los años 60.
Durante siglos, la mayor parte del imaginario oriental, de su construcción imaginada en Occidente, tuvo a China por centro, ocupando el espacio central que hoy tiene Japón. De Marco Polo en adelante, los occidentales fuimos construyendo una imagen de China a cuya cúspide se llega a finales del siglo XVIII y que la revolución industrial y del transporte en Occidente, se traduce en el colonialismo del siglo XIX, al que le interesa por motivos obvios una distorsión de la situación para justificar sus guerras económicas y comerciales que acaban creando una imagen muy distinta. Los estereotipos negativos se acumulan y se comienza a generar la idea del "peligro amarillo" y de la superioridad "occidental", que se justifica desde diversos aspectos (la decadencia oriental, el lujo "asiático", la crueldad, los hábitos alimentarios, etc.


Puede parecer sorprendente, pero los mejores difusores de la China y sus mayores defensores han estado en los Estados Unidos. El ejemplo más claro es la novelista Pearl S. Buck, premio Pulitzer por la gran novela sobre China, La buena tierra, y posteriormente premio Nobel de Literatura. Buck dedicó toda su vida a contar al mundo su amor por el país en el que había crecido. Los miembros del Movimiento del 4 de Mayo en China, un movimiento democrático y que desea la modernización frente al tradicionalismo que había estancado al país por siglos, evitando su desarrollo, eran admiradores de los estados Unidos. La explicación es sencilla: Estados Unidos era la opción triunfante frente al "viejo mundo", representaba lo contrario del tradicionalismo del que trataban de huir para progresar; era el "país joven" que ellos querían que China fuera en el futuro. Admiraban a Lincoln, al que consideraban el liberador de la esclavitud, algo que todavía se vivía en China de facto.
En la Guerra Mundial, China es país aliado frente a Japón, aliado con Alemania e invasor de China previamente, donde había restaurado como títere al emperador Pu Yi. Pero todo se rompe cuando el bando nacionalista pierde la guerra civil frente a las tropas comunistas y se repliegan a la isla de Taiwán. Desde ese momento el proceso se invierte y China pasa a formar parte del sistema de la Guerra Fría, quedan al otro lado, como los "enemigos de Occidente". El "peligro amarillo" pasa a ser el "peligro rojo". Se produce un aislamiento comunicativo importante.
A diferencia de Japón, el silencio de China hacia el exterior es prácticamente total. Lo que sale al exterior es exclusivamente la figura de Mao y de la "revolución cultural". Japón, el país que fue enemigo y derrotado, sufre una transformación explosiva al ser expuesto de forma masiva a la cultura occidental, es decir, en este caso la norteamericana.


Hemos tenido ocasión de ver en días pasados la película de Yasujiro Ozu, Buenos días (1959) en la que dos niños se enfrentan a sus padres porque no les dejan ver la televisión con sus vecinos ni quieren comprar una para la casa. La película de Ozu documenta el proceso de transformación generacional y la culturización "americana" a través de las costumbres, introducidas esencialmente por la televisión y los modos de vida americanos, simbolizados en la adquisición de los electrodomésticos que ya están fabricando. Un elemento que recorre la película son las clases de inglés que reciben y que hacen que se les cuelen expresiones inglesas en el habla cotidiana. La sutileza de Ozu es grande y tras la comedia vemos cómo la división de la población se articula sobre el eje de la aceptación de la cultura exterior, que ha pasado de ser el enemigo a ser una forma de "modernidad" aceptada por las nuevas generaciones y que les distancia de su mayores. El matrimonio más joven que aparece en la película abandonará el barrio. Los demás les perciben como los que "están en casa siempre en pijama" en contraste con las casas del barrio, en donde el movimiento entre vecinos tiene unas características más tradicionales, de cultura compartida y convivencia. Ellos, por su parte, no se identifican con sus vecinos, sintiéndose aislados e incómodos. Solo los niños entienden su forma de vida "a la americana". La televisión, como se dice en la película, les permitirá no solo ver los combates de sumo, sino los partidos de béisbol, un deporte importado.
La transformación de la cultura japonesa tras la posguerra representa lo contrario de lo ocurrido con China, que permanece aislada hasta la década de los ochenta y con un control importante de los flujos de información en los dos sentidos, salida y entrada. Japón por el contrario, pasado su periodo de transición traumático, empieza a tener la capacidad no solo de recibir sino de exportar, construyéndose una imagen definida de combinación de modernidad y tradición que penetra a través de la tecnología y de la cultura transformada, que va modelando el imaginario occidental.

La absorción de elemento de la cultura norteamericana comienza a actuar en su favor al permitirle exportar su cultura híbrida hacia el exterior, donde ya es más fácil de consumir y aceptar. Pensemos en Murakami, ya que nos lo ofrecen. El novelista representa perfectamente esa hibridación cultural que le ha hecho ser aceptado masivamente en todo el mundo, más allá de sus fronteras. Murakami es el escritor global, de Japón al mundo porque previamente ha transformado el mundo, lo ha interiorizado como mundo propio. No ha resistido, se ha transformado. Y ahora es él el influyente.
La identificación de Oriente con Japón no es casual. Lo ha hecho con el "anime" y el "manga", como antes lo hizo con el "judo", o el cine de sus grandes directores. Todo ello son vehículos culturales que contribuyen a la difusión y construcción de una imagen aceptada y aceptable desde occidente.
El proceso chino ha sido el contrario. China ganó la guerra mundial y quedó marcada por los resultados de la guerra civil. Ya no era el enemigo derrotado al que ayudar y transformar, como ocurrió con Japón, sino un país que seguía su propio camino tras la gran muralla. La transformación de China se produce tras la revolución cultural, gracias a la astucia y el pragmatismo de Deng Xiaoping, que toma en sus manos un proceso en el que logra involucrar a los diferentes sectores de la sociedad y el estado para sacar al país de la situación en la que estaba. Deng logra convencer que el futuro está en los jóvenes, en el desarrollo científico y en la tecnología, que el socialismo no implica pobreza y que existe una vía china. La China de hoy es hija de la astucia, visión de futuro y determinación de Deng Xiaoping.
Por primera vez en la historia, está saliendo de China una generación de jóvenes que llegan a los países occidentales con una experiencia y una visión del mundo muy diferente a la de las generaciones emigrantes anteriores. Vienen a estudiar, a aprender, a relacionarse y a convivir con nosotros. Pero lo hacen en unas condiciones muy diferentes a las de otros países.
Se encuentran con una situación asimétrica. Mientras que ellos conocen muchas cosas de la cultura a la que llegan, que han llegado a un mundo que desconoce absolutamente todo del suyo. Algo peor: ese conocimiento está distorsionado por estereotipos negativos sobre la cultura china, estereotipos creados por nuestros propios medios en la construcción de su imagen.


Hay que escuchar las experiencias de muchos de ellos frente a sus compañeros y el aislamiento en el que se encuentran. Agradezco la experiencia comunicativa desde hace más de diez años con estudiantes chinos, algunos de ellos ya doctores y siempre les digo lo mismo, además de la formación como investigadores, de sus tesis doctorales, hay un elemento esencial: convertirse en puentes, comunicadores entre su cultura y la nuestra tratando de evitar los estereotipos negativos y los filtros interesados elaborados desde la política y la economía.
Estos dos factores son esenciales hoy que están en primera línea pues no se puede identificar a 1.400 millones de personas con cuatro tópicos mediáticos. Hay que saber diferenciar lo que es una "persona" de lo que es un "pueblo", una "cultura" y un "estado". Desgraciadamente, muchas veces recorremos de uno a otro extremo haciendo responsables a unos de lo que no lo son.

La política de Donald Trump tiene la obsesión de denigrar al mundo latinoamericano, los "bad hombres" de su campaña electoral, frente a los que quiere elevar el muro de la vergüenza. Junto a esto tiene la obsesión de China, a la que acusa de haber "robado" el protagonismo del crecimiento económico. Todo esto se traduce en una serie de corrientes informativas negativas sobre China, a la que se hace responsable de todo para justificar sus políticas aislacionistas. Se pueden entender las discusiones o las negociaciones sobre economía y comercio, pero lo que no se puede justificar es que estas disputas se conviertan en base de más estereotipos y se conviertan finalmente en casos de discriminación. Lo ocurrido con los hispanos en Estados Unidos nos hace ver que no se trata de un supuesto, sino de una realidad como la propia prensa norteamericana ha estado informando dando cuenta de los incidentes de tipo racista que se producen de forma continua.
La poderosa maquinaria cultural de los Estados Unidos es capaz de ridiculizar a pueblos o culturas enteros, definiendo su propia superioridad sobre el resto. Lo ha hecho con los que consideraba sus "enemigos", ya hayan sido rusos (comunistas), alemanes (nazis), árabes (terroristas), hispanos (ignorantes parásitos). Esto es lo que consumimos en gran parte de lo que nos llega. La propia industria del cine ha tenido que tomar medidas reclamando "diversidad" para evitar el terrible poder del estereotipo. Los afroamericanos han pasado de ser "criados" o "esclavos" en las pantallas a reclamar un puesto digno. En los setenta tuvieron que crear su propio cine y series de televisión porque les resultaba intolerable la representación que de ellos se hacía en los medios. Tenemos dos buenas ofertas cinematográficas en este sentido, la película de Spike Lee "Infiltrado en el KKKlan (BlacKkKlansman, 2018),  y "Green Book" (2018), el filme de Peter Farrelli. En el mismo plano, "Black Panther", ha llevado a otro extremo el cine de súper héroes, rompiendo la idea blanca (aunque los haya verdes) del universo Marvel.


Solo el interés económico de estrenar películas en China, un mercado de cientos de millones de personas, ha hecho que se suavicen los estereotipos sobre China. La perspectiva de perder ese mercado ha hecho que se introduzca una nueva imagen de China más acorde con su estado real de conocimiento, científico, tecnología, costumbres, etc. Lo podemos ver en películas como el hit de aventuras "Megalodón" (The Meg, Jon Turteltaub 2018), también con capital chino. Es la entrada de capital y el control de la producción lo que permite película en las que las personas chinas puedan a aspirar a ser representadas más allá de las mafias, los criados, conductores, tenderos, espías, masajistas o prostitutas y chulos del "barrio chino".
El problema de la comunicación es que China no tiene la capacidad de generar una comunicación global para poder construir una imagen exterior que combata los estereotipos existentes y los nuevos que la administración Trump está imponiendo al mundo y cuyos efectos negativos pagan aquellos que nada tienen que ver.
El caso abierto más claro de esta guerra es el de la empresa china Huawei, a la que no se le perdonan sus avances tecnológicos y a la que la presión norteamericana sobre los países europeos producirá efectos sociales incalculables en términos de construcción de imágenes.


Si la información aparecida en El País consideraba que no había más "oriente" que Japón para conseguir una visión positiva y lograr vender a los escritores japoneses a un público español, China no ha conseguido introducirse en esa "categoría positiva oriental".
En un mundo global, China es un gigante afónico. No tiene una voz audible con la que compensar los efectos de la categorización a que es sometido por la maquinaria mediática, económica y política de los estados Unidos, cuyos efectos se expanden por todo Occidente.
Este problema tiene varios niveles. El primero de ellos es no se puede pretender modificar esto mediante una voz institucional u oficial que sea única hacia el exterior. El aislamiento de China en todos los niveles hasta muy recientemente ha hecho que no exista una imagen de China más sólida culturalmente. El ejemplo más claro lo tenemos en la concesión del premio Nobel al escritor chino Mo Yan, que pasó casi desapercibido porque no había, al menos en España, una editorial grande detrás. Lo que había era el encomiable trabajo de traductores y una editorial que había creído en un gran autor y lo había intentado introducir entre nuestros lectores.

Mo Yan recibiendo el Nobel de Literatura

La diferencia entre lo que ocurre con Murakami, aspirante eterno al premio Nobel, y lo ocurrido con Mo Yan, Premio Nobel, no muestra de forma ejemplar el problema. Es deprimente leer la mayoría de las reseñas y críticas realizadas sobre este gran novelista, en donde lo único que se tiende a considerar relevante es el tópico de que es un "hombre del régimen", algo que es de una simpleza absoluta y reduce su enorme riqueza y calidad, su crítica social, a polvo.
El pueblo de China necesita voces, muchas voces... y oídos. Necesita mostrar su enorme riqueza cultural y creativa, sobre todo su futuro, que es lo que tiene por delante. No se trata de discursos ni de canales oficiales. Tiene que poder mostrar la creatividad que yo veo en muchos de los que han pasado por las aulas en estos diez años. Sin embargo, a las dificultades inherentes de las distancias estamos añadiendo la de los prejuicios y estereotipos, que se crecen precisamente por la falta de voz y del silencio con el que suelen sobrellevar estas cosas cuando las padecen. Creo que la confianza y cariño que he llegado a tener con muchos me ha hecho indignarme ante la injusticia del tratamiento que a muchos se les da alimentados por la ignorancia y ahora los intereses de la economía norteamericana.
Oriente no es solo "Japón" y menos "Murakami", escritor que me gusta. Oriente es una diversidad de culturas con puntos comunes, pero con una enorme diversidad y riqueza. Conozco muchas personas que aprenden japonés, pocas chino. Sé que hay muchas, pero lo dicen menos. Contarlo es importante. Aprender un idioma es un acto de unión. Muchos lo hacen, me dicen, por negocios, pocos por la cultura.
Es la cultura lo que tiene que salir y no solo de una forma folclórica, mostrando el "exótico oriente" (otro tópico), sino mostrando la enorme creatividad que se atesora en su pueblo.
Para ello son esenciales esos miles de estudiantes chinos que ternemos hoy en nuestras aulas de grado y de posgrado, en nuestros doctorados. Son los mejores embajadores de ida y vuelta. Aprendemos con ellos y de ellos. Nos sacudimos los prejuicios acumulados y  los estereotipos. Los que no combaten la ceguera que provocan,  se están condenando a vivir en la ignorancia, que tiende a ser orgullosa en su necedad.


Japón sufrió estereotipos negativos cuando comenzó su recuperación económica y puedo competir con su tecnología y productos en un mundo global. Le costó vencer muchos de ellos pero avanzó. Hoy China padece muchos de los mismos con los que se atacaba el desarrollo de Japón: la copia, la falta de creatividad, la sumisión, etc. Hoy la cultura japonesa está instalada y es querida en un mundo global, de la gastronomía al cine y a sus novelistas.
China necesita redefinir su voz exterior, diversificarla. No necesita una voz institucional, sino una polifonía que dé cuenta de lo que hace y puede seguir haciendo, de la propia riqueza social. Debe mostrar su potencial y su creatividad. Hay que sacudirse la imagen de la "fábrica" de lo que otros idean y mostrar el desarrollo tecnológico y científico.
El embajador más importante es la cultura. Los jóvenes chinos que hoy están entre nosotros y en muchos otros países son los que deben llevar el peso del diálogo, de la conversación global. No podemos seguir creando nosotros las etiquetas. Tenemos que empezar a ver de manera distinta. Para ello es necesario que esas voces nos cuenten y muestren, romper la barrera del silencio y que China muestre a través de sus voces, su creatividad y diversidad.


Para ello, nosotros, nuestras actitudes receptivas, son importantes. Hay que aprender a aprender de los otros. Mi satisfacción personal mayor es la cantidad de puertas que se me han abierto para poder conocer cada vez que he tenido la oportunidad de hacerlo. Por eso muchas veces me indigna ver el tratamiento mediático que en vez de ampliar nuestros horizontes nos muestra una vieja fotografía que en poco se parece a la realidad que deberíamos poder apreciar valorar.
El diálogo es esencial para la transformación. Nuestro mundo es global, por lo que vivir entre tópicos y estereotipos no es lo más recomendable, pues se producen fricciones y malentendidos.
Igual que hay muchos "occidentes", hay un oriente múltiple más allá de Japón. Tampoco China es todo "Oriente", de la misma manera que Estados Unidos no es "Occidente" sino una parte. Hay que tener cuidado con no sepultar a países ricos en cultura que parecen diluidos ante la presencia de los gigantes que les rodean. Hay que ir más allá del turismo y sus tópicos y comprender la riqueza tras los eslóganes y folletos publicitarios. Por muy bellos que puedan ser los países, lo importante son quienes viven en ellos. 
Desde el punto de vista de la comunicación cultural debemos aprender de cómo un país derrotado se convirtió, por encima de los estereotipos, en una cultura exportable y disfrutable de múltiples formas.
China tiene que encontrar su voz en un mundo global, sus voces múltiples, pues es una sociedad de enorme riqueza y creatividad. La tiene que encontrar para evitar seguir siendo descrita por aquellos a los que solo interesa dar una visión negativa. China es una realidad milenaria, la cultura en activo más antigua de nuestro planeta. Reducirla a tópicos y estereotipos es una necedad.

Chen Yu
Estoy muy orgulloso de mis doctorandos y de los ya doctores chinos. Sé que la mayoría ha comprendido el valor del diálogo posible y que son buenos embajadores, en las dos direcciones, en lo que traen y me gustaría también que en lo que se llevan de nosotros para difundirlo entre los suyos. El esfuerzo es enorme y el sacrificio personal y familiar igual. Donde vayan serán doctores de nuestra universidad y un ejemplo de que es posible construir juntos para que esa  voz salga clara después de una larga afonía. Los jóvenes tienen esa tarea.
  
* "Mucho más que Murakami: grandes libros de oriente que debes conocer" Librotea (El recomendador de libros) - El País s/f https://librotea.elpais.com/usuarios/librotea/estanteria/mucho-mas-que-murakami-grandes-libros-de-oriente-que-debes-conocer?id_externo_promo=elpais_oriente&fbclid=IwAR0RGW_VrZ9zmf6iMCgthxFcyS1bIFOwDUuB3gni6pS6j9331Z2Sae4SgOo