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sábado, 26 de febrero de 2022

La bota rusa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se suele decir que la primera víctima en una guerra es la verdad. Esto se hace muy evidente en el caso de una manipulación extrema y doble —como comentamos ayer— por parte de Vladimir Putin. Cada movimiento en esta agresión bélica contra Ucrania es deformada bajo unas descaradas mentiras con las que no se sabe muy bien ante quién trata de justificarse o a quién trata de engañar. Pero Putin posee el control de los medios rusos consigue así mantener a parte del pueblo ruso bajo un discurso oficial sobre el que la menor duda supone la cárcel o peor. Ese ha sido el destino de los "disidentes" rusos.

Recordemos que la primera invasión rusa de Ucrania se produjo con soldados rusos sin insignias en sus uniformes. Eso los convertía, según Putin, en civiles patriotas que iban al otro lado de la frontera a ayudar a sus hermanos "rusos" en territorio ucraniano. Si se puede llegar a este grado de hipocresía, se puede llegar a cualquier otra cosa, como ha demostrado con hechos a los que sigue dando el sentido que más le place.

22/04/2014

En un mundo que se ha encogido por el transporte rápido y las comunicaciones, Putin lo ha encogido aún más por la sensación de agresión real frente a sus fantasías defensivas. Putin ha llevado la guerra al centro de Europa, no a un lateral. Las distancias no son las mismas que lo eran antes, no con unas posibilidades armamentísticas que permiten llegar al otro lado de Europa es cuestión de minutos u horas gracias a la naturaleza de los dispositivos de ataques y  las infraestructuras.

El éxito invasor de la Alemania de Hitler, con quien ya se ha comparado a Putin, se basó en dos elementos las bombas volantes y la llamada "Blitzkrieg", la guerra relámpago. Hoy tenemos drones, misiles de medio y largo alcance y los elementos más pesados se suben en los más ligeros, llevándolos por tierra, mar y aire. No contamos el tabú de la guerra nuclear —del que Europa se libró, no Japón, en su momento—, porque los estragos serían impensables.

La afirmación occidental de que no se mandarán tropas a Ucrania por no ser país de la OTAN condena a Ucrania a una resistencia heroica y una agonía con final previsible. Su dolor será observado con toda la preocupación y lágrimas que se quieran, pero el final solo es posible con un giro de guion para el que haría falta mucho ingenio. Putin parece tener todo controlado para que el final sea previsible, pero los espectadores siempre esperamos un final feliz hasta el último segundo.

Putin les ha ofrecido a los ucranianos una derrota ignominiosa al pedir a su ejército que derribe a su propio gobierno, al que considera compuesto por "nazis y drogadictos", según sus odiosas declaraciones. Mientras el presidente Zelenski se les escabulle por las calles de la Kiev asediada mandando mensajes de llamada a la defensa, a demostrar que Ucrania no se va rendir, que tendrá que ser aplastada.

A nosotros nos caben pocas opciones ya. Zelenski ha rechazado las ofertas de viajar fuera del país, "necesito munición, no viajes", les ha contestado. Enviar armas es solo dar tiempo y esperanza a los ucranianos en su lucha desigual frente a un ejército inmisericorde. Los rusos pueden hacer lo que quieran, pues ya se encargarán los servicios de propaganda de negarlo todo. No nos sorprende ver la recepción festiva a las tropas invasoras en las zonas prorrusas. Eso permite a Putin transmitir ese vergonzoso mensaje de liberador de los hermanos del otro lado de la frontera, las víctimas de un "genocidio" según su versión mentirosa y delirante del conflicto, la que sirvió para justificar todo esto.

Putin busca al presidente porque así podrá exhibirlo frente al pueblo ucraniano y presentarlo como un criminal del que ha venido a liberarles. La pantomima acabará mal, pues Zelenski es actor y sabe la importancia de la escenificación y los gestos.

Putin ha ido más allá de Ucrania. Ha amenazado a Suecia y a Finlandia sobre sus pretensiones de entrar en la OTAN. Esto es de enorme gravedad y muestra el verdadero rostro de este nuevo Stalin y Hitler en una sola pieza. La gravedad de esto no son solo las palabras de amenaza, sino mostrarnos el sentido que Europa tiene a los ojos de este peligro real que es Putin.

En Antena 3 podemos leer:

Rusia ha denunciado la intención de Occidente de incluir en la Alianza Atlántica a Finlandia y Suecia alertando de las graves consecuencias que tendría el ingreso de estos dos países en la OTAN. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, ha dicho que "es evidente que el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN, que es ante todo un bloque militar, tendría graves consecuencias político-militares, que requerirían una respuesta de nuestro país".

También ha señalado que Moscú conoce todos "los esfuerzos dirigidos de la OTAN y algunos países miembros del bloque, ante todo Estados Unidos, dirigidos a incluir en la Alianza a Finlandia y también a Suecia". Además, ha celebrado "la política del Gobierno de Finlandia de no alineación militar como un importante factor para garantizar la seguridad en el norte de Europa y en todo el continente europeo", pero constató la "interacción práctica" entre Helsinki, Estocolmo y la OTAN, que ha crecido en la última etapa.

Entre sus declaraciones ha querido advertir de que "han celebrado maniobras de la OTAN, estos países han ofrecido sus territorios a ejercicios del bloque en las cercanías de las fronteras rusas, en los que las fuerzas estadounidenses imitaban ataques con armas nucleares contra un llamado adversario equivalente".*

Lo que ha conseguido Putin con sus ataques es hacer más insegura Europa, que se refuercen más las fronteras con Rusia y que se sientan todos amenazados por ella. Esto necesariamente reorganiza muchas cosas en el continente y en prácticamente todo el mundo, pues tiene consecuencia en lo que se conoce como Eurasia y que está conectado con África a través de conflictos como el de Oriente Medio, en el que la presencia rusa ha ido creciendo por su apoyo a la Siria de otro cruel dictador, Bachar Al-Assad.

Político, México 25/02/2022

El hecho de que India, China y Emiratos Árabes se hayan abstenido en la condena a la intervención militar Rusa en Ucrania requiere un análisis diferenciado para cada uno de los casos. El caso más evidente es el de China, por los lazos creados y por la política anti China desarrollada desde los Estados Unidos por su despegue económico, por un lado, y por las políticas nacionalistas y militaristas del "sueño chino", desarrolladas por el presidente Xi Jinping. Pero China tiene necesidad de los clientes occidentales para seguir su desarrollo. El consumo interno tiene sus límites de crecimiento y a China no le interesaría meterse en lo que le puede ocurrir a Rusia con el aislamiento. Más confusas pueden ser las abstenciones de India, a la que se le había ofrecido entrar a formar parte de la alianza anglosajona (USA, Reino Unido, Canadá y Australia) en su cerco vigilante frente a China. Esa estrategia es causante de una intensificación de los puntos de fricción en el mundo. Esto lo llevamos señalando aquí desde hace tiempo y ahora estalla en Ucrania. Hay ciertas políticas que hay que cambiar para evitar que se conviertan, como ahora, en las excusas para ataques e invasiones.

Rusia, un país inmenso, necesita ampliar su propia inmensidad añadiendo lo que se llaman países satélites, estados controlados que le sirven de parapeto ante posibles "amenazas". Tras la caída del telón de acero, Rusia se siente ahora "desnuda" sin esos países cuya función es servir de foso como en los castillos. Pero esto que le funcionó en un momento, que hizo caer bajo las botas de las dictaduras comunistas que necesitaba que la rodearan acaba generando un sentimiento anti ruso por años de agravios y ocupación. Los que vivieron bajo su férreo control con gobiernos títeres, como el actual de Bielorrusia o como el que la propia Ucrania tuvo antes del levantamiento, no quieren volver a hacerlo. Están demasiado cerca los hechos y demasiado frescos los recuerdos.

Rusia ha mantenido guerras por toda su inmensa periferia. Ha colocado sus fosos defensivos allí donde ha podido. El problema es que muchos se acaban sublevando y buscan el amparo de aquellos que puedan protegerlos. Es una pescadilla que se muerde la cola.

Las "soluciones" de Putin no son soluciones, solo un uso de la fuerza que causa destrucción, represión dentro y fuera de Rusia, una crisis mundial y la paralización de muchas vías de acuerdo que se habían tomado en estos años imaginando un futuro en paz. La más señalada y que no se menciona en "Una franja y una Ruta", la nueva "ruta de la seda" que indudablemente se verá afectada por lo que ya no es un mundo en paz.

Rusia busca aliados y va a encontrar algunos que tendrán que decidir en qué lado se encuentran porque, más allá del Consejo de Seguridad, esto irá a la Asamblea General.

Las advertencias-amenazas a Finlandia y Suecia, a Austria, a todos los que ayuden a Ucrania son inadmisibles en un contexto internacional en donde se respete a los países. Putin ha vuelto a los peores escenarios europeos, al del imperialismo decimonónico, al de nazismo y el estalinismo como forma de tragarse países enteros para, basándose en la fuerza, anexionárselos sin piedad.

Hubo un tiempo en el que Rusia se sentía precisamente como un mediador entre Oriente y Occidente, que esa era su misión en la Historia. Aquellos tiempos de misticismo histórico pasaron y Europa ve en Rusia un peligro constante, una amenaza de un país con una dictadura feroz con un dirigente cuya mirada es la de un sociópata criminal. A Putin, le han sacrificado disidentes frente a las ventanas del Kremlin, muertos a tiros, como fue el caso de Boris Nemtsov en 2015. Sus sicarios los han envenenado por diversas ciudades del mundo con polonio o los han hecho desaparecer. Ese es el Putin de siempre, el jefe de la KGB, que supo eliminar sin piedad cualquier obstáculo para llegar al poder, en el que se piensa eternizar. Es Putin, el las largas mesas y los inmensos salones palaciegos, el de los soldaditos de opereta recibiéndole con trompetas y redobles mientras él hace el paseíllo, el pescador y cazador de osos, el perseguidor de gais, el nuevo "padrecito".

Europa tendrá que hacer algo, empezando por reconfigurar sus planteamientos del escenario que ocupamos, la necesidad de plantear su defensa con un ejército europeo y, sobre todo, empezar a reorientar sus dependencias energéticas, comerciales e industriales, empezar a basarnos en lo que tenemos y no en aquello que nos hace más débiles, nos guste más o menos.

Parece que se ha acabado la etapa de la globalización, del comercio mundial, etc. y ha empezado la época de las fronteras armadas, de la vigilancia y de la proximidad. El cerco a Rusia es también a todo lo que la atraviese. La bota rusa tratará de aplastar cualquier disidencia o de evitar alineamientos que no le favorezcan en la construcción de ese orden que tiene en mente y para el que necesita aliados. Hay que evitar que los encuentre.

El reinado de Putin es criminal. Lo ha sido desde el principio, matando y haciendo desaparecer a cualquiera que se opusiera. Ha mandado asesinar, ha invadido, se ha enriquecido hasta límites impensables, ha creado una oligarquía mafiosa y corrupta que eliminó otra anterior en lucha feroz... Pese a esto y mucho más, se ha seguido manteniendo contacto porque no se podía o quería ignorar. Era cuestión de tiempo que esa criminal fuerza acumulada mordiera más allá de la frontera. El aislamiento es necesario; una dictadura como la rusa no puede decir al mundo cómo comportarse, organizarse o decidir. Eso significan complicaciones y sacrificios, pero lo que permite vislumbrar el futuro si no lo hacemos es mucho peor. 

¡Nuestra solidaridad con Ucrania y el pueblo ucraniano!



* Ángela Clemente "Rusia advierte de las consecuencias que tendría el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN" Antena3 25/02/2022 https://www.antena3.com/noticias/mundo/rusia-advierte-consecuencias-que-tendria-ingreso-finlandia-suecia-otan_20220225621929e0f5e39e0001e37e1d.html


lunes, 23 de diciembre de 2019

Jamal Khashoggi o el 5 x 1 ineficaz

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La condena a muerte de cinco personas y de otras a cárcel en Arabia Saudí por el secuestro, tortura y asesinato de Jamal Khashoggi no soluciona el problema principal: la forma en que la monarquía saudí "define" y "soluciona" sus problemas. A la sombra de los Estados Unidos, el Reino parece que puede hacer todo lo que le perezca bien o aunque le parezca mal hacerlo. Todo el mundo sabe que está mal secuestrar a una persona en un consulado, torturarlo, asesinarlo y cortarlo en trocitos sin que se vuelva a saber de él. Creo, sí, que todo el mundo sabe que no está bien.
La autoría no tiene dudas más que para los saudíes que ahora pretenderán ir por el mundo diciendo que han hecho justicia, aunque nadie sepa qué es lo que han hecho más que enterrar a Khashoggi por segunda vez. Primero el cuerpo, luego la memoria. Pero es más difícil enterrar a la segunda que al primero. Les seguirá trayendo disgustos.


En The Washington Post, el periódico para el que escribía Khashoggi, la noticia queda a falta de que los comentaristas expresen las opiniones y críticas, pero ya apuntan a la farsa judicial:

The verdicts came after a trial in Riyadh’s criminal court that lasted nearly a year and was largely shrouded in secrecy, with court sessions closed to the general public. Human rights groups warned that the lack of transparency made the proceedings unfair, and increased the likelihood that senior officials could escape justice.
Diplomats from the United States, Turkey and several other countries were allowed to attend but told not to reveal details of the trial. Members of Khashoggi’s family also attended, according to Shalaan al-Shalaan, a spokesman for the Saudi public prosecutor.
In addition to the five people who received the death penalty, three more people were sentenced to jail terms totaling 24 years, according to Shalaan, who did not name any of the convicted defendants.
The CIA concluded last year that the crown prince had ordered Khashoggi’ s assassination, contradicting Saudi Arabia’s insistence that Mohammed had no knowledge of the plot. However, Saudi authorities had said they were investigating the roles played by two senior aides to the crown prince in organizing and dispatching the team of agents who killed Khashoggi.*



Con las evidencias claras de que Khashoggi fue engañado, torturado y desmembrado por los miembros del consulado en Turquía y por agentes de la Seguridad del estado, cuya llegada y salida está perfectamente sincronizada con el crimen, las únicas dudas por resolver son las de la implicación directa del príncipe coronado, la pieza de caza mayor, del que nadie duda que fue quien diera la orden de la ejecución, pero que estos cinco condenados a muerte van a salvar, al menos en apariencia. Serán oficialmente los "culpables", los cinco que tomaron la decisión de eliminar al molesto periodista bien emparentado. Al fin y al cabo, en Arabia Saudí tomo queda en su amplia familia.
Pero queda, por otro lado, lo segundo más importante: ¿ha pasado algo? Esta es la gran pregunta que se han de hacer los dirigentes y responsables de los diferentes países occidentales cuando se tengan que cruzar con el príncipe coronado, Mohamed Bin Salman.


La capacidad de los saudíes para mirar a otro lado está marcada por su propia historia. Pero para el mundo exterior la cuestión es distinta. Como siempre, los países deben elegir entre sus principios y sus intereses. Desde el punto de vista de los primeros, Arabia Saudí estará gobernada por una persona cuyo concepto de la política incluye el secuestro, tortura y asesinato de los opositores. La verdad es que ser opositor en Arabia Saudí es bastante sencillo porque apenas tienes libertades y si eres mujer, menos.
Para prepararle el trono del Reino, las arcas saudíes invierten millonarias cifras en convertir al príncipe Bin Salman en una especie de Che Guevara, por lo que todas las campañas en las que se trataba de reflejar la modernización se han ido al traste con lo ocurrido a Jamal Khashoggi.


No sabemos muy bien qué es lo que falló o si, por el contrario, todo funcionó como siempre. Quizá los saudíes calcularon mal el enfrentamiento con un periodista "adoptado" por la prensa norteamericana en pleno enfrentamiento de Donald Trump con los medios.
La "credulidad" de Trump ha sido más que engorrosa incluso para los republicanos (hoy tan cerrando filas). Una y otra vez el presidente decía cuando era preguntado por la prensa sobre el asesinato que el príncipe le había dicho que no tenía nada que ver con el asunto. Una y otra vez lo repitió... hasta que la CIA tuvo que salir a decir que era imposible que el príncipe no supiera nada del caso y lo consideraban el último responsable sobre el crimen. ¡Qué triste que hasta tus servicios secretos te dejen en evidencia! Pero el raro color de Trump no proviene del sonrojo precisamente.


Otra credulidad en cuestión ha sido la egipcia, que ha ido diciendo que cree firmemente todas y cada una de las contradictorias versiones que el Reino ha ido dando. Pero, ¿qué no hace por un amigo al que tanto debes? Después de regalarle dos islas (Tiran y Sanafir) y de hacerlas desaparecer de los libros de Geografía en las escuelas, esto parece una fruslería. Pese a ello, no deja de ser inquietante dado las prácticas similares que el gobierno egipcio mantiene con los que no le gustan. Por mucho menos desapareció Giulio Regeni para regresar ya cadáver torturado.
Más allá de la guerra interna norteamericana, el asesinato de Jamal Khashoggi afecta a la creciente corriente de asesinatos de periodistas. El miedo a Khashoggi era por su potencial mediático y a su empeño de crear nuevos focos de información lejos del control de los poderosos gobiernos de Oriente Medio. Los que han creado sus propias cadenas para influir en Occidente y mejorar de imagen no aceptan que existan medios críticos contra ellos. Eso está medianamente claro y este crimen es la constatación de lo que ocurre a las voces disidentes. Khashoggi llegó más lejos que otros que no pueden elevar la voz, silenciados en sus territorios o en el extranjero cuando intentan contar lo que ocurre o el futuro que desean. Jamal Khashoggi era un "mal" que había que cortar de raíz. Y así lo hicieron. El fallo fue hacerlo en Turquía, un país enfrentado a los saudíes y a sus aliados. No midieron bien el grado de vigilancia a que estaba sometido el consulado saudí.


La noticia de las cinco condenas a muerte de los saudíes en todos los medios mundiales no resuelve nada. Lo que hace es confirmar la autoridad suprema de la familia real sobre el destino de unos y otros. Da la impresión de ser algún tipo de oferta de grandes almacenes, un "5x1" como si eso fuera a llevarles clientela.
El destino de Arabia Saudí esta sellado por sus compras de armamento a los Estados Unidos, sus fuertes inversiones en los países que les interesa mantener de su lado, etc. El problema es que eso es cada vez más comprometido y difícil de sostener ante la opinión pública, cada día más levantisca en todas partes.
Hacen valer su dinero. Hasta que se acabe el petróleo o dejemos de necesitarlo. Entonces no será tan fácil mantenerse como ahora. El "5 x 1" no ha resultado rentable, solo otra muestra de poder y desvergüenza.



* "Saudi Arabia says five sentenced to death in killing of Jamal Khashoggi" The Washington Post  23/12/2019 https://www.washingtonpost.com/world/middle_east/saudi-arabia-says-five-sentenced-to-death-in-killing-of-jamal-khashoggi/2019/12/23/02fc0ea4-256a-11ea-9cc9-e19cfbc87e51_story.html


sábado, 21 de septiembre de 2013

Las miradas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nada nos condiciona más que el sabernos observados. Hay personalidades —las histriónicas— que viven en un escenario en el que necesitan ser admirados o compadecidos. A estos, la mirada ajena les da vida pues sin ella no son más que marionetas inertes; su vida solo adquiere sentido bajo la mirada de los otros, mirada que reclaman incesantemente con todo tipo de argucias. Sin embargo, eso es lo que define su naturaleza enfermiza, la necesidad patológica de ser mirados.
En el otro extremo está el que necesita mirar, la personalidad del voyeur, que se alimenta a través de los ojos, desde la distancia discreta que le mantiene seguro. El voyeur necesita mirar y sueña con la invisibilidad como gran don que le permitiría satisfacer sus deseos de introducirse en la intimidad de los otros sin ser descubierto. Hay voyerismo pactado, en el que mira y el que es mirado acuerdan sus puestos, públicamente o en la intimidad. La esencia es la mirada que explora impunemente la intimidad desde la seguridad escondida.
Hay una tercera forma mucho más destructiva de la mirada porque su alcance es social y que comparte rasgos con las anteriores. Es la observación social, la vigilancia. En este caso, amparándose en la ley o en la costumbre, la mirada se convierte en vigilante social, en garantía de que nadie va a contravenir las reglas impuestas sobre la comunidad.


Esa mirada vigilante posee rasgos de las dos anteriores, de histrionismo y voyerismo. Se vincula con el histrionismo porque la autoridad que la persona ejerce sobre las otras se traduce en signos que todos han de observar en ambos sentido: observar como "cumplir" y observar como atención dedicada a quien la ejerce. En ellos se concentra la autoridad misma, que es acción y especialmente representación. Por eso se busca la sanción pública, la ejemplaridad,  a la que se suma, en ocasiones, el placer que le produce a quien la ejecuta el saberse contemplado en el ejercicio de la autoridad. No se busca la corrección discreta, sino que el castigo o la denuncia se llenan de teatralidad, que es la base de esta forma de histrionismo.
Con la vigilancia se satisface también el deseo voyerista de observación, puesto que el vigilante se siente obligado por una causa noble que le sirve de excusa para dedicarse a la labor de inspección y control de los demás. Su mirada sobre los otros se justifica por ese deseo de proteger a la comunidad. El vigilante quiere observar y ser observado obteniendo su satisfacción doble en el acto de vigilancia, una forma de ejercer el poder entendido como control social, como una licencia para entrar en la vida y comportamiento de los demás.


El avance de las políticas y prácticas islamistas, allí donde han logrado el poder tras las revoluciones árabes, ha provocado conflictos que han sido más dañinos que los causados por las penurias económicas. Desde Occidente, en donde la mayoría de los países han logrado liberarse de esas formas de observación y control social, no valoramos suficientemente algo que no es consustancial de las religiones sino de las formas en que introducimos en ellas nuestras propias patologías y deseos de poder, convirtiéndolas en instrumentos al servicio de nuestros deseos oscuros.
El revuelo causado por las palabras del papa Francisco, dichas con toda naturalidad en un avión, "Quién soy yo para juzgar?", contrastan con la obsesión juzgadora de muchos de sus feligreses a lo largo de la Historia, y es ampliable a la totalidad de las religiones reveladas, que marcan un camino determinado, en contraste con las filosofías orientales que, por el contrario, impulsan al ser humano a buscar uno propio, un tao acorde con las necesidades del propio sujeto. Mientras unas se basan en el cumplimiento de la ley dada, las otras se basan en la búsqueda del individuo de su propia ley interna capaz de armonizar con la del propio mundo.
En una de mis conversaciones sobre lo divino y lo humano con mis alumnos chinos, una de ellas me dijo: "Profe, ustedes creen que ser humano es malo, mientras que nosotros creemos que es bueno". Los alumnos vienen al mundo para que los profesores aprendamos algo. Se encierra ahí, en esas palabras, gran parte del problema y de la justificación de la vigilancia, que van de la familia o la escuela a las complejidades de los Estados convertidos en garantes de la ortodoxia.


Aunque hayamos separado las leyes divinas de las humanas —allí donde se ha podido— en su origen son las mismas: las normas dadas para evitar que se produzcan las caídas que la naturaleza negativa o pecadora del ser humano hacen inevitables.
Gran parte de la lucha que vemos tras las revoluciones de la Primavera árabe y que han llevado a la salida de los islamistas del gobierno en Egipto —y de las revueltas que llevaban el mismo camino en Túnez— tienen que ver con esto, con esa unidad y precedencia de la Ley divina frente a las leyes humanas. El debate sobre la Sharia en Egipto o Túnez no es otro que éste.
En un reportaje de la BBC —que comentamos este verano—se hacía un extraordinario relato de cómo una población entera quedaba en manos de un quiosquero salafista que se había convertido en la autoridad central de toda la vida del pueblo. Por él pasaba desde la mujer que no se comportaba "como debía", el que vendía drogas, el que bebía cerveza, etc. Toda la vida quedaba expuesta a su control. Cuando le preguntaban sobre sus relaciones con las autoridades locales y si él se identificaba como "salafista" decía algo importante: "No importa quién manda; lo importante es la Ley". La "ley", por supuesto, era su propia interpretación del alcance de los principios coránicos, fuera de los cuales se extiende un mundo caótico sin salvación, un mundo asocial puesto que la ley se identifica con la sociedad misma que queda regulada. La Ley regula la vida social y la sociedad se define por el cumplimiento de la Ley.

En estos últimos años he tenido ocasión de ver los dramas callados de personas que viven bajo la vigilancia constante de los guardianes de la Ley. Junto a las discusiones de los legisladores en los parlamentos tunecinos o egipcios, se encuentra una sociedad en la que esos debates se convierten en la agresión de la sanción, de señalamiento con el dedo por parte de los trasgresores, a los que se les niega la posibilidad de salir de una ley en la que no creen, interpretan de otra forma o no consideran que nadie esté en condiciones de exigir a los demás pues forma parte de sus propias creencias.
Los guardianes son papeles sociales que ejercen aquellos que velan en la base de la sociedad porque nadie se disgregue o se distancie del núcleo de la ley porque ese sería el principio de su disolución. El gran debate en estas sociedades se da en encontrar la distancia justa entre lo que es la creencia, mediante la que las personas siguen sus propias inclinaciones y deseos en su camino, y su conversión en regla general de cumplimiento obligado mediante diferentes mecanismos, de la sanción legal al rechazo social.
Los dramas que he visto son los que se producen en una sociedades en las que conviven en un mismo espacio y tiempo, un mismo cronotopo, mentalidades de épocas distintas, con visiones distintas sobre el funcionamiento del mundo. Si el debate fuera exclusivamente legal, sería sencillo. Pero la historia de estos países ha demostrado que las vías deben ser otras si lo que se quiere es garantizar la convivencia y la preservación de la autonomía e individualidad de la persona frente a una concepción conjunta, la visión de la sociedad como un agregado regido por formas de pensar que han de ser reproducidas mediante todos los mecanismos disponibles.


La evolución de las culturas hacia formas más abiertas, favorecida por un aumento de los conocimientos sobre el mundo y de la mejor comprensión de los mecanismos sociales, se ve frenada por las resistencias de aquellos que entienden que se debilita su poder. La nuevas formas de conocimiento intercultural y los avances de nuestros mecanismos de explicación desde la Sociología, la Antropología o las diversas ciencias sociales han hecho que ya no sea tan fácil el control. Por eso los vigilantes necesitan la ignorancia disfrazada de educación, en sentido amplio, para mantener esos mecanismos. "Convertís la ignorancia en religión y la religión en ignorancia", dice el filósofo Averroes, el protagonista de la película del gran director egipcio Yusef Chahine, Al Massir (El destino).
Hoy son muchos los que se enfrentan a sus propios condicionamientos, resultado de la tradición en la que se encuentran inmersos, y a la presión social para mantenerla. En un mismo país, en una casa, en una misma mente, en ocasiones, conviven visiones dramáticamente distintas, escindidas entre un deseo de felicidad que se ve frustrado y el cumplimiento de una vida frustrada por las imposiciones en las que no se cree. El resultado son personas infelices y órdenes represivos, autoritarios e hipócritas.
La mirada vigilante se convierte en algo esencial para el mantenimiento de ese orden que se derrumba y que se resiste a perder el poder de hacerse ver en su rol central de control de todo lo que gira obligatoriamente a su alrededor. No hay más orden que el suyo ni más autoridad posible.
Pequeños gestos cotidianos se convierte en abismos gigantescos a cuyo borde llegan personas que, venciendo sus miedos, intentan saltar al otro lado en el que les espera una liberación que anhelan. Muchos se dan la vuelta porque el temor a ser señalados como distintos, como prófugos de la comunidad, les aterroriza y acaban viviendo su propia hipocresía defensiva. Otros saltan al otro lado, pero no encuentran la felicidad soñada sino que se han de enfrentar al sentimiento de culpa que se les ha inculcado a lo largo de su vida. Finalmente están los que consiguen dar ese paso que, cuando se giran, les hace exclamar: "¡Solo era esto!". Descubren entonces que no hay peor barrera que el miedo y comprenden que esas mirada soberbias que les dirigían, que esos dedos que les apuntaban, no tienen sobre ellos más poder que el que se les concede.


Por eso el ejemplo de las personas que dan esos pasos es importante; muestran a otros el camino para liberarse de esa sanción de la mirada que no admite cambio o divergencia. Los llamamos pioneros cuando antes los hemos llamado anteriormente locos, herejes o delincuentes.

Los seres humanos vivimos en un precario equilibrio entre nuestros deseos individuales, nuestra forma de aspiración a la felicidad, y las imposiciones de reglas externas que nos condicionan el comportamiento. Cuando la divergencia es muy grande, se vive un infierno terrenal, un infierno convertido en tribunal de jueces ostentosos e histriónicos, felices por perseguirnos implacablemente con las normas que les fortalecen cada vez que las aplican.