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miércoles, 29 de enero de 2014

Pete Seeger

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer supimos que Pete Seeger había fallecido a los 94 años de edad. En estos tiempos en los que la música es sobre todo espectáculo y negocio, la figura de Seeger se muestra como algo del pasado, distante, casi incomprensible.
Hace mucho que no escuchaba sus canciones, por más que muchas de ellas me hayan acompañado de forma activa en la vida. Escogí unas cuantas y las puse como homenaje para compartirlas y que las pudieran escuchar. Más que un cantante, creo que Seeger era un maestro de canciones, alguien que se dedicaba a enseñarnos a cantar, alguien cuyo interés es que penetren en nuestros cerebros y en nuestras vidas, que no salgan de allí por el resto de nuestra existencia.
Entre las canciones que escogí, la más antigua era de Seeger en un teatro abarrotado, en 1956. Se trata de If I had a Hammer y Seeger maneja al auditorio para hacerles vibrar con el poder de la canción. Todos debemos desear tener ese martillo en nuestras manos, reclamarlo con nuestras voces. Nos anima, una y otra vez. No quiere que le escuchemos, quiere que nos escuchemos a nosotros mismos, que nos descubramos cantando, formando parte de esa voz común. Seeger, como hará el resto de su vida, adelantará los versos de cada canción para que podamos cantarla junto a él. Es el cantante que quiere que cantemos; su voz es algo accesorio, un reclamo para que nos unamos.


La última de las canciones que pongo nos lo muestran cantando This land is your land, la canción de Woody Guthrie, que Seeger interpreta en el Lincoln Memorial, de Washington, ante 400.000 personas que celebran la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, en el concierto "We are One". Aunque el nombre del concierto no fuera por él, ninguno me parece más adecuado, pues no era otro su viejo sueño que el de la unidad. La idea del coro, de las voces que se van sumando enganchándose a un mensaje que hermana. Cantar es compartir ilusiones, no un acto solitario, distante o narcisista.


Aquella actuación junto a un admirador constante, Bruce Springsteen, cantando a Woody Guthrie, con ese himno paralelo, Esta tierra es tu tierra, debió ser un momento muy feliz para él. Un Seeger animoso y generoso con noventa años, tocado con un gorro de lana, compartiendo los restos de su voz con los presentes, ante la estatua de Lincoln, celebrando la llegada a la Casa Blanca de un presidente negro. Para un  Seeger que se jugaba el tipo en los cincuenta y sesenta cantando para sacar adelante el movimiento de los derechos civiles, debió ser un momento especialmente emotivo, el signo de que su vida, sus miles y miles de canciones recorriendo el mundo, enseñando a juntar las voces para que se unieran las voluntades, había tenido un sentido. 
En el movimiento folk se habían juntado la idea de legado musical, de mantener vivo lo que había sido historia, pero también la rabiosa actualidad de los problemas, la protesta. Era la música como tradición y la música como arma para combatir y ayudar a combatir en el presente. Era música conciencia, música energía, música denuncia, música arma, música poesía. Había nuevos problemas que requerían nuevas canciones, pero había problemas eternos que podían ser cubiertos con los lamentos y advertencias musicales de siempre. Las cadenas del hombre no eran nuevas, ni su sufrimiento, ni la injusticia. Había que recordar las canciones para no olvidar los problemas.


Cuando se llega a la edad de Pete Seeger y se tiene tanto reconocimiento como él tuvo, la vida se justifica a sí misma. Se adquiere el sentimiento de plenitud, del trabajo realizado, de que se acertó en el camino elegido, por muchas dificultades y duro que fuera en sus inicios.

La primer vez que escuché a Seeger fue en un viejo disco, un "Tributo a Woody Guthrie" que reunió para cantar sus canciones a gente como Tom Paxton, Odetta, Joan Baez, Bob Dylan, Richie Havens, Judy Collins, y su hijo, Arlo Guthrie. La portada del disco mostraba el rostro de Woody y en la base, pequeños, aquellos cantantes sobre un escenario. El disco recogía las canciones interpretadas en dos conciertos, de 1968 y 1970. Aquel disco me sirvió de introducción a Guthrie y a todos aquellos cantantes, que  fueron enriqueciendo mi colección de discos con sus obras. En los setenta habría muchas otras formas musicales y el llamado "folk" se fue perdiendo con las nuevas corrientes que iban entrando de mano de los sintetizadores y demás movimientos de la música. De las canciones con "mensaje" y del "folk" se pasó a la música disco, el heavy metal, el glam rock, el punk o cualquier otra línea musical que fueron llegando. Después el vídeo mató a la estrella de la radio (video killed radio star), como cantaron proféticamente The Buggles. Pero la semilla sembrada creció de la mano de los que habían escuchado a Dylan, a Seeger, a Guthrie, y brotaba esporádicamente, navegando contra los torrentes de imágenes y sonidos, contra la potencia de los watios y los dólares.


Y mientras todo esto ocurría, Seeger siguió siendo él, que era ser todos. Porque lo más curioso es que Pete Seeger seguía siendo la persona empeñada en enseñarnos a cantar, en que lo hiciéramos con él, una y otra vez. Y siguió diciéndonos las cosas que otros habían dejado de decirnos, que éramos cajitas (Little boxes), todas iguales, con pretensiones de ser distintas, que nuestras vidas se parecían horriblemente, que eran vulgares, aunque nosotros no nos diéramos cuenta. Nos contaba que las guerras solo servían para acabar con las flores con tantos funerales y que si se quería de verdad a los hijos de la patria había que traerlos de vuelta a casa e invertir en otras armas más eficaces:


The world needs teachers, books and schools,
Bring them home, bring them home.
And learning a few universal rules,
Bring them home, bring them home.

Y a fuerza de repetirnos esas canciones, se hicieron parte de nuestras vidas. Y él, un hombre con un modesto banjo, con su aspecto de anciano simpático, seguía cantando y haciéndonos cantar para que no olvidáramos aquellas cosas que eran importantes para nosotros. El mundo cambiaba y vivía de las modas. Seeger no tenía necesidad de cambiar porque él vivía de las verdades que permanecen y nos las repetía periódicamente para que siguieran junto a nosotros en nuestras vidas triviales y evitar que nos devoraran.
La mentiras son de cada uno, pero lo que es verdad nos pertenece a todos. Y esas verdades son las que quedaron en esas canciones que podemos hacer nuestras y seguir cantando ahora que nos ha dejado el hombre que unía nuestras voces, que nos adelantaba los versos para que nadie se quedara fuera y perdiera el ritmo o la palabra.
Descansa en paz, Pete Seeger. Nos enseñaste a cantar juntos para que pudiéramos ser por separado. Nos enseñaste que se puede pasar por la vida recitando versos en los campos, en las fábricas, entre edificios de hierro y cristal, en las granjas o en las escuelas, que es una vida noble. Que las canciones que vale la pena cantar son las que nos unen a los demás y nos despiertan del sueño prolongado en que vivimos.

Little boxes on the hillside,
Little boxes made of ticky tacky,
Little boxes on the hillside,
Little boxes all the same.
There's a green one and a pink one
And a blue one and a yellow one,
And they're all made out of ticky tacky
And they all look just the same.


If I Had a Hammer (1956)












lunes, 6 de junio de 2011

La injusta fosa común del lenguaje

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El cantante Woody Guthrie


El 28 de enero de 1948, un avión se estrelló en Los Gatos Canyon, en  el Condado de Santa Clara en California. Levaba a bordo a cuatro norteamericanos y veintiocho trabajadores mexicanos que estaban siendo deportados a su país. El tratamiento que los medios de comunicación dieron de esta noticia, irritó al cantante Woody Guthrie, que escribió una hermosa canción en homenaje a aquellas personas a las que los medios habían privado de nombre propio. “Deportees (Plane Wreck at Los Gatos)” es una hermosa canción para un horrendo hecho. Guthrie se planteaba en ella si el crecimiento de los Estados Unidos se tenía que basar en la explotación de otras personas, pero sobre todo denunciaba la indiferencia con la que aquellas muertes fueron recibidas:

Who are these dear friends who are falling like dry leaves?
Radio said, "They are just deportees"

El tratamiento informativo dado revelaba la distancia con que la sociedad norteamericana acogió aquel trágico accidente. Guthrie les puso nombre en la canción (Roselita, Jesús, María…) y los sacó de aquella fosa común lingüística que significaba la palabra “deportados” que los convertía en seres anónimos bajo una calificación administrativa. Guthrie, sin concocerlos, los llamó sus amigos y se identificó, en su dolor, con aquellas vidas anónimas reducida a ser delincuentes:

Adios mes amigos, Jesus e Maria
You won't have a name when you ride the big airplane
All they will call you will be deportees

La información que el diario El País ofrece hoy* sobre las cifras de personas fallecidas intentando llegar a Italia en los últimos meses estremece: 1.500 ahogados. Mil quinientos cadáveres sin nombres agrupados bajo distintas denominaciones, que les hacen más o menos justicia, pero que ignoran quiénes son.
Por dos veces en el texto de El País, el periódico se refiere a ellos como “prófugos”:

La Guardia Costera de Túnez recuperó este domingo los primeros 26 cuerpos de los más de 200 prófugos africanos desaparecidos el miércoles en un naufragio cuando intentaban llegar a Lampedusa (Italia) desde Libia. El pesquero libio, con 800 personas a bordo, salió de la localidad de Zuwara y se averió a 20 millas de la isla de Kerkennah, al sur de Túnez, quedando encallado en un banco de arena. Cuando las fuerzas de rescate trataban de ponerles a salvo, la nave se hundió. 577 prófugos pudieron ser rescatados, entre ellos 92 mujeres y 21 niños. [la negrita es nuestra]

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua señala lo siguiente:
prófugo, ga.
(Del lat. profŭgus).
1. adj. Dicho de una persona: Que anda huyendo, principalmente de la justicia o de otra autoridad legítima. U. t. c. s.
2. m. Mozo que se ausenta o se oculta para eludir el servicio militar.

En ambos sentidos, el término “prófugo” implica que las personas huyen por algo que han hecho, algún delito cometido, por el que son reclamadas. El término “prófugo” los convierte en criminales huyendo de la “justicia” o la “autoridad legítima”. En absoluto es el caso. "Prófugo" no es todo el que huye; es el que se escapa de la justicia. De lo que escapan estas personas es precisamente de lo contrario: huyen de la injusticia. No existe condena legal por la que huyan, no existe ninguna orden de busca y captura; no son criminales. Solo son personas que buscan una vida mejor. Confundirlos —aunque sepamos que no es la intención del articulista— con personas reclamadas por la Justicia por algún delito cometido, es una injusticia que se acumula más allá de sus vidas desgraciadas y les llega tras la muerte. No añadamos este agravio final.


Si Woody Guthrie se lamentó de que aquellas personas —Rosalita, Jesús, María…— fueran amontonadas de forma anónima en las palabras indiferentes de la prensa de su tiempo, la calificación de “prófugos” a estos seres humanos que han muerto y cuyos cuerpos siguen a la deriva le hubiera escandalizado.
Añadimos algunos titulares en los que se usa correctamente el término “prófugo” y veremos que estas personas fallecidas no tenían nada que ver ni con genocidas, ni con narcotraficantes, ni con cualquier otro tipo de delincuencia. Son las víctimas; no los criminales.

* "Túnez recupera 26 cadáveres de los 200 desaparecidos en el naufragio de un barco libio" http://www.elpais.com/articulo/internacional/Tunez/recupera/26/cadaveres/200/desaparecidos/naufragio/barco/libio/elpepuint/20110605elpepuint_11/Tes



Titulares de España, Argentina y México con la palabra "prófugo"
De las muchas versiones, puedes escuchar la del Boss Bruce Springsteen