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domingo, 4 de diciembre de 2022

El tope al precio del petróleo ruso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es una extraña guerra, sí. No se acaba de entender bien cómo funciona y quizá estemos experimentando con una nueva forma de relaciones internacionales, algo a mitad de camino entre la guerra real y otras cosas que se pueden utilizar para los conflictos enrareciendo el ambiente.

La fase previa llevó a un incremento de las relaciones comerciales, que iban por un lado, y las políticas, que iban por otro. Ahora todo está embarullado y vemos que los mismos países que se tiran los trastos a la cabeza siguen manteniendo unas extrañas relaciones comerciales entre ellas. Nos necesitamos, pero nos peleamos; nos represaliamos, pero seguimos con intensos lazos necesarios. Cliente ya no significa necesariamente amigo y amigo no se sabe muy bien qué significa.

Se le acaba de poner un tope al petróleo ruso para evitar que Rusia financie su guerra con el dinero que le damos por el petróleo que necesitamos. Todo esto es muy complejo y complicado porque supone que aquello que se vende y compra es utilizado dentro del marco de las relaciones enfrentadas que vivimos. Rusia trata de hacer daño y tratamos de hacer daño a Rusia. Pero como no se puede atacar directamente, bajo riesgo de una guerra mundial y probablemente nuclear, esto se hace a través de la intervención en los mercados.

En el diario El Mundo, Xavier Colás escribe desde Moscú sobre esta faceta económica de la guerra que nunca existió:

Ucrania está convencida de que la imposición de un tope de precios al petróleo de Rusia por parte de las potencias occidentales hundirá la economía del segundo mayor exportador mundial de crudo. "La economía de Rusia será destruida y Moscú deberá asumir la responsabilidad de sus crímenes", dijo el jefe de gabinete presidencial, Andriy Yermak. Por su parte, Rusia respondió que no aceptará el límite al precio y avisó de que está analizando cómo reaccionar ante una medida destinada a limitar una fuente clave de financiación para su guerra en Ucrania.

Una amplia coalición de países occidentales acordó el viernes limitar el precio del petróleo ruso transportado por mar a 60 dólares por barril. Rusia asegura que continuará encontrando compradores para su petróleo y a la vez ha dicho varias veces que no suministrará petróleo a los países que implementen el tope. Esta postura fue reafirmada por Mijail Ulyanov, embajador ruso ante organizaciones internacionales en Viena: "A partir de este año, Europa vivirá sin el petróleo ruso".

Una vez más, Moscú confía en convencer a quien sea de que las medidas para dañar la economía rusa tendrán efectos perniciosos para todos: "Pasos como estos inevitablemente darán como resultado una mayor incertidumbre e impondrán costos más altos para los consumidores de materias primas". "Independientemente de los coqueteos actuales con este instrumento peligroso e ilegítimo, confiamos en que el petróleo ruso seguirá teniendo demanda".* 

Los ucranianos, además, quieren que el tope se baje todavía más, a la mitad, a 30 euros. Quieren —y es lógico— que los rusos tengan la mitad de los ingresos que destinarán a material bélico. La guerra cuesta cara y la caja del dinero no es inagotable. Las medidas de presión acaban afectando al pueblo ruso de diferentes maneras. Las protestas empezaron por motivos políticos y de repulsa a la guerra fratricida emprendida contra Ucrania y seguirán ante la reducción de ingresos en el país. Todas las administraciones se resentirán así como los negocios, llegando al ciudadano.

En el artículo se nos precisa: «Se pretende que Rusia gane menos dinero, pero sin causar un terremoto que dispare los precios del combustible en general. Y, si es posible, lograr que en el mercado mundial haya menos petróleo ruso, que a día de hoy es un activo necesario y tóxico a la vez.»*

La congelación de activos de los oligarcas y empresas rusas ya se ha dicho que se va a financiar la defensa frente a los ataques rusos y, evidentemente, la reconstrucción ucraniana, algo en lo que hay que pensar aunque no tengamos claro qué supone. Que hay que reconstruir es claro, pero en esta extraña guerra de frontera y unidireccional (los ucranianos no han pasado al contraataque a dañar Rusia) la reconstrucción se hace con un país beligerante divido por una incierta frontera.

Más allá de los ataques está la cuestión de los límites reconocidos, algo sumamente importante y que no es fácil de reconocer. Nadie va a ceder terreno a Rusia, porque ya se vio en 2014 que la conquista de Crimea no deja satisfechas las ansias conquistadoras rusas hacia sus vecinos.

En realidad, la guerra, antes de estar en los campos de batalla, está en la agresiva mente de Putin que ha embarcado a todo un país en una absurda e imprevisible guerra contra la mayoría del mundo. ¿Que ha conseguido? ¿Le merece la pena ante lo perdido, ante la destrucción de un orden mundial —mejor o peor— en el que había mejorado sus relaciones con el mundo? Quizá Rusia solo se reconstruyó para volver a empezar una nueva fase imperial, creando nuevos territorios controlados a su alrededor.

La batalla con el precio del petróleo, la batalla de la imposición de topes a los precios, es una nueva fórmula, que trata de contener lo que Rusia está haciendo con la energía. Rusia ha utilizado los periodos de paz para preparar la guerra, algo que apenas ofrece dudas a fecha de hoy con lo que hemos podido apreciar.

Se abre un nuevo frente económico y energético, con repercusiones muy abiertas. Pero el aislamiento de Rusia, su salida de las esferas comunes es un hecho de consecuencias imprevisibles para el futuro. La idea de que hay una parte del mundo que le pertenece o sobre la que puede decidir a su antojo es incompatible con una vida internacional compartida.

La invasión y la guerra revelan más que unos fines, que son imprecisos, una forma de actuar, una actitud frente al resto del mundo al que se quiere imponer una forma de ver las relaciones internacionales. Por eso el problema es más grave de lo que parece. No hay garantías de que Rusia no siga haciendo lo mismo en otros puntos de sus fronteras. Es una forma de manifestar que es poderosa. Eso es peligroso más allá de estas guerras no declaradas, ya que revela una forma de ver el mundo y actuar.

 

* Xavier Colás "Rusia no acepta el tope impuesto al precio de su petróleo y prepara una respuesta" El Mundo 3/12/2022 https://www.elmundo.es/economia/2022/12/03/638b8d3e21efa0fd748b45cd.html

jueves, 3 de noviembre de 2022

Las contracciones de la economía rusa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las noticias de hoy en RTVE.es hablan de la entrada de Rusia en recesión técnica, es decir, tras dos trimestres seguidos de caídas del PIB, un 4,1% y un 4,4%. Las autoridades rusas, por su parte, afirman que "el Ministerio de Economía calcula que Rusia acabará el año con una contracción del 2,9%, que el año siguiente solo será del 0,8 %"*, lo que es mucho decir, desde luego.

Es muy difícil que la situación rusa mejore cuando todo el mundo se está desconectando de ella. El problema de Rusia no son solo las sanciones, sino la desconexión de todo aquello que pueda utilizar para crear presiones y chantajes, algo que ha convertido en su modus operandi. Esto implica, tanto para Rusia como la mayor parte del mundo una redefinición de las relaciones políticas y económicas entre países a la luz de la nueva situación.

Sigue sin entenderse por qué Vladimir Putin destapó la Caja de Pandora. Teniendo en cuenta que los motivos expresados son puro teatro, queda por saber cuál es el origen de crear una situación de riesgo y crisis mundiales en la que la que sale perdiendo, como muestran los datos, es Rusia.

Tratar de imaginar el porqué es complicado y puede que para algunos sea hasta inútil. Pero cuanto más sepamos de lo que se pasó por la mente de Putin para iniciar la guerra  invasora con su vecina Ucrania mejor podremos tratar de comprender qué pasos irá dando en el futuro o hasta dónde puede llegar.

Está claro que ha querido vender una imagen de Rusia como superpotencia alternativa, como alteración del orden mundial unilateral que él ve en Occidente. Pero han sido precisamente sus buenas relaciones con Occidente, como en el caso de Alemania, lo que hizo prosperar a Rusia. Todas esas peculiares "amistades" con políticos europeos que han salido a la luz con Putin, no son precisamente muestras de malas relaciones. Ha sido, claramente, Vladimir Putin quien ha tirado el capital logrado en el tiempo para Rusia.

La Unión Soviética se tragó media Europa y tardó casi cincuenta años en devolverla. En ese periodo se produjeron revueltas y estallidos en países como Hungría, Polonia, Checoeslovaquia, etc. con miles de muertos y la entrada de las tropas y tanques rusos para reponer a los dictadores títeres colocados desde Moscú. ¿No aprendió nada de esa experiencia? ¿Pretende hacer lo mismo con Ucrania y seguir después "reconquistando" territorio europeo? ¿Hasta llegar a dónde?

La "teoría de la seguridad" no se sostiene porque lo que ha logrado es que todos los países de la zona se abalancen en brazos de la OTAN pidiendo ingresar para ser protegidos de la voracidad rusa. Todo el mundo quiere tener tropas de la Alianza en su territorio para evitar ser invadidos. Muy mal hay que calcular para lograr un resultado tan contraproducente.

France24

En comprensible que Putin quiera vender un "orgullo ruso" a los rusos, pero esto es otra cosa. Los datos de la economía son más que preocupantes para la propia Rusia. La recesión no es una broma y menos si estás bajo miles de sanciones de todo tipo.

En la BBC de ayer se recogían las palabras y hecho de un magnate ruso que ha renunciado a la nacionalidad: 

A billionaire Russian banker, Oleg Tinkov, has given up his Russian citizenship because of the war in Ukraine and condemned "Putin fascism".

Mr Tinkov founded the online Tinkoff Bank, one of Russia's largest lenders, with about 20 million customers.

In an Instagram post, he said: "I can't and won't be associated with a fascist country that started a war with their peaceful neighbour."

Few Russian tycoons have criticised Russia's invasion of Ukraine in public.*


Quizá podemos pensar que hay muchos millonarios rusos que hacen o dicen lo contrario, pero no deja de ser significativo que algunos den el paso adelante pese a que los que disienten siente una apasionada tendencia a volar desde las ventanas y estrellarse en el suelo o padecer envenenamientos por polonio y otros materiales tóxicos.

En su obra sobre el fin del "homo sovieticus", la premio Nobel Svetlana Alexandrévich recuerda que la vida en el mundo de la Unión Soviética se desarrollaba en la intimidad de las cocinas, el único espacio en el que los rusos se atrevían a decir lo que pensaban unos a otros por temor a ser espiados. ¿Juega Putin con la memoria del miedo? ¿Han vuelto los rusos a escenificar el miedo con el silencio? ¿Son los aplausos actuales nuevas versiones de los que nos contaba otro premio Nobel, Aleksander Solzhenistyn, al referirse a que nadie se atrevía a ser el primero en dejar de aplaudir ante Stalin y que caía el sudor mientras que se miraban de reojo esperando que alguien —otro— fuera el primero? Creo que no hay una imagen mejor de lo que significa vivir el miedo, no querer ser identificado como el primero que deja de aplaudir. ¿Cuántos hay así hoy en Rusia?


No sé si hay muchos rusos que creen realmente a Putin. Eso es solo parte de la cuestión. Creo que a estas alturas Putin sabe que no puede ganar porque no está claro a dónde va. Al menos, los demás no lo sabemos. Y es importante que lo sepamos aunque se hayan arbitrado sanciones de todo tipo a su alrededor.

Putin ha tenido que hacer reclutamientos, comprar drones a Irán, invertir en armamento para reponer el desgaste continuo... No hay mensaje a las tropas que no quede en parodia cuando los soldados llegan al frente y se enfrentan al absurdo y al miedo. Algunos articulistas hablan de que el final será el derrocamiento de Putin. Es el único final posible cuando no se sabe dónde va. Las palabras del banquero Oleg Tinkov son claras y sencillas, implican una negación del discurso de Putin, que suponen la invención y construcción de un mundo alternativo en el que hay que creer. El apoyo de las autoridades de la Iglesia Ortodoxa no garantiza milagros y la realidad se acaba imponiendo por distintas vías, incluidas las del bolsillo. Los pobres se quejan en sus cocinas, cada vez más vacías; los banqueros en el extranjero renuncian a sus pasaportes.

Hace unos días se pedía apoyo para los artistas rusos que se ven obligados a salir al extranjero a ganarse la vida porque el arte es internacional. También ha habido otros que han buscado la sombra de Putin mostrando su apoyo. Pero en algún momento la realidad se impondrá a la fantasía. Y la realidad es que Rusia, bajo Putin, ha iniciado un camino errático y cada vez más solitario.

Las esperanzas en que Occidente se debilite, se enfrenten unos con otros y comience a reducir sus sanciones son una mera ilusión. La esperanza en una alianza pro Putin en Italia se ha desmoronado con la rotundidad atlantista de Georgia Meloni al acceder al poder. Es poco probable que Putin logre más apoyos para su desastre. Buscará en el interior, que es quien le sostiene; jugará con el dolor y el sufrimiento ajeno para poder conseguir el odio que necesita para justificar lo injustificable. Por eso hay que ser cuidadosos y selectivos, aunque muchos problemas sean inevitables. El pueblo ruso tiene que notar la diferencia, aunque sufra los efectos.

Los datos de la entrada en recensión de Rusia afectan a todo el pueblo ruso, a los que celebran la invasión y a los que se lamentan en las cocinas. Pero será muy difícil que el cierre de este episodio mejore la situación con Rusia, que ha desperdiciado las relaciones que mantenía al mostrar las garras en cuanto que alguien dependía de ella. Rusia ha traído de nuevo la guerra a Europa; ha traído la amenaza nuclear y un lenguaje prepotente, amenazante, intimidador que obliga a rearmarse y a girar las defensas hacia el Este.

Quizá algún día alguien nos lo pueda explicar.

* "Rusia entra en recesión tras contraerse su PIB un 4,4% en el tercer trimestre" RTVE.es / EFE 2/11/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221102/rusia-entra-recesion-economica/2407771.shtml

** "Banker Oleg Tinkov renounces Russian citizenship over Ukraine" BBC 2/11/2022 https://www.bbc.com/news/world-europe-63466138

miércoles, 6 de julio de 2022

Cada vez más complicado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo del gobierno español roza ya la comedia. Dejo a cada uno la adscripción del tipo de comedia que vemos, ya que me imagino que cada uno lo interpretará. Pero las "comedias" gubernamentales suelen ser tragedias para el resto de la gente.

El último desencuentro gubernamental sobre el gasto en defensa después de la reunión de la OTAN deja en evidencia que este matrimonio de conveniencia hace tiempo que no practica ni los mínimos elementales. La estrategia de Unidos Podemos está clara hace muchos meses y se cumple a rajatabla: la gobernación es una forma de captar clientela ante futuras elecciones y una de restar credibilidad a los que les ofrecieron estar ahí, apuntándose "lo bueno", repartiendo cheques de sus ministerios. El mensaje será: hicimos lo mejor y si no hicimos más cosas es porque nuestros compañeros no nos dejaron. Ya lo dicen con palabras y actos en cuanto que tienen ocasión dentro de ese descarado juego de decir (o callar) desde los ministerios compensado después con los locuaces portavoces de base.

La contradicción de tener responsables ministeriales manifestando en las calles contra la reunión de la OTAN ha sido algo que no ha pasado desapercibido (tampoco lo pretendían). Los nombres están en la puerta de los despachos, pero luego en la calle se luce el cargo como un gesto de desafío, por un lado, y de promoción por otro. Este pasar del despacho oficial a la manifestación callejera nos muestra el descaro al que se ha llegado y, especialmente, que ya no le dan mucho valor a lo que queda de legislatura. Saben que pronto perderán esta posibilidad del doble juego porque a la gente no le ha pasado desapercibido esta forma de hacer política por parte de la "nueva política", que ya ni se parece a la "vieja", sino que la supera en aquello que se criticaba.

Aquí asistimos perplejos a cómo vicepresidentas del gobierno crean su propio "movimiento" para tantear, nos dicen, el futuro; a diferentes líneas disonantes con lo que el gobierno hace o deshace. Si los problemas del Reino Unido se centran en la pérdida de confianza en el primer ministro, los de España son los de la disonancia absoluta entre unos y otros mientras se sonríe a la cámara. Cuando este gobierno pase a mejor vida parlamentaria, será interesante ver cómo saldrán a la luz las zancadillas abundantes que han practicado para conseguir protagonismo y minar el terreno para el futuro.

La penúltima puñalada es la del presupuesto de Defensa. Hay que recordar que fueron los mismos que trataron de evitar ampliar en el Parlamento Europeo las sanciones a la Rusia invasora de Putin, detalle que no es trivial y menos con la deriva nacional del asunto. Onda Cero titulaba "IU, Bildu y Podemos se oponen a ampliar las sanciones a Rusia en el Parlamento Europeo". En el texto de la noticia se nos explicaba:

El Parlamento Europeo votó sobre varios aspectos del conflicto en Ucrania, una jornada que dejó polémicas decisiones de los socios de Gobierno. Podemos, junto a Bildu e Izquierda Unida, se opuso a ampliar las sanciones a Rusia.

Los tres partidos votaron en contra de proveer ayuda financiera a Ucrania para la compra de armas, además de no apoyar la suspensión de licencias de emisión de los medios de propaganda rusos.

El presidente ucraniano, Zelenski, pidió la adhesión "inmediata" de su país a la Unión Europea, algo que también rechazaron tanto Podemos como Bildu e Izquierda Unida, que votaron en contra de pedir a las instituciones de la UE la concesión a Ucrania del estatuto de país candidato.* 

La noticia nos habla no solo de la "paz", como les gusta presentarse, sino de torpedear a la propia Ucrania obstaculizando su ingreso en la Unión Europeo. Esto es algo más que estar en contra de la guerra; es posicionarse claramente para favorecer a uno de los contendientes, precisamente el agresor, Rusia. Es muy bonito pedir la paz en Madrid, pero ¿no sería más interesante ir a Moscú a hacerlo? A lo mejor tienen algún problemilla o sencillamente no les interesa porque los moscovitas no votan aquí, al menos por ahora. Es una forma curiosa de pedir la "paz".

En la segunda parte del texto se recogía esto con claridad por parte de Luis Garicano:

El eurodiputado Luis Garicano criticó la decisión de los partidos a través de su cuenta de Twitter. "Los votos en el Parlamento Europeo de hoy muestran que los socios del Gobierno son socios de nuestro enemigo: del enemigo de los ucranianos, del enemigo de Europa, del enemigo de la Paz y del enemigo de la libertad".

Garicano también afirmó que hay partidos en el Gobierno que dan "cobertura moral y material al asesino de Ucrania y Europa": "En un momento de máxima gravedad para Europa, el presidente del Gobierno tiene la responsabilidad de expulsarlos".*

Más allá de cualquier partidismo, lo dicho por Garicano se complementa ahora con las complicaciones que se tratan de crear para evitar el aumento del gasto de Defensa.

Lo que más indigna es la vuelta a los planteamientos "buenistas", "pacifistas", "nobles" y todo aquello que se pretendan apuntar. Ellos son el "partido de la paz"; los demás son el "partido de la guerra". Para ellos, la paz la pone Rusia, a la que no se le pide que se vaya o critica; solo se critica a los que tienen la osadía de defenderse, de defender su territorio, que se considera un acto bélico.

Que se manifiesten en contra del aumento del gasto en Defensa, cuando nuestro gasto es de los más bajos de Europa en el momento en el que los miembros de la Alianza Atlántica (ellos son el enemigo desde su anticuada postura setentera), nos muestra la dirección elegida y el bando al que indirectamente se apoya con sus dificultades y pegas. Siguen en ello.

Por esto, resulta insólito que el gobierno haga uso de ciertas prácticas de urgencia para tratar de evitar el escollo de sus peculiares "socios". Leemos en RTVE.es:

Unidas Podemos ha pedido la convocatoria "urgente" de la comisión de seguimiento de la coalición de gobierno a raíz de los últimos choques con el PSOE en materia de Defensa. Ha sido la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, quien ha hecho este anuncio el mismo día en que el Consejo de Ministros aprueba un crédito adicional de 1.000 millones de euros en Defensa, algo que rechazan los 'morados'. Díaz ha criticado que ella y su formación se han enterado por la prensa de este fondo, algo que Moncloa ha negado.

No ha gustado tampoco a Díaz ni a Unidas Podemos que este incremento de 1.000 millones para Defensa se haya sacado adelante mediante el mecanismo de Fondo de Contingencia, que evita que la medida pase por debate y aprobación en Consejo de Ministros ni en el Congreso de los Diputados.

"Las formas en política son tan importantes como el fondo", ha asegurado Díaz, quien ha criticado que se aplique el fondo de contingencia "no para Navantia" y sus trabajadores, como ha insinuado la ministra de Defensa, Margarita Robles, "sino para gasto corriente". Y es que este mecanismo está previsto para hacer frente a situaciones imprevistas.** 

Que el presidente del gobierno tengan que recurrir a la oposición o a la discreción (vamos a utilizar este eufemismo) para poder evitar el campo minado de los socios es realmente patético, políticamente hablando, e insufrible.

Podemos está sacando toda su artillería de propaganda antimilitarista para evitar lo mismo que trató de hacer en la noticia anteriormente recogida sobre su actuación. El problema es el peculiar antimilitarismo que propone: no dar armas a Ucrania, no aumentar la defensa en España. ¿Un poco raro, no?

Llamar a esto "partidos de la paz" mientras que se califica como "partidos de la guerra" a los que se ven forzados a aumentar los presupuestos de defensa es una forma, cuanto menos, peculiar de considerar la paz. Me temo que la larga mano de Putin llega más lejos de lo que pensamos y que sus influencias van más allá de lo que solemos asociar habitualmente. No hay otra explicación razonable.

Sánchez ha buscado la fórmula que le permitía eludir los bloqueos y la demagogia de sus socios. Pero no deja de ser triste esta situación que vivimos en cuanto a la forma de gobernar.

El problema es que nuestra fragmentación política, junto con la radicalización a ambos lados del espectro, hace que partidos pequeños tengan los votos justos para poder obtener un gran peso político en el momento de las decisiones. Sánchez ha tomado una decisión para tratar de evitar este bloqueo y demagogia sistemáticos.

¿Hasta dónde puede llegar en la explicación de algo de lo que le cuesta hablar, pero que todo el mundo sabe? La forma de salir adelante no es otra que ignorar a los socios en sus bloqueos. Es una forma de órdago que debe sostener de forma clara porque los que más tienen que perder son sus socios, con una pérdida de votos en la calle y mucha fuerza en los ministerios, que usan para su proyección.

La existencia de estos partidos hace más compleja la gobernación. El problema es que las matemáticas electorales son simples: gobiernas si tiene votos suficientes en las cámaras. Tener que depender de elementos radicales es un problema, máxime cuando se ha destruido el centro, que debería ser el lugar natural del apoyo, pero eso no lo entendimos en su momento ni lo entendemos ahora. No entendemos que los centros puedan gobernar con derecha o izquierda moderando las acciones; lo consideramos como una especie de traidores natos, capaces de venderse al primero que llega, unos chaqueteros. Luego pasan estas cosas.

Cuando las ideologías —liberales, socialdemocracia, centro derecha, socialismo, etc. — significaban algo, todo tenía sentido en esa escala. Pero desde que la política empezó a usar etiquetas como "Podemos", "Sumar", "Más país" y demás metáforas poéticas, lo único que se busca es el poder y a esto se ajustan las estrategias o, incluso, se esconden bajo tan bonitos nombres, etiquetas creadas alrededor de unos líderes pragmáticos, demagógicos y ambiguos, con caras dobles o triples según convenga.

Es triste que en una situación de desafío a Europa, de invasión de un país por parte de una potencia, Rusia, se nos diga que aumentar el gasto en defensa es antisocial, que la guerra es la paz, en el mejor Orwell, que haya que aprobar de tapadillo y por vía extraordinaria el aumento del presupuesto de Defensa.

Esta legislatura está siendo un ejemplo claro de lo que no debería darse, pero que los números lo han impuesto de esta forma. Gobernar se hace cada vez más complicado cuando cada uno tiene sus propios intereses y pronto estos estarán enfrentados. 

Esperemos que la próxima legislatura tenga una mayor claridad y, con ello, coherencia. 

* "IU, Bildu y Podemos se oponen a ampliar las sanciones a Rusia en el Parlamento Europeo" Onda Cero 02/03/2022 https://www.ondacero.es/noticias/espana/bildu-podemos-oponen-ampliar-sanciones-rusia-parlamento-europeo_20220302621f2c2a447ec100015e0e0e.html 

** "Díaz pide una reunión "urgente" del pacto de coalición tras el choque en el Gobierno por el gasto en Defensa" RTVE.es 5/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220705/unidas-podemos-pide-reunion-urgente-comision-seguimiento-del-pacto-coalicion/2386713.shtml

miércoles, 1 de junio de 2022

La boca rusa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Es posible dar la espalda a Rusia? ¿Es posible vivir ignorando que tienes un país de sus dimensiones y actividad internacional? ¿Es posible ignorar la geografía? Tendrá que ser así, sea posible o no.

Proximidad y distancia son dos factores que aluden al espacio, pero van mucho más allá; ese espacio puede estar poblado de muchas otras cosas, tanto de las que unen (los lazos) como de las que separan. Hay países que se tratan de ignorar en lo diplomático y retiran sus embajadores y hasta cierran sus fronteras. Nuestra crisis con Marruecos, nos lo muestra. Pero lo de Rusia es otra cosa.

Uno elige las amistades, pero con la Rusia de Putin, la cuestión es más profunda. Hemos elegido no depender, una fórmula extraña que implica una serie de situaciones complejas y complicadas. Uno elige las amistades, como decimos, pero no tanto las dependencias, porque depender implica una debilidad, una asimetría. Sin embargo, la Unión Europea lo ha decido así. Se trata de cortar lazos hasta el máximo porque son precisamente esos lazos los que han configurado la dependencia haciendo que la poderosa Europa se vea sometida a las imposiciones y trágalas rusas.

Está claro que Putin calculó mal. Pero no está tan claro qué ocurrirá en la Unión y con la Unión. En el proceso de independencia de Rusia queda por saber dos cuestiones esenciales: ¿hasta dónde y desde cuándo?

Las preguntas sobre el pasado con Putin no son triviales. El control que tiene sobre Rusia no tiene nada que ver con la libertad de mercado con la que Europa ha tratado con Putin. Putin controla el sistema directamente o a través de sus piezas cuidadosamente seleccionadas en cada aspecto de la vida rusa y de las relaciones con el exterior. Eso que llamamos los "oligarcas" son una estructura económica que debe su riqueza a su fidelidad al Kremlin. No hay más autonomía que la que Putin quiere conceder.

Tengo mis sospechas sobre las crisis previas a la invasión de Ucrania. Puede que Putin aprovechara unas crisis del sistema, pero también que fuera él quien las creara para llevar a Europa a una situación muy complicada que la invasión elevara. ¿Manipuló Putin los mercados para que la capacidad de resistencia europea tuviera un margen mucho más reducido? Sabiendo cómo afecta la energía al conjunto del sistema y teniendo en cuenta cómo están ligados los precios energéticos, con provocar escasez de lo que controlas, el efecto se reproduce por todo el sistema.

Hoy nos explican que es la guerra en Ucrania la que eleva la inflación y reduce nuestro crecimiento y recursos. Son los precios los que bombardean nuestras economías y bolsillos, reservando las bombas reales para los ucranianos.

Putin esperaba una guerra rápida contando con dos errores: Ucrania sería conquistada en horas y la Unión Europea se disolvería ante los conflictos de intereses. De hecho, los países que más conflicto han planteado ante la Unión son los más "pro rusos", como es el caso de Hungría y su populista Víctor Orbán. Putin contaba con la debilidad europea que implica la necesidad de tomar decisiones unánimes. Una sola pieza que se oponga, hace fracasar al conjunto. Vemos lo que ocurre en el otro pilar, la OTAN, con Turquía vetando la admisión de los países que han manifestado su deseo de entrada, Suecia y Finlandia. El "autónomo Erdogan" hace también de las suyas.

Putin ha estado apoyando durante años la creación de focos de desunión, apoyando las crisis y provocándolas. Esto vale para el Brexit, con el debilitamiento de la Unión sacando a un socio esencial en la cuestión defensiva, como eran los británicos. Putin ha financiado y apoyado candidaturas que apoyan el "cambio" y desunión de Europa, como ha sido la de la derrotada Marine LePen. Europa se ha tenido que blindar ante las campañas de manipulación informática que se planteaba con los hackeos ante cada elección. En el caso del secesionismo catalán, la sombra de Putin también ha sido resaltada. Lo mismo con los independentistas del norte de Italia y todos aquellos que podían debilitar a Europa fomentando la desunión.

Para esto es esencial un control brutal de Rusia, la anulación de cualquier tipo de disidencia, lo que va de Navalni a las Pussy Riot, pues la percepción que Putin tiene de un país no admite la más mínima salida. Los disidentes no solo tienen que salir de Rusia, sino que mueren envenenados con polonio o cualquier otro método.

Hasta la invasión de Ucrania, muchas de estas cosas se han pasado por alto, mirando hacia otra parte. Eran "asuntos internos de Rusia", por decirlo así, cosa de "ellos". Pero la invasión y guerra de Ucrania ha revelado lo peligroso de dejar crecer la dependencia de un país que se maneja en estos términos y que ya una vez se comió media Europa tardando décadas en liberarla.

Rusia no tiene tradición democrática alguna y sí un largo historial de totalitarismo que va de los zares autoritarios a Stalin. En Rusia, el poder no da explicaciones ante nadie y menos que nadie ante el pueblo. Putin ha elaborado una mezcla con todos los autoritarismos previos para crear esa sociedad y su capa controladora. Con la imagen de Stalin en las manifestaciones y la bendición del Patriarca de Moscú, Putin ha devuelto al pueblo ruso al lugar mental de hace décadas cuando todo el orgullo se cimentaba en controlar medio mundo.

Hoy Putin ha convencido (porque quieren creerlo) al pueblo ruso de que son víctimas de una conspiración mundial para evitar lo que es su versión del "destino manifiesto" norteamericano, ser la cima de Eurasia. Justifica de nuevo la invasión y guerra diciendo que va a "desnazificar" el país salvando al pueblo ucraniano. Es la culminación de una serie de operaciones de distinto nivel y en campos distintos, de la economía a la intervención en elecciones, de la financiación de radicales y separatistas, etc.

¿Le compensaba a Putin la oscura ganancia que pudiera obtener la situación creada? Es ahí donde se puede empezar a especular sobre sus objetivos reales, los existentes más allá de Ucrania, el resto del paquete, su visión del futuro.

Alguien que realiza una guerra devastadora, destructiva, contra civiles vecinos, sembrando la escisión del país y enfrentándose a la vecindad europea, amenazando con el botón nuclear, etc. no es de fiar.

Es tan sencillo como esto. No se trata de una crisis, es una separación continental, la elevación de un muro defensivo de contención y la ruptura absoluta con un país que no respeta ninguna regla y que lo deja todo en manos de la fuerza. La reacción lógica es romper las dependencias y rearmarse, que es lo que realmente ha conseguido Putin.

En Europa, la creación de la Unión fue un movimiento centrífugo, cada nacional de un país podía sentirse europeo, recorrer Europa. En Rusia, el movimiento ha sido en sentido contrario, centrípeto, una involución hacia un nacionalismo supremacista, hacia una forma anticuada de imperialismo zarista. La confianza que Putin tiene en la debilidad de occidente se basa en su sentido de la necesidad de la fuerza para mantener un país. Occidente dialoga y discute; él ordena y se le obedece. No hacerlo es la muerte.

¿Cuánta confianza, cuánta soberbia, cuánta ceguera es necesaria para comenzar una guerra así? ¿Cuánta locura es necesaria para forzar a un continente a establecer una barrera por encima de las fronteras? ¿Piensa Putin llegar hasta París, Madrid, Londres... y repoblarlos con rusófonos, como se hizo con países en siglos anteriores? Un día llegaron hasta Berlín y se quedaron.

Romper las diversas dependencias rusas es esencial. Está claro que Putin las percibe como debilidades occidentales frente al autoritarismo ruso. Son dos visiones del mundo que no pueden convivir y que nos dejan bajo los peligrosos instintos depredadores de quienes se consideran destinados a gobernar, directa o indirectamente, Eurasia.

El 19 de marzo, el diario El País recogía un artículo sobre la huida progresiva de ciudadanos rusos ante el cariz que tomaban los acontecimientos y la creciente represión, con las palabras de Putin:

El miércoles, el presidente ruso denunció a los “quintacolumnistas” que “viven mentalmente” en Occidente: “El pueblo ruso siempre será capaz de distinguir a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores, y escupirlos de la misma forma que se escupe un mosquito que accidentalmente te entra en la boca”.*

La retórica empleada es lo suficientemente clara como para entender el mensaje. La boca de Putin está pronta a tragarse países enteros y escupir cuantos mosquitos se le presenten. Ese "occidente contaminante" es la causa de todos los "males" rusos ante los que Putin tiene que dar muestras de fuerza. Es una peligrosa espiral que Rusia solo resuelve incrementando la manipulación sobre la dependencia. Esto tendrá consecuencias por décadas y marcará la hostilidad de las relaciones con gran parte del resto del mundo. Por ahora lo que está haciendo es romper con sus mejores clientes, los europeos. Pero si Occidente extiende las sanciones a los que colaboren con Rusia, se le pondrá difícil encontrar muchos clientes.

Veremos cómo se puede realizar esta desconexión y cuáles son sus efectos reales. Está claro que Putin no va a ponerlo fácil. Conforme Rusia quede más "desconectada" lo previsible es que se redoblen sus esfuerzos para obstaculizar la vida normal de los países, desde dentro y desde fuera, fomentando crisis y presionando. 

* Andrés Mourenza  "Decenas de miles de profesionales huyen de la Rusia de Putin a Turquía" El País 19/03/2022 https://elpais.com/internacional/2022-03-19/decenas-de-miles-de-profesionales-huyen-de-la-rusia-de-putin.html

viernes, 8 de abril de 2022

Sanciones

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La alternativa a la guerra, al enfrentamiento directo con Rusia, nos dicen, son las sanciones. Es sencillo de entender, pero un poco más complicado de practicar cuando comprobamos que las sanciones también nos afectan y que, además, pueden traer efectos negativos en muchos de nuestros puntos más débiles. Algunos piensan que las sanciones son cosas que se hacen desde casa de forma tranquila. Nada más lejos. Las sanciones son la guerra por otros medios, suponen también otro tipo de sacrificios y es ahí donde empiezan a flojear muchas veces algunos ánimos. Todo el mundo está dispuesto a condenar a Rusia, claro, pero cuando comienzan a afectarnos los resultados de nuestras acciones y sanciones, la cosa cambia.

Es indudable que la guerra en Ucrania, con la invasión rusa de ese país y su destrucción sistemática, crea un escenario muy diferente al que teníamos hace apenas un par de meses. Ya teníamos algunos avisos que ahora entendemos mejor. Putin preparó la crisis previa con la subida del gas y sus efectos para provocar que la guerra comenzara ya con presión por los precios. Esa presión ya sembró la división de Europa, dejando en evidencia que el país más dependiente de Rusia era Alemania, un peso pesado de la UE. Está también la cuestión de la crisis mundial del transporte, que afectó a las materias primas, con episodios como el del cruce del enorme carguero en el Canal de Suez obstruyéndolo durante un tiempo que creó ya un caos en el movimiento de mercancías y materias primas.


Podrían señalarse algunos otros acontecimientos que "cayeron" en el mismo periodo, concentrando riesgos y provocando extraños movimientos, como esos barcos que transportaban gas que se daban la vuelta hacia otros países con las subidas de los precios en el mercado mundial.

No sabemos hasta qué punto muchos de esos hechos pudieron ser provocados, es decir, si fueron causas o efectos, algo que no siempre es fácil de determinar. Hoy las guerras son una mezcla de todo un poco, de enfrentamientos bélicos, de economía e información (o desinformación). Somos un complejo cuerpo sensible gracias al aumento de las interacciones y con la creación de cada vez más puntos sensibles.

No es casualidad que, por ejemplo, en plena crisis energética, unos terroristas se dediquen a atentar contra plantas petrolíferas en Arabia Saudí. Los egipcios sacaron la conclusión de que "solo ellos" podrían haber resuelto tan rápidamente el colapso del Canal de Suez; pero no se preguntaron por qué se había producido. Una mirada retrospectiva siembra dudas sobre algunos acontecimientos y nos hace preguntarnos sobre las conexiones y el momento.

Las sanciones nos van a afectar a todos; de una forma u otra, ya lo están haciendo. Putin no deja de verter amenazas sobre todos los países que interfieren en sus planes, como ayer mismo al ser expulsados del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. La cuestión es que son ya muchos. Antena 3 señala al respecto: 

[...] como represalia, este mismo jueves, la ONU ha comunicado la expulsión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Era un secreto a voces que la propuesta, realizada por Estados Unidos, iba a salir adelante. Y así ha sido, con 93 países votando a favor, 58 absteniéndose, y otros 24 que han votado en contra.

Los 24 países que se han negado a expulsar a Rusia del Consejo de Derechos Humanos son Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Burundi, China, Congo, Corea del Norte, Cuba, Eritrea, Etiopía, Gabón, Irán, Kazajistán, Kirguizistán, Laos, Mali, Nicaragua, República Centroafricana, Siria, Tayikistán, Uzbekistán, Vietnam, Zimbabue y la propia Rusia.* 


La lista es interesante porque nos da un mapa claro del mundo al mostrarnos los países que están al lado de Rusia. A estos hay que añadir muchos de los que se abstuvieron, que han tenido que hacer muchos equilibrios para no enfrentarse a Rusia, de la que dependen en muchos aspectos.

Votaciones como estas nos dejan entender el papel de las instituciones internacionales y su resquebrajamiento al tener que ponerse aprueba. En este caso, ¿qué sentido tienen de los "derechos humanos" los países que están apoyando la invasión violenta y la barbarie posterior? Algo peor es el funcionamiento del Consejo de Seguridad, hecho para buscar un equilibrio que evitara desastres, pero ¿cómo evitarlo si uno de sus miembros natos, con derecho a veto, es quien agrede?

No sabemos cuánto va a durar la guerra en Ucrania, pero sí sabemos algunas cosas ya: la primera y más importante es que aunque la guerra durara "poco" (nunca es poco en una guerra), sus efectos van a ser muy largos; en segundo lugar, que aunque Rusia se retire, lo que va a quedar de Ucrania solo será desolación y muerte; en tercer lugar, Rusia pretenderá ser "recompensada" por su retirada de Ucrania, es decir, pedirá muestras de la buena voluntad de los que la han sancionado y para ello necesita rehenes, territorios, algo que intercambiar; en cuarto lugar y vinculado con lo anterior, Rusia se quedará con una parte devolviendo otra, ya que en estos momentos está dibujando el mapa del nuevo territorio.

La amenaza de más barbarie se manifestará como contrapeso a la retirada de sanciones. Y será aquí donde comiencen los nuevos problemas, los de las largas e intensas sanciones que se avecinan y que llevarán a una relaciones complejas y complicadas con un vecino tan peligroso y amenazante, tan despectivo de las vidas humanas, con tanta violencia y sangre en sus manos.

Mucho me temo que en cuanto que Rusia haga algún "gesto", vuelvan a producirse las voces que reclaman la "normalización", la bajada de la presión sancionadora ante la "buena voluntad", etc. Para eso serán claves los nuevos gobiernos que se están manifestando en Europa, los populistas, que mantienen como Orbán lazos intensos u otros más discretos, como la deuda de Marine LePen de ocho millones con los bancos rusos. Es sabido que Rusia ha estado financiando todo aquello que debilitara Europa, ya fueran separatismos o salidas de la Unión, como el Brexit. Con gobiernos con este tipo de lazos será complicado mantener posturas firmes y prolongadas. Hungría ya lo ha dicho claro en cuanto a la aceptación de los rublos como pago por el gas.

La victoria de Marine LePen sería una desgracia en cualquier momento, para Francia y para la Unión Europea pero ahora lo sería mucho más. No es el momento para que una amiga y deudora de Putin alcance el poder en un país tan influyente como Francia en plena crisis y decisiones sobre las sanciones a Rusia.

En Reino Unido ha saltado el escándalo por las trampas de un miembro del gobierno de Johnson para que la empresa de su esposa, con lazos con Rusia, aceptara romper con ellos. No es fácil desprenderse de los chanchullos económicos señalando que la empresa de la esposa del ministro no tiene fijada residencia en Reino Unido. Son detallitos, pero importantes.

Las sanciones afectan a Rusia y a los rusos, pero también a nosotros. A unos lo harán en mayor o menor medida que a otros, pero es el tipo de guerra que hemos elegido. Rusia no se queda parada, por eso es importante depender de ella lo menos posible. Es el problema "alemán"; ahora nos dicen que van a aprovechar todo el tiempo posible con el tema del carbón ruso.

A todos nos afectan cosas y Putin las tiene previstas y anticipadas con control y claridad. Su control de la economía es muy superior al que tenemos nosotros con nuestro liberalismo. La economía rusa está bien controlada por los amigos y es bastante despreocupada ante lo que pueda afectar a los rusos, salvo que se sobrepasaran ciertos niveles de descontento, algo que estamos viendo cómo provoca reacciones violentas en algunos países afectados por la subida de la energía, cuyas repercusiones son amplias.


La sanciones son más efectivas cuanto menos dependamos de Rusia, es decir, cuando el daño de la respuestas rusa apenas sea perceptible. ¿Cuándo se llegará a ese punto? Es muy difícil de saber, pero hay que intentar llegar a la dependencia cero, aunque eso suponga echar por tierra los beneficios de algunos. El éxito de Putin y lo que le animó a lanzarse contra Ucrania con esta brutalidad ha sido la confianza en que los lazos creados con tantos amigos particulares en Occidente le servirían para asegurarse al ausencia de sanciones graves.

No hay que vigilar solo a los rusos, sino también la retaguardia, donde hay mucho "pro ruso" camuflado para que no se vean sus negocios y mediaciones. La peculiar forma de hacer negocios del Kremlin, los créditos que sus bancos dan, etc. son también armas, minas sembradas en nuestros territorios.

¡Solidaridad con el pueblo ucraniano!

 


* "La ONU expulsa a Rusia del Consejo de Derechos Humanos por los abusos en Ucrania" Antena 3 7/04/2022 https://www.antena3.com/noticias/mundo/onu-expulsa-rusia-consejo-derechos-humanos-abusos-ucrania_20220407624f0ff04edc230001c04f1a.html

sábado, 26 de marzo de 2022

La geografía de la paz

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En estos días hemos visto cómo se cortaban los lazos con Rusia en muchos campos perjudicando a muchas personas individualmente. Hemos escuchado, por ejemplo, decir que "no se debería mezclar la política con el deporte", un tópico manido que vuelva salir en la situación actual. ¿Es esto así?

Parece existir una cierta creencia en que el mundo "en paz" es un "estado natural", mientras que la guerra es una "interrupción" de ese orden, algo "antinatural". En realidad la "paz" y la "guerra" son construcciones conceptuales, como el propio Putin pone en evidencia cuando llama a la invasión violenta una "operación militar especial" que tiene por objetivo la "liberación" de Ucrania "desnazificándola" y evitando un "genocidio". Todas estas formas de camuflaje verbal esconden una violencia desatada sobre una población que se resiste, que no tiene culpa alguna, pero que se ve afectada.

Rusia está siendo excluida de los distintos torneos internacionales de fútbol —tanto de clubes como de selecciones—, de baloncesto y sus deportistas individuales quedan fuera igualmente; ha sido excluida de los espacios culturales, como expulsada del Festival la Canción de Eurovisión o de otros tipos de festivales; ha visto interrumpida su colaboración en programas científicos internacionales, incluso con escisión en la estación espacial internacional... de prácticamente todo. Ella, por su parte y en un rasgo de probable propaganda interna se ha presentado como candidata para próximas finales de torneos europeos de fútbol, un chiste poco afortunado, pero con el que pretende decir "¿crisis, qué crisis?", citando el título del famoso álbum del grupo Supertramp.

El caso del deporte, de cualquier forma, ya nos ha mostrado en estos años las sanciones a Rusia por el dopaje sistemático de muchos de sus participantes. Muchos rusos han competido, en los mismos juegos olímpicos de invierno en Pekín bajo una bandera internacional al estar su país sancionado por las trampas constantes de sus entrenadores, manipulaciones oficiales de las muestras de dopaje, etc. Esto demuestra una cierta forma previa de actuar de las autoridades rusas, manipulando a sus propios deportistas para conseguir medallas u otro tipo de premios. Pero esto no es lo esencial ahora.


En 1945, después de dos guerras mundiales en el siglo XX, y un siglo XIX igualmente conflictivo sobre el suelo europeo, especialmente por las guerras arrastradas por el fin de los imperios (que tuvieron las suyas) y la construcción de los estados nacionales, se empezaron a crear instituciones capaces de crear lazos que llevaran las relaciones más allá de los enfrentamientos bélicos.

Son este tipo de lazos pacíficos los que han creado un mundo de interconexiones que permitiera vivir y convivir. Junto a organismos que aseguraban foros de diálogo e intentaban evitar el uso directo de la fuerza, se crearon muchos otros específicamente culturales, enseñando a los estados que es mejor competir con canciones o películas, en campos de fútbol, en piscinas o en pistas de hielo, entre otros muchos terrenos de juego.


Las instituciones empezaron a trazar líneas de unión, como ocurre con los programas de intercambio, de estancias en el extranjero, becas internacionales, etc. Partían del principio implícito de que "conocerse es amarse" o, al menos, que la gente que mantiene lazos pacíficos tiende a evitar conflictos que los deterioren. No siempre es posible, pero el deseo general se ha mantenido allí donde se crearon.

La aplicación de sanciones a Rusia es una ruptura de todo tipo de lazos al mostrarse como inservibles ante las hostilidades con un vecino al que invade y en el que masacra a los civiles y destruye hospitales, escuelas, edificios de viviendas, etc.

Es evidente que no se puede compatibilizar esto con la celebración de partidos de vuelta en Moscú o la organización de la Eurocopa en sus sedes. Si las sanciones por dopajes evitando banderas e himnos de Rusia trataba de no afectar a aquellos atletas honestos, para que no pagaran justos por pecadores, en el caso de la guerra la sanción afecta a todos ya que se han roto la reglas del juego y no tiene sentido alguno el evento por sí mismo. Por decirlo así, "no queremos jugar contigo".


Hoy, los titulares de algunos noticiarios nos dicen que Rusia acusa al mundo de haberles declarado la guerra, "una guerra híbrida". Conforme la situación admite menos recubrimientos, el Kremlin trata de camuflar los efectos haciéndose el ofendido, la víctima inocente ante lo que ocurre. Todo ello es, claro está, parte del problema interno, que no es otro que el tratar de justificar esa marginación de Rusia de los escenarios de paz. La maniobra de solicitar ser sede de los torneos europeos de fútbol es la más clara de ellas.

Los rusos se preguntan ahora por qué se han quedado sin redes sociales, por qué cierran algunos de sus medios, por qué sale una señora con un cartel diciendo "no a la guerra" y "te están engañando", por qué su seleccionada no compite en el festival de Eurovisión y no podrán verlo porque se convertirá en un alegato contra la invasión de Ucrania.

Comprendemos ahora que la paz no es un estado natural sino una aceptación de unas reglas de juego que permite la convivencia y las relaciones más allá de los campos de batalla. Los rusos lo comprenden de forma práctica, es decir, cuando no pueden comprar ropa en las tiendas de Zara, comerse una hamburguesa en el Burger de su barrio o ver la última película de Marvel; lo comprenden cuando ven el equipo de su ciudad ya no sale a competir fuera del país y que ellos no verán a los grandes equipos internacionales. Comprenden que solo les quedan en la televisión la sonrisa cínica de Vladimir Putin diciéndoles que todo va según el plan previsto, aunque ellos no tuvieran previsto nada ni se les preguntara sobre ellos.


¿Servirá de algo? Creo que sí, aunque las consecuencias de estos no se van a parar. No creo que esto funcione "sales de Ucrania y aquí no ha pasado nada", "pelillos a la mar", como decía la vieja canción infantil:

- ¿Adónde va ese pelo?

- Al viento.

- ¿Y el viento?

- A la mar.

- Pues ya la guerra está acabá.*

La cuestión con Rusia nos muestra varias cosas que ya no es posible ignorar. La primera es que la invasión cruenta de Ucrania no es un "pronto" ruso, sino un plan elaborado en el tiempo, desarrollado en diversas etapas. Esto no se puede despreciar porque no sabemos si es el final o solo una etapa hacia nuevos actos. La prevención de lo que pueda ocurrir mañana es esencial y el primer paso es distanciarse del que consideramos peligros. Rusia no ha mostrado en momento alguno ser "pacífico", sino más bien tramposo y violento, antes y ahora. Por ello, ha dejado de ser confiable. La segunda ya la estamos viendo. Rusia utiliza los lazos de paz de forma interesada y reclama que seamos sus amigos pese a las atrocidades que está cometiendo. Evidentemente, los distintos países que se sienten amenazados o preocupados, mantendrán la distancia y la expulsarán del club pacífico. No es bienvenida.

Con su acción invasora, Rusia ha modificado la vida de los europeos (y de otros países previamente, como en Oriente Medio). Nuestras actitudes, nuestros gastos e inversiones no pueden ser los mismos; hemos entrado, nos guste o no, en una nuevo estado mundial. Esto va mucho más allá del "gas ruso", del "turismo ruso", los "yates rusos" o la compra de mansiones multimillonarias y de la visa de residencia. Es mucho más.


Lo que se ha perdido es el sentido naif de la paz como estado natural, algo que surge espontáneamente si no se interfiere. Nuestro mundo es mucho más pequeño que el del siglo XX y muchísimo más pequeño que el del XIX. Ha cambiado nuestro sentido de la distancia (un elemento defensivo siempre eficaz) y, por ello, de la proximidad del peligro. Medimos la "peligrosidad" de Corea del Norte, por ejemplo, en función del alcance cada vez mayor de sus misiles. Igualmente, a otros países considerados peligrosos, se les imponen limitaciones para evitar que en apenas unos minutos se pueda desencadenar un conflicto irreversible.

Rusia ha abandonado la paz. Ha salido del espacio de tranquilidad y ha comenzado, por decisión propia, a destruir todos sus lazos, unos lazos que puede echar en falta en su soledad internacional. Puede que Putin se acabe aburriendo de solo poder recibir a unos pocos jefes de estado y de visitar solo los países afectos a su régimen autoritario. El club de los dictadores puede ser muy aburrido. A los rusos no les va a quedar mucha opción de viajar o de consumir productos que antes tenían sin esfuerzo en sus tiendas. Muchos ya no tienen la posibilidad de tomar el sol en Marbella o salir de compras en las galerías de  Europa, ya no pueden ir al estadio a aplaudir a su equipo y silbar al Real Madrid, al Barcelona o PSG. Los días festivos se dedicarán al monótono divertimento de corear a Putin, banderita en mano, a pintarse la bandera rusa en las mejillas y pegar la "Z" en el capó de coche. Vivirán en un limbo patriótico que no diferirá mucho del que ven en la televisión, en los periódicos o en sus películas. Florecerán, eso sí, los mercados piratas de venta de vídeos sin estrenar o las copias de los partidos que alguien pueda sacar de internet.

Nosotros podremos seguir leyendo a Pushkin, a Dostoievski y a Tolstoi, a Turgéniev y a Chejov, a Gogol, a Lermontov, a Esenin, a Pasternak y a Alexander Solzhenitsyn, a mi querido Mijaíl Bulgakov, convirtiendo de nuevo en bestsellers libros como Doctor Zhivago y el imprescindible, Archipiélago Gulag, mediante los cuales entraremos en eso que se llamó siempre el "alma rusa", algo que a lo largo de la historia tuvieron y que con Putin al frente parece haberse diluido en la pura propaganda alrededor del boss ruso.

La paz no es natural; por el contrario, probablemente sea nuestro invento más exitoso, pero también el más frágil. Exige de la participación de todos, de la buena fe y de la confianza, algo que Vladimir Putin ha ido socavando día tras día desde hace años y no sabemos en qué estado o momento se encuentra. Evidentemente, a él no le afectan directamente todas estas cosas porque no creo que vaya mucho de compras o al cine. Afecta a millones de rusos, a los que aplauden y a los que no lo hacen. Putin quiere llevar a un orden internacional basado en la intimidación, en la amenaza, con el botón rojo cerca del dedo por si hay algo. No hay paz cuando solo se habla de hacer intervenir armas nucleares y demás lindezas. Ni paz ni descanso, pues se nos obliga a estar vigilando, en tensión constante.

Hemos comprendido que la paz se construye con cultura, viajes y turismo, con tiendas, con gastronomía, con libros... manifestaciones de la buena voluntad, de la confianza y del intercambio. Es una geografía de paz. Las otras posibilidades son ignorarse y, la más terrible, el conflicto, el elegido por Putin. Por ahora, es lo que hay.


Lamentamos todos mucho que los rusos se queden sin divertidos o interesantes programas de TV, sin partidos, sin vacaciones por Europa, etc. pero todo esto no es más que una pequeña factura en comparación con los que ven destruidos sus hogares y sus vidas, con los que tienen que enterrar familiares o cargarlos a la espalda para huir, con los cuatro millones de refugiados que han salido de Ucrania en apenas un mes, una ruptura del tiempo histórico y sentimental, un cambio en la geografía de la paz.

La última vez que Rusia puso un pie en el interior de Europa costó décadas que saliera de allí. Mucho tiempo de represión y autoritarismo tras un "telón de acero"  tras el que quiere volver a estar. Pero parece que Rusia añora su imperio y a sus súbditos bajo su bota.

Putin se ha condenado a la soledad; nosotros quedamos condenados a la vigilancia. Queremos que se retire de Ucrania, pero sería ingenuo pensar que ahí se acaba todo.  Putin ha matado nuestra inocencia.

 
* "Pelillos a la mar" Universidad Isabel I https://www.ui1.es/blog-ui1/del-dicho-al-hecho-historico-de-donde-viene-la-expresion-pelillos-la-mar