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domingo, 30 de enero de 2022

La narrativa de la conspiración

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Una de las cosas sociológicamente interesantes de la pandemia del COVID es su capacidad para entretejerse con todo tipo de situaciones, de las locales a las planetarias. El COVID puede entrar en casos tan distintos que sorprende esta capacidad explicativa.

En Independent en Español leemos el siguiente titular: "Teoría de conspiración de Michael Flynn: Soros, Gates y otros inventaron el covid-19 para derrotar a Trump". Que el narcisismo de Trump sea contagioso y llegue a convertirse en un motivo de la campaña es comprensible dada la personalidad peculiar del expresidente y máximo fabulador en el cargo. El pintoresco y maquiavélico Michael Flynn, ex militar y escritor de algunas de las fabulaciones que ayudaron a Trump desde su inclusión en los equipos de la Casa Blanca, contribuye con nuevos bulos a explicar el fracaso de Trump.

Señalan en el diario:

Michael Flynn afirmó que George Soros, Bill Gates y otros inventaron el covid-19 para derrotar a Donald Trump.

El antiguo general de tres estrellas y asesor del expresidente despotricó sobre la pandemia durante una participación en el sitio web de extrema derecha Infowars.

Flynn se ha convertido en una figura destacada del movimiento de la teoría de conspiración de QAnon, e incluso sugirió que el ejército estadounidense considerara un golpe al estilo de Birmania.

Le dijo a Infowars que la Organización Mundial de la Salud, las Naciones Unidas y otros grupos “se ven a sí mismos como ‘así es como podemos gobernar el mundo, así es como podemos controlar a las sociedades, así es como podemos controlar a la humanidad’”.

“Así que introduzcamos algo llamado covid-19, y lo hicieron, y lo hicieron por un par de razones, una de las principales fue robar una elección”, comentó.* 


Estas breves líneas no tienen desperdicio alguno y deberían servir de ejemplo de cómo se entretejen las narraciones para llegar a un resultado final en el que todo confluye para explicar la tesis central del trumpismo, el robo electoral. ¿Hasta cuándo va a estar la ultraderecha norteamericana con la misma cantilena? Covid-19, QAnon, la OMS, George Soros, Bill Gates, Naciones Unidas confluyen finalmente en la derrota electoral, lo que le da un toque entre épico y trágico a haber salido de la Casa Blanca, casi a rastras, y haber alentado un asalto al Capitolio para impedir la llegada de Biden.

En The Washington Post de hoy, Dan Balz se pregunta si los republicanos siguen amando a Trump de la misma forma que antes tras el asalto del 6 de enero (Do Republicans love Trump as they once did?), mientras que en la CNN nos muestra a Trump dando mítines por Texas en los que sigue insistiendo en que le "robaron" las elecciones, que los detenidos por el asalto al Capitolio son "tratados injustamente" y les concederá indultos cuando "llegue a la casa Blanca" tras las elecciones de 2024 —que ganará, claro— y aprovecha para insultar a los dos fiscales afroamericanos que le están investigando por sus poco claros negocios. 

El artículo de CNN se cierra con otro mensaje que alimenta la realidad alternativa que el ex presidente está fabricando frase a frase:

"These prosecutors are vicious, horrible people. They're racists and they're very sick -- they're mentally sick," he said. "They're going after me without any protection of my rights from the Supreme Court or most other courts. In reality, they're not after me, they're after you."**


Ese giro final señalando que no es él el perseguido, sino tú, ejemplifica a la perfección los mecanismos de la conspiración. Eres la víctima, él te advierte, al igual que el ex militar y asesor Mike Flynn, al que Trump indultó antes de salir de la Casa Blanca, tal como hizo con otros que le habían apoyado con sus mentiras. Los sacó de la cárcel en uno de los casos más sangrantes de pago de favores nunca visto. Ellos le salvaron el pellejo y él se lo devolvió con indultos.

Flynn, como otros, refuerzan las teorías sobre la salida de Trump. En su visión del mundo, nadie podía ganarle honestamente, como decía el bribón Barry Lyndon, el inmortal personaje picaresco creado por W.M. Thackeray en la época victoriana.

La construcción conjunta de todo este tipo de elementos forma un macro texto con un único sentido, a Trump le robaron las elecciones. Todo confluye en ese punto, da igual por los caminos que transite, el Capitolio o el Coronavirus. Son como estaciones de una línea circular de ferrocarril que te llevan finalmente a la misma estación central de la que saliste.


Hace unos días, la prensa mundial daba cuenta de la decisión del músico Neil Young de retirar sus canciones de Spotify por no estar de acuerdo con alojamiento allí de un podcast negacionista. Hoy se nos dice que la también canadiense Joni Mitchell ha tomado la misma resolución, retirar la música. No quieren participar en una plataforma de difusión que acepta semejantes personajes. La rentabilidad del podcast ultra hace que las empresas acaban apoyando a los negacionistas y trumpistas, muchas veces convergentes, como hemos visto en los "conspiranoicos" señalados.

¿Hasta qué punto se creen sus mentiras? El nuevo modelo de conspiranoico es un profesional. Tenemos a los creyentes que siguen las palabras, pero están los profesionales de la intoxicación, los que conocen y explotan esa dependencia respecto a los líderes a los que siguen, cuyo grado de fanatismo y credulidad es muy variable. La ausencia de sentido crítico en una parte importante e implica que necesitan ser reforzados en sus absurdos. Es lo que hacen expertos profesionales en manipulación, como es el caso del asesor Flynn o de Steve Bannon, otro importante difusor de teorías alternativas. No necesitan creerlo, solo reforzarlo en otros.

El País 25/11/2021

El objetivo final de todo esto solo es uno: llevar de nuevo a Trump a la Casa Blanca en 2024. No hay otro. Si lo consiguen, se irán configurando los intereses en cascada, los objetivos que cada uno se haya marcado con el acceso al poder. Pero todo pasa por cumplir ese objetivo. Por ello las concentraciones de elementos distintos para poder unir todas las fobias creadas en el electorado republicano. 

Si la parte del Partido Republicano que se resiste a ser arrastrada por Trump no reacciona rápidamente ante estos despropósitos y deja que sean estos los argumentos de la campaña  los que identifiquen a los republicanos, el futuro político norteamericano estará muy complicado. De hecho, ya lo está. La sombra de Trump sigue sobre Biden y este ya tiene suficientes problemas fuera.


* Graeme Massie "Teoría de conspiración de Michael Flynn: Soros, Gates y otros inventaron el covid-19 para derrotar a Trump" Independent en Español 29/01/2022 https://www.independentespanol.com/noticias/michael-flynn-conspiracion-trump-gates-b2003543.html

** Eric Bradner "Trump teases a presidential run and dangles pardons for January 6 rioters at Texas rally" CNN 30/01/2022 https://edition.cnn.com/2022/01/30/politics/trump-rally-texas/index.html

domingo, 10 de agosto de 2014

El cocinero, su hijo y el viejo rockero

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Uno de los mejores momento de la entretenida película que se ha estrenado en España este fin de semana, "Chef" (Jon Favreau 2014), ocurre cuando, metidos en el camión cocina, el cocinero está enseñando a su hijo a tostar los bocadillos "cubanos" que darán a unos operarios que les han ayudado y uno le queda un poco quemado. El niño quiere servirlo y el padre se niega: "¿Por qué? —pregunta el hijo—, si es gratis". El momento daría para largas disertaciones sobre economía, filosofía, psicología y alguna disciplina más que iría saliendo para contestar a ese porqué. La película lo contesta a su manera.
Creo que en esa pregunta y en su explicación reside una gran parte de nuestra crisis, que unos insisten tanto en que es económica, otros en que es moral y otros finalmente —¿para qué discutir?— que son ambas. Para algunos, la solución es aumentar consumo y producción; para los demás es algo más complicado, algo que va más allá de los meros números y que afecta a las formas de consumir y producir, actos desprovistos de su sentido y pervertidos en su raíz.
La cuestión del bocadillo es ética; no es cuestión de si es gratis o no. Implica un compromiso consigo mismo y con los demás, del que hace con el que recibe; no es solo una cuestión de precio. La relación con lo que hacemos para otros se ha trasladado a una escala que prescinde de nuestro sentido de lo bien hecho, de algo de lo que nos podamos sentir orgullosos. Y esto afecta a muchas casi todo; va más allá de la comida.


No hace mucho el músico Neil Young se lanzó por los campos del crowdfunding. Pedía 800.000 dólares —algo que consiguió en las primeras 24 horas— para el proyecto de un reproductor de música, que cerró cuando apenas pasados unos días, había recaudado 6'2 millones de dólares. La CNN nos lo explicaba así en abril:

Young, a longtime critic of what he calls the "underwater listening" experience of compressed digital music, thanked backers on the campaign's homepage Tuesday.
"You have helped to set the stage for a revolution in music listening," Young wrote. "Finally, quality enters the listening space so that we can all hear and feel what the artists created, the way they heard and felt it."
The idea behind Pono is to boost digital music from the compressed and lossy formats to high-quality resolution. Pono will stream music in 24-bit, 192-kHz sound, brighter and more present than the sound provided by MP3s or even CDs.*


La pregunta, en el caso de Neil Young, es: ¿qué diablos hace un artista miles de horas componiendo, metido en un estudio, buscando buenos músicos, intentando alcanzar la perfección en lo que hace si después todo eso queda condenado a la reducción de toda esa calidad para ajustarse a los formatos que dan dinero? La pregunta nos sitúa de nuevo en la cuestión del bocadillo "cubano" de la película de Jon Favreau: ¿por qué debo dar salida a un bocadillo chamuscado? La respuesta del negociante es lo importante es vender y que allá cada uno con sus niveles aceptables de calidad, pero para el artista —músico o cocinero— o para cualquier otro que valore su propio trabajo no es esa la más satisfactoria.
Hoy se fabrican muchas cosas a sabiendas de que son malas, con pleno conocimiento por parte del que lo hace. Se ha perdido el orgullo de hacer y solo se valora el éxito de lo que se hace. La película de Jon Favreau indaga en esos compromisos y traiciones en los que se incurre cada día, en esos desvíos de lo que uno cree valioso de su propio trabajo por el éxito o el beneficio. Cada vez creemos menos en lo que hacemos. Perdidos en cadenas jerárquicas y protocolos, al final no nos sentimos responsables de lo que hacemos ante nosotros mismos o ante los otros. Todo es cuestión de mercado.


A Neil Young le apetece que la música que él escribe e interpreta llegue a sus oyentes con la misma calidad que él mima en su estudio. A las productoras les importa más cuántos discos se vendan o cuántas descargas se realicen. Lo mismo se puede decir de editoriales, productoras de cine o de muchos otros campos.
La película de Favreau es un sencillo canto al amor por lo que se hace —en este caso, lo que se cocina—, la satisfacción que ello produce y a lo que tiene de compromiso con los demás. Es algo que siente cualquier verdadero artista, pero que está al alcance de cualquiera porque todos hacemos algo, del tipo que sea. Dignificar lo que hacemos es dignificarnos nosotros y a quien lo recibe.




* "Neil Young's Pono music player raises millions" CNN 15/04/2014 http://edition.cnn.com/2014/04/15/tech/mobile/neil-young-pono-kickstarter/