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martes, 22 de abril de 2025

Sobre el Papa Francisco

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Probablemente a muchos nos pilló por sorpresa la noticia del fallecimiento del Papa Francisco. Las imágenes del día anterior habían alejado la idea de su muerte, por más que se tratara con enfermedades delicadas a los 88 años. Pero muchas veces es el deseo el que nos lleva al optimismo, aunque este fuera relativo.

Desde ayer, la figura de Francisco domina los medios, es el centro desplazando a muchas noticias, algo que probablemente le habría molestado, dada su sencillez y falta de deseo de protagonismo. Pero esta es la única noticia que uno no puede controlar y Francisco, el Papa humilde, se ha visto en el centro de la atención.

Son muchas cosas las que se han resaltado de él, pero ha sido su compromiso con los más débiles lo que ha sido resaltado con más frecuencia. Ha sido el Papa de los pobres, de los marginados, de los que sufren, de los desplazados, de los emigrantes. Lo ha sido en una era, además, en la que la horizontalidad de la comunicación es algo que influye, lo que hará que se tenga en cuenta a la hora de elegir un sucesor.

Las noticias sobre los posibles candidatos no dejan de estar a la sombra de lo hecho por Francisco durante su pontificado. Esta circunstancia debería hacer que el próximo elegido siguiera una línea ya marcada, que ha tenido en Francisco su luz. No creo que se aceptara por parte de los millones de fieles de todo el mundo la vuelta a líneas conservadoras, como las planteadas por algunos posibles candidatos. Se percibiría como un retroceso, una vuelta a posturas que no serían admisibles por muchos. Algunos de los datos ideológicos que nos han contado de cardenales, como de algunos norteamericanos, realmente espantan como posibles líneas futuras para la Iglesia.

Es en este sentido en el que resaltamos esa "horizontalidad" establecida con la llegada de Francisco al papado. Sus efectos se harán notar frente a otros motivos tradicionalmente alegados para la próxima elección papal.

Si la muerte de Francisco ha sido muy sentida, también ha hecho aumentar la preocupación porque la jerarquía eclesial no tenga en cuenta los motivos reales de este sentimiento hacia el Papa fallecido,

Francisco no ha sido un "papa radical", sino un papa cercano a las demandas de los tiempos, al cambio más allá de la Iglesia, a un cambio necesario, surgido desde la base y recuperando una conexión perdida en gran medida por las distintas velocidades y direcciones.

Francisco no ha sido complaciente ni cómodo. Su "vergüenza, vergüenza, vergüenza" sobre la cuestión de la pederastia y el silencio institucional que la ha rodeado durante mucho tiempo, es quizá uno de los mejores ejemplos de su papado activo. No ha temido decir lo que pensaba y con lo que muchos se identificaban.

La importancia mediática por todo el mundo, más allá de los países católicos, nos da el alcance de su pontificado. Ahora podemos seguirle como ejemplo o encontrarnos con un desvío que mucho me temo no sería ni bien visto ni aceptado. Francisco no necesitaba del Espíritu Santo para ver el camino, lo que convertía la justicia y el sentido común en humano y asequible. Por eso la identificación con sus acciones eran mayores que lo que se pudiera presentar como voluntad divina. Quizá sea eso lo más relevante de un papado como el suyo, lo que planteaba era humano, algo que a veces se deja de lado frente a otros argumentos de autoridad.

Creo que ese ha sido su mayor legado, convencernos de que las causas deben ser justas y salir del corazón.

lunes, 6 de abril de 2020

COVID-19 y la complicada política egipcia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hemos tratado aquí en varias ocasiones la cuestión de las diferencias culturales y sus efectos sobre la percepción y reacción ante la pandemia misma y sus efectos. Las diferencias son grandes ya que si el COVID-19 es un elemento de la naturaleza, las condiciones en las que este se propague y la forma en que se enfrente son decididamente culturales. Dentro de las sociedades puede haber grandes diferencias en función de una serie de factores, de la religión a la política, de la educación al sistema sanitario, etc. que diversifiquen las reacciones. En este sentido, parece obvio que las respuestas se pueden confrontar en aquellas sociedades en la que existen grandes diferencias en algún sentido que llegue a las raíces de las diferencias. Esto lo estamos viendo, por ejemplo, en una sociedad como la norteamericana en donde la extrema polarización provocada por la elección de Donald Trump ha hecho que la mitad del país decidiera que la pandemia era un invento de los demócratas para desalojar a la Casa Blanca a su actual inquilino. Las cifras de hoy mismo demuestran que las diferencias son más reales que la realidad misma.

Me ha llamado la atención que, en la situación mundial en la que nos encontramos, el diario Egypt Today  "Egyptian Awqaf Min. launches initiative to promote Islam's moderate teachings". La noticia es de agencia y escueta en sus explicaciones: 

CAIRO, April 6 (MENA) - The Ministry of Awqaf has launched an initiative that intents to promote the moderate teachings of Islam through various media outlets, including the website of the ministry.
Titled "Towards an Enlightened Religious Discourse", the initiative falls within the framework of the ministry's intensified efforts to renew the religious discourse and promoting the moderate teachings of Islam, said Minister of Awqaf Mokhtar Gomaa on Monday.
The initiative is a part of cooperation between the ministry and the national media institutions towards promoting the wise religious culture, correcting misconceptions surrounding Islam and boosting the religious coexistence, the minister added.*



Como saben los hipotéticos seguidores de estas páginas, el mensaje de la "moderación del islam" o de la "renovación del discurso religioso" es una constante en el periodo de al-Sisi y también uno de sus motivos de choque y enfado ante la resistencia que ofrecen básicamente los eruditos de la Universidad de Al-Azhar, centro de orientación de todo el islam, pero que ejerce una función importante dentro de la política religiosa y la política a secas en Egipto, que es quien la controla.

La peticiones de modernización del discurso religioso por parte del presidente egipcio se realizan año tras año y la institución islámica hace oídos sordos, por lo que el gobierno usa sus propios clérigos, situados en diversos ministerios, para poder ofrecer una serie de mensajes que contrarresten el gran peso social de los islamistas, que continuamente tratan de socavar el prestigio de las autoridades mostrándolas como irreligiosas o heréticas. El control se hace a través de la red de mezquitas oficiales, que están obligadas a impartir sermones comunes dictados desde el ministerio. No hacerlo significa problemas.
La pandemia del COVID-19 ha afectado al turismo, como era de esperar, pero también ha creado una serie de problemas añadidos que afectan a los confinamientos de las personas en lo que respecta a los rezos de los viernes en las mezquitas, que son masivos. Igualmente ha a las misas y celebraciones de la Semana Santa de los coptos. Se ha intentando inicialmente evitar las concentraciones, pero el aumento de los casos y la vigilancia internacional ha hecho que se tengan que tomar medidas más allá de mostrarnos a personas barriendo las pirámides, como se hizo, en un intento fallido de transmitir tranquilidad hacia el exterior.


Los medios egipcios tratan de centralizar todo en la figura de al-Sisi, como el líder que vela y se preocupa por la salud de sus hijos, el pueblo egipcio. Las informaciones resaltan que es él quien está al mando para reforzar la figura presidencial. Las noticias se dan con sordina con unas cifras bastante "atípicas", teniendo en cuenta que se han puesto decenas de aldeas en 10 provincias bajo aislamiento total, habiéndose producido en alguna de ellas manifestaciones, como salieron a la luz a través de las redes sociales y de los propios medios que tuvieron que sacarlas a la luz. Las protestas, se nos dice, son debidas a la estigmatización que supone para esas poblaciones respecto al resto. La imagen del pueblo como "marcado" hace mucho en un sistema social de estas características.

En el diario estatal Ahram Online apareció ayer domingo un artículo que vinculamos con la noticia de la modernización del pensamiento islámico. Lo firma Ahmed Kamel Al-Beheiri, un experto en terrorismo del "Centro de Estudios Políticos y Estratégicos Al-Ahram" lleva por título "Extremist exploitation of Covid-19". En su inicio se señala:

Natural disasters and epidemics bring out many people’s tendency to search for divine explanations and cures. The phenomenon creates ideal soil for extremist religious groups which leap upon the opportunity to exploit such crises for recruitment, mobilisation and disseminating their ideologies. The phenomenon is particularly prevalent in the Third World, and the Arab region above all, where fundamentalist groups proliferate and general educational levels are low. As the numbers of Covid-19 infections and victims rise in the Middle East and elsewhere, the region has seen a growth in both Sunni and Shia radical groups’ attempts to exploit the novel pandemic.
Many Islamist fundamentalist groups have attributed it to the wrath of God for straying from strictures, and issued calls for religious processions of penance and divine adoration (as have been seen in Morocco, Algeria, Egypt, Iraq, Iran, Afghanistan and Pakistan). Radical groups have also rejected the temporary closures of mosques, suspension of mass prayers and other such measures taken by Arab governments in order to prevent the spread of the virus. They even rejected the fatwas from major religious authorities sanctioning such measures, such as those issued by Al-Azhar and the International Federation of Muslim Scholars supporting the legality under Islamic law of suspending prayers and Friday sermons in mosques until the coronavirus epidemic is brought under control. Some extremist and fanatical preachers issued counter fatwas claiming that the suspension of prayers and sermons helped the spread of the virus, it being a manifestation of divine wrath for deviating from God’s Law that only struck non-believers. The counter fatwas have lured some believers into doing exactly the opposite of what government and health authorities advise.**



Hemos tratado aquí las dos variantes, con una misma raíz, que es la aceptación (Dios lo quiere). La primera es la que anotamos del islamista egipcio que desde Nueva York lanzaba llamamientos a contagiar a los enemigos, a correr a abrazarlos, a estrechar sus manos aprovechando aquel "regalo" que Dios les enviaba. "¡No mueras solo!", les pedía a los infectados. La otra variante es considerarla un castigo contra aquellos que no siguen los mandatos claros de Dios. De ahí el temor a la estigmatización de las aldeas aisladas y sus protestas por ser "marcadas".
Las cifras egipcias no tienen mucha lógica, sobre todo teniendo en cuenta que ha sido lugar de infección, como mostraba The Washington Post, siguiendo el rastro del crucero del Nilo, en el que se dieron muchos infectados. La contabilidad egipcia puede estar alterada o ser poco fiable por diversos motivos, no todos achacables al celo gubernamental.


Las noticias de hoy hablan de haber llegado a los mil infectados. Egipto es un país con cien millones de personas y un intenso tráfico turístico y comercial; con una ciudad, El Cairo, con más de veinte millones de personas. Esos mil contagios no son nada. Pero el gobierno avisa que hay que prepararse para una avalancha de casos.
En Egypt Independent se da la noticia del cierre y aislamiento de un hospital, el Instituto Nacional para el Cáncer (NCI) debido a la detección de contagiados entre su personal. El cierre del artículo es en estos términos:

Egypt on Saturday confirmed five additional deaths and 85 new coronavirus cases, bringing the country’s number of confirmed total cases so far to 1,070. Seventy-one people have died from the virus in Egypt.
Health officials in Egypt have warned of the dangers of hitting 1,000 cases. The head of the Egyptian Cabinet’s Crisis Management Chamber, Mohamed Abdel Maksoud, has said that Egypt would enter the third stage of coronavirus transmission soon afterwards.
Once the number of infections reaches 1,000 and Egypt enters into stage three, he said, infection rates will skyrocket. Worse still, infection sources will become untraceable to diagnosed cases.***



La conversión del número 1.000 de casos en una especie de frontera mágica no tiene demasiado sentido, dado lo que vamos sabiendo de la evolución en otros países. No puede decirse que las condiciones egipcias sean especialmente buenas por muchos factores. Los médicos han contestado con demandas de aumentos de sueldo como respuesta a las demandas de más acciones para frenar la extensión, lo que no es un buen síntoma ni ejemplo, y muestra una actitud que puede determinar el grado de la extensión. Ponerse a negociar los sueldos en estas condiciones no parece lo más adecuado. Al principio de la pandemia, el gobierno egipcio decidió subir el sueldo a los funcionarios, que suele ser una práctica ante conflictos a la vista, una forma de acallar y sobre todo de controlar lo que puede hacer estallar la vida social.


La situación social de Egipto hace complicadas las medidas de control y pueden llegar a un punto que sean, como siempre, de fuerza. El artículo de Ahram Online hablando de cómo los islamistas pueden tratar de aprovechar la situación usando la idea del "castigo" al régimen por su impiedad no es una novedad. Ya fue algo que hicieron para arremeter contra Nasser cuando este fracasó militarmente contra Israel. La derrota era un castigo, según la interpretación islamista fomentada por los Hermanos Musulmanes. ¿Ocurrirá ahora lo mismo, se venderá como un castigo contra el gobierno?


De hecho, el régimen ya ha tenido mucha contestación con la supresión de las concentraciones de la oración de los viernes o cualquier otra concentración con fines religiosos (musulmanes o coptas), desde el 11 de marzo. Ha tenido que obtener apoyo de los religiosos para contrarrestar tanto el "Dios lo quiere" como la acusación de impiedad cada vez que se suprimen rituales y celebraciones religiosos, como ha ocurrido con la supresión de las tradicionales comidas comunales caritativas del Ramadán. Las fuerzas religiosas de apoyo sirven para convencer a todos de que estas medidas son excepcionales, pero acordes a la ley islámica. De otra manera, los problemas crecen, como ha ocurrido también en otras comunidades islámicas, tanto del mundo chiita como del suní. Ahmed Kamel Al-Beheiri escribe al final de su artículo tras repasar las contestaciones radicales:

Similar responses came from radical Sunni leaders. In response to the Egyptian government’s decision to suspend mass prayers until the virus is brought under control, Wagdi Ghoneim, a Salafi preacher close to the Muslim Brotherhood, announced: “I ask people to worship collectively in the streets in front of the mosques.” Salafi sheikhs in Alexandria issued similar calls. Some also advocated religious processions, a call supported by some Muslim Brotherhood leaders abroad as part of their bid to exploit the crisis, attract new followers and pressure ruling regimes.
The current exploitation of the Covid-19 crisis by radical Islamist groups (both Shia and Sunni) follows a historical pattern that sometimes culminates in the rise of extremist groups. The Muslim Brotherhood, for example, emerged from the womb of the 1920s global economic crisis that struck in the aftermath of the Spanish flu pandemic (1919-1921). The terrorist Islamic Jihad organisation took off in the aftermath of the Arab defeat in the 1967 War which the organisation’s ideologues also attributed to deviation from the faith. The Muslim Brotherhood in Egypt was quick to take advantage of the 1992 earthquake, creating relief committees in the syndicates it controlled and that served as a major vehicle for recruitment. Indeed, that crisis marked the beginning of the resurgence of the Egyptian Muslim Brotherhood, which exploited it for mobilisation and electoral purposes.
Because of the impetus that extremist religious trends and groups stand to gain from exploiting major crises of this sort, the urgency of focussing on fighting the spread of Covid-19 should not blind authorities in the Arab region or elsewhere to the need to monitor developments in that end of the political spectrum. In light of historical precedents, there is a possibility that some Salafi groups’ exploitation of the coronavirus crisis could precipitate an organisational and ideological shift giving rise to the emergence of new and possibly fiercer jihadist organisations or militias after the crisis passes.**

El artículo plantea cuestiones razonables e históricamente ciertas: los islamistas aprovechan cualquier circunstancia externa para presentarla como un desafío. El nivel de ignorancia solo es superado por el maquiavelismo mostrado. Lanzar a la gente al incumplimiento de las normas para evitar contagios es un ejercicio perverso que revela la mentalidad que impera en ellos: nadie vale nada, solo conseguir el fin. Las víctimas son mártires y ya tienen bastante premio con llegar al paraíso. Desde ese presupuesto, todo lo que pueda hacer caer al régimen es considerado positivo, incluidos los miles de muertos que pueda haber por delante. Son meros sacrificios para obtener el objetivo final.
Se entiende desde esta perspectiva los esfuerzos del régimen en tratar de "moderar" el discurso religioso, es decir, evitar el atractivo de los que se presentan como defensores de la "voluntad de Dios" y aceptan sumisamente sus designios. La locura islamista no tiene fin y, como señala Al-Beheiri, se crece en estas situaciones de dificultad reinterpretando las situaciones.
Hemos visto otras formas de "integrismo" cristiano en los que predican la misma forma de aceptación en grupos norteamericanos. Si se tratara de suicidarse, allá ellos; pero la falta de medidas no es solo un suicido, sino una transmisión de la enfermedad a otros que pueden tener otro sentido de la vida y que se ven contagiados. El islamista, en cualquiera de sus formas, lo da por hecho y lo ve bien.


En estos días puede haber un cambio de rumbo en la pandemia en Egipto y ese miedo a lo que pueda pasar tras los 1.000 primeros contagios parece una forma de prevenir por aviso lo que pueda llegar. Las medidas egipcias, que siempre se atribuyen a las decisiones presidenciales, son dudosas en muchos casos en cuanto a su eficacia e intensidad. Esperemos que no se paguen entre todos con una avalancha de casos, en cuyo caso el problema social podría tener dimensiones grandes y de enorme gravedad. Por eso, estas informaciones nos parecen avisos de este futuro que puede ser muy complicado al entremezclarse todos los conflictos, es decir, sanitarios, políticos, económicos y religiosos.
Habrá que seguir con cuidado las noticias de Egipto y tratar de encontrar entre ellas las líneas de los escenarios posibles. Como siempre, desear lo mejor a Egipto.



* "Egyptian Awqaf Min. launches initiative to promote Islam's moderate teachings" Egypt Today - MENA 6/04/2020 https://www.egypttoday.com/Article/1/83398/Egyptian-Awqaf-Min-launches-initiative-to-promote-Islam-s-moderate
** Ahmed Kamel Al-Beheiri "Extremist exploitation of Covid-19" Ahram Online 5/04/2020 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/366327/Opinion/Extremist-exploitation-of-Covid.aspx
*** "President Sisi orders coronavirus testing for staff and patients at Egypt’s National Cancer Institute" Egypt Independent 5/04/2020 https://www.egyptindependent.com/president-sisi-orders-coronavirus-testing-for-staff-and-patients-at-egypts-national-cancer-institute/

domingo, 20 de enero de 2019

La extraña modernidad egipcia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tras decidir hace unos días que todos los edificios de ladrillo rojo del país deben ser pintados por los cuatro costados de forma inmediata para que el país no parezca "incivilizado", según expresión del primer ministro, y bajo amenaza de sanciones a quienes no cumplan, el régimen de Egipto se lanza a otro cambio ampliamente reclamado, la llamada "renovación del discurso religioso".
Los lectores de este espacio recordarán que esta es una constante reclamación del presidente a la Universidad de Al-Azhar, que es el centro teológico, por decirlo así, de Egipto y el Islam. Al menos esa es la versión oficial, ya que existen contradicciones que no se resuelven. Recordarán que la Universidad, consciente de su poder y no deseando perderlo, ha decidido hacer oídos sordos a este tipo de peticiones de la presidencia. Las consecuencias han sido constantes conflictos, cono enfados de Al-Sisi en cada celebración solicitando que se renueve el discurso.
Pero entonces empieza la segunda parte del problema: ¿qué quiere decir "renovar el discurso religioso"? Desde el punto de vista político está más o menos claro: alejarse de los extremistas del Estado Islámico y del islam político, que representan los Hermanos Musulmanes, que son el frente que les preocupa especialmente. Pero este problema es más político que teológico, dado que es imposible disociar una cosa de la otra y que tanto los Hermanos como salafistas, Estado Islámico, wahabitas, etc. todos ellos se consideran "puristas" mientras que acusan a los otros de ser "impíos".
En realidad, el régimen de Al-Sisi no sabe muy bien qué pide con la reforma a menos que se llame reforma a la condena de los demás y a su marginación oficial de cualquier puesto de quienes no se pongan bajo la tutela del estado egipcio.


La tolerancia de la que se podría hablar está en contradicción con las propias acciones del gobierno egipcio, que cada vez persigue a todos aquellos que se alejan del islam y de sus formas más conservadoras. Sea lo que sea, la verdadera reforma no se plantea nunca más que como un cierre a otras corrientes y eso no es propiamente una reforma sino un doble movimiento de marginación e institucionalización: primero se expulsa a los otros y luego se autoproclama uno como verdadera columna vertebral de la ortodoxia.
Ahram Online, el diario estatal principal, nos da cuenta con el titular "Egypt's Endowments Minister opens conference on reforming religious discourse" de las jornadas dedicadas a la reforma y de sus planteamientos:

Egypt's Minister of Endowments Mokhtar Gomaa on Saturday inaugurated a two-day conference on reforming religious discourse, and the role of the family, the media and society in building personality.
The conference is run by the Supreme Council for Islamic Affairs under the auspices of President Abdel-Fatah El-Sisi.
It is titled "Building a national personality and its impact on the progress of states while maintaining its identity."
Scholars from Sudan, Saudi Arabia, the UAE, and other Arab and Islamic countries are attending the conference.
The attendees also include up to 150 participants from 40 countries, including 13 ministers of Islamic affairs.
The participants are expected to discuss 50 research papers on the principles of religious and nationalist discourse, education and its effect on building personality.
They will also discuss the role of family and media in building the personality, a strategic vision for upgrading religious discourse and how it helps enhance protection against terrorism and extremism, an Islamic vision for building the nationalist personality in a changing world, and the potentials for renewing religious discourse and its effect for protection against terrorism and extremism.
Workshops and seminars will be held on the sidelines of the conference on Egypt's relations with African countries and the role of the family in the stability of societies along with means of protecting young people against extremism.
Tourist and cultural tours will be organised for delegations participating in the conference.*


Excepto por el pintoresco detalle final de llevarles de recorrido turístico por la zona, el texto siembra enormes dudas sobre sus fines y eficacia. Al igual que en con el pintado de las casas, el régimen egipcio no admite más que la uniformidad, nunca la diferencia. Es un régimen que siempre verá al país como una tropa uniformada que siempre deberá obedecer las órdenes de sus superiores. Esa es la mentalidad y no otra con la que se aborda cualquier cuestión, nunca desde la horizontalidad social, sino siempre desde la verticalidad del poder. La gente obedece, las autoridades mandan. Todo lo demás es inadmisible.
Me vienen muchas veces a la memoria un viejo artículo del escritor Alaa al-Aswany en el que contaba el desprecio profundo con el que hablaban del pueblo en una fiesta de la alta sociedad y políticos en la época de Hosni Mubarak. Recordaba el escritor cómo le había irritado aquella actitud de prepotencia y desprecio. Por más que se juegue con el nacionalismo patriotero, no parece que haya cambiado mucho la actitud.
Lo que se han reunido a discutir en esa conferencia no es la reforma del discurso, sino la reforma de las personas por decreto. Allí se decide qué es una "familia", cómo deben actuar los "medios", cómo debe ser una "persona". El problema es que una vez decidido, ya no hay más remedio que plegarse a esas instrucciones. Apartarse de ellas es no ser "musulmán", "egipcio" o "persona". Los medios serán igualmente etiquetados y tratados en función de lo que contribuyan a repetir el modelo que se les asigna.
Esto se suele llamar "totalitarismo". Por qué el régimen egipcio lo llama "modernidad" es algo que se me escapa.
La modernidad, precisamente, es el único camino que el régimen egipcio no ha tomado nunca, ya que la modernidad implica una mayor autonomía del individuo frente a las formas que le dicen constantemente cómo debe comportarse o ser (es lo que implicaba la idea kantiana de Ilustración, esencialmente autonomía), mientras que lo que hacen en la conferencia los egipcios y sus invitados (casi todos ejemplos de lo que no es la modernidad) es lo contrario, fabricar personas, familias, instituciones, etc. en serie.


No se debe confundir la "modernidad" con las grandes obras, autopistas, canales y una nueva capital. Eso es confundir el sobrero con la cabeza. Para todo eso solo se necesita dinero (aunque hay que pedirlo prestado y se endeuden); para la modernización de necesita otra cosa, voluntad e ideas, liberar el potencial individual y colectivo.
La mayor parte de las noticias que nos llegan de Egipto van en sentido contrario. El problema va más allá del régimen en sí mismo, ya que afecta a la propia intransigencia que se ha fomentado desde todos los rincones de la sociedad persiguiendo a aquel que es diferente, se comporta de otra manera, se viste de manera inusual o sencillamente dice lo que piensa. Los ejemplos de denuncias contra todo aquel que no gusta es un deporte jaleado en los medios. Las bandas de abogados denunciantes se pasean por las mesas de los platós televisivos pidiendo que violen a las mujeres que llevan pantalones rasgados, considerándolo un deber patriótico. Por todas partes salen voces que dicen defender el honor de las familias, las mujeres o la patria atacada por un chiste, por una queja ante el acoso sexual o cualquier otra circunstancia a la orden del día. Lo hacen con la bendición mayoritariamente de los jueces que atienden sus demandas y así mantienen callados o escondidos a los críticos, discrepantes o escépticos. Cualquier incidente se convierte en campo de batalla en las rede sociales entre acusadores virtuales y gente que trata de llevarles la contraria. 
¿Es reforma del discurso religioso la expulsión de la Universidad de Al-Azhar a la estudiante que dio un abrazo de alegría cuando su novio le pidió la mano en las dependencias? ¿Es reforma religiosa la expulsión de la profesora Mona Prince por bailar en la terraza de su casa? ¿Lo ocurrido con Sherine por hacer un chiste sobre el Nilo? Podríamos seguir porque forma parte del día a día y va en aumento.


Aumenta porque no es más que un enfermizo deseo de notoriedad ejemplarizante por parte de muchos. El que denuncia se presenta como un devoto, un patriota o ambas cosas. Así quiere ser visto y cuenta con el respaldo de los millones aquejados del mismo mal de la intransigencia. Busca la notoriedad y la influencia. Y aprovecha a los que quieren que el trabajo sucio de la denuncia lo hagan otros para así por, si conviene, ser generosos con el perdón.
Egipto es un régimen patriarcal en todos los terrenos. El presidente (el que toque) se presenta como un padre que vela por sus hijos, aunque estos no lo entiendan. Esas fueron las últimas palabras de Mubarak a sus hijos e hijas egipcios.
Lo malo de esto es que no es cuestión de un grupo político, es lo que caracteriza a todos, por lo que las posibilidades de transformación, cambio apertura, etc. son prácticamente inexistentes. Solo queda la capacidad de tratar de vivir lejos de la mirada siempre vigilante, inquisidora de los otros. Esto se multiplica si eres mujer, ya que entonces todos se consideran con derecho a decirte cómo vivir tu vida.
Que la reforma del discurso religioso, tal como lo ha entendido el gobierno egipcio y se lo está contando desde un ministerio a sus turísticos visitantes de Sudán, Emiratos, etc. pase por decirle a la gente cómo debe ser es una muestra más de las mentalidades.
No hay reforma alguna. Solo un intento de marginación de todos los que se opongan (tanto islamistas como laicos) y una canonización del modelo propuesto que, por supuesto, partirá siempre del hecho de la obediencia a lo dictado desde el poder.
La reforma propuesta del discurso religioso es la aceptación del Estado con todas sus instancias, a sabiendas que será siempre desde allí desde donde se propondrán modelos y pautas de comportamiento. Pero ese discurso solo tendrá validez en la medida en que reconozca los derechos de las personas a ser de otra manera a la que el estado les imponga.
Querer construir la "personalidad nacional" desde un ministerio es, una vez más, la demostración de la mentalidad cuartelera del régimen. No pueden pensar más que en control de todo. Egipto tiene muchas personas que sí representan modernidad, pero a las que no se les deja expresarse, ya sea en la artes o en los medios. El gobierno cree que se construye igual una carretera que una vida o una mentalidad.
La fusión del nacionalismo con el de la religión es un modelo que no se acaba de inventar, pero el desfase es evidente. En un mundo globalizado, con entradas y salidas de información, no se puede crear mundos aislados o que solo lo estén para algunas cosas. Eso no funciona ni puede funcionar más que a través de dosis masivas de represión, propaganda y aislamiento. Es lo que se ha mostrado hasta el momento. Fundir nacionalismo y religión es proclamarse dueño de ambos, no renunciar al control futuro de la sociedad. Ningún gobierno egipcio lo ha hecho.
Aquí si no te despachan por lo civil, lo harán por lo religioso. El uno bendice al otro.



* "Egypt's Endowments Minister opens conference on reforming religious discourse" Ahram Online 19/01/2019 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/321999/Egypt/Politics-/Egypts-Endowments-Minister-opens-conference-on-ref.aspx

lunes, 5 de noviembre de 2018

El discurso que no cambia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es mucho el tiempo en que el presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, lleva insistiendo en la necesidad de cambiar el discurso religioso. Se pueden construir ciudades, levantar presas, realizar carreteras que den la vuelta al país..., pero no es tan sencillo cambiar el discurso religioso. De hecho, insiste tanto en ello que se puede comprobar la falta de eficacia del mensaje, que debería haberse resuelto la primera vez que lo dijo. Pero no es nada sencillo.
El presidente lo suele hacer en momentos clave y a veces se enfada porque no se le hace caso. Hemos dado fe de ello aquí en varias ocasiones, cuando lo ha hecho. Esta vez la ocasión tenía un doble motivo, la reunión del Foro Mundial de la Juventud, un escaparate internacional montando para esto, y el nuevo atentado contra los coptos, un elemento negativo.
Quizá la idea de cambiar el discurso religioso no sea fácil de decir, pero no de traducir a hechos concretos en los que se manifieste. Quizá no sea tan sencillo. Esta vez son los propios egipcios los que tienen dudas sobre a qué se refiere exactamente el presidente, sobre a quién se dirige incluso.
El diario estatal Ahram Online recoge las ideas expresadas por el presidente en el Foro con el titular "Egypt's Sisi speaks of reforming religious discourse as first day of WYF concludes". Hasta ahí no hay problema. El diario explica:

Egypt's President Abdel-Fattah El-Sisi spoke about the necessity of reforming religious discourse and other challenges facing the country on the first day of the World Youth Forum 2018 in Sharm El-Sheikh.
In a talk during a morning session discussing the role of world leaders in building and sustaining peace, El-Sisi spoke about reforming religious discourse; which comes a few days after a terrorist attack that killed seven Copts and injured others in Upper Egypt's Minya.
"Regarding the Minya terror attack and the assault on Egyptian citizens, we don't discriminate based on religion and whether a person is Muslim or Christian. We say he's Egyptian, and we suffer for the death of any Egyptian due to a terror attack," El-Sisi said.
The issue of reforming religious discourse has often been discussed by the president in the past few years at public forums.
El-Sisi said the issue is "one of the most important demands of Egypt and the world.”*


¿Y bien...? Una vez más, así lo reconoce el diario, se queda el enunciado sin ir más allá. Se habla poco después de la aprobación de la construcción de iglesias, sí, pero eran demandas que estaban retenidas precisamente con la idea de evitar conflictos allí donde se construyeran. Recordemos unos gravísimos incidentes porque alguien lanzó el rumor de que los cristianos —esos egipcios no discriminados— iban a levantar una torre con una cruz en un pueblo. Se reunían en un local pendiente de aprobación, un permiso que no llegaba. Bastó el rumor de que se iba a construir una torre para que fueran asaltados por la población. En la zona de Minya, donde han muerto los últimos coptos, mueren con demasiada frecuencia como para decir que en Egipto no se discrimina por la religión. Recordemos también los cientos que abandonaron sus poblaciones no hace mucho porque no se sentían seguros y la indiferencia del gobernador, que aseguraba que solo eran miedos infundados. Recordemos la muerte del padre al que se le exigió volver a su pueblo a por los papeles para aceptar a su hijo en la nueva escuela tras la huida.

Atentados en 2017 y ahora en noviembre 2018

Todos esos incidentes muestran que la buena voluntad del presidente al-Sisi no logra concretarse en algo que se parezca a una reforma del espíritu religioso. Para muchos egipcios es una realidad la convivencia, pero para otro sector no lo es. Y no son unos pocos, sino los que llevaron a los Hermanos Musulmanes y a los salafistas a ocupar el 70% de los escaños del parlamento en las elecciones que sentaron a Morsi en el palacio presidencial.
Por muy buena voluntad que se tenga, no va a cambiar por sí mismo o lo diga el presidente o el ministerio. Todos los egipcios, con independencia de su religión, son "egipcios" y tienen los mismos derechos, sí, pero eso no significa que se encuentran en la misma situación real. Es una realidad que no puede ser ignorada o tapada por los discursos presidenciales o de los ministerios.

2016

Esta vez el presidente ha ido más lejos en sus afirmaciones en el Foro. Egyptian Streets titula "Egyptians Free to Worship, or Not: President Sisi" , con lo que la cuestión se complica más, como el propio periódico señala:

”The right to worship is the right of everyone, and even the right not to worship is something that we cannot intervene in,” stated the president.
It is not clear if, by ‘not worship’ the president was alluding to atheism in Egypt.
Egypt has been openly against atheism in the last few years. There were talks of criminalizing atheism by Parliament last year.
In 2017, the Egyptian parliament’s committee on religion, headed by Amro Hamroush, discussed plans to make atheism a crime in Egypt to fall under the category of ‘contempt of religion’. Various local media outlets reported that the bill for the criminalization of atheism was picked up again in March 2018.
In 2014, shortly President Abdel Fattah Al-Sisi’s election as head of state, the government released a national plan to combat the phenomenon of atheism in a bid to crack down on figures who were open about their lack of religious beliefs.
With time, Egyptian and Arab youth have been more vocal about not wanting to adhere to a particular religion although they tend to keep these thoughts from older generations and families in fear of growing punishment and possible incarceration.**


Desde las instituciones oficiales se ha tratado el "ateísmo" como una especie de enfermedad que debe ser erradicada del territorio egipcio. La religiosidad, se dijo oficialmente, es algo "natural" de los egipcios. El ateo es "antinatural" y "no egipcio". Y como tal ha sido tratado, perseguido oficialmente en Egipto. Por ello, hace bien en tener dudas el periódico.
Podríamos traer múltiples ejemplos acumulados en estos años de tratar la información egipcia, pero cualquier lector o lectora puede hacerlo con el sencillo sistema de buscar las etiquetas en el blog. Encontrará información suficiente sobre la confusión sobre la necesidad de cambiar el discurso religioso y el problema real de tener otra o ninguna religión en Egipto o, al menos, en algunas de sus partes.


El gobierno, en realidad, solo ha tratado un aspecto "religioso" la radicalización en su contra, la controlada por los Hermanos Musulmanes —a cuyos predicadores se sacó de las mezquitas y centros a través del control institucional del ministerio sobre las mezquitas oficiales y se ha intentado borrar su influencia en Al-Azhar y otras instituciones— o la controlada por el "yihadismo" cercano al Estado Islámico, es decir, el radicalismo militarizado que supone un desafío directo en el terrorismo. Y ha tratado de evitar que del primero se pase al segundo, es decir, de la oposición político religiosa a la ofensiva terrorista. Pero no ha logrado frenar el radicalismo específico de base, es decir, la intransigencia y el sectarismo existentes en muchas áreas, que ha llevado a la discriminación de los coptos, algo que el estado ha aprovechado en momentos mientras que en otros ha mirado para otro lado para evitar tener que intervenir.


Ha sido un clamor de protesta el trato dado a los coptos en las poblaciones pequeñas en las que se ha evitado que recurrieran a los tribunales, obligándoles a ir a los tribunales tribales en donde los mismos vecinos que les acosaban se convertían en tribunales para juzgar los conflictos producidos, teniendo que abandonar sus tierras y casas. De esta forma, nada salía a la superficie. Los coptos en el exterior lo han denunciado ante la sumisión de las autoridades religiosas a las del estado para no agravar los conflictos. También se puede buscar en las hemerotecas estas situaciones, de las que dimos cuenta.
Lo que parece ya evidente es que las palabras de al-Sisi no convencen ya a nadie. La cuestión del "ateísmo", es decir, del derecho a no tener que creer en ninguna de las tres religiones de las que se habla en el Corán (y en la constitución egipcia). Las demás religiones o la ausencia de religión quedan en el vacío, a expensas de lo que puedan hacer en cada momento.


La mezcla de la religión y la política conlleva que los "ateos" —ochocientos y pico, según las ridículas  cifras oficiales— no suelen estar precisamente del lado del gobierno, que construye su identidad de forma doble, como "buenos musulmanes" y como "buenos egipcios", es decir, como un musulmán que acepta a los coptos y viceversa. Ambos, musulmanes y coptos, ven el ateísmo como un problema deplorable, por lo que los ateos no tienen quien les felicite el año, la pascua o cualquier otra celebración de la que carecen.
El discurso sobre el cambio del discurso religioso es otra cosa. Queda reservado a la forma en que las instituciones del Estado manejan la religiosidad (no su ausencia). La creación de locutorios religiosos en la red de metro en El Cairo, no daba una imagen más precisa de lo que se entiende por discurso religioso. El "cambio" no es más que volver a la dirección espiritual institucional frente a los que se dejan llevar por las voces distantes, ya sean los Hermanos, los salafistas (también poderosos y semi aceptados) y los cantos guerreros del Estado Islámico en cualquiera de sus variantes y franquicias.


Todo lo demás queda fuera. La muerte de los cristianos coptos muestra que no hay mucho cambio o efectividad en los que deben cambiar. La respuesta es contundente. Los medios egipcios dicen que han sido muertos 19 terroristas vinculados con la matanza de los coptos. Parece que es el único cambio que entienden.
Está bien que el presidente al-Sisi pida un cambio en el discurso religioso; incluso está bien que lo pida una y otra vez. Pero ese cambio no saldrá de donde se usa la religión como forma de control sobre los otros. Los radicales no cambiarán y los que lo usan institucionalmente tampoco.


Está muy bien que el presidente al-Sisi defienda ante sus invitados internacionales la necesidad de reformar el discurso religioso; está muy bien que lo diga en su entrevista con la Fox de 2017. Pero la realidad tras el Foro y la entrevista y todas las veces anteriores es otra. Si se quiere "reformar", que se despenalicen todo lo que hoy está castigado en los tribunales que tiene que ver con la religión y la moral derivada; que se desatiendan en los tribunales las hipócritas pero productivas denuncias de los abogadillos especializados en perseguir a todos aquellos a los que consideran ateos, irreverentes o "poco egipcios".
Es poco probable que se haga. El presidente tendrá que seguir enfadándose.


* "Egypt's Sisi speaks of reforming religious discourse as first day of WYF concludes" Ahram Online 4/11/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/315740/Egypt/Politics-/Egypts-Sisi-speaks-of-reforming-religious-discours.aspx
** "Egyptians Free to Worship, or Not: President Sisi"  Egyptian Streets 4/11/2018  https://egyptianstreets.com/2018/11/04/egyptians-free-to-practice-religion-or-not-president-sisi/


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