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domingo, 5 de mayo de 2019

La guerra no declarada sigue su curso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The Washington Post publica, con fecha del día 3, un muy completo artículo firmado por Anne Applebaum, columnista, historiadora y profesora en la London School of Economics,  galardonada con el premio Pulitzer y antiguo miembro del consejo editorial del Post. El título de la versión española en el diario es "¿Qué hay detrás del auge de Vox? Polarización, tecnología y una red global". El titular plantea una pregunta y responde a la misma de forma sintética. El artículo es el desarrollo de esa conclusión final.
La "polarización" obedece a la forma de dividir a la sociedad mediante mensajes emocionales y drásticos, muchos de ellos fabricados o falsos, interpretaciones tendenciosas de hechos. Con ello se busca el estado de excitación permanente, la crispación, la bajada de la racionalidad ante el aumento de la emotividad. El manejo de símbolos, emociones, de historias empáticas y simplificadoras.
La "tecnología" implica el uso de las técnicas de manipulación de la opinión a través de los mecanismos que permiten las redes sociales y los micromedios. Se usan las técnicas de investigación y análisis de datos para comprender los elementos clave y diseñar las estrategias y los grupos de destino, que son segmentados gracias a técnicas similares a las puestas al descubierto por el escándalo de Cambridge Analytica.


El tercer punto, la "red global" implica la alianza estratégica para la colaboración técnica, ayuda mutua y la financiación. Los partidos de esta ultraderecha, nacionalista, tradicionalista y religiosa, forman una alianza en la que van desmontando el sistema construido desde la II Guerra Mundial.
El texto de Anne Applebaum debería estudiarse con cuidado por lo que tiene de detallado sobre el crecimiento desde prácticamente la nada hasta llegar a los 24 diputados últimos y haberse convertido en la llave de gobierno en determinadas autonomías.
En realidad, el magnífico texto de Applebaum resultará familiar a los lectores de estas páginas virtuales en muchos puntos, pues creo que, en líneas generales, todo esto ha sido advertido a lo largo del tiempo, primero fuera de España y ahora entre nosotros. Finalmente tenemos una ultraderecha a la altura de las europeas, para nuestra desgracia. Los gobernantes deberían darse cuenta de cómo han sido llevados a esta situación y quiénes han sido los beneficiados. En un sistema tan fraccionado, con poco se puede sacar mucho y seguir creciendo.
Con nuestras propias circunstancias políticas, la incapacidad de resolver los asuntos nacionales por parte de los dos grandes partidos, por fin se ha producido lo que durante todos estos años, desde la llegada de la democracia a nuestro país, no se había producido: un grupo fuerte de ultraderecha. Se ha producido, además, tras la fragmentación de la izquierda, lo que llevó a la aparición de Podemos. A esto hay que sumar los partidos nacionalistas. El escenario fragmentado se ha ido ampliando y confirmando en cada nueva elección. La fuerza de polarización ha hecho el resto, preocupando a los grandes partidos por la pérdida de votos, alejándose del centro. Eso dificultaba más los acuerdos nacionales y las estrategias de construcción. Se llamó hace mucho tiempo a esto "crispación" y ahora los crispados discuten sobre quién fue el responsable de su inicio. Otro motivo más para discutir.


La discusión es alentada, desde luego. No interesa la existencia de pactos hacia el centro, sino de pactos hacia los extremos. Con las técnica de enrarecimiento político-informativo es sencillo mantener esas distancias y con ellas la radicalización. ¿No hay otra forma ya de hacer política más que esta?
Tras entrevistarse con los dirigentes de Vox, las personas claves en el control y la estrategia que siguen, y compararlos con los movimientos mundiales, de Brasil a los Estados Unidos, de Italia a Hungría, Appelbaum escribe:

Más que cualquier otra cosa, estas son personas que ven enemigos en común y han logrado adoptar, con el tiempo, una misma visión del mundo. Al igual que Espinosa, Bardají reconoce la polarización de la política española, y además piensa que es algo permanente: “Estamos entrando en un periodo en que la política se están convirtiendo en algo diferente, la política es una guerra con otros medios. No queremos ser asesinados, queremos sobrevivir. … Creo que la política ahora es que el ganador se lo lleva todo. Eso no es un fenómeno de España nada más”.*


El párrafo no deja de ser inquietante —como el total del artículo— en cuanto a la forma de plantearse política y fines. ¿Qué significa en un entorno democrático "el ganador se lo lleva todo"? ¿Es el "no retorno", el desmantelamiento del estado reconstruido sobre los nuevos-viejos parámetros del "tradicionalismo tecnocrático"?
Desde el punto de vista de la vida social, es preocupante, que se consideren como "valores" el supremacismo racista, el machismo patriarcal, la guerra religiosa y las posturas antiinmigración, que son los pilares de este nuevo tipo de movimientos. Dentro de su concepto de la política como forma de "guerra" es peligrosísima y atenta contra la democracia y los mismos derechos humanos, que son eliminados del mapa como parte "ideológica".
La creación de un ambiente bélico —en el cual Europa, España, se ven enfrentadas de nuevo a las guerras de religión— es peligroso en muchos aspectos, pero especialmente en la aceptación entre los jóvenes de unas ideologías ultranacionalistas que acaban en racismo y xenofobia, una ideología que rechaza la igualdad de género fundamentándose en el pensamiento tradicionalista sobre la familia, que rechaza el universalismo de los derechos y los restringe a quien considera de fuera de la propia comunidad, etc.
Todo esto es peligroso y no augura un buen futuro si no se sabe contener y reducir. El párrafo final del artículo de Anne Applebaum resalta:

[...] es la ironía final: los nacionalistas, los antiglobalistas, esas personas escépticas de las leyes internacionales y de las organizaciones internacionales,- incluso ellos, ahora trabajan juntos, rompiendo fronteras por causas comunes. Comparten los mismos contactos. Obtienen dinero de los mismos financistas. Están aprendiendo de los errores entre ellos, copiándose el vocabulario. Y juntos, están convencidos de que algún día ganarán.*

Las elecciones europeas son un nuevo test para probar la fuerza. Esta vez el peligro es también grande. En el parlamento europeo se unirán para destruir desde dentro la Unión. Ese es el objetivo declarado. Por más que suavicen sus campañas para ocultarlo, se trata de otra "guerra" para ellos.


El peligro de una Europa que se deshace ya no es una propuesta fantástica. Si a la oposición de los países que tienen gobiernos de este cariz, se le une la fuerza de un poderoso grupo en el parlamento europeo, lo que tenemos por delante no será fácil
Ya han conseguido una pieza, la de Reino Unido, víctima de los eurófobos que se han reagrupado alrededor del siniestro Nigel Farage para las elecciones próximas. El ejemplo de la división en Reino Unido debería ser claro para todos. Reino Unido sumido en el caos desde hace más de un año, incapaz de afrontar una decisión que tomaron siendo víctimas de mentiras constatadas. También Farage piensa que esto es la guerra, una guerra contra Europa con la inmigración como centro y con una falsa identidad reaccionaria, en la que se pretende incluir a todos.
Creo que aunque tarde, se está empezando a tomar conciencia de la dimensión del problema y de lo que puede ser un futuro alternativo, dominado por racismo, xenofobia, machismo, dogmatismo religioso, negación de la ciencia (de las vacunas al cambio climático, etc.), es decir la negación del proyecto ilustrado de la modernidad. Lo estamos viendo ya en países en donde esta línea ha triunfado y se dedican a apoyar a los periféricos. Es el regreso a una nueva Edad Media, a una edad más oscura y dogmática.  



* Anne Applebaum "¿Qué hay detrás del auge de Vox? Polarización, tecnología y una red global" The Washington Post 3/05/2019 https://www.washingtonpost.com/graphics/2019/opinions/es/vox-espana-ultraderecha-santiago-abascal-pp-psoe-podemos/?utm_term=.c9ebef5b78f6



sábado, 5 de marzo de 2016

A dos o tres malas decisiones del desastre

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
La campaña de primarias en los Estados Unidos está cargándose de dramatismo conforme lo que parece inevitable se acerca. Lo inevitable es la nominación de Donald Trump por el partido republicano. La sola posibilidad de una campaña electoral en la que una parte del país esté representada por Trump hace crujir los cimientos de las personas sensatas. Conforme la carrera avanza hacia la meta y se ve que ninguno de sus contrincantes han sabido hacer mella en su estrategia ni encontrar una que pudiera contrarrestarla, las alarmas saltan con más fuerza. Sobre todo porque queda una evidencia encima de la mesa: para superar a Trump sería necesario más radicalismo, promesas más apocalípticas, más espectáculo, más agresividad, más racismo. Trump, como hemos señalado repetidamente, ha pervertido las bases de la discusión y no han sabido entenderlo. Lo han alimentado cuando querían combatirlo.
Solo en este contexto es posible que pueda haber titulares impensables relacionados con una campaña electoral norteamericana: "Is this the end of the West as we know it?". El titular lo tenemos ahora en The Washington Post. Si los titulares reflejan el estado de la campaña, también estos han tenido que crecer en dramatismo desde que los primeros días en que Trump comenzó a criticar la heroicidad de John McCain en la guerra. Ya entonces dieron por muerto a Donald Trump. Y lleva muriéndose desde entonces.


Elegimos insensatos porque nos parecen razonables. Si partimos de este principio, la ventaja que Trump tiene no es tan descabellada. El mundo que estamos haciendo ya solo discrimina entre charlatanes y charlatanes peligrosos. Las elecciones no se hacen para elegir personas inteligentes porque será siempre una minoría inteligente la que sea capaz de convencer a un electorado inteligente con el que podrá entenderse. El problema es que las elecciones las ganan las mayorías y estas hacen un uso cada vez menor de la inteligencia. Las entrenamos para eso, para ser viscerales y reactivas.
Si se convierte la educación de calidad en cosa de élites porque es un gran negocio, como ocurre en los Estados Unidos y cada vez en más partes del mundo, ¿qué esperas? Si a esas élites que formas les enseñas que los demás son pardillos a los que puedes engañar y estafar con tu bien pagada educación, ¿qué esperas?
El artículo de The Washington Post lo firma su columnista internacional y directora del Global Transitions Program en el Legatum Institute de London, Anne Applebaum. En él señala lo siguiente:

Back in the 1950s, when the institutions were still new and shaky, I’m sure many people feared the Western alliance might never take off. Perhaps in the 1970s, the era of the Red Brigades and Vietnam, many more feared that the West would not survive. But in my adult life, I cannot remember a moment as dramatic as this: Right now, we are two or three bad elections away from the end of NATO, the end of the European Union and maybe the end of the liberal world order as we know it.
In the United States, we are faced with the real possibility of Republican Party presidential nominee Donald Trump, which means we have to take seriously the possibility of a President Trump. Hillary Clinton’s campaign might implode for any number of reasons, too obvious to rehash here; elections are funny things, and electorates are fickle. That means that next January we could have, in the White House, a man who is totally uninterested in what presidents Obama, Bush, Clinton, Reagan — as well as Johnson, Nixon and Truman — would all have called “our shared values.”
Trump has advocated torture, mass deportation, religious discrimination. He brags that he “would not care that much” whether Ukraine were admitted to NATO; he has no interest in NATO and its security guarantees. Of Europe, he has written that “their conflicts are not worth American lives. Pulling back from Europe would save this country millions of dollars annually.” In any case, he prefers the company of dictators to that of other democrats. “You can make deals with those people,” he said of Russia. “I would have a great relationship with [Vladimir] Putin.”*


El peligro de dos o tres malas elecciones, como señala Applebaum, es real. Y todo parece indicar que algunas tienen muchas probabilidades de materializarse. El terror a que esto ocurra no debe ser solo suyo. Se comparte allí donde la política se dice en otro tono, sin cámaras delante. Trump ha levantado a la vez todos los demonios (seguridad, racismo, economía...) y han saltado todas las alarmas habidas y por haber. ¿Qué pretende este tío?, se preguntan todos. Evidentemente: ganar. Hasta ahí lo entiende todo el mundo; la cuestión está en el día siguiente.

Appelbaum dice no recordar en toda su vida un momento tan dramático como el actual: el fin de la OTAN, el fin de la Unión Europea y el del mundo liberal. ¿Es una exageración? En absoluto. ¿Hay probabilidades de que ocurra? Más que antes, desde luego.
La mecha y la dinamita no son cosas separadas sino que forman parte de este mundo en el que puede saltar la chispa si además hay sequía. Trump no es el peligro. El peligro está en que existe una parte de la sociedad que le considera en serio como presidente de los Estados Unidos. Y lo aceptan sin plan oculto; porque dice lo que dice.
Applebaum recorre la Unión Europea y no estamos mucho mejor. A la salida de Gran Bretaña de la Unión mediante un referéndum se une el peligro de una Francia con Marine Le Pen al frente en las próximas elecciones. De España, mejor no hablar porque también estamos en la cola de las dos o tres decisiones para llegar al desastre.
Una Europa llena de antieuropeos y todos ellos amigos de Vladimir Putin, que se convierte en un referente de la acción. El detalle no es casual y parece que la presencia del humanitario Obama hubiera desencadenado en el mundo un deseo inagotable de parecerse a su antagonista: Vladimir Putin. El mundo saludó a Obama frente a Bush, pero muchos se están decantado por figuras autoritarias como la de Putin. Surgen por los cinco continentes y son aclamadas.


El panorama futuro, señalado por Applebaum, está francamente oscuro porque algunos tienen muchas probabilidades de salir adelante:

A year from now, France also holds a presidential election. One of the front-runners, Marine Le Pen of the National Front, has promised to leave both NATO and the E.U., to nationalize French companies and to restrict foreign investors. Like Trump, she foresees a special relationship with Russia, whose banks are funding her election campaign. French friends assure me that if she makes it to the final round, the center-left and center-right will band together, as they did two decades ago against her father. But elections are funny things, and electorates are fickle. What if Le Pen’s opponent suddenly falls victim to a scandal? What if another Islamic State attack jolts Paris?
By the time that happens, Britain may also be halfway out the door. In June, the British vote in a referendum to leave the E.U. Right now, the vote is too close to call — and if the “leave” vote prevails, then, as I’ve written, all bets are off.
Copycat referendums may follow in other E.U. countries too. Viktor Orban, the Hungarian prime minister, sometimes speaks of leaving the West in favor of a strategic alliance with Istanbul or Moscow.*


Un acontecimiento —una bomba antes de una elecciones, un atentado contra un candidato...— puede desbaratar una política de décadas haciendo que los votantes se decanten por soluciones radicales y demagógicas. ¿Qué ocurre en el Este y Centro de Europa? ¿No están cambiando hacia posturas más radicales? ¿Grecia, Hungría, Polonia, Finlandia...? ¿No lo estamos haciendo también nosotros? Más allá, Turquía y, más allá... la guerra. Y otra guerra más próxima: Ucrania.
La pregunta sobre si triunfarán en el mundo personas como Putin o personas como Obama no es capciosa ni busca el ingenio, sino plantear la evidencia de que el mundo se está llenando de personajes con visiones autoritarias del mundo, de personas que tienen una visión pragmática y cínica de la política, capaces de manipular los valores primarios (religión, nacionalismo, racismo...) para conseguir el poder y la influencia. El riesgo de conflictos aumenta con ellas. Se reivindica sin pudor a Hitler, a Stalin. ¿Por qué no?


El vacío intelectual en el que nos hallamos —un mundo estruendoso sin capacidad de escuchar atentamente los embarullados mensajes que nos llegan— hace que personajes como Trump tengan más probabilidades que las personas sensatas: el futuro es de los maleducados, intransigentes y autoritarios. Atraen a las minorías fragmentadas que ahora son capaces de unirse para conseguir que estos candidatos triunfen. Lo hacen vendiendo descontento e ira, que es lo que les permite conectar con el fondo social que se va depositando por la insatisfacción y la pobreza mental contemporáneas. Ahora hay medios para el lavado de cerebro colectivo. Las herramientas están ahí y se investiga para ello en think-tanks de todo el mundo, se financian proyectos en universidades de todo el mundo para saber cómo manipular a la gente. Hay dinero para hacerlo. Hasta los terroristas más retrógrados tienen sus expertos en guerras de información, es decir, para la manipulación.


Timothy Egan con un artículo titulado "The Beast is Us", publicado en The New York Times, después de calificarlo como "el hombre que va a destruir el partido de Lincoln" y hacer repaso de todo lo que se dice sobre el miedo y repulsa que desata Trump, cierra su texto así:

The German magazine Der Spiegel called Trump “the world’s most dangerous man.” The Germans know a thing or two about the topic. 
I would like to think our better angels always prevail. But there are also dark episodes, when the beast is loose, and what stares back at us from the mirror is something ugly and frightful. Now is one of those times.**


Hace tiempo que los ángeles están a otra cosa. Nos queda, eso sí, el espejo. Pero ¿quién cree ya en lo que cuentan? Si algo caracteriza a las sociedades ciegas es que les sobran los espejos.
Podemos creer que todo va bien, pero no es cierto. Y lo que es peor: las partes que iban bien y podían ayudar a ir mejor, están empezando a ir mal. Estamos a dos o tres malas decisiones del desastre, una palabra cada vez más repetida. Será por algo.



* "Is this the end of the West as we know it?" The Washington Post 4/03/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/donald-trump-and-the-end-of-nato/2016/03/04/e8c4b9ca-e146-11e5-8d98-4b3d9215ade1_story.html?hpid=hp_no-name_opinion-card-b%3Ahomepage%2Fstory
** Timothy Egan "The Beast Is Us" The New York Times 4/03/2016 http://www.nytimes.com/2016/03/04/opinion/campaign-stops/the-beast-is-us.html