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jueves, 3 de julio de 2025

Sobre el arte de echar la culpa a otros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Al arte de no ser culpable de nada, personal ("no me reconozco") o institucional ("nadie nos puede dar lecciones de contundencia"), hay que añadir uno más en el que España muestra maestría: echar la culpa a los demás. Aquí pasa de todo, pero no llegamos a saber qué ha ocurrido o, lo que es peor, asistimos al ejercicio gimnástico de pasarse la pelota de unos a otros.

El caos de ayer en Barajas con miles de pasajeros perdiendo sus vuelos mientras esperan a que les revisen sus pasaportes ha sido otro bonito ejercicio de este arte. En un sentido, todos son culpables, pero en otro nadie lo es. Cada uno le echa las culpas al otro, nadie asume el problema como suyo y mira hacia el siguiente. Las compañías echan la culpa a la Policía; la Policía dice que tenía suficientes efectivos y le echa la culpa a un "problema informático". La cosa queda entre las compañías, AENA y la Policía.  Algunos cuentan ante las cámaras cómo su avión salía con sus maletas dentro mientras que ellos hacían cola. ¿Quién tiene la culpa? La cuestión es crucial, pues las reclamaciones tendrán que atenderlas los que resulten responsables de ese caos que ha hecho perder miles de vuelos.

Si pasamos al tren, otro caos que llega hasta el punto de lo inexplicable y asistimos al mismo peloteo de responsabilidad. Unos echan la culpa a la antigüedad de los trenes franceses y sus problemas con las catenarias; otros echan la culpa al "estado" de la línea, cuyos responsables dicen haber invertido setecientos millones de euros y buscan otros culpables ante "lo inexplicable". En este caso, se insinúa con la boca chica, ante lo raro, un posible sabotaje. Otros días el caos se produce por un "robo de cobre", que deja la línea inutilizada.

Los pasajeros de Barajas estaban al menos a cubierto. Los usuarios del tren, en cambio, quedaran tirados en mitad del recorrido, en plena ola de calor, sin alimentos, sin energía, unas catorce horas, tiempo en el que se puede ir y volver a París, por ejemplo. La excusa para dejarlos allí tirados es lo variado de su situación, nos dicen, unos con maletas y otros con poca movilidad. Por esta buena causa, los pasajeros no solo se quedaron  tirados sino que se sintieron abandonados.

Ante esta situación de fallos continuados, el arte de echarle la culpa a otros se vuelve esencial, no solo por la cuestión económica de las indemnizaciones que tendrán lugar, sino por la cuestión reputacional. El mundo se puede hundir, pero tú lo niegas todo.

El arte de encontrar excusas y echarle la culpa a otros se está convirtiendo ya en un perfil profesional en comunicación de empresas, partidos e instituciones, Esto es lo que RTVE.es recoge sobre lo que ha pasado en Barajas:

Cientos de pasajeros se han agolpado en la terminal 4 de Barajas para pasar el control de seguridad a lo largo de la mañana, una situación complicada como consecuencia de la falta de efectivos policiales que realicen esta tarea. La mitad de los puestos de control están vacíos, lo que ha originado 60 minutos de media de espera para pasar el control.

Según Interior, es una situación temporal que se ha debido a la acumulación de vuelos en un espacio de tiempo muy breve y a la coincidencia con un problema informático puntual en el acceso a las aplicaciones que utiliza la Policía Nacional que ha sido subsanado entorno a las 15.00 horas.

Fuentes del Ministerio de Transportes han informado de que el incidente no tiene nada que ver con el Ministerio ni con AENA. Han explicado que no hay ningún caos en la gestión del aeropuerto. Han comentado que la situación corresponde únicamente a un problema de falta de personal policial en la gestión de llegadas de viajeros en el control de pasaportes. Este ámbito corresponde al Ministerio del Interior.

Desde Aena evitan hablar de colapso y aseguran que están trabajando en colaboración con la Policía para restablecer el flujo habitual de pasajeros y evitar mayores problemas. Aconsejan a los viajeros acudir con al menos dos horas de antelación al aeropuerto para evitar contratiempos en este comienzo del verano y de las vacaciones para muchos. Además, han afirmado que la situación no afecta a los vuelos en España ni en el espacio Schengen.

Tal y como han publicado múltiples usuarios de redes sociales, las colas para pasar por este control son de horas, con cientos de turistas esperando para poder cruzar la frontera dentro del aeropuerto.*

 

Sorprende ese "únicamente" aplicado a la responsabilidad del otro. ¿No deberían programarse los vuelos en función de lo que se puede absorber o viceversa, no debería destinarse la Policía en función del mayor o menor número de vuelos? Parece que sería lo lógico, aunque sea la falta de lógica lo que produciéndose en el sistema.

Lo importante es que todos no te señalen como responsable. De ahí la importancia del fallo informático y ese sabio consejo: que los viajeros estén dos horas antes. Al final tendrán ellos las culpas por precipitarse o esperar al último momento.

¿Recuerdan el "gran apagón"? Es el mejor ejemplo de cómo nadie es responsable de algo tan desastroso. Después de tanto tiempo pasado, las excusas liberatorias de responsabilidades son múltiples y los informes de cada uno apuntan a los otros.

"Experto en Excusas" será un perfil profesional cada vez más demandado en una sociedad que no invierte en mantenimiento, que reduce el personal en beneficio de los inversores y que descubre cuando se producen los desastres lo malos que son los materiales baratos, las chapuzas de trabajar sin la formación adecuada y, especialmente, que la modernidad está en la anticipación, que es la que marca la respuesta. Innovar y renovar, mantener, cuidar... es el signo de una sociedad que funciona y avanza. Los pasajeros tirados en una vía, el colapso en estaciones y aeropuertos son realidad y también metáfora de  nuestra España.

Lo ocurrido en Barajas, lo que ha pasado con los trenes, es sencillamente una vergüenza que se pueden repartir los que lo niegan todo. 

 

* "Cientos de pasajeros se agolpan en el control de seguridad de la terminal 4 de Barajas por un fallo informático" RTVE.es 02/07/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250702/cientos-pasajeros-se-agolpan-control-seguridad-terminal-4-barajas/16648787.shtml

miércoles, 15 de marzo de 2023

Más sobre el caos del transporte madrileño

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El caos que anticipamos ya está aquí. Los problemas causados en la red ferroviaria de Cercanías en Madrid ya no es una posibilidad, sino una realidad que está en los titulares y, como también era previsible, nadie quiere cargar con las responsabilidades. La culpa es algo que siempre está en otro lugar. En 20 minutos se refleja ya en el titular: "Ayuso denuncia el "caos" de Cercanías en Madrid: "La red depende de Pedro Sánchez""*.

La presidenta echa balones fuera por lo que puede ser una fuente de desgaste ante los ciudadanos. La idea de señalar a los otros es una forma de evitar responsabilidades, reales o aparentes. Uno no vota con la verdad, sino con lo que cree, por lo que el juego de la erosión está siempre presente. Díaz Ayuso, rápida siempre, apuntala sus posturas:

Ante el nuevo episodio de retenciones y retrasos, de más de cinco horas, que se han producido este martes en varias líneas de Cercanías de Madrid, tras el choque de dos trenes, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha vuelto a denunciar el "caos" que se produce a diario en esta red de transporte y ha recordado que este servicio "depende del Gobierno de Pedro Sánchez".

Así lo ha señalado durante una visita al IES Luis Vives de Leganés, donde ha indicado que Cercanías ha vuelto a sufrir una nueva jornada de "retrasos" y "averías" en la red, y ha reiterado que esta es competencia exclusiva del Ejecutivo de Sánchez. "Me gustaría que lo sepa todo el mundo", ha añadido.

La líder regional ha sostenido que el presidente del Gobierno ha tomado la decisión de "crear el caos completo en esta región". Además, ha criticado que el servicio es "totalmente deficitario", que "perjudica a Metro y multiplica los atascos" en la ciudad de Madrid.*

 



La maniobra de Díaz Ayuso es doble. Primero se desmarca del caos responsabilizando al gobierno central, que personaliza en Pedro Sánchez. Pero la segunda maniobra es la que convierte al Metro de Madrid, que sí es responsabilidad suya, en una "víctima" al señalar que lo que ocurre en Cercanías "perjudica a Metro y multiplica los atascos".

La conexión existe y aquí la explicamos hace tiempo describiendo estos previsibles efectos en cadena. Sin embargo, el verdadero causante u origen de todo este caos que ya ha causado diversos incidentes son los efectos de las obras que se realizan en Chamartín, vinculadas a una serie cambios destinados a la creación de un nuevo espacio. En el diario económico 5 Días se notificaba el comienzo de las obras y se explicaba a principios de noviembre:

 

El Gobierno da por iniciada la conocida popularmente como Operación Chamartín. Casi 30 años después de diseñarse este desarrollo urbanístico, Raquel Sánchez, ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, inauguró este lunes las obras de cubrimiento de las vías de la Estación de Chamartín, que será la base del futuro parque central del nuevo barrio oficialmente denominado Madrid Nuevo Norte.

Esas obras, dependientes de Adif y de la promotora Crea MNN (Crea Madrid Nuevo Norte, antigua empresa Distrito Castellana Norte), prevén el cubrimiento de la playa de vías de la estación, para lo que serán necesarios 1.132 pilares sobre el que se construirá una superficie que soporte la futura zona verde.

Esta infraestructura "cerrará una gran brecha urbana en el norte de Madrid", afirmó Sánchez, ya que actualmente las vías son una barrera entre la zona este y oeste.

Sin embargo, las obras de inicio de la urbanización del futuro barrio todavía no han comenzado mientras continúan los trámites urbanísticos y, a la vez, hasta que Adif no traspase los terrenos a la promotora Crea MNN. El administrador ferroviario público es el principal propietario de los terrenos de la operación, pero todavía no se los ha traspasado a la empresa privada (controlada por BBVA), que tiene una opción de compra histórica. La idea inicial es que antes de final de año, Adif pueda finalmente vender esos terrenos por 1.245 millones de euros, en desembolsos durante 20 años.**

 

Se añade también en el artículo, firmado por Alfonso Simón Ruiz: 

Está previsto que Madrid Nuevo Norte sea fundamentalmente el nuevo distrito financiero de la capital. Esta actuación comprende 2.357.443 m2 de suelo con una edificabilidad de 1.048.535 m2 residenciales (para 10.500 viviendas), 1.608.778 m2 terciarios (en gran parte edificios de oficinas) y de usos mixtos.** 

Los 30 años pasados desde que se aprobó hacer esto tienen explicación en su complejidad técnica, económica y obviamente en el desgaste político que esto pueda traer ya que se trata de una obra con consecuencias, como estamos viendo, en el día a día de una capital.

La creación de ese Madrid Nuevo Norte tiene una serie de efectos en cadena que no solo afectarán al transporte, sino que producirán unas recalificaciones al alza de todo lo que hay al norte de Chamartín, afectando a las poblaciones, donde se producirá un alza de la vivienda, algo que se puede ver con los proyectos de construcción de vivienda ya en marcha en la zona. A la zona afectada le seguirán otras zonas en dirección norte, produciendo nuevas maniobras especulativas en un terreno que no necesita mucho para dispararse.

Los problemas que se están dando en Cercanías afectan, como señalamos, a todo Madrid. Las modificaciones crean cambios en cadena que hacen que surjan problemas. Lo que estaba controlado se desborda y el sistema no puede absorberlo.

Nada hay más sensible que lo que afecta al transporte en una Comunidad construida sobre el crecimiento especulativo del terreno, lo que obliga a desplazarse del centro a la periferia, donde se encuentran las llamadas "ciudades dormitorio". Esta es una solución que permite un rápido acceso al centro, a los lugares de trabajo dentro de la ciudad, o desplazarse hacia el exterior allí donde se han emplazado las zonas fabriles. Ese juego de idas y venidas depende del transporte público, diseñado precisamente para evitar el tráfico particular en el interior de la ciudad, algo que siempre ha sido un problema en Madrid por su propia y rápida configuración urbanística, de desarrollos rápidos en determinados momentos. La última decisión es transformar los espacios amplios no urbanizados y crear allí centros de oficinas, empresas y viviendas. Lo que produce claramente cambios y motivará nuevas especulaciones que tendrán efectos en cadena, alejando a los ciudadanos de la ciudad, como ya se hizo en décadas anteriores con el centro de Madrid.

Todo eso tiene un coste en caos, más en un momento en el que se están produciendo dos fenómenos: las reducciones de personal en las empresas públicas y privadas y recortes de inversión. Esto significa que hay menos personas para atender situaciones en las que el deterioro y la obsolescencia se manifiestan con mayor rotundidad. No se invierte y menos personas deben solventar más y mayores problemas. Para un usuario del transporte público es muy fácil de medir: cuántas veces se estropea una escalera mecánica y cuánto tiempo pasa antes de que la arreglen. Hay un tercer indicador, el número de personas que la están reparando. Si se fija, verán que se estropean más a menudo (no se renuevan, envejecen), que se tarda más en reparar y que hay menos personas cuando la están reparando. Son los efectos de los recortes.

Todo esto se agrava por los cortes en el servicio debido a accidentes, retrasos tal como nos señalaba la información del inicio de la que se quejaba Díaz Ayuso responsabilizando al gobierno central.

Lo peligroso de esto es que se producen incidentes allí donde se dan aglomeraciones de gente. No es lo mismo un retraso con un andén medio vacío que con uno abarrotado; no se comporta de la misma manera un tren lleno de gente que ve cómo llegará tarde a su trabajo porque el tren no arranca al aumentar los tiempos de salida, que hacerlo con un tren vacío. Las obras producen retrasos en un terreno en donde la velocidad y la frecuencia son sus virtudes. A la gente le basta con mirar sus relojes para sentirse bien o mal.

Es penoso ver cómo la gente corre de un lugar a otro por zonas de Chamartín, cargando con bicicletas, coches de niños, patinetes, cargados con maletas porque van o vienen del aeropuerto o corren a coger los trenes de larga distancia. Esto produce accidentes. Lo he podido comprobar en personas con las piernas heridas por caídas al correr a coger un tren. Algún día ocurrirá un accidente más grave y los incidentes actuales darán lugar a momentos de mayor tensión, de pérdidas de nervios y de ataques (como ya ha ocurrido) al personal. Al reducirse las vías por los cortes, cada accidente, parada, etc. tiene unos efectos mayores sobre el resto.

Los políticos pueden echarse las culpas unos a otros, algo a lo que estamos acostumbrados. No son solo las obras las causantes. Esto viene de lejos y es fruto de recortes y de falta de renovación de muchas cosas. Con esta situación quedan en evidencia múltiples errores, como por ejemplo la vieja y mal colocada señalización, incapaz de ser orientativa en esta situación de caos en la que es necesaria más y mejor información. Sin embargo, no es así. Los casos de personas que se suben a trenes equivocados, que necesitan estar preguntando dónde está el que deben tomar, etc. se multiplica. El personal puesto en las estaciones es insuficiente para saber dónde está ahora lo que antes estaba en otro lugar y Chamartín no está diseñado precisamente para hacer carreras de un lugar a otro.

Con la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas, los asuntos locales pasan a tener una gran importancia. Por ello, es previsible que el caos del transporte y la responsabilidad sobre su origen y causas tome un mayor protagonismo en el debate político. Escucharemos todo tipo de reproches y acusaciones de intentar hundir Madrid, de agravios comparativos con otras capitales, etc. Pero lo que ocurre en Madrid tiene mucho que ver con lo que se permite en la ciudad, la incapacidad (o desinterés) en anticipar los efectos de las acciones en un espacio sensible a los cambios, especialmente si estos afectan a la forma de moverse en él. No serán los únicos efectos y cuando esto siga su camino podrán verse muchos más que padecerán los ciudadanos, que tendrán que alejarse de la capital, incluso de la Comunidad, con lo que el transporte será cada vez más importante... y más olvidado. 


* Christian Morata "Ayuso denuncia el "caos" de Cercanías en Madrid: "La red depende de Pedro Sánchez"" 14/03/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5109595/0/ayuso-denuncia-el-caos-de-cercanias-la-red-de-la-comunidad-depende-de-sanchez/

** Alfonso Simón Ruiz "El Gobierno da por arrancada la Operación Chamartín" 7/11/2022 https://cincodias.elpais.com/cincodias/2022/11/07/companias/1667824762_461819.html

viernes, 10 de febrero de 2023

Ira en los andenes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El problema de los trenes que no caben por los túneles no es nada en comparación con el problema ferroviario creado en Madrid por las obras que se realizan en la importante estación de Chamartín, un auténtico súper nudo de comunicaciones, con una duración prevista de diez meses, hasta diciembre. Los caos a todas horas, las carreras de unas vías a otras, entrechocándose los pasajeros que suben y bajan con peligro físico una estrechas escaleras —con bicis, maletas, patinetes, coches de bebé...— y nerviosismo crecientes.

Ayer veía la noticia del incidente público provocado por los retrasos y paros de trenes en la estación de Atocha, otro centro neurálgico del transporte madrileño, conexión —al igual que Chamartín— con media España. Desde estas estaciones salen y llegan no solo los transportes de la península, sino que la línea de Cercanías, la que une las poblaciones a esa red que recorre la gran capital, a la que acuden cada día millones de ciudadanos (entre los que me encuentro) para ir al trabajo, estudiar, etc.

Madrid tiene un enorme entramado de sistemas de comunicación (trenes, autobuses, metro...) que tejen una red que los usuarios combinan para desplazarse a través de la ciudad y de la Comunidad, con salidas y llegadas hacia el aeropuerto que la une al mundo. Todo esto tiembla y se convierte en un caos por el corte de una estación previsto para diez meses, no para un par de semanas.

9/02/2023

Pese a los esfuerzos de toda una flota de personas (mayormente jóvenes) desplegados por las estaciones para suministrar informaciones, lo que tenemos es un sistema que va al caos, sin posibilidad de concretar lo que se le pide al transporte: regularidad, puntualidad, etc., es decir, la posibilidad de saber cuánto tiempo se va a usar en realizar ese trayecto que se repite cada día y que da tranquilidad. Lo que existe ahora es un sensación caótica que impide saber cuánto se tardará, que acumula miles de personas nerviosas preguntándose unos a otros "¿a dónde va este tren?", si va hasta un destino determinado, si pasa por tal estación, etc. Se produce un caos que se intensificará cada día creando, además, una ansiedad que acabará estallando, tal como recogen lo ocurrido en la estación de Atocha:

En El Confidencial se nos relataba el incidente:

La mayoría de las líneas de Cercanías de Madrid se han visto afectadas por una avería en Atocha y el caos se ha incrementado por las obras y el corte del túnel entre Sol y Chamartín. El suceso ha ocurrido a las nueve de la mañana, en plena hora punta, y el servicio no ha recuperado la normalidad hasta la 1 de la tarde, según informó Cercanías a través de su cuenta de Twitter. 

El colapso de las Cercanías, con retenciones en la C-1, C-2, C-3, C-4, C-5, C-7, C-8 y C-10, también ha afectado a los trenes de Media y Larga Distancia. Los trenes más afectados fueron los de origen Aranjuez y Atocha de la C-3 y por ello, los viajeros han tenido que concluir sus recorridos en Villaverde Bajo, teniendo que hacer trasbordo hacia la C-4.

En redes sociales, no dejaban de llegar las quejas a @CercaniasMadrid. Los usuarios compartían fotos de andenes desbordados. Además, justo estas aglomeraciones, se producen con el primer día en el que las mascarillas ya no son obligatorias en el transporte.

Se han registrado multitud de incidentes en varias estaciones. En Atocha, algunos usuarios han golpeado los trenes e increpado a los conductores de los vehículos. Un hombre decidió elevar su protesta bajando a la mitad de las vías, poniendo en riesgo su vida, según informa Telemadrid.* 

Hace algún tiempo, quizá entre tres y cuatro meses, es decir, desde bastante antes de que empezaran las obras de remodelación de Chamartín, que se estaban produciendo distintos tipos de incidencias con los horarios, retrasos, provocados por accidentes o paros de trenes en determinadas líneas, algo que los propios servicios de megafonía explicaban ante la impaciencia de los viajeros, que se movían nerviosos con sus teléfonos móviles llamando a decir que se retrasaban, saliendo de la estación a buscar medios alternativos, etc.

Los incidentes no han hecho más que comenzar y es previsible que conforme aumente la indignación vaya a más, como ya ha ocurrido en Atocha y se nos contaba en el texto de El Confidencial. Este estado de irritación se acaba pagando con los que tienen un trato directo con el público o simplemente están a la vista. La capacidad de expresar indignación traduciéndose en actos violentos aumenta gracias a las posibilidades de interacción (compartir vídeos del caos), la repetición de los hechos y los efectos que se puedan transmitir por causa de la complejidad del sistema en su conjunto.

Lo que ocurre en las redes ferroviarias desvía parte de sus viajeros hacia otros tipos de transporte. Es probable que empiecen a aumentar los atascos en las carreteras, lo que afectará a las entradas en Madrid desde la periferias. El aumento de autobuses, por ejemplo, provocará más atascos junto con el aumento de coches. Eso, a su vez, generará más caos, más accidentes, más nerviosismo, etc.

No dejemos de pensar en que esto serán 10 meses, no un par de días. Ya hay protestas a través de los ayuntamientos; pronto las habrá directamente.

Si mencionábamos la chapuza de los trenes grandes en Asturias y Cantabria y un retraso de tres años para que se solucione el "problema", es decir, que lleguen los nuevos trenes, el caso de las obras de Chamartín puede crear un gigantesco incidente, por así decir, que provoque cada día diferentes estallidos populares.

Ayer pude ver la primera de las caídas. Un señor que intentaba subir corriendo las escaleras cayó y tuvo que ser levantado por las personas. Esas carreras por los túneles de Chamartín son un gran peligro por la cantidad de personas y la ausencia de escaleras mecánicas en las galerías subterráneas que conectan la estación ferroviaria con el metro de Madrid. Lo que es el tráfico normal para llegar a los andenes se convierte en una carrera de obstáculos desesperada y peligrosa para todos los que intentan alcanzar el tren.

Otro mal diseño: los carteles luminosos están colocados sobre las boca de la salidas a los andenes. Esto implica que la gente se para allí y obstruye la subida y bajada de las escaleras, que se concentra en esos puntos porque no hay fiabilidad en las pantallas al cambiarse de unas líneas a otras según el caótico tráfico, lo que implica bajar corriendo a contracorriente con los que suben también corriendo, además de que la mayor parte de la gente se concentra en el mismo punto, otro peligro.

Se eliminaron los murales con los planos generales de las líneas de los trenes. Teóricamente como se mira en Internet... Pero lo cierto es que al indicar el destino y no las estaciones intermedias no existe indicación de por dónde pasa el tren, por lo que la pregunta "Este tren pasa por X", se la realizan los viajeros unos a otros, no sabiendo la respuesta la gran mayoría.

Las máquinas expendedoras de bebidas están situadas en los puntos de acceso, junto a las escaleras, que es donde se concentra el paso de viajeros. Eso ahora es un problema porque los andenes están saturados de gente.

Como señala la información, todo esto hace que se llenen los trenes y que estén tiempo parados esperando la orden de salida. Esto ocurre precisamente con el momento de retirada de la obligatoriedad de llevar las mascarillas en el interior. Mucha gente no se la quita, pero es probable que pronto tengamos nuevas cifras de contagios de diverso tipo, no solo de la COVID.

Todo se junta. Todo forma parte de la complejidad. Es evidente que la planificación de unas obras de 10 meses en la estación de trenes de máximo tráfico de está mal planificada y peor desarrollada, que tiene unos efectos colaterales debido a lo complejo del sistema de comunicación en una ciudad y región como la madrileña con una densa red de comunicaciones. Los cambios en esta tienen efectos en el sistema laboral (la gente va y viene del trabajo), va a tener costes en términos de accidentes y sanitarios (aumentos de enfermedades), afectará a los demás subsistemas de transporte (metro, autobuses, taxis, etc.) por atascos, retrasos, accidentes, etc. Hará que estos subsistemas se vean tensionados, como ya ocurre en el metro, que absorbe muchos pasajeros que no pueden usar el tren. El mayor uso provocará un deterioro más rápido por el uso, que los menguantes servicios de reparación y mantenimiento (reducidos en los últimos años, en los que el tiempo, por ejemplo, de reparación de una escalera mecánica se ha multiplicado).

Lo peligroso es que toda esta variedad de situaciones las padecen los mismos. Bajo la etiqueta de "viajeros" están las mismas personas, que acabarán estallando y pidiendo, como ya hacen, cambios y responsables. Son las víctimas diarias.

Telemadrid


La brillante campaña publicitaria —"Perdonen las mejoras"— puede hacer perder la paciencia a aquel que tiene la perspectiva de que le descuenten una y otra vez dinero de su sueldo por llegar tarde o cualquier otra circunstancia que modifique la vida diaria y que se verá afectada, en mayor o menor medida, por lo que supone desplazarse. Diez meses enfadados por conflictos de todo tipo puede ser demasiado. "Perdonen los cabreos" será la contra campaña con la que se pueden encontrar en breve. El problema es que ese estado de ánimo es fácil que se vaya de las manos y se traduzca en más violencia.

¿Han infravalorado lo que significa en términos sistémicos las obras de Chamartín? Me temo que sí. Lo que ocurre en Chamartín, no se queda en Chamartín, como aseguran. Los efectos son múltiples y crecientes. Por lo pronto está dejando a la vista muchas otras carencias, modificaciones que parecían no tener importancia (como retirar puntos de información hacer pequeños y distantes los letreros luminosos, etc.) y que ahora la tienen.

Desgraciadamente, pronto esto irá a más, tal como la paciencia irá a menos. Demasiadas chapuzas que pagan siempre los mismos, que caen sobre las mismas espaldas. Esto es un paso más hacia ese caos de inoperancia, que sentimos que nos rodea. Da igual que sea verdadero o solo una ilusión. Con las ilusiones, en ambos sentidos, se hacen muchas cosas y no todas se pueden controlar cuando se ponen en marcha. No es lo mismo estar enfadado en casa que estarlo en un andén con cientos o miles de personas en estado de irritación. Me temo que pronto lo comprobaremos. La gente levanta las manos para grabar con sus teléfonos el caos... por ahora.

* EC "Caos en el Cercanías Madrid: golpes a los trenes e insultos a maquinistas por los retrasos" El Confidencial 8/02/2023 https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2023-02-08/cercanias-madrid-atocha-andenes-aglomeraciones-cortes_3572337/

sábado, 28 de agosto de 2021

Caer del cielo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las víctimas mortales del doble atentado de Kabul ascienden ya a 160 muertos más los heridos. Los terroristas suicidas deben haber sido recibido con gran alegría en el otro mundo; lograron su objetivo.

La mayoría de las veces los muertos no tienen historia; se esconde tras la frialdad numérica de la cifras, que se van actualizando como si fueran índices de precios o cualquier otro dato.

De las imágenes que hemos visto, las más impactantes inicialmente fueron las de los cuerpos cayendo desde el cielo al soltarse de los trenes de aterrizaje a los que algunos se habían aferrado para no se sabe muy bien qué hacer, aunque su intención era clara: salir de allí, huir de los talibanes. La acción era irreflexiva, quizá guiada por la primera euforia de haber conseguido entrar y agarrarse a los trenes de aterrizaje. Sabemos de cadáveres congelados encontrados dentro de la carcasa de los trenes de aterrizaje en gente que huye de sus países para intentar entrar en otros de la forma que sea.

The Washington Post le ha puesto rostro e historia a una de esas pequeñas figuras, apenas unas manchas en el cielo, captadas en su caída por los teléfonos móviles de los que, a falta de libertad, recogían el testimonio del desastre que se producía ante sus ojos. Hay muchas imágenes de caos y desesperación en el Kabul tomado por los talibanes en una de las peores operaciones que se han visto en décadas.



La historia es la de Fada Mohammad, de cómo salió de su casa sin que supieran dónde iba y cómo cayó sobre una casa a varios kilómetros de Kabul. The Washington Post ha titulado el artículo "The story of an Afghan man who fell from the sky" y los firman Gerry Shih, Niha Masih y Dan Lamothe:

 

As the Taliban encircled Kabul on Aug. 15, Fada Mohammad told his family about what he’d seen on Facebook: Canada and the United States were airlifting anyone who wanted to leave out of the Kabul airport.

But if Fada wanted to go himself, recalled his father, Payanda Mohammad, he didn’t mention it.

The young dentist never reached either country. The next day, he didn’t make it beyond a rooftop four miles from Kabul airport, where his body was found after he plunged from a U.S. military plane as it took off — one of the most tragic and indelible images in the final chapter of the U.S. campaign in Afghanistan.

In the 10 days since then, many details of the chaotic events at Hamid Karzai International Airport remain unknown. Fragments of videos taken by bystanders, which quickly went viral on social media, showed glimpses of an extraordinary scene as hundreds of Afghan civilians swarmed the Air Force cargo transport on the tarmac in a desperate attempt to get on board.

In one video, at least a dozen people were on top of landing gear hatches as the aircraft accelerated down the runway. In another, two bodies fell from the plane as it climbed skyward.

Yet another smartphone clip showed the aftermath: at least four motionless bodies on the airport tarmac, randomly spaced along the length of the runway. A promising teenage soccer player was among those who died. So was Fada.

The Air Force said a C-17 crew decided to “depart the airfield as quickly as possible” that day because of the deteriorating security situation. U.S. officials later found crushed human remains inside the wheel well. The Air Force has pledged a thorough investigation to “prevent a situation like this from happening again.”

In Kabul, residents are grappling with questions of their own.

Wali Salek, who has lived 20 years in Kabul’s Panjsad Family neighborhood, wonders how misfortune could strike from the sky, sending two bodies, including Fada’s, crashing onto his cracked roof like “an explosion” going off.

 

Es imposible ponerse en la situación de alguien que vuela esas millas desde el aeropuerto hasta caer sobre el tejado de una casa, ver el mundo desde esa altura que el avión llevaba. Y caer.

Pero sí podemos ponernos en la posición de espectadores, ya sea horrorizados o indiferentes. Las cadenas nos advierten que van a mostrarse imágenes molestas, que pueden herir nuestra sensibilidad, como suele decirse. Nos advierten para no mirar, para no ver las consecuencias reales de lo que ocurre en una realidad demasiado dura para hacérsenos real. Pero el hecho de no mirar, como avestruces, no evita que las cosas ocurran y que ocurran como ocurren. Los que tuvieron que retirar los restos de las personas que quedaron atrapadas en el tren de aterrizaje del avión saben que no siempre se tiene ese recurso de dejar de mirar, reservado a privilegiados

Hay un detalle al inicio de la historia. Fada ha oído que todos los que lleguen al aeropuerto podrán salir hacia Estados Unidos y Canadá. Creo que es relevante porque Fada fue a su muerte engañado. ¿Se trataba de crear un caos en el aeropuerto? Sin duda. Los talibanes sabían lo que ocurriría y su "inteligencia" puedo perfectamente colapsar la retirada mediante el recurso de asegurar que cualquiera que llegara podría subirse al avión de salida. Serían así las fuerzas en retirada las que tendrían que rechazar a los afganos desesperados que no estaban en lista alguna. La estrategia del caos es la más barata, bastan unos cuantos twits, un par de mensajes en las redes sociales para crear el caos en una situación de desesperación.



En el artículo, se da paso a la palabra del padre de Fada. Era el mayor de sus diez hijos el que había muerto. Toda la vida fue, como primogénito, en el que se invirtió: se le pagó una universidad para que se hiciera dentista, se pidieron préstamos para que pudiera montar una clínica con un socio al terminar, más préstamos para organizar su boda. Y ahora Fada había sido encontrado sobre el tejado de una casa a más de diez kilómetros de Kabul. La vida es absurda:

 

In the city’s outskirts, Fada’s father wonders why his eldest son went to the airport that morning without telling him. He asks why the pilot lacked “humanity” and decided to take off even as people hung on.

“If somebody is clinging onto the plane, does the pilot have the right to fly? Is this lawful?” Payanda said Tuesday. “It was like killing a mosquito that you do not even consider human.”*

 

Su pregunta sobre la "licitud" del despegue no deja de ser un intento de dar sentido al absurdo responsabilizando al piloto. Pero el piloto no tiene mucho que ver con lo ocurrido. Ya tiene bastante en la vida con ver las imágenes de la gente cayendo desde el avión que pilotaba, estampados contra el suelo de la pista. La historia de Fada, si llega hasta él, pondrá cara e historia a su imaginado dolor.

El artículo se mueve por las opiniones de pilotos expertos tratando de explicar que los que pilotaban en ese momento no podían ver a los que estaban enganchados al tren de aterrizaje y que si se hubieran detenido el caos habría sido mayor y los efectos peores. Pero eso siempre es especulación.

Nos dicen que Fada había crecido en un Afganistán y que sus deseos de mejora le hacían soñar con salir del país. Formarse, como en tantos otros países de miseria, es la puerta de salida, el camino a un empleo mejor que lo que tu propio país te puede dar. No es solamente en Afganistán donde esto ocurre. Lo explica su primo, con el que compartía los sueños de huida que no compartía con su padre y hermanos, que lo veían como una inversión, como una forma de mejora del grupo familiar.



Hay en todo este desastre un sentimiento —lo veíamos aquí ayer— de conexión con el 11 de septiembre, con Vietnam, con los destres  que han marcado la vida norteamericana desde el comienzo del siglo y que les llevó a Afganistán en 2001. Las asociaciones son inevitables para muchos:

 

The final days “may create more panic, uncertainty and more tragic images at Kabul airport,” said Gohel, who compared the airport videos to the photos of people falling to their deaths after jumping from the burning World Trade Center towers on Sept. 11, 2001 — the terrorist attacks that triggered the U.S. war in Afghanistan.

Each of the people touched by Fada’s death remains deeply shaken.

Salek says he understood anxieties were running high in Kabul. Many shops in Mandawi market were closed. Women had largely disappeared from the streets.

“Of course people need to flee,” he said. “But as a doctor, someone educated, [Fada] should have some logic, to know better than cling onto a plane.”

Mohammad has a different view. His son must have known the danger, he says, but believed the aircraft would never take off in that situation and that he would then have had a chance to negotiate a passage to the United States.

“We all have a sense of humanity, so [the pilots] knew better than to take off,” he said angrily. Instead, they “created an image that dehumanized the Afghan people.”

Fada’s cousin is still struggling to explain his loss.

“His time was over,” Basir has decided. “It was written in his destiny.”*

 

Entre el odio a los pilotos, que pronto crecerá hacia los occidentales y el destino escrito hay poco margen. Fada tiene nueve hermanos que crecerán en un Afganistán distinto, indudablemente con menos probabilidades que las que el joven caído tuvo. La pobreza y el odio son mala combinación allí donde se dan. Los islamistas son especialista en la manipulación del odio y del resentimiento. Es la forma en que manipulan para crear sus brazos ejecutores. Pronto alguien irá cada día a recordar al padre de Fada cómo murió su hijo, a manos de quién lo hizo y de la falta de "humanidad" de los occidentales, para quienes su falta de religión les impide actuar como deben. ¿Qué se puede esperare de ellos?

Da igual que se cumpla en su familia, lo harán en las de otros. Como ocurrió en zonas de Oriente medio abandonadas a sus suerte, la seducción se irá imponiendo para poder salir de la vida pobre, sin sentido y darle uno precisamente a través del sacrifico, de la inmolación. No es casual que los mecanismos de captación se dieran en personas sin demasiado futuro. La familia de Fada ha perdido sus esperanzas y ahora solo le queda el odio y recibir las condolencias. El primo Basir, en cambio, es fatalista. "Se le había terminado su tiempo", señala. Fue su destino; estaba escrito. Nada de lo que ocurre no lo está.

Pero ahora, al margen del destino, la historia de Fada Mohammad está también escrita, esta vez en las páginas reales y virtuales de The Washington Post. Sus lectores las verán como destino, como crueldad, como inoperancia, como caos, como desesperación. Cada uno sacará sus consecuencias sobre ese joven que cayó del cielo huyendo del infierno. Vivió, como el país, en una ilusión que la realidad ha puesto trágicamente en su sitio. Se le había terminado el tiempo.

 


*  Gerry Shih, Niha Masih y Dan Lamothe  "The story of an Afghan man who fell from the sky" The Washington Post 27/08/2021 https://www.washingtonpost.com/world/2021/08/26/story-an-afghan-man-who-fell-sky/

domingo, 27 de septiembre de 2020

El miedo egipcio a la llegada del caos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Un extraño artículo aparece en el diario Egypt Independent. Su titular es el siguiente: "Al-Azhar urges citizens to stand against attempts to destabilize Egypt". Una llamada de este tipo desde las instancias religiosas no suele ser frecuente, aunque es un ejemplo más de cómo el gobierno egipcio apela al control religioso para que le sirva de sostén al poder.

Que sea el centro religioso el que haga el llamamiento a la disciplina y al respaldo al gobierno de al-Sisi es por una parte chocante, pero por otro tiene su lógica, ya que esa es la función diseñada para estas instituciones, que han sido puestas al servicio del gobernante "virtuoso", el que se aleja de las "lecturas erróneas" de la religión en esa extraña mezcla que comentábamos hace unos días sobre la relación entre religión y política y el concepto de liderazgo.

Pero es "llamamiento urgente", ¿a qué desestabilización obedece? ¿Hay alguna situación crítica que obligue a este llamamiento combinado? No es solo Al-Azhar, sino que también ha sido secundado por el ministerio destinado a la cuestión religiosa.

Leemos en el diario egipcio:

Al-Azhar, the Islamic world’s top Sunni religious institution, on Saturday urged all Egyptians to stand against any attempts to destabilize the country.

Egyptian contractor Mohamed Ali, known for his opposition towards President Abdel Fattah al-Sisi’s regime, called for mass protests against the state since September 20.

His demands have been met with a weak response.

Azhar’s statement said it that keeps an eye on destructive movements aiming to tear down public order, undermine Egypt’s security and disrupt development and investment.

It praised the Egyptian people for being aware enough to ignore calls to destabilize the country.

Azhar said that it is confident that the government can address the nation’s issues in a manner that fully satisfies its citizens. Egypt is marching in the right direction as clearly indicated by various development projects being accomplished on the ground, the statement added.* 

Hasta ahí las referencias a la Universidad, pero después, como se ha indicado, entra en la noticia el otro equipo oficial de clérigos ministeriales, completando la doble llamada de atención a la llegada de ese caos peligroso que amenaza con la destrucción del país. Es un miedo que se invoca con frecuencia, pero no con esta doble llamada y claridad: 

In another statement, Minister of Religious Endowments Mohamed Mukhtar Gomaa said that calling to incite chaos is a crime amounting to national treason. Advocates against public order must be treated with the utmost decisiveness, he said, to deter anyone seeking to undermine Egypt’s society and safety.

“Every sincere patriot who loves their homeland and is keen on its security and peace is required not to cover up any element of terrorist groups and corruption cells,” Gomaa said, adding that “We consider covering up any of these rogue elements as a betrayal of the homeland and religion.”

Egypt’s Tax Evasion Prosecution referred Ali in late 2019 to an urgent criminal trial over charges of tax evasion.

An investigation had been initiated at the request of Finance Minister Mohamed Maait into the records of the contractor, who currently lives in Spain.

Ali is notorious for publishing a series of videos where he attacked President Sisi, the Army and General Intelligence leaders over projects that he took part in.*

 

¿Es tan grave la situación? De no serlo, ¿a qué viene esta alarmante petición ante la llegada del caos? ¿Qué "caos" es el que se teme?

El uso egipcio de la palabra "caos" es la alternativa al "orden" representado de forma única por la conjunción de tres elementos: administración (el aparato del estado), el Ejército y las instituciones religiosas. Cualquier cosa que afecte a esos tres elementos, a su autoridad y prestigio es considerada caos. En la cúspide, por supuesto, se encuentra la presidencia del país, un elemento que una veces juega a ser el padre del país y otra el hijo predilecto que sirve a la madre patria con devoción, sacrificio y entrega a su deber histórico, el más alto honor. Así se planteó la presidencia, el militar Sisi, que había dicho que no tenía pretensión de gobernar él mismo y que no habría gobierno militar. Hoy sigue siendo el presidente (y lo que le queda) y le basto tener un sueño profético en que el difunto Anwar El Sadat le pidió que se hiciera cargo del país y colgar el uniforme, reservándolo para las ocasiones más solemnes y propagandísticas, como la inauguración del nuevo e inútil tramo de Canal en un momento en que el tráfico marítimo disminuía.

El foco en el personaje del empresario Mohamed Alí, refugiado en España, fuente de los vídeos acusando de corrupción a la presidencia y a sus allegados en la construcción de palacios suntuosos no deja de ser sorprendente, pero debe haber metido el dedo certeramente en el ojo adecuado, pues si se le responsabiliza del próximo y peligroso caos, mucho efecto ha debido producir.

No hace muchos días, la prensa se hacía eco de la solicitud egipcia a España de la extradición de Alí. No sabemos mucho más, pero sí se barajó que el empresario solicitara la nacionalidad española por la vía rápida, es decir, por el procedimiento de la inversión suficiente en suelo.

El día 16 de septiembre, Egyptian Streets mostraba otro capítulo de este culebrón con Alí como protagonista. Se trataba de una escocida intervención de al-Sisi en su foro favorito, convertido ya sin tapujos en un espacio de propaganda personal: 

President Sisi noted during the eighth edition of the National Youth Forum on Saturday that what was mentioned in the videos uploaded on social media were “full of lies and slander.”

He added that the goal of these videos were to undermine the confidence “between me and the people and who he trusted.”

“Yes, I build presidential palaces and I will continue to build them but not for myself… I’m working to build a new Egypt.”

“And I say to every mother and every man who trusts in me… and I say to the people: your son (referring to himself) is honest, faithful and sincere, and this is not a response to anyone, but this is something known about me for a long time,” he stated.

The statement was said during a session that deals with the effects of spreading lies through social media.

At the beginning of the session, a documentary was aired on the effect of social media on the youth and its social and health damages. It also mentioned that some terror organizations have resorted to cyberspace to undermine the state.

In a series of videos that went viral last week, actor and businessman Mohamed Ali, who recently fled to Spain and reportedly worked with the army for 15 years, accused the military of spending billions on their own families whilst ordinary people live in poverty.

He accused Sisi of constructing a 7-star hotel at a cost of around 2 billion Egyptian pounds ($120 million) as a favor to Sherif Salah, a military general, and that he was assigned to carry out the project by direct order, not through a tender involving several companies.

Ali notes that the reason for speaking out now is because his company is owed 220 million EGP ($13.3 million) for the construction of a luxury hotel in New Cairo.**

La noticia nos da un poco más de perspectiva de lo que está ocurriendo y sobre la llegada de ese anunciado y peligroso "caos".

Conforme avanza la crisis mundial por la pandemia, los números egipcios son ya difíciles de calcular. La pregunta que surge es la siguiente: si se trata de construir por el bien de Egipto, ¿por qué no se construyen hospitales o fábricas o riegos en vez de lujosos palacios presidenciales? El hijo de Egipto parece haber salido un poco gastón. La identificación presidencial con Egipto se ha excedido, sobre todo si se trata del lujo de alguien de quien se supone que se pasará tanto años, treinta, como Mubarak en el poder.

Al-Sisi comenzó cantando al pueblo y ahora la melodía es muy diferente. La crisis económica sobre Egipto ha sido anterior a la pandemia. Con la pandemia sus tres fuentes de riqueza -turismo, canal y petróleo- se han hundido arrastrando a todos. Las promesas de las llegadas de turismo que saltan a las noticias no dejan de ser la banda sonora de un fracaso. La Historia les ha jugado una mala pasada hundiendo cada intento de presentar un Egipto en marcha. Lo fue la ampliación del canal de Suez, como dijimos. Los egipcios ven cómo El Cairo se va a quedar despoblado ante la llegada de la nueva capital administrativa que está atesorando demasiados lujos como para que solo haya oficinas. Como avisamos en su momento, se convertirá en un reducto de quienes se lo pueden permitir ante la previsión (cíclica) de que los egipcios desesperados hagan lo mismo que cuando sacaron a Mubarak del poder.

La inversión se ha hecho para atraer turismo, como los lujosos museos faraónicos, en sentido de adjetivo, por lo lujoso. Quienes se han beneficiado han sido los constructores, los amigos del régimen (es la denuncia de Alí), y los que se van a quedar fuera mirando son los de siempre. Pero nadie contaba con el COVID-19 ni con la subversión del que no tiene nada que perder.

Egipto, como otros países árabes, está invirtiendo mucho en promoción exterior, como muestran canales como la CNN, de donde desaparecen las referencias a Egipto que son sustituidas por el pago de programas promocionales, siguiendo el modelo de Arabia Saudí o de Emiratos. Pero las visitas a Egipto no salvan los números de los que se quedan al otro lado del cordón protector.

¿Se está empezando a caldear el ambiente ante la presión social y las demandas de otro tipo de economía, ahora que se ve que la recuperación turística no va en el camino esperado (¡España, aprende!)? No es fácil entender que en un país tan necesitado de desarrollo, sufridor de años de abandono y con unas diferencias sociales abismales, el dinero se vaya en la construcción de palacios presidenciales por más que el presidente al-Sisi insista en ello.

La herida abierta por los vídeos de denuncia de los tejemanejes internos, sobre los beneficiarios, miembros del Ejército, y la clase empresarial surgida de tantos años de corrupción económica y política, es muy honda. No es fácil ignorarla y menos si se dan detalles y nombres.

¿Hasta dónde llegará el caos? No lo sabemos, pero sí que quienes lo temen están profundamente preocupados por ello. No hay otra respuesta a la llamada a la tranquilidad de los clérigos, síntoma preocupante.

Hace tiempo que venimos dando algunos avisos sobre estas pequeñas cuestiones egipcias, las subyacentes a males mayores cuyo alcance no debe ser despreciado, como ocurrió con los incidentes previos a 2011. 

Egipto está metido en una serie de conflictos cuyos contrincantes contemplan satisfechos cómo al presidente le preocupa la llegada del caos. Los discursos y documentales sobre las maldades de las redes sociales y su pernicioso efectos sobre los jóvenes anticipan el cerco de silencio, que volverá de nuevo a la máxima intensidad para evitar que el caos o la indignación crezca.  Mucho me temo que servirán de muy poco. ¿Cuál es el siguiente paso?

* "Al-Azhar urges citizens to stand against attempts to destabilize Egypt" Egypt Independent 26/09/2020 https://www.egyptindependent.com/al-azhar-urges-citizens-to-stand-against-attempts-to-destabilize-egypt/ 

** "Sisi Says Videos on Government Corruption Full of ‘Lies’ and ‘Slander’" Egyptian Streets 14/09/2020 https://egyptianstreets.com/2019/09/14/sisi-calls-videos-on-government-corruption-full-of-lies-and-slander/