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sábado, 10 de abril de 2021

La Teoría del Reemplazo y el supremacismo blanco en USA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La era postrump es la era de Trump por otros medios o, si se prefiere, con otras voces. La retirada momentánea y relativa de Trump ha hecho que muchos tengan que dar pasos arriesgados para alcanzar el protagonismo que buscan. El faro que suponía Trump en la Casa Blanca permitía a los demás mantenerse en segundo plano o dedicarse a reproducir lo que se pregonaba desde la presidencia. Era estar a la sombra del poder.

Con Trump fuera de la presidencia, los movimientos son más arriesgados, al descubierto, por lo que lo que se dice puede tener consecuencias mayores al estar en minoría. Con Trump más silencioso, a la espera de su oportunidad, otros intentan ganar protagonismo. Pero ya no es tan sencillo.

La prensa norteamericana se ha concentrado en un siniestro personaje de la Fox News, su presentador más valorado por su audiencia, Tucker Carlson, el hombre del ceño fruncido y los ojos pequeños. La cuestión que ha atraído la atención crítica de la prensa es una de sus cuestiones estrella, la defensa del supremacismo blanco a través de la llamada "teoría del reemplazo", de corte conspirativo y de consecuencias por su uso en determinados estados para diluir el voto demócrata.

En la CNN se nos explican las afirmaciones difundidas desde su programa:

 

Appearing with his friend Mark Steyn, who was filling in at 7 p.m. ET, Carlson invoked "white replacement theory," a racist conspiracy theory that imagines White people are being intentionally replaced by immigrants.

"No, no, no," Carlson said, insisting that he wasn't parroting the theory.

But then he said "this is a voting rights question. I have less political power because they're importing a brand new electorate. Why should I sit back and take that? The power that I have as an American guaranteed at birth is one man, one vote, and they're diluting it. No, they are not allowed to do that. Why are we putting up with this?"

His remarks came in the context of a conversation about how the government treats migrants who cross the southern border -- one of the most frequent topics on Fox.

Moments earlier, Carlson seemed to predict that he would spark outrage: "Now," he said, "I know that the left and all the little gatekeepers on Twitter become literally hysterical if you use the term 'replacement,' if you suggest that the Democratic Party is trying to replace the current electorate, the voters now casting ballots, with new people, more obedient voters from the Third World. But they become hysterical because that's what's happening actually. Let's just say it: That's true."*

 


El titular de la noticia "ADL calls on Fox News to fire Tucker Carlson over racist comments about 'replacement' theory" y su inicio nos informan sobre la petición de que se despida a Carlson, aunque con pocas esperanzas de que esto ocurra.

La falacia de la teoría supremacista tiene dos niveles. El primero y más evidentemente absurdo es que nadie está conspirando para meter inmigrantes para diluir el poder de los "blancos" (¿no afectaría a todos?). Pero es el segundo, el que afecta al fondo, el más peligroso porque se construye sobre un principio perverso: si hay nuevos votantes, el peso de su voto "se diluye". Gracias a ese argumento, por ejemplo, se podría limitar el número de hijos de los inmigrantes porque en su día tendrían más votos.

La teoría es perversa y, podríamos decir de "orden creacionista": hay un estado inicial perfecto, el de los padres fundadores blancos; posteriormente, todo es degradación pues van llegando oleadas sucesivas de personas diferentes que "diluyen" el voto blanco inicial. Negros, hispanos... ¡hasta católicos! hacen que el voto de esos primeros elegidos por Dios pierdan sus derechos sobre la Nueva Jerusalén blanca.



La teoría del reemplazo es la que se aplicó para negar los derechos civiles a millones de estadounidense que a los que se les negaba su capacidad de decidir con su voto el destino de su país. El país era de los colonos llegados de determinados lugares, de los sitios privilegiadas; los esclavos e inmigrantes no eran "colonos", solo una propiedad o una mano de obra a su servicio. Esta ha sido la idea que ha estado en el poder o en la sombra y que el supremacismo sostiene.

Lo que Tucker Carlson sostiene es que él tiene derechos por su nacimiento y procedencia, que él es un auténtico norteamericano, por encima de otros millones de personas a los que se les debería negar el voto por no serlo.

Si esto fuera solo una cuestión del presentador sería reprobable, pero la cuestión es que determinados estados lo están llevando a cabo mediante leyes restrictivas del voto para personas que tienen sus derechos como ciudadanos pero a los que se pretende evitar que voten, es decir, que su voto reemplace al de los auténticos, genuinos norteamericanos. Una doctrina de este tipo, muy vieja, era la que hacía que se obstaculizara a los ciudadanos negros el acceso a las oficinas de registro de electores. Simplemente, unos cuantos genuinos norteamericanos como Tucker Carlson se sentaban en las puertas de las oficinas, muchas veces acompañados de los policías locales y en ocasiones estos acompañados de perros. El que intentara entrar se jugaba la vida o la cárcel por provocar altercados callejeros.



Esto forma parte de la historia norteamericana y está de nuevo presente. Ha estado siempre, pero la llegada de Trump a la Casa Blanca hizo salir el odio reprimido contra un "presidente de reemplazo", Barack Obama, que —recordemos— tuvo que pasarse su mandato defendiéndose de la acusación de "no ser norteamericano". Trump usó también ese argumento, propio de la ultraderecha supremacista que le eligió como candidato y a los que él devolvía constantemente los favores para cultivar su apoyo con esmero.

La idea del supremacismo blanco y de la amenaza del reemplazo ha ido ganando adeptos de forma directa o indirecta. La astucia de presentar este tipo de argumentos está en la base ahora de los populismos nacionalistas que se conectan en una gran internacional supremacista.



Una de sus astucias es haber sabido crear un sistema jerárquico para el racismo. Esto supone un ejercicio relativista donde unos grupos se siente superiores a otros en función de determinados criterios (tamaño de la población, tiempo de llegada, creencias religiosas, etc.) en donde solo hay un puesto fijo, el superior: el del blanco, anglosajón y protestante, el representado por el conocido acrónimo "wasp" (white, anglo-saxo, protestant). Desde ahí, desde la cúspide, el racismo es relativo y descendente. Recordemos el caso del abogado judío neoyorquino que creó un escándalo en un restaurante de la ciudad cuando escuchó a las camareras hablar en español o el reciente caso del afronorteamericano pateando en plena calle a una mujer coreana al grito de "¡tú no perteneces a este lugar!" ante la indiferencia de los porteros de la casa frente a la que se produjo el incidente, que, por cierto, fueron despedidos poco después por su comportamiento.



De las combinaciones de etnia, educación, estatus económico y religión, fundamentalmente, sale un mapa complejo donde solo hay una cosa cierta: la "pureza" de los "wasp", los "propietarios" de los Estados Unidos, por la gracia de Dios. La vuelta del KKK, de los "proud boys", neonazis, etc. al primer plano es el resultado de las crisis económicas y morales vividas en el siglo XX, herencia enferma de sus inicios, y que siguen hasta hoy, como podemos apreciar, en un mundo global e interconectado. 

Lo dicho por Carlson no es, pues, nuevo. Ni tan siquiera es nuevo en la Fox News, donde se repiten este tipo de ideas de forma más o menos clara. Pero el presentador estrella parece dispuesto a subir el listón de la permisividad. Los ataques de Trump a la inmigración fueron constantes y el "muro" quedará como una muestra de su actitud y la de quienes lo coreaban en sus mítines.



Este tema se repite por igual allí donde el populismo nacionalista busca adeptos. Señala Brian Stelter, el autor del artículo de la CNN:


His remarks came in the context of a conversation about how the government treats migrants who cross the southern border -- one of the most frequent topics on Fox.

Moments earlier, Carlson seemed to predict that he would spark outrage: "Now," he said, "I know that the left and all the little gatekeepers on Twitter become literally hysterical if you use the term 'replacement,' if you suggest that the Democratic Party is trying to replace the current electorate, the voters now casting ballots, with new people, more obedient voters from the Third World. But they become hysterical because that's what's happening actually. Let's just say it: That's true."

No one is being "replaced." Existing voters are not being exchanged for the "more obedient" migrants Carlson imagines.

But Carlson has raised this notion repeatedly on his own 8 p.m. program. In Friday's letter to Fox, Greenblatt said "at ADL, we believe in dialogue and giving people a chance to redeem themselves, but Carlson's full-on embrace of the white supremacist replacement theory on yesterday's show and his repeated allusions to racist themes in past segments are a bridge too far."   *

 

La mezcla de racismo, populismo y medios de comunicación es explosiva. Los más de 70 millones de votos logrados por Donald Trump, las constantes afirmaciones sobre habérsele "robado" la presidencia en otra conspiración, etc. se conectan directamente con la "teoría del reemplazo", que se traduce en actitudes antidemocráticas desde los estados republicanos, maniobras legales para impedir el voto y demás argucias cuya justificación se encuentra en la teoría falsa.

El argumento de que "su voto vale menos" es el que permitió la existencia del colegio electoral que llevó a la presidencia a Trump pese a haber conseguido dos millones de votos menos que su rival, H. Clinton. Los estados más esclavistas, con campos de cultivo, tenían menos población blanca, por lo que consiguieron una sobre representación. Eso explica que consiguieran sacar a Trump. Pero las tornas se han vuelto precisamente en esos estados, que es donde han perdido la presidencia. Esto explica que esos estados traten de endurecer la legislación para votar y restringir el voto por correo, que ha sido su gran batalla.




La teoría del reemplazo o sustitución es falaz, racista y antidemocrática. Según ella nadie debería llegar a los estados, que siempre deberían tener el mismo número de electores. Sus orígenes están en el vínculo anglosajón entre voto y tierra, es decir, entre el derecho del propietario a decidir con su voto, mientras se le niega al trabajador, al inmigrante, a los que se considera meros comparsas. Todo esto se entremezcla con una doctrina religiosa que te bendice y considera que Dios te entregó una tierra a ti y no a otros, un regalo justificado en esos principios señalados, siempre excluyentes.



El peligro del supremacismo blanco lo hemos visto más allá de sus fronteras. Si supone racismo en el interior, supone desprecio hacia el exterior, algo que se ha podido apreciar en la forma de afrontar la política internacional norteamericana, basada precisamente en una forma se supremacismo basado en la fuerza militar y económica, en el desprecio de las relaciones internacionales o cualquier foro en el que plantear acuerdos. El supremacismo solo quiere obediencia porque no entienden en modo alguno la existencia de iguales. Son la cima de la pirámide.

Trump se ha ido, pero no sus ideas, que son repetidas por personajes siniestros como este presentador y otros de su cadena, interesados en envenenar el país, en dar alas a las tendencias que más daño han hecho a los propios Estados Unidos, dentro y fuera.



La Liga Anti Difamación le denuncia, pero no parece que Fox News vaya a hacer mucho. Necesitan mantener las audiencias y el radicalismo suele ser fiel mientras se le refuerzan sus malsanos principios.

Son muchos los analistas políticos que manifiestan su preocupación por la invasión del partido republicano por todas estas teorías enfermizas y peligrosas. La forma de hacer política y de entenderla ha cambiado. Hay una interfaz radical que asegura el seguimiento. El mundo se nos ha hecho plano, básico, elemental y movido por instintos protectores y agresivos contra otros. La invasión de estas teorías es también la de los grupos que las sostienen, cada vez mejor organizados y con herramientas que van de la Fox News a las redes sociales formando un entramado informativo que crece en complejidad de las relaciones, por un lado, pero también en simplicidad de los mensajes, por otro. El crecimiento del odio es su signo más claro. Y es eso lo que se busca, canalizar el odio al diferente, convertirlo en el objetivo al que hay que eliminar.

Afortunadamente, hay muchos implicados en frenar estas ideas peligrosas. Es la canalización del odio y del miedo, que es lo que más une a quienes ven una amenaza en las diferencias, por un lado, y en la igualdad, por otro. Las mismas viejas ideas de siempre siguen haciendo daño.

The Washington Post nos trae una noticia resaltable en estas circunstancias, la de una mujer, descendiente de esclavos vendidos en 1838, que ahora representa una obra de teatro sobre ellos en el mismo lugar donde realizaron la venta. Es un hermoso signo del cambio de los tiempos, aunque haya quienes se resistan; es una señal que el pasado no se puede cambiar, pero sí superar.

 


* Brian Stelter "ADL calls on Fox News to fire Tucker Carlson over racist comments about 'replacement' theory" CNN 9/04/2021 https://edition.cnn.com/2021/04/09/media/adl-letter-fox-news-tucker-carlson/index.html





jueves, 19 de julio de 2018

Trump y la peor no política


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Donald Trump es el centro; sobre él giran todos los comentarios, positivos y negativos. Esto últimos son cada vez más concluyentes, mientras que los de apoyo van quedando como más pintorescos, lo que hace manifestarse en este sentido a aquellos que buscan algún tipo de notoriedad. Muchos se preguntan por los efectos de las decisiones de Trump en política doméstica, mientras que otros se centran en sus terremotos exteriores.
Las políticas sobre inmigración, cambio climático, las sanidad pública, la política energética, las guerras comerciales con la fijación de aranceles, las injerencias rusas, los líos de Oriente Medio, Corea del Norte, la OTAN, etc. Todas estas cosas se han visto sacudidas por su presencia en la Casa Blanca. Pero hay otra cosa que Donald Trump ha hecho y de la que se habla menos. Me refiero a su efecto sobre la percepción global de lo político.
Donald Trump es un político anti político. Ha llegado a la Casa Blanca marcando las distancias con el "sistema". Su argumento principal era "los políticos han fallado", responsabilizando con especial virulencia a Barack Obama, con el que posee una fijación obsesiva. Representaba los extremos opuestos a Hillary Clinton: mujer, profesional de la política, miembro destacado de la administración Obama y demócrata. Las simpatías de Clinton no eran excesivas y Trump lo aprovechó.


Pudiera sorprender que el cargo de mayor poder y complejidad haya ido a parar a una persona que carece de experiencia política. Ha habido otros empresarios que han intentado el camino de la Casa Blanca, pero había tenido experiencia política como senadores o como gobernadores de algún estado. Trump carecía de ella y lo usó como un argumento, para lo que tenía que atacar a los políticos con más virulencia. La inexperiencia la convirtió en garantía de compromiso.
La política de Trump se ha basado en restringir el papel de los medios mediante dos fórmulas exitosas: a) llevar su propia comunicación directa a través esencialmente de Twitter; y 2) restringir las comparecencias directas, usando un medio afín, en este caso, la Fox News. Las demás intervenciones mediáticas se suelen saldar con errores y falsedades que se suele ver obligado a, sin pudor alguno, desmentir él mismo acusando a los demás de no entenderle. Puede echarle la culpa a un traductor, como ha ocurrido hace apenas unos días y quedarse tan tranquilo.


Trump sabe que un escándalo tapa otro escándalo. Cuando se le va de las manos los temas, organiza otro escándalo con nuevas declaraciones en esos mítines en los que se rodea de sus fieles y desahoga sus iras con los que le presionan en la semana: congresistas y senadores, periodistas, medios contrarios, políticos extranjeros, etc. Mientras los medios analizan qué es verdad y qué mentira, Trump ya está preparando otra andanada contra los enemigos fijos y circunstanciales.
Trump tiene capacidad de producir titulares y la astucia de provocarlos en el sentido que le interesa. Crece con las agresiones ya que juega con blancas. Siempre llegará más lejos que sus rivales —por la falta de inhibiciones— y eso es otra ventaja de no ser político profesional. Cada discurso es una batalla sin cálculos hacia el futuro, lo que hace que sus rivales se vuelvan locos intentado conocer sus planes, que son simplemente inexistentes, basados en el día a día, organizados frente a unas cuantas líneas básicas, casi siempre negativas.
Es como si usted estuviera jugando a un juego, mientras que su rival cambia de juego (del póquer a la brisca) sin que usted se dé cuenta hasta que es demasiado tarde y ha vuelto a cambiar de juego. Trump lanza carnaza al estanque para que los peces acudan al punto. Y siempre lo hacen porque es la inercia de la comunicación política. Hay que sudar para robar el protagonismo a quien toma las decisiones, a quien puede poner todo patas arriba con solo unas declaraciones. Trump ha dado espectáculo hasta en el discurso a los Boy Scouts. No desaprovecha ocasión. El tiempo juega a su favor, mientras la Historia lo hace en su contra, acumulando excentricidades y megalomanía. Incapaz de decir cosas profundas, Trump expele trivialidades escandalosas, provocaciones sin límite, amenazas constantes, acusaciones sin fundamento.


No tiene reparo en lanzar bulos infames que pueden ser repetidos por otros o repetir los que otros lanzan en continua retroalimentación. A la vuelta del fracasado encuentro con Putin, Carlson Tucker, uno de los presentadores de la Fox News más beligerantes, recuperó el argumento de que quien interfiere realmente en las elecciones norteamericanas es ¡México! Recogía así las insinuaciones, de las que nadie ha encontrado una sola prueba, de que millones de inmigrantes ilegales habrían votado en favor de Hillary Clinton impidiendo que Trump lograra una enorme victoria. Recordemos que Trump perdió en número total de votos por cerca de tres millones de papeletas. Tucker vuelve a  hacer suyo ese argumento en favor de Trump: es peor México que Rusia. De esta forma, los votantes de Trump se sienten reconfortados y vuelven al reino de las sombras y ficciones en el que se encuentran más cómodos y reconfortados.
Si Donald Trump ha modificado los límites de hasta dónde puede llegar un político con sus embustes descarados, ha arrastrado a los medios hasta llevarles a un nivel de implicación nunca visto. Lo que muchos temían —que Trump requiriera un estado de campaña permanente para reforzar a sus votantes— se ha vuelto cierto para los medios. Pese a que en Helsinki ha logrado una condena prácticamente generalizada, los medios afectos ya están tratando —como Tucker— de tapar los errores con nuevas provocaciones.


No sé cuánto tiempo estará Trump en la Casa Blanca; esperemos que sea poco. Pero lo peor es el deterioro de la imagen de la política en sí y de los políticos. Tendrán que llegar unos políticos capaces de devolver a los norteamericanos el sentido de la realidad.
No es un fenómeno único. El modelo ha cambiado allí donde puede cambiar. El sistema político está íntimamente ligado al mediático, ya sea como propaganda (autoritario) o como opinión pública (democrático). Trump es una señal para el mundo, que le rechaza de forma sistemática con algunas interesadas excepciones. Los que han aplaudido a Trump son líderes autoritarios que ven en sus desaires constantes el refrendo de sus propios malos modos y falta de principios democráticos. Lo ocurrido en Reino Unido ha sido más que elocuente. Le han recibido, porque no tenía más remedio, ajustando el protocolo al máximo, un té en palacio. No puede esperar cosas mejores por donde vaya.


El encuentro con Putin —tras el realizado con el líder de Corea del Norte— marca un ecuador en las pretensiones de espectáculo de Trump. No es fácil ya encontrarle un nuevo episodio para mantener el interés.  Ha empantanado lo que había que empantanar. Necesita un nuevo conflicto con el que mantener las expectativas. El conflicto es su unidad de acción. Es la mezcla entre la provocación y la acción. A ello ayuda su incontinencia verbal y su ausencia de tacto o diplomacia, que el presenta como valores de "autenticidad" frente a la doblez de los profesionales. Pero es pose, un estilo de acción que quiere aparentar no ser política. Pero lo es, sin duda. Mala política y sobre todo destructiva porque le ha funcionado. Sus votantes siguen queriendo espectáculo y eso preocupa a los políticos demócratas que todavía no saben cómo enfrentarse al huidizo Trump.
Hay malos políticos y malos no políticos. Trump es pésimo, por más que él lo vea como un éxito.  Su capacidad infinita de liar las cosas, de confundir o mentir con el mayor desparpajo, no se puede considerar "política", sino la conexión con electorado que tiene una imagen distorsionada del papel de su propio país en el mundo .Toda esa prepotencia le es jaleada, aplaudida por los que consideran que los Estados Unidos son una víctima de un mundo que les parasita. No creo que sea esa la realidad. La respuesta de Trump es que los políticos anteriores traicionaron a los Estados Unidos negociando mal todo Él es el maestro de la negociación, un "no político", que lo va a enderezar todo.
Veremos, tras el patinazo de Helsinki, pronto por dónde sale ahora.