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sábado, 15 de marzo de 2014

Un mundo a pie

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras escucho una versión jazzística de la canción "Falling in love with love", de la que Sinatra hizo una fantástica interpretación, trato de encontrar alguna información sobre el pianista que lidera el trío, Charles Thomas, del que no tengo conocimiento. No es fácil encontrar información sobre él y el único tema que localizo en Youtube. Una escueta nota en The Sun de Baltimore, junto a otras defunciones, nos dice que murió un martes de 1999 de un cáncer de próstata. No hay mucho más. Lo que nos cuentan es la vida de un genio musical que no quiso tener vida de genio, asustado por las consecuencias de la fama. Todos los que le escuchaban se quedaban asombrados por su calidad, aquellos a los que acompañó en algún momento le alababan.
Bajo el título "Charles Thomas: un légendaire inconnu" encuentro un artículo sobre él, tomado de la revista So What (nº 40 - mayo 2000) escrito por el especialista Vincent Bessières. El comienzo del artículo nos dice:

Les journaux l'appelaient "l'agent secret du jazz", "le Musicien des musiciens", "le génie discret du piano jazz". Quant au pianiste James Williams, il le désignait comme "un trésor musical de premier ordre" et son comparse Mulgrew Miller affirmait qu'il était "un modèle d'excellence pour les nouvelles générations de musiciens". Cet inconnu à qui l'on attribue sans réticence tant d'éloges se nommait Charles Thomas.*

Es el artículo más extenso que he localizado sobre él y apenas tendrá un par de folios. Thomas no tenía demasiado interés en ser conocido, famoso o como queramos considerarlo. Desoyó las invitaciones de grandes músicos para que saliera de Memphis y se dirigiera a los centros musicales, como Nueva York. En cambio, se fue a Little Rock, en Arkansas. Nos cuentan que tenía allí tres Cadillac. Uno no funcionaba y los otros dos apenas estaban rodados porque Thomas, dicen, recorría los 365 días del año a pie el camino hasta el club en el que tocaba "de 5 a 9"*.
De sus trabajos con más de cincuenta grupos locales de Memphis, no ha quedado rastro. Apenas hay grabaciones suyas. En la primera consiguieron meterle en un estudio de grabación en un disco de músicos de su ciudad, titulado "Memphis Convention", una grabación de 1992. Interviene al piano en algunos de los temas. Existe una grabación que consiguieron realizar durante lo que califican como "un raro viaje" a Europa, que es de donde escuché su "Falling in Love with Love". Ron Carte logró meterle en un estudio y grabar con él. Participó también en una sesiones de pianistas de Memphis y finalmente se recuperó una sesión de estudio realizada también en 1992, que salió a la luz, cuatro años tras su muerte, en 2003. Esta última se titula "The Legend of Charles Thomas". Puede decirse que su discografía son un par de discos grabados en estudio, otro en directo y participación en otros dos junto a otros. En comparación con la mayor parte de músicos de su nivel, apenas nada. Toda su otra música se fue perdiendo tal y como iba saliendo de sus dedos. Fueron momentos únicos. Los que estuvieron allí lo escucharon; los demás lo oyeron contar.

Encuentro dos cosas más. La primera es una grabación de su nieto, Dywane Thomas Jr,  músico como él, bajista, pero que usa esta vez, en homenaje a su abuelo, el piano: "Grandaddy Charles (Tribute to my Grandfather Charles Thomas)", subido a la red en agosto de 2009, diez años de su muerte.
Lo otro que encuentro es una página de Facebook con la organización de un evento, creado el 6 de diciembre de 2012. Su nombre: "Remembering the Legendary Charles Thomas: A Musical Jazz Performance". Ha sido convocado por el Mosaic Templar Cultural Center, en Little Rock, en Arkansas, donde tocó, vivió y falleció Thomas. Hay 21 invitados convocados, de los que tres han dicho que asistirán; uno ha indicado que "tal vez asista". No sé cuántos fueron. Actuó un trío: Chris Parker, Joe Cripps and Brian Withers.


La Mosaic Templar of America (MTA) es una fraternidad negra dedicada a preservar la herencia afroamericana. Fue fundada a finales del siglo XIX por dos antiguos esclavos en la ciudad de Little Rock. Tenía una función asistencial y de apoyo y pronto creció hasta llegar a tener escuelas y hospitales, entre otros muchos servicios que les permitían paliar la segregación. Creo que era el lugar adecuado para recuperar el recuerdo de un habitante de Little Rock, como Thomas, que recorría todos los días del año a pie la distancia entre su casa y el club en el que tocaba.
Localizo el cartel del homenaje en la Mosaic Templar y nos muestra a un Charles Thomas sonriente. Las donaciones —la entrada es gratuita— fueron destinadas a los programas de formación musical del Centro.
Me llama la atención un dato que repiten en las pocas noticias que dieron cuenta de su muerte. Cuando falleció Duke Ellington, los músicos de su banda pidieron a Charles Thomas que ocupara el puesto del maestro en el piano. Thomas desistió poco después. Él no quería "hacer de Duke Ellington", les dijo, "quería ser Charles Thomas".


Nos resulta hoy sorprendente que alguien esconda su talento, que renuncie a viajar por el mundo y recibir homenajes y prefiera recluirse en Little Rock. Nos sorprende que alguien no prefiera estar al frente de la orquesta de Duke Ellington porque quiere ser él mismo, aunque los demás no sepan quién es. Desconozco lo motivos que llevaron a Charles Thomas a mostrar su arte solo a los que le rodeaban, a los que le podían escuchar cada día, y desoír a los que le reclamaban para sus grabaciones en Nueva York o en cualquier otro lugar del mundo. Puede que tan solo le gustara caminar y prefiriera los sitios pequeños, aunque tuviera tres Cadillac y unos cajones llenos de facturas.


Creo que el título de esa sesión que rescataron, , su único disco completo en estudio, The Legend of Charles Thomas, no le hubiera gustado demasiado. Es un título para los que gustan de las leyendas y lo legendario, que me parece lo opuesto a la reivindicación sencilla de su vida por parte del pianista. Quizá tan solo se veía a sí mismo delante de un piano, en un mundo ordenado y no el caótico que otros compañeros suyos tuvieron lejos, perdidos. Quizá Thomas necesitaba para su música y su vida una tranquilidad que a los demás aburre. Es, más que leyenda, un desconocido, un "legendario desconocido", como lo calificaba el artículo de Vincent Bessières. Puede que su leyenda la crearan los que le habían escuchado y se sorprendían de que un talento así no quisiera salir de Memphis o de Little Rock.
Quizá ya no seamos capaces de entender por qué alguien renuncia al reconocimiento, a la fama y se centra en sí mismo viviendo en un mundo que se puede recorrer a pie.




* Vincent Bessières "Charles Thomas: Un légendaire inconnu" So What nº 40, mayo 2000 http://hardbop.pagesperso-orange.fr/Thomas.htm






miércoles, 11 de diciembre de 2013

Farmer

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El trompetista Art Farmer (1928-1999) tenía un hermano, gemelo idéntico, que tocaba el bajo. Se cuenta la siguiente anécdota: un día le preguntaron a Art cómo se distinguía de su hermano. El contestó: cada mañana cuando me levanto cojo el bajo y si no puedo tocarlo es que soy Art.
La anécdota tiene algo de borgeana, algo de misterio de persona que se descubre a sí mismo en cada momento porque corre el riesgo de no reconocerse, de perder su identidad, resultado de uno los más asombrosos y sorprendentes avances evolutivos. Puede que todo lo vivo sea distinto, aunque lo sea ligeramente; pero solo nosotros hemos desarrollado tan intensamente esa conciencia de ser uno mismo, que incluye el ser diferentes a los demás. Somos nosotros porque no somos los demás, de ahí el interés del pensamiento de la otredad, complemento necesario para pensarnos.
Ser uno mismo, en el fondo, es ser el responsable ante la conciencia —que surge en el mismo movimiento— de la serie de acciones que constituyen nuestra biografía. Identidad, consciencia, memoria, biografía son causas y efectos reversibles. Tenemos identidad porque tenemos memoria; tenemos biografía porque tenemos consciencia y memoria; somos nosotros porque recordamos que lo somos. El interés de la ciencia actual por los "falsos recuerdos", aquellos que forman parte de nuestra memoria sin haber sido parte de nuestra vida, es en el fondo una indagación en el misterio de la identidad, más allá del "ser" o las "esencias". Tenemos poco de metafísicos y sí mucho de seres históricos que van acumulando diferencias, acción a acción, experiencia a experiencia, recuerdo a recuerdo.


Somos lo que recordamos que somos y somos lo que recordamos tal como lo recordamos, por eso Art Farmer tenía que comprobar qué sabía hacer, si tocar el bajo o la trompeta, para poder decidir quién era. Aunque la respuesta tenía mucho de burla al que le hizo la pregunta, no deja de tener el fondo inquietante que suelen tener las historias de gemelos idénticos: el temor a no saber quiénes somos, a perder la identidad en un extraño intercambio. De ahí el horror que nos causan las enfermedades degenerativas que nos destruyen la identidad comiéndose nuestros recuerdos, nuestros vínculos con el mundo, los que nos confirman quiénes somos. ¿Quiénes somos cuando no podemos recordar? ¿Cuál es nuestra identidad?


Imaginemos que cualquiera de los Farmer sufra amnesia tras un golpe y no recuerde que tiene un hermano. En su esfuerzo por recuperar su memoria, su identidad, abre un álbum de fotos en el que se encuentran entremezcladas las de ambos gemelos,  idénticos, indistinguibles a simple vista. Ese Farmer asumirá que todas aquellas imágenes fotográficas forman parte de su vida, son su vida. Se verá tocando el bajo en unas y la trompeta en otras. Pronto descubrirá que su extraña amnesia le ha hecho olvidar cómo se toca uno de los dos instrumentos y supondrá, probablemente, que la parte de su cabeza que se golpeó es donde reside la capacidad de tocar el instrumento que "ha olvidado". Lamentará —y eso marcará su vida— haber olvidado cómo se toca ese instrumento que, seguro, le procuraba grandes goces. Aquellas imágenes pasarán a ser falso recuerdos que irán repoblando su memoria, colonizándola. Pronto llegaría a fusionar ambas vidas en una.

De repente me doy cuenta de que en las fotografía que veo a Farmer tocando la trompeta sé que es Art, pero esta seguridad se desvanece cuando no está tocando un instrumento. Entonces puede ser cualquiera de los Farmer, pues son indistinguibles; puedo incluso desconocer que tenía un gemelo y haberme creado la figura de un solo Farmer. Trato de encontrar alguna fotografía del otro Farmer, una segura. Localizo tres imágenes. La primera es la portada de un disco que incluye su nombre, pero las imágenes son unas frustrantes figuras, deliberadamente borrosas; Addison Farmer es solo una mancha difusa, si es que es él alguna de esas sombras. 
La segunda imagen que encuentro es de los dos hermanos Farmer juntos, pero no hay posibilidad de distinción, apenas tienen unos meses de vida, una vida con pocas diferencias hasta el momento. Ninguno de los dos ha elegido todavía qué instrumento habrá de tocar para distinguirse el uno del otro a lo largo de sus vidas. Y son, efectivamente, idénticos.


La tercera fotografía es la portada del disco "Meet the Jazztet", de Art Farmer con el saxofonista Benny Golson, una grabación de 1960. Allí están todos los músicos y puedo contemplar finalmente a los dos hermanos juntos, Addison y Art, con sus rostros iguales, cada uno tocando su instrumento, trompeta y bajo. Addison es el más alejado de la cámara, permaneciendo en una discreta segunda línea junto al batería del sexteto. Van todos uniformados, con trajes azul claro, por lo que las posibilidades de distinción se desvanecen. Solo sus instrumentos les distinguen. Trato de encontrar diferencias entre ambos, pero no las hay. Art, como figura solista, está en el primer término; Addison permanece tras él, mirando hacia su hermano.


Los hermanos Farmer tocaron juntos en múltiples ocasiones. Art incluyó a Addison, un buen bajo, en muchas de sus formaciones y grabaron juntos una larga y memorable lista de discos. Addison Farmer participó en muchas otras grabaciones junto a otros buenos músicos, como hizo Art por su lado.
No sé si a Addison le preguntaban cómo podía distinguirse de su hermano Art. No sé si contestaba que se levantaba cada mañana y si no podía tocar la trompeta era Addison. Cada mañana salimos del sueño y recordamos quiénes somos. Continuamos nuestra historia en el punto que la dejamos, como si fuera un libro que dejamos sobre la mesilla.
La escritora norteamericana Djuna Barnes (1911-1982) escribió en su poema The Dreamer:

The night comes down, in ever-darkening shapes that seem-
To grope, with eerie fingers for the window –the-
To rest to sleep, enfolding me, as in a dream
Faith –might I waken!


La preocupación no solo es despertar del sueño, sino —tras él— seguir siendo uno mismo.