Mostrando entradas con la etiqueta sequía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sequía. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de abril de 2023

Gestionando la utopía del agua

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Un gran titular se despliega en la primera plana de ABC: "Los otros perdedores de la sequía: «Nuestro negocio se cuela por el desagüe»". Hace alusión, claro está, a toda la serie de negocios montados en España para recibir al turismo bajo el supuesto del "España va bien" en lo climático y lo económico.

El negocio de España, aquel por el que hemos cerrados muchas vías de posibles es el turismo en sus diversas variantes. Lo demás es para disimular. Incluso el "diseñado en España" se fabrica fuera porque nos hemos dedicado al saludable negocio de la cervecita, el cafelito y el chapuzón. Los del turismo de interior tiran de los monumentos de la España que fue, pero no tanto de la que es: un gigantesco solárium con huecos también damnificados, los de la agricultura (que debe competir con el norte de África) y la ganadería. Ambas están heridas de muerte por este calor que esperamos que pase y no pasa, por esta lluvia que tampoco llega.


La movilidad industrial se lleva allí donde es más barato lo que hay que fabricar; nuestros médicos emigran, como lo hacen los más cualificados de otros campos, que buscan destinos mejor remunerados y estabilidad laboral, algo que aquí no es fácil de conseguir. Los políticos venden optimismo porque solo así saben hacer política, el arte de convencer. Pero los fallos por falta de previsión son clamorosos. Nadie ha querido desviarse del guion turístico en estos años. Fue el modelo del desarrollismo español de los 60, aunque este miraba a un futuro industrial, de coches y camiones a electrodomésticos, pasando por muchas otras fábricas. Pero pronto la deslocalización (hubo que inventar un nombre técnico) se hizo una realidad: era más barato importar y fabricar fuera. La culpa no era de los que fabricaban barato, sino de los que querían producir a menor coste y así ampliar sus márgenes de beneficio.

España ha quedado como el paraíso del emprendedor, es decir, mayoritariamente aquellos a los que nadie contrata y se tienen que buscar la vida. De nuevo, las etiquetas son importantes. Tenemos unas cifras de paro enquistadas, un bar por cada 170 habitantes. Medimos la vida por "temporadas" y los "puentes" (estamos en otro) arrasan con las jornadas laborales de unos mientras que otros tratan de trabajar. Ocio y negocio alternando, lo que ganas lo gastas después en viajes, puentes, fiestas, etc., en todo lo que producimos, para que la economía siga en marcha.

La falta de agua, esta maldita sequía, pone en vilo todo el modelo. La entradilla de ABC señala "En la ribera de ríos y embalses empresas de aventura, camping, chiringuitos de interior y clubes náuticos temen que la falta de agua espante a los turistas"*. Se quedan cortos. Más que temor, es certeza. ¿Hacer piragüismo en un lecho seco? ¿Hacer camping sin poder ducharte? Las primeras frases del artículo de ABC son claras en este sentido: "Nadie quiere ir a un chiringuito en mitad del desierto un 15 de agosto a casi 40 grados. O remar en una piragua que se encalla en barro."* Pero ese escenario está cada vez más cerca.

Claramente, tenemos un serio problema por delante. Nuestros sólidos cimientos se tambalean ante la perspectiva de un verano de sequía (otro más), con altas temperaturas y ausencia de turistas.

Ya el año pasado intentamos trucar la cuenta de las olas de calor y no contabilizar la que hubo en mayo. Este año la primera ola de calor nos ha pillado un mes antes y no cae una gota. Y veremos lo que tenemos por delante. A esos "casi 40 grados" de los que habla ABC, les sobra el "casi". No por rebajar el pronóstico vamos a rebajar la realidad.

Se dieron avisos el año pasado: ¿para qué iban a venir los británicos a España si ya hacía calor en sus tierras? Sus dosis de rayos de sol las tienen ya en sus resecos parques.

Aquí hemos mirado demasiado al cielo, dependemos demasiado de él... y de los turistas. El agua es un elemento básico, por lo que montar nuestros negocios sobre ella tiene un riesgo enorme si se convierte en un bien escaso. Son los conflictos del reparto, la llamada "guerra del agua", los que se avecinan en una España bronca, discutidora y electoralista, como estamos comprobando con el choque por las aguas de Doñana. La Junta andaluza siente la presión de sus agricultores y ganaderos en la nuca electoral. Pero estos son solo una parte del problema de la falta de agua.

Si el turismo no llega tras los episodios de la pandemia, se van a venir abajo muchos negocios. No solo la hostelería en sus diversas modalidades, sino el amplio tejido de pequeños negocios que eran alternativos a la falta de empleo en otros sectores. Bosques, ríos, lagos, etc. se han montado alrededor de la presencia del turismo, interior y exterior. Nos avisan ya que se han consumido los ahorros, que se ha disparado la inflación con el deseo de "recuperar" lo "no ganado".

Hace unos años escribí que un negocio que depende de que a otros les vaya bien es una alternativa en exceso optimista. Para que esos turistas vengan hasta aquí se tienen que dar muchas circunstancias además del "agua" en forma de lluvia. ¡Qué tiempos aquellos en los que era una mala noticia que lloviera en la Semana Santa, por ejemplo! Hoy nos gustaría que lloviera algo, en días laborales, a ser posible. Pero no, no nos llueve.

También nos hemos convertido en un país caro, el que peores datos de inflación tiene en la Unión Europea, lo que tampoco nos hace muy apetecible para los sufridos europeos a los que ya no les va también. Lo de la guerra de Ucrania asusta a los que están cerca. Nosotros estamos en la otra esquina y nos parece un poco lejos, que nuestras playas son tranquilas y acogedoras. Por eso el sector no entendió muy bien los de echar a los oligarcas rusos, que gastaban mucho, tenían buenos yates en nuestras costas, mansiones en nuestra recogidas urbanizaciones y dejaban buenas propinas.

Ahora el panorama no es muy favorable: un país caro, con calor y sin agua. Y con los españoles —la reserva turística si fallan los de fuera— en plena caída del consumo, en parques y fuentes antes que en playitas calurosas y terrazas carísimas. Ya nos han dicho que ha sido la feria de Abril más cara de todas.

Los hoteles reclamarán sus piscinas; las ciudades, sus fuentes callejeras. Los restaurantes no querrán que se les restrinjan las horas de luz o la temperatura de sus aires acondicionados. ¿Qué harán los de las piraguas? ¿Qué harán todos si no llueve?

Los bosques arden por falta de cuidados y de oscuros intereses y por toda España, nos han dicho hace unos días, se pierde muchísima agua porque llevan años sin repararse los conductos.

Tenemos por delante un mayo en que debería diluviar para paliar un poco la situación. Es poco probable que lo haga y más fácil que tengamos una segunda ola de calor hasta llegar al verano donde esos "casi 40 grados" se verán sobrepasados.  La alternativa de muchos será instalar más aires acondicionados (más gasto energético). No es un panorama muy favorable.

¿Va a poner alguna vez a poner en orden los problemas reales para intentar solucionarlos inteligentemente? ¿O es que nuestros políticos son incapaces de hacerlo porque, sencillamente, su mundo es otro? Dicen que las medidas restrictivas son poco populares y es cierto, sobre todo si se han dejado pasar en muchas ocasiones anteriores y desoído los avisos.

Las soluciones no podrán ser a gusto de todos, obviamente, como vemos en el caso Doñana, un simple ejemplo. Pero tendrán que ser inteligentes y de futuro, dadas por expertos que dialoguen entre sí analizando. Inteligencia y previsión deben ser objetivos de todos. Es algo más que el beneficio de algunos lo que nos estamos jugando. Es el futuro. Probablemente no podamos cambiar mucho el futuro, pero sí prepararnos para él, tratando de cubrir lo que no vamos a tener por mucho que nos empeñemos.

Esto es cosa de todos. El problema, como siempre, es que nuestro constante enfrentamiento entre administraciones hace que las energías se escape como lo hace el agua por las cañerías, porque nadie las arregla. Ya el año pasado se esquivaron muchas medidas restrictivas. Había que recuperarse de la pandemia. Ahora la situación es peor. La España del agua es una utopía que no será fácil administrar; necesitará de mucha inteligencia y hablar realmente sobre el estado en que nos encontramos y buscar salidas. Hace falta un gran pacto del agua, un pacto del futuro que no nos haga depender tanto de factores que condicionan nuestro desarrollo. El modelo es viejo, está gastado y nos merecemos algo más que un destino de chiringuitos y sus variantes.


* Àlex Gubern , Helena Cortés , Beatriz L. Echazarreta , Juan Antonio Pérez y Francisco Poyato "Los otros perdedores de la sequía: «Nuestro negocio se cuela por el desagüe»" ABC 30/04/2023 https://www.abc.es/sociedad/sequia-20230430191350-nt.html

3/08/2022


sábado, 22 de abril de 2023

Ya no se puede mirar a otro lado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo de Doñana es una metedura política de pata. La política se ha convertido es un ejercicio continuo de sumas y restas, de divisiones y multiplicaciones, según los casos. Lo de Doñana es, por parte de las autoridades andaluzas una enorme metedura, una resta que saca votos y, sobre todo, que les pone en el punto de mira europeo contra el que hay poco que hacer. Doñana es lo suficientemente importante como para que se detengan todos y te señalen con el dedo acusador. En este tiempo precampaña es el caso perfecto (e indefendible) para que te rasquen votos por todas partes.

Eso se nota ya en la rectificación, matización o como lo queramos llamar que Juan Manuel Moreno ha hecho antes de ir a Bruselas. En RTVE.es nos explican:

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha anunciado este viernes que la próxima semana se reunirá con el comisario europeo de Medio Ambiente, Virginijus Sinkevicius, para estudiar la situación de Doñana y pedir que les traslade "exactamente aquello con lo que no está de acuerdo" para poder "modificarlo".

Moreno lo ha indicado en Alcorcón, donde ha apoyado la campaña del PP de Madrid, después de que este jueves la Comisión Europea haya reiterado por escrito que el proyecto de ley presentado por la Junta de Andalucía sobre el regadío en Doñana "podría contravenir la legislación medioambiental comunitaria".

A la reunión en Bruselas asistirá el consejero de Medio Ambiente, Ramón Fernández-Pacheco, quien pedirá a Sinkevicius "que nos traslade de los 25 folios de este proyecto de ley, que está ahora mismo en el Parlamento de Andalucía, exactamente aquello con lo que no está de acuerdo, para estudiarlo y modificarlo", ha asegurado Moreno.

El presidente andaluz ha insistido en que se trata de "un proyecto de ley" y que, "por tanto, es susceptible de modificaciones y cambios" y ha recalcado además que son "un gobierno de diálogo", que han sido capaces de pactar "en numerosas ocasiones con sindicatos, con entidades sociales, colectivos, ayuntamientos".* 


La estrategia, tras la visita —en la que tendrán que aceptar lo que les digan y rectificar después— parece clara: ellos no cambian porque lo diga el gobierno, si no porque lo dice Europa.

De lo que se trata ahora, por todos los medios, de que se crea que se rectifica por orden del gobierno de Sánchez, lo que se vería como una debilidad del PP y, lo que es peor, darle al presidente la posibilidad de sacar pecho, declararse europeísta y ecologista, dejando al PP andaluz y, tomando la parte por el todo, en evidencia ante los electores próximos. Moreno tiene que salvar la cara y los votos dejando ver que el PP es fuerte, que el PSOE es débil y que ellos son más europeos.

Es una pena que no haya un sentido mejor de la política española que esto. Esto no da mucho más de sí y los sondeos (los denostados sondeos) son aceptados o no, incluyendo las amenazas de investigación sobre el CIS por considerarse mera propaganda con la intención de estimular el voto en determinadas direcciones para que salgan las futuras alianzas como se desea en cada caso.


El tema de Doñana es complejo porque es interponerse entre el agua escasa y las necesidades de regadíos y ganadería, que es lo que ha quedado en muchas zonas alejadas de las ciudades y de los centros de investigación e industriales. España se ha dividido y especializado. El problema es que hay poco futuro en muchas zonas si no se arregla la cuestión del agua. Y para eso hay que mirar mucho al cielo, poner velas y echarle inteligencia y acuerdos, algo más difícil que los milagros en sí.

Entre incendios (igualmente al amparo de la desidia y la planificación encubierta para conseguir pastos) y sequías, una perversa combinación, el futuro es oscuro si no se abordan políticas realmente nacionales y racionales, es decir, por encima de intereses y cálculos electoralistas. Hace mucho que no se escucha la expresión "reinos de taifas", pero es cada vez más evidente.

Los políticos están demasiado encima de sus propios cargos y supervivencia y la España autonómica ha levantado demasiadas barreras para que existan las suficientes posibilidades de acuerdos como para arreglar algo. Sin acuerdos, solo tendremos la España discutidora y ruidosa, a la que tirarán de las orejas las instituciones europeas cuando la pela de gayos sea demasiado virulenta.

El tema del agua, a la sombra del cambio climático acelerado, no puede ser algo a decidir en una sesión del partido en un despacho ni una ocasión para seguir enfrentándose. Es una cuestión vital y nacional, de todos. Va en ello mucho y negarlo aumentará los efectos de algo imparable. Hacen falta más bosques y menos páramos; hay que conservar y distribuir racionalmente el agua. No se trata ya de comodidad, sino de supervivencia. Corremos el riesgo de convertirnos en un páramo.

Si ahora en primavera tenemos ya temperaturas veraniegas, cuando llegue el verano, como ocurrió en el anterior, se multiplicarán las olas de calor. Este se presenta bastante peor. Los que protestarán entonces  son los que no puedan llenar piscinas quejándose de que el turismo no les llega, los que quieran las fuentes todo el día lanzando agua para que se pueda caminar por las calles. Habrá que tener los greens en perfecto estado para que los golfistas no se queden en sus países o elijan otros. Nuestro mundo es el de las comodidades y atracciones del turismo, una combinación de calor y posibilidades de refresco. Calor solo no es un paraíso, sino un infierno.

El famoso "sol español" va a convertir España en un horno. Es el resultado de esta apuesta nacional desde hace décadas; de no haber conseguido hacer un país con un reparto más ajustado y justo de los recursos hídricos. Es resultado de haber ignorado los avisos de los científicos, auténticamente domados por los políticos a base de subvenciones, patrocinios y demás formas de cortar los deseos de decir la verdad de lo que ocurriría. Es el resultado de esta España fe festejos continuos que necesita vivir con los españoles como figurantes del plató al que vienen cada año 90 millones de turistas si hay suerte.

Un reportaje de RTVE.es nos contaba ayer sobre las pérdidas del agua que se transporta por canales y acequias debido al mal estado de tuberías y demás conductos. Nadie los ha arreglado durante años, de la misma manera que no se limpian los bosques u otras formas de mantenimiento. Perdiendo el agua en esos porcentajes, ¿qué falta nos hace que llueva, si luego lo perdemos? Merece la pena leer el reportaje de o ver el programa en el que se da cuenta de eso. El reportaje comienza con un simple ejemplo:

España pierde cada año más de 700 hectómetros cúbicos de agua a causa, principalmente, de fugas y averías. Estos 700.000 millones de litros equivalen al consumo doméstico anual de casi 14 millones de personas. Un ejemplo es la fuga de Badalona, que lleva más de 17 años perdiendo dos litros de agua por segundo.

Esta pérdida alimenta el cauce de la riera de El Canyet, una de las siete rieras que tiene Badalona. El agua que se pierde proviene de una de las dos macrotuberías que abastece agua de boca a Barcelona y parte de su área metropolitana.

Vecinos de Badalona que pasean a diario por la zona no dan crédito: "Con la escasez de agua que hay hoy en día pues me parece fatal. Por lo menos aprovecharla, pero según dicen el aljibe que hay es mínimo, que con un día que se recoge el agua se llena, todo el resto de los días del año el agua se está tirando…".**

 La España del agua es la del despilfarro del agua y la guerra por su posesión al volverse un recurso escaso. Los políticos hablan ahora de ella porque así dan la impresión de eficiencia, pero el despilfarro, la mala administración, etc. es su responsabilidad. La situación actual es en gran parte producida por su falta de previsión o por no querer enfrentarse a los intereses de sus votantes o financiadores de campañas. Durante años lo han ignorado, más pendientes de otras guerras. Ya no se puede mirar hacia otro lado y hay que arreglar el desastre si es que es todavía posible. 

* "Moreno se abre a modificar su plan de regadíos de Doñana con los cambios que proponga Bruselas" RTVE.es 21/04/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230421/moreno-plan-regadios-donana-cambios-bruselas/2440295.shtml 

** Anna Grimau "Agua a la fuga: España pierde agua por un tubo" RTVE.es 23/04/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230223/agua-fuga-espana-pierde-agua/2419120.shtml

lunes, 17 de abril de 2023

Sequía y la guerra del agua

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Empieza la guerra del agua. Como todo en la naturaleza, lo escaso desata conflictos y más si es un bien esencial como es el agua. Distintos medios empiezan a dar noticia de situaciones extremas y adelantan lo que puede pasar en fechas próximas si no llueve, algo de lo que no hay trazas.

Me temo que vamos a tener que cambiar nuestro concepto de "buen tiempo" para referirnos al tiempo soleado y vamos a tener que aplicarlo al tiempo deseado, el de la lluvia suficiente para sobrevivir. La expresión con la que se aceptaba la lluvia —"es buena para el campo"— se ha vuelto dramática ante la escasez.

La economía española empezó a girar sobre el "buen tiempo", es decir, sobre el turismo playero, rural o de cualquier otro tipo. Con lluvia, la gente se queda en casa. Y eso es lo que no puede ocurrir en un espacio cuya economía se basa en ir de las Fallas a la Feria de Abril o de los San Fermines a San Isidro. La España del buen tiempo es la España seca, la que le molesta la lluvia.

El conflicto de Doñana no es más que otra variante de la necesidad del agua frente a otra "modernidad", llamada ecologismo, protección de la naturaleza, etc. El conflicto con la ganadería y la agricultura es claro. Hace unos días hablamos aquí de los intereses que se insinuaban tras los incendios forestales en Asturias. La "temporada" de incendios ha comenzado varios meses antes, para estupefacción de todos, con imágenes inéditas. La sequía llama a sequía, llamada por lo árido, por la deforestación y por la falta de pastos.

El año pasado, Laura Gómez Sánchez escribía en RTVE.es un artículo recogiendo las advertencias sobre lo que nos esperaba por delante. El titular ya era bastante elocuente sobre lo que llegaba en mitad de las olas sucesivas de calor que padecimos en España y por el resto de Europa:

Son predicciones "extremas", reconocen tanto Escrivá como Segovia, porque se trata de un fenómeno complejo que se caracteriza, sobre todo, por la imprevisibilidad. Por eso, Escrivá prefiere llamarlo "caos climático". "Va a cambiar, sabemos qué tipo de cosas pueden pasar, pero no conocemos muy bien cuándo podrían suceder ni qué nuevo clima vamos a tener", explica a RTVE.es. 

“Lo que ahora nos está pareciendo un infierno, dentro de unos años será lo normal“

Sin embargo, los expertos advierten de que sus efectos "ya se están notando" y de que estamos entrando en un periodo de "incertidumbre" que podría cambiar por completo desde nuestra gastronomía hasta nuestro sistema económico. España, por ejemplo, es una de las regiones que más se está viendo afectada y donde el cambio climático podría impactar con más fuerza. "Lo que ahora nos está pareciendo un infierno, dentro de unos años será lo normal", sugiere el responsable de WWF al recordar las últimas olas de calor que han azotado el país.

El calentamiento global podría inundar ciudades y dejar sin agua a millones

Con solo un aumento de 1,5 grados, dicen las conclusiones del IPCC, se incrementarán fenómenos extremos como fuertes tormentas, graves olas de calor, sequías más prolongadas, precipitaciones torrenciales y eventos como la muerte masiva de los bosques, que se llevarían por delante sumideros de carbono críticos. "Si nos ponemos en un escenario de una subida por encima de los dos grados, no quiero ni pensar qué pasaría", lamenta Segovia. "Si ahora mismo estamos en 1,1, y ya vemos cómo se derriten los glaciares, ¿cómo será la Tierra dentro de 20 años?", cuando se podría alcanzar una temperatura media de unos 32 grados. * 

La idea de caos es determinista. Obedece a unas causas, pero desconocemos cómo se conectan entre ellas para producir esos efectos imprevisibles pero anticipables, valga la paradoja. Sabemos lo que ocurrirá, el resultado final, pero no sabemos por dónde comienza, cuándo se produce y demás circunstancias.

Dentro del orden informativo español, la prioridad es mover la economía alentando turismo y movimiento de gente. Esto se hace desde los titulares de los noticiarios mostrando las playas concurridas a los informes favorables del buen tiempo alentando a salir el fin de semana. Esto se ha seguido durante la pandemia con las retiradas de mascarillas, jugando con las accesibilidades a lugares, etc. La crisis que viene, esta de la falta del agua, nos va a llevar a unas prioridades diferentes. Como ocurrió en sequías anteriores, vamos a tener que administrar mejor el agua, lo que supondrá luchas por el acceso, algunas de las cuales ya tenemos.

Los titulares de prensa recogen de forma general expresiones como "la guerra del agua" al referirse a la lucha por retener o acceder a ella, poniendo de nuevo el acento en los trasvases. En El Mundo se nos ofrecía en enero el siguiente panorama: 

"Nos estáis ahogando", ilustraban las pancartas que lucían agricultores llegados a Madrid para protestar ante la vicepresidenta del Gobierno Teresa Ribera por el plan diseñado por el Gobierno para la cuenca del Tajo, que, según lamentan, aumentará notablemente la sequía y el paro en estas regiones.

Una estrategia para la que no sólo Andalucía y Murcia han presentado alegaciones. Según publica este miércoles este diario, el Consell valenciano pidió asesoramiento a López Miras para redactar las suyas.

"Es una decisión política", denunció el presidente murciano, que lidera la batalla del agua contra el Gobierno, a su llegada a la concentración en el entorno de Nuevos Ministerios, en el Paseo de la Castellana. En una línea idéntica se pronunció Crespo: "Es una decisión injusta a sabiendas, están dando sentencia de muerte a un trasvase que existe desde 1979", indicó en declaraciones recogidas por Efe.

Mientras, Vox también trata de capitalizar la lucha por un reparto justo del agua. El partido comandado por Santiago Abascal aseveró que el trasvase está hoy "en peligro" por el "consenso" entre el PSOE, el PP y Ciudadanos y que sólo ellos defienden "la unidad hídrica de España". "Ni agendas globalistas ni cesiones separatistas pueden impedir el acceso al agua de todos", detalló Abascal.** 

Como se aprecia, los conflictos son aprovechados para rentabilizar votos. Se vota no al que soluciona un problema sino al que mantiene unos privilegios. Con esta forma de hacer política no salimos de problemas sino que entramos en nuevos conflictos, como el creado actualmente en Doñana, un nuevo episodio de esta "guerra" en la que nadie quiere perder, pero todos lo hacemos.

Cuando había agua suficiente para todos o la autoridad indiscutible para tomar decisiones, el agua iba de un lado al otro, pero, como dijimos al inicio, esto se complica al volverse un bien escaso e implicar a distintas administraciones que "se deben a sus votantes", como está ocurriendo en Andalucía. El peso de agricultores y ganaderos es grande en esas zonas y, como bien se señalaba en el final del artículo anteriormente citado, es fácil hacer crecer el populismo político a costa del agua.

Mi memoria de las lluvias tiene que ver con el refranero, ese abril inexistente, y sobre todo con las ferias en Madrid, las taurinas de San Isidro, con las dos o tres suspensiones por las fuertes lluvias de mayo, y las de la Feria del Libro en el Retiro, con aguaceros y resguardándonos bajo sus frágiles cubiertas abatibles alguna que otra tarde. Eran las lluvias que no fallaban... hasta que empezaron a hacerlo. Aquellas tardes calurosas en las que las nubes se iban formando hasta descargar aguaceros hace mucho que no se ven. Las hemos echado entre todos. Ahora el problema es la falta de agua por algo que no sabemos —es caótico— cuándo va a volver o si lo hará.

Ahora nos dicen que un 15% de España está en alerta extrema por sequía. Estamos en abril, el mes de las aguas prometidas por el refranero. Pero estas no llegan. Por delante nos quedarán las olas de calor de este verano que, a la luz de las temperaturas actuales, se promete como las del verano anterior. La pregunta no es cuándo se acabará esto, sino si se acabará. De una u otra dependerá nuestra respuesta.


* Laura Gómez Sánchez "Sequías extremas, lluvias torrenciales y epidemias: el futuro incierto que nos depara el "caos climático" ya está aquí" RTVE.es 23/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220723/futuro-mundo-cambio-climatico/2389360.shtml

** Vicente Coll "Regantes y políticos claman en Madrid contra los recortes del trasvase Tajo-Segura: "Es una sentencia de muerte"" El Mundo 11/01/2023 https://www.elmundo.es/espana/2023/01/11/63bea34321efa05f7b8b4586.html