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lunes, 19 de enero de 2026

¿Saldrá Trump de la Casa Blanca?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme pasan los días y hay nuevos acontecimientos, los medios comienzan a tratar algo que parecía impensable y aquí hemos tratado en diversas ocasiones: la posibilidad de que a Donald Trump no le apetezca dejar la Casa Blanca, como está establecido, ante la imposibilidad de encadenar tres mandatos.

Se usa en muchas ocasiones para referirse a un presidente norteamericano la expresión "el inquilino de la Casa Blanca". Por lo que parece, ya empieza a pensarse en que el "inquilino" se sienta "propietario".

Lo tratan con detalle en 20minutos en el artículo titulado "¿Puede ser destituido Trump como presidente de EEUU? Estas son las opciones y los posibles escenarios"* En el texto se contemplan diversas posibilidades, desde que JD Vance se presente con Trump como vicepresidente y luego renuncie a que, sencillamente, se atrinchere y decida convertir la Casa Blanca en El Álamo, que no haya quien le saque, posibilidad no desdeñable. De hecho, el artículo se cierra recordando el asalto al Capitolio por gente armada, a lo que hay que añadir que lo primero que hizo en este segundo mandato fue indultarlos y darles tratamiento de patriotas.

Trump ha puesto el mundo patas arriba y lo de quedarse en la Casa Blanca ya no parece tan descabellado como podría parecerlo hace solo unas fechas. Si ayer hablábamos de las advertencias de psiquiatras del mundo sobre su personalidad narcisista ya en 2017, a día de hoy las preocupaciones van sobre lo que esto supone para la toma de decisiones y, en particular, en cómo se enfrentará a su salida del cargo, si es que esto es posible en su mente.

Las teorías que Trump ha manejado para explicar por qué se encuentra al frente del país tendrán que encajar con las excusas para no abandonarlo. Si miramos las explicaciones podemos vislumbrar lo que puede ocurrir. Alguien que ve su mandato como un designio divino, que se ve a sí mismo como un "enviado", un "mesías" que está ahí para llevar a los Estados Unidos a liderar el mundo, necesariamente tiene que percibir su salida de la presidencia como un "problema", como algo que está por encima de los designios humanos.

Trump se está cargando de tareas que el mundo "necesita". Si no lo hace él, no lo hará nadie, por lo que se considera absolutamente necesario para que se cumpla su destino y el del mundo, ambos fusionados.

Trump, que nunca fue un ejemplo de humildad cristiana, ha actuado en nombre de Dios, que le salvó enviando un ángel. Durante estos años ha vendido biblias y ha invocado a Dios como su asesor presidencial favorito.

El llamado "sionismo cristiano", como tuvimos ocasión de explicar aquí hace unos días, considera que no se han completado las "profecías" y que es necesario ayudar a cumplirlas. Por supuesto, el "nuevo pueblo elegido" es el norteamericano, algo que encandila a una parte importante de su electorado, que asume ese destino marcado desde el inicio de los tiempos.

Todo esto se traduce ahora en la cuestión de si los seres humanos podemos "oponernos" a los mandatos divinos. Eso incluye el desalojo de la Casa Blanca. Como ya expresó (y ahora se entiende mejor) que solo se le puede ganar con trampas, si gana, es que Dios lo quiere y si pierde (en cualquier sentido) es un engañoso triunfo, un fraude.

Pero queda la cuestión de cómo puede perder si no se puede presentar. Y es ahí donde radica la cuestión, el problema real. Necesitará construir un entramado para justificar y explicar que el país, el mundo, necesita que él siga al frente.

Veremos cómo lo hace. Pero no debemos dejar esto de lado por improbable. 

 

* "¿Puede ser destituido Trump como presidente de EEUU? Estas son las opciones y los posibles escenarios" 20minutos 18/01/2026 https://www.20minutos.es/internacional/puede-ser-destituido-donald-trump-como-presidente-eeuu-estas-son-opciones-posibles-escenarios_6922640_0.html

jueves, 18 de diciembre de 2025

Trump y la historia a pie de foto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Ayer le dedicamos nuestra entrada del blog a la maldad de los comentarios de Donald Trump contra el recientemente asesinado director de cine Rob Reiner y su esposa a manos de su hijo. Un drama del que Trump no resistió a ejercer de Trump. Pero, como era de esperar, solo Trump supera a Trump.

En Independent en Español leemos una noticia con doble titular, en la primera página  "Casa Blanca insulta a expresidentes con nuevas placas" y. en el interior, la noticia como "Casa Blanca llama a Biden “el peor presidente en la historia de EE. UU.” y a Obama “divisivo” en nuevas placas"* La noticia es una nueva extravagancia de Donald Trump, otra manifestación de su forma de ver y estar en el mundo, de su concepto personal de las instituciones, cargos y espacios. De esto último ya había dado muestras al derribar un ala de la Casa Blanca para su propio disfrute.

Esta vez es una mezcla de falta de respeto hacia los que le han antecedido en el cargo presidencial insertando placas con comentarios sobre los presidentes anteriores en el llamado "paseo de la fama" con las fotografías de los mandatarios.

El artículo en el Independent en Español, firmado por Ariana Baio, nos explica el caso:


El personal de la Casa Blanca actualizó el llamado “Paseo de la fama presidencial” el miércoles añadiendo largas descripciones de cada expresidente de EE. UU., con una retórica que se alinea con la del presidente Donald Trump —y que incluye llamar al expresidente Joe Biden “el peor presidente de la historia de EE. UU.”.

Como parte del esfuerzo continuo del mandatario por personalizar la Casa Blanca a su gusto, Trump grabó en piedra sus conocidas opiniones sobre cada expresidente, añadiendo placas debajo de los retratos que ahora cuelgan a lo largo de la columnata.

Pero en lugar de describir neutralmente a cada gobernante, la Administración Trump optó por ser más subjetiva: afirmó que el expresidente Barack Obama era “una de las figuras políticas más divisivas”, y aseguró que el exmandatario Ronald Reagan “era un admirador” de Trump.*


Creo que habría que rebuscar entre las más oscuras dictaduras para encontrar algo así. Puede que hayan eliminado fotos y retratos presidenciales, pero esta versión de maldad comentada, expuesta oficialmente, creo que es otra exclusiva de Trump.

En el artículo se van desglosando algunas de las maliciosas opiniones de Trump sobre los presidentes anteriores incluidas en las placas bajo las fotos presidenciales, pero las peores son sin duda las que le dedica a Joe Biden. Y tiene su sentido por varias razones. 

La primera es que Biden sigue en la política norteamericana como una referencia constante de todo lo malo que se pueda dar en el presente. Todo problema es heredado y cuanto más difícil sea de resolver, la mención a Biden está asegurada. 

La segunda es aclaración de la primera: Biden le derrotó en las urnas, en las que según Trump fueron las elecciones más fraudulentas de la historia norteamericana. Con la personalidad de Trump, el olvido es casi imposible. Tendrá pesadillas con Biden y no parará hasta que sea "oficial" que él, Trump, no pudo perder unas elecciones sin trampas. Recordemos que lo primero que hizo al volver a la Casa Blanca fue indultar y considerar "patriotas" a los asaltantes armados al Capitolio para tratar de impedir que Biden fuera proclamado presidente.

Tan profundo debe ser ese odio que la fotografía de Biden ha desaparecido, poniendo en su lugar una foto de una máquina de firmar:

“Joe el Dormilón fue, con diferencia, el peor presidente de la historia de EE. UU.”, reza la placa bajo el retrato de Biden, en el que se muestra una máquina de firmar en lugar de su retrato oficial. El texto continúa: “Asumió el cargo como resultado de las elecciones más corruptas jamás vistas en el país”.*

A Trump le debía resultar insoportable tener la imagen de Biden colgada. La foto de la máquina es un juego simbólico de maldad y también nos revela la personalidad de Trump. La prohibición a sus miembros por parte de la asociación psiquiátrica norteamericana de realizar diagnósticos de Trump nos ha privado de una interesante opinión profesional sobre el mandatario, una prohibición que espero que caduque cuando salga de la Casa Blanca, si no se atrinchera en ella y la convierte en un nuevo El Álamo.

Trump vive en un mundo propio, con su pasado, presente y futuro fijados por él y al que arrastra a todos con sus manipulaciones constantes. Las notas bajo los retratos presidenciales no son más que una variante de este hecho, de la incapacidad de vivir en un mundo compartido o plural. Trump no es solo presidente de la gran potencia mundial; es el dueño del mundo y de los pensamientos de los que viven en él. Cada paso que da es una confirmación de esa visión enfermiza y peligrosa.

Esperemos que cuando haga que esculpan su rostro en el Monte Rushmore, uno de sus deseos más queridos, no haga grabar en las laderas sus opiniones sobre los otros presidentes, todo ellos —por supuesto— sobrevalorados porque, tal como comentó en su día, él ha sido el mejor, el único presidente digno de tal honor. 

Para los más impacientes, se puede adquirir una reproducción del Monte Rushmore con Trump incluido.



* Ariana Baio "Casa Blanca llama a Biden “el peor presidente en la historia de EE. UU.” y a Obama “divisivo” en nuevas placas" 17/12/2025 https://www.independentespanol.com/politica/ee-uu/casa-blanca-retratos-biden-obama-trump-b2886628.html

martes, 19 de enero de 2021

La desinfección

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Debo reconocer que he leído con peculiar interés el artículo de la CNN en el que se describe meticulosamente el proceso de desinfección de la Casa Blanca, tras la salida de los Trump, antes de hacerse cargo los nuevos inquilinos, el matrimonio Biden. Me imagino que este sentimiento al leerlo se ha producido en los miles que hayan leído esta noticia, aparentemente intrascendente en lo histórico, pero profundamente significativa en lo psicológico y en lo social. ¿Quién no se ha planteado en algún momento lo que sería meterse en la misma cama en la que ha dormido Trump, sentarse en la misma silla, usar los mismos platos...? 

Posteriormente, compruebo la gran cantidad de medios que se han centrado en este acto de desinfección de la Casa Blanca. Es sabido que Trump pasó el COVID-19, al igual que una parte importante de su equipo, que acabó pagando el negacionismo de virus y mascarilla juntos. Pero creo que el interés va más allá.




La capacidad humana de ponernos en lugar del otro (de la que, por cierto, Trump carece) nos lleva a ponernos en la piel de Biden y a este no dejar de pensar en que por allí se ha movido Trump, ha puesto sus pies sobre la mesa y ha bostezado frente al espejo del baño. No soy capaz de imaginarme a Trump haciendo grandes gestas, pero en cambio mi mente hace que mi cuerpo se estremezca solo de pensar en él en el ámbito doméstico. La carencia absoluta de elegancia o refinamiento tiene mucho que ver con esto. Lo que se ha filtrado sobre sus hábitos cotidianos ha sido suficiente.




Me imagino que es lo que ha llevado a la publicación de este proceso en la CNN este efecto post Trump casero. No se trata de la huella histórica, sino de la presencia cotidiana, de tener que vivir en un espacio doméstico en el que siempre te quedará la sospecha que, como en esos thrillers de serie B, los nuevos inquilinos no logran desprenderse del psicópata de turno que habitó en su casa. Quizá sea deformación cinéfila, pero ya veo la historia de un Trump colándose por algún pasadizo para sentarse en el despacho oval una vez al año.

Tras describir los preparativos de la ceremonia de posesión de Joe Biden como presidente, la periodista Kate Bennett no puede dejar a los lectores sin la certeza de que no queden restos de Trump en la Casa Blanca:

 

By that time, all Trump paraphernalia will be gone, and a thorough top-to-bottom cleaning of the entire White House campus will have been completed. Deeper cleaning protocols were arranged via the White House with outside contractors, on top of regular cleaning done by staff, including specialized attention to rugs, carpets, curtains and surfaces, to tackle any possibility of lingering germs, of the Covid-19 sort or otherwise.

"Moving furniture and vacuuming, cleaning baseboards, vacuuming drapes, wiping down shades, cleaning chandeliers, washing windows, high dusting," are areas all covered during the traditional move-in of a new president and his family, according to the residence source. "That cleaning will start as soon as Donald Trump and Melania Trump depart."

A particular focus of this move will be paid to the bedrooms in the residence, where new mattresses and box springs for the incoming first family are standard operating procedure, according to the source. Yet one part of the bedroom set-up will be markedly different with the Bidens than it was for the Trumps: the Bidens will be sharing a bedroom. Melania Trump spent the majority of her time in the White House in the large bedroom suite typically reserved for Presidents and their spouse, adjacent to the West Sitting Hall, according to a source with knowledge of the arrangement.

"Donald Trump slept in his own bedroom, which was previously a study or den during other administrations," the source said of the arrangement.

On Monday, moving trucks were spotted in the driveways of Mar-a-Lago in Palm Beach, Florida, with movers loading dollies of boxes and items and rolling them into the private club, which will serve as the Trumps' post-White House home, which is the plan for now, said another source with knowledge of the planned living arrangements and security arrangements set in place.*

 


Nos quedamos más tranquilos al saber de este proceso a fondo, que mantendrá a los Biden, como se dice en el artículo, a salvo del COVID-19 y, especialmente, de cualquier otro germen peligroso que pudiera quedar en la residencia presidencial tras el paso de Donald Trump, familia y allegados.

Esa es la desinfección de la Casa Blanca. Pero luego está la otra, la de una limpieza a fondo de lo que Trump ha dejado sembrado por las administraciones norteamericanas en sus diferentes niveles.

El FBI está revisando que los gérmenes del trumpismo no se encuentren en el dispositivo de seguridad organizado para la toma de posesión de Biden. Las causas de la vigilancia cuidadosa es que, según avanzan en las investigaciones, cada vez se descubren más lazos entre los políticos republicanos, las fuerzas de seguridad, los militares y los asaltantes. Cada vez se parece menos a una "revuelta espontánea" y va tomando la forma de una acción organizada, con una estructura subyacente bien organizada.



Las últimas imágenes del asalto nos muestran a los invasores fotografiando los documentos que encuentran en su ocupación de la sala y los despachos. ¿Qué buscaban? Quizá "simplemente" algo comprometedor o "simplemente" una humillante demostración de fuerza, realizada al grito de "US" y de "Our House", entre otros.

La limpieza a fondo de los Servicios de Seguridad es una tarea especialmente delicada, al igual que la participación de militares y ex militares en el asalto. La mujer muerta en el asalto era una veterana, una ex soldado profesional.

Las tareas de limpieza se hacen a gran velocidad conforme se acaban los plazos, tanto para la salida de la Casa Blanca como para los encargados de la seguridad del acto. Algunos recordarán el asesinato del presidente egipcio, Anwar el-Sadat, muerto por las tropas que desfilaban frente a él. 

El nivel de violencia que se ha visto, de división y de fanatismo hace temer por la seguridad del acto. Dicen algunos analistas que nunca ha habido tanta división desde la Guerra Civil. Cuando termine el acto de la toma de posesión, deseamos que bien, muchos podrán respirar, pero por poco tiempo. 

El mandato de Biden va a estar marcado por el asalto al Capitolio y por lo que hay detrás. Hace falta limpieza y desinfección a fondo.



* Kate Bennett "Trumps' snub of Bidens historic in its magnitude" CNN 18/01/2021 https://edition.cnn.com/2021/01/18/politics/trump-biden-inauguration-snub/index.html

jueves, 31 de octubre de 2019

La angustia de los asesores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La tormenta esta anunciada y se veía en el horizonte. El conflicto de Donald Trump con los expertos en Seguridad Nacional, aquellos que tienen como función la asesoría en un determinado aspecto dentro, tendría que estallar con el tipo de acción característica del presidente: el insulto y la descalificación. Eso lleva a un terrible problema con dos caras: la primera es la personal, la de las personas cuyo servicio a su país les trae ataques infundados desde la ira presidencial; la segunda es el hundimiento de la propia idea de seguridad nacional que se produce  por el desprestigio de las personas que deben velar por ella si se sigue al presidente.
Uno de los patrones de las actuaciones de Donald Trump es deshacerse de los que no le han respaldado, le han criticado o no le han adulado lo suficiente. El estilo de Trump en estas situaciones, de sus abogados a sus asesores militares, ha sido el mismo: una campaña de insultos y desprecios que dura hasta que el tema queda fuera de la agenda. Trump es una máquina destructora que lanza insinuaciones, dudas sobre las personas o directamente insultos y descalificaciones. Da igual que le hayan servido más o menos tiempo, el que se va lo padece. El grado de ataque está en función de lo amenazado que se sienta el presidente con la marcha, publicaciones de libros, artículos, entrevistas, etc.


La CNN recoge la situación tras la declaración de la persona que ocupaba su puesto como experto en Ucrania cuando el presidente hizo la ya famosa llamada a su homólogo ucraniano con la idea de no liberar parte de los fondos hasta que no le trajeran información negativa sobre los Biden:

Lt. Col. Alexander Vindman departed Capitol Hill after dark on Tuesday after spending more than 10 hours detailing his concerns at President Donald Trump's handling of foreign policy. The next morning he returned to his desk as Trump's top Ukraine expert.
The swift return to work for one of the impeachment inquiry's central witnesses -- who the President and his allies decried as a "never-Trumper" with ulterior motives, even as he remains on the President's National Security Council staff -- illustrates the predicament facing staffers as the proceedings advance.
The impeachment crisis that's consumed the White House is causing new turbulence at the National Security Council, where officials are wondering whether their efforts are being undermined and worry the President could sour on the entire body, ignoring its expert advice as he fumes about its role in the current crisis.
Already a bumpy workplace under Trump, the National Security Council's career civil servants now find themselves under fresh scrutiny from an already-skeptical President and his inner circle.*



Que Trump encuentre siempre su línea de defensa en la "inutilidad" o incluso la "traición" del personal de la Casa Blanca, sus asesores militares, civiles, etc. es un peligro para el propio país y especialmente desmoralizador para los que cumplen sus funciones, que ven que el asesoramiento o la simple observación es motivo de futuros ataques y descalificaciones cuando el presidente se tiene que justificar.
Ha habido muchos presidentes cuestionados en sus decisiones por todo el mundo, pero creo que el caso de Trump es diferente y, sobre todo, bate todos los records en este sentido. No creo que haya una presidencia en el mundo ni, por supuesto, que la haya habido en los Estados Unidos. Creo que nadie sensato la desea para el futuro.
Para muchos esta presidencia es eterna en su duración pues viven bajo el temor de ser puestos en el foco del presidente por cualquier circunstancia. En un sistema como el norteamericano, pleno de vistas, sesiones, etc. en donde los legisladores controlan y la presidencia por sus propios poderes, ser llamado a declarar en cualquier vista que comprometa a la presidencia está siendo una tensión difícil:

"After more than a year of service at the National Security Council, Mr. Morrison has decided to pursue other opportunities -- and has been considering doing so for some time. We wish him well," a senior administration official said in a statement.
Sources familiar with the situation at the council say there is a sense of anxiety among some staffers as they see their colleagues and State Department officials being called to the Capitol Hill to testify in the ongoing impeachment inquiry that has prompted unfounded personal attacks from Republican lawmakers, some in the West Wing and even the President himself.
Trump's virulent response to Vindman's testimony -- asserting without evidence the National Security Council's top Ukraine expert is a "never-Trumper" with questionable motives -- sent a cold chill through the council's suite of offices in the Eisenhower Executive Office Building adjacent to the West Wing.
Inside the nearly 150-year-old building next to the White House where the National Security Council is housed, the mood has shifted dramatically.

¿Es normal esto? En la época Trump parece que sí. El estilo de la presidencia ha sido calcado del estilo de la persona, es decir, el peor estilo, aprendido desde la soberbia y desprecio del adinerado de nacimiento, acostumbrado a que los demás asuman sus errores y pataletas.


Si repasamos los tres años de su presidencia, vemos que ha estado sacudida por los escándalos personales que llegaban de fuera, como los de compras de silencio sobre sus actividades sexuales y denuncias de acoso, hasta la personalización de los asuntos nacionales, como es el caso de la crisis ucraniana en la que ha involucrado a un tercer país para conseguir su objetivo de seguir en la Casa Blanca. Entre ambos, hay muchos otros de diferentes matices, como los producidos con sus ex asesores o ex abogados que establecen una continuidad entre lo ocurrido anteriormente y lo que ocurre ahora.
El diario El País nos introduce en una maldad más de los republicanos en la estrategia de hundir a los que cumplen con su misión asesora o de registro de lo que sucede:


El testimonio prestado por el teniente coronel del Ejército de Estados Unidos Alexander Vindman le ha reportado durísimas críticas por parte de miembros del Partido Republicano y de medios afines a las políticas de la Casa Blanca de Donald Trump. Si algunos congresistas ponían en duda el patriotismo del hombre que tiene una Cruz Púrpura por su valor en combate, en la cadena Fox iban un poco más allá y, la comentarista política Laura Ingraham llegó incluso a insinuar que Vindman podría ser un agente doble trabajando para el Gobierno ucranio.
En defensa del militar ha salido Liz Cheney, representante republicana por Wyoming e hija mayor del vicepresidente más poderoso y tal vez más criticado de la historia de Estados Unidos, Dick Cheney. Cheney condenó los ataques de los que estaba siendo víctima el laureado militar y los calificó de vergonzosos. “Es vergonzoso cuestionar el patriotismo y la dedicación al país de gente como el teniente coronel Vindman”, declaró Cheney.**



Los republicanos está en la senda más peligrosa de todas, tanto para ellos como para su país, la de hundir a personas fieles e instituciones. Desde que Trump llegó a la Casa Blanca, hemos insistido en muchas ocasiones en la responsabilidad republicana, ya que fue el colegio lectoral quien le dio paso y no el voto popular, con más de dos millones y medio de votos menos que Clinton. Eso dejaba en manos de los republicanos la decisión. Pero el poder es cegador y obliga a realizar extraños cálculos, a perder el sentido de la Historia y solo mirar el presente, algo por definición esquivo.

De nuevo, los republicanos están asumiendo una parte que les acabará pasando factura en el futuro. Por mucho que se empeñen en salvar a "su presidente", corren el riesgo —y muchos los saben— de que ocurra lo impensable. Los escándalos de Trump, incluso su delito si se estima así, son la gasolina a falta de la cerrilla definitiva que haga volar todo por los aires, con la crisis consiguiente.
Lo que está sobre la mesa es el paso de un sistema presidencialista a uno personalista, que es lo que le acerca a modelos más oscuros. Trump no llegó a la "presidencia", la desalojó sin miramientos. La presidencia no es una persona sino la cima de una estructura montada precisamente para evitar que se convierta en una especie de monarquía absoluta delirante. Por eso existe el "impeachment", para evitar que un presidente crea que el país está a su servicio y que puede hacer lo que quiera con leyes e instituciones.



* "National Security Council staffers uneasy, fear Trump backlash" CNN 30/10/2019 https://edition.cnn.com/2019/10/30/politics/national-security-council-donald-trump-impeachment/index.html
** "La investigación contra Trump por el escándalo de Ucrania entra en la fase pública y oficial" El País 31/10/2019 https://elpais.com/internacional/2019/10/30/estados_unidos/1572464138_809800.html

viernes, 7 de septiembre de 2018

¡Traidores!, gritó o casa de locos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El mundo especula con la autoría del artículo anónimo publicado por The New York Times y en el que —por irónico que parezca— se trata de tranquilizar al mundo señalando que no han dejado al niño solo en casa con el botón nuclear. Los voluntariosos miembros de su administración, gente muy próxima, vigilan para evitar desastres producidos por el presidente desencadenado.
La acción combinada de lo que se sabe de la próxima publicación del libro, "Fear", del periodista Bob Woodward y del artículo anónimo de The New York Times, crean una imagen terrorífica desde interior de la presidencia de Trump, lo que algún miembro destacado ha llamado "Crazytown".
El mayor daño que se le puede hacer a Trump es fomentar su propia paranoia. En términos de acción, esto supone precisamente minar su confianza en los que le rodean. Sabemos desde su época empresarial su especial relación con sus "equipos", a los que exige completa fidelidad, total lealtad. En gran parte, teniendo en cuenta la personalidad explosiva de Trump, es silenciar todas esas reacciones y callar los errores que se ha conseguido evitar.
No es la primera vez que Trump inicia y ordena una caza de brujas en busca de "traidores" o filtradores entre su personal de confianza. De hecho, es una constante en su mandato, casi la única. Me imagino que es muy difícil controlar la tensión producida por estar reunido con alguien con la personalidad de Trump y temer llevarle la contraria; debe ser muy difícil gestionar posteriormente esa tensión acumulada, mantener esa frustración e indignación que muchos sentirán.
El diario El País recoge situación:

El texto publicado resulta demoledor. Bajo el título de Yo soy parte de la resistencia interna de la Administración de Trump, el misterioso autor asegura que algunos miembros del Ejecutivo se sienten tan alertados por los “impulsos” que llegaron a plantear, incluso, la posibilidad de pedir la incapacitación del mandatario por motivos mentales pero rehusaron esta vía para evitar una crisis constitucional. “Trabajo para el presidente pero como otros colegas he prometido boicotear partes de su agenda y sus peores inclinaciones”, afirma ese alto cargo anónimo y, como si de una conjura vaticana se tratase, describe una suerte de Estado paralelo que evita que las barrabasadas que el mandatario estadounidense publica en Twitter, por ejemplo, o ante una cámara de televisión, se traduzca en daños irreparables.
“La raíz del problema es la amoralidad del presidente”, dice el texto. “Cualquier que haya trabajado con él”, continúa, “sabe que no está anclado a ningún principio discernible que guíe su toma de decisiones”. Define el estilo de Trump como “superficial, inefectivo, conflictivo e impulsivo”. En las reuniones sobre algún asunto, dice, suele desviarse del tema y enzarzarse en broncas repetitivas y sus impulsos le llevan a veces a tomar decisiones temerarias que luego hay que rectificar o enmendar. “Los americanos deben saber que hay adultos en la habitación”, trata de tranquilizar. Llovía sobre mojado: la publicación tiene lugar al día siguiente de que salieron a la luz extractos del nuevo libro del periodista Bob Woodward, que sale a la venta la próxima semana, y en el que también se habla de miembros de la Administración aterrados por la deriva de la Casa Blanca.*


Trump, por supuesto, ha usado ya la palabra apocalíptica, "traición". Pero el presidente vive en una larga versión de "Apocalypse Now!", levantándose cada mañana con un toque wagneriano de diana.
Podríamos decir que la situación es "insólita", pero ¿qué no es insólito en esta presidencia que ya ha dado hasta series de animación, que ha producido más imitadores que todos los presidentes juntos, que ha permitido la elevación del rango de los Late Shows y que reúne a decenas, cientos de miles de manifestantes en cualquier lugar del mundo con se menciona su nombre?
El hecho de que esta "resistencia" manifieste su trabajo para evitar que los Estados Unidos se hundan o los hunda, para ser más preciso, no deja de ser una muestra de la degradación a la que Trump ha llevado al país en todos los niveles. Hemos insistido en que va a costar muchos años recuperar la confianza después del paso de Trump por el mundo. Costará décadas volver a recomponer los destrozos realizados.


De todo lo que esto ha movido, que es mucho, me quedo con tres momentos. El primero es la ilustración de The New York Times en la que unas personas tiran de la cuerda para evitar que la silueta de los Estados Unidos se caiga por un precipicio. Es una vívida síntesis gráfica de la situación actual. No refleja ataques exteriores, de sus rivales, sino de su gente de confianza —eso es lo que desespera a Trump— que trata de mantener callados, a golpe de acuerdos de confidencialidad, a todos los que pasan por su vida. El problema es que desde el momento en el que pisó la Casa Blanca esos acuerdos —como se ha comprobado— pasan a ser dudosos. La mentalidad de la empresa de Trump no es aplicable al "interés público" que debe guiar la política por definición. Lo que vale en las empresas, no puede funcionar en la vida pública, que debe ser transparente, teniendo los ciudadanos el derecho a saber qué ocurre, excepto en lo que sea materia reservada por el bien de todos. Pero proteger a Trump de sus propios defectos no es proteger a los Estados Unidos. Ahora se defiende a los Estados Unidos de su presidente. El escrito publicado sin firma por The New York Times —pero comprobada, dicen, su autoría— es un intento de "tranquilizar" al país, que se sepa que no dejan solo al presidente.


Por supuesto, es mucho más que eso. Sobre todo a pocos días de la salida del libro de Bob Woodward, que nos trae el segundo momento elegido. La BBC ha publicado un anticipo de la obra seleccionando declaraciones que complican la vida de Trump y de sus apoyos, pero al final se incluye esta conversación entre Trump y Woodward

En un ataque preventivo contra lo que seguramente será una furiosa protesta de la Casa Blanca contra el libro, el Washington Post publicó una grabación de audio y una transcripción de una llamada que el presidente hizo a Woodward a principios de agosto. En él, el presidente afirma que nunca fue contactado para una entrevista o que se le informó del trabajo que Woodward publicará próximamente, una afirmación que el periodista rebate con éxito.
Trump hace varios intentos para dirigir la conversación hacia sus logros en política exterior y su historial económico como presidente.
"Nadie ha hecho un mejor trabajo que yo como presidente", dice. "Eso puedo decirte".
Woodward dice a través de sus entrevistas que "obtuvo mucha información y documentación", y que su libro sería una "mirada dura al mundo, a su administración y a usted".
"Supongo que eso significa que va a ser un libro negativo", responde el presidente.**


Creo que el grado de irrealidad y de narcisismo que reflejan estas pequeñas muestras de la conversación, ya nos hablan de Trump y de su forma de entender el mundo. La simple idea de que el libro de Woodward, tras preguntar al personal de la Casa Blanca, pudiera ser positivo muestra un desajuste grande. Hay una enorme distancia entre cómo se ve a sí mismo y la percepción que los demás tienen de él. Por eso es más interesante escuchar a los que en teoría deberían apoyarle ante los que están en la obligación de atacarle o, al menos no mostrarle simpatía.
Por esto, me parece relevante el artículo publicado en The Washington Post, firmado por uno de los escritores de discursos de la presidencia de George W. Bush, Michael Gerson, un "neorrepublicano", con afán de protagonismo, crecido con los evangelistas. El título del artículo de Gerson no puede ser más claro: "We are a superpower run by a simpleton". Gerson centra sus ataques a Trump en el peligro que supone lo predecible de su carácter para cualquier enemigo exterior, que solo necesita tocar los resortes adecuados para provocar la reacción deseada. Esto supone, señala, un peligro real para los Estados Unidos. Para el articulista, el populismo que ha llevado a la Casa Blanca a Donald Trump es real y correcto, pero la cabeza al frente es un problema. Escribe Gerson:

What we are finding from books, from insider leaks and from investigative journalism is that the rational actors who are closest to the president are frightened by his chaotic leadership style. They describe a total lack of intellectual curiosity, mental discipline and impulse control. Should the views of these establishment insiders really carry more weight than those of Uncle Clem in Scranton, Pa.? Why yes, in this case, they should. We should listen to the voices of American populism in determining public needs and in setting policy agendas — but not in determining political reality.
We should pay attention to the economic trends that have marginalized whole sections of the country. We should be alert to the failures and indifference of American elites. But we also need to understand that these trends — which might have produced a responsible populism — have, through a cruel trick of history, elevated a dangerous, prejudiced fool. Trump cannot claim the legitimacy of the genuine anxiety that helped produce him. The political and social wave is real, but it is ridden by an unworthy leader. The right reasons have produced the wrong man.***


Las críticas demócratas son esperadas; las que llegan desde el bando republicano son demoledoras porque implican una pérdida de apoyos. Gerson no critica la política republicana, critica las enormes carencias en el liderazgo. El "hombre equivocado" es el reconocimiento de que el liderazgo de Trump solo puede al desastre a los republicanos, por un lado, pero por otro a los Estados Unidos. Por eso no es casual que Gerson proponga en su artículo la imagen de un Trump manipulado por el líder de Corea del Norte. Sabe qué debe decirle y cuándo es el momento apropiado.
Aprobando la política conservadora llevada por Trump y condenado a Trump dejándole como una especie de hombre de paja preguntándose por un cerebro, Gerson ataca pero se cubre las espaldas ante los republicanos que ven el destino que Trump ha creado para ellos.
Creo que esas tres imágenes, verbales e icónicas, de Trump reflejan lo que ha sido y es uno de los mayores desastres de liderazgo de la última décadas. Quizá solo superado, aunque están casi a la par, por Nicolás Maduro.
Ha habido muchos ineptos en puestos de enorme responsabilidad, pero pocas veces con tanto afán de protagonismo, tan pagados de sí mismos. La conversación reproducida por la BBC, la imagen de unos Estados Unidos en el abismo y la descalificación absoluta de Michael Gerson, son tres momentos críticos. La idea de que, como alternativa a declararlo mentalmente incapaz para la presidencia, tengan que estar recurriendo a maniobras para evitar que el presidente de los Estados Unidos hunda al país y arrastre al caos a medio mundo, supera cualquier película o ficción, dramática o cómica. Crazytown se ajusta a la transformación de la Casa Blanca con la llegada de Trump. Gerson señala que la política del presidente puede cambiar tras escuchar un rato el Fox&Friends. No tiene que ser fácil para alguien medianamente cuerdo asistir al espectáculo de la locura, la ignorancia y el egocentrismo en el despacho oval de la Casa Blanca.
Su presidencia será recordada, sin duda.



* "El espectro del sabotaje a Trump en la Casa Blanca desata una tormenta política" El País 7/09/2018 https://elpais.com/internacional/2018/09/06/actualidad/1536247609_274108.html
** "El libro de Bob Woodward sobre Trump: las citas más explosivas" BBC 4/09/2018 https://www.bbc.com/news/world-us-canada-45415151
*** "We are a superpower run by a simpleton" The Washington Post 6/09/2018  https://www.washingtonpost.com/opinions/we-are-a-superpower-run-by-a-simpleton/2018/09/06/a39c8980-b205-11e8-9a6a-565d92a3585d_story.html?utm_term=.ef84e933e184

martes, 1 de agosto de 2017

Tres consejos y un adios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay algo de justicia poética en el despido de Anthony Scaramucci tras diez días en la Casa Blanca. Parece difícil de superar, pero se superará. Se ha perdido su estilo, su verbo (lenguaje colorista, llamó a sus insultos), sus movimientos sincronizados con el Jefe. Había renunciado... a lo que fuera. Los que más lo lamentan son los humoristas que habían encontrado en él un filón. Apenas un fin de semana para poder sacarle el jugo a un personaje que prometía mucho. Pero así son las cosas.
La Casa se ha convertido en una especie de relato de terror en el que puede pasar cualquier cosa al que traspasa su verja. La lista ya es sospechosamente larga para poco más de seis meses desde que llegó el Maestro.
Eso explica que John Podesta —que ha servido a Hillary Clinton, a Barack Obama y ha sido jefe de Staff de la Casa Blanca con Bill Clinton— escriba en The Washington Post un artículo con el título "The best advice I could have given to John Kelly: Don’t do it!". Ya no son tiempos para la lírica o para las metáforas. El "lenguaje colorista", empleado por Trump y por el ahora defenestrado Scaramucci, ha dejado de ser eficaz. Hay que dejarse de sutilezas y ser directo:

As a former White House chief of staff, the best advice I could have given Gen. John F. Kelly has been overtaken by events: Don’t take the job.
Kelly, who has rendered extraordinary service and sacrifice to the nation, just signed up for what may truly be an impossible mission: bringing discipline, order and strategic focus to the chaos that is the Trump White House.
To have any chance of succeeding, he will have to accomplish three extraordinary tasks, all at odds with President Trump’s instincts.*

Como demócrata y político curtido que habrá visto de todo, no quiere que el general Kelly acabe sus días de gloria y servicio en la Casa Blanca, destino infernal. Como a los demás, Trump los engullirá y los regurgitará dejándolos sobre el césped para ser pisoteados por las bestias.
Si tenemos en cuenta que muchos puestos están sin cubrir por el barullo formado desde que llegó, el caos de la administración norteamericana tiene proporciones épico estelares o "bíblicas", como escribe en otro artículo de The Washington Post, firmado por  Dana Milbank y titulado "The Mooch takes a fall of biblical proportions". A diferencia de los consejos dados por Podesta al nuevo Jefe de Staff, Milbank no puede controlar su ironía y exprime las perlas que en su breve paseo por la comunicación institucional ha dejado Scaramucci. No es el único.


Trump se jactó al inicio que iba a llevar a la Casa Blanca las mentes más brillantes disponibles, las inteligencias más elevadas. Lo que no explicó es que iba a poner a cada una de ellas en puestos en los que no tenían la más mínima experiencia. El presidente novato se rodeo de expertos haciendo cosas de las que no tenían ni idea, como él. A Tillerson, un empresario petrolero, lo puso al frente de la Secretaría de Estado y hace lo que puede, especialmente tratando de arreglar los desaguisados del Maestro. Kelly es un militar, un marine, al frente de la Casa Blanca.
Sin embargo, ha sido la elección de Anthony Scaramucci, The Mooch, para la Dirección de Comunicación la que ha dejado en evidencia que Trump no es un buen seleccionador de personal. Fue abrir la boca y se vino todo abajo. No está mal para estrenarse en la dirección de Comunicación. Fue enviado a evitar filtraciones y se filtraron sus propias e inadecuadas palabras, lo que ya es empezar mal. Ha estado tan poco tiempo que no se puede decir que haya acabado mal; solo que empezó.
Yo creo —un suponer— que, a Trump, Scaramucci le recordaba algo a él mismo de joven. Un aire... El analista y humorista político Trewor Noah, presentador de The Daily Show, lo expresó el otro día al mostrar en paralelo los gestos de uno y otro, un efecto casi de natación sincronizada digno de una Olimpiadas. Los mismos movimientos, posturas..., hasta el mismo gesto lanzado el beso de despedida.



Al final, lo que ha hecho Trump es lo que se hace en cualquier western que se precie, llamar al 7º de Caballería, pues no es otra cosa lo que ha hecho al poner a un militar al frente de la Casa Blanca. Trump le ha recibido haciendo chistes sobre la brutalidad policial frente a cientos de agentes, para escándalo de la propia Policía que no está para bromas con estos asuntos en la calles de muchas ciudades.
John Podesta le ha dado al general Kelly algunos consejos ya que ha aceptado la misión suicida:

First, discipline. There’s no doubt the decision to replace Reince Priebus with Kelly was based on the hope that a former four-star Marine general could get this menagerie in line. You don’t have to compare the Trump White House to no-drama Obama or the buttoned-down Bush operations to know there is simply no precedent in modern history for the current White House culture of factionalism, infighting and lack of respect among senior staff members.
[...]
Kelly’s second task will be to restore strategic direction to Trump’s haphazard policy-making process.
In domestic affairs, that will mean reestablishing relationships with congressional leaders on both sides of the aisle. Trump’s current strategy of partisan bullying has been disastrous, producing almost no significant legislation in what has generally been the most productive part of a new president’s time in office.
[...]
Kelly’s third task might be the hardest.
He has to protect the integrity and independence of the Justice Department and special counsel Robert S. Mueller III’s investigation from constant interference by the president and the White House. He has to be resolute in defending our constitutional norms and the rule of law. While it may not endear him to the president, Kelly will actually be helping Trump stay out of even more trouble.*


¿No sería más sencillo encerrar a Trump en un sótano directamente y hacer como si no hubiera pasado nada? Los consejos de Podesta a Kelly son realmente sencillos —obvios, dada la situación— pero existe un gran problema: Trump es el presidente.
Si alguien se hubiera perdido en una selva, incomunicado, se reincorporara a la vida civilizada y —después de una buena ducha— se sentara a leer The Washington Post y encontrara el artículo de John Podesta no entendería nada: "¿El mayor problema de la Casa Blanca es el Presidente?", preguntaría asombrado. Sí —le contestarían—, mejor no preguntes.
Finalmente, John Podesta, una vez dados sus tres consejos y haber dejado su conciencia limpia, escribe:

I began by noting that Kelly may have embarked on mission impossible, but the good news is that he does have a strong hand to play. The truth is that the president needs Kelly more than Kelly needs him. Trump simply cannot afford to have Kelly walk without disastrous consequences. The new chief of staff should use that power to restore discipline and dignity to a White House sorely in need of both.*

Esperemos que Trump lea también el artículo. Pero existen las mismas probabilidades de que se sienta aliviado que ofendido; o primero uno y después lo otro. Dirá que nadie puede manejar la Casa Blanca mejor que él, que solo pensarlo es no ser "leal".
Un tuit de Donald Trump asegura que todo está bien en la Casa Blanca. América puede dormir tranquila. 




* John Podesta "The best advice I could have given to John Kelly: Don’t do it!" The Washington Post 31/07/2107 https://www.washingtonpost.com/opinions/john-kelly-may-have-signed-up-for-mission-impossible/2017/07/31/8eebc942-7610-11e7-9eac-d56bd5568db8_story.html