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viernes, 23 de agosto de 2024

Morir solos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se puede morir de muchas maneras, unas mejores que otras. Al final todos lo hacemos. Pero para los que nos quedamos, pueden ser motivo de reflexión sobre el mundo en que vivimos y que dejarás atrás.

Tenemos muertes, como las que han ocurrido hace unos días en el Mont-Blanc, de jóvenes despeñados en plena escalada. Son tristes, pero al menos queda el consuelo —para los que así lo quieran ver— de que fallecieron haciendo lo que más les gustaba. Tenemos la reciente muerte de una mujer de 85 años en un mercado afgano durante un tiroteo. Estaba haciendo turismo, un turismo que ahora llaman "de riesgo". La escalada es también un deporte de riesgo. Dicen que las altas temperaturas pudieron ser las que hicieron que cedieran los anclajes.

Nos estamos preguntando porqué se hundió tan rápido el súper yate de lujo de los magnates británicos de la banca y de las tecnologías. Todo su poder y dinero no sirvió de nada ante un golpe de la naturaleza. Seguro que cuando se lo vendieron, le aseguraron que era a prueba de todo, una parte de la "armada invencible", que como entonces dejo la vanidad humana a la altura del betún. El yate sigue a cincuenta metros de profundidad. Dicen que fue la vanidad de la altura del mástil que se quebró, la larga quilla... todo aquel monumento a la ingeniería y al lujo, lo que lo hundió en minutos.

Fatalidades, desgracias, imprudencias, conjunción de factores... Muertes.

Pero de todas estas tristes muertes, hay dos que me afectan y deberían afectarnos, hacernos reflexionar a todos,

Me refiero a los dos cadáveres encontrados y cuyas noticias han aparecido el mismo día. Son muertes que hablan de nosotros. La primera de ellas nos habla del descubrimiento de un hombre de 78 años que llevaba seis meses muerto. La segunda, el hallazgo del cadáver de una mujer muerta desde hace un mes.

Del primero nos dicen los medios que dio la alerta el casero, que dijo que llevaba tiempo sin ver al fallecido. De la segunda, nos dicen que fue el molesto olor lo que hizo que los vecinos se quejaran.

Las otras noticias —el turismo de riego, el accidente deportivo, el yate convertido en tumba...— podemos hablar de fatalidades. De las dos muertes, en cambio, debemos hablar de soledades, el mal al que la sociedad española no se quiere enfrentar.

Vivimos en una sociedad avejentada y de lucha generacional. Es triste pensar que esas dos personas no importaban a nadie, no tenían que le echara en falta. Es triste pensar que nadie las llamara o que no se preocuparan por su ausencia de noticias o respuesta. Solo el casero y los molestos vecinos.

El retrato que esto hace de nuestra vida social es muy triste. El vivir el momento hace percibir a los mayores como una carga. Hay algo de venganza generacional en el abandono. Se nos muestra muchas veces a los mayores como beneficiarios de una vida que ya no existe, esa que se refleja a la perfección en ese spot publicitario cuyo eslogan es "¡Llegamos tarde!". En él, unos jóvenes manifiestan su lamento por no tener casa, ni segunda vivienda, ni empleo estable... A todo "llegaron tarde". ¿Ahora deben cargar con los que sí tuvieron lo suyo?

En mis tempranos paseos, casi diarios, hasta Correos a recoger mis envíos de películas o libros, veo un panorama desolador, el de decenas de ancianos a los que "sacan a pasear". Bastones, andadores, sillas de ruedas... furgonetas recogiéndolos para llevarlos a centros de día. Es un recorrido que te muestra una España real de la que poco se habla.

Los que veo son los privilegiados a los que acompañan en sus paseos diarios o recogen. Algunos caminan junto a miembros de la familia, hijos preferentemente. Otros muchos, en cambio, lo hacen junto a acompañantes, principalmente inmigrantes, que son los que asumen estas tareas a cambio de un sueldo o de compartir la casa.

Conozco a personas que realizaban sus carreras estudiando y acompañando a ancianos a los que cuidaban, les mantenían las casas en orden y les hacían la compra. De la tarea de estos emigrantes apenas se habla. Cubren lo que sus familias no hacen. Hacen lo que su propia sociedad no atiende. ¿Están previendo este abandono solitario o solo están pendientes del negocio, de la llamada "silver economy"?

Se está desarrollando un enorme negocio, algo que va de las residencias a la tecnología. De las residencias hemos tenido noticias en la pandemia. Es un negocio seguro, con creciente demanda conforme avanza en el envejecimiento. Hay de todo en ellas. La tecnología, igualmente está desarrollando toda una gama de dispositivos, programas, etc. para la vigilancia a distancia.  No combate la soledad, pero alguna función cubre.

No hace muchos días, una antigua colega de departamento, a punto de cumplir los 91 años acudió con una joven acompañante a un acto. "Es la que me ayuda a moverme fuera de casa". Me dio una enorme tristeza, más que por el hecho en sí, por el tono en que lo dijo.

La sociedad ha cambiado. Ha cambiado no solo la estructura familiar y el envejecimiento, sino también en las relaciones sociales y familiares. Las "casas familiares" han desaparecido, como lo han hecho las familias numerosas. No estoy reivindicando aquella sociedad en la que la hija se sacrificaba para atender a sus padres, se quedaba "a vestir santos", hasta que fallecían. Pero sí critico una sociedad en la que es posible morir y que tarden seis meses en darse cuenta.

Parece que todos estamos muy ocupados para encargarnos de saber cómo nos encontramos. Muchas veces por el temor a que nos "caigan" tareas. Siempre hay algo más importante que hacer que tratar de saber cómo están los "nuestros", concepto que ha ido desapareciendo con la desespacialización de las familias, su dispersión de un centro físico —un pueblo o ciudad, un barrio—; ahora todos vivimos lejos unos de otros.

Es triste morir en ese grado de soledad y distanciamiento de los otros. Hay muchos países en los que se valora la preocupación por los otros, las amistades o familias. Nosotros lo vamos perdiendo por diversas causas. Lo peor es que no nos importa demasiado ocupados como estamos en vivir un presente sobrecargado, que es el del consumismo, el de la trivialidad.

Estos dos casos nos muestran la sociedad en la que vivimos, el desvanecimiento de los lazos, de las responsabilidades que nadie quiere. Esto se irá agravando con el tiempo. Dejará de ser noticia el hallazgo de personas muertas sin que nadie las haya echado en falta. Seguirá siendo noticia morir en el Mont-Blanc o en Afganistán, pero no lo será morir en la soledad.

Hoy me han llamado por la noticia de un incendio en mi pueblo. "¿Todo bien?" Lo he agradecido.

miércoles, 15 de mayo de 2024

Problemas del futuro, ya en el presente

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hace un par de meses pude ver una película japonesa, "Plan 75" (2022), la ópera prima de Chie Hayakawa, merecedora de diversos premios, pero sobre todo de la atención que apenas se le ha dado por ser una película incómoda quizá. La "incomodidad" del filme —como suele ocurrir— viene dado por la proximidad del tema, por más que nos muestra un mundo relativamente lejano.

Plan 75 parte de la realidad para proyectarla en un futuro tan próximo que casi puede tocarse con los dedos de la sensibilidad. Nos cuenta cómo, en un futuro próximo que apenas de diferencia del presente, Japón desarrolla un plan de asistencia al suicidio al llegar a los 75 años ante la imposibilidad de sostener la población mayor de esa edad. Japón se ha llenado de ancianos y apenas nacen niños (¿les suena?). El gobierno asegura la vida tranquila de los mayores si estos entran en un plan que incluye el suicidio a esa edad, los 75. Los ancianos viven en soledad y tiene asegurados 15 minutos diarios de conversación telefónica para tratar de aliviarles el día a día, hasta que llegue la muerte liberadora, que es para el estado una liberación económica.

Pero la realidad puede dejar a las fantasías cortas. Leemos en RTVE.es el siguiente titular "Japón, entrar en prisión para sobrevivir: 5.000 jubilados roban para ir a prisión y asegurarse comida, techo y atención médica", en un artículo firmado por Fátima Hernández Rodríguez, en el que leemos en su inicio:

En Japón cinco de cada diez hurtos cometidos en tiendas son perpetrados por ancianos, el doble que hace una década. La mayoría nunca había cometido un delito.

Acudir al robo de manera reiterada ha sido la solución que han encontrado estos ancianos japoneses a la precariedad en la que viven. Cometen pequeños robos en tiendas para conseguir ir a la cárcel y así asegurarse, al menos durante el tiempo que dura la condena, un techo, comida, atención medica... y no estar solos.

En Japón, por un hurto de un poco de kimchi (col fermentada) cuyo valor no llega a dos euros (algo más de 300 yenes) se puede condenar a una persona hasta con dos años de prisión, o cinco si se es reincidente.*

 

Ya nos permite acercarnos al problema que "Plan 75" planteaba, la creación de una sociedades envejecidas en las que los ancianos no tienen sitio. La frontera laboral pasa a ser en muchos casos la frontera de la vida digna o, incluso, simplemente de la vida. Esto se va agravar en este futuro que nos ha alcanzado. Y es que no salen las cuentas cuando es la codicia la que se ha erigido en fuerza dominante.

Las diferencias entre lo que nos muestra el filme "Plan 75" y lo que nos cuenta el artículo son muchas... pero no tantas. El problema, en cambio, es exactamente el mismo: ¿qué hacer con los ancianos?

Con los ancianos ocurre algo parecido a lo que sucede con los niños: olvidamos que lo hemos sido en el pasado e ignoramos que seremos ancianos en el futuro. Es un problema del lenguaje: palabras distintas, conceptos distintos ¿seres distintos?

Cuando pensamos en los "ancianos" es que no lo somos todavía y todo parece un problema de otros, un problema del futuro. Pero seremos todos parte del problema cuando nos toque.

Algunas culturas, como ocurre en China, tiene instituido en el ADN que los hijos tienen la obligación de cuidar a sus padres, algo que Confucio dejó claro. Pero las familias de ahora ya no son las de antes, que estaban muy localizadas. Ahora están dispersas por medio mundo, ya no residen en un "hogar familiar" que va pasando de unos a otros y los miembros pueden estar repartidos por varios continentes y pasar años sin verse.

La precariedad que se ha creado para los jóvenes tampoco les permite elegir mucho. Tienen que emigrar, vivir en las pequeñas casas que sus bajos sueldos les permiten o ambas cosas a la vez. En un titular de ayer, con información de RTVE.es y Agencias so nos dice que "El porcentaje de jóvenes con vivienda en propiedad se desploma 37 puntos desde 2011"**

Bajos sueldos, altos alquileres, empleos precarios, emigración... eso es lo que nuestra economía produce con resultados previsibles y peligrosos para el futuro. Para los ancianos hemos desarrollado la "Silver Economy" que es la forma de intentar sacarles los ahorros y bienes a los que hayan podido ahorrar algo en tiempos en los que esto era posible. Pero las crisis de las últimas décadas no han permitido hacerlo, solo a algunos ricos ser más ricos y hacer más pobres a los pobres, además de desmantelar el estado para que ese dinero ahorrado fluya hacia las empresas privadas, algo que va del ocio a las residencias pasando por la medicina y la prolongación de la vida.

Los ancianos que roban en Japón lo hacen acuciados por la necesidad y por la soledad, dos males que intentan paliar entrando en las cárceles. Dicen que ninguno de ellos lo había hecho con anterioridad. No, no son delincuentes. Son personas que han quedad fuera del sistema, tanto laboral, como familiar y social. Del laboral por la edad; del familiar porque apenas tienen hijos o están muy lejos y sin poder sostenerles; del social porque empiezan a ser considerados parias que solo son comprendidos por sus iguales, es decir, los que viven como ellos entre rejas.

No hace falta recurrir a la ciencia-ficción para imaginar este futuro crudo, insensible. La codicia hace que cada vez más solo se considere el lucro como el motor social. Son los efectos de la revolución neoliberal de los 80, del thatcherismo y el reaganismo, de un mundo en el que el único derecho es enriquecerse sin límites, sin necesidad de pensar en los efectos de las distorsiones sociales que se puedan producir.

La pandemia nos ha enseñado lo que hay detrás de las residencias de ancianos, lo que valen sus vidas mientras las pueden pagar. Cada vez automatizamos más y destruimos empleo... y a nadie le parece mal porque nadie se puede imponer entre el deseo de ganar y la posibilidad de hacerlo. Solo se mide la "eficiencia", que es el resultado de invertir lo menos posible con el máximo beneficio. Nadie se atreve a limitar el beneficio porque, gracias a la globalización, puede "deslocalizar" las empresas y crear un paro más alto. Las empresas, por su parte, procuran que lo que hacían dos lo haga uno, firman contratos día tras día para aprovechar las ventajas de contratar y despedir, despedir y contratar. Invierten en aquellas áreas que les permiten mayor control y menos empleo, como ocurre con las automatizaciones y la Inteligencia Artificial. Ya la máquina posibilitó en la revolución industrial al proletariado como mera prolongación de ellas. Ahora tenemos un empleo virtual y un paro real.

Se cierra el artículo así: 

Según el jurista Tatsuya Ota, "el problema de qué hacer con las personas mayores que han cometido delitos es ahora bastante grave, y la sociedad japonesa no los acepta". Por eso, explica, actualmente se están promoviendo medidas destinadas a crear un lugar para esos delincuentes de edad avanzada en Japón.* 

Convertirse en pequeño delincuente —dos años de cárcel por robar un poco de col, como se nos dice— es traspasar una barrera. Es necesario hacerlo para poder disfrutar de la comida en la cárcel y de la compañía de los demás presos. No roban mucho; lo suficiente para estas condenas que les caen cada vez que lo necesitan.

No, no hace falta la ciencia-ficción. En 1973 se estrenó el filme "Soylent Green. Cuando el destino nos alcance", dirigido por Richard Fleischer. Estaba ambientado en 2022, hace un par de años. El destino era descubrir que la población sobrante —que era mucha— se "reconvertía" en alimento para los demás. Así imaginaban entonces el mundo cincuenta años después, en nuestro tiempo. El destino sí nos ha alcanzado ya y lo que ocurre se parece cada vez más a lo que se nos muestra en las pantallas.

Mirarse en Japón es necesario. Tenemos que empezar a pensar en soluciones que no estén movidas por el lucro, que solo busquen el enriquecimiento con los problemas y no sus soluciones. Esto nos afectará a todos. De vez en cuando saltan las alarmas, se nos dan datos y avisos, pero estamos demasiado ocupados en divertirnos unos y en sobrevivir otros. 

* Fátima Hernández Rodríguez "Japón, entrar en prisión para sobrevivir: 5.000 jubilados roban para ir a prisión y asegurarse comida, techo y atención médica" RTVE.es 15/05/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240515/japon-entrar-prision-para-sobrevivir-5000-jubilados-roban-para-ir-a-prision-asegurarse-comida-techo-atencion-medica/2462957.shtml

** "El porcentaje de jóvenes con vivienda en propiedad se desploma 37 puntos desde 2011" RTVE.es / Agencias 14/05/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240514/jovenes-vivienda-propiedad-desploma-37-puntos-2011/16103568.shtml

domingo, 21 de enero de 2024

El crimen de los hermanos de Morata de Tajuña

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El caso de los tres asesinados en Morata de Tajuña probablemente por unas deudas contraídas a través de una "estafa amorosa" o "emocional" debería hacernos reflexionar sobre la situación de muchas personas y aquello que las convierte en víctimas de un sistema cruel.

Estamos creando una sociedad que en mitad de una marea de comunicaciones crea enormes islas de soledad.  En una sociedad hipercomunicada, la comunicación se ha convertido en una máscara. Al principio era el sufrimiento de las personas que se sentían rechazadas porque apenas tenían "likes" en sus cuentas. Muchos se reían, pero el sufrimiento tiene siempre ese lado ridículo a la vista de los "fuertes", de los "seguros", que lo miran como debilidad.

De hecho, una de las estrategias de la comunicación es hacer sentir a la gente esa soledad para que reaccionen en sentido contrario. En lo que te ofrecen está el bálsamo que curará tus males o carencias. Esto les funciona con muchas cosas, demasiadas.

En Antena 3 le dedican al caso el análisis al caso y a la proliferación de este tipo de estafas:

Las llamadas estafas emocionales como las que presuntamente sufrieron Amelia y Ángela, las dos hermanas que fueron encontradas muertas en su domicilio de Morata de Tajuña, proliferan en las redes sociales.

La Guardia Civil advierte de que cada vez son más frecuentes. A través de las redes sociales, los estafadores contactan con personas con carencias afectivas y, utilizando técnicas de persuasión, consiguen robarles importantes cantidades de dinero a sus víctimas.

María Ramírez, psicóloga clínica, explica que muchas de las personas que son estafadas "se enamoran de la idea de ser queribles o de ser personas que puedan enamorar".*


La clave está en la detección de esas "carencias afectivas". Las estafas proliferan porque existen esas carencias, hay una gran necesidad de afecto en este mundo frío que estamos fabricando entre todos. Pero no basta con que existan; hay que detectarlas. Y es aquí donde entran toda una serie de sofisticadas formas de rastreo de perfiles que se pueden considerar susceptible de caer en el engaño

La tecnología es una parte, pues permite crear esa sensación falsa sensación de afecto que engaña y les hace aferrarse a un sueño: el de ser queridas. Las estafas amorosas han existido siempre. La simulación de amor es toda una técnica que sabe cómo manipular el deseo de ser queridas. Las víctimas no eran adolescentes, pero no es la edad el centro del asunto, sino la necesidad de amor, de ser queridas. Esto se produce cada vez más en las personas mayores, tratadas de una forma utilitaria y no afectiva.

Cuando vives en un mundo solitario, cuando mueren las personas que has conocido en tu vida que van desapareciendo; cuando en tu banco te miran como un incordio cuando preguntas, cuando tu pueblo se queda vacío; cuando tus médicos te dan unos minutos de atención y miran el reloj pasados unos minutos, cuando van quitando todos los servicios habituales y necesarios porque tu pueblo ya no es rentable porque se queda despoblado y nadie hace negocios allí, etc. es cuando comienza esa otra economía, la de las estafas, la que intenta compensar ese sentimiento de pérdida, de soledad.

Resulta patético escuchar la historia de estas tres personas, de los tres hermanos. Todos le advertían que se trataba de una estafa, pero ellas dos resistían porque era probablemente lo que les sacaba cada día de la cama con la esperanza de un cambio. Es sorprendente (e ilustrativo) que todos esos conocidos que corren a ser entrevistados para hablar de ellas no hicieran algo antes, denunciar, advertir a las autoridades para que investigaran. Pero ¿a quién le importa?

"¿A quién le importa?" es la pregunta de las sociedades modernas, egoístas y cada vez más urbanas, donde la soledad procede de la indiferencia. El éxito de las redes sociales se basa muchas veces en ese sentido da falsa comunidad, creada artificialmente para poder estandarizar los deseos, vender los productos, segmentar públicos, etc. con gente que da salida a través de ellas, con lo que muchas veces no encuentra en la realidad. En esa "realidad ficcional" es fácil introducirse y controlarla. Hay múltiples cebos, diferentes formas de engaño que son eficaces.

El creciente número de personas mayores en nuestras sociedades avanzadas ha dado lugar a eso que llaman la "Silver Economy" (lo hemos tratado previamente aquí), una forma especializada para sacar el dinero de los ahorros, el dinero inmovilizado. La estafa de Molina de Tajuña es la variante más oscura de esta "Silver Economy". Su principio básico es la soledad profunda, el sentimiento de abandono que se produce cuando avanza el tiempo. Eso lleva a desear con fuerza lo perdido o lo que nunca se tuvo.

Ya se percibe en los propios puestos de trabajo en los que las personas de más edad son mantenidas al margen o así lo sienten ellas. El olvido tras las jubilaciones en lugares en los que las personas han pasado décadas de trabajo es frecuente. Hoy el mundo es claramente generacional, las barreras se hacen insalvables por la incapacidad de compartir mundos cada vez más acelerados. Solo quedan los tuyos, los de tu edad, o gente que busque otra forma rechazando este presente continuo y trivial que se produce con los medios y redes sociales como herramientas. 

El caso de las hermanas estafadas y muertas por haber pedido dinero para ayudar a sus falsos novios es un caso trágico. Hay que entrar en esas mentes, recrear su vida para poder comprender la evolución y el contexto que les ha llevado a una muerte horrible. Un mes han tardado en descubrir sus cadáveres semiquemados, torturados. Tres hermanos en un pueblo pequeño donde ahora se permiten algunos decir que ese era su destino previsible.

Dice la psicóloga clínica citada que estas personas "se enamoran de la idea de ser queribles". Es un juego de palabras. El deseo de amor está en nosotros; necesitamos ser queridos. Las opciones son la soledad, el falso amor que se publicita a sí mismo y un amor genuino. No se trata necesariamente de un amor romántico como se nos vende con frecuencia, sino de la idea de sentir que vives en un mundo donde le importas a alguien, algo que va siendo más complicado en este mundo utilitarista y pragmático.

Quizá como acabaron pidiendo dinero a todo el mundo, se les fueron cerrando puertas. Finalmente han sido esos a los que recurrieron, prestamistas, los que parece que acabaron con sus vidas. Un triste final con una falsa esperanza.

El destino cruel de los hermanos de Morata de Tajuña debería hacernos reflexionar. Pero eso ya sería un signo de que nos importan los demás. Esta sociedad de redes quiere sustituir el afecto por su apariencia. A los que se siente abandonados, olvidados por los que les rodean, es fácil engañarlos usando su propio deseo que les ciega. Esto está empezando, es la otra cara de la silver economy, como la han etiquetado. Ellas no tenía dinero y lo pidieron. Los que se lo cobraron con sus muertes son tan criminales como los que les engañaron.

 

* Paula V. Sisó "La psicóloga María Ramírez, sobre las estafas del amor: "Las víctimas se enamoran de la idea de ser queribles"" Antena 3 20/01/2024 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/psicologa-maria-ramirez-estafas-amor-victimas-enamoran-idea-ser-queribles_2024012065abde6a014c8a0001d82233.html

jueves, 2 de noviembre de 2023

La economía de plata

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo llaman "silver economy". No es otra cosa que buscar el dinero debajo de las canas, es decir, exprimir a los que han ahorrado o no tienen las estrecheces de los jóvenes, las generaciones sin: sin casa, sin empleo estable, sin ahorro...

El reportaje, financiado por el BBV en el diario El Mundo, no se anda con chiquitas. Su título es "‘Silver economy’, un gran reto y una oportunidad de oro para las empresas", lo que hará a algunos sentirse hasta orgullosos. La "plata" son las canas y el oro lo que quieren extraer de ellas. La entradilla del texto tras el titular es rotunda: 

Cada vez hay más mayores de 55 años. Un segmento que, además de crecer de forma exponencial, es el de mayor poder adquisitivo del país, por lo que pensar en cómo atraer a estos consumidores séniors se ha vuelto un objetivo clave para muchas compañías.*

 

Acostumbrados a esta jerga pirata, lo de "consumidores séniors" debería espantarnos. Significa adulación hasta que solo nos queden las canas y el oro esté en sitio correcto. Sin gasto no hay economía, dicen; vayamos pues a los que pueden gastar. Esa es la clara explicación de esos cientos, miles de fotos de ancianos en plena forma, jubilosos, enamorados, que pasean, sonríen, se abrazan felices, sin preocupaciones... Sera mejor pararse un poco y pensar.

En otro rincón de El Mundo, los titulares son muy otros: "Así han perdido calidad de vida los españoles en los últimos cuatro años: el mapa de las comunidades más afortunadas y las más castigadas"**. El mapa que se nos muestra, en diversos tonos de azul, ya no es el del verde saludable de las fotos de los ancianos felices. Ese dinero de "consumidores séniors" está siendo "consumido" para ayudar a hijos y nietos a sobrevivir en este mundo tan feliz que pintan bancos y medios para la tercera edad, cada vez más larga y empinada. "¿Es usted feliz?" preguntan en el inicio del texto. La respuesta, nos dicen, depende de donde viva usted. Hay sitios en los que se puede soñar con ser feliz (es decir, aceptar las tentaciones que nos ofrecen por canosos); en otros, en cambio, la felicidad no es más que una forma de pesadilla. Y esta pesadilla puede ser propia (no me llega la pensión) o ajena (a mis hijos no les llega el sueldo para comer o pagar la casa o el comedor escolar y les tengo que ayudar).

No, no me vengan con la "silver economy", no cuando estás pagando lo que esas mismas empresas que se dirigen a mí, se niegan a colaborar socialmente mejorando el empleo en sueldos y condiciones de contratación; como diría el presidente de la patronal, "no es momento". En el futuro, las únicas canas aceptables serán las de los que han vivido "aceptablemente", los que puedan haber ahorrado, que cada vez serán menos. Entonces sí serán esos ancianos glamurosos que hoy nos pintan en los medios. Pocos, eso sí, muy pocos.

Señores políticos, señores empresarios, señores banqueros: no. No lo han hecho ustedes bien porque han aceptado un principio perverso: me pueden ir bien las cosas cuando a los demás le vayan mal. Se acuerdan ustedes siempre de los que tienen dinero... hasta que dejan de tenerlo. Se centran en la España medio rica y salen echando pestes de la más empobrecida (muchas veces gracias a ustedes). 

Me imagino que cualquiera que pueda ayudará a sus hijos y nietos en la medida de lo posible. No se lancen a buscar "oportunidades" haciendo que los "séniors" se imaginen una vida eterna con fondo de violines que impida escuchar el fondo de depredadores que les rodea. Ya hemos tenido bastante demostración de "oportunidades" con el negocio de las residencias de mayores durante la pandemia. Hemos visto con claridad en qué consiste.


Ofrecer descuentos y gratuidad desde el estado o las autonomías es una forma de dejar dinero libre para el mercado. Que se lo gasten en otras cosas, pero que gasten. Ya han ahorrado bastante. Han estado toda la vida ahorrando y ¿ahora quieren seguir ahorrando?

Cuando tiene usted más de 65 comienza a recibir en su correo amables cartas que se preocupan por su sistema auditivo, por el estado de su estómago o por su visión. Son cartas enternecedoras en las que se manifiesta un interés desmesurado por su persona y estado de salud, por su felicidad. Usted es todo para ellos. Le adoran... y les preocupa.

Los bancos han estado cobrando a las personas mayores comisiones de ventanilla por solicitar sus propios ahorros. Ya no había tanto "silver sénior", ¿verdad? Dicen que todos los bancos han aceptado perder ese ingreso menos uno de ellos. Ellos sabrán por qué lo hacen. Pero podríamos ver muchas contradicciones en ese nuevo amor por los mayores ahora que son los jóvenes los que padecen las penurias. Hemos pasado de aquel "¡qué grande es ser joven!" al actual "¡qué grande es ser viejo (con buena pensión)!". No hay más "ciudadano" ya que el que tiene dinero. Lo demás son fantasmas sociales, parias o parásitos. ¡Cuidado si le empiezan a tratar demasiado bien!

 

* "‘Silver economy’, un gran reto y una oportunidad de oro para las empresas" El Mundo / BBVA  Compartiendo conocimiento 17/10/2023 https://compartiendoconocimiento.elmundo.es/silver-economy-un-gran-reto-y-una-oportunidad-de-oro-para-las-empresas

** Estrella López " Así han perdido calidad de vida los españoles en los últimos cuatro años: el mapa de las comunidades más afortunadas y las más castigadas" El Mundo 31/10/2023 https://www.elmundo.es/economia/2023/10/31/65411721fdddff493a8b457c.html