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sábado, 27 de septiembre de 2025

Milei y la (des)igualdad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En 20minutos se nos da cuenta de un horrible crimen en la Argentina de Milei. Se trata de la tortura y desmembramiento de tres jóvenes, menores de veinte años las tres, a cargo de narcotraficantes. Si los asesinatos son horribles, lo es más cuando nos dice que han sido transmitidos en streaming a un selecto grupo de personas para las que estaba destinado de forma didáctica y demostrar así quién manda allí. 

El descubrimiento de los cuerpos el miércoles desató manifestaciones en más de una decena de ciudades argentinas. El movimiento feminista Ni Una Menos, surgido en 2015 para visibilizar la violencia de género, convocó a miles de personas en plazas y parques para exigir justicia y señalar al Gobierno central de Javier Milei, afirmando que "el antifeminismo de Estado y el ajuste son letales". En Buenos Aires, la concentración tuvo epicentro en Plaza Flores, donde se coreó “Ni una menos, vivas nos queremos” entre banderas y pancartas. Las imágenes de madres, jóvenes y organizaciones sociales unidas en las calles contrastaron con la violencia del crimen y con la sensación de desamparo que transmiten los familiares de las víctimas.* 


La adscripción del gobierno de Milei al trumpismo galopante implica una política negacionista de la especificidad de la violencia contra las mujeres y la reducción de presupuestos, además de la desaparición del ministerio encargado de la protección de las mujeres, de vigilar su entorno y promover políticas adecuadas.

La demagogia de Milei es acorde con la de la extrema derecha populista mundial. Se basa en una falsa política de "igualdad", señalando que es lo mismo el asesinato de un hombre que el de una mujer, que no hay diferencia. Sin embargo, sabemos que esto no es cierto, que no se trata de ser iguales ante la Ley (como dicen), sino de no ser desiguales ante la vida.

La perspectiva negacionista cree que no debe haber esa diferencia, cuando la realidad nos dice que las motivaciones pueden ser muy diferentes, incluso disfrazarse de derechos ("¡la maté porque era mía!"). Las propias leyes, hasta no hace mucho, en muchos países justificaban la muerte de la esposa si el marido la encontraba con otro, cosa que no sucedía al contrario. Todavía en algunas culturas se sigue justificando.

No hablemos ya de casos como el acoso o la violación, donde la desproporción es abismal. Que hombres y mujeres sean iguales ante la ley es algo loable. El problema es que no lo son ante la vida. Debería preocuparse de eso Milei y su gobierno, pero es fácil hacer demagogia con la igualdad.

El problema, insisto, no es la ley, sino la desproporción en los delitos que sitúan a la mujer por debajo y como víctima generalizada de determinados delitos. Pero la demagogia anti igualdad es creciente y repite discursos por las diferentes geografías en las que se va imponiendo.

El horrendo crimen argentino muestra que el abandono de las políticas que tienden a la protección de las mujeres se acaba pagando. Esa didáctica del horror ha tenido a tres jóvenes como material sádico de demostración.

Hacerse preguntas sobre si el crimen es "machista" o "solo eran mujeres" y podrían haber sido hombres no tiene mucho sentido. El machismo es un elemento que está en la sociedad y ejerce una determinada mirada de superioridad sobre las mujeres. Lo que sí es cierto es que el machismo mata y que el objetivo que lleva a la selección hace elegir mujeres.

Tengo mis dudas sobre si este crimen confirma el machismo; lo que sí tengo suficientemente claro es que el machismo actúa tras una gran parte de la violencia contra las mujeres, una violencia que se ejerce en multitud de formas. ¿Tiene sentido ignorarlo, como hace los partidarios de Milei? Eso es algo peor que "ceguera"; es una forma de perversión ideológica que desprotege a las mujeres y transmite a la sociedad que "ya todos son iguales", algo que no es cierto.

De la ley a la costumbre, la violencia machista actúa con claridad, ya sea desprotegiendo e ignorando o ya sea por la violencia directa. Decir que es la misma violencia es ignorar algo que hasta esos asesinos saben: el carácter ejemplar. La ley debe dar ejemplo de su deseo de acabar con una situación que se transmite en el tiempo; los asesinos han querido convertir en ejemplar su crimen. Han seleccionado tres mujeres, tres jóvenes que para ellos eran una forma de advertencia para otros.

Según las autoridades provinciales, "toda la sesión de tortura y asesinato" fue emitida en directo por los propios agresores como "acto de disciplinamiento" para sus víctimas y para otros miembros de la organización narco. En uno de los fragmentos del video, uno de los jefes grita: "¡Esto le pasa al que me roba droga!".*

Desde el artículo se nos lleva a través de un enlace a otro titulado "El Gobierno de Milei busca eliminar la figura de feminicidio: "No hay diferencias entre el asesinato de una mujer y de un hombre""** que enuncia una enorme falsedad. Sí hay diferencias. Las hay cuando el que comete el crimen quiere que las haya.

No hay diferencia, por ejemplo, en las víctimas de los atropellos, que se suponen fortuitos. Pero hay atropellos intencionados en los que el hombre embiste contra su expareja para causarle la muerte; también los hay de mujeres que hacen lo mismo. Las muertes pueden deberse a motivaciones distintas, aunque se realicen de la misma forma. El crimen no es machista porque lo cometa un hombre, sino por la motivación. Si el crimen se comete porque el hombre cree que la mujer es una propiedad suya, que carece de libertad y derechos, entonces lo que sucede es una demostración de esa violencia machista por la que pretende eliminarla.

La creciente violencia vicaria, la que lleva a hacer daño a través de tercero y que afecta con frecuencia a los hijos, es una muestra más de la ceguera criminal que lleva a esa desgracia.

No se trata solo de la igualdad ante la ley, como dice el gobierno argentino de Milei; se trata de la desigualdad acumulada en la vida, la que lleva a ese sentido de pertenencia, de objeto propio que se les da a las mujeres. No todos los hombres son machistas, pero sí hay mucho machismo detrás de la violencia contra las mujeres, incluida la institucional.

Los recortes presupuestarios en la Argentina, como los realizados en los Estados Unidos de Trump, además de la indefensión, transmiten la idea de que el negacionismo es verdad, que todo es "ideología" y búsqueda de "privilegios" (como la exigencia de cupos o de proporcionalidad). Como otras facetas del negacionismo, el ideal es la configuración de una sociedad que sigue los "principios naturales o divinos", que el varón debe mandar, que debe ser obedecido, y que el espacio de la mujer de la mujer es la casa y cuidar de los hijos.

Un apunte final referido a la situación española. También comienza a haber negacionismo, como vemos. Pero me gustaría apuntar algo que no sale a la luz habitualmente en los medios: la presencia en las aulas universitarias de negacionistas que se enfrentan a sus profesoras intentando dejarlas en evidencia, cuando no en ridículo ante sus compañeros. Conozco ya varios casos en el que estos "influencers" de pacotilla se enfrenta a sus profesoras intentando debilitar su autoridad. Es lo que hacía el recientemente asesinado Charlie Kirk***, una pieza importante en el entramado de captación para Donald Trump y el plan "MAGA" en las universidades a través de la organización "Turning Point" que encabezaba y había montado por todo el país. Se trata de contestar los discursos de progreso (como el feminista) en las aulas, causando miedo entre el profesorado o el alumnado más receptivo para estos discursos. Ellos fiscalizan el material que se imparte y los discursos

La proliferación en nuestras aulas de asignaturas con enfoques de género es así combatida con estos actos intimidatorios en las aulas. No es difícil pensar quién se beneficia de estas acciones en las aulas. La ultraderecha no crece porque tenga razón, sino porque el miedo hacer callarse a muchos.

No es casual que Milei copie las acciones negacionistas, anti feministas, que le llegan de su admirado Trump, organizador de desfiles de belleza antes de su llegada a la Casa Blanca. Esto está creciendo y podemos encontrarnos con un retroceso brutal en las políticas de igualdad al desproteger a las mujeres y expandir esta falsa igualdad que proponen gente como Milei o Trump, por no mirar más cerca.

 

* "Conmoción en Argentina por el asesinato y descuartizamiento de Brenda, Lara y Morena: los asesinos lo retransmitieron en directo" 20minutos 26/09/2025 https://www.20minutos.es/internacional/conmocion-argentina-por-asesinato-descuartizamiento-brenda-lara-morena-los-asesinos-retransmitieron-directo_6372525_0.html

** "El Gobierno de Milei busca eliminar la figura de feminicidio: "No hay diferencias entre el asesinato de una mujer y de un hombre"" 20minutos / EFE 29/01/2025 https://www.20minutos.es/noticia/5677100/0/argentina-feminicidio-gobierno-argentina-defiende-eliminar-figura-feminicidio-nombre-igualdad/

*** Leemos sobre Kirk y sus opiniones:

"Consideren lo que dijo Kirk sobre las mujeres líderes negras y la acción afirmativa [con este nombre se conoce a las políticas destinadas a corregir los condicionantes estructurales que perpetúan la desigualdad y discriminación por género y raza, n. del ed]. Atacando a las “elecciones” de la acción afirmativa como Joy Reid, Michelle Obama, Ketanji Brown Jackson y la representante Sheila Jackson Lee, Kirk dijo, con asco: “No tienen la capacidad de procesamiento mental para ser tomadas en serio”; la acción afirmativa, dijo, les permitía “robarle el puesto a una persona blanca”.

Reflexionemos sobre eso un momento. Charlie Kirk dijo que estas mujeres negras, sumamente inteligentes, fuertes y exitosas, carecen de capacidad de procesamiento intelectual. Este es el supuesto héroe por el que Trump bajó la bandera a media asta."

—Christopher D. Cook "El legado tóxico de odio y división de Charlie Kirk" El Salto 12/09/2025 https://www.elsaltodiario.com/estados-unidos/legado-toxico-odio-division-charlie-kirk

sábado, 25 de enero de 2025

El victimismo machista argentino

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es indudable que la llegada de Trump al poder, las cosas que se dicen y hacen desde la Casa Blanca, animan a las barbaridades, alientan la ignorancia y la perversión que alienta el nuevo "faro" mundial. Sin duda, los retrocesos amparados por el nuevo poder ignorante son ya un hecho más allá de muros y fronteras. Pronto exigiremos que no salga nada de Estados Unidos, por el peligro que supone. Si los trumpistas no quieren que entre nadie, el mundo tendrá, paradójicamente, que protegerse de la barbarie que exportan.

Más allá de la ironía está la realidad de un titular como el que nos dan en RTVE.es: "Argentina eliminará la figura del feminicidio del Código Penal porque implica "una distorsión del concepto de igualdad"" y al que se añaden dos líneas bajo el titular, "Milei dijo en Davos que la figura del feminicidio "legaliza de hecho que la vida de una mujer vale más que la de un hombre"" y ""Esta administración defiende la igualdad ante la Ley. Ninguna vida vale más que otra", ha dicho el ministro de Justicia", auténticas barbaridades, distorsiones de la Historia, el Derecho y de la realidad misma.

Es sabido que Trump es de un machismo subido y que las políticas de "género" le parecen "injusticias", perturbaciones del orden natural. Cuando nuestro Santi Abascal volvió de ese acto imperial que fue la toma de posesión del enviado a salvar a los Estados Unidos y, consecuentemente, a la Humanidad, ya habló de las cosas que cambiarían (él entendía que "a mejor"), entre ellas destacó las cuestiones de género.

El efecto de la misma visita en Milei no se ha hecho esperar y ya tenemos declaraciones de su ministro de Justicia, alguien con un sentido torticero del Derecho, según parece.

El País 25/01/2025

Las penas por los feminicidios no son una medida de la igualdad (o desigualdad), según ellos, entre hombres y mujeres. Son una forma disuasoria de un tipo específico de crímenes que se basan en la creencia en el derecho del varón a disponer de la vida de la mujer por ser inferior, no obedecerle, ser una "propiedad", etc.

En el texto leemos las siguientes barbaridades:

El ministro de Justicia argentino, Mariano Cúneo Libarona, ha anunciado este viernes que el Gobierno eliminará la figura del feminicidio del Código Penal porque implica "una distorsión del concepto de igualdad".

"Vamos a eliminar la figura del femicidio (feminicidio) del Código Penal Argentino. Porque esta administración defiende la igualdad ante la Ley consagrada en nuestra Constitución Nacional. Ninguna vida vale más que otra", ha dicho el ministro en su perfil de la red social X.

Se trata de una modificación de la ley 26.791 del Código Penal, que desde 2012 —durante el Gobierno de Cristina Fernández (2007-2015)— impone la reclusión perpetua a quien mate "a una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género".

"Durante años han usado a la mujer para llenarse los bolsillos y desmedrar al hombre. Sin importar nuestro sexo, somos todos iguales ante la Ley y merecemos la misma protección y respeto", ha añadido Libarona, que ha dicho que el feminismo "busca privilegios poniendo a una mitad de la población en contra de la otra".* 

Es tal la perversión de los conceptos que asusta saber en manos de quién está la administración argentina, del presidente para abajo. La desigualdad de las penas no supone que una vida valga más que otra evidentemente, sino que se centra en las causas a las que obedece. Si mañana empezara a darse un crecimiento espectacular de los infanticidios, habría un aumento de penas con carácter disuasorio. Se trataría así de frenar o corregir, no de valorar las vidas.

Es una perversión interesada e ideológicamente retorcida lo que se señala. Lo que se está haciendo no es igualar el "valor" de las vidas de hombres y mujeres, como se aduce, sino precisamente falsear una realidad en la que se dan crímenes al amparo de una falsa "autoridad".

Es sorprendente que eso se pueda decir así, con tal desparpajo, descaro e ignorancia. Pero se trata precisamente, como se suele decir ahora, del "control del relato". Tras estos populismos de ultraderecha se esconden las frustraciones que hacen creer que estos son inventos ideológicos de una vulneración de las leyes "naturales" y "divinas", que son las que canonizan el dominio del hombre sobre la mujer.

A una sociedad patriarcal le interesa "rebajar" las penas contra los que atentan contra los derechos y vida de las mujeres porque sabe que se volverá a la desprotección y al abuso. Declarando la totalidad de la igualdad, lo que quedan es a merced de los machismos reales existentes en la sociedad. Las probabilidades de que una mujer sufra discriminación en una sociedad machista son mucho mayores a las de que un hombre sufra en la misma sociedad. Las leyes que protegen a las mujeres —como es el caso de la figura del "feminicidio"— no tienen como función que la vida de una mujer "valga más" que la de un hombre, sino disuadir a los machistas criminales. Es precisamente lo contrario: se trata de que la vida de una mujer no valga menos. Pero eso lo llevan mal los Trump, Milei, Abascal y compañía, que juegan con la frustración machista existente.

Creo que ha llegado el momento de frenar estas estrategias de darle la vuelta a la tortilla. Eso supone evitar este nuevo victimismo del machismo para evitar que ahora se muestre como una discriminación masculina. El macho pide que le caiga la misma condena por matar a un hombre o a una mujer. Como macho, ya sabemos quién será su víctima preferida.

Lo hecho y dicho por el ministro de Milei se hace bajo la sombra de un discurso mucho más amplio que se basa en diversos negacionismos, del de la Ciencia y del cambio climático, pasando por el de género. 

¡Pobre Argentina, sí! Pero tengamos cuidado porque estos males ignorantes cada vez obtienen más respaldo en un mundo donde es fácil manipular las frustraciones. Y para muchos es frustrante tener a mujeres cerca o por encima. Les parece poco natural y que eso se produce por la "injusta" protección. Habría que vigilar los discursos para ajustarlos a esta nueva (o no tanto) realidad.

No solo no se avanza en "igualdad" (¡qué ironía!), como afirma el ministro de Justicia de Milei, sino que se reducen las penas por un tipo de crimen que puede volver a aumentar. La función de las penas no es establecer equivalencias, sino frenar lo que tiene más probabilidades de producirse y, hoy por hoy, el peligro está en el machismo y su violencia contra las mujeres. 

 

* "Argentina eliminará la figura del feminicidio del Código Penal porque implica "una distorsión del concepto de igualdad"" RTVE.es 24/01/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250124/argentina-eliminara-figura-del-feminicidio-del-codigo-penal-porque-implica-distorsion-del-concepto-igualdad/16421815.shtml

sábado, 21 de marzo de 2015

La muerte de Farkhunda o también somos ella

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El horrible linchamiento de una mujer afgana acusada falsamente de haber quemado páginas del Corán abre de nuevo la realidad de las mujeres en aquel país. La acusación de quemar páginas del Corán o de haberlo profanado de alguna manera es una de las formas tradicionales de eliminar a alguien mediante una reacción en cadena. Hay otras que se utilizan buscando una explosión popular que muchas veces sirve para resolver odios o enfrentamientos a sabiendas de las reacciones populares en lugares donde funciona el "tradicional". En otras ocasiones se usan otras excusas para provocar tumultos populares, resolver venganzas o asaltar comunidades. A veces la excusa son los secuestros de mujeres para hacerles cambiar de religión o elementos similares. Esta vez la barbarie se cebó en esa pobre mujer, cuyos motivos reales nadie sabrá porque una vez cometido el crimen y haberse enorgullecido de ello, será difícil admitir el doble error, el que motivó el linchamiento y el linchamiento mismo.
Uno de los detenidos, nos dice en el diario El Mundo, lo fue por presumir de haber participado en el linchamiento y haber presumido de ello en su página de Facebook. Nos cuentan así el caso:

El gobierno afgano ha confirmado que la mujer asesinada por una muchedumbre en las calles de Kabul no había quemado un Corán, tal como afirmaron sus asesinos para justificar el linchamiento público. Hay al menos nueve detenidos, aunque la policía ha reconocido que actuó "demasiado tarde".
Farkhunda, de 27 años, fue asesinada este jueves en los alrededores de la mezquita de Sha-e Doh Shamshirar por una turba de hombres que la golpeó sin piedad para luego quemarla y tirar su cadáver al río Kabul. Decían que había profanado el libro sagrado del Islam. "Mataron a una mujer sin pruebas. Si el Gobierno de Unidad Nacional cree en la humanidad y en la justicia, debería actuar seriamente", afirmó entonces la activista afgana por los derechos de la mujer Samira Hamidi.
Un alto cargo del Ministerio de Peregrinación y Asuntos Religiosos (MHRA) ha condenado el brutal asesinato sin precedentes en la capital afgana y ha asegurado que la excusa utilizada por los agresores era falsa. "Yo seguí el caso personalmente y no he encontrado ninguna prueba de que esta mujer quemase el sagrado Corán... Los papeles quemados eran partes de un libro persa", ha dicho Daiul Haq Abdid, viceministro del MHRA, al canal afgano ToloNews.*


La cuestión de que la mujer linchada tuviese una enfermedad mental desde hacía dieciséis años es una desgracia acumulada más en este caso infame. El énfasis puesto en que la excusa era falsa o que no había pruebas de ello pueden dar la impresión de que el hecho de que lo hubiera hecho realmente o que hubiera pruebas fidedignas de ello justificarían el crimen. Y es ahí donde el crimen muestra su lado social, las raíces en que se agarra la justificación del hecho.
La sorpresa que el crimen ha causado, además de la indignación de muchos, proviene de la pasividad policial ante el linchamiento, por un lado, pero por otro también el hecho resaltado de que haya sido en Kabul.
La BBC señala:

The killing is thought to be the first incident of its kind in Afghanistan.
However, correspondents say it is fairly common in neighbouring Pakistan.
One eyewitness told the BBC how the lynching was carried out near the Shah-Du-Shamshaira mosque and shrine.
"I heard noise, I went and people said that a woman is burning Koran. When I went closer I saw angry people shouting they want to kill the woman.**


En los mismos días en que se producen los asesinatos en Túnez, en que nos dan cuenta hoy de dos atentados con bombas y más de ciento cincuenta muertos en Yemen o el descubrimiento de fosas con decenas de cadáveres al expulsar a los Boko Haram de una población en la que habían sembrado el terror, el asesinato de Farkhunda a manos de la turba piadosa enloquecida tiene unas connotaciones específicas.
La activista de los derechos de las mujeres en Afganistán, Samiri Hamidi, a la que se citaba en la información de El Mundo, escribía en noviembre de 2014 en The Guardian sobre la necesidad de desarrollar el potencial de las mujeres:

Women’s participation in and contribution to Afghanistan have improved. It is always pleasing to read how women’s rights have been boosted in Afghanistan in education, health and government. It is also very positive that one of the reasons for the presence of the international community in Afghanistan is to address women’s rights. But this progress has been limited to the big cities where people are fairly well educated and understand the concept of women’s rights. We have failed to address why men and women are not considered equal citizens in most of the country.***


El asesinato de Farkhunda en la mezquita en Kabul deja constancia de que los habitantes de la gran ciudad, esos a los que se presume mejor educados que a los que se encuentran en el campo, reaccionan de forma similar. El titular de su artículo reclamaba que las voces de las mujeres afganas se debían escuchar para construir un país mejor. Para que se escuchen sus voces, primero habrá que tratar de que cesen los lamentos por su sufrimiento y marginación. Un país son muchas realidades y el problema en muchos  de ellos es la transición a un mundo en el que muchos perderán el único poder real que tienen: el de matar mujeres. Es el poder igualitario, el que tienen por igual ricos y pobre, viejos y jóvenes. Ese poder ha estado en sus manos, ya sea por honor o por cualquier otra circunstancia —como la sufrida por Farkhunda— y no están dispuestos a renunciar a él.

Farkhunda no era "occidental" ni era de otra "religión"; era una mujer afgana, una mujer. No sabemos el origen de lo que ocurrió, pero sí sabemos —y es lo importante— cómo reaccionaron lo que sí creían saberlo. El hecho de que se jactaran del crimen es el fruto de la perversión mental y cultural que les hace sentirse más piadosos por haber acabado con alguien con sus propias manos. Se sienten mejor, más justos. Es un sentido perverso con el que se juega habitualmente: conviertes al menos dotado en el ángel exterminador. Durante unos instantes ha sido el brazo ejecutor de Dios; le has dado la oportunidad de canalizar la ira divina. Él solo obedece, sigue un mandato, cumple un destino. Y muchos le admiran por ello. Se siente grande.
El relato de algunos de los testigos es recogido por un escalofriante reportaje sobre el terreno de Ali M. Latifi en Los Angeles Times. El periódico señala la rápida reacción del presidente afgano, Ashraf Ghani, condenando los hechos. Pero también avisa de las grietas en los ministerios:

However, two Afghan officials -- the deputy minister of information and culture and the director of the ministry of religious affairs -- wrote Facebook posts that seemed to praise the mob’s actions.****


Los piadosos gustan de mostrar su apoyo dentro de la hipocresía social que les anima. Es su forma de hacer méritos ante los demás. La fotografía del artículo de Los Angeles Times nos muestra un grupo de jóvenes ociosos apoyados en la barandilla en el lugar donde fue quemada y arrojada Farkhunda. El sitio se ha convertido en lugar de reunión. Quizá lamentan no haber estado allí antes, haberse perdido el espectáculo. En lo que están pensando, sea lo que sea, se encuentra el futuro.
El relato de Los Angeles Times muestra, sin necesidad de cargar las tintas, cómo se forma una turba de mil personas ante la incapacidad de los que intentaron evitarlo, que pronto fueron desbordados. Más allá de los gritos de la multitud, el olor de la carne quemada se fue convirtiendo en el aviso horrendo del crimen piadoso.
El periódico termina el reportaje realizado de primera mano en Kabul con nuevas imágenes de las raíces de este hecho:

Reza Gol, 35, who sells seeds for visitors to give to the pigeons who gather around the mosque, said he was shocked by how quickly events turned violent.
“No one stopped to question her,” he said. “She was a woman, there was no way she could have escaped from a crowd of men.”
By Friday morning, the marketplace was again starting to crowd with people who expressed a range of views about the killing.
A woman wearing a blue chadari, or burqa, said of the mob: “They should burn as they burned her.”
A young man taking cellphone pictures of the charred patch of dirt where Farkhunda had been set alight said, “Of course, I would have joined them had I been there.”****

El final es deprimente, como lo es el principio, como lo es  toda la historia.
Es un episodio de una historia más amplia, con muchas víctimas y muchos bandos. Tratar de polarizarlo o pensar que podemos circunscribirlo a poblaciones rurales, tribus, zonas específicas o circunstancias económicas es ser demasiado reduccionistas, ilusos e injustos.
Hoy hay que ser Túnez, Nigeria, Yemen... y Farkhunda. Ya no es un problema de "ellos", algo que podemos abordar creando grandes barreras y diques de contención. Nosotros nos preguntamos, absolutamente descolocados, cómo es posible que exista esta atracción del abismo, en unos, o ese deseo de pervivir en la oscuridad de otros.

Hace falta repensar estas situaciones, estos hechos. El gobierno anterior afgano retrocedió negociando con los talibanes los derechos de las mujeres. Los talibanes no son algo aparte, llegados de otro mundo; son el fruto de la sociedad afgana. Son la resistencia al cambio, el contrapeso del futuro para que sea cada vez más pasado. Lo mismo ocurre con el Estado Islámico o Boko Haram. Son las barreras para que el mundo no cambie. Son distintos nombres para una misma mirada que se dirige hacia un pasado idealizado, brutal, hoy impuesto por la ignorancia y el terror, por los intereses económicos e históricos. En ese marco, la mujer no es nada más que una posesión instrumental. No tiene cabida y es eliminada sin piedad, como le ocurrió a la desafortunada Farkhunda, una pobre mujer perturbada. Las mujeres afganas, como las mujeres secuestradas por Boko Haram, o las esclavizadas por el Estado Islámico, se merecen un futuro en el que sus voces sean algo más que gritos y lamentos. Pese a la labor meritoria de muchas activistas en la zona, la labor es inmensa y expuesta a los retrocesos, a las involuciones en lo se conquista con mucho esfuerzo.
En Kabul, donde se presumía que estas cosas no pasaban, que eran propias de las poblaciones rurales, que eran frecuentes en el vecino Pakistán, toda esa serie de velos que nos hacen vivir en una realidad imaginaria, ha ocurrido. Tras la muerte de Farkhunda, nos dicen que algunos han ido a hacerse fotos en el lugar y a reafirmar la justicia del linchamiento. No saben nada más que lo que les importa: que ellos tienen el poder de acabar con la vida de una mujer; que la fuerza está en sus manos. Que cuando regresan a casa con ellas manchadas de sangre, alguien les recibirá dándoles una palmada en la espalda y todos darán gracias porque son mejores que sus vecinos, un ejemplo para la comunidad, un orgullo para el linaje.
A los que tuvieron la suerte de participar en el linchamiento, no les tembló el pulso para fotografiar con sus modernos teléfonos su ancestral barbarie.
No nos debe faltar el ánimo para seguir desdoblándonos cuanto sea necesario. También somos Farkhunda. Que la continuidad del horror no nos haga caer en la indiferencia.


* "La mujer que fue linchada en Kabul no había quemado el Corán" El Mundo 21/03/2015 http://www.elmundo.es/internacional/2015/03/21/550d1938268e3ed24f8b456d.html 
** "Afghan woman lynched in Kabul 'after burning Koran'" BBC News Asia 19/03/2015  http://www.bbc.com/news/world-asia-31973742 
*** Samira Hamidi "Afghan women's voices must be heard to build a better country" The Guardian 21/11/2014 http://www.theguardian.com/global-development/poverty-matters/2014/nov/21/afghan-womens-voices-must-be-heard-to-build-a-better-country 
**** "In Kabul: Gunfire, the smell of smoke, and woman is slain by a mob" Los Angeles Times 20/03/2015 http://www.latimes.com/world/afghanistan-pakistan/la-fg-afghanistan-koran-killing-20150320-story.html



Protestas de mujeres afganas contra la violencia contra las mujeres



lunes, 14 de julio de 2014

No olvides o mejor destino a las lágrimas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tiene razón Malala. El mundo se está olvidando de esas chicas cobardemente secuestradas en Nigeria por esos fantoches criminales. Ha tenido que ir ella a Nigeria para que el asunto vuelva a saltar al primer plano:

"Me gustaría recalcar [la importancia] de este tema para que los líderes mundiales mantengan su palabra y devuelvan a casa a las chicas", ha declarado Malala al The Sunday Times. "Estuvieron en el centro de atención durante unos días y luego todo el mundo dejó de hablar sobre ellas. Pienso muy a menudo en ellas; como yo, solo quieren ir al colegio y cada vez que leo la palabra Nigeria, incluso durante un partido de fútbol, me acuerdo de ellas".*

El mundo funciona a base de campañas que se van diluyendo en el tiempo. Gran explosión inicial que se aleja de nosotros, como una especie de Big Bang cuyo universo mediático creado se fuera encogiendo tras el primer estruendo. La caldera del mundo necesita de madera atractiva para seguir en funcionamiento. Eso lo saben los famosos que ceden su imagen y donan su presencia para las causas que consideran más justas.

Malala ha ido a algo más que a prestar su imagen a la causa. Ha ido a echarles la bronca y con razón. Ella no deja de pensar esas niñas, ¿y los demás? La referencia al fútbol es una ironía para hacer ver cómo nos manejamos con lo insustancial y olvidamos las cosas realmente importantes. Hemos elevado a las cimas del sufrimiento el que eliminen una selección nacional, a perder una final, no llegar a cuartos, etc., mientras que se olvida ese sufrimiento desgarrador de las familias que tienen a sus hijas en manos de fanáticos deleznables. Preocupados por el tobillo del crack, nos olvidamos de dolores más intensos y trascendentes.
Si los antiguos temían al olvido y buscaban las gestas para ser recordados en los cantos, hoy en una sociedad mediática, puro canto pachanguero, los problemas son la estridencia de la trivialidad y el agotamiento decadente de la capacidad de respuesta. Languidecemos ante los televisores como Nerón ante el espectáculo de Roma ardiendo. Poco más.
Los crímenes contra las mujeres siguen creciendo y en su propio crecimiento subyace el abotargamiento mediático que solo quiere lo único y estridente, que ama la novedad que nos saque del sopor. Ayer se produjo uno de esos acontecimientos vergonzosos, un crimen más que se disfraza con los ropajes de lo cotidiano. Sucedió en Bagdad:

Si se pregunta qué pasó, responden con naturalidad que tuvo que ver con la prostitución. Pero no en la zona de comercios del barrio de Zayuna. Apuntan a la parte que llaman "los pisos", un enjambre de bloques de viviendas grisáceos, hoy teñido por la tormenta de arena que cubre Bagdad. Anoche, hombres armados asaltaron varios de esos edificios y acabaron a tiros con la vida de al menos 25 personas, la mayoría mujeres. Otras fuentes citadas por la agencia Reuters elevan esa cifra hasta 33. No es la primera vez que pasa.**


Hay algo de ofensivo, de insultante en esa naturalidad del crimen. Todos lo ven con las lógicas de la frecuencia o de la causalidad, incluso la del espacio. ¿Por qué tanto escándalo por unas prostitutas? ¿A quién le importan? En el fondo, el crimen no hace sino traer mala fama al barrio y eso perjudica:

“Es un barrio seguro”, dice el responsable de una inmobiliaria. Cambia el gesto, eso sí, cuando se habla de la matanza de la pasada noche, muy cerca de ahí. “Irak es un país islámico”, explica con vehemencia, “y la prostitución es infracción durante el Ramadán”. Pero los autores no fueron fuerzas de seguridad. “No, son grupos armados sin identificar”.**

La extraña lógica del que solo le importa lo que vende tiene su amparo y justificación religiosa. No va a ir contra su clientela. El barrio es seguro para la personas. Las prostitutas son otra cosa. ¿A quién se le ocurre ejercer la prostitución en Ramadán?, se pregunta. El "pero" resaltando que los autores no han sido fuerzas de seguridad tranquilizará a los ciudadanos que cumplen con su ayuno sin meterse con nadie. Si sigues las pautas, no hay problema.


Los que han disparado a las prostitutas no son diferentes a los que acribillan las escuelas, como ocurrió en Pakistán con Malala, o que secuestran a sus estudiantes, como en Nigeria, o las cuelgan tras violarlas en grupo en la India. No hay diferencia. Ninguna. La distancia geográfica no puede ocultar la proximidad, el parentesco mental y social del acto. Todos son crímenes hijos de la misma radicalidad, de la misma negación, de la misma intransigencia. Y el miedo crece ante ellos. No te salgas del camino y vivirás tranquilo. Y el camino está escrito.
La información de El País sobre el asesinato de las prostitutas —del que se dice que se desconoce el "motivo" en la entradilla— se cierra dejando caer el telón de la normalidad, casi estacional:

Se desconoce por el momento quién está detrás de esta matanza, pero no es un caso aislado. El año pasado, dos ataques similares costaron la vida a al menos 15 personas. El islam prohíbe la prostitución. La mujer iraquí, integrada en muchos ámbitos de la sociedad, no cuenta sin embargo con el respaldo pleno de la justicia. Irak es todavía uno de esos países en los que los crímenes de honor campan a sus anchas. Y para muestra la sentencia que impone el artículo 409 del código penal al hombre que mata a su mujer si la encuentra en la cama con otro: tres años de prisión como máximo.
“Casos como el de anoche pasan cada dos o tres meses”, apunta el vendedor de una tienda de telefonía, situada en la principal calle comercial de Zayuna. “Tiene que ver con prostitución y grupos armados religiosos están detrás de ello”, apostilla un cliente. Las milicias chiíes han resurgido en las calles de Bagdad desde que los yihadistas del Estado Islámico (EI) atravesaron la frontera de Siria y el gran ayatolá Alí al Sistani llamó a combatirles. En la barrio de Zayuna, las brigadas que más presencia tienen son las de Asaib Ahl al Haq.**


La mezcla de temas hace diluirse el centro de la cuestión: las mujeres muertas. La ambigüedad se da desde el titular mismo: "Un grupo armado mata a una treintena de personas en Bagdad". ¿Cabe mayor abstracción del hecho? No se identifica al "grupo" y se soslaya el hecho de que son mujeres. La rutina hace el resto: esto pasa cada dos o tres meses, es decir, aunque no sea Ramadán, la gran excusa teológica. Hay mucha gente que pasa el Ramadán sin matar a nadie. Convertir en normalidad cultural lo que es terrorismo integrista es peligroso. Al final, son sus costumbres. Hay poco que hacer. Tenderos y vendedores de pisos confirman que no hay nada que temer. El barrio es tranquilo, compre un piso aquí. Es una inversión. Simplemente, siga las reglas.

Más escandaloso si cabe es la forma en que se ha etiquetado la noticia: " Conflicto Suníes y Chiíes - Bagdad - Irak - Islam - Guerra civil - Oriente próximo - Asia - Guerra - Conflictos - Religión". El crimen contra las mujeres se pierde en genéricos conflictos y localizaciones espaciales, pero ninguno nos permiten saber qué ocurrió allí. La primera recomendación informativa en casos de violencia contra las mujeres es identificarla como tal. Si el titular nos hablaba de "30 personas muertas", las etiquetas de la noticia no permiten identificar ningún hecho, es más, no aparecen otras posibles como "feminicidio", "integrismo", "terrorismo integrista", etc. Se ha reducido a un conflicto teológico entre sectas o, peor todavía, a una "guerra civil". Cabe señalar que este mal no es exclusivo de un diario. Con la BBC ocurre algo similar. Se reserva la información de que son mujeres, alejándola del titular.

A las jóvenes como Malala o a las niñas de Nigeria no las agreden por el calendario. Las agreden porque las odian. Es sencillo: las odian porque no las controlan y acabarán escapando de su autoridad retrógrada, de su visión oscura y despótica de la vida. Las odian porque manchan sus linajes y honor; las odian porque llegan a saber cosas que ellos, ignorantes vocacionales, no saben. Las odian porque llevan la impureza que les abruma, porque les hacen caer en la tentación; las odian porque son propiedades que otros miran y desean. Simplemente, las odian. Así son los puros.
Es una lástima que la matanza de prostitutas en Bagdad no merezca más atención (no hablamos ya de condena) que unos ambiguos titulares escondidos entre grandes dramas nacionales por haber perdido un partido de fútbol. Hay que buscar mejor destino a las lágrimas. Muchas muertes no son noticia, pero llenan los cementerios.



* "Malala visita a las familias de las chicas secuestradas" El Mundo 13/07/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/07/13/53c28b25268e3e33328b4585.html
** "Un grupo armado mata a una treintena de personas en Bagdad" El País 13/07/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/13/actualidad/1405261441_510071.html