Mostrando entradas con la etiqueta dietas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dietas. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de diciembre de 2021

Rebelde

Joaquín Mª Aguirre (UVM)


Inicialmente no la reconocí, pero había algo en sus ojos que me resultaba familiar, en algunos de sus gestos y movimientos. Poco a poco, mi memoria encontró el origen de aquella sensación ante la imagen de la pantalla en un canal de TV norteamericano. Era la actriz Rebel Wilson, casi irreconocible tras una drástica pérdida de peso. Cuando los cambios son tan intensos, las relaciones contigo mismo o, si se prefiere, con tu pasado, no son sencillas, especialmente cuando estas están fijadas en películas que se repiten una y otra vez en canales de TV por todo el mundo. En este caso, se añade algo más: vives de tu propia imagen, por lo que la decisión del cambio no es sencilla.

En la CNN encontramos un breve artículo sobre los conflictos que le supuso este cambio:

According to Rebel Wilson, not everyone on her management team was excited about her weight loss journey.

The "Pitch Perfect" star has documented her fitness transformation on social media for more than a year.

Wilson told BBC Breakfast in a recent interview that "I got a lot of pushback from my own team actually, here in Hollywood, when I said, 'OK, I'm going to do this year of health, I feel like I'm really going to physically transform and change my life'."

"And they were like, 'why? Why would you want to do that?'" she said. "Because I was earning millions of dollars being the funny fat girl and being that person."

Wilson declared 2020 "The Year of Health" for her and began sharing her workouts and weight loss on her verified Instagram account.*

 


El breve texto es muy revelador de lo que puede ser la esclavitud cinematográfica. Rebel Wilson construyó (o le construyeron) una imagen que daba forma a sus personajes. Si vemos sus películas, nos damos cuenta que creo esa base que ella misma señala, "the funny fat girl". Cambiar esto y dejarlo en la " the funny girl" o simplemente en "the girl", es decir, en la posibilidad como actriz de salirse de ese papel fundamentado en su peso, no ha sido entendido por todos de la misma manera.

Es interesante que el proceso de pérdida de peso se haya hecho documentándolo en Instagram durante el año. Ha debido ser un apoyo importante para ella en el sentido psicológico, pero también en su capacidad de enfrentarse a su propio equipo, temeroso que la pérdida de peso fuera también una pérdida de millones.


El hartazgo de un mismo papel repetido hasta la saciedad y, especialmente, su salud han debido pesar. Indudablemente, Rebel Wilson ha tomado una decisión drástica que la enfrenta a un futuro extraño: otro tipo de papeles. ¿Puede seguir siendo "the funny girl" sin el "fat" con el que se la definía?

El caso sirve para dejar en evidencia las formas malsanas con las que se definen los papeles, especialmente en el mundo de la comedia, caracterizado en muchas ocasiones por una comicidad física más allá de las meras caídas. El cine ha explotado el físico de las personas para bien o mal. Más allá de la belleza o de su ausencia, un elemento físico podía determinar tu carrera o la adscripción a cierto tipo de papeles que se encerraban en estereotipos, como el de la "funny fat girl".


Wilson parece haber usado el apoyo de la publicación en redes para contrarrestar los intereses del equipo, que no saben cómo saldrá el cambio. Lo más importante es la decisión de la propia Rebel Wilson al decidir optar por escapar de un encierro de estas características.

La historia tiene muchas consideraciones sobre lo que significa ser actor y que te encasillen por tu físico o que sea tu propio físico el que te encasille. Quedan por delante muchas incógnitas. ¿Cómo afectará el cambio a sus propias expectativas de trabajo? ¿Quiere Hollywood una Rebel sin la marca del peso? Esto puede afectar a los papeles que le ofrezcan. Quizá tenga que recomponer una carrera que había llegado a cansarla basada en la "comicidad" del sobrepeso.

Por encima de ganancias y audiencias está su propio deseo, el de anteponer la salud. Si sale de ahí una nueva Rebel Wilson y esta tiene éxito, mejor para ella porque habrá logrado conciliar su deseo y su futuro en términos de películas.


Las películas futuras ofrecerán una Rebel diferente a las de las anteriores. Habrá como una especie de doble vida, de entierro y reencarnación, con el agravante que lo que queda filmado no tiene fin.

Rebel Wilson ha hecho honor a su apodo. Hace falta tener mucha fuerza interior para hacer lo que hecho, salvar el reto del sacrificio personal, pero también el reto profesional. No sé cuál de los dos le habrá costado más. 

Deseamos la mejor suerte a Rebel Wilson. Me apunto a su próxima película. Quizá lo mejor que le podría pasar es la oferta del guion de un buen drama, una película de éxito que borrara las nubes que algunos ven en su horizonte. Sería la demostración de que se puede salir del estereotipo y ganar un futuro diferente al que te marcan, tenerlo en tus manos. De no ser así, como enseñó Gene Kelly, se puede ser feliz cantando bajo la lluvia.


 

 *  Lisa Respers France "Rebel Wilson says she got 'pushback' from her team over weight loss" CNN 8/12/2021 https://edition.cnn.com/2021/12/08/entertainment/rebel-wilson-weight-loss-pushback/index.html

lunes, 4 de agosto de 2014

Astronautas y cavernícolas o cómo comemos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El País nos lanza a la cara un ambiguo, inquietante y provocativo título, como mandan los cánones del periodismo veraniego (ahora extendido al resto del año): "¿El fin de la comida?". Antes de enterarme de su contenido, no sé si me van a hablar de hambrunas, de cómo conseguir una buena digestión o si, de una vez por todas, se van a reducir las informaciones gastronómicas en televisión (concursos, reportajes, entrevistas). Nada bueno para España, principal valedora del "Cook Power", podía salir de allí. ¿Qué era?
Una vez en el artículo, me entero de que un joven informático norteamericano, llamado Rob Rhinehart, un emprendedor cuya empresa no funcionaba como debía, decidió ver por dónde recortaba gastos para prolongar su vida empresarial y allí, en Silicon Valley, empezó el lío. Así nos lo cuentan:

Rob Rhinehart es uno de los miles de jóvenes que aspiraban a crear desde San Francisco una empresa con un grupo de amigos, atraer rápidamente a clientes e inversores y lanzar el negocio.
Tras varios intentos fallidos, el dinero se agotaba y Rhinehart tiró de una libreta para calcular dónde podía recortar gastos. “Estaba invirtiendo tiempo y dinero en comida, así que pensé en una solución barata y sencilla que cubriera mis necesidades nutricionales”, explica por teléfono.
Rhinehart, ingeniero de software de 25 años, comenzó entonces a indagar en estudios científicos hasta crear el alimento artificial. Para consumirlo sólo hace falta mezclarlo con agua. “En polvo la comida es más estable, se puede conservar más tiempo, no hace falta ir tantas veces al supermercado ni cocinarla y no tenemos que preocuparnos de las bacterias que la estropean”, asegura.*


Existe un cierto tipo de personas que han llegado al universo de las máquinas informacionales porque va en sus genes. Puede que todos los hagamos y que a eso le llamemos "vocación", algo tan difícil de tener hoy por falta de oportunidades de satisfacerla. Pero creo que Rob Rhinehart sí ha cumplido la suya, logrando plena satisfacción en un mundo en el que se trata de plantear problemas y resolverlos de la forma más eficiente, es decir, con el mínimo gasto y la máxima rentabilidad.

Para Rhinehart "alimentarse" y "comer" son dos cosas distintas. La primera es necesaria; la segunda, un lujo que no todos se pueden permitir. Su misma descripción de la alimentación como "necesidades nutricionales" explica claramente cómo ve él el problema: es una cuestión entre un organismo —él— y los nutrientes que su entorno le ofrece. Lo ha reducido a una cuestión binaria, que es lo que hace un buen informático. Hay que reducir cualquier problema a pequeños problemas que se puedan responder con un "sí" o un "no" y luego se va subiendo.
Para Rob Rhinehart, "comer" es una pérdida de tiempo, en sentido literal. Tienes que perder tiempo pensando dónde irás, si a un tailandés o a un italiano, si vas solo o acompañado, si vas acompañado, por quién, qué temas de conversación, etc. Un número de decisiones que hay que tomar y que suponen consumir un bien escaso y caro: el tiempo. El tiempo que cuenta de verdad es el productivo. También es perder dinero el pagar en la comida por el tiempo de los cocineros, camareros, contables, pinches, etc. que van cargados en tu cuenta del restaurante donde comes. ¿Por qué no reducir todo esto y concentrarse exclusivamente en lo que tu cuerpo necesita y no en lo que la sociedad te ofrece?

Rob Rhinehart ha puesto a su polvo soluble, rico en nutrientes, pobre en cultura, el nombre de Soylent, en una —para mí— mala elección de nombre. Sin embargo, sabía que desde el punto de vista romocional —¿hay otro?— era el más rentable, con el que engancharía a la gente y atraería la atención mediática. El artículo menciona el origen: la película de Richard Fleischer Soylent Green (en España, "Cuando el destino nos alcance"), un clásico de la Ciencia-Ficción de los setenta. La película nos mostraba un mundo sin recursos en el que la poderosa empresa Soylent fabrica un alimento rico en nutrientes para paliar el problema de la superpoblación. Digo que el nombre no está bien elegido porque se descubre al final que allí se aprovecha todo, hasta a los muertos, para que salga un alimento barato y que cumpla su función meramente nutritiva. En el fondo quizá a Rhinehart no le haya preocupado mucho esa cuestión puesto que, tomados como nutrientes, ¿qué más da de dónde salgan? Ese es el quid del abaratamiento.
El joven informático y su sobre de polvitos ricos en nutrientes dicen haber solucionado un gran problema de la humanidad y, de paso, el suyo de cómo hacerse rico, que es el segundo que más le preocupa después de cómo conseguir alimentarse sin perder el tiempo. Lo que era una forma de ahorrar tiempo y dinero para dedicarlo a su empresa en apuros, se ha convertido en el centro de su actividad económica. Pura serendipia.
El País recoge las discusiones entre los expertos sobre si esto es saludable y también sobre qué es, si alimento o complemento:

La falta de especificación sobre si Soylent es un alimento o un sustitutivo despierta también las sospechas de Bruce Bistrian, director de Nutrición en el Centro Médico Beth Israel Deaconess de Boston. “La tecnología para combinar todos los nutrientes hace tiempo que existe, pero algunos preparados han sido designados legalmente para uso médico o como suplementos de una dieta”, dice Bistrian. “Mi preocupación es qué podemos hacer con este producto”.*


Seguro que para Rhinehart y su mentalidad binaria esta disquisición es puro código basura, innecesario. La cuestión es si alimenta (1) o no alimenta (0). Lo demás es accesorio, es decir, cultura. El invento estaba inventado, como bien dice el señor del Centro Médico, pero eso da lo mismo. A veces no se trata de inventar la rueda, sino de venderla como nueva para los que no lo saben que se inventó o reciclarla como otra cosa.

El invento entra dentro de esa categoría de los dedicados "a acabar con la cultura de una vez por todas", por parafrasear a Woody Allen. Lo crudo, lo cocido y ahora lo pulverizado, la nueva categoría cultural, el plus ultra. Es un retroceso hacia adelante, la superación de las pérdidas de tiempo para dedicarse en cuerpo y alma a la producción, que es lo que todos reclaman.
Como otra forma de retroceso, en el otro extremo, me enteré hace unos días de que existe la llamada "dieta de los cromañones" o "paleodieta". La paleodieta también reniega de la cultura pero de otra forma, la vuelta al pasado. Allí donde la Soylent de Rhinehart usa la tecnología para pulverizar los alimentos y quedarse con los nutrientes necesarios quitando el resto, los de la dieta del cromañón, consideran que lo más sano es prescindir de todo lo que la agricultura y su revolución trajo y centrarse en lo que la madre Naturaleza nos ofrece sin pedirle nada. Parece que siempre que tocamos algo es para peor.
El País nos informa de esto de la "Paleodieta":

Los hombres del Paleolítico no comían nuggets de pollo, macarrones gratinados o leche en brick y, sin embargo, vivían muy sanos. Pocos años sí, pero eso dependía no solo de la alimentación, sino también del entorno. La paleodieta propone recuperar esos hábitos alimenticios de los hombres que habitaban el planeta antes de la era agrícola.
Habrá quien piense que recolectar raíces y frutos silvestres o descarnar bisontes previamente cazados para prepararlos asados al aire libre no parecen tareas fáciles de ejecutar para el hombre moderno. En realidad, el planteamiento es más sencillo. Hay nutrientes que llevan con el ser humano desde hace 76.000 generaciones, como son carne, pescado, huevos, frutos del bosque, verduras o frutos secos. Otros, llevan apenas 300 generaciones y son los alimentos procesados, azúcares refinados o aceites vegetales, “y todos coinciden en que no son nutrientes de calidad”, explica a S Moda Carlos Pérez, especialista en medicina natural y máster en psiconeuroinmunología clínica, autor del manual Paleodieta (Ediciones B).
El creador de la corriente paleodietética es el científico estadounidense Loren Cordain, quien sostiene que la dieta óptima es aquella para la que estamos preparados genéticamente, y defiende la necesidad de recuperar la sensibilidad a unas necesidades vitales que se han perdido en la vida moderna: Hay que comer con hambre y beber con sed, hacer ejercicio y recuperar la líbido.*


Como si se tratara de una novela de H.G. Wells, las alternativas que se nos abren nos llevan a los orígenes o al futuro, al menos psicológicamente, ya que en realidad, diría rápidamente Rob Rhinehart como buen emprendedor, la dieta del cromañón, también se puede pulverizar y meter en un sobrecito.
Lo que parece cierto es que mucho de lo que comemos, además de innecesario, nos sienta mal. Que hay mucho fraude —también lo había en Soylent Green— que llevarse a la boca. Pero pensar que la vida sana solo depende de la comida es simplificar mucho las cosas, un materialismo de escuela excesivo. Eso de que "somos lo que comemos" es propio de esos reduccionistas del verbo ser que tanto abunda, que solo ven el mundo desde su perspectiva. En realidad, culturalmente, "somos como comemos". Una dieta u otra no solo alimentan nuestros cuerpos, sino que los sitúan en el tiempo y en el espacio, como aceptación o rechazo del momento en que vivimos. Ya comamos como los astronautas o como los de las cavernas, somos lo que somos y en nuestro tiempo, que también forma parte de nuestra alimentación, de nuestra salud física o mental.


Si es cierto que tenemos un problema con nuestra forma de alimentarnos y que allí donde se impone comienza problemas de salud específicos, también lo es que la comida forma parte de un sistema de vida más amplio, que es cada vez menos saludable en muchos aspectos. Hemos alargado nuestra vida, pero la disfrutamos menos en muchos sentidos.
¿Habrá polvitos con sabores? ¿Y salsas? ¿Y de colores?



* "¿El fin de la comida?" El País 3/08/2014 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/08/01/actualidad/1406889142_282851.html
** "Paleodieta: comer como el hombre de las cavernas" El País 18/02/2014 http://smoda.elpais.com/articulos/paleodieta-comer-como-el-hombre-de-las-cavernas/4479