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viernes, 24 de enero de 2025

La desinformación ¿importa?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Serán pocos los que recuerden que la inicio de las comunidades virtuales se miraba con malos, malísimos ojos, el uso de la publicidad (¡hoy es el día mundial de la Publicidad!) y se consideraba que debía establecerse una clara frontera entre el perverso mundo real, comercial, y el nuevo mundo digital de las comunidades, casi sectas en su inicio. El mundo digital iba a ser de pura información, controlado por las comunidades de usuarios alejadas de cualquier interés bastardo.

Las fotos de Donald Trump rodeado por los magnates de las redes sociales, de las empresas gigantes que hoy respaldan el expansionismo de los Estados Unidos y tratan de dictar qué es verdad y que es mentira repetida que se da por hecho, nos devuelve a una realidad sin sueños. ¿Qué sentido tiene soñar en una sociedad virtual, en la que mentiras y fantasía pueden aparecer en nuestras pantallas? ¿Qué sentido tiene si podemos vivir como realidad lo que no es otra cosa que imagen? ¿Si podemos dialogar con unos muertos reencarnados por IA en nuestro teléfono u ordenador, qué sentido tiene? ¿Qué sentido tiene la expresión "ser para la muerte", acuñada por el existencialismo, cuando nos muestran a una madre coreana acariciando a su hija muerta con solo ponerse una gafas de "realidad virtual"? ¿Quién no prefiere vivir una fantasía?

Me vienen estas ideas al leer en la sección Verifica de RTVE.es el siguiente titular "Desinformación en Internet: un 40% de los españoles admite que no sabe detectar un bulo": 

Cerca de un 40% de los españoles admite que no es capaz de distinguir entre una información real y un bulo. Esta es una de las conclusiones más destacadas de una encuesta elaborada por la consultora Asesores para conocer la percepción de los españoles sobre la desinformación en Internet. El estudio se ha realizado entre el 10 y el 15 de enero de 2025 y ha contado con la participación de 1.000 personas mayores de edad. Con esta muestra, también se ha concluido que un 55% de la población cree que las redes sociales son el lugar donde más abunda la desinformación y un 83% considera que las falsedades han aumentado en el último año.  * 

El concepto de "desinformación" es demasiado mediático, ya que parte de que existe una "información" en un sentido positivo, verdad frente a mentira, información versus desinformación. Sin embargo, eso es solo una pequeña parte del problema.

Cuanto más opresiva se hace la realidad, cuanto más angustiosa, el ser humanos se refugia en las fantasías, personales (los sueños, las ensoñaciones) o sociales (el arte, los mitos fundacionales, religiosos...)

Dice el estudio que las redes sociales es donde más de la mitad de la población mayor de edad cree que abunda la desinformación. Eso está bien, pero ¿hay otra realidad fuera de las redes, que son ya el entorno vital? Si Don Quijote vivía en un mundo producido por las lecturas de libros, la enfermedad quijotesca está hoy en las nuevas fuentes, como nos demuestran los hechos sin necesidad de escarbar demasiado. Ya sea por huir o por ser atrapados, seducidos, lo cierto es que muchos viven ya en un mundo en que lo importante es que se ajuste a nuestros deseos.

¿De qué sirve pensar que las redes son fuente de desinformación si soy incapaz de distinguir una cosa de otra y ya solo me informo a través de ellas? En el texto se nos dice:

El sondeo concluye que el 76% de los bulos se difunden en redes sociales. Un 55% de los ciudadanos perciben que este es el lugar donde más desinformación circula. En este sentido, 8 de cada 10 encuestados aprecia que las redes sociales “están cada vez más politizadas o menos comprometidas con la veracidad de lo que se comparte”. En concreto, el 74% afirma que las propias redes “deberían moderar o confirmar la veracidad de las publicaciones”, frente al 26% que coincide en que “es mejor que esta labor esté en manos de la comunidad”. 

¿Quiénes son las "propias redes"? ¿Quién es la "comunidad"? Me temo que las metáforas no nos dejan ver el bosque del problema. "Redes" es una metáfora que cada vez encubre más su sentido verdadero, que no describe realmente nado sobre los verdaderos centros de poder, que es lo que revela la foto con los magnates. Somos piezas en el juego y nuestros movimientos individuales pueden quedar en nada ante un poder subterráneo, que es el que no se ve pero actúa. El poder no es aquí visible, sino un delimitador del mismo espacio, otra metáfora para los flujos de información; actúa, pero lo hace confundido con el mismo flujo, que regula y manipula con sus filtros.

Frente a este problema, que no ha hecho sino empezar, como sabemos por Elon Musk y demás, la única posibilidad es poder manifestarse por parte de los que son capaces de explicar verdades y desmontar bulos, profesionales críticos y bien formados, capaces del análisis. Queda por ver cómo el auténtico poder les va a dejar manifestarse ya que ellos son los dueños del terreno de juego, de aquello por lo que circulan las mentiras. Complicado.

La obispa episcopaliana le ha dicho en plena cara a Trump lo que pensaba de sus mentiras. Si lo hubiera hecho en un tuit, por ejemplo, su poder habría sido relativizado por los miles de millones que circulan diariamente. Pero lo ha hecho a la cara y eso ha tenido repercusión porque no ha dependido solo de ella sino de la difusión de los mediadores que se hicieron eco. Pronto será asfixiado por el flujo en sentido contrario, las réplicas, maldiciones, descalificaciones y, finalmente, silencios. Ha conseguido decir algo porque nadie esperaba que lo dijera. Les pilló por sorpresa. Por algo, sabemos, Trump solo permite entrevistas en la Fox.

Esto no es un problema solo de los "españoles". Es un problema generalizado, global, en donde los que tiene alguna alternativa confiable tratan de usarla para contrarrestar la manipulación, la mentira o la ignorancia, las tres patas de todo esto. El bulo, la mentira, etc. son las municiones de la manipulación, lo que nos hace movernos en una dirección o no ver lo que tenemos delante.

El problema es que a mucha gente ya no le importa y prefiere dejarse arrastrar por el flujo. Ante el problema, se cierran los ojos y se disfruta de ese mundo cada vez más irreal. ¿Por qué no? El mensaje de que no se puede determinar lo que es verdad o mentira es peligroso. Algo se puede hacer. Pero hay que esforzarse, filtrar, borrar... Mucho esfuerzo para algunos. 

Los datos de la desinformación son menos importantes que la actitud que mantenemos hacia ella. ¿Nos importa?

No todos podemos ser la obispa episcopaliana, pero sí podemos ser modestos aspirantes plantando cara a las mentiras en nuestros campos, actuar. Es como ir contra molinos gigantescos, pero algo es algo. Peor dar por hecho que el mundo de los bulos son ya el paisaje habitual. La verdad o algo parecido importa.

* "Desinformación en Internet: un 40% de los españoles admite que no sabe detectar un bulo" VerificaRTVE 24/01/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250121/desinformacion-internet-40-espanoles-no-sabe-detectar-bulo/16416092.shtml

domingo, 16 de abril de 2023

La nueva fantasía erótica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Era inevitable. Siempre ha sido así. No hay invento nuevo que no se acabe (o comience) usándose para la necesidad más vieja, el sexo en su variante pornográfica. La misma imprenta que sacaba la Biblia sacaba sus ejemplares clandestinos con relatos eróticos y pornográficos, una sutileza que hemos ido introduciendo para colocarnos en algún lado de una línea divisoria.

Si el término "inteligencia artificial" está cada día en varias versiones en los medios de comunicación, para bien y para mal, ya ha llegado el momento que nos trajeran alguna noticia relacionada con el mundo de la sexualidad.

En 20minutos podemos leer la siguiente noticia:


El desarrollo de las herramientas de inteligencia artificial está en pleno apogeo y como era casi inevitable, ha dado el salto a uno de los negocios más lucrativos de internet: la pornografía. 

The Washington Post recoge el caso de Claudia, una modelo de 19 años que ha vendido fotos eróticas a través de la página web OnlyFans (un servicio de suscripción donde los usuarios pagan a los creadores, en su mayoría del sector del porno y el erotismo). 

Lo que ocurre es que Claudia, una guapa joven morena, de piel pálida y cuerpo curvilíneo, no es real: ha sido creada por un motor de inteligencia artificial, Stable Diffusion. 

El prestigioso diario estadounidense alerta de que "miles de cuentas ahora están registradas en foros de discusión y salas de chat dedicadas a la creación y ajuste de personas artificiales". 

El Post advierte de que "la mayoría de las cuales se asemejan a niñas y mujeres, un cambio rápido que podría poner patas arriba una industria multimillonaria, socavar la demanda de modelos del mundo real y actores y alimentan preocupaciones más profundas sobre la cosificación y explotación femenina".*



Las cuestiones se complican precisamente en el cruce de dos líneas, la legal y la erótica. ¿Es ilegal mostrar fotos de "falsas menores"? ¿Qué tipo de "edad" tienen las imágenes? ¿Existe el "tecno-pedófilo" como un futuro delito?

Pero la perspectiva legal es solo la primera parte. La preocupante es la psicológica: ¿qué ocurre en la vida real con alguien que se hace adicto a esta disciplina? ¿Dará el salto en algún momento a la "realidad" exterior? ¿Puede llegar a confundirlas?

Debo confesar que el último párrafo que he incluido me deja un tanto desconcertado. En un primer momento se preocupa por qué ocurrirá con las personas reales que  trabajan en esto del sexo ofreciendo su imagen. Ese "socavar la demanda de modelos" me parece una senda insólita de especulación. A la vez, manifiesta su preocupación por la "cosificación" y "explotación" femeninas. No acabo de encajar ambas preocupaciones.

Si hay algo que marca la sexualidad humana es la capacidad de imaginar. El deseo no es simplemente una fuerza que arrastra, sino una fuerza que arrastra hacia "algo". Ese "algo" es un ideal propio, lo imaginado como deseo que nos lleva.

La inteligencia artificial puede satisfacer el deseo acercando el ideal a la fantasía. No van a crear una mujer (u hombre) tangible (por ahora), sino su recreación como "simulacro", por usar el término manejado por Jean Baudrillard. Esta creación a través de inteligencia artificial no es más que un paso más en la sociedad del simulacro, tal como él la denominó y describió.



Lo cierto es que no veo ninguna novedad en la creación de esas imágenes. Si veo cierto peligro en el sentido social y personal, es decir, en todo aquello que nos arrastre a vivir dentro de una burbuja y nos distancie de la realidad. El peligro de la virtualidad, de vivir entre simulacros, es que dejamos de ser en el mundo para ser en un no-lugar, en un espacio de fantasías que nos impide ver el mundo. Nos impide ver también la diferencia entre el bien y el mal al quedar fuera de la responsabilidad. ¿Qué mal hay en usar esas fotos de personas que no existen; qué mal hay en dialogar obscenidades con un chatbot de voz sugerente? ¿Qué problema hay en todo ello? Hacer estas preguntas ya nos sitúa en un lado u otro de la realidad. 

La sociedad en la que vivimos es cada vez menos objeto de atención y cada vez, por el contrario, se huye más hacia esas fantasías que se nos ponen en la palma de la mano. Pero ¿qué ocurre cuando alguien acostumbrado a que todas sus fantasías se cumplan se encuentra con un obstáculo, con algo que se le resiste? La respuesta a esto la tenemos casi todos los días en los medios. Son esos violentos ataques de ira cuando te desconectan. Son esos ataques a personas reales imitando las ficciones que han visto en las redes. Hacer realidad la fantasía es la máxima fantasía, la gran tentación.

La mayor parte de la actual violencia sexual, de ataques y violaciones en grupo, se hace como una doble fantasía: la fantasía del poder, de la dominación, y la fantasía de la imagen, por grabar y difundir, salir del anonimato y convertirse en imágenes que otros consumen.

La inteligencia artificial tiene poco que ver con esto. Simplemente es una herramienta para atender mejor nuestras fantasías, dejar al cliente "satisfecho" y en excitación permanente. Luego se complementa con otras nuevas formas, como el "sexting" (intercambio de imágenes sexuales) o el uso de aparatos sincronizados para los que se encuentran distantes.  Los teléfonos se han convertido en objeto erótico (ese era su destino absorbente), con apps de todo tipo para juego sexuales, individuales o compartidos.

Hacerse adictos a la fantasía (sexual o de otro tipo) conlleva ciertos peligros que iremos descubriendo en estas generaciones que crecen en una tensión entre la promesa infinita y la cruda realidad.

Por delante, un gran negocio para muchos. Luego nos rasgamos las vestiduras.

* "Claudia, la joven de 19 años creada por inteligencia artificial que está engañando a miles de usuarios en OnlyFans" 20bits/20minutos 15/04/2023 https://www.20minutos.es/tecnologia/claudia-joven-anos-creada-inteligencia-artificial-enganando-miles-usuarios-onlyfans-5119109/

jueves, 23 de marzo de 2023

Ver para no creer o el falso arresto de Trump

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En 20 Minutos se nos muestran y explican unas fotos sobre el no arresto de Donald Trump, que él mismo había previsto para este martes y que llevó a algunos de sus seguidores a rodear su casa en Mar-A-Lago, por si acaso. De esta forma, la "profecía" de Trump se cumple en un espacio irreal, el que acoge a esas fotos en su seno. Es un mundo que cada vez es más distante de una sosa, triste, mediocre, dificultosa, realidad. Nosotros somos ya los virtuales. Lo interesante es cosa de lo que se vive online, lo que se experimenta como avatar, la foto trucada, el vídeo que se graba para que los demás sepan lo que hacemos, que de otra forma se perdería en la nada temporal que todo lo devora.

Las falsas fotos de Trump son fotos. El estatus de verdaderas o falsas se lo concedemos nosotros con nuestra credulidad, con nuestra aceptación. Para ello aprovechamos el prestigio realista de la fotografía, algo surgido en un mundo en donde se convertían en prueba irrefutable, incluso como testimonio en los juicios: "¡Este es usted, no lo niegue!" podrían decir exhibiendo ante ti y el jurado ese papel rectangular en donde se contemplaba el acto inmortalizado por la cámara y transferido al documento. Sí, eras tú. Y lo que se veía era lo que tú habías hecho, donde tú estabas, en el momento en que el obturador se abrió y cerró un instante dejando pasar la luz que impresionaba la superficie de la película fotográfica.

La fotografía revolucionó el estatus de las artes cambiando su jerarquía. Lo hizo cuando estaba de moda el realismo en las artes, cuando la pintura aspiraba a reflejar el mundo, cuando la palabra trataba de ser precisa para acercarse a la realidad descrita. Al arte pictórico le queda la salida de la abstracción y a la palabra los juegos surrealistas. La cámara —de fotografía, de cine después— sustituía al ojo y el "ver para creer" adquiría un nuevo sentido. La cámara iba a las guerras, a los eventos deportivos, a la calle... y recogía fielmente lo que había ante ella. Ya no había que engañar al ojo; había que engañar a las cámaras.

Hoy estamos en el mundo de las cámaras. Todos nuestros dispositivos de comunicaciones las tienen ya: de los teléfonos a los ordenadores, de los drones a los satélites que nos sobrevuelan, cámaras diminutas que se cuelan en los nidos, hormigueros e incluso nos ofrecen imágenes de nuestro interior introduciéndose por cualquiera de nuestros orificios. Cada paso que damos está vigilado por decenas de ojos de cámaras situados en farolas, fachadas o en cualquier lugar con buena perspectiva.

En este mundo de imágenes, fotográfico, el gran objetivo pasa a ser la imagen trucada. Si el lenguaje crea la mentira, el lenguaje de la imagen crea la falsa realidad, la imagen trucada, ya sea en el proceso de elaboración o ya sea trucando la realidad misma, representando ante ella como ante el "gran plató del mundo". Dejamos de ser existentes y pasamos a ser actores en un mundo en el que sabemos que nos observan. Matamos, violamos, saltamos semáforos por el placer de grabarlo y distribuirlo a un mundo aburrido y ávido de sensaciones.

Esta sociedad es peligrosa porque el falsificador va por delante de la realidad. Sabe lo que deseamos y nos lo da, nos lo ofrece en el formato más adecuado.

En 20 minutos nos explican el origen de las fotos de la falsa detención de Trump: 

Aunque puedan parecerlo, las fotos de Donald Trump siendo arrestado por la policía no son reales. Son imágenes creadas con inteligencia artificial, coincidiendo con la investigación de un presunto pago de dinero a la actriz porno Stormy Daniels a cambio de su silencio durante la campaña de las elecciones de 2016 que llevaron a Trump a la Casa Blanca. Pese a que podría ser imputado por la fiscalía, las imágenes del expresidente de EEUU tratando de zafarse de la policía no son reales. El propio Trump dijo que sería arrestado "el martes" y es un contenido por el que habéis preguntado a través del chatbot de Maldita.es (+34 644 22 93 19).

En concreto, las fotos han sido publicadas por Eliot Higgins, responsable del medio de investigación Bellingcat. "Creando fotos de Trump siendo detenido mientras espero a que arresten a Trump", dijo en su cuenta de Twitter.

Higgins, que dice haber utilizado la herramienta de generación de imágenes con inteligencia artificial Midjourney v5 (última versión lanzada en marzo de 2023), ha publicado otras imágenes de Trump esposado, llorando durante una vista o incluso enfundado en un traje naranja de prisionero.

En declaraciones a AP, Eliot Higgins ha afirmado que asumió que la gente sabría identificar que las imágenes son falsas por algunos de sus detalles, y que el hecho de que "algunas personas hayan pensado que son genuinas resalta la falta de pensamiento crítico en nuestro sistema educativo".*



Las falsas fotos de Trump pasan a tener un valor casi mágico, anticipan —nos dice el autor— su deseo de ver a Trump encarcelado. La imaginación no es suficiente para cumplir el deseo; la falsa fotografía debe producirle un perverso placer. Lo que antes se imaginaba, ahora se ve.

Esto debilita la credibilidad de la propia fotografía, su estatus de verdad. ¿Cómo saber ahora si lo que vemos es real o fruto del deseo, como en este caso, o del deseo de manipularnos? Lo que Trump ha hecho con la palabra anticipando su (posible) detención para que sus seguidores reaccionara como si fuera un hecho (injusto), el autor de las fotos lo hecho mediante el trucaje. Las ha lanzado al mundo y pide a los que las vean se fijen en "algunos detalles". Los que no lo han hecho y han dado por verdaderas, por reales, las fotografías carecen de eso que llama "pensamiento crítico" responsabilizando al "sistema educativo".

Mientras la Ciencia avanza tratando de acercarse a la realidad, de darnos una imagen realística del funcionamiento del universo, una parte de la tecnología camina en dirección contraria, sepultando la realidad y ofreciendo la posibilidad de falsearlo. El gran negocio del futuro es la mentira. Nos ofrece la posibilidad de mentir al mundo y de mentirnos a nosotros mismos.



Durante años se nos aleccionaba sobre que "es malo mentir"; pero ahora se puede llegar a la presidencia de los Estados Unidos. Cada vez es más difícil encontrar la verdad en algún sitio si lo que vemos no ha sucedido. Ya no se trata de imaginar, sino que esa función se nos da ya hecha, en imágenes, en vídeos. Tenemos programas que no solo registran la realidad ante ellos, sino que la trucan, la cambian en todas sus dimensiones. Las imagen en bruto no es ya más que el punto de partida para fabricar las imágenes que debemos decidir si son reales o no.

Los que vean las imágenes de Trump detenido sentirán ira o placer. Pero lanzar este tipo de imágenes tiene sus riesgos. El primero y evidente es hacernos dudar. La duda está muy bien si no afecta a todo y en todo momento. Necesitamos referencias fiables y los medios de dejan tentar cada vez más por lo que gusta en vez de lo que interesa. Lo que interesa, a su vez, se va degradando en favor de lo que entretiene. Somos una extraña mezcla de aburrimiento e interés parcial. Se ha desplazado el interés por lo que ocurra en el mundo por un aburrimiento narcisista en el que el papel de los medios es entretenerme, compensar mi aburrimiento existencial con emociones, con relaciones, con imágenes impactantes que surgen desde cualquier rincón del planeta, recogidas gracias a ese ojo múltiple universal que son los teléfonos que todo lo ven. Los "15 minutos de gloria" de Warhol se han transformado en "likes" y seguidores. Los influencers sostienen la batuta de la cacofónica orquesta planetaria. Y este mundo es peligroso por manipulable, porque gira sobre sí mismo en un ejercicio constante de auto contemplación falsificada. De la "verdad desnuda" hemos pasado al striptease de la verdad.



Las imágenes, como los bulos, su correlato, corren deprisa, tanto que una vez puestas en marcha es difícil controlar sus posibles efectos negativos. Pero el más terrorífico de los efectos es precisamente el estado flotante en el que nos sume. Muchos prefieren vivir rodeados de esas imágenes que satisfacen deseos y fantasías que mirar de frente a una realidad compleja y que necesita de una mirada ordenadora. La mentira, en cambio, siempre tiene un plan ordenado porque se realiza para lograr un fin. Las que realmente funcionan son las que se camuflan a la perfección, las que no tienen esos "detalles" que el autor de las fotos dice que se pueden percibir.

Vivimos en dos mundos y la tecnología nos ayuda a fabricar y vivir el menos real. El negocio del deseo siempre ha estado ahí, nos venden la posibilidad de parecer diferentes a lo que somos, de vivir en mundo diferentes, como en la película Ready Player One o en tantas que ahora se mueven por los multiversos. Para algunos, la realidad es ya ofensiva; significa sacarnos del mundo placentero, del video juego existencial en el que se pasa la vida y arrojarnos a un mundo que no nos satisface.



La mentira hoy es realista, instantánea y planetaria. Son tres condiciones que la hacen muy peligrosa. Nos hace más manipulables, menos libres, aunque estemos más satisfechos. Los medios cometen cada vez más el error de amplificar las mentiras viviendo de lo que las redes sociales ofrecen, que es barato o gratuito. Una parte del esfuerzo de algunos se centra ya en tratar de denunciar los "fake" y bulos que circulan cada vez más. Eso genera en algunos buena conciencia. La trivialidad se fabrica al mismo ritmo que las falsificaciones. Pronto dejará de importar si es real o no; solo que nos entretenga o nos aburra.

Tenía razón Welles, de Ciudadano Kane a Fake, se empieza con el sensacionalismo y se acaba en el engaño. Seguro que Trump lo ha disfrutado indignándose por su propio arresto.



* "Las fotos de Donald Trump siendo arrestado que no son reales y han sido creadas con inteligencia artificial" 20 Minutos / Maldita 22/03/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5112171/0/las-fotos-de-donald-trump-siendo-arrestado-que-no-son-reales-y-han-sido-creadas-con-inteligencia-artificial/

lunes, 27 de diciembre de 2021

Atraídos hacia el futuro virtual

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El futuro planificado tiene problemas. Tienen problemas, quiero decir, aquellos que invierten en planificar nuestro futuro y luego la realidad no se ajusta a sus deseos. La "realidad", en muchos casos, somos nosotros, que decidimos crear otro tipo de futuro que nos atraiga o convenza más que el que nos proponen. Lo digo en singular, pero lo cierto es que tenemos muchas propuestas de futuro.

Una de ella la hemos tenido en la revelación de "Meta", el multiverso imaginado por Mark Zuckerberg. Un multiverso es un espacio virtual compartido. Quiere decir que puede crearte un mundo propio en el que puedes interactuar con otros o que puedes entrar (si te dejan) en el de otros. Tienes un mundo totalmente propio o alterar en partes el que ya tienes conviviendo con otros avatares.

Esa es la propuesta, que ha sido lanzada al mundo precisamente durante la pandemia. ¿Casual? Algunos lo achacan a los problemas de Zuckerberg con la Justicia con la salida de filtraciones sobre lo poco que le importan a la compañía los efectos negativos que Facebook y otras marcas puedan producir mientras den dinero.

La evaluación del momento oscila entre la presión legal y mediática en contra de la compañía y la evaluación de los efectos de la pandemia con el aislamiento de las personas.

El Meta no pasa de ser un proyecto, una propuesta de futuro en el que, como por magia tecnológica, se superan los problemas personales y sociales, laborales y de entretenimiento a través de la virtualidad. ¡Que se vaya preparando nuestra hostelería y ocio nocturno! ¡Lo que nos faltaba!, dirán algunos.


El vídeo promocional de Meta nos trae ejemplos y explicaciones. Desde los dos señores, uno en Nueva York y otro en Barcelona, jugando su partida de ajedrez con los hologramas respectivos, hasta el teletrabajo con el espacio que te ahorras. Las reuniones son virtuales, parecidas a las que vemos de los superhéroes en el Universo Marvel, cada uno conectado desde algún lugar del espacio y el tiempo. El propio Zuckerberg selecciona el avatar con el que se siente más próximo y le selecciona la vestimenta adecuada. Aquí no hay problemas de talla.

El momento del lanzamiento de la idea es psicológicamente escogido: los confinamientos o simplemente el miedo a ser contagiado en nuestras interacciones sociales. Indudablemente, ya había un tipo de personas receptivas a este tipo de espacios virtuales en los que interactuar. En realidad, ya los usamos, lo que se nos ofrece es una mayor integración en nuestra vida diaria en todas sus dimensiones.

Una conversación a través de Zoom o Meet, por ejemplo, se escenifica en una pantalla compartida, un elemento que se ofrece como una barrera o límite para la interacción. Vemos a los otros y ellos nos ven a nosotros, pero existe un allí y un aquí. Lo que ofrece Meta es un punto de encuentro, ni aquí ni allí, sino en un espacio nuevo, virtual, creado por algunos de los participantes o creado para ellos por terceros.

Estos espacios han existido anteriormente, pero lo que se nos ofrece ahora es una mayor inmersión a través de un mayor realismo o, si se prefiere, fantasía. El grupo de amigos de Zuckerberg en el video de presentación está cuidadosamente seleccionado para hacerte ver que puedes ser cualquiera o cualquier cosa, una interesante distinción.

En su función anticipatoria, el arte —la literatura y el cine en especial— nos han mostrado universos de este tipo. Pensemos en películas como Ready Player One o la más reciente Free Guy. La visión de estos universos virtuales alternativos no suele ser muy positiva. En el primer caso, tiende a esconder una realidad negativa; en la segunda, el problema se plantea desde otro lado, el de los personajes de ese mundo virtual y la posibilidad que las IA que estamos creando desarrollen conciencia propia.

En estos tiempos de aislamiento, en los que los psicólogos y sociólogos insisten en nuestra sociabilidad como un valor humano esencial y se preguntan por las secuelas psicológicas de los encierros; en un mundo en el que se manifiesta la preocupación por los efectos de los excesos de conexión desde edades cada vez más temprana, entre otras críticas, la propuesta del Meta puede no haber sido hecha en el mejor momento.

Sin embargo, existe la propuesta contraria, la del uso de la realidad virtual en Psicología como forma de terapia. Hay que distinguirla de la consulta psicológica online, que es simplemente una forma de comunicación a distancia. En la "realidad virtual" nos adentramos en otro mundo y queremos ser otros, la primera elección, tal como vemos a Zuckerberg hacer y tal como vemos con las formas elegidas por sus contertulios en sus espacios creados.

La "realidad" se percibe ya como frustración o como fuente de frustraciones. La realidad alternativa nos permite librarnos, pero ¿regresamos a ella? Si todo está dentro de nuestra cabeza, se trata solo de entrar. ¿Funciona? El aumento de terapias virtuales alternativas en las redes puede hacer pensar que así es, pero ¿qué es funcionar?

La Vanguardia de ayer nos traía información sobre otro tipo de propuesta tecnológica cuyo futuro es, al menos, diferente al que se esperaba, Alexa el asistente de Amazon. Con el titular "Alexa te molesta más por este increíble motivo" (¡vaya forma de  titular!), se nos explica que el asistente diseñado para hacernos la vida más fácil presenta algunos problemas:

El asistente de voz Alexa está recordando a sus usuarios que puede hacer multitud de tareas. Este aviso, que se produce con insistencia y puede llegar a molestar, se debe a que Amazon, la empresa que ha desarrollado a Alexa, ha descubierto que los usuarios no están sacando todo su potencial o se cansan muy rápido.

Un informe interno de Amazon, al que ha tenido acceso Bloomberg, advierte que las tendencias de la compañía respecto a Alexa, que es uno de los asistentes de voz más conocidos, no son nada buenas. Por ello, la compañía ha decidido tomar cartas en el asunto.

De esta manera, Amazon ha hecho que Alexa tenga la capacidad de recordar a sus usuarios que puede hacer otras muchas tareas: "Por cierto, ¿sabías que podría...?". La compañía quiere que con este recordatorio se fomenten las interacciones entre Alexa y usuario para que, en definitiva, no caiga en el olvido.* 


La noticia, creo, es más que una anécdota y nos revela ciertos aspectos que pueden no ser tan favorables como se pensaba. En última instancia, todos estos elementos virtuales, de Alexa a los compañeros y espacios virtuales, necesitan de la atención constante de los humanos que están vinculados a ellos. Y esta tiene un límite.

Lo que nos dice la noticia sobre Alexa es que la gente lo compra, lo usa  en tres o cuatro funciones básicas y pasadas tres o cuatro semanas... se olvida. ¿Cuál es la diferencia entre lo entretenido y una vida distinta? Alexa trata de introducirse en nuestras vidas, en lo cotidiano, mientras que Meta busca que salgamos de ella.

El asistente de Amazon corre el riesgo de acabar desconectado en el fondo de un armario si sigue persiguiendo a aquellos que no usan sus funciones. Y es que el negocio está en las funciones, en el uso continuado, incorporando cada vez más elementos que puedan ser comercializados.

De la misma forma, el Meta de Zuckerberg corre un riesgo similar. Es indudable que tendrá aceptación en muchos campos, pero cualquiera de ellos supone un cambio en nuestra vida o, si se prefiere, apartarse de una forma de sociabilidad directa. ¿Ocurrirá con Meta lo mismo que está empezando a pasar con Alexa, es decir, que se vaya arrinconando y tenga que mandarnos recordatorios tentadores de que nos espera un espacio "fabuloso", literalmente, en el que poder salir de nosotros mismos y nuestro entorno?

Hoy, cuando muchos psicólogos detectan una suerte de fatiga por el exceso de vida virtual, aumentan las ofertas y con ellas la tensión que nos envuelve. Todo este universo a nuestro alrededor juega con nuestra atención, que es el punto central del negocio. Alexa quiere llamar nuestra atención para trabajar para nosotros ofreciéndonos servicios diversos, convirtiéndose en el centro del hogar y de la vida. Meta nos ofrece otro mundo, es más tentador con sus maravillas.

Pero este mundo que se nos presenta ante los ojos se convierte en un sustituto de una realidad más degradada, de empleos más precarios y mal pagados. El lujoso espacio virtual que nos muestra Mark Zuckerberg está próximo a su idea del lujo, pero son cada vez menos personas que pueden soñar con algo así. Si se nos dice que la generación joven actual y la próxima vivirán peor que las de sus padres y abuelos, ¿tiene sentido fabricar mundos virtuales en vez de arreglar lo que existe fuera?


La pregunta es complicada porque no sabemos si la imperfección creciente de la realidad —cambio climático, pérdidas de empleo, pérdida de poder adquisitivo...— nos lleva a meter la cabeza en los agujeros virtuales, como el avestruz. En un mundo con problema de materias primas, con problemas crecientes en los transportes, ¿es la realidad virtual la solución, producir productos digitales en vez de materiales, y moverse por los espacios virtuales ante la imposibilidad (pandemias, conflictos, tensiones internacionales...) de hacerlo por el mundo material?

Los futuros que se nos ofrecen son luminosos, pero agotables por la fatiga que producen. Dejan fuera a una parte de la humanidad, en donde las diferencias digitales van aumentando, ya que están ligadas a espacios altamente tecnificados, con sofisticados sistemas de redes y poderosos equipamientos capaces de permitir las interacciones. Es un futuro para el "primer mundo" digitalizado. El resto será penosamente material.

Las grandes compañías piensan en ese "primer mundo", un mundo tecnológico y aburrido, alimentado a través de las redes y los entretenimientos digitales, el teletrabajo, la educación a distancia, etc. ¿Puede ocurrir como con Alexa, que sea arrinconada y tenga que recordarnos lo que puede hacer por nosotros, perseguirnos?


Toda construcción virtual acaba siendo una tentadora oferta de futuro. Es más fácil crear mundos alternativos en los que evadirnos que dedicarse a arreglar el que tenemos como residencia material.  Es el mundo de los grandes, de los Google, Facebook, Amazon, los que crean el campo de juego, las reglas y permiten entrar a los jugadores creando demanda y expectativas de uso futuro.

La desmaterialización (a lo Ghost in the Shell) es un viejo sueño de la ciencia-ficción; a través de ella huimos de nuestro mundo material transformados en "información", término con el que sustituimos el clásico término "alma". La "carne", como se nos repetía en un videojuego, es un "error de diseño". Del cuerpo viene lo perecedero. Cada vez nos vemos más como seres "informacionales", acumuladores de experiencia o conocimiento, dentro de un cuerpo material que se resiste a ser perfecto, que envejece y enferma. Los placeres son cosa de la imaginación, satisfacción de deseos.

La tentación de ser en espacios virtuales como el desarrollado es grande, pero no deja de ser una ilusión, tanto más frustrante en cuanto que crezca la imperfección (y abandono) del mundo real, de las relaciones reales.


Se ha dicho muchas veces que nuestra evolución cultural es mucho más rápida que la que nuestro propio cuerpo admite, por decirlo así. Este cambio se ha acelerado y en una misma generación la gente ya siente que vive en un "mundo diferente", un mundo incompatible en muchos aspectos respecto al en que creció. El pasado apenas nos sostiene —sociedades sin apenas historia, atraídos, más que impulsados— y somos absorbidos por esos futuros que surgen de mentes visionarias y calculadoras. 


Sometidos a la lógica del mercado, quedamos huérfanos de casi todo demasiado pronto. Ya sea por incompatibilidad o por obsolescencia, cada día nos sentimos más desplazados y confundidos. Ahora se nos da la posibilidad de una transformación radical en la forma de relacionarnos y movernos en el mundo o, quizá sea mejor decir en los mundos, en plural. No es casual que vivamos en una crisis identitaria, individual y social, que muchos aprovechan para pescar en el río revuelto, ofreciendo nuevas definiciones, nuevos mundos, nuevos pasados.

¿Nos creeremos realmente que controlamos nuestras vidas por dejar de enfrentarnos a ellas? ¿Nos creeremos más poderosos porque podemos vivir esas vidas alternativas en manos de otros? ¿Seremos más dependientes en un sistema que trabaja con una combinación de mercados y adicciones?

Antes, los genios nos ofrecían tres deseos; ahora tendrían muy poco que hacer con tan poca oferta. 


* Héctor Farrés "Alexa te molesta más por este increíble motivo" La vanguardia 26/12/2021 https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20211226/7953628/alexa-recuerda-funciones-pmv.html

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Los temores de Frances Haugen o cuidado con el metaverso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Lo que Mark Zuckerberg quiere hacer con Metaverso lo hemos visto con frecuencia en las películas, de Ready Player One (2018), de Steven Spielberg, a la más reciente Free Guy (2021), dirigida por Shawn Levy. Ha habido otras, pero quizá estas dos se centren más en lo que quiere hacer Zuckerberg con su imperio de redes, un universo paralelo, virtual, en el que vivir e interactuar con otros.

Pero no nos engañemos: lo que hace el bueno de Mark Zuckerberg es salir pitando de la realidad real hasta una guarida virtual, un mundo en el que un avatar le sustituya, al menos en la imaginación de la gente. Somos una especie de besugos desmemoriados a los que basta un poquito de distracción para olvidarse de lo que estábamos haciendo hasta ese momento. Y lo que estaba haciendo Zuckerberg era bastante feo.


Pero el problema se lo han creado las filtraciones y denuncias que han salido de su propia empresa, un monstruo poderoso y prácticamente incontrolable, capaz de enfrentarse al mismísimo presidente de los Estados Unidos, como ocurrió con Trump. 

"Me preocupa que haya más sensores en nuestras casas". Así ha hablado este lunes la exempleada de Facebook Frances Haugen, que ha sacado a la luz las prácticas internas de la compañía, sobre el cambio de nombre a Meta de la empresa. Para Haugen, el anunciado metaverso de Mark Zuckerberg "demuestra que quieren darle prioridad al crecimiento y al beneficio".

 


¿Más "sensores"? Con la combinación de los sistemas 5G y de la "internet de las cosas", con mayor velocidad de las redes, la idea es que todo y todos estén conectados unos con otros, suministrando información de continuo. Los sensores son la forma de captar la realidad exterior y convertirla en fantasía interior o virtual, un mundo transformado al que accederemos a través de avatares, de personalidades elegidas por los participantes para interactuar con otros miembros de ese Metaverso en un espacio irreal compartido. Cuantos más sensores en la "realidad real", mayor grado de "realidad irreal", mayor perfección en la simulación y la sincronización en aquello que se nos ofrezca.

Metaverso, tal como se presenta por Zuckerberg, es una alucinación compartida. Más que eso, nos desplaza del mundo real y nos introduce en otro, que será vivido como más intenso y adictivo que el propio mundo en el que vivimos, que pronto se nos mostrará gris y aburrido, como nos mostraban los filmes citados. De la informadora que se está quedando tranquila de conciencia con sus declaraciones, ahora por los centros sensibles de Europa, se nos dice: 

Haugen, de 37 años, comenzó a trabajar en Facebook porque "pensaba que tenía la posibilidad de sacar lo mejor que llevamos dentro", no obstante pronto descubrió que los productos de la compañía "perjudican a los niños, atizan la división y debilitan la democracia". "Facebook es distinta de otras empresas. Es menos transparente que otras grandes plataformas", entre las que ha señalado a Google y Twitter.*

 


Son pocas palabras, pero de gran efecto. Por un lado está la infancia, educada por personas que ya se educaron previamente mordiendo un móvil de silicona. Los otros dos cargos no son tampoco poca cosas. Atizar la división ya se ha provocado un gran escándalo. El hecho de que la empresa solo haya invertido en protocolos de seguridad para analizar el inglés y el abandono de muchas lenguas en las que es posible distribuir desinformación porque sencillamente no se han programado los algoritmos adecuados para eliminar la desinformación o ponerle cerco. Eso lo hemos tratado aquí hace unos días y tiene un sentido claro de abandono, desentenderse de lo que pasa en el mundo y centrarse solo en lo que se pueda reclamar desde casa. La acusación no es baladí. Plantea una serie de interrogantes sobre las políticas globales de la empresa. Esto lleva también a la mayor, la democracia, término que engloba partes de lo anterior porque deja a los ciudadanos a los pies de la desinformación y las manipulaciones en países autoritarios. En un mundo convulso, lleno de noticias manipuladas para causar desastres, las páginas de Facebook, sin correctivos, son como lanzar cerillas encendidas a las gasolineras.


Y entonces llega la "solución" de Zuckerberg: el Metaverso. ¿Es la política del avestruz? No sé si hay alguien que lo ha interpretado positivamente, pero es el agujero perfecto parea acabar de liarla socialmente.

Hace bien Frances Haugen en advertir que un juguete de este tipo en manos de una empresa que ha demostrado algo más que anteponer el beneficio a otras cosas (habrá muchos que lo vean natural), con el poder acumulado que tiene, representa un enorme desafío, como ya lo es ahora.

Es indudable que ese mundo virtual por el que podremos movernos será muy tentador y acogerá muchos placeres, permitirá muchos ahorros y no hará falta salir de casa la mitad de los días, incluido España. Pero no hace falta adentrarse en la Sci-Fi para entender los problemas que se nos van a plantear en muchos niveles.


"Llenar oficinas y casas con sensores que no son transparentes es una pésima idea", ha señalado Frances Haugen. Tiene razón. La tiene precisamente porque lo que ha demostrado la empresa es no ser fiable, su reputación ha quedado dañada, aunque muchos de sus usuarios ignoren las manipulaciones a que son sometidos o el uso que se dé a la información que generan. Los escándalos de Facebook han sido frecuentes (pensemos en Cambridge Analytica, por ejemplo) y parece que se abren al futuro con las mismas consecuencias.

 


* "Frances Haugen, exempleada de Facebook: "Me preocupa que haya más sensores en nuestras casas" con el metaverso" RTVE.es EFE 8/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211108/exempleada-facebook-preocupa-haya-mas-sensores/2219680.shtml