Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
Teníamos
para nuestro cinefórum de ayer una película de comienzos de los cincuenta,
firmada por el gran director Joseph L. Mankiewicz "People will talk" (1951), en la que
con diversas claves y niveles, el director —autor del guion basado en un
anterior película y obra teatral alemana "Dr. Praetorius"— realiza
una crítica a una medicina deshumanizada, que solo ve al ser humano como
"un cuerpo" y no como a una "persona" ("the human body
is not necessarily the human being"), que denuncia en el filme el
personaje central, un médico acusado por sus envidiosos colegas del hospital universitario en
el que trabaja.
Esta
mañana veo que en RTVE.es se plantea, en mitad de una enorme crisis de la
atención sanitaria, la cuestión del valor de la llamada "telemedicina",
una cuestión que la pandemia y los recortes de la crisis provocada en parte por
el coronavirus y en parte por ese otro virus llamado "Vladimir Putin"
al desencadenar una guerra militar y económica. Se nos dice en su página web
informativa:
Impulsada por la irrupción de la
pandemia y su impacto en hospitales y centros de atención primaria, la
telemedicina comenzó a afianzarse en todas las comunidades autónomas a partir
del año 2020, aumentando cada vez más su presencia en el Sistema
Nacional de Salud. Su potencial es enorme, ya que podría permitir aligerar
las listas de espera y la sobrecarga de las consultas, simplificar la
burocracia y optimizar recursos, evitando desplazamientos innecesarios tanto de
pacientes como de profesionales. Sin embargo, desde el ámbito
sanitario insisten en que esta modalidad no debe sustituir a la
atención presencial, sino complementarla, aplicando las nuevas tecnologías de
una manera segura para el paciente y sin pérdida de calidad en la
asistencia.
En los últimos meses, comunidades
autónomas como Madrid han ensayado proyectos para llevar la
teleasistencia a la urgencia hospitalaria, saturada en buena medida
por el deterioro generalizado de la atención primaria. Este es el punto que ha
levantado más ampollas entre los profesionales sanitarios, quienes lo ven
como un acto médico arriesgado, ya que consideran que la exploración física es
una herramienta fundamental para desempeñar su trabajo con garantías,
especialmente en ese momento crítico que representa la urgencia sanitaria.
También desaprueban la ausencia de protocolos, que no han
desarrollado ni el Ministerio de Sanidad ni las comunidades autónomas.
"La telemedicina aplicada a la
urgencia es algo que se tiene que valorar y estudiar. Puede haber algún caso o
situación en la que puede ser útil, pero en general en urgencias hay que ver al
paciente, tocarlo, explorarlo... No vale con una llamada telefónica. Se
puede estudiar a futuro, pero de momento no lo veo", declara a RTVE.es Pascual
Piñera, vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina de
Urgencias y Emergencias (SEMES).*
Mientras leía la noticia no dejaba de acordarme de la
película de Mankiewicz, del debate sobre dos formas de entender la medicina, la
que supone que tratas con seres humanos y la trata con cuerpos. Las
reivindicaciones que el mundo sanitario pone sobre la mesa van más allá de las
cuestiones salariales; hay también una reivindicación del trato y de la
relación médico-paciente, es decir, entre dos seres humanos.
La relación médico paciente, tal como se plantea hoy puede
ser de distintos tipos: a) entre dos seres humanos, cara a cara; b) entre dos
seres humanos mediados por una máquina, no presencial; c) entre una máquina
asistida por una inteligencia artificial y un paciente que introduce sus datos,
que serán analizados por el robot. En estas tres situaciones posibles hay
diversas variables, como el tiempo de atención, las condiciones reales, los lugares
en que se realiza, la estructura de niveles atencionales, los reenvíos a
especialistas, los análisis solicitados, etc.

Antes de la pandemia, ya había serios problemas en la
sanidad pública. La llegada del COVID-19 tensó las relaciones y nos mostró un
abanico de situaciones y compromisos. Las imágenes de la gente saliendo a
aplaudir a los sanitarios se entremezclaban con los episodios en los que se
amenazaba al personal sanitario en sus propias casas porque no los querían por
vecinos, en episodios de histeria colectiva. En muchas ocasiones los sanitarios
dijeron que no querían "aplausos", sino mejoras de las condiciones de
trabajo.
Tenemos un muy buen sector médico sanitario; exportamos a
Europa y al mundo nuestros buenos médicos y demás trabajadores del sector, que
tienen mejores sueldos y mejor consideración social.
Han denunciado el aumento de agresiones a médicos por parte
de familiares de pacientes. Estos casos son los efectos colaterales de la mala
situación producida por burocracias y poco personal, por tener pacientes en
pasillos o en su casa porque no pueden ser atendidos.
La deshumanización de la medicina ya está en el filme de
Mankiewicz, pero ahora lo está por falta de recursos y por el horizonte
dedicado a esa "telemedicina" que se nos pretende vender como un
logro, cuando no es más que una forma de abaratamiento y de explotación
laboral. No hace falta desplazarse, se nos dice, cuando se está dejando sin
asistencia médica (entre otras muchas cosas) a miles de pueblos españoles
porque no es "rentable".
España es un país cada vez más envejecido, cuyo horizonte es
triste por desatención y reducción de costes. Las personas de la tercera edad
son vistas como una materia prima para múltiples negocios cuyos resultado hemos
visto con las muertes en las residencias de mayores en la pandemia, algo que se
pide que se siga investigando y que se resisten a realizar. Más allá de
posibles indemnizaciones está la visibilización del mercantilismo alrededor de
lo más abundante, los viejos.
La telemedicina no puede ser la panacea porque supone, como
en el filme, confundir personas con cuerpos. Los efectos de esto son nuestros
tristes récords, por ejemplo, en el consumo de ansiolíticos, que no curan nada,
pero sí nos entontecen lo suficiente como para no pensar en lo que nos pasa.
La felicidad que se nos promete con la teleasistencia será
muy parecida. Las quejas del personal sanitario es clara: eso no es atención,
hace falta exploración del cuerpo y, para muchos, la comunicación con la
persona. La pantalla permite la comunicación, pero está condicionada a la
propia exploración. Cuando se haya llegado a ese nivel, llegará el tercero: la
introducción de datos y el diagnóstico de esas aplicaciones, dotadas de
capacidad de procesamiento, que les permitirá emitir un primer (¿y por qué no
más?) diagnóstico.

Se nos habla cada día de chatbots capaces de conversar con
las personas (¿en qué queda el Test de Turing?). No hay problema en que esa
conversación sea para recabar información sobre nuestros cuerpos (o mentes), lo
suficiente como para expresar un diagnóstico y emitir una receta. Las
estadísticas nos decían (lo vimos aquí) que esas bases de datos emisoras de
diagnóstico eran más eficaces que los propios médicos, que producían menos errores.
Siempre hay argumentos para sustituir a los médicos.
En el texto de RTVE.es se nos dan los datos del 2021, año de pandemia:
Más allá de la urgencia, el uso de la
telemedicina se ha extendido en todas las regiones españolas durante los
últimos tres años, fundamentalmente en su modalidad telefónica, para atender
especialidades como pediatría, ginecología, psiquiatría o
dermatología; un alto porcentaje de cuyas consultas no requiere
presencialidad. También para atender aquellas patologías en las que la imagen
es fundamental, como neurología, teleictus o radiología.
Tomando los últimos datos
disponibles, referentes a 2021, algo más de la mitad de las
consultas realizadas en España (52%) se hicieron de forma telemática. Catorce
provincias atendieron a más del 60% de sus pacientes por teléfono, entre
las que destacan Valladolid, Gipuzkoa y Palencia, todas por encima del 65%. En
el extremo opuesto se encuentran Baleares, Badajoz y Cáceres, con apenas
un 4% de consultas atendidas a distancia. Ceuta, Melilla y La Rioja no
realizaron consultas de este tipo o no han aportado datos.*
Las enormes diferencias entre unas comunidades y otras tiene
su explicación probablemente al margen de la salud, centradas en la escasez de
población, su edad y algún otro factor, como en caso de Baleares, del turismo
residente y su complicación para la comunicación online.
En la España envejecida, vaciada, etc. se producen la
atención a distancia porque no hay medios de transportes para los ancianos residentes,
con problemas dobles de movilidad; y las grandes concentraciones, donde el
problema es exactamente el contrario. En unos la telemedicina ahorra el
desplazamiento, en otros descongestiona las consultas y servicios sanitarios.
En todas partes se ahorra.
Me viene a la memoria que mi padre era reacio a ir al
médico, por lo que era mi madre quien iba a ver al médico de cabecera a
contarle los síntomas paternos para desesperación del facultativo que, gracias
a Dios, le conocía y poseía información suficiente como para no producir un
desastre. Era otra forma de "teleasistencia", esta vez a petición del
paciente. No sé si en las Facultades de Medicina se ha incorporado ya al
programa docente esta forma de interpretar a los pacientes por una pantalla o a
interpretar un cuestionario (el cuestionario es el futuro en muchos campos).
Puede ser que ellos mismos estén ya, como otros, tele-estudiando, en cuyo caso
estamos ya todos dentro del pastel. Un "cadáver" en 3D, manipulable
para comprender el cuerpo humano puede ser la experiencia que tengan nuestros
estudiantes. Al fin y al cabo, puede que algunos de ellos estén contentos con
sentarse ante una pantalla, donde explorarán la imagen y las palabras de sus
virtuales pacientes. Nos lo venderán como modernidad, como el futuro. Si el Dr.
Praetorius, el de la película de Joseph L. Mankiewicz, viviera hoy vería que ha
perdido su batalla, que ya no se trata de la distinción entre "la
persona" y "el cuerpo", sino entre la persona y su imagen en una
pantalla; que él mismo ha sido sustituido por un programa informático que
procesa los datos del paciente y emite un diagnóstico. A esto mucho los llaman
"futuro", pero no hay garantías de que el futuro sea
"mejor", un concepto confuso, no mensurable, que es sustituido por
"más barato" y "eficiente", como relación entre costes y
objetivos cumplidos.
Un artículo de la misma RTVE.es, traducido de medios lituanos, nos dice que los británicos están yendo a Lituania a ser atendidos. ¿Acabaremos igual?
* Samuel A. Pilar y Jaime Gutiérrez "Telemedicina más
allá del teléfono: el futuro que adelantó la pandemia levanta recelos en
pacientes y sanitarios" RTVE.es 1/02/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230201/teleasistencia-sanitaria-espana-radiografia-sanidad/2415358.shtml