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lunes, 16 de diciembre de 2024

La trampa de la IA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Leo en 20minutos un breve artículo en el que un profesor da consejos sobre cómo detectar si sus alumnos hacen sus trabajos con programas de Inteligencia Artificial*. Ha colgado un vídeo en el que explica con detalle cómo detectar las trampas: ha dejado texto invisible que el programa de IA lee, pero el alumno no. 

Es uno de los múltiples trucos que aparecen desde hace una temporada, desde que se puso al alcance de todos programas que permiten presentar trabajos como propios sin haber tenido que aprender nada, sin esforzarse lo más mínimo.

Me pregunto si los docentes de todo el mundo dedican algunos momentos para reflexionar sobre lo que todo esto supone, lo que afecta a su trabajo y a la forma de llevarlo a cabo. Supongo que sí, que habrá momentos en los que uno no sabe lo que hace en el aula ni qué se espera de él.

La docencia es una maravillosa tarea que es cada vez más estética, es decir, cada vez tiene menos sentido funcional. Uno pensaba que era una forma de ayuda, de estar ahí para permitir la mejora del alumno, despertar su interés por las muchas cosas que nos rodean, sacarlo de la inercia y desarrollar su sentido, etc. Uno se veía como un caballero combatiendo con su lanza en ristre al dragón de la ignorancia. Todo esto se ha acabado. Ahora te percibes como un molesto obstáculo entre una persona que te mira por encima del hombro porque nunca serás rico y un título de diferente nivel.

Es cada vez más raro encontrar a alguien motivado en aprender. El entorno te arrastra y el que tiene ganas de estudiar y lo confiesa sufre las burlas de sus compañeros que le consideran tonto por perder el tiempo cuando tiene a su disposición todo tipo de herramientas para dedicarse a otras cosas más entretenidas, pues no se trata de otra cosa en muchas ocasiones.

La motivación docente requiere cada vez más esfuerzo, energía. Desgraciadamente, la mayor parte de la inversión se produce allí donde puede ser rentable, es decir, hacia uno mismo, hacia la auto promoción. Si el alumnado no se preocupa por ellos mismos, ¿por qué ha de hacerlo el docente?, señalan algunos desde sus actividades que les sirven para ascender en el escalafón.

Si el alumno que estudia sufre el ridículo de sus compañeros, el docente que lo hace sufre en ocasiones el de sus propios compañeros. "No dediques tanto tiempo a los alumnos y dedica más tiempo a lo que te hace ascender", le dicen.


El mundo que nos rodea nos tienta a unos y otros de diferente forma. El principio de rentabilidad y mínimo esfuerzo se ha extendido. ¿Para qué aprender en un mundo que recorres conectado a Google, con las respuestas actualizadas en la pantalla de tu teléfono? ¿Para qué enseñar a gente que piensa que no lo necesita?

Aprender solo tiene sentido, piensan algunos, si te vas a presentar a algún concurso televisivo. Lo demás es perder el tiempo, perder la juventud, perder... lo bueno que la vida te ofrece a un cómodo click de distancia, viajar a países de los que desconoces casi todo solo porque hay una buena oferta, etc.

Cuando viajo cada día en el tren me reconforta ver a algunos chicos y chicas (más chicas) con sus apuntes sobre las piernas memorizando sus asignaturas. Lo que antes se consideraba un mal método de estudio, la memorización, se convierte ahora en lo menos malo, pues al menos no interviene la Inteligencia Artificial que todo lo sabe y trabaja por ellos mientras que le dedican su tiempo a cosas transcendentales.

Si creyera en conspiraciones universales pensaría que existe una empeñada en volvernos a todos tontos. Que estemos empeñados en saber menos cuando poseemos las herramientas para ser mejores y saber más, parece indicarlo. Los tentadores nos dicen cada día que no nos molestemos en saber, que dediquemos nuestro tiempo a consumir, a consumirnos a nosotros mismos.

"¡Allá ellos!", dicen algunos, "ya se enterarán del tiempo perdido". No sé si eso es un consuelo o una falta de responsabilidad. Creíamos que la enseñanza era una actividad maravillosa, gratificante, buscadora de la mejora personal y social. Ahora te ven como una especie de incordio que les habla de cosas que no les interesan nada y que olvidarán según salgan del aula.

Vivimos en un mundo rápido, un mundo en el que no se valoran las consecuencias, sino las llamadas "oportunidades". Todo vale hasta que se prohíbe o se nos muestra el desastre. Vieron una buena "oportunidad" en la IA en la educación; da igual qué consecuencias tenga. También muchos sectores —especialmente en la educación a distancia— han visto la posibilidad de ampliar el negocio con la IA, así hace falta menos personal educativo.

Hace mucho que pienso que tan solo un buen alumno o alumna justifican las horas, los días, los años, que la frase "profesor, no entiendo bien esto" nos suena ya extraña y nos conmueve por inesperada. 


* "La trampa de un profesor para saber si sus alumnos usan IA en los trabajos de clase: "Es imprescindible mencionar a Rick Astley"" 20minutos 14/12/2024 https://www.20minutos.es/gonzoo/noticia/5663977/0/trampa-profesor-saber-alumnos-usan-ia-trabajos-clase-rick-astley/

martes, 10 de septiembre de 2024

José Saramago y la crisis educativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Recupero para el camino de vuelta a casa un texto de las estanterías de mi despacho en la Facultad. Es una edición de una conferencia —aunque el autor se niega a darle ese estatus— dada en 2005 en el Foro de la UCM, titulada "Democracia y Universidad". El autor es el premio Nobel portugués, José Saramago, quien presume en la misma de no haber pasado por la Universidad, pero ser llamado por ellas como premiado escritor.

En la primera parte de la "charla" nos habla del destino cambiante de las palabras en el tiempo, de cómo una veces significan algo y después cambian su sentido. Nos habla también de errores de las palabras, como el uso que se le da a "educación", cuando es algo distinto a lo que se debería usar, "instrucción", que es lo que las instituciones y los profesionales deben hacer, instruir. "Educar", en cambio, ni es su papel ni pueden hacerlo por más que lo intenten.

Enlazo lo dicho por Saramago con un tema habitual en nuestras comidas universitarias, un espacio parea casi todo, incluido lo que nos encontramos cada año en las aulas. Hoy ha sido un día especialmente de debate en este sentido.

En la lectura de Saramago, me quedo con una gran verdad que nos lleva a lo dicho en su conferencia y en nuestra sobremesa:

No hay solución para la universidad, para sus problemas, si no se encuentra solución antes a los problemas de la enseñanza primaria y media; todo es un bloque homogéneo y coherente, tanto en lo bueno como en lo malo. A la universidad tendrían que llegar alumnos instruidos y educados. ¿Cómo hacerlo? Habrá que encontrar las fórmulas. Lo contrario es no respetarse, jugar con malas cartas una partida que no puede acabar bien. Y recordemos que la mesa de juego es la sociedad. (35-36)  

Lo que plantea Saramago es cierto, no por ello sencillo de resolver. El problema con que nos encontramos los universitarios es precisamente la dependencia que encontramos para nuestro trabajo de "instrucción", de la doble transmisión del conocimiento y una cierta actitud, un cierto espíritu crítico, cuando precisamente nos encontramos con fuerzas que van en la dirección contraria.

No se trata en absoluto de liberar de su responsabilidad a la Universidad; la tiene... y mucha. 

La crisis, por decirlo así, es del sistema y abarca desde sus primeros escalones hasta los últimos. Desgraciadamente no hace falta  un exceso de sentido crítico para percibirlo. En estos años, profesores jóvenes han vuelto al borde de la desesperación del aula al darse cuenta de la distancia existente entre ellos y los que están sentados en sus aulas.

Lo que se reduce es la idea de ambición, de deseo de aprender, de ir más allá, que debería estar presente en un porcentaje suficiente entre el alumnado. Sin embargo, esto no ocurre. Hay como una especie de anestesia general, la muerte del deseo de saber, la idea de que el "saber" solo es "conocimiento", algo que existe fuera de nosotros y a lo que se puede acceder en cualquier momento.

La idea de que el conocimiento es algo exterior y almacenable fuera ataca la principal función de la educación y de la instrucción: la transformación de la persona. Hay una extraña distancia que hace creer que el individuo viaja en el tiempo accediendo a los conocimientos que necesita y deshaciéndose de ellos cuando no le hacen falta. Es un efecto del llamado presentismo, que es uno de los males actuales.

La cuestión es ya muy seria y debe comenzar, como bien señalaba Saramago, desde el inicio mismo de los procesos de instrucción y educación, por respetar la distinción hecha por el escritor, que señala:

La universidad es el último tramo formativo en el que el estudiante se puede convertir, con plena conciencia, en ciudadano; es el lugar de debate donde, por definición, el espíritu crítico tiene que florecer: un lugar de confrontación, no una isla donde el alumno desembarca para salir con un diploma. (36) 

Comparto la idea de Saramago: la Universidad no solo instruye, sino que debe formar "ciudadanos", una categoría que le sirve para afrontar la idea de democracia, el segundo concepto de la conferencia,

Han pasado casi veinte años. La gravedad ha ido en aumento y, lo que es peor, nos hemos ido acostumbrado a esta degradación cultural y cívica. Las ideas suplementarias de la IA y de los archivos de las redes no hacen sino agudizar esa idea. De las aulas salen "empleados" eficientes y menos "ciudadanos", críticos tal como señala Saramago. Cada vez esos empleados son menos necesarios ante los procesos de automatización. Queda frustración, ira y un desconcierto crecientes.

Hay mucho por hacer.


— Saramago, José (2005) Democracia y Universidad. Foro Complutense, Universidad Complutense de Madrid, 76 pp.

martes, 7 de mayo de 2024

Sobre la necesidad de hacerse preguntas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ha sido en una de esas lecturas con las que cubres los diarios trayectos en el tren, la mejor sala de lectura, la que te permite ir tanteando libros y encontrando cosas en ellos, releer viejos textos que adquieren nuevos sentido pasado el tiempo.

Esta vez ha sucedido leyendo las páginas de presentación de un libro. Me llamó la atención los esfuerzos iniciales por tratar de distanciarse de la forma tradicional de enfocar las humanidades, de ese aislamiento al que las propias clases las someten para evitar que su territorio sea colonizado por otros dentro de esa guerra peligrosa para las mentes receptoras. El objeto de crítica se centraba inicialmente en algo que comparto plenamente, en la conversión en "historia" de las materias, con lo que se establece una distancia con los textos. Desde mi punto de vista, eso impide la formación estética, guiada por el placer de experimentar en uno mismo lo que otros nos cuentan indirectamente.

Entonces saltó. Son esas palabras que haces tuyas inmediatamente; palabras que sueltas en momentos cuando tratas de hacer ver qué sentido tiene estar en un aula ante la apatía de muchos y el interés de unos pocos. No pude resistirme y les leí aquellas palabras que me habían llamado la atención un par de horas antes en mi trayecto en tren camino de la facultad:

Nunca deberíamos olvidar la capacidad de formular preguntas. Aprender y disfrutar es el secreto de una vida plena. Aprender sin disfrutar nos reseca por dentro, disfrutar sin aprender nos vuelve estúpidos.*

Durante años les he repetidos que todas las asignaturas deberían enseñar a pensar y diferir en la bibliografía, una fórmula sencilla de decirlo. El objetivo está en sus cabezas, en modificar la forma de pensar con solo un compromiso: que comprendas que aprender no es repetir sino mejorar cada día, que no hay fórmulas perfectas, resultados definitivos. Que aprender es un proceso que no se cierra nunca y que hay que disfrutar con ello.

"La letra con sangre entra" decía el viejo dicho, tantas veces practicado. ¡Cuántas disciplinas arruinadas por los vanos egos profesorales en los que la dificultad era artificialmente creada por temor a ser demasiado simples, demasiado comprensibles! ¡Cuánta jerga disfrazada de complejidad! ¡Cuánta vanidad por no ser entendidos! ¡Qué difícil encontrar quien nos diga es "sencillo" en estos tiempos en que se encuentran retorcidos ejemplos, complicadas teorías que solo sirven para ponerle tu nombre a una escuela, la máxima gloria alcanzable para conseguir entrar bajo los arcos ministeriales de la cualificaciones! ¡Salve, césares del conocimiento!

Hubo un tiempo en que los Moliere de turno daban cuenta de tanta palabrería y erudición. Pero hoy ya no hay sátira, sino consagraciones de la mediocridad perdida en grandes rutinas, de caminos trillados hacia la gloria académica.

La frase citada es rotunda y clara. Creo que la pondré al inicio de los cursos que me quedan como un canto del cisne. Solo en encuentros casuales, como me ocurrió en el regreso a casa, la gente se libera y dice lo que piensan: que están hartos, que quieren escribir sobre lo que les parece importante y no sobre los que le parece interesante a otros, que suele ser lo mismo que ellos repiten. Fue lo que mi compañera, con la que me encontré en la tarde, me dijo antes de seguir cada uno a nuestro andén del Metro. Muchos piensan igual, pero se encuentran con el gran lazo al cuello, la estabilidad, algo que ahora se consigue tras casi dos décadas de penurias y rutinas, de angustias y tensiones en las que el sistema doma tu deseo de hacer otras cosas más interesantes.

Hay que unir como sea el aprendizaje y el placer, palabra que parece proscrita del ámbito del estudio. De esta forma se han generado grandes rechazos y fobias que tienen consecuencias graves para toda la vida. Ni los políticos ni los que controlan la economía están demasiado interesados en mentes libres, formadas, críticas; mentes que se hagan preguntas. Pero es lo que necesitamos como personas y como sociedad. 

Las palabras, —escritas por Richard David Prechet en marzo de 2007 para el prefacio de su obra "¿Quién soy yo... y cuántos?" (Ariel)*— son muy claras en su diagnóstico, en dónde nos llevan a todos, a profesores y alumnos estas formas de enseñar y de aprender.


jueves, 14 de diciembre de 2023

La industria de la adicción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La batalla por el teléfono móvil en los menores solo está comenzando. Aquí ya hemos dado cuenta en diversas ocasiones de las peticiones por su uso restringido  y hace unos días detectábamos ya las primeras manifestaciones televisivas de "expertos" con el eslogan repetido de que "está muy feo eso de prohibir" y que es mejor "enseñar a usar". Como ya lo hemos comentado anteriormente, no entramos más en este aspecto de contraofensiva de la industria.

Dentro de este "conflicto", nos encontramos con la imposibilidad ya de ocultar o esquivar este serio problema que nos puede dejar fuera de juego en Europa. En RTVE.es el titular ya nos orienta hacia el conflicto y su planteamiento: "Educación propone a las comunidades prohibir los móviles en Primaria y Secundaria durante el horario lectivo"*. Como ya habíamos previsto, el conflicto se desplaza de la familias (el origen, los que compran, dan, regalan los móviles a los niños) a su uso durante el periodo lectivo. Esto obliga a los centros a ser el "poli malo" frente a las familias que esperarán a la salida del cole con el bocata y el móvil, convirtiéndose en los "polis buenos" de la película.

Insistimos que el problema de los hijos con móvil y todos los efectos, de la salud al rendimiento escolar, pasando por el insomnio, está en los padres que lo usan para que estén tranquilos (y así poder consultar ellos sus móviles; vaya a cualquier parque o transporte público para comprobarlo). Ya se están produciendo movimientos de familias por la prohibición del móvil antes de los 16. Buscan así un refuerzo institucional para poder aplicar ese límite y no luchar solas.

El titular RTVE ya nos muestra el tono político del asunto. Cuando digo "político" me refiero a lo único que al político le interesa, desgraciadamente, trasladar el problema a otros pretendiendo ser "salomónico". En el texto leemos:

El Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes ha propuesto a las comunidades autónomas que en Educación Primaria y Secundaria no se utilice el teléfono móvil en horario lectivo.

No obstante, la propuesta de Educación permitiría la utilización del móvil en Secundaria en clase presencial cuando así lo establezca el profesor porque su proyecto pedagógico lo requiera.

Así lo ha anunciado este miércoles la ministra de Educación, FP y Deportes, Pilar Alegría, en rueda de prensa tras presidir la reunión sectorial de Educación.*


Del "poli bueno, poli malo", pasamos al "poli esquizo", que es el que permite que en unas aulas se use y en otras no porque el teléfono forma parte de la clase. ¿No son mensajes contradictorios? ¿No establece asignaturas "guais", con teléfono, y aburridas sin él?  De esta forma el ministerio suelta el problema a los centros educativos: la forma de evitar el problema en "oficializar" su uso en clase. ¡Qué listos! Al profesorado solo le quedará una opción si no quiere sublevaciones: que el teléfono forme parte de la clase.

De nuevo, la clase política de un ejemplo de cobardía. Nadie se enfrentará a los futuros votantes (18), menos ahora que se acaba de rebajar la edad del carnet de conducir a 17, otro logro político dirigido hacia la misma franja de futuros votantes juveniles. Es de esperar que cuando conduzcan no usen el móvil, aunque es una de las multas más frecuentes, con un crecimiento constante. Ya no se puede, según parece, estar sin el móvil en ningún espacio o lugar, en ninguna actividad o tarea. Tenemos noticias de conductores de autobuses de línea sancionados por usar el móvil en su trabajo, que es conducir, a otros que no pueden dejar de hacerlo en sus coches particulares o conduciendo camiones, con el peligro que resulta para todos, los que van en el autobús o los que se pueda llevar por delante.

Pero, ¿cómo dejarlo? ¿Cómo resistirse a este objeto que nos acompaña ya de la cuna a la tumba? que empezar a distinguir continente y contenido en esto de los móviles. Al aparato en sí podría se podría resistir, pero este es portador de programas diseñados en feroz competencia por hacerse con nuestra atención (cada vez hay más estudios en este sentido, convirtiéndose en un modelo cultural y económico (la llamada "economía de la atención").

En otra noticia de ayer mismo, recogida en el Telediario de RTVE y proveniente del Parlamento Europeo, ser nos da este titular, "El Parlamento Europeo pide diseños menos adictivos en los productos digitales" y se nos ofrece esta síntesis de la "pieza": 

Juegos en línea que se inician solos, redes sociales o notificaciones constantes en el móvil, el parlamento europeo advierte de que los productos digitales están diseñados para ser adictivos. Y pide una legislación para que les obligue a ser más éticos.**

La clave de todo ello está efectivamente en eso que niegan los interesados: la adicción. Por ello, cada vez se ha ido descendiendo en la edad, ayudados por padres y amigos. El uso del teléfono ha ido descendiendo y son los padres los que lo hacen y se refuerza en horizontal, por el sentido de pertenencia al grupo, del que quedas excluido si no estás en las redes sociales y dispones de un teléfono propio.

El teléfono móvil ha adquirido el grado de "rito de paso", como antes lo tenían los pantalones largos o la primera corbata. Es un indicador de un salto, de una mutación. Antes eras un ser aislado y pasas a ser parte de la comunidad; ya eres otro.

Si los expertos señalan y denuncian todo esto, esa suma de efectos psicológicos, sociales y culturales, ese ser abstraído por el mercado (no es otra cosa), sacado de ti mismo, impidiendo que accedas a lo que se supone que necesitas para educarte, formarte, culturizarte, etc. pero que la experiencia demuestra que no te sirve para nada y que puedes llegar a presidente de algún país "sin saber hacer la o con un canuto", como decía la sabiduría popular, que puedes ser un exitoso "influencer" solo con desparpajo y un buen maquillaje, etc. ¿para qué te vas a molestar? Hace unos días los profesores decían que la Constitución no se explicaba porque no interesaba a los alumnos. Con eso ya está todo dicho, del sistema y de los agentes del sistema. También de los catastróficos efectos o resultados.

La adicción no es más que el estado de consumo permanente de algo que te saca de ti mismo y te convierte en consumidor compulsivo de información. El medio es el mensaje, decía un señor de por ahí.

Pedir más "ética" a los que han diseñado sin ella este mundo adictivo, descendiendo las edades para que más adelante caminen, conduzcan o duerman con el teléfono móvil en la mano, para tener esas familias enteras, cada uno con su móvil, unidos por los movimientos de sus pulgares, etc. no sé si será eficaz. Pero no va a ser fácil enfrentarse a la industria de la adicción y a los propios adictos.

 

* "Educación propone a las comunidades prohibir los móviles en Primaria y Secundaria durante el horario lectivo" RTVE.es / Agencias 13/12/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231213/educacion-propone-prohibir-moviles-primaria-secundaria/2466956.shtml

* "El Parlamento Europeo pide diseños menos adictivos en los productos digitales" RTVE Play Telediario 2 13/12/2023 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-2/parlamento-europeo-adictivos-productos-digitales/7035037/

jueves, 7 de diciembre de 2023

No es país para aplicados

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo el informe PISA nos deja malos resultados, aunque estos no creo que afecten a ningún tipo de pactos gubernamentales. Tras esta ironía hay demasiado: la ausencia de interés de los políticos en lo que debería ser el único problema serio con el que tratar, la educación como elemento básico para lograr un país mejor en muchos órdenes. Pero ¿a quién le importa?

Las únicas discusiones en España que afectan a la educación se refieren a los conflictos lingüísticos promovidos por los nacionalistas, que ven la educación como una herramienta con la que fijar el discurso propio y las "diferencias" frente al resto. Lo demás importa poco.

La educación es el debate que nos falta frente a todos los que nos sobran, que sin embargo, arrebatan titulares frente a los discursos alienantes al servicio del consumo o de la propia política, cuyos debates acaparan la atención.

Lejos de los medios, los auténticos discursos culturales, los que enriquecen mentes y estimulan la creatividad, los que muestran el valor del estudio y su sentido formativo. No hay más que ver las deprimentes programaciones, la proliferación de programas donde ingeniosos presentadores lanzan sus gracias infinitas a un público que no puede contener sus estallidos.

De los medios ha desaparecido el teatro, el buen cine, los programas sobre literatura, etc. proliferan, en cambio, los concursos, la explicación del origen de las pirámides egipcias en el espacio, los análisis pormenorizados de los partidos de cualquier liga, de carreras de todo tipo, etc. La cultura (¿qué es eso, por Dios?) brilla por su ausencia o es desplazada a momentos en los que no "perturban".

Cada vez que aparecen datos del Informe PISA se abre una herida que se tapa con la propia complejidad relativista de los datos. Por un lado, son los que son; pero por otro esos datos son comparativos, es decir, si alguien ha empeorado, no nos sentimos tan mal, suponiendo que a alguien le importe.

En esta edición se nos dice: 

En el resumen que hace por países, la OCDE destaca que en el caso de España han aumentado los alumnos que no logran al menos el nivel 2 (básico) de competencias en las tres materias y que en el caso de las Matemáticas han disminuido, además, los estudiantes más brillantes (nivel 5 y 6) en 2,1 puntos porcentuales desde 2012 (1,4 puntos desde 2018).

En Matemáticas, solo el 6% del alumnado está en los niveles más altos frente a la media del 9% de la OCDE o el 23% de Japón; mientras que en los niveles más bajos está el 27% de los estudiantes españoles frente al 31% de promedio de la OCDE o el 12% del país asiático. "El porcentaje de alumnado en el nivel superior de rendimiento en España es más bajo del que cabría esperar por su rendimiento medio y por el porcentaje de alumnado en los niveles inferiores", destaca el informe en español.

La comprensión lectora ya iba en descenso

El informe PISA 2022 señala que la pandemia que estalló con el nuevo coronavirus detectado en China a finales de 2019 parece "un factor obvio" que puede haber influido en la bajada, especialmente en Matemáticas y Lectura, pero añade que hay que echar "un vistazo más cerca a los datos", ya que el declive ya venía apareciendo en algunos países antes.

En el caso de la lectura, por ejemplo, pone como ejemplo a países como Finlandia, Islandia, Países Bajos, Eslovaquia y Suecia por lo que, concluye, "no se trata solo de COVID".  En la rueda de prensa del Ministerio de Educación,  Daniel Salinas, analista senior del Informe del Programa para la Evaluación Integral de Alumnos (PISA), subraya que "hay evidencias que sugieren que el COVID simplemente intensificó una trayectoria negativa" previa, informa Europa Press.*

 

Esto es una conclusión que las personas que estamos en la enseñanza (y queremos verlo) tenemos muy clara: el COVID ha sido un acelerón a una situación previa, algo que se venía percibiendo de ya de lejos.

El COVID ha servido para justificar demasiadas cosas, pero no para ocultar muchas otras. Los problemas de la educación, que son muchos, están ahí y otra cosa es que le importen a alguien. En la medida en que se producen estos descensos, el problema se agrava pues por su duración implica que los estudiantes crecen en un escenario cada vez menos interesado en el estudio y en aprendizaje. El modelo español de desarrollo se basa en el turismo, en la hostelería, en hacer moverse a los jóvenes con maletas en puentes como este que estamos viviendo. No se estimula precisamente el estudio, sino otras cosas que no son demasiado compatibles. En apenas unos días comienzan los exámenes universitarios del primer semestre y, sin embargo, la presión es sobre el viaje y el consumo para mantener la economía en marcha. Los jóvenes son el vehículo del gasto, los que se desplazan y a los que se mantiene en marcha. Lo que no ganan lo reciben de sus familias y así todo se mantiene en marcha... menos el rendimiento del estudio. Para ser lo que nuestra economía nos ofrece a diario no hace falta muchos estudios, la verdad sea dicha.

El informe destaca otro elemento que también es fácil de percibir a simple vista: las diferencias de género: 

El informe PISA también analiza los resultados en función del género de los alumnos. En términos generales, los chicos logran mejores puntuaciones en Matemáticas y Ciencias (10 y 5 puntos más, respectivamente, en el caso de España) que las chicas, que, sin embargo, destacan en Lectura, con 25 puntos por encima de sus compañeros. En Matemáticas ellas alcanzan los 468 puntos y ellos los 478; en Lectura ellas logran 487 y ellos 462 y en Ciencias ellas 482 y ellos, 487.* 

Las diferencias en Matemáticas y Ciencias son estrechas, pero se amplían en la lectura, que es algo que requiere más dedicación al margen de las clases. ¿Se ha preocupado alguien de estudiar a qué se deben las diferencias o seguimos pensando que son algo "natural" y que a las chicas se les "dan mal" las matemáticas y que los chicos no "pierden el tiempo" leyendo? Son estereotipos con los que llevamos desde el siglo XVIII y que nos siguen sirviendo para mantener unas diferencias que pueden tener más que ver con la motivación real en las aulas y con el nivel de expectativas generado.


La lectura —la comprensión lectora— es un acto profundo, un acto de dominio de la lengua y de las referencias culturales. Cada texto es un punto de partida, un universo interrelacional para el que son necesarias muchas competencias. La Matemática funciona de otra manera y eso que se engloba como Ciencias también. Por decirlo así, se puede ser bueno en Matemáticas y ser incapaz de entender un texto de mediana complejidad cultural. Cada campo tiene unas competencias muy diferentes. La formación de buenos lectores ese esencial para todo el sistema educativo porque es la fuente de entrada a la cultura, la ampliación de nuestra perspectiva y debería ser un elemento con un tratamiento especial. No es lo mismo la lectura dirigida en las asignaturas que la formación de auténticos lectores, personas que seguirán leyendo toda su vida, ampliando conocimientos y madurando, un factor que puede parecer demasiado esotérico pero que es esencial. Sin embargo, esto no se aprecia tal como se debe ni se motiva de la forma adecuada. Hay cosas que no se deben meter en el mismo saco para poder ser valoradas adecuadamente no solo desde fuera sino desde la propia persona.

Pisa nos ofrece información de interés, aunque nosotros deberíamos responder a esos datos, algo que nunca se hace. Nos limitamos a comparar y a ver si subimos o bajamos como si fuera algo al margen de nuestras propias acciones.

Se nos ofrecen datos sobre los efectos de los teléfonos y otros dispositivos, pero tampoco importan mucho. No vamos a dejar de vender teléfonos porque perjudiquen la concentración entre otras cosas. 

Algunos medios, no se sabe por qué motivo, lo enfocan como un éxito relativo. El propio informe desestima la pandemia como causa y señala lo que se veía venir. No hay ningún tipo de disculpa. El sistema falla y seguirá fallando si se trata de encubrir los pobres resultados. Carecemos de un proyecto cultural que defina a nuestros ciudadanos más allá de los parámetros habituales del sistema educativo que tiende a tapar sus propios errores.


Ayer pude ver el ejemplo más temprano de "teléfono-chupete" con el que una madre calmaba el llanto de su hijo, que tendría diez meses. Fue encender la pantalla y ponérsela a la altura de sus ojos para que el niño se callara y dejara de llorar. ¡Instructivo! Me pareció un esclarecedor símbolo de lo que nos muestra el presente y nos anticipa del futuro. También Pisa nos habla de esto, pero lo ignoramos.

Ya no vivimos en una cultura, sino en un mercado. Lo que hace unos días recogían los profesores sobre la falta de interés del alumnado sobre la Constitución, lo podemos ampliar a todo aquello que no se traduce en un placer o gasto inmediato. Así nos encontramos, al llegar  a la universidad, con una queja generalizada: a la falta de interés por casi todo se le suman unos enormes y profundos agujeros de conocimientos que el propio diseño de los estudios universitarios es incapaz de corregir porque los ignora contagiado del mismo sentido mercantil de la educación. Pero esto es ya otra historia del mismo libro. 


* Ana Martín Plaza / Datos RTVE "España baja en Matemáticas, Lectura y Ciencias en un contexto mundial de "caída sin precedentes" tras la pandemia" RTVE.es https://www.rtve.es/noticias/20231205/informe-pisa-2022-espana-baja-matematicas-lectura-ciencias/2464630.shtml

martes, 5 de diciembre de 2023

No interesa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dicen los profesores de Bachillerato que no les da tiempo a explicar la constitución, que algunos le dedican un par de horas, que ya es mucho decir y que a los alumnos no les interesa. ¡Buen panorama educativo y cívico! Nos lo cuenta Olga R. Sanmartín en El Mundo con el titular clarito: «Profesores defienden la enseñanza de la Constitución en los institutos: "Se dedica poco tiempo y a los alumnos no les interesa"».

Todo esto no es más que otro despropósito de un país dedicado a discutir y no a construir. Eso de que a los alumnos no les "interesa" la Constitución tendría sentido si les "interesaran" algunas otras cosas, pero no es así. Sencillamente "no les interesa", ¿para qué indagar más? Tampoco las matemáticas, la Historia, la Filosofía, la Biología o el Latín, la Lengua, el Arte... leer. De mayores, muchos quieren ser influencers. Poco más.

Pero la cosa va más lejos. Hace unos cuantos años (uno no es tan olvidadizo como quisiera), nuestro rectorado nos mandaba una nota diciendo que podríamos explicar vínculos con nuestras asignaturas y la Constitución. Nos señalaban que eso era conveniente y de interés. Ahora no interesa la Constitución.

No interesa porque estamos ocupados con los casos de la Liga, ya saben, con cualquier cosa que saque algo sobre Mbappé, un señor que no viene y por el todos están muy preocupados. Tampoco interesa porque estamos pensando en el finde; eso lleva mucho tiempo, porque hay que elegir bien. Los que "son más de series", tampoco están por la labor, no vayan a perder el hilo y no te enteres de nada... ¡En fin! ¡Que no se puede estar a todo!

Otros países ven su constitución como algo distinto, algo que representa algunos valores comunes. Pero aquí hay poco en común y cada vez estamos más satisfechos con ser distintos, diferentes o lo que sea. Cuando explicaban ayer en un canal de TV para qué servían las presidencia de las Comisiones del Congreso, la respuesta de la periodista fue rápida: llevan un plus económico de no sé cuantos euros. ¡Acabáramos! ¡Tantas vueltas para esto! No hace falta Constitución; todo por el plus ese. ¡Un dinerito! ¿Acaso hay otra cosa?

Dicen que los profesores quieren explicar la constitución, pero que los programas van muy ajustados y no da tiempo a explicarlo todo, por lo que hay que priorizar. Por eso lo de la Constitución se deja de lado. Ni los políticos se la creen, para qué liarla más en clase y ponerse a discutir. Dice el artículo que muchos en Cataluña ni se molestan en explicarla; será que tampoco les interesa.

Lo más importante es el "puente", el puente de la Constitución. Si no fuera por eso, ¿para qué serviría? La verdad es que para muy poco y seguir discutiendo, ¡qué manía! El "puente" es el gran acontecimiento. Así se hace patria y caja. Los noticiarios se llenan de personas que auguran un buen puente, con elevado gasto, la verdadera ciudadanía. Se aprovechan bien las ofertas tras el Black Friday y antes de navidad, que son los periodos en que hay que moverse y gastar para que esto tire. En eso acertaron con el 6 de diciembre, una fecha estupenda para poder comprar, salir...

¿Y quieren que la gente lea la Constitución? ¡Venga, hombre! Eso lo hacen por ahí, pero aquí, ya nos advierten: no interesa. Los profesores quieren, sí, pero ¡hay tanto que aprender!

Creo que cada vez que llegan estas fechas escribo algo similar frente a esta dejadez malsana que nos agarra. Por si a alguien le apetece colorear. 

sábado, 6 de mayo de 2023

La Inteligencia artificial y el desempleo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De una forma sencilla: un mundo en donde una parte importante de la gente no trabaja porque es sustituida por sistemas automatizados está destinado al fracaso, en distintas formas. Un mundo en el que la producción se desplaza de forma generalizada hacia donde es más barato producir, igualmente crea problemas si no se equilibra con otras formas de producción.

Los efectos los estamos viendo ya en el mundo más desarrollado. El desempleo se convierte en algo endémico, difícil de corregir, con enormes bolsas. Los problemas de las pensiones se convierte en nuevos conflictos (como vemos en Francia) intentando reducir los años de trabajo y aumentado el tiempo de cotización, algo complicado también de equilibrar si la gente se pasa décadas de su vida con malos empleos, inestables y mal pagados, firmando decenas de contratos al mes. El problema lo tenemos cada día en la prensa, basta con ver la resistencia ciudadana a los planes de Macron en Francia.

Lo cierto es que cada vez es más difícil encontrar un equilibrio en unas sociedades que parecen así condenadas al desequilibrio, a la desigualdad profunda, al fraude como forma de supervivencia en todos los niveles (fraudes fiscales y fraudes de empleo).

A esto se ha venido a añadir una nueva polémica que no abandona nuestros titulares, los del papel de la Inteligencia Artificial y su aplicación en distintos campos, destruyendo empleos.

Es evidente que nos enfrentamos a un problema claro: la elección entre una sociedad estable y una que no lo será por los enormes desequilibrios que se van a producir en estos próximos años y que los estados no podrán sostener. Los más ricos se arman para evitar las subidas de impuestos por todo tipo de vías y los estados no se atreven a controlarlos por sus chantajes y amenazas de deslocalizar sus empresas e irse a lugares, como dictaduras, en las que nadie se les va a oponer a sus sistemas, sino que les darán las gracias con modestas mordidas.

Hasta ahora las declaraciones de distintos científicos sociales, pensadores, intelectuales, etc. han sido moderadas, blanqueadas o silenciadas. La aparición pública intensa de la Inteligencia Artificial ha servido para sacar a la luz parte del problema y hacer prospecciones en los que pueda ser el futuro.

En el diario El Mundo se desplegaba el siguiente titular "IBM está considerando sustituir al 30% de los trabajadores con inteligencia artificial" hace un par de días. En el texto del artículo, Ángel Jiménez señalaba: 

El impacto que las herramientas de inteligencia artificial tendrán en el mercado laboral es todavía incierto pero Arvind Krishna, presidente de IBM, tiene ya una idea muy clara, al menos, de cómo afectará a su compañía. En los próximos cinco años, cree que la inteligencia artificial acabará con unos 7.800 puestos de trabajo.

Es la estimación que esta semana hizo en una entrevista con el diario Bloomberg. La empresa tiene unos 26.000 trabajadores dedicados a tareas administrativas, que es el área en la que Krishna considera que el impacto de las herramientas de IA será mayor. "El 30% de estos puestos de trabajo serán reemplazados en los próximos 5 años por inteligencia artificial", confesó.

[...]

En enero, la compañía confirmó que 3.800 empleados se verán afectados por los recortes debido a la compleja situación económica.

La histórica compañía se convierte así en una de las primeras que está hablando abiertamente de cómo las nuevas herramientas de inteligencia artificial, como ChatGPT, van a afectar al panorama laboral, incluso en compañías tecnológicas y puestos que tradicionalmente se habían considerado a salvo, como ingeniería y desarrollo.

El resto de empresas tecnológicas ha procurado no hablar directamente de sustitución de puestos de trabajo por inteligencia artificial durante los recientes despidos, pero no es un secreto que forma parte de la ecuación que prácticamente todas están considerando.

El 25% de las compañías en la lista S&P 500, que agrupa a las empresas más importantes del mundo, ha mencionado la inteligencia artificial al menos una vez durante la presentación de los últimos resultados trimestrales.*


El desastre —no creo que nadie dude de esto— viene más rápido dentro de un sistema en el que no hay responsabilidad social alguna en las empresas. Una empresa, se nos dice desde la teoría, es una maquinaria para obtener beneficios. Si no lo hace, se cierra o se recorta hasta el tamaño en que los dé. Si no funciona así, se traslada a un lugar donde sea más barato producir. Eso es lo que vemos cada día y lo que se nos repite.

Los estados aumentan de tamaño en sus ofertas de empleo público para tratar de absorber el desempleo que producen las empresas con sus reducciones o deslocalizaciones. Mientras crece la crisis, los medios no ignoran el aumento escandaloso de los beneficios. Si se dice de aumentar impuestos para estas fortunas crecientes, los afectados se escandalizan y dicen que así se condena a más paro. Un círculo vicioso que los gobiernos no se atreven a romper por ver crecer el desempleo, la única cifra que el ciudadano de a pie realmente entiende.

Se camuflan los datos y se echa la culpa a las crisis que toquen, pero no se toca la cuestión de la automatización y el desempleo generalizado. Cuando las grandes empresas lo hagan, las pequeñas les seguirán gracias al desarrollo de un sector que está lanzado y en plena promoción de sus virtudes para las empresas. Pero, ¿qué es entonces una empresa que va bien, una con poca gente mal pagada y con mucho beneficio? Para muchos esta situación es por la que ruegan.

El mundo ante la globalización y la limitación de recursos, el cambio climático, tiene que estar más y mejor coordinado. Hace falta dejar al descubierto las consecuencias de nuestras acciones. La cantidad de problemas que se generan van derivando hacia tensiones internas y exteriores, hacia fricciones sociales y conflictos bélicos, que tenderán a aumentar. La necesidad de pensar el planeta como un todo en el que las acciones de unos repercuten sobre el resto es cada vez mayor. Pero si las crisis se mantienen como forma de desequilibrio y se reprimen de forma que imposibiliten acuerdos por beneficiar a los de siempre, el problema se hará pronto dramático.

Ahora vemos que es la IBM y otras empresas las que se enfrentan a lo que ellas mismas generan, la Inteligencia Artificial, y su propio desempleo, pero el modelo está en sus comienzos. ¿Nos veremos ante un nuevo movimiento ludita, un movimiento que ataque y boicoteé las máquinas pensantes?

De alguna manera, esto se está produciendo mediante el regreso a campos como la agricultura o formas de artesanía que aseguran el auto empleo en ciertos sectores. La necesidad de tener empleos en los que nos puedas ser sustituido por las máquinas se convierte en algo esencial para poder mantener una trayectoria laboral. Por su parte, los sistemas de pensiones se alimentan con las aportaciones de los que trabajan, algo que deja de estar garantizado por la provisionalidad y los cambios continuos de empleos mal pagados, de subsistencia.

En estos días en los que salen noticias sobre la IA, no dejan de aparecer otros, vinculados a entidades y empresas, en los que se cantan la gloria de la automatización. Siempre se pone por delante el logro que supone, se tiende a magnificar y a realizar promesas de beneficios futuros. Pero si son las propias empresas que fabrican la IA las que despiden a sus propios empleados, ¿qué más se puede decir? La proliferación de los mismos técnicos de la IA creando nuevas aplicaciones de las que vivir ellos, aunque suponga el despido de los demás crea un nuevo círculo. Despedidos de las empresas, crean las propias desarrollando nuevas herramientas de automatización y sigue el ciclo.

Estos días han aumentado de forma clara los artículos críticos. Hay que resaltar que no se trata de ir contra la Inteligencia Artificial, que es un gran logro científico y tecnológico, sino del uso que se le da en campos diferentes y a cómo afecta al empleo.

Hace unos días hemos señalado el impacto que puede tener (ya tiene) en la Educación y la subversión del modelo humanista educativo de formación de la persona, de la comunicación bidireccional, por un modelo pragmático, lucrativo y ahorrativo. Con él se pretende sustituir las relaciones interpersonales de la educación por la dirección de la máquina, que sería quien supervisara el proceso y realizara las tareas de formación. Los artículos de apoyo a este modelo tienen detrás a las empresas que extiende este proyecto vendiéndolo como ahorro, modernidad y máximo aprovechamiento.

El modelo sustituye la relación profesor - alumno, al igual que se están implantando la desaparición de las bibliotecas físicas —el libro es un "objeto" caro e individual— en beneficio de sistemas de gestión automatizados de las bibliotecas constituidas por ebooks. El ebook es un logro porque permite la extensión, pero la desaparición de libros, bibliotecas y bibliotecarios, también incluye a los lectores, que se acostumbran a una forma de trabajo diferente, como ya sabemos desde hace tiempo por pedagogos, psicólogos y sociólogos, entre otros expertos. Pero eso no importa ni a los que lo ven como un "ahorro" (personas y dinero) ni a los que lo ven como un beneficio (dinero).

Asistí hace un par de semanas a un canto glorioso a la desaparición del libro y de las bibliotecas, transformadas en especia de "co-working", tal como se nos explicó ante el universal beneplácito. El "libro-objeto" era el enemigo, ocupaba espacio, pesaba y era caro; lo eran las estanterías, las mesas para lectura. Lo que vendría sería un espacio libre, donde el nuevo problema era elegir los sofás para trabajar. Los bibliotecarios se sentían felices con el cambio, ignorando que la llegada del sistema en el que desaparecerían en su totalidad está a la vuelta de la esquina. Pero la base de la ceguera suele ser pensar que no te va a tocar a ti.

Lo peor de todo es la ausencia de cualquier tipo de discusión, debate o diálogo sobre los efectos de la automatización en cualquier sector. Quizá sea la política del avestruz, pensar que no hablando de ello no va a ocurrir. Afecta ya a muchos sectores, como señala el artículo, y afectará a más todavía en el momento en que se convierta en ejemplo y normalidad. El personal físico se pensará en términos de carga para la empresa. Y los números siempre estarán para apoyar sus recortes, deslocalizaciones, etc.

Hace falta escribir nuevas distopías partiendo de esta realidad y proyectándola. De otra forma, el futuro llega de puntillas y cada vez más temprano.  

 

* Ángel Jiménez de Luis "IBM está considerando sustituir al 30% de los trabajadores con inteligencia artificial" El Mundo 4/05/2023 https://www.elmundo.es/tecnologia/2023/05/04/6452e3ebfc6c8386628b459e.html



jueves, 2 de febrero de 2023

Telemedicina o diga 33 después de la señal

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Teníamos para nuestro cinefórum de ayer una película de comienzos de los cincuenta, firmada por el gran director Joseph L. Mankiewicz  "People will talk" (1951), en la que con diversas claves y niveles, el director —autor del guion basado en un anterior película y obra teatral alemana "Dr. Praetorius"— realiza una crítica a una medicina deshumanizada, que solo ve al ser humano como "un cuerpo" y no como a una "persona" ("the human body is not necessarily the human being"), que denuncia en el filme el personaje central, un médico acusado por sus envidiosos colegas del hospital universitario en el que trabaja.

Esta mañana veo que en RTVE.es se plantea, en mitad de una enorme crisis de la atención sanitaria, la cuestión del valor de la llamada "telemedicina", una cuestión que la pandemia y los recortes de la crisis provocada en parte por el coronavirus y en parte por ese otro virus llamado "Vladimir Putin" al desencadenar una guerra militar y económica. Se nos dice en su página web informativa:

Impulsada por la irrupción de la pandemia y su impacto en hospitales y centros de atención primaria, la telemedicina comenzó a afianzarse en todas las comunidades autónomas a partir del año 2020, aumentando cada vez más su presencia en el Sistema Nacional de Salud. Su potencial es enorme, ya que podría permitir aligerar las listas de espera y la sobrecarga de las consultas, simplificar la burocracia y optimizar recursos, evitando desplazamientos innecesarios tanto de pacientes como de profesionales. Sin embargo, desde el ámbito sanitario insisten en que esta modalidad no debe sustituir a la atención presencial, sino complementarla, aplicando las nuevas tecnologías de una manera segura para el paciente y sin pérdida de calidad en la asistencia.

En los últimos meses, comunidades autónomas como Madrid han ensayado proyectos para llevar la teleasistencia a la urgencia hospitalaria, saturada en buena medida por el deterioro generalizado de la atención primaria. Este es el punto que ha levantado más ampollas entre los profesionales sanitarios, quienes lo ven como un acto médico arriesgado, ya que consideran que la exploración física es una herramienta fundamental para desempeñar su trabajo con garantías, especialmente en ese momento crítico que representa la urgencia sanitaria. También desaprueban la ausencia de protocolos, que no han desarrollado ni el Ministerio de Sanidad ni las comunidades autónomas. 

"La telemedicina aplicada a la urgencia es algo que se tiene que valorar y estudiar. Puede haber algún caso o situación en la que puede ser útil, pero en general en urgencias hay que ver al paciente, tocarlo, explorarlo... No vale con una llamada telefónica. Se puede estudiar a futuro, pero de momento no lo veo", declara a RTVE.es Pascual Piñera, vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES).* 


Mientras leía la noticia no dejaba de acordarme de la película de Mankiewicz, del debate sobre dos formas de entender la medicina, la que supone que tratas con seres humanos y la trata con cuerpos. Las reivindicaciones que el mundo sanitario pone sobre la mesa van más allá de las cuestiones salariales; hay también una reivindicación del trato y de la relación médico-paciente, es decir, entre dos seres humanos.

La relación médico paciente, tal como se plantea hoy puede ser de distintos tipos: a) entre dos seres humanos, cara a cara; b) entre dos seres humanos mediados por una máquina, no presencial; c) entre una máquina asistida por una inteligencia artificial y un paciente que introduce sus datos, que serán analizados por el robot. En estas tres situaciones posibles hay diversas variables, como el tiempo de atención, las condiciones reales, los lugares en que se realiza, la estructura de niveles atencionales, los reenvíos a especialistas, los análisis solicitados, etc.


Antes de la pandemia, ya había serios problemas en la sanidad pública. La llegada del COVID-19 tensó las relaciones y nos mostró un abanico de situaciones y compromisos. Las imágenes de la gente saliendo a aplaudir a los sanitarios se entremezclaban con los episodios en los que se amenazaba al personal sanitario en sus propias casas porque no los querían por vecinos, en episodios de histeria colectiva. En muchas ocasiones los sanitarios dijeron que no querían "aplausos", sino mejoras de las condiciones de trabajo.

Tenemos un muy buen sector médico sanitario; exportamos a Europa y al mundo nuestros buenos médicos y demás trabajadores del sector, que tienen mejores sueldos y mejor consideración social.

Han denunciado el aumento de agresiones a médicos por parte de familiares de pacientes. Estos casos son los efectos colaterales de la mala situación producida por burocracias y poco personal, por tener pacientes en pasillos o en su casa porque no pueden ser atendidos.

La deshumanización de la medicina ya está en el filme de Mankiewicz, pero ahora lo está por falta de recursos y por el horizonte dedicado a esa "telemedicina" que se nos pretende vender como un logro, cuando no es más que una forma de abaratamiento y de explotación laboral. No hace falta desplazarse, se nos dice, cuando se está dejando sin asistencia médica (entre otras muchas cosas) a miles de pueblos españoles porque no es "rentable".

España es un país cada vez más envejecido, cuyo horizonte es triste por desatención y reducción de costes. Las personas de la tercera edad son vistas como una materia prima para múltiples negocios cuyos resultado hemos visto con las muertes en las residencias de mayores en la pandemia, algo que se pide que se siga investigando y que se resisten a realizar. Más allá de posibles indemnizaciones está la visibilización del mercantilismo alrededor de lo más abundante, los viejos.

La telemedicina no puede ser la panacea porque supone, como en el filme, confundir personas con cuerpos. Los efectos de esto son nuestros tristes récords, por ejemplo, en el consumo de ansiolíticos, que no curan nada, pero sí nos entontecen lo suficiente como para no pensar en lo que nos pasa.

La felicidad que se nos promete con la teleasistencia será muy parecida. Las quejas del personal sanitario es clara: eso no es atención, hace falta exploración del cuerpo y, para muchos, la comunicación con la persona. La pantalla permite la comunicación, pero está condicionada a la propia exploración. Cuando se haya llegado a ese nivel, llegará el tercero: la introducción de datos y el diagnóstico de esas aplicaciones, dotadas de capacidad de procesamiento, que les permitirá emitir un primer (¿y por qué no más?) diagnóstico.

Se nos habla cada día de chatbots capaces de conversar con las personas (¿en qué queda el Test de Turing?). No hay problema en que esa conversación sea para recabar información sobre nuestros cuerpos (o mentes), lo suficiente como para expresar un diagnóstico y emitir una receta. Las estadísticas nos decían (lo vimos aquí) que esas bases de datos emisoras de diagnóstico eran más eficaces que los propios médicos, que producían menos errores. Siempre hay argumentos para sustituir a los médicos.

En el texto de RTVE.es se nos dan los datos del 2021, año de pandemia:

Más allá de la urgencia, el uso de la telemedicina se ha extendido en todas las regiones españolas durante los últimos tres años, fundamentalmente en su modalidad telefónica, para atender especialidades como pediatría, ginecología, psiquiatría o dermatología; un alto porcentaje de cuyas consultas no requiere presencialidad. También para atender aquellas patologías en las que la imagen es fundamental, como neurología, teleictus o radiología.

Tomando los últimos datos disponibles, referentes a 2021, algo más de la mitad de las consultas realizadas en España (52%) se hicieron de forma telemática. Catorce provincias atendieron a más del 60% de sus pacientes por teléfono, entre las que destacan Valladolid, Gipuzkoa y Palencia, todas por encima del 65%. En el extremo opuesto se encuentran Baleares, Badajoz y Cáceres, con apenas un 4% de consultas atendidas a distancia. Ceuta, Melilla y La Rioja no realizaron consultas de este tipo o no han aportado datos.*

 Las enormes diferencias entre unas comunidades y otras tiene su explicación probablemente al margen de la salud, centradas en la escasez de población, su edad y algún otro factor, como en caso de Baleares, del turismo residente y su complicación para la comunicación online.

En la España envejecida, vaciada, etc. se producen la atención a distancia porque no hay medios de transportes para los ancianos residentes, con problemas dobles de movilidad; y las grandes concentraciones, donde el problema es exactamente el contrario. En unos la telemedicina ahorra el desplazamiento, en otros descongestiona las consultas y servicios sanitarios. En todas partes se ahorra.

Me viene a la memoria que mi padre era reacio a ir al médico, por lo que era mi madre quien iba a ver al médico de cabecera a contarle los síntomas paternos para desesperación del facultativo que, gracias a Dios, le conocía y poseía información suficiente como para no producir un desastre. Era otra forma de "teleasistencia", esta vez a petición del paciente. No sé si en las Facultades de Medicina se ha incorporado ya al programa docente esta forma de interpretar a los pacientes por una pantalla o a interpretar un cuestionario (el cuestionario es el futuro en muchos campos). Puede ser que ellos mismos estén ya, como otros, tele-estudiando, en cuyo caso estamos ya todos dentro del pastel. Un "cadáver" en 3D, manipulable para comprender el cuerpo humano puede ser la experiencia que tengan nuestros estudiantes. Al fin y al cabo, puede que algunos de ellos estén contentos con sentarse ante una pantalla, donde explorarán la imagen y las palabras de sus virtuales pacientes. Nos lo venderán como modernidad, como el futuro. Si el Dr. Praetorius, el de la película de Joseph L. Mankiewicz, viviera hoy vería que ha perdido su batalla, que ya no se trata de la distinción entre "la persona" y "el cuerpo", sino entre la persona y su imagen en una pantalla; que él mismo ha sido sustituido por un programa informático que procesa los datos del paciente y emite un diagnóstico. A esto mucho los llaman "futuro", pero no hay garantías de que el futuro sea "mejor", un concepto confuso, no mensurable, que es sustituido por "más barato" y "eficiente", como relación entre costes y objetivos cumplidos.

Un artículo de la misma RTVE.es, traducido de medios lituanos, nos dice que los británicos están yendo a Lituania a ser atendidos. ¿Acabaremos igual?

* Samuel A. Pilar y Jaime Gutiérrez "Telemedicina más allá del teléfono: el futuro que adelantó la pandemia levanta recelos en pacientes y sanitarios" RTVE.es 1/02/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230201/teleasistencia-sanitaria-espana-radiografia-sanidad/2415358.shtml