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domingo, 9 de abril de 2023

Bromas aparte

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Por algún extraño motivo ha crecido el número de personas que se creen graciosas. Quizá la falta de seriedad en un mundo trivial se compense con ese aumento de los chistosos, graciosos, etc., máxime ahora que se puede vivir de ello.

La proliferación de pantallas de todo tipo y la escasez de empleo ha fomentado el deseo de vivir del ingenio, un mundo muy competitivo y exigente, con fecha de entrega de las gracias a los que las esperan con impaciencia.

Nuestras cadenas nacionales necesitan de chistosos. No están dispuestos a pagar mucho, pero si alguno funciona, le ponen un canal y hasta dos. Parece que la gente no le pierde el gusto y se aficionan a ellos, que se repiten hasta el aburrimiento. Imitan otros formatos de fuera, pero eso ya da igual. Todos somos ya un poquito de fuera y pongan ustedes las fronteras donde quieran, en Europa, América o el planeta. Decimos que el humor no tiene fronteras, pero no es cierto. Nada tiene tantas fronteras como el humor. Y no siempre son geográfico-culturales.

Una de las claves de la proliferación de estos programas es la económica; los programas de bromas son baratos y cada vez más carismáticos, lo que traducido quiere decir que se centran en el chistoso o pareja de chistosos. Este se acaba moviendo con soltura y desparpajo, como Pedro por su casa chistosa. Ellos son el centro. Mayoritariamente son "ellos", pero ahora parece haber cierta disposición a superar la brecha de género y que se amplié a ellas. Hay mucho que explorar, aunque por ahora no se encuentre mucho y haya cierto mimetismo pasado por filtro. Démosle tiempo al tiempo.

Hay un género que parece tener éxito o ser muy barato. Lo practican nuestras televisiones con profusión. Se trata básicamente de recuperar imágenes de hace veinte, treinta o cuarenta años y reírte de los que salen. Yo apuesto a que es muy barato, porque no consigo verle la gracia. A lo mejor los más jóvenes se la encuentra, pero yo no. Será porque eso forma parte de mi vida pasada y me hago mayor. Este tipo de programa, además de barato, es muy didáctico. Tiene un principio general sobre el que todo gira: las generaciones anteriores eran idiotas. 

Te ríes de cómo bailaban, de cómo vestían, de cómo cantaban, de cómo llevaba el pelo... en fin, de todo. Pones unas imágenes y te dedicas a hacer comentarios chistosos. El pasado, por supuesto, es casi inagotable en términos de memoria. Supongo que dentro de veinte, treinta o cuarenta años ser reirán de lo que hacemos hoy con las mismas ganas. Es cuestión de tiempo. Justo castigo.

Los medios de hoy nos traen el momento de gloria del que ha conseguido hacer reír a unos e indignarse a otros. Para muchos esa es la cumbre. Que te odien, desprecien, insulten... da cierta categoría o, al menos, eso nos gusta pensar. Son dos por uno, te ríes y te odian. En España, ambos dan prestigio, cierto caché.

Como está en casi todos los medios —no lo he visto hoy en La Vanguardia—, no tardo mucho en describirlo: una parodia (¿es una parodia o solo una burla?) en la que un señor se disfraza de la Virgen del Rocío y suelta barbaridades. Lo hace en plena Semana Santa para tener un público más receptivo, vamos a decir así. La provocación religiosa lleva tiempo bien vista, especialmente si se aplica a otros espacios. Eso quiere decir que se hace en la televisión catalana, pero pensando en la andaluza.

Nuestro sentido religioso es regional; no es la Virgen, sino la Virgen de mi pueblo. Como todos tienen su imagen son fácilmente parodiables y a algunos les hace mucha gracia, siempre que no les toquen lo suyo.

El hecho es que, por ahora, ya han intervenido la autoridades andaluzas exigiendo una disculpa, algo que ya han dicho no piensan hacer. Eso sería reconocer un error o que se han pasado y antes cortarse una mano que dar un paso atrás. Así se calienta la cosa y se hace que dure. Los chistosos se frotan las manos. Con un sketch han conseguido irritar, enfadar, hacer protestar, etc. ¡Qué rentable les ha salido!

Las autoridades andaluzas han apelado a los millones de andaluces e hijos de andaluces que hay en Cataluña y que se habrán sentido ofendidos por el numerito de marras. Pero eso no parece motivarles mucho. Ahora las autoridades catalanas están, como todas, a lo suyo, preocupadas por votos y procesamientos, por alianzas y compromisos. Si ven que eso del voto interno peligra, harán los cálculos de lo que se gana y se pierde y decidirán.

Pero los autores —a los que no pienso mencionar— se han salido con la suya. Están ya casi a la altura de Ana Obregón, en todas las portadas, aunque esto previsiblemente no llegará a tanto. ¡A ver si hay suerte y se enfadan algunos más!

La Vanguardia, en cambio, nos cuenta un caso en Estados Unidos de una broma llevada al extremo:

El youtuber Tanner Cook fue tiroteado el pasado domingo durante una broma en el centro comercial Dulles Town Center de Sterling, en el estado de Virginia. El incidente ha suscitado un gran revuelo, y su familia ha recibido acoso y amenazas.

Cook, que gestiona el canal Classified Goons en YouTube, es conocido por publicar arriesgadas bromas pesadas a desconocidos a los que pilla desprevenidos. El joven estaba gastando una broma relacionada con Google Translate cuando Alan Colie, que en ese momento trabajaba para DoorDash, le disparó.

 Según la detective Katie Mitchell, de la oficina del sheriff del condado de Loudoun, Colie había dicho repetidamente a Cook que le dejara en paz antes de disparar. Sin embargo, el youtuber no cejó en su empeño de gastar la broma. Posteriormente, fue trasladado al hospital para ser operado, llegando a extirparle la vesícula biliar. Desde allí, pese a todo, aseguró que seguiría en la misma línea y que no iba a dejar de gastar bromas. 

¡Ay, el peligro de las armas! ¡Las bromas las carga el diablo!

No sé si La Vanguardia ha decidido no irritar a nadie con el caso de TV3 y en cambio ha decidido mostrar a sus lectores los peligros de pasarse de chistoso, aunque sea en otro lugar del mundo. Tengo mis dudas.

Sé que la tiranía de las audiencias es muy cruel, muchas veces hasta sangrienta, pero creo que los tiempos no están para bromas, al menos para este tipo de bromas. Pero, claro, habrán pensado los autores, sino hay sentimiento religioso que ofender no tiene gracia porque no hay reacción. Esperemos que este hecho no despierte un fervor religioso a la contra, es decir, le dé a alguien por empezar a gastar bromas con la Virgen de Montserrat y la liemos.

En estos tiempos triviales y de trabajos a tiempo parcial, de contratos raros con los que se supone que trabajas pero estás en casa esperando bastantes meses al año, la gente tiene tiempo para estas cosas, para las bromas, para meter el dedo en el ojo. Hay gente que gasta ciertas bromas porque sabe que hay mal ambiente y reírse es un acto contra alguien. Religión, bromas sobre los desfavorecidos, otros pueblos o costumbres, etc. son formas de encubrir una especie de superioridad que a algunos hace bien. Por eso los verdaderos humoristas son los que son capaces de dejar al desnudo a los suyos y no a los demás, que es lo fácil. Pero cada uno da de sí lo que puede.

¿Populismo bromista? ¿Bromas populistas? ¿Simples ganas de molestar? Puede ser. Pero no es buen camino, ni para echarse unas risas. 

* Héctor Valdés "Disparan a un youtuber por hacer una broma pesada" La Vanguardia 9/04/2023 https://www.lavanguardia.com/cribeo/20230409/8884867/disparan-a-un-youtuber-por-hacer-una-broma-pesada-pmv.html

viernes, 13 de enero de 2023

Explotar las redes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"Explotar las redes". Esa es la expresión que se repite en los medios. No, no es ningún descubrimiento importante, como signos de vida extraterrestre, algo relacionado con nuestro "eslabón perdido" o algo sobre qué había antes del Big Bang; tampoco es sobre nuevas curas de enfermedades imposibles o, peor, que en España los políticos han dejado de pelearse. No. Se trata de que Shakira ha sacado una canción —en un telediario de ayer el presentador nos insistía en que escucháramos la letra con atención— en la que lanza "dardos" a su ex, un futbolista que se acaba de retirar y sobre el que existen algunas dudas económicas y organizativas, según nos han ido contando en estos últimos tiempos. Sí, todo esto, nos dicen los titulares, ha hecho "explotar las redes".

La expresión es una metáfora de algo que se me acaba de escapar por la ambigüedad que toda metáfora tiene al salirse de la enunciación directa. Pero, como ya nos advirtió, Nietzsche, fabricamos metáforas y se nos olvida que lo son. En realidad es lo que ocurre, las redes explotan y son explotadas. Son el negocio del siglo XXI. Cada vez que "explota una red", la red es explotada y alguien se beneficia de ello. En este caso, por ejemplo, la canción se convierte en beneficioso espectáculo de la condenada por evasión de impuestos. Esperemos que al menos Hacienda —que somos todos los españoles— se beneficie de este escandaloso —hay un perfume que se llama Scandal!— drama privado para multitudes al que se le ha puesto letra y música. Afortunadamente, esperemos, que al ex no le dé por cantar y que solo se le den bien los negocios y las patadas a los balones, terrenos en los que cometía alguna que otra falta.

Explotan las redes, sí, y a algunos la cabeza, pues te vas impacientando viendo noticia tras noticia del evento incendiario, que no llega la información sobre lo que ocurre en Brasil, la corrupción en el Parlamento Europeo e incluso el caso "¿qué pasa con Harry?", que combina ambos terrenos, una vez muerta la reina que, afortunadamente, no llegó a leer el otro caso que hace explotar las redes con pingües beneficios. No sé cómo hemos podido vivir sin saber que a Harry le pegaba su hermano mayor, algo que pasa en todas las familias, pero no con el mismo sentido, claro.

Confieso que la primera vez que me colaron la letra de Shakira en un telediario no entendía nada de esa letra mientras trataba de encontrar el mando y largarme a la programación infantil, que es la única que solo tiene personajes reales y no como nuestros informativos, llenos de muñecos y ficciones.

Copiándose unos a otros en su sangrienta competición por las audiencias y las redes, que son dos caras en distintas monedas, los informativos se degradan. Dejan cada vez más sitio a todos estas ficciones parlantes cuya trascendencia es nula con la excepción de sus cuentas bancarias. Pero da igual. Mientras haya "explosiones" hay "vida informativa", late el corazón de las pantallas, las de los televisores, los ordenadores y teléfonos. Y late con ritmo, con letras tontas, con indirectas directísimas que se lanzan moviendo frenéticamente las caderas.

Los medios hacen caso a las redes (están que echan chispas, que explotan, que arden, nos dicen en socorridas metáforas incendiarias) y las redes hacen caso a los medios difundiendo sus clips, retuiteando sus palabras, cargándolos de "likes" hasta rebosar.

Hemos creado una fauna específica para ser consumida a través de las redes. Los medios tradicionales (la TV, la prensa, la radio...) se han fusionado en un espacio multimediático, uno donde cabe todo, donde es más barato reproducir que producir, donde el éxito no es lo original sino la repetición inagotable, recurrente.

A nadie le preocupa los efectos mentales de todo esto... mientras dé beneficios. Tenemos parejas que se pelean y se reconcilian en dudosas historias con mediocres guionistas. ¿Es verdadera —se preguntan— su ruptura? Pero la "verdad" y lo "verdadero" ya no es lo que era antes. Aquello tan solemne de las películas de "levante la mano derecha: jura usted..." hoy no se hace sobre una Biblia, sino sobre un teléfono que lo retransmite.

Hemos tenido que crear en los propios medios formas de verificación de las noticias por la abundancia de falsas noticias, las famosas "fakes". ¿Pero qué pasa con esas otras "no noticias" multitudinarias, las que hacen "explotar las redes"? Todavía no se ha encontrado un antídoto. Tampoco se ha buscado.

La vida puede ser un buen guion o un mal guion. Decía Edgar Morin, en ese libro de memorias que ha sacado a sus cien años, que la vida es imprevisible, que está llena de azar de la cuna a la tumba. Es la confirmación de que lo que aparece cada vez más en los medios no es la "vida", sino un simulacro, como señalaba Edgar Morin. 

Hemos dejado de preguntarnos por la esencia y solo nos importa la apariencia, lo que puede ser deglutido y vomitado como en una bien organizada orgía romana. Sí, el mundo de la información está siendo consumido por el del espectáculo formando un híbrido de difícil frontera, sin posible muro trumpista que lo detenga (¡y que lo paguen ellos!), sin test ni PCR, donde saltan la valla cada día todos estos personajes y personajillos cuya esencia determina el público que explota y es explotado. ¿Qué hay más allá de las apariencias? La nada, la oscuridad, es decir, el anonimato, la plebe que mira un teléfono en el metro, en el autobús; mientras pasea a los niños, que baja las escaleras mecánicas con su smartphone, que se pasa de estación en un despiste; en parejas que ya no se miran a los ojos sino que miran sus pantallas, seres de pulgares degastados y ojos irritados.

El problema es que todo esto educa y mal educa. Se ha convertido en una generación crecida en un agujero que se traga todo y lo devuelve convertido en colorines, dramas y pitorreo. Son tonterías elevadas a la máxima categoría, la de un titular al inicio de un telediario en la hora de máxima audiencia. 

Pero la celebridad estelar es dura y requiere un intenso trabajo, ya que puedes ser desplazado por alguien con letras de canciones con doble sentido, una nariz nueva o un embarazo inesperado seguido de un parto feliz. Estos seres viven y sufren delante de la pantalla, que no es el espejo del alma, sino aquello que da sentido a su guion y a su cuenta corriente, si hay suerte. Es el mundo que prefiere el "mundanal ruido", que escribía el poeta; un mundo al que el silencio agobia, deprime y destruye. ¡Vade retro!

Entre todo esto, asfixiados por el olor —que afortunadamente las cámaras todavía no captan— quedan algunos buenos periodistas que ven cómo se recorta su tiempo, el de su reportajes, el de su análisis, para poder meter más canción que haga explotar las redes. Mi admiración y condolencias para ellos. Sé lo que sufren.

Ya no se da la información que necesitan, sino la que quieren, un cambio que afecta en forma de descenso hacia la trivialidad. Antes los buenos profesionales, los medios con profesionalidad, era capaces de seleccionar qué era lo básico que un lector o un espectador debía saber para estar eso que se llamaba "bien informado". Hoy eso se ha perdido y la información importante se esconde detrás de cosas triviales, sin trascendencia alguna o, peor, de cosas triviales que se han vuelto transcendentales para millones de personas.

Veo con intensa emoción como Tamara F. se va a casar en el mismo castillo que sirve de escenario a una serie de televisión que se estrena y se presume exitosa. Es la búsqueda del refuerzo, el escándalo o la gloria de unos sirve de alimento a los otros y viceversa. ¡Qué mayor fusión de fantasía y pseudo realidad que compartir en tu mente recalentada los episodios de la serie mientras derramas lagrimitas sentidas por la boda! ¡Qué mayor emoción que acordarte de la boda cuando veas la serie!

A la intensa emoción de la canción polémica cuya letra no nos podemos perder, se le suma ahora la polémica si es un plagio o no. ¡Plagio en esta época seriada, multiplicada, traducida! ¿Hay algo auténtico? ¿Estaba en el guion o no? Si es plagio, le han dado nueva vida al plagiado, pues seremos arrastrados para resolver si lo es no no? Así este esta nueva vida que explota en todas las dimensiones de la palabra, de explosiva a explotadora.


¡Cuánta razón tenía MacLuhan cuando nos percibía como pueblerinos en la "aldea global"! Paletos globales dispuestos a exclamar ¡cuánta agua! ante la vista del mar informativo. Robinson y Viernes chateando cada uno desde su rinconcito en la isla en mitad de la nada. ¡Y la nave va!

 

jueves, 23 de junio de 2022

Las claves de José Luis Balbín

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La muerte de José Luis Balbín es un paso más en la desaparición de una forma de entender el Periodismo que hoy se nos muestra desaparecida entre la turbulencia y truculencia de ese ente amorfo, pero cuantificable, que es el mundo de las redes sociales. Había un mundo antes de esto y existió un punto de ruptura en lo que podía ser un espacio de convivencia e intercambio que elevase los niveles de participación ciudadana, de creatividad, difusión cultural, etc., pero el mundo cacofónico en el que vivimos hoy son otros los intereses.

Balbín saltó a la fama televisiva cuando se convirtió en el director de un programa, La Clave, que rompió moldes en una España monótona, recién salida de la dictadura y deseosa de saber, de profundizar en las cuestiones mediante el debate. La fórmula era sencilla, pero novedosa y con enganche. Balbín y su equipo elegían un tema candente, reunían a un grupo variado de personas relacionadas con el tema seleccionado y elegían una película conectada con el tema a tratar que permitía que el debate comenzara sobre las cuestiones cinematográficas para irse deslizando hacia la realidad del momento. La estructura del programa era sencilla: una presentación del tema y los invitados, la proyección de la película y un largo e intenso debate. Creo que era el programa más largo de Televisión Española entonces.

La fórmula fue un éxito basado en la buena elección de los temas, los invitados y las películas. Permitía profundizar en cuestiones que se nos escapaban entrando en los entresijos de las cuestiones mediante el debate, bien dirigido por el propio Balbín que introducía los temas a la vista del rumbo del debate. Balbín rompió muchas barreras dando voz a muchas personalidades entonces silenciadas que aparecían en el programa, introduciendo temas de interés y llevándolos a un nivel de debate intenso.

El fallecimiento de José Luis Balbín es una noticia triste que nos lleva a ver las diferencias del Periodismo y lo que hoy se engloba bajo un genérico "comunicación", una situación que nos muestra la verdad de la teoría macluhaniana sobre cómo los medios modelan nuestra percepción del mundo y nuestra forma de relacionarnos con los otros.

La paradoja es que la aparente libertad que nos da la llamada "horizontalidad" de los medios nos está llevando a una manipulación constante, a una presencia creciente de la "noticias falsas" y a una trivialización cultural, algo lejos del compromiso ilustrado y liberador que tuvieron proyectos como el de Balbín. Basta con hacer desde la memoria un repaso por las propuestas actuales, empeñadas en seguir los modelos de las redes sociales, sus "tendencias", con proliferación de las fórmulas de ingenio frente a las de aumento del conocimiento en un sentido amplio del término para comprenderlo. Nunca habían sido los medios (un campo ampliado por la convergencia) un factor de empobrecimiento como lo están siendo hoy en día empeñados en competir en el mismo terreno que las redes, dominadas por la nueva tribu de la "comunicación", los influencers, YouTubers y demás. Son una respuesta de los poderes a la pérdida de influencia de los medios tradicionales ante la constitución de un espacio nuevo de interacciones diferentes en las que la forma de construir lazos es otra.

Cabe preguntarse ¿fue José Luis Balbín alguna clase de influencer? Es obvio que los medios influyen en las personas, que tienen sus propias agendas, etc. Pero era la propia conciencia del periodista el que proponía fórmulas dentro de una línea definida por la mejora de las audiencias, como era obvio en un programa como La Clave.

El fraccionamiento por crecimiento mediático, el hecho de que una persona desde su casa y con un teléfono y un par de focos pueda tener millones de seguidores es algo que no ocurría entonces. Hoy la lucha por las audiencias es feroz en un mundo en el que el pastel de la atención se divide ante múltiples ofertas. El problema es de la voluntad, de qué se quiere transmitir a los demás. Es el triunfo del ingenio ante el genio, de lo llamativo frente a la profundidad.

Balbín era un periodista con vocación transformadora de su audiencia, con un sentido claro del valor de lo informativo y de lo formativo, de la novedad y de lo trascendente. Sabía y mostraba que lo que ocurre es algo complejo, resultado de las fuerzas, muchas de ellas desconocidas. Aprovechó el medio televisivo, que le daba tiempo, para superar el mal tradicional del Periodismo, la condena a la concisión, a centrarse en un punto y no poder desarrollar con mayor profundidad lo que define la realidad en niveles que van más allá de lo meramente informativo. Balbín apostó por la Televisión porque la televisión de entonces le permitió un programa de más de cuatro horas, que obligaba al espectador a irse a la cama ya avanzada la madrugada.

La última noticia que tuvimos de José Luis Balbín fue la polémica por el uso en RTVE del término "La clave" para un programa "heredero" del que él creó. Él lo consideró un proyecto personal, como realmente fue.

Con su fallecimiento se pierde una figura clave en el desarrollo del periodismo televisivo español. Hay muchos ejemplos pasados de cosas mal hechas, pero La Clave fue un programa bien diseñado, bien dirigido, con metas claras y positivas para las audiencias. Eran otros tiempos, muy distintos a los actuales. La sensación de que todo el conocimiento está a un clic elude que es el cerebro el que mueve ese dedo para que acceda a la información, que aunque toda la información esté ahí el deseo de llegar a ella está cada vez más diluido. En los tiempos de La Clave, había pocos medios y poco acceso a tanta información, pero el deseo de poder escuchar, de informarse era mucho mayor que el actual, en el que se arrastra un presente saturado de información pero con poca densidad. Hoy es la información la que nos busca a nosotros, lo que produce esa sensación de estar muy informados, cuando lo que estamos es bombardeados con los flujos diseñados para atraernos.

Hoy prolifera la literatura sobre cómo ser "influencer" de éxito; hay muy poca literatura sobre las virtudes necesarias para el buen Periodismo, del que ya nos quedan estos ejemplos del pasado y los que el presente nos permite descubrir entre el humo de los exitosos. Creo que las Facultades de Periodismo están fallando, corriendo y enseñando a correr tras la atención y el éxito mediático en vez de enseñar a mirar el mundo de forma responsable y comprometida, formar para poder comprenderlo y ayudar a explicar de forma clara su complejidad. El porcentaje de aquellos que quieren hacer un periodismo real, ha descendido cuando es más necesario que nunca. Afortunadamente siempre tenemos ejemplos que nos animan a seguir en la línea del compromiso informativo frente al mero entretenimiento llamativo.

Balbín hacía lo contrario, no se preguntaba sobre lo que nos gustaba, sino sobre lo que necesitábamos saber como ciudadanos, nos gustara o no. La Clave era la ocasión de poder profundizar reflexivamente, escuchando a las personas que estaban en esos problemas y que podían ofrecer su opiniones sobre las que después nosotros valorábamos tras el debate. En una España salida de una etapa poco dialogante Balbín impuso el debate como fórmula de aprendizaje, enseñando a escucharse. Fueron casi diez años de diálogos constructivos. Hoy, en que pocos se escuchan, estamos muy lejos de estos niveles.

Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia. El problema somos nosotros, a los que se nos satisface desde el halago, que vivimos satisfechos con lo que se nos da o nos dejamos llevar. Ya no buscamos "claves", nos contentamos con lo que se nos dice desde un lado u otro.

sábado, 24 de abril de 2021

Julie y los otros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Ayer visité con Julie la casa de Jean Cocteau, tal como hace unos días lo hice con la de Zola o con las cuevas donde François Rabelais tenía su especial relación con el vino y la comida. ¡Ah, qué interesante recorrido! Con Julie Andrieu recorro Francia, región a región, viendo como personas normales, aficionadas a la cultura, reproducen la gastronomía de sus lugares o platos que aparecen en diarios de los escritores o en sus obras más conocidas.

Puede que algunos piensen que no les interesa saber cuál era el plato favorito del querido Émile Zola. ¡Ah, pero para eso tienen, en el mismo horario, las noticias, los informativos televisivos, algún concurso y una colección de celebridades ingeniosas dispuestas a sacarle punta a todo, que no se pierda un chascarrillo!

Julie Andrieu es mi refugio transcurridos los dos o tres minutos primeros de los noticiario, en los que he visto que se sigue pinchando (aunque cada día con una vacuna y a una edad) o esperando vacunas, que los políticos siguen discutiendo, insultándose entre ellos (y a la inteligencia del que lo ve), el tiempo que hará (y que nos repetirán al final)... y poco más.

Julie es inteligente, culta y muy buena comunicadora. Es la mejor embajadora audiovisual de Francia. Su programa (uno de ellos) Las recetas de Julie te gusta aunque no te guste cocinar, aunque no encuentres en tu mercado muchos de los productos de la tierra que, lógicamente, son de las tierras de Francia.



Vemos decenas de programas de gastronomía cada día en las múltiples cadenas que mi aparato me suministra. Las más variadas propuestas: de competencia generacional (un joven y una señora madura compitiendo), uno que se autolimita con cronómetro a realizar su plato, otro que lo hace por menos de una cantidad... Luego están los modelos competitivos a lo Master Chef de todas las edades y circunstancias...

Pero nada de todo esto es comparable al programa de Julie. Sentados virtualmente junto a ella en su coche rojo, llamado familiarmente "Michelín", un personaje más, vamos de un sitio a otro viendo personas y platos, visitamos castillos y granjas. Allí se encuentra con el agricultor que saca de la tierra su producto y nos enseña a prepararlo; visitamos los mercados de la zona, donde se consiguen los productos más destacados que servirán después para esa comida final en la que se reúnen para llevar cada uno su plato, la comida final En ella se han materializado los platos previos, que van llegando en las manos de sus autores. Es un escenario real —la casa de Zola o Cocteau—, nada de plató televisivo.



Julie es mi alternativa elegante al mal gusto y estilo de la vida política española, a la agresividad zafia con que se nos inunda cada día, a los pseudo artistas, a los mal hablados. Julie Andrieu y sus recetas me sumergen en un ambiente cultural y social. La gente es amable porque no tiene motivos para dejar de serlo. Son educados porque consideran que la mala educación es mala educación y no falso democratismo populista. Tendrán sus rencillas, porque son humanos, pero su educación —del sencillo campesino a la presidenta del Club de fans de Jean Cocteau— no consiste en ir por la vida dándose pote, sino sabiendo estar en cada lugar de la mejor forma posible. Vivir es convivir; hablar es dialogar.



Julie recomienda viajar, visitar los lugares vinculados a los genios de la cultura francesa, lo hace porque hay amantes de la obra de Cocteau, Zola, Rabelais, etc. que viven un turismo gastronómico y cultural. No recomienda un restaurante especial, sino visitar las zonas, consumir los productos —a ser posible franceses, como suele decir— y leer, leer a esos autores a los que promociona sin beneficio editorial alguno. Es amor al país, amor a las letras, amor a la comida y amor al amor a como se cuida la comida, un espacio de encuentro en el que disfrutar de sabores y conversación, de espacios y recuerdos.



A un simple clic del mando me espera un mundo que cada vez me carga más. Es el ascenso de la mala educación, el triunfo de la incultura, la ignorancia triunfante, malentendida como lengua del pueblo.

Julie es un oasis francés; es un cinco tenedores de la mente, un estado del alma que pasa por la vista, el oído y el estómago virtual. Julie es el anti divismo que se pone el delantal y echa una mano en la cocina. No intenta quedar por encima de nadie. Una sencilla señora de uno de sus últimos programas le decía a la vendedora de su mercado cuando compraba los ingredientes: "¡Son para cocinar para el programa de Julie!" Y Julie sabe que para entrar en tantos hogares como visita hay que ser discreta, sencilla y educada. Ahora recorre Francia, pero ha recorrido el mundo y se ha agachado a recoger arroz en Vietnam o ha conversado junto a un cerdo sobre su alimentación con la misma naturalidad con que se mueve por la casa de Cezanne.



En algún momento del día, de la mañana a la noche, habrá tiempo de informarse, concepto que ha pasado a ser de una enorme ambigüedad. Peleas, conflictos, desgracias, nuevas olas, inquietantes subidas de las cifras de los contagios, palabras tranquilizadoras en donde la cuarta ola es menor que la esperada, una "olita" (como he llegado a escuchar); allí espera el fútbol que se queja, el turismo que se queja, la cultura que se queja, la gastronomía que se queja, la poliédrica oposición que se queja, el gobierno que tranquiliza; unos que afirman, otros que desmienten, otros que dicen no entender a unos y otros.

Julie recorre la geografía francesa. Allí no hay elecciones madrileñas, no hay trifulcas ni rifirrafes. Es un mundo real e ideal. Pero hasta para hacer ese mundo hay que tener buen gusto, cierto sentido de la convivencia y de la colaboración, que es lo que representa esa comida final donde cada uno lleva un plato y los disfrutan todos. Yo, recién salido de nuestras noticias, no puede dejar de emocionarme. ¡La gente se sienta alrededor de una mesa y disfruta!



No es un tópico la educación francesa. Aunque haya una sola Julie Andrieu, todos los demás salen de los pueblos y veo con cierta envidia el contraste y lo que ha hecho nuestra consagración de la mala educación como virtud democrática desde los años ochenta, manifiesta en casi todo, confundida con el populismo, con el cultivo de la brutalidad desnuda, del verbo ofensivo constante, de la incapacidad de muchos de expresarse sin parecer barriobajeros. La cultura y su valor tratan de eso, de saber convivir educadamente, no de pasar exámenes y olvidar después lo aprendido o de no necesitarlo nunca por inútil. ¡Ay!, tenemos que sentarnos a hablar de "cultura", de la de verdad, antes que sea demasiado tarde.



Pese a algún que otro meritorio intento en algún canal, lo cierto es que vivimos rodeados de zafiedad. Es polución grave, cambio climático de la mente por el que no se preocupa nadie. Apenas circula cultura por nuestras arterias nacionales. Y a lo que llamamos "cultura", desde hace muchos años, tiene muy poco que ver con la verdadera cultura. Necesitamos más visión de conjunto, un pensamiento más amplio que nos aleje de esto, pero no aparece en el horizonte de los llamados "responsables".



Quizá haya que empezar a pensar seriamente que los verdaderos "responsables" somos nosotros, que hemos dejado en manos de personas a las que les importan otras cosas mucho más que la cultura, el poder o el dinero, satisfacer ambiciones y narcisismo, cubrir su ignorancia galopante. Quizá por eso se están dando en la sociedad movimientos de supervivencia cultural, desde pequeñas editoriales a clubes de lectura, de cinefórum a pequeñas representaciones teatrales. Pero esto es poco, rodeados como estamos de grandes molinos de viento como la política o el deporte, verdaderos negocios en cualquier sentido que se mire.


Así que cuando mi capacidad de resistir se desborda, abandono a los otros y me fugo al mundo de Julie, viajo con ella por la Francia de los fogones y castillos, de las coles, las berzas, y los guisos; la veo amasar, pelar, hervir, sazonar, oler las hierbas aromáticas que le traen. La veo compartir con desconocidos lo que cada uno ha aportado alrededor de esa mesa cambiante, de casa en casa, programa tras programa. Considero que mi exposición heroica a la realidad o ficción mediática española ha sido suficiente y me dejo llevar en su descapotable rojo por los caminos de Francia, los de Balzac, Baudelaire, Moliere, Zola, Cocteau, Rabelais... mostrados por personas que los mantienen vivos a través de la gastronomía, de sus platos favoritos, humanizados. No sé si Dios está entre los fogones, pero sí sé que la cultura habita también entre ellos cuando está en las mentes y corazones, más allá de los libros de texto. En Francia, país republicano, la llaman en las portadas "la reina" de la cocina, pero es algo más.

Siempre nos quedará Julie, un pequeño oasis.





lunes, 19 de abril de 2021

¿Por qué nos tienen que importar personajes que no importan a nadie?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La crisis de la pandemia es la crisis de muchas otras cosas, unas importantes —el empleo, sectores enteros paralizados, muertes...— pero también lo es de los medios, aburridos de tanta mascarilla y suspensión, de tanto pinchazo en el hombro y bastoncillo en las narices, de expertos que nos regañan y vacunas que unos días llegan y otros se quedan Dios sabe dónde, de trombos de unas y otras.

Ante este exceso de uniformidad, caída de la tarta publicitaria por la crisis de muchas empresas y el parón del consumo, algunos medios dan otra vuelta de tuerca. Piden a sus profesionales que le saquen más partido a lo que tienen, que generen más ruido y que atraigan la atención como sea.

Este "como sea" tienen muchas fórmulas que van de resaltar los exabruptos de la campaña electoral madrileña, llevándolos a primera plana, por un lado, a buscarse la vida debajo de los felpudos y rebuscando en las bolsas de basura. En este segundo caso incluyó a lo que se está haciendo aireando la miseria y desvaríos de un Miguel Bose.



El caso plantea muchos interrogantes, pero da igual. Es un filón dosificado para poder posteriormente crucificarlo públicamente, una carroña que se echa a los buitres y cuervos.

No tengo el más mínimo interés en escuchar sus tonterías por diversos motivos. El primero y más evidente es que es pura bazofia en un momento en el que la información sobre la pandemia exige claridad y buena comunicación. Esto no es periodismo; es simplemente una exhibición controlada de un desvarío para beneficio de gente con pocos escrúpulos. Los medios titulan hoy llamándolo "negacionista" —"abiertamente negacionista"— y resaltando que se niega a enfrentarse a un científico. Es una forma repulsiva de intentar apagar el fuego después de haberlo prendido. ¿Qué científico con escrúpulos se atrevería a "debatir" con tan patético interlocutor? ¿Es una broma?

Me dan pena los buenos profesionales que se ven obligados a reproducir en sus cadenas el "filón" informativo para llevar a la audiencia hacía ese mundo decrépito y oportunista que se nos ofrece como primicia.



Desde hace ya unas cuantas décadas, el mundo audiovisual español empezó una competencia cutre y amoral, creando un universo paralelo de figuras de cartón piedra, para el consumo social. Coincidió con la fragmentación del público y la entrada de la competencia entre cadenas por conseguir sobrevivir. Tenemos muchas más televisiones de las que podemos mantener. La buena televisión es cara, son muchas horas y, especialmente en el caso de la información, cuesta mantener una estructura sólida.



De una televisión única, con dos cadenas, se pasó a una estructura autonómica a la que se superponen las cadenas abiertas privadas y los  canales de pago, con una amplia oferta, de casi todo. Los canales internacionales nos ofrecen información, de la CNN a Al-Jazeera, de la BBC a France24, simplemente con desplazarnos por el dial. Toda una serie de dispositivos, del teléfono al ordenador, nos ofrecen competencia informativa y de entretenimiento que hacen que la TV se convierta en un espacio problemático para su supervivencia.

Frente a esto, la respuesta española fue fabricar programas baratos creando un espacio prolongado basado en la atención morbosa por las vidas pintorescas de toreros, tonadilleras, cantantes, ex futbolistas, concursantes y una productiva figura, los "hijosde", categoría que permitía a las familias hablar unos de otros, pelearse en público, declarar sobre sus amores, odios, desacuerdos y trifulcas. Todo esto ocupaba mañana enteras, tardes enteras; se convirtió en un Olimpo a la española en el que estos personajes mostraban a un público embrutecido sus vergüenzas, si las tuvieran. Te pagan bien y a las televisiones les sale barato teniendo en cuenta las horas que le sacan al día.

Cuando se denuncian estas circunstancias, hacen de la polémica su propia publicidad. Criticarlos conlleva darles más espacio, pues se vive de las polémicas, ya sean internas o exteriores. El problema actual es que están ampliando sus horizontes hacia temas más serios de lo que es habitual. Es un nuevo peligro que sale a la escena cuando se trata de ver el mundo y sus problemas a través de sus mirada. Ver la pandemia a través de Bosé es una línea roja en una situación crítica que, por supuesto, será sobrepasada con nuevos protagonistas. La crisis es fuerte y ellos tienen su público.



Con estos personajillos se creó otra casta, la de sus Homeros. Ser experto en seres huecos, marionetas mediáticas, que se pelean para nuestro solaz, que se reconcilian para que derramemos lágrimas por ellos, ha creado un cierto caché. Algunos de estos gacetilleros —me resisto a llamarlos "periodistas"— llevan viviendo décadas de los que han dicho unos y respondido otros, de mentiras y desmentidos, de fuentes fiables y difamadoras. Son ya unos clásicos, que se resisten a ser reemplazados después de tantos años.

En otros países, las fórmulas fueron del tipo las Kardashian, que han llegado a ser ricas rentabilizando sus shows y creando un imperio en ciertos campos, de la ropa al maquillaje. Pero nuestros cutres protagonistas no dan tanto de sí. Son una creación de los medios y se limitan a la exhibición de ellos mismos porque solo hay eso, lo que se ve.

Pero la aventura con Bosé va más lejos en su osadía y en su excusa. Los muertos por la pandemia, los profesionales que luchan cada día contra ella, no se merecen este monumento mediático a la ignorancia osada. No se merece ni el hueco para desmentirlo pues su opinión no debería haber salido del salón de su casa. Nadie debería haberse eco de ella porque es irrelevante y peligrosa.



Pero un país embrutecido por el efecto de este tipo de programación piramidal, del que han desaparecido los programas sobre libros y cultural, del que ha desaparecido el teatro, la Ciencia... y se nos ha llenado de cotilleo, deportes, gastronomía, visitas turísticas y programas chistoso-informativos, programas donde uno o varios se dedican a sus demostraciones de ingenio, reídas por el público presente y suponemos que por el ausente... ya no discrimina lo valioso de lo aparente, la inteligencia de lo ocurrente.

El problema es que llevamos muchos años así y los efectos sobre las generaciones nuevas son reales. Sus efectos han salido de los espacios habituales en estas prácticas y se han ido contagiando a otros espacios en los que es importante que existan otros comportamientos, que se pueda ver clara la diferencia. Pero la degradación cultural es un hecho por lo que es posible que todo esto se expanda.

La crisis cultural es un hecho y todo esto son síntomas por más que los ignoremos o, peor, les saquemos provecho. La atracción de lo intrascendente, la elevación a los altares de la frivolidad y la ignorancia son un mal síntoma. ¿Por qué nos deben importar estos personajillos? Quizá porque son el material básico de una industria que sigue devorando la realidad y fabricándola a la medida de su rentabilidad. El medio es el mensaje; el beneficio de unos y en entontecimiento de otros, el resultado.



viernes, 26 de marzo de 2021

La disculpa de Jay Leno por sus chistes racistas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El célebre showman norteamericano Jay Leno se encuentra hoy en toda la prensa de su país. The New York Times le dedica un artículo con el titular "Jay Leno Apologizes for Years of Anti-Asian Jokes". Los chistes anti asiáticos parece que han sido un "clásico" de sus shows. Y ahora tiene que disculparse por ellos.

Es interesante preguntarse por cómo los Estados Unidos, un país hecho por inmigrantes a costa de meter en reservas a los nativos, se jerarquizó de forma despectiva en forma tan intensa. Podríamos decir que la independencia colonial no significó mucho a estos efectos racistas, que trasladó las jerarquías al interior creando unas escalas donde el "blanco genuino" se reservaba a unos pocos países europeos de origen mientras que el resto se "clasificaba" como ocupantes de segunda, tercera y cuarta. nadie habla del "germano americano" Donald Trump, norteamericano de segunda generación, pero sí se habla de "afro americanos" o "asiáticos americanos", de "hispanos" o latinos" en los que el "americano" va implícito por el origen continental. Hay dos colores, el blanco puro y los llamados "gentes de coloro", forma clasificatoria que establece posteriores jerarquías.

Las respuestas al racismo han sido parciales en gran medida, donde las vidas "importan" a cada comunidad, que parecía no solidarizarse mucho con los demás "colores", un tema que no se ha tratado mucho, lo que podríamos llamar "relativismo racista" donde solo es fijo el "blanco" como "no-color", que se distancia de todos los demás.

Ahora, Jay Leno, una importante figura de los medios norteamericanos pide disculpas por sus "chistes asiáticos", que habría que saber si tienen como objetivo una genérica "Asia" o se dividen por países, es decir, de "chinos", "japoneses", "vietnamitas", "coreanos"... países que, según las circunstancias históricas han sido objetivo directo.



El chiste busca la complicidad del público, al que se induce a ocupar una posición como receptor. La risa confirma que el punto se ha ocupado. Hay chistes racistas, machistas, clasistas... Buscan precisamente reforzar el punto de vista creando un marco de aceptación por parte del receptor.

Hace muchos años que explicaba a mis alumnos lo que implicaba reírse con un chiste machista o racista. Es una forma de aceptación en la que el humor, que suele esconder crueldad y violencia contra alguien, busca que ocupes ese espacio de complicidad. Los chistes sobre asiáticos no han sido inocentes antes ni después, como los machistas o racistas, ya sean antisemitas o de cualquier otra diferencia.

El chiste necesita una tradición, una tendencia previa, más o menos manifiesta, que el que lo cuenta o escribe busca explorar confirmando su existencia. Esa tendencia es percibida como "normalidad" por quien lo acepta y eso hace que el chiste sea aceptado, pues casi siempre vuelca la violencia del estereotipo degradante sobre aquellos que tiene como objetivo.

Elegir una comunidad de ataque es importante para el funcionamiento. Su elección forma parte de una corriente de antipatía que se encuentra fomentada por motivos diversos.



La conexión entre los ataques de Donald Trump a China y el mantenimiento de la campaña por parte los medios norteamericano tiene mucho que ver con la reacción de Jay Leno que me imagino no desea ser confundido con un "trumpista" por sus chistes sobre "asiáticos".

Es también interesante el uso del término "asian americans" ya que se evita precisamente mostrar el lado "chino" de la cuestión. En realidad, creo que los chistes han tenido "pasaporte" específico. Lo tuvieron cuando la parte negativa era Japón. No fue durante la II Guerra Mundial, sino cuando Japón despegó económica y tecnológicamente y se convirtió en potencia mundial. Es entonces cuando se recrudecieron las ridiculizaciones de Japón a través de chistes y caricaturas, a través del retrato negativo en los medios. Hollywood ha sido especialmente intenso en esto, ya que es el mayor público masivo. Hollywood ha sido el mayor difusor de estereotipos y prejuicios raciales de la historia, en gran medida por su enorme potencial cultural, exportado a todo el mundo. Los ha aplicado a todos los países en los que se ha fijado. Siempre había la forma de definir la superioridad norteamericana, definida como "normalidad" y "rareza", "atraso" o exotismo de los otros, raramente descritos con justicia o simple realismo.

En estos momentos, Estados Unidos se encuentra con una fuerte reacción porque los ataques a China se han "simplificado" en la calle atacando físicamente a cualquier persona de rasgos orientales, convertidos en "chinos" aunque no hubieran pisado el país desde varias generaciones o, sencillamente, porque eran japoneses, coreanos o de cualquier otro país. Estas eran sutilezas que el racista no considera que les sean de interés.

La reacción inicial de diversas comunidades asiáticas consistió en tratar de convencer a los otros de que ellos "no eran chinos", pero ante la imposibilidad llegó la solidaridad de algunos que descubrieron que hoy les tocaba a los "chinos" y mañana les tocaría a ellos por cualquier capricho racista. Se extendió así una cierta solidaridad "continental", por decirlo así aunque con muchos matices. Con todo, aquí comentamos un artículo de una mujer coreana que rechazaba inicialmente ser tratada como "china" hasta que se dio cuenta del fondo del problema: el racismo puro, que se manifiesta con variables según los casos. Todas las formas de racismo son manifestaciones del sentido racista profundo que se dirige hacia unos focos según el momento. El racismo no es una cuestión del otro, es una cuestión de la mente que se considera superior y ve a los otros como inferiores. El racismo es un sentimiento de superioridad y desprecio que se puede aplicar a muchos según convenga.



Salir de él es un ejercicio que no todos están dispuestos a realizar porque es también una forma de manipulación al intensificar la pertenencia al grupo. Es una forma que hoy, en un mundo global y competitivo, puede ser muy rentable y lo es para muchos grupos que se basan en este sentimiento primario. Se puede disfrazar de forma más "política" o incluso "religiosa". Trump los movilizó todos para crear esa fuerte dependencia interna y satisfacer los impulsos de sus seguidores. Hitler hizo lo mismo azuzando el odio contra los judíos y le fue rentable.

El problema es si la división constante entre un "nosotros" y un "ellos" (ahora le ha tocado a Asia, en especial a China, ser "ellos") no está creando un cada vez más preocupante clima, no solo llevando al extremo la situación internacional en determinadas zonas, sino fomentando los propios "populismos" internos una de cuyas bazas es el nacionalismo junto con su compañera, la xenofobia. Por decirlo de una forma clara: estamos jugando con fuego.



Las disculpas de Jay Leno tienen un sentido hoy, en pleno conflicto, donde hay que ser responsable de cada palabra dicha en un medio porque estas tienen conscuencias reales. En The New York Times se señala:

 

Jay Leno, the longtime “Tonight Show” host, apologized for a history of making anti-Asian jokes, saying that at the time he “genuinely thought them to be harmless” but now hopes for forgiveness from Asian-Americans.

The comedian said in a joint statement with the Media Action Network for Asian Americans, a watchdog group that tracks anti-Asian comments and incidents in the media and entertainment industries, that he had an attitude at the time that “some group is always complaining about something, so don’t worry about it.” Whenever the show received a complaint, he said, the response was divided into two camps: “We need to deal with this” or “screw ’em if they can’t take a joke.”

“Too many times I sided with the latter even when in my heart I knew it was wrong,” Mr. Leno said. “That is why I am issuing this apology. I do not consider this particular case to be another example of cancel culture but a legitimate wrong that was done on my part.”

It was a recent realization. In 2019, Mr. Leno, who hosted “The Tonight Show” from 1992 to 2014, made an offensive anti-Asian joke while filming a commercial for “America’s Got Talent,” the actor and producer Gabrielle Union told Variety.

MANAA, the watchdog group, had complained for decades about Mr. Leno’s jokes that relied on stereotypes of Asians, to no avail. Rob Chan, the president of the group, said in the statement that he was “happy that Jay came around, and that we will be working together in the future.”*

 


Jay Leno sabía lo que hacía, no tengo muchas dudas sobre ello. Lo que no podía prever eran los resultados en un momento determinado, es decir, en medio de una enorme guerra comercial contra China reforzada por la fatalidad al coincidir con una pandemia que Trump llamó "virus chino" o haciendo un mal chiste "Kung Flu". Puede que el chiste fura malo, pero cumplía su función doble hacer sentir odio hacia China y justificar medidas, aplaudidas por sus seguidores y algunos más.

El problema de Biden ahora es que no es su estilo hacer los chistes de Trump, pero sí comparten los objetivos de cerco a China, como se está viendo a diario. Todo está conectado. Le será difícil frenar lo que Trump empezó y no ser acusado de usar las mismas técnicas. Trump necesitaba los chistes para sus "actuaciones" en directo, sus mítines, y para sus tuits. El chiste es un formato ideal para estos medios. Joe Biden no puede hacer lo mismo.



¿Es sincero Jay Leno? No lo sé. Tampoco tiene ya mucha importancia. Los estereotipos no se los lleva el tiempo, permanecen. Las disculpas, en cambio, por muy sinceras que sean, son pronto borradas por los viejos chistes que vuelven una y otra vez en forma de "memes" a través de las redes.

Estados Unidos descubre ahora que los ataques a China los acaban pagando sus ciudadanos de origen asiático con golpes, escupitajos, empujones en sus calles. ¿Cómo mantener los ataques contra China sin que esto ocurra? Esa es la pregunta del millón.

Los chistes y demás representaciones sociales negativas acaban siendo el abono del campo racista y este crece llegando a un punto incontrolado. Lo hemos visto con Trump y el aumento del racismo con presencia de supremacistas, KKK y demás grupos de este corte.

Vender que todos tus males económicos provienen de China tiene sus consecuencias. Trump pensaba que los que asaltaron el Capitolio eran "buenos y pacíficos ciudadanos norteamericanos, respetuosos de la ley". Sabemos que eso es el principio. Golpear, quemar, burlarse, etc. pasan a ser actos patrióticos.



Esto funciona en todas partes, aquí y allí; los chistes los acaban pagando otros. No sé hasta qué punto Leno llegará a sus compañeros de los medios, a los que han contribuido a difundir los chistes que le escribían porque "funcionaban". Pero es algo que sí deberían plantearse los profesionales de todo el mundo, si contribuyen a hacer un mundo mejor o si, por el contrario, lo siembran con este tipo de elementos fáciles y rentables, pero profundamente peligrosos.

Leno dice que, en su interior, sabía que estaban mal. Lo malo es que las cámaras, por ahora, no entran en el "interior" de las personas. Se limitan a recoger su voces, gestos, historias y chistes. En cualquier caso, es mejor que se arrepienta si así se siente mejor. Puede que alguien le siga. ¿Quién sabe? Solo por eso, valdría la pena.

 


"Jay Leno Apologizes for Years of Anti-Asian Jokes" The New York Times 25/03/2021 https://www.nytimes.com/2021/03/25/arts/television/jay-leno-apology.html