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sábado, 2 de julio de 2022

La ministra Darias sugiere, recomienda, pide

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Finalmente la ministra Darias ha pedido, sugerido, recomendado, etc. que nos pongamos las mascarillas. Ya los "semáforos" y demás formas de descriptores manejables al gusto son incapaces de mantener en la sombra los hechos: el coronavirus crece a pasos agigantados. Las recomendaciones de la ministra son preocupantes porque se hacen antes del verano, es decir, cuando deberíamos haber bajado la incidencia para poder mandar a la gente a contagiarse a playas y festivos varios. El hecho de que esto sea el "punto bajo" teóricamente preocupa por lo que podemos encontrarnos en septiembre, a la vuelta del verano y comienzo de las clases. Trabajo y clases son dos grandes puntos de concentración en los que escuchas a la gente decir que ya todo ha pasado y que en septiembre se "volverá a la normalidad". Es el efecto de la política de silencio, de la mala comunicación, pensando más en las consecuencias políticas y económicas —sobre todo en las primeras— que en las sanitarias.

Ahora RTVE.es nos da ya el titular "Darias recomienda usar la mascarilla ante el aumento de la incidencia de COVID-19". En él leemos:

La ministra de Sanidad, Carolina Darias, ha recomendado este viernes usar la mascarilla y mantener otras medidas de prevención de contagios ante el aumento de la incidencia de coronavirus. Ha insistido, además, en la importancia de vacunarse con la dosis de refuerzo. 

España registra cerca de mil casos de COVID-19 por cada 100.000 habitantes en los mayores de 60 años, según el último informe del Ministerio publicado este viernes. La tendencia es alza: son 241 puntos más que hace una semana. 

Darias ha explicado que el incremento se debe a los nuevos sublinajes de ómicron que han aparecido, BA.4 y BA.5. "Sabemos por otros países, como Portugal, que estamos ante sublinajes de ómicron que tienen una mayor transmisibilidad, pero una menor gravedad en relación con etapas anteriores", ha detallado. "En este tiempo hemos aprendido a mantener el virus a raya".*


Es difícil que se dé un mensaje en una sola dirección. Aquí, por ejemplo, se pide que se mantengan medidas mientras se alienta en la dirección contraria quitándole gravedad a los contagios. De esta forma, el político dice una cosa y la contraria. Decir que se transmite mucho pero que es menos "grave"; decir que "mantenemos al virus a raya", pero que hace falta que todo el mundo se ponga la cuarta dosis.

Esta es la forma en la que un ministerio "político" de Sanidad manda mensajes: todo crece, pero lo mantenemos a raya. Nunca pasa nada, todo va bien. Con esto último es con lo que se queda el que no quiere tomar medidas y, peor, resta fuerza a la lucha que se da en la calle, en cada puesto de trabajo.

No sé si los ministros y demás políticos viven tan aislados de la realidad que no se han dado cuenta que cada medida que toman supone un debate real en los momentos de la convivencia, que cinco personas en una sala deben decidir si se abre una ventana o si se lleva la más carilla, que tenemos gente en los trenes que no las usan y miran desafiantes a los que le dirigen la mirada y se mantienen distantes de ellos. Quitar importancia l virus es inclinar la balanza hacia los que rechazan las medidas, a los que tienen que pasar los vigilantes del tren para que se pongan las mascarillas.

Animados por las medidas que se retiran no están dispuestos a volver a las medidas de seguridad. Por eso decíamos aquí hace unos días el peligro de usar en los medios el término "pos-pandemia" para referirse al momento actual. Es algo a lo que se agarran los que no quieren estar en condiciones de vigilancia y prevención. Es muy peligroso que ese pequeño tanto por ciento se considere autorizado en su desafío por las palabras de alegría de los políticos.

Lo cierto es lo que nos decía un experto consultado en un medio televisivo hace unos días: el virus no se ha ido nunca, siempre ha estado y está ahí, entre nosotros. Las metáforas con las que interpretamos la vida pueden ser engañosas y hacernos actuar de forma equivocada. Lo hemos repetido hasta el aburrimiento: las olas las provocamos nosotros. No es que el virus venga; es que nosotros vamos hacia él a través de nuestra propia proximidad favoreciendo su expansión.

Por lo que percibo, la vuelta del verano va a ser "negacionista"; mucha gente se ha convencido de que esto se ha terminado, por lo que el mensaje de Darias y del ministerio debería ser claro. Sin embargo, quién le pone el cascabel al gato, quién dice los datos que hoy no se nos dan, pues solo se nos habla de los mayores de 60 años.

En el artículo citado se señala respecto a la nueva dosis de vacuna para el otoño:

En su visita al Hospital Marqués de Valdecilla, en Santander, Darias ha replicado que será la Ponencia de Vacunas, que se reúne periódicamente, la que decida cuándo es el mejor momento . "Estaremos, como siempre, a la espera de nuevas propuestas de la Ponencia de Vacunas, para saber cuándo proceder en ese caso a la inoculación de los mayores de 80, de mayores en las residencias o cualquier otra posición que adopte la Ponencia", ha afirmado. 

Desde la Ponencia de Vacunas han declarado a TVE que la posibilidad está abierta: todo depende del porcentaje de ocupación de las UCI. De momento, el indicador está en riesgo bajo y, si sigue así, se esperará para poner la segunda dosis de refuerzo después del verano. 

El motivo es que es en otoño, "cuando se presupone que va a haber una mayor movilidad del virus" y puede que la protección de las vacunas esté "más debilitada", según ha concretado en el Telediario Amos García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología y miembro de la Ponencia.

Sin embargo, la presión en los hospitales cada vez es mayor. Hay 2.000 ingresos más que hace una semana y desde la Sociedad de Medicina Preventiva reclaman que se tomen medidas. "No podemos condicionar los resultados de la atención a que las UCI no estén llenas, tenemos que actuar antes", ha pedido su presidente, Rafael Ortí.*

El "actuar antes" es lo más sensato tanto por la vía de la vacunación como por la prevención. Pero si se retrasa la vacunación y se desatiende la prevención por parte de la gente que se considera "liberada" de obligaciones preventivas.

El argumento dado por Rafael Ortí — "No podemos condicionar los resultados de la atención a que las UCI no estén llenas, tenemos que actuar antes"— es palmario y muestra la profunda diferencia con la política seguida. La política de solo preocuparse cuando las UCI se llenan y los enfermos están por los pasillos es un tremendo error, por no decir otra cosa. Es una forma de desperdiciar recursos, de agotar al personal sanitario, harto ya; pero sobre todo es un enfoque que no va a acabar con el virus y, lo que es peor, tampoco va a desarrollar una política inteligente de convivencia con el COVID-19.

Por encima de cualquier otro tema, este es crucial porque nos está condicionando la vida a todos, incluso a los que no quieren que el coronavirus se la condicione. En vez de centrarse en cómo hacer que sea la población la que se enfrente al virus ya es la afectada, se toman "sectores" que se ven "afectados" económicamente.

El ejemplo más extremo de esto nos lo dio una fábrica de alimentos en Estados Unidos, donde se encerró a los trabajadores, forzando la convivencia de todos. Si alguien se contagiaba, se quedaba dentro. Lo importante era la fábrica y no las personas. Hemos tenido ejemplos de estos planteamientos "economicistas" frente a los sociales. Los tratamientos sociales de la enfermedad no tratan de aislar los grupos sino tratan de que los grupos aprendan a convivir cuidando la transmisión.

Toda la política que se ha seguido en estas fases últimas, aprovechando la menor gravedad por la vacunación (lo que nos ha salvado aunque no a todos), es intensificar la vida social mientras haya puestos libres en las UCI, camas libres en los hospitales. Pero este juego tiene dos límites: la debilitación del efecto protector de las vacunas y la aparición de nuevas variantes. Las dos aparecen en las razones dadas anteriormente. Las vacunas dejan de ser eficaces pasado cierto tiempo, por lo que iríamos a dosis periódicas de refuerzo; pero la aparición de variantes supone el éxito evolutivo de determinadas variantes, capaces de resistir y expandirse gracias a nuestras facilidades y confianza. Hay gente que manifiesta que no está dispuesta a más dosis, el terreno en el que siembran los antivacunas, que responsabilizan a las vacunas de cualquier circunstancia adversa

Por eso es esencial pensar en la batalla del día a día, la que se da en los sitios reales, donde personas reales se contagian de forma real. No se puede seguir pensando solo en los números y hay que empezar a pensar en cómo evitar que las personas se contagien, lo que solo se puede hacer reconociendo la realidad de la situación actual y la que espera previsiblemente en otoño cuando las alegrías veraniegas, para regocijo de los sectores involucrados, siempre exigentes, nos pasen factura.

El ejemplo de las protestas sectoriales por las suspensiones anteriores de viajes del IMSERSO, personas mayores de 65 años todas, deja claro lo que nos importa a cada uno en esto. Recurrieron a los tribunales para impedir quedarse sin "sus clientes". Tras distintos pasos por los juzgados, en Canarias7 se nos dice qué ocurrirá tras este verano en el que Darias nos ruega, recomienda o sugiere extremar las medidas y usar las mascarillas:

El Ministerio de Derechos Sociales ha decidido ampliar al máximo la oferta de los viajes subvencionados para mayores del Imserso de cara a la próxima temporada. En principio, va a poner a la venta en septiembre próximo 850.000 paquetes turísticos para este colectivo, lo que supone un crecimiento de los viajes superior al 60% con respecto a los de la temporada 2021-22. Es más, fuentes ministeriales señalaron que en el caso de que la demanda fuese superior al cupo inicial estarían dispuestos a ampliar la oferta.

El objetivo gubernamental con este fuerte impulso del programa es doble. Por un lado, satisfacer las enormes ganas de viajar de los mayores tras dos años de suspensión de los desplazamientos del Imserso, primero, y de reanudación con muchas limitaciones, después, provocadas en ambos casos por la pandemia del coronavirus. Por otro, ayudar al sector turístico y hostelero español, muy castigado por los confinamientos, y al sostenimiento del empleo en los meses de la temporada baja.

Los números que maneja el Imserso indican que su programa de viajes no solo sale del socavón de la pandemia sino que incluso superará los números de participantes previos a la plaga del coronavirus. La temporada que concluye a finales de este mes, la primera casi completa desde 2019, ha rozado ya la normalidad. Los altísimos índices de vacunación contra la covid entre los jubilados españoles y la implantación de protocolos de seguridad permitieron, sobre todo desde las navidades, que hasta medio millón de mayores viajase con el Imserso.**

La cuestión no puede estar más clara, dónde se ponen los objetivos. Que sea en el sector de edad especialmente vulnerable no parece preocupar y si hay más demanda de viajes, como se nos dice, se cubrirá. La oferta será bien recibida por clientes y por sectores que se vuelven cada vez más presionantes sobre los responsables de la organización de los viajes. No queda mucho para acabar la legislatura y todos tienen que estar contentos.

Veremos los números que el verano "pos pandémico" nos deja y cuáles son en otoño las expectativas para las personas que los viajes del IMSERSO usan para que el sector no flojee. Ese aumento de los viajes es otra señal más de lo que se quiere que se piense, que todo ha pasado. Desgraciadamente este sueño puede terminar mal para algunos; serán muchos o pocos, según lo que estime cada uno.

Hace mucho que nos vemos las campañas de recomendación, los carteles que piden extremar las medidas. No son conforme a las alegrías veraniegas que se nos presentan. Precisamente es lo que hace falta, no mandar más mensajes contradictorios y tener una línea clara con el centro en la salud de todos. Puede que no sirva para conseguir votos (lo vimos en Madrid con Díaz Ayuso, que sí los consiguió), pero es lo que debería ser la línea de un Ministerio de Sanidad, la salud de todos.

Hoy, en Canarias7

En un artículo publicado en marzo de este año en Gaceta Médica por Rafael Ortí, presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, titulado "Crónica de dos años de pandemia de COF", en el cierre del texto el autor se quejaba de lo poco que hemos aprendido:

Si algo nos ha enseñado esta pandemia es que no hay que dar nada por sentado. Aunque la sexta ola, la ómicron, nos haga cuestionar hasta la efectividad de las vacunas no es el momento de ser catastrofista. No podemos asumir que se han hecho las cosas bien, pero tampoco cuestionar todas las decisiones debido a la novedad, dificultad, inexperiencia y falta de preparación y legislación para combatir la pandemia.

En este contexto, el reto para 2022 es superar las deficiencias relatadas y saber aprovechar la experiencia y el aprendizaje para realizar cambios en el sistema de salud y de cuidado de la enfermedad (atención primaria y hospitalaria). En seguridad del paciente decimos que un error o un evento adverso es una oportunidad ya que aporta información clave para corregir las deficiencias observadas, para conseguir una mejora continua de la calidad asistencial y, en nuestro caso, de la salud pública española. 

El gran desafío es no seguir navegando a demanda de las olas sino parar un momento para atender las causas latentes del problema: el rediseño de la educación sanitaria infantil y del adulto en el país; la potenciación de la investigación específica y la formación especializada en medicina preventiva, salud pública y gestión sanitaria; la actualización de la Ley General de Salud Pública que debería dar respaldo legal y armonizar la aplicación de las medidas preventivas recomendadas; la distribución de recursos con un incremento importante de la proporción destinada a la prevención de la enfermedad y a la promoción de la salud; y la creación de un Centro Estatal de Salud Pública que aglutine los recursos necesarios en el ámbito estatal a la vez que tenga capacidad de actuación transversal a nivel del ámbito autonómico, para priorizar las actuaciones preventivas y de promoción de la salud. Un organismo autónomo o agencia independiente del poder político, con prestigio y autoridad ofrecida por la evidencia científica, trasparente para la población, … con una estructura descentralizada y en red que integre nodos autonómicos, nodos temáticos y nodos centinela basados en unos servicios de Medicina Preventiva de área sanitaria rediseñados para integrar recursos hospitalarios y de salud pública.***


Ya estamos ante una séptima ola, por seguir usando esta referencia. No parece que se hayan hecho muchos cambios donde se debía. Es cierto que esto introduce una enorme novedad en cada momento, pero eso, como bien señala Ortí, no sirve para los errores que se repiten, de los que no solo no aprendemos sino que los convertimos en "costumbre".

Toda esa necesidad de formación es parte de lo que hemos señalado, una política comunicativa constante y no los mensajes contradictorios de los ministerios compitiendo muchas veces por hacerse con el favor de aquellos que dependen de ellos. Nos veamos como nos veamos, somos un sistema interrelacionado y donde las frivolidades de unos repercuten sobre la salud de los otros. La constancia en la prevención es esencial y no este ejercicio intermitente de vigilancia cada vez más relajada.

La sugerencia que hacemos aquí es la de siempre y muy sencilla; siga manteniendo el control: distancia, mascarilla, ventilación e higiene. No hay otra hasta la siguiente dosis.

 * "Darias recomienda usar la mascarilla ante el aumento de la incidencia de COVID-19" RTVE.es 1/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220701/covid-sanidad-darias-mascarilla-incidencia-vacuna/2386243.shtml

** Alfonso Torices "El Imserso ofertará un 60% más de viajes a los mayores " Canarias 7  https://www.canarias7.es/sociedad/imserso-ofertara-viajes-20220606171309-ntrc.html

*** Rafael Ortí "Crónica de dos años de pandemia de COF" Gaceta Médica 28/03/2022 https://gacetamedica.com/mas/anuario/cronica-de-dos-anos-de-pandemia-de-cof/


sábado, 18 de junio de 2022

A vueltas con el nuevo repunte

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El aviso de la ministra Carolina Darias de que habrá cuarta dosis de vacunación anti covid-19 ha sido un anticipo de la noticia que nos llega el paralelo: la subida de la incidencia en los mayores de 60 años, la subida de los ingresos y la subida de las muertes. Lo acabamos de escuchar en RTVE.es y era de esperar tras el aviso de la ministra optimista. La dosis de refuerzo (tercer refuerzo) de la vacunación es la confirmación, por si hacía falta algo más que lo que se nos ha dicho responde más a las intenciones que a la realidad.

Los cambios en los datos, haciendo desaparecer a los menos de 60, renombrando situaciones, recalificando la gravedad, etc. no logran tapar la realidad: el virus sigue entre nosotros y hay que seguir tomando medidas y, sobre todo, tratar de mantener la conciencia en la gente para tratar de evitar lo que ha sido el rasgo definitorio de España, la subidas y bajadas para acomodarnos a nuestros calendarios nutricios del turismo, los festejos, el ocio (nocturno y diurno).

Las televisiones y la prensa se llenan de estallidos emocionados de júbilo cada vez que los costaleros del Rocío, los corredores de San Fermín, los cantaores de saetas, los celebradores de ligas, etc., es decir, todos los españoles, salen de nuevo a las calles con nuestro jolgorio habitual. ¡Por fin!, claman todos. Los rostros emocionados, las voces quebradas cantan el regreso a una ficticia normalidad, a una normalidad aparente que el acto mismo de la celebración crea. "¡Si podemos celebrarlo es que no hay bicho!! Es el razonamiento invertido. Creemos lo que queremos creer y lo que una industria del fuera de casa quiere que creamos. ¡Celebremos!

Pero la realidad nos vuelve a lo que se niega: siguen los contagios y con ellos nuevas variantes que hacen menos útil las vacunas recibidas. Aquello de la "inmunidad de rebaño" pasó a mejor vida cuando el rebaño veía que una persona vacunada y contagiada volvía a tener síntomas "compatibles con la enfermedad" (todo antes de decir que se ha vuelto a contagiar).

La novedad importante para nuestra economía festiva es que si te contagias los síntomas son menos graves gracias a la vacunación, lo cual es un detalle. Bueno, te puedes morir, pero eso es "mala suerte" como decía aquel especialista sobre entrar con mascarilla o no en el ascensor. Groso modo, las personas se pueden clasificar en 1) los que suben varios en el ascensor sin mascarilla; 2) los que suben con otros y se ponen la mascarillas; 3) los que esperan para subir solos; 4) los que se ponen la mascarilla incluso para subir solos; y 5) los que sube por la escalera con o sin mascarillas. Cada uno de ellos representa una forma de ver el mundo muy diferente y de pensar, por ello, en la pandemia de forma distinta.

En RTVE.es entrevistan a varios expertos con opiniones distintas porque se ha trasladado la diversidad política a la diversidad de opiniones sanitarias. Nadie quiere tener un experto, sino varios en pantalla. De esta forma, ante la duda, tenemos un amplio abanico de expertos. Cada uno que elija el que le parezca más simpático o le convenzan los razonamientos expresados. Nos señalan en la página de la cadena: 

España experimenta un nuevo repunte de COVID por dos subvariantes de ómicron: BA4 Y BA5. Son más transmisibles que las anteriores, que ya eran muy contagiosas. Se están imponiendo porque son capaces de saltarse la inmunidad. Sonia Zúñiga, viróloga del CSIC, ha señalado que "todo el mundo vacunado y que haya pasado la enfermedad va a estar bien protegido frente a la enfermedad severa pero no frente al contagio". En Madrid o Cataluña las dos subvariantes ya superan el 40% de los nuevos casos. Las autoridades sanitarias creen que van a ser dominantes en toda Europa.* 

Es en este contexto en el que Carolina Darias avisa que habrá que vacunarse. Siguiendo la pauta de la diversidad, se nos muestran a varias personas opinando: "Si hay que vacunarse, habrá que hacerlo" dice una fatalista buena ciudadana; "¡Con tres ya es suficiente, no hace falta una cuarta!", sentencia una díscola joven. Las rutinas informativas siguen preguntando al primero que pasa, a unos cuantos y luego se seleccionan tres o cuatro variados.

Para que la ministra del "ha llegado el tiempo de las sonrisas" que acabó volviendo todos a ponernos las mascarillas por el brutal repunte, diga que tendrá que vacunarse todo el mundo, las perspectivas deben ser muy malas. Una cosas es sonreír en pantalla y otra cosa encontrarte con un otoño desbordante, con los padres exigiendo medidas en los colegios ya en agosto, a los rectores preguntando qué hacen, con los empresarios que no viven del ocio quejándose de las bajas, la sanidad en pie de guerra por colapso, etc. y todo ello en un otoño de nervios a punto de estallar por la creciente inflación, los costes de la energía —la luz, el gas y la gasolina— que no logran hacer bajar, la amenaza de una huelga del transporte y la cercanía de unas elecciones en la que los socios se dirán finalmente que se odian responsabilizándose unos a otros de todo lo que ha fallado.

Si no gobernáramos a golpe de campaña mediática, las autoridades deberían haber establecido medidas prácticas y no convencer que ir sin mascarillas es un "logro", un triunfo político. Seguimos transmitiendo que cualquier medida es negativa y que se trata de evitarlas, cuando la realidad es que la modesta mascarilla (excepto las que permitieron que se ganara "pa' la saca" 6 millones de euros) es el enemigo y no la herramienta para evitar los contagios.

Nuestras olas son el resultado de jugar con los contagios y con la economía sin reconocerlo en una falsa dicotomía debido al peso del ocio en nuestro país. Hay una economía posible, una economía responsable de las vidas de las personas que junta.

El argumento de que como son más leves se puede "ignorar" y "asumir" el porcentaje de enfermos y muertes es realmente perverso. La obligación de proteger la salud pública es una prioridad de las autoridades.

El aviso de la variantes llega tras un periodo de silenciamiento de los casos que solo ha hecho creer (de nuevo) que solo es cosa de los mayores de 60 años. Esto hace que la incidencia acumulada esté por encima de 700 y que se haya producido el repunte de muertes e ingresos. Y estamos a principios de verano, de un verano en el que se nos anima a "recuperar lo perdido".

Seguimos sin saber los datos del resto de la población. Pero, por el anuncio de vacunas después del verano para todos, no deben ser demasiado buenos. Recordemos que en estos momentos nadie tiene obligación de hacer cuarentena, salvo que tengas síntomas fuertes puedes ir al trabajo, etc. La propia OMS ha señalado que la falta de datos es un problema para poder saber el estado real de la enfermedad en el mundo.

Afortunadamente, por motivos no siempre claros, somos uno de los países con mejores cifras de vacunación. Lo que está claro es que el virus muta, que se vuelve uno a contagiar una o varias veces, pese a estar vacunado. De ese porcentaje, los que fallecen empiezan a crecer de nuevo. Que las cifras sean diferentes a las de la primera ola, no debe hacernos olvidar que la mayor circulación del virus hace que mute y puedan llegar variantes muy peligrosas para las que las vacunas puedan no hacer nada.

Vivir con el virus no es olvidarse de que el virus está entre nosotros. Es más bien lo contrario, ser conscientes del peligro y no bajar las medidas, convivir con ellas en vez de ignorarlas. El "son más contagiosas pero menos graves" es un signo claro de las medidas para evitarlo. Lo de la mayor o menor gravedad dependerá de su organismo, de su estado de salud, de su resistencia; pero lo que es el contagio, depende de todos.

Antena 3 18/06/2022

* "Nuevo repunte de COVID por dos subvariantes de ómicron" RTVE.es 17/06/2022 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-2/repunte-covid-subvariantes-omicron/6629233/

jueves, 30 de diciembre de 2021

Justificaciones poco convincentes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada decisión supone asumir un riesgo y dar una explicación. Comprendemos los riesgos, pero son las explicaciones las que no son convincentes. Ayer se aprobó por la "parte política" la reducción de las cuarentenas. Conozco casos de personas que estaban de baja hasta el día 1 y que fueron llamadas esa misma tarde para decirles que se tenían que incorporar ya mismo. Las llamadas fueron realizadas sin esperar a apagar el televisor.

Esta vez se ha pasado de los expertos y los políticos han hecho prevalecer su opinión en el momento en que se anuncia esta misma mañana que tenemos más de cien mil contagios en un día y la incidencia está por encima de 1.500 por cada 100.000 habitantes. Que en el momento de máxima expansión se reduzca la cuarentena no es una buena señal, pero las explicaciones deben ser tales y no simples excusas. Creo que a estas alturas los valores de la sinceridad son importantes.

Escuchar a la ministra Darias decir que se hace porque lo hacen en países como los Estados Unidos, Reino Unido y otros es sencillamente deprimente y nos muestra el grado de pérdida que tiene su ministerio en esto de la pandemia. Las estrategias que se dan por buenas son las que han llevado al desastre de los dos países citados, para nada ejemplares. También preocupa que se comience a hablar de la estrategia israelí de dejar que todo el mundo se contagie, que fue precisamente por la que Boris Johnson tuvo que pedir perdón públicamente por los efectos causados.


Cada vez escuchamos más excusas antes que explicaciones de lo que realmente significan las medidas que se toman. Esta vez los expertos han sido claros en su planteamiento: decretar menos días de aislamiento sin saber cómo es el comportamiento del virus en los días finales, cuál es su capacidad de contagio en esos momentos, no es bueno. Los expertos ha dicho que reducir esos días sin realizar una prueba final que muestre el estado del infectado es un lanzamiento al vacío.

No hay otro interés tras esto que el económico, como se temía. Por eso es tan indecente el uso que la ministra ha hecho de los más esforzados: se hace —nos ha dicho— para evitar que nos quedemos sin los servicios fundamentales, como enfermeros, bomberos, policías, etc. Esto es jugar sucio, manipulación, algo que me imagino no habrá sentado nada bien a los afectados, que no solo se contagian sino que tienen menos tiempo para recuperarse.

Las bajas, si realmente le importan esos sectores, se compensan con más personal, ya que el estrés que padecen no se debe al COVID-19 sino a la falta de personal. La solución es menor recuperación y más riesgo de contagio a los compañeros. ¿Es más caro contratar más personal? ¡Por supuesto! Pero esto se acabará produciendo si sigue aumentando el nivel de los contagios, como todos dan por seguro. No le echen la culpa a la variante Ómicron, sino a esta forma "normalizada" de querer volver a lo mismo sin que hayan cambiado las condiciones de contagio.


Lo que Israel quiere hacer se está haciendo aquí de forma escondida, pues es el mismo efecto el que se busca o se encuentra, el del contagio masivo. La respuesta, desde la frialdad de la economía y los negocios, es que se contagien todos para encontrar esa mítica "inmunidad de rebaño", que muchos siguen pensando que es la solución cuando está sobradamente falsa en este caso. En primer lugar, nadie es "inmune", la gente se sigue contagiando tras la decadencia del poder de las vacunas, donde ya se está hablando de las cuartas dosis. En segundo lugar, no existe el "rebaño" en un mundo abierto y con unas enormes asimetrías entre países o continentes; el rebaño se convierte en un elemento "teórico" que choca con la ausencia de barreras de contención que lo delimiten. En un país que, como España, depende del turismo, la posibilidad de un cierre o de un contagio generalizado son remedios peores que las enfermedades mismas. Entre contagiarnos todos y que venga el turismo deseado existe una enorme contradicción. Cuantos más contagios, estamos en más listas de países poco recomendados para viajar. Peor todavía: nos llega un turismo, como ha ocurrido con Reino Unido, al que nadie quiere recibir por sus propias tasas de incidencia. Ellos, por su parte, encantados de que los recibamos con los brazos abiertos. Era el mismo razonamiento de los turistas franceses de fin de semana en Madrid: "Venimos aquí porque hacemos lo que no nos dejan hacer en nuestro país". Ser el chiringuito permisivo de Europa no es precisamente algo de lo que enorgullecerse por este camino.

Para compensar la imagen, la Comunidad de Madrid acaba de dejar en evidencia a su Consejero de Sanidad y ha decretado la prohibición de las macrofiestas de Fin de Año, mientras que mantiene las discotecas y otros locales de ocio con algunas restricciones. Se mantiene la despedida del año con 7.000 personas como aforo en la Puerta del Sol y sin "uvas".


El otro asunto es la cuestión escolar. Lo han dejado para más adelante, es decir, la semana que viene, cuando decidirán si regresan a los colegios. La primera idea va a mantener a los más jóvenes (por lo que suponen de freno a los padres, que deberían quedarse con ellos, con los problemas laborales que eso crea) y grupos alternados en los mayores, que podrían llegar a la universidad, me imagino.

Desde el principio, los ministros han tratado de evitar que se creyera que anteponían los motivos económicos a los sanitarios. Parece que va contra su imagen, aunque no contra sus principios. La imagen "protectora" del político que vela por nosotros no cas muy bien con la de quien atiende las demandas patronales sobre el personal laboral. En este sentido, me parece muy revelador que esto se haya hecho a la vez que la Reforma Laboral, otro motivo de disputa.


El camino que se sigue no tiene el aval de los expertos en salud ni el de los virólogos y epidemiólogos. Tendrá el aplauso de los políticos y economistas. La tesis de que hay que "combinar" salud y economía es ya una toma de posición. Pero lo que no se puede hacer creer a nadie es que con una reducción de la cuarentena, del aislamiento de los infectados, se va a combatir nada. Sí aumenta, por el contrario, el riesgo de que aumenten los contagios, como está ocurriendo. No hay nadie más ciego, dice el refrán, que el que no quiere ver.

Cuando aumentan los contagios, vuelven a recurrir a la idea de la inmunidad de rebaño, que empezó con un teórico "70%" de contagio de la población y ha seguido creciendo hasta que se ha visto inútil. Es un mal síntoma que vuelva a estar en portada porque dentro de poco estará en boca de la ministra justificando las cifras elevadísimas de contagios que todos auguran para dentro de 10-15 días.


Los sacrificios se soportan mejor cuando se ve un fin cercano. Pero esta situación es como vagones enganchados a una locomotora. No vemos el final del tren. Eso debería llevarnos a unas estrategias distintas a aquellas que fallaron cuando se hablaba de "nueva normalidad". Creo que es más sensata la sinceridad por delante, la explicación real de los hechos y las decisiones y no decir que se toman medidas porque otros países lo hacen. Una vez más, padecemos nuestro propio sistema dependiente de demasiadas variables externas y con muy poca capacidad real de decisión. Lo sorprendente es lo poco que se cuestiona la debilidad estructural y lo poco que se habla de reformas reales para que este tipo de situaciones tengan una repercusión menor. No me refiero solo a la Sanidad, donde se llevan muchos años reclamando, sino en otros sectores, de los laborales a los educativos, pasando por todos los demás. Todo se enfoca como "provisional" y hay miedo a realizar cambios. Pero la vida misma es provisionalidad y cambio. Lo peor de todo es la constatación de nuestra resistencia o incapacidad de evolucionar.

Pese a lo que dice el titular de RTVE.es, los expertos son claros: 

José Martínez Olmos, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, ha asegurado en los micrófonos de RNE que reducir las cuarentenas, desde el punto de vista de la difusión del virus, podría contribuir a un aumento de los contagios, por lo que esta medida no estaría justificada sanitariamente.

“Muchas personas que estando infectadas, incluso estando bien vacunadas, aunque no tengan síntomas, podrían estar contagiando en su entorno, con lo cual desde el punto de vista técnico sería una medida que no contribuye a disminuir la difusión comunitaria del virus. Solo se entiende desde el punto de vista de la mejor gestión de los servicios de salud, de la mejor gestión de las bajas laborales y del funcionamiento de las empresas", ha valorado.* 


Es lo suficientemente claro. Es una medida económica y política. No hay justificación desde el punto de vista sanitario. Que los políticos teman dar explicaciones sobre las decisiones de este tipo es revelador. Han usado a los expertos para justificarse; hoy han llegado al punto en que los expertos no les avalan. Por eso hay poca sinceridad en sus argumentos y solo el que otros países, los del modelo anglosajón, precisamente los más reacios a tomar medidas y a que se cumplan (todo depende del auto cuidado), lo plantean. Nuestro modelo laboral, afortunadamente, tiene poco que ver con el suyo, aunque parece que vamos hacia él.

 


* "Los expertos avalan reducir las cuarentenas pero "solo para circunstancias concretas"" RTVE.es 20/12/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211229/reducir-cuarentenas-solo-circunstancias-concretas/2245406.shtml

viernes, 3 de diciembre de 2021

La gloria vacunadora

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El empeño de la ministra Carolina Darias en que la vacuna no sea obligatoria es uno de tantos hechos, como la felicidad sin mascarillas, que se volverá contra ella. Pero Pedro Sánchez eligió sus piezas de recambio por su capacidad de ir contra sus propias declaraciones, es decir, poder ir con la misma sonrisa a una rueda de prensa a decir lo contrario de lo que se dijo un día antes. Quizá esta sea la nueva forma de "hacer política", no solo ir contra los hechos, sino ir contra uno mismo o, para ser más preciso, ir contra sus propias declaraciones.

Del ha llegado el tiempo de las sonrisas, con 40, hemos pasado al no hace falta la vacuna obligatoria, con un indicador de 234,03 por cada 100.000 habitantes, que son los que a día de hoy tenemos como promedio y con cifras muy superiores en determinadas Autonomías y poblaciones.


Antena 3 nos vuelve a mostrar la estrategia política de la ministra respecto a lo que son sus competencias: 

La ministra de Sanidad, Carolina Darias, descarta que la vacunación contra el coronavirus sea obligatoria en España porque la situación que presenta nuestro país es "absolutamente diferente" a la de los países que están empezando a implantar esta medida.

Darias ha expresado que "somos el país con mayor cobertura vacunal, no solamente de la Unión Europea sino del mundo, con cerca del 90% de los mayores de 12 años con vacunación completa. Estamos liderando también las dosis de refuerzo. Hay una altísima responsabilidad de los españoles, que entienden la vacunación no solo como un derecho sino incluso como una obligación, porque se protegen a ellos y también a los demás". Estas declaraciones las ha hecho tras el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, en Córdoba.* 

España, según Darias, es el país modelo. Lo malo es que el "absolutamente diferente" positivo se olvida del "absolutamente diferente" negativo, que también lo hemos vivido anteriormente. Es cierto que en España los antivacunas militantes no han tenido mucha presencia y efecto, pero sí que se había llegado a un punto muerto hasta que las circunstancias —no el gobierno— han vuelto a reactivar la necesidad de vacunarse. Fiestas, puentes, rebajas, celebraciones, etc. han empujado hacia la aguja, permitiendo que el gobierno no tenga que tomar medidas y presuma de espíritu nacional bajo su mandato.

La estrategia del gobierno central sigue siendo la de no legislar o, lo que viene a ser parecido, soltar los marrones a las Comunidades repitiendo esa maravillosa expresión de que "ellas tienen competencias suficientes" para imponer medidas.

Todos repiten lo mismo y hacen responsables a los demás. De ahí que el discurso político no ofrezca soluciones sino frustraciones. Nadie quiere asumir los riesgos o, para ser más fieles a la verdad, muy pocos lo hacen y tienen, me imagino, sus buenos motivos.


No deja de ser interesante que quienes se muestran más serios en estos asuntos sean las autoridades del País Vasco. La "seriedad" y la "responsabilidad" forman parte de la construcción de su propia imagen, tratando, claro, de distanciarse de los irresponsables gobiernos centrales españoles. Entre la independencia y el centralismo está la eficacia, que acaba calando en la población y estableciendo un sentimiento de que solo los vascos cuidan bien de los vascos. Desde esta perspectiva, no es de extrañar que hayan pedido a los tribunales que aprueben las medidas restrictivas de las que hoy mismo nos informa la prensa.

La vacuna no es obligatoria, pero sí se está imponiendo el uso del pasaporte, que sí queda en manos de las Comunidades. Esto es lo que realmente permite a la ministra Darias presumir que España es diferente y apuntarse los tantos del optimista. De ahí salen esos discursos que nos hacen derramar alguna lagrimita sobre lo buenos que somos los españoles, lo cumplidores y responsables.


La triste realidad es la que manifiestan los que son preguntados en las colas de los vacunómetros, ahora reactivados ante el temor de que se queden aislados. De esta forma, oficialmente nadie les obliga a vacunarse, pero sí tienen menos espacio físico y social para moverse.

Entiendo que lo importante es que la gente se vacune y que las razones son secundarias, importando estas poco a los virus. Pero me resulta chocante que la ministra presuma tanto de la gloria vacunadora como de una especie de victoria, que ella canta como gloria nacional.

"Si quieres viajar, te tienes que vacunar", dicen. "Si no te has vacunado no puedes entrar en ningún sitio", repiten. No hay gloria, solo aburrimiento y miedo a quedarse más solos que la una, algo que los animales gregarios tememos coma a la peste, aunque no al coronavirus.


RTVE resalta que "Solo la extrema derecha se niega a imponer la vacunación obligatoria" en Europa, también en los Estados Unidos, como sabemos. Pero aquí, en España, esto es muy confuso porque va por barrios. El gobierno no quiere oír hablar de obligación de vacunarse; y algunas comunidades no quieren oír hablar de pasaportes, como ocurre en Madrid. Confuso y oportunista.

Me parece muy valiente que Ángel Gabilondo, socialista y Defensor del Pueblo, haya dicho claramente que es partidario de la vacunación obligatoria. Así lo ha declarado a RNE y se recoge por Antena 3: 

"Yo no conozco que se haya declarado el derecho a contagiar. Por eso, entiendo que pueda abrirse un debate. Un debate sobre si una tiene, por respeto a su propio cuerpo, el derecho de contagiar a todo un vagón de metro". Son las palabras exactas con las que Ángel Gabilondo se ha manifestado en cuanto a la vacunación obligatoria.

El Defensor del Pueblo ya había expresando previamente que "el derecho individual no debe dañar a los más vulnerables" y se mostraba comprensivo con que se pueda obligar a los profesionales del sector sanitario o de las residencias a vacunarse contra el coronavirus. 


Esto es sensato y muestra que Gabilondo pertenece más a la "vieja política" que a "la nueva". Quizá sea simplemente porque su formación académica le indica cómo se debe comportar una persona desde la ética, que lo importante es la gente y no el poder. Creo que Gabilondo se ha ganado el respeto de mucha gente al margen de la política, algo que cada vez se valora menos en un mundo que niega el pan y la sal al otro, al que siempre se denigra y vilipendia.

Que haya tal entramado de intereses políticos en una cuestión tan crucial me parece deprimente. Tanto cálculo para obtener rendimiento electoral o personal no deja de ser una perversión.

 


* "Ángel Gabilondo, partidario de la vacunación obligatoria: "Entiendo que pueda abrirse un debate"" Antena 3 02/12/2021 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/angel-gabilondo-partidario-vacunacion-obligatoria-entiendo-que-pueda-abrirse-debate_2021120261a937ce454389000138b788.html

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Sin máscaras ni mascarillas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En español coloquial, "quitarse la máscara" significa mostrar las verdaderas intenciones, que dejan de estar ocultas. Es lo que acaba de hacer sanidad con la aprobación del nuevo "semáforo COVID" que ya mencionamos hace unos días y que, tras ser retirado por la oposición de ciertas Comunidades, ha sido aprobado hoy mismo por nuestro Ministerio de Sanidad, el Ministerio de la sonriente Carolina Darias, la mujer que anunció la "vuelta de la sonrisa".

Con esta aprobación queda claro qué es lo importante: el único valor que determina las acciones es el nivel de ocupación hospitalaria. Según este argumento, como estamos vacunados, enfermar es mucho más leve, no te mueres y no necesitas UCI. Esto está muy bien... a menos que te mueras y necesites UCI. En este hipotético caso, mientras haya hueco...



¿Cuál es la finalidad? Evidentemente no tocar las restricciones, aunque se nos diga, por parte de la ministra que el uso de la mascarilla sigue siendo obligatorio en interiores. No hay sonrisa interior. El problema es que cuando se pone un límite, se salta hasta el siguiente nivel. Si dejas de llevar la mascarilla fuera, un porcentaje dejará de usarla dentro. Es la norma de incumplimiento del siguiente nivel.

Nos explican en RTVE.es: 

"El cambio fundamental es que la incidencia tiene menos peso", ha explicado la secretaria de estado de Sanidad, Silvia Calzón, puesto que el aumento de casos ya no se traduce en un aumento de la presión hospitalaria, gracias a la vacunación. De este modo, el porcentaje de camas ocupadas en hospitales y unidades de cuidados intensivos por pacientes COVID será más relevante a la hora de definir el riesgo, según el documento aprobado por los técnicos de  Sanidad y las comunidades autónomas. Asimismo, se incluirá una tasa que recoja la proporción de población hospitalizada.*

 


¿Lo que está "enfermo", entonces, es el sistema sanitario? ¿Su "gravedad" es la que hay que aliviar y no la de las personas? ¿En qué queda entonces aquello de que los que no se vacunan ocupan unos porcentajes elevados de las UCI?

Nuestra ministra optimista, Carolina Darias señala: " La ministra Darias ha enfatizado la importancia de continuar con la estrategia de "vacunar, vacunar y vacunar".  "La clave está en seguir vacunando sin parar, vacunando a aquellos que no lo han hecho todavía y seguir con las dosis de refuerzo", ha dicho." Sin embargo, la realidad es que el estancamiento de las vacunaciones  en el 79% y unas décimas lleva mucho tiempo. Eso quiere decir que los antivacunas, como comentábamos aquí ayer, se han encastillado en ese 20% que va a ser muy difícil de reconquistar, pese al empeño de la ministra Darias.


Que sea la ocupación hospitalaria la que determine las medidas que hay que tomar es una aberración. Las medidas que hay que tomar son las que evitan los contagios, no dejar de tomar medidas mientras se pueda uno ocupar de los contagiados. Es una claudicación ante la economía y, por supuesto, ante los antivacunas.

¿En qué quedó aquello de la "inmunidad de rebaño"? Parece que el COVID-19 funciona de otro modo, quizá porque está tan extendido que ya no funcionan precisamente como "inmunidad" sino como variedad continuada en el tiempo gracias, entre otras cosas, a esos grupos irreductibles (los antivacunas, cada vez más violentos y organizados) y otras circunstancias como es el grado de mutabilidad del virus.


Nos dicen que el presidente apuesta por la estrategia de "mascarilla y vacunación", pero ¿y si no me vacuno y no me pongo la mascarilla? De nuevo tenemos un tipo de actitud demasiado optimista, especialmente cuando hemos llegado al topo de vacunación, según parece, y se avecinan malos tiempos para las mascarillas. Los expertos, también nos dicen, recomiendan la "persuasión" antes que la imposición, léase "vacunación obligatoria" y exigencia del pasaporte COVID. Ya nos han dicho algunos de nuestros políticos lo que opinan. Todos se han vuelto "seductores", es decir, no quieren perder popularidad.

Finalmente es el aspecto económico el que se busca favorecer habida cuenta de que la distancia social es improductiva. Juntos producimos; separados, no gastamos. Esa es la verdad sobre la que se cimentan todas estas idas y venidas que hoy quedan clarificadas con esta retirada de las máscaras.


Las reticencias de algunos se han vencido precisamente por la negociación de las medidas. Primero se aprueban los niveles; en una segunda tacada y a manos de las propias Autonomías, es decir, en función de sus economías y las temporadas que haya que salvar, se ajustarán las restricciones. Lo que ha hecho Sanidad es ampliar los márgenes para diluir el central, que es la incidencia. Es el dato, qué casualidad, que se sigue disparando cada día, hasta 132 hoy mismo. Hace unas semanas, la ministra sonreía, porque estábamos en 40. ¡Parece que fue ayer!


Mientras los titulares de la prensa lanzan la advertencia de la OMS de que este invierno puede haber del orden de 700.000 muertos por COVID solo en Europa —muertos, no en las UCI— , en España nuestro ministerio y asociados, juegan con los semáforos y las restricciones en un mundo irreal, cortoplacista y arriesgado. ¿Sigue creyendo el gobierno que el eliminar restricciones o subirlas a niveles más altos porque los "enfermos ya no van a las UCI"? ¿Va a forzar a los que no se quieren vacunar? ¿Quiere un espectáculo como el que vemos en las calles italiana, alemanas o francesas?

Vamos en la dirección contraria a lo que pasa y hacen en Europa. A este ritmo, van a tener que cambiar el semáforo muchas veces.


El "riesgo" no está en las UCI, está en las personas. Usted enferma. Podríamos quitar, por igual motivo, los indicadores de las carreteras porque hay muchas plazas en los hospitales y se puede asumir el "riesgo" de los accidentes. ¿Lógico, verdad?

Cuídese usted, porque está claro que los demás no van a hacerlo. Nadie quiere ser impopular. Mientras nos preguntemos "¿qué nos dejan hacer?", nuestra principal preocupación, y no "¿qué debemos hacer?", no habrá solución fácil.

 


* "Sanidad revisa el 'semáforo' COVID y los niveles de riesgo pero sin incluir restricciones" RTVE.es 23/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211123/sanidad-estudia-cerrar-interior-hosteleria-2300-riesgo-medio-presion-hospitalaria/2233002.shtml