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martes, 12 de julio de 2016

La mujer devaluada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer mismo, dentro de los Cursos de la Escuela de Verano Complutense, me habían pedido que interviniera en un curso sobre "Emprendizaje y Comunicación" sobre la situación de dos grupos, "mujeres" y "jóvenes", en Egipto tras el proceso de la Primavera Árabe. Ambos grupos, desengañados de la política oficial practicada, han emprendido sus propios caminos de desarrollo para alcanzar sus metas de realización y de intento de transformar la sociedad en sus propios ámbitos.
Los estudiantes del curso, en su totalidad latinoamericanos, se interesaron por el estado de Egipto y la zona. Egipto —pese a lo que los egipcios opinen— es un enorme desconocido fuera de sus fronteras, por lo que su compleja situación e historia reciente apenas llega más allá de hechos desconectados.
Uno de los aspectos que me interesaba destacar en la segunda parte de mi intervención son los logros que los dos grupos han realizado con su propio esfuerzo en el terreno del emprendimiento, la puesta en marcha de proyectos solidarios en los que, en una parte de una sociedad terriblemente desigual, indiferente en muchos casos a la pobreza y al abandono, trata de ayudar a solventar la desidia institucional y aliviar el sufrimiento de los grupos más vulnerables. Todo esto había que entenderlo, les propuse, en el marco de una sociedad en la que el sistema patriarcal supone la vertebración esencial.
Quizá se usa en demasía la idea de "patriarcado" sin profundizar en lo que realmente supone. Los grupos de mujeres y jóvenes son una contestación precisamente a la idea patriarcal de que los jóvenes y las mujeres, por serlo,  están sometidos a la autoridad de padre y marido. La diferencia entre los dos grupos es que de la "juventud" se sale, por lo que se podrá ocupar el puesto del patriarca llegado el momento, mientras que la mujer no tiene límite de edad y su dependencia es de por vida, primero del padre y después del marido y hasta del hijo.


Es conocido el discurso final de Hosni Mubarak en el que les decía a los egipcios que les hablaría como un padre habla a sus hijos e hijas. Fue un terrible error de percepción, pues eso era lo que muchos egipcios no querían escuchar de nuevo. Pero emergía oficialmente la figura del patriarca, de la misma manera que muchos egipcios le defendieron después de su caída señalando que era un "hombre mayor" al que "se le debía respeto".
El patriarcado es lo contrario de la democracia, que es un sistema igualitario. Todas las sociedades han surgido de los patriarcados y algunas han logrado deshacerse de ellos en su camino hacia la igualdad. La igualdad es un principio avanzado culturalmente; no se basa en ninguna evidencia natural, sino en el deseo de ser iguales. Los partidarios del patriarcado, por su parte, dicen mantener un sistema basado en una ley divina, según la cual, el hombre manda sobre la mujer y el padre sobre los hijos. Ese mandato debe ser respetado para evitar el desorden y el conflicto. Las hijas son consideradas formas de enlace con otras familias para mejorar la posición social del conjunto familiar.
Todas estas cuestiones se pusieron sobre la mesa en el curso y traté de mostrar los deseos de muchos egipcios y egipcias de que esto cambiara en una sociedad que había ido retrocediendo desde los años ochenta fruto de una "reislamización desde abajo" gracias a las corrientes —económicas y humanas— que llegaban de los países del Golfo, entre otros factores como la revolución iraní y la guerra de Afganistán.

2012

El tradicionalismo patriarcal se ha ido reforzando conforme las mujeres reivindicaban sus derechos. Egipto, escenario de los primeros avances del feminismo en el mundo árabe, con nombres y momentos históricos en su reivindicación de los derechos de las mujeres, se ve atacado por el tradicionalismo que controla los posibles logros de las mujeres. Por su parte, muchas de ellas se centran en buscar sus propios caminos, en extender la idea de derechos, ampliar la cultura, etc. a las que se encuentran en las peores condiciones. En este sentido, hay multitud de iniciativas loables, incansables en sus esfuerzos por mejorar la situación de las mujeres en una sociedad que es agresiva para las mujeres pero a la que se le llena la boca de declaraciones proteccionistas sobre la santidad de las mujeres. Ya en 2011, se publicaron artículos avisando de los peligros de los que decían tener a las mujeres en los más altos pedestales, que resultan ser prisiones patriarcales en la que se las encierra con la excusa protectora. Los hechos confirmaron esto.
El discurso oficial sigue diciendo que el golpe militar de 2013 fue una rectificación de los desvíos causados por la revolución de 2011, la del 25 de enero, la inserta en la Primavera Árabe. Pero el golpe de estado de El-Sisi no ha sido una cultura de la democracia, del igualitarismo democrático que se reclamaba, sino la reinstauración de un patriarca cuya aparición se considera providencial (con sueños proféticos incluidos) para evitar el caos que trajeron los revolucionarios. La alternativa no es más que el orden, representado por el estamento militar (la institución ordenada por excelencia, una de las tres máquinas humanas descritas por Mumford Lewis).


El-Sisi es una figura patriarcal prototípica, un padre que vela por sus hijos, pero al que muchos jóvenes y mujeres han dado la espalda por representar solo una versión modernizada del mismo principio autoritario que gobierna Egipto a través de los siglos. Los resultados electorales mostraban que los jóvenes se habían abstenido masivamente mostrando la falta de sintonía con el poder y sus maneras.
Las mujeres vuelven a ser de nuevo el sector más vulnerable. Las cifras de acoso sexual en Egipto son monstruosas y está considerado según los indicadores establecidos como uno de los países más agresivos con las mujeres. Mi sorpresa llegó ayer al ver la noticia que Ahram Online traía con el titular "Egyptian newspaper apologises for sexual harassment cartoon after social media backlash". Las noticias sobre el acoso sexual al término del Ramadán son ya tradicionales. La salida a la calle da lugar a nuevos acosos masivos:

Egyptian daily Al-Masry Al-Youm apologised on Sunday following a backlash on social media for a cartoon it had published on sexual harassment.
The cartoon shows a man proposing to a woman while asking her father to be thankful for the offer after “half of the young men in the neighbourhood sexually harassed her during Eid.”
The cartoon was slammed by activists online for what they said was the punishing of victims of sexual harassment.
In its apology, Al-Masry Al-Youm affirmed its "commitment to condemning this crime and fighting it by all means possible," adding that it rejects "stigmatising the victim."
Although a chronic problem in Egypt, sexual harassment and assault is more frequently reported during holiday seasons, when large crowds take to the streets. It typically surges during the three-day Eid holiday that marks the end of Ramadan.
“The cartoon attacks one of the most important achievements we have accomplished over the past years, which is that women can speak up without being afraid or ashamed,” wrote Dalia Abdel-Hameed, gender and women’s rights officer at the Egyptian Initiative for Personal Rights.*


La caricatura revela en su crudeza una realidad que es la del pensamiento en términos patriarcales del papel del hombre, la mujer, la familia y el sistema económico subyacente. La mujer acosada pierde valor y los aspirantes a ella rebajan su ofrecimiento. Una mujer que ha sido tocada no vale lo mismo que la que no lo ha sido, que es lo que le viene a decir el pretendiente al padre: da gracias porque hago esta oferta después de que tu hija haya sufrido acoso por la mitad del vecindario. El hecho de que el diálogo tenga lugar entre hombre es también un indicador de que el matrimonio es un pacto entre grupos familiares que buscan la mejor posición en un sistema en el que el emparentar abre nuevas posibilidades sociales.
En entrevista que el poeta sirio Adonis mantiene con su traductora al francés, la profesora Houria Abdelouahed, publicada con el título "Violencia e Islam" (Ariel, 2016), se aborda la cuestión del honor femenino y familiar:

H: [...] incluso hoy en día, una mujer que es violada le dice al hombre:«hatakulak 'ardak» (ellos han violado tu honor). No es de su cuerpo y de su psique de lo que se trata, sino del honor ('ard) del hombre.
V: 'Ard es visto como signo de lo masculino. Al'Ard es la forma femenina de lo masculino sexualmente hablando. No se dice hataka 'ardaba (él ha violado el honor de ella), pues ella no existe en sí misma. No tiene ni pensamiento ni personalidad ni sentimiento ni cuerpo que le pertenezcan. Ella está y permanece vinculada a él- Por consiguiente, el problema sigue siendo el del hombre: el que ha sido humillado es él y no ella. (94)**


La caricatura del diario revela esa realidad social de la mujer devaluada por el acoso, cuya pérdida de valor afecta a la familia como grupo del patriarca, que es el poseedor y responsable del capital virtuoso de la familia. Ese es el marco patriarcal.

Contra ese marco luchan muchas mujeres egipcias a través de la reivindicación de su individualidad, de su valor como personas, y de su independencia. No lo tienen fácil. Los ataques contra el "feminismo" consideran este como otro "invento" occidental destinado a socavar un orden natural, instaurado por Dios, que establecen obediencia y dependencia como los dos aspectos que generan la figura del patriarca. El hombre es necesario para evitar el caos en el mundo; es necesario que aplique las leyes divinas que son las que introducen el orden. Allí donde aparece el caos, el hombre aplica las leyes. La primera de todas es evitar que la mujer siembre el desorden. Lo de Eva no se debe repetir.
En otra noticia Ahram Online nos hablaba estos días de otro caso durante el Eid con final sangriento:

An 18-year-old man was killed Friday after a fight with the brother of a girl he allegedly sexually harassed in the Upper Egyptian governorate of Beni Suef, Al-Ahram Arabic news website reported.
Beni Suef Security Director Mahmoud El-Eshiery received a notice from the governorate’s general hospital that it had received the body of a young man that was stabbed in the abdomen on the third day of Eid al-Fitr.
The hospital also received the young man’s brother, 23, who was involved in the fight and is in critical condition.
According to initial investigations, a quarrel broke out following the verbal harassment of the girl, which then led to a dispute between the involved parties.
Investigations revealed that the girl's brother, 26, assaulted the two brothers with a bladed weapon.**


La noticia tiene dos comentarios de los lectores:

1) "i hope the girls in Egypt should change there way of dressing if u are muslim pls be a muslim dress properly / and I hope they have not do anything to the one that have killed that harasser I hope the man who stabbed the brothers is not charged with any crime"
2) "Good / I hope the man who stabbed the brothers is not charged with any crime. The scum that commit these crimes deserve everything they get"

El primero de ellos responsabiliza a las mujeres (por su vestimenta) del incidente. Los hombres viven en fraternal tranquilidad hasta que las mujeres la quiebran con sus devaneos y desatinos. Los dos coinciden en que el hermano ha actuado correctamente al apuñalar a los hermanos que acosaban a su hermana y que no debe ser acusado de nada.
La noticia y los comentarios —al igual que el chiste criticado— revelan el fondo patriarcal. La mujer debe ser vigilada, controlada para evitar que se produzca el caos social. El vestido, el encierro, las limitaciones del trabajo, la segregación constante, etc. tienen como finalidad preservar el orden, evitar el desastre. Este es el discurso oficial. 
La realidad es, desde luego, otra.
 
2012


* "Egyptian newspaper apologises for sexual harassment cartoon after social media backlash" Ahram Online 11/07/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/232942/Egypt/Politics-/Egyptian-newspaper-apologises-for-sexual-harassmen.aspx

** "Egyptian teen stabbed to death for sexual harassment during Eid" Ahram Online 08/07/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/0/232743/Egypt/0/Egyptian-teen-stabbed-to-death-for-sexual-harassme.aspx


lunes, 7 de enero de 2013

El nombre

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El padre de la joven india víctima de la violación múltiple y la tortura que la llevó a la muerte ha dado un paso de gran significado: ha solicitado que se dé el nombre de su hija, algo que se mantenido oculto hasta el momento. Lo ha hecho, dice, para dar fuerza a todas las otras víctimas de violación que han sobrevivido, según nos cuenta el diario Sunday People. Gracias a esto, la víctima de tanta crueldad organizada pasa a tener un nombre. Sabemos que la mujer muerta por la violencia machista, de veintitrés años, se llamaba Jyoti Singh Pandey. Un nombre, una historia, una vida truncada...
El hecho es determinante porque la "tradición" hasta el momento imponía el silencio al anteponer el honor de la familia a la víctima. El que la hija fuera violada suponía, inexplicablemente, una vergüenza para la familia recayendo toda la culpa sobre la víctima del ataque. Esa es la consecuencia de considerar que en cualquier caso de agresión sexual, la responsable es la mujer, quien tiene que demostrar su inocencia. Si ha sido atacada, se supone, por defecto, que ha incurrido en provocaciones que la han llevado hasta esa situación. El vestido, el gesto, la hora, el lugar..., todo se vuelve contra ella. Manteniendo el nombre en secreto, la familia se libera de de esa vergüenza ya que ellos son, en última instancia, los responsables de ella y de lo que "ella haya hecho o buscado".



Por eso ha causado recientemente gran indignación la carta a sus feligreses del párroco del pueblo de San Terenza, al norte de Italia, cuando vino a resaltar que son las mujeres las que se buscan sus agresiones; fue desautorizado. De igual forma acusatoria procedió la diputada islamista en la asamblea egipcia cuando responsabilizó a la mujeres del acoso sexual, creciente en Egipto; los jefes de la Hermandad Musulmana, en este caso, dijeron que las mujeres estaban "bien representadas" en la asamblea nacional. De una forma u otra, son cómplices de una situación en las que siempre se disculpa a los agresores. Son la punta del iceberg del patriarcado.
El patriarcado va más allá de las religiones y les sirve de fundamento; es la herramienta del control personal desde la familia misma, un sistema de vigilancia. La base del patriarcado es la dependencia absoluta del varón, responsable de su propio honor, que es el de su familia. Es él quien debe cuidar de que su patrimonio honorífico no sea mancillado, lo que le permite el control de sus miembros. Las muertes de esposas, hijas o hermanas no es más que la aplicación de este principio. En una de las novelas del egipcio Naguib Mafuz, el patriarca recuerda a su hija que los pretendientes que llegan a pedir su mano no lo hacen por ella —a la que desconocen ya que está aislada e invisibilizada desde su llegada a la edad núbil—, sino para emparentar con él, el verdadero objetivo, para acercarse a su poder y prestigio. Ellas no cuentan; son mercancía que hay que mantener en buen estado.


Los llamados "crímenes de honor" son practicados en sociedades en las que el nombre lo es todo y en las que no se duda en eliminar por la propia mano a hijas o hermanas si se considera que son nocivas para el honor familiar, para el buen nombre, que gira en torno al patriarca.
Por eso el salto dado por el padre de la joven tiene trascendencia y se debe sumar al movimiento de indignación nacional que ha provocado, a las reacciones públicas contra los criminales y los de su calaña, que han estado amparados en el silencio social.
Jyoti Singh Pandey, como Malala en Pakistán, como los feminicidios de Ciudad Juárez, como tantas otras personas que sufren de  esta forma de violencia en múltiples lugares —entre nosotros mismos— son golpes a la conciencia. Malala ha puesto cara y causa a la educación femenina y su derecho, dejando en evidencia un forma cruel, retrógrada y criminal de arrastrar hasta la oscuridad a las mujeres. Jyoti Singh Pandey le ha puesto nombre a las víctimas de las violaciones organizadas por una sociedad que valora la "pureza" pero la pisotea cruelmente al amparo de la impunidad que ofrecen el silencio y la vergüenza.


Cada vez es más evidente que cada conquista de la conciencia en este terreno se hace con sangre y dolor. El padre de Jyoti Singh Pandey no ha querido que su hija fuera un cuerpo anónimo, que se viera que lo que él y su familia sentían no era vergüenza sino dolor, indignación y deseo de justicia.
Aunque parezca solo un nombre, es un gran paso.






miércoles, 28 de diciembre de 2011

Medievalismo antifemenino

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia nos llega de Israel, donde un grupo de ultraortodoxos se dedica a escupir a una niña que va por las calles vestida de forma que a ellos les parece que Dios no aprueba*. Su particular interpretación de los deseos de Dios se basa en su fe profunda no en Dios, sino en que Dios les habla a ellos o, incluso, a través de ellos. Activistas de distintos lugares del país se han desplazado hasta esa ciudad por la que el tiempo no pasa. Han sido recibidos con insultos y huevos. El lema de los miles de manifestantes israelíes contra los ultraortodoxos —“venimos a dispersar la oscuridad”— está bien elegido ya que el episodio es otro repunte de la creciente ola de medievalismo que avanza en distintas partes del mundo.
No es otra cosa que medievalismo la reciente ejecución por brujería de una mujer en Arabia Saudí. La Edad Media fue un tiempo de brujas, magos y visionarios que recorrían pueblos señalando que Dios o el diablo, según tocara, estaba en contacto directo con ellos. El mundo, desgraciadamente, se está poblando de nuevo de estos visionarios que creen estar en comunicación con Dios, ser sus más devotos seguidores, sus más fieles intérpretes y, por supuesto, sus más justos jueces. En los tiempos revueltos prosperan estos oráculos ciegos.

Mujeres egipcias manifestándose
El rebrote del medievalismo tiene como objetivo, en la mayor parte de los casos, a las mujeres. Estos mundos medievales son profundamente patriarcales y desprecian a las mujeres como seres imperfectos, pasionales, lascivos, casquivanos, triviales. Curiosamente, siempre dicen tener una gran idea de la mujer y de su papel en la vida. Como su naturaleza es imperfecta y Dios siempre habla a los varones, las mujeres deben escucharles atentamente y aprender cómo deben ser, sentir y pensar, en primera instancia, para después —por último pero no menos importante— entrar en los detalles de la vestimenta, dónde se deben sentar en el autobús,  a quién y cuándo pueden tocar, la acera por la que deben caminar y si deben ser lapidadas o ahorcadas cuando hacen cosas que en los hombres se consideran viriles o niñerías pero en ellas son muestras de su naturaleza inmunda.
Encerradas en imágenes irreales, en asexuadas figuras maternales, deben ser ejemplo claro de los valores que pueblan el universo masculino de estos pervertidos sermoneadores radicales. Da igual que sea en Arabia Saudí, Israel, Egipto, España, México, Francia o cualquier otro lugar del globo. No son más que variantes de la misma idea medieval que pervive en la mente de retrógrados con chilaba o con Smartphone, con trencitas ultraortodoxas o con piercing en el labio. Todos son iguales, hijos de la misma idea patriarcal. Se haga en nombre de quien se haga, se basen en el libro que se basen o en el laicismo más exquisito, todo aquel que sostiene esta cruel y estúpida jerarquía pertenece a un mundo injusto y opresor, retrógrado y cruel.

La niña israelí insultada y escupida
Estos fanáticos esgrimen  perversas interpretaciones religiosas con las que tratan de justificar su deseo de posesión sobre las personas; mentalmente siguen viviendo en tribus y practicando la esclavitud, pues no es otra cosa el derecho que se atribuyen. Sus acciones medievales les convierten en soberanos de un pequeño reino, sus familias, sobre el que se apoyan para modelar la sociedad en la que viven. El argumento es siempre el orden natural de la familia, en la que el varón se impone sobre la mujer.
La firmeza de Hillary Clinton criticando las acciones de los militares egipcios —por encima de intereses estratégicos— debe ser ejemplo y se debe extender a todos aquellos espacios en los que se está iniciando un camino de retroceso medieval o se mantiene el existente. Las mujeres egipcias han reaccionado desde el principio dándose cuenta que los militares trataban de atacarlas como la parte más peligrosa de la revolución de los países árabes. Si hay algo que une a una parte importante de la sociedad por encima de las ideologías actuantes es precisamente el antifeminismo, el deseo de que las mujeres se retiren y la sociedad siga controlada de forma patriarcal. Lo hemos dicho ya varias veces y habrá que repetirlo muchas otras. Lo dijimos cuando se practicaron los primeros exámenes de virginidad a las manifestantes que estaban en el Tahrir; ya se vio entonces que los militares y la policía entendían que se les enfrentaran hombres, pero que no iban a tolerar —como algo contra natura— que unas mujeres se le pusieran delante desafiándoles. Eso no es una revolución política; eso es la destrucción del orden natural.

Samira, la joven que denunció las pruebas de virginidad
Desde que la revolución puso en pie a las mujeres, esta segunda revolución —la indispensable, la femenina— es la única sobre la que se puede construir una verdadera democracia porque no puede concebirse una sociedad igualitaria si una mitad cree tener el derecho natural, el derecho divino a dominar a la otra. Hoy nos llega la noticia de que los jueces egipcios han prohibido los exámenes de virginidad forzosos realizados por el ejército a cualquier mujer que les pareciera a estos bravos servidores de su pueblo que patean mujeres indefensas en las calles. La denuncia que la joven Samira** realizó en su momento, rompiendo el círculo de la vergüenza social, es el que ha servido para echar abajo otra monstruosidad medieval. Ahora es Saama, la niña escupida en Beit Nemesh (Israel), la que ha contribuido rompiendo su propio círculo de silencio, una situación de décadas en la ciudad. Son pequeñas batallas con grandes resultados: la exposición pública de la dominación perversa que se aspira a convertirse en normalidad.

A lo que estamos asistiendo es a un proceso en el que millones de mujeres están dando salida a lo que llevan décadas sintiendo en silencio. Las revoluciones —Egipto, Yemen…— están permitiendo la salida de estas reivindicaciones profundas que necesitan apoyo dentro y fuera porque en esta causa no hay fronteras. Aunque los dictadores estén cayendo, no será fácil salir de ese pensamiento medieval que se extenderá para frenar el avance de las mujeres en sus derechos. Por eso es importante estar junto a Samira y Saama. Es el bando de todos.

* “El acoso sexista de judíos ultraortodoxos enardece una ciudad de Israel” El País 27/11/2011 http://internacional.elpais.com/internacional/2011/12/27/actualidad/1324948897_559447.html
** “La justicia egipcia prohíbe las pruebas forzosas de virginidad” Euronews 27/12/2011 http://es.euronews.net/2011/12/27/la-justicia-egipcia-prohibe-las-pruebas-forzosas-de-virginidad/

Un judío ultraortodoxo abandona su asiento al sentarse una mujer junto a él

Manifestantes contra la discriminación en la ciudad de Beit Shemesh

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Patriarcas sumergidos y dictadores felicitados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Es normal que miembros de un gobierno actual manden mensajes de felicitación a un dictador derrocado que espera juicio en la cárcel? Pues algo así ha sucedido en Egipto con motivo de la celebración del Eid, la festividad más importante del calendario musulmán, precisamente la que recoge el acto de sumisión de Abraham (Ibrahim) ante la petición de Dios de que sacrifique a su hijo. La “fiesta del cordero” es el sacrifico del animal en agradecimiento, una fiesta entrañable para la familia en la que se comparte y reparte la carne del animal.
Podemos pensar que es una cortesía excesiva y que algunos egipcios son tan educados que siguen felicitando a su antiguo jefe. Efectivamente, los egipcios son muy educados. Pero el hecho, recogido por el diario Al-Masry Al-Youm*, nos revela una vez más las paradojas de la “primavera egipcia” y sus lagunas gubernamentales; nos explica también el descontento de mucha gente por el giro que están tomando algunas cuestiones importantes. El pueblo se movilizó para hacer caer al dictador. Aguantaron todas las presiones en las calles y plazas hasta que el dictador se fue. La distinción entre régimen y dictador es importante y los egipcios la están aprendiendo cada día. Tienen la sensación de que, aunque Mubarak haya cambiado de residencia y esté siendo juzgado, hay muchos movimientos que desean que no se están produciendo como ellos querían. El temor a que los militares —los que tenían a Mubarak como jefe— quieran seguir controlando la situación y que estén fabricando otra vez una apariencia de elecciones sigue aumentando.

En Egipto todo se ha hecho siempre en la sombra. Al ser la "democracia" del régimen anterior una pantomima delirante y fraudulenta, la costumbre persiste y los repartos y negociaciones se hacen en la trastienda, pactando y colocando peones. Esto no era nuevo y las novelas del Nobel Naguib Mahfuz  ya nos muestran la situación en los años 20, cuando había que recurrir a los influyentes personajes que decidían quién salía por cada circunscripción electoral, siendo casi un suicido intentarlo sin el apoyo mafioso de los padrinos.
En el mismo artículo, el diario da cuenta de otras llamadas y mensajes más preocupantes si cabe:

Mubarak also received a half hour call from Tora prison, during which former People’s Assembly Speaker Fathi Sorour is reported to have said, “Don’t worry president, the elections are a complete mess and will explode.” 

Ya sea porque es su opinión o porque contribuye a ello con cualquier tipo de acción, que se tranquilice al dictador mandándole mensajes sobre el fracaso de las elecciones y su explosión, no deja de ser preocupante. Fathi Sorour fue el presidente del Congreso egipcio desde 1990 hasta que la revolución le hizo abandonar ese puesto tan querido. En Egipto cuesta abandonar los cargos. En caso de muerte o incapacidad de Mubarak, era quien debía ocupar su puesto según el ordenamiento legal. No es un cualquiera, sino el hombre elegido por Mubarak para cubrir las espaldas en caso de desastre. Su “percepción” de que las elecciones estallarán nos debe preocupar a todos.


Y del “patriarca” Mubarak, padre —según su último discurso— de todos los egipcios, a los que quería como a hijos, al patriarcado social. En el mismo diario, la profesora  de la Universidad Americana de El Cairo, Aliaa Dawud**, se lamenta de que algunos de los partidos que intervienen en los procesos negociadores, en la luz o en la sombra, estén tratando de recortar los derechos de las mujeres bajo el disfraz de la defensa de la familia. No se defiende la familia, se aumentan los derechos del hombre sobre la mujer o, si se prefiere, se entiende que en la familia manda el varón. Aprovechando la revisión de leyes anteriores, parece que algunos no tienen demasiado interés en mantener lo referido a la situación de la mujer y lo utilizan como moneda de cambio político. Con ello se contenta a los islamistas integristas. En concreto, temen que se vean afectados la “Kuhla”, el derecho a que sea la mujer la que también pueda solicitar el divorcio (que el Corán reconoce), la representación parlamentaria y la rebaja de la edad de la custodia los hijos menores por la madre, que es ahora hasta los 15 años (implica que el padre podrá solicitar antes de esa edad la custodia). Son tres causas muy diferentes, pero juntas marcan una tendencia, un retroceso.

Es importante señalar que “la política” y “ lo político” no significan lo mismo para unos y otros. Estamos acostumbrados a que nuestros partidos occidentales luchen por el Poder. Para eso hay que creer en el poder y en las instituciones que lo gestionan. Para algunos —los que no creen en más que una autoridad real incuestionada e incuestionable—, son más importantes estos tipos de cambios porque son el camino de fondo para poder tener lo que realmente desean, el control social. Hay una gran diferencia. Y hay que entenderlo.
El poder está sujeto a reglas cambiantes, a los vaivenes de la alternancia en una democracia. En la concepción de algunos, del integrismo, eso no son más que circunstancias temporales, vicisitudes del camino; es en la regulación de los roles en donde se encuentra realmente el poder. No hay poder al margen de las personas y, por eso, su control social es esencial. Si tienes controladas a las personas, da igual los derechos que les reconozcan; sencillamente irán desapareciendo por su inutilidad, rechazados muchas veces por los propios ciudadanos que comenzarán a dejar de valorarlos. Es la censura social, la costumbre convertida en Ley, al margen de las propias Leyes.

En la reseña del domingo pasado, La primavera árabe [ver entrada], señalamos la importancia que tenía la observación de Tahar Ben Jelloun sobre la inexistencia árabe de la individualidad y el peso de lo grupal, de la tribu a la familia, formatos que se transfieren a otras instituciones, incluido el Estado. Por eso el énfasis puesto en el recorte de derechos de la mujer es visto como un avance de las instituciones que suponen fuertes y de auténtica base social, reales, lo que llamaríamos “orgánicas”. La cuestión, como siempre, es que la familia es una estructura de relaciones en la que bajo lo colectivo anida el poder del uno camuflado retóricamente como voluntad del todo.
La cuestión de los derechos de la mujer es muy importante, la auténtica piedra de toque, de la evolución general de la mentalidad social. Lo ha sido en nuestra sociedad y los será en la de ellos. Sorprende que tantos empresarios viajen a establecer nuevos negocios en los países que intentan salir de sus dictaduras y no se vea más actividad intelectual de apoyo a las causas reales y profundas de la transformación social.
No se puede construir una democracia si no se reconocen derechos individuales y se reconoce con los mismos a las mujeres. Esto no admite vuelta de hoja. Hay muchas mujeres (y hombres) luchando por esto, sometidas a todo tipo de desprecios sociales e institucionales, y se merecerían un poco más de apoyo exterior, de ánimo en su lucha ya que en su propio escenario son más censuras y desprecios lo que reciben.
Aunque haya que entender la psicología de los pueblos y las culturas, todo esto no es más que una construcción artificial para explicar las cosas. Hay que entender los derechos de las personas, los que les afectan en su vida y apoyarlos en esa universalidad que proclamamos alegremente, pero que disfrutamos cómodamente allí donde podemos.


Las revoluciones árabes son un proceso en marcha. No se ha hecho más que lanzar la bola en la ruleta. Muchas de esas ruletas están trucadas a la espera de que se repita el mismo número una y otra vez. Haríamos bien en comprender el tipo de apoyo que necesitan las personas que luchan por esos derechos y que no tengan, una y otra vez, la sensación de que alentamos pero no apoyamos, de que hablamos mucho y hacemos lo justo, justito. Además de inversiones, cosa que ya algunos hacían con las dictaduras sin importarles demasiado, deberíamos esforzarnos en invertir en apoyos, en compartir preocupaciones, para que así aquellos que creen que luchan solos tengan una sensación de que su lucha le importa a alguien. Es importante para ellos y para nosotros. Si no, luego nos quejaremos de que piensen que solo nos importa sacar provecho.
Esto no ha hecho más que empezar. Está todo por hacer.

* “Tuesday's papers: Mubarak receives Eid wishes from current ministersAl-Masry Al-Youm 8/11/2011 http://www.almasryalyoum.com/en/node/512897

** Aliaa Dawud: “Backlash against ‘Suzanne Mubarak laws’ was inevitableAl-Masry Al-Youm 8/11/2011 http://www.almasryalyoum.com/en/node/512796



martes, 14 de junio de 2011

Los fósiles andantes y "la marcha de la putas"


Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 
"Hemos pasado a otro mundo y ellos no han sabido entenderlo". Con estas palabras del sociólogo Eric Fassin, de la Escuela Normal Superior, termina el reportaje de El País * sobre el caso de Dominique Strauss-Kahn y sus efectos en Francia. El “ellos” de la frase son los políticos que, como Jack Lang, salieron, más que en defensa de su amigo y colega en el progresismo, en contra de la mujer o atenuando la importancia de los hechos.
Desde aquel día en que Francia se levantó indignada porque su futuro presidente de la República había salido sin afeitar en las fotografías que llegaban desde Nueva York, han pasado muchas cosas. Ha cambiado la mentalidad de la gente. La mayoría ya no cree que se trate de una conspiración para eliminar al político favorito, como inicialmente pensaron, sino más bien la “lógica del cántaro y la fuente”. Tras la sorpresa, la decepción; y tras ella, el examen de conciencia.

Marcha de protesta en México
Sí, Francia ha cambiado de opinión ante el machismo latente en su sociedad. No es el único sitio. En México se acaban de manifestar las mujeres en la denominada “Marcha de las Putas”**. El origen del nombre está en el consejo que dio un policía, Michael Sanguinetti, en Canadá a unas estudiantes. Recomendó a las mujeres que no se vistieran “como putas” para evitar el acoso. Desde entonces, las manifestaciones han proliferado en distinto países para denunciar esa perspectiva del problema que hace recaer la responsabilidad del ataque sobre la víctima. El argumento viene a ser “no se ponga el collar fuera de casa” porque le robarán o “no lleve el niño al parque” porque los pedófilos se sentirán excitados. El “burka” es la solución, según este planteamiento. Hay mucho integrista disfrazado por el mundo.
El cambio en Francia ha venido de un gesto sencillo pero muy complicado: la denuncia. El gesto de la mujer, una limpiadora inmigrante guineana, de denunciar el intento de violación de una de las personas más poderosas del mundo, ha sido un acto entre la dignidad y la inocencia, algo que muchas mujeres están valorando y rompiendo su silencio ante situaciones que han padecido. Nos dice El País que el aumento de denuncias es muy grande desde entonces y revelan que bajo el progresismo del país se esconden formas larvadas de violencia contra las mujeres. Los comentarios de muchas mujeres en distintos ámbitos, incluido el político, sobre lo que deben aguantar diariamente está sirviendo para que salga a la luz esa conciencia que se muestra gracias al ejemplo de una camarera.
En puerta de los juzgados, quienes esperaban a Dominique Strauss-Kahn y su esposa, no eran intelectuales. Eran limpiadoras que, con su uniforme de trabajo, habían ido a gritarle: "Debería darte vergüenza".  Hay demasiada basura que limpiar en las habitaciones. Para una persona progresista, como se supone que era DSK, el ataque a la trabajadora, a la mujer indefensa que acude a realizar su trabajo, le debe haber dado motivos para la reflexión. Nos los debería dar a todos.

Las limpiadoras solidarias de Nueva York
Por encima de ideologías o religiones, la violencia sexual, el sexismo, cualquier otra práctica que dé por buena la superioridad de los hombres sobre las mujeres, son las formas permanentes de la más antigua forma de dominación: el patriarcado, una institución en la que la figura paterna posee todos los derechos sobre el resto de los miembros de la institución familiar. La mujer no es más que la herramienta necesaria para propagar los genes y hacer aumentar el reino en el que el poderoso macho domina y es adorado. Para el patriarca, la esposa, las hijas son posesiones que hay que proteger de la mirada de los demás, encerrarlas, vigilarlas con atención enfermiza, puesto que proyecta sus mismos institntos sobre los demás. Las otras mujeres son solo esas “putas” que provocan, que van pidiendo guerra con cada gesto, con cada movimiento, con cada ropa que eligen, piezas de caza de las que presumir en cafés, tertulias y espacios de trabajo. Hay demasiados fósiles andantes.

* “Y las mujeres francesas dijeron basta” El País 16/06/2011 http://www.elpais.com/articulo/sociedad/mujeres/francesas/dijeron/basta/elpepusoc/20110614elpepisoc_1/Tes
** “La ‘marcha de las putas’ reclama respeto para las mujeres en México” La Vanguardia 13/06/2011 http://www.lavanguardia.com/internacional/20110613/54169600792/la-marcha-de-las-putas-reclama-respeto-para-las-mujeres-en-mexico.html


domingo, 13 de febrero de 2011

La rebelión de los hijos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es importante comprender lo que ha cambiado para poder medir la intensidad del cambio. El énfasis puesto desde el principio en el carácter generacional de los sucesos históricos de Túnez y Egipto no es gratuito y no debe entenderse simplemente como desde la perspectiva del joven, sino desde la dinámica conjunta. El mundo árabe es profundamente tradicional en un nivel más allá de lo político. Pueden hacer revoluciones de izquierda y no dejar de ser tradicionales porque la base de este tradicionalismo es el patriarcado. El patriarcado es una estructura cerrada que configura las relaciones familiares de una forma rígida y perenne. El modelo patriarcal es masculino, jerárquico y analógico. Es masculino porque da preferencia al hombre (en su dimensión paterna y marital), es jerárquico (se basa en la autoridad vertical del padre) y es analógico porque se reproduce como estructura en otras instituciones (las políticas y sociales). El sistema patriarcal se extiende en tres dimensiones, Dios, rey y padre, siendo la primera la que las justifica todas y todas entre sí. La dimensión fundamental es el carácter paternal de Dios, del rey y, lógicamente, del padre. Cada uno debe ser obedecido en su ámbito, pero a todos se obedece por el mismo principio, el que liga a los padres con los hijos.

Robert Filmer (1588-1653) señala en su obra Patriarca o del poder natural de los reyes*:

El padre de familia no gobierna por otra ley que por su propia voluntad, y no por las leyes o voluntades de sus hijos o servidores. En ninguna nación se permite a los hijos acción o remedio por estar injustamente gobernados; y, sin embargo, todo padre está obligado, por ley de Naturaleza, a hacer lo posible para la preservación de su familia, y mucho más está obligado un rey, por esa misma ley natural, a aceptar el principio de que la salud del reino es su ley principal […] (101-102)

El vínculo obliga a los hijos a aceptar incondicionalmente a los padres, a los súbditos a sus reyes, y a los creyentes a su Dios. Ni al rey, ni al padre ni al Dios se le pueden exigir cuentas. Pero el padre y el rey están obligados a buscar lo mejor para los suyos. Solo Dios no puede estar obligado por motivos obvios. Pero, la rebelión, en cualquier caso no está permitida.

El modelo patriarcal nos lo muestra maravillosamente bien el premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz, en su trilogía cairota: “Todo en aquella casa se subordinaba ciegamente a una voluntad suprema, dotada de un poder sin límites, comparable al poder de la religión”** (212). No se le escapa a Mahfuz la base de la conexión patriarcal. Mubarak se presentó en su último discurso dirigiéndose al país diciéndoles: “Voy a hablaros como un padre habla a sus hijos e hijas”. El ex presidente no había captado la esencia de la rebelión, el nivel de sufrimiento e indignación al que se había llegado. La perversión final de las revoluciones árabes anteriores se puede comprobar en un constante tema de debate: la presentación de los hijos de los dictadores de las repúblicas —no monarquías— como sus continuadores en el poder. Las repúblicas, por definición, no deberían tener herederos. Ni a ti ni a tu hijo, le decían, a Mubarak pero él, el último patriarca, no lo entendía. Esta es la verdadera perversión que se ha quebrado. El problema no era solo la presencia de Mubarak, sino la transmisión patriarcal de la autoridad a un heredero, es decir, la pervivencia de un modelo. Por eso el énfasis en la limitación de mandatos que resalta la gente y cuya función es esa precisamente, evitar el poder ligado a la persona de forma continuida y transmisible.

La rebelión de los hijos va más allá de la revolución política. Las anteriores revoluciones, como hemos señalado, no cambiaron la psicología de los pueblos, más bien se aprovecharon de ella. El sistema político de Egipto ha cambiado porque sus mentes han cambiado y eso es lo que debe entender Occidente, comprender la dirección y el origen del cambio. Los hijos y los pueblos maduran y hay que darles libertad. Si no, la toman ellos mismos.

* Robert Filmer (2010): Patriarca o del poder natural de los reyes, Alianza, Madrid.

** Naguib Mahfuz (2003 6ª ed.): Entre dos palacios. Martínez Roca, Madrid