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lunes, 21 de julio de 2025

Trump y el dios de los ricos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es una lástima que apenas regrese gente del otro mundo para contarnos algo. Gracias a esto, las especulaciones de todo tipo son posibles y con ello las estafas en vida. Que llegues al otro mundo y no sea como te lo han contado, pase; pero el problema está en la estafas inmobiliarias espirituales, las que te hacen aquí vendiéndote el más allá.

En 20minutos nos dan cumplida información sobre algunos de estos manejos y ¡cómo no!, Trump está por medio.

Aquí hemos resaltado en varias ocasiones el Trump vendedor de Biblias y el uso rentable de ello. Pero el aparato "espiritual" va más allá cuando justifica lo suyo como "voluntad divina", un truco que parece le funciona. Si logras convencer que lo que haces, aunque no se entienda y por extraño que parezca, lo quiere Dios, gran parte de trayecto está realizado.

El artículo en cuestión se titula "Qué es la Teología de la Prosperidad, el credo que idolatra el dinero y que Trump está impulsando desde la Casa Blanca" y los firma Chema Lizarralde. La idea tiene una larga tradición entre los ricos del mundo que, lejos de renunciar a sus riquezas materiales, las consideran como una especie de signo del favor divino. Es la mezcla perfecta, riqueza y salvación, para presentarse ante sus votantes.

Resultan ridículas —aunque eficaces— las imágenes del Despacho Oval de la Casa Blanca convertido en lugar de oración agradeciendo el regalo divino que para el pueblo norteamericano supone Donald Trump.

En el artículo se  nos dice en la introducción de la cuestión: 

¿Y si nuestra pobreza (o riqueza) fuera voluntad de Dios? Eso es lo que se plantea una pujante creencia que ya tiene nombre: es la teología de la prosperidad y sus defensores han entrado en la Casa Blanca por la puerta grande.

Donald Trump ha creado en este su segundo mandato la Oficina de la Fe de la Casa Blanca. Lo ha hecho para "ayudar a las entidades religiosas, organizaciones comunitarias y casas de culto en sus esfuerzos por fortalecer a las familias estadounidenses, promover el trabajo y la autosuficiencia, y proteger la libertad religiosa". En febrero, el presidente de Estados Unidos puso al frente a la telepredicadora Paula White.

Es su asesora espiritual desde hace años y uno de los seis líderes religiosos que seleccionó para participar en su ceremonia de investidura del 2017. Se conocieron a finales de 2001 o principios de 2002, cuando Trump se puso en contacto con ella y le dijo que había visto sus sermones en la televisión cristiana. Le dijo que ella tenía el "factor".

A White tal vez muchos la recuerden por aquel momento de 2020, cuando acababa el recuento de votos de las presidenciales y los números señalaban ya la victoria de Joe Biden. Un grupo de fieles republicanos de Florida se puso a rezar y entre ellos una mujer rubia con gafas tomó la palabra para hablar del cielo, de los ángeles y del Señor, y para acusar a una "confederación demoniaca" de querer robar las elecciones.* 

La filosofía es clara y pasa a ser dogma: ya seas rico o pobre, Dios lo quiere. Si Dios quiere que seas rico, ¿por qué despreciar las riquezas o no querer ser más rico de lo que eres? ¿Y los pobres, qué pasa con ellos? Pues lo mismo: Dios lo quiere y Él sabrá por qué.  Los caminos de Dios son inescrutables.

El truco es sencillo: nada pasa porque tú lo quieras, sino porque es voluntad divina. Eso incluye todo tipo de hechos y situaciones. Los que estamos acostumbrados a escuchar sobre no adorar las riquezas materiales, repartir entre los necesitados, etc. nos sentimos inquietos ante esta fórmula típicamente norteamericana, mayoritariamente blanca y tirando a secta protestante, aunque Lizarralde nos advierte de su creciente éxito entre los pobres: "Se ha visto un crecimiento significativo en las iglesias negras e hispanas y es particularmente popular entre los inmigrantes (obligados a emprender y confiados en tener éxito)."* No es de extrañar, pues esta teología del éxito no funciona como un "destino pagano", sino que cree que, si Dios lo quiere, puede modificar su idea y convertirte en millonario para ejemplo de otros. 


Es ahí donde entra el poder de las iglesias, predicadores y telepredicadores: saben lo que a Dios le gusta y pueden hacerte pasar de un destino pobre a otro rico. La construcción parte de ese principio de sabiduría divina y sigue hasta convertirse en excusa para la riqueza sin límites.

Esta "teología" siempre ha estado en la idolatría del éxito. Trump puede jugar con la idea del "hombre hecho a sí mismo", intentando combinar que es hijo privilegiado de ricos de oscura riqueza especulativa con la voluntad  divina, la que le ha llevado a la Casa Blanca para poner paz en el mundo y riqueza en el nuevo "pueblo elegido", los Estados Unidos.

La idea, como decimos, no es nueva y es sencilla. Se trata de darle el giro adecuado a lo que la gente está dispuesta a creer. La telepredicadora, que está posicionada claramente contra la inmigración, dice que Jesucristo fue un "emigrante" en sus años en Egipto, pero que "no era un ilegal"*. 

El ejemplo lo dice casi todo. Al final todo concuerda con lo que quieres. Y Dios dice lo que quiere que digas.  Dios quiere a Trump y —¡ojo!— eso ninguna urna lo va a cambiar.

 

* Chema Lizarralde "Qué es la Teología de la Prosperidad, el credo que idolatra el dinero y que Trump está impulsando desde la Casa Blanca" 20minutos 21/07/2025 https://www.20minutos.es/internacional/que-es-la-teologia-de-la-prosperidad-el-credo-que-idolatra-el-dinero-y-que-trump-esta-impulsando-desde-la-casa-blanca-5731557/

sábado, 10 de septiembre de 2022

De ricos y pobres (a la española)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo estamos en las portadas por datos negativos. Esta vez se trata de algo relevante para la vida diaria, el poder adquisitivo. Los titulares lo confirman en diversos medios: "El salario real cae un 4,4%, el doble de la media en la OCDE" (La Vanguardia), "La OCDE alerta de un recorte "sustancial" del poder adquisitivo de los trabajadores y pide revalorizar el salario mínimo" (RTVE) entre otros.

Significa algo simple, con el mismo dinero podemos comprar menos cosas; nuestro poder de adquirir disminuye. Si todo sube menos los salarios, que pueden incluso disminuir, como desgraciadamente experimentamos cada día, lo que podamos adquirir es cada vez menos. Con la inflación son los precios los que suben, mientras que nuestras perspectivas de adquisición disminuyen. Para comprar lo mismo hay que tirar del ahorro, que se acaba consumiendo. Se reduce el gasto para poder vivir dentro de "lo posible", que es aquello que podemos hacer con lo que tenemos.

Vivimos en una crisis que se nos dice se ha producido por la guerra de Ucrania y las manipulaciones por parte de Rusia. Eso es solo una parte. Aquí ya hemos planteado la idea de que la posibilidad de manipular a través de la energía es muy grande, ya que afecta a todos los sectores. Rusia comenzó a "preparar la crisis" con antelación: creo unas condiciones que supusieran menor margen de maniobra para Europa en el momento de la invasión de Ucrania. Creía Putin que así la victoria se lograría antes, pues la Unión ya estaría condicionada por los precios, las protestas por sus subidas y las crisis de empleo que se provocaría. Todo ello sería lo suficientemente preocupante para la Unión Europea, que metida en una enorme crisis sufriría las consecuencias. Putin parte siempre de un principio: la debilidad de la democracia. Esto supone que los gobiernos, cada vez más inestables por todas partes, "temen" a la opinión pública, que esta es egoísta y manipulable, algo que el fomenta a través de la creación y desarrollo (financiándolo muchas veces) de conflictos sociales, políticos, territoriales, etc. La guerra que se da en Ucrania se produce mucho más allá gracias a este tipo de situaciones.

Pero el caso español tiene sus propias condiciones, la que hacen que tengamos una economía débil, hipersensible a cualquier variación (casi siempre para mal) y con unos desarrollos especiales respecto al resto de Europa. Casi siempre que se da un dato, el de España suele ser negativo. Por ello se insiste tanto en el "crecimiento" porcentual. Es cuando nuestra ministra dice que "vamos a crecer el doble que la media europea", por ejemplo. Se ahorran las cifras reales y se nos habla de tantos por ciento, lo que no permite saber en qué consiste ese "crecimiento" real y que no vemos casi nunca traducido en hechos más que cuando son realmente efectivos en sectores de la economía.

En Antena 3, en medio de la crisis actual, se nos ofrece un artículo con el titular "Los ricos se duplican en España en los últimos 10 años". Allí se explica:

Parece mentira que pese a ver la situación económica actual, la cual llevamos arrastrando durante varios años en nuestro país, sean cada vez más las grandes fortunas que encontramos a lo largo de nuestro territorio.

La economía española no se encuentra en su mejor momento y la vida, cada día que pasa, se vuelve más cara y, con ello, difícil para muchas familias el poder afrontarla. Sin embargo, muchas personas parecen vivir lejos de esta realidad, y son cada vez más los ricos en el mundo, y también en España.

Según los datos del año 2020 sobre la recaudación del Impuesto de Patrimonio de la Agencia Tributaria, los contribuyentes que declaran patrimonios superiores a 30 millones de euros se han multiplicado por más de dos en la última década, pasando de 352 declarantes en el año 2011, a los 724 del 2020.

Esto refleja que la cantidad de personas ricas en España no haya hecho más que aumentar. En 2012 los ricos eran 443, ascendiendo a 471 en 2013, superando los 500 un año después hasta situarse en los 508. Se alcanzaron los 549 en 2015, unos 30 más un año más tarde y los 611 en 2017. No obstante, pese al ligero retroceso de 2018 del número de ricos hasta los 608, esta cifra creció significativamente un año más tarde hasta los 701.

En 2020, los contribuyentes de este impuesto alcanzaron los 218.991, frente a los 212.284 de un año previo. Por tanto, más de 6.700 declarantes nuevos se sumaron a la declaración del Impuesto por una suma media de 3,5 millones de euros. * 

Los dos primeros párrafos son auténticamente naif. Podemos pensar en la diferencia entre un "país rico" y un "país de ricos". Que haya cada vez más "ricos", gente con patrimonios superiores a esos 30 millones de euros, no nos indica que no haya crisis, sino más bien lo contrario. Lo que significa realmente es que aumenta la desigualdad y que el dinero de todos a unos pocos bolsillos, los de esos que se enriquecen por encima, muy por encima de los demás. Si la primera noticia nos habla del empobrecimiento general por la pérdida de poder adquisitivo por la inflación, la bajada de los salarios, etc., la segunda nos confirma que muchos de esos movimientos se reparten de forma muy diferente.

Es aquí donde entra un factor esencial del que nosotros no disponemos en todos estos años, un modelo de economía con unos objetivos sociales compartidos. Tenemos que elegir entre ser un país rico o en ser un país de ricos, en los que se permiten las desigualdades que hacen que lo que unos ganan no repercuta en la sociedad. Por esos cualquier modelo se debe basar en el acuerdo social, en unos objetivos por encima de que cada cual se haga rico como pueda, que sería la base de este modelo liberal que tenemos,  por encima de los propios gobiernos.

El modelo más social, que trataría de un crecimiento armonioso, de cubrir las necesidades y evitar las grandes diferencias, es sustituido por un modelo más individualista en el que se reducen las reglas para permitir que cada uno aproveche lo que tiene por delante en beneficio propio, considerado el único estímulo posible para el desarrollo. Este último modelo, evidentemente, provoca más ricos y más pobres. La cuestión no es solo de diferencias, sino que esas diferencias establecen nuevas diferencias, con lo que se van ampliando el abismo y, lo que es peor, el poder empieza a tener un color cada vez más complicado de cambiar. Los favorecidos se reproducen y mantienen sus privilegios, creando castas de las que es difícil librarse. No hay fin ni límites para la ambición, por lo que nunca se es suficientemente rico y, como en una mesa de juego, este no se acaba hasta que no se "limpia" a todos los demás jugadores de la mesa.

La pobreza está aumentando; está aumentando, además, la debilidad de los pobres. De hecho, cuando se les protege, se importan nuevos pobres para poder mantener las condiciones de explotación. Lo vemos en determinados países en los que los inmigrantes carecen de derechos que no sean los que benefician a sus nuevos amos. Esto puede llegar a extremos como los de Arabia Saudí, por poner un ejemplo conocido, en el que si el trabajador se queja es puesto inmediatamente en la frontera, un privilegio que mantiene su empleador e "importador"; ante esa amenaza, los que se quedan son sumisos y obedientes. Muchos prefieren al inmigrante sin derechos, al clandestino; cuando más opaco sea, mejor; será más fácil de explotar.

Que crezca el número de ricos y aumente el de pobres es una muy mala señal. Significa que el sistema se está polarizando, que decrece el espacio intermedio sobre el que se asienta el movimiento social, tanto de ascenso como de descenso. Significa que hay vías para enriquecerse que solo están al alcance de algunos, mientras que el empobrecimiento por las crisis afecta a una gran parte de la población, a su mayoría.

La falta de acuerdo sobre el modelo social lo vemos todos los días en las discusiones sobre si se recortan los beneficios escandalosos de los sectores o si se amplía el salario mínimo. Son dos formas de ver la vida, la del que tiene beneficios y ahorro sobrado y la del que no llega a fin de mes y encima se le pide que consuma, que viaje, vaya a fiestas, etc., es decir, que no deje de gastar para sostener la economía y mantener vivo el movimiento de los capitales.

No sé muy bien de dónde van a sacar el dinero que gastan los que cada vez ganan menos. Sí sé, en cambio, de dónde quieren sacar el dinero los que quieren ser cada vez más ricos: del gasto público. Lo que no pueden gastar los ciudadanos lo debe gastar el estado para que puedan seguir siendo más ricos pagando menos a sus asalariados. El final de todo esto se ha escrito muchas veces: el nuevo o viejo rico, acaba en otro país, donde le dejan seguir haciendo lo mismo y le llaman "inversor", mientras que el que se queda sin recursos o empleo acaba siendo sostenido por el estado, ante el escándalo de los sectores privados.

Los países deben alcanzar una conciencia identitaria propia, no el trasnochado y virulento nacionalismo (como el fomentado por Trump). Eso implica un sentido de comunidad y de responsabilidad hacia todos. No es sencillo; hay múltiples problemas para ello, propios y globales. Pero si no se intentan, el desastre, la miseria y demás se irán apoderando de nosotros.

No solo vivimos una crisis económica. Está —desde hace mucho tiempo— en crisis nuestro débil modelo económico, dictado desde poderosos sectores, que nos han llevado de una crisis a otra, como se vio en la incentivación del crédito y la crisis inmobiliaria. Hay que sentarse y pensar sobre el conjunto de país que hemos hecho y que no conseguimos rectificar.  

* Lara Fidalgo "Los ricos se duplican en España en los últimos 10 años" Antena 3 7/09/2022 https://www.antena3.com/noticias/economia/ricos-duplican-espana-ultimos-diez-anos_2022090663176dd8142d7b0001a063fb.html 

martes, 30 de junio de 2015

Los millonarios tontos son un mal ejemplo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé cuándo escuché por primera vez decir a alguien que Donald Trump era tonto, pero sé que no he dejado de escucharlo desde entonces. Tampoco recuerdo quién lo dijo, pero sé que tenía razón.
El problema teórico que se plantea es por qué un hombre que se ha hecho a sí mismo, elige hacerse tonto. Los ricos de nacimiento tienen una explicación, pero los que forjan su fortuna a lo largo de su vida y son manifiestamente mejorables en lo que al uso de su cerebro son un desafío. Trump es un desafío y no deja pasar una ocasión para demostrarlo.
Su entrada a la lucha por la nominación presidencial republicana es un desafío para los propios republicanos, que en el caso de elegirle supondría un nuevo reto. En ese caso nos encontraríamos con el desafío de entender por qué a la hora de elegir, lo hacemos por alguien como Donald Trump. Un Trump candidato es una perspectiva horrible solo superable por un Trump en la Casa Blanca.
Sus manifestaciones sobre México y la comunidad hispana —de "criminales" y "violadores" los ha calificado— en su carrera electoral recién emprendida han logrado unir a todos en un sentimiento de rechazo a sus palabras. A ambos lados de la frontera sur de los Estados Unidos se cree, efectivamente, que el país (y sus vecinos y el resto del mundo) se merece un candidato mejor.
El País recoge las cancelaciones de negocios que las palabras tontas de Trump le están causando. Lejos de escarmentar, Trump sigue en su estrategia insultante que ha sido considerada unánimemente como "racista". Señala el diario:

Trump (Nueva York, 1946), lejos de dar un paso atrás, ha respondido a la NBC tachándola de "débil" y de Univisión ha dicho que ha sido forzada por el Gobierno de México a darle la espalda. El magnate, precandidato republicano a la Casa Blanca, ha sido este lunes invitado de honor en un almuerzo en Chicago en el que se ha reafirmado en sus comentarios: "Son 100% correctos". Trump fue recibido con una protesta en la que se leían carteles como "No al odio en el debate" o "El discurso del odio no es presidencial".* 


Me quedo con la inteligencia de los carteles. La ciudadanía de muchos países lucha por no tener que estar sometida a las torturas electorales que suponen algunos candidatos. Un Trump en la carrera presidencial significa que no dejará de hablar durante muchos tiempo, sometiendo a los seguidores de la campaña al duro castigo de tener que escuchar lo que dice o a tener que ir con una pancarta allá donde vaya para que no se crea que se dan por buenas sus opiniones.
Lo cierto es que Trump saca lo peor de uno mismo. Si no, ¿por qué iba a llamarle El País en su crónica "el magnate de cabello dorado", ironía disculpable en el caso de Trump? Es una incitación constante a perder las formas.
Los dos carteles que se han paseado frente a las puertas del local de Chicago reivindican el derecho de los votantes a no escuchar tonterías. Efectivamente, "el discurso del odio no es presidencial". Es una buena máxima allí donde hay que recordarlo. Un candidato cuya estrategia pasa por atacar a parte de la población y a toda la vecindad no es un candidato inteligente, pero ¿quién piensa que Trump lo sea? Más allá de sí mismo y de sus asesores, será difícil que alguien lo crea. No lo es nunca, pero lo es menos todavía tras la consumación de crímenes de odio racista en Charleston a cargo de un partidario sureño de la "supremacía blanca".


The New York Times titulaba ayer "NBC to Donald Trump: You’re Fired", una alusión a su reality televisivo y a la frase que lo caracterizaba. No solo ha sido la cadena estadounidense, sino la mejicana Univisión. Como contrapartida, el magnate tonto ha prohibido a los ejecutivos de Univisión jugar en su campo de golf en Florida. Desconozco si la medida de represalia de Trump es "inteligente" y no jugar al golf en Florida ha hecho caer en la depresión y rondar oscuros pensamientos de suicidio a los ejecutivos mejicanos. A primera vista parece otra tontería más que nos da muestra (y a sus electores) de las tonterías que puede hacer alguien tan rico.
No está al alcance de todos prohibir a los demás jugar en tu campo de golf. Eso debe hacer crecer el ego del candidato y transmite una imagen de firmeza que otros admiradores de la riqueza, el cabello dorado y la capacidad para organizar concursos de mises pueden llegar a valorar positivamente. Es en esos pequeños detalles donde los ricos demuestran que son ricos.
En su furor por conseguir amigos y apoyos para la campaña a la nominación, Trump ha arremetido contra la cadena de televisión al hilo del caso del periodista Brian Williams, que "recordó mal" algunos detalles de su carrera profesional. Nos cuenta The New York Times en los párrafos finales del artículo:

“I told NBC I could not change my stance,” Mr. Trump said, suggesting the network could face a lawsuit for violating their contract. “The fact is that my stance on immigration is correct.” Mr. Trump also derided the company over its handling of Brian Williams, the news anchor who was demoted after embellishing his reporting experiences.
“They will stand behind lying Brian Williams, but won’t stand behind people that tell it like it is, as unpleasant as that may be,” Mr. Trump said.**


A los millonarios como Trump les gusta resaltar que ellos "dicen las cosas como son", algo que deberían probar sin el respaldo de sus millones. Acostumbrados a que les den la razón los que les rodean, llevan mal que se les lleve la contraria. Y te castigan a no jugar en su campo de golf.
Como mal ejemplo, Trump lo tiene todo. Si Salieri se preguntaba sobre la injusticia del genio de Mozart en Amadeus, los que ven a Trump se preguntan qué parte del destino no entienden al ver cómo personas como él son inmensamente ricas. Ya sea talento natural o un capricho del destino, nadie que vea Trump en acción puede dejar de preguntarse sobre estas paradojas de la vida.
El titular de The New York Times  —"¡estás despedido!"— es un pequeño recordatorio al millonario que es vulnerable, no es inmortal y que se le puede dejar fuera de una cadena de televisión como él deja fuera de su campo de golf a los demás. Pero mucho me temo que Trump considere que las muestras de rechazo son signos de que él está en lo cierto. La pregunta ahora es cuál será el siguiente grupo que tenga que sufrir las ganas de hablar y arreglar el mundo que tiene.


Afortunadamente hay ejemplos mejores. Espero que los votantes norteamericanos nos libren de ver cómo uno de los hombres más tontos del mundo se convierte en el más poderoso, tal como asegura el tópico. El hombre que fracasó en su intento de sustituir el juego del Monopoly por el suyo propio no debería llegar a la Casa Blanca.


* "Slim y Televisa dan otro portazo a Trump por su verborrea xenófoba" El País 30/06/2015 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/30/actualidad/1435629089_712267.html?rel=ult
** "NBC to Donald Trump: You’re Fired" The New York Times 29/06/2015 http://www.nytimes.com/politics/first-draft/2015/06/29/nbc-to-donald-trump-youre-fired/







domingo, 10 de marzo de 2013

Afortunados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En la película rodada en 1932 por varios directores, encabezados por Ernst Lubitch, y con guionistas de la talla de Joseph L. Mankiewicz, "Si yo tuviera un millón" (If I had a Million), compuesta por diferentes historias, el millonario John Glidden, que se encuentra al borde de la muerte —pero con mucha energía—, rodeado de empleados y familiares pendientes de su testamento, decide burlarlos y emplear el tiempo que le quede de vida en regalar un millón de dólares a una serie de desconocidos elegidos al azar. Para ello pide que le traigan la guía telefónica y le den el cuentagotas con el que le pretenden suministrar su medicina. Glidden explica que aquel nombre sobre el caiga la gota recibirá un millón de dólares. La primera gota cae al azar sobre la guía abierta y Glidden pide que le digan el nombre del afortunado:
            —¡John D. Rockefeller! — leen con asombro.

Evidentemente se trata de un gag de la película que incide en el tópico de la suerte del millonario que se asienta en la inevitabilidad de la "fortuna". La superposición semántica que la palabra tiene —"fortuna" como 'suerte' (ser afortunado), lo que se posee (tener una gran fortuna) y el elemento azaroso—, la caracteriza en este sentido. Rockefeller tiene más suerte y será más rico porque el azar está de su lado; es un "afortunado". 
De hecho, la primera acepción que el Diccionario de la Academia nos ofrece es el "encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito". Los "afortunados" hacen una gran "fortuna" "fortuitamente". "Afortunados" son los que reciben ese millón de dólares de manera aleatoria. La película acumula casos sobre la forma en la que la Fortuna se recrea, haciendo llegar el dinero a quienes se lo merecen, de forma irónica a los que no pueden recibirlo, y como lección a los que no saben apreciarlo. Pero todo eso tienes demasiado sentido como para no ser premeditado. La vida no tiene tanto guión y da y quita sin miramientos.

En La conquista del pan (1892), el príncipe anarquista  ruso Piotr Kropotkin escribió:

Se cuenta que Rothschild, viendo amenazada su fortuna por la revolución de 1848, inventó la siguiente humorada: "Admitamos que mi fortuna se haya adquirido a costa de los demás. Dividiéndola entre los varios millones de europeos, correspondería a cada persona un escudo. Pues bien; me comprometo a restituir su escudo a cada uno que me lo pida".
Dicho esto, y luego de debidamente publicitado, nuestro millonario se paseaba tranquilo por las calles de Frankfurt. Tres o cuatro transeúntes le pidieron sus respectivos escudos y él, con sardónica sonrisa, se los entregó quedando hecha la jugarreta. La familia del millonario aún está en posesión de sus tesoros.** (55)

No es casual que Kropotkin comience con esta historia del banquero Mayer Amschel Rothschild el capítulo "La expropiación" en la obra. Es lo suficientemente irritante como para convencernos de la necesidad de expropiar a individuos como ese que, además de hacer su fortuna arruinando  a los demás, se ríen de ellos. Los muy ricos deberían tener el buen gusto de no hacer bromas sobre sus fortunas.


Las diferencias entre el millonario de la ficción, John Glidden, y el de la realidad, Rothschild son grandes, claro. Aunque hay algunos que gustan de la filantropía, son más los que se acercan al modo de reparto de Rothschild y más incluso los que lo considerarían un despilfarro absurdo. 
La esencia de la idea de "fortuna" no está en su justicia, sino precisamente en su arbitrariedad, en lo fortuito. La película no nos muestra cómo consiguió John Glidden su fortuna; solo cómo la distribuyó. Ya señalaba esto Kropotkin en su obra: «[...] hay un grueso error, y es que nadie se ha preguntado nunca de dónde provienen las fortunas de los ricos. Un poco de reflexión bastaría para demostrar que el origen de esas fortunas está en la miseria de los pobres.» (56) Hoy, que indagamos las de algunos, nos llevamos muchas sorpresas.


Nuestros tiempos, sí, son también de "grandes fortunas". Cada vez que sale la lista Forbes, aparecen nuevos nombres, lo que no significa que los que no están en la relación publicada no lo sigan siendo, sino que hay otros con más dinero. La contrapartida es el empobrecimiento de otros muchos que ven cómo su vida empeora cada día, sin la esperanza de que unas gotas caigan al azar sobre sus nombres y cambie su destino. Pero una cosa son las películas y otra la realidad. John Glidden es fruto de un guionista biempensante; Rothschild de las Leyes de la Evolución.
Hoy mucha gente no pide ya "fortuna", sino ese premio extraño, legendario, poco remunerado, que a algunos les toca de vez en cuando, que se llama "trabajo". 

* Piotr Kropotkin (2012): La conquista del pan (1892). La Malatesta Editorial / Tierra de Fuego / Libros de Anarres, Madrid.