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miércoles, 27 de abril de 2022

La nueva anormalidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hay palabras de las que se abusa, sobrevaloradas. Son palabras que en la cabeza de cada uno toman más significados de los que esperamos. Las escuchamos y pensamos que sabemos lo que nos están diciendo o lo que el otro tiene en mente. Me estoy refiriendo, por no divagar más, a la palabra "normalidad", un término que es ya difícil manejar en estos tiempos de pandemia, donde ha pasado a ser futuro imaginado, pasado idealizado y presente confuso y alternativo. La normalidad, no, ya no es lo que era.

Deberíamos haber sospechado algo cuando se empezó a jugar con lo de la "nueva normalidad", algo que iba desde la recuperación del cafelito en terraza a la retirada a tutiplén de mascarillas, la vuelta de la sonrisa a la negociación comunera del espacio de los ascensores, entre muchos otros casos pandémicos en los que unos ven una "normalidad" y otros otra.

No sabía yo que la RAE había incluido la "nueva normalidad" en el Diccionario. Allí se define como: "1. f. Situación en que la forma de vida normal o habitual se modifica debido a una crisis o a razones excepcionales; p. ej., en una pandemia."

Como sucede con las palabras, unas nos mandan a otras. Si no podemos ponernos de acuerdo en la "normalidad", menos lo haremos en la "nueva normalidad", que muchos han entendido como vuelta a las andadas y han interpretado como "volver a lo que hacías antes", sea esto lo que fuera. Teniendo en cuenta que el DRAE tiene siete acepciones de "normal", siendo la primera "Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural" y que todo esto viene de "norma", que son precisamente las que nadie cumple porque "lo normal" es saltárselas, es comprensible que nademos en la confusión y que muchos incluso se ahoguen.

Sí, lo de "normal" está cada vez más difícil y eso que se han instaurado rigurosas disciplinas para lo que llaman "normalización", pero funciona bien con los enchufes y cargadores de móviles, pero en la vida humana, cada día más revuelta para unas cosas y más plana para otras, está perdiendo su sentido.


Una muestra ejemplar de que la normalidad ya no es lo que era nos la ofrecen los juzgados en donde se está escuchando —atónitos— a los dos comisionistas de las mascarillas, sí, los de los Rolex, el yate, pisos, los coches de alta gama (¡qué bonita expresión!) y alguna juerga, de alta gama también. El diario ABC nos cuenta estos instructivos interrogatorios:

El juez instructor del caso mascarillas, Adolfo Carretero, fue muy crítico en su interrogatorio a los empresarios Luis Medina y Alberto Luceño cuando este lunes, comparecieron ante él y se avinieron a responder sus preguntas. En el caso del hermano del Duque de Feria, cuestionó que tachara de «normal» la elevada comisión que entre ambos se llevaron y que ascendía a seis millones de dólares, la mitad del importe abonado por el Ayuntamiento de Madrid por una partida de mascarillas, otra de guantes y una más de test de covid.

«¿A usted le parece normal que de unos guantes la comisión suya ascienda a un 81%? Porque según usted, Luceño no le ha engañado, pero él cobra cinco millones y usted uno (...) Entonces, está conforme con que cobrase eso. 

¿Le parece normal?», inquirió el juez ante las respuestas que intentaba, con cierto atropello, dar Medina.

Aunque el empresario insistió en que estaba conforme porque Luceño «hizo todo el trabajo y traía la oferta (de productos sanitarios) que no había» en aquellos momentos en Madrid, reconoció que el precio no era tan normal, pero porque «un contenedor que se mandaba por dos mil euros en esa época lo mandaban por 30.000».

«Ni normal ni no normal», acabó por decir Medina, y el juez replicó: «Pues si era tan normal, ¿Por qué no se lo dijo al Ayuntamiento? Si usted le hubiera dicho al Ayuntamiento, oiga, nos llevamos esta comisión, el Ayuntamiento habría dicho sí o no (...) pero tampoco Luceño les dijo el precio que quería Leno. Leno quería un precio, vendía por eso, y no se lo dijeron (al consistorio)». *


La palabra "normal" aparece seis veces en este diálogo anti platónico, bien apegado al suelo de las dudas más que metódicas sorprendentes. El diálogo entre juez instructor y los dos comisionistas es digno de los Álvarez Quintero y, ahora que Madrid quiere recuperar la asignatura de Filosofía (¡qué extraño sentido del humor tiene Díaz Ayuso!) podría ser debatido en las aulas como ejercicio adecuado a temas del programa que van del citado Platón, el metódico Descartes, el obispo Berkeley, el positivismo comteano y hasta los límites del lenguaje y del mundo de siempre actual Wittgenstein. ¡Una joya de la retórica, vamos!

En esta banda comisionista, donde tenemos al cerebro y al rostro, en perfecta sintonía. El famoso "pa´la saca", eslogan e himno generacional ya, es equiparable al "Cogito ergo sum" en donde el pienso es sustituido por "comisiono", una forma a la que hay que dar un nuevo sentido en el DRAE.

El juicio de las mascarillas (uno de ellos, por lo que vemos) quedaría perfecto en una comedia italiana, con su pareja bien combinada, de cerebro uno y cara los dos. Explican bien que lo de la "normalidad" este sujeto a revisión y perversión constantes. Antes "anormal" era un insulto, ahora no sabemos bien qué es.

La verdad es que yo no quiero ser "normal", como el dúo Medina-Luceño. Tenemos una sociedad tan abierta, que padecemos estos catarros éticos por las corrientes de sinvergonzonería que se producen.

Hacemos lo que queremos y hemos desarrollado la maquinaria de las excusas, que es la que se pone en marcha para lanzar las cortinas de humo de la "normalidad", tal como hacen los comisionistas en el juicio. No sé si el juez logrará entender qué es "normal" para estos individuos. La excusa del "normal" suele ser que todos lo hacen, pero cuando lo que hacen es saltarse las normas, ya entramos en terreno resbaladizo. La anormal normalidad parece ser la norma. Es decir, si todos lo hacen, ¿por qué yo no? Mi temor es que a muchos les caigan simpáticos, un modelo a imitar. Los tiempos están muy raros.

 

 

* Isabel Vega "La bronca del juez a Medina por la comisión: «¿A usted le parece normal?»" ABC https://www.abc.es/espana/abci-bronca-juez-medina-comision-usted-parece-normal-202204261017_noticia.html

jueves, 7 de abril de 2022

Racha de pelotazos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


De nuevo nos vemos asediados por otra racha de "pelotazos", un término que en España elevamos en su momento al nivel de la "cultura" gracias al etiquetado de los medios. Pasar del "pelotazo" a la "cultura del pelotazo" es pasar del hecho al contexto en el que se produce, la motivación que los genera y hasta la opinión que los justifica y hasta envidia.

Los pelotazos son una vía rápida y poco clara para conseguir beneficios con el mínimo esfuerzo. El pelotazo es jugar con ventaja y pagar con dinero ajeno que se cobrará de otra forma en algún oscuro lugar, en algún remoto banco o a través de algún pariente lejano.

En el pelotazo se concentran las pocas ganas de trabajar y muchas ganas de disfrutar de lo ganado. El pelotazo es una forma de vida y de relación social, necesita de "contactos", un concepto clave en este mundo-red de los comisionistas, forma antigua y con la que se quiere dar cierta entidad.

De la cultura del trabajo a esta indecente manera de vivir de las comisiones, versión de aparente del antiguo "vivir de las rentas", hoy mal visto. El comisionista parece que trabaja, que se ajusta a la ley y muchas veces lo hace, pero compite por debajo y con preferencia, se mueve entre amigos y amigos de amigos, entre conocidos que facilitan teléfonos o te dan el e-mail correcto y un "di que vas de mi parte" o "me dirijo a ustedes porque el/la sr./a. XXXX me ha dado su dirección de correo", todas ellas fórmulas protocolarias de alto rendimiento, por lo que se ve.

El alcalde Almeida dice que su primo se limitó a facilitar el correo al que todo el mundo acudía. ¡Estupendo! Pero habrá que ver porqué llamaron al primo y no miraron en Google o en la página web del ayuntamiento de Madrid, como todo el mundo, un concepto que a ellos, en su singularidad relacional, les parece demasiado plebeyo. Aquí, el que no tiene un primo tiene un hermano. En Sicilia pasa lo mismo y no se protesta tanto.

Sacarse seis millones de euros en comisiones son muchos millones y una enorme explicación requerida. Los medios han empezado la casa por el tejado, es decir, por saber en qué se han gastado los millones estos comisionistas. En ABC leemos:

El nombre de Luis Medina (41 años), personaje omnipresente en la crónica de sociedad, casi desde la cuna, y en publicaciones de referencia de estilo y aristocracia ('Point de Vue', biblia del Gotha europeo, en su día le consagró como 'el soltero más atractivo del mundo', mientras que 'Vanity Fair' le añadía a su lista de elegantes entre los elegantes), ahora se suma a la nómina de investigados por la Fiscalía Anticorrupción.

En su caso, por las comisiones millonarias que, en compañía del empresario Javier Luceño, habría cobrado en una operación de venta de material sanitario de primera necesidad al Ayuntamiento de Madrid y en plena pandemia. Según el escrito de la Fiscalía, Luceño y Medina inflaron el precio de los productos (mascarillas, guantes y tests) un 148% simulando que eran representantes exclusivos de una empresa malaya con fábricas en China.* 

El pelotazo sanitario tiene algo más que investigación por si hay delito: hay desvergüenza e inmoralidad, agravante con la materia en sí. ¿Cuántas más mascarillas se habría podido comprar con ese dinero público, cuántos test? ¿Cuántas vidas se podrían haber salvado de poder tener un bien tan escaso como llegaron a ser las mascarillas? Tan es así que el propio diario se pregunta cómo alguien tan elegante por fuera puede estar en algo tan sucio y feo por dentro. 

Pero, ¿qué hace un chico como él en un proceso judicial de tan grueso calado como este? Marqués de Villalba, hijo de Naty Abascal y el fallecido Rafael Medina (el título de duque de Feria lo ostenta en la actualidad su hermano Rafael) y criado en el seno de una de las familias con mayor número de distinciones y grandezas de España, la Casa de Medinaceli, su vida profesional siempre ha estado vinculada al negocio textil, al igual que la de su hermano mayor.

Rafael Medina, casado con bilbaína Laura Vecino, inició su andadura profesional en 2007, cuando creó la exitosa marca de moda masculina Scalpers en 2007 junto a dos amigos y varios inversores, entre los que se encontraban Meby Inversiones y Nimbus Capital. Siete años más tarde, se desvinculaba de Scalpers para unirse al grupo Inditex.

Luis, por su parte, no ha disfrutado de una vida empresarial tan rutilante como la de su hermano, aunque, como él, sí aprovechó una nutrida red de contactos (muchos de los cuales pasan por Asia) para poner en marcha varios proyectos con los que, además, se asentó como referente de estilo a la manera de siempre: no le interesa pasar por 'influencer'. No lo necesita. Al cabo, ser hijo de Naty Abascal siempre le ha dado el pedigrí de una elegancia que no necesita exhibir más allá de los 'photocalls' o los salones de la alta sociedad.* 


¿Qué país de idiotas hemos hecho en el que se puede ir por la vida de "hijo de Naty Abascal", vivir de ser elegante por parte de madre y lucir palmito en alfombras y salones? ¿A dónde vamos con esta fauna artificial, creada para ocupar minutos de emisión en las televisiones, dar trabajo a los fotógrafos y rellenar páginas de medios que ahorran en puestos de trabajo? ¿Qué engendro hemos creado con toda esta sarta de figurines oportunistas transformados en comisionistas presuntamente delictivos que conecta la "alta ridiculez" con la clase política, extendida cada vez más de padres a hijos, de hermanos a hermanas, con primos, tíos, toda conexión familiar relevante?

Los comisionistas tienen su segundo escándalo seguido en Madrid, sitio especialmente conflictivo en estas cosas. Pero los casos abundan repartidos por diferentes espacios políticos.

Recordamos cómo algunos cruzaban las fronteras españolas en busca de mascarillas más baratas. ¿Por qué hay que salir a otros países a buscar lo que allí es mucho más barato, se vende en los supermercados, etc.? Puede que una parte de la clave de este país encarecido artificialmente esté en los intermediarios y comisionistas que parasitan la vida económica nacional.

El largo titular del diario El País nos aclara el noble destino del dinero conseguido con estas artes relacionales: "Así se gastaron los seis millones los empresarios comisionistas de mascarillas en Madrid: ‘ferraris’, ‘rolex’ y hoteles a 6.000 euros la noche". ¡Hay que ver qué buen provecho se le saca a un e-mail!

El gasto realizado acaba por definir a los personajes de esta historia inmoral, retrato infame de un país en donde los eslóganes nos dice que de esta "vamos a salir más fuertes", mientras que la realidad nos demuestra que "de esta algunos van a salir más ricos", asquerosamente ricos y despilfarradores. No vamos a pedir la virtud del ahorro a los que no tienen la virtud de los escrúpulos, sería pedir demasiado.

Pero sí que hay que exigir a los familiares que están del lado activo que alejen a sus parientes del lado pasivo, del de las ganancias tontas, pero siempre legales, como dice la presidenta regional.

De los múltiples pelotazos que sacuden la vida nacional de forma continuada, estos relacionados con la pandemia son especialmente asquerosos por lo que revelan de inmoralidad, codicia y aprovechamiento de la necesidad.

Hay toda una parte parasitaria en la vida española. Está siempre dispuesta a ponerse por medio para sacar tajada de esas maniobras en la oscuridad a través de estas redes de contactos. No hay camino que no intervenga si esto le produce ganancias fáciles y escandalosas, como es el caso.

A ver si hay suerte y si pilla bien a alguno de estos familiares que pasaban por allí, hijos de la alfombra roja o de la discreta trastienda familiar. Necesitamos escritores y azconas y berlangas que nos den nuevas imágenes tomadas de la vida real, una serie..., lo que sea que lo retrate. Siguiendo el modelo de Berlanga, podría titularse "La mascarilla nacional", dejando al descubierto esta fauna ibérica de la que no conseguimos desprendernos en este país de chiringuitos en todos los niveles, de los playeros a los empresariales. Nobles, elegantes y políticos son su base, pero seguro que escarbando un poco salen más ferraris.

Como madrileño, lamento que mis impuestos acaben donde acaban, en los bolsillos de algunos. Como español, lamento que esto se utilice para luchar entre partidos y no se intente acabar con ello mediante pactos anticorrupción efectivos. Esto nos ofende a todos, por encima de cualquier distinción. Está enquistado y hay que combatir esta clase parasitaria en cualquiera de sus colores, ya que las ideas son las mismas.

elDiario.es 6/04/2022

* I.G. Rico "Luis Medina: de la lista de los más elegantes a la nómina de investigados por Anticorrupción" ABC 7/04/2022 https://www.abc.es/espana/madrid/abci-luis-medina-lista-mas-elegantes-nomina-investigados-anticorrupcion-202204070109_noticia.html