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jueves, 1 de mayo de 2025

Bezos el traidor o a cada uno lo suyo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Aunque la política esté cada vez más liada con los negocios, los límites son claros y están en el bolsillo. Aquí no hay "una gran amistad" si toca el bolsillo. Los cien días de Trump en la Casa Blanca solo han confirmado amistades con dictadores y autócratas, pero no hay negocio que beneficie a todos y sí que perjudique a muchos, Así es esto del mercado, que parece ser que es lo que tiene en la cabeza. Lo que no está tan claro es que esté dispuesto a asumir los aspectos negativos de sus acciones. Si los ricos y las empresas pueden ver tocados sus bolsillos, mucho más lo sentirán los ciudadanos de a pie. Por ahora Trump remite los problemas a futuros idílicos, a la grandeza extrema, pero para llegar a eso hay que sobrevivir al presente, lo que puede no ser sencillo.

Lo que parece claro es que cada palo debe aguantar su vela, que muchos no están dispuestos a asumir las acciones del visionario presidente. Esto incluye a algunos "amigos" como a Elon Musk, que ha visto hundirse sus Tesla ante el boicot popular y el  consiguiente hundimiento de las ventas.

Ahora le toca a otro "compañero de viaje", a otro gigante del mercado, al propietario de Amazon, otro lado del sueño americano, Jeff Bezos. En el diario ABC hemos podido leer el efecto sobre los precios de las medidas arancelarias de Trump: 

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, calificó este martes de «hostil» y de «acto político» que Amazon expresara su deseo de detallar el impacto de los aranceles en los precios de los productos que ofrece en su plataforma.

«Esto es un acto hostil y político por parte de Amazon. ¿Por qué Amazon no hizo esto cuando el gobierno de (el expresidente demócrata Joe) Biden subió la inflación al nivel más alto de los últimos 40 años?», declaró Leavitt a los periodistas.

Por ahora el gigante del comercio en línea no ha confirmado su intención de publicar el impacto de las tarifas aduaneras.

Según Punchbowl News, Amazon pronto empezará a mostrar «cuánto sube el precio de cada producto por los aranceles de Trump».

Según la CNN y el Wall Street Journal, que citan varias fuentes, Trump llamó a Bezos para expresarle su preocupación tras ser informado. El mismo presidente ha asegurado este martes, según recoge Reuters, que ha tenido una «buena llamada» con el jefe de Amazon. *

Una cosa es asumir la elevación de los precios por los aranceles impuestos por Trump y otra cosa asumir las protestas por la subida. Si los precios suben, al menos que los compradores sepan qué pagan por él y qué pagan por los aranceles. Es la forma de intentar eludir, si no los efectos finales, sí el coste de imagen. Los precios suben, sí, pero no es culpa de Amazon sino de los aranceles, lo que no deja de ser cierto aunque tenga una trampa, eludir la responsabilidad que supone el apoyo a Trump. Hacerlo y no asumir los costes económicos y políticos no deja de ser una gigantesca hipocresía de la que no creemos que Bezos (o Musk) se puedan librar fácilmente.

La auténtica dimensión del acto de especificar qué le están pagando a Amazon y qué les está cobrando Trump a través de los aranceles es visto, como se señala, como un acto "hostil" y "político". Esto equivale a una "traición" en la terminología trumpista de la Casa Blanca.

No deja de ser un despropósito equiparar la "inflación" de la época Biden, como se señala, con los aranceles de Trump, pues este es un acto voluntario, mientras que la inflación no lo es. Las interpretaciones trumpistas son una forma más de manipulación para quien las quiera creer, que serán muchos.

El efecto buscado es claramente la intimidación. La Casa Blanca politiza el hecho de explicitar el peso de los aranceles en el precio. Eso implica convertir Amazon (y a Jeff Bezos) en un perverso y taimado "agente demócrata".

Quizá era demasiado simple pensar que incluso los votantes de Trump, los más radicales, iban a convertir la subida de precios en un acto patriótico por amor a América y, sobre todo, al Jefe y no fijarse en la subida. Pero hay que distinguir la cabeza, el corazón y, como hemos dicho, el bolsillo.

En la CNN podemos leer algunos efectos sobre Bezos y Amazon al hilo del enfrentamiento:

Amazon donó un millón de dólares al fondo inaugural de Trump y está produciendo un documental centrado en la primera dama, Melania Trump. 

Trump elogió recientemente a Bezos en una entrevista publicada que The Atlantic publicó el lunes: “Está al cien por cien. Ha sido fantástico”. 

El patrimonio neto de Bezos ha disminuido en US$ 30.000 millones desde principios de este año, según el Índice de Multimillonarios de Bloomberg, en parte como resultado de las políticas arancelarias de Trump y la caída del mercado de valores.**

Creo que esto está suficientemente claro. Otra cuestión es el miedo a separarse de las políticas de Trump. el titular de la CNN es muy preciso en el tono: "Un Trump furioso llamó a Bezos tras enterarse de que Amazon consideró identificar el peso de los aranceles en sus precios"**

Toda la parafernalia exhibida por Trump en su celebración de sus cien días en el gobierno es un intento propagandístico de paliar el deterioro causado por sus medidas, que a lo mejor no eran tan inteligentes como se pensaba. Ahora se nos trata de vender la magnanimidad del acto de retirar algunos aranceles a producto o de bajárselos a ciertos países. Es una "marcha atrás" triunfal ante los efectos que tienen para los propios Estados Unidos.

Trump acaba de avanzar el nuevo gasto militar indicando que se invertirá en "armas nunca vistas" y que "espera no tener que usarlas". De nuevo las amenazas, su estilo. Conforme vaya perdiendo poder e influencia, las amenazas dejarán de ser sutiles. Por lo pronto, ya ha logrado hacerse con las "tierras raras" ucranianas. La guerra durará hasta que tenga lo que quiera. ¿Se irá repitiendo en otros escenarios?

La decisión de Bezos es un intento de paliar los efectos negativos de las decisiones de Trump. Esto es tanto la subida de los precios como el boicot por principios. Es la forma, dentro y fuera, de manifestar el rechazo de otras acciones de los Estados Unidos con Trump al frente. Compran se transforma en una acción con un sentido añadido, la manifestación del rechazo y descontento. Los amigos de Trump están empezando a ver los efectos. Si se produce una caída de las ventas, los inversores buscarán otros espacios más rentables para la inversión. Y así el mercado seguirá sus propias leyes por encima de Trump.

¿Llegará un día en el que Trump comprenda que no puede controlarlo todo? ¿Cómo reaccionará? Una interesante cuestión cuando se tiene la posibilidad de organizar guerras, apropiarse de territorios, etc.

* "La Casa Blanca considera «hostil» la presunta intención de Amazon de revelar coste de los aranceles en los productos" ABC / AFP 29/04/2025 https://www.abc.es/economia/casa-blanca-considera-hostil-presunta-intencion-amazon-20250429170002-nt.html

** "Un Trump furioso llamó a Bezos tras enterarse de que Amazon consideró identificar el peso de los aranceles en sus precios" CNN en español 29/04/21025 https://cnnespanol.cnn.com/2025/04/29/eeuu/casa-blanca-amazon-aranceles-precios-trax

lunes, 1 de enero de 2024

Los hutíes en el Mar Rojo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ya se están produciendo los primeros combates en la zona de paso por las costas de Yemen. Los medios nos informan de la respuesta norteamericana al ataque de los hutíes a un barco mercante.

Es cada vez más importante atender no solo los hechos, sino hacerlo también con la retórica que les acompaña, tanto en lo que se refieren al acto en sí como a lo que es su justificación o explicación. Lo que los Estados Unidos ha etiquetado como "Operación Guardian de la Prosperidad" es claro en su definición y objetivo. Los tres términos definen lo que es y a qué está destinado.

Un poco más compleja es la retórica de los hutíes, pero no por ello menos clara en su explicación, que contiene unos datos interesantes. En RTVE.es no dan los datos sobre el suceso y la forma de verlo de ambas partes:

Al menos diez rebeldes chiíes hutíes del Yemen han muerto este domingo en un intercambio de fuego con Estados Unidos en el mar Rojo, según ha asegurado su portavoz militar, Yahya Sarea. 

"Mientras las Fuerzas Navales de las Fuerzas Armadas yemeníes (hutíes) ejercían sus deberes oficiales habituales de establecer la seguridad y estabilidad y proteger la navegación marítima (...) las fuerzas del enemigo estadounidense atacaron tres barcos pertenecientes a las fuerzas navales yemeníes (hutíes), que provocó el martirio y la pérdida de diez miembros", ha escrito Sarea en su cuenta en la red social X. 

El portavoz ha aseverado que los movimientos militares de Estados Unidos en el mar Rojo "para proteger los barcos israelíes no impedirá que el Yemen cumpla con su deber religioso, moral y humanitario en apoyo y victoria de los oprimidos en Palestina".

Los rebeldes, respaldados por Irán, han hecho referencia a la coalición naval creada recientemente y encabezada por Estados Unidos para proteger la seguridad marítima internacional en esta estratégica vía comercial, en la que múltiples navieras han suspendido su tránsito por los ataques de los insurgentes.*

El fondo del asunto lo tenemos en esa percepción de los hutíes sobre "su deber religioso, moral y humanitario en apoyo y victoria de los oprimidos en Palestina", tal como se señala en el texto. Esa definición, claramente de consumo interno, alentando a la "guerra santa" está claramente inspirada en el mismo modo iraní de ver la vida, desde una perspectiva expansiva y como deber religioso.

La religiosidad es el resorte que permite el control de las situaciones en diversos países, ya sea como ocurre ahora, con una fuerza organizada (a la que se ha etiquetado de forma absurda como "rebeldes", lo que impide ver de lo que se trata realmente). En este contexto, la apelación a la "religión" es un llamado a la obediencia, es decir, a cumplir los objetivos desde donde se encuentra la autoridad religiosa, Irán.

Hay un islam nacionalista (Egipto, por ejemplo), basado en la identidad nacional; hay otro de corte panarabista, donde la esencia es la etnicidad árabe; y hay finalmente un tercero que cree en el lazo comunitario de la fe, sobrepasando a los otros dos enfoques. Es tercer caso necesita de un foco de poder, de un lugar desde donde salen los "designios divinos", desde donde se juzga el ajuste de los hechos a la doctrina y la política se convierte en "voluntad de Dios".  Eso es lo que supuso la revolución iraní, algo más allá de Irán, un punto hacia el que dirigirse en contraposición a los intentos de Arabia Saudí de ser un caso paralelo en el mundo suní, cuyo centro sigue siendo la Universidad de Al-Azar, controlado por el gobierno egipcio, aunque con un corte islamista en su fondo. Por eso, Al-Sisi tuvo que crear un ministerio para puentear operaciones de Al-Azar que no le gustaban demasiado.

Tras lo que ocurre en Gaza, hay muchas otras guerras internas, guerras territoriales y guerras religiosas. Por eso, las apelaciones hutíes a la "religiosidad" y el deber, al "martirio" de los muertos, etc. es una retórica bélico-religiosa, en donde los elementos se confunden. Lo primero ha sido siempre convencer de la conexión divina de las acciones y de la obediencia al centro de poder religioso, en este caso, Irán, el régimen de los ayatolas, un régimen teocrático.

Cualquier ley, tratado internacional, etc. es inferior en rango a lo que decidan los ayatolas desde Irán. Las piezas que mueven por el tablero so formas de expansión ideológica religiosa; no se pueden deslindar ambos factores, pues siempre será lo religioso, que es lo inapelable, lo que haya obligación de hacer. No se puede quitar el adjetivo de "santa" porque cualquier acción que se realice tiene un fin último, en este caso, la desaparición de Israel, que no consideran una cuestión "política", sino un "absurdo religioso", una quimera.

No es de extrañar, como hemos señalado en varias ocasiones, que el ataque de Hamás, otros sicarios religiosos de Irán, se produjera en el momento en que en los titulares mundiales se hablaba de "normalización" de algunos países con Israel, algo que se había ido produciendo poco a poco, con más o menos intensidad. El ataque inicial a Israel por parte de Hamás y la posterior reacción brutal del gobierno de Netanyahu, está haciendo retroceder esa posibilidad hasta un punto en el que costará mucho algo parecido a una paz. Esto beneficia evidentemente a Hamás, que pasa a ser la "víctima" a los ojos de todos buscando reacciones internacionales.

De nuevo vuelve a entrar el factor "religioso". Calificar como "mártires" a los muertos es darles un estatus compensatorio, casi un regalo que garantiza su entrada en el "paraíso", allí donde acabarán los que mueran. De esta forma no solo se seguirán produciendo muertes, sino que estas serán bienvenidas. Los ejemplos de la autoinmolación de terroristas es un ejemplo de que esto es una forma de actuar. El problema, pues, no es morir, sino hacerlo por una buena causa, la islamista. Desde esta perspectiva el mundo es distinto, lo es en su jerarquía de motivos. Lo relevante es dar la vida por la causa de Dios y esta se explica desde Irán por parte de los ayatolas, algo que no admite discusión.

Si no se entiende la motivación, difícilmente se encontrará explicación de los actos, de los ataques en este caso. Irán mueve peones por toda la zona. Puede que en poco tiempo, los empiece a mover fuera de este escenario, creando nuevos focos de problemas. Ya lo está haciendo. Junto a Irán está la Rusia de Putin, con la que mantiene una estrategia antioccidental común, cada uno con sus propios objetivos. Los de Putin se sitúan en Europa, de la que Ucrania es la primera pieza; los de Irán por todo Oriente Medio, amparándose en todos esos grupos situados en distintos países (Hamás, Hezbolá, hutíes, etc.) dispuestos a crear conflicto en el nombre de Dios, un dios que tiene cara y se encuentra en Irán, el centro de los chiíes, en conflicto con el resto de Oriente Medio y otros países de la zona.

El día 29 pasado, RTVE.es incluís en sus noticias el titular "La crisis del Mar Rojo provoca paros de producción en las fábricas de Michelin de España" con el que se nos muestran los objetivos reales de esta "guerra santa". Al crisis creada con la guerra de Ucrania, se suma ahora el control de la economía mundial por parte de los hutíes, es decir, por Irán y Rusia, interesados en que cesen los apoyos a Israel o, más simple, en complicar un mundo que esperan que se hunda económicamente entrando en una crisis, en una depresión que haga saltar todo por los aires. Es un macabro y maquiavélico ajedrez que mueve sus piezas para ahogar la economía de los países.

La llegada de Trump, algo que Putin está deseando, supone además que Estados Unidos será necesario para la defensa, pero no para la economía, que pretende aislar creando su propio mercado en el que dejará de depender de otros, como ha ocurrido en el periodo de expansión chino. China queda convertida en una pieza en el centro ante el freno brutal a las importaciones que ya Trump realizó en su periodo presidencial. Las empresas norteamericanas fueron penalizadas con fuertes aranceles cuando fabricaban fuera de Estados Unidos (caso emblemático fue el de Harley Davidson) y luego pretendían llevar lo fabricado desde China o México hasta sus mercados.

Todo esto es lo que se está jugando, el ajedrez mundial sobre un peligroso tablero que se va extendiendo. Con este aumento, crecen también los riesgos. Si la guerra de Ucrania recalentó la economía de muchos sectores, como los cereales, por ejemplo, provocando subidas de los alimentos en todo el mundo.

Ahora el foco de calentamiento es ese punto de paso de los cargueros contra el que los pro iraníes lanzan sus huestes. La Operación Guardián de la Prosperidad es un intento de evitar que se salgan con la suya, aunque será difícil. Otra noticia nos habla de cómo los hutíes han convertido un barco mercante capturado en una especie de pieza festiva de museo, una muestra de que Dios está de su parte para los que tuvieran alguna duda. La imagen que da inicio a este texto nos los muestra haciéndose selfies en un barco mercante capturado. Ahora lo van a tener un poco más difícil.

 

* "Al menos diez hutíes muertos en un intercambio de fuego con Estados Unidos en el mar Rojo" RTVE.es / EFE 31/12/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231231/huties-muertos-yemen-estados-unidos-mar-rojo/2470194.shtml

viernes, 1 de septiembre de 2023

No lo entiendo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A ver si es que no lo entiendo yo bien. Primero se nos dice que España es el segundo país de la Unión Europea con un tasa más baja de inflación, aunque después se nos añade que somos el país con más paro de la misma Unión, más del 11%. Pero se nos dice que los carburantes se han encarecido tras dos meses de subidas y se alzan con la operación retorno de las vacaciones más caras de la historia y que nos disponemos a enfrentarnos a la vuelta al cole más cara de la historia. Se nos dan las quejas de los que tienen contratadas hipotecas, que experimentarán unas insufribles subidas por causa de Euribor, lo que ha provocado, nos dice otra noticia, que la firma de hipotecas haya caído un 22% en junio, subiendo más de un punto, hasta el 3,19%. Quizá yo no lo entiendo bien.

Se nos dice hoy en RTVE% el drama de los pacientes oncológicos en Baleares, que ven mermada su atención porque no hay médicos, apenas la mitad de los necesarios. ¿La causa? Que nadie quiere ir a Baleares por lo elevado del coste de la vida y el precio desorbitado de los alquileres. Médicos y pacientes se quejan de que no se cubren las plazas. Los sueldos bajos empujan a irse al extranjero y los precios altos por ser zona turística, con "precios turísticos", hacen imposible vivir allí y, por ello, no quiere nadie irse a la zona. Nos dice incluso que el gobierno balear ha quitado el requisito del conocimiento del catalán, porque el nacionalismo demagógico tiene el límite en la muerte de las personas en listas de espera.


Lo confieso: me baila todo. No acabo de entender cómo tenemos la inflación más baja mientras sube todo. No creo que la gente se queje por quejarse y que los medios hablen de las subidas simplemente por hacerlo.

La combinación del dato de la tasa de paro con la de la subida de los precios, con el frenazo a las hipotecas, casan con otros datos que los investigadores sociales nos ofrecen, por ejemplo, el regreso a casa de los padres de muchos hijos que no pueden afrontar la emancipación o que tratan de ahorrar para evitar las hipotecas.

Los hosteleros despiden las vacaciones ordinarias más caras de la historia y se disponen a lanzarse sobre las otoñales e invernales del IMSERSO, avisando, claro, de que deberán subirlas porque está todo muy caro, pese al buen dato de la inflación respecto a Europa.

El regreso a casa de los padres o el alojamiento de los padres en casa de los hijos para contribuir a la economía se puede constatar en las cajas de cualquier supermercado. Entre desempleo y bajos sueldos, la economía española es una ficción turística. Aunque a lo mejor la ficción somos nosotros y los turistas la realidad.

¡Cómo estará la cosa que en RTVE.es escriben "respiro", con comillas! No sé muy bien si es por ironía o porque la gente ya no sabe qué significa eso de "respirar" económicamente. Las comillas son necesarias porque no son respiros-respiros, sino simplemente que lo que había subido mucho baja un poquito. En realidad sigue carísimo, pero da un poco de ánimo ver la palabra "respiro" en un titular.

Lo mismo pasa con esa montaña rusa que es el precio de la luz, donde es la palabra "baja" la que debería ir siempre entrecomillada. Un día se dispara y al otro nos dicen que "baja" un 15%, lo que no tiene sentido más que en términos de secuencia. Bajar un poco cuando sube mucho crea una ficción si lo damos en términos de tantos por ciento. Sería mejor ver una gráfica y saber cómo evolucionan los precios realmente en lo importante: en cómo afectan a nuestro bolsillo. Pero a lo mejor nos asustamos o, peor, nos enfadamos. Así que mejor vivir la ficción de la "tregua", otro término bélico que usamos a diario. Pero siempre ganan los mismos.

Todas estas jugadas técnicas de la información económica finalmente se vuelve extraña cuando llega el momento de ver lo que queda en el banco después de pagar y lo que queda en el bolsillo después de comprar. Ambas cifras se ajustan y son las que interesan. El ahorro que se había producido durante la pandemia es evacuado de nuestras cuentas corrientes para beneficio de los que ganan siempre. Esos bancos y empresas de los que nos cuentas cómo se han disparado las ganancias.

No lo entiendo. 

 

sábado, 16 de julio de 2022

El Gran Hermano Bar o la militarización del ocio

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Nunca se ha escuchado tanto la palabra "ocio" como en estos últimos tiempos. De hecho, durante la COVID nos hemos preocupado más del ocio que del trabajo, ya que nuestro ocio es trabajo y beneficio. Ponernos la mascarilla ha sido quitarnos la máscara nacional y descubrir que nuestro estado natural es el de consumidores del ocio. Para que unos disfruten otros tienen que trabajar, para que unos ganen otros deben gastar. Es así de simple sobre el papel, pero en la realidad se nos está complicando.

Recogimos aquí el resoplido satisfecho de aquella primera señora que nos mostraron asentando sus posaderas en la silla de una terracita después de tanto tiempo y tantas ganas. Esta fórmula se ha convertido en una entradilla tópica para todo. Si se nos habla de los Sanfermines se nos explica que "después de tanto tiempo, había muchas ganas".

Durante el tiempo no se podían usar los interiores de cafeterías y restaurantes. Hubo que habilitar unas terrazas ampliadas para que los negocios del ocio pudieran sobrevivir. Pese al malestar mostrado por los vecinos, que veían cómo el ruido crecía bajo sus ventanas ("después de tanto tiempo, había muchas ganas", por supuesto, de hacer ruido), las terrazas se impusieron. Por el camino se habían quejado de que los "botellones" tenían ventaja, que la gente hacía en ellos lo que no les estaba permitido en los locales de ocio. Sabemos desde hace mucho tiempo que el gran local de ocio español es la calle y que durante décadas se han estado probando fórmulas para canalizarlo a interiores, que es donde está el negocio. Pero eso es otra cuestión.

En RTVE.es leemos el siguiente titular sobre esto: "Terrazas con cronómetro: algunos bares y restaurantes limitan el tiempo a sus clientes"*.  Podemos leer allí: 

En las mesas de algunos restaurantes se puede leer el cartel que fija un límite de hora para permanecer en ellas: 30 minutos para tomar algo o de una hora y media para comer.

En algunos casos es incluso menor y el tiempo para comidas se queda en una hora. El debate está servido y los principales afectados son los clientes: "¿Por qué tiene que haber límite?, no lo entiendo, me estresa saber que tengo un tiempo limitado", asegura un ciudadano desde una terraza en Barcelona.

Y como en todo, hay opiniones para todos los gustos: "Me parece bien, tienen que vivir de algo", afirma otro comensal de la ciudad condal.* 


En el artículo se nos dice que es "legal" si se avisa antes a los clientes, si se coloca algún cartel especificándolo. De no hacerse de esta forma, la cuestión sería ilegal. Me gustaría, en cualquier caso, ver qué ocurre en el era de los teléfonos móviles si unas personas deciden que no han "terminado" la comida (no entendida como un acto alimenticio, sino como un acto social) o que no les apetece levantarse de la mesa.

Poner tiempo al ocio es, como señala uno de los preguntados en Barcelona, cuanto menos "estresante". El acto social de estar en una terraza es precisamente no tener que mirar el reloj, por eso se llama "ocio". Pero aquí es "ocio" cuando te interesa y entonces te preocupas por la salud mental de los que no pueden disfrutar su ocio porque hay restricciones, etc. y deja de serlo cuando es una marcha militar en la que te marcan ritmo y el tiempo de tu estancia.

Mucho me temo que si esta práctica prospera, pueda ocurrir el mismo fenómeno que provocó el botellón, que no fue otro que el encarecimiento del ocio destinado a los jóvenes. Los empresarios no querían ver a cinco jóvenes sentados a una mesa compartiendo dos refrescos durante unas horas. Subieron los precios y desarrollaron diversas prácticas, algunas muy imaginativas para evitar que esto ocurriera. Los jóvenes decidieron que era mucho más divertido pasarse la tarde y noche en la calle "haciendo botellón". Todavía hoy veo en mi gran superficie habitual cómo los grupos de jóvenes entran viernes y sábados y salen con diversas botellas con las que se pasan las noches en los parques. Tengo mis dudas sobre si las limitaciones de la venta de alcohol están orientadas hacia la salud pública y no una forma de presión por parte del gremio que ha dejado de venderlo. Lo que han hecho precisamente ha sido extender esta práctica, que cubre ya una generación, y sobre todo señalar su fundamento: es social, barata y nadie les dice cuándo se termina. Los efectos paralelos también los conocemos, desgraciadamente.


Hay mucha prisa por recuperar el dinero que se quedó guardado en forma de ahorro. Ese dinero está fuera del circuito y está saliendo a través de la fuerte inflación. Algunos han conectado el fin de la pandemia con el fin de la crisis, algo que no es cierto. El deseo de "recuperar" lo no gastado, junto a las jugadas de Putin, está llevando a una serie de prácticas que están disparando la inflación, reduciendo la calidad de la vida y de los productos.

Las prácticas comerciales a las que estamos asistiendo son realmente preocupantes. Vemos cómo se reducen las raciones y se doblan los precios con toda naturalidad, ya que la culpa la tiene Ucrania, claro. Vemos cómo se rebaja la calidad de los productos porque, claro, la energía está muy cara para tener las neveras todo el día encendidas y hace mucho calor. Como ha subido la gasolina, todo se ha encarecido en un intento de "no entrar en pérdidas·, es decir, la clásica espiral inflacionistas.

Cronometrar el ocio es una práctica más en este sentido. El otro día quedé con dos amigas para comer en una cafetería restaurante muy conocida de una céntrica zona comercial madrileña. La empresa tiene sus zonas horarias en función de las franjas para desayunos, comidas, meriendas y cenas, con públicos distintos en cada una de ellas. Cuando entramos a las dos de la tarde, con un calor horrible, el aire acondicionado era casi polar, algo que se notaba en contraste con el calor de la calle. Comimos tranquilamente, pero a las 4 de la tarde empezamos a sentir un fuerte calor. No te piden que te vayas, pero la forma de desalojar mediante la subida de las temperaturas era clara. La gente sale a la calle y deja sitio a la siguiente tanda, para los que se volverá a subir el aire acondicionado. Sencillo.

El segundo entrevistado en la noticia de RTVE.es dice que "le parece bien", que "tienen que vivir de algo", señala. Sí, pero tienen que tener mucho cuidado con no matar a la gallina de los huevos de oro. El ocio es ocio y si quieres vivir de él tienes que tener cuidado con lo que haces. Militarizar a los que están intentando tener un rato de descanso es, en el mejor de los casos, estresante. Cuidado, no vayan a tener que lamentarlo.

No sé si estamos preparados para un sector que decida reducir la calidad de los productos, reducir las raciones y hacer lo mismo con el tiempo. Eso, además, viene acompañado por una rebaja de los sueldos. ¿Cuántas veces hemos escuchado la queja del sector de que no encuentran personal? Si el mercado funciona en un sentido, debería funcionar en el otro, es decir, mejorar la oferta de empleo y así seguro que encuentran trabajadores para atender sus negocios de hostelería.

No cuentan que los precios de las vacaciones han subido un 30%; veíamos hace días que el alquiler de coches para el verano se ha multiplicado por cuatro. Algunos comercios retiran los productos baratos para limitar la elección del consumidor y desechan menos productos en mal estado amparándose en que no se desperdicie nada; lo malo es que compramos un producto peor pagando en ocasiones el doble.

Como se trata de un "libre mercado", las autoridades tienen poco que hacer (aunque deberían). Las asociaciones de consumidores deberían estar más activas denunciando allí donde los abusos sobre los consumidores hacen acto de presencia.

Hay muchas formas de mejorar los servicios para mejorar la situación de los negocios. Pero mucho me temo que algunos están escogiendo la excusa más fácil para ofrecer la mitad a doble de precio. Lo que se está provocando así es una espiral inflacionista. El resultado es que lo acaba pagando el consumidor, como hemos podido comprobar con los "pactos" entre empresas grandes para evitar competir entre ellas. El objetivo es siempre el consumidor y el "aliado" es la falsa "competencia" en mucho sectores.

No digo que no haya muchas personas que abusen. Pero también hay que señalar que si muchos no consumen más es porque no pueden. Echarlos a la calle es crear un precedente con consecuencias que no podemos anticipar, aunque sí especular sobre las posibilidades. El Gran Hermano Bar puede manifestar su lado más oscuro, tras la explotación de sus propios trabajadores.

Una cosa es poner un horario de comidas, algo frecuente, y otra cronometrarte un refresco o un bocadillo. La casuística puede ser infinita: ¿qué tiempo cuenta si empiezas a comer y luego llega un amigo y se suma? ¿Y si llega un tercero? ¿Deben separarse cuando se acabe cada tiempo individual? Y así podríamos seguir proponiendo supuestos. 

Cuando uno se sienta en una terraza, está comprando algo más que una comida o bebida; compra espacio y tiempo, además del servicio y las vistas. Compra tranquilidad, relajación. Espero que sepan lo que están haciendo porque puede ser muy negativo.

Si el ocio es el gran negocio, debería tratarse de otra manera porque se corre el riesgo de que sea lo primero de que se prescinda cuando las cuentas ya no nos salgan y la cuenta del banco suene a eco. Ya estamos en una tasa de ahorro negativa. Aumentará el negocio de las tarteras si siguen así.

Mucha gente se ha ido hacia las autocaravanas como alternativa al alza de los precios turísticos, con la consiguiente elevación de los precios en el sector de los vehículos. Otras han optado por reducir su vacaciones al mínimo o a quedarse en casa. Cuando te crean problemas (añadidos a los que ya tienes), la gente responde defendiéndose. Lo especial del ocio es que era la alternativa al resto; ahora forma parte igualmente del problema.

Las teorías nos decían que la forma de atraer a los consumidores era tratarlos mejor, ofrecerles más cosas y más barato. Habrá que revisar las teorías.

Se han tomado o dejado de tomar muchas medidas sanitarias pensando en no perjudicar a la hostelería, el gran motor nacional. Ahora las circunstancias son otras y se ha pasado de unos lamentos a otros.  Lo que sabe bien es esa coletilla de justificar las subidas de los precios en los "posibles despidos". El rechazo a trabajar en el sector es claro. Los bajos salarios han sido la norma, junto con la falta de límite laboral temporal; para el trabajo no hay límite, pero sí para el consumo.

Si miramos el tratamiento informativo que se le ha dado a esto es muy amplio. Esto indica que es algo a lo que la gente es muy sensible, pues primero se les empuja a las terrazas y el consumo, para luego subirles los precios y reducirle el tiempo. La noticia está por todas parte y algunos medios hablan de "la moda de las terrazas con cronómetro". No nos engañemos, no va a ser una moda algo que va contra el consumidor, por más que se disfrace.

Poner límites temporales en las terrazas, cafeterías y restaurantes, cambia radicalmente el sentido social del acto en sí. Se convierte en un ataque directo a su valor principal. Más caro, menos cantidad, menos tiempo. La excusa de que todos lo hacen llevará a las reacciones de defensa de los consumidores y, probablemente, al establecimiento de sectores diferenciados con aquellos a los que nos les importa y con los que buscarán otras fórmulas en la que estar disfrutando de su propio ocio sin que les digan cuándo se deben levantar.

 

* "Terrazas con cronómetro: algunos bares y restaurantes limitan el tiempo a sus clientes" RTVE.es 15/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220715/limite-tiempo-para-consumir-terrazas-restaurantes/2388860.shtml